Sábado, 06 Agosto 2022 05:49

Legítima preocupación

Aleksei Drobinin,

Al margen de cuánto dure y cómo termine la guerra en Ucrania, ya en este momento podemos constatar que la época de 30 años de cooperación en general constructiva, aunque no sin problemas, entre Rusia y Occidente terminó de modo irreversible.

Textual, salvo que él prefiere usar la expresión "operación militar especial" que no altera la esencia de lo que está pasando del otro lado de la frontera, esta es la conclusión principal de un destacado exponente de una nueva generación de diplomáticos rusos, Aleksei Drobinin, quien se desem-peña como director general de planeación de la política exterior en la Cancillería local.

A partir de ahora, Rusia se encuentra en una fase aguda de confrontación con una alianza de países hostiles, medio centenar según la clasificación del Kremlin, encabezada por Estados Unidos. "La meta del enemigo es infligir a Rusia una derrota estratégica, eliminarla como competidora geopolítica", sostiene Drobinin.

Legítima preocupación, sin duda, pero para ganar esa batalla los halcones del consejo nacional de seguridad ruso no quieren diplomacia y apuestan por tener más armas nucleares y con mayor capacidad de devastación. En realidad, blandir armas supuestamente invencibles –hace falta tener la capacidad de fabricarlas en cantidades que rompan el equilibrio estratégico y que el rival tampoco comience a producirlas– sólo desata una carrera armamentista que acaba arruinando al más débil.

Desde que se inventó la teoría de la disuasión, Rusia (antes la Unión Soviética) y Estados Unidos llegaron al tácito entendimiento de que en caso de que uno atacara al otro, con o sin armas nucleares, el resultado de esa osadía sería la destrucción mutua asegurada. A cambio, garantizada la enérgica condena por parte del otro, hacen lo que les da la gana frente a países que no poseen ese tipo de armamento, y la lista de intervenciones militares, golpes de Estado, injerencias en asuntos de otros, asesinatos, chantajes y amenazas es muchísimo más extensa en el historial vergonzoso de Washington que en el de Moscú.

Y cuando se establecen, con o sin razón, líneas rojas que nadie debe cruzar y se proclaman zonas de intereses vitales en todo el planeta, surge otra preocupación no menos legítima: que se pierda el sentido común y todo acabe en hecatombe nuclear.

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Fuentes: Rebelión - Foto: Liberación de Saigón: evacuación cerca de la embajada de EE.UU., 30 de abril de 1975

Las guerras contra Vietnam, Irak y Afganistán fueron derrotas para Estados Unidos. Sin embargo, los medios dominantes y la industria cultural las presentaron no solo como victorias morales, sino también como victorias militares.

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”. 

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo. 

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los años 50, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota. 

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

Por Jorge Majfud | 22/06/2022 .

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) y el presidente de la República de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (d), posan tras la firma de acuerdos, en el Palacio Presidencial de Ankara, a 17 de noviembre de 2021, en Ankara (Turquía).- EUROPA PRESS

En el análisis de la política de Ankara, además de los datos convencionales, también hay que tener en cuenta el 'trastorno de personalidad histriónico' (patología de querer ser siempre el centro de atención), que padece su presidente Tayyeb Erdogan, y la impresionante habilidad que tiene para sacar provecho de este mal.

El Sultán vuelve a desenfundar la oxidada espada otomana (cuando la trompeta ya sonó en 2015) en dos escenarios y, además, de forma simultánea:

- En Siria, declarando la guerra a este sufrido pueblo y a su gobierno (y, por ende, a Rusia e Irán)

- En Europa, pone condiciones a la ampliación nórdica de la OTAN.

Desde que las encuestas le dan como perdedor en las elecciones presidenciales del 2023 no es que se haya vuelto loco es que sabe lo hace: el recurso del "líder Loco" (Madman) se hizo famoso cuando Richard Nixon, con la intención de asustar a nada menos que a Ho Chí Minh, empezó a insinuar que si los vietnamitas no firmaban la paz, él, un hombre imprevisible, descontrolado y peligroso, apretaría el botón nuclear sin importarle las consecuencias. Para renovar un nuevo mandato, Erdogan necesita, desesperadamente, una victoria militar en Siria (que no llega) y otra policial contra los kurdos en Europa (que sí llega) para seguir presentándose como "Erdogan, el Imbatible".

Pero, él no es presidente de una superpotencia, por lo que a la extorsión tendrá que añadir algo de soborno.

Invasión a Siria y el mundo mudo

Nadie de la llamada "Comunidad Internacional", seudónimo de las potencias occidentales, ha disuadido, ni mucho menos castigado a Turquía por sus continuos bombarderos sobre Siria e Irak, bajo el pretexto de "eliminar a los terroristas" kurdos, recurso que convierte al agresor en víctima, mientras es secreto a voces que el presidente es uno de los patrocinadores de las diferentes filiales de AL Qaeda en Siria. Turquía ha agredido varias veces a este país con sus tanques y misiles, destrozando la vida de decenas de miles de personas, tiene ocupada la provincia de Idlib, y ahora planea volver a lanzar otra operación en el norte, con los siguientes objetivos:

- "Deshacerse" de los refugiados sirios (pobres entre los pobres, causa de la reaparición de la poliginia) que molestan a los aporófobos de las clases altas y medidas turcas.

- El que organizó la Primera Crisis de Refugiados Sirios, ahora pretende crear una "Zona de amortiguamiento" para que cientos de miles de refugiados sirios, que va a expulsar, "regresen a casa".

- Instalar a los refugiados árabes sirios en el norte, que hoy es de mayoría kurda, para cambiar su composición étnica.

- Tomar el control sobre la región siria rica en gas y en trigo.

- Impedir la ofensiva de Damasco a Idlib, dirigida a desalojar a los turcos y sus mercenarios "yihadistas", entreteniéndole en el norte.

- Mantener el control sobre el destino de Siria, ahora que los países árabes vuelven a admitir a Bashar al Asad en la familia (para alejarle de los iraníes y protegerle de los turcos); han prometido participar en la reconstrucción del país devastado

Thank you for watching

- Destruir las Unidades de Defensa del Pueblo, rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

- Correr una cortina de humo "nacionalista" sobre la grave situación económica del país.

- Provocar las críticas de otros estados, sobre todo los occidentales, para demostrar ante su base social que ellos odian a Turquía y a su líder por su independencia. No les dice que un país miembro de una alianza militar dirigida por EEUU, llamada OTAN no puede tener una política exterior soberana.

- Mejorar sus relaciones con Israel, que quiere una Siria tan destruida (¡con la ayuda del "Estado Islámico!) para que nunca levante la cabeza. La visita del presidente de Israel Isaac Herzog a Turquía en el mes de marzo, la primera de un dirigente israelí desde 2008, también abre la posibilidad de convertir al país euroasiático en la ruta de exportación del gas del Mediterráneo a Europa.

- Presionar a Rusia en Siria, para que Kremlin haga las paces con Ucrania en una cumbre histórica que llevase el nombre de "Acuerdo de Ankara, propiciado por el Gran Tayyeb Erdogan" por ejemplo, apuntándose una victoria. ¿Puede vender a Moscú su veto a la integración de los nórdicos a la OTAN a un buen precio?

Tanto Rusia como EEUU podrán mirar con satisfacción el hundimiento de una Turquía desbocada en el pantano sirio: ha gastado miles de millones de dólares en esta guerra, destrozando la precaria economía de la nación, sin conseguir nada a cambio.

La guerra de Ucrania ha permitido a Ankara fortalecer sus lazos deteriorados con Occidente. "¿Queréis que presione más a Rusia? Pues, dadme lo que os pido", exige Erdogan a la OTAN. Pero, la Alianza sabe que el mandatario turco tiene las manos más que atadas por los rusos: no sólo porque la economía turca ahora depende de las decisiones de Kremlin en materia de comercio, energía (barata), y turismo, sino también porque los eslavos pueden aumentar las pérdidas humanas y militares de Turquía en su nueva ronda de invasión a Siria

 La OTAN se ampliará

"Las demandas de Turquía serán atendidas", promete el Secretario de Estado de EEUU Antony Blinken. Que el presidente turco, en vez de pedir la cabeza de los kurdos en los sótanos de la OTAN y a través de la diplomacia a puerta cerrada, lo gritase a cuatro vientos, solo estaba dirigido al consumo interno. Llamar "nido del terrorismo" a Finlandia y Suecia por cumplir con las normas internacionales de asilo es un escupitajo hacia arriba: desvela la despiadada ideología de extremaderecha del líder turco. Además, falta a la verdad al decir que "las potencias extranjeras siempre han apoyado el separatismo kurdo". EEUU y sus aliados han respaldado la dura persecución de los gobiernos de Ankara contra la izquierda kurda. Cuando en 1998, el fundador de PKK, Abdullah Öcalan, fue expulsado de Siria, el gobierno italiano rechazó su solicitud de asilo y, mientras desesperado buscaba un lugar seguro, fue secuestrado en Kenia por los servicios de inteligencia turca el MIT, la CIA y el MOSSAD y entregado -con el brazo roto y la cara vendada por las palizas-, a la dictadura turca. Aun sigue encarcelado en la isla-prisión Imrali, en el mar de Mármara, cumpliendo cadena perpetua en un régimen de aislamiento absolutamente inhumano.

Ahora bien, es un logro de los ciudadanos europeos que sus gobiernos en el suelo propio (fuera, es otra cuestión), respeten más los derechos humanos de lo que se hace en las dictaduras, lo cual no significa que dichos estados apoyen la causa de los exiliados que acogen. Suecia, con 10 millones de habitantes, alberga a unos 100.000 kurdos de Turquía, Irán, Irak y Siria (Finlandia, alrededor de 15.000). A pesar de declarar "grupo terrorista" al PKK, al igual que el resto de los países europeos, los exiliados de este grupo étnico en Suecia pueden realizar actividades políticas, tienen su equipo de futbol que estuvo en la liga premier en 2017, y cuentan con seis diputados en el parlamento.

Lo que pide Ankara a la OTAN, además de ser valorada y respetada (sobre todo por el gobierno de Biden, que le ha ignorado totalmente), son concesiones simbólicas, aunque la prensa erdoganistas y europea las presente como "exigencias" del presidente-candidato:

- Que los políticos suecos dejen de reunirse con los líderes kurdos, como cuando la ministra de las Relaciones Exteriores, Ann Linde recibió a Elham Ahmad, representante de los kurdos sirios, o la primera ministra Magdalena Andersson a Amineh Kakabaveh, parlamentaria kurda de origen iraní, miembro de la guerrilla Komala (aliada de PKK), cuyo voto le permitió a Andresson ocupar este puesto. Lo que no ha impedido que, desde 2018, el gobierno sueco rechazara la renovación del permiso de residencia de varios activistas kurdos, revela Ridvan Altun, portavoz del Centro Democrático de la Sociedad Kurda. "Sabemos de al menos 57 casos de este tipo", dice Altun cuyo hermano se encuentra entre ellos, aunque Estocolmo se ha negado a extraditarlos a Turquía. En 1984, Suecia se convirtió en el primer país después de Turquía en designar al PKK como organización terrorista. Ahora bien, los países de la OTAN, conscientes de los motivos teatrales de Erdogan, podrán expulsar a algunos miembros del partido kurdo con las cámaras de las televisiones delante, también es posible que Erdogan adelante las elecciones, para aprovechar el revuelvo actual, y en caso de ganar, votar en favor de la entrada de los estados candidatos a la Alianza militar.

- Que EEUU desbloquee la venta de los aviones F-35 por la compra del sistema de defensa antimisiles S-400. ¿Qué más quiere la industria militar que ganar miles de millones por sus productos a un buen cliente tan aficionado a lanzar guerras?

- A pesar de que Biden ha descrito a los kurdos sirios como "valientes" y prometió seguir ayudándoles, ellos deben ser muy ingenuos en creérselo. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) anuncian unirse al gobierno de Damasco para enfrentarse a los turcos, enviando así un mensaje a Biden: que cambiarán de banda si no controla a su socio: Bashar Al Asad estudia ofrecerles una de las modalidades de autogobierno. Pero, Washington no perderá nada si ahora le deja a Turquía ocupar el Kurdistán sirio, para más adelante exigir su retirada.

Erdogan hará lo inimaginable para mantenerse en el poder hasta el fin de sus días: ha considerado que aplastar a los kurdos da votos, ignorando que para el electorado turco la principal preocupación es la situación económica, que no la OTAN o las tierras sirias: ni Dios ni más militarismo y guerra podrán poner fin a la crisis estructural del capitalismo.

Las fuerzas progresistas de Turquía exigen la retirada inmediata de su país de la alianza imperialista, que cuando se mueve solo lleva terror, dolor y sufrimientos a los pueblos.

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Papa Francisco: “Estamos viviendo la tercera guerra mundial”

El pontífice habló sobre el conflicto en Ucrania

Bergoglio denunció los “intereses globales” y la venta de armas que están detrás de la ofensiva militar rusa. Y también advirtió sobre el “restauracionismo” que frena la renovación en la Iglesia Católica.

 

Estamos viviendo la tercera guerra mundial” afirmó el Papa Francisco en una entrevista concedida el pasado 19 de mayo a directoras y directores de las revistas culturales europeas de la Compañía de Jesús (jesuitas) y publicada ahora por la revista italiana “La civiltà cattolica”. Consultado sobre la guerra en Ucrania el pontífice sostuvo que “para mí hoy se ha declarado la tercera guerra mundial” y se preguntó “¿Qué le pasa a la humanidad que ha tenido tres guerras mundiales en un siglo?”. “Yo vivo la primera guerra en la memoria de mi abuelo en el Piave” siguió diciendo el Papa. “Luego la segunda y ahora la tercera. Y esto es malo para la humanidad, una calamidad. Hay que pensar que en un siglo ha habido tres guerras mundiales, ¡con todo el comercio de armas detrás!”, subrayó.

En su análisis Jorge Bergoglio fue más allá del hecho puntual de lo que sucede en Ucrania para explayarse en su mirada acerca de la situación que se vive en el mundo. “Aquí no hay buenos y malos metafísicos, de forma abstracta. Está surgiendo algo global, con elementos muy entrelazados” dijo, y aludió a un diálogo que mantuvo con un Jefe de Estado que no identificó, con quien habló antes de que estallara la guerra y que le adelantó que el conflicto podría ocurrir dado que Rusia consideraba que las acciones de la OTAN constituían una amenaza.

“Lo que estamos viendo es la brutalidad y la ferocidad con la que esta guerra está siendo librada por las tropas, generalmente mercenarias, utilizadas por los rusos. Y los rusos prefieren enviar chechenos, sirios, mercenarios. Pero el peligro es que veamos sólo esto, que es monstruoso, y no veamos todo el drama que se está desarrollando detrás de esta guerra, que quizás fue de alguna manera provocada o no evitada. Noten el interés en el testeo y venta de armas. Es muy triste, pero al final es lo que está en juego”, dijo el Papa advirtiendo sobre la complejidad de la situación que se enfrenta.

Y de inmediato salió al cruce de quienes lo acusan de ser poco crítico con Valdimir Putin. “Alguien podría decirme en este punto: ¡pero usted está a favor de Putin! No, no lo estoy”, afirmó. “Sería simplista y erróneo decir tal cosa. Simplemente estoy en contra de reducir la complejidad a la distinción entre buenos y malos, sin razonar sobre las raíces e intereses, que son muy complejos. Mientras vemos la ferocidad, la crueldad de las tropas rusas, no debemos olvidar los problemas para tratar de resolverlos”.

También ponderó que “los rusos pensaron que todo acabaría en una semana” e hicieron un mal cálculo porque se encontraron con “un pueblo valiente, un pueblo que lucha por sobrevivir y que tiene una historia de lucha”, “que no tiene miedo de luchar”, “un pueblo trabajador y al mismo tiempo orgullosos de su tierra”.

Tras destacar el “heroísmo que conmueve” de las mujeres y los varones ucranianos, precisó que “lo que tenemos ante nuestros ojos es una situación de guerra de intereses globales, venta de armas y apropiación geopolítica, que está martirizando a un pueblo heroico”. Y volvió a repetir lo que ya había señalado en otra entrevista acerca del diálogo que mantuvo con el patriarca Kirill, máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa Rusa . “Tuve una conversación (telefónica) de 40 minutos” dijo Bergoglio. “En la primera parte me leyó una declaración en la que daba razones para justificar la guerra. Cuando terminó, intervine y le dije: «Hermano, no somos clérigos de Estado, somos pastores del pueblo»”, relató Bergoglio.

Más adelante Francisco volvió a insistir que por más que Ucrania esté hoy en el foco “porque está más cerca de nosotros y toca más nuestra sensibilidad” hay otras situaciones en el mundo que también están ocurriendo, que deben ser tenidas en cuenta y que habilitan la idea de que se está transcurriendo por la “tercera guerra mundial”. “Hay otros países lejanos – piensen en algunas partes de África, el norte de Nigeria, el norte del Congo – donde la guerra sigue y a nadie le importa. Piensen en Ruanda hace 25 años. Piensen en Myanmar y en los rohingya. El mundo está en guerra”, afirmó el Papa. Aseguró que “esto es malo para la humanidad, una calamidad” y recordó que “en un siglo ha habido tres guerras mundiales ¡con todo el comercio de armas detrás!”.

En su diálogo con quienes dirigen las revistas culturales jesuitas de Europa (en total diez personas entre los que se cuentan siete sacerdotes, dos mujeres y un varón laicos) también hubo espacio para hablar sobre el proceso de renovación en la Iglesia. Preguntado sobre qué signos de renovación espiritual ve en la Iglesia el Papa se sinceró diciendo que “es muy difícil ver una renovación espiritual usando esquemas muy anticuados” porque “tenemos que renovar nuestra forma de ver la realidad, de evaluarla” y se quejó de que “el restauracionismo ha llegado a amordazar al Concilio”. Al respecto agregó que “el número de grupos de «restauradores» – hay muchos en Estados Unidos, por ejemplo – es asombroso” y señaló que “hay ideas, comportamientos que provienen de un restauracionismo que (aún) no aceptó el Concilio”.

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El aumento de precios de los alimentos incrementará el hambre en el mundo

Impacto del conflicto entre Rusia y Ucrania, entre otros factores

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advirtió que las poblaciones más vulnerables actualmente pagan más por menos cantidad de alimentos.

 

En su informe semestral sobre la Perspectivas Alimentarias en el mundo difundido esta semana, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advirtió que las poblaciones más vulnerables del mundo actualmente pagan más por menos cantidad de alimentos. “Los países gastarán este año un récord de 1,8 billones de dólares en la importación de los alimentos que necesitan, pero la cantidad de comida que comprarán no será más sino menos”, advirtió la FAO, cuya base mundial está en Roma. Y el mayor riesgo es que estos aumentos de precios lleven a un incremento del número de personas subalimentadas en el mundo.

​ Y ésta podría ser la consecuencia no sólo del aumento de los precios de los alimentos, de los insumos que se requieren para la producción de alimentos y de los costos de transporte sino también de la guerra entre Rusia y Ucrania, un conflicto entre dos superpotencias agrícolas que representaban el 30% del comercio mundial de trigo y el 78% de las exportaciones de aceite de girasol.

​ Desde el comienzo de la guerra, los precios del trigo aumentaron un 40%, lo que afectó a más de treinta países, importadores netos de trigo que dependían de estos dos países para al menos un 30% de sus importaciones. Esos 30 o más países han visto limitadas sus importaciones no sólo de cereales sino de fertilizantes que producían los dos países en guerra. La exportaciones rusas de cereales estaban destinadas principalmente a Egipto, Túnez y Turquía además de otros países africanos y asiáticos. Mientras en el caso de Ucrania, el 75% de la producción agrícola era exportada en tiempos normales, a China, Europa y países africanos. En 2021 Ucrania había tenido una súper cosecha que alcanzó los 106 millones de toneladas de cereales.

Los precios de los alimentos también aumentaron porque se incrementó el precio del petróleo, derivado de las sanciones que se han impuesto al petróleo y gas rusos a causa de la guerra. Ha influido asimismo el cambio climático que se está viviendo en todo el mundo.

Según el informe de la FAO, el costo mundial de las importaciones de alimentos aumentará en 51.000 millones de dólares en comparación con 2021. Se calcula igualmente que los países más pobres, entre ellos los de África subsahariana, registrarán un incremento de los costos totales a pesar de la reducción de las cantidades importadas.

El cambio climático ha provocado sequías en muchísimos países, incluida Italia por dar un ejemplo, donde el río Po, que riega toda la zona de cultivos de la llamada Padania, se ha visto notablemente reducido por la falta de lluvias.

Disminuirá la producción de cereales

“En vista del aumento de los precios de los insumos, las preocupaciones suscitadas por las condiciones atmosféricas y el incremento de la incertidumbre del mercado como consecuencia de la guerra de Ucrania, las últimas previsiones de la FAO apuntan a la probabilidad de que se contraigan los mercados alimentarios y de que los costos de las importaciones de alimentos alcancen un nuevo récord”, comentó el economista Upali Galketi Aratchilage, editor líder del informe Perspectivas Alimentarias.

La FAO asimismo prevé que la producción mundial de los principales cereales como trigo, maíz y arroz, entre otros, disminuirá en 2022 por primera vez en los últimos cuatro años y que la utilización mundial de ellos también disminuirá por primera vez en los últimos 20 años.

La producción mundial de trigo, por ejemplo, disminuirá a 771 millones de toneladas, según la FAO. La agencia de la ONU resalta un contexto tenso, con cosechas inciertas debido a la guerra en Ucrania o incluso a sequías, como la que tiene lugar en la India o en Argentina. Según informó la agencia AFP, Argentina, octavo productor de trigo del mundo, informó recientemente que su superficie sembrada con trigo será de 6,2 millones de hectáreas, la menor de los últimos 12 años.

Baja la producción de carne

La organización internacional advirtió asimismo que en el mundo no sólo disminuirá la producción de cereales sino también de carne, entre otros alimentos. Según los pronósticos de la FAO, en Argentina, la Unión Europea y Estados Unidos la producción de carne disminuirá, aunque no se especificó cuánto. Pero a nivel mundial se prevé en cambio un aumento del 1,4% gracias al incremento previsto en la producción de carne porcina en China. Las reservas mundiales de trigo aumentarán ligeramente en el año, principalmente debido a la acumulación previa de existencias en China, en la Federación de Rusia y en Ucrania.

Se prevé que la producción y utilización mundial de maíz alcanzarán nuevos récords a causa del incremento de la producción de etanol (biocombustible hecho con maíz o caña de azúcar según los países) en Brasil y Estados Unidos y de la producción industrial de almidón de maíz en China. También se espera que la producción mundial de azúcar aumentará después de tres años de descenso, impulsada por incrementos en la India, Tailandia y la Unión Europea

Fondo de ayuda para los países pobres

Ante este panorama y ante la posibilidad de que la inseguridad alimentaria aguda empeore a nivel mundial, haciendo registrar probablemente condiciones de hambruna localizadas en distintas partes del planeta, la FAO ha propuesto a los países miembros y ante el G20 (foro intergubernamental de coordinación económica y financiera), la creación de un Fondo de Financiación de las Importaciones de Alimentos a fin de dar apoyo a las naciones de bajos ingresos que dependen en mayor medida de las importaciones de alimentos. Se necesitan por tanto medidas urgentes a escala mundial para prevenir el hambre y las crisis alimentarias en los países vulnerables y en los hogares más pobres que, dados sus altos niveles de endeudamiento, no tienen acceso a fuentes alternativas de financiación.

Según los cálculos de la FAO, la guerra en Ucrania podría dar lugar a que el número de personas que padezcan hambre entre 2022 y 2026 aumente en 13,1 millones con respecto a un escenario que ya había crecido a causa de la covid-19 (se habló de un aumento de 13,8 millones de los que padecían hambre en 2021). Varias organizaciones de Naciones Unidas como FAO, OMS (Organización Mundial de la Salud) y Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) entre otras, estimaron que en 2020 las personas subalimentadas en el mundo habían llegado a un total de 811 millones, cerca de la décima parte de la población mundial.

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Conflicto Rusia - Ucrania: Las otras guerras que crecen más allá del campo de batalla

Quién gana y quién pierde  con la guerra

Estados Unidos impide cualquier salida dipomática, convencido de que puede doblegar a la Rusia de Putin. En el medio, los ucranianos ponen millones de víctimas, Europa ve crecer la amenaza nuclear mientras se desangra su economía y el mundo se hunde en la peor crisis alimentaria y energética en décadas.

 

Dividido --pero no confrontado-- el orbe Occidental no llega a diseñar una solución para un conflicto cuyos contornos esbozan cada vez más la perspectiva de una guerra de extensa duración y una mayor crisis mundial en varios sectores, desde el alimenticio hasta el de los hidrocarburos. A su vez, tres meses después de haber invadido Ucrania, las tropas de Vladimir Putin no pudieron tomar el control de Kiev y de Kharkiv pero, en cambio, se apoderaron de la estratégica Mariupol y cercan ahora el Donbass sin que la “operación especial” lanzada por el mandatario ruso el 24 de febrero de 2022 haya alcanzado las metas fijadas en los tiempos marcados. 

La reinvención de Occidente

En estos 90 días, la guerra en Ucrania se ha ido reencarnando en otras que multiplicaron por 100 el impacto de este conflicto: crisis energética tanto europea como mundial, inflación, escasez de materias primas, tensión en el mercado mundial de alimentos, falta de fertilizantes y de granos, aumento del gasto militar, crisis humanitaria con los millones de desplazados que provocó la guerra, restauración de un injerto fuera de uso como la OTAN, readaptación de las alianzas estratégicas entre los polos de poder y reestructuración global del mercado de los suministros energéticos (gas y petróleo) han sido las consecuencias de una guerra que tiene fecha de inicio pero no un guion final. 

Hasta hoy, no ha habido ni victoria militar contundente ni acción diplomática decisiva capaz de cambiar el rumbo de la guerra. Más bien, vista desde Europa, la guerra dio lugar no al quiebre del eje occidental sino, todo lo contrario, a su refuerzo y, en su seno, a la revitalización de la posición y el poder de Estados Unidos. A pesar de las intensas divergencias que los atraviesan y del intento de Estados Unidos de servirse de esta guerra y de Europa como títere de su disputa imperial con Moscú, el conflicto en Ucrania acercó más de lo que fracturó a los occidentales. El politólogo Dominique Moïsi (Geopolítica de las series: O el triunfo global del miedo) resume la situación con una fórmula de una insolente exactitud: "a corto plazo, Vladimir Putin reinventó Occidente”.

Los cambios en la guerra

Como tal, la invasión de Ucrania cambió de blanco y de naturaleza cuando, el pasado 29 de marzo, el ministro ruso de Defensa, Sergueï Choïgou, reconoció que el “el objetivo principal de la operación especial era la liberación del Donbass”. Sin que hayan sufrido derrotas significativas, las tropas rusas se retiraron de los alrededores de la capital (Kiev) y reorientaron su estrategia hacia el Este de Ucrania en lo que fue la tercera fase de la guerra: la primera fue una ofensiva relámpago contra cinco puntos, entre ellos Kiev y otras capitales importantes, la segunda se desplegó a lo largo del mes de marzo con la intención de ganar el control de grandes ciudades del país y la tercera y última recuperó la dirección de la retórica de Vladimir Putin, es decir, poner término “al genocidio de los habitantes del Donbass”

Occidente, a su vez, también retocó su respuesta. Pasó de una sólida salva de sanciones de toda índole contra Moscú a convertirse en un actor periférico pero decisivo de la guerra a través de la entrega de armas pesadas a Kiev. Occidente es hoy una suerte de cobeligerante en las sombras. Se pasó de la llamada “ayuda defensiva” al respaldo ofensivo para apuntalar la capacidad del ejército ucraniano y estancar la ofensiva rusa en el Donbass. 

”Lo esencial era evitar que Ucrania se hunda”, reconoce Léo Péria-Peigné, un especialista de la estrategia militar, miembro del Instituto francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Obuses, misiles, tanques, helicópteros de combate, vehículos blindados, cañones Caesar, sistemas de defensa anti aéreos y otros dispositivos ofensivos de envergadura reemplazaron al carburante y las municiones suministradas al principio de la guerra. Aquí, los intereses que estaban ya en juego divergieron desde el inicio entre la postura europea de “frenar la ofensiva” para negociar luego con el mandatario ruso y la posición norteamericana que consiste en “ganar la guerra” (reunión de los aliados en la base militar de Ramstein, Alemania, el pasado 26 de abril). 

El compromiso de Occidente se cifra aquí en miles de millones de dólares: entre febrero y principios de abril, Estados Unidos suministró un total de 4 mil millones de dólares en ayudas. Entre mediados de abril y finales de mayo la suma se elevó a más de 50 mil millones de dólares. La Unión Europa entregó más de tres mil millones de dólares en ayuda militar sacados del “Fondo Europeo para la paz”. La suma, no obstante, es más importante porque muchos Estados suministran armas de forma directa sin declararlas a los fondos europeos. Más de 20 países participan de una u otra forma en el respaldo militar a Ucrania para un total, hasta hoy, de 60 mil millones de dólares en ayudas diversas, incluidos los 40 mil millones de dólares que la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de mayo y que se repartirán entre ayuda militar, ayuda humanitaria y material civil.

Tecnología del Pentágono

Mientras los europeos ni siquiera han concertado una posición coherente sobre el embargo de los hidrocarburos rusos, el volumen de dinero movilizado por Washington revela la ambición de la estrategia que la administración de Joe Biden está implementando: hacer de esta guerra una suerte de conflicto interpósito a través del cual, sin poner en juego la vida de un solo soldado, vencer al otro imperio. 

Detrás de las ayudas formales hay, de hecho, otra guerra secreta tanto o más decisiva que la que se ve. Todas las capitales de Europa lo reconocen: gracias a sus capacidades tecnológicas y a sus avanzadísimos sistemas informáticos el Pentágono desempeñó un papel central en las respuestas militares de Ucrania. El hundimiento del buque lanzamisiles ruso, El Movska, a mediados de abril en aguas del Mar Negro nunca hubiese sido posible sin “la información del Pentágono”. 

Según una información revelada por el New York Times a principios de mayo, el espionaje estadounidense permitió a Ucrania localizar y matar a una docena de generales rusos. ”Ayudar a Ucrania a defenderse” sigue siendo la bandera retórica de Washington. Esta, sin embargo, se mezcla con posicionamientos más sinceros como el que expresó a finales de marzo el Secretario de Defensa de Joe Biden, Lloyd Austin, para quien el objetivo, en adelante, consiste en “ver a Rusia tan debilitada que ya no pueda más hacer cosas como las que hizo al invadir Ucrania”. 

El pasado 28 de abril, ante el Congreso, Joe Biden dijo: ” invertir en la libertad y la seguridad de Ucrania es pagar un precio muy bajo para castigar la agresión rusa y disminuir el riesgo de conflictos futuros”. Pocos días después, en Alabama, Biden ponía la guerra en Ucrania bajo una óptica mucho más amplia: «hay en este momento una guerra entre la autocracia y la democracia”.

¿Salida diplomática?

Washington no evoca nunca una salida diplomática, los europeos aún creen que es posible, incluso cuando admiten que la guerra será forzosamente extensa hasta que se plasme o se visualice una estabilización. Este sábado, durante el diálogo telefónico que mantuvieron durante 80 minutos con Vladimir Putin, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán Olaf Scholz, le pidieron al mandatario ruso que acepte “lo más pronto que se pueda” una conversación directa” con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con la meta de pactar un alto el fuego. 

Macron y Scholz puntualizaron sin ambigüedad la posición europea cuando insistieron en que "toda solución a la guerra debe ser negociada entre Moscú y Kiev y debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania" (comunicado del Palacio del Elíseo). A su vez, el Kremlin aseguró en su comunicado que Putin resaltó que las negociaciones “están paralizadas por culpa de Kiev” al tiempo que le exigió a Europa y Estados Unidos que cesaran el suministro de armas a Ucrania porque ello “torna inestable la situación”. 

Las otras guerras

Los tres jefes de Estado evocaron también una de las temáticas que tensan la situación más allá de sus propias fronteras, es decir, la crisis alimentaria mundial derivada de esta guerra. Putin exigió el levantamiento de las sanciones occidentales para que Rusia pueda así “aumentar” el suministro de “fertilizantes y productos agrícolas rusos” y, por consiguiente, ”bajar la tensión en el mercado mundial de alimentos”. 

Según los comunicados cruzados, Moscú accedió al pedido de Macron y el canciller alemán para que se levante el bloqueo de la ciudad portuaria de Odessa, en el mar Negro, y liberar así la exportación de cereales. París indicó que Vladimir Putin prometió abrir el puerto siempre y cuando Ucrania retire las minas que colocó. 

El tema no es menor ya que, según cifras de las Naciones Unidas (la FAO), Rusia y Ucrania concentran más de un tercio de las exportaciones mundiales de cereales (19% de la cebada, 14 % del trigo y 4 % del maíz) mientras que Rusia es el primer exportador mundial de fertilizantes nitrogenados. 

Alimentos e hidrocarburos son el otro resorte ardiente de la guerra. Tres meses después de haber comenzado el conflicto y pese a las amenazas y proyectos, Europa aún no encontró la formula interna para decretar un embargo total de los hidrocarburos rusos. Más aún, las empresas energéticas de Europa se sumieron a la voluntad de Moscú. Los clientes de Gazprom juegan en la cuerda floja para, al mismo tiempo, mantener abiertas las importaciones de gas y petróleo ruso sin pasarse por encima las sanciones de la Unión Europea. 

El movimiento es pendular: Europa prohíbe aportar fondos (euros o dólares) al banco central de Rusia y Moscú obliga a sus clientes energéticos a pagar en rublos. Los importadores de gas han logrado pasar por encima de las sanciones… gracias a una medida de la misma Unión Europea, la cual acepta que se abra una cuenta en rublos.

Ganadores y perdedores

¿Tres meses después quién perdió y quién ganó? Perdió Ucrania, los 6 millones de refugiados, los 9 millones de desplazados internos, las decenas de miles de muertos de cada lado y, también, perdió Europa. Está bajo la amenaza nuclear de Rusia, ante la perspectiva de una drástica falta de hidrocarburos para sus industrias y el invierno, presionada por una fuerte inflación y con una alianza militar, la OTAN, renacida de las cenizas gracias al mismísimo Vladimir Putin. 

En 2017, el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo que la OTAN era algo “obsoleto”. Algunos meses después, Emmanuel Macron dijo que la OTAN se encontraba en un estado de “muerte cerebral”. A lo largo de estos años, la Alianza Atlántica fue un mamarracho sin dirección ni coherencia. Putin le devolvió su misión perdida: ser el muro ante la amenaza rusa. 

Peor aún, el refuerzo de la legitimidad de la OTAN como consecuencia de la guerra en Ucrania, el ingreso impensable de países como Suecia y Finlandia, aplazó al infinito el siempre truncado proyecto de una “defensa común europea”. La UE depende más que nunca de Estados Unidos, tanto para su defensa a través de la OTAN como para el suministro de hidrocarburos. 

François Heisbourg, miembro de la Fundación para la investigación estratégica y autor de excelentes libros de geopolítica, resalta la paradoja de un Occidente que se vio proyectado a otra dimensión por “una potencia (Rusia) dinámica y muy insatisfecha con el orden del mundo”. Quien sabe cómo será en el futuro ese orden. Por el momento es el que están diseñando Washington y Moscú con una víctima cercana entre las cuerdas: Europa.

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Natalia Pototska llora ante la mirada de su nieto Matviy, ayer en un centro de desplazados en la ciudad ucrania de Zaporizhzhia, a orillas del río Dnieper. Foto Ap

Desde la Primera Guerra Mundial, la propaganda ha tenido un papel crucial en la guerra. Los gobiernos lanzan campañas para ganar apoyo entre sus ciudadanos, influir en la opinión pública y en la conducta dentro de las naciones con las que están en guerra, así como en la opinión internacional. En esencia, la propaganda se refiere a técnicas de manipulación de la opinión pública basadas en información incompleta o confusa, mentiras y engaños. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los nazis como los aliados emprendieron operaciones de propaganda.

La guerra en Ucrania no es diferente. Los líderes de Rusia y Ucrania han emprendido una diseminación sistemática de información bélica que puede fácilmente designarse como propaganda. Otros países con intereses en el conflicto, como Estados Unidos y China, también han lanzado campañas, que van de la mano con su aparente falta de interés en los esfuerzos diplomáticos por poner fin a la guerra.

En esta entrevista, el destacado académico y disidente Noam Chomsky, quien construyó junto con Edward Herman el concepto de "modelo de propaganda", indaga en la pregunta de quién está ganando la guerra de propaganda en Ucrania. Adicionalmente examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política, analiza si el modelo de propaganda aún funciona, y reflexiona sobre el argumento "también ustedes". Por último, expresa su opinión acerca del caso de Julian Assange y su casi segura extradición a Estados Unidos por el "crimen" de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

–La propaganda de guerra en el mundo moderno es un arma poderosa para ganar apoyo a la guerra y darle una justificación moral, por lo regular resaltando la naturaleza "maligna" del enemigo. También se usa para debilitar la voluntad de las fuerzas enemigas. En el caso de la invasión rusa a Ucrania, la propaganda del Kremlin parece hasta ahora estar funcionando dentro de Rusia y domina las redes sociales en China, pero al parecer Ucrania está ganando la guerra de información en la arena global, en especial en Occidente. ¿Está de acuerdo con esta evaluación? ¿Hay algunas mentiras o mitos de guerra significativos en torno a este conflicto?

–La propaganda de guerra ha sido un arma poderosa por mucho tiempo, sospecho que desde que tenemos registro histórico. Y a menudo un arma con consecuencias a largo plazo, que requieren atención y análisis.

“Para no ir lejos, en tiempos modernos, en 1898, el barco de guerra estadunidense Maine se hundió en el puerto de La Habana, probablemente por una explosión interna. La prensa del magnate Randolph Hearst logró crear una ola de histeria popular sobre la naturaleza maligna de España, que dio el sustento necesario a una invasión a la que en Estados Unidos se conoce como ‘la liberación de Cuba’. O, como debería llamarse, la prevención de la autoliberación de Cuba, que convirtió a la isla en una virtual colonia estadunidense. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba fue realmente liberada, y Estados Unidos, casi de inmediato, emprendió una perversa campaña de terror y sanciones para poner fin al ‘victorioso desafío’ cubano a los 150 años de dominio estadunidense sobre el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace medio siglo.

“Desencadenar mitos de guerra puede tener consecuencias a largo plazo.

“En 1916, Woodrow Wilson fue electo presidente con el lema ‘Paz sin Victoria’, que pronto se convirtió en Victoria sin Paz. Una oleada de mitos de guerra convirtió rápidamente a una población pacificista en una consumida de odio por todo lo alemán. La propaganda emanó primero del ministerio británico de información; sabemos lo que eso significa. Intelectuales estadunidenses del círculo liberal de John Dewey la sorbieron con entusiasmo y se declararon líderes de la campaña para liberar al mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no fue iniciada por élites militares o políticas, sino por los considerados intelectuales –ellos– que habían estudiado cuidadosamente la situación y después decidido racionalmente el curso correcto de acción: entrar en la guerra, llevar libertad al mundo y poner fin a las atrocidades inventadas por el ministerio británico.

“Una consecuencia de las muy efectivas campañas de odio a Alemania fue la imposición de una paz del vencedor, con un duro trato a la derrotada Alemania. Algunos objetaron con firmeza, entre ellos John Maynard Keynes. No les hicieron caso. El resultado fue Hitler.

“En una entrevista previa vimos cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de odio a Alemania con el triunfo de estadistas que no eran buenas personas: el Congreso de Viena de 1815. El Congreso buscó establecer un orden europeo después de que el intento napoleónico de conquistar Europa había sido derrotado. Con buen juicio, el Congreso incluyó a la derrotada Francia. Eso condujo a un siglo de relativa paz en Europa. Hay ciertas lecciones.

“Para no quedarse atrás de los británicos, el presidente Wilson estableció su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (Comisión Creel), que prestó sus propios servicios.

“Estos ejercicios tuvieron también un efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión estaban Walter Lippmann, que llegó a ser el intelectual público más destacado del siglo XX, y Edward Bernays, que fue uno de los fundadores de la moderna industria de relaciones públicas, la mayor agencia propagandística del mundo, dedicada a socavar mercados al crear consumidores desinformados que tomaban decisiones irracionales: lo opuesto a lo que uno aprende de los mercados en los cursos de economía. Al estimular el consumismo rampante, la industria también empuja al mundo al desastre, lo que es otro tema.

“Tanto Lippmann como Bernays dieron crédito a la Comisión Creel por demostrar el poder de la propaganda para ‘manufacturar consenso’ (Lippmann) y ‘construir consenso’ (Bernays). Este ‘nuevo arte en la práctica de la democracia’, explicaba Lippmann, podría usarse para mantener pasivos y obedientes a los ‘elementos ajenos ignorantes y entrometidos’ –el público en general–, mientras los autodesignados ‘hombres responsables’ atendían los asuntos importantes, libres del ‘pisoteo y el rugido de un rebaño enloquecido’. Bernays expresaba opiniones parecidas. No estaban solos.

“Lippmann y Bernays eran liberales al estilo Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de democracia que elaboraron está muy a tono con las concepciones liberales dominantes, entonces y ahora.

“Esas ideas se extendieron ampliamente hacia las sociedades más libres, en las que ‘las ideas impopulares pueden ser suprimidas sin el uso de la fuerza’, como expresó George Orwell en su (inédita) introducción a Rebelión en la granja con respecto a la ‘censura literaria’ en Inglaterra.

“Y así continúa. En particular en las sociedades más libres, donde los medios de violencia del Estado han sido constreñidos por el activismo popular, es de gran importancia idear métodos para fabricar consenso, y asegurar que sean interiorizados al volverse tan invisibles como el aire que respiramos, sobre todo en los círculos de personas de cierta cultura. Imponer mitos de guerra es un rasgo regular de estas empresas.

“A menudo funciona de manera espectacular. En la Rusia actual, según informes, una gran mayoría acepta la doctrina de que en Ucrania Rusia se defiende contra una embestida nazi reminiscente de la Segunda Guerra Mundial, cuando Ucrania, de hecho, colaboró en la agresión que por poco destruye a Rusia y causó bajas terribles.

“La propaganda es tan absurda como todos los mitos de guerra, pero, como otras, se basa en fragmentos de verdad, y al parecer ha tenido éxito en fabricar consenso. No podemos estar seguros del todo a causa de la rígida censura vigente, sello distintivo de la cultura política estadunidense desde hace tiempo: el ‘rebaño enloquecido’ debe ser protegido contra las ‘ideas equivocadas’. Conforme a ello, los estadunidenses deben ser ‘protegidos’ de propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo personas a las que se ha lavado el cerebro podrían no reír de ellas. Según esta visión, para castigar a Vladimir Putin se debe evitar que cualquier material procedente de Rusia llegue a oídos estadunidenses. Eso comprende el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadunidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valeroso periodismo incluye su servicio como jefe de la corresponsalía del New York Times en Medio Oriente y los Balcanes, y astutos y perceptivos comentarios de entonces a la fecha. Los estadunidenses deben ser protegidos de su influencia maligna, porque sus reportes aparecen en RT. Ahora han sido suprimidos.

“Tómese esa, señor Putin.

“Como es de esperar en una sociedad libre, es posible, con cierto esfuerzo, aprender algo sobre la posición oficial de Rusia sobre la guerra… o, como la llama Rusia, la ‘operación militar especial’. Por ejemplo, a través de India, donde el ministro del Exterior Sergéi Lavrov tuvo una extensa entrevista con India Today el 19 de abril.

“Constantemente observamos los instructivos efectos de este rígido adoctrinamiento. Uno de ellos es que es de rigor referirse a la criminal agresión de Putin a Ucrania como ‘invasión no provocada de Ucrania’. Una búsqueda de esta frase en Google encuentra ‘unos 2 millones 430 mil resultados’ (en 0.42 segundos).

“Por curiosidad, podemos buscar ‘invasión no provocada de Irak’. La búsqueda produce ‘unos 11 mil 700 resultados’ (en 0.35 segundos), al parecer de fuentes opuestas a la guerra, según sugiere una breve búsqueda.

“El ejemplo es interesante no sólo en sí mismo, sino por su total inversión de los hechos. La guerra de Irak no fue provocada en absoluto: Dick Cheney y Donald Rumsfeld tuvieron que luchar mucho, incluso recurrir a la tortura, para tratar de encontrar alguna partícula de evidencia que ligara a Saddam Hussein con Al Qaeda. Las famosas armas de destrucción masiva desaparecidas no habrían sido una provocación para agredir, aun si hubiera habido alguna razón para creer que existían.

“En contraste, la invasión rusa de Ucrania fue en definitiva provocada… aunque, en el clima actual, es necesario añadir la perogrullada de que la provocación no justifica una invasión.

“Un conjunto de diplomáticos de alto nivel y analistas políticos estadunidenses han advertido a Washington durante 30 años que era insensato e innecesariamente provocador hacer caso omiso de las preocupaciones de seguridad de Rusia, en particular sus líneas rojas: ni Georgia ni Ucrania, ubicadas en el corazón geoestratégico ruso, deberían ser miembros de la OTAN.

“Con pleno conocimiento de lo que hacía, desde 2014 la OTAN (es decir, básicamente Estados Unidos) ha ‘brindado apoyo significativo (a Ucrania) con equipo y entrenamiento, decenas de miles de soldados ucranios han sido entrenados, y luego, cuando vimos que la inteligencia indicaba una alta probabilidad de invasión, los aliados aumentaron el apoyo en el otoño pasado y este invierno’, antes de la invasión, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

“El compromiso estadunidense de integrar a Ucrania en el mando de la OTAN también se incrementó en el otoño de 2021, con las declaraciones políticas oficiales que ya hemos examinado, ocultas por la ‘prensa libre’ al rebaño enloquecido, pero sin duda leídas con cuidado por la inteligencia rusa. La inteligencia rusa no tenía que ser informada de que ‘antes de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos no hizo ningún esfuerzo por atender una de las preocupaciones de seguridad que con más frecuencia expresaba Vladimir Putin: la posibilidad de que Ucrania entrara en la OTAN’, como concedió el Departamento de Estado, aunque poco se notó en este país.

“Sin entrar en mayores detalles, la invasión de Putin a Ucrania fue claramente provocada, en tanto que la invasión estadunidense de Irak no fue provocada. Esto es exactamente lo opuesto a la información y los comentarios convencionales, pero es también exactamente la norma de la propaganda de guerra, no sólo en Estados Unidos, aunque es más instructivo observar el proceso en las sociedades libres.

“Muchos creen que está mal plantear estos asuntos, que incluso son una forma de propaganda a favor de Putin; deberíamos más bien enfocarnos como láser en los crímenes actuales de Rusia. En contra de esta creencia, esa postura no ayuda a los ucranios: los perjudica. Si se nos impidiera por decreto aprender acerca de nosotros mismos, no seríamos capaces de desarrollar políticas que beneficien a otros, los ucranios entre ellos. Eso parece elemental.

“Un análisis más a fondo produce otros ejemplos instructivos. Hemos hablado del elogio de Lawrence Tribe, profesor de derecho de Harvard, a la decisión de George W. Bush en 2003 de ‘ayudar al pueblo iraquí’ al decomisar ‘fondos iraquíes depositados en bancos estadunidenses’ y, dicho sea de paso, invadir y destruir el país, demasiado poco importante para mencionarlo. Más aún, los fondos fueron decomisados ‘para ayudar al pueblo iraquí y compensar a las víctimas del terrorismo’, del cual el pueblo iraquí no tenía ninguna responsabilidad.

“No preguntamos de qué manera esto iba a ayudar al pueblo iraquí. Es de suponerse que no es una compensación por el ‘genocidio’ estadunidense previo a la invasión en Irak.

“‘Genocidio’ no es término mío. Más bien, es el término usado por los distinguidos diplomáticos internacionales que administraron el ‘programa Petróleo por Alimentos’, el lado suave de las sanciones de Bill Clinton (técnicamente, por conducto de la ONU). El primero, Denis Halliday, renunció en protesta porque consideraba que las sanciones eran ‘genocidas’. Fue remplazado por Hans von Sponeck, quien no sólo renunció en protesta por el mismo motivo, sino también escribió un libro muy importante que aporta extensos detalles de la indignante tortura a que fueron sometidos los iraquíes por las sanciones de Clinton, A Different Kind of War (Una guerra de otro tipo).

“Los estadunidenses no estamos del todo protegidos de esas revelaciones desagradables. Aunque el libro de Von Sponeck nunca fue reseñado, hasta donde puedo discernir, puede ser adquirido en Amazon por cualquiera que haya oído hablar de él. Y el pequeño editor que produjo la edición en inglés pudo incluso recabar dos comentarios para la contraportada: el de John Pilger y el mío, apropiadamente alejados de la corriente dominante.

“Existe, desde luego, un torrente de comentarios acerca del ‘genocidio’. Según las normas usadas, Estados Unidos y sus aliados son señalados como culpables de ese cargo una y otra vez, pero la censura voluntaria evita cualquier reconocimiento de esto, así como protege a los estadunidenses de conocer encuestas Gallup internacionales que muestran que Estados Unidos es con mucho percibido como la mayor amenaza a la paz mundial, o que la opinión pública mundial se opuso de manera abrumadora a la invasión estadunidense de Afganistán (también ‘no provocada’, si prestamos atención), junto con otra información inapropiada.

“No creo que existan ‘mentiras significativas’ en la información de esta guerra. En general, los medios estadunidenses están haciendo un trabajo sumamente creíble al informar sobre los crímenes rusos en Ucrania. Eso es valioso, así como es valioso que se preparen investigaciones internacionales para posibles juicios de crímenes de guerra.

“Esa forma de proceder también es normal. Somos muy escrupulosos en desenterrar detalles de los crímenes de otros. Desde luego, hay invenciones, que a veces alcanzan el nivel de comedia, temas que el finado Edward Herman y yo documentamos en detalle. Pero, cuando los crímenes del enemigo se pueden observar directamente, en el terreno, es típico que los periodistas hagan un excelente trabajo de reportarlos y exponerlos. Y se les examina a fondo en la academia y en extensas investigaciones.

“Como hemos visto, en las muy raras ocasiones en que los crímenes de Estados Unidos son tan patentes que no se les puede descartar o ignorar, también se informa de ellos, pero a manera de ocultar crímenes mucho mayores, de los que aquéllos son apenas una nota al pie de página. La masacre de My Lai, por ejemplo.

“En cuanto a que Ucrania esté ganando la guerra de información, la calificación ‘en Occidente’ es exacta. Estados Unidos siempre ha sido entusiasta y riguroso en exponer crímenes con sus enemigos y, en el caso actual, Europa le sigue la corriente. Pero, fuera de Estados Unidos y Europa, el cuadro es mucho más ambiguo. En el Sur global, hogar de la mayor parte de la población mundial, la invasión se repudia, pero el marco de propaganda estadunidense no es adoptado de manera acrítica, hecho que ha conducido a considerable perplejidad acá en cuanto a que están ‘fuera de la sintonía’.

“Eso también es normal. Las víctimas tradicionales de violencia brutal y represión suelen ver el mundo de manera muy diferente de aquellos acostumbrados a sostener el látigo. Incluso en Australia, existe cierta medida de insubordinación. En la revista Arena, especializada en asuntos internacionales, el director, Simon Cooper, revisa y deplora la rígida censura e intolerancia de la disidencia incluso leve en los medios liberales estadunidenses. Concluye, con bastante razón, que ‘esto significa que es casi imposible, dentro de la corriente de opinión dominante, reconocer al mismo tiempo las insoportables acciones de Putin y forjar un camino de salida de la guerra que no implique el agravamiento del conflicto y una mayor destrucción en Ucrania’.

“No hay ayuda para el sufrimiento de los ucranios, desde luego.

“Tampoco eso es nada nuevo. Esa ha sido la pauta dominante por mucho tiempo, de manera notable durante la Primera Guerra Mundial. Había unos cuantos que sencillamente no se conformaban a la ortodoxia establecida después de que Wilson se unió a la guerra. El principal líder laboral del país, Eugene Debs, fue encarcelado por atreverse a sugerir a los trabajadores que pensaran por sí mismos. Tanto lo detestaba el gobierno liberal de Wilson, que se le excluyó de la amnistía de posguerra decretada por el presidente. En los círculos intelectuales liberales que apoyaban a John Dewey, también había algunos desobedientes. El más famoso fue Randolph Bourne. No fue encarcelado, pero se le excluyó de los diarios liberales, de modo que no pudo difundir su mensaje subversivo de que ‘la guerra es la salud del Estado’.

“Debo mencionar que, unos años después, Dewey mismo dio marcha atrás a esa postura, lo cual es de ­reconocerse.

"Es comprensible que los liberales estén particularmente emocionados cuando hay oportunidad de condenar los crímenes del enemigo. Por una vez, están del lado del poder. Los crímenes son reales, y ellos pueden marchar en el desfile de los que los condenan y ser elogiados por su (correcta) conformidad. Es muy tentador para quienes a veces, aun con cierta timidez, condenan crímenes por los que compartimos la responsabilidad y son castigados por adherirse a elementales principios morales."

–¿La proliferación de redes sociales ha hecho más difícil tener un cuadro preciso de la realidad política, o menos?

–Es difícil decirlo. En particular lo ha sido para mí, porque evito las redes sociales y sólo cuento con información limitada. Mi impresión es que es un asunto mezclado.

“Las redes sociales aportan oportunidades de escuchar una variedad de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no se ofrece en los medios dominantes. Por otro lado, no está claro cómo se explotan esas oportunidades. Ha habido un gran volumen de comentarios –confirmados por mi propia experiencia limitada– que aseguran que muchas tienden a gravitar hacia burbujas que se dan sustento a sí mismas, y que escuchan poco más allá de sus propias creencias y actitudes y, peor aún, que las arraigan con más firmeza y en formas más intensas y extremas.

“Haciendo eso a un lado, las fuentes básicas de noticias siguen siendo en general las mismas: la prensa dominante, que tiene reporteros y corresponsales en el terreno. La Internet ofrece oportunidades de muestrear una gama mucho más amplia de esos medios, pero mi impresión, nuevamente, es que esas oportunidades se utilizan poco.

“Otra consecuencia dañina de la rápida proliferación de redes sociales es el fuerte descenso de los medios tradicionales. Hasta tiempos recientes, había muchos excelentes medios locales en Estados Unidos. La mayoría han desaparecido. Pocos tienen hoy corresponsables incluso en Washington, ya no digamos en otras partes, como muchos tenían hasta hace poco. Durante las guerras de Ronald Reagan en Centroamérica, que alcanzaron extremos de sadismo, parte de la mejor información era aportada por reporteros del Boston Globe, entre ellos algunos amigos cercanos míos. Eso prácticamente ha desaparecido.

“La razón principal es la dependencia en los anunciantes, una de las maldiciones del sistema capitalista. Los fundadores de esta nación tenían una visión diferente. Ellos estaban a favor de una prensa realmente independiente y la fomentaron. La Oficina Postal se fundó en buena medida con este propósito, para permitir un acceso fácil a la prensa independiente.

“El hecho, hasta cierto punto poco usual, de que ésta sea una sociedad gobernada por las empresas, produce otro hecho poco usual: este país prácticamente no tiene medios públicos: nada como la BBC, por ejemplo. Los esfuerzos por desarrollar medios de servicio público –primero en la radio, luego en la televisión– fueron derrotados por intenso cabildeo empresarial.

“Existe excelente trabajo académico sobre este tema, que se extiende también a iniciativas activistas serias que buscan vencer estas graves violaciones a la democracia, en particular por Robert McChesney y Victor Pickard.

–Hace casi 35 años, usted y Edward Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Fabricando consenso: la economía política de los medios masivos). El libro presentó el "modelo de propaganda" de la comunicación, que opera a través de cinco filtros: propiedad, publicidad, los medios de élite, la crítica y un enemigo común. ¿La era digital ha cambiado el modelo de propaganda? ¿Todavía funciona?

–Por desgracia, Edward –el autor principal– ya no está entre nosotros. Se le extraña mucho. Creo que él estaría de acuerdo en que la era digital no ha cambiado gran cosa, más allá de lo que acabo de describir. Lo que sobrevive de los medios convencionales en una sociedad gobernada en gran parte por las empresas sigue siendo la principal fuente de información y está sujeto a las mismas presiones que antes.

“Ha habido otros cambios aparte del que mencioné brevemente. Como muchas otras instituciones, incluso dentro del sector corporativo, los medios han sido influidos por los efectos civilizadores de los movimientos populares de la década de 1960 y su secuela. Es muy iluminador ver lo que ocurrió con la información y la opinión apropiadas en los primeros años. Muchos periodistas han pasado por estas experiencias liberadoras. Naturalmente, existe una gran corriente adversa, entre ellos los apasionados denunciantes de la cultura del ‘despertar’, la cual reconoce que existen seres humanos con derechos, aparte de los varones blancos cristianos. Desde la ‘estrategia del sur’ de Nixon, el liderazgo del Partido Republicano ha entendido que, como no puede ganar votos con sus políticas económicas de servir a los ricos y al poder corporativo, debe tratar de desviar la atención hacia ‘asuntos culturales’: la falsa idea un ‘Gran Remplazo’, es decir, armas, o cualquier otra cosa que oscurezca el hecho de que están trabajando duro para darnos una puñalada por la espalda. Donald Trump era un maestro de esta técnica, a veces llamada la técnica de ‘al ladrón, al ladrón’: cuando te pesquen con la mano en el bolsillo de alguien, grita ‘¡al ladrón, al ladrón!’ y señala a alguien más.

"Pese a estos esfuerzos, los medios han mejorado en este aspecto, reflejando cambios en la sociedad en general. Eso de ningún modo carece de importancia."

–¿Qué piensa del "ustedes también", que está generando una controversia estos días con respecto a la guerra en Ucrania?

–Aquí también hay una larga historia. En los inicios del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento independiente podía ser silenciado con acusaciones de defender los crímenes de Stalin. A veces se condena esa práctica como macartismo, pero esa no fue sino la punta del iceberg. Lo que ahora se denuncia como "cultura de la cancelación" era rampante y lo sigue siendo. Esa técnica perdió algo de su poder cuando el país empezó a despertar del letargo dogmático en la década de 1960. A principios de la década de 1980, Jeane Kirkpatrick, importante intelectual rea­ganita de las relaciones exteriores, ideó otra técnica: la equivalencia moral. Si uno revelaba y criticaba las atrocidades que ella respaldaba en el gobierno de Reagan, uno era culpable de "equivalencia moral". Uno estaba afirmando que Reagan no era distinto de Stalin o de Hitler. Eso sirvió durante algún tiempo para disminuir la disidencia de la línea del partido.

“El ‘ustedes también’ es una nueva variante, apenas diferente de sus predecesoras.

“Para la mente verdaderamente totalitaria, nada de esto basta. Los líderes republicanos trabajan duro para limpiar las escuelas de cualquier cosa que sea ‘divisionista’ y cause ‘incomodidad’. Eso incluye virtualmente toda la historia, fuera de los lemas patrióticos aprobados por la Comisión 1776 de Trump, o cualquier otra cosa que sea ideada por esos lideres cuando asuman el control y estén en posición de imponer una disciplina más estricta. Vemos muchos signos de eso ahora, y hay todas las razones para esperar que vendrán más.

“Es importante recordar lo rígidos que han sido los controles doctrinales en Estados Unidos, lo que tal vez refleja el hecho de que es una sociedad muy libre en términos comparativos, lo que plantea problemas a los directivos doctrinales, que deben estar alerta a los indicios de desviación. Por ahora, después de muchos años, es posible musitar la palabra ‘socialista’, queriendo decir un demócrata social moderado. En ese aspecto, Estados Unidos se ha zafado finalmente de la compañía de las dictaduras totalitarias. Remontémonos 60 años, e incluso las palabras ‘capitalismo’ e ‘imperialismo’ eran demasiado radicales para pronunciarlas. Paul Potter, presidente de Estudiantes por una Sociedad Democrática, hizo acopio de valor en 1965 para ‘nombrar al sistema’ en su discurso presidencial, pero no logró pronunciar las palabras.

“Hubo algunos avances en la década de 1960, lo que preocupó mucho a los liberales estadunidenses, que advirtieron de una ‘crisis de la democracia’, cuando muchos sectores de la población trataron de entrar en la arena política para defender sus derechos. Aconsejaron más ‘moderación en la democracia’, un retorno a la pasividad y a la obediencia, y condenaron a las instituciones responsables de ‘adoctrinar a los jóvenes’ por no cumplir con su deber. Desde entonces las puertas se han abierto un poco más, lo que sólo reclama medidas más urgentes para imponer disciplina.

“Si los autoritarios del Partido Republicano logran destruir la democracia lo suficiente para establecer el dominio permanente de una casta supremacista blanca cristiana que sirva a la riqueza extrema y al poder privado, es probable que disfrutemos actos grotescos como los del gobernador de Florida Ron DeSantis, quien prohibió 40 por ciento de los textos de matemáticas para niños en ese estado a causa de ‘referencias a la Teoría Crítica de las Razas, inclusiones del Común Denominador, y la adición no solicitada del Aprendizaje Social Emocional en las matemáticas’, de acuerdo con el decreto oficial. Bajo presión, el estado presentó algunos ejemplos aterradores, por ejemplo, un objetivo educacional de que ‘los estudiantes adquirirán eficiencia con la conciencia social al practicar la empatía con sus compañeros de clase’.

“Si el país en conjunto asciende a las alturas de las aspiraciones republicanas, será innecesario recurrir a artilugios como la ‘equivalencia moral’ y el ‘ustedes también’ para reprimir el pensamiento ­independiente.”

–Una última pregunta. Un juez de Reino Unido ha aprobado formalmente la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, pese a las fuertes preocupaciones de que tal acción lo pondría en riesgo de "graves violaciones a sus derechos humanos", como Agnès Callamar, ex relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, advirtió hace dos años. En el caso de que Assange sea realmente extraditado a Estados Unidos, lo cual parece muy seguro ahora, enfrenta hasta 175 años de prisión por revelar información al público acerca de las guerras en Irak y Afganistán. ¿Podría comentar sobre el caso de Assange, sobre la ley que se usó para perseguirlo y lo que su persecución dice acerca de la libertad de expresión y el estado de la democracia estadunidense?

–Assange ha sido retenido durante años bajo condiciones que equivalen a la tortura. Eso es evidente para cualquiera que haya podido visitarlo (yo fui una vez) y fue confirmado por el relator especial de la ONU sobre tortura (y otros tratos y castigos crueles inhumanos o degradantes), Nils Melzer, en mayo de 2019.

“Días después, Assange fue consignado por el gobierno de Trump conforme a la ley de espionaje de 1917, la misma que el presidente Wilson utilizó para encarcelar a Eugene Debs, entre otros crímenes de Estado cometidos con esa ley.

“Haciendo a un lado las minucias legalistas, las razones básicas para la tortura y enjuiciamiento de Assange son que cometió un pecado mortal: dio a conocer al público información de los crímenes estadunidenses que el gobierno, por supuesto, hubiera preferido que permanecieran ocultos. Esto es una ofensa en particular para extremistas autoritarios como Trump y Mike Pompeo, quien inició los procedimientos conforme a la Ley de Espionaje.

“Sus preocupaciones son entendibles. Fueron explicadas hace años por Samuel Huntington, profesor de ciencia de gobierno en Harvard, quien observó que ‘el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz comienza a evaporarse’.

“Esto es un principio crucial de la política de Estado y se extiende también al poder privado. Por eso la fabricación de consenso es una prioridad de los sistemas de poder estatales y privados.

“Esto no es un descubrimiento nuevo. En una de sus primeras obras de lo que hoy se llama ciencia política, hace 350 años, David Hume escribió, en sus Primeros principios de gobierno, que:

“‘Nada parece más sorprendente a quienes consideran los asuntos humanos con una mirada filosófica, que la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisión implícita, con que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones a favor de los de sus gobernantes. Cuando preguntamos por qué medio se logra esta maravilla, encontraremos que, como la Fuerza siempre está del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los soporte, más que la opinión. Por lo tanto, el gobierno se funda únicamente en la opinión; y esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como a los más libres y populares’.

“La fuerza, de hecho, está del lado de los gobernados, en particular en las sociedades más libres, y es mejor que no se den cuenta, o las estructuras de la autoridad ilegítima se derrumbarán, sea estatal o privada.

“Estas ideas han sido desarrolladas durante años, de manera importante por Antonio Gramsci. La dictadura de Mussolini entendía la amenaza que Gramsci representaba. Cuando fue encarcelado, el fiscal anunció: ‘Debemos evitar que este cerebro funcione 20 años’. Hemos avanzado considerablemente desde la Italia fascista. La persecución de Trump y Pompeo busca silenciar a Assange por 175 años, y los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña ya le han impuesto años de tortura al criminal que se atrevió a exponer su poder a la luz del día.”

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Traducción: Jorge Anaya

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Separados por una larga mesa, Putin y Guterres negociaron cara a cara en Moscú.. Imagen: EFE

El Kremlin insiste en llamar "operación militar especial" mientras Naciones Unidas mantiene que se trata de una invasión. A pesar de la discrepancia, Moscú asegura que confía en la vía diplomática mientras las tropas rusas se aseguran el control de Jerson (sur) y renuevan combates en el Donbass.

 

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió crear las condiciones necesarias para un alto el fuego en su primera visita a Moscú desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania. Guterres se reunió con el canciller Serguei Lavrov y con el presidente Vladimir Putin, quien admitió que la situación en el puerto de Mariupol es crítica. En tanto, el ejército ruso confirmó que destruyó más de 2.500 tanques y vehículos blindados de las fuerzas ucranianas.

La ONU al Kremlin

A 62 días del inicio de la invasión rusa en territorio ucraniano, Guterres llegó a Moscú como parte de una pequeña gira que el jueves lo tendrá reunido con el presidente Volodimir Zelenski en Ucrania. A su llegada Guterres abogó por lograr un alto el fuego lo antes posible. "Lo que nos interesa mucho es encontrar los medios para crear las condiciones para un diálogo eficaz, crear las condiciones para un alto el fuego lo antes posible", precisó.

Durante la reunión con Guterres el gobierno ruso  discrepó de la valoración del secretario general de la ONU quien llamó invasión a lo que el Kremlin considera una “operación militar especial”. "Es totalmente evidente que existen dos posiciones distintas sobre lo que ocurre en Ucrania", constató Guterres en rueda de prensa.

Putin rechazó esta postura y defendió la legitimidad de la llamada operación militar para apelar al derecho de autodeterminación de los pueblos. En cuanto a las negociaciones, el mandatario ruso dijo que no aprobaría un acuerdo sobre las garantías de seguridad para Ucrania hasta que estén resueltas las disputas territoriales en Crimea (anexado por Moscú en 2014), y en las separatistas Donetsk y Lugansk donde se votaron referéndums a favor de su independencia de Kiev.

El jefe del Kremlin citó a Kosovo como ejemplo y aseguró haber leído todos los documentos del Tribunal Internacional de la ONU. "Recuerdo perfectamente el veredicto del Tribunal Internacional, que afirmó que determinado territorio de un Estado no está obligado a pedir permiso para declarar su soberanía a las autoridades centrales del país", indicó.

“Si este precedente existe, las repúblicas del Donbass también podían hacerlo. Por nuestra parte, recibimos el derecho a reconocerlos como Estados independientes", precisó Putin. "Teníamos derecho el derecho a hacerlo en total correspondencia del artículo 51 de los estatutos de la ONU", concluyó el presidente ruso.

La vía diplomática

Por otro lado, Putin le dijo a Guterres que todavía confía en la posibilidad de una solución diplomática al conflicto con Ucrania. "A pesar de que la operación militar (rusa en Ucrania) se está desarrollando, seguimos teniendo esperanzas en la capacidad de alcanzar acuerdos por la vía diplomática. Estamos negociando, no rechazamos (negociar)", afirmó el jefe de Estado.

Según Putin, las negociaciones se descarrilaron tras los señalamientos que responsabilizaban a Rusia por la matanza registrada en Bucha, una localidad ubicada cerca de la capital ucraniana. "Hubo una provocación en Bucha, con la cual el ejército ruso no tuvo nada que ver. Sabemos quién organizó esa provocación, a través de qué medios y quiénes fueron las personas que la realizaron", aseguró. "De cualquier manera, las conversaciones están en curso, y en un formato virtual", añadió el líder ruso.

Antes de llegar a Moscú, Guterres estuvo en Ankara, donde se reunió con el presidente Recep Tayipp Erdogan. Turquía lidera actualmente los esfuerzos de diálogo entre la exrepública soviética y la federación rusa para detener el conflicto.

El secretario general de la ONU habló sobre la "crisis dentro de la crisis" en referencia al asedio del puerto a orillas  del mar de Azov. Putin admitió ante Guterres que la situación en Mariupol es trágica. "Allí la situación es difícil y, puede ser, que incluso trágica", dijo el presidente ruso que a su vez negó que sus tropas mantienen el asedio a la ciudad portuaria según le había reclamado Erdogan en una llamada telefónica. "Allí no hay acciones militares. Se han terminado", insistió.

Según el mandatario cerca de 1.300 soldados ucranianos depusieron las armas y se rindieron. Además, aseguró que dio la orden de no realizar acciones de asalto a la metalúrgica en Azovstal donde según Ucrania más de mil soldados y civiles permanecen atrincherados hace semanas. En este sentido, el jefe de Estado ruso aseguró que "las autoridades de Kiev deben asumir su responsabilidad política y, por motivos humanitarios, darles la orden de deponer las armas".Respecto a los civiles atrapados en la acería, Putin le dijo a Guterres que los militares ucranianos están en la obligación de liberarlos. “De lo contrario, estarían actuando como los terroristas del Estado Islámico", señaló.

Por otro lado, Putin rechazó el reclamo de Guterres que había señalado que los corredores humanitarios abiertos por Rusia no funcionan. “Señor secretario general le han informado mal. Funcionan. De Mariúpol han salido con nuestra ayuda más de 100.000. Unos 130.000 o 140.000 han salido. Y pueden ir a donde quieran", dijo. El ministro de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, afirmó que Rusia está dispuesta a cooperar con Naciones Unidas para aliviar a la población civil en Ucrania

Ataques rusos

En tanto, las fuerzas rusas anunciaron la conquista de la Jersón, al sur de Ucrania. "El Ejército ruso ha tomado el control de toda la región de Jerson, partes de las regiones de Jarkov, Zaporiyia y Mikolaev, así como partes significativas de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk", afirmó el coronel Mijail Mizintsev. En tanto las autoridades ucraniana en el Donbass dieron cuenta de bombardeos rusos que dejaron al menos cinco muertos en las repúblicas separatistas

El ministerio de Defensa ruso aseguró que destruyó más de 2.500 tanques y vehículos blindados de Kiev. "En total desde el inicio de la operación especial han sido destruidos 141 aviones de combate, 110 helicópteros, 583 drones, 269 lanzaderas de misiles, 2.576 tanques y otros vehículos blindados", precisó el portavoz de la institución, Igor Konashenkov. Además, indicó que sólo en la última jornada destruyeron 87 instalaciones militares ucranianas, entre ellas 37 centros de mando y  21 almacenes de armas.

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El presidente ucranio, Volodymir Zelensky, flanqueado por Lloyd Austin, secretario estadunidense de Defensa (a la izquierda) y el jefe de la diplomacia de Washington, Antony Blinken, el domingo, en una visita relámpago a Kiev.Foto Ap/Oficina de prensa de la presidencia de Ucrania

En esencia, la OTAN está envuelta en un conflicto bélico con Moscú, señala el ministro del Exterior

 

Kiev. El canciller ruso, Serguei Lavrov, advirtió ayer del riesgo "real" de una tercera guerra mundial, reprochó a Estados Unidos que envíe armas a Ucrania, y aseveró que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) "en esencia, está involucrada en una guerra con Rusia".

Moscú quiere descartar la amenaza de conflictos nucleares, a pesar de los altos riesgos en este momento, y reducir todas las posibilidades de elevar "de manera artificial" esos riesgos, indicó el jefe de la diplomacia rusa en entrevista televisiva transmitida anoche.

En un contexto de tensiones sin precedente entre Rusia y Occidente, Lavrov advirtió que "no se puede subestimar el peligro de una tercera guerra", en declaraciones citadas por la agencia Interfax.

"Esta es nuestra posición. Los riesgos ahora son considerables", comentó Lavrov a la televisión estatal rusa, según una transcripción proporcionada en el sitio web del ministerio del Exterior.

Comparó la situación actual con la crisis de los misiles de 1962, y subrayó que "en esa época había reglas escritas, las normas de conducta eran muy claras. Moscú sabía cómo se estaba comportando Washington y viceversa, pero ahora quedan pocas normas", refirió.

Entonces, en 1962, "había un canal de comunicación en el que los dirigentes confiaban. Ahora no existe uno, y nadie está intentando crearlo. Hay intentos tímidos que se han quedado en la primera fase, pero no han dado resultado".

Indicó que está vigente el tratado de armas START, "pero al mismo tiempo otros instrumentos de control y no proliferación han quedado prácticamente destruidos".

Al preguntarle qué hace Moscú para evitar esta tercera guerra, Lavrov señaló que su país “ya ha hecho mucho y de diferentes maneras durante años.

"En la administración de (Donald) Trump defendimos al más alto nivel que Moscú y Washington reafirmaran la declaración de (Mijail) Gorbachov y (Ronald) Reagan de 1987, acerca de que no puede haber vencedores en una guerra nuclear y que no debe pasar jamás. Pedimos al equipo de Trump que retomara esta declaración tan importante para nuestros pueblos, pero también para el mundo entero", afirmó.

"Desgraciadamente, no conseguimos convencer a nuestros colegas de que fuera necesaria esta iniciativa, y en junio del año pasado, durante la reunión de Ginebra, nuestros presidentes realizaron esa declaración", comentó.

Además, Lavrov recordó que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas han hecho una declaración similar. "Y esa es nuestra postura de principios".

Reprochó a Estados Unidos que hayan enviado muchas armas a Ucrania, "a pesar de nuestras advertencias" y que hayan "azuzado su esencia rusófoba".

Las entregas de armamento occidental a Ucrania significan que la OTAN está "en esencia, en guerra con Rusia" y Moscú considera estas armas como "objetivos legítimos", aseveró.

"Las instalaciones de almacenamiento en el oeste de Ucrania han sido objetivo más de una vez (de las fuerzas rusas). ¿Cómo puede ser de otra manera?", preguntó Lavrov.

Acusó al presidente ucranio, Volodymir Zelensky, de "aparentar" que negocia. "Es un buen actor, si se observa con atención y se lee con cuidado lo que dice, se encontrarán miles de contradicciones", subrayó.

"La buena voluntad tiene límites. Y si no es recíproca, no contribuye al proceso de negociaciones, pero seguiremos manteniendo negociaciones con el equipo enviado por Zelensky", manifestó, citado por agencias rusas.

Desde que comenzó la guerra, hace ya más de dos meses, Zelensky ha pedido a sus aliados occidentales armamento pesado para contrarrestar la teórica superioridad militar de Rusia.

Lavrov se mostró confiado en que "todo terminará seguramente con la firma de un acuerdo" con Ucrania, y añadió que "los parámetros de éste serán definidos por la situación en que estén los combates cuando el pacto se vuelva una realidad".

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Nuevo jefe de la operación militar rusa, con amplia experiencia en Siria

 

Corregir la "deficiente" organización, tarea del general Dvornikov, de acuerdo con la BBC

 

Londres. El gobierno ruso designó al general Alexander Dvornikov como nuevo responsable de las operaciones militares de la invasión de Ucrania, informaron fuentes occidentales a la cadena BBC. Dvornikov, de 60 años de edad, es comandante del Distrito Militar Sur, con amplia experiencia en operaciones rusas en Siria, y tendría como misión organizar los diferentes mandos que operan ahora mismo en Ucrania, cuya coordinación ha sido hasta ahora "realmente deficiente", dijo un funcionario ruso anónimo a la emisora británica.

"Ese comandante en particular tiene mucha experiencia en operaciones rusas en Siria. Por lo tanto, cabe esperar que mejore el comando y control general de la operación", indicó la fuente.

Agregó que Moscú espera que el general resuelva la "tensión actual" que afecta al ejército ruso, empeñado en conquistar el este del país lo más rápido posible sin atenerse a la llegada de efectivos a través de "tácticas más apropiadas y con la lección aprendida de algunas de las desastrosas operaciones protagonizadas hasta ahora".

Dvornikov fue enviado al Grupo Occidental de Fuerzas y asignado a la Sexta Brigada de Fusileros Motorizados de la Guardia como comandante de batallón. También dirigió regimientos en la Décima División de Tanques de la Guardia y la Segunda División de Fusileros Motorizados de la Guardia a fines de la década de 1990.

En el Distrito Militar del Cáucaso Norte, Dvornikov ascendió de rango hasta convertirse en jefe de personal y, finalmente, comandante de una división de fusileros motorizados. Más tarde se convirtió en subcomandante y jefe de personal del ejército 36 años después de graduarse de la Academia Militar del Estado Mayor. El oficial también asumió el mando del Ejército Cinco de la Bandera Roja en 2008.

El general Dvornikov dirigió las fuerzas armadas rusas en Siria desde septiembre de 2015 hasta junio de 2016 como apoyo a Damasco. Bajo su mando, la aviación rusa realizó más de 9 mil incursiones contra rebeldes y yihadistas, claves para el ejército sirio en su recuperación del territorio. Con él fue posible liberar alrededor de 400 asentamientos, incluido el sitio histórico de Palmira.

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