La protesta contra los partidos predominantes

En los países donde existen elecciones impugnadas, comúnmente hay dos partidos predominantes que se consideran cercanos al centro o en los alrededores de la visión de los votantes en dicho país. En los últimos años ha habido un número relativamente grande de elecciones donde un movimiento de protesta gana la elección o por lo menos gana los suficientes escaños como para que deba conseguirse su respaldo de modo que pueda gobernar un partido predominante.


El ejemplo más reciente de esto es Alberta, en Canadá, donde el Nuevo Partido Democrático (NPD), compitiendo en una plataforma razonablemente hacia la izquierda, de un modo inesperado y sorprendente, desbancó del poder a los Conservadores Progresistas, partido de ala derecha que había gobernado la provincia sin dificultad por muy largo tiempo. Lo que hizo de este hecho algo más sorprendente fue que Alberta tiene la reputación de ser la más conservadora provincia de Canadá, y es la base del primer ministro canadiense, Stephen Harper, en el cargo desde 2006. El NPD ganó inclusive 14 de 25 escaños en Calgary, la residencia y bastión del propio Harper.


Alberta no es el único caso. El Partido Nacional Escocés (PNE) arrasó en las elecciones en Escocia, tras una historia de ser un partido marginal. El ultraderechista partido polaco Justicia y Ley derrotó al candidato de lo que se había considerado un partido conservador pro-negocios, la Plataforma Cívica. Syriza, en Grecia, haciendo campaña con una plataforma anti-austeridad, está ahora en el poder, y el primer ministro, Alexis Tsipras, lucha por alcanzar sus objetivos. En España, Podemos, otro partido que combate la austeridad, de manera constante sube en las encuestas y parece empeñado en dificultar –si no es que impedir– que permanezca en el poder el gobierno del partido conservador, el Partido Popular. India está celebrando un año en el poder de Narendra Modi, que compitió en una plataforma que se dedicó a desbancar del poder a los partidos y las dinastías del establishment.


Estas plataformas de protesta, todas, tienen algo en común. Todas utilizaron una retórica de campaña que podríamos llamar populista. Esto significa que aseguraron estar luchando contra las élites del país, aquellas con demasiado poder que ignoran las necesidades de una vasta mayoría de la población. Estas plataformas enfatizaban las brechas (en salud y bienestar) entre las élites y todos los demás. Deploraban la caída del salario real de los estratos medios. Enfatizaron la necesidad de proporcionar empleos, usualmente en instancias en las que ocurría un aumento significativo del desempleo.


Además, estos movimientos de protesta siempre señalaron la corrupción en los partidos en el poder y prometieron ponerle un freno, o al menos reducirlo. Y todo esto, junto, lo presentaron como un llamado al cambio, a un real cambio.


No obstante, tenemos que mirar más de cerca estas protestas. No son, de ningún modo, parecidas. De hecho, hay una división fundamental entre ellas, algo que notamos tan pronto como miramos el resto de su retórica. Algunos de estos movimientos de protesta se sitúan a la izquierda –el NPD en Alberta, Syriza en Grecia, Podemos en España, el PNE en Escocia. Y algunos están claramente a la derecha: Modi en India, el Partido Justicia y Ley en Polonia.


Quienes se sitúan a la izquierda enfocan sus críticas, centralmente, en torno a aspectos económicos. Los situados a la derecha primordialmente hacen aseveraciones nacionalistas, por lo común con énfasis xenófobo. Aquellos a la izquierda quieren combatir el desempleo con políticas gubernamentales que promuevan la creación de empleos, incluida, por su puesto, una mayor colecta fiscal entre los más acaudalados. Quienes se sitúan a la derecha quieren combatir el desempleo evitando la migración, aun al punto de expulsar a los migrantes.


Una vez en el poder, a estos movimientos de protesta –sean de izquierda o derecha– les resulta muy difícil cumplir las promesas populistas que hicieron para resultar electos. Las grandes corporaciones tienen instrumentos importantes con los cuales limitar las medidas que se tomen contra ellas. Actúan a través de esta entidad mítica llamada mercado, auxiliadas e instigadas por otros gobiernos e instituciones internacionales. Los movimientos de protesta encuentran que, si empujan muy duro, el ingreso del gobierno se reduce, por lo menos en el corto plazo. Pero para quienes votaron por ellos, el corto plazo es la medida de su aprobación continua. El día de gloria de los movimientos de protesta corre el riesgo de estar muy limitado. Así que entran en arreglos, lo que enoja a la mayoría militante de sus simpatizantes.


Uno debe recordar siempre que los simpatizantes de un cambio en el gobierno son siempre una multitud abigarrada. Algunos son militantes que buscan un extenso cambio en el sistema-mundo y en el papel que su país juega en éste. Algunos sólo están hartos de los partidos predominantes tradicionales, que son vistos como que se cansaron y dejaron de ser responsivos.

Algunos dicen que un nuevo grupo en el poder no puede hacer nada peor que quienes estaban antes. En resumen, estos movimientos de protesta no son un ejército organizado, sino una inestable alianza flotante de muchos grupos diferentes.
Son tres las conclusiones que podemos extraer de esta situación. La primera es que los gobiernos nacionales no tienen un poder ilimitado para hacer lo que quieren. Están en extremo constreñidos por la operación del sistema-mundo en su totalidad.


La segunda conclusión es que, no obstante, pueden hacer algo para aliviar los pesares de las personas ordinarias. Pueden hacerlo, precisamente mediante reasignaciones del ingreso vía impuestos y otros mecanismos. Tales medidas minimizarán las penurias de quienes son los beneficiarios. Los resultados pueden solamente ser temporales. Pero de nuevo les recuerdo que vivimos todos en el corto plazo y que cualquier ayuda que podamos obtener en el corto plazo es un avance, no un retroceso.


La tercera conclusión es que si un movimiento de protesta va a ser un participante serio en el cambio del sistema-mundo no debe limitarse a un populismo cortoplacista, sino que debe involucrarse en una organización de mediano plazo que afecte la lucha mundial en este periodo de lucha sistémica y de transición a un sistema-mundo alternativo, uno que ya comenzó y está en curso.


Es solamente cuando los movimientos de protesta de izquierda aprenden cómo combinar las medidas de corto plazo, que minimizan las penurias, con los esfuerzos de mediano plazo por inclinar la lucha bifurcada en pos de un nuevo sistema, que podremos tener la esperanza de arribar al resultado que deseamos: un sistema-mundo relativamente democrático y relativamente igualitario.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 12 Junio 2015 05:55

Una ex jueza indignada gobernará Madrid

Una ex jueza indignada gobernará Madrid

Gracias a un acuerdo con el PSOE tendrá mayoría absoluta, lo que permitirá su investidura. En un consejo municipal de 57 miembros, Carmena cuenta con 20 concejales propios, más nueve socialistas.

 

Manuela Carmena, ex jueza española apoyada por una plataforma ciudadana compuesta por miembros del movimiento de indignados, será la próxima alcaldesa de Madrid. Una alianza con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) pone fin a 24 años de poder de la derecha en la capital de España. "Ya han dado resultado las conversaciones mantenidas con el PSOE para la investidura de Manuela Carmena", anunció en Twi- tter la plataforma Ahora Madrid. Sus 20 concejales, aliados a los 9 socialistas, tendrán mayoría absoluta en un consejo municipal de 57 miembros, lo que permitirá su investidura. Carmena, jueza jubilada de 71 años, activista comunista contra el dictador Francisco Franco en sus años de estudiante, llegó en segunda posición en las elecciones municipales del 24 de mayo, detrás de la candidata conservadora Esperanza Aguirre, peso pesado de la política española, ex ministra y ex dirigente de la región.


La lista de esta ex magistrada, desconocida hasta hace muy poco para el gran público, compuesta en parte por personas surgidas del movimiento 15M –nacido en mayo de 2011 en Madrid contra la austeridad y la corrupción–, obtuvo 31,8 por ciento de los votos, frente a 35,5 por ciento y 21 concejales para Aguirre. El partido de centroderecha Ciudadanos logró 7 concejales y no le bastó para contrarrestar la alianza entre Ahora Madrid y los socialistas. Carmena se convierte así en la primera candidata surgida del movimiento de indignados que gobierna una ciudad española, previsiblemente seguida por la activista antidesahucios Ada Colau en Barcelona.


Para el politólogo Fernando Méndez, investigador del Centro de Estudios sobre Democracia Directa de la Universidad de Ginebra, la lista de Ahora Madrid es un caso bastante único en Europa. Y es único porque tanto la composición de la lista como su programa fueron elaborados en el seno de asambleas ciudadanas convocadas en Madrid a partir de junio de 2014, antes de ser validadas por una votación de más de 15.000 personas a través de Internet. Los futuros consejeros municipales que dirigirán esta ciudad con 16 por ciento de desempleo y fuertes contrastes sociales proceden de asociaciones de barrio, colectivos sociales y partidos de izquierda como Podemos, Equo (izquierda ecologista) e Izquierda Unida (eco-comunista).


Creada por indignados que decidieron involucrarse en política, la lista tomará las riendas de una ciudad desigual, que vive al ritmo de las expulsiones de sus viviendas de familias sobreendeudadas y de las "mareas", multitudinarias manifestaciones de docentes y de personal sanitario contra los drásticos recortes impuestos en esos sectores. Carmena anunció que sus primeras decisiones irán destinadas a las personas que cada día corren el riesgo de perder su hogar, encontrando soluciones para frenar las expulsiones o viviendas alternativas. También prometió combatir la corrupción, fomentar el transporte público, subvencionar a las familias desfavorecidas y bajarse el sueldo de 100.000 a 45.000 euros anuales.


Tres años después de que se instalaran los primeros campamentos contra la austeridad y la corrupción, un grupo de profesores de Ciencias Políticas vinculados con los indignados dieron nacimiento, en enero de 2014, al partido Podemos, aliado de Syriza, el partido del primer ministro griego Alexis Tsipras.


En las elecciones municipales y regionales del 24 de mayo, Podemos se ubicó en tercer lugar en la mayoría de las 13 comunidades autónomas, de las 17 que componen el país, que elegían sus parlamentos regionales. Son también estos indignados quienes están en el origen de la plataforma ciudadana Ahora Madrid, que quiso llevar la democracia directa a la alcaldía de la capital. Pese a que Carmena se declara públicamente independiente, Podemos impulsó con fuerza la candidatura de la ex jueza, muy apreciada por su secretario general Pablo Iglesias.


Tras 45 años como abogada y jueza, la formación de Iglesias le propuso entrar en política a fines de 2014 y durante meses ella lo rechazó por sentirse demasiado mayor, explicaba al canal La Sexta. "Pero empezaron a llamar sucesivos y diferentes amigos que venían a decirme: 'Chica, echa una mano, te necesitan, necesitan a alguien con experiencia, que lleve una mochila con muchas propuestas'." Y terminó aceptando.


De mirada diáfana, sonrisa amplia y voz serena, Carmena prometió: "No vamos a gobernar solamente para las personas que han apostado por el cambio sino también para los que no creen en él". Aguirre intentó convencer a los socialistas de que la apoyasen contra Carmena afirmando que ésta quería utilizar Madrid como trampolín para romper el sistema democrático occidental. "Vamos a seducir a los que no creen en el cambio para que se den cuenta de lo maravilloso que puede ser cambiar, cambiar a mejor, ir hacia una ciudad con más decencia, más equilibrada, más justa, innovadora, eficaz y cordial", prometió la futura alcaldesa de la capital española.

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Viernes, 15 Mayo 2015 06:37

Crisis y colapso: desafío inédito

Crisis y colapso: desafío inédito

Una de las dificultades que afrontan los movimientos antisistémicos y quienes seguimos empeñados en construir un mundo nuevo consiste en que no logramos acertar en la definición de lo que está sucediendo ante nuestros ojos. A grandes rasgos, coexisten dos miradas no necesariamente contrapuestas, pero bien diferentes: quienes sostienen que estamos ante una crisis, mayor aún que las crisis cíclicas de la economía capitalistas, y los que tendemos a considerar que la humanidad está siendo llevada a una situación de colapso por el sistema.


Entiendo que se trata de un debate teórico con fuertes implicaciones prácticas, ya que estaríamos ante dos situaciones bien diferentes. Vale recordar que en otros periodos de la historia reciente, el ascenso del nazismo por ejemplo, provocó hondas divergencias entre las izquierdas de la época. No pocos desconsideraban la importancia del nazismo como una verdadera mutación sistémica, y pensaban que se trataba de un régimen autoritario similar a otros que habíamos conocido. Sin embargo, con el paso del tiempo podemos coincidir con Giorgio Agamben en que el campo de concentración modificó de raíz la política, junto a lo que definió como estado de excepción permanente.


El seminario-semillero El pensamiento crítico ante la hidra capitalista, organizado por el EZLN del 3 al 9 de mayo en Oventic y San Cristóbal de Las Casas, fue escenario de las diversas miradas que nos atraviesan. De ahí, en gran medida, su extraordinaria riqueza y fecundidad. En el campo anticapitalista coexisten muy diversos análisis sobre el mundo actual, algunos bien fundamentados, otros más románticos, algunos focalizados en la economía y otros en la ética, y muchos otros son combinaciones de estas y otras formas de mirar y comprender. Creo que todas ellas tienen su importancia, pero conducen por senderos parcialmente distintos. O, mejor, pueden contribuir a dilapidar fuerzas.


Lo más complejo es que nadie puede proclamar tener la verdad en sus manos. Este punto me parece extraordinariamente complejo, porque no permite descartar ninguna propuesta, pero tampoco nos puede llevar a dar por válido cualquier argumento.


Me parece necesario distinguir entre crisis y colapso, no porque sean excluyentes, sino porque encarnan dos análisis distintos. El concepto de crisis está asociado, en el campo antisistémico, a las crisis periódicas que atraviesa la economía capitalista. En este punto, la obra de Karl Marx es referencia obligada para los anticapitalistas de todos los colores. Su análisis de la crisis de sobreacumulación se ha convertido, con entera justicia, en el nudo para comprender cómo funciona el sistema. De ahí deriva un conjunto de consideraciones de estricta actualidad.


Aunque algunas corrientes economicistas han acuñado la idea del derrumbamiento del capitalismo por sus propias contradicciones internas, desconsiderando la importancia de los sujetos colectivos en su caída, es evidente que Marx no es responsable de esta deriva que supo tener firmes adeptos en la primera parte del siglo XX.


En la misma dirección que Marx, Immanuel Wallerstein menciona la existencia de una crisis sistémica en curso, que, luego de varias décadas de desarrollo, dará lugar a un mundo diferente al actual (ya que en cierto momento se producirá una bifurcación), que puede conducirnos a una sociedad mejor o peor que la actual. Estaríamos ante una ventana de oportunidades temporal, durante la cual la actividad humana puede tener gran confluencia en el resultado final. En este análisis, la crisis se convertirá en caos, del que saldrá un nuevo orden.


La idea de crisis está asociada a periodos de cambios, desorden, inestabilidades y turbulencias que interrumpen el desarrollo normal de las cosas, para luego de cierto tiempo volverse a una nueva normalidad, pero modificada. En las crisis pueden emerger factores de orden que darán a lo nuevo una diferente fisonomía. Desde el punto de vista de los movimientos, es importante destacar dos cosas: que el concepto de crisis está demasiado asociado a la economía y que aparece ligado a transformación y cambios.


Si entendí bien, siguiendo las palabras del subcomandante insurgente Moisés, quien dijo en el cierre del seminario-semillero que no sabemos si nos va a dar tiempo de multiplicar esto, lo que se avizora no es una crisis, sino algo más serio. Insistió: el tiempo nos está ganando, y dijo que ya no alcanza con caminar, sino que es hora de trotar, de ir más de prisa. La noche anterior el subcomandante insurgente Galeano dijo que hasta 40 por ciento de la humanidad será migrante y que habrá despoblamiento y destrucción de zonas para ser restructuradas y reconstruidas por el capital. Creo que no pensaba en una crisis, sino en algo que podríamos llamar colapso, aunque no usó el término.


El colapso es una catástrofe a gran escala que implica el quiebre de instituciones, en forma de ruptura o de declinación definitiva. En la historia hubo muchas crisis pero pocas catástrofes/colapsos. Por ejemplo se me ocurre lo sucedido con el Tawantinsuyu, el imperio incaica, a raíz de la llegada de los conquistadores. Algo similar puede haberle sucedido al imperio romano, aunque no tengo los conocimientos suficientes para asegurarlo. En todo caso, el colapso es el fin de algo, pero no el fin de la vida, porque, como sucedió con los pueblos indios, luego de la catástrofe se reconstruyeron, pero como sujetos diferentes.


Si en verdad estamos ante la perspectiva de un colapso, sería la suma de guerras, crisis económicas, ambientales, sanitarias y naturales. Apenas un dato: la Organización Mundial de la Salud advirtió que los antibióticos serán incapaces en el futuro inmediato de combatir las superbacterias causantes de tuberculosis y neumonía, entre otras. En suma, el mundo tal como lo conocemos puede desaparecer. Si esta es la perspectiva inmediata, y los de arriba lo saben y se preparan, las prisas de Moisés están plenamente justificadas. Es hora de acelerar el paso.

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El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe; que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.


La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.


¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos, son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los estados, ni de los estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.


El capital es de por sí una agresión constante. Nos dice todos los días tienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la que aporta a la expansión de la ganancia del capital.


La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, que agacharte más que ayer.
Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimos perdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa, u hoy voy a jugar con mis hijos, u hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí, o simplemente no nos vamos a agachar, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando.


El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: autoritarismo, violencia, reforma laboral, reforma educativa. También introduce un juego, una ficción; si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.


Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos no, nosotros que decimos ¡ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.


El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia.


En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir Sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano.


La otra posibilidad es decir Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.


Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos.


Pero, ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un adiós final al capital?


Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante, y no lo podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.


En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear.


¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.

Por John Holloway, profesor del posgrado en sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Este es el texto de una ponencia presentada al Seminario sobre el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista.

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Solución a conflictos laborales: + creatividad y - Esmad

El pasado 1º de Mayo estuvo caracterizado por un número de conflictos laborales que no se registraba hacía muchos años. Veamos:

 

Trabajadores petroleros organizados en la Unión Sindical Obrera resisten a los despidos de personal y ataques a los derechos de libertad sindical; en Cerromatoso los trabajadores expresan su rechazo mediante una huelga a la violación de la convención colectiva y la imposición de jornadas laborales abusivas; los trabajadores del Estado presentaron a finales de febrero un pliego marco nacional, 4 pliegos sectoriales y 400 pliegos de solicitudes a entidades públicas y territoriales; y hoy existe una movilización nacional de los empleados públicos, pero de manera particular, y con mucha fortaleza, la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), adelanta un paro nacional del magisterio colombiano.

Estos conflictos sociales de origen laboral no han sido tratados por el Estado y los empresarios con el respeto y diligencia que merecen. Al contrario, arrogancia, autoritarismo y descalificación de estas acciones colectivas legítimas y legales sociales ha sido la respuesta a las peticiones y propuestas de los trabajadores.

Lamentablemente se sigue señalando a los conflictos laborales como algo dañino para el país, la sociedad, el Estado y las empresas, y los medios de información siguen deslegitimando procesos que son, no solo normales, sino esenciales en una sociedad democrática y plural, la cual se caracteriza por tener enormes deudas sociales y graves problemas acumulados no resueltos que afectan a la mayoría de la población.

Entender el conflicto como algo negativo, que debe ocultarse, negarse o reprimirse, se opone a los principios sobre los cuales se construye un sistema democrático auténtico, que parte de su reconocimiento como algo inexorable y consustancial a la convivencia humana, que debe ser tramitado por canales institucionales, que deben regular pero no reprimir o acallar la diversidad de intereses presentes en la sociedad.

El conflicto hace parte de los fundamentos de una sociedad democrática, es la única manera de identificar fallas, problemas, dificultades, injusticias y deudas, para que el Estado y la sociedad en su conjunto actúen para encontrar una respuesta a las demandas sociales; para que avance e incluya a los sectores y a las poblaciones que sienten que sus intereses o necesidades y derechos no son reconocidos de manera adecuada.

El conflicto reconocido y estimulado socialmente es un factor de desarrollo social si se tramita democráticamente, intentar desconocerlo, no visibilizarlo o descalificarlo lo puede convertir en un factor adverso que siempre termina por escalar a posiciones extremas que harán más difícil la inevitable negociación final, o incluso al uso de la violencia, que lamentablemente ha sido denominador común en nuestra tradición política.

El diálogo social ha sido en tiempos recientes el procedimiento que ha inventado la democracia para tramitar los conflictos laborales.

Debemos reconocerlo, el conflicto laboral es político y es irreductible. Irreductible en tanto trabajadores y empresarios tendrán siempre visiones e intereses bien diferentes sobre la economía, el valor del trabajo y muchas otras cosas en permanente cambio. Y es político porque el trabajo interesa a toda la ciudadanía, es un tema de primer orden para la vida de las personas, y sobre el trabajo y los trabajadores hay permanente deliberación pública y múltiples discursos y propuestas enfrentadas en circulación, que la sociedad debe resolver y en donde el poder y la capacidad de movilización son claves en el sentido de su resolución.

En la Escuela Nacional Sindical creemos que reconocer la existencia y el carácter irreductible de los conflictos laborales es el primer paso para convertirlos en conflictos constructivos, en tanto se resuelvan sin violencia o persecución y apunten al bienestar de la ciudadanía revitalizando la democracia y reconociendo derechos laborales.

Ahora bien, ¿por qué en nuestro país el diálogo social es aún marginal en el trámite de nuestros conflictos? Por varias razones:

1. La debilidad organizativa de los sectores sociales y de los trabajadores, en parte por políticas excluyentes como la violencia y la cultura antisindical.
2. Un diseño institucional del diálogo social desbalanceado y poco eficaz. Existe un escenario nacional como la Comisión Nacional de Concertación de Políticas Laborales y Salariales sin complemento con espacios sectoriales y locales que faciliten su desarrollo.
3. Hay una tradición larga de incumplimientos de gobiernos y empresarios a los pocos acuerdos que se logran, y en consecuencia un clima de desconfianza en el diálogo social como mecanismo democrático para el trámite de los conflictos.
4. No existe una cultura de apoyo técnico e investigativo para el discurso argumentativo y la deliberación.
5. El método de negociación se basa más en posiciones ideológicas o en el desconocimiento de las personas, que en el reconocimiento de intereses y problemas existentes.

Necesitamos superar los prejuicios existentes frente al conflicto laboral, hay que construir confianza y credibilidad entre los diferentes actores, y permitir que el conflicto se desarrolle creativamente para superar la violencia como método para resolver las diferencias, y cambiar el mensaje de que es más fácil negociar con quienes actúan en la ilegalidad que con los actores que actúan dentro del marco de la civilidad y de la ley.

Es mala señal que importantes sectores dirigentes de la nación tengan mayor disposición de diálogo para superar un conflicto armado con organizaciones alzadas en armas, que con las organizaciones sindicales que representan intereses legítimos de un inmenso grupo de ciudadanos y ciudadanas que trabajan y que es fundamental para la vida democrática de nuestro país.

No debemos ser ingenuos, si Colombia logra por fin la paz militar, la sociedad colombiana debe prepararse para mayores y más frecuentes conflictos laborales, no para su desaparición. Quienes esperan una sociedad sin conflictos, un Nirvana de los Andes, están bien equivocados. Los colombianos debemos espirar a una sociedad más vital, rica y colorida, "con más y mejores conflictos.

Publicado 4 de mayo de 2015.

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Lunes, 04 Mayo 2015 06:19

Tres cápsulas sobre bioeconomía

Tres cápsulas sobre bioeconomía

La bioeconomía constituye la más radical crítica a la economía política desde la crítica de Marx, con la salvedad de que el marxismo jamás conoció ni estudió (hasta la fecha) la bioeconomía.

I
Desarrollada originariamente por el rumano N. Georgescu–Roegen —La ley de la entropía y el proceso económico, originalmente publicado en inglés en 1971 y con traducción al español de 1996—, la bioeconomía produce una verdadera inflexión en la historia de la economía, y constituye un capítulo propio. Sin ambages, la bioeconomía constituye la más radical crítica a la economía política desde la crítica Marx, con la salvedad de que el marxismo jamás conoció ni estudió (hasta la fecha) la bioeconomía.


La bioeconomía toma como hilo conductor a la termodinámica y, más exactamente, al segundo principio de la misma: la ley de la entropía. Consiguientemente, se trata de la más radical crítica a la función de producción —y, por tanto, a la idea de crecimiento como de desarrollo económico— a partir del reconocimiento explícito de que en la naturaleza existe una tendencia constante a que el orden se convierta en desorden. Así las cosas, el principal reto económico consiste en cómo trabajar con entropía baja que tiende a alta entropía. Al fin y al cabo, la vida, la existencia misma, se funda en sistemas de baja entropía.


Georgescu–Roegen alcanza la fama mundial en econometría, estadística y matemática económica. Y, sin embargo, el grueso de sus reflexiones se fundan en profundo y sólido aparato epistemológico que tiene como resultado mostrar la inviabilidad del sistema capitalista o el sistema de libre mercado, a partir de la más fundamental de todas las ideas en la física: el principio de la entropía, algo que los economistas, por lo menos hasta Georgescu–Roegen, jamás habían visto (incluso hasta la fecha).


II


Los cuatro modelos económicos habidos e imperantes son una sola y misma cosa: el modelo clásico, el neoclásico, las economías de escala y el desarrollo (humano) sostenible o sustentable. Propiamente hablando, se trata, gradualmente, cada vez, de una cara más amable del capitalismo. La razón por la que son una sola y misma cosa es que dejan inalterada la función de producción. Frente a esto, todo lo demás es todo lo de menos.


La bioeconomía constituye, manifiestamente, el mejor acercamiento a las relaciones entre economía y complejidad, gracias precisamente al reconocimiento explícito de que la economía es un sistema complejo evolutivo. En otras palabras, la ley de la economía es el cambio, pero si ello es así, no puede resolver la tendencia a generar sistemas de alta entropía. Dicho en términos clásicos, con Schumpeter, por ejemplo, el capitalismo (y las empresas) tienen que innovar, porque no tienen ninguna otra alternativa (de supervivencia).


Así las cosas, la economía queda presa de sí misma, lo cual significa, à la lettre, que los retos, problemas y desafíos económicos no se pueden resolver al interior de la economía misma. Este reconocimiento plantea enormes desafíos al cuerpo duro de la economía: la micro, la macro, las finanzas y el comercio.


III


La bioeconomía tiene una arista importante que, sin embargo sólo puede aquí ser mencionada: se trata de las contribuciones propias e independientes de R. Passet. Lo que sí resulta fundamental es señalar que la bioeconomía se realiza y da lugar al mismo tiempo a dos áreas, cada una más radical: la economía ecológica, y luego también, la ecología política. Al fin y al cabo, la gestión de la economía es imposible sin poner sobre la mesa, a plena luz de día, la importancia de la naturaleza.


En otras palabras, es imposible entender el mundo y gestionarlo al margen de la física y la biología, de la ecología y la política. Pero si ello es así, el reto que la entropía le plantea a la economía merece ser tomado en serio y resuelto. De lo contrario, la sociedad es como una locomotora desenfrenada que ha perdido el control y avanza a velocidades crecientes. Ello implicaría la muerte de la sociedad y de la civilización.


En buenos términos de ciencias de la complejidad y de termodinámica, es evidente que las razones del fracaso de un sistema consisten exactamente en las razones de su triunfo. El capitalismo es un sistema triunfante dado que implica un modo alta y crecientemente complejo de orden, cuyo costo es la generación a su alrededor de una masa igualmente creciente de desechos. En una palabra: a mayor orden de un sistema, mayor generación de entropía a su alrededor.


A su manera, de forma lapidaria (en este contexto), el economista rumano afirma: "Me apresuro a añadir que la innovación y la expansión no son un fin en sí mismas. La única razón para este ajetreo es un mayor placer de vivir". Pero si ello es así, el foco se desplaza de la economía —en toda la extensión de la palabra— a una cierta idea de buen vivir y de saber vivir. Algo que se dice fácil, pero que es sumamente difícil de llevar a cabo.


Las relaciones de complejidad creciente, no–linearidad, inestabilidades y turbulencias entre economía y sociedad tanto como entre economía y naturaleza, plantean reto de una radicalidad y un calibre superior al que el panorama de las discusiones actuales en torno a la economía presente. Incluido Th. Piketty. Piketty, un tibio más.


Comprender la complejidad de la economía implica poner el dedo sobre su núcleo mitocondrial: el desarrollo (= el desarrollo económico). Complejidad y desarrollo: el tema es magnífico y exige una mirada novedosa. Pero ese ya es otro tema aparte.


Como quiera que sea, la complejidad de las relaciones entre economía y vida ponen de relieve la necesidad del diálogo entre termodinámica y, muy especialmente, la termodinámica del no–equilibrio y economía. A nivel anecdótico, existió un debate sordo entre I. Prigogine y Georgescu–Roegen. Pero esa es otra historia.

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"Ganamos la democracia pero no se terminó la lucha"

Está convencida de que las historias pueden cambiar a los seres humanos. Y a eso se dedica: a narrarlas y también cantarlas. Por primera vez en Buenos Aires, contó a Página/12 el origen de sus relatos. También detalló la lucha que llevó adelante contra el régimen segregacionista. Y cómo se vive hoy en Sudáfrica.


"Un día entré a una biblioteca, se me caía el agua de la boca, era la primera vez. Y una señora que estaba detrás del mostrador me dijo:


–No, vos no podés entrar porque sos negra.


Yo le dije:


–Yo no soy negra, ¡yo soy alguien a quien le gustan los libros! Esas son las cosas que te meten en la política, te guste o no te guste." Con esa pequeña historia, la poeta Gcina Mhlope sintetiza cómo se vivía el apartheid en Sudáfrica. Pero no le gusta quedarse solo con la historia de sufrimiento que fue la segregación racial en su país. "Nosotros no nos describimos como personas del apartheid, teníamos unas vidas maravillosas a pesar de todas esas cosas", dice. En esta entrevista habla además del poder de los relatos para transformar a los seres humanos. Y regala dos adorables historias para chicos y no tanto.
–¿Dónde nació y cómo era su vida allí?


–Nací en Durban en la costa sureste de Sudáfrica. Vengo de una familia que habla zulú. Soy la más chicas de una familia de ocho hermanos. Los primeros años fui criada por mi abuela, que era una muy buena cuentista, contaba muchos cuentos y eso me dio mucha suerte. El haber escuchado esas historias hizo que mi imaginación pudiera volar. También me enseñó a tomar el sabor de las imágenes que nos enseña el idioma. La forma en que mi abuela iba describiendo esas cosas era lo que me permitía volar. Como yo era una chica muy curiosa y hacía preguntas, mi abuela me decía: "tengo una historia para contarte sobre eso"...


–¿Y qué hacían sus padres?


–Mi papá trabajaba para una petrolera. Su padre había sido envenenando en la misma empresa petrolera. Antes de que a mi abuelo lo pudieran enterrar, los blancos vinieron a buscar a mi padre para ponerlo en el trabajo que había tenido mi abuelo. Tuve dos madres porque mi padre se casó dos veces. El tuvo siete chicos con su primera esposa. Mi madre biológica vino de la parte este, del otro cabo. Ella estuvo casada, tuvo también ocho chicos y tuvo una relación de un abuso muy fuerte con otro marido. Y después, cuando vino a la ciudad de Durban, conoció a mi padre y ahí nací yo. Vengo de estas dos familias y por eso uno de mis libros se llama "como el amor de un hijo". Me quedé con la familia de mi padre desde los dos años. Mi madre no venía a verme y así fue como miraba a mi padre todo el tiempo y me fui sintiendo en casa.


–¿Ahí la crió su abuela, la que le contaba cuentos?


–Sí. Cuando tenía 10 años vino mi mamá a buscarme y nadie supo dónde estaba. Eso me traumatizó mucho. Lloraba muchísimo. El pueblo donde vivía mi madre tenía unas montañas muy altas y me sentía como en una prisión. A pesar de que estaba a dos horas de distancia nada más, parecía que quedaba mucho más lejos y ahí tuve que aprender a hablar el idioma xhosa y a encajar de algún modo. Yo siempre fui buena académicamente. Era como que me tiraban a un río que estaba inundado pero yo tenía una rama de la cual agarrarme. Para mí esa rama era el libro, yo me focalizaba en los estudios todo el día, todo el tiempo que podía. Así fue como aprendí a querer ese cabo y empecé a escribir mis primeras cosas cuando tenía 17 años, todavía viviendo en ese cabo. Creo que ser de afuera y no encajar hace que uno se vuelva muy observador y ese fue el nacimiento de la escritora.


–Las biografías sobre usted destacan como una curiosidad que fue empleada doméstica, ¿cómo lo vive y cómo fue esa experiencia?


–Cuando llegué a Johannesburgo no tenía donde parar y me quedé con una de mis hermanas que era trabajadora doméstica. Yo terminé la secundaria y estaba buscando alguna beca para poder ir a la universidad, pero para tener algo para comer primero encontré trabajo en una fábrica de ropa durante algunos meses. Y luego encontré trabajo como empleada doméstica limpiando una casa de otra persona. Fueron 42 días pero a los medios les encanta decir que "ella ahora es muy famosa pero en su momento fue una trabajadora doméstica". Es muy emocionante decirlo de ese modo.


–Ya contó cómo nació la escritora, ¿cuándo nació la activista política?


–Hice muchas cosas en el medio. La parte cultural del gobierno francés empezó a enviar maestros a Johannesburgo donde yo estaba viviendo. Trabajé en hacer películas durante seis u ocho meses. Me entrenaron para ser locutora de noticias en la BBC de Sudáfrica. Y fue sorprendente ver cómo podía usar mi voz sabiendo cómo hablar correctamente. Empecé también a interactuar con grupos que estaban en Johannesburgo recitando poesía. Y cuando uno no tiene los papeles para vivir donde tiene que vivir, en una ciudad grande, siempre la policía lo está persiguiendo.


–¿Por qué? ¿Qué papeles necesitaba?


–Tenía que tener un libro de referencias, que tenía que tener un sello. Es como un pasaporte. Si vivías en un pueblo chico y tenías que ir a una ciudad grande tenías que tener un pasaporte. Y si no, ibas preso. Y a mí me arrestaron muchas veces solamente por no tener ese sello.


–¿Y por qué no lo tenía?


–Porque no había nacido en Johannesburgo. Por ser una persona negra simplemente. De eso se trataba el apartheid. Incluso si no querías entrar en política, la policía te enseñaba cómo entrar en política. Entonces cuanto más uno empezaba a tener problemas con la policía, más empezaba a ver qué es lo que sucedía en el país. Yo no pude entrar a una biblioteca hasta que tuve 21 años. Un día entré a una biblioteca, se me caía el agua de la boca, era la primera vez. Y una señora que estaba detrás del mostrador me dijo: "No, vos no podés entrar porque sos negra". Yo le dije: "Yo no soy negra, ¡yo soy alguien a quien le gustan los libros!" Esas son las cosas que te meten en la política, te guste o no te guste.


–¿Había alguna persecución especial para las mujeres negras?


–Teníamos que llevar esos pases también. Y está el hecho de que cuando a una mujer la arrestan la pueden violar. Le pueden hacer cualquier tipo de cosas. Cuando yo era parte de la Federación de Mujeres, a una de mis amigas la arrestaron. Tenía un bebé de tres meses y la separaron de su bebé. No les importaba tu bebé. A nosotros nos metían presos y nos llamaban terroristas. Yo estaba en un grupo secreto de apoyo a los detenidos. Había gente a la que la arrestaban y la dejaban detenida sin juicio y te podían tener preso todo el tiempo que quisieran.


–¿Estamos hablando de los '80?


–Sí. Y también podían arrestar a chicos de 10 años. Una de mis obras que estuvo en muchos lugares del mundo se llama Nacido en la RSA (República de Sudáfrica). El personaje que yo tenía está basado en una mujer que estaba en este grupo de detenidos y era madre de varios chicos. Siempre suplicaba que me saliera bien esa historia que yo personificaba todas las noches en el teatro. La mujer a la que yo representaba no tuvo la oportunidad de estar ante tantas audiencias en Estados Unidos, en India, en Suiza. Cuando gané el premio de mejor actriz en Nueva York, el Obie Award, sabía que no era mi premio sino que era el de muchas de estas mujeres, de muchas de estas madres. Al ser parte de este comité de defensa de detenidos la policía me arrestaba muy seguido, me hacían preguntas y me tenían presa todo el tiempo. Y cuando yo estaba haciendo otras obras la policía podía verlas o venían al suburbio donde yo estaba y me decía: "Si queremos te podemos matar". Y yo sabía que tenían razón, de hecho mataron a algunos de mis compañeros. Cuando me fui del Alexandra Township vinieron un día en un vehículo militar y dispararon hacia mi cuarto y yo por suerte ya no estaba ahí.


–¿Qué es el Alexandra Township?


–Es un suburbio, un pueblo. Estaban esos pueblos para los negros, para los indios, para los que eran de raza mixta y los suburbios lindos para los blancos. Por eso había que pertenecer a ese pueblo, no se podía vivir en la ciudad si eras una persona negra. Venías a la mañana temprano a la ciudad a trabajar y a las cinco de la tarde tenías que salir de la ciudad. A la noche la ciudad era blanca.


–¿Estas obras las hacían en la ciudad o en los suburbios?


–Era en estos pueblos. Y había un teatro en un mercado en la ciudad y ese teatro era el único en Johannesburgo en el que blancos y negros podían actuar. Había otra estación de policía que se llamaba John Foster y a veces tenías que irte a esa incluso después de haber mostrado tu libreta. Y tenías que tener un permiso extra para hacer una obra a la noche si eras una persona negra. Después de actuar te volvías en el colectivo a tu pueblo y a la entrada de ese pueblo, la policía te estaba esperando. Le mostrabas tu libro de referencias, tu permiso. Y te preguntaban: "¿Qué hacés cuando estás actuando? ¿Cantas? Vení, cantá para no- sotros". Eran las 11.30 de la noche, a veces hacía mucho frío. Yo empezaba a cantar y ellos se me reían en la cara. Tenían armas enormes y uno no tenía opción.


–¿Cuánto tiempo duró esto?


–Muchos años. Hasta el final del apartheid. Pero no nos focalizábamos en eso durante el apartheid porque nosotros vivíamos nuestras vidas también. Si ustedes miran a la gente que vive en Palestina hoy, no saben lo que es la paz porque están viviendo momentos horribles pero a veces se enamoran, a veces tienen que lavar los platos, a veces necesitan un par de zapatos.


A veces la gente mira hacia Su- dáfrica y nos pone como en la cajita del apartheid. Nosotros no nos describimos comopersonas del apartheid, teníamos unas vidas maravillosas a pesar de todas esas cosas. Si nosotros nos hubiésemos permitido ser tragados por el apartheid estaríamos ahora llenos de odio y habríamos querido matar a todos los blancos. Pero no se trata de eso, nosotros somos una nación triunfante y creo que lo mismo pasa en Sudamérica con todas las cosas horribles que pasaron. Cuando uno va caminando por Sudamérica no dice "pobre gente que fue torturada por los españoles o por los portugueses". Yo te miro a vos como un ser humano, no sé cuáles son tus ancestros. No sé si vienen de nativos americanos o si vienen del lado blanco, no sé quién sos pero te miro como una persona.


–Relata cuentos para chicos y para adultos, ¿de qué hablan?


–Yo escribo cuentos, escribo poesía y escribo música. Yo empecé a escribir cuentos tradicionales para chicos pero empecé también a crear historias porque había ciertos temas que no tenían la suficiente atención. Y hubo algunas cosas que a mí me empezaron a inspirar. Las historias que empecé a escribir son para los más jóvenes y yo nunca pensé que eso iba a ser lo que me iba a llevar a mí hacia ese lado. Hay una historia sobre una chica que se llama Zoleka a quien le piden que recite un verso de la Biblia y está aterrorizada porque piensa que va a decepcionar a la mamá y a la maestra. Y la pasa muy mal preparándose para ese día. Pero su madre la ayuda y practican. Finalmente el día del evento, cuando mencionan su nombre y todo el mundo está cantando en la iglesia y ella mira y de repente hay tantos ojos que la están mirando, se olvida de todo. Lo que ella temía que sucediera finalmente sucedió. Después su hermanito la llama: "¡Hola Zoleka! ¡Hola Zoleka!" y todos se empiezan a reír en la iglesia pero su madre la mira con mucho amor, y cuando ve ese amor que sale de la cara de la madre hace lo que tiene que hacer, lo dice maravillosamente y sale todo bien. Para mí es esa cosa de la familia, que saca lo que uno tiene adentro cuando piensa que está débil y que no lo puede lograr. Esos libros la gente los compra para sus hijos chiquitos y vienen y me dicen: "Esa historia me habla a mí". Pienso en alguien que es fantástico en las matemáticas, las ciencias, en los negocios o de repente es el CEO de una gran empresa y tiene que pararse y dar un discurso y se congela. Y ahí la historia de Zoleka empieza a tener sentido. Por eso yo escribo sobre experiencias de la vida real. Para mí es importante hablar desde mi corazón.


–¿Cómo es eso?


–Hay una historia que se convirtió en una expresión de danza. Es la historia de una chica joven a la que le gustaban las aves. Era muy hermosa y los chicos decían que era muy hermosa pero que era raro que le gustaran tanto las aves. Los hombres empezaron a venir a querer casarse con ella y ella decía "no, este no"; "no, este otro tampoco". Ricos, bien parecidos, bien vestidos, no le importaban. En un momento su papá se enojó, los hombres se cansaron de preguntar y al final ella fue la única que no se había casado de su grupo etario. Se sentó en una choza con unas señoras que le enseñaron a hacer artesanías.

Empezó a hacer unas pulseras y unos sombreros muy bonitos, cestas. Y mientras estaba trabajando con estas mujeres empezó a cantar canciones muy antiguas que la gente ya se estaba empezando a olvidar. Aprendió la poesía de las enseñanzas más antiguas. Y estas señoras le decían que su belleza se había convertido en algo mágico con todos los aprendizajes que ella había logrado. Por supuesto, otros se reían de ella, hacían bromas. Pero un día apareció el hombre de sus sueños. Estaba rodeado por cientos de pájaros. El la abrazó y los pájaros empezaron a volar y a tirar algunas plumas. Y las mujeres que estaban ahí empezaron a correr y a recolectar esas plumas y le hicieron un vestido de novia con esas plumas. La gente le decía que nunca habían visto un vestido parecido a ese. Esa para mí es una historia para niños. Y después la podemos contar a los adultos y la interpretan de otro modo. Cuento historias a distintos niveles de la educación institucional y también me invitan las empresas a dar charlas de motivación y de eso vivo.


–¿Por qué nos fascinan tanto las historias en todas las culturas?


–La razón más importante por la cual yo cuento historias es hacer despertar historias en otras personas. Porque cuando vos le contás una historia a alguien te dice "esto me recuerda a algo que mi tío me contaba a mí". Si puedo realmente lograr despertar una historia en una persona cada vez que yo cuento una, ya lo mío está hecho.


–A tantos años de terminado el apartheid ¿puede sintetizar como está Sudáfrica hoy?


–Veintiún años después del apartheid hemos crecido, somos una democracia que permite que los chicos de distintos grupos raciales vayan a la escuela juntos, la gente tiene derechos igualitarios, no hay que llevar ese pase para mostrar. Uno puede vivir donde quiera. Pero al mismo tiempo los cambios no llegaron a todo el mundo. Hay mucha gente muy pobre que no tiene electricidad, que no tiene agua corriente. Eso es una realidad. Es importante entender que nosotros luchamos por la libertad, ganamos la democracia pero todavía no se terminó la lucha. Los que estamos en una posición privilegiada ahora somos los que tenemos que ayudar a otros. Pero también llegamos a un punto que la gente quiere que el gobierno haga cosas y dice "hacé esto para mí". A los políticos les gusta hacer promesas en las elecciones: si me votás te voy a atar los zapatos de los cordones, te voy a cepillar el pelo también, voy a lavar los platos en tu casa todos los viernes. Y por supuesto no lo van a hacer. Y ahí es donde la gente empieza a ser un poco haragana. Creo que también tenemos que volver a traer ese espíritu de trabajar duro, que nosotros mismos hagamos nuestras cosas. Nuestros padres nos enseñaron a trabajar mucho, nos dieron la crianza para ser seres humanos dignos. Mi papá me decía algo así como "nunca se puede ganar una vaca si uno se queda durmiendo". Hay gente que cree que puede trabajar un poquito y ganar mucho dinero. Y es una realidad en todo el mundo, hay muchos padres que se quejan de que los chicos no quieren trabajar. Cuando tengamos una muy buena educación eso nos va a permitir crecer. Y ahí uno no les dará tanto poder a los políticos por encima de otros.


–¿Es la primera vez que viene a la Argentina?


–Sí. Vine a participar del Festival de Poesía en Argentina, me recibe la Embajada de Sudáfrica y voy a interactuar con otras universidades en distintas provincias. Y también pedí visitar el Museo de la Memoria en Uruguay. Es algo muy especial para mi corazón, porque yo quiero que se abra un museo de la memoria en Sudáfrica y quiero dirigirlo por el resto de mis días.
–Acá también hay...


–Vamos a ver el de Argentina también. Muchos ciudadanos comunes de mi país no tienen la posibilidad de escribir sus propios libros o que sus historias se cuenten con un sentido de dignidad y de respeto. Es algo que yo soñé y deseo hacer hace mucho tiempo. Y el día antes de llegar acá, hicimos un gran anuncio en Durban porque encontraron una propiedad que se va a convertir en un museo de la memoria. El 17 de abril fue un día muy emotivo para mí. Nos espera un gran trabajo. Es como un bebé que acaba de nacer y cuando uno tiene que criar un bebé trabaja muchísimo.


–¿Su abuela sigue viva?


–Ella falleció, pero siento que está con vida dentro de mí. Mantengo vivo su nombre y su forma de arte. Mi mamá y papá, los dos, fallecieron, pero los valores con los que fui criada trato de mantenerlos. Si no mantenemos esos valores la gente va a empezar a viajar y a imitar esto de acá y esto de allá. Hace 33 años que viajo por el mundo y nunca quiero ser como otra persona. Quiero ser yo misma.

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Jueves, 30 Abril 2015 06:16

Huelgas en la fábrica del mundo

Huelgas en la fábrica del mundo

En la víspera del Primero de Mayo, China vive el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural.


Xuzhou, provincia de Jiangsu (China)

Ya han empezado los preparativos. Mañana se celebrará una de las fechas más importantes de la República Popular China, el Día del Trabajo, las fiesta del Primero de Mayo. En todos los edificios colindantes de la plaza Tian'anmen se levantarán las banderas rojas y frente al retrato de Mao -situado entre dos letreros donde se puede leer "Larga vida a la República Popular China" y "Larga vida a la unidad de los pueblos del mundo"- se colocará, como todos los años, el retrato del doctor Sun Yat-Sen, fundador del Partido Nacional Popular y primer presidente de la República China; todo un llamamiento a la reunificación con Taiwán.


No obstante y pese a toda la simbología marxista-leninista, el cuestionamiento del sistema chino sobre cuánto socialismo queda en el "socialismo de mercado" es del todo pertinente: crecimiento del PIB pero desigual reparto de la riqueza con un coeficiente de Ginni por encima de la media mundial, empresas estatales chinas entre las cien empresas con más beneficios del mundo pero puesto 78 en el ranking mundial del ÍIndice de Desarrollo Humano. Y mientras día tras día se siguen afianzando todas estas variables macroeconómicas, la semana pasada encontramos la siguiente información en el China Labor Bulletin:
Una huelga de un mes a un fabricante de bolsas de propiedad japonesa en la ciudad localizada en el río Perla llamada Zhongshan se ha caracterizado por la violencia policial, las detenciones y la intimidación, y la negativa absoluta del jefe para negociar. La huelga estalló a mediados de marzo. Los cerca de 200 trabajadores de Cuiheng Co. estaban descontentos respecto a los sueldos bajos y la negativa de la empresa a pagar a la seguridad social y las contribuciones al fondo de vivienda, bonos de fin de año y otros beneficios.


Después de una semana en los piquetes sin respuesta de la Administración, el 22 de marzo los trabajadores se acercaron a Chen Huihai, el director del centro de formación de una sede en Guangzhou de los trabajadores, en busca de ayuda y consejo. Chen y sus colegas ayudaron a los trabajadores para organizar las elecciones para representantes en la negociación y a presentar una propuesta de negociación colectiva a la gerencia. La dirección se negó a negociar, despidió a los dirigentes obreros y llamó a la policía. Varios cientos de policías antidisturbios llegaron a la fábrica y transportaron fuera a 26 trabajadores, cuatro de los que fueron detenidos por más de diez días. Muchos otros trabajadores resultaron heridos.


Podría ser simplemente una anécdota, pero se trata de uno de los "incidentes de masas" (así los cataloga el Gobierno) sufridos durante los últimos meses en la China continental, y es que se está viviendo el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural. De los 3.387 casos examinados por la base de datos del China Labour Bulletin -colectivo no gubernamental localizado en Hong Kong cuyo propósito es "monitorizar", defender y promocionar los derechos de los trabajadores en la República Popular China-, destaca notablemente el curso 2014-2015, especialmente el pasado mes de enero, en el que se llegó a 272 huelgas registradas en sólo un mes. Esto supone que en lo que llevamos de año se han producido tantas huelgas como en 2011 y 2012 juntos.


Huelgas y asambleas


¿Quién hace las huelgas? El 78% se hacen en el sector secundario --manufactura, astilleros, construcción, minería y transporte--, mientras que un 13% se llevan a cabo en el sector servicios. Los escenarios de lucha principales son la fábrica, la obra, la mina y, eventualmente, la vía pública, y lógicamente las provincias donde se registre un mayor número de conflictos serán las más industrializadas, e irónicamente las de un mayor PIB: Guandong, Jiangsu, Shangdong y las municipalidades de Beijing, Shanghái y Chongqing. Los protagonistas son, por lo tanto, los obreros --realidad que parece resultarnos lejana desde nuestros países deslocalizados--, bien antiguos empleados de fábricas estatales que perdieron su trabajo fijo en la privatización de los años 90, o bien la llamada "segunda generación de inmigrantes rurales", los hijos de los conocidos como nonmingong, jóvenes trabajadores que nacieron y crecieron en ciudades industriales en el sureste chino, por lo que no se consideran a sí mismos como rurales y se ven tan urbanos como aquellas personas que sí disfrutan de un carnet de residencia urbano.


Las protestas se organizan a través de asambleas puntuales y autónomas --y, por lo tanto, ilegales-- que acuerdan una estrategia para llevar a cabo una protesta y eligen a una serie de portavoces para negociar con la dirección de la empresa. Su organización es tan radicalmente horizontal como la de las primeras experiencias sindicales en Europa, pero por contra sus motivos no son en absoluto radicales: el 33% de las protestas se realizó para obtener compensaciones frente a un abuso laboral, el 21% para protestar por impagos salariales, el 20% se realizó para conseguir el aumento de salarios, y el resto para exigir seguridad social, mejorar condiciones laborales o exigir el fin de las horas extra. Se trata de un movimiento radicalmente reformista, consecuencia inevitable de un fallido sistema sindical.


Los métodos de lucha son clásicos, desde recogidas de firmas y peticiones directas a las autoridades, pasando por sentadas y paros laborales, hasta piquetes, bloqueos de la producción fabril, manifestaciones, bloqueos de las vías ferroviarias o del espacio aéreo, e incluso --aunque en menor medida, alrededor de un 5% de los casos investigados-- la ocupación de edificios gubernamentales o el enfrentamiento directo con la policía o con miembros de la gerencia de las fábricas, o el asalto y la destrucción de equipamiento y la producción fabril. Las nuevas tecnologías son incluidas y juegan cada vez más una centralidad dentro de los métodos de convocatoria y organización, notablemente la utilización de la plataforma QQ.


El Gobierno suele preferir situarse al margen de estos conflictos, no interviniendo hasta que se presenten problemas de orden público, aunque es cierto que interviene cada vez más. Resulta mucho más cómodo y favorable de cara a la opinión pública tanto doméstica como internacional situarse como un árbitro del conflicto que como un partidario de la patronal que emplea la violencia para reprimir a las protestas. Esto da un gran margen a los huelguistas para hacer ceder a los empresarios a sus reclamaciones. No obstante, desde el año 2013 hasta la actualidad las autoridades chinas han intervenido y procedido a diferentes arrestos en el 20% de las protestas realizadas.


Un momento histórico


Y entendiendo que se trata de un momento histórico en el que la acción colectiva se manifiesta obteniendo éxitos en favor de los trabajadores, probablemente el mejor momento del movimiento de los trabajadores chinos de los últimos 50 años, se plantea una pregunta: ¿por qué los grandes medios de comunicación priorizan otra clase de protestas? Quizás se trata de una cuestión de reivindicaciones, o tal vez estemos de nuevo ante un caso de aporofobia mediática. Frente a la clase trabajadora china, se prefiere visualizar protestas de disidentes de un perfil mucho más anglófilo, como Ai Weiwei o Liu Xiaobo, o se buscan espejos a las protestas de Tian'anmen en las protestas de Hong Kong, incluyendo a sus protagonistas: joven, estudiante, universitario de "clase media" cuyo propósito es conseguir la libertad --en concepto amplio y poco específico, pero que suele significar la equivalencia al modelo de los Estados Unidos de América-- a través de una protesta pacífica, creativa y altamente fotogénica.


El futuro de este movimiento --que por otro lado viene de un incremento constante desde hace diez años-- es incierto. La ausencia de un espíritu transformador hace reflexionar sobre hasta dónde puede llegar un sindicalismo de carácter reformista, entendiendo que un Estado, sea capitalista o socialista de mercado, donde el motor económico del país se basa en el beneficio empresarial, implica que no se puede permitir una clase trabajadora tan bien acomodada. La deslocalización, además, es un fenómeno que también se está produciendo hoy en China, no como país receptor, sino todo lo contrario: las empresas prefieren irse a países con menos regulaciones, como Vietnam, Malasia o Indonesia, o a las provincias centrales de China.
Estamos hoy quizás ante el momento cumbre de este movimiento, que difícilmente podrá conseguir más si no es redirigiendo sus objetivos a un óptica transformadora, un momento que en el futuro de la historia del movimiento obrero chino se recordará como una época dorada. El mañana es mucho más oscuro, pues Beijing no se puede permitir seguir esta desaceleración de los índices macroeconómicos, por lo que soplan vientos de represión y de intensificación de la lucha. Pero mañana volverá a ser Primero de Mayo y las banderas rojas volverán a ondear en Tian'anmen, y resonará la internacional, el viejo canto a los parias de la tierra, en plazas y radios en taxis y puede que incluso en las fábricas. Pero dentro de dos días seguirá siendo China, y volverán las huelgas a la fábrica del mundo.

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Martes, 28 Abril 2015 06:36

El sabotaje. Pensando en palabras

El sabotaje. Pensando en palabras

El sabotaje, una forma de acción no violenta, acaso el mejor destino para nuestros zapatos: para los viejos cuando ya no parecen tener más vida; o una acción digna para los zapatos del día, cuando no aguantamos un acto de injusticia, inequidad o indignidad.



Existen diversas maneras de pensar. Desde el diálogo del alma consigo misma, de Platón; ese mismo que funda a la filosofía en y como diálogo; hasta el pensar con ideas y conceptos. Hay quienes piensan en voz alta, pero también cabe pensar en palabras. Esto de pensar en palabras es lo que uno de los Humberto Maturana (pues existen varios) llamaba el "palabrear"; y acaso puede traducirse en lingüística como el contacto con el canal, como le gustaba decir a R. Jakobson.


Pensemos el sabotaje, una hermosa palabra.


El sabotaje hace directamente referencia a la historia de esos zapatos que comienzan a fabricarse en madera en el siglo XIV y XV, por tanto, zapatos populares a diferencia de los zapatos de cuero, propios de los nobles y el clero, y que se hacen realizando un hueco y un cierto redondeo. Esos son los sabots, en francés, pero con diversas traducciones a otros idiomas. En español la traducción adecuada son los zuecos.


Los sabots eran zapatos del pueblo con los que, adicionalmente, el pueblo celebraba ruidosos bailes; no podía ser de otro modo. Vale recordar que en el baile, como por lo demás también en el lenguaje, el pueblo es rey, pues, efectivamente, son las clases populares las que han venido, a todo lo largo de la historia, introduciendo bailes mucho más "salvajes", ruidosos y naturales que los bailes siempre acartonados de las clases superiores. Siempre, a la postre, las élites han terminado por adoptar y acoger con gusto los bailes del pueblo, luego de haberlos despreciado por un tiempo. El cuerpo siempre habla, y habla y piensa distinto a como lo hace la cabeza.


El sabotaje tiene por lo menos dos historias. De un lado, la más inocente, del lado de los linotipistas, el sabotaje era el acto de echar las piezas de plomo usadas en los linotipos y que ya no servían más, en un cuenco muy parecido a los sabots. Sin embargo, de otra parte, el sabotaje consistía en el acto mediante el cual, en el siglo XIX, los obreros de las fábricas echaban sus zapatos viejos —los sabots— a las máquinas para que pararan, se interrumpiera la producción y ellos poder protestar contra los actos de injusticia. Esta historia es el complemento, en Francia, de los movimientos luditas en Inglaterra que se dedicaban a destruir las máquinas de producción industrial. Los saboteadores no destruían las máquinas, sino las atoraban, las atascaban, hacían que entraran en colapso. Con el único bien propio que tenían los obreros y que sabían que podían utilizar. Pues los otros dos bienes de que disponían eran sus ropas y sus propios cuerpos.


Así las cosas, el sabotaje consiste en arrojar los zapatos propios a los mecanismos de poder, o a sus representantes. Zapatos usados, gastados, ajados, y acumulan cansancio, sudor y una vida a ajetreo injusta y sin equidad.


También en este caso observamos aquello que en otro contexto estudiara Nietzsche: la transvaloración de los valores; esto es, la inversión de los mismos en su contrario. Es de esta forma como el sabotaje termina siendo apropiado por las fuerzas de policía y de seguridad del Estado, con la ayuda de sus abogados y políticos, en acciones militares, de desestabilización y anomia social. Con todo y que es cierto que quienes se apropiaron e hicieron suyo el término de sabotaje fueron los anarquistas; no los socialistas ni los comunistas. Hablando de esa historia que conduce del siglo XIX a comienzos del siglo XX.
Una palabra sonora, metafórica y semánticamente hermosa: sabotaje (sabotage, en francés). (Algo se pierde de la "j" suavizada del español a la "j" fricativa del francés).


Sin ambages, el sabotaje se asemeja más a un acto en el que es la biología la que se impone, por encima de la cultura, pues, sin la menor duda, los zapatos son una proyección del pie y una protección para el proceso de enraizamiento nuestro en la tierra.


Pensar que los zuecos se transformaron en la historia del vestuario y de la moda. Primero pasaron a ser zapatos usados exclusivamente por las mujeres. Posteriormente también los hombres los usaron, pues se hicieron zuecos con gusto y refinamiento. Y al cabo, las clases sociales superiores llegaron a usarlos sin miramientos y como cuestión de gustos.
Los sabots, unos zapatos que se comienzan a fabricar en Francia, pero que luego se extienden a toda Europa, zapatos de hombres y mujeres, sin distinciones de sexo o de género. La historia posterior modifica por completo el panorama: existen zapatos para hombres, y también para mujeres, y se elevan como un signo claro de distinción de género.


Los zapatos hablan mucho de cada quien, dicen algunas personas. Tanto, como para otras, sus manos, y demás. Pues bien, mejor aún es la historia del uso de los zapatos. Y los zapatos se pueden emplear para varios fines en diferentes contextos. No cabe duda, uno de ellos es el sabotaje. Una acción política y militarmente inofensiva. Así las cosas, el sabotaje bien puede ser incluido en las formas de acción no violenta.


El sabotaje, una forma de acción no violenta, acaso el mejor destino para nuestros zapatos: para los viejos cuando ya no parecen tener más vida; o una acción digna para los zapatos del día, cuando no aguantamos un acto de injusticia, inequidad o indignidad. Protestar con los zapatos como con el cuerpo propio. El sabotaje, una acción que remite a nuestras raíces con el piso y la tierra, y a nuestro desplazamiento por la sociedad y por el mundo.


En fin, sin ambages, el sabotaje, un término que bien cabe en cualquier buen verso.

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Agendas y culturas políticas en los movimientos sociales latinoamericanos

Una somera radiografía de las movilizaciones más importantes de los últimos años, como las masivas manifestaciones de millones de brasileños en 353 ciudades en junio del 2013, puede contribuir a visibilizar a los nuevos actores que protagonizan el activismo social en América Latina. El 84% de los manifestantes no tenían preferencias partidarias, el 71% participaba por primera vez en protestas y el 53% tenía menos de 25 años1.


Las movilizaciones brasileñas se focalizaron en el rechazo al aumento del precio del transporte urbano, como parte de una lucha más amplia por el acceso a la ciudad y contra la represión policial. La organización convocante, el Movimiento Passe Livre (MPL), es una pequeña red asentada en decenas de ciudades e integrada por jóvenes de los sectores medios que estudian en la universidad, que se movilizan cada vez que aumenta el transporte (uno de los más caros del mundo). Con los años, el movimiento ha ido evolucionando hacia la demanda por el derecho a la ciudad, que sienten limitada por el costo del transporte y la especulación urbana2.


Las protestas en Brasil tienen cierta similitud con el movimiento Yo soy 132 lanzado por los estudiantes universitarios mexicanos, exigiendo la democratización de los medios de comunicación durante las elecciones presidenciales del 20123. Aunque ambos se dispersaron en poco tiempo, los grupos que estuvieron en la base de las movilizaciones brasileñas estaban organizados desde mucho tiempo antes y siguen adelante luego del momento álgido de las acciones de calle.


En los últimos 10 años han surgido tantos movimientos que resulta difícil hacer un listado que los incluya a todos. Entre los más conocidos, figura el movimiento estudiantil de Chile, agrupado en la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ADES); las decenas de asambleas locales contra la minería y el modelo extractivo en Argentina, coordinadas en la Unión de Asambleas Ciudadanas; la potente resistencia a la minería en el departamento de Cajamarca, en el norte del Perú, en particular contra el proyecto Conga, en la que destacan las comunidades indígenas andinas, por mencionar apenas tres casos distintos. A ellos, habría que sumar infinidad de movimientos locales, como la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, que consiguió frenar la instalación de Monsanto en una pequeña localidad cercana a la ciudad de Córdoba (Argentina)4. O la importante resistencia a la especulación inmobiliaria en Rio de Janeiro, con motivo del reciente Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos del 20165.


Bloques sociales y temáticos En el continente podemos identificar, por su pertenencia social, tres grandes bloques de movimientos: los indígenas, los campesinos y los de sectores populares urbanos. Cada uno de ellos se asienta en espacios diferentes y enarbolan, en principio, demandas distintas. Los primeros, anclados en sus territorios ancestrales, reivindican la defensa y reconocimiento de esos territorios frente a la expansión del extractivismo minero y agroexportador, pero también exigen autogobierno en base a sus usos y costumbres, así como poder decidir aspectos centrales de las políticas educativas y de salud que afectan a los pueblos.


La actividad de los movimientos campesinos gira en torno a la tierra. Como los indígenas, enfrentan también al agronegocio, en particular la expansión de los cultivos de soja que provocan migraciones y contaminan aguas y poblaciones. Su lista de demandas incluye desde la reforma agraria (caso del Movimiento Sin Tierra de Brasil) hasta la exigencia de créditos para la producción y precios para sus productos. En los últimos años algunos de ellos han incrementado sus movilizaciones contra los efectos de tratados de libre comercio con Estados Unidos, y llegan a exigir su derogación, como la Mesa Nacional de Unidad Agraria y decenas de organizaciones campesinas en Colombia6.


El tercer bloque está conformado por los sectores populares que viven en las periferias de las grandes ciudades. En estos espacios, que en ocasiones denominan también como territorios, se aglomeran familias que fueron expulsadas por el agronegocio, las guerras y violencias de paramilitares, narcotraficantes, militares y guerrillas, pero también trabajadores formales cuyas empresas quebraron en la última crisis y migrantes de países de la región. Han levantado sus viviendas en base al trabajo familiar, espacios y equipamientos colectivos (en ocasiones escuelas y clínicas de salud) gracias a la cooperación y la reciprocidad (minga). En general, son familias que sobreviven en el empleo "informal", pero también encontramos trabajadores mal remunerados que se desempeñan en la construcción, el trabajo doméstico y la venta ambulante.


Las demandas han sufrido algunos cambios a lo largo de los años. Si hubiera que encontrar alguna característica común, es el rechazo a la desigualdad y la lucha por cambios de carácter estructural . Sin embargo, muchos de estos movimientos comienzan reclamando algo tan simple como poder vivir. Algo así reclaman Máxima Acuña Atalaya, su familia y sus vecinos: que les permitan quedarse en las tierras que compraron hace 20 años, que ahora reclama una multinacional de la minería en la laguna Azul, en las alturas de Cajamarca7. El derecho a la vida es también el reclamo que mujeres y personas de la diversidad sexual han instalado en la agenda pública de muchos de los países de la región para acabar con la impunidad de la que gozan los responsables de feminicidios y crímenes de odio.


En efecto, las luchas por el agua, la tierra y el derecho a la vivienda, aún para quienes viven en favelas y asentamientos precarios, atraviesa a campesinos, indígenas y sectores populares urbanos. Pero a medida que esas demandas se convierten en movilizaciones, desde lo local hasta lo nacional, chocan con las diversas facetas de la desigualdad (desde el acceso a los medios de comunicación hasta la representación en el sistema político). En este punto enfrentan lo que el sociólogo peruano Aníbal Quijano ha denominado "colonialidad del poder": un patrón de relaciones asimétricas, de raza, género y generación, que siempre perjudica a los indios, negros y mestizos, y de modo particular a las mujeres y los jóvenes de esos sectores.


El nacimiento de feminismos comunitarios, populares, indígenas y afrodescendientes, forma parte de este proceso de enraizamiento de los movimientos entre los grupos subalternos, marcando claras diferencias con la primera generación de feministas formadas en las academias y los partidos políticos, y volcadas hacia las ONGs y las instituciones8. Una característica de esta nueva realidad, es la aparición de grupos de mujeres (como FEMUCARINAP9), que no se identifican como feministas, pero que luchan por la emancipación de las mujeres.


En el mundo juvenil se pueden observar procesos similares. A través de expresiones como el hip hop, los jóvenes negros de ciudades como Rio de Janeiro buscan un lugar en una sociedad que los excluye10. Los medios de comunicación nacidos en las villas de Buenos Aires, donde grupos juveniles expresan sus diferencias culturales, enseñan la politización no domesticada de los jóvenes pobres en las grandes ciudades latinoamericanas11.


Una nueva cultura política

 

Tan importante como las demandas, son las culturas políticas que expresan los movimientos. Se trata de abordar lo que no dicen los programas políticos, ni las listas de reivindicaciones, ni las consignas que agitan en las calles. Sabemos que hoy los movimientos luchan contra los extractivismos minero, agropecuario y urbano, por más libertades y derechos. Pero también importa cómo lo hacen, de qué manera trabajan, cómo están dispuestas sus fuerzas en el interior de los colectivos y grupos.


Los nuevos movimientos muestran otros modos de organizarse, una cultura política que el MPL sintetiza en cinco rasgos: autonomía, horizontalidad, federalismo, consenso para tomar decisiones y apartidismo (que diferencian del anti-partidismo). En paralelo, suelen posicionarse contra un amplio abanico de opresiones: de clase, de género, de raza y generacionales, además de la defensa de la naturaleza. Casi todos los movimientos asumen varias identidades, no limitándose a una sola, lo que constituye una característica de los movimientos integrados por jóvenes.


La más reciente camada de movimientos nació en un período caracterizado por la crisis del viejo patriarcado y la deslegitimación de las instituciones basadas en la representación, como los partidos, los sindicatos y los parlamentos. En ambos casos, los nuevos sujetos (en particular mujeres y jóvenes) tienden a construir organizaciones que rehúyen las jerarquías, el tipo de estructuras gobernadas por varones, donde las bases están sujetas a las direcciones y tienen pocas posibilidades de hacer que sus opiniones sean tenidas en cuenta. Quisiera destacar cinco aspectos que considero atraviesan a la mayor parte de los movimientos más dinámicos y creativos y que conforman el núcleo de la cultura política emergente en el actual activismo social y político.


- Crean organizaciones pequeñas y medianas, donde los vínculos cara a cara sustituyen la figura de la representación en las grandes organizaciones de "masas". La preferencia por grupos de tamaño reducido no ha impedido la eficacia de la movilización. En esos grupos se crean fuertes lazos de camaradería y confianza, similares a los vínculos de carácter comunitario. Son esos vínculos los que potencian la acción colectiva, sostenida en el tiempo, y no los aparatos burocráticos de carácter masivo. Esto facilita su autonomía del Estado y los partidos.


- Para la coordinación de acciones entre gran cantidad de grupos, establecen coordinaciones puntuales, "livianas", capaces de articularse en poco tiempo, que tienden a desarmarse cuando ya no son necesarias. Esta peculiaridad de los colectivos de jóvenes y mujeres suele desconcertar a los varones anclados en la "vieja" cultura política, ya que hay un evidente desfasaje entre la capacidad de movilización y la estabilidad y visibilidad de los núcleos organizados.


- La horizontalidad, entendida como la inexistencia de jerarquías permanentes y fijas, es una de las principales características de los modos de hacer de los movimientos actuales. En vez de representantes, eligen voceros; en vez de dirigentes, nombran personas para coordinar cada reunión, asamblea o actividad, que no suelen ser las mismas que ya realizaron esa tarea en momentos anteriores. En no pocos casos, aparece la figura de la rotación o turno, propia de las culturas indígenas, aunque la mayor parte de las veces no las nombran de ese modo. - Se percibe un evidente rechazo a un tipo de crecimiento destructivo de la naturaleza y también de la sociabilidad entre las personas. Rechazan la contaminación y el crecimiento económico que no aporta calidad de vida a las comunidades. En algunos casos adoptan la consigna de "Buen Vivir" para designar el tipo de sociedad a la que aspiran, aunque otros movimientos prefieren hablar de "socialismo". No todos los movimientos rechazan el desarrollismo, aunque hay una tendencia creciente a la crítica al modelo de crecimiento perpetuo.


- Por último, una de las características más novedosas de los movimientos es que no sólo demandan a los Estados y gobiernos, sino que crean espacios propios donde empiezan a construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. Inspirados en las comunidades indígenas y en las culturas juveniles, se empeñan en construir ahora el mundo de sus sueños.

 

 

NOTAS


1 Secco, Lincoln. "As jornadas de junho", en Cidades rebeldes, Boitempo, Sao Paulo, 2013.
2 Legume, Lucas y Toledo, Mariana. "O Movimento Passe Livre São Paulo e a Tarifa Zero", 2011, en < http://passapalavra.info/2011/08/44857 , acceso 2 de agosto de 2013.
3 Muñoz Ramírez, Gloria. Yo soy 132, Ediciones Bola de Cristal, México, 2011.
4 Miembros jóvenes de la asamblea crearon su web: http://ecoscordoba.com.ar/
5 Zibechi, Raúl. "Debajo y detrás de las grandes movilizaciones", Osal N° 34, Clacso, Buenos Aires, noviembre 2013, pp. 15-36.
6 "Declaración de las organizaciones campesinas de Colombia", 24 de octubre del 2011, en http://prensarural.org/spip/spip.php?article6659
7 Ver http://servindi.org/actualidad/90450
8 Puede consultarse, entre otros, Gargallo, Francesca. Feminismos desde Abya Yala, Desdeabajo, Bogotá, 2012; Bidaseca, Karina y Vázquez, Vanesa. Feminismo y poscolonialidad, Godot, Buenos Aires, 2011; Rivera Cusicanqui, Silvia. Bircholas, Mama Huaco, La Paz, 2002.
9 Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú.
10 De Oliveira, Denilson. "Territorialidades no mundo globalizado: outras leituras da cidade a partir da cultura hip-hop na metrópole carioca", Universidade Federal Fluminense, Niteroi, 2006.
11 La Garganta Poderosa, revista mensual de la cooperativa La Poderosa, tiene una tirada de entre 12 y 40 mil ejemplares. En http://lapoderosa.org.ar/

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