Viernes, 21 Agosto 2015 05:42

¿Es posible salir del facilismo?

¿Es posible salir del facilismo?

Trascender el facilismo no parece nada fácil. Esto suena como un juego de palabras, pero no lo es. El facilismo es una cultura de vida, política y social, que ha modelado el comportamiento de la población de nuestro continente durante varios siglos y que está sólidamente acomodado como un sentido común. Más aún, muchas personas y familias no conocen otro modo de vivir la vida ni de relacionarse entre ellas. Eso no quiere decir que aceptemos la cultura del facilismo, ni que disculpemos a quienes la practican ni, menos aún, a los que se benefician de ella.


En primer lugar, a tendencia al facilismo resulta ser un legado de la época colonial, que se ha agravado con el tiempo, estimulado por una bonanza artificial generada por las industrias extractivas. Al parecer ningún gobierno que no reparte bienes materiales "generosamente" y sin exigencia alguna, se puede mantener en el poder. Los sucesivos gobiernos no han combatido esta cultura sino que se apoyaron en ella, precisamente porque es más "fácil" que combatirla y ofrecer alternativas. Lo que ha cambiado es la orientación del facilismo, el direccionamiento de los recursos hacia sectores más amplios o más restringidos de la población, pero no su esencia que ha permanecido incambiada.


En segundo lugar, la cultura del facilismo degrada las relaciones sociales, genera individualismo para competir con los otros y las otras en la captura de los recursos materiales y simbólicos, lo que corroe el sentido de comunidad y de lo colectivo. Lo que incrementa aún más la complejidad de esas relaciones es su anclaje enraizado en las emociones colectivas; en el contexto de cada cultura se suelen perfilar actitudes vinculadas a determinados "emocionares": el facilismo lo vinculamos, en este sentido, con las aspiraciones y expectativas culturalmente generalizadas que sugieren la posibilidad de solucionar necesidades y carencias sin desplegar un esfuerzo, "sin tener que mover un dedo" y "que otros me resuelvan".


Este es uno de los mayores daños que provoca esta cultura, porque destruye, precisamente, las bases que podrían contribuir a salir del modelo actual. La comunidad organizada y la fraternidad/sororidad como prácticas de vida, son las bases para otro modo de vida que supere al culturalmente establecido.


En tercer lugar, el facilismo atenta contra la producción de bienes materiales y simbólicos ya que reproduce lo viejo: el caudillismo, el paternalismo personal o estatal, y las relaciones jerárquicas, reforzando la subordinación de la sociedad. De esa manera se cierran las puertas a un activismo consciente y autónomo, a la toma de decisiones individuales y colectivas que permitan superar el estado de cosas heredado. Lo que parece ser el propósito político es mantener una relación clientelar entre gobiernos pudientes y pueblos necesitados. Y esa estrategia se mantiene, como por ejemplo en el caso de Venezuela donde la riqueza fácil con base en la renta petrolera fue política de Estado desde hace décadas y donde ahora, en una situación de bajos precios del crudo, se impone desde arriba una reforma tributaria; la finalidad es el incremento de ingresos fiscales no-tradicionales para poder dar continuidad a las dádivas fáciles del clientelismo.


La producción, y no la distribución, son las bases de un mundo mejor al actual. Todas las corrientes emancipatorias que ha conocido la humanidad, de carácter religioso o laico, espiritual o científico, han colocado la producción y la creación de nuevos valores en el centro de sus preocupaciones. La disputa por los bienes existentes es, necesariamente, una disputa negativa, que consiste en quitarle a otro para usufructuarlo. Eso sería aceptable, en todo caso, una sola y única vez, como recuperación de valores previamente expropiados, más no se impone: en lo fundamental, un mundo nuevo o mejor al actual debe asentarse en la creación y, por lo tanto, en la producción, actitudes positivas y realmente transformadoras.
Es por eso que pensamos que el facilismo, en su versión renta petrolera, nacionalizaciones u otras, no permite trascender el mundo y las relaciones sociales existentes sino que, por el contrario, las reproduce eternamente. Una actitud transformadora es siempre creativa.


Por último, tampoco se sale del facilismo combatiéndolo, haciendo campañas o luchando contra sus manifestaciones. En los años 70 abundan los ejemplos de estrategias generalizadas de enfrentamiento, sea con los gobiernos de turno, con y entre partidos políticos, y contra el enemigo de cada momento en las luchas reivindicativas. Visto en retrospectiva pareciera que ya no se hallaba con quién más pelear. Da la impresión que hasta en la actualidad cuesta a muchas organizaciones reconocer que tal actitud significa relacionarse con el entorno desde unas relaciones culturales caracterizadas por las emociones y la lógica de acumulación de poder, pero en nombre de profundas transformaciones sociales. ¿No se tratará de irnos saliendo de los fundamentos culturales que sustentan el capitalismo: las relaciones jerárquicas, la acumulación de poder, conocimientos y riquezas, la particularización que fundamenta la civilización patriarcal?


Una cultura sólo cambia en tiempos largos, luego de extensos períodos que abarcan varias generaciones. Pero, por encima de todo, una cultura no cambia a través de la negación de la misma, ya que combatirla las más de las veces consigue afirmarla, crea mecanismos de defensa que la consolidan y la vuelven más resistente.


Para modificar una cultura es necesario practicar otra cultura, asentada en otros valores, en otras relaciones entre las personas, y ente ellas y el medio en que viven. Los campesinos no hacen crecer las plantas estirando de los brotes, sino indirectamente, ofreciéndole agua y luz. Cambiar una cultura como el facilismo requiere de cuidados y afectos, algo que sólo podemos hacer en comunidad con responsabilidad individual. Porque el facilismo, entre otros problemas que presenta, permite que la irresponsabilidad individual se ampare en el colectivo.


Numerosos proyectos de vida que se están autogestionando y autofinanciando hoy en el mundo –asociaciones, colectivos, cooperativas- están comprendiendo que producir implica esa transformación cultural, transcender las relaciones de competencia, un hacer cuyo "cómo" apuntala al descubrimiento de relaciones de producción donde destacan el fin solidario en vez del lucro, la circularidad en las conversaciones y la equidad comunitaria. Un cambio muy paulatino. Pero los cambios culturales profundos se cocinan a fuego lento y a largo plazo. Una de las condiciones para ello parece ser el cambio personal, partiendo de la reflexión que [email protected] vivimos bajo la influencia de esa cultura del facilismo.


Jorge Rath es miembro del Equipo de Publicaciones Cecosesola (organismo de Integración Cooperativa del Estado Lara; fundada en 1967, es actualmente una convivencia de unas cincuenta cooperativas y asociaciones civiles: www.cecosesola.org)


Raúl Zibechi es escritor y periodista uruguayo, colabora con varios movimientos sociales en América Latina

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías/I

El libro más reciente de Raúl Zibechi, Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías, autonomías y emancipaciones en la era del progresismo, publicado recientemente en nuestro país por Bajo Tierra Ediciones (2015), constituye una sólida y profunda contribución al debate de las ideas en el ámbito de las resistencias y los procesos autonómicos anticapitalistas, así como una crítica de gran calado a los progresismos de las denominadas izquierdas institucionalizadas, considerados por el autor incluso como una nueva forma de dominación.


Dividida en cuatro secciones, precedidas de una introducción (I. Las sociedades en movimiento; II. Los movimientos en la era progresista; III. Los progresismos como nuevas formas de dominación; IV. Abajo y a la izquierda), la obra se fundamenta en un conocimiento vivencial del autor de importantes movimientos antisistémicos en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Venezuela, Uruguay y, en especial, en México, a partir de la convivencia de Zibechi con el proceso de los pueblos mayas agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).


La introducción es clave para la comprensión del extenso texto de 375 páginas, e inicia con el impactante y poco conocido relato acerca de la masacre de al menos 200 argelinos y el arresto de otros miles en París el 17 de octubre de 1961, así como de los costos en vidas humanas y torturados de la guerra de liberación, que según informes del Frente de Liberación Nacional, de un total de entre 9 y 10 millones de habitantes, un millón de argelinos fue muerto, mientras que otro millón fue torturado. Zibechi señala que nunca hubo condenas por asesinar argelinos y que este es el clima en el que reflexionaba Frantz Fanon, considerado como la "zona del no-ser (...) donde la humanidad de los seres es violentada día tras día, hora tras hora. Se reivindica la actualidad del pensamiento de Fanon al cuestionar la teoría crítica hegemónica, o sea, el marxismo soviético de las décadas de 1950 y 1960, y por pensar y practicar la resistencia y la revolución desde el lugar físico y espiritual de los oprimidos: allí donde buena parte de la humanidad vive en situaciones de indecible opresión, agravada por la recolonización que supone el modelo neoliberal. Zibechi sostiene que sigue siendo necesaria una estrategia que aborde el complejo de inferioridad sufrido por el colonizado, y se pregunta: ¿De qué sirve la revolución si el pueblo triunfante se limita a reproducir el orden colonial, una sociedad de dominantes y dominados? Por ello, abordar la cuestión de la subjetividad es un asunto estratégico-político de primer orden, sin el cual el dominado volverá a repetir la vieja historia: ocupando el lugar material y simbólico del colonizador, reproduciendo así el sistema que combate. Criticando el papel liberador que Fanon atribuye a la violencia, al elevar al pueblo a la altura del dirigente, se retoma la necesidad de abordar el problema de la subjetividad como una prioridad política, rompiendo así con la centralidad de la economía y con el papel excluyente concedido a la conquista del poder y a la recuperación de los medios de producción y de cambio por la teoría de la revolución.


A partir de estas ideas, Zibechi desarrolla aspectos que considera centrales, y que ciertamente están presentes en los textos que integran el volumen: autonomía y dignidad, poder, re-producción y familia, comunidad o vanguardia, identidad, producción colectiva de conocimientos y creación de un mundo nuevo. Señala que los que viven en la zona del no-ser no pueden ser autónomos en la sociedad opresora, ya que la violencia es vida cotidiana y la sociedad no los reconoce como seres humanos; por ello, los colonizados (Fanon), los de abajo (zapatistas), deben crear espacios seguros a los que los poderosos no puedan acceder. Asimismo, las autonomías de los pueblos indígenas, campesinos y mestizos deben ser integrales, esto es, abordar todos los aspectos de la vida, desde la producción de alimentos hasta la justicia y el poder. Los dominados no pueden apelar a la justicia del Estado, sino crear instituciones propias. De esta manera, los procesos de cambio no pueden ordenarse alrededor de los estados actuales. Los procesos autonómicos se fundamentan en poderes democráticos, no estatales, anticoloniales porque destruyen las relaciones de subordinación de raza, género, generación, saber y poder heredadas, construyendo otras nuevas en las que las diferencias coexisten sin imponerse unas a las otras.

Los movimientos de la zona del no-ser se cuentan por familias. El paso político fundamental es el pasaje de la reproducción en la casa familiar a la reproducción colectiva en los movimientos, modificando la inmovilidad de la sociedad dominada, renovar su sangre y su alma (Fanon). Es en la reproducción donde la sociedad de los de abajo puede hacer un esfuerzo sobre ella misma.


Se sigue también a Fanon en su denuncia al elitismo de las izquierdas, incluyendo la noción de partido que considera importada de la metrópoli. Su rechazo a la organización centrada en las élites más conscientes y organizadas se basa en su capacidad de negociar e incrustarse en el aparato estatal. No tienen necesidad de destruirlo, ya que esperan un lugar a la sombra del sistema. Zibechi destaca que el zapatismo, por el contrario, se propone organizar el conjunto del pueblo. El EZLN invirtió la lógica colonial de las izquierdas, al ponerse al servicio de las comunidades, esto es, del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo; de la toma del Poder de Arriba a la creación del poder de abajo; de la política profesional a la política cotidiana; de los líderes, a los pueblos (sub Marcos). El zapatismo transita este camino de descolonización del pensamiento crítico, sostiene Zibechi, revitalizando tradiciones de carácter comunitario, y a partir de saberes que enseñan que para construir un mundo nuevo no es necesaria una teoría revolucionaria separada de la realidad y que se coloca por encima de ella.

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Miércoles, 12 Agosto 2015 06:44

Un lento despertar

Un lento despertar

Uno de los grandes misterios del estallido financiero y la depresión económica mundial 2007-2009 fue el escaso impacto político que tuvo en Europa. Países como el Reino Unido y España eligieron a conservadores, a pesar de sus vínculos manifiestos con el modelo que había causado la crisis. En gran medida este resultado se debió a que la socialdemocracia europea se había movido tanto a la derecha con su reivindicación de la economía de mercado y su aceptación del modelo neoliberal que había dejado de constituir una opción clara para un electorado desorientado, golpeado y despolitizado.


En los últimos dos años ha habido señales de cambio. Syriza en Grecia y Podemos en España son los ejemplos más obvios de este lento despertar. Con altísimos porcentajes de desempleo y crisis muy profundas eran casos de cajón: tarde o temprano tendría que aparecer una alternativa. La Corbynmanía que está sacudiendo al Reino Unido es mucho más sorprendente.


El 7 de mayo los conservadores del primer ministro David Cameron obtuvieron una mayoría parlamentaria reivindicando la austeridad y el déficit cero y forzaron la renuncia del líder laborista Ed Miliband a la jefatura partidaria con un llamado a elecciones internas para sustituirlo. El consenso era que el laborismo había perdido porque Miliband, con su tímido populismo, se había alejado del centro de la escena política. Ergo, el laborismo debía recapturar ese espacio.


La irrupción de Jeremy Corbyn ha puesto en entredicho esa interpretación. Candidato de la izquierda dura laborista, Corbyn está a favor del desarme nuclear y la nacionalización de servicios públicos esenciales como los trenes, el gas y la electricidad. Comentaristas de derecha e izquierda no pueden entender que alguien con esas características esté encabezando las encuestas para líder de la oposición y tenga un respaldo multitudinario en cada acto que encabeza en todo el Reino Unido.


Esta transformación no es tan sorpresiva si se analiza la historia reciente. Muchos de los seguidores de Corbyn celebraron la victoria de Tony Blair y su Nuevo Laborismo en 1997 que puso fin a 18 años de reinado conservador. En su primer gobierno Blair combinó una módica aspiración a la justicia social con una explícita reivindicación de la economía del mercado. En el mundo post Muro de Berlín era considerado una política realista: introducción del salario mínimo, derechos sindicales y, al mismo tiempo, política neoliberal con el poderoso sector financiero británico y los grandes conglomerados.


La retórica con que se respaldó ambas políticas fue un hueso más duro de roer para los laboristas. Mientras que las políticas históricas del laborismo se ejecutaban de manera sigilosa, la agenda pro capitalista era reivindicada con fervor en una búsqueda de titulares que certificaran que el Nuevo Laborismo había roto amarras con su pasado estatista.


La guerra de Irak terminó de romper esa frágil convivencia de lo viejo y lo nuevo, la tradición y el posmodernismo. En un partido con fuerte tradición pacifista y antiarmamentista, Blair buscó un espejo en Winston Churchill y se convirtió en el gran aliado de George W. Bush para la invasión de Irak. La mejor arma que había exhibido hasta el momento –su éxito– dejó de acompañarlo: la aventura terminó en un sangriento fiasco. Cuando en 2007 lo sustituyó su ministro de economía Gordon Brown la interpretación fue que representaba un regreso a las raíces históricas del laborismo, surgido con los sindicatos, uno de los modelos en que se inspiró Perón que, como se sabe, pensó en llamar a su movimiento laborista antes de inclinarse por su nombre actual, justicialismo.


Brown no dio la talla. Cuando cayó derrotado en las elecciones de 2010 ante David Cameron, su reemplazante, Ed Miliband, fue también visto como un giro a la izquierda, pero sin abandonar las premisas básicas de la dupla Blair-Brown. Ese intento sucumbió en las elecciones del pasado 7 de mayo. Con Jeremy Corbyn el laborismo tiene un candidato hecho a medida, sin esa penosa tensión ideológica interna de los años Blair-Brown-Miliband. Visto desde hoy la sorpresa es que una opción así haya tardado tanto en materializarse.

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Martes, 04 Agosto 2015 07:03

La prisión de un símbolo de una era

La prisión de un símbolo de una era

La imagen más esperada por la oposición y por una derecha furibunda que crece sin parar en Brasil se materializó ayer: poco después de las seis de la mañana, un equipo de la Policía Federal, cumpliendo determinaciones del juez de primera instancia Moro, llegó a la casa de José Dirceu en Brasilia y lo detuvo. Ha sido la tercera vez en la vida que lo detuvieron. La primera, en época de la dictadura, cuando era líder estudiantil. Las otras dos, bajo una acusación propicia para destruir su imagen: corrupción.


El problema es que, a esta altura, ya no se trata solamente de la imagen de José Dirceu, quien fue uno de los responsables –quizás el más determinante– para la primera victoria electoral de Lula da Silva, en 2002. Ahora, su prisión alcanza de pleno a la imagen del Partido de los Trabajadores, de Lula y del gobierno de Dilma Rousseff.


En 2003, al asumir la presidencia, Lula da Silva instaló su principal articulador y estratega en el poderoso puesto de ministro-jefe de la Casa Civil, que corresponde, en Brasil, a las funciones del jefe de Gabinete en Argentina. En los dos primeros años, Dirceu se consolidó como su principal heredero con vistas a las elecciones del 2010 (ya se daba por seguro, como luego se confirmó, que Lula sería reelecto en 2006).


Sin embargo, lo fulminaron en 2005. En un juicio mediático, que se desarrolló como en un tribunal de excepción, sin que sus argumentos fuesen considerados por el arbitrario presidente de la Corte Suprema, Joaquim Barbosa, que en una innovación esdrújula lo condenó sin pruebas (acorde con el magistrado, le correspondía al imputado comprobar su inocencia), fue sentenciado a siete años y once meses de cárcel. A fines del año pasado, Dirceu logró, junto a la misma Corte Suprema, cumplir la sentencia en prisión domiciliaria.


Pese al desgaste sufrido, el ex hombre fuerte de Lula mantuvo una parcela considerable de poder junto al PT. Al fin y al cabo, seguía siendo el mejor cuadro del partido, el de más experiencia y mayor capacidad de articulación. Desde que fue defenestrado primero de la Jefatura de Gabinete, y luego de su escaño de diputado nacional, José Dirceu se dedicó a prestar servicios como consultor para empresas brasileñas y extranjeras con presencia en Brasil. Y justamente a raíz de esas actividades está ahora involucrado en denuncias de corrupción.


Acorde con "delatores premiados" que, a cambio de reducción de sus sentencias, aceptan un pacto con la Justicia admitiendo contar todo lo que saben, Dirceu no prestó ningún servicio a sus contratantes. Y más: el dinero recibido tuvo sus orígenes en propinas cobradas junto a Petrobras y otras estatales. El acusado rechazó siempre las acusaciones, ofreciendo documentos para comprobar las actividades prestadas y el pago recibido.


La nueva prisión, además de significar la liquidación de su antiguo poder y de su capacidad de influencia, llega en el peor momento posible para el partido que él ayudó a construir, el PT, y para la ya debilitada Dilma Rousseff en su segundo mandato presidencial.


También abre una brecha para que las acusaciones y presiones se acerquen al gran objeto de deseo de una oposición desbocada y del conglomerado de medios de comunicación, Lula da Silva.


En relación con Dilma y su gobierno, la difícil situación enfrentada en el Congreso se agudizará. Ahora el foco de las denuncias está puesto en el núcleo duro de la primera presidencia de Lula (2003-2006), ya que se dice que fue en esa etapa que Dirceu armó el esquema de corrupción y fraudes en licitaciones y contratos de Petrobras.


Al fin y al cabo, Lula era presidente, Dilma era ministra de Minas y Energía, responsable por el sector, y luego jefa de Gabinete. El esquema ahora denunciado se mantuvo, acorde con los delatores, a lo largo de todos los años de gobierno del PT.


Por más frágiles que sean algunas denuncias de los delatores, es innegable que servirán de fuerte munición para la oposición y para los detractores del gobierno.


Servirán, además, para animar aún más a los impulsores de la campaña que tiene por objetivo la salida de Rousseff de la presidencia, donde llegó gracias a 54 millones de votos obtenidos el pasado octubre.


Símbolo de la llegada de Lula y del PT al poder, José Dirceu, veterano y consecuente militante de la izquierda desde sus años jóvenes, puede ahora transformarse en símbolo del fin de una larga etapa que empezó en su juventud. Por más que compruebe su inocencia, el mal ya está hecho. Vivió para acercarse a los sueños de toda una generación. Ahora vive una pesadilla.


De ser culpable, Dirceu habrá contribuido para el triste fin de un sueño. De ser inocente, difícilmente podrá contribuir para que ese sueño sobreviva a la marea de furia derechista que sacude el mapa brasileño.


EL EX MINISTRO DE LULA FUE DETENIDO AYER EN BRASILIA MIENTRAS CUMPLIA ARRESTO DOMICILIARIO


Acusan a Dirceu por el caso Petrobras


En medio de la ofensiva política contra el gobierno de Dilma, la Justicia sostiene que el dirigente del PT fue uno de los arquitectos de la trama de corrupción establecida en torno de la petrolera estatal.

 

Por Darío Pignotti
Desde Brasilia


Timing político. Ministros, dirigentes del PT, jefes del opositor PSDB, periodistas, todos estaban avisados de que ayer iba a sonar el campanazo de largada de la ofensiva contra el gobierno para desgastarlo tanto como fuera posible antes del 16 de agosto, fecha de la movilización convocada para exigir el impeachment contra Dilma Rousseff.


Lo que nadie (o prácticamente nadie) supuso era que esta fase de la escalada política sería iniciada por la Justicia en las primeras horas de ayer cuando agentes de la Policía Federal detuvieron en su domicilio de Brasilia a José Dirceu, quien fuera entre 2003 y 2005 ministro jefe de la Casa Civil (Gabinete) y pieza central del gabinete del entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva.


La Procuraduría Federal sostiene que Dirceu fue uno de los arquitectos de la trama de corrupción establecida en torno de Petrobras integrada por ex directivos de la estatal y empresas privadas como Odebrecht, Camargo Correa y otras contratistas cuyos ejecutivos están detenidos en una prisión de Curitiba, capital del sureño estado de Paraná.


"La corrupción siempre existió pero esta vez hubo una sistematización" y Dirceu sería el responsable de haber ubicado en puestos claves de Petrobras a operadores que facilitaron maniobras dolosas, planteó el procurador Carlos Fernando dos Santos Lima. "El (Dirceu) inició todo un trabajo de cooptación de empresas constructoras dando inicio a un esquema de corrupción en la estatal" en el que se repite, opinó Santos Lima, el "ADN" del escándalo del mensalao, de 2005, por el cual Dirceu fue condenado y preso.


"Toda empresa tiene una estructura piramidal donde sus cabezas son los que toman las decisiones, ellos no son los operadores de las acciones, ellos dicen 'haga'", planteó el procurador cuando refirió al alto cargo que Dirceu ocupaba hasta 2005 y luego habría preservado su influencia a través de su consultora DJ. Santos Lima aseguró contar con documentos –que no exhibió–, además de las "delaciones premiadas" de empresarios arrepentidos como base de su arsenal acusatorio contra el ex ministro.
Alberto Zacharias Toro y otros académicos han cuestionado el abuso de las "delaciones premiadas" convertidas en "delaciones forzadas" obtenidas de modo casi coercitivo con prisiones preventivas abusivas para quebrar a los presos.


Los responsables de la causa Lava Jato (Lavado Rápido) realizaron "una relectura del modelo medieval en el que se capturaba a las personas para torturar y así se obtenía la confesión", criticó el jurista Aury Lopes Junior.


La prisión preventiva de Dirceu fue objetada por sus abogados para quienes ésta es injustificada, ya que el acusado se encontraba hasta ayer cumpliendo una prisión domiciliaria, para terminar de purgar su pena en el Mensalao de 2005. Al cierre de esta crónica el referente petista continuaba detenido en la Superintendencia de la Policía Federal de Brasilia aguardando una decisión del Supremo Tribunal Federal sobre su traslado a Paraná.


Los medios dedicaron una cobertura exhaustiva de la detención y las repercusiones del caso festejado por la oposición. El senador Aloísio Nunes Ferreria, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, propuso que el grupo de tareas judicial de Paraná abra una investigación sobre Dilma Rousseff y Lula. Mientras su colega Ronaldo Caiado del conservador Demócratas vaticinó que "falta poco para que caiga Lula". Los dos senadores, que en junio viajaron a Venezuela para respaldar a la oposición, participaron en las marchas realizadas en marzo y abril por el impeachment y seguramente lo harán nuevamente en la anunciada para el 16 de agosto.


El proceso Lava Jato sustanciado por el juez Sergio Moro llevó a cabo 17 operativos desde 2014, el último de ellos realizado ayer y denominado Pixuleco, alusivo al nombre con que los imputados se referían a las coimas. Al de la semana pasada lo habían bautizado "radiactividad", porque reveló supuestos manejos ilegales en la estatal Eletronuclear y ordenó la prisión del vicealmirante Othon Pinheiro da Silva, el padre del proyecto atómico nacional.


No hay dudas de que más allá de la evolución de esta causa respecto de la culpa o inocencia de José Dirceu el efecto sobre la imagen del PT y el gobierno se equipara al de un arma atómica. Está prevista una reunión de la mesa ejecutiva del PT para hoy, según publicaron algunos medios mientras el partido divulgó una nota oficial afirmando que las campañas electorales fueron financiadas con fondos declarados, en implícita respuesta a las tesis de Moro y los procuradores. El comunicado no hizo referencia explícita a la prisión de Dirceu sobre la que habló Siba Machado, jefe de la bancada petista en Diputados. "La Policía Federal se está metiendo en asuntos políticos deteniendo por mera sospecha, valiéndose de indicios y arrastrando a Brasil hacia una situación peligrosa, si seguimos así en poco tiempo no habrá más estado de derecho", alertó Machado.

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Sábado, 01 Agosto 2015 05:17

El populismo como fantasma

El populismo como fantasma

Si algo distingue a la relación entre las palabras y los políticos es, sin duda, la veleidad. Incluso un estudiante de secundaria sabe que, en manos de un político, no hay palabra cuyo contenido no se derrita hasta convertirse en un signo aleatorio, carente de sentido. El término demagogia proviene precisamente de esta arbitrariedad. La capacidad de disuasión siempre se ha medido, en parte, por la habilidad para disfrazar las intenciones con alguna destreza retórica; y, en parte, por imbuir a esta destreza de significados. Pero el problema hoy va más allá. En una sociedad que habla e informa las 24 horas del día, a través de la televisión, la radio, la prensa, los blogs, el Internet... –una sociedad retórica como la actual–, el mundo de los significados parece dilatarse a tal grado que ya casi nada o nada resulta significante en ellos. Y sin embargo, cada vez nos sorprende que exista un reducido número de conceptos-insignia, de palabras-alarma o palabras-peligro, que una vez enunciadas ofrecen la impresión de que todo está dicho, como si sus sobrentendidos se dieran súbitamente la mano.


Uno de estos términos es el de populismo. Basta enunciarlo para que suene una alarma, o se anuncie un peligro, una sensación de inestabilidad. En principio, más que un concepto, el de populismo funciona como un inconcepto (si es que tal atributo existe). Más que expresar lo que se pretende decir, dice todo lo que no se quiere decir. En el vocabulario moderno, sus orígenes se remontan a Rusia en el siglo XIX. Los narodniki, hombres del pueblo, constituían una de las fuerzas más visibles y beligerantes de oposición al zarismo y al régimen de la aristocracia. Comparten, en la época, esa codificación que asocia sin mediaciones la virtud al pueblo. Un movimiento moral. Desde su nacimiento, sus principales críticos, liberales y socialistas, desconfiaron del término. ¿A quién representa quien dice representar al pueblo?, se preguntaba Trotsky en 1908. A todos y a nadie. Es un pagaré en blanco para legitimar líderes carismáticos e instituciones arcaicas y porosas. Nunca sabremos cómo los narodniki habrían gobernado a Rusia. El Estado soviético acabaría por desmantelarlos violentamente.


En los años 30 y 40, el populismo cobró el carácter de una fuerza con capacidad de gobierno en varios países de América Latina. Getulio Vargas en Brasil y Perón en Argentina fijarían sus paradigmas ya clásicos. Después del ocaso del liberalismo en 1929, amplias coaliciones sociales encabezadas por líderes efectivamente carismáticos emprendieron la búsqueda de soluciones a una crisis que podría haber desembocado en revoluciones más radicales. Para ello ampliaron los espacios de acción del Estado, promovieron reformas sociales y fomentaron instituciones porosas y clientelares siempre para preservar la sociedad de mercado. (Sería un equívoco mayúsculo definir al cardenismo como un populismo. Cárdenas encabezó la institucionalización posible de un régimen que se debatía entre las necesidades y las necedades de los caudillos y edificó un tejido social que hasta la fecha garantiza nuestra precaria estabilidad.) Pero el corolario es inevitable: desde entonces en América Latina, cuando el liberalismo falla, el populismo entra al rescate de lo que destruyó el laissez faire.


Desde los años 90, la noción del populismo pasó a manos del otro bando. Lo usa la retórica que legitima a la desregulación, la venta en oferta de empresas públicas, los endeudamientos desquiciados y la prosodia de la educación privada para definir a sus enemigos. Es una parte constitutiva de la actual propaganda enemiga. Se empleó para desacreditar las reformas salariales emprendidas por Lula en Brasil. Para impugnar la política de recuperación de recursos naturales que impulsó Evo Morales en Bolivia. Para obligar al gobierno argentino a modificar su política de no aceptar más restructuraciones de la deuda. Y se emplea actualmente para someter a Venezuela a un estado de excepción económica. En México ha servido para estigmatizar a las fuerzas que en las últimas décadas han exigido, como Morena, tan sólo elecciones limpias. O que han impugnado reformas como la energética, cuyo destino final consistió en el patetismo de que la familia de Carlos Salinas de Gortari se apropiara de una parte de la riqueza petrolera (apoyada en créditos que provienen de los ahorros de los asalariados). Si a esto se le llama política de institucionalización, el populismo es un juego de niños.


En Europa los nuevos usos del concepto han alcanzado ya grados histriónicos. Ya sea Podemos o Syriza, que hoy se ha volteado contra Tsipras, fuerzas que luchan por la Europa de los derechos civiles y sociales, esa Europa que se opone a aceptar que su autoridad máxima sea una burocracia –el Eurogrupo– que no responde a ninguna ley prestablecida, a ningún principio del estado de derecho, son calificadas hoy bajo la ironía de populistas.


Es bastante claro. El término populismo no significa hoy nada, radicalmente nada, más que el aviso peligroso de que el sistema está a punto de actuar de manera irracional. Ya ha perdido todo sentido histórico o sociológico. Es una suerte de toque de ataque para agrupar el estigma de quienes intentan, así sea con leves reformas, desarticular los nudos gordianos del embalaje global. Es cuando el ladrón grita ahí va el ladrón para salir del trance.

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Viernes, 31 Julio 2015 07:22

El socialismo al estilo estadounidense

El socialismo al estilo estadounidense

Más de 450 comunidades ya tienen sistemas de Internet públicos, una quinta parte de los hospitales son actualmente de propiedad pública, unos 30 estados invierten fondos en empresas incipientes que tienen visos de ser viables. Crece el escepticismo sobre el capitalismo entre los jóvenes y las minorías, ¿veremos más iniciativas de este tipo en el futuro?

 

El gran economista conservador del siglo XX Joseph Schumpeter pensaba que la izquierda había subestimado la capacidad de persuasión de una de las mejores razones que pueden aducirse en favor del control público del capital productivo. "Uno de los argumentos más poderosos y difíciles de rebatir", sugirió, es que la propiedad pública produce beneficios, lo que significa que la captación de ingresos públicos no tiene que depender sólo de los impuestos.


El grueso de la izquierda de Estados Unidos nunca tomó como propio el argumento de Schumpeter. De un modo extraño y oportuno, en la actualidad hay un sector relevante de la política estadounidense que ha hecho suyo y repite el mantra en favor del control público del capital productivo a cambio de una rebaja de impuestos: los conservadores.


El de Alaska es el caso más conocido. El Alaska Permanent Fund, instituido por un gobernador republicano en 1976, combina no uno, sino dos principios socialistas: propiedad pública y provisión de una renta básica para todos los residentes. La recaudación y las inversiones del fondo proceden de la extracción de petróleo y minerales del estado. Los dividendos se abonan anualmente a todos los residentes.


Texas constituye otro ejemplo práctico de socialismo conservador. Hace casi 150 años, el Texas Permanent School Fund pasó a controlar aproximadamente la mitad de los derechos sobre las tierras y los minerales asociados del dominio público. Tras su cesión por parte del gobierno federal, en 1953 se añadieron los "suelos sumergidos" costeros. Cada año, los réditos del fondo se destinan a la educación; sólo en 2014 éste aportó 838,7 millones de dólares a las escuelas del estado. Otro fondo, el Permanent University Fund, valorado en 17.500 millones de dólares, posee más de 2 millones de acres de tierras y sus ganancias se destinan a apoyar la financiación del sistema universitario estatal.


En otros estados conservadores es frecuente la existencia de fondos socializados parecidos –a veces bajo el nombre de fondos patrimoniales soberanos–. El Permanent Wyoming Mineral Trust Fund, con un valor de mercado acumulado que supera los 7.000 millones de dólares en mineral de extracción, constituye una expresión directa de la doctrina de Schumpeter: la propiedad socializada ha permitido eliminar los impuestos sobre la renta en el estado.


Este "socialismo al estilo estadounidense" puede producir extrañas inversiones en las tomas de posición políticas de conservadores y liberales. La Tennessee Valley Authority (Tva) es una de las mayores empresas "socialistas" del país, pues se trata de una compañía de propiedad pública con ventas valoradas en 11.000 millones de dólares anuales, 9 millones de clientes y 11.260 empleados, que suministra electricidad y participa en la gestión de la cuenca del río Tennessee. En 2013 el presidente Obama propuso privatizar la Tva, pero los políticos republicanos locales, preocupados por las perspectivas de una subida de los precios para los consumidores y de una disminución de ingresos para sus estados, se opusieron con éxito a esa idea.


Aunque los modelos estatales de propiedad privada no han sido un objetivo prioritario por parte de la izquierda moderna, lo cierto es que algunos activistas políticos y sociales han empezado a hacer suya la idea de que puede ser deseable tomarse en serio la propiedad pública de activos y riquezas cuando ésta beneficia a las comunidades locales. En Boulder, Colorado, activistas que luchan contra el cambio climático han contribuido a dos victorias electorales importantes en la lucha por municipalizar los servicios de electricidad propiedad de Xcel Energy. Al estilo socialista, es habitual que las empresas de servicios de propiedad pública también reviertan una parte de sus beneficios a la ciudad o al condado, contribuyendo así a complementar los presupuestos locales y a aliviar la presión sobre los contribuyentes.


De hecho, hoy en Estados Unidos operan ya más de 2 mil empresas de servicios de electricidad de propiedad pública que, junto con otras cooperativas, suministran más del 25 por ciento de la electricidad del país.


En Nebraska, uno de los estados más conservadores, cada residente y negocio reciben electricidad suministrada por empresas de propiedad pública o por cooperativas. En parte por eso, los ciudadanos de Nebraska pagan una de las facturas más baratas de electricidad de todo el país.


La lista de ejemplos es mucho más extensa. Más de 450 comunidades han construido sistemas de Internet parcial o completamente públicos, algunos tras librar importantes batallas políticas. Aproximadamente una quinta parte de los hospitales son actualmente de propiedad pública. Muchas ciudades son propietarias de hoteles, incluida la de Dallas (que tuvo como adalid de este proyecto al anterior alcalde republicano Tom Leppert). Unos 30 estados invierten fondos públicos de forma directa en empresas incipientes que tienen visos de ser viables.


Además, en contra de la opinión comúnmente extendida, los estudios comparativos acerca de la eficiencia de las empresas públicas modernas muestran que en la mayor parte de los casos es prácticamente equivalente a la de las empresas privadas. (No son perfectas, claro: muchas de las agencias, corporaciones y consejos públicos que controlan esas empresas no rinden cuentas de forma exhaustiva ni son suficientemente transparentes en sus operaciones.)


Viendo cómo crece el escepticismo sobre el capitalismo entre los votantes jóvenes y las minorías, ¿veremos más iniciativas de este tipo en el futuro? Los péndulos oscilan, a veces de forma brusca, cuando los grandes tsunamis económicos golpean con fuerza. Puede que en la próxima gran crisis ambos bandos sean capaces de ponderar la sensatez de la idea de la propiedad pública y los beneficios prácticos que ésta conlleva, y que acaben sacando provecho de la reflexión de Joseph Schumpeter de un modo más audaz, si cabe, que en la actualidad. 


Por Gar Alperovitz, economista político e historiador. Es el creador de Democracy Collaborative, una fundación de desarrollo comunitario en la que Thomas M Hanna ejerce como director de investigación.
Tomado de Sinpermiso.

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Cuando el 62 por ciento se rinde al 1 por ciento

Terrorismo financiero, golpe de Estado, imposición colonial, vasallaje: no sólo desde la izquierda se calificó con esos adjetivos al "acuerdo" entre Grecia y la troika del domingo pasado. También lo hicieron medios de comunicación como el Financial Times y el Der Spiegel. ¿Tenía el gobierno de Alexis Tsipras otra opción que firmar un texto de esta naturaleza? ¿Qué consecuencias tendrá la "capitulación" griega sobre las nuevas izquierdas europeas? De estos temas se ocupa la siguiente cobertura de Brecha.

 

Luego de ganar un referéndum de forma abrumadora, el primer ministro Alexis Tsipras firmó un acuerdo humillante. Treinta y ocho de sus diputados no lo votaron, entre ellos el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, así como la presidenta del parlamento. Varios altos cargos renunciaron. Tsipras dice que no cree en el acuerdo que firmó, en el que tampoco creen Francia y el Fmi, porque no va a sacar a Grecia de la crisis y va a profundizar la pobreza.


Las preguntas se apilan. El corresponsal de Publico.es en Atenas Alberto Sicilia asegura (martes 14) que "Tsipras jugó fuerte en la negociación", pero que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, "vio el órdago y les abrió a los griegos la puerta para irse del euro". Ante el jaque alemán, "Tsipras no llevaba cartas", porque, según dijo,"una Grexit (salida del euro) no planificada habría sido terrible para las clases medias y bajas. Y no teníamos plan B porque siempre hemos querido el euro". Es posible que sea la explicación más aproximada de los motivos que llevaron al gobierno griego a firmar un acuerdo que el semanario alemán Der Spiegel (domingo 12), difícilmente calificable de izquierdista, definió como "un catálogo de atrocidades" que Tsipras "se vio obligado a firmar con una pistola en la sien". Lo mismo sostuvo incluso la biblia de las finanzas, el Financial Times, uno de cuyos editorialistas habló de "acuerdo versallesco" para graficar el grado de sumisión al que fue sometida Grecia, similar al armisticio firmado por Alemania al fin de la Primera Guerra Mundial.

Si fuera así, hay dos preguntas que necesitan ser respondidas. ¿No previó Tsipras que firmar significaba la división de su partido y la pérdida de legitimidad de su gobierno? ¿Cómo es posible que el Ejecutivo, luego de cinco meses de negociaciones en las cuales quedó clara la intransigencia alemana, no tuviera un plan B al de la troika?


Culpar a Alemania de lo sucedido, algo que toda la izquierda y parte del resto del espectro político está vociferando, aunque libera de frustraciones tiene escasa utilidad y, sobre todo, permite esconder durante un tiempo las propias inconsistencias. Porque de eso se trató en esta historia: de una fuerza política que llegó a dirimir instancias de gran trascendencia (geo)política sin la suficiente capacidad. O se pecó de ingenuidad o se fue completamente irresponsable. Quizá una combinación de ambas.


LO FIRMADO.


El domingo 12 el gobierno griego aceptó un documento de siete páginas que contiene tres partes. La primera son medidas para "restaurar la confianza" del eurogrupo (ministros de Finanzas de la UE) en Grecia, que se tenían que aprobar el miércoles 15. Incluyen el aumento del Iva, garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sistema de las pensiones mediante una reducción drástica de su monto, independencia de la oficina de estadística y controles a la evasión tributaria.


La segunda parte contiene propuestas que se deben implementar antes del 22 de julio. Se trata de reformar el Código Civil y adoptar las normas de la Unión Europea para rescatar bancos. Además, Grecia se compromete a establecer un calendario para el recorte de las pensiones con cláusula de déficit cero, la reforma del mercado interior para que sea "más competitivo" (liberalizando sectores como medicamentos, lácteos y panaderías, aperturas de tiendas en domingos, entre otros),

privatizaciones (energía, puertos, aeropuertos, empresa de telecomunicaciones), reforma del mercado laboral mediante la "revisión y modernización de la negociación colectiva y la acción sindical" facilitando los despidos, y finalmente una fuerte reforma del sistema financiero y bancario.


Pero es la tercera parte del acuerdo la que resulta más irritante. Para asegurar que se llevará a cabo el agresivo programa de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que garantizará el pago del nuevo préstamo. Con esas privatizaciones los líderes europeos esperan recaudar 50.000 millones de euros, de los cuales 25 mil millones se utilizarán para pagar la recapitalización bancaria, otros 12.500 millones para pagar la deuda y los 12.500 millones restantes serán utilizados para inversión en el país. En ese fondo estarán incluidos el sector energético, transportes y telecomunicaciones, cuyas empresas serán muy probablemente adquiridas, y a muy buen precio para los compradores, por trasnacionales provenientes de los países acreedores.


Además, el gobierno griego deberá consultar con la troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento y se compromete a retirar o enmendar toda la legislación introducida a partir del 20 de febrero que fuera contraria al anterior acuerdo, como la reapertura de la tevé estatal y la recontratación de funcionarios públicos despedidos por gobiernos anteriores.


Si se aprueban todas estas reformas, consideradas como "requisitos mínimos", recién ahí la troika comenzaría a discutir el tercer "rescate" de 82.000 millones de euros durante tres años.


En el último párrafo del documento figura la propuesta del ministro alemán de sacar a Grecia del euro. "Si no se llega a ningún acuerdo se ofrecerá a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona euro, con una posible reestructuración de la deuda" (Der Spiegel, 12-VII-15).


El ministro griego de Defensa, Panos Kamenos, aseguró que se produjo un intento de derrocar a Tsipras. "Fue amenazado con el colapso de los bancos y el recorte completo de los depósitos" (Russia Today, 14-VII-15).


EL DESPUÉS.


En los hechos, se trata de una completa cesión de soberanía que permite que los acreedores aprueben leyes clave antes de llevarlas a consulta pública o al parlamento. Tsipras debía saber que este acuerdo tendría graves consecuencias.


La primera es la fractura de su partido y, en menor medida, de su gobierno. La mayoría absoluta del comité central de Syriza (109 en 201) rechazó el acuerdo y difundió un texto muy duro: "El 12 de julio se produjo en Bruselas un golpe de Estado que demostró que el objetivo del liderazgo europeo es la aniquilación para dar ejemplo de un pueblo que buscaba otro camino a seguir más allá del modelo neoliberal de austeridad extrema". Algunos altos cargos del gobierno presentaron renuncia.


En el parlamento las cosas tampoco marcharon bien. Ganó el acuerdo con 219 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones. El Ejecutivo recibió el apoyo de la oposición de derecha, en particular de Nueva Democracia, del ex primer ministro Antonis Samarás, y de los socialistas. Un número para nada despreciable de 38 diputados de Syriza se desmarcaron del gobierno. Por lo tanto, en adelante Tsipras puede tener que gobernar con el apoyo de sus adversarios en un eventual gobierno de coalición, sobre todo para aprobar el resto del paquete impuesto por Bruselas.


Una parte importante de la sociedad, incluyendo destacadas voces de su partido, le mostraron a Tsipras que sí había alternativas. Por un lado, las varias que elaboraron sus ministros y que el primer ministro desechó. Varoufakis, por ejemplo, propuso un plan ante la eventualidad del cierre de los bancos griegos por la troika: "Deberíamos haber puesto en circulación nuestros propios pagarés, anunciar que íbamos a crear nuestra propia liquidez denominada en euros; deberíamos haber tomado el control del Banco de Grecia" (Eldiario.es, 13-VII-15).


Por otro lado, Tsipras ni siquiera se prestó a debatir seriamente la alternativa de salir del euro. No alcanzaba con decir que sería peor, tenía que abrir un debate real sobre las consecuencias y los modos posibles para enfrentarla, le reclamó la mayoría de la dirección de su partido.


No hubiera sido fácil, claro, una Grexit. Según la economista estadounidense Carmen Reinhart, ex funcionaria del Fmi y especialista en las "crisis de deuda", la salida de una unión monetaria no es tan común como la salida de políticas monetarias de cambio fijo. Desde 1982 hubo cinco casos: Argentina en 2002 y en 1989, Perú en 1985, Bolivia en 1982 y México en 1982, en los que las economías estaban dolarizadas y convirtieron de forma forzosa los depósitos en dólares a la moneda local.


Si Grecia saliera del euro, asegura Reinhart, el resultado sería similar. Los depósitos se convertirían en dracmas (u otra moneda) sufriendo una drástica devaluación. "Se colapsaría la confianza en el sistema y habría un dramático aumento de las deudas privadas y públicas. El sector privado haría un impago de su deuda y la mitad de los créditos del país no serían pagados, y si se incluyen las tarjetas de crédito sería incluso mayor. Los ciudadanos dejarían de pagar impuestos y habría una acumulación de euros u otras monedas" (Bloomberg, 9-VII-15). Las consecuencias serían muy duras. "Si se produce la salida del euro, y sigue la conversión forzada de los depósitos, el retroceso de la economía de Grecia es probable que sea de larga duración."


Al parecer, incluso los griegos opuestos al acuerdo firmado por Tsipras eluden la salida del euro. Varoufakis señala que el caso argentino es bien diferente al griego en tres aspectos. Tras el default, el Pbi argentino creció desde 2003 a 2008 a un promedio del 8 por ciento anual, impulsado por las exportaciones de soja. Pero "los griegos no disponen ni de soja ni de ningún producto agrícola que se pudiera exportar en semejante escala". Además, si Grecia saliera del euro "tardaría meses en introducir una nueva moneda y un régimen cambiario". Por último, "el impacto que les generó Argentina a sus socios comerciales al salir de la convertibilidad no fue significativo mientras que Grecia, al salir del euro, perdería subsidios a la agricultura, fondos para el desarrollo y en general la cooperación económica con otros países europeos empeoraría" (Russia Today, 14-VII-15).


Llegados a este punto, sólo cabía resignar la soberanía o apostar por la dignidad nacional, ya que el retroceso económico está garantizado en cualquier caso. Es cierto que la presión de casi tres semanas de corralito debe sentirse con fuerza en una sociedad ya empobrecida. Conviene recordar, no obstante, que no es fácil echar a un país del euro y que aun estando fuera de la eurozona se puede utilizar el euro, según lo recuerda el belga Eric Toussaint, presidente del comité de auditoría de la deuda griega (véase entrevista en página 6).


Legalmente Grecia no puede ser expulsada de la zona euro ni por las instituciones europeas ni por un grupo de países. Puede incluso salir de la UE y seguir utilizando la moneda, aunque ya no emitirla. Sería un caso similar a los de Panamá y Ecuador, que usan el dólar, o de Montenegro y Kosovo, que usan el euro.


Sin embargo, ahora Grecia tampoco tiene soberanía completa sobre el euro, como sí la tienen los demás países de la Unión. Los bancos centrales de cada país sólo pueden emitir la cantidad de euros que les permite el Banco Central Europeo. El Banco Central griego tiene congelada la cantidad de euros que puede emitir, y el Bce no está dando liquidez a los bancos griegos porque está en desacuerdo con la política fiscal del gobierno (Forbes, 3-VII-15).


FIN DE ÉPOCA.


Buena cantidad de analistas, incluido el gobierno alemán, o en todo caso su ministro de Finanzas, estiman que la salida de Grecia del euro es sólo cuestión de tiempo. Es una decisión política, no económica, dicen. Y ya fue tomada tiempo atrás. El 4 de febrero, apenas nueve días después de que Tsipras asumiera como primer ministro y se plantara firme ante sus acreedores, el Bce le cortó los grifos,"ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate" (El País, 4-II-15).


Antes de llegar a esa situación, que motivó titulares como "El Bce pone a Grecia contra las cuerdas", el entonces flamante primer ministro emprendió una gira europea para cosechar apoyos. Luego de reunirse con los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del Parlamento, Martin Schulz, "se llevó de las tres instituciones un sabor amargo, y sobre todo un tono duro acerca de sus posibilidades en la negociación que ya ha empezado sobre el futuro de Grecia". Varoufakis llegó a contar en estos días que desde su primera reunión con "las instituciones", en particular con su par alemán, tuvo claro que los "socios" querían a la díscola Grecia fuera.


Eso sucedió hace cinco meses. Durante 150 días se estuvo negociando el rescate, sin el menor resultado. ¿Pensaba Tsipras que el 62 por ciento de apoyo al No en el referendo podía ablandar al sistema financiero? Todas las propuestas que hizo a la troika el primer ministro fueron recibidas con absoluta indiferencia. Peor: a cada concesión de Atenas llovían nuevas exigencias. Pero Tsipras no cambió de línea. Incluso Varoufakis participaba de la ilusión de convencer a sus interlocutores. Hasta que se convenció de lo contrario. "Desafortunadamente las instituciones y nuestros socios europeos han perdido la oportunidad que brindamos: mirar las negociaciones como una deliberación entre socios. Lo convirtieron en una guerra contra nosotros" (Der Tagesspiegel, 9-VI-15).


Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la "Europa de los pueblos" fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas. De ahora en adelante les costará mucho volver a convencer de que representan el cambio.

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Trabajo, techo y tierra. ¡No se achiquen!

Francisco no deja de sorprender a propios y ajenos. El Papa se pronuncia frente a la injusticia en el mundo, toma posición y convoca a la lucha. En Brasil en 2013 construyó una frase ("Hagan lío") hoy convertida en eslogan para muchos católicos y para quienes, sin serlo, comprenden el sentido del mensaje. Ahora, en su primera gira latinoamericana, Francisco pidió que "¡no se achiquen!" ante la magnitud de la tarea que tienen quienes luchan por el cambio de las estructuras injustas. A los representantes de movimientos sociales de todo el mundo les dijo que "ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho (...) en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales". Los alentó a organizarse porque "me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos". Los invitó a la "participación protagónica" y a "promover alternativas creativas", en la búsqueda cotidiana de las "tres T... trabajo, techo y tierra". Todo ante un auditorio muy diverso y sin mayoría católica. Fue casi una arenga en una gira que tuvo un fuerte tono político.


Dada la densidad conceptual, política y doctrinaria de muchos de los discursos pronunciados por Francisco durante su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay resulta difícil hacer una síntesis que exprese realmente todo lo dicho. Quien escribe lo intentará, pero no sin dejar abierta la invitación a los lectores para que repasen en forma íntegra los textos papales. Vale la pena. Varios de ellos incluyen perspectivas que hasta no hace mucho tiempo eran impensadas en boca de la máxima autoridad de la Iglesia Católica mundial. Del mismo modo que apenas tres o cuatro años atrás tampoco habría sido posible imaginar estos mismos dichos en palabras del entonces cardenal Jorge Bergoglio. Pero estas especulaciones han perdido relevancia ante la contundencia de los hechos y los gestos papales y de lo que ello significa como aporte a la búsqueda de una sociedad más justa a nivel planetario. Una lúcida reflexión en un sentido análogo escribió Atilio Boron ayer en estas mismas páginas.
De "locatario": con los pies en su tierra


Lo dicho y hecho por el Papa en estos días no rompe con la línea de su magisterio anterior, pero la refuerza en lo conceptual y lo simbólico. Alguien podría decir con mucha razón que Jorge Bergoglio eligió su primera gira latinoamericana para profundizar el posicionamiento político-ideológico-cultural-evangélico con el que viene sorprendiendo a la sociedad casi desde el mismo día en que asumió como máxima autoridad de la Iglesia Católica el 13 de marzo de 2013.


Ecuador, Bolivia y Paraguay se cuentan entre los países más pobres de la región. En ese contexto eligió hablar el Papa. También con el marco de la iglesia latinoamericana que le sirve de inspiración y que lo catapultó hacia el papado especialmente después de su participación muy protagónica en la Conferencia General de los Obispos Latinoamericanos en Aparecida (Brasil) en el 2007. Francisco suele definirse a sí mismo como "el Papa que vino desde el Sur".


Actuando de "locatario" Bergoglio se sintió en mejores condiciones de decir y afirmar lo que ya había sostenido, en un tono más doctrinal, en sus dos encíclicas Evangelii gaudium de 2013 y Laudato si de 2015. Aunque los conceptos son similares son pocos los que acceden a los documentos pontificios. Otra cosa es decir lo mismo y en lenguaje menos complejo ante centenares de miles de personas y en medio de un baño de fervor popular. También porque se hace más difícil ocultar tales definiciones por parte de quienes, desde la política o desde los medios, dicen venerar al Papa pero hacen lo imposible cada día más por desconocer sus denuncias ante las injusticias crecientes de la sociedad que "excluye" y "descarta".


Fenómeno de silenciamiento que ocurre tanto afuera como adentro de la Iglesia. Muchos de los dirigentes políticos y sociales que se "entusiasmaron" hace poco más de dos años con el nombramiento de Bergoglio como Papa hoy admiten estar "desconcertados" cuando no "decepcionados". Esperaban un Bergoglio "opositor" que desde Roma "pondría en caja" a Cristina Fernández y al gobierno criticando sus decisiones políticas y económicas. Como no sucedió escogieron hablar de la "utilización del Papa" por parte del gobierno. Algo similar ocurrió en Ecuador y Bolivia. La oposición esperaba diatribas de Bergoglio hacia Correa y Francisco le agradeció al presidente ecuatoriano "su consonancia con mi pensamiento". Y le devolvió la gentileza "con mis mejores deseos para que pueda lograr lo que quiere para el bien de su pueblo". Ante Evo, que no tiene una buena relación con la Iglesia Católica local, Bergoglio reconoció que "Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política del país" y "cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones sensibles a estas realidades".


Y más allá de los países visitados, amplió su referencia para señalar que en estos últimos años, "los gobiernos de la región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país, la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros padres de antaño, llaman la Patria Grande". Las palabras son elocuentes... aun para quienes están empecinados en no entender.


Pero como entre últimos, por distraídos o por molestos, también están parte de los católicos y de los propios obispos, el Papa dijo en otro momento que "la Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso (de cambio) en el anuncio del Evangelio".
Cambio de estructuras


En el discurso de mayor contenido político, escrito de puño y letra y leído para evitar cualquier imprecisión, Bergoglio comenzó diciendo ante los movimientos sociales en Santa Cruz que "empecemos reconociendo que necesitamos un cambio". Y para evitar la manipulación del término se apresuró que señalar: "quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general, también de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo".


Y siguió esgrimiendo argumentos que bien podrían estar en la plataforma de muchos partidos de izquierda de la región. "Insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos... Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra, como decía san Francisco". Ese cambio, dijo Bergoglio, tiene que atender a nuestra realidad más cercana ("el pago chico") pero tiene que ser un cambio que también "toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales". Y agregó que "cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y madre tierra". Hablando en la catedral de La Paz ya había sentenciado que "si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad".


No solo fueron pronunciamientos teóricos. Bergoglio también fijó rumbos. "La primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos. Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la madre tierra."


Y siguió. "La segunda tarea es unir nuestros pueblos en el camino de la paz y la justicia. Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. (...) Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia." Por eso exhortó: "Digamos NO, entonces, a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SI al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz".


Y para cerrar, la "tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la madre tierra. La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente".


Por eso "es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los pueblos y organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente" porque "no hacerlo es un pecado grave".
En medio de todos estos pronunciamientos hubo espacio para criticar "la concentración monopólica de los medios de comunicación social", para decir que "el destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia" porque "es una realidad anterior a la propiedad privada", para reconocer que "se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios" y pedir "humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América", para recordar en Bolivia al jesuita Luis Espinal asesinado en 1980 por la dictadura de García Meza y para reconocer, en Paraguay, a las Madres de Plaza de Mayo. Tampoco desaprovechó la oportunidad para afirmar que "la Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en Latinoamérica. Identidad que, tanto aquí como en otros países, algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe de- safía la tiranía del ídolo dinero".

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La izquierda latinoamericana se mueve a la derecha

En más o menos los últimos 15 años hemos visto la ocurrencia de un importante viraje en la orientación política de América Latina. En un gran número de países los partidos de izquierda llegaron al poder. Sus programas han enfatizado la redistribución de los recursos para auxiliar a los segmentos más pobres de la población. Han buscado también crear y fortalecer aquellas estructuras regionales que incluyeran a todos los países de América Latina y el Caribe, pero excluyendo a Estados Unidos y Canadá.


De inicio, estos partidos tuvieron el logro de reunir a múltiples grupos y movimientos que buscaban apartarse de los partidos tradicionales orientados a la política de derecha y a los vínculos cercanos con Estados Unidos. Buscaron probar, como afirma el lema del Foro Social Mundial, que otro mundo es posible.


Los iniciales entusiasmos colectivos comenzaron a desvanecerse en múltiples frentes. Elementos de la clase media comenzaron a sentirse más y más perturbados no sólo por la rampante corrupción en los gobiernos de izquierda, sino también por los modos más y más ásperos en que estos gobiernos tratan a las fuerzas de oposición. Este viraje a la derecha de algunos simpatizantes iniciales de un cambio de izquierda es normal, en el sentido de que es común que esto ocurra en todas partes.


No obstante, estos países enfrentan un problema mucho más importante. Hay, y siempre ha habido, esencialmente dos izquierdas latinoamericanas, no una. De ellas, una está compuesta por aquellas personas y aquellos movimientos que desean remontar los más bajos estándares de vida en los países del Sur, utilizando el poder del Estado para modernizar la economía y, por tanto, ponerse al corriente respecto de los países del Norte.


La segunda, bastante diferente, está compuesta por aquellas clases más bajas que temen esa modernización, que no mejorará las cosas sino que las pondrá peor, al incrementar las brechas internas entre los más acomodados y los estratos más bajos del país.


En América Latina, este último grupo incluye las poblaciones indígenas, es decir, aquellas cuya presencia data de antes de que varias potencias europeas enviaran sus tropas y sus colonos al hemisferio occidental. También incluye a las poblaciones afrodescendientes, es decir, a quienes fueron traídos de África como esclavos por los europeos.


Estos grupos comenzaron a hablar de promover un cambio civilizatorio basado en el buen vivir. Estos segmentos sociales arguyen en favor del mantenimiento de modos tradicionales de vida controlados por las poblaciones locales.
Estas dos visiones –la de la izquierda modernizante y la de quienes proponen el buen vivir– pronto comenzaron a chocar, a chocar seriamente. Así, si en las primeras elecciones que ganó la izquierda las fuerzas de izquierda contaron con el respaldo de los movimientos de las capas empobrecidas, eso ya no fue cierto en las subsecuentes elecciones. ¡Muy por el contrario! Conforme transcurrió el tiempo, los dos grupos hablaron más y más acremente y dejaron de comprometerse unos con otros.


El resultado neto de esta partición es que ambos grupos –los partidos de izquierda y las clases más bajas– se movieron a la derecha. Los representantes de las clases más bajas se vieron aliados de facto con las fuerzas derechistas. Su demanda central comenzó a ser el derrocamiento de los partidos de izquierda, sobre todo del líder. Esto fue algo que podría haber resultado, con toda claridad, en el advenimiento al poder de gobiernos derechistas que no están más interesados en el buen vivir que los partidos de izquierda.


Entretanto, los partidos de izquierda promovieron políticas desarrollistas que ignoraron en grado significativo los efectos ecológicos negativos de sus programas. En la práctica, sus programas agrícolas comenzaron a eliminar a los pequeños productores agrícolas, que habían sido la base del consumo interno, en favor de las estructuras megacorporativas. Sus programas comenzaron a semejar, de muchas maneras, los programas de los previos gobiernos de derecha.


En resumen, el progreso de la izquierda latinoamericana, tan notable en años recientes, se está desbaratando por la amarga lucha emprendida entre las dos izquierdas latinoamericanas. Aquellas personas y grupos que han intentado alentar un diálogo significativo entre las dos izquierdas han constatado que no son bienvenidos por ninguno de los dos bandos. Es como si ambos lados dijeran, están con nosotros o están contra nosotros, pero no hay camino intermedio. Es muy tarde, pero tal vez no sea demasiado tarde para que ambas partes revaloren la situación y rescaten de la destrucción a la izquierda latinoamericana.
Traducción: Ramón Vera Herrera


© Immanuel Wallerstein

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"Yo no voy a caer, no caeré, no me atemorizan"

Llamemos a las cosas por su nombre, dijo ayer Dilma y habló extensamente, por primera vez, del golpismo al que prometió enfrentar "con uñas y dientes". Fue en una entrevista publicada el martes de una semana política iniciada tempranamente el domingo durante la convención en la cual el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) oficializó su opción programática por la destitución del gobierno elegido en el ballottage del 26 de octubre del año pasado. Aécio Neves, vencido por Dilma en esos comicios, y el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso coincidieron, a pesar de diferencias parciales, en la estrategia del golpe institucional, comparable con el que acabó con el mandato del presidente paraguayo Fernando Lugo. Detalle: el PSDB justificó en 2012 la caída de Lugo y 3 años antes la de Manuel Zelaya en Honduras.


"Yo no voy a caer, no caeré...no esperen que me ponga nerviosa, no me atemorizan" con la prédica a favor del impeachment (juicio político) reivindicada por "una cierta oposición un tanto golpista. ¿Por qué yo no voy a terminar el mandato? Para derribar a un presidente se necesita explicar el por qué", sentenció Dilma en el reportaje donde también habló de las campañas sucias sembradas en las redes sociales.


"El otro día postearon que yo había intentado suicidarme, que estaba traumatizadísima. No apuesten a eso. Yo viví algo cien mil veces peor cuando fui presa y torturada (durante la dictadura). Si no quise suicidarme cuando querían matarme, ¿por que habría de hacerlo ahora?...Decir eso es absolutamente desproporcionado, eso no va conmigo....No quieran comparar a la actual disputa política con la tortura. Esto es parte de una lucha para construir (un modelo) de país."


Durante la extensa entrevista concedida a Folha de S. Paulo Dilma abordó cada uno de los engranajes del golpe en gestación. Se refirió incluso a la pata judicial, encarnada en un juez de provincia evidentemente aliado a la oposición, quien sustancia de forma parcial el proceso de corrupción en Petrobras.


En el contenido y la forma de las respuestas de Dilma se advierte la decisión política de irle al toro: o se aplasta a la conspiración o será difícil que este cuarto gobierno del PT concluya su mandato el 31 de diciembre de 2018.


Desde las tiendas petistas hubo apoyo a las respuestas de Dilma. "La presidenta hizo lo correcto porque la situación es grave, ella finalmente apareció después de mucho tiempo, volvió a ser la Dilma del corazón valiente (lema de la campaña electoral) dispuesta a dar la pelea" la respaldó ayer Lindbergh Farias.


El senador carioca Farias impulsa, junto a sectores del PT, la formación de un frente amplio con partidos de izquierda y movimientos sociales para contener la avanzada destituyente.


El golpe de Freud


En la oposición conviven grupos disímiles que van desde neoliberales representativos de las clases medias y altas, como Aécio Neves, hasta evangélicos con base electoral en las favelas donde predican la identificación de Dilma con la homosexualidad y lucifer. De momento, el socialdemócrata liberal Neves; el evangélico Eduardo Cunha, jefe de Diputados, y el titular del Senado, Renán Calheiros, suman fuerzas para tornar inviable al gobierno y generar las condiciones del impeachment.
Más allá del poder de fuego de esos dirigentes, a los que se suma el socialdemócrata José Serra, lo cierto es que entre ellos hay disputas fratricidas y plazos diferentes.


Serra sigue anhelando ser presidente, luego de dos derrotas ante el PT en 2002 y 2010, pero desconfía de una salida inmediata y prefiere "hacer sangrar" lentamente a Dilma y al partido gobernante.


Los plazos de Serra son distintos a los de su enemigo y correligionario Neves, comprometido con el "impeachment ya" que le permitiría competir en imaginadas elecciones anticipadas. El ímpetu de Neves por llegar al Planalto suele traicionarlo, como ocurrió esta semana cuando en un acto fallido dijo que la "convención del PSDB me reeligió este domingo como presidente de la república". En realidad fue reelegido como jefe del PSDB y como tal ya convocó a una nueva marcha golpista, que espera sea tan concurrida como las de marzo y abril pasados, para el próximo 16 de agosto.


Durante la tarde de ayer la entrevista de Dilma fue motivo de polémicas en el Congreso donde petistas y socialdemócratas cruzaron lanzas. "Lo que está haciendo el PSDB en complicidad con la prensa, que se autodenomina como partido político, es criminalizar al PT y al gobierno. Eso se llama golpe", gritó en el recinto el senador Humberto Costa, jefe del bloque oficialista donde se percibía un espíritu de lucha renovado.


Mientras tanto, importantes dirigentes del PT realizaban en Brasilia un encuentro con el PC Chino en el que se debatía la importancia de construir un mundo multipolar y Dilma volaba hacia Rusia donde hoy se inician las deliberaciones de la VII Cumbre de Presidentes del Grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).


La realización de la gira europea, que incluye una escala en Italia, es una demostración de que pese a las bravatas opositoras al gobierno le resta bastante sustentabilidad política: si la crisis fuera tan grave, o terminal, como se la describe en los medios la presidenta no podría ausentarse del país hasta el domingo.


En la ciudad rusa de Ufá, Junto a Vladimir Putin y Xi Jinping, Dilma ajustará los últimos acuerdos para poner en funcionamiento el Nuevo Banco de Desarrollo lanzado durante la VI Cumbre realizada hace un año en Fortaleza, nordeste brasileño.

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