Martes, 22 Junio 2021 06:03

El bajón de Bakunin

El bajón de Bakunin

Con 60 años, el gran revolucionario se sentía “demasiado viejo, demasiado enfermo, demasiado cansado, y, hay que decirlo, demasiado decepcionado”. Bakunin admitía su derrota: “El mal ha triunfado y no puedo impedirlo”.

 

“La revolución se ha metido, de momento, en cama”.

En febrero de 1875 Mijaíl Bakunin, el impenitente revolucionario ruso, estaba de bajón. Así se lo hacía saber en una carta a su compañero francés Élisée Reclús, igualmente exiliado en Suiza.

“La evolución que se está produciendo hoy día es muy peligrosa, si no para la humanidad entera, sí al menos para algunas naciones”, señalaba en la misiva, en la que el famoso anarquista realizaba un breve esbozo de la situación en el mundo occidental: el Imperio alemán gestionado por Bismarck, “a la cabeza de un gran pueblo lacayo”, la Iglesia católica con “los ojos y las manos por todas partes” y, en Francia, los verdugos de la Comuna de París, “dedicándose a remachar las cadenas de un gran pueblo caído”, sin que viera Bakunin motivos para el optimismo en el resto del planeta.

El ruso había nacido en una familia acomodada pero renunció a todo para avivar las llamas de la revuelta que había recorrido Europa desde 1830 a 1870. Con escasos medios económicos, encerrado y deportado por diversos gobiernos, Bakunin estuvo presente desde el alzamiento de Dresde de 1848 hasta el de Bolonia de 1874. Había sido un fantasma que circulaba por la Europa continental para pesadilla de los gobernantes y que, cuando no podía situarse en el epicentro de la agitación, influía en la militancia antiautoritaria del país que tocara.

Sin embargo, ya con 60 años el gran revolucionario se sentía “demasiado viejo, demasiado enfermo, demasiado cansado, y, hay que decirlo, demasiado decepcionado”. Bakunin admitía su derrota: “El mal ha triunfado y no puedo impedirlo”.

Para él, el problema no venía solo “de los espantosos desastres de los que hemos sido testigos y de las terribles derrotas de las que hemos sido víctimas más o menos culpables”, en referencia a las recientes derrotas obreras y represiones consiguientes, “sino porque, para mi gran desesperación, he constatado, y constato cada día otra vez, que el pensamiento, la esperanza y la pasión revolucionarios no se encuentran en las masas, y cuando esto ocurre, por mucho que se combata por los flancos, no se hará nada de nada”.

Bakunin seguía teniendo claro cuál era la solución, pero el desengaño con las masas le hacía dudar de las posibilidades. Como explicaba a Reclus: “Es evidente que no podrá salir de esta cloaca sin una inmensa revolución social. Pero, ¿cómo hará esta revolución? Nunca estuvo la reacción europea tan bien armada contra todo movimiento popular. Ha hecho de la represión una nueva ciencia que es sistemáticamente enseñada en las escuelas militares a los tenientes de todos los países. Y, ¿con qué contamos para atacar a esa fortaleza inexpugnable? Las masas desorganizadas. Pero, cómo organizarlas si no tienen siquiera suficiente apasionamiento por su propia salvación, si no saben ni lo que deben querer y si no quieren lo único que puede salvarlas”.

Visto en retrospectiva, se puede decir que el legendario revolucionario tenía razón. El orden impuesto se mantendría sin problemas durante varias décadas. Bakunin, en su desilusión, dejaba un espacio para la esperanza. “La paciencia y la perseverancia heroicas” de las organizaciones que mantenían el tipo pese a las derrotas permitirían que el socialismo fructificase de nuevo a principios del siglo XX: “Su trabajo no se perderá —nada se pierde en este mundo—: las gotas de agua, aun siendo invisibles, logran formar el océano”. Lamentablemente, Bakunin no solo contemplaba esa opción: “Estos inmensos Estados militares tienen que destruirse unos a otros, y devorarse unos a otros tarde o temprano”. “La guerra universal” que preveía el viejo agitador llegaría menos de medio siglo después.

Por Belén Moreno / Eduardo Pérez

22 jun 2021 06:00

Publicado enSociedad
Lunes, 21 Junio 2021 05:59

Desobediencia

Desobediencia

La resistencia pacífica frente a la violencia del poder

La desobediencia civil forma parte intrínseca del ejercicio de la ciudadanía como un derecho, una manera de estar en contra de las leyes injustas; aquellas que excluyen, marginan y mantienen la desigualdad latente en la sociedad. También forma parte de la lucha contra la inacción, la omisión o la dejación de funciones para activar políticas incluyentes e igualitarias.

Las manifestaciones que se llevan dando en Colombia desde el pasado 28 de abril se pueden considerar desobediencia civil porque cumplen con las dos premisas que señalaba Fernández Buey de que se ejerza públicamente y que se haga de manera pacífica. Aunque se les acuse de vandalismo como estrategia comunicativa para poner en su contra a esa población mediáticamente analfabeta. Además, las personas y colectivos en lucha son conscientes de sus acciones y están comprometidas con la sociedad colombiana. Su comportamiento no está “movido por el egoísmo personal o corporativo, sino por el deseo de universalizar propuestas que objetivamente mejorarán la vida en sociedad”.

Aceptan la democracia, pero no esa que están poniendo en práctica sus gobernantes. Ejercen la desobediencia civil y la resistencia como parte esencial de esa supuesta democracia participativa reconocida en la Constitución Política de 1991:

“El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano (…) y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”.

Las acciones ciudadanas en marcha son una manera de poner en la calle el artículo 95.5 de su constitución (Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país) y de profesar lo establecido en el 95.4 (Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica).

El Gobierno colombiano, por el contrario, parece desconocer su propia carta magna y se enroca en ser un poder sordo sostenido contra toda decencia democrática por un brazo armado que conculca sistemáticamente los derechos civiles. Un Gobierno que se ha encontrado con la fuerza de una movilización ciudadana que, pese a las acusaciones infundadas sobre vínculos guerrilleros, castrochavistas o revolucionarios, está cimentada en la solidaridad y el compromiso del pueblo con la lucha por una vida digna.

Apelar al deterioro de las fuerzas de producción por culpa del Paro Nacional es ignorar que esas fuerzas son (Sacristán dixit) más de destrucción (de la dignidad de la clase trabajadora, del empleo decente o de la naturaleza, entre otras) que de creación de verdaderas condiciones para el crecimiento de la población y del país.

De H.D. Thoreau, pasando por L. Tolstoi, M. Gandhi o M. Luther King, hasta llegar a A. Haidar y a la joven G. Thunberg, la ciudadanía colombiana movilizada está dando muestras de su desobediencia civil legítima y justa. La plataforma El Derecho a No Obedecer, “de iniciativas ciudadanas para explorar nuevas formas de participación desde la desobediencia”, ha creado, con motivo de estas acciones ciudadanas, la campaña Expulsar para Soñar cuyo objetivo es “conversar sobre la importancia de los símbolos y las nuevas narrativas como una acción de Expulsión No Obediente”, proponiendo dejar de lado las agresiones y los egoísmos para construir solidaridades que transformen la sociedad.

Un proyecto de “formación política no electoral” que se inspira en la obra de Fernando González, el brujo de otra parte, el caminante a pie que afirmaba que “en Colombia hay muchos doctores, muchos poetas, muchas escuelas y poca agricultura y pocos caminos”, lo que hacía que faltara pensamiento crítico “Los pueblos en los que la juventud no piensa, por miedo al error y a la duda, están destinados a ser colonias”.

El denominado paro nacional que lleva vigente en Colombia desde hace ya cuarenta y cinco días es una muestra palpable de que, por fin, el pueblo ha decidido pensar y poner en marcha lo que su pensamiento le está diciendo, que hay que luchar contra las injusticias, que ya está bien de crímenes de Estado, de desapariciones forzadas, de violación de derechos y de desigualdad social.

Camus respaldaba, con su defensa a ultranza de un periodismo libre, el derecho de la ciudadanía a construir su propia libertad. El autor argelino ponía la desobediencia como uno de los requisitos para ejercer libremente el periodismo “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia”, defendiendo “servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas” o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.

Por su parte, Fernández Buey, al analizar la propuesta desobediente de Gandhi, afirmaba que: “la desobediencia civil no comporta anarquía sino crecimiento social, siempre que el Estado reprime la desobediencia civil lo que en realidad está haciendo es tratar de aprisionar la conciencia”. Para el autor español, la desobediencia civil es “una forma excepcional de participación política en la construcción de la democracia”.

Un recuerdo para un desobediente colombiano que nos ha dejado: don Raúl Carvajal, un ciudadano que se pasó meses con su furgoneta aparcada en la carrera séptima con la actual avenida Misak denunciando y reclamando justicia por la muerte de su hijo soldado por no acceder a entrar en la práctica criminal de los falsos positivos.

Tal vez la pregunta que todo el mundo debería plantearse es la que el maestro Gonzalo Arango se hizo, y le hizo, a Desquite “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?”

20 Jun 2021

Por Iñaki Chaves

(publicado en Mundo Obrero el 14 de junio de 2021)

Publicado enColombia
El pueblo de Cuba, las crisis, y los modos de manejarlas. Veinte puntos en modo urgente

1- La década 1975-1985 fue la de mejor desempeño socioeconómico en Cuba —soporte de la URSS mediante—. Sobre esa historia los cubanos estaban parados para perder luego, en promedio, casi 20 libras per capita en los 1990. Los indicadores con los que Cuba llegó a los 1990, sobre pobreza y desigualdad, estaban entre los más bajos en la región. El liderazgo cubano de entonces, específicamente Fidel Castro, por mucho que no le guste a parte de la sociedad nacional cubana, jugó un papel decisivo en las formas de construir los consensos y lidiar con los disensos de entonces.

2- En 2021 muchas cosas han cambiado. Cuba no cuenta con nada parecido a aquel colchón social ni a aquellas estadísticas sobre desigualdad ni a aquella inserción internacional ni a las condiciones que hicieron posible aquel liderazgo. Cuba necesita hoy muchas novedades.

3- La actual es una crisis que cabalga sobre varias crisis previas y concomitantes:  crisis económica, crisis demográfica, crisis de cuidados, que se combinan con la crisis pandémica, las crisis internacionales —cada vez con periodos más cortos entre sí— y el agravamiento de la política estadunidense contra Cuba.

4- Existe también crisis de horizontes —que se observa muy clara en el potencial migratorio—, y crisis de confianza en espacios políticos e institucionales, que se sostienen, en medio de una convivencia difícil, con otros desarrollos institucionales exitosos como la política pública de producción y distribución de vacunas anticovid.

5- En los 1990 mantener la doble moneda fue crucial para evitar que aquella crisis social fuese aún más explosiva. Con los años, algo más de la mitad de la población llegó a recibir alguna cantidad de CUC. Una parte de ellos provenía de formas de pago y estimulación salarial. Otras, las más importantes, de remesas.

6- El “Ordenamiento” de 2021 ha eliminado el CUC, pero nadie en Cuba gana hoy de modo oficial divisa convertible. Contra la promesa oficial de mantener “bajo control” la dolarización, disponer hoy de alguna divisa es esencial para comer, usar jabón, o comprar una batidora para el hijo por nacer.

7- Desconozco una cifra confiable de quienes no reciben remesas en Cuba, pero es claro que estos son los afectados directamente por este tipo de medidas, amén de lo que les llegue luego por vía de redistribución —recurso que está experimentado sucesivos recortes, como las eliminaciones de subsidios.

8- Sin embargo, se saben algunas cosas: al menos 221 425 personas mayores viven solas en Cuba, y son mayoritariamente mujeres. El 82,3% de esos adultos mayores cuenta con ingresos que son consecuencia del trabajo o la jubilación, pero no tienen otra fuente de ingreso.  De los hogares cubanos, los que forman parejas sin hijos han crecido hasta 23,7%.

9- Se sabe también que por cada dólar de remesa que recibe una persona con color de piel negro, una de color blanco puede recibir hasta tres dólares, debido a la estructura histórica de la migración cubana.

10- La reciente medida sobre el dólar no va a crear la desigualdad en Cuba, pero la va a afianzar en un marco de ausencia de políticas que reconozcan de modo transparente los problemas crecientes asociados a la pobreza y la desigualdad.

11- Esas medidas están siendo tomadas sin intervenir de modo importante sobre el marco de respuestas individuales y familiares a la crisis que se han impuesto desde los 1990. En específico, descargan sobre las familias emigradas costos de la vida en Cuba —y ahora más, costos de transacciones financieras impuestas por el bloqueo— y, en el plano interno, “se comen” el aumento salarial decretado por el Ordenamiento.

12- A la vez, es consensuado que si bien la política oficial hacia la emigración ha experimentado avances, sigue siendo muy insuficiente. El texto de la nueva Constitución no menciona una sola vez la palabra migración, en un país que tiene a los balseros de los 90 y a los que cruzaron no hace mucho la selva del Darién, como marcas de fuego de su memoria nacional.

13- Las combinaciones de estas crisis se experimentan, además, en un ambiente político en el cual hay actores autointeresados en cerrar herméticamente la crítica frente a todo desempeño oficial. Con ello, hablan exclusivamente consigo mismos y suman exponencialmente problemas políticos a la crisis, como el acceso a derechos de participación y a la intervención en la deliberación pública. Son máquinas de producir enemigos, elefantes sobre las cristalerías de los complejos acuerdos sociales cubanos.

14- Por ese camino, ese sector político bloquea saberes y experiencias de vastas zonas sociales al etiquetarlas como “enemigas”. Han “programado” un algoritmo de la exclusión que impide la formación de consensos, obstaculiza respuestas colectivas, y mina la confianza social en la concertación de esfuerzos propios y en la capacidad de instituciones para dar respuestas públicas a problemas colectivos.

15-A la vez, la política estadunidense de bloqueo, que el año próximo cumplirá sesenta años, pica y se extiende. Es una trampa justificar cualquier comportamiento represivo del Estado cubano a través del bloqueo, pero relativizarlo es otra trampa. Justificarlo, más aún, es un crimen.  No abrirse a la consideración de todas las alternativas posibles para combatirlo es otro crimen. Cualquier alternativa patriótica cubana tiene que tener en la condena incondicional del bloqueo un núcleo de sus convicciones.

16- La experiencia histórica cubana muestra maneras de manejar las crisis. En 1898 casi la mitad de La Habana vendía melcochas a centavo, pues solo sobraba el azúcar. En esas condiciones, el independentismo cubano, a través de una enorme lucha de masas pudo derrotar la línea anexionista de la facción “jingoísta” de la política estadunidense y de sus aliados en Cuba. Tras la crisis de 1929, que impactó en Cuba como en ningún otro país de la región, hubo olas de suicidios en la Isla. En esas condiciones, el pueblo cubano dio la “batalla por la Constituyente” de 1940, y consiguió la legislación social más profunda de la historia nacional hasta entonces.

17- En 1958 el producto Interno Bruto por habitante de Cuba ocupaba el tercer lugar de la región, superado solo por Venezuela y Uruguay. Sin embargo, la politización de la desigualdad existente, y el régimen dictatorial de Batista, hizo intolerable la situación. En ese contexto, vecinos de Santa Clara derrumbaron paredes de sus propias casas para evitar el paso de tropas batistianas durante la batalla en esa ciudad, y el pueblo cubano construyó un enorme arco ideológico de oposición al tirano. Tras la Revolución, las situaciones de crisis se manejaron apelando a soluciones colectivas. La crisis de octubre puso a cargo de las baterías antiaéreas a muchachos de toda Cuba, cuyos testimonios de hoy no dicen que fueron forzados a hacerlo. La crisis de los 90 experimentó, al menos hasta 1996, un ambiente de apertura relativa de los debates sobre las alternativas cubanas, como hicieron espacios como el Centro de Estudios de América, y como hizo la promesa, y en bastante medida la realidad, de vivir de modo parejo la crisis.

18- Toda esa historia contiene lecciones lo mismo para quienes pretenden llamar “mercenaria” a cuanto crítica se ejerza en Cuba y apuestan por resolver por vía policial toda disidencia, como para los que naturalizan la injerencia estadunidense sobre la nación.

19- Las respuestas colectivas, las articulaciones sociales, la elaboración inclusiva de lo que se considera como el pueblo cubano, la defensa de nociones democráticas de la soberanía nacional, la ampliación de los espacios de discusión sobre las alternativas posibles, fueron el sustrato democrático de las soluciones a esas crisis.

20- Una lección clave, en resumen, parece ser que gestionar la crisis ampliando derechos, tanto políticos, como sociales, es el camino mas firme para las soluciones del futuro.

Por Julio César Guanche

19/06/2021

Julio César Guanche

Historiador y jurista cubano. Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

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Sábado, 19 Junio 2021 06:40

De viajes, espejos y contrastes

De viajes, espejos y contrastes

Sete y siete. Mayo de 2021. En viaje inverso al de los conquistadores, zarpó desde Islas Mujeres el barco La Montaña, llevando a siete delegadas y delegados de comunidades zapatistas a Europa, en una Travesía por la Vida. Luego de 47 días de navegación arribó a las islas Azores, Portugal, el mismo día que se reunía en Inglaterra el G-7. Los, las y loas siete zapatistas van a encontrarse con colectivos, organizaciones y movimientos para compartir luchas, dolores, alegrías, rabias, aprendizajes desde abajo. Hay mucho entusiasmo, expectativa y meses de organización colectiva para recibir y compartir con la delegación zapatista, a la que se sumarán delegadas y delegados del Congreso Nacional Indígena. Fueron invitados a encontrarse en tierras y territorios de 30 países europeos.

Sin que nadie los invitara, los siete gobiernos del G-7 anunciaron desde el cemento estéril cómo seguirán la guerra contra la gente y el planeta, en un discurso disfrazado de verde y caritativo. (Claves para entender los mensajes del G-7, https://tinyurl.com/te33bfbp).

Trece y trece. Mayo de 2021. Un equipo del portal Desinformémonos, coordinado por Yásnaya Aguilar Gil y Gloria Muñoz Ramírez lanzaron el viaje artístico, visual, escrito y auditivo Tzam Trece Semillas, navegación paralela a la Travesía por la Vida (https://tzamtrecesemillas.org/).

En 13 meses, presentarán desde los pueblos indígenas las 13 demandas que el EZLN dio a conocer desde su nacimiento público en 1994: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz, a las que luego sumaron derechos de la mujer y derecho a la información.

"Tzam, que es dialogar en ayapaneco, es el corazón de este proyecto", nos cuentan. Irán compartiendo mes a mes, las miradas desde diversos pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas, que dialogan con cada una de las 13 demandas/semillas zapatistas. Trece semillas, 13 meses, 130 colaboradores y colaboradoras, de mayo de 2021 a mayo de 2022.

Comenzaron con reflexiones sobre trabajo, en relatos, poemas, imágenes y canciones de 10 mujeres indígenas de los pueblos o’dam, ayuujk, mazateco, zapoteco, nahua, tsotsil, mazahua y totonaco. Cada una de ellas nos deja pensando, ante ninguna se puede pasar indiferente. Desde imágenes que están vivas y nos interpelan con su belleza y expresión, a relatos que nos mueven de corazón a mente. En breves textos y poemas consiguen trasmitir la historia y presente de México, con las muchas capas de violencia y opresión que han vivido como mujeres, trabajadoras , indígenas, campesinas, migrantes a las ciudades. Todo junto a la profunda identidad, dignidad y lucha que sostienen y las sostiene.

Guadalupe Vázquez Luna, tsotsil, reflexiona "...en el campo no ganamos un sueldo, generamos nuestra propia economía y eso también quiere decir que generamos nuestros propios trabajos; por lo tanto, tenemos independencia. Es por esto que nos quitan nuestras tierras ya que, teniendo tierras, nos salimos de las garras del capitalismo. Por eso es tan importante no dejar nuestras tierras, nuestras tierras generan trabajo y economía propia".

"Para mí la madre tierra, es vida, amor, coraje y ternura", entreteje Teresa Castellanos Ruiz, nahua, desde la resistencia a la termoeléctica de Huexca. Tierra que no olvida que el asesinato de Samir Flores Soberanes sigue impune.

Son muchos los sentidos que despierta Tzam Trece Semillas, invitando a recorrer estas veredas de diálogo. No se puede dejar de caminarlas (https://tzamtrecesemillas.org/).

43 y 43. Mayo y junio de 2021. Otra vez, los gobiernos se ensañan contra las justas demandas de las escuelas normales rurales, perseguidas y castigadas por alojar a hijas e hijos de campesinos que quieren estudiar y trabajar por un mundo mejor. Las estudiantes de la escuela Mactumactzá, Chiapas, demandan hacer su examen de admisión en papel, pero el gobierno de Chiapas les exige hacerlo virtual, sabiendo que no tienen Internet, computadoras ni medios para hacerlo. Ante la protesta de los y las estudiantes, fueron reprimidos violentamente con cárcel, golpes y abusos sexuales. Poco después, en otra protesta por esto y por dos compañeras asesinadas de la escuela normal Carmen Serdán de Teteles, Puebla, respondió el gobierno de Puebla encarcelando a 43 estudiantes, fatídico número que recuerda los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Las y los estudiantes encarcelados fueron liberados, pero continúan con cargos pendientes como si fueran delincuentes, lo cual debe eliminarse inmediatamente. La desaparición forzada y asesinato de estudiantes de Ayotzinapa, hechos en los cuales ha sido señalado el Ejército como un actor fundamental, sigue impune y sin aclararse.

En fuerte contraste, desde que inició el actual gobierno creció la militarización. Las fuerzas armadas pasaron a controlar puertos, megaproyectos devastadores como el Tren al que se oponen los pueblos mayas. El Ejército y la Marina fueron absurdamente incluidos en el Consejo General de Investigación Científica y ahora el presidente propone integrar la Guardia Nacional con funciones de policía, a la Secretaría de Defensa Nacional.

El espejo de arriba refleja impunidad, golpes, represión, sordera. El de abajo dolores y rabias, pero también vida, luchas justas y ánimo colectivo que se fortalecen y no terminan con estas travesías.

* Investigadora del Grupo ETC

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 Una refinería de ExxonMobil a la orilla del río Mississippi, Louisiana. Terekhova]

Necesitaremos una clase política con capacidad de solidaridad y empatía a nivel mundial si queremos superar como especie la obsolescencia no programada del petróleo.

Tenemos una serie de avisos a través de los medios de comunicación a los que seguramente no estamos prestando suficiente atención. Digo esto en relación al conjunto de países y ciudades en todo el mundo que han anunciado medidas de restricción de todo tipo a la circulación, o incluso a la venta, de vehículos de combustión, empezando en fechas próximas como el 2025 (Noruega), el 2030 (Reino Unido, Dinamarca o Países Bajos) o el 2040 (España o Francia). También por parte de las grandes marcas automovilísticas que han anunciado que dejarán de vender este tipo de vehículos, y producirán exclusivamente vehículos eléctricos (Honda, Renault, Ford o Volvo).

Y, mientras, los expertos en recursos naturales como Antonio Turiel, científico que trabaja en el CSIC como investigador, explican que no tenemos disponibilidad de materiales necesarios para producir, en versión eléctrica, ni siquiera un pequeño porcentaje de los vehículos de combustión que hoy producimos. También que las petroleras han dejado de invertir en nuevas prospecciones, porque el precio de extraer el petróleo que queda no tiene todavía un mercado que se lo pueda permitir y, por tanto, no tiene sentido gastar dinero. Quizás en breve se tendrá que hacer desde el sector público.

Por lo tanto, tenemos indicaciones significativas que parecen apuntar a que nos estamos acercando al final de la era del petróleo y derivados, que han ofrecido la capacidad infinita de transformación y movimiento a nuestra civilización sobre la Tierra. Y también, que no podemos contar con una alternativa a la escala, ritmo, dimensión o intensidad que tenemos con el petróleo. Coches, camiones, barcos y aviones usan esta fuente de energía que se acaba, y uno tiene la sensación de que podemos quedar estancados en pocos meses de forma caótica y peligrosa si no nos preparamos para hacerlo de forma gradual y ordenada.

Así, es posible que nos acerquemos hacia un cambio del mundo tal y como lo conocemos. No porque queramos, no porque preocupe el cambio climático, no porque el conjunto de los países, industria, comercio, etcétera, hayan adoptado de repente una preocupación social y ambiental y hayan tomado conciencia, sino porque aquellos líderes con conocimiento sobre el tema y un mínimo de responsabilidad han visto encenderse las alarmas. Doy por improbable una toma de conciencia colectiva a altas instancias, y sí que aquellos que no están tomando medidas lo hacen con imprudencia o inconsciencia, por acción o por omisión. Probablemente estamos inmersos, de hecho, en una carrera hacia lo desconocido.

En este contexto, son posibles muchos escenarios. Los más dramáticos quizás apuntan hacia la declaración de un nuevo estado de alarma a nivel mundial, esta vez por la carencia de petróleo. El estado de alarma sería necesario para decidir qué usos pueden tener acceso al petróleo y por qué; usos que no tienen alternativa y son servicios básicos, por ejemplo, porque necesitan grandes maquinarias, construir cosas básicas y necesarias, transportar comida u otras actividades similares y que son por lo tanto imprescindibles. La pandemia nos ha dado una muestra de lo que pueden llegar a hacer los diferentes países. También de cuáles son aquellas actividades que han encontrado alternativa y probablemente no formarán parte del futuro de nuestras vidas. Podéis empezar a hacer la lista: trabajo 100% presencial, quemar petróleo para desplazarse, ir de vacaciones en crucero, volar de forma generalizada, o producir en China.

También tenemos ejemplos de países que ya en crisis precedentes de disponibilidad de petróleo decidieron estratégicamente que no podían depender de una fuente de energía totalmente importada y empezaron a desarrollar alternativas para los sectores más dependientes: producción de energía y movilidad. Quizás el caso más emblemático es Dinamarca, donde la crisis del petróleo de los años 70 marcó un punto de inflexión a nivel de país y hoy produce un 80% de su energía de fuentes renovables y es un modelo en el desarrollo de infraestructura ciclista y transporte público. El conjunto de países nórdicos y germánicos son un referente, no solo Dinamarca. Hay que tener en cuenta que el camino de la descarbonización no es solo deseable si es un imperativo, sino que en cualquier caso tiene sentido, ya sea a nivel de mejora del impacto sobre el cambio climático o del consumo de recursos en las economías desarrolladas.

Finalmente, si realmente como parece nos encontramos en el escenario de finalización del petróleo barato, esto no tendrá solo un impacto sobre la movilidad, sino que las afectaciones serán mucho más profundas: bienes de consumo, servicios básicos, comida, transporte. Hoy ya todas las instancias, públicas y privadas, a nivel mundial, estatal, regional o municipal, tienen responsabilidad si no toman medidas. Quizás los estados tienen la principal competencia porque de ellos depende la planificación estratégica de las grandes crisis que están por llegar. Pocos querrán ser los primeros en tomar medidas, anunciar restricciones o recortar privilegios. No vivimos en una sociedad que valore los ejercicios de responsabilidad. Siempre habrá quien querrá mantener el estilo de vida, y algunos incluso podrán imponer su salvaguarda. Necesitaremos una clase política con capacidad de solidaridad y empatía a nivel mundial si queremos superar como especie la obsolescencia no programada del petróleo, en un escenario temporal de una década como nos lo anuncian.

 

Por Álvaro Nicolás. Ingeniero de caminos y experto en planificación y movilidad

18/06/2021

Publicado enMedio Ambiente
“Resiste”, el monumento construido por la resistencia en Cali

Lo que empezó como un sueño se hizo realidad. En víspera de cincuenta días de paro nacional, la comunidad de Puerto resistencia, su creadora, con abierta y desbordante alegría inauguró el monumento “Resiste”.

 

Similar a como ha sido su tenacidad para resistir la andanada criminal del establecimiento, logrando mantener el control de su territorio más allá de lo imaginado, la numerosa y vistuosa concurrencia comunitaria lo llenaba todo. No ocultaban su alegría ni su identidad con lo que está sucediendo, y no es para menos.

Al llegar al punto de la inauguración, si se entra por la calle 27, lo primero con que se encontraba quien pretendía ingresar al espacio designado para la celebración, era un carro incendiado con el que obstruían la vía. Varios manifestantes con boquitoquis coordinaban la logística; “motos a la izquierda, no se cobra parqueadero”, decía uno de ellos.

 

 

Unas cuadras más adelante, a la altura de la autopista Simón Bolívar,se veían miles de personas con banderas de Colombia yotros miles con capuchas que cubrían su rostro. A lo lejos, sobre una tarima,desprendía su sonido el cacerolazo sinfónico; a su lado varias personas desmontaban los andamios de un monumento de 12 metros de alto, que retoma una mano que con varios escudos incrustados a su costado izquierdo, en la cima, agarra con los dedos la palabra “Resiste”.

 

 

 

En el cambuche donde la comunidad guarda las herramientas con las que construyó este monumento estaba Luis García*, metalmecánico del sector, que emocionado contó cómo nació la idea: “Una noche estaban cinco manifestantes que propusieron la construcción del monumento. Y entonces unos obreros fueron por material y cogieron unas varillas que estaban botadas en las estaciones del MIO, y empezaron la construcción, donde antes había 3 postes de 12 metros y donde se colocaban unas banderas. Se consiguieron los andamios, los soldadores y las pulidoras. La comunidad traía que palustres, que palas, que cemento y arena. También un señor donó las luces para iluminar el monumento en la noche. Con esto le demostramos al Gobierno que sí podemos y el Gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza”.

La celebración es inmensa, mucho alboroto y alegría. Miles cantaban la conocida arenga “el que no salte es tombo”. A su vez, con una mano agarrada a una cinta amarilla para que no se pasaran personas y obstruyeran el desmonte de los andamios, estaba Valentina Quintero, con un casco blanco que a su costado derecho tenía pintada la palabra: arte.

Ella colaboró en el monumento haciendo las raíces de la mano y después pintando los escudos y las caras de varios manifestantes caídos, como Nicolás Guerrero, Luis Eduardo López y Elkin Fernández, oAngie Johana Valencia, la mujer que falleció en Calipso impactada por la bala de un fusil. “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche y arriba, cuando termina el día, encontramos nuestra palabra “Resiste”. Y, para mí, la resistencia es victoria”, contó emocionada la joven, que en cuanto podía también saltaba y gritaba las demás arengas que miles de personas entonaban.

 

En el monumento, amarrado con lazos a las varillas del andamio y ayudando a desmontarlos, se veía a un joven con una pantaloneta del equipo América de Cali. Su nombre es Jefferson, y dice que su participación en la construcción del monumento fue desde el primer día en que el pueblo tomó la decisión de resistir y de reconocerse.

“La idea de su creación vino, sin querer distorsionarla, porque unos compañeros vieron una piedra con sangre. La idea del puño no es solamente de resistir sino de aguantar y de recuperar lo que es el amor. Un puño cerrado, es un corazón. Todos los temas son importantes, pero con hambre no trabaja nadie. Entonces, dibujé sobre las madres ancestrales que salieron a sacar su olla, su sancocho y su sazón acá en Puerto resistencia. Creo que fueron 19 días de construcción y fueron días muy corticos mano, porque hubo mucho amor. Pero si este monumento lo hubiera hecho el Estado se hubieran demorado 2 o 3 años y lo dejan iniciado”, expresó el artistadespués de terminar de desmontar los andamios, con una cerveza en la mano.

 

 

Varias intervenciones artísticas se presentaron a lo largo de la celebración. Personas de provenientes desde los otros veinte puntos de bloqueos de la ciudad estuvieron presentes en la inauguración, que terminó con juegos pirotécnicos. El monumento “Resiste”,propicia identidad y fortalece, valora lo realizado y logrado estas semanas de intensa lucha, y estimula a las personas de la ciudad de Cali en el propósito de mantener el Paro, que por falta de negociaciones y acuerdos serios por parte del gobierno parece prolongarse.

Vea la galería de fotos que el equipo desde abajo tomó de esta inauguración.

       

 

       

 

      

 

    

 

 

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

Escrito y fotografías: Sebastián Navarrete Aldana.

Publicado enColombia
Martes, 15 Junio 2021 06:18

Hoy recibí una carta

Hoy recibí una carta

Un compañero que vive en Cali, muy cerca de Puerto Resistencia, un suburbio de la ciudad colombiana que desde hace un mes se ha convertido en uno de los 25 “puntos de resistencia”, relata lo sucedido en algunas asambleas1. El relato dice:

“Me gustaría compartir una anécdota que me parece hermosa. En la Primera Línea de defensa, en Puerto Resistencia, hay un niño mudo, que ni siquiera sabe el lenguaje de señas para comunicarse. Sin embargo, ese niño es tratado en pie de igualdad por todos los demás, tanto es así que -en dos de las asambleas que se realizaron- fue invitado a «hablar». Sí, le entregaron el micrófono para que dijera «lo que podía y debía decir». Ciertamente no era una forma de burlarse de él sino de decir que en Puerto Resistencia todos pueden hablar. Todos, incluso aquellos que literalmente no tienen voz. De la misma manera, entonces, en ese espacio, hay que escuchar a todos”.

Mirar el mundo con las y los de abajo supone partir de los pequeños hechos de la vida cotidiana, esos que normalmente no aparecen en los grandes medios de comunicación, pero que son el alimento espiritual de la gente común y el cimiento de la vida comunitaria.

Así es como podemos componer un cuadro de los sectores populares. Un cuadro de conjunto que surge de la combinación de retratos de esa cotidianeidad, un tapiz tejido con muy diversas hebras y colores.

El objetivo es comprender y mostrar la heterogeneidad de la vida real, la vida que rechaza la homogeneización que sirve al sistema capitalista. Ese sistema necesita convertirnos a todos en consumidores de los mismos productos, para que todos vivamos en los espacios iguales.

El capitalismo, en general, se entiende como un modo de producción, una economía que produce bienes. Esta, sin embargo, es una mirada de arriba, que no hace centro en las personas. Si miramos desde abajo, lo que vemos es una enorme diversidad que es aplastada -en cada minuto y en cada parte del mundo- por un sistema que necesita homogeneidad, para destruir la diversidad de la vida y convertirnos en consumidores.

El compa que me escribió desde Cali relata una historia similar a la que viven los pueblos originarios y, en particular, a las que aparecen en los relatos zapatistas.

Los zapatistas nunca comienzan hablando de economía, bolsas de valores, multinacionales, sino con los pequeños acontecimientos de la vida diaria, como las historias del viejo Antonio o las de la niña Defensa Zapatista. Es el modo como la gente entiende la vida, a partir de las pequeñas cosas que nos afectan e involucran.

¿Podemos mirar la vida, el mundo, con los ojos de ese chico mudo que participa en las barricadas de Puerto Resistencia?

El punto es si somos capaces de sentir como siente ese niño mudo; de aceptar que pueda ocupar el centro de la asamblea, desplazando a quienes emiten un discurso racional, ordenado, “político”.

¿Podemos, como activistas de izquierda, imaginar que un niño mudo puede ser sujeto político? Que aunque no habla con la voz, lo hace con el enorme gesto de estar allí, en la barricada, junto a sus pares, poniendo el cuerpo, arriesgando la vida. Para eso, como sabemos, sólo hace falta dignidad, no un programa máximo y otro mínimo.

Si podemos compartir espacios y tiempos con el niño mudo, entonces sí, podemos cambiar el mundo. Podemos construir un mundo nuevo. Porque hemos logrado estar a la altura de un niño mudo (o una mujer que ha sufrido violencia, o cualquier otra persona que el sistema condena por diferente, porque no puede tomar el poder) es porque nosotros ya somos parte de lo nuevo, porque ya estamos caminando con otros pasos.

El nuevo mundo no es la sociedad perfecta, el paraíso al que algún día llegaremos, después de tantos sacrificios. Es una forma de caminar por el mundo, con pies de niña y sonrisas. El nuevo mundo comienza el día en que merecemos sentirnos migrantes, ancianos, niñas, el día que tenemos el honor de volvernos mudos en una asamblea.

1 Se trata de un correo de Alejandro Sánchez Guevara, a quien conocí en uno de mis viajes.

14 junio 2021

Publicado enColombia
EZLN divulga lo que puede y no hacer su delegación en Europa

Ciudad de México | Desinformémonos. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) divulgó un documento en el que establece que la delegación zapatista que ya se encuentra en Europa, tiene prohibido portar armas y promover la lucha armada en los lugares que visitará; tampoco recibirá ningún tipo de apoyo para beneficio individual o familiar; y no sostendrá acuerdos ni desacuerdos con ninguna organización, entre otros puntos incluidos en el «pasaporte zapatista».

La delegación marítima zapatista zarpó el pasado 2 de mayo de Isla Mujeres, Quintana Roo, con destino al Puerto de Vigo, donde se espera que arribe entre el 19 y 20 de junio.

A continuación el comunicado íntegro:

El Pasaporte Zapatista.
(Hasta pronto Portugal, ahí vamos Galicia).

Junio del 2021.

  El 12 de junio del 2021, el llamado “Escuadrón 421”, y demás pasajeros y tripulación, recibieron en sus pasaportes el sello de entrada legal al llamado espacio o zona Schengen y desembarcaron en Horta, Islas Azores, Portugal, Europa. Sin perder la gracia y la elegancia (es un decir), bajaron de La Montaña. Como debe de ser, hubo azoro, baile, fotos y un atracón de comida. Marijose se encontró con una vieja profecía que anunciaba su llegada. Y se realizó una carrera (es un decir), tipo “el que llegue al último paga la comida” (Diego Osorno perdió). Se brindó por la vida, claro.

-*-

  A las 09:17:45 del 14 de junio del año en curso, La Montaña se despegó del abrazo portugués y tomó dirección noreste a una velocidad de entre 6 y 7 nudos.  A las 12:30:06 rebasó por la izquierda el “Pico Das Urzes”.  Latitud: 38.805213; longitud: -28.343418.  El capitán Ludwig calcula avistar las costas de la península Ibérica, entre el 19 y el 20 de junio (aunque podría ser antes, porque La Montaña, reconciliada con el viento, parece apresurada en abrazar a sus hermanas portuguesas y gallegas). De esa fecha en adelante, se saludarán las elevaciones en las islas de San Martino, Monte Faro y Monte Agudo.  Luego se entrará a la “Ría de Vigo”.  Se prevé llegar a la Marina Punta Lagoa, al norte del puerto de Vigo, Galicia, Estado Español.

  Entonces, en silencio, lluvia hermana será la montaña nuestra, húmeda se tornará nuestra mirada, y así diremos sin palabras:

“(…)
desperta do teu sono
fogar de Breogán.

Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son,
mais sóo os iñorantes
e féridos e duros,
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.*

Fragmento de “Os Pinos”, Himno de Galicia. Pascual Veiga y Eduardo Pondal.

 * “…despierta de tu sueño / Hogar de Breogán. / Los buenos y generosos / nuestra voz entienden / y con devoción atienden / nuestro ronco sonido. / Pero solo los ignorantes / y débiles y duros, / imbéciles y oscuros / no nos entienden, no.”

-*-

  Ahora permítame contarle de la documentación zapatista que lleva el Escuadrón 421 (que a estas horas ya podría agregar “marítimo” a su flamante nombre).  [email protected] compañ[email protected] llevan un pasaporte zapatista. Quiero decir, además del pasaporte oficial de México, llevan el llamado “pasaporte zapatista de trabajo”. Aquí se los describo:

En la portada o tapa principal: un caracol con una estrella roja dentro. Y el letrero: “pasaporte zapatista de trabajo”. En la contra portada o tapa trasera: una estrella roja con un caracol dentro.

En la primera página se lee: “Este pasaporte es otorgado por las autoridades civiles autónomas de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno, Chiapas, México.  Sólo es válido durante el período establecido y en el lugar descrito.  Este documento consta de 32 páginas y no es válido si presenta deterioro, cortes, tachaduras y enmiendas”.

  En las páginas 2 y 3 hay espacios para: foto del titular, sus datos personales, datos de la Junta de Buen Gobierno y MAREZ que expiden el documento.  Trabajo que va a desempeñar.  La fecha de expedición y el calendario y geografía donde va a cumplir el trabajo.  Lugar para sello de MAREZ y de JBG.

  En las páginas 4 y 5. Se establecen las siguientes 7 limitantes:

“1.- El, loa o la titular de este pasaporte no puede ni debe pedir ni recibir apoyos en moneda o especie para su beneficio propio o de su familia, más allá de los estrictamente necesarios para cumplir con el trabajo que se le ha encomendado.

2.- La, loa o el titular de este pasaporte sólo podrá hacer el trabajo que se específica en este mismo documento.

3.- Loa, el o la titular de este documento tiene prohibida la portación y uso de armas de fuego de cualquier tipo, y no puede ni proponer, ni sugerir, ni alentar cualquier actividad que implique, o derive en, el uso de armas de fuego en el lugar donde haga su trabajo.

4.- La, loa o el titular de este documento sólo puede contar de nuestra historia de resistencia y rebeldía como pueblos originarios y como zapatistas, previa preparación y capacitación para ello.

5.- El, loa o la titular de este documento no puede establecer acuerdos o desacuerdos a nombre de las estructuras organizativas y/o de mando político-militar con personas, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones, más allá de lo estrictamente necesario para el cumplimiento del trabajo que se le ha encomendado.

6.- Las opiniones personales sobre asuntos públicos y privados que exprese loa, el o la titular de este documento, no sólo no reflejan las posiciones zapatistas, también pueden ser completamente contrarias a nuestro pensamiento y práctica.

7.- La, el o loa titular de este documento deberá conducirse en todo momento respetando las diferencias de identidad, sexo, credo, lengua, cultura e historia, de las personas y lugares donde realice el trabajo para el que se expide el presente documento.

  En la página 6 se establece: “Se acredita que la, loa o el titular de este documento recibió curso de capacitación (si aprendió o no, ahí se va a ver en los hechos) en__ (espacio para poner el nombre del lugar)”.

  Y la página 7 indica las fechas de salida y llegada: “La, loa o el titular de este documento salió de territorio zapatista __ (espacio para detalles y sellos en media página)”.  La mitad de abajo de la página: “La, loa o el titular de este documento regresó a territorio zapatista: ___ (espacio para detalles y sellos)”.

Las páginas subsiguientes están en blanco, para que las diferentes personas, grupos, colectivos, organizaciones y movimientos, de los distintos rincones de los disímiles mundos que se visiten, sellen, firmen, adornen, huellen, pongan dibujos, rayen o lo que sea para que el, la o loa compa tenga una especie de guía de dónde estuvo, además de los apuntes en su cuaderno, cuando regrese y platique cómo le fue.

La última página es para “Observaciones:” (por ejemplo alguna alergia, discapacidad o gustos musicales –digo, porque si le gusta la cumbia y le ponen a bailar un vals, pues ya se imaginarán-).

Doy fe.

14 junio 2021 0

Publicado enInternacional
RaúlZibechi

Entrevista al periodista Raúl Zibechi, autor de Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II

 

Las comunidades Munduruku denunciaron el 27 de mayo, en un comunicado urgente, que mineros ilegales estaban perpetrando invasiones y ataques -contra casas y personas- en sus territorios de la Amazonía brasileña. En el contexto de la pandemia, se incrementó la toma de tierras por parte de los sin techo en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Y entre el 10 y el 21 de abril, el Movimiento Sin Tierra (MST) donó más de 100 toneladas de alimentos en las comunidades periféricas de Brasil, dentro de la jornada de luchas por la reforma agraria.

Son tres ejemplos de la mirada desde abajo y a la izquierda que propone el periodista uruguayo, Raúl Zibechi, en su último libro Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II. Editado por Coordinación Baladre e iniciativas Zambra en colaboración con la CGT y Ecologistas en Acción, el texto de 201 páginas es la segunda parte de Tiempos de Colapso. Los pueblos en movimiento. Zibechi, referente de la investigación militante en América Latina, es autor entre otras obras de Los arroyos cuando bajan. Los desafíos del zapatismo (1995), Brasil Potencia (2012) y Repensar el sur. Las luchas del pueblo mapuche (2020).

-Una delegación del movimiento zapatista, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FDTAMPT) ha iniciado la “travesía por Europa”. Después de tus numerosas estancias en Chiapas, ¿qué crees que Occidente puede aprender del EZLN?

Te puedo contar lo que yo aprendí del zapatismo, que no necesariamente es lo que ellos piensan. Lo primero es que la lucha es para siempre, tiene un comienzo pero no tiene un fin. No hay objetivos como la toma del poder, ganar elecciones o llegar al socialismo. Es una concepción de la vida y del mundo en sintonía con la cultura de los pueblos de raíz maya que se autogobiernan y tal vez tenga empatía con nuestros antepasados políticos, en el sentido de no separar medios y fines, de que la lucha no es “para” sino una forma de vivir la vida.

La segunda es que no quieren gobernar a otros, sino impulsar a los pueblos, barrios y sectores sociales a que se organicen y gobiernen a sí mismos. La idea de gobernar a otros no entra dentro del universo de ideas zapatista y, bien mirada, es una forma de opresión: si te gobierno te estoy mandando, dando órdenes. Ellos trabajan con la idea de que quien manda está obedeciendo al pueblo, a lo colectivo.

La tercera es la ética como eje ordenador de la política. En el pensamiento político aún dominante la ética es un complemento, pero para ellos es lo central, hacen lo que dicen y dicen lo que hacen, no buscan beneficio personal, por eso el lema “para todos todo, nada para nosotros”.

La cuarta es un rechazo al vanguardismo, a crear organizaciones con una dirección que se construye una base social a la que orienta y le marca el rumbo, los tiempos, objetivos y hasta los modos de caminar. El vanguardismo en el que se formó mi generación, va de la mano de homogeneizar el propio campo, con la idea de la unidad como mantra sagrado, para ir imponiendo la hegemonía en la sociedad. El EZLN rechaza los conceptos de unidad, homogeneidad y hegemonía y en eso son muy claros cuando dice el sub Marcos que “todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación”.

Te diría que pese a la aparente brutalidad del lenguaje, la cultura de vanguardia es corrosiva, destruye las organizaciones colectivas, aniquila las diferencias, y te aseguro que sé de qué estoy hablando porque me formé y practiqué esa cultura que, cuando se hace poder estatal, criminaliza las diferencias como sucede hoy en la Nicaragua de Daniel Ortega.

¿Y en concreto de las mujeres zapatistas?

Ellas se definen como “mujeres que luchan”, haciendo hincapié en la lucha, porque hay feministas muy valiosas pero que no luchan, como hay marxistas y anarquistas que no luchan. Ellas enfatizan ese aspecto y se definen a la vez como anti-patriarcales y anticapitalistas, no conciben la separación de ambas dimensiones.

Por otro lado, en los encuentros de Morelia han hablado de la necesidad de integrar a las diferentes generaciones, de escuchar a las mujeres mayores, de respetarlas, de aprender de ellas, algo que en la cultura urbana occidental no estamos acostumbrados a hacer. Ni escucharnos entre nosotras, ni escuchar a las personas mayores.

-¿Cuál es la relación del actual gobierno “progresista” de Andrés Manuel López Obrador con el EZLN? ¿En qué consiste lo que denominas “guerra de desgaste”?

No existe ninguna relación. Más aún, el actual gobierno federal ha intensificado los ataques a las comunidades y bases de apoyo zapatistas, como puede verse con las ofensivas para-militares en la región Moisés Gandhi y en Aldama en Los Altos. En paralelo impulsa políticas sociales que promueven el individualismo y la división de las comunidades, desató una brutal ofensiva extractiva con el Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos y el Corredor Transístmico, potenciando en esas regiones ataques militares y paramilitares a los pueblos originarios.

Con López Obrador, como sucedió antes con Lula y los demás progresismos, el modelo extractivo y neoliberal gana en impulso y en profundidad, llega a nuevas regiones, convierte la naturaleza en mercancías a una mayor velocidad que antes. Por lo tanto, las actividades de los grupos armados se intensifican. Cuando suceden crímenes como el de Samir Flores por oponerse al Proyecto Integral Morelos, que López Obrador se comprometió en frenar en campaña electoral, se hacen los distraídos y siguen adelante. En este caso, fue tal el descaro que mantuvo un referendo que se celebró pocos días después del crimen, desoyendo el llamado de las comunidades para aplazarlo.

En síntesis te digo que el progresismo es el ataque más feroz contra los pueblos, porque los quiere debilitar y dividir.

-Más de un mes de protestas en Colombia –con medio centenar de muertos según el balance oficial- cuyo detonante es la reforma fiscal del presidente Duque; el estallido social en Chile (octubre 2019) por el aumento en la tarifa del metro de Santiago; revueltas en Bolivia contra la expresidenta golpista Jeanine Áñez; manifestaciones del marzo paraguayo de 2021; en Ecuador contra el expresidente Lenin Moreno o en Guatemala, en noviembre de 2020. ¿Hay algún hilo conductor o explicación de fondo?

El hilo conductor es el modelo político-económico que llamamos extractivismo, que es una faceta del neoliberalismo: minería a cielo abierto, monocultivos, grandes obras de infraestructura, hidrocarburos y especulación inmobiliaria urbana. Este modelo hace que la mitad de la población esté condenada a la pobreza, a no tener futuro porque desintegra, desarraiga y polariza; destruye tanto la sociabilidad anterior como la naturaleza, destruye los Estados nación que alguna vez tuvieron la capacidad de ofrecer servicios educativos y sanitarios de calidad a toda la población.

Como lo demuestra la pandemia, los que tienen acceso a salud y escuela privadas, están en una realidad, mientras los demás apenas acceden a servicios de baja calidad y desbordados. Estos días hay un conflicto en Chiapas con los estudiantes de una escuela para ser maestros, ya que los exámenes se hacen de forma virtual pero los indígenas que viven en comunidades no tienen acceso a internet y lógicamente exigen un examen presencial. La única respuesta que tuvieron es la represión y la cárcel. Debo aclarar que el gobernador de Chiapas pertenece a Morena, el partido de López Obrador, quien condenó las manifestaciones de los estudiantes.

-Por otra parte, en una de las entrevistas del libro destacas el valor de la espiritualidad/ancestralidad en las comunidades de Brasil. ¿Reconoce la importancia de estas realidades la izquierda política y los movimientos sociales?

En la izquierda electoral no conozco nada de eso. Sin embargo en los movimientos hay muchos y diversos ejemplos de formas de espiritualidad propias. Entre los sin tierra de Brasil, existen modos inspirados en la teología de la liberación y la educación popular, con muchas dinámicas que denominan “místicas” y que consisten en cantar y danzar en colectivos, pero también en compartir comida, trabajos y los más diversos espacio-tiempos.

Cada sector social tiene sus propias formas de espiritualidad. Destacan las de los pueblos originarios y negros que hacen sus rituales de armonización en lugares sagrados con fogones, donde participan médicos tradicionales o sabios.

Pero si observamos detenidamente a los jóvenes de los barrios populares, veremos que la música y los consumos colectivos juegan también un papel armonizador de lo colectivo, así como las músicas y los bailes. Creo que esto es un universal: la vida colectivo-comunitaria necesita de prácticas espirituales de armonización, de lo más variopintas por cierto.

-En el libro te aproximas a iniciativas como el Mercado Popular de Subsistencia (MPS) en Montevideo; o a las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas en Colombia. ¿Qué experiencias de autoorganización popular destacarías, entre las que has podido conocer en los últimos meses?

Ya conocía la Guardia Indígena y la Minga del Cauca, pero ahora se reforzó con la Minga Hacia Adentro y luego ya antes de la revuelta actual con la Minga Hacia Afuera. Ambas están interconectadas.

La experiencia del MPS es más reciente, pero tiene enormes perspectivas de crecer en mundos urbanos como Montevideo, donde tenemos tradiciones asociativas. Te diría que están las miles de ollas populares en las grandes ciudades, muchas de ellas autogestionadas aunque con dificultades para mantenerse a lo largo del tiempo.

Entre las experiencias que veo crecer, está la Red Trashumante de Argentina, que partió hace décadas de una educación popular en movimiento y con movimientos, a trabajar ahora en territorios en resistencia donde los sujetos y sujetas son los sectores populares más golpeados por la crisis y la marginalización. Meses atrás me integré como un militante-educador más a esa red, que está tejiendo una red más amplia de colectivos autónomos en un país donde la autonomía atraviesa enormes desafíos.

La Teia dos Povos de Brasil me parece una experiencia notable, que integra campesinos sin tierra, pueblos originarios y quilombolas, pueblos negros organizados en sus territorios o quilombos. La iniciativa parte de personas que estuvieron en el MST (Movimiento Sin Tierra) y que pensaron que es necesario tejer una red (de ahí el nombre teia) entre los pueblos oprimidos y explotados, algo que la dirección no comparte ya que se propone otros objetivos.

-¿Qué es el triage social? ¿Puedes mencionar ejemplos de su aplicación?

Aunque el nombre suena difícil, es la práctica que podemos observar en la puerta de un hospital o de una unidad de tratamiento intensivo a la hora de elegir a quién se atiende y a quién se descarta. Las razones para descartar son claramente la “utilidad” de las personas desde el punto de vista de la acumulación de capital, y ahí se deja de lado a los más vulnerables, que tienen menos posibilidades de sobrevivir, y se prioriza a quienes pueden seguir trabajando y produciendo. Es una vuelta más de tuerca a los temas de Foucault.

Debo decir que entre las muchas fortunas que me deparó la pandemia (además de algunos infortunios), está el haber ligado con grupos como la Teia dos Povos, con la Red Trashumante y otros que ya conocía pero que profundizamos los lazos, y con dos compas de México como Tamara y Eduardo, que también son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y quienes aportan el texto del triage social.

-Por último, ¿en qué punto se halla la lucha del pueblo mapuche? ¿Cómo valoras que la Convención Constituyente de Chile reserve 17 escaños a los pueblos originarios?

La militarización decretada por el gobierno de Piñera de Wall Mapu debe entenderse como la respuesta a un avance importante de las recuperaciones de tierras de decenas de comunidades y a un salto adelante en la movilización del pueblo mapuche. Los datos dicen que en los cuatro primeros meses de 2020 hubo 17 ocupaciones de tierras, pero este año superaron las 130 tomas, lo que representa más de una por día.

Creo que ante el pueblo mapuche se presentan dos caminos. Por un lado, la constituyente que busca aplacar las luchas con el reconocimiento de la plurinacionalidad que no va a tener ninguna repercusión práctica concreta si no pasa por la restitución territorial. La simple mención de los pueblos en la Constitución, no modifica las cosas como ya sucedió en Ecuador y en Bolivia.

En paralelo, está el amplio proceso de recuperación de tierras rurales y semi-urbanas que viene cobrando un impulso importante, como lo confirma la reciente entrevista a Héctor Llaitul, de la Coordinadora Arauco Malleko, ya que ahora son muchos los colectivos y comunidades empeñadas en seguir este camino que pasa por la autonomía y el autogobierno.

Por Enric Llopis | 08/06/2021 |

Publicado enPolítica
Los jóvenes de Colombia, con poco o nada que perder, protagonizan uno de los estallidos con mayor represión policial de los últimos años en América Latina

Los jóvenes de Colombia, con poco o nada que perder, protagonizan uno de los estallidos con mayor represión policial de los últimos años en América Latina.

 

Ropa cómoda, documento de identidad, tarjeta bancaria, botella de bicarbonato con agua, pañoleta, mascarilla, algo de comer, agua, cuaderno, cámara, chaleco, máscara antigás, casco y carné de prensa. Esto es lo que guarda en su mochila Julieth Rojas, de 20 años, cada vez que va a cubrir las manifestaciones que empezaron el 28 de abril. Miles de personas, en gran parte jóvenes, salieron a las calles en contra de una reforma tributaria que pretendía ajustar el cinturón fiscal a los hogares más pobres, que suman más de la mitad de la población y que ya tenían serios problemas económicos antes de la pandemia. La represión policial no tardó en llegar, pero Rojas es firme: “La gente tiene más miedo a quedarse callada que a que la maten”. 

La presión de las protestas obligó al Estado a retirar la reforma tributaria tras cuatro días de movilizaciones y 21 homicidios de manifestantes, según publicó la ONG Temblores. El ministro de Hacienda y la titular de Exteriores dimitieron y el presidente de Colombia, Iván Duque, anunció una mesa de negociación con el comité nacional del paro nacional, donde se agrupan las organizaciones convocantes, y también con el resto de sectores que participaban en la protesta. Sin embargo, muchos jóvenes han seguido en las calles al no sentirse representados y algunos exigieron reformas más profundas, como la de la policía.

Las oportunidades de futuro para la juventud colombiana se han ido reduciendo si se observa el deterioro de sus condiciones sociales y su percepción sobre lo que pasa en el país. Según datos oficiales de 2019, el 43% de los jóvenes menores de 24 años son pobres, ocho puntos más que la tasa nacional. La falta de oportunidades también es evidente con un desempleo juvenil que rozó el 30 por ciento durante los primeros meses de confinamiento. Esto se suma al clima de inseguridad en el que viven. Durante 2019, el homicidio fue la primera causa externa de muerte entre la población de 15 a 24 años, con casi 4.000 casos. 

Primera línea

Julieth Rojas es voluntaria en Primera Línea, un medio alternativo que nació durante las protestas de noviembre de 2019 para contar los abusos del Escuadrón Móvil de Antidisturbios (ESMAD), unidad especial de la policía que se despliega para contener manifestaciones y que hace uso excesivo de la fuerza de forma sistemática. Según un informe del observatorio de violencia policial de Temblores, la policía cometió 289 homicidios entre 2017 y 2019. Uno de los primeros reportajes de Rojas fue sobre una de estas muertes. 

Julieth Rojas es la más joven de las cuatro fotoperiodistas que tiene este medio, que con más de 300.000 seguidores en su cuenta de Instagram es toda una referencia dentro del movimiento. Esta estudiante precisa que el nombre del medio también hace referencia a los manifestantes que se colocan con escudos artesanales frente al ESMAD cuando hay cargas policiales para dar tiempo al resto de manifestantes a buscar refugio. Esta estrategia también se usó en las protestas de Chile de 2019.

Rojas y su equipo se reúnen cada vez que hay manifestaciones para revisar los lugares de las convocatorias y así repartirse las zonas para hacer una mejor cobertura. En su caso, suele cubrir la Plaza Bolívar. En este punto se encuentra el Congreso, el Palacio de Justicia y también el ayuntamiento de Bogotá. Esto hace que haya una mayor concentración policial. La joven explica que te pueden “encerrar muy fácil” por el tipo de calles que hay alrededor. Cuando se le pregunta por qué elige siempre esta zona, tras una pequeña risa, responde: “Uno se vuelve masoquista”. 

A pesar de tener chaleco y carné de prensa, le han “gaseado terriblemente”, explica refiriéndose a los gases lacrimógenos, y recuerda que al principio no tenían equipo de protección y terminaban “ahogados”. Es justo en ese momento cuando entran en juego las botellas que guarda en su mochila. “Cuando hay tropel (cargas policiales), pongo el bicarbonato con agua en la pañoleta y me lo pongo en la cara, eso ayuda muchísimo”, reconoce. La joven fotógrafa relata cómo, en sus primeras coberturas, se ponía cerca del ESMAD buscando protección pero aún así no se libraba del gas ni de que le apuntaran con sus armas aturdidoras. “Uno piensa que el chaleco y el carné de prensa ayudan, pero a ellos no les importa nada”.

La policía también tiene casos abiertos sobre violencia sexual a manifestantes, por lo que para jóvenes como Rojas documentar este tipo de protestas supone un riesgo mayor. “Da mucho más miedo”, reconoce mientras que recuerda un caso en el que la policía retuvo a una chica en un Comando de Atención Inmediata (pequeñas comisarías que hay en cada barrio). “Le hicieron firmar un documento para que no dijera nada de lo que había pasado”. Por eso, siempre sale en compañía de algún amigo u otra periodista de su equipo.

Esta estudiante de último año de periodismo consigue pagar “con las uñas” los 5.000 euros que vale la matrícula en su universidad privada. Cuando habla con gente de su universidad sobre la protesta, siente que muchos lo viven con cierta distancia: “Son personas que tienen muchos privilegios, la guerra no les atacó directamente ni la falta de oportunidades”. Rojas siente que el gobierno y los medios ocultan lo que pasa en el país: “Feminicidio, desplazamientos forzados, asesinatos de líderes sociales…”. Cuando llegó la reforma tributaria, según dice, los medios alternativos mostraron lo que podría pasar si se aprobaba y “la gente se puso las pilas, ese fue el detonante”. Aunque cree que los cambios van a llevar mucho tiempo, espera que al final “merezca la pena” haber salido a las calles. Reflexiona un momento cuando se le pregunta con qué imagen se quedaría de lo que ha visto hasta ahora, pero en seguida dice: “El amor de las personas por Colombia”. 

“Nos están matando”

La Defensoría del Pueblo, institución del Estado responsable de velar por el cumplimiento de los derechos humanos, documentó 42 fallecidos durante las primeras dos semanas de protestas. Por su parte, la ONG Temblores registró 40 casos de homicidios cometidos presuntamente por la policía. Las redes sociales se llenaron de vídeos donde se denunciaban los abusos policiales con mensajes como “Nos están matando” y “SOS Colombia”.

Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia, fue el escenario de algunas de las manifestaciones más importantes del país, en su gran mayoría pacíficas. Pero también fue el epicentro de enfrentamientos entre manifestantes y el ESMAD que la llevaron a ocupar las portadas de los medios internacionales. “Cali ha sido la punta de lanza de la resistencia”, afirma David Erazo, estudiante de sociología que también trabaja como repartidor de comida a domicilio, con lo que gana unos tres euros a la semana. Erazo se unió a la protesta desde el primer día y fue testigo de algunas de estas situaciones. 

 “Estábamos desayunando y un compañero nos dijo por WhatsApp que venía una tanqueta”, dice con tono calmado, mientras aclara que es algo habitual ver tanquetas en las universidades públicas y que “tiene experiencia previa” sobre lo que hay que hacer. Erazo continúa explicando que en ese momento, algunos de sus compañeros que tenían escudos caseros, algunos hechos de las mismas señales de tráfico, hicieron una primera línea de defensa “para evitar los ataques más directos”. Confiesa que, aunque trató de registrarlo con su cámara, lo principal en estas situaciones es “correr a un lugar lejano” y esperar a que todo se calme.

En esta ocasión tuvo suerte y también se escapó de las balas de goma, algo que no pasa siempre. Recuerda que una vez recibió impactos en los hombros. Estos enfrentamientos duran horas, explica, y aunque se supone que la policía tiene la orden de no apuntar a zonas sensibles del cuerpo, “ellos disparan directamente a la cara”. Los cuerpos policiales en Colombia dependen del Ministerio de Defensa y no del de Interior, por lo que hay una alta impunidad de los abusos policiales. Según Temblores, solo dos de las 127 investigaciones abiertas por homicidio entre 2017 y 2019 acabaron con una condena en firme.  

Erazo destaca cómo la juventud de los barrios más pobres de la ciudad salió de forma espontánea y que, según él, los jóvenes son los que más “han nutrido” a la protesta. Continúa explicando que Cali es una ciudad donde se concentran muchas personas que fueron desplazadas por el conflicto y llegaron a zonas “con acceso casi nulo a servicios básicos como alcantarillado y electricidad”. Según datos de 2018 del ayuntamiento de Cali, 205.000 personas desplazadas residen en la ciudad tras huir de la guerra. Cree que “la exclusión y la falta de oportunidades” que enfrentan estos jóvenes puede explicar que fueran ellos quienes se “abanderaron del paro”. En 2022 hay elecciones presidenciales y este manifestante tiene esperanzas de que sea el momento para “focalizar toda esa rabia en un gobierno popular”.

Dispuestos a llegar hasta el final

Nia prefiere no decir su apellido, tiene 20 años y ni estudia ni trabaja. Forma parte de ese grupo que se conoce como “Nini”, y que representa el 33% de la juventud entre 14 y 28 años. Vive en uno de los barrios más pobres de Cali. Antes trabajaba poniendo etiquetas a botes de pintura en una empresa pero la despidieron cuando llegó la pandemia. Durante la protesta, se unió a Escudos Negros, un grupo urbano que forma parte de la primera línea de resistencia y que realiza bloqueos en algunas calles de la ciudad.

Estos bloqueos son una estrategia de este tipo de grupos para presionar al gobierno ya que provoca desabastecimiento de alimentos, medicinas y gasolina en la propia Cali pero también en otras ciudades principales del país. Por su parte, el presidente de Colombia remarcó que son ilegales y dejó clara la postura del ejecutivo: “Aunque no se hagan con armas o agresiones físicas, son en sí mismos unos actos que son violentos”.

Nia se dedica a apoyar a diferentes bloqueos de la ciudad y tiene unas funciones muy específicas cuando hay un enfrentamiento con el ESMAD. “Ayudo a devolver gases (botes de gases lacrimógenos), con la leche y el agua con bicarbonato”, explica. Cuando se le pregunta qué opina de quienes critican esta forma de protesta, en su contestación se nota rabia: “Les diría que dejen de ser tan tibios, poco empáticos e ignorantes, que no les importa el país ni lo que está pasando”. 

Las demandas de estos grupos son variadas. Para ella, lo que quieren es un “verdadero diálogo de cambio” y si eso no pasa, pide la renuncia de Duque y Uribe. “Que se les baje el sueldo al salario mínimo a los congresistas, senadores y toda la gente del gobierno para que vivan con 800.000 pesos (180 euros) a ver si son capaces [de vivir] como el pueblo”, señala con ánimo encendido. El salario mínimo en Colombia en 2021 está fijado en unos 202 euros, seis euros más que el año anterior. 

Se despide con una declaración breve pero decidida: “Todos nosotros estamos dispuestos a llegar al final, dispuestos a dar la vida”.  

Resistencia desde la tierra

Los pueblos indígenas son un foco de resistencia en cualquier nueva movilización y en esta ocasión también se unieron a la protesta. Juan Sebastián Salazar, de 23 años, forma parte de la guardia indígena del pueblo Kite Kiwe, cuyas tierras están en una de las regiones más golpeadas por la guerra. Salazar es uno de los 20.000 defensores de la tierra que tiene esta guardia en esta zona y su función es velar por los derechos humanos en el país. “Este gobierno nos tiene doblegados por eso nos unimos al resto de los sectores y llegaremos victoriosos como pueblo”, afirma. Colombia es uno de los peores países para defender los derechos humanos pero esto es aún más peligroso para jóvenes como Salazar ya que son los tipos de liderazgo más perseguidos durante los últimos años. Entre la firma de los acuerdos de paz en 2016 y abril de 2021, hubo 317 homicidios de líderes indígenas, según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y La Paz (Indepaz). 

Para Salazar, participar en política más que un derecho, es una tradición. “Desde los ocho años, empezamos con formación política en la escuela”. Quizás por eso hoy es uno de los líderes de su comunidad y como tal, tiene sus propias reclamaciones para su pueblo: “Un territorio donde no haya violencia por los grupos armados ilegales, con nuevas oportunidades, eso es lo que como jóvenes soñamos”, expone, al tiempo que exige que se respeten sus “usos y costumbres”. Sin embargo, considera que es difícil con un gobierno que “llega a la negociación y luego no cumple” mientras que en cada protesta son ellos los que se ponen “en riesgo”.

Este estallido no fue la excepción. Ante los constantes enfrentamientos que había con la policía en Cali, una caravana de unas 300 personas de la guardia indígena decidió salir de sus tierras y acompañar a los manifestantes en el epicentro de la protesta. Un poco antes de llegar a la ciudad, civiles armados atacaron al grupo, presuntamente bajo la permisividad de la policía que presenció el ataque sin defender a los manifestantes. “Llegamos a un sitio donde no nos dejaron pasar, nos bajamos a dialogar con las personas y ahí fue cuando coches de marca Toyota blindados se tiraron encima de nosotros”, refiere Salazar.

Doce personas resultaron heridas, entre ellas una lideresa que recibió dos impactos de bala en el abdomen y tuvo que ser ingresada en cuidados intensivos. “Fue una experiencia muy dura, porque nosotros como guardia indígena solo tenemos los bastones de autoridad, y tener enfrente personas armadas da mucha rabia”. El líder indígena también es de los que cree que esta protesta ha sido la primera para muchos jóvenes y remarca cómo el ejemplo de lucha de los pueblos indígenas pudo ser importante para esto. “Nosotros somos referentes en hacer la resistencia, entonces los jóvenes se animaron a sumarse a esta gran causa, a esta gran lucha”, reflexiona.

Juvenicidio directo

La generación de jóvenes que tiene poco que perder se sienten cansados de ser los invisibles de este sistema. Esto hace que la confianza hacia el Estado esté muy fracturada. Según señala una encuesta del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, un 72% siente que el Estado es “poco o nada democrático”.

Para Germán Muñoz, profesor e investigador sobre juventud en la Universidad Nacional, hay una intencionalidad directa en provocar esta fractura: “Es una política de Estado contra los jóvenes, de asesinato sistemático y planificado”. Muñoz también es miembro de la Red Iberoamericana de debate y acción colectiva frente al juvenicidio y un estudioso de los estallidos sociales de los últimos años en la región. Explica que en Colombia hay un “levantamiento popular” de la juventud de los barrios más pobres. “Tienen hambre, rabia, están hastiados de la violencia policial, ya no aguantan más”. También critica los métodos del Estado: “Es una guerra de piedras contra armas sofisticadas de última generación de alta letalidad”. Muñoz se refiere a las tanquetas equipadas con municiones aturdidoras y perdigones que son “municiones letales” y que fueron creadas para enfrentamientos entre ejércitos, no contra manifestantes, según argumenta.

Por su parte, Rayén Rovira profesora e investigadora de la Universidad Nacional y también miembro de esta red, dice que hay un “juvenicidio directo”. Lamenta cómo la militarización de las ciudades está provocando que los hijos de las familias desplazadas por la guerra hacia las capitales sean ahora quienes están sufriendo “esa violencia que sus padres vivieron en los pueblos”.

El estallido de Colombia fue el primero de relevancia tras el parón que sufrieron las protestas que se extendían por Ecuador, Chile o Haití antes de la pandemia. Rovira piensa que el ejemplo colombiano puede “dar valor” a otros movimientos de América Latina para salir a las calles de nuevo: “Los jóvenes de Colombia fueron la chispa, quién sabe si de algo más que está por venir”.

Por Víctor Linares

6 jun 2021 06:00

Publicado enColombia