Domingo, 11 Septiembre 2022 05:53

EU contra Assange: diluvio de maldad

EU contra Assange: diluvio de maldad

Pocas veces un imperio ha mostrado tanta crueldad y determinación para destruir a un solo hombre como Estados Unidos en su cruzada para silenciar a Julian Assange, el activista que puso al descubierto las violaciones a los derechos humanos y la permanente transgresión de la legalidad internacional en el comportamiento de Washington en el resto del mundo.

Entrevistados por La Jornada durante su visita a nuestro país, John y Gabriel Shipton, padre y medio hermano del fundador de WikiLeaks, relatan el trato inhumano contra Julian en una prisión de máxima seguridad de Reino Unido, donde enfrenta el ya casi consumado intento de la superpotencia de extraditarlo para procesarlo bajo la ley de espionaje de 1917, con la cual se le podría condenar a 175 años de prisión por hacer lo que hace todo periodista: dar a conocer al público información que los poderosos desean mantener oculta. Por eso, su padre es perentorio: la lucha de Assange es la lucha por la libertad, "si cae Julian, cae el periodismo".

En un tono mucho más diplomático, el mes pasado la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió que la extradición y el enjuiciamiento de Assange pueden tener un "efecto amedrentador" sobre "el periodismo de investigación y los lanzadores de alertas".

John y Gabriel detallan cómo en la prisión de Belmarsh, conocida como el Guantánamo inglés, las autoridades británicas "le han quitado su capacidad de comunicarse, expresar sus ideas, de ver y hablar con sus semejantes, de argumentar en defensa propia". Además de confinarlo en una pequeña celda durante 23 horas del día y reducir al mínimo cualquier contacto con el mundo exterior, desde el año pasado se le impide asistir a sus propias audiencias, con lo que "no sólo silencian su voz, sino que lo hacen invisible".

De manera execrable, esta campaña para desaparecer a Assange del ojo público y suplantar la verdad con el discurso de sus perseguidores ha contado con la complicidad de los grandes medios corporativos, incluso aquellos que se beneficiaron de la información divulgada por WikiLeaks. Por ello, John cita a un periodista escocés que describió el proceso contra Assange como un "diluvio de maldad".

Tras presentar el documental Ithaka, producido por Gabriel, en el cual se retrata la lucha de John por la libertad de su hijo, muestran una tenue esperanza por la concientización en torno a la importancia del caso Assange para la democracia y la libertad de expresión: desde la opinión pública hasta los legisladores, poco a poco se cae en la cuenta de las implicaciones de usar el espantajo del "espionaje" como arma contra quien denuncia crímenes de guerra y corrupción.

Pese a que hoy todo parece en contra de Julian, cabe desear que la solidaridad de los muchos tarde o temprano triunfe sobre la sed de venganza de Washington.

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Dilia Contreras y Leiner Montero eran reconocidos por su labor en el departamento de Magdalena

Se desconoce por el momento si los hechos tienen que ver con la cobertura de los trabajadores de prensa ni quién está detrás de estos crímenes, aunque en la zona hay presencia de varios grupos criminales como el Clan del Golfo.

Los periodistas Dilia Contreras y Leiner Montero fueron asesinados a tiros en la madrugada del domingo en el departamento de Magdalena, en el norte de Colombia, en un incidente que aún se encuentra bajo investigación. Montero y Contreras volvían de cubrir las fiestas patronales de la localidad de Santa Rosa de Lima, en el municipio de Fundación. Luego de abandonar la fiesta fueron interceptados por dos sujetos en moto que les dispararon en repetidas ocasiones.

El alcalde de Fundación, Carlos Sierra, confirmó que los comunicadores se encontraban en los festejos y que el hecho se encontraba en proceso de investigación. "Hemos convocado a un consejo extraordinario de seguridad para conocer la información que ha recogido la policía", indicó Sierra según la radio colombiana Caracol y aseguró que aparentemente Montero había tenido una discusión en la fiesta, aunque aclaró que esperaba la confirmación de las autoridades.

Montero, quien iba conduciendo el auto, y Contreras, que iba de copiloto, fallecieron inmediatamente a raíz de las heridas mortales que le causaron los proyectiles que les propinaron dos personas a bordo de una moto. Ambos periodistas eran reconocidos en el departamento de Magdalena: Montero era director y propietario de la emisora y portal Sol Digital Stereo, y Contreras trabajó en varios medios de comunicación de Santa Marta y Bogotá.

Los medios locales informaron que en el hecho también resultó herido Joaquín Gutiérrez, quien iba en la parte de atrás del vehículo y se recupera de las heridas en el hospital de Fundación. El comandante de la policía de Magdalena, Andrés Serna, dijo que no descartaba que se hubiera tratado de un robo a los comunicadores sociales. "El testimonio del tercer ocupante será trascendental para tener una hipótesis clara de los hechos y poder identificar a los autores", puntualizó.

Se desconoce por el momento si los hechos tienen que ver con la labor de los periodistas ni quién está detrás de estos asesinatos, aunque en la zona hay presencia de varios grupos criminales como el Clan del Golfo y otros grupos dedicados al narcotráfico como Los Pachenca o la Oficina Caribe. "Es urgente que la policía y la Fiscalía investiguen y tengan en cuenta el trabajo de reportería que estaban haciendo", exigió la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip).

Se trata del primer asesinato de periodistas que ocurre este 2022 en Colombia. El último, según la Flip, fue el de Marcos Efraín Montalvo el 19 de septiembre de 2021, el único de ese año que ocurrió en el Valle del Cauca, al sudoeste del país. Según la fundación, desde octubre de 1938 con el caso de Eudoro Galarza Ossa, en Colombia fueron asesinados 162 periodistas por razones de oficio.

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Periodistas armados, periodistas descuartizados

1. Cuando después del asesinato de Shireen Abu Akleh, periodista palestino-estadunidense de Al Jazeera baleada por un francotirador israelí (bit.ly/3ajlbeJ) el vocero del ejército (IDF) salió a decir –incluso antes de que empezara todo el festival de negaciones, mentiras y fake news reproducido por los medios internacionales– que las IDF consideran a los periodistas palestinos "blancos legítimos" (sic) ya que "en los territorios ocupados andan armados de cámaras" (sic), parecía que la realidad de la brutal ocupación israelí de Palestina jamás superaría cualquier ficción (nyti.ms/3n4Gfbw).

Y cuando el martes pasado un periodista israelí, fotógrafo de Yedioth Ahronoth, uno de los principales periódicos de Israel, sacó una verdadera arma –no su cámara– y baleó en un ilegal asentamiento israelí a un atacante palestino que venía "armado" con un desarmador, hiriéndolo, las cosas se volvieron aún más raras (o más "normales", dentro de lo que es la ocupación).

De hecho, fue la segunda vez que este comunicador hacía lo mismo: hace seis años de igual modo "neutralizó" a otro atacante palestino. Al parecer algunos periodistas sí andan armados por allí, pero éstos no son estigmatizados ni criminalizados –mediante las acusaciones de portar armas imaginarias– a fin de deshumanizarlos y justificar sus muertes. Al final, portan armas reales y ellos deciden si infligen la muerte.

De hecho, pronto, después del asesinato de Abu Akleh, la prensa israelí –e internacional, reproduciendo otra vez los "puntos de discusión" y la propaganda israelí ( hasbara)–, trató de justificar, ¡ejem!, "contextualizar", su muerte con el argumento de que fue de Jenin, donde ella se hallaba cubriendo una "redada antiterrorista", de donde vinieron varios de los atacantes palestinos en la última ola de ataques con cuchillos en Israel (bit.ly/3RTif9F). Es decir, "algo pasaba allí", por eso ella "murió". Bueno, claro que pasaba algo: desde principios del año las fuerzas israelíes asesinaron en Jenin a otros 25 palestinos, todos, desde luego, "terroristas armados" (algunos, aparentemente, incluso de cámaras).

No hace falta imaginación (bit.ly/3yNOtvi) para pensar en la diferencia de cómo habría sido la reacción si en los territorios ocupados, en Israel propio o en algún asentamiento ilegal, hubiera sido baleada una periodista israelí (o, por otro lado, si una comunicadora palestina portaría y/o usaría un arma, incluso en defensa legítima).

Ahora tampoco hace falta imaginarse cómo sería el trato a un periodista (israelí) que porta una verdadera arma y la usa en la calle en contra de un terrorista "armado" de un desarmador (sic): felicitaciones y cita con el primer ministro (bit.ly/3oiVa2n).

  1. Estoy de acuerdo en que "hay que darle chance a Biden" ( cut him some slack). Pero no porque "los presidentes tienen que tratar con tiranos" (wapo.st/3b01xVq), sino porque –dadas sus últimas meteduras de pata que a menudo quedan relegadas por sus colaboradores a "gajes de su edad" (sic)–, su memoria ya le puede estar fallando.

Tal vez ya no se acuerda de que durante la campaña, con la boca llena de cuentos sobre "libertad de la palabra" y "defensa del periodismo y de los periodistas en el mundo" prometió hacer de Arabia Saudita, tras el “ affaire Khashoggi” (bit.ly/2SB24OR), un columnista del Washin­gton Post –y residente permanente estadunidense– asesinado por órdenes del príncipe bin Salmán, "un Estado-paria" (bit.ly/3v6NgND).

El mismo bin Salmán – "Mr. Bone Saw"− con quien Biden, durante su reciente visita a este país, acaba de chocar los puños: ¡ bump! (¡qué chulo!).

Jamal Khashoggi, el crítico de la casa real, fue secuestrado en 2018 por los agentes del príncipe heredero, partes de un escuadrón de muerte especializado en "neutralizar" a los oponentes ( Tiger Squad), torturado, descuartizado y disuelto en ácido en el consulado saudita en Estambul.

Pues por allí también se fueron los ideales de la "libertad de prensa" pregonados desde Washington: por la alcantarilla, junto con los restos de Khashoggi.

Los sauditas, de hecho −mintiendo igual que los israelíes en el caso de Abu Akleh− al principio trataron de culpar a la víctima por su propia muerte, asegurando que el periodista venía armado de puños (sic) y "murió en una pelea que él mismo inició con agentes de seguridad" (sic).

No es que uno se extrañe que las críticas de pisotear la libertad de la palabra siempre aplican a los países enemigos (China, Rusia et al.), pero no a los regímenes mata-periodistas –sea con balas o con sierras para huesos− que se inscriben en la agenda imperial estadunidense. Los sauditas y los israelíes, en cuyo acercamiento Washington está trabajando desde hace años ( Abraham Accords) −dicho sea de paso, la "normalización" entre Tel Aviv y Riad deja abandonados a los palestinos, perpetuando la ocupación israelí− son un perfecto ejemplo (wapo.st/3aUxdeR).

Por supuesto, la realpolitik (bit.ly/3v5hWys): la guerra en Ucrania, los precios del petróleo, la inflación, la venta de armas, la "amenaza iraní". Biden, en Arabia Saudita, ni siquiera mencionó el nombre de Khashoggi (curiosamente la semana anterior habló de Abu Akleh, pero estando en territorios palestinos, no cuando estaba en Israel (bit.ly/3Pp5jGK).

En fin, no olvidemos la envidia. Muchos en Washington, si sólo pudieran, le habrían hecho lo mismo −lo que bin Salmán le hizo a Khashoggi− a Julian Assange por haber filtrado sus crímenes de guerra. En vez de esto −de descuartizarlo− desde hace años le aplican lingchi: la muerte por mil cortes.

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Imagen: EFE

A la espera que el Reino Unido decida la extradición de Julian Assange

El ingeniero y exempleado de la CIA Joshua Schulte fue declarado culpable por un jurado popular en Estados Unidos por encontrarlo culpable de compilar de forma ilegal información de defensa nacional y de transmitir ilegalmente al sitio Wikileaks. Tras la sentencia del jurado se espera conocer el monto de la condena contra Schulte, pero resulta un antecedente a la espera de que el Poder Judicial de Inglaterra defina la extradición de Julián Assange.   

Schulte, de 33 años, trabajaba para la CIA en el diseño de software malicioso para acceder a computadoras de supuestos terroristas hasta que decidió llevar a cabo la mayor filtración de documentación clasificada de la historia de la agencia al portal creado por Assange. La operación fue conocida como "Vault 7" y se difundió por entregas desde el 7 de marzo de 2018. 

Una semana después de esa primera divulgación, las autoridades registraron el departamento de Schulte en Manhattan, Nueva York, bajo una orden que lo consideraba sospechoso de "distribuir información de defensa nacional", y los agentes dijeron a la Justicia que se habían llevado esos documentos y algunos dispositivos electrónicos.

A principios de julio, Assange entregó al Tribunal Superior de Londres una solicitud para recurrir su extradición a Estados Unidos, que lo requiere para juzgarlo por delitos de espionaje. El activista, de 51 años, continúa en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, en Londres, mientras se resuelve su apelación contra su entrega a Washington.

El pasado 17 de junio, la ministra británica del Interior, Priti Patel, firmó la orden para extraditar al periodista australiano a Estados Unidos, que lo requiere por cargos de espionaje. Semanas antes, el 20 de abril, un juez de un tribunal británico había emitido una orden de entrega a la Justicia estadounidense para que sea considerada por el Gobierno del Reino Unido. 

Estados Unidos reclama a Assange para procesarlo por 18 delitos de espionaje e intrusión informática por las revelaciones de su portal que, según su equipo legal, pueden suponer hasta 175 años de cárcel en ese país. 

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Julian Assange: venganza sí, justicia no

Uno. Si la Divina Providencia o el Destino Manifiesto confirman sus vaticinios, el periodista australiano Julian Assange (fundador de WikiLeaks) puede aparecer en cualquier momento en Estados Unidos (EU) luego de que Priti Patel, ministra del Interior de Reino Unido (RU), aprobara su extradición el 17 de junio.

Dos. Queda confirmado, entonces, que para Londres sólo existe la "jurisdicción universal unilateral" de Washington, denunciada en varias ocasiones por Assange. Porque así funciona la "justicia británica" (sic): en sentido opuesto al ingenuo respeto que le merecía al paladín de los "librepensadores" George Owell, quien la calificó como "rasgo inglés que trascendía clases e ideologías".

Tres. Falso. En 1998, Augusto Pinochet fue detenido en Londres a pedido del juez Baltasar Garzón, con el propósito de extraditarlo a España y que fuera juzgado allí por sus fechorías. En dos ocasiones, la "inapelable" Cámara de los Lores (House of Lords), falló a favor de la extradición. Pero en marzo de 2000, tras ser atendido a cuerpo de rey, el gobierno "centro-izquierdista" de Tony Blair inventó una coartada por "motivos de salud" y el sátrapa regresó a Chile, donde nunca fue juzgado.

Cuatro. El "caso Assange" empezó en abril de 2010, cuando WikiLeaks difundió el nauseabundo video Asesinato colateral, grabado a bordo de un helicóptero de artillería en Irak (12 de julio de 2007), y mostrando el asesinato de 12 civiles en Bagdad, incluyendo dos periodistas de Reuters. Meses después, WikiLeaks publicó en varios periódicos prestigiosos más de 70 mil documentos militares secretos de Estados Unidos sobre su guerra en Afganistán, y en octubre otros 400 mil sobre Irak, revelando 15 mil muertos civiles más de los calculados por el Pentágono, junto con 250 mil cables diplomáticos con valoraciones sobre líderes mundiales y secretos acerca de los programas nucleares y de misiles de Irán.

Cinco. En agosto de 2010, a pedido de la "justicia sueca", Assange fue arrestado en Londres por la supuesta violación de un par de jóvenes que, finalmente, retiraron los cargos. Pero en junio de 2012, olfateando la muerte en el aire, se refugió en la embajada de Ecuador. El presidente Rafael Correa le concedió asilo y carta de ciudadanía. Siete años más tarde, el gobierno ecuatoriano cambió y en junio de 2012, a pedido expreso de Washington, el presidente Lenín Moreno le retiró el asilo y Assange fue capturado.

Seis. Resulta interesante señalar que cuando Correa concedió el asilo, Estados Unidos ofreció asilar al periodista ecuatoriano Emilio Palacio (jefe de opinión de El Universo de Guayaquil), quien había acusado al presidente de "dictador" durante el intento de golpe de Estado (septiembre de 2010). Palacio acusó a Correa de cometer “…crímenes de lesa humanidad por haber ordenado disparar a sus tropas contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”. Una fake a todo pulmón. Palacio no mostró evidencia de nada, y El Universo recibió el "prestigioso" premio Moors Cabot...

Siete. En Estados Unidos, demócratas y republicanos acusan al periodista australiano de ser “agente de un Estado protofascista (Rusia, of course), y de minar la democracia”, según Neera Tanden, directora del "progresista" Center for American Progress, así como de haber cometido 17 presuntos delitos según la ley de espionaje de… 1917. Léase: el delito de haber abierto una brecha en el muro de silencio político-mediático del imperio.

Ocho. La entrega de Assange estaba pactada desde 2017, cuando Donald Trump envió a Paul Manafort (hoy encarcelado por corrupción) “…para operar un trueque con Lenín Moreno” (léase retribuciones pecuniarias y acuerdos comerciales). De su lado, la poderosa Henry Jackson Society, de RU (integrada, entre otros, por la ultraconservadora Priti Patel), acusa al fundador de WikiLeaks de “…sembrar dudas sobre la posición moral de los gobiernos democráticos occidentales con apoyo de regímenes autocráticos” (sic).

Nueve. El banquero Guillermo Lasso, actual presidente de Ecuador, declaró en junio pasado: "Respetamos el fallo de los tribunales de RU y como país daremos todas las facilidades que correspondan de acuerdo con aquel fallo". Así las cosas, la extradición de Assange puede tener lugar mañana, la semana entrante o antes de las elecciones que en noviembre decidirán qué facción de la extrema derecha estadunidense se queda con la mayoría del Senado. Trump lo quiere muerto, y Joe Biden lo calificó de "terrorista tecnológico".

Diez. Si tal fuera el caso (a nuestro entender, "sí o sí"), Assange se enfrentará a un simulacro de juicio, con dos sentencias posibles: pena de muerte o 175 años de prisión. Tal sería la suerte del fundador de WikiLeaks, que en estos momentos continúa pudriéndose en el penal londinense de Bermash, que compite con el de Guantánamo en técnicas de tortura y exterminio en cámara lenta.

Once. Con todo, la esperanza es lo último que se pierde. No hay que olvidar que Washington retiró a Nelson Mandela de su lista de "terroristas" en julio de 2008. O sea, 14 años después de que el líder de la lucha contra el apartheid y Nobel de la Paz (1993) ejerciera la presidencia de Sudáfrica (1994-99).

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Sábado, 09 Julio 2022 07:08

Kafka y la segunda muerte de Shireen

Kafka y la segunda muerte de Shireen

De toda una avalancha de −breves y no tan breves− comentarios tras la publicación el lunes del comunicado del Departamento de Estado estadunidense (DOS) sobre la muerte de Shireen Abu Akleh, una periodista palestina abatida por un francotirador del ejército israelí (IDF) en mayo pasado (véase bit.ly/3ajlbeJ), que se rehuyó de señalar a los verdaderos perpetradores, el de Rania Zabaneh, su colega de Al Jazeera –"se siente como si Shireen hubiese quedado baleada nuevamente hoy" (bit.ly/3NPKtyJ)− ha sido quizás más conciso en transmitir el sentido de desesperación por la falta de justicia e incesante blanqueamiento de los crímenes coloniales de Israel.

Varios otros no se quedaban cortos. Khaled Elgindy, académico palestino-estadunidense, autor de Blind Spot: America and the Palestinians, from Balfour to Trump (2019), tuiteó: "Escribí un libro completo sobre por qué Estados Unidos ha sido tan ineficaz como mediador de la paz, pero la respuesta se resume bien en esta declaración: una total incapacidad/falta de voluntad para responsabilizar a Israel por cualquier cosa" (bit.ly/3yInocV).

Según el DOS −Abu Akleh tenía también nacionalidad estadunidense− "tras un análisis detallado de la bala resultó imposible determinar su origen dada la deformación". Si bien los forenses dijeron que es probable "que el fuego vino de las posiciones israelíes" (sic), "no hay ninguna razón para pensar que su muerte fue deliberada" (sic).

Un misterio, una contradicción y un típico lenguaje esópico digno de la propia hasbara (bit.ly/3IlyV54), que al parecer ya fue internalizada por los diplomáticos estadunidenses: "Es imposible saber quién la mató, pero sus intenciones eran buenas". O sea.

Israel, naturalmente "se indignó" por la sugerencia de que el fuego haya podido venir de sus posiciones. La Autoridad Palestina −en consonancia con la tibieza de Abbas− se mostró "decepcionada". La única reacción a las alturas de lo ocurrido –"un descarado blanqueamiento de un asesinato", comentó B’Tselem, una de las principales ONG israelíes de derechos humanos− provino de su familia.

Según ellos, las conclusiones del DOS ignoran múltiples testimonios de los testigos e investigaciones de diferentes organizaciones y medios que apuntan unánimemente a las IDF, siendo el propio énfasis en la bala "una suerte del truco adrede a fin de pasar por alto de ellos" y hacer creer “que sólo ‘una investigación forense al estilo de CSI’ sería capaz de revelar la verdad”.

Lo que quedaba ignorado "en esta ejecución extrajudicial de un ciudadano estadunidense por Israel, un país que recibe billones de dólares de ayuda militar de Estados Unidos y que perpetúa la ocupación de Palestina, la más larga ocupación militar en la historia moderna" era, según ellos, "todo el contexto de violencia israelí en Palestina" (bit.ly/3yMV9Kj).

Lo mismo se puede decir del contexto del blanqueamiento sistémico y del "negacionismo" del ejército israelí en casos parecidos, que encima siempre... se investiga a sí mismo (bit.ly/3RjigDh) −por lo que B’Tselem ya dejó de colaborar con las IDF (bit.ly/3ynMRao)−, junto con toda una serie de trucos jurídicos que habitualmente sirven para calificar estos asesinatos de... ¡ ladies and gentlemen!: "errores, sin mala voluntad/intencionalidad" (a qué nos suena esto...). Desde el principio de 2022, las IDF ya han asesinado, bajo diferentes pretextos, a unos 60 palestinos, incluidos 15 niños, sin que ningún soldado haya sido juzgado, vaya, ni siquiera propiamente investigado.

La persistencia del régimen del apartheid en territorios ocupados (bit.ly/3uuQkm3) es otro contexto faltante que hizo que el ejército pronto anunciara que no iba a abrir ninguna investigación criminal: las leyes militares de Judea y Samaria −denominación colonial de Cisjordania− a las que está sujetada la población ocupada desprovista de derechos básicos, dicen "que esto no es necesario" (bit.ly/3bVU7T2). Vaya, incluso la FBI, internalizando al parecer también las coordinadas del racismo israelí, dijo que no iba a abrir ninguna investigación suya −el anuncio del DOS cierra el caso−, a pesar de que siempre abre una cuando un ciudadano estadunidense muere en el extranjero.

Yo digo que toda esta situación es bastante kafkiana (dejemos de lado por el momento la vieja controversia de a quién pertenece Kafka: ¿a Chequia?, ¿a Alemania?, ¿a Israel?, que en su momento también pasó por investigaciones, cortes y presiones diplomáticas: bit.ly/3bYVNvn).

Resulta que el lunes, el día del comunicado, no sólo era the Fourth of July −vaya manera de celebrar...−, sino que el 3, el domingo, fue el cumpleaños de Franz Kafka. De allí un poco la idea, pero todo encajó cuando vi el otro comentario, esta vez de Hanan Ashrawi, una de las más lúcidas figuras políticas palestinas, marginalizada desde hace décadas por el dúo Arafat/Abbas, que tuiteó: "Hay un dicho de que cualquier palestino, herido o muerto, es culpable de obstruir el paso libre de una bala israelí. Los asesinos israelíes y francotiradores tienen que estar protegidos en esta bizarra lógica por maniobras verbales de la administración de Estados Unidos, que ya dejó de buscar su columna vertebral" (bit.ly/3IjzT1E).

Opino que, lo más pronto posible, una investigación del crimen de Shireen Abu Akleh de detener una bala israelí debería estar abierta (si ya ninguna otra, aparte de trucos al estilo de CSI, lo fue...) y su culpabilidad determinada fuera de cualquier duda (si ya no se encontró a ningún otro culpable...).

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Fuentes: Télam - Foto: Según Hrafnsson la apelación presentada por Assange podría evitar su extradición. Foto: AFP

Entrevista a Kristinn Hrafnsson, editor en jefe de WikiLeaks 

Kristinn Hrafnsson le dijo a Télam que la lucha para impedir la extradición de Julian Assange a los Estados Unidos sigue.

El periodista islandés y editor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, señaló a Télam que «la lucha legal todavía continúa» para impedir que Julian Assange sea extraditado a Estados Unidos, advirtió que si se concreta la extradición el destino del ciberactivista «dependerá de la posición que tome la CIA», a la que consideró detrás de una «venganza» contra el australiano preso en Gran Bretraña, y adelantó que visitará Buenos Aires en el «otoño» del hemisferio norte, probablemente en «septiembre u octubre».

En una entrevista telefónica desde la ciudad de Reykjavik, su lugar de residencia, Hrafnsson dijo que la Argentina «es importante» para la campaña por la liberación de Assange y contó que desde WikiLeaks han estado «trabajando con periodistas locales (argentinos) durante más de diez años», para luego plantear que en la organización conocen y valoran «la posición de algunos de los líderes del país» sobre el caso.

Con esta última frase, aludió a los pronunciamientos de varios dirigentes argentinos contra el traslado judicial de Assange a EEUU, entre ellos un tuit de la vicepresidenta Cristina Kirchner del 18 de junio, en el que la titular del Senado alertó sobre el riesgo de vida que implicaría esa decisión y sobre el «precedente alarmante para todos los y las periodistas del mundo», que serían sometidos a un «disciplinamiento».

Hrafnsson dialogó con Télam en la misma semana en que el equipo de abogados de Assange apeló ante el Tribunal Superior de Londres la decisión de extraditarlo a EEUU, tomada el 17 de junio por la ministra del Interior británica Priti Patel, un proceso que para los letrados del fundador de WikiLeaks incluye dos etapas: una primera presentación referida a «las condiciones de prisión en EEUU» y otra focalizada en «los aspectos políticos de la persecución».

«Esperamos que se le conceda la apelación y luego pasarán algunos meses, pero será la primera vez que un Tribunal de Apelación escuchará todos los argumentos principales, porque las violaciones (de DDHH) en su contra son inmensas. No solo sufrió espionaje de sus comunicaciones, robo de documentos, probablemente irrumpiendo en las oficinas de sus asesores legales en Madrid; también conocemos el complot que la CIA tramaba en 2017 para secuestrarlo o incluso asesinarlo dentro de la embajada ecuatoriana (en Londres)», detalló a esta agencia.

EE.UU. exige la extradición de Assange para juzgarlo por la publicación desde la plataforma de WikiLeaks de comunicaciones reservadas de las fuerzas armadas de ese país y cables diplomáticos enviados desde las embajadas de Washington en distintos países del mundo, entre ellas la representación en la Argentina, acciones que para la acusación fiscal estadounidense que tramita en el Tribunal del Distrito Este de Virginia deberían ser penadas con una condena de 175 años de cárcel.

En cuanto a la obsesión judicial de EEUU con el fundador de WikiLeaks, Hrafnsoon la atribuyó a «una venganza por las publicaciones que los avergonzaron y que expusieron sus sucios secretos», entre ellos «crímenes de guerra en Irak y Afganistán», y aseguró que Washington «hace todo lo posible, a través de la manipulación y la desinformación, para mantener fuera de la mente del público» las acciones encubiertas de su política de exterior y de defensa.

«Cuando hubo un cambio en Quito y entró (Lenin) Moreno, (Ecuador) dio el paso absolutamente sin precedentes de permitir que un departamento de policía extranjero básicamente ingrese a una embajada soberana (por la representación ecuatoriana en Londres, donde estaba refugiado Assange) para arrestar a alguien. Todo lo que necesitó fue que el (entonces) vicepresidente (estadounidense Mike) Pence hiciera una visita un par de veces, ayudando a asegurar una asistencia financiera a través del FMI y el Banco Mundial», cuestionó el editor en jefe de WikiLeaks.

-Télam: ¿Cuánto hace que conoce a Julian Assange?

-Kristinn Hrafnsson: Lo conocí por primera vez en Reykjavik, en mi país de origen, en 2009. Hacia el final de ese año, Julian se quedó en Islandia durante bastante tiempo, ese invierno, durante 2009 y 2010. Por entonces yo trabajaba como periodista para la TV estatal de Islandia, y nos reuníamos y con frecuencia teníamos discusiones fascinantes sobre el estado de los medios. Venimos de entornos muy diferentes. Pero al final del día hablábamos el mismo idioma. Su idea y la creación de WikiLeaks despertaron un gran interés en mí. Pensé que era una adición brillante para el entorno periodístico. Y (Assange) empezó a involucrarme en publicaciones. Y el más grande fue el video del helicóptero (del Ejército de EEUU) «Collateral Murder», que se publicó el 5 de abril de 2010. Todavía trabajaba como periodista en la TV estatal. Unas semanas más tarde, decidí que quería dedicar toda mi atención a esto, como miembro del equipo de WikiLeaks. Así que renuncié a mi trabajo y volé a Londres.

-T: ¿Cómo describía la situación legal de Assange en este momento?

-KH: La lucha legal continúa. Esperamos que se le conceda la apelación y luego pasarán algunos meses. Será la primera vez que un Tribunal escuchará todos los argumentos principales: una primera presentación sobre las condiciones de prisión de EEUU, pero ahora tenemos la oportunidad y un gran equipo legal para sumergirnos en los aspectos políticos de la persecución. Si es extraditado, el destino de Julian dentro del sistema penitenciario de EEUU depende mucho de la posición que tome la CIA. Si la CIA exige que se le ponga en aislamiento total, tanto antes como después del juicio, si es condenado, la Oficina de Prisiones (por la Agencia Federal de Prisiones) tendrá que hacerlo. Y sabemos que la CIA quiere vengarse y que las fuerzas políticas que están bajo la superficie trabajan fuertemente en su contra. Básicamente, lo desean muerto. Todo esto tomará la luz en los tribunales de Londres. Esta es la lucha legal y continuará durante algunos meses. Todavía quedan vías como el recurso de casación. En la Corte Suprema del Reino Unido y la Corte Europea de Derechos Humanos (ECHR, por sus siglas en inglés). Esta es la formalidad y la lucha por delante para el próximo mes.

-T: ¿Cómo está la salud de Assange en este momento?

-KH: Su salud ha ido decayendo y no es de extrañar, si se tiene en cuenta que lleva más de tres años en una prisión de máxima seguridad. Y las condiciones que tiene esa prisión, que es la peor del Reino Unido (por el penal de Belmarsh). Parece haber una dedicación especial de las autoridades penitenciarias del Reino Unido para hacerle la vida lo más difícil posible. A Julian no le darán ningún respiro y se esforzarán por empeorar las cosas. Puedo darle un ejemplo: después de que Priti Patel anunciara su decisión de aprobar la extradición, las autoridades penitenciarias de la prisión de Belmarsh decidieron llevar a Julian a un lado, registrarlo desnudo y aislarlo en una celda durante todo el fin de semana. Ha perdido peso, está delgado y cada vez más frágil. No hace suficiente ejercicio porque tiene un espacio limitado. Solo puede pasar media hora al aire libre, si lo permiten. Lo único que han demostrado estos procedimientos en el Reino Unido es que los argumentos legales son tan vacíos que todos pueden ver que se trata de una persecución.

-T: ¿Cuál sería el efecto de la extradición en su salud?

-KH: Eso es bastante claro. Y aquí quiero decir algo que no ha sido refutado, porque en un tribunal del Reino Unido un psiquiatra muy destacado testificó, después de conocer a Julian y hablar con él, que tenía un grave riesgo de suicidio. Ese es el efecto de saber que te van a llevar, que vas a estar en prisión preventiva, probablemente en total aislamiento, y que tienes por delante 175 años de prisión. En cuanto al impacto sobre el funcionamiento de WikiLeaks, la perspectiva de que lo extraditen es, por supuesto, devastador.

-T: ¿Cuál cree que ha sido el aporte de WikiLeaks en el periodismo global?

-KH: Yo siempre he dicho que WikiLeaks, por sí solo, no es tan importante como el ideal de WikiLeaks, que ya ha tenido un efecto en el periodismo. Por ejemplo, el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación publicó los Panamá Papers. La idea estaba ahí afuera y WikiLeaks la multiplicó, y se mantendrá viva de una forma u otra porque puedes matar a un individuo pero no puedes asesinar una idea. Esta es la razón por la cual muchas organizaciones de derechos humanos, que defienden la prensa libre, han condenado la extradición, como Amnistía Internacional o Reporteros sin Fronteras, entre muchas otras. Que los estadounidenses mezclen el periodismo con el espionaje, como están tratando de hacer, implica que cualquiera puede ser el próximo. Están tomando a un individuo que no es estadounidense, que no publicó en EEUU y que es miembro titular, con credencial, de un sindicato de periodistas. Es una amenaza muy seria para el periodismo, porque establecería estándares para otros países: ¿si los estadounidenses pueden hacer esto, por qué no podemos hacerlo nosotros? 

 

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Miércoles, 29 Junio 2022 05:18

Assange y Solzhenitsyn

Assange y Solzhenitsyn

La persecución contra Julian Assange no es diferente en esencia a la que tuvo la Unión Soviética contra Solzhenitsyn. No lo persigue un Estado, cierto, pero sí un estado de cosas: gobiernos, empresas que han visto en sus filtraciones un sótano bastante pestilente que se niegan a mostrar.

Más que un periodista o editor, Assange es una conciencia que nos ha permitido conocer con detalle el horror de un mundo donde los poderes político y económico cierran filas para mantenerse a cualquier costo, una red micelial ponzoñosa donde todo bajo tierra se conecta.

Nada nuevo que no se haya supuesto en muchos casos y demostrado en algunos, pero sin duda la mejor prueba documentada con cientos de miles de archivos. Aunque a mayor escala hizo lo mismo que el jefe de la FBI Mark Felt, el famoso "Garganta profunda" del caso Watergate: abrir la cloaca para que las cosas cambien.

La brutal reacción contra Assange (persecución internacional, aislamiento absoluto en una cárcel de máxima seguridad en Londres y la promesa de cadena perpetua en Estados Unidos) nos muestra que el periodismo de investigación seguirá siendo un problema para los regímenes políticos con tentaciones autoritarias.

Mucho se juega con el caso Assange porque la libertad de expresión no es un elemento más de la democracia sino, me parece, su centro de gravedad. No hay democracia sin libertad de expresión.

No deja de sorprender que recientemente un país democrático como Inglaterra decidió entregar a otro país democrático como Estados Unidos a Julian Assange. Para condenarlo, así, a 175 años de prisión por las revelaciones que hizo en el portal WikiLeaks.

Lo acusan de espionaje. Esto significa que Londres y Washington consideran como acto de espionaje cualquier ejercicio periodístico de investigación que documente las violaciones a los derechos humanos perpetrados desde el poder.

Miles de documentos militares filtrados por WikiLeaks sobre las guerras de Afganistán e Irak son la causa de la acusación. Pero también, y sobre todo, la evidencia de que, entre otras cosas, un helicóptero Apache del ejército de Estados Unidos matara a tiros a periodistas de Reuters y niños en Bagdad.

Y si la extradición se cumple no enfrentaríamos un caso judicial aislado, el de Julian Assange, sino el del precedente para que el gobierno de Estados Unidos solicite la extradición de cualquier periodista que considere nocivo.

Tendría razón Stella Moris, la pareja de Assange: la solicitud de extradición sería una represalia disfrazada, otro ejemplo de la invasión de Estados Unidos a la soberanía de otros países.

Me sorprende que los principales medios periodísticos en todo el mundo, que le dieron una gran cobertura a las revelaciones de WikiLeaks, no hayan reaccionado con la misma fuerza y claridad respecto a la persecución que ha padecido Assange. ¿Validarán con su silencio que el mensajero es el culpable?

La extradición de Assange y la reciente criminalización del aborto en Estados Unidos son muy malas noticias para la democracia en ese país y en el mundo. ¿Qué sigue? ¿La homofobia institucionalizada?

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Miércoles, 04 Mayo 2022 05:20

La libertad vigilada de los libertarios

Asalto al Capitolio, 6 de enero de 2021.. Imagen: AFP

El gobernador Ron DeSantis de Florida ha prohibido 54 libros de matemáticas alegando que incluyen la Teoría crítica de la raza y nuevos métodos pedagógicos que, según él, “no son efectivos” como el Aprendizaje social y emocional (SEL). No explicó ni discutió qué párrafos de las matemáticas pueden ser antirracistas, pero dio una conferencia de prensa con el estilo propio de los políticos de la negación: con furiosa obviedad sobre cómo se creó el universo, la moral y el sexo de los caracoles.

Los medios y las plataformas crean una necesidad psicológica y los políticos de la negación venden a los consumidores la droga que los alivia, droga con todos los ingredientes reaccionarios que se puedan imaginar: seguridad, inmediatez, victimización. Algunas alucinaciones son tan viejas como la Teoría del genocidio blanco, inventada en el siglo XIX cuando los negros se convirtieron en ciudadanos, casi en seres humanos.

Esta política de la negación profundiza y limita la discusión de la política de identidad (como la negación del racismo; la negación de la existencia de gays y lesbianas) silenciando la matrices como la existencia de una lucha de clases y cualquier forma de imperialismo propio. Si de eso no se habla, eso no existe.

Este producto se vende tan bien que, como ha ocurrido desde hace siglos, se ha exportado manufacturado a las colonias del sur. Por ejemplo, solo el nombre “libertarismo”, ahora bandera de figuras ascendentes de la extrema derecha en América latina como el argentino Javier Milei, es una copia literal de los “libertarians” que surgieron en Estados Unidos como reacción a la humillante elección de un mulato como presidente de Estados Unidos en 2008. Como el Tea Party, estos grupos siempre se justifican en una tradición que toman de los llamados Padres Fundadores. Incluso en Argentina y Brasil se han usado la bandera amarilla con la serpiente que representaba la unión de las Trece Colonias y que enroscada sobre el lema “No pases sobre mí” más bien parece un emoji de excremento humano. También en Europa, en América latina y hasta en Hong Kong los grupos de derecha han ondeado la bandera racista y esclavista de la Confederación.

Muchos estadounidenses que flamean esta bandera en sus 4×4 se sorprenden cuando uno les recuerda que es la bandera del único grupo que estuvo cerca de destruir el país que dicen defender (Estados Unidos) con el objetivo de mantener la esclavitud y el privilegio de los blancos. Muchos ni siquiera lo saben porque en este país la historia cruda es uno de los tabúes más consolidados.

No sin paradoja, fue un conservador libertario, el representante por Texas y candidato a la presidencia Ron Paul, quien reconoció y condenó la tradición imperialista de Washington y la responsabilidad de los líderes latinoamericanos como Fidel Castro y Hugo Chávez. “Nosotros no recordamos nada y ellos no se olvidan de nada”, dijo en un debate. Por esta insistencia, fue silenciado por la gran prensa y muchos de sus seguidores (entre ellos algunos de mis ex estudiantes, quienes continúan militando en política) se convirtieron en votantes del socialista Bernie Sanders.

El nuevo mote de “libertario” fue una estrategia conocida en los negocios: cuando una empresa está quebrada por las deudas, se la declara en bancarrota, se le cambia el nombre y se continúa con en el mismo negocio. Lo mismo ha ocurrido con el neoliberalismo. Impuesto a la fuerza de las armas en Chile con Pinochet y por la fuerza de los bancos internacionales en decenas de otros países en los 80s y 90s y, más recientemente, con Mauricio Macri en Argentina y Luis Lacalle Pou en Uruguay, siempre ha terminado en un doloroso fracaso, no sólo económico sino social. Fracaso, naturalmente, no para sus intereses de clase.

Libertario y neoliberal son la misma cosa, pero los libertarios le agregaron la furia de Savonarola y Lutero. Es la misma diferencia que hay entre el sermón pausado de un sacerdote católico y la arenga sudorosa de un pastor protestante. ¿Recuerdan aquellos muchachos tan amables con acento inglés que predicaban barrio por barrio salvando almas (sobre todo las suyas) allá en los 70s y 80s? Bueno, la semilla ha dado frutos.

Contrario a las de los Padres Fundadores estadounidenses que insistían en separar la religión del Estado (herencia de los filósofos de la Ilustración), los libertarios han metido al misionero en los gobiernos. En Brasil organizaron rezos en un congreso; la misma esposa del presidente Bolsonaro es una influyente pastora; en Costa Rica la esposa de un candidato “hablaba en lenguas” para apoyar la campaña electoral; más recientemente el diputado Milei argumentó en la cámara contra los impuestos citando la Biblia: los judíos se fueron de Egipto para escapar de la esclavitud y de los impuestos, como ahora se van los empresarios de Argentina. La lista es larga y significativa.

La política de la negación es la política del exitismo frustrado: “la derecha sabe gobernar pero tiene mala suerte”, por eso fracasa siempre. El sentimiento de frustración fue una razón para que tantos millones de europeos civilizados apoyasen el fascismo y el nazismo hace cien años. Si ya no lo vemos venir, es porque estamos dentro de ese absurdo suicida.

Por si todo este fanatismo fuese poco, el gobernador DeSantis, como ahora sus remedos del Sur, también insiste en que los profesores y los activistas por los derechos civiles adoctrinan a los jóvenes, pero ¿qué adoctrinación es más radical que enseñar a negar la historia en nombre de Dios, la libertad, la patria y la familia?

¿Qué hay más adoctrinador que repetirle a los niños que somos los campeones de la libertad? Que nunca invadimos para defender intereses económicos sino, como decía Roosevelt y los esclavistas, por altruismo, para llevar la libertad a los países de negros que no saben gobernarse. ¿Qué hay más adoctrinador que negar los horrores de una historia de la que no somos responsables pero la adoptamos cuando decimos “nosotros” y acto seguido negamos haber hecho nada malo?

¿Qué más radical que presentar a los tradicionales opresores de clase, de género y de etnias ajenas como víctimas?

¿Qué más radical que el poema de Kipling, “La pesada carga del hombre blanco”, bandera del imperialista feliz que en una mano cargaba la Biblia y en la otra el látigo?

¿Qué más radical y qué peor adoctrinación que la política de la negación que permite que se comentan viejos crímenes colectivos como si fuesen nuevos derechos tribales?

¿Qué más radical, dogmático, doctrinario e hipócrita que llenar tribunas con discursos contra la “cancel culture” (cultura de la cancelación), furiosos discursos sobre la libertad y, apenas llegan al poder se dedican a aprobar una y otra vez leyes prohibiendo decir esto, discutir aquello, hacer lo otro? La misma hipocresía de los esclavistas de Estados Unidos que defendían la expansión de la esclavitud en nombre de la libertad, el orden y la civilización. Nada diferente a los dictadores latinoamericanos promovidos por las Transnacionales, herederas de los poderosos esclavistas sureños.

Esta derecha rancia y rejuvenecida a fuerza de cirugía es tan libertaria que solo prohíbe algo cuando los de abajo amenazan con obtener o conservar algún derecho. Siempre en nombre de la Ley y el Orden. Como decía Anatole France, “la Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.

4 de mayo de 2022

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  Alfonso Bauluz (segundo izquierda), presidente de Reporteros Sin Fronteras España, durante la presentación del informe anual sobre la libertad de prensa en el mundo. — RSF

Reporteros Sin Fronteras advierte en su 20ª clasificación mundial sobre la libertad de prensa del grave retroceso en Asia, América Latina y Europa del Este, aunque alerta sobre el auge de la opinión frente a la información también en países democráticos, contribuyendo a fracturas sociales que dañan la democracia.

 

"Vivimos tiempos en los que un periodista puede ser descuartizado en un consulado de Arabia Saudí. En los que las redacciones de Gaza pueden ser atacadas. En los que se desvían aviones que aterrizan de emergencia en Bielorrusia para que un periodista sea detenido y luego encarcelado. En los que los periodistas pueden ser ejecutados en plena calle. Tiempos en los que la información se apaga en directo, como en Rusia o Afganistán". Así ha resumido Edith Rodríguez Cachera, Vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras (RSF) España la situación de la libertad de prensa en el mundo.

Coincidiendo con el Día Internacional de la Libertad de Prensa, la ONG ha publicado su clasificación mundial para 2022, en la que se miden las condiciones en las que trabajan los reporteros en 180 países. Una lista que ha sufrido retrocesos en gran parte del mundo, con especial incidencia en Rusia, Asia y América Latina.

El 2022 deja un número récord de países con su libertad de prensa en estado "muy grave". Doce países en total, entre los que figuran Bielorrusia
(153º) y Rusia (155º). Destaca el "brutal retroceso de diez años" en Birmania, tras el golpe de Estado de militar del año pasado, que lleva al país al puesto 176, junto a  China (175º), Corea del Norte (180º), Eritrea (179º), Irán (178º) o Turkmenistán (177º).

La propaganda, una desinformación al alza y la polarización política que tiene su espejo en los medios están avanzado hasta límites preocupantes en gran parte del mundo y generando un "caos informativo" que contribuye a la desconfianza del lector y crea fracturas sociales en los países, advierte RSF.

En ese sentido, "la invasión de Ucrania (puesto 106) por Rusia a finales de febrero de 2022 es emblemática del fenómeno porque ha sido preparada por una guerra de propaganda", explica en su informe.

Para Alfonso Bauluz, presidente de RSF España, esta caos informativo viene motivado por una mayor necesidad de "inmediatez" y por la "gran cantidad de datos sin apenas tiempo de contrastarlos todos", unido a un mayor peso de la opinión frente a la información sin que se diferencie entre una y otra. "Así se confunde al ciudadano y se crea un caldo de cultivo que los populismos aprovechan para desprestigiar el trabajo de los periodistas", ha resumido Bauluz.

El oasis para ejercer la profesión periodística sigue estando en los países nórdicos, con Noruega, Dinamarca y Suecia a la cabeza, aunque la ONG destaca los cambios de gobierno en Moldavia (40º) y Bulgaria (91º), que traen "la esperanza de tiempos mejores para la situación de los periodistas", aunque los medios sigan mayoritariamente en manos de los oligarcas.

Rusia, "censura inédita" desde la URSS

La invasión rusa de Ucrania ha dejado más clara aún si cabía la deriva autoritaria de Vladimir Putin, cuya mordaza a los medios se extiende más allá de la fronteras de Rusia.

"En Rusia, el poder ha asumido el control total de la información, instaurando una censura de guerra creciente, el bloqueo a los medios y la caza a los periodistas críticos, que los empuja al exilio masivo", denuncia RSF en su informe. Aunque esta espiral, recuerda, ya comenzó en 2021, con la promulgación de la Ley de Agentes Extranjeros y las persecuciones a medios que han cubierto la situación del opositor Alexei Navalny, actualmente en prisión. Ahora, hay "una censura inédita desde el período soviético", destaca la ONG, que denuncia la práctica desaparición de medios independientes en el país y la salida de profesionales extranjeros tras los cambios legislativos.

Al menos cinco periodistas y profesionales de los medios han sido asesinados por disparos durante el primer mes de la ofensiva rusa en Ucrania, reseña la ONG. También destaca que el ejército ruso ha apuntado deliberadamente a fuentes de información en los territorios que ha ocupado e intentado obtener la colaboración de los medios locales mediante presiones. Además, ha impuesto a países como Bielorrusia, Turkmenistán y otros países del Cáucaso su discurso sobre la guerra.

América Latina, deterioro a marchas forzadas

El informe de RSF vuelve a poner el acento en el rápido y preocupante deterioro para la libertad de información en América Latina, donde la única excepción es Costa Rica, que ocupa el puesto número ocho en la clasificación. 

Nicaragua, en el puesto 160, representa el "mayor descalabro", según la ONG. Cae 39 posiciones y se adentra en la zona roja después del rumbo hacia el autoritarismo que Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, llevan años transitando. Ha habido persecución de cualquier disidencia política, cierre de periódicos, detención de profesionales, directores y empresarios de los medios medios, además de la fabricación de procesos judiciales con elevadas penas de prisión que han obligado a gran parte de los periodistas a exiliarse del país. 

RSF también destaca el retroceso en El Salvador tras la llegada al poder de Nayib Bukele. El país centroamericano desciende 30 escalones hasta el puesto 112. "Bukele juega al peligroso juego de multiplicar los ataques y amenazas contra los periodistas críticos con su administración, creando así la imagen de una prensa enemiga del pueblo", precisa la organización. Advierte de una deriva autoritaria unida a cambios legislativos, como una ley de agentes extranjeros o cambios en el código penal que están imposibilitando el trabajo de reputados periodistas de investigación.

En cuanto a México (puesto 127), se consolida como el país más mortífero del mundo para periodistas, con al menos siete asesinados en 2021, ocho en lo que va de 2020 y 150 en los últimos 20 años, ha recordado Edith Rodríguez. La vicepresidenta de RSF España ha criticado la postura del presidente, Andrés Manuel López Obrador, que "lejos de condenar con continencia los ataques, se dedica a arremeter contra la prensa y a crear hostilidad. Eso es poner a los periodistas en el disparadero".

03/05/2022 14:58

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