Vivek Chibber sobre el futuro del pensamiento marxista

El objetivo fundamental del último libro de Vivek Chibber, The Class Matrix: Social Theory After the Cultural Turn [La matriz de la clase: la teoría social después del giro cultural], es restablecer el papel central que desempeñan las fuerzas económicas y estructurales en el estudio de las jerarquías de poder y privilegio en el capitalismo moderno. Esta concepción clasista de las relaciones sociales -influenciada principalmente por Marx, y que dominó el pensamiento de izquierdas hasta los años 70 - otorga un lugar privilegiado a las condiciones materiales que imponen limitaciones reales a las opciones económicas de las personas. Marx, explica Chibber, creía que esas limitaciones económicas producirían una conciencia de clase obrera en la que la gente se involucraría en una acción colectiva centrada en sus intereses económicos, lo que llevaría finalmente a la revolución. 

Aunque Chibber -profesor de sociología en la Universidad de Nueva York- abraza gran parte de esta perspectiva marxista, cree que hay elementos que deben actualizarse. Por esta razón, simpatiza con ciertos aspectos del llamado "giro cultural", que surgió por primera vez en las décadas de 1960 y 1970 con el ascenso de la Nueva Izquierda. Chibber muestra que los primeros teóricos asociados al giro cultural trataron inicialmente de entender por qué la clase obrera, lejos de ser los sepultureros del capitalismo, como predijo Marx, se sentía cómoda con el statu quo económico. Argumentaban que la cultura -la religión, la ideología, etc.- solía "bloquear" a los trabajadores para que no fueran conscientes de sus intereses económicos.

Pero Chibber parece simpatizar mucho menos con una versión más radicalizada del giro cultural, que considera dominante en el mundo académico. En lugar de una perspectiva marxista que señale las condiciones materiales que limitan las opciones económicas de las personas, ciertas corrientes de pensamiento en la academia ven esas opciones como un reflejo de las interpretaciones del mundo que nos rodea. Chibber sostiene que esta visión de la sociedad no está vinculada a los intereses económicos subyacentes. En última instancia, Chibber considera que esta versión del giro cultural conduce a un tipo de política de la identidad que ignora a la clase trabajadora.

Hablé con Chibber sobre su pensamiento sobre el marxismo, la clase obrera, el giro cultural, la política contemporánea y el futuro de la izquierda. Esta conversación ha sido editada debido a su extensión y para darle mayor claridad claridad. Daniel Steinmetz-Jenkins

Daniel Steinmetz-Jenkins: Karl Marx consideró, de manera influyente, que el conflicto económico es inherente a la estructura de clases de una sociedad, dado que una clase dominante obtiene sus ingresos mediante la coerción y extracción del trabajo de una clase subordinada. Esta era la contradicción del capitalismo, argumentaba Marx, la que engendraba la conciencia de clase y a su vez impulsaba el deseo de revolución. Dada la explosión de rebeliones obreras en Europa en los años posteriores a la muerte de Marx, el ascenso de los partidos socialistas, la revolución bolchevique y los movimientos anticoloniales en todo el mundo, es fácil entender por qué el marxismo era la teoría social más extendida entre los intelectuales progresistas hasta la década de 1970. Y, sin embargo, muchos izquierdistas comenzaron a dar la espalda al marxismo en la década de 1970. ¿Cómo, en concreto, el llamado giro cultural de los años 70 alejó a los críticos de izquierda del análisis marxista de clase? 

Vivek Chibber: El análisis marxista de clase siempre se basó en dos afirmaciones: en primer lugar, que la estructura de clases era un hecho patente en la vida social -era real e imponía un conjunto de opciones y limitaciones a los actores económicos con independencia de su cultura-; en segundo lugar, que esta primera afirmación era el principal determinante de la formación de clases, lo que se refería a la organización consciente de los actores de clase en torno a sus intereses económicos. Esto también implicaba que existía algo así como intereses de clase objetivos, que se derivaban de la estructura. Este conjunto de ideas fue el cimiento sobre el que se fundó la política socialista. Por eso la izquierda siempre empezaba cada campaña política con una investigación de la estructura de clases local o nacional, porque esto les informaba de cuáles eran los intereses de los actores clave, de quiénes serían sus electores y de cómo diseñar un programa para atraer a las clases trabajadoras a su lado. Todo se basaba en la convicción de que las clases y los intereses de clase eran reales y discernibles a través del análisis empírico. 

El giro cultural comenzó cuestionando la afirmación de que existía una conexión necesaria entre la estructura y la formación de las clases. La motivación para ello era en realidad bastante comprensible. El marxismo clásico había insistido en que, como su posición estructural hacía que la clase obrera sufriera la explotación de los capitalistas, los trabajadores acabarían organizándose y derrocando a sus explotadores. La clase en sí misma se uniría en una clase para sí misma y daría paso a un nuevo sistema. Esto sucedería porque la propia estructura del capitalismo tenía el conflicto incorporado, y este conflicto acabaría llevándose a cabo como una lucha política entre las dos clases principales.

Pero en la década de 1950 estaba claro que la predicción no se había cumplido. La explotación y el potencial de conflicto estaban muy vivos, pero algo estaba bloqueando el proceso de formación de la clase obrera. Así que era natural preguntarse: ¿Cuál era la causa de este bloqueo? La respuesta de la Nueva Izquierda y de los teóricos posteriores fue "la cultura". La clase obrera se había integrado en el sistema por la fuerza de la ideología y de las instituciones culturales. Esta integración cultural embotó o incluso anuló la tendencia de la estructura de clases a impulsar a los trabajadores hacia una conciencia política anticapitalista. El problema del marxismo clásico, según el argumento, era que daba por sentada la cultura y, por tanto, pasaba por alto la posibilidad de que interviniera de esta manera.

Pero en los años 90, el giro cultural se había investido de una posición más ambiciosa. No sólo la cultura intervenía en la conexión entre la estructura de clases y la formación de las mismas, sino que se consideraba que la cultura desempeñaba un papel decisivo en la propia estructura de clases. Esto se convirtió en un argumento que daba lugar a un punto de vista constructivista en toda regla. La idea básica era: Los actores de clase no sólo despliegan la ideología para entender sus intereses políticos, sino también su posición económica. Los trabajadores y los capitalistas tienen que interpretar y comprender su posición de clase para poder participar en la estructura. Este acto interpretativo es una condición previa a toda acción, incluida la económica. Así que ahora la propia estructura de clases sólo se activa si los actores están socializados de la forma adecuada: la propia estructura de clases se convierte así en un efecto de la cultura.

Así que a finales de siglo, ambos pilares de la visión marxista clásica habían sido rechazados por amplias franjas de teóricos sociales, y la teoría de las clases se había convertido en un rincón descuidado de la teoría cultural. 

DSJ: ¿Puedes explicar con más detalle tu afirmación de que "en lugar de tener que responder por qué la estructura de clases no impulsa a los trabajadores hacia la lucha de clases, el reto es explicar cómo se consigue el poder asociativo de la clase trabajadora y la búsqueda de estrategias colectivas de clase"? 

VC: El marxismo clásico parecía predecir que su explotación por parte de los capitalistas llevaría a los trabajadores a organizarse e intentar derrocar el sistema. Esta explotación, que supuestamente motivaría a los trabajadores a organizarse, era un artefacto de la propia estructura de clases. Así que, por extensión, la estructura de clases no sólo generaba la explotación, sino que también motivaba a los trabajadores a superarla. Cuando, en los años 50, esta predicción pareció no confirmarse, planteó serias dudas sobre los supuestos fundamentales de la teoría marxista clase. Pero estas dudas se basaban en un profundo error: que, si la descripción de la estructura de clases de Marx es correcta, entonces debería impulsar a los trabajadores a construir organizaciones para la lucha de clases. 

Mi argumento es que la descripción de Marx era de hecho correcta, pero los teóricos de la posguerra sacaron conclusiones erróneas de ella. Malinterpretaron su impacto en la estrategia política de los trabajadores. Es cierto que su ubicación en la estructura, su experiencia de explotación, inclina a los trabajadores a resistir. Pero no se deduce que esta resistencia sea colectiva. La respuesta normal de los trabajadores será resistir individualmente y evitar la acción colectiva.

La razón principal es que, bajo las condiciones del contrato de trabajo, no sólo es excesivamente costoso organizarse, sino que además conlleva graves riesgos: ser despedido, que se pierdan las campañas, etc. Así que los trabajadores tienden a tomar la opción más fácil, encontrando formas más sutiles de defender su bienestar, todas ellas de carácter individualista: trabajar lento, el absentismo, el ocasional acto de sabotaje. Los organizadores suelen descubrir que los trabajadores son bastante hostiles a la dirección, tal y como predijo Marx, pero prefieren que el trabajo duro de organizar la negociación colectiva lo lleve a cabo otra persona, lo que los economistas llaman "free riding".

Ahora bien, esto no se debe al poder de la ideología. Es una respuesta racional a su situación estructural. Esto significa que la misma estructura de clase que genera el antagonismo de clase también inclina a los trabajadores a resistir a sus jefes como individuos, no como una fuerza colectiva y organizada. Y esto no es más que otra forma de decir que la estructura de clases inhibe la formación de clase.

Así que la ironía es que los marxistas tenían razón en su descripción de la estructura de clases, y también tenían razón en que la estructura era un determinante de la formación de clase. Pero se equivocaron en su evaluación de cómo la estructura determinaba la formación de clase. Ellos pensaron que generaría la formación de clase; pero mi argumento es que en realidad tal estructura inhibe la formación de clase. Así que el enigma no es cómo se integró la clase obrera en el sistema. El rompecabezas es: ¿Cómo se las han arreglado los trabajadores para superar todos los obstáculos a la formación de clases en aquellos casos en los que se han organizado con éxito? El giro cultural se generó al hacer la pregunta equivocada.

DSJ: Tu libro supone, en última instancia, un intento de restaurar la centralidad de la estructura y la formación de clases para entender las realidades de la vida social y económica. Sin embargo, ¿qué es lo que encuentra convincente del giro cultural y su crítica al marxismo?

VC: En su fase inicial, la menos ambiciosa, el giro cultural se centró en un fenómeno importante: que los marxistas no habían teorizado adecuadamente cómo interviene la cultura en el proceso de formación de clases. Los marxistas sabían en la práctica que la cultura interviene en este proceso e incluso escribían sobre ello, pero era más en los debates sobre estrategia y táctica, y no estaba integrado en la teoría más general de la clase. Así que la primera Nueva Izquierda tenía razón en su observación y, durante un tiempo, generó algunas investigaciones muy buenas. Pero hubo un poderoso impulso para ver el papel de la cultura como algo negativo, como un factor que inhibía la formación de clase. Esto fue, como dije, porque aceptaron la premisa marxista clásica de que el papel principal de la estructura de clases era generar un conflicto entre el trabajo y el capital. Y la cultura se tomaba como el mecanismo que atenuaba esta consecuencia de la estructura de clases y, por tanto, estabilizaba el sistema.

Lo que sugiero en mi libro es que la estabilidad del sistema proviene de la propia estructura de clases. La estructura genera conflictos, como explicaron los primeros marxistas, pero también los canaliza hacia la contestación individualizada de los trabajadores. Lo que hace la cultura es ayudar a convertir la resistencia de los trabajadores de formas individualizadas a formas colectivas. Por lo tanto, la cultura desempeña un papel fundamental en la formación de la clase, por lo que estoy invirtiendo la interpretación del giro cultural. ¿Cómo lo hace? Siendo un ingrediente clave en el fomento de una identidad común entre los trabajadores; inculcando un sentido de objetivos y compromisos comunes y, por lo tanto, superando la tendencia a ir por libre. Pero, como sostengo, esto no equivale en absoluto a un construccionismo sobre las identidades. Siguen siendo identidades forjadas en torno a intereses comunes.

DSJ: Hablemos de tu pensamiento respecto a la ideología. Parte de la explicación culturalista de por qué los trabajadores están dispuestos a tolerar los daños y las humillaciones propias de sus condiciones de empleo es que están cegados por las ideologías de las instituciones dominantes de las que forman parte, es decir, están socializados para aceptar el statu quo. Sin embargo, ¿cómo es que el culturalista posee la capacidad de discernir esta ideología que está cegando al trabajador, mientras que el trabajador no la tiene? ¿No es esto un poco elitista?

VC: Sí, creo que es profundamente elitista. Eso es exactamente lo que trato de decir. Una de las virtudes del materialismo es que, si se parte de la base, como hacen los materialistas, de que las personas son básicamente racionales y tienden a ser sensibles a sus intereses, eso te inclina a asumir que debe haber razones para que sigan estrategias que, a ti, te parecen extrañas o incluso irracionales a primera vista. Te obliga a concederles el beneficio de la duda y a comprobar si hay algo en sus circunstancias que se te está escapando. No te exige que veas sus acciones como legítimas o dignas de apoyo. Pero sí te exige que no los trates como idiotas. Ahora bien, puede resultar que en tal o cual caso sean, de hecho, idiotas. Pero en cuestiones básicas de bienestar de los agentes, esto es bastante raro.

DSJ: Sostienes que el pensamiento del gran pensador marxista Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural ha sido erróneamente apropiado por los teóricos de la cultura. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo interpretas su pensamiento bajo una perspectiva diferente?

VC: En mi opinión, Gramsci era un materialista bastante directo, como todos los demás líderes marxistas importantes de su generación. Los culturalistas, si los hubo, eran todos intelectuales profesionales. Es realmente muy difícil leer sus Cuadernos de la Cárcel y concluir lo contrario, a menos que los leas con una venda en los ojos. La opinión que se atribuye a Gramsci es que el capitalismo se estabiliza porque la clase capitalista adquirió una hegemonía cultural sobre las clases trabajadoras. Estas últimas llegan a aceptar su posición en el sistema porque su visión del mundo está moldeada por las instituciones políticas e ideológicas, y están socializadas para dar su consentimiento al capitalismo. Así que Gramsci es el primer gran culturalista marxista en esta lectura.

Yo sostengo, como otros lo han hecho antes que yo, que esta interpretación de Gramsci es profundamente errónea. Él sostenía que la clase dominante adquiere el consentimiento de las masas. Tenía una teoría de la hegemonía. Pero no sugirió que la hegemonía fuera una construcción cultural. Tenía muy claro que se basa en los beneficios materiales que el capitalismo proporciona a los trabajadores, siempre que sea un sistema dinámico y en crecimiento. Los trabajadores dan su consentimiento al sistema mientras vean mejoras en su bienestar. Así que es un consentimiento basado en los intereses materiales, no en el poder de la ideología.

Así que yo abogo por un Gramsci materialista. Pero también defiendo que este Gramsci materialista estaba equivocado. Tenía razón al observar que el consentimiento se basa en intereses materiales, pero se equivocó al sugerir que la adquisición del consentimiento es la clave de la estabilidad capitalista. La estabilidad, en mi opinión, no se basa en el consentimiento, sino en la resignación de los trabajadores a su situación. Por lo general, saben que están recibiendo un trato injusto, pero debido a las limitaciones en la formación de la clase, en su acción colectiva, que hemos esbozado en una pregunta anterior, ven pocas posibilidades de hacer algo al respecto. Así que aceptan su situación, porque no ven otra opción.

Los capitalistas consiguen a veces el consentimiento, y a veces está extendido entre los trabajadores. Pero este consentimiento es siempre precario, siempre desigual en el mejor de los casos, y ha habido largos periodos en los que ha estado ausente. La era neoliberal es uno de esos episodios en Estados Unidos, mientras que en el Sur Global ha sido la norma. Sin embargo, la ausencia de consentimiento no ha dado lugar a que los trabajadores se levanten. ¿Por qué? Si el consentimiento fuera la base de la durabilidad del sistema, su ausencia debería desencadenar una inestabilidad masiva. Pero no ha sido así. Esto debería hacernos reflexionar, al menos, sobre la posibilidad de que el capitalismo nunca se haya basado en el consentimiento; es decir, que el consentimiento haya sido un mecanismo secundario en el mejor de los casos.

DSJ: Has argumentado con firmeza lo particulares que fueron las condiciones históricas para el surgimiento de los movimientos de clase obrera y de los partidos socialistas desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Teniendo en cuenta esas circunstancias históricas, ¿en qué sentido sería un error que los interesados hoy en revivir las instituciones de la clase obrera miraran al pasado en busca de inspiración?

VC: Hay que distinguir entre principios y estrategias generales y tácticas más específicas. A nivel de principios básicos de organización y estrategia política, creo que el pasado tiene mucho que ofrecer. Cualquier aspiración de hacer retroceder al neoliberalismo y avanzar hacia una sociedad más igualitaria seguirá necesitando la influencia política que el movimiento obrero proporcionó en su día; cualquier partido político que pretenda llevar a cabo esa agenda tendrá que construir una base obrera; el programa tendrá que seguir siendo universalista, no el tipo de política de identidad impulsada por las élites que vemos hoy en día; la organización de la clase obrera tendrá que seguir centrándose en los sindicatos; y los sindicatos tendrán que luchar por la democracia real y el respeto mutuo dentro de sus filas, como hicieron los sindicatos de izquierda en décadas anteriores. Todo esto sigue siendo muy relevante.

Pero, obviamente, el panorama ha cambiado tanto que las tácticas utilizadas para esa estrategia tendrán que ser muy diferentes. Creo que todo el mundo lo entiende. Ese no es el gran reto intelectual. El reto es, en primer lugar, defender la relevancia de los principios socialistas de antaño dentro de una cultura intelectual de izquierdas que ha sido devastada por una política de identidad muy estrecha y muy elitista, y luego averiguar concretamente cuál deberá ser la nueva orientación táctica. Esto es muy difícil en este momento, porque ese tipo de conocimiento táctico es una especie de "aprendizaje por la práctica", y como la izquierda no está "haciendo" mucho, tampoco puede realmente "aprender". La izquierda está tan divorciada de cualquier conexión con la clase trabajadora que sus debates se desarrollan enteramente en el nivel de la teoría, sin ninguna experiencia práctica real que sirva de campo de pruebas para la teoría.

DSJ: Citas al economista Thomas Piketty para argumentar que los partidos socialdemócratas de Occidente ya no miran a la clase trabajadora como su base y dependen mucho más de los estratos profesionales con estudios universitarios. ¿En qué medida crees que este alejamiento de la clase trabajadora es el resultado del giro cultural que has descrito? ¿Y cómo podría la intervención que estás llevando a cabo -que implica tomar ideas del giro cultural para desarrollar un nuevo enfoque material de clase- proporcionar recursos, si es que hay alguno, para superar la división?

VC: No creo que el cambio en la base de clase de los partidos obreros se deba al giro cultural. Es todo lo contrario: el giro cultural fue el resultado del creciente aislamiento de intelectuales cruciales del movimiento obrero. Esto es lo que trato de argumentar en el último capítulo del libro y lo he hecho de forma más contundente en otros artículos. Y es ampliamente aceptado hoy entre los pocos socialistas que hay en el mundo intelectual. ¿Qué explica, entonces, el divorcio de los partidos obreros con la clase trabajadora? Francamente, no tenemos una buena respuesta a eso. Piketty también se indigna, lo cual es muy admirable. No he visto ningún análisis acertado al respecto. Sabemos que, puesto que ha ocurrido de forma generalizada en tantos entornos, está relacionado con cambios estructurales muy profundos en el capitalismo y no está ligado a tal o cual transformación local. También tenemos una idea general de cuáles podrían ser esos cambios: la desindustrialización en curso desde los años 60, la difusión de la educación superior, el tremendo crecimiento del trabajo de oficina, el cambio en la ecología social urbana y todas las presiones electorales que estos cambios ejercen sobre los partidos socialdemócratas. Pero todavía no tenemos una buena comprensión de cómo interactuaron estos factores, cuál fue la jerarquía causal. En otras palabras, podemos enumerarlos, describirlos, pero no podemos analizarlos.

¿Cómo podría mi enfoque ayudarnos a salvar la brecha? Bueno, en realidad no es mi enfoque en sí mismo; es sólo mi articulación del enfoque que, en mi opinión, fue típico de la organización laboral durante décadas. No puedes organizar a la gente si no la respetas: sus necesidades, sus preocupaciones, sus ambiciones. No puedes organizarlos si los tratas como idiotas. Lo que hace la asunción de la racionalidad es imponer un principio de caridad: se parte de la base de que los trabajadores están motivados por preocupaciones reales y no son unos ilusos. Te obliga a estar atento a sus circunstancias y a cómo esas circunstancias pueden ser responsables de las decisiones que toman. En esencia, supones que eres tú el que carece de conocimientos, no ellos. Y entonces se diseña un programa político que responda a sus intereses y preocupaciones. Ese fue el núcleo de la organización sindical durante décadas, y todo se basa en el supuesto de la racionalidad. Realmente no veo cómo se puede organizar a la gente y movilizarla si se la considera como una criatura ideológica.

DSJ: A juzgar por el último capítulo del libro, uno no tiene la impresión de que confías en que los trabajadores resolverán el rompecabezas de la organización de clases en el entorno social, político y económico actual. Afirmas, por ejemplo, que "la nueva ola populista de la última década es la nueva cara de la rebelión de la clase obrera". Gran parte de esta rebelión se manifiesta en los movimientos nacionalistas de derecha. Usted deja claro que la solución exigirá la organización de clase para un nuevo escenario, pero que la izquierda aún no se ha dado cuenta de ello. ¿Hay algo que le dé esperanza? ¿Qué, si es que hay algo, puede mitigar las fuerzas que hacen tan difícil la resistencia organizada? ¿Cómo, por ejemplo, se puede cultivar la solidaridad?

VC: Lo que me da esperanza es que, por primera vez en 40 años, el debate político ha superado los parámetros del discurso neoliberal. Por primera vez desde la elección de Reagan, la izquierda -tal como es- vuelve a hablar de política real. Y en el público en general, la gente se ha dado cuenta de que es posible imaginar alternativas al neoliberalismo. Esto es un gran paso adelante, y realmente, Bernie Sanders jugó el papel de catalizador en esto. Pero, como dices, la frustración por la barbarie de las últimas décadas se está canalizando sobre todo hacia los movimientos de derecha. Está bastante claro por qué: Son la única fuerza organizada que parece tomarse en serio la frustración de la clase trabajadora. La corriente principal de la izquierda es vista -correctamente, en mi opinión- como elitista y abiertamente despreciativa de los trabajadores, como más preocupada por las guerras culturales que por las guerras de clases. Hasta que esto no cambie, no hay esperanza. No hay forma de avanzar hasta que la izquierda aprenda a respetar a los trabajadores de a pie tal y como son, a tomar en serio sus intereses y sus preferencias, y a trabajar en sus parámetros, como hicieron durante décadas.

Hay señales reales de que la gente de izquierda se está dando cuenta de esto. No entre la gente de mi edad o la vieja guardia de la Nueva Izquierda; creo que estas dos generaciones son una fuerza agotada. Pero sí se ve en los activistas más jóvenes la conciencia de que sin el movimiento obrero no hay esperanza real de cambio político. Y el hecho de que la administración Biden se haya estrellado y quemado sin duda los ha convencido. Mi esperanza es que la experiencia acumulada de los últimos cinco o seis años haya incubado una capa de organizadores e intelectuales que se arremanguen y comiencen un nuevo ciclo de construcción institucional. Parte de ese reto será intelectual: se desprenderá del bagaje del giro cultural y posmoderno. Pero en el fondo, tendrá que ser organizativo y político.

Vivek Chibber

es profesor de sociología económica en la New York University. Su último libro es ¡The Class Matrix: Social Theory After the Cultural Turn', Harvard University Press, 2022. También es autor de 'Postcolonial Theory and the Specter of Capital', Princeton University Press, 2013.

Fuente:

https://www.thenation.com/article/culture/vivek-chibber-qa/

Traducción:

Iovana Naddim

05/06/2022

Publicado enCultura
Martes, 31 Mayo 2022 05:45

Me lo gané con tu trabajo

Me lo gané con tu trabajo

El libreto con el que la nueva derecha liberal capta voluntades entre las clases trabajadoras lleva implícita una peligrosa recodificación de las relaciones de explotación. Si no damos el debate en esos términos, la discusión está perdida de antemano.

 

Entramos en la tercera década del siglo XXI. Durante la década de 2010, América Latina pasó del auge a la crisis del progresismo. Sobrevivió con fórceps en Venezuela. Resucitó agónicamente en Argentina. Llegó tarde pero oportunamente a México. Se salvó heroicamente del peor final en Bolivia. Es una pregunta sin respuesta en las rebeliones de Chile. ¿Por qué parece que el ímpetu progresista, aun con todas sus viejas insuficiencias y a pesar de nuevos episodios de lucha social, no recupera oxígeno? El liberalismo de derecha  se transformó aquí en una corriente de masas potente y activa. Nada menos que en Estados Unidos e Inglaterra supo alcanzar el gobierno, mientras que en Europa continental se consolida y crece. Más allá de haber llegado o no a su techo electoral, su presencia tiñe el debate político y lo corre a la derecha del espectro. No es necesario que lleguen al gobierno para que ejerzan una influencia muy regresiva y aglutinen una masa crítica capaz de vetar procesos democratizadores y hasta legitimar golpes de Estado. 

Independientemente de sus expresiones electorales, la sobrerrepresentación mediática de sus exponentes y la constancia de su trabajo en las redes han ido construyendo una base social cohesionada. No parece un fenómeno pasajero o de superficie. Eso no quiere decir que sea irreversible, ni mucho menos. Al contrario, aún hablamos de fenómenos que expresan minorías. Pero este mix original de liberalismo y fascismo es la tendencia que más creció en la última década y, por la radicalidad antipopular de sus enunciados y prácticas, representa el mayor peligro de nuestro tiempo. 

El problema es un poco el de siempre: cómo y por qué las constelaciones de ideas que se elaboran y se militan desde estas minorías sociales y económicas pasaron a tener tanto sentido para franjas mucho más amplias de la población, cuáles son los núcleos de buen sentido que habilitan esa masificación y a partir de cuándo encontraron condiciones para pasar de la defensa al ataque.

Dentro de este gran problema con múltiples aristas, me interesa detenerme en los intentos del liberalismo de derecha por interpelar a sectores de trabajadores –lo que resultó ser clave allí donde llegaron al gobierno- y pensar de qué modo el progresismo y la izquierda pueden relanzar su vínculo con las clases trabajadoras. Identifico cuatro elementos del ciclo neoliberal de fines del siglo XX que sobrevivieron al interior del ciclo popular-progresista de principios del siglo XXI y que nos complicaron las cosas. En primer lugar, aunque se repusieron muchos sentidos de pertenencia colectivos, se mantuvo, en lo fundamental, la centralidad del yo individual como referencia subjetiva. 

En segundo lugar, a pesar de los beneficios objetivos en términos de ingresos para buena parte de las y los trabajadores asalariados, se mantuvieron la degradación referencial del mundo del trabajo productivo en general y la invisibilización de las transferencias de valor entre grupos sociales y países. Es decir, se mantuvo una cortina de humo alrededor de la explotación como tal. 

En tercer lugar, se conservó la fragmentación vertical de las clases trabajadoras en tres grandes sectores: 1) el de los trabajadores organizados, formalizados y más productivos –en general ocupados en la industria o en enclaves extractivos estratégicos– con ingresos muy por encima de la media de los sectores populares, aunque en términos de generación y apropiación de valor, posiblemente más explotados que ningún otro sector de la clase obrera; 2) el sector de los trabajadores precarizados, dispersos y menos productivos, vinculados a los servicios, al comercio e incluso a la actividad por cuenta propia, centro de la uberización; y, por último, 3) el sector de los trabajadores mal llamados «excluidos», que si efectivamente se encuentran excluidos de niveles mínimos de producción y consumo, no lo están del capitalismo como tal, y sobreviven en los márgenes a fuerza de una mezcla de «economía popular», asistencia estatal y actividades no siempre encuadradas en la ley.

Por último, en el plano más eminentemente económico, otros de los elementos que sobrevivieron del ciclo neoliberal fue el aplanamiento de la recaudación impositiva: salvo excepciones puntuales, se mantuvieron alícuotas impositivas similares para todos los segmentos de ingresos, aliviando proporcionalmente la carga fiscal a los ricos y cargándola más sobre sobre los pobres. 

Mi hipótesis es que los tres sectores de trabajadores y trabajadoras mencionados fueron beneficiados por las políticas de los ciclos popular-progresistas. Sin embargo, los primeros dos sectores –sectores de trabajadores que llamaremos «incluidos»– no estuvieron siempre en el centro de su relato ni fueron los más beneficiados por intervenciones estatales directas. Su mejoría se operó más bien por vías indirectas, vinculadas al aumento del empleo o a mejoras salariales que, si bien eran parte de políticas macroeconómicas progresistas, le reservaban un lugar en ese dinamismo al sector privado (sobre todo, para los trabajadores empleados por el empresariado más concentrado y con más espalda económica para abonar salarios más altos) o a las propias luchas independientes de las y los trabajadores por sus ingresos.

Por el contrario, el núcleo de la épica redistribucionista del progresismo consistió en atender al tercer sector de trabajadores subocupados, «los que menos tienen», a través de intervenciones directas que pusieron al Estado en el centro: impuestos aquí, subsidios allá. Dado lo perentorio de las necesidades de estos sectores tan postergados, y dado el material inflamable que representaban para el conjunto del sistema, no se trató de un mal criterio de prioridades. Pero tampoco representó nada muy lejano a las recomendaciones de Jeremy Rifkin en El fin del trabajo, una de las biblias neoliberales de los años 1990, en donde se alertaba sobre la necesidad de contener a este «tercer sector» de la economía a riesgo de que la estabilidad política del sistema volara por los aires.

En efecto, en buena parte de América Latina, esta asistencia llegó después del estallido social y no antes. Pero, en cualquier caso, esta política priorizó la contención de estos sectores excluidos forzosamente de la producción y del consumo por parte del neoliberalismo dependiente latinoamericano (variante del neoliberalismo que, contra toda recepción sin filtro de la literatura del Norte global, no posee ni la misma lógica, ni los mismos sujetos, ni los mismos resultados que el neoliberalismo en los países centrales, aun considerando todo lo que tienen de común como parte de una etapa total del capitalismo global). 

El hecho es que estas redistribuciones de ingresos no se hicieron tanto en clave de devolver a las y los que producen una parte mayor de lo que generan con su trabajo, ni tuvieron a los mayores productores de valor en el centro. Es decir, no reconocieron conceptualmente al conjunto de las y los trabajadores como creadores del valor distribuido, tal y como en algún momento pregonó el propio peronismo-de-perón en Argentina, o como se estiló más en general en esa parte del siglo XX en la que dos grandes sistemas sociales se disputaban en todos los planos a una clase obrera empoderada por el pleno empleo, por la lucha sindical y por la perspectiva revolucionaria.

Este flanco abierto en la disputa simbólica hizo que muchos de los trabajadores productivos asociaran las mejoras en el marco de la macroeconomía progresista no tanto al «milagro» de la intervención estatal, sino a su propio aporte al valor redistribuido. Y esto no como parte de una clase, en clave colectiva, sino como producto de su yo neoliberal, lo que dio como resultado el lema «me lo gané con mi trabajo». 

Aquí entra en juego la cuestión de los impuestos aplanados del neoliberalismo y la distribución de los ingresos operada más entre distintos sectores de trabajadores que entre el capital y el trabajo. Porque, en la cuenta final, vía impuestos al consumo o aportes previsionales, los trabajadores productivos y/o precarizados se transformaron más en dadores que en receptores de ingresos directos estatales, a diferencia de los grupos sociales más postergados. Esto es clave, porque el libreto de la alianza de clases que la nueva derecha liberal propone a los trabajadores hace eje en este punto.

Aunque suene paradójico, su discurso meritocrático tiende un puente implícito con ellos. Si prestamos atención, observamos muchos guiños de identificación con el trabajo, aunque naturalmente se trate de artificios irreales. En primer lugar, invierte los roles y transforma al empresario en trabajador. Es más: un trabajador mejor que el resto, porque «da trabajo». Y, en segundo lugar, pone el eje en la producción de riqueza. El trabajo y el valor de producir rearman una comunidad de intereses en el «sector privado» –compuesto de empleados y empleadores– frente a los que no producen y solo consumen: el Estado, la clase política y los beneficiarios de planes sociales. Se trata de una recodificación de las relaciones de explotación. No las niega: dice que están en otra parte. Así, obviamente, las oculta. Pero mantiene su tensión y redirige las fuerzas del descontento contra los enemigos políticos de las propias elites. 

Esto reinventa la justicia social en términos individualistas, invirtiendo los roles de productor y apropiador. En esta extraña ecuación, vendrían a ser los pobres y los políticos los que explotan a los trabajadores productivos. Y como existen bases suficientes para sostener esta intuición, si se consideran los circuitos reales de la distribución del ingreso, se mantienen condiciones para un «consenso antiparasitismo» contra los excluidos y la política, en el que asoman las formas más preocupantes de neofascismo. En otras palabras, el núcleo de buen sentido del liberalismo de derecha es la reacción contra el parasitismo; sobre supuestos explicativos falsos, pero sobre bases materiales verdaderas. Nada de esto hubiera sido posible sin la previa invisibilización de las verdaderas relaciones de explotación económica al interior del «sector privado» y sin la centralidad referencial del yo.

De cara a un nuevo ciclo de transformaciones populares que recupere potencia histórica y capacidad crítica, considero prioritario que intentemos reordenar esta ecuación sobre la base económica de cambiar los circuitos de distribución del ingreso heredados del neoliberalismo (centrándolos en una recuperación de valor del trabajo respecto al capital, y dejando de redistribuir meramente entre sectores populares) y sobre la base política y simbólica de recuperar el rol de las y los trabajadores como como creadores del valor que se distribuye, entendiendo también a las mujeres, las diversidades, los afrodescendientes o los indígenas en ese carácter activo, no disociado de la producción y la reproducción social, sino como parte de las y los generadores de riqueza en condición subalterna.

Recuperar una concepción sistémica de la pobreza y de la riqueza, de la producción y el consumo, puede ayudar a una nueva unidad política entre trabajadores «incluidos» y «excluidos» y a una confrontación más clara contra el empresariado concentrado y la derecha liberal, que nos prevenga de sus cantos de cisne alrededor del valor del esfuerzo, el mérito y la justicia social individualista. El valor lo generamos colectivamente las y los trabajadores productivos. Somos requisito y condición de la producción y acumulación de riqueza. En ese carácter reclamamos una mayor parte o todo lo que hemos generado.

Ni más ni menos que cuando el feminismo plantea que las mujeres «mueven al mundo» y reclama todo el trabajo no remunerado que el capital no abona por las tareas productivas y reproductivas. Ellas se hacen fuertes en su rol de generadoras de riqueza y cuidado, saben que no le deben nada a nadie y generan anticuerpos sólidos ante la contraofensiva derechista. De hecho, la desafían todo el tiempo. ¿No hay allí una clave para articular una alianza distinta con las clases trabajadoras, recuperar la potencia y desarmar al neofascismo empresarial?

Publicado enEconomía
Fabio Mejía Botero, Cargados de “comodities”, fotografía (Cortesía del autor)

El bloque hegemónico colombiano ha llegado a un cierre de ciclo histórico. Si el ciclo del bipartidismo duró de 1886 a 1991, el gobierno del bloque emergente paramilitar cumple su trayectoria luego de dos décadas de inconformidad social. Esta es la hipótesis abordada en este artículo.


En la perspectiva del análisis político-económico, revisamos la historia del poder en Colombia, atravesado por los intereses políticos y económicos, lo que nos permite indagar por el bloque hegemónico colombiano, en su más reciente emergencia y reposicionamiento, y en un posible cierre del ciclo histórico de su dominio.


Al investigar la historia reciente colombiana, identificamos que la conformación del bloque hegemónico fue producto de los Pactos de Sitges y Benidorm que dieron lugar al acuerdo del bipartidismo conocido como Frente Nacional, en 1958. Con antecedentes disímiles, en las políticas de gobierno decididas a lo largo de aproximadamente seis décadas, la reconfiguración del poder político de liberales y conservadores dio lugar al bloque hegemónico emergente que tomó el poder en el año 2002. La confluencia de la financiación de los carteles de la droga con el paramilitarismo acordó en el Pacto de Ralito (2001) el control del poder del Estado colombiano. El fin del ciclo histórico que puede lograrse en 2022, comprende la elección de una clase política distinta que asuma el poder vía las elecciones legislativas y presidenciales.


El bloque hegemónico emergente ha materializado su dominio con la interdependencia de los poderes político y económico instituidos por la Política Económica de Confianza Inversionista, y con el poder militar que respalda la Política de Defensa y Seguridad Democrática. La interrelación de estas políticas públicas del gobierno colombiano ha tenido una sistemática continuidad a lo largo del periodo 2002-2022, y en ello la profundización de la inversión extranjera directa-IED, para la extracción de los recursos naturales en los territorios, tuvo en el incremento del pie de Fuerza Militar la función de defender los intereses de los capitales externos, en contravía de los intereses del pueblo colombiano.


La reconfiguración del bloque hegemónico colombiano en el siglo XXI ha llegado a un ciclo de dos décadas que cierran con las elecciones presidenciales del año 2022. Los cambios y continuidades entre los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2006; 2006-2010), Juan Manuel Santos Calderón (2010-2014; 2014-2018), y el gobierno que termina de Iván Duque Márquez (2018-2022), resaltaron una dinámica de continuidad con la Política de Seguridad Democrática y con el modelo económico primario-exportador de la Política Económica de Confianza Inversionista.


El debate político que conoce hoy el país, liderado por los candidatos presidenciales que se han posicionado en los foros de los medios masivos de comunicación va dejando sobre la mesa de la opinión pública nacional, en primer lugar, la exposición de sus argumentos frente a los asuntos económicos del gobierno, la reforma tributaria, el combate a la corrupción y la generación de empleo. En segundo lugar, se ha solicitado a los candidatos dar respuestas a ¿cómo afrontar el miedo a la violencia? y ¿cómo han de encarar las negociaciones pendientes sobre el conflicto armado con los diferentes actores? En tercer lugar, la perspectiva de la educación pública, sobre la cual gana opinión una de carácter gratuita, universal y de calidad, en tanto, cada uno de los candidatos se identifica con mejorar los niveles de educación de la población colombiana.


Por su parte, en el escenario público callejero, el abucheo en distintas ciudades encarando al expresidente Uribe Vélez, deja en claro que un sector del pueblo colombiano no quiere más continuidad del proyecto político que representa la impunidad de los narcotraficantes y de los paramilitares instalados en el control del poder del Estado desde el año 2002. La coyuntura amerita un cambio político, que de llegar a darse podría estar liderado por la coalición agrupada en el Pacto Histórico. Sin embargo, es posible que se definan relevos de las clases dominantes con alguno de los candidatos del Centro de la Esperanza o del Equipo por Colombia.

 

Los vaivenes de los sectores económicos


En la actual contienda electoral, cada sector económico (agrario, financiero, comercial, de la construcción, entre otros) prioriza sus intereses por sobre los del país, con la óptica situada en que garantice sus ganancias actuales y futuras. La priorización de los intereses económicos puede observarse en las decisiones tomadas por los últimos gobiernos en materia de política económica, en cuanto a qué, el aumento de divisas en el país producto de la inyección de capitales externos benefició con grandes exenciones de impuestos a los empresarios colombianos que concentran la mayor acumulación de capitales.


En el último gobierno de Iván Duque, esto se concretó a través de la Ley 1943 de 2018, la cual expidió “normas de financiamiento para el restablecimiento del equilibrio del presupuesto general”, y la Ley 2010 de 2019 o Ley de Crecimiento Económico. Es sabido que, en el Estatuto Tributario diseñado por la Dirección General de Impuestos Nacionales fueron creadas un aproximado de “253 excepciones”, las cuales han beneficiado a “las 500 empresas más ricas del país” (Forero, 16 de julio de 2020).


En cuanto a las decisiones en política monetaria, existen alertas tempranas ante la intromisión del poder ejecutivo; por ejemplo, el llamado de Kalmanovitz a defender la autarquía del Banco de la República se dio en respuesta a las declaraciones del presidente Iván Duque sobre cuestiones de alza de precios y manejo inflacionario (Kalmanovitz, 2022). El dinosaurio intocable de la Banca Central en Colombia ha tenido, contra viento y marea, que mantener el poder adquisitivo de la moneda, hacer que el peso colombiano conserve su valor a toda costa, frente a una arquitectura financiera internacional que se devora con las ilusiones de dolarizar las fronteras, en la extensión de la frontera dolarizada con el Ecuador, o lo que han denominado los “trumps bachaqueros” en el proceso de “dolarización popular” que vive la frontera con Venezuela.


Entre los temas que son competencia de la Banca Central, el último aumento del salario mínimo del 10,07%, resultó irrisorio, debido al detrimento de valor del peso, evidente por el incremento de la inflación. Es decir, que se han presentado significativas variaciones en los precios, debido a las cifras de inflación con que cerró el año 2021, en “alimentos y bebidas (17,23%), restaurantes y hoteles (8,83 %) y el transporte (5,69 %)” (Portafolio, 8 de enero de 2022). El efecto inmediato de esta escalada, la disminución real en la capacidad de consumo de las mayorías ha provocado inconformidad en la mayoría de los hogares del país.


Además, en la crisis económica adjudicada al coronavirus, las cuarentenas estrictas y obligatorias aceleraron el posicionamiento del comercio digital y una mayor financiarización del mercado, el comercio y de la economía en general. A su vez, la situación portuaria se ha visto radicalmente afectada, no sólo por el virus que limitó durante un breve periodo el anclaje de los productos de importación y exportación, sino por una falencia en los containers. Esta situación ha perjudicado la entrada de insumos para el sector industrial y agrario, generando desabastecimiento en el caso de la cerveza, y aumento de precios de los productos agrícolas.


Estos asuntos han sido tratados en el debate político, entre los escenarios destacados, en agosto de 2021 fueron invitados los candidatos presidenciales a la Asamblea de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia-ANDI, en la cual expusieron sus proyectos relacionados con la política económica. La sistematización de las diferentes posiciones que compiló Portafolio (14-15 de agosto de 2021), ubican un panorama frente a las adhesiones y distancias que marcan los candidatos frente a los grupos económicos referidos. En síntesis, son claras posiciones a favor de la continuidad del llamado neoliberalismo en su versión del capitalismo financiero, que deja a Colombia con una deuda externa de “US$167.859 millones, el 53,1% del producto interno bruto (PIB)” (Ibid.) a diciembre de 2021.


Los clásicos del liberalismo persisten: libre empresa, libre mercado, libre competencia, son las denominaciones comunes. La única mención a un “nivel de proteccionismo” fue la intervención de Gustavo Petro, proteccionismo que debiera entenderse como un proyecto de reestructuración desde el Estado de la industria nacional, distinto al proteccionismo conservador que posibilitó la conformación de los monopolios empresariales de las clases dominantes colombianas. En tal sentido, puede dialogar la referencia a la industrialización por sustitución de importaciones de Jorge Enrique Robledo, en tanto regular las importaciones de productos industriales que son manufacturados y productos agrarios que hacen parte de la economía del campo colombiano.

Los grupos económicos, continuidad y fortalecimiento


Los grupos económicos colombianos siguen acumulando grandes fortunas que posicionan a sus propietarios entre los más ricos del mundo según la lista Forbes (2021). La concentración de la acumulación de capital está relacionada a “los patrimonios de las empresas que son de su propiedad” (Forbes, 2021). Se entiende que la generación de riqueza en Colombia está definida por la libre competencia de las empresas privadas que han creado el monopolio de la producción de bienes, servicios, dominando en todos los sectores económicos.


En tal sentido la legislación colombiana ha beneficiado la libre empresa privada, con las exenciones de impuestos tributarios, como con la venta de las empresas del Estado a capitales privados nacionales y externos. Las rentas extraordinarias del Estado, que producía la nacionalización de la prestación de los servicios domiciliarios (agua, alcantarillado, aseo, electricidad, gas, telefonía), a partir de los años noventa ha sido ofertada a la acumulación de ganancias de sectores privados. Un solo ejemplo de los múltiples casos, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, fue la “privatización de la empresa estatal de producción y comercialización de energía eléctrica –ISAGEN” (Otero, 11 de agosto de 2013).


Las medidas económicas, jurídicas y políticas tomadas por los gobiernos de Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque Márquez, han favorecido a los grupos económicos que concentran la mayor acumulación de riquezas en Colombia. Esto lo demuestran medidas como las que tomó el Banco de la República de inyección de liquidez al sector financiero, mediante emisiones monetarias en el año 2020, con la impresión de “$33 billones en 2020” (Cifuentes, 2021). Los salvavidas a los bancos fortalecieron al sector económico que mayor acumulación de capital ha detentado en las últimas décadas, evidencia de lo cual es el constante favorecimiento de las familias más ricas de Colombia, las cuales conforman los grupos económicos que dominan en todos los sectores de la economía.


Luis Carlos Sarmiento Angulo propietario del Grupo Aval, representa la mayor acumulación de capitales de los sectores financiero y de construcción. Frente a las candidaturas presidenciales se han registrado entrevistas y declaraciones de las posiciones de Gustavo Petro frente a la democratización bancaria, ante las cuales el empresario Sarmiento Angulo ha reiterado su respaldo a Uribe Vélez, con un claro mensaje sobre sus posiciones políticas en las elecciones presidenciales.


Al sector financiero llegó el nuevo rostro de David Vélez, quien es responsable del Banco Nubank, una estrategia de banca digital que logró posicionarlo en el segundo puesto entre los hombres colombianos más ricos. Frente a los mecanismos financieros de Nubank, Petro ha hecho declaraciones positivas, que permitirían aproximar su proyecto político al nuevo millonario; sin embargo, no se han registrado declaraciones del banquero virtual hacia sus preferencias de candidaturas en las elecciones presidenciales de 2022.


Los movimientos del Grupo Empresarial Antioqueño ganaron ritmo sísmico en la Bolsa Colombiana a lo largo de los dos primeros meses del año. Las acciones de la empresa de alimentos Nutresa y del Grupo Sura, han tenido ofertas públicas de adquisición (OPA) por parte de la familia Gilinski. Esto en la agitada política municipal de Medellín ha sido controvertido por declaraciones del alcalde Quintero contra los carteles empresariales que han gobernado en la ciudad. Además, se han modificado las alianzas económicas en la compra y venta del periódico El Colombiano, lo que muestra una gran convulsión en los relevos del poder económico en el departamento antioqueño. Los paisas tradicionales se atravesaron en la compra del periódico, también codiciado por el Grupo Gilinski que tiene cierta simpatía por Quintero.


En el escenario de la capital colombiana, el Grupo Santodomingo ha distribuido la fortuna entre las viudas Beatriz y Vera, y entre los hijos Alejandro y Andrés, quienes se posicionaron respectivamente entre los colombianos más ricos. Sus acciones mayoritarias en la oligopolización de Bavaria facilitaron una reducción de 19 a 6 fábricas en el territorio colombiano durante los últimos años, con lo cual se llegó hasta el episodio de desabastecimiento de cerveza en las fiestas decembrinas de 2021.


Sobre las retribuciones de los grupos económicos por las medidas que toman los gobiernos para beneficiar la acumulación de ganancias, es como pueden entenderse por ejemplo las relaciones políticas de Julio Mario Santo Domingo con Ernesto Samper. Poder político y económico entrelazado en este particular a partir del respaldo brindado por el empresario al político en el proceso 8.000, luego del escándalo por el ingreso de dineros del Cartel del Valle a las elecciones presidenciales de 1994.


Igualmente, Juan Manuel Santos Calderón durante su mandato ofreció homenajes ante el fallecimiento de Julio Mario. Actos que traslucen ante la opinión pública la adhesión de la familia Santodomingo al Partido Liberal Colombiano, y sus derivaciones como la del Partido de la U. Con el ingreso al mercado mundial de la cervecería que heredaron es clara la posición del libre comercio y la liberalización de capitales que éstos practican.

Por su parte, la Organización Ardila Lülle, que hizo una gran fortuna con los productos Postobón y los ingenios azucareros, ha regresado durante los últimos años a competir con el Grupo Santodomingo en la industria cervecera, fundando en 2014 la Central Cervecera de Colombia S.A.S., productora de la cerveza Andina y distribuidora en el territorio nacional de la cerveza Heineken. A poco menos de un año de la muerte de Carlos Ardila Lülle, puede entenderse que aún sigan los procesos de distribución de la multimillonaria herencia entre sus cuatro hijos. La Organización está en manos del mayor de ellos, Carlos Julio, y los demás mantienen otros roles menos visibles al interior de la jerarquía empresarial, al igual que algunos de sus nietos. De los manejos de Carlos Julio, es de recordar la expulsión de Vicky Dávila de La FM-RCN, tras las múltiples solicitudes del gobierno de Juan Manuel Santos.


Como hay evidencias de ello a lo largo de la historia mundial, las interconexiones familiares son íntimas entre las clases dominantes en el poder económico. El matrimonio de Antonio José Ardilla con Luz Ángela Sarmiento unificó a la Organización Ardila Lülle con el complejo financiero del Grupo Aval. Estás estrechas relaciones entre Bogotá y el Valle del Cauca, conjugan puntos estratégicos en los cuales circula la agroindustria de los ingenios azucareros con los pules del sector financiero, sector de la construcción y las vertientes de industria de gaseosas y cervecería.

 

Los otros actores


El análisis de las posiciones de los movimientos sociales frente a las elecciones, el panorama de las negociaciones de paz con los actores guerrilleros y unos posibles diálogos con el poder irregular de los criminales organizados, como lo viene incentivando Álvaro Leyva Durán, conllevan a dejar mencionada la crisis humanitaria que vive el departamento de Arauca, donde se han registrado “428 familias (1.531 personas aprox.)” (OCHA, 20 de enero de 2022) víctimas de desplazamiento forzado armado. El campesinado colombiano sigue cargando con todo el peso del conflicto armado, los actores con multiplicidad de intereses no han dado tregua a los líderes sociales, a los resguardos de comunidades indígenas y a los exguerrilleros que habitan los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación-ETCR en las zonas de frontera.


Distintos intereses económicos se cruzan en la zona, entre las rutas del tráfico de drogas hacia Venezuela, las pugnas por el control del territorio para garantizar las exploraciones y explotaciones de yacimientos petroleros. En ese marco, la codicia de las nuevas generaciones de traficantes ha desatado confrontaciones entre diversidad de organizaciones criminales “grupo armado organizado (GAO) y un grupo generador de violencia (GGV)” (OCHA, 20 de enero de 2022) como entre las mismas denominaciones guerrilleras. La intervención o complicidad de las Fuerzas Militares de Colombia y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela, no logran informar lo que realmente sucede en el territorio.


Las acciones de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional-ELN, las ubicaciones de los guerrilleros firmantes del acuerdo que se rearmaron en la Segunda Marquetalia con la comandancia de Iván Márquez, y el control del territorio de las disidencias de las FARC-EP que previo a firmar el Acuerdo de Paz de La Habana regresaron a las armas siguiendo a Gentil Duarte, conforman una bomba de tiempo que atraviesa desde el Pacífico nariñense y el Putumayo, cubriendo las regiones de la Orinoquía y Amazonía, hasta llegar a la frontera de Arauca con Venezuela. El país olvidado que se encuentra pasando los Llanos orientales, no logró saber en qué momento se dio un proceso de paz en Colombia.


El conflicto armado interno persiste claramente en la confrontación que emiten las posiciones contra el Estado, pero de la misma manera el conflicto social y político continúa atizado por los paramilitares y otras bandas armadas. El escenario del departamento de Arauca permite recordar los problemas estructurales de la necesidad de estatización de los recursos estratégicos y la transformación del actual modelo económico y el tipo de Estado, hacia uno protector de una economía planificada y que asuma los retos de modificación del modelo primario exportador. El paso a un sistema energético con energías limpias y renovables tiene el reto de atender otros sectores de la estructura socioeconómica colombiana, en el sentido de garantizar pleno empleo a la fuerza de trabajo, además de tomar posición activa y transformadora en la relación con la naturaleza y el cambio climático.


La solución de los problemas sociales sigue en la raíz del conflicto: la distribución de las riquezas. Es necesario que las clases dominantes del poder económico se comprometan con el cumplimiento de la reforma agraria que permita la devolución o restitución de tierras productivas al campesinado, como la entrega y protección de las tierras de los resguardos indígenas y de las tierras de propiedad colectiva de las comunidades de negros, afrodescendientes, raízales y palenqueros. A su vez, en la transformación del modelo económico pueden ejercer un importante papel en incentivar la diversificación de la producción industrial.


El análisis de la coyuntura ante las elecciones legislativas y presidenciales debe colocar sobre la mesa la salida política negociada con todos los actores en conflicto, como la implementación real del Acuerdo de Paz suscrito en 2016.

El final del bloque hegemónico colombiano


El final del ciclo histórico del bloque hegemónico colombiano emergente, ligado a los carteles de la droga, al paramilitarismo y al sector agroindustrial dominado por terratenientes, exige una ruptura con la Política Económica de Confianza Inversionista y con la Política de Defensa y Seguridad Democrática. La composición de las clases dominantes en el poder económico da cuenta de la utilización que realizan los gobernantes para el incremento en la acumulación de sus capitales.


En esta dinámica el bloque financiero ha incrementado su poder sobre el Estado, así como ha multiplicado sus riquezas, en detrimento de los bloques industrial y agrario, que protagonizaron en el siglo XX los debates centrales de la política económica. A la par de ello, los emporios agroindustriales y la firma de tratados de libre comercio despojaron y liquidaron las economías de los medianos y pequeños productores agrarios. Asimismo, la incipiente industria nacional fue arruinada con la competencia internacional, a partir de la apertura de libre comercio facilitada por el gobierno de César Gaviria (1990-1994) y el cambio de reglas comerciales posibilitado por los tratados de libre comercio firmados por los gobiernos colombianos desde el año 2006 hasta el presente.


Al proceso de alianza de las clases dominantes en Colombia le urge el entendimiento del momento histórico que atraviesa la economía colombiana, en tanto la responsabilidad directa que tienen en la persistencia del conflicto armado. La desigualdad social y económica persistente, el acaparamiento de tierras, el incumplimiento de una reforma agraria efectiva y la militarización del territorio, entre otros factores, siguen estando en la raíz del aumento de la miseria y el desempleo. Por tales razones, la imposibilidad de garantizar puestos de trabajo y educación de calidad a la juventud, la pendiente reforma estructural el modelo económico y del tipo de Estado, continúan conduciendo al fortín de las armas, prolongando el final del conflicto armado.


En tal sentido, es necesario que se comprenda el llamado realizado por Robert Boyer (2019), en cuanto a que, “el análisis de la formación de un bloque hegemónico es un principio rector de la investigación actual en teoría de la regulación” (Almada, Julieta A.; Ormaechea, Emilia, 2019). En clave de entender la composición de la “intermediación política” que ejercen las clases dominantes que controlan el poder económico y el poder militar. Es una perspectiva en el análisis que permite develar las razones de la prolongación del conflicto armado, descomponiendo los intereses económicos de las multinacionales en el control de amplias franjas del territorio colombiano para la extracción de los recursos minero-energéticos.


Así queda mucho más claro que el final del ciclo histórico del bloque hegemónico emergente, ligado a la cooperación militar y comercial con Estados Unidos, representa en Colombia la oportunidad de modificar estas relaciones e impulsar la apertura de nuevas y más flexibles alianzas internacionales.


El punto central que han elevado, de nuevo, las disidencias y las guerrillas que siguen en armas es el asunto de la toma del poder del Estado capitalista colombiano por la vía de las elecciones o por la vía de una revolución armada. Esto comprenderá igualmente la necesidad de la transformación del régimen de acumulación, entendiendo que el trabajo del guerrillero heroico fue mucho más retador en el Ministerio de Economía que en la estrategia militar. Sean las ilusiones de los cuarteles de inverno, un aterrizaje para asumir la solución política definitiva de este conflicto sin fin.

 

*Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana-UDFJC; Magíster en Estudios Políticos-UNR; Candidata a Doctora en Ciencias Sociales-UBA.

 

Referencias

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Fabio Mejía Botero, Cargados de “comodities”, fotografía (Cortesía del autor)

El bloque hegemónico colombiano ha llegado a un cierre de ciclo histórico. Si el ciclo del bipartidismo duró de 1886 a 1991, el gobierno del bloque emergente paramilitar cumple su trayectoria luego de dos décadas de inconformidad social. Esta es la hipótesis abordada en este artículo.


En la perspectiva del análisis político-económico, revisamos la historia del poder en Colombia, atravesado por los intereses políticos y económicos, lo que nos permite indagar por el bloque hegemónico colombiano, en su más reciente emergencia y reposicionamiento, y en un posible cierre del ciclo histórico de su dominio.


Al investigar la historia reciente colombiana, identificamos que la conformación del bloque hegemónico fue producto de los Pactos de Sitges y Benidorm que dieron lugar al acuerdo del bipartidismo conocido como Frente Nacional, en 1958. Con antecedentes disímiles, en las políticas de gobierno decididas a lo largo de aproximadamente seis décadas, la reconfiguración del poder político de liberales y conservadores dio lugar al bloque hegemónico emergente que tomó el poder en el año 2002. La confluencia de la financiación de los carteles de la droga con el paramilitarismo acordó en el Pacto de Ralito (2001) el control del poder del Estado colombiano. El fin del ciclo histórico que puede lograrse en 2022, comprende la elección de una clase política distinta que asuma el poder vía las elecciones legislativas y presidenciales.


El bloque hegemónico emergente ha materializado su dominio con la interdependencia de los poderes político y económico instituidos por la Política Económica de Confianza Inversionista, y con el poder militar que respalda la Política de Defensa y Seguridad Democrática. La interrelación de estas políticas públicas del gobierno colombiano ha tenido una sistemática continuidad a lo largo del periodo 2002-2022, y en ello la profundización de la inversión extranjera directa-IED, para la extracción de los recursos naturales en los territorios, tuvo en el incremento del pie de Fuerza Militar la función de defender los intereses de los capitales externos, en contravía de los intereses del pueblo colombiano.


La reconfiguración del bloque hegemónico colombiano en el siglo XXI ha llegado a un ciclo de dos décadas que cierran con las elecciones presidenciales del año 2022. Los cambios y continuidades entre los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2006; 2006-2010), Juan Manuel Santos Calderón (2010-2014; 2014-2018), y el gobierno que termina de Iván Duque Márquez (2018-2022), resaltaron una dinámica de continuidad con la Política de Seguridad Democrática y con el modelo económico primario-exportador de la Política Económica de Confianza Inversionista.


El debate político que conoce hoy el país, liderado por los candidatos presidenciales que se han posicionado en los foros de los medios masivos de comunicación va dejando sobre la mesa de la opinión pública nacional, en primer lugar, la exposición de sus argumentos frente a los asuntos económicos del gobierno, la reforma tributaria, el combate a la corrupción y la generación de empleo. En segundo lugar, se ha solicitado a los candidatos dar respuestas a ¿cómo afrontar el miedo a la violencia? y ¿cómo han de encarar las negociaciones pendientes sobre el conflicto armado con los diferentes actores? En tercer lugar, la perspectiva de la educación pública, sobre la cual gana opinión una de carácter gratuita, universal y de calidad, en tanto, cada uno de los candidatos se identifica con mejorar los niveles de educación de la población colombiana.


Por su parte, en el escenario público callejero, el abucheo en distintas ciudades encarando al expresidente Uribe Vélez, deja en claro que un sector del pueblo colombiano no quiere más continuidad del proyecto político que representa la impunidad de los narcotraficantes y de los paramilitares instalados en el control del poder del Estado desde el año 2002. La coyuntura amerita un cambio político, que de llegar a darse podría estar liderado por la coalición agrupada en el Pacto Histórico. Sin embargo, es posible que se definan relevos de las clases dominantes con alguno de los candidatos del Centro de la Esperanza o del Equipo por Colombia.

 

Los vaivenes de los sectores económicos


En la actual contienda electoral, cada sector económico (agrario, financiero, comercial, de la construcción, entre otros) prioriza sus intereses por sobre los del país, con la óptica situada en que garantice sus ganancias actuales y futuras. La priorización de los intereses económicos puede observarse en las decisiones tomadas por los últimos gobiernos en materia de política económica, en cuanto a qué, el aumento de divisas en el país producto de la inyección de capitales externos benefició con grandes exenciones de impuestos a los empresarios colombianos que concentran la mayor acumulación de capitales.


En el último gobierno de Iván Duque, esto se concretó a través de la Ley 1943 de 2018, la cual expidió “normas de financiamiento para el restablecimiento del equilibrio del presupuesto general”, y la Ley 2010 de 2019 o Ley de Crecimiento Económico. Es sabido que, en el Estatuto Tributario diseñado por la Dirección General de Impuestos Nacionales fueron creadas un aproximado de “253 excepciones”, las cuales han beneficiado a “las 500 empresas más ricas del país” (Forero, 16 de julio de 2020).


En cuanto a las decisiones en política monetaria, existen alertas tempranas ante la intromisión del poder ejecutivo; por ejemplo, el llamado de Kalmanovitz a defender la autarquía del Banco de la República se dio en respuesta a las declaraciones del presidente Iván Duque sobre cuestiones de alza de precios y manejo inflacionario (Kalmanovitz, 2022). El dinosaurio intocable de la Banca Central en Colombia ha tenido, contra viento y marea, que mantener el poder adquisitivo de la moneda, hacer que el peso colombiano conserve su valor a toda costa, frente a una arquitectura financiera internacional que se devora con las ilusiones de dolarizar las fronteras, en la extensión de la frontera dolarizada con el Ecuador, o lo que han denominado los “trumps bachaqueros” en el proceso de “dolarización popular” que vive la frontera con Venezuela.


Entre los temas que son competencia de la Banca Central, el último aumento del salario mínimo del 10,07%, resultó irrisorio, debido al detrimento de valor del peso, evidente por el incremento de la inflación. Es decir, que se han presentado significativas variaciones en los precios, debido a las cifras de inflación con que cerró el año 2021, en “alimentos y bebidas (17,23%), restaurantes y hoteles (8,83 %) y el transporte (5,69 %)” (Portafolio, 8 de enero de 2022). El efecto inmediato de esta escalada, la disminución real en la capacidad de consumo de las mayorías ha provocado inconformidad en la mayoría de los hogares del país.


Además, en la crisis económica adjudicada al coronavirus, las cuarentenas estrictas y obligatorias aceleraron el posicionamiento del comercio digital y una mayor financiarización del mercado, el comercio y de la economía en general. A su vez, la situación portuaria se ha visto radicalmente afectada, no sólo por el virus que limitó durante un breve periodo el anclaje de los productos de importación y exportación, sino por una falencia en los containers. Esta situación ha perjudicado la entrada de insumos para el sector industrial y agrario, generando desabastecimiento en el caso de la cerveza, y aumento de precios de los productos agrícolas.


Estos asuntos han sido tratados en el debate político, entre los escenarios destacados, en agosto de 2021 fueron invitados los candidatos presidenciales a la Asamblea de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia-ANDI, en la cual expusieron sus proyectos relacionados con la política económica. La sistematización de las diferentes posiciones que compiló Portafolio (14-15 de agosto de 2021), ubican un panorama frente a las adhesiones y distancias que marcan los candidatos frente a los grupos económicos referidos. En síntesis, son claras posiciones a favor de la continuidad del llamado neoliberalismo en su versión del capitalismo financiero, que deja a Colombia con una deuda externa de “US$167.859 millones, el 53,1% del producto interno bruto (PIB)” (Ibid.) a diciembre de 2021.


Los clásicos del liberalismo persisten: libre empresa, libre mercado, libre competencia, son las denominaciones comunes. La única mención a un “nivel de proteccionismo” fue la intervención de Gustavo Petro, proteccionismo que debiera entenderse como un proyecto de reestructuración desde el Estado de la industria nacional, distinto al proteccionismo conservador que posibilitó la conformación de los monopolios empresariales de las clases dominantes colombianas. En tal sentido, puede dialogar la referencia a la industrialización por sustitución de importaciones de Jorge Enrique Robledo, en tanto regular las importaciones de productos industriales que son manufacturados y productos agrarios que hacen parte de la economía del campo colombiano.

Los grupos económicos, continuidad y fortalecimiento


Los grupos económicos colombianos siguen acumulando grandes fortunas que posicionan a sus propietarios entre los más ricos del mundo según la lista Forbes (2021). La concentración de la acumulación de capital está relacionada a “los patrimonios de las empresas que son de su propiedad” (Forbes, 2021). Se entiende que la generación de riqueza en Colombia está definida por la libre competencia de las empresas privadas que han creado el monopolio de la producción de bienes, servicios, dominando en todos los sectores económicos.


En tal sentido la legislación colombiana ha beneficiado la libre empresa privada, con las exenciones de impuestos tributarios, como con la venta de las empresas del Estado a capitales privados nacionales y externos. Las rentas extraordinarias del Estado, que producía la nacionalización de la prestación de los servicios domiciliarios (agua, alcantarillado, aseo, electricidad, gas, telefonía), a partir de los años noventa ha sido ofertada a la acumulación de ganancias de sectores privados. Un solo ejemplo de los múltiples casos, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, fue la “privatización de la empresa estatal de producción y comercialización de energía eléctrica –ISAGEN” (Otero, 11 de agosto de 2013).


Las medidas económicas, jurídicas y políticas tomadas por los gobiernos de Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque Márquez, han favorecido a los grupos económicos que concentran la mayor acumulación de riquezas en Colombia. Esto lo demuestran medidas como las que tomó el Banco de la República de inyección de liquidez al sector financiero, mediante emisiones monetarias en el año 2020, con la impresión de “$33 billones en 2020” (Cifuentes, 2021). Los salvavidas a los bancos fortalecieron al sector económico que mayor acumulación de capital ha detentado en las últimas décadas, evidencia de lo cual es el constante favorecimiento de las familias más ricas de Colombia, las cuales conforman los grupos económicos que dominan en todos los sectores de la economía.


Luis Carlos Sarmiento Angulo propietario del Grupo Aval, representa la mayor acumulación de capitales de los sectores financiero y de construcción. Frente a las candidaturas presidenciales se han registrado entrevistas y declaraciones de las posiciones de Gustavo Petro frente a la democratización bancaria, ante las cuales el empresario Sarmiento Angulo ha reiterado su respaldo a Uribe Vélez, con un claro mensaje sobre sus posiciones políticas en las elecciones presidenciales.


Al sector financiero llegó el nuevo rostro de David Vélez, quien es responsable del Banco Nubank, una estrategia de banca digital que logró posicionarlo en el segundo puesto entre los hombres colombianos más ricos. Frente a los mecanismos financieros de Nubank, Petro ha hecho declaraciones positivas, que permitirían aproximar su proyecto político al nuevo millonario; sin embargo, no se han registrado declaraciones del banquero virtual hacia sus preferencias de candidaturas en las elecciones presidenciales de 2022.


Los movimientos del Grupo Empresarial Antioqueño ganaron ritmo sísmico en la Bolsa Colombiana a lo largo de los dos primeros meses del año. Las acciones de la empresa de alimentos Nutresa y del Grupo Sura, han tenido ofertas públicas de adquisición (OPA) por parte de la familia Gilinski. Esto en la agitada política municipal de Medellín ha sido controvertido por declaraciones del alcalde Quintero contra los carteles empresariales que han gobernado en la ciudad. Además, se han modificado las alianzas económicas en la compra y venta del periódico El Colombiano, lo que muestra una gran convulsión en los relevos del poder económico en el departamento antioqueño. Los paisas tradicionales se atravesaron en la compra del periódico, también codiciado por el Grupo Gilinski que tiene cierta simpatía por Quintero.


En el escenario de la capital colombiana, el Grupo Santodomingo ha distribuido la fortuna entre las viudas Beatriz y Vera, y entre los hijos Alejandro y Andrés, quienes se posicionaron respectivamente entre los colombianos más ricos. Sus acciones mayoritarias en la oligopolización de Bavaria facilitaron una reducción de 19 a 6 fábricas en el territorio colombiano durante los últimos años, con lo cual se llegó hasta el episodio de desabastecimiento de cerveza en las fiestas decembrinas de 2021.


Sobre las retribuciones de los grupos económicos por las medidas que toman los gobiernos para beneficiar la acumulación de ganancias, es como pueden entenderse por ejemplo las relaciones políticas de Julio Mario Santo Domingo con Ernesto Samper. Poder político y económico entrelazado en este particular a partir del respaldo brindado por el empresario al político en el proceso 8.000, luego del escándalo por el ingreso de dineros del Cartel del Valle a las elecciones presidenciales de 1994.


Igualmente, Juan Manuel Santos Calderón durante su mandato ofreció homenajes ante el fallecimiento de Julio Mario. Actos que traslucen ante la opinión pública la adhesión de la familia Santodomingo al Partido Liberal Colombiano, y sus derivaciones como la del Partido de la U. Con el ingreso al mercado mundial de la cervecería que heredaron es clara la posición del libre comercio y la liberalización de capitales que éstos practican.

Por su parte, la Organización Ardila Lülle, que hizo una gran fortuna con los productos Postobón y los ingenios azucareros, ha regresado durante los últimos años a competir con el Grupo Santodomingo en la industria cervecera, fundando en 2014 la Central Cervecera de Colombia S.A.S., productora de la cerveza Andina y distribuidora en el territorio nacional de la cerveza Heineken. A poco menos de un año de la muerte de Carlos Ardila Lülle, puede entenderse que aún sigan los procesos de distribución de la multimillonaria herencia entre sus cuatro hijos. La Organización está en manos del mayor de ellos, Carlos Julio, y los demás mantienen otros roles menos visibles al interior de la jerarquía empresarial, al igual que algunos de sus nietos. De los manejos de Carlos Julio, es de recordar la expulsión de Vicky Dávila de La FM-RCN, tras las múltiples solicitudes del gobierno de Juan Manuel Santos.


Como hay evidencias de ello a lo largo de la historia mundial, las interconexiones familiares son íntimas entre las clases dominantes en el poder económico. El matrimonio de Antonio José Ardilla con Luz Ángela Sarmiento unificó a la Organización Ardila Lülle con el complejo financiero del Grupo Aval. Estás estrechas relaciones entre Bogotá y el Valle del Cauca, conjugan puntos estratégicos en los cuales circula la agroindustria de los ingenios azucareros con los pules del sector financiero, sector de la construcción y las vertientes de industria de gaseosas y cervecería.

 

Los otros actores


El análisis de las posiciones de los movimientos sociales frente a las elecciones, el panorama de las negociaciones de paz con los actores guerrilleros y unos posibles diálogos con el poder irregular de los criminales organizados, como lo viene incentivando Álvaro Leyva Durán, conllevan a dejar mencionada la crisis humanitaria que vive el departamento de Arauca, donde se han registrado “428 familias (1.531 personas aprox.)” (OCHA, 20 de enero de 2022) víctimas de desplazamiento forzado armado. El campesinado colombiano sigue cargando con todo el peso del conflicto armado, los actores con multiplicidad de intereses no han dado tregua a los líderes sociales, a los resguardos de comunidades indígenas y a los exguerrilleros que habitan los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación-ETCR en las zonas de frontera.


Distintos intereses económicos se cruzan en la zona, entre las rutas del tráfico de drogas hacia Venezuela, las pugnas por el control del territorio para garantizar las exploraciones y explotaciones de yacimientos petroleros. En ese marco, la codicia de las nuevas generaciones de traficantes ha desatado confrontaciones entre diversidad de organizaciones criminales “grupo armado organizado (GAO) y un grupo generador de violencia (GGV)” (OCHA, 20 de enero de 2022) como entre las mismas denominaciones guerrilleras. La intervención o complicidad de las Fuerzas Militares de Colombia y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela, no logran informar lo que realmente sucede en el territorio.


Las acciones de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional-ELN, las ubicaciones de los guerrilleros firmantes del acuerdo que se rearmaron en la Segunda Marquetalia con la comandancia de Iván Márquez, y el control del territorio de las disidencias de las FARC-EP que previo a firmar el Acuerdo de Paz de La Habana regresaron a las armas siguiendo a Gentil Duarte, conforman una bomba de tiempo que atraviesa desde el Pacífico nariñense y el Putumayo, cubriendo las regiones de la Orinoquía y Amazonía, hasta llegar a la frontera de Arauca con Venezuela. El país olvidado que se encuentra pasando los Llanos orientales, no logró saber en qué momento se dio un proceso de paz en Colombia.


El conflicto armado interno persiste claramente en la confrontación que emiten las posiciones contra el Estado, pero de la misma manera el conflicto social y político continúa atizado por los paramilitares y otras bandas armadas. El escenario del departamento de Arauca permite recordar los problemas estructurales de la necesidad de estatización de los recursos estratégicos y la transformación del actual modelo económico y el tipo de Estado, hacia uno protector de una economía planificada y que asuma los retos de modificación del modelo primario exportador. El paso a un sistema energético con energías limpias y renovables tiene el reto de atender otros sectores de la estructura socioeconómica colombiana, en el sentido de garantizar pleno empleo a la fuerza de trabajo, además de tomar posición activa y transformadora en la relación con la naturaleza y el cambio climático.


La solución de los problemas sociales sigue en la raíz del conflicto: la distribución de las riquezas. Es necesario que las clases dominantes del poder económico se comprometan con el cumplimiento de la reforma agraria que permita la devolución o restitución de tierras productivas al campesinado, como la entrega y protección de las tierras de los resguardos indígenas y de las tierras de propiedad colectiva de las comunidades de negros, afrodescendientes, raízales y palenqueros. A su vez, en la transformación del modelo económico pueden ejercer un importante papel en incentivar la diversificación de la producción industrial.


El análisis de la coyuntura ante las elecciones legislativas y presidenciales debe colocar sobre la mesa la salida política negociada con todos los actores en conflicto, como la implementación real del Acuerdo de Paz suscrito en 2016.

El final del bloque hegemónico colombiano


El final del ciclo histórico del bloque hegemónico colombiano emergente, ligado a los carteles de la droga, al paramilitarismo y al sector agroindustrial dominado por terratenientes, exige una ruptura con la Política Económica de Confianza Inversionista y con la Política de Defensa y Seguridad Democrática. La composición de las clases dominantes en el poder económico da cuenta de la utilización que realizan los gobernantes para el incremento en la acumulación de sus capitales.


En esta dinámica el bloque financiero ha incrementado su poder sobre el Estado, así como ha multiplicado sus riquezas, en detrimento de los bloques industrial y agrario, que protagonizaron en el siglo XX los debates centrales de la política económica. A la par de ello, los emporios agroindustriales y la firma de tratados de libre comercio despojaron y liquidaron las economías de los medianos y pequeños productores agrarios. Asimismo, la incipiente industria nacional fue arruinada con la competencia internacional, a partir de la apertura de libre comercio facilitada por el gobierno de César Gaviria (1990-1994) y el cambio de reglas comerciales posibilitado por los tratados de libre comercio firmados por los gobiernos colombianos desde el año 2006 hasta el presente.


Al proceso de alianza de las clases dominantes en Colombia le urge el entendimiento del momento histórico que atraviesa la economía colombiana, en tanto la responsabilidad directa que tienen en la persistencia del conflicto armado. La desigualdad social y económica persistente, el acaparamiento de tierras, el incumplimiento de una reforma agraria efectiva y la militarización del territorio, entre otros factores, siguen estando en la raíz del aumento de la miseria y el desempleo. Por tales razones, la imposibilidad de garantizar puestos de trabajo y educación de calidad a la juventud, la pendiente reforma estructural el modelo económico y del tipo de Estado, continúan conduciendo al fortín de las armas, prolongando el final del conflicto armado.


En tal sentido, es necesario que se comprenda el llamado realizado por Robert Boyer (2019), en cuanto a que, “el análisis de la formación de un bloque hegemónico es un principio rector de la investigación actual en teoría de la regulación” (Almada, Julieta A.; Ormaechea, Emilia, 2019). En clave de entender la composición de la “intermediación política” que ejercen las clases dominantes que controlan el poder económico y el poder militar. Es una perspectiva en el análisis que permite develar las razones de la prolongación del conflicto armado, descomponiendo los intereses económicos de las multinacionales en el control de amplias franjas del territorio colombiano para la extracción de los recursos minero-energéticos.


Así queda mucho más claro que el final del ciclo histórico del bloque hegemónico emergente, ligado a la cooperación militar y comercial con Estados Unidos, representa en Colombia la oportunidad de modificar estas relaciones e impulsar la apertura de nuevas y más flexibles alianzas internacionales.


El punto central que han elevado, de nuevo, las disidencias y las guerrillas que siguen en armas es el asunto de la toma del poder del Estado capitalista colombiano por la vía de las elecciones o por la vía de una revolución armada. Esto comprenderá igualmente la necesidad de la transformación del régimen de acumulación, entendiendo que el trabajo del guerrillero heroico fue mucho más retador en el Ministerio de Economía que en la estrategia militar. Sean las ilusiones de los cuarteles de inverno, un aterrizaje para asumir la solución política definitiva de este conflicto sin fin.

 

*Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana-UDFJC; Magíster en Estudios Políticos-UNR; Candidata a Doctora en Ciencias Sociales-UBA.

 

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Lunes, 11 Enero 2021 06:48

Imperativos categóricos burgueses

Imperativos categóricos burgueses

De por qué el habla petulante de los oligarcas y el origen de su violencia léxica

No se requiere un gran esfuerzo para identificar al autoritarismo ideológico burgués. Basta y sobra con exhibirles sus contradicciones y aparecerá, volcánica, una verborrea pagada de sí y exultante en argumentos de baja estofa pero escupidos con gran confianza y seguridad. Todo ello con tonito didáctico y cierta benevolencia dulzona propia de aquellos que se compadecen de los seres inferiores y los conducen con “mano firme”, y generosa, por el sendero de sus “razonamientos” univalentes, frecuentemente improbables y siempre autoritarios. Infernal y nauseabundo producto ideológico burgués que nos acecha a diario. Hay que oír a Claudio X. González y sus secuaces empresarios travestidos como “políticos” (dicen). Es metástasis de la corrupción, el perfil demagógico de empresarios que, “metidos en política”, adoptan vociferaciones mesiánicas. Y las propagan por todos sus “medios”. 

Operan como “predicadores” dispuestos a dar por verdad categórica los eslóganes que memorizan en cualquier almanaque de ferretería. Y a fuerza de repetir, con aires de grandeza, su colección de palabrerío inflamado, llegan a creerse “inteligentes”. Algunos, incluso, secuestran academias y organizaciones donde se hacen acompañar por trotamundos demagogos iguales a ellos. Ostentan títulos académicos y se premian entre sí y con frecuencia. Se creen “autoridades”. 

Uno reconoce esos soberbios cuando los mira manotear, desesperadamente, cualquier sofisma que sirva para no admitir sus equivocaciones. Encaramados en el reino de las verdades auto-conferidas, no conciben un milímetro de autocrítica y menos aún la posibilidad de pensar cómo piensan “los otros”. Dan por válidas sus consignas más escleróticas y tiemblan de terror si hubieren de admitir sus torpezas. Entonces redoblan la “superioridad” de sus “certezas”. Como si no conociesen la duda, decía Borges. Derrochan “imperativos categóricos” confiados en vencer al oponente a fuerza de imponerle necedades histriónicas antes que admitir yerros. No hay peor cosa que un ignorante soberbio decía Lope de Vega. Y razón le asiste. 

También la vida burguesa, cuando se infiltra en la cabeza del proletariado, suele producir engendros ideológicos patéticos. Produce, por ejemplo, víctimas reverenciales cuya libido se explaya repitiendo frases hechas y consignas prefabricadas para anestesiar la realidad propia en contextos y épocas muy diversos. Las víctimas aprenden las reglas del opresor: Todo antes que interrogar sus premisas y sus conclusiones. Todo antes que reconocer las diferencias y las diversidades. Todo para incensar sus preceptos y sus egos infectados de mediocridad leguleya. De eso viven las palestras burguesas y de eso aprenden mucho (a sabiendas o no) sus discípulos. Son ejércitos de la ideología de la clase dominante en acción cotidiana. Metidos aquí y allá, infiltrados en los medios y en los modos. Todos van armados, y armadas, con espadas lenguaraces convencidos de que deben convencernos. Imponernos su autoritarismo de egos histéricos y vendernos su mediocridad maquillada como si fuese un logro civilizatorio. 

Son incapaces de razonar con evidencias (de hecho las excluyen o las tergiversan). Son incapaces (literalmente) de pensar de manera “compleja”, considerando la integración dinámica de cinco o más variables, cada una de ellas portadora de vectores de clase en pugna, de historia, de matices y de identidades no subordinadas a la estrechez de la ideología mercantil, lineal y rígida como los intereses de la acumulación del capital. Sus razonamientos más humanos son refritos del vocabulario filantrópico más banal, difundido en seminarios de auto-ayuda o “coaching” empresarial. Mediocridad sublimada. Piensan que el centro del mundo son ellos. “Entre esos tipos y yo hay algo personal” Serrat dixit.

En algunos “informativos” los “periodistas”, arrodillados ante la burguesía, aprendieron a leer en público “noticias” (manipuladas desde las oficinas -gubernamentales o privadas- de espionaje e inteligencia) pero con tono patronal. Asimilaron como “estilo exitoso” la locución “categórica” y a los gritos, como si eso construyera verosimilitud y confianza en las audiencias, (cada día más hartas de falacias y exageraciones mercantiles). Hablan como “patrones de estancia”, terratenientes o señores feudales; hablan como hablan los gerentes a sus vendedores, como hablan los generales a sus soldados, como se le habla a quienes se piensa ignorantes, infradotados, tontos o simplemente incapaces de producir los “méritos” necesarios para vivir con éxito burgués. Hablan como el jefe le habla a sus asalariados. Hablan con autoridad burguesa. Como habla Trump, ídolo de mercachifles. 

Nos urge una Guerrilla Semiótica de acción directa, por todos los medios, para producir los anticuerpos culturales indispensables que exterminen, en plazos cortos, las influencias tóxicas de los medios y los modos burgueses para manipular consciencias. Al pie de la letra, palabra por palabra. Y además de las «vacunas culturales emancipadoras», necesitamos organizar las ideas y los valores producidos en las luchas por liberarnos de la explotación laboral, la sujeción al Estado que ha servido para reprimirnos, la pandemia de los anti valores que nos acomplejan, que nos excluyen estigmatizan… Guerrilla Semiótica contra las humillaciones burguesas proferidas, por ejemplo, en forma de iglesias, entretenimientos y chistes. Contra la estulticia bajo palabra. No somos lo mismo.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride Universidad Nacional de Lanús. Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad. Miembro de Red Verdad. Miembro de la Internacional Progresista. Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

Por Fernando Buen Abad Domínguez | 11/01/2021

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Bong levanta su puño en alto, aferrando uno de sus cuatro premios Oscar.

Un análisis de la ceremonia de la Academia de Hollywood

En el triunfo del film coreano hay un factor a tener en cuenta: en los últimos años, la Academia hizo un esfuerzo importante por ampliar su base de votantes con gente de cine que no necesariamente vive o trabaja en Hollywood. 

 

El libro Guinness de los récords ya debe estar preparando una entrada especial para el caso Parasite, la extraordinaria película coreana que en la noche del domingo (la madrugada del lunes para la Argentina) se convirtió en la gran ganadora de la ceremonia del Oscar de la Academia de Hollywood. Por primera vez desde la creación del premio, 92 años atrás, una película de habla no inglesa ganó la estatuilla al mejor film. Es la primera vez también que la película ganadora del Oscar a lo que hasta el año pasado se conocía como mejor film extranjero --y a partir de esta edición ha pasado a llamarse mejor film internacional-- hace doblete con el premio principal. Si a eso se le suma que su director, el talentoso Bong Joon-ho , también fue coronado como mejor director y autor del mejor guion original, el caso es ciertamente único. Hasta el domingo, ninguna película coreana había ganado un Oscar y de pronto, en una sola noche, Parasite obtuvo cuatro de los seis a los que estaba nominado.

Cinematografía poderosa como pocas, plena de talentos muy diversos, la coreana es una presencia constante en el circuito de festivales internacionales, pero se diría que esta feroz sátira social sobre la lucha de clases en la sociedad capitalista contemporánea tomó ahora a Hollywood por asalto, un poco como sus proletarios personajes protagónicos toman posesión de una lujosa casa ajena en Seúl. Algo así como si la familia Bong, proveniente de ese subsuelo que es toda película producida fuera de la Meca del cine, hubiera llegado de pronto a la colina de Hollywood y se hubiera apoderado del famoso cartel que la identifica.

Uno más entre los varios récords que rompe Parasite es el de quebrar una vieja maldición: por primera vez desde 1955 –cuando Marty, de Delbert Mann, se llevó ambos premios-- también la película ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes (como fue el caso del film de Bong en mayo del año pasado, en lo que constituye el primer triunfo del cine coreano en la muestra más influyente del mundo) gana el Oscar. Esta situación no sólo fortalece a Cannes en su rol de descubridor de talentos –Bong ya tenía presentados en la Croisette tres de sus films previos—sino también en su pelea con Netflix, que parece es también la de la Academia de Hollywood. Hay dos aliados allí, muy distintos entre sí, pero unidos frente a lo que consideran un enemigo común.

Si este año hubo una gran perdedora en la ceremonia no fue 1917, la película del británico Sam Mendes, que aparecía en todas las encuestas como la favorita a llevarse el premio principal y debió conformarse con tres estatuillas (estrictamente técnicas: fotografía, mezcla de sonido y efectos visuales) de las diez a las que aspiraba. La gran derrotada –hasta la humillación incluso-- fue El irlandés, la mejor película de Martin Scorsese en 30 años, que terminó ignorada olímpicamente: no consiguió ni uno de los diez Oscar a los que estaba nominado. La causa hay que buscarla, seguramente, en su compañía productora, Netflix.

Como en Cannes, en Hollywood también parece haber una resistencia férrea al modelo de exhibición de la plataforma online, que a todas luces no es vista como un par en la comunidad cinematográfica local, por más que la N roja haya hecho con The Irishman ese tipo de película que antes hacían los grandes estudios –con estrellas de la magnitud de Robert De Niro y Al Pacino— y que ahora se resisten a llevar a cabo, privilegiando en cambio las versiones de cómics que Scorsese abiertamente desprecia.

La ovación de pie de todo el Dolby Theatre al director de Taxi Driver, cuando el coreano Bong, con su Oscar al mejor director en la mano, confesó que se había formado como estudiante de cine con la obra de Martin Scorsese, puede haber sido un gesto hipócrita de la comunidad de Hollywood. Al fin y al cabo, fueron precisamente los que estaban allí quienes le negaron sus votos a El irlandés. Pero también puede ser leído como un mensaje especial a Marty: la cosa no es con vos, es con Netflix.

El año pasado, ¿Roma, de Alfonso Cuarón, podría habría ganado el Oscar a la mejor película de no haber sido producida por la odiada plataforma? La respuesta hoy, con Parasite en los más alto del podio, lleva a pensar que sí. Que la Academia quizás ya estaba preparada para premiar una película hablada en otro idioma que no fuera inglés. Además, el mexicano Cuarón forma parte de la comunidad de Hollywood hace años, donde ha hecho películas de gran presupuesto para sus principales compañías. A diferencia de Bong, es uno más de los “happy few” de Beverly Hills, esos sobre quienes ahora se lanza la troupe de Parasite. Pero la maldición Netflix cayó entonces sobre Roma como ahora sobre El irlandés, que sufrió todavía más. A mayor presupuesto, más dolorosa la caída.

Habrá que ver qué consecuencias tiene este segundo revés consecutivo –este año casi un insulto— en la política de producción y exhibición de la plataforma. Y en sus finanzas. Se sabe que Netflix ha tomado una deuda importante para acumular producción propia, pero su férrea resistencia a estrenar en salas (una decisión a escala global) y la prepotencia con la que quiere imponer su política de lanzamientos exclusivos online pareciera estar poniendo a la compañía en una situación difícil, por decir lo menos. Quizás desista de buscar prestigio y reconocimiento en el mundo del cine y se refugie en las series, que siempre fueron su fuerte.

Volviendo al triunfo de Parasite, hay otro factor a tener en cuenta. En los últimos años, la Academia ha hecho un esfuerzo importante por ampliar su base de votantes con gente de cine que no necesariamente vive ni trabaja en Hollywood (hay varios argentinos residentes en Buenos Aires incluso). Eso puede haber influido. Antes, en tiempos de Jack Valenti, de la Motion Picture Association of America (Mpaa), una suerte de Donald Trump de Hollywood, eso nunca hubiera sucedido. De hecho Valenti (fallecido en 2007), cuando percibió que el cine coreano se fortalecía en calidad y en cantidad en su mercado interno y por lo tanto eso menguaba el rendimiento del cine estadounidense en las salas de Seúl, hizo todo lo que pudo por debilitarlo y doblarle el brazo a su legislación, que imponía una fuerte cuota de pantalla para el cine local. No lo logró. Como declaró hace unos días Bong: “En los países europeos y americanos se asombrarían por la cantidad de espectadores coreanos que van a ver las películas nacionales. El porcentaje de habitantes que van a ver películas coreanas es mucho mayor que en la mayoría de los países del mundo. Solo le ganan India, los Estados Unidos y Francia. El cine coreano es muy querido dentro de Corea. Eso es un gran incentivo para la producción”.

Allí donde claramente no hubo sorpresas, fue en los rubros de interpretación. Ganaron los que se sabía que iban a ganar: Joaquin Phoenix (Guasón) y Renée Zellweger (Judy) se llevaron los premios al mejor actor y actriz respectivamente, mientras que las estatuillas a los intérpretes secundarios fueron para Brad Pitt (Había una vez en... Hollywood) y Laura Dern (Historia de un matrimonio), también favoritos en sus rubros. Es sin embargo sintomático el caso de Phoenix porque representa a un film de una oscuridad y un nihilismo fuera de norma no sólo para la Academia de Hollywood sino también para una franquicia como DC Comics. Una película muy influenciada por el cine de Scorsese sin duda, que desde ese lugar tangencial también pareciera haber sido reconocido como el gran maestro que es, a pesar de que los casi 8.500 académicos con derecho a voto se resistan a reconocerlo.

Otro eterno postergado es Quentin Tarantino, que no logra seducir a Hollywood ni siquiera cuando hace una película enteramente dedicada a su leyenda (más bien negra, es cierto) y que lleva hasta el nombre de la ciudad en su título. Los académicos solamente se avinieron a elegir a Brad Pitt como actor secundario por Había una vez… y a las venerables señoras que se ocuparon, desde la dirección artística, en reconstruirla tal como era en 1969, cuando el clan Manson asesinó a Sharon Tate, aquí salvada por un giro contrafáctico muy propio del director.

No importa: el hombre de la noche, Bong, también tuvo palabras de agradecimiento para Tarantino y sin duda (ya que anunció un par de veces su voluntad de festejar con unos tragos) no se perdió la oportunidad de tomar con él unas botellas de soju, la clásica bebida alcohólica coreana. Con ese tono campechano que tiene, Bong dijo que le gustaría que la Academia de Hollywood le permitiera “partir en cinco la estatuilla y compartirla con mis compañeros de rubro”. Y allí también hizo escuela. A partir de su declaración, los siguientes ganadores se sintieron en la necesidad de darse un baño de humildad (incluso Joaquin Phoenix, en su largo y errático discurso, donde empezó hablando del amor a la humanidad y terminó hablando de las vacas) y expresar su deseo de compartir su premio con sus contrincantes, compungidos en la platea. Más allá del exceso de shows musicales, que por momentos convirtieron a la velada en una variante de la ceremonia del Grammy, fue una noche ciertamente extraña, especial, que a diferencia de las veladas anteriores sin duda quedará para el recuerdo. Finalmente, después de muchos años, el Oscar principal se lo llevó una película que, por muchos motivos, no será fácil de olvidar. 

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El antifeminismo de Mujica y los silencios de las izquierdas

El semanario Voces publicó el 19 de diciembre una larga entrevista al ex presidente José Mujica, en la que vierte críticas despectivas hacia las mujeres y las sexualidades disidentes. En su opinión, el feminismo es “inútil” y la agenda de derechos “es una expresión de la estupidez humana”, frase que encabeza la portada del semanario.

Siguiendo el hilo de la entrevista, Mujica repasa muchos aspectos de la realidad mundial y regional, pero cuando se le pregunta por los migrantes negros, responde: “No somos racistas pero mejor que estén lejos”. Luego menciona la agenda de derechos para detenerse en su crítica al feminismo.

“Es bastante inútil el feminismo, porque creo que el machismo es un hecho y que la agenda de derechos de la equiparación es inobjetable. Pero la estridencia también termina jodiendo a la causa de la mujer, porque crea una antípoda quejosa. Excita lo reaccionario de la propia sociedad, que está ahí. Ahí te salen los Maninis y los otros”, señala en referencia al líder de Cabildo Abierto que cosechó el 11% de los votos y movió el tablero de la política uruguaya al posicionarse en la ultraderecha.

Mujica agrega dos conceptos más. “Me resisto a que el feminismo pueda sustituir a la lucha de clases”, es la primera. La segunda dice: “La mujer siempre es una madre. Y nosotros andamos por el mundo siempre precisando una, porque, si no, no sabés dónde tenés la camisa”.

Se sabe desde siempre que Mujica profesa ideas conservadoras, no sólo en la cuestión de género y de los colectivos LGBTT, sino también en materia económica y ambiental (“hay que hacerle un monumento a la soja”, dijo cuando era presidente). Debe reconocerse que tiene el valor de decir lo que piensa de las feministas y cabe destacar que no vetó leyes sobre derechos como hizo Tabaré Vázquez con la ley de aborto en su primer gobierno.

Sin embargo, la forma como expresó sus diferencias y cómo valora el papel de las mujeres en la sociedad, merecen la censura por apuntalar la discriminación y la violencia. En particular, cuando se refiere a la senadora Constanza Moreira como “burra”. El grupo Mujeres al Frente consideró que sus expresiones se enmarcan en “violencia política” y señaló que el partido “no puede mirar para el costado cuando se suscitan estas violencias, vengan de quien vengan”.

Una de las afirmaciones más censurables de Mujica, consiste en culpar a las mujeres del ascenso de la ultraderecha. Dice que sus demandas excitan lo que ha de reaccionario en nuestras sociedades. De ese modo, sintoniza con una idea consistente en no protestar, no elevar demandas, como forma de evitar que la nueva derecha crezca. Por ese camino, nunca se hubiera conseguido nada para los trabajadores.

Pero si siguiéramos la lógica de Mujica, que deduce que el crecimiento de la ultraderecha se debe a la “estridencia” del feminismo (como si ese crecimiento no tuviera relación con el avance del extractivismo), podríamos decir que de forma indirecta sus declaraciones favorecen o encubren los feminicidios; cosa que por cierto no pienso.

Pero creo, como él mismo lo dice, que sus argumentos tienen un punto de anclaje que es necesario desnudar: la lucha por el poder estatal. Le molestan el feminismo y la agenda de derechos, porque provocan un ascenso de la derecha, sin reflexionar sobre la justicia de tales demandas o las razones de fondo de la mentada “estridencia” de las mujeres.

La segunda cuestión irritante es su visión simplista que dice: o lucha de clases o lucha feminista, estableciendo una jerarquía que siempre perjudica a las y los oprimidos, sean mujeres, gays, lesbianas, indígenas o negros. Establecer jerarquías entre las diversas opresiones es tanto como remachar la subordinación de los más débiles, las personas y sectores sociales que no ocupan el centro de la escena política.

La tercera es el lugar de madre que otorga a la mujer. Pensaba que este tipo de razonamiento había sido desplazado del mundo de las izquierdas, luego de más de medio siglo de feminismo. Sin embargo, Mujica conecta con las ideas y actitudes más retrogradas en nuestras sociedades, las que enarbola la derecha conservadora, a la que le ofrece argumentos desde una supuesta izquierda.

La cuarta cuestión es probablemente la más importante. Hubiera esperado reacciones fuertes de la izquierda, entre ellas las de quienes criticaron con extrema dureza a la feminista y antropóloga argentina Rita Segato, por sus opiniones críticas hacia Evo Morales. Sin embargo, pasan los días y se registraron sólo reacciones puntuales dentro de Uruguay, lo que configura un panorama que contrasta vivamente con los ataques sufridos por Segato.

Encuentro dos razones para explicar los silencios de hoy, como la batahola de ayer. Una es el “mandato de masculinidad” que Segato denuncia desde hace ya mucho tiempo. Los varones estamos ante un desafío mayor: desmontar el papel asignado por el sistema, que obliga al hombre a exhibir su potencia masculina para que lo consideren merecedor de ese lugar. En suma, “ser hombre=ser macho”.

Es evidente que la mayor parte de la izquierda, sobre todo la más “radical” (en Uruguay la corriente tupamara), no ha avanzado en una dirección emancipatoria. Prueba de ello es que sólo Jorge Zabalza, entre los principales referentes de esa corriente, ha declarado explícitamente su apoyo a las feministas. Los dirigentes del partido de Mujica (el MPP) están haciendo honor al “mandato de masculinidad” al mantener riguroso silencio sobre sus declaraciones.

Pero hay otro elemento que me parece más grave aún. El pragmatismo está haciendo estragos ya que inhibe el debate franco y abierto, como ya sucedió respecto a Evo Morales, cuando le gritería sustituyó los intercambios de ideas. Lo que predomina es una cultura política de apoyo incondicional a caudillos o, por el contrario, la crítica feroz a esos mismos caudillos. Pero en ambos casos sin debatir sobre qué tipo de sociedad queremos, ni sobre qué tipo de activistas necesitamos.

Por Raúl Zibechi

23 diciembre 2019 0

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En 1750 el virrey Pizarro creó la primera línea de correo entre Santafé, Cartagena y Quito. Un hecho que acercó las provincias e hizo fluir las noticias.

La Instalación del Supremo Colegio Electoral de Cundinamarca, el 13 de junio de 1813, fue la culminación aparente del enfrentamiento que dividió a las dos corrientes surgidas inmediatamente después de la caída del régimen colonial el 20 de julio de 1810. Una de ellas, la federalista, proponía una constitución semejante a la que entonces era la República Modelo, los Estados Unidos de Norteamérica. Y otra, la centralista, partidaria de un Estado fuerte y unitario, basado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano expedida por la Asamblea Nacional de Francia el 4 de agosto de 1789, y cuya primera traducción al español había sido hecha por Antonio Nariño en 1793.

La corriente federalista, liderada por el doctor Camilo Torres, tomó la iniciativa y formó gobierno el 25 de julio, presidido por don José Miguel Pey; el 29 de julio se convocó a las diversas provincias del Reino para enviar diputados a Santafé, con el fin de formar un congreso constituyente de las Provincias Unidas y crear el nuevo Estado, sin que todavía se hablara de Independencia absoluta, ni de separación de España, acciones ya configuradas de hecho. La Junta Suprema de Santafé, por presión popular irresistible y constante, suprimió las instituciones pilares del régimen antiguo (el Virreinato y la Real Audiencia), y encargó la elaboración de un proyecto de Constitución a una comisión presidida por don Jorge Tadeo Lozano, que lo redactó en su mayor parte. El 22 de diciembre de 1810 se instaló en Santafé el Congreso, con asistencia de diputados de siete de las doce provincias que conformaban el extinguido Virreinato de la Nueva Granada. El Congreso eligió presidente a don Manuel de Bernardo Álvarez, y secretarios al doctor Crisanto Valenzuela y a Antonio Nariño, y aprobó tentativamente el proyecto de Constitución de Jorge Tadeo Lozano, sin mayor discusión, condicionando la aprobación definitiva de la Carta a la discusión previa por parte de los Colegios Electorales, que eran el cuerpo legislativo de cada Provincia, como lo disponía la Constitución aceptada en principio por el Congreso. El Colegio Electoral de Cundinamarca se instaló en febrero de 1811 e inició de inmediato el análisis de la Constitución, el que se prolongó los meses de febrero y marzo, con objeciones que se plantearon al redactor del proyecto y que Jorge Tadeo Lozano explicó satisfactoriamente. En los últimos días de marzo las provincias deliberantes dieron su beneplácito al texto constitucional y procedieron a la elección de sus presidentes respectivos. En Cundinamarca, el Colegio Electoral nombró por unanimidad presidente del Estado a don Jorge Tadeo Lozano, quien, pretextando que padecía enfermedades crónicas, rehusó por tres veces aceptar la presidencia. El Colegio Electoral de Cundinamarca trasladó el asunto al Congreso, que reiteró el nombramiento de Lozano. Al fin el renuente candidato aceptó y tomó posesión del Poder Ejecutivo de Cundinamarca el 1 de abril de 1811, fecha que se conservaría para las asunciones presidenciales hasta 1886, en que la Constitución de ese año estableció la del 7 de agosto, en homenaje a la Batalla de Boyacá de 1819.

Las objeciones más serias a la Constitución de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, habían sido planteadas por el segundo secretario del Congreso, Antonio Nariño, y a ellas no dio Jorge Tadeo Lozano una explicación que convenciera a la minoría centralista de que esa Constitución se adaptaba a las necesidades del nuevo Estado, pues estaba calcada de una Carta hecha para una nación de características e idiosincrasia diferentes por completo a las condiciones geológicas y humanas de la Nueva Granada. Además, se establecía el absurdo de que la soberanía nacional no existía, porque la Constitución de 1811 tampoco declara la independencia absoluta, ni la separación de España, mientras que las Provincias sí eran soberanas, lo que inevitablemente conduciría al caos y a la disolución. Nariño publicó en julio siguiente La Bagatela, primer periódico político en Colombia, y en dos meses creó un movimiento popular de oposición a don Jorge Tadeo Lozano, que lo obligó a su renuncia el 19 de septiembre. Ese mismo día, Nariño fue elegido presidente de Cundinamarca por el Colegio Electoral. Las diferencias inconciliables entre federalistas y centralistas condujeron a un conflicto armado entre el Congreso (que se trasladó a Tunja) y el Gobierno de Cundinamarca. La guerra civil estalló en 1812, el Congreso apoyado por las provincias de Antioquia, Cartagena, El Socorro y Cauca, y el gobierno de Cundinamarca, por las provincias de Neiva, San Gil, Casanare y Mariquita. Sitiada Santafé por las tropas del Congreso, éstas atacaron la capital el 9 de enero de 1813, pero la derrota aparatosa y apabullante que sufrieron a manos del ejército disminuido de Nariño, y de los ciudadanos de Santafé, liquidó a las fuerzas federalistas y causó la rendición del Congreso. A partir de ese momento Nariño se dedicó a la organización administrativa del Estado, la convocatoria del Colegio Electoral para reformar la “Constitución defectuosa” de 1811, declarar la Independencia absoluta de Cundinamarca y dar cuerpo al Ejército Expedicionario que haría la Campaña Libertadora del Sur.

El discurso pronunciado por el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, para la instalación del Colegio Electoral de 1813, del cual reproducimos los apartes más significativos, es sin duda, como podrá comprobarlo quien haga un estudio comparativo de ambas piezas, uno de los documentos que más influyó en las ideas expresadas por el Presidente Libertador Simón Bolívar al instalar el Congreso de Angostura de 1819, como paso previo a la iniciación de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada.

 


 

Discurso del Presidente Antonio Nariño en la instalación del Colegio Electoral de Cundinamarca en 1813

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

“No digamos a los pueblos, sed libres:
hagámosles sentir
las ventajas de la libertad y ellos la desearán”.
Hist. Filosófica, t. 3.

 



“El presente Colegio se va a instalar en uno de los momentos más críticos y delicados en que quizá nunca se volverá a ver la Representación Nacional de Cundinamarca. No sólo su suerte, señores, está hoy en vuestras manos, la de la Nueva Granada, y no sé si diga también que la de toda esta parte de la América del Sur puede depender del acierto en vuestras deliberaciones. No se trata sólo de venir a revisar una constitución defectuosa y de nombrar los funcionarios que deben ocupar los empleos de nuestro Gobierno Provincial: se trata también de resolver el gran problema de la Acta Federal, problema que ha parecido tan fácil a esas almas vulgares que sólo obran por imitación, sin calcular las consecuencias, los tiempos y los lugares; pero problema de cuya resolución depende en gran parte la suerte de este Continente”.



[Nariño expone enseguida una parábola acerca del mal uso de los recursos, de la interpretación equivocada y equívoca en la inversión de las riquezas, aplicadas a cosas inútiles, y por lo mismo desperdiciadas, y advierte el peligro mortal de una burocracia desmedida y desbocada, y de cómo los errores de juicio suelen perder a muchos del común en beneficio de unos pocos capitalistas].



 “Me parece, señores, que la aplicación es bien sencilla: vosotros sabéis el sistema que la España siguió con la América desde su descubrimiento hasta nuestros días; contenta con sacar de ella los productos de sus riquísimos suelos, jamás pensó en mejorarlos; a nosotros se nos mantenía en una perfecta ignorancia en materias de gobierno, y no sólo no se nos daba parte en él, no sólo se nos prohibía el estudio del Derecho Público y de Gentes, sino hasta de los libros que nos podían ilustrar en estas materias. Murió la Casa de Borbón con los sucesos de Bayona, y dueños nosotros de estos riquísimos y fértiles países, llenos de los más santos y laudables deseos de mejorarlos, en lugar de comenzar una reforma gradual y meditada, abrazamos el partido desesperado de quererlo todo destruir y edificar en un solo día: recedant vetera, nova sint omnia, [atrás lo viejo, renuévese todo] fue nuestra divisa; y como las ideas que más se habían divulgado entre nosotros por el ejemplo, eran las de Norte América, el grito universal fue por este sistema. Se dividió el Reino en tantos Estados cuantas eran antes las Provincias y Corregimientos. Cada Estado debe tener tantos funcionarios en su gobierno como los que se necesitarían para toda la Nueva Granada; los canales de las rentas públicas deben refluir hacia cada uno de esos Estados; se cegarán los antiguos manantiales, y se abrirán otros nuevos para que su curso sea más natural. Habrá en cada Estado Soberano un Cuerpo Legislativo, compuesto de tantos individuos cuantos diere su población, en razón de uno por tantas mil almas (sepan o no hacer leyes); un Poder Ejecutivo que las practique; Tribunales de Justicia hasta de las últimas instancias para que los pueblos no tengan que ir a mendigarla a otros países; Senados conservadores de la Constitución; fuerza armada (tengan o no armas), y tesoro público para todos estos gastos. Se fundarán escuelas para dar una nueva educación a la juventud; se abrirán caminos; se edificarán parques de artillería; fundiciones de cañones; habrá nitrerías y fábricas de pólvora; Casas de Moneda en todas las Provincias para que una o dos no den la ley a los demás; y, finalmente, por una consecuencia de las soberanías parciales, se fundarán obispados, coros y rentas eclesiásticas.

“¿Qué os parece, señores? ¿No es esta una pintura halagüeña de nuestra felicidad futura? ¿Habrá hombre, por estúpido que sea, que no alabe y bendiga la mano que trazó tan bello plan? Aquí están estampados los más sublimes principios sobre la perfectibilidad de los gobiernos.

“Han corrido, no obstante, tres años, y ninguna Provincia tiene tesoro, fuerza armada, cañones, pólvora, escuelas, caminos, ni casas de moneda: sólo tienen un número considerable de funcionarios que consumen las pocas rentas que han quedado, y que defienden con todas sus fuerzas el nuevo sistema que los favorece”. No importa, dicen, los males presentes, si la esperanza de las grandes ventajas de este sistema, nos deben recompensar con usura. La libertad hace milagros, y si no fuera por el intruso presidente de Cundinamarca, ya el Reino estaría organizado; pero este hijo desnaturalizado, por una ciega ambición de dominarlo todo, quiere reducirnos a la esclavitud de su capital corrompida.

“Entre tanto, los enemigos de la libertad de la América se acercan por diversos puntos, las Provincias, sin medios de defensa, ocurren a la corrompida capital y al intruso Presidente que les han franqueado seis expediciones en año y medio” [La de Ocaña, mandada por Morales; la de San Gil, por Ricaurte; la de Cúcuta, por Baraya; la de Simití, por Rieux;  la de Popayán, por Vlllavicencio; y los últimos auxilios para el Ejército del General Bolívar, al mando del coronel Ribas; sin contar las que están preparadas para Popayán y Pore, la de Palacé, y las que salieron con el presidente del Estado. Nota de la Gazeta Ministerial de Cundinamarca.], “pero como Cundinamarca es la vaca a quien todos ordeñan y dan de palos en lugar de darle de comer, la vaca morirá y las Provincias no tendrán a quien ocurrir dentro de poco. ¿Será preciso, señores, ser un gran profeta para pronosticar la suerte que se nos espera? ¿Deberemos buscar en manejos ocultos la causa de nuestra ruina, o en nuestros propios delirios? ¿Qué se habría dicho de un hombre que a principios del siglo pasado hubiera aconsejado a Pedro el Grande que redujera la Rusia en Provincias Soberanas para hacer la felicidad de aquellos pueblos con el sistema más perfecto que han inventado los hombres? ¿Qué contraste no habrían hecho las Provincias de Siberia y de la Nueva Tartária con las de Moscou o Petersburgo? ¿Cómo habría podido civilizar este grande hombre en tan poco tiempo tan vasto imperio? ¿Cómo habría podido resistir al torrente impetuoso de los ejércitos de Carlos XII, si la Siberia, Kamchatka, y las demás provincias interiores, hubieran tenido que disciplinar y pagar por sí sus tropas y nombrar sus generales?


“Pero ya oigo que se me va a responder que el Congreso salva cuantas dificultades se opongan a este sistema; y yo contesto en solas dos palabras: que establecer un sistema de debilidad para formar un cuerpo robusto, es una contradicción, un absurdo y el último de los delirios del entendimiento humano; debilitar los fragmentos para robustecer el edificio no cabe en mi cabeza. Sin que se me replique con el ejemplo de Norte América, porque repito cien veces que no estamos en caso de comparación con unos pueblos que siempre fueron libres, y que tuvieron los auxilios de la Francia y de la España para defenderse. Y si nosotros nos hemos de perder con nuestras bellas constituciones, ¿por qué no hemos de abrazar otro sistema que, aunque menos liberal, nos pueda a lo menos poner a cubierto de los males que se nos esperan? ¿Por qué no hemos de abrir los ojos con la experiencia y remediar el mal en donde lo conocemos, antes que se haga incurable?



“No está aquí por demás un ejemplo que acabe de aclarar mis ideas en esta parte: el célebre Smith, en su obra inmortal de La Riqueza de las Naciones, hace ver hasta la evidencia que de la división del trabajo nace la perfección de las artes y su bajo precio; que un alfiler que pasa por diez y ocho manos distintas no alcanzaría a mantener a un hombre si lo trabajara sólo. Pero siendo este el fundamento de su sistema, añade: mas si en Escocia, en donde no tienen salida las fábricas, un herrero se dedicara a hacer solo llaves de candados, este Herrero perecería por falta de expendio; aquí debe ser herrero, cerrajero y todo a un mismo tiempo. Es decir, que lo más perfecto no se puede establecer con el mismo éxito en todas partes. Ningún hombre merecería con más justa razón una estatua que el que encontrara un sistema universal de gobierno, que conviniera igualmente en todos tiempos a todos los países del mundo.


“Nada digo, señores, que no esté delante de vuestros ojos. El día funesto se acerca en que si no mudamos de conducta, vamos cargados de nuestras bellas Constituciones a morir en los cadalsos o en las bóvedas de las Antillas, maldiciendo la crueldad de nuestros capitalistas, que no nos concedieron tres años más para acabar de realizar nuestro sistema favorito”.



[Al llegar a este punto, donde ha venido atacando al federalismo hasta volverlo flecos, Nariño da un giro de dialéctica asombroso y desconcertante, y opina que, estando empecinadas las provincias en aplicar el sistema federalista, Cundinamarca debe entrar en este sistema, porque ni el Congreso puede subsistir sin Cundinamarca, “ni Cundinamarca puede sostenerse por sí sola dando auxilio a todas las Provincias; conque es indubitable que no podemos subsistir en el estado en que nos hallamos”. Nariño llega a la conclusión de que “Es mejor, sin duda, un mal sistema, que ninguno. Opino, pues, que entremos en federación, no porque crea éste el mejor sistema para nosotros en las circunstancias actuales, sino porque es el único camino que nos queda para no concluir inmediatamente con nuestra libertad y nuestra existencia”.]



Y con igual fuerza de convicción explica las ventajas que en esas circunstancias pueden obtenerse de un mal sistema, cita numerosos ejemplos prácticos, apela a la sabiduría de filósofos como el abate Raynal, su gran maestro; señala las causas que llevaron a la ruina la República francesa, y asienta: “Pasar por grados de lo conocido a lo desconocido, es lo que nos enseña una buena lógica, en todo conforme con la razón y la experiencia. Todo lo que puede hacer el amor de la libertad es acelerar estos pasos, pero nunca trastornar su curso sin el peligro de hacer esfuerzos infructuosos”. Y dispara con ironía suprema: “Tres ejemplos no más quiero poneros en nuestros más acalorados demócratas: amor a los empleos, a las distinciones y al ocio. Al oírlos parece que el santo amor de la patria y de la Libertad es el único móvil de sus acciones; pero siguiendo el consejo de Cicerón, tentadlos con un trabajo asiduo y constante, y si por fortuna lo lográis, veréis al instante la reclamación de las recompensas debidas a su mérito; llegad al otro, y no digo pedidle la hija para que se case con un honrado labrador, sino sólo que sirva en la milicia con el valiente artesano, y lo veréis desertar creyendo manchado su linaje. ¿De dónde nace esta contradicción? De que aunque quieren, no pueden de repente escribir con su mano izquierda”.
    
La conclusión del discurso es clamorosa, tiene un tono apoteótico que se conserva, e incluso se aumenta, con el transcurso de los años:

“Cuando nuestra suerte dependía de unos amos fieros y altaneros, nos bastaba saber obedecer; pero hoy, que depende de nosotros mismos, es preciso saber pensar, saber sofocar nuestras pasiones, nuestros resentimientos, nuestros vicios, y saber sacrificar generosamente nuestros intereses y nuestras vidas. Advertid que ya estáis en altamar y que no basta arrepentiros de haberos embarcado para llegar al puerto; es preciso no soltar los remos de las manos, si queréis escapar de la tormenta. ¡Que el fuego sagrado de la libertad penetre vuestros corazones, que inflame vuestras almas, que ilumine vuestros entendimientos! Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

 


Las clases dominantes en Colombia a partir de la Independencia

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

 

El análisis de los acontecimientos que dieron origen y desarrollo a las ideas de la Independencia, y a la lucha por la libertad, nos muestra que la dificultad más obstinada que encontraron los ideólogos y líderes del movimiento independentista fue la escasa conexión entre las ideas libertarias y los intereses de la población. Un levantamiento como el de los Comuneros, en 1781, que movilizó a más de veinte mil personas (vasallos del Rey) tuvo por enchufe que los conectó a todos, un interés económico común: el exceso de impuestos y el ningún beneficio que los vasallos (tanto los de la nobleza criolla como los del común) recibían del pago de tributos destinados, una parte, a la Hacienda Real, y otra al bolsillo de los recaudadores. La corrupción no es un invento de la modernidad. Ya en la Grecia antigua, el más crítico de los clásicos, Eurípides, dedicaba “largas noches a pensar en las causas de la corrupción”. Y en todos los tiempos ha sido ella uno de los azotes que más castigan la economía de los que se ganan el pan honradamente y que son los creadores de riqueza verdadera, como lo recalca Adam Smith en su ensayo prodigioso, La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, fecha en que las colonias inglesas de Norte América declaran su independencia y comienzan su guerra para sacudirse el dominio inglés.

Tan pronto el movimiento de los Comuneros consigue su objetivo de eliminar los diversos impuestos abrumadores, implantados en los últimos tres años, se disolvió con la misma facilidad con que se había formado. Sólo quedó en pie de guerra un grupo no superior a trescientos rebeldes, dirigido por José Antonio Galán, quien decidió proseguir la campaña bélica de acuerdo con un puñado de criollos de la nobleza de Santafé y de El Socorro. Galán, por un tiempo fugaz, puso en jaque a las autoridades españolas, pero no encontró el respaldo popular necesario, fue traicionado por criollos ricos de El Socorro, que se organizaron para perseguirlo y finalmente lo capturaron. La Real Audiencia dictó una sentencia infame, e infamante, contra Galán y tres de sus compañeros, les aplicó las penas más crueles (tortura, ser arrastrados hasta el cadalso, colgados, incinerados, descuartizados), y mandó exhibir sus cabezas, pies y manos en los lugares “donde habían “cometido sus crímenes”, para servir de ejemplo de lo que les aguardaba a los bandidos que tuvieran el atrevimiento de levantarle la voz a Su Majestad.

El fracaso triunfal del movimiento comunero separatista de Galán, cumplió con éxito su misión auténtica de sembrar la semilla de la rebelión, semilla de libertad que fue creciendo y esparciéndose, abonada con sangre y penalidades, hasta producir el fruto buscado, la abolición del régimen colonial español y la creación de estados republicanos y democráticos, como lo había pedido Antonio Nariño en su discurso célebre del Colegio Electoral en 1813: “Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

Estos pensamientos, brotados del más puro romanticismo (porque las revoluciones y la libertad sólo se dan en espíritus románticos, como lo fueron Galán, Bolívar y Nariño, por ejemplo), no parten de un deseo del orador, sino de las observaciones que él ha hecho a lo largo de una vida dedicada a la lucha por la libertad en medio de sufrimientos y persecuciones incontables. Cuando Nariño pide “un trabajo asiduo y constante … una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho” no se basa en elucubraciones morales, sino en la comprobación práctica de cómo esas características dominan la actitud de muchos compatriotas que, a punta de intriga, seducción, y cohecho, han perdido la integridad, pero se han asegurado los cargos públicos para beneficio de sus intereses de clase, con lo que la situación de los pueblos que padecieron el yugo colonial, derrocado el cual siguieron sometidos al mismo yugo, ya no a manos de los españoles, sino de los propios criollos, miembros de élite corrupta de terratenientes, herederos del sistema de las encomiendas. Así se fue formando una oligarquía conjunta de terratenientes y comerciantes que acaparó los privilegios del poder, arropada teóricamente en la defensa de las ideas más liberales, que en la práctica generaron una de las sociedades más desiguales, inequitativas e injustas que hoy existe.


Las contradicciones entre el poder oligárquico y el poder popular afloraron desde el principio. El proyecto de Antonio Nariño de distribuir entre los campesinos que las trabajaban (en su mayor parte indígenas) las tierras de las encomiendas, desató la cólera de los criollos hacendados que, agrupados en el Congreso de las Provincias Unidas, declararon a Nariño traidor, enemigo de la libertad y “tirano de Cundinamarca”, y le hicieron la guerra con el pretexto de liberar “de su opresor a los pueblos de Cundinamarca”.

El libertador Simón Bolívar refrendó en el Congreso de Angostura de 1819 los conceptos que Antonio Nariño había esbozado ante el Colegio Electoral de 1813. El llamado del Libertador a los diputados al Congreso que, como los del Colegio Electoral, tenían la misión de redactar una nueva Carta Magna, es: “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente Popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad, la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

Tristemente, Nariño y Bolívar estaban solos, no habían tenido oportunidad de formar un equipo dirigente capaz de sostener en el tiempo las ideas preconizadas por ellos, ni de formar una opinión popular que ayudara a materializarlas. Mientras que, en la Campaña del Sur de 1813, Nariño era traicionado por el Congreso de las Provincias unidos, y por causa de esa traición vencido en Pasto, hecho prisionero y enterrado en una cárcel de la Península (Cádiz), y Bolívar, después de Boyacá, marchaba a la Campaña del Sur para completar la liberación de cinco naciones, los intrigantes, auspiciados por el gobierno de los Estados Unidos y la doctrina Monroe, se adueñaron del poder. Así, en lugar de que el país surgido de la lucha y del pensamiento de los Libertadores Francisco de Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar, estuviera orientado por ese pensamiento, quedó en las manos de un círculo de militares, terratenientes y comerciantes que cerraron filas en torno a la figura del general Francisco de Paula Santander. Representaba él entonces, y la representa hoy a la perfección la hipocresía, la intriga, el cohecho de una clase dirigente encantadoramente ruin, inescrupulosa y farsante.


La última victoria que Simón Bolívar y Antonio Nariño obtuvieron juntos, fue la realización, en parte, del proyecto mirandino de crear una gran república latinoamericana, desde México hasta la tierra del Fuego, que pudiera oponer a los Estados Unidos un poder equivalente, capaz de atajar las ambiciones imperialistas de los Estados Unidos de Norteamérica, ya advertidas por Miranda, por Nariño y por Bolívar, en las ocasiones en que les fue posible prevenir a sus conciudadanos del peligro que para ellos representaba el poder asustador que ya dejaba ver nuestro vecino del Norte. En 1821, en plena campaña libertadora del Sur, el presidente Bolívar, que no descuidaba un segundo la importancia de la acción política, logra convocar a un grupo de diputados de la Nueva Granada y Venezuela para reunir el Congreso Constituyente en la Villa del Rosario de Cúcuta, encargado de crear una nueva nación que integre a la Nueva Granada, Venezuela y Quito en un país unitario bajo el nombre de Colombia. La muerte repentina del vicepresidente de la República, Juan Germán Roscio, le crea a Bolívar un problema serio. Él no puede apartarse del terreno de las operaciones militares, que requieren su presencia irremplazable, para desplazarse hasta Cúcuta a instalar el Congreso. Y los hombres en quienes podría pensar para esa misión, están con él en la guerra, son imprescindible para ganarla. ¿Qué hacer? El más indicado para sustituir al difunto Roscio era el general Santander, vicepresidente de Cundinamarca (Nueva Granada), pero Bolívar no confía en Santander, quizá porque aún no lo conocía bien, o quizá porque ya lo conocía demasiado bien. En ese momento crítico recibe el presidente Libertador una carta de Antonio Nariño, que después de coadyuvar a la revolución de Rafael del Riego en la Península, ha sido liberado y le anuncia que está de regreso a su patria. Bolívar recibe el retorno de Nariño como providencial, se reúne con él en Achaguas, lo nombra vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, y le encomienda que proceda a la instalación del Congreso Constituyente de Cúcuta y a la creación de la República de Colombia.

Nariño, con su voluntad de acero, hace a un lado las calamidades físicas de su organismo deteriorado por la edad y los padecimientos continuos, y en jornadas incesantes, que para un joven habrían resultado duras, aquel hombre anciano (56 años, edad avanzada para el promedio de la época) llega a Cúcuta, enfrenta las intrigas, zancadillas y obstáculos de todo género con que los diputados partidarios del general Santander intenta impedirle que cumpla con lo mandado por el Libertador, e instala el Congreso Constituyente de Cúcuta el 6 de mayo de1821, del cual nacerá la República de Colombia, que la historia ha denominado la Gran Colombia. Agotado físicamente, Antonio Nariño, cumplido el encargo del Libertador, renunció la vicepresidencia, renuncia que los santanderistas aceptaron con no disimulada alegría. El Congreso eligió como primer presidente de la República de Colombia al Libertador Simón Bolívar, y como vicepresidente, al general Francisco de Paula Santander. La mayoría del senado votó a favor de la elección de Antonio Nariño como senador del Congreso que convocó sus sesiones para 1823 en Bogotá, designada capital de Colombia: pero tres senadores santanderistas objetaron la elección de Nariño, acusándolo de “delitos graves” que lo hacían indigno de ser senador de la República. La mayoría del senado se opuso a la anulación de la curul del expresidente Antonio Nariño, y se decidió trasladar el asunto a un juicio que se realizaría en el senado de 1823 y en el que Nariño tendría oportunidad de defenderse de los cargos que le imputaban sus detractores. El episodio es de sobra conocido. Se sabe que los acusadores de Nariño, al culminar él su defensa, salieron del senado con el rabo entre las piernas, al paso que Nariño salió en hombros de una multitud de ciudadanos populares que lo aclamó larga y emocionadamente. Sin embargo, es importante recalcar como ese episodio retrata con fidelidad la esencia rufianesca de la clase dirigente que asumió los destinos de Colombia y a la que se ha conocido históricamente con el gentilicio de santanderista.

Culminada en 1824 la guerra de Independencia, expulsadas del territorio americano la totalidad de las fuerzas y autoridades españolas, el Libertador abordó la segunda parte del proyecto de Miranda, la integración de las naciones latinoamericanas en una confederación de países con distintos gobiernos, pero con intereses comunes, como en las antiguas ciudades-estado griegas. Comenzó una acción diplomática para invitar a las jóvenes repúblicas latinoamericanas a reunirse en Panamá, en un Congreso Anfictiónico, sin presencia de los Estados Unidos, al que no se invitaría porque, en opinión de Bolívar, los intereses de los Estados Unidos eran diferentes a los intereses de los Estados Latinoamericanos. El Congreso Anfictiónico de Panamá buscaba, además de la unidad latinoamericana, darle un rechazo rotundo a la doctrina Monroe, es decir, a la injerencia de los Estados Unidos, angloparlantes, en los asuntos de los Estados Latinoamericanos, hispanoparlantes. Esa actitud ya la había analizado con suficiente claridad el Libertador en su Carta de Jamaica (1816) y en su discurso de instalación del Congreso de Angostura (1819); pero los Estados Unidos tenían en Colombia el agente encubierto que les ayudaría a frustrar los planes de Bolívar, el vicepresidente Francisco de paula Santander. Santander, desoyendo las instrucciones de Bolívar, invitó a los Estados Unidos (él, siempre tan amable con ellos) a participar en el Congreso anfictiónico que se reunió en Panamá en 1826. Los Estados Unidos enviaron su delegado, con instrucciones presidenciales precisas de defender los intereses de la nación norteamericana, y lo hizo tan bien que el Congreso resultó un fracaso para los propósitos unitarios de Bolívar y un triunfo para la consolidación de la doctrina Monroe.

La diferencia entre Bolívar y Santander, que es la explicación de por qué, al comenzar la República, la democracia perdió el poder, y la oligarquía lo ganó, es que Santander era el hombre cómodo para los intereses de los Estados Unidos, y Bolívar era el hombre incómodo para esos intereses. Simón Bolívar era un estorbo peligroso para el destino manifiesto de la nación que a los ojos del mundo surgía como el modelo paladín de la libertad y la democracia, y se hizo necesario sacarlo del camino, a él y a todos los que en adelante se opusieran al expansionismo democrático (y principalmente territorial) de los Estados Unidos. El 25 de septiembre de 1828 una conspiración santanderista intentó asesinar al libertador, acto criminal que la legación estadounidense justificó como un impulso de amor por la libertad y de odio al tirano. El mismo año, una alianza entre santanderistas y venezolanos adictos al general José Antonio Páez, saboteó la Convención Constituyente de Ocaña, con la bendición norteamericana. En 1919 el presidente del Perú, José Lamar, otro hombre cómodo para los Estados Unidos, invadió territorio colombiano y provocó una guerra. El agresor fue rápida y contundentemente derrotado por el el gran mariscal de Ayacucho. El Libertador renunció la presidencia ante el Congreso (1830), se retiró supuestamente de la vida pública y viajó a Santa Marta en busca de mejores aires para su salud, confiado en que el gran mariscal de Ayacucho sería su sucesor y continuador de los esfuerzos por mantener la unidad de Colombia. Sucre fue asesinado (1830) poco después del viaje de Bolívar, quien sufrió con ese crimen el golpe más duro a sus ideales. El libertador murió en Santa Marta el 30 de diciembre de 1830. Al año siguiente, los Estados Unidos se ganaron su primer premio gordo: la disolución de Colombia.

En adelante la historia del país durante el siglo XIX, en sus distintas etapas nominales, (República de la Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de la Nueva Granada, Estados Unidos de Colombia y Colombia) enfrentará dos corrientes ideológicas que parten de motivaciones económicas: el librecambismo y el proteccionismo. De ellas nacen el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Liberal radical, o radicalismo, el Partido Nacional, y la Regeneración; pero sin considerar la confusión ideológica que originan las constantes disputas entre unos y otros, así como las repetidas alianza temporales y estratégicas que, unos y otros pactan, está claro que la oligarquía de terratenientes y comerciantes que se forma a partir de Las Provincias Unidas de la Nueva Granada, es la misma que en el curso del siglo será la dueña y señora del poder político y económico, y que la doctrina Monroe será el portón ancho por el que los Estados Unidos podrán intervenir, diplomática o militarmente, cada vez que lo consideren necesario para sus intereses, en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas y del caribe.

 


Línea de tiempo

 

1821

12 de enero. Los soberanos aliados de Europa –Santa Alianza–, se reúnen en Troppau para organizar una expedición contra la América independiente y la España revolucionaria.  
5 de mayo. En su destierro en la isla de Santa Helena, muere a los 59 años de edad, el Emperador de Francia, Napoleón I Bonaparte.
6 de mayo. Antonio Nariño, vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, instala en  Cúcuta el Congreso Constituyente. Se crea la República de Colombia, integrada por la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, con capital en Bogotá.
24 de junio. Simón Bolívar derrota en Carabobo a los españoles y libera a Venezuela. En carta al vicepresidente Antonio Nariño, el Libertador anuncia el nacimiento político de la República de Colombia.
Agosto.  Utilizando el principio de inducción electromagnética, el científico inglés Michel Faraday crea un motor/dínamo eléctrico y da inicio a la “era de la electricidad”.

1822

27 de enero. Grecia proclama su Independencia e inicia la guerra de liberación contra el dominio turco, que será larga y sangrienta y les ganará a los griegos la simpatía y el apoyo de los románticos europeos.
8 de julio. Muere en Viareggio, Gran Ducado de Toscana, Italia, a los 29 años de edad, el gran poeta y ensayista inglés Percy Bysshe Shelley, una de las cumbres literarias del movimiento romántico.
25-26 de julio. Los Libertadores Simón Bolívar y José de San Martín realizan una conferencia secreta en Guayaquil, al término de la cual San Martí deja en manos de Bolívar la continuación de la Campaña Libertadora, renuncia al ejército y viaja a Europa.

1823

18 de marzo. El Emperador de México, Agustín de Itúrbide, es obligado a enunciar por una rebelión popular que exige un gobierno republicano.
10 de septiembre. El Libertador Simón Bolívar es elegido presidente del Perú.
2 de diciembre. James Monroe, presidente de los Estados Unidos, declara que “Los Estados Unidos no permitirán la colonización europea de ninguno de los países de América. Se establece la Doctrina Monroe, sintetizada en el postulado “América para los americanos”, de connotación imperialista.
3 de diciembre. Muere en Villa de Leyva, a los 59 años de edad, Antonio Nariño, precursor Libertador, pensador, periodista, escritor, científico y militar, presidente de Cundinamarca y vicepresidente de Colombia. Traductor de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Fue huésped de las prisiones españolas en distintos períodos que, sumados, dan dieciséis años.

1824

17 de abril. Estados Unidos y Rusia acuerdan delimitar la parte rusa de Alaska.
19 de abril. Lord George Gordon Byron, conocido universalmente como Lord Byron, poeta inglés genial, figura clave del romanticismo literario y político, muere, por unas fiebres malignas, a los 36 años de edad en Misolonghi, Grecia, donde peleaba por la causa de la Independencia griega, contra los turcos.
6 de agosto. Batalla de Ayacucho en el Perú. Las tropas libertadoras, comandadas por Antonio José de Sucre, liquidan los restos del ejército español. El libertador Simón Bolívar proclama terminada la Guerra de Independencia (Guerra Magna) iniciada en 1816, y en el curso de la cual liberó cinco naciones: Nueva Granada (hoy Colombia), Venezuela, Ecuador, Perú y Alto Perú (hoy Bolivia). Bolívar le otorga a Sucre el título de Gran mariscal de Ayacucho.

1825

22 de junio. Una nueva ley limita en Inglaterra el trabajo de los menores a doce horas diarias máximo. El 6 de julio otra ley permite a los trabajadores agruparse en sindicatos, pero les niega el derecho de huelga.
6 de agosto. El Alto Perú se separa del Perú, y forma un estado independiente con el nombre de Bolivia, presidido por el mariscal Antonio José de Sucre.
25 de agosto. Uruguay se separa de Brasil. Guerra entre Argentina y Brasil por el control de Uruguay, que a su vez rechaza cualquier dominio extranjero e inicia la campaña por su independencia.
27 de septiembre. Una revolución en el transporte de pasajeros y de carga se produce con el estreno del primer ferrocarril abierto al público, que consta de 38 vagones arrastrados por la locomotora número uno, de George Stephenson. Conduce seiscientos pasajeros en un recorrido inicial de 48 kilómetros entre Stocton y Darlington, Reino Unido.

1826

6 de abril. Gran Bretaña y Rusia acuerdan que Grecia adopte el estatus de Estado autónomo sometido a la soberanía de Turquía. Los griegos reclaman la independencia absoluta y anuncian que proseguirán la lucha.
4 de julio. Fallece el expresidente estadounidense Thomas Jefferson, uno de los “padres fundadores” de Estados Unidos. Su muerte ocurre justo el día en que se cumple el 50 aniversario de la Independencia. Jefferson batió récord de longevidad para su tiempo. Tenía 83 años.
22 de abril. Se reúne en Panamá el Congreso Anfictiónico de países latinoamericanos, para abordar la integración económica y política. Los Estados Unidos se las arreglan para hacerlo fracasar.

1827

3 de enero. Rebelión del vicepresidente de Venezuela en Caracas, José Antonio Páez. En una carta al Libertador, Páez le explica los motivos de su rebelión. Respuesta del Libertador, muy elogiosa para Páez, ataja la intención separatista.
26 de enero. Perú rehusa hacer parte de Colombia y se proclama Estado soberano. Los enemigos del Libertador Simón Bolívar en Bogotá, festejan la acción peruana y el amotinamiento de la división colombiana en Lima, que apoyó la separación.
3 de febrero. Se inaugura en Bogotá la Facultad de Medicina de la Universidad Central.
21 de agosto. El Congreso de Colombia decreta un privilegio a los señores Leandro Egea y Bernardo Daste para elaborar las minas de hierro ubicadas en el distrito parroquial de Pacho, Cundinamarca.
16 de noviembre. Un terremoto destruye las provincias colombianas de Neiva Y Popayán.

1828

22 de mayo. Motín de Chuquisaca, en Bolivia, promovido por los peruanos. El presidente Sucre es gravemente herido.
20 de julio. Colombia le declara la guerra al Perú. Manifiesto de los fundamentos del gobierno colombiano, que acusa constantes agresiones por parte del presidente peruano, José Lamar.
27 de agosto.  Ante el fracaso de la gran Convención reunida en Ocaña para reformar la Constitución de 1821, el Libertador Presidente Simón Bolívar expide un decreto orgánico constitucional, mientras se reúne el nuevo congreso.
27 de agosto. Argentina y Brasil reconocen la independencia de Uruguay, que ya de hecho es un estado independiente.
25 de septiembre. Un grupo de conspiradores, pattidarios del vicepresidente Santander, intenta asesinar al Libertador Simón Bolívar. Asaltan el palacio presidencial de San Carlos, pero Bolívar, advertido por Manuelita Sáenz, escapa por una ventana. Al día siguiente, tras pasar la noche bajo un puente, Bolívar se pone al frente de los leales y desbarata la conjura.
11 de octubre. Los rusos le declaran la guerra a Turquía y ocupan los dominios turcos de Varna y Bulgaria.
Septiembre. Se publica The American Dictionary of the English Language que origina la solidez filológica del inglés americano. Su autor es el científico y lingüista Noah Webster. Su diccionario define 70.000 palabras con su ortografía y pronunciación americanas.

1829

3 de enero. El presidente del Perú, general José Lamar, invade territorio colombiano. Es batido por el mariscal Antonio José de Sucre, el 27 de febrero, en el Portete de Tarqui. Termina la guerra con la rendición del Perú.
23 de julio. Carta profética del Libertador a a Estanislao Vergara, analiza las razones que perderán a Colombia.

1830

20 de enero: Bolívar instala en Bogotá el llamado “Congreso admirable”.
3 de febrero. Grecia consigue su independencia.
22 de marzo. Manifiesto antibolivariano del general William H. Harrison, Ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Colombia, es aplaudido por los santanderistas.
27 de abril. El presidente Simón Bolívar reitera su decisión de no continuar en la presidencia y anuncia que partirá para el exilio.
3 de mayo. El Congreso Constituyente aprueba la Nueva Constitución de Colombia. Termina la presidencia del Libertador.
30 de mayo. Ecuador aprueba su separación de Colombia, la que se formaliza el 11 de septiembre.
3 de junio. Estallan revueltas en Inglaterra, dirigidas por el “Capitán Swing”, contra la introducción de las máquinas trilladoras que dejarán sin empleo a miles de trabajadores campesinos.
4 de junio. Antonio José de Sucre, en quien Bolívar cifraba sus esperanzas para recuperar la unidad de Colombia, es asesinado en la montaña de Berruecos, donde le tendieron una emboscada.
22 de septiembre. Venezuela se separa de Colombia.
17 de diciembre. El Libertador Simón Bolívar fallece en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Júbilo santanderista en Bogotá contrasta con las manifestaciones populares de duelo. La posteridad ha reconocido a Simón Bolívar como uno de los cien personajes más importantes en la historia humana. 

 


Pistas sobre un modelo económico alternativo para Colombia

 


Por Enrique Santos Molano

La Primera Guerra Fría Mundial, que se libró entre dos potencias ideológicas, el supuesto capitalismo occidental y el supuesto comunismo oriental, representados respectivamente por las dos naciones más poderosas que surgieron al final de la Segunda Guerra Mundial Caliente, los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), comenzó a gestarse cuando la extrema derecha estadounidense (ambos partidos, demócrata y republicano) ante la imposibilidad de impedir que el demócrata progresista Franklin D. Roosevelt fuera reelegido por cuarta vez presidente de los Estados Unidos, consiguió que Roosevelt modificara su fórmula presidencial sustituyendo la candidatura del vicepresidente Henry Wallace, del ala izquierda del Partido Demócrata, por la del senador Harry S. Truman, del ala de extrema derecha del mismo partido.

Wallace, en los diversos cargos que ocupó antes de ser elegido vicepresidente (1941) había sido el principal ideólogo de Roosevelt en la concepción y aplicación del New Deal para la recuperación económica y social del país, arruinado por el Crack de 1929 y la Gran Depresión que le siguió, así como de una política del buen vecino con los países latinoamericanos, que incluía la no injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de esos países, y otra de coexistencia pacífica de posguerra entre las naciones socialistas y las naciones capitalistas. La Política del Buen Vecino posibilitó el surgimiento de gobiernos progresistas en América Latina, por ejemplo, el período de la República Liberal en Colombia, y específicamente, el gobierno de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo.


En febrero de 1945, ya posesionado de su cuarto período, con Truman de vicepresidente, Roosevelt se reunió en Yalta con los otros dos líderes de las potencias aliadas, Winston Churchill, de Inglaterra, y Josef Stalin, de la Unión Soviética. No es puramente simbólica la fotografía de Roosevelt en la mitad (ya demacrado por su enfermedad) con Churchill a su derecha y Stalin a su izquierda. Roosevelt, entre otras propuestas, llevó a Yalta el plan de Coexistencia Pacífica, elaborado con su exvicepresidente Wallace, una de cuyas bases era la creación, tan pronto concluyera la Guerra, de la Organización de las Naciones Unidas, en sustitución de la Liga de las Naciones, extinguida al comenzar el segundo conflicto bélico mundial (1939).  La creación de la ONU, y el desarme total de Alemania en el futuro, fueron los dos acuerdos más notables de Yalta; pero un artículo del ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, en el semanario Das Reich (25 de febrero), a los dos días de concluida la Conferencia de Yalta, en el que dice: “Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán  el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Un telón de acero (ein eiserner Vorhang) caerá sobre ese enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás del cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York probablemente continuará aplaudiendo”. Se estima que a partir de la nota de Goebbels comenzó la Guerra Fría, cuyo único freno, el presidente Roosevelt, se desactivó con su muerte, ocurrida en abril de 1945, dos meses después de la Conferencia de Yalta, y reafirmada por Winston Churchill cuando en una conferencia en Estados Unidos (1946) se apropió de la expresión, y de la idea general de Goebbels, para proclamar que: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente (Europa) un telón de acero” (o una cortina de hierro). A partir de ese momento las hostilidades frigoríficas calentaron el planeta.

Diez meses antes de concluir la guerra el presidente Roosevelt convocó a una Conferencia Mundial Monetaria, que se reunió en la localidad de Bretton Woods de Washington, con asistencia de setecientos delegados de cuarenta y cuatro países, entre ellos Colombia. El propósito de la conferencia era organizar el sistema monetario mundial que operaría en la posguerra. La Conferencia de Bretton Woods, como se la conoce históricamente, cambió el patrón oro por el patrón Dólar, es decir que, en adelante, la divisa de los Estados Unidos sería el patrón cambiario universal, como antes lo había sido el oro. Y también se crearon, El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), hoy conocido como Banco Mundial.

Se supuso que con los acuerdos de Bretton Woods el mundo viviría en el mejor de los mundos posibles, el FMI se encargaría de vigilar que el manejo de las economías mantuviera un equilibrio que conjurara cualquier brote inflacionario peligroso, o la reaparición del proteccionismo, mientras que el BIRF o BM, irrigaría con préstamos pródigos las economías de los países subdesarrollados (o del Tercer Mundo), cuyo buen uso estaría bajo la supervisión del FMI. Quizá hubiera sido ese el resultado de los acuerdos de Bretton Woods si el sucesor de Roosevelt se hubiera llamado Wallace y no Truman. La ultraderecha lo sabía y por eso el sucesor de Roosevelt se llamó Truman y no Wallace.

Dueña de los instrumentos para dominar la economía mundial, la ultraderecha los convirtió en Economía de Guerra Fría. El mundo mejoró después de Bretton Woods sólo para los más ricos. El coeficiente Gini, que se utiliza para medir la desigualdad, indica que a hoy, el 75 por ciento de la riqueza mundial está en manos del 1 por ciento de la población mundial. Antes de la Segunda Guerra, la relación era de 45 por ciento de la riqueza mundial en manos del 20 por ciento. El neoliberalismo mega-enriqueció a los super ricos (favorecidos con un mínimo de impuestos, desregularización de los mercados laboral y comercial, globalización financiera), empobreció a los acomodados y llevó a los más pobres a la miseria. Según el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, “el crecimiento (hoy) es más bajo de lo que fue en los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y en su mayoría se acumuló en la cima de la escala de ingresos”.


La explicación, acomodada a los intereses del capital global, es que en ese cuarto de siglo, entre 1945 y 1970, los gobiernos, especialmente de los países latinoamericanos, se resistieron a acatar de lleno las disposiciones del FMI en lo atinente a la implantación del libre cambio y a abandonar a su suerte las industrias nacionales. En Colombia existió un control de cambios severo, adoptado en los últimos años del segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo y continuado por los gobiernos siguientes, aunque se admitió la inversión extranjera en las industrias colombianas con un límite del 40 por ciento del capital extranjero. El FMI y el BM recomendaban no poner límite.

Las reformas sociales implantadas por la Revolución en Marcha de López Pumarejo, y el semiproteccionismo de los años posteriores a la Segunda Guerra, trajeron prosperidad a los países de América Latina, y en algunos de ellos, como Chile y Argentina,  provocaron crisis inflacionarias por el aumento de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos y el crecimiento de la demanda por encima de la oferta, si bien hubo también un crecimiento paralelo de la pobreza y de situaciones sociales  ásperas, que se incrementaron después de la Revolución Cubana (1959) y que convulsionaron la década de los sesenta en el mundo.


Pese a ello, en la década de los setenta se afianzó la corriente neoliberal que toma como cuerpo de doctrina los planteamientos del economista estadounidense Milton Friedman, egresado de la Universidad de Chicago, cuyos ensayos para fundamentar una economía neoliberal tuvieron acogida parcial en Colombia, en el gobierno de Misael Pastrana Borrero (1970-1974) e inspiraron a un grupo de economistas chilenos, conocidos como los “Chicago Boys” que actuaron durante la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet (1973-1990) y que utilizaron a Chile como experimento del nuevo orden económico neoliberal. El éxito aparente de las doctrinas de Friedman en Chile (se llegó a hablar del “milagro chileno”) sirvió de inspiración a la candidata conservadora británica Margareth Thatcher. Vencedora en las elecciones de 1979, la señora Thatcher, más conocida como “la dama de hierro”, comenzó el desmonte despiadado del Estado de bienestar y la implantación del neoliberalismo en su modalidad más cerrera, que sus críticos bautizaron como “capitalismo salvaje”. El ascenso al poder del republicano Ronald Reagan, que hizo llave con la señora Thatcher, expandió el neoliberalismo por el mundo no socialista. Por el llamado Consenso de Washington (1989) los países latinoamericanos adquirieron el compromiso de aplicar el neoliberalismo como una política de Estado.

Stiglitz considera en uno de sus últimos artículos (El Espectador, Bogotá, 9/6/2019) que “el  experimento neoliberal ha sido un fracaso espectacular”, que “debe decretarse muerto y enterrado”. El célebre economista piensa que para sustituir el neoliberalismo hay “tres alternativas: el nacionalismo de extrema derecha, el reformismo de centro izquierda, y la izquierda progresista”. Descarta las dos primeras y ve en la izquierda progresista el movimiento político indicado para recuperar el equilibrio social y económico, tanto en el interior de las naciones, como a nivel global. Estima que la izquierda progresista equivale a un capitalismo progresista inspirado en la obra de Adam Smith, cuyas enseñanzas fueron utilizadas mañosamente por los herederos del feudalismo, que se revitalizó y modernizó, pero sin modificar su esencia, después del fracaso de la Revolución Francesa.

Precisamente es un capitalismo progresista, tal como Stiglitz lo plantea, la propuesta difundida y defendida por el excandidato presidencial Gustavo Petro desde hace más de tres años.

Y para ello están dadas las condiciones. Los Estados Unidos ya no son la potencia dominante. Hay otras dos que tercian en el escenario internacional y que ya le disputan su liderazgo en sectores como el económico, tecnológico y militar, China y Rusia. La Nueva Ruta de la Seda, puesta en marcha por China, modificará, está modificando ya, la forma de hacer comercio, bajo la que hemos vivido en los últimos trescientos años, por lo menos. Hipotéticamente, ya no se tratará de competir en los mercados a ver quién ejerce más dominio y gana más dinero, sino de conectarse a los mercados por medio de la cooperación y de la solidaridad, en una nueva forma de intercambio que se basa en la equidad y la igualdad. Por supuesto el camino es largo y la criatura apenas está gateando.

Pero es fundamental también tener en cuenta la cuarta revolución industrial o revolución digital, una revolución semejante a las que tuvieron lugar en la mitad del siglo dieciocho, en la última década del siglo diecinueve y en los mediados del veinte. La revolución en la tecnología de las comunicaciones, la Internet, su secuela las redes sociales, la nanotecnología, la nanociencia, la Inteligencia Artificial, han transformado o están transformando por completo la sociedad, como ocurrió en las tres Revoluciones industriales anteriores, con diferencias sustantivas.

En la Revolución Industrial del siglo XVIII las máquinas sustituyeron buena parte de la mano de obra humana, y llevaron al paro a miles de personas, creando ejércitos de desocupados que les permitieron a los patronos mantener bajos los salarios. Por el contrario, la revolución tecnológica de 1900 exigió una nueva demanda de mano de obra, pues los recientes inventos fomentaron la creación de empresas, la ampliación de otras, y se generó un boom de empleo inédito. Los inventos de 1900 crearon una prosperidad real, mejoraron los salarios de los obreros y la clase trabajadora ascendió en su estatus de vida y se convirtió en factor indispensable del desarrollo industrial y del crecimiento económico. La revolución tecnocientífica digital mezcla características de la revolución industrial de 1750 y de la revolución tecnológica de 1900.

Las nuevas tecnologías posibilitan una sustitución impresionante de mano de obra que en algunos países alcanza al 24 y aún al 30 por ciento de desempleo y del consiguiente deterioro del salario. Sobra describir la situación social negativa que ese fenómeno está ocasionando. El señor presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras de Colombia, Anif, ha anunciado que en los dos años próximos “habrá ajustes fuertes”, un eufemismo para informarnos que el desempleo crecerá en Colombia como nunca antes. Y resulta inevitable. Con la llegada de la Inteligencia Artificial es un hecho que, en miles de empresas alrededor del mundo los robots están sustituyendo empleo humano. Se calcula que de hoy al año 2020, es decir en menos de dos años, se habrán perdido cinco millones de los empleos y que muchas profesiones tradicionales desaparecerán antes del 2025, absorbidas por la Inteligencia Artificial. El presidente del Banco Mundial declara: “Numerosos trabajos desaparecerán con la robotización”, y sugiere que “debemos cambiar rápido”. A su vez el eminente científico inglés, Stephen Hawking predijo poco antes de su muerte: “La Inteligencia Artificial puede ser lo mejor o lo peor que le ocurra a la humanidad”.

Por el momento sabemos que los temores acerca de que los robots lleguen a tener capacidad de sustituir al ser humano en sus trabajos y oficios más rutinarios, y también en su misma naturaleza, es una especulación sin el menor asidero científico. No hay máquina, ni robot, ni Inteligencia Artificial, por perfectos que sean, capaces de ocupar el puesto de la Inteligencia Real, que sólo pertenece al ser humano. Esa inteligencia, propicia tanto para el bien como para el mal, pero única que genera pensamiento y conocimiento, es cualidad que ninguna máquina tendrá jamás. Y aún en el supuesto de que las máquinas pudieran hacerse a la inteligencia humana, dejarían de ser máquinas y se volverían humanas.

El peligro de la robótica, o de la Inteligencia Artificial, no está ahí, sino en la situación social inmediata que la sustitución de la mano de obra humana por la mano de obra artificial, en muchos oficios y empleos donde las máquinas programadas pueden operar con más eficiencia que los humanos, va a producir.  La Inteligencia Artificial será lo mejor para la raza humana si un cambio profundo de mentalidad nos lleva a utilizar esa Inteligencia como el dispositivo más valioso para cualificar las condiciones de vida de los habitadores del Planeta Tierra. Y será también, la Inteligencia Artificial, lo peor para la raza humana si las élites mundiales y locales que hoy gobiernan se empeñan en utilizar ese invento prodigioso de la ciencia para seguir oprimiendo, como hasta ahora lo han hecho, a la mayoría de los habitantes de la Tierra.

En esa encrucijada entra en juego la teoría de Carlos Marx sobre el ocio creador, Aunque parezca una utopía irrealizable, está más cerca de nosotros de lo que pensamos, si efectivamente la Inteligencia Artificial es enderezada a soportar un desarrollo de los pueblos equitativo y sostenible. El ocio creador es la condición social propia para el ejercicio de las ideas estéticas y de la cultura que, desde los griegos y los romanos, hasta hoy, se han utilizado para el disfrute exclusivo de las élites dominantes. La expansión universal de la cultura, impulsada por el ocio creador, dará origen a un nuevo Renacimiento cuyo resplandor iluminará a la humanidad por muchos siglos, incluso por muchos milenios.

Pero, para hacer posible esa utopía, tenemos primero que darle forma a la realidad inmediata. La creación de un capitalismo progresista, o izquierda progresista, que liquide la estructura feudal-neoliberal y haga irreversibles las grandes conquistas sociales que reflejen el bienestar de todos y la plena satisfacción de los derechos esenciales del ser humano.

Mientras tanto, para el caso concreto de Colombia, no podemos esperar a que la “economía naranja” resuelva los problemas sociales que no tiene capacidad de resolver. Como en las revoluciones industriales pasadas han surgido, de las crisis que generan, oportunidades nuevas, en la presente no será distinto. Estar al tanto de esas oportunidades de cambiar las condiciones económicas adversas creadas por el neoliberalismo y la globalización, y corregir el daño que esas doctrinas le han  causado a los trabajadores, será la tarea a que deberemos dedicar nuestros esfuerzos en la próxima década. No hay todavía fórmulas precisas, pero por el camino las iremos encontrando.

Viernes, 03 Agosto 2018 07:12

La simple lógica de la inequidad

La simple lógica de la inequidad

Existe una relación directa, ampliamente estudiada (Derek Epp, Enrico Borghetto, etc.) entre el aumento las desigualdades sociales y la disminución del debate social sobre el aumento las desigualdades sociales.

Esta distracción se logra, principalmente, desviando la atención a temas menos importantes pero mucho más apasionantes, casi ancestrales, razón por la cual, cada vez que aumenta la inequidad social, también aumentan las apasionadas discusiones sobre la inmigración, la invasión de otras razas y otras culturas, el patriotismo, la bandera, el himno nacional (un futbolista es silbado por arrodillarse en protesta, un político pone la mano en el corazón, y todas esas masturbaciones colectivas), la fe contra la razón, el crimen callejero en lugar del crimen legal, la inseguridad y la necesidad de un poder concentrado que ponga orden (que en realidad significa “confirmación del status quo”), como un padre justo pone orden entre sus niños desobedientes, aunque para ello haya que ceder aún más poder, más recursos y más riqueza.


No importa que el incremento de todos esos problemas también tenga su raíz en las mismas desigualdades sociales, astronómicas a esta altura, en la misma cultura que crea (de forma creciente, neurótica e ilimitada) necesidades que son imposibles de satisfacer por la amplia mayoría de cualquier sociedad y del planeta mismo. Desde un punto de vista psicológico, estas diferencias relativas, sin importar los ingresos absolutos de los individuos en una sociedad determinada, disparan los índices de ansiedad, de alcoholismo, de depresión, de adicciones, de suicidio, como también lo muestran diversos estudios referidos a los países ricos.


Esta distracción es una consecuencia de un proceso lógico: quienes aumentan cada día su poder económico, político y social, controlan una parte crítica la narrativa social que se escribe no sólo en los grandes medios de comunicación que les son funcionales, sino por una clase política que es, a un tiempo, causa y consecuencia de esas narrativas.


Por esto, no es casualidad que las micro minorías que concentran una macro proporción de los recursos del mundo no sean consideradas beneficiarias del sistema que los produce y protege, sino benefactoras del resto (son ellos, los ricos inversores, quienes crean trabajo, quienes inventaron el cero, los algoritmos, la penicilina, la computación, los derechos humanos, nuestra modernidad, todo nuestro progreso, y otros absurdos tan comunes en nuestra civilización adicta a la pornografía política y religiosa).


No es casualidad que, al mismo tiempo que aumentan los desequilibrios sociales, aumentan las ideologías que los sustentan, como el fascismo y otras variaciones de la extrema derecha.


Claro que toda esa lógica es insostenible y siempre llega un momento de quiebre que, al final, termina por golpear a todos, los de arriba y los de abajo, los de derecha y los de izquierda, en diferente grado, según el momento histórico.


Claro que el nuestro es un problema aún mayor. No se trata de que la Humanidad esté preparando su próxima gran crisis. Se trata de saber cómo sobreviviremos como especie en las próximas generaciones.
Claro que los ancianos más egoístas del planeta, generalmente aquellos que se encuentran en el poder político de la mayoría de los países más poderosos del mundo, tienen poco que perder y, a juzgar por sus acciones, poco les importa más allá de la breve borrachera de sus millonarias y miserables existencias.

 

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Los estratos en Colombia: eres el lugar en el que vives

El sistema de subsidios para garantizar los servicios a las clases más bajas ha acentuado la segregación y la desigualdad


Las ciudades en Colombia se dividen en estratos. Del uno al seis. En los más bajos, el uno, dos y tres viven los ciudadanos que reciben subsidios en los servicios (agua, gas, luz). En los más altos, el cinco y el seis, quienes pagan esas ayudas con facturas superiores a su consumo. El modelo, único en el mundo, se ideó a mediados de los noventa, en un país que en ese momento tenía tasas de pobreza cercanas al 40%, según datos del Banco de la República. Tres décadas después, el principio solidario que pretendía regir la ley se ha pervertido. La segregación se ha acentuado y los ciudadanos se identifican por el lugar en el que viven. Una suerte de sistema de castas.


Para decidir a qué estrato pertenece un ciudadano, el Estado se limita a evaluar la fachada de su casa, los materiales con los que está construido el techo y las condiciones en las que se encuentra la vía frente a la vivienda. Con estas características ligadas al terreno, se reparten los subsidios. El modelo no tiene en cuenta la renta, el número de personas que componen una familia, la edad, si alguna de esas personas tiene algún tipo de discapacidad o si tienen un empleo.

Es decir: si una persona compró una casa calificada como estrato seis cuando tenía el dinero para pagarla, pero ahora su único ingreso es una pensión baja, no puede recibir ayudas para pagar la factura del agua. Sucede lo mismo al revés. “En el centro de Bogotá hay muchos edificios estrato uno amparados por la ley de patrimonio histórico”, explica Roberto Lippi, coordinador de ONU Hábitat para los países andinos. “Esas casas son hoteles y otro tipo de negocios, o la segunda vivienda de muchos ciudadanos. Todos reciben subsidios cuando no los necesitan”.

“Somos unos ocho millones de habitantes en Bogotá, 2,5 millones de hogares. Y estamos subsidiando a dos millones de esos hogares, casi siete millones de personas”, explica Antonio Avendaño, subsecretario de Información y Estudios Estratégicos de la Secretaría de Planeación de la ciudad. “La pobreza en la ciudad se ha reducido al 12,4% y seguimos subsidiando al 80% de los hogares”.

En 2003, según el último informe publicado por la Alcaldía de Bogotá en el que se cruzaron variables de ingresos y estratos, el 17% de los hogares de estrato uno, el 31% de estrato dos y el 59% de estrato tres correspondían a sectores de la población con mayores ingresos. El sistema se ha llenado de errores de inclusión y exclusión.

ONU Hábitat en colaboración con la Alcaldía de Bogotá ha ideado un proyectoque no pretende eliminar el sistema de subsidios cruzados, sino cambiar la manera en la que se clasifica a los ciudadanos y así focalizar las ayudas. “Se basa en un índice multidimensional”, dice Antonio Avendaño. Un medidor que, por primera vez, tenga en cuenta variables socioeconómicas.
Es la solución a falta de un padrón en Colombia. “La historia de violencia de este país ha impedido que haya empadronamiento. Los ciudadanos no quieren que nadie sepa dónde viven por seguridad, por el miedo que había a los secuestros”, explica Andrés Ortiz, secretario de Planeación de Bogotá. “Sin embargo, las empresas privadas, como las de telefonía e internet o los bancos, tienen todos nuestros datos”, responde Lippi.

El proyecto pretende recurrir a otros indicadores como la matriculación, las pólizas de seguros médicos y el uso de tarjetas de crédito para conocer mejor a los ciudadanos. “Alguien que vive en estrato dos, pero tiene matriculada una camioneta de cientos de millones de pesos, ya nos da una pista de sus ingresos”, apunta el secretario de Planeación.

Un sistema deficitario

El 76% de los predios en Bogotá son de estrato uno, dos y tres. Por mucho que se aumenten las facturas que pagan los ciudadanos de estratos 5 y 6 no son suficientes. La ley contempla un fondo de compensación para salvar esta diferencia. Es decir, recursos públicos para que las empresas no dejen de recibir dinero y puedan garantizar los servicios. “En 2015 el modelo solo cubrió el 69% de los subsidios en Bogotá”, recuerda el secretario de Planeación. “La ciudad tuvo que poner 52.000 millones de pesos (19 millones de dólares) y la Nación 250.000 millones (más de 91 millones de dólares) para agua”. Una cantidad de dinero público que podría destinarse a la construcción de colegios y hospitales o a otro tipo de políticas sociales.

“Las mismas empresas de servicios están en contra de modificar el modelo de estratificación”, asegura Roberto Lippi de ONU Hábitat. “Para una compañía debería ser indiferente de dónde venga el dinero. Pero una cosa es recibir un paquete fijo y seguro del Gobierno y otra, mes a mes de los usuarios. La primera opción tiene más ventajas económicas y financieras de flujo de caja”.


“Tiene zapatos de estrato uno”

Tres décadas de estratificación en Colombia han ido construyendo un imaginario colectivo que desposee al ciudadano de cualquier atributo que no sea el lugar en el que vive. “Los estratos han terminado haciendo parte del lenguaje colombiano. Te clasifican socialmente, incluso ideológicamente: pobre o rico; bueno o malo; izquierda o derecha”, explica Antonio Avendaño de la Secretaría de Planeación de Bogotá. En el argot colombiano se cuelan expresiones del tipo: “Lleva zapatos de estrato uno”.


En una entrevista de acceso a la universidad, para calcular la matrícula de estudios o cuando un ciudadano se postula a un nuevo empleo es habitual que una de las preguntas determinantes sea la calle en la que residen. El mérito académico y la capacidad de progresar en un trabajo tienen menor relevancia que el estrato.


“El estrato es un lastre que impide la movilidad social, provoca frustración y desigualdad”, afirma Ricardo Lippi. “El estudio no permite dar el salto social sobre el mérito, como sucedió en Europa”. “Ha radicalizado la segregación”, acompaña Andrés Ortiz, secretario de Planeación de Bogotá.


En Bogotá se visibilizan las barreras invisibles que podrían aparecer en cualquier capital del mundo. El sur es estrato uno y dos, por tanto, se identifica con la pobreza. En el centro hay una suerte de clase media. En el norte, los que denominan ricos, estratos cinco y seis. El estrato cuatro, el que paga lo que consume, no recibe ayudas ni las aporta, alberga un limbo para los estándares colombianos.


El ciudadano que vive en la zona norte de Bogotá se autosegrega instalando muros altos alrededor de su vivienda que refuerza con concertinas. “En todas las ciudades hay ricos y pobres, pero la separación no está avalada por el Estado como sucede en Colombia”, apostilla Lippi. “Este sistema genera poca cohesión social, aumenta la conflictividad, no permite usar de la manera más oportuna la mezcla que deberían ser las ciudades”.


El modelo tampoco posibilita que se produzca el mismo desarrollo en unas zonas y otras de las ciudades por la falta de urbanismo. Los vecinos de un barrio se niegan a que mejoren sus vías, construyan parques o habiliten nuevos espacios públicos porque conllevaría el aumento del estrato. “Los pobres están desconectados de los beneficios de la urbanización, es decir, de ser más prósperos”, explica Rafael Forero, especialista en Legislación, Gobernanza y Seguridad Urbana de ONU Hábitat.


Consenso político


La propuesta de Bogotá y ONU Hábitat es la número 13 que se presenta en Colombia para intentar cambiar el sistema. No depende de la voluntad de una alcaldía y un organismo internacional, sino del consenso político que se alcance en el Congreso para cambiar una ley nacional.


Mientras la ONU aboga por un sistema impositivo, Bogotá no pretende renunciar a la clasificación por estratos al considerarla “democrática y solidaria”. En lo que sí están de acuerdo es en la necesidad de hacer pedagogía para que los ciudadanos que han nacido y crecido con este modelo entiendan por qué muchos de ellos van a dejar de recibir subsidios y a qué se va a destinar ese dinero.


“Los estratos se asumen eternos. Y son una anomalía, no la Biblia”, dice Lippi. La ONU propone una revisión anual, construir el pacto social sobre la temporalidad. “Así se iría equilibrando el sistema y el Estado tendría más recursos para los que los necesitan. Nuestra propuesta es técnica y normativamente viable, lo que no sabemos es si es políticamente viable”.

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