Sábado, 21 Mayo 2022 05:52

Es el algoritmo, estúpido

Es el algoritmo, estúpido

Hoy se escucha hablar todo el tiempo de una palabra que antes era solamente campo de la matemática: el algoritmo. En muchas charlas de café un apasionado interlocutor nos explica que el algoritmo sabe todo de nosotros. Parecen querer decirnos: “es el algoritmo, estúpido”. Ya no podemos decir que no sabemos de qué se trata aunque no entendamos nada.

Y nos hacen una prueba, nos dicen que saquemos el celular y pidamos un auto en alguna aplicación, todos la misma, todos al mismo lugar, y veamos si el precio es el mismo. No es así, el algoritmo pone precios diferentes. El algoritmo se ha sofisticado, no depende solamente de la oferta, de la cantidad de autos disponibles en la zona sino que se ha especializado en la demanda: saben de ese lugar, cuánto dinero tenemos en nuestro bolsillo, cuánta desesperación en llegar. ¿Cómo logran saber cuestiones que quizás nosotros no tenemos tan claras? ¿Cuál es el costo de una sociedad sin intimidad?

El algoritmo está acostumbrado a manejar millones de datos, información diversa que interpreta y analiza pero más allá de sus cualidades de “Big Data”, la ventaja que realmente tiene es que lo queremos mucho, dependemos mucho de él, le confiamos todos nuestros secretos y cada vez más hacemos pasar por ahí nuestra vida. El algoritmo sabe de nosotros. Se graba en una “caja negra” todas nuestras búsquedas, todas las páginas en internet, los lugares donde estamos, y estaremos el fin de semana y en las vacaciones. Y nos hace ofrecimientos, tiene deferencia por nuestro nivel económico, por nuestras preferencias, por nuestros secretos pero se aprovecha de ellos para que no le digamos que no, siempre hay otros mirando en este momento nuestra oferta y nos amenaza con perder las oportunidades.

El algoritmo conoce al que pide el servicio como al que lo ofrece. Lo único que podemos hacer los seres humanos es, como a los padres que todo lo saben, hacerle trampa. Los trabajadores de autos en Washington en la entrada del aeropuerto apagan el celular al mismo tiempo para que se eleven los precios antes que llegue el horario de llegada de los aviones.

El algoritmo está en nuestro querido celular, muchos pensamos que el celular nos pertenece pero no hay nada menos personal. Allí se esconde un tipo de sociedad, que es del conocimiento, de un sistema de poder sostenido en una ¿ideología algorítmica neutral? Cada vez más el celular necesita pegotearse en tu carne, te pide un patrón, la huella del dedo, realiza tu reconocimiento facial y necesita sí o sí que ligues tu cuenta de gmail, a tu ubicación autenticada y a una tarjeta de crédito. Y con esto ya está, perdiste mucho más que la intimidad, saben no solamente lo que compraste sino lo que comprarás durante este mes. Van complejizando variables, identifican lo que buscás y lo diferencian de lo que deseás y en esa diferencia crean la ilusión de que la búsqueda de lo que deseás está en manos de tu emprendimiento, de tu voluntad.

Algunos se asustan y piden volver al tiempo prealgoritmo pero hoy pareciera tan posible extirparlo como vivir sin pulmones. Aunque su derrotero pareciera inalterable, es necesario abrir debates acerca de sus evidentes consecuencias. Una de las preguntas es si las tecnologías del algoritmo y del tiempo “real” podrán ser utilizadas para el bien común.

Una de las primeras limitaciones es conocida: estas tecnologías están controladas por dos grandes “megasupercorporaciones” que dominan las plataformas y determinan los senderos y sobre todo censuran los caminos alternativos. Mientras que el acceso al conocimiento esté limitado a pocas corporaciones, resultará complicado abrir el juego a nuevos participantes. Esas corporaciones tienen ideología y marcan a fuego la perspectiva de la humanidad sostenida en un horizonte totalitario y homogeneizador. Crean un tipo de subjetividad, una sociedad de supuestos emprendedores que nos hace sentir que de cada uno y cada una depende el éxito y el fracaso. Por convergencias y reiteraciones, sectorizando esos diferentes deseos, el algoritmo podría realizar la correlación entre la compra de un determinado shampú con las decisiones que tomaremos en las próximas elecciones.

Hasta comienzos del siglo XXI, a las corporaciones les importaba tu cerebro, cómo mantenerlo con vida dándole lo menos posible, les interesaba qué porcentaje de la torta se podían quedar sin crear una revuelta tal que creara un cambio en las reglas de juego, hoy con las redes en tiempo real, las corporaciones se animan a más porque pueden crear la idea de que la política es una idea pasada de moda y que todos los políticos son la misma cosa, ya sea de derecha o de izquierda y que finalmente, lo único que puede salvarte sos vos mismo, en el supremo esfuerzo de hacer lo que mejor puedas.

Una sociedad individualista que te muestra miles de ejemplos de personas que se han vuelto millonarias por el simple manejo del “simplemente hazlo”, ese hashtag de una conocida empresa de zapatillas que te dispara el cerebro a la estratosfera diciéndote que si no conseguís más, será porque no lo has deseado con la tenacidad del que logra lo que se propone. Ya no se trata de la lucha por una sociedad que te facilite un acceso a mayores niveles de igualdad y distribución de la riqueza sino de las limitaciones de la psicología de tu deseo.

Nos convertimos entonces en una sociedad de frustrados que miran con envidiosa penuria a algunos que logran lo que nosotros no. No hay que quedarse, hay que seguir. Los ejemplos sobran, en el medio de la metrópoli, la sociedad norteamericana toma antidepresivos como galletitas en el desayuno antes de salir a su vida laboral. Hoy se trata de mantenerse activo.

El algoritmo quiere conocer tus movimientos en el fondo de tu bolsillo y anticipar tus próximos movimientos. La del bolsillo es una metáfora anacrónica, porque nadie que tiene dinero lo lleva en el bolsillo, miran tus cuentas bancarias, tus movimientos por la ciudad, tus repeticiones de compras en el súper, tus miradas a páginas deseando algo, tus llamadas a otros a través de redes sociales y sobre todo miran el uso de tus aplicaciones. Te acercan el taxi que necesitas para llegar, la comida para la noche, la serie que seguramente estás esperando, la frase que tenés que decir para la ocasión, la aplicación que necesitás para no olvidarte las claves para entrar a las diferentes cuentas.

Pero todo esto tiene un costo. El “pequeño” costo que no dicen ni aún con letritas pequeñas en el fondo del “acepto término y condiciones”. Ese costo es daño colateral, además de la ideología que transmiten en su masividad y las anticipaciones de nuestras próximas jugadas, el daño es la construcción de subjetividades cada vez menos cuestionadoras de lo que la sociedad hace de nosotres.

21 de mayo de 2022

Martín Smud es psicoanalista y escritor.

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Shell tuvo utilidades de 9.13 mil millones de dólares, récord para un primer trimestre. Los precios del petróleo fueron el factor más importante que impulsó los resultados. Foto Afp

La aversión al riesgo, ante la guerra entre Rusia y Ucrania que inició el 24 de febrero, dejó un "jugoso" primer trimestre a empresas petrolíferas y de gas natural.

Al cierre del primer trimestre de 2022, Shell y BP, empresas de los sectores petrolífero y del gas natural, reportaron "extraordinarios" crecimientos en utilidades por mayores precios del petróleo.

Shell reportó utilidades de 9.13 mil millones de dólares, récord para un primer trimestre; los mayores precios promedio del petróleo fue el factor más importante que impulsó los resultados de la emisora.

En comparación con la cifra del primer trimestre del año pasado (3.2 mil millones de dólares), las utilidades casi se triplicaron.

Y, similarmente, BP reportó utilidades que duplicaron aquellas del mismo trimestre del año pasado. La compañía británica se ha convertido en el más reciente gigante petrolero en reportar enormes ganancias. La empresa registró 6 mil 200 millones de dólares en beneficios subyacentes (ganancia neta) en el primer trimestre de 2022, lo que equivale a casi 3 millones de dólares en ganancias cada hora.

Lo anterior fue más del doble de los 2 mil 630 millones de dólares del primer trimestre de 2021, a pesar de abandonar su participación de casi 20 por ciento en la petrolera rusa, Rosneft, y otras tres empresas en respuesta a la invasión a Ucrania. Y pese a la pérdida de 20 mil 400 millones de dólares.

Santiago Fernández, analista bursátil de Intercam, detalló que Shell y BP reportaron insólitos crecimientos en utilidades debido a los mayores precios del crudo.

Por ejemplo, el WTI terminó el trimestre cotizando en 101.18 dólares por barril, con un aumento de 34.53 por ciento, siendo este su mayor incremento trimestral desde el segundo trimestre del 2020 cuando se incrementó 91.75 por ciento.

En el trimestre, el WTI tocó un máximo intradía de 130.5 dólares, no visto desde el 22 de julio del 2008, y un mínimo de 74.27 dólares por barril. Mientras tanto, el Brent aumentó 38.74 por ciento en el trimestre a 107.91 dólares por barril y alcanzó un máximo de 139.13 dólares, no visto desde no visto desde el 16 de julio de 2008.

Como el resto de los commodities, el crudo mostró volatilidad y fue afectado por un aumento en la aversión al riesgo ante la guerra entre Rusia y Ucrania que empezó a finales de febrero y llevó al WTI y al Brent a incrementarse durante marzo en 5.70 y 6.86 por ciento.

Rusia es el tercer mayor productor de petróleo a nivel global, produciendo cerca de 10.3 millones de barriles diarios. Aunque gran parte del petróleo ruso se procesa en las refinerías de ese país, alrededor de 42 por ciento del petróleo del país se exporta. Asimismo, el contrato TTF de gas natural en el ICE Endex Dutch aumentó en 78.99 por ciento a 125.906 euros por megavatio hora, mientras que en marzo aumentó 27.70 por ciento.

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Decomiso de 550 kilos de cocaína escondida en bolsas de café esta semana en Suiza.. Imagen: AFP

Según un informe de la policía y la agencia antidroga de la UE

Autoridades europeas incautaron un récord de 214,6 toneladas en 2020, la gran mayoría en España, Bélgica y Países Bajos.

Las agencias de la UE han advertido de que Europa se está consolidando como centro de producción y transbordo de cocaína para todo el mundo, además de ser un importante mercado de consumo. Las autoridades europeas han incautado una cantidad récord de 214,6 toneladas de cocaína en Europa en 2020, con España, Bélgica y Países Bajos concentrando las tres cuartas partes del total recuperado.

La cocaína es la segunda droga más consumida en Europa, solo superada por el cannabis, con millones de consumidores y unas ventas de unos 10.500 millones de euros en 2020, según un informe conjunto de la UE elaborado por la agencia policial Europol y la agencia antidroga OEDT. Alrededor de 3,5 millones de europeos de entre 15 y 64 años reconocieron haber consumido esta droga en el último año, y 14 millones de europeos lo hicieron alguna vez en su vida.

Mercado en crecimiento

El aumento de la producción en Sudamérica y la ampliación de la capacidad de procesar la droga en bruto en Europa están impulsando el crecimiento del mercado. La aparición de nuevos tipos de cocaína fumable podría hacer mayor el crecimiento y los riesgos para la salud. "También se está produciendo más dentro de Europa, lo que indica cambios en el papel de la región en el comercio internacional de cocaína", señala el informe.

Bélgica se está convirtiendo en el epicentro de la cocaína en Europa. Es el país de la UE que más cocaína incautó en 2020, con 70 toneladas, y uno de los principales focos de elaboración de pasta de coca junto con los Países Bajos (con 49 toneladas incautadas en 2020) y España (con 56 toneladas incautadas en 2021).

En un informe presentado por Europol y el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (EMCDDA), se refleja que, por cuarto año consecutivo, se ha incautado una cantidad récord de cocaína en Europa. La mayoría llega en contenedores marítimos, con los puntos de entrada de los cargamentos en diversificación y con mayores cantidades incautadas en los puertos de Europa del Este y Turquía.

La cocaína importada a Europa desde Sudamérica se reexporta cada vez más a otras partes del mundo, especialmente a Oriente Medio y Asia, lo que convierte a Europa en "un punto de transbordo clave para las drogas procedentes de otros lugares", según el informe.

La metanfetamina, también en crecimiento

Aunque se mantiene muy por debajo de la cocaína, el mercado de la metanfetamina también está creciendo. Sus tendencias están variando, ya que tradicionalmente se producía en la República Checa para el consumo en Europa del Este, pero los nuevos datos señalan una alta demanda en Europa Oriental, principalmente en Bélgica.

"Ahora existe una creciente preocupación por las instalaciones de producción situadas en Bélgica y los Países Bajos, donde se puede producir metanfetamina a una escala considerablemente mayor", señala el informe.

Europa es uno de los principales productores de metanfetamina del mundo, y los productores europeos colaboran cada vez más con los grupos delictivos mexicanos para perfeccionar los procesos de producción, advirtieron los organismos de la UE.

El número de incautaciones de esta droga entre 2010 y 2020 se duplicó de 3.000 a 6.200, y las cantidades incautadas aumentaron un 477 % a 2,2 toneladas en 2020, año en el que nueve países de la UE desmantelaron 215 laboratorios.

A la luz de los resultados, el director del OEDT, Alexis Goosdeel, explicó que Europa se enfrenta a una "amenaza creciente" derivada de un mercado de drogas "más diversificado y dinámico, impulsado por una colaboración más estrecha entre las organizaciones criminales europeas e internacionales" y urgió a ser "aún más sensibles a las señales del mercado" y a "invertir en una mayor acción coordinada" a nivel internacional.

En la misma línea, la directora ejecutiva de Europol, Catherine De Bolle, advirtió de que el comercio de drogas ilegales "sigue dominando los delitos graves y la delincuencia organizada en la UE". Teniendo en cuenta de que cerca del 40% de las redes delictivas notificadas a este organismo que operan a escala internacional "están activas en el tráfico de drogas". "La lucha contra este comercio ilegal es una prioridad fundamental para Europol y para la UE", señaló, convencida de que el análisis presentado este viernes resulta "crucial para formular respuestas policiales eficaces".

De Público de España. Especial para Página/12.

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Monopolios e inflación, la combinación fatal

Hasta EE.UU. debate cómo enfrentar el poder de las corporaciones

El debate sobre las corporaciones ha llegado hasta la Universidad de Chicago, cuna del neoliberalismo. Recuerdan que en el New Deal, de los años 30, se adoptaron duras políticas antimonopólicas en respuesta a una disparada de precios   "muy similar a la actual". ¿Podrá Argentina recoger estos antecedentes?

 

"Existe un peligro real de que los precios se desboquen. Entonces, a menos que se tomen medidas firmes, vendrá la carrera entre el poder adquisitivo y los precios inflados, una carrera perdida ya que el poder adquisitivo no puede seguir el ritmo”.

“Muchos de estos precios están siendo elevados deliberadamente por dispositivos monopólicos”.

“Algunos de los aumentos de precios se deben a prácticas monopólicas y otros a la escasez de suministros”.

Tres frases que podrían ser adjudicadas a algún crítico de la falta de firmeza del gobierno argentino para controlar y castigar a las corporaciones responsables de los aumentos de precios, fundamentalmente de alimentos, en las últimas semanas y también meses. Pero no. No fueron dichas en referencia a la situación de la economía argentina, sino a la de Estados Unidos. Pero tampoco fueron expresadas en el marco de los debates actuales sobre la inflación en aquel país. 

Los comentarios anteriores fueron escritos en 1937 por un asesor del presidente Franklin D. Roosevelt, cuando Estados Unidos enfrentaba los abusos de sectores dominantes en los mercados de productos masivos, todavía soportando las interrupciones de suministros en el marco de la Gran Depresión de los años 30 y en los umbrales de la segunda guerra mundial. ¿Y cuál fue la recomendación que recibió el presidente estadounidense en ese momento? Ponerle freno a las corporaciones y revisar, para cambiarlas, todas las políticas que le habían dado tanto poder para controlar los mercados y fijar precios a su entera voluntad. 

Con todo, para nosotros, argentinos y latinoamericanos, lo más sorprendente y significativo es que quien trajo ahora esos argumentos a la discusión sobre la inflación, en tiempos de pos Covid y en un escenario de guerra en el este europeo, fue nada menos que la Universidad de Chicago, la cuna del neoliberalismo.

Se trata de un artículo publicado la semana anterior (13 de abril), en la revista digital Promarket, órgano de prensa de la Escuela de Negocios del Centro Stigler, de la citada universidad. Su autor es Erik Peinert, director de Investigación y Editor del Proyecto de Libertades Económicas Estadounidenses. El sugerente título del artículo es "Inflación, Poder Corporativo y el New Deal olvidado". 

Cartelización y abusos

Señala el texto del mencionado artículo que la década del 30 estuvo caracterizada por la cartelización (acuerdo de producción y de precios para repartirse el mercado y no competir entre ellos) de grandes empresas y por un aumento persistente en los precios. Pero cuanto en 1937, "los precios repentinamente se dispararon aun más rápido, varios asesores de Roosevelt argumentaron que estas prácticas monopólicas eran el motor de muchos aumentos de precios y, si no se hacía nada, podría frenar la recuperación o causar otra recesión".

El autor señala, en su artículo, que estas prácticas monopólicas se han vuelto a ver favorecidas en años recientes. "Desde la década de 1980, los tribunales estadounidenses y las agencias reguladoras han respaldado la capacidad de las corporaciones poderosas para fusionarse, monopolizar, confabularse para fijar precios, excluir o controlar otras empresas y reducir los salarios". 

"A partir de las décadas de 1970 y 1980, se puso de moda una nueva forma de pensar sobre las leyes antimonopolio, favoreciendo las fusiones como supuestamente eficientes y viendo poco riesgo en permitir que las industrias se consolidaran. Con ironía, sostiene el autor que "el propósito de las leyes antimonopolio ahora se había convertido, en parte, en preservar el monopolio".

Prosigue Peinert señalando que, "al igual que en la década de 1930, estos cambios han aumentado los precios en toda la economía estadounidense, pero hasta ahora no de manera muy clara o notoria. Antes del año pasado, estos aumentos de precios fueron lentos, progresivos e imperceptibles durante décadas". Pero se aceleraron en los últimos meses. Los márgenes de ganancias , se estima en Estados Unidos, aumentaron de una media del 21 por ciento a principios de los 80, al 61% actual. No es aventurado suponer que en Argentina la tendencia haya sido la misma.

Y una observación que hace el autor sobre el comportamiento en materia de precios de las empresas dominantes en estos tiempos, que también le sonará cercana a cualquier observador de la economía argentina. Dice Erik Peinert: "Aprovechando tanto su posición de negociación como la ignorancia de los consumidores sobre la verdadera escala de subas en los insumos, las principales empresas han estado aumentando los precios mucho más allá de sus aumentos de costos".

¿Multicausal o sin causa conocida?

Sin embargo, los especialistas no se ponen de acuerdo, ni aquí ni allá, sobre las causas de la inflación. El economista neoliberal Peinert dice, en su artículo publicado por la Universidad de Chicago: "Habiendo decidido que el poder de mercado no es responsable de la inflación, o que la defensa de la competencia tomaría demasiado tiempo, la conclusión parece ser no hacer nada". "La inacción deja la política de respuesta a la inflación en manos de la Reserva Federal independiente, cuya única palanca contra la inflación es aumentar las tasas de interés, con base en la teoría de que la inflación es impulsada por el exceso de poder adquisitivo". sobre la base de esta lógica, recuerda Peinert, el 16 de marzo la FED elevó las tasas. 

Crítico de ese enfoque, el autor se pregunta: "¿Quién debería soportar la carga del ajuste: los trabajadores o las poderosas corporaciones?". "El debate entre la avaricia corporativa y el poder adquisitivo no es sólo técnico; es una cuestión de valores. La inacción en este caso es tomar partido, aceptando que las grandes corporaciones sean libres de mantener sus márgenes de beneficio inflados y sin precedentes".

El autor va más allá en el análisis, señalando que "existen alternativas, y no fue éste el enfoque adoptado en 1937" por el gobierno de Roosevelt. "Atacar a los monopolios que suben los precios, poniendo en peligro la recuperación", fue la propuesta que le formularon sus asesores. "Robert Jackson, el fiscal general adjunto antimonopolio de Roosevelt, hizo exactamente eso al pronunciar una serie de discursos en el otoño de 1937 atacando a las grandes corporaciones por retrasar la recuperación a través de aumentos de precios monopólicos", repasa Peinert en su artículo.

El análisis publicado en la revista de la Universidad de Chicago refiere incluso propuestas actuales "para obtener resultados más rápidos, por ejemplo, el economista Hal Singer sugiere iniciar investigaciones antimonopolio automáticas en cualquier industria concentrada con un aumento significativo de precios, una sanción que sin duda ayudaría a disuadir otros aumentos".

Estas son las cuestiones que se están discutiendo en torno a la inflación en las economías centrales. No por sesgo ideológico anticapitalista, sino por la conciencia de que los aumentos de precios abusivos están atentando contra la misma recuperación de la economía en sus propios países. 

"No hay más tiempo"

La postura de los neoliberales del centro es que "no hay tiempo" para restablecer las condiciones de competencia. Entonces, ataquemos a las corporaciones antes que la estantería se derrumbe. No parece una cuestión de conciencia, sino de supervivencia. Pero es una buena oportunidad de "imitar a los países serios" y legitimar medidas correctivas en Argentina, con niveles de inflación que le preocupan hasta a Kristalina Georgieva. 

En defnitiva, si Erik Peinert puede afirmar en una publicación de la Universidad de Chicago que "las políticas antimonopolio no son una cuestión limitada en torno a tecnicismos económicos: son una declaración de nuestras prioridades como país". ¿No podría sostenerse lo mismo con respecto a la Argentina, nuestro país? Incluso ante el FMI, en oportunidad de la primera revisión del acuerdo y el programa, ya que coincide en que el problema de la inflación urge.

Y recordarle al Fondo lo que dice Peinert al cierre de su artículo: "Estados Unidos ha visto esta combinación de aumentos de precios, especulación corporativa y una recuperación económica incierta antes; la última vez que enfrentaron esta situación, los estadounidenses no dejaron su destino en manos de los amos corporativos".

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Venezuela: lujo, desigualdades y «capitalismo bodegonero»

La expansión de los bodegones en Venezuela –tiendas de productos importados, incluso de lujo, para quienes pueden pagarlos– va de la mano del proceso de «dolarización» de la economía (y de la apelación a diversas formas de pago) y de mecanismos de decisión opacos para establecer ganadores y perdedores de la crisis. Las zonas económicas especiales (ZEE) son la cara complementaria de este proceso.

La dolarización de las actividades comerciales ha sido una válvula de escape que yo la veo como positiva (…) es una forma de resistencia de nuestro pueblo.
Nicolás Maduro, diciembre de 2020

En los últimos años, la economía venezolana ha cambiado significativamente. La producción petrolera cayó a partir de 2015 y, después de 2019, se desplomó por debajo del millón de barriles diarios. El país atravesó más de cuatro años de hiperinflación y en siete años el pib se ha contraído en más de 80%1. Como respuesta a la crisis y a las sanciones financieras y sectoriales (que afectan al petróleo y oro venezolanos) impuestas por Estados Unidos en 2017 y 2019, el gobierno de Nicolás Maduro ha avanzado en un conjunto de reformas económicas que buscan liberalizar ciertos sectores comerciales y productivos. El objetivo ulterior es mantener el poder pese a la conflictividad política y social que ha generado su gobierno y a la peor crisis económica de la historia republicana del país. 

Los cambios propuestos no han venido acompañados de reformas fiscales que permitan aumentar la recaudación, ni de una discusión formalizada del presupuesto nacional con actores políticos y económicos diversos. Al contrario, estas reformas se caracterizan por la opacidad –se desconocen los alcances de las alianzas, los términos de las contrataciones y las transferencias de activos–, así como por la arbitraria ejecución de regulaciones y cambios legales. Hemos visto cómo el gobierno nacional ha aplaudido la dolarización informal como una «válvula de escape»2, sin regularla en una forma consistente y transparente. 

En este contexto, vale la pena preguntarse: ¿cómo podemos caracterizar el sistema económico que rige actualmente en Venezuela? ¿Quiénes lo controlan? ¿Cuál es el destino de estos cambios? En un esfuerzo por comenzar a dar cuenta de estos procesos de transformación en política económica, intentamos desentrañar algunos de los fenómenos fundamentales que han emergido como cambios económicos recientes en el país. Entre estos fenómenos se encuentra la emergencia de los llamados «bodegones» como la nueva cara del consumo, después de años de escasez y en medio de una de las hiperinflaciones más dilatadas de la historia. «Bodegón» es el término que se usa para designar tiendas de bienes importados. Estos bodegones pueden concentrarse en alimentos y bebidas, como supermercados regulares, pero también hay algunos que, por ejemplo, son expendios de electrodomésticos y otros productos. Los bodegones gozan en general de excepciones arancelarias y muchos consiguen sus bienes a través del sistema «puerta a puerta», que permite importar sin tener que cumplir con requisitos sanitarios ni fitosanitarios. Los enormes beneficios fiscales y tributarios poco a poco han ido disminuyendo, pero aun así resultan onerosos si se consideran en contraste con las enormes trabas que enfrentan la industria y el agro local. 

El estudio de los bodegones forma parte de una serie de investigaciones con el propósito de describir y analizar cambios experimentados en diferentes ámbitos de la economía venezolana en tiempos recientes3. Prestamos particular atención al surgimiento de nuevas desigualdades, tanto entre consumidores y trabajadores como entre empresarios y comerciantes. En segundo lugar, se revela una arbitraria y opaca liberalización focalizada, de la cual el gobierno de Maduro busca extraer réditos políticos (estabilidad), así como materiales: determinar a priori los ganadores del proceso de desregulación. Observamos la formación de nuevas elites comerciales y el creciente empoderamiento de clases económicas importadoras y extractivas en alianza con el poder estatal.

Los antecedentes y el soporte legal de la economía del bodegón

Como respuesta a la crisis económica que se inició en 2014 y se extiende hasta hoy, a partir de 2016 el gobierno de Maduro comenzó a forjar espacios de experimentación regulatorios en la economía venezolana. Ese año creó la zona de desarrollo especial Arco Minero del Orinoco (amo) con el objetivo de formalizar alianzas y dinámicas preexistentes en el estado Bolívar en torno de la minería de oro. Con ese decreto, aumentó la presencia del Estado en la actividad minera, mientras que se mantuvieron prácticas informales de control territorial por parte de grupos armados y se profundizaron el contrabando y la venta ilegal de oro manu militari4. Asimismo, en 2017, por vía del Tribunal Supremo de Justicia, el gobierno trató de modificar la distribución accionaria de las empresas mixtas de la industria petrolera, contraviniendo la Ley Orgánica de Hidrocarburos5

Después de las sanciones impuestas por Estados Unidos a finales de enero de 2019, el gobierno de Maduro derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios y facilitó así el uso y cambio del dólar estadounidense en la economía nacional. Además, reanudó los esfuerzos por abrir nichos de mercado a la inversión extranjera directa tanto en el sector de hidrocarburos como en otros6. En octubre de 2020, la supraconstitucional Asamblea Nacional Constituyente aprobó la denominada Ley Antibloqueo que permite la transferencia, concesión, privatización o arriendo de activos de la República a inversionistas privados7

La polémica Ley Antibloqueo abre la puerta a la privatización masiva de activos en manos del Estado. Esta privatización se ha denominado «reestructuración empresarial de activos», cosa que ya se ha venido haciendo con propiedades públicas como Abastos Bicentenarios y la red de locales de expendio de alimentos Mercado de Alimentos sa (Mercal) y Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (pdval). No se cuenta con información pública sobre las privatizaciones en cuestión, es decir, no se sabe en cuánto dinero se han vendido los establecimientos, ni cuánto ha podido ingresar al fisco en concepto de enajenación de activos. La inconsulta Ley Antibloqueo busca darles un marco legal a los procesos de privatización que se han venido ejecutando discretamente, y profundiza los procedimientos opacos que han venido sucediendo. La opacidad se convierte en política de Estado, justificada bajo el paraguas de la hostilidad externa y las denominadas «medidas coercitivas unilaterales» (sanciones). En este contexto, se ofrecen elevados castigos penales a quienes publiquen información sobre la negociación, es decir, los precios y los nombres «beneficiarios» de los bienes estatales a enajenar. Más aún, no se contempla un reglamento abierto con respecto al proceso legal de liquidación de activos, es decir, no hay una normativa que regule las formas legales de proceder: licitación, concurso, subasta pública, entre otras.

Después de la elección de una nueva Asamblea Nacional en diciembre de 2020 marcada por altos niveles de abstención (69%) y varias irregularidades, casi la totalidad de las curules han sido ocupadas por aliados del gobierno, con una escueta minoría opositora alentada desde el poder. Eso permitió al gobierno avanzar en una agenda legislativa que buscaría ampliar esos espacios de experimentación regulatoria aún más con una Ley de Zonas Económicas Especiales (lzee), así como una nueva reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, entre otras. 

Las medidas propuestas parecen ser insuficientes para la magnitud de la crisis; si la vemos desde su pib per cápita, la economía ha retrocedido a niveles de hace unos 70 años, según la última data disponible a julio de 2021.

Un aspecto importante de la crisis económica venezolana es la elevada inflación, seguida por hiperinflación. Aunque la inflación ha venido disminuyendo desde el descontrolado 130.060% de 2018, sigue siendo extremadamente alta. La tasa oficial de inflación en 2021 fue de 686%, la más alta del mundo y casi 13 veces más alta que la de Argentina, la tercera más alta del mundo. En enero de 2022 se ha salido de la hiperinflación, pero las tasas intermensuales son aún muy elevadas.

Como resultado de la derogación de la Ley de Cambios Ilícitos, emergió una dolarización anarquizada, o la circulación multimoneda. También se pulverizó la confianza de la población en la moneda nacional. Esto se ha reflejado en un deterioro del tipo de cambio en Venezuela. Desde diciembre de 2017, previo a la eliminación de cinco ceros del cono monetario (2018), hasta julio de 2021, el tipo de cambio entre bolívares y dólares se ha incrementado en 288.000.000%. Pero en la actualidad se pasó al otro extremo, y al estar el tipo de cambio bastante estable la alta inflación provocó una sobrevaluación del bolívar que algunos calculan en más de 100%.

Características de los bodegones

Según los resultados que pudimos obtener en nuestro estudio, 80% de los bodegones tienen menos de cinco años de funcionamiento. Es un periodo cónsono a una de las razones centrales de su aparición: suplir con mercancías importadas terminadas lo que suministraba la industria nacional que en 2014 estaba abatida por la crisis económica, los controles de precios y de cambio, y la escasez de divisas provenientes de la renta petrolera. Una industria nacional dependiente de las exportaciones petroleras y de las divisas subsidiadas por el Estado que podía adquirir se vino a la ruina dejando los anaqueles vacíos. La forma elitista de solucionar en el corto plazo esta situación fue facilitar la onerosa importación de bienes que otrora eran producidos en el país. Ello permitió solventar parcialmente la severa escasez que enfrentaba el país, pero a precios considerablemente mayores, lo que merma aún más el debilitado poder adquisitivo de la población asalariada, aumenta la desigualdad e impacta en la capacidad productiva nacional.

La primera pregunta que nos hicimos fue: ¿qué nos puede decir la operación de los bodegones sobre el sistema monetario del país? Recientemente se ha popularizado la idea de que la economía venezolana se está dolarizando. Como plantea el economista Ronald Balza, en la economía nacional circulan tanto el dólar como el peso colombiano, el real brasileño, e inclusive el oro y las criptomonedas como medios de pago8. Pero efectivamente el dólar estadounidense ha venido ganando terreno, en detrimento del bolívar, en especial porque la moneda de referencia termina siendo el dólar en las transacciones cotidianas, más allá de la moneda en que se haga el intercambio. Es decir, mientras que empleadores y consumidores continúan usando el bolívar en sus transferencias y pagos, lo hacen muchas veces con referencia en el dólar como marcador del precio, debido a la inestabilidad del valor de la moneda nacional y la dificultad de manejar cotidianamente elevadas cifras en bolívares. Distintos trabajos de empresas consultoras han venido mostrando el avance del dólar, así como también el de otros medios de pago como el euro, el peso colombiano, el real brasileño y el oro. Ha sido notable el aumento del uso de sistemas electrónicos de pago, como Zelle, a través de los cuales se hacen transferencias en dólares entre cuentas de bancos estadounidenses para el consumo de bienes dentro de Venezuela. En varios medios, se ha planteado que más de 80% de los pagos en bodegones se hacen con dólares. Nuestro estudio muestra una realidad algo diferente. Pese a que la coexistencia de distintos medios de pago es un elemento central de la nueva economía, según nuestras indagaciones alrededor de dos tercios de los bodegones indican que el bolívar –en efectivo, con tarjeta o mediante transferencias– representa el medio de pago más usado, mientras que un tercio afirma que la moneda que más recibe es el dólar estadounidense –en efectivo o por transferencias electrónicas (Zelle)–. Aunque la cantidad de bolívares en la economía (liquidez monetaria) equivale a alrededor de 500 millones de dólares, casi 99% menos que en 2011, los venezolanos siguen usando con más frecuencia los bolívares a través de medios electrónicos para pagar montos pequeños, que son los importes más recurrentes en las ventas. Esto se refiere a las compras de baja cuantía que no encuentran disponibilidad de cambio en divisas por lo bajo de los montos. Supongamos que nueve de los diez clientes de un bodegón compraron bienes por un total de 20 dólares, pero un cliente pagó 80 dólares en una sola compra. La frecuencia de pagos en bolívares sería de 90%, pero el total de pagos en bolívares sería de apenas 20%. Las extremas dificultades para ofrecer vuelto para montos pequeños y lo «valiosos» que son los dólares de monto bajo (en mercados populares se venden dólares de baja denominación por encima de su valor nominal9) hace que la gente trate de atesorarlos al máximo y la impele a tratar de pagar en bolívares la mayor cantidad de montos posibles. El proceso de «dolarización» es parte de una respuesta más amplia al estallido anárquico de una circulación multimoneda en la que brillan diversos medios de pago: desde el euro hasta un cartón de huevos o bolsas de café en grano. Se podría argumentar que el desastre monetario fue el resultado esperado de una devastadora hiperinflación que, a partir de octubre de 2017, pulverizó los registros históricos inflacionarios del continente americano y llegó a ser el tercer fenómeno de este tipo más extenso, luego de los registrados en Nicaragua y Grecia. Pero la severa caída de la cantidad de dinero en efectivo, principal medio de pago en las regiones, ocurrió mucho antes de la hiperinflación.

Muchos bodegones venden mercancías con precios de uno o dos dólares y esos productos son generalmente comprados en bolívares, mediante tarjetas de débito. Igualmente, en gran cantidad de compras los clientes «completan» pagos en bolívares. Muchas transacciones terminan en una sensación de molestia y pérdida, porque los consumidores tienen que adquirir mercancías adicionales, que no desean, para «completar» compras. También se da el caso contrario: muchos clientes no pueden comprar ciertos productos porque no hay formas de ofrecerles «vuelto». Este fenómeno ocurre también en otros establecimientos y contribuye a un sistema donde no solo los precios, sino también las posibilidades de hacer el pago, influyen en las decisiones de compra. Eso se puede considerar como una forma de «distorsión» en el mercado, que facilita la extracción de rentas extraordinarias y desfavorece a los consumidores. Los bodegones, entonces, son una cara de la creciente dolarización y el uso de divisas mixtas con diversos impactos en la economía. Varias empresas de opinión pública han mostrado la dispersión geográfica del uso del dólar y otros medios de pago10. Estos estudios revelan que la penetración de monedas distintas al bolívar es mayor en las zonas fronterizas y los grandes centros urbanos. Comienzan además a registrarse pagos por medio de criptomonedas, cuya minería e intercambio han sido crecientemente incentivados por el gobierno nacional11. Las diferencias geográficas y la coexistencia de distintos mecanismos de pago dan cuenta de importantes retos para la economía venezolana. Por un lado, el permitido pero informal uso del dólar dificulta calcular el valor real de la economía y complica las formas de contabilidad de los negocios y del Estado, que está dejando de percibir ingresos por la vía de impuestos en divisas por la dificultad de armonizar una contabilidad que refleje ese ingreso. Asistimos entonces a una nueva capa de opacidad, que ya ha sido común en los últimos años en el sector público, pero que ahora se hace patente en el sector privado. Esta opacidad genera importantes desigualdades y profundiza la incapacidad estatal, que ha visto mermada su inversión social y capacidad de respuesta ante las necesidades de la población.

Los bodegones son una respuesta a la crisis económica y a la falta de confianza en la moneda nacional y la economía general. Con la apertura comercial que permitió la aparición de los bodegones, el gobierno nacional buscaba atender el problema de la escasez que afectó el mercado nacional durante años anteriores y llenar los anaqueles por la vía de importaciones puerta a puerta. En términos de las consecuencias monetarias de este modelo, es importante subrayar la pérdida de confianza en el bolívar.

Comercio desregulado: proteccionismo a la inversa

Debemos resaltar los efectos desiguales de la liberalización focalizada que ha llevado a cabo el gobierno nacional. La desigualdad no solo afecta a las trabajadoras y los trabajadores, sino también a comerciantes y empresarios. En este sentido, no todos los actores del sector privado tienen igual acceso a mecanismos de importación y financiamiento en divisas que permitan aprovechar las ventajas de la apertura comercial. En Venezuela persiste una endémica dificultad burocrática que se impone como barrera para hacer negocios; ello se refleja en múltiples procesos jurídicos para abrir un comercio, adquirir una licencia de expendio de licores, obtener permiso para importar alimentos, etc. Resulta evidente la necesidad de tener vínculos con autoridades gubernamentales que ofrezcan permisos, licencias y autorizaciones. 

Esta condición de apertura arbitraria guarda paralelos con las reformas liberalizadoras que se llevaron a cabo en la antigua Unión Soviética en la década de 1990, así como en la Federación Rusa en los años 200012. La emergencia del patrimonialismo capitalista ruso se caracteriza por mantener elevados costos de entrada para nuevos inversionistas, gran incertidumbre para el sector privado local y reglas arbitrarias con escasa transparencia y rendición de cuentas de las autoridades que las ejecutan13. En ese sentido, resalta la transferencia de activos públicos a nuevos oligarcas privados asociados con el gobierno14, así como la imposición de prácticas irregulares, tales como sobornos y coimas, que de forma inadvertida socavaron la autonomía del sector privado15

Con la aparición de la pandemia de covid-19 en Venezuela, la arbitrariedad se ha insertado en inconsistentes políticas de cuarentenas y otras restricciones a la movilidad. En este sentido, los cierres forzosos de locales comerciales han operado de forma desigual, y así ciertos conglomerados privados tienen ventajas comerciales partiendo de las facilidades que les otorgan las autoridades. Quien no tenga conexión con las elites del poder parte con desventaja comercial. 

En la política gubernamental de «llenado de anaqueles» con mercancías importadas, se han concretado eliminaciones de impuestos, aranceles y tributos a las mercancías importadas que entran a rivalizar con, y en muchos casos a desplazar a los productos de una famélica industria nacional que sí debe pagar una serie de tributos. Así las cosas, importaciones door to door (sin nacionalización) ingresan al bodegón sin los correspondientes pagos arancelarios, controles sanitarios y de calidad normalmente requeridos. Ello implica el ingreso de mercancías con «pronto vencimiento» o fecha de caducidad borrada, o en casos más graves, de productos que no pasan los controles de calidad en aduanas exigentes. A la sazón, esta política comercial termina siendo un proteccionismo a la inversa, al otorgar facilidades a la importación de mercancías terminadas de las que los industriales locales no gozan. La reciente reforma al Impuesto a las Transacciones Financieras, en marzo de 2022, que impone alícuotas que van desde 3% hasta 20% para pagos realizados en divisas y criptomonedas, parece tratar de frenar la dolarización, pero lo que hace es simplemente castigar a la producción interna, ya que esta pagaría ese tributo a lo largo de toda la cadena productiva, lo que la encarece más y la hace menos competitiva. La importación generalmente no paga ese impuesto por hacerse por fuera del mercado nacional, por lo cual tendría otra ventaja adicional, muy poderosa.

La escasa claridad en las normas y formas de regulación implica la sostenida arbitrariedad en el manejo de la economía en la etapa aperturista del gobierno bolivariano. En este caso, el gobierno nacional ha otorgado facilidades de expansión comercial y productiva a nuevos grupos económicos cuya información de origen y transparencia de gestión lucen bastante limitadas.

Las zee o el boom del capitalismo precario

La ley que crea las zee es la «novedad» que el gobierno está discutiendo con más ahínco en la Asamblea Nacional. De este modo se pretende facilitar un marco legal para abrir varias zonas en las cuales se apliquen normativas especiales a las inversiones. Según los diputados oficialistas, las zee pueden contribuir al crecimiento y el desarrollo de un país que no tiene alternativas al «bloqueo». En teoría, el gobierno venezolano busca emular el modelo chino, estableciendo áreas de lo que coloquialmente llamaríamos «libre explotación de recursos humanos y naturales». El mayor ejemplo de éxito es, según sus proponentes, la zona de Shenzhen en China, originalmente una villa pesquera de 30.000 habitantes que fue convertida en zee en 1980. En realidad, Shenzhen funcionó como una región donde experimentar con políticas comerciales más flexibles, alejadas de la planeación central del gobierno chino. Pero las zee han fracasado en muchos países, quizás en la mitad de ellos16; por lo general se enfrentan a graves problemas de escasez de recursos, infraestructura y fuerza de trabajo capacitada. La gravísima crisis eléctrica venezolana, la escasez de agua potable, la caída en la distribución de gas y en la producción de combustibles se erigen como serios obstáculos para la instalación de las zee. Debido al bajo nivel de los salarios, ha habido un fuerte éxodo de fuerza de trabajo cualificada; por ende, los procesos industriales o incluso de manufactura simple pueden enfrentarse con una severa escasez de mano de obra. Crear zee en diversos sitios del país puede empeorar gravemente el servicio de energía eléctrica, que presenta graves fallas en el suministro y que en el pasado reciente ha llegado a colapsar casi totalmente17. Familias que sufren de severos racionamientos eléctricos pueden ver acrecentadas las horas en las cuales no reciben el servicio. Lo mismo podría decirse del agua, el gas y la gasolina.

Los beneficios de las zee parecen ser más que dudosos. Dada la amplia competencia mundial de zee en actual creación y la muy profunda inseguridad política y jurídica general en Venezuela para la inversión (además de las sanciones), sería preciso ofrecer condiciones exageradamente ventajosas a la inversión tanto nacional como internacional. Entre las prerrogativas ofrecidas por la ley, figuran amplias exenciones en los tributos a cancelar por concepto de aranceles a la importación (ventaja de la que gozan en la actualidad los bodegones, microformas de zee urbanas), impuestos cero o de un dígito en la exportación e importantes descuentos en los impuestos sobre la renta. Por ende, los milagrosos beneficios fiscales no parecen estar ni cerca de un erario público que con extrema urgencia requiere de recursos líquidos. Otro asunto menospreciado es el impacto que las zonas intensivas en manufacturas generan sobre el medio ambiente y la escasez de recursos naturales (privatizados en la zee). Teniendo como antecedente el lamentable ecocidio que acontece en el Arco Minero del Orinoco (una precursora de las zee) y los penosos desastres sociales, replicar ese modelo en más áreas sería funesto. Por la experiencia reciente, el gobierno actual no tiene ninguna fuerza de control real sobre este tipo de actividades, por lo que su desarrollo podría ser aún más voraz en la destrucción ambiental y social. 

Las zee parecen ser la continuidad del modelo de acumulación de capital «bodegonero», es decir, concentrado en elites muy alejadas de las necesidades básicas de desarrollo más importantes para la nación. Con esto nos referimos a la predilección por la importación de bienes terminados, lo que atenta contra la recuperación de la industria local, y al enfoque en los sectores más pudientes como cliente objetivo a satisfacer, lo que deja de lado a la inmensa mayoría de la población que percibe ingresos muy bajos. Las zee parecen ser la extensión «bodegonera» por el lado de las exportaciones, o sea, desarrollar áreas geográficas costeras para la producción de mercancías manufacturadas para la exportación, sin tener en cuenta las necesidades de consumo de un mercado interno extremadamente deteriorado. Se trataría de la reedición del modelo de economía de enclave en el siglo xxi. Por ende, todo parece indicar que el capitalismo «bodegonero» no requiere, ni promueve, los más mínimos esfuerzos por desarrollar los bienes públicos sociales inherentes al desarrollo clásico de la acumulación de capital. Desde esta perspectiva, este modelo de acumulación no necesitaría desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, ni impulsar la educación técnica, ni la expansión de la investigación; mucho menos crear las condiciones necesarias para tal desarrollo.

La propuesta de expansión de formas de experimentación de apertura económica como las zee se relaciona con la experiencia de los bodegones en varios sentidos. En primer lugar, reafirma el interés de generar nichos de mercado con reglas excepcionales que promueven ventajas para ciertos grupos económicos por sobre el resto de la población. Los sectores importadores y extractivos tienden a ser los beneficiados. En segundo lugar, la experiencia de los bodegones revela la profundización de la desigualdad salarial. En tercer lugar, la opacidad en la toma de decisiones, así como la falta de transparencia y de rendición de cuentas, implica retos fundamentales para la contabilidad nacional y para la recaudación de impuestos que puedan eventualmente traducirse en inversión social para la ciudadanía. Todo ello sugiere la importancia de generar acuerdos políticos y sociales que puedan retomar el Estado de derecho y alcanzar conquistas sociales características de otras épocas de la historia venezolana. 

Por la monumental crisis que atraviesa Venezuela, se necesita con urgencia de una serie de cambios estructurales. Si bien los cambios basados en procesos de apertura y flexibilización económica, mas no política, de algunas leyes y normativas que trababan el proceso nacional de acumulación de capital son definitivamente «progresivos», lucen insuficientes. En una economía que probablemente ha perdido alrededor de 80% del pib en los últimos ocho años, un crecimiento de 5% en un año apenas recuperaría un minúsculo 1% del tamaño que la economía tenía en 2013. Por ende, los cambios que se han producido hasta ahora no parecen ser suficientes para la magnitud de la crisis. Así las cosas, la «bodegonización», si cabe el término, de la economía en su conjunto, es decir, un incremento fuerte de sectores que importan y revenden mercancías a altos precios para consumidores de elevados ingresos en una diversa gama de bienes y servicios, no va a tener un impacto relevante en el proceso de recuperación. Por tanto, la «bodegonización» acompañada de leyes y normativas que la impulsen podría ser «progresiva», en el mejor de los casos, pero sería apenas una minúscula pieza en el gigantesco esfuerzo necesario para la reconstrucción económica y social del país. Al mismo tiempo, este tipo de apertura comercial está generando consecuencias importantes en términos de desigualdad que afectan tanto a trabajadores como a consumidores y productores nacionales. 

El auge de una especie de «variantes de bodegones» dedicados a la venta de electrodomésticos, vehículos importados, cafeterías con café importado, restaurantes de lujo con ingredientes «exóticos» y megabodegones es visto por algunos sectores con agrado y como una señal de recuperación, pero, como se ha dicho anteriormente, esta sensación no siempre se ve acompañada de la activación del aparato productivo. El país necesita reconstruir sus ámbitos de creación y agregación de valor, desarrollar sus fuerzas productivas y satisfacer las necesidades de su población. En la «bodegonización» surgen empresas que escasamente agregan valor y que solo revenden mercancías importadas que, en muchos casos, podrían fabricarse en Venezuela si hubiera mejores condiciones para la inversión productiva a mediano y largo plazo. Es evidente que es más barato y eficiente importar la materia prima para elaborar cervezas o pastas que importar los productos terminados en latas o sobres. Es comprensible que la importación masiva de bienes terminados que antes se producían en el país haya sido una respuesta a la crisis de abastecimiento de 2016 y 2017 y una lucrativa oportunidad de negocio. Sin embargo, es ineficaz basar el modelo de desarrollo económico, o tan siquiera la recuperación del pib, en esta política de emergencia sin capacidades reales de impulso económico sostenible. 

La burbuja bodegonera está muy limitada a la captación de clientes de poder adquisitivo medio y alto, que en buena parte reciben remesas de la diáspora venezolana en el mundo y ostensiblemente estarían conectados con negocios productivos de índole transnacional. Así las cosas, cada vez hay más competencia por estos clientes debido a la irrupción de más bodegones, y el poder dinamizador de su demanda solvente se está viendo cada vez más disminuido. Teniendo productos prácticamente idénticos, los bodegones parecen estar vendiendo mucho menos que antes, y sus productos parecen permanecer tiempos muy prolongados en el anaquel, lo que se acentúa con la apertura de nuevos locales. En resumen, el crecimiento basado en la «bodegonización» parece estar enfrentando un declive, y paulatinamente revela lo oneroso, poco productivo y eficaz de sus negocios. Esto se traduce en mermas del poder adquisitivo, ya que los consumidores deben comprar productos que podrían fabricarse de manera más económica dentro de Venezuela, con la consiguiente creación de empleos de calidad que eso podría conllevar. Es decir, la «bodegonización» es una estrategia que tiene piernas cortas. La experimentación económica ad hoc no solo es insuficiente, sino que puede generar perversas dinámicas de opacidad y nuevas desigualdades. Por ello, cambios en el ámbito político, social, económico y jurídico deben ir de la mano de posibles aperturas productivas o comerciales. Ni la expansión bodegonera hacia el sector hotelero y de electrodomésticos, por ejemplo, ni las muy acotadas zee pueden ser las únicas respuestas para salir de una crisis de tan grande magnitud. El diálogo social, el acuerdo nacional y el desarrollo científico y técnico de las fuerzas productivas en concordancia con el respeto al medio ambiente son aspectos necesarios, aunque no aparecen en las propuestas oficiales para la recuperación económica y social de un país que aspira a ver la luz al final del túnel.

Nota: este texto es una versión abreviada de los resultados de una investigación llevada a cabo a finales de 2020 como parte de una colaboración entre la Universidad de Oslo y el CIFO. Una versión más extensa fue publicada por la Fundación Friedrich Ebert con el título «Venezuela: de la crisis económica al capitalismo elitista bodegonero», Caracas, 11/2021. Bibliothek der Friedrich-Ebert-Stiftung (fes.de)

  • 1.

Juan Manuel Puente Camba y Jesús Adrián Rodríguez: «Venezuela en etapa de colapso macroeconó[1]mico. Un análisis histórico y comparativo» en Am vol. 85 No 1, 2020.

  • 2.

Daniel Lozano: «’Válvula de escape’: Maduro reconoce el avance de la dolarización de la economía venezolana» en La Nación, 2/1/2021

  • 3.

Es el resultado de entrevistas a 81 encargados de bodegones en seis estados del país y de encuestas a más de 100 clientes de esos mismos bodegones. 

  • 4.

Bram Ebus y Thomas Martinelli: «Venezuela’s Gold Heist: The Symbiotic Relationship between the State, Criminal Networks and Resource Extraction» en Bulletin of Latin American Research vol. 41 No 1, 2022. 

  • 5.

Tomás Straka: «Crónica de un autogolpe» en Nueva Sociedad edición digital, 4/2017, <www.nuso.org>

  • 6.
  1. Bull y A. Rosales: «Into the Shadows: Sanctions, Rentierism, and Economic Informalization in Venezuela» en European Review of Latin American and Caribbean Studies, 2020
  • 7.

 Seijas Meneses: «A la calladita el chavismo reprivatiza empresas que expropió y llevó a la quiebra» en Tal Cual, 12/1/2021.

  • 8.
  1. Balza Guanipa: «Ni dolarización ni desdolarización: sistema multimoneda en Venezuela» en Prodavinci, 22/2/202
  • 9.

Guillermo D. Olmo: «‘Me dan un billete de us$20 por 18 billetes de us$1’: los problemas de encontrar cambio en dólares» en BBC Mundo, 7/4/2021

  • 10.

Ahiana Figueroa: «Ecoanalítica: pagos con dólares en efectivo en comercios bajó de 80% a 51,4%» en Tal Cual, 3/8/2020.

  • 11.
  1. Rosales: «Unveiling the Power behind Cryptocurrency Mining in Venezuela: A Fragile Energy Infrastructure and Precarious Labor» en Energy Research & Social Sciencevol. 79, 2021. 
  • 12.

Neil Robinson: «Russian Patrimonial Capitalism and the International Financial Crisis» en Journal of Communist Studies and Transition Politics vol. 27 No 3-4, 2011.

  • 13.
  1. Robinson: ob. cit.; Peter Rutland: «Neoliberalism and the Russian Transition» en Review of International Political Economy vol. 20 No 2, 2013.
  • 14.
  1. Rutland: ob. cit.
  • 15.

Alexandra Vasileva: «Trapped in Informality: The Big Role of Small Firms in Russia’s Statist-Patrimonial Capitalism» en New Political Economy vol. 23 No 3, 2018

  • 16.

Valeria Moy: «Zonas Económicas Especiales: ¿un paso hacia el desarrollo?» en Foreign Affairs Latinoamérica, 29/8/2016

  • 17.
  1. Sutherland: «Venezuela y el colapso eléctrico. ¿Corrupción, impericia o sabotaje imperial?» en Nueva Sociedadedición digital, 4/2019, <www.nuso.org>
Publicado enInternacional
EE.UU: Récord inflacionario y peligro de estanflación en la mayor economía del mundo

Con el nuevo récord inflacionario registrado por Estados Unidos, podría generarse una estanflación, definida como una mezcla de recesión económica, inflación elevada y creciente desempleo, afirmó hoy un analista.

Los precios al consumidor en la norteña nación reportaron en marzo su mayor aumento en 16 años y provocaron un avance de la inflación anual, informó el Departamento de Trabajo.

Ese indicador subió un 1,2 por ciento durante el tercer mes de 2022, marcado por la subida en los costos en los alimentos y la gasolina, que representó más de la mitad del incremento.

Sobre el tema el economista mexicano y experto en temas energéticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas, Rodrigo Benedith recordó que hasta febrero, los precios al consumidor habían aumentado un 7,9 por ciento, también un máximo de 40 años, luego de un récord de cuatro décadas de 7,5 por ciento en enero.

Al respecto señaló que la alta inflación que experimenta actualmente Estados Unidos, su tasa de crecimiento negativa, así como los bonos del Tesoro que traen tendencia negativa son indicadores de que el país podría experimentar una crisis económica.

En una entrevista publicada por Sputnik, Bendith puntualizó que si bien hubo una recesión por la pandemia, a diferencia de ésta, la mayor economía mundial muestra una inflación elevada lo cual conllevaría a una estanflación.

Aclaró que la alta inflación estadounidense se compone de tres elementos básicos: el aumento en el precio de los alimentos, de la vivienda y de los combustibles, este último ligado a las sanciones económicas que Washington impuso a Moscú, específicamente en el sector energético.

Con esas penalidades está considerablemente reducida la importación de petróleo, gas y energía, procedentes de Rusia, precisó el experto.

La medida fue parcialmente aplicada, pues si Estados Unidos saca completamente del mercado al petróleo ruso, las consecuencias económicas podrían ser aún más catastróficas, explicó Benedith.

Si el bloqueo al crudo ruso se aplica como se hizo con Venezuela e Irán, el precio del barril podría elevarse a más de 200 dólares, y si se les ocurre sancionar el gas va a ser peor, sentenció el economista.

Entre las medidas de Washington contra Moscú también están la prohibición de nuevas inversiones en el sector energético de Rusia, y la financiación o habilitación de empresas extranjeras con negocios para producir energía en el país euroasiático.

Senador demócrata culpa a Biden por cifra récord de inflación en EEUU

El senador demócrata Joe Manchin culpó hoy a la administración de Joe Biden y a la Reserva Federal por el aumento de la inflación.

De acuerdo con la publicación The Hill, el anuncio ocurrió después de que los datos del Departamento de Trabajo revelaran que dicho parámetro aumentó un 8,5 por ciento en los últimos 12 meses, una cifra récord.

La Reserva Federal y la Administración no actuaron con la suficiente rapidez, y los datos de hoy son prueba de las consecuencias que se están sintiendo en todo el país, dijo Manchin en un comunicado.

En lugar de actuar con valentía, nuestros líderes electos y la Reserva Federal respondieron con medias tintas y fracasos retóricos, mientras buscaban a quien echarle la culpa. El pueblo estadounidense merece la verdad sobre la crisis y qué debe hacerse para controlarla, añadió.

Manchin calificó los datos como una historia escalofriante sobre cómo los impuestos están fuera de control, mientras los bolsillos de los estadounidenses se vacían en las compras de productos básicos y combustibles, y pago de impuestos.

Cifras oficiales muestran que los precios de los alimentos aumentaron un 8,8 por ciento en los últimos 12 meses y en uno por ciento solo en marzo, mientras que el valor de la gasolina creció en un 48 por ciento.

Para The Hill, los números son una mala noticia para los demócratas y Biden de cara a las elecciones de mitad de mandato de este otoño, ya que los republicanos se aprovechan de la inflación para abogar por un cambio de liderazgo.

La Casa Blanca culpa del aumento de los costes, especialmente de los precios de la gasolina y la energía, al presidente ruso Vladimir Putin por la crisis bélica en Europa del Este, pero algunos políticos estadounidenses opinan lo contrario.

Estos dramáticos aumentos de la inflación no han sido causados por Putin, sino son resultado de las malas decisiones del presidente y los demócratas que controlan el Congreso, comentó el senador Lindsey Graham (R. Carolina del Sur).

Si quieren que los precios bajen, los estadounidenses tendrán que cambiar de liderazgo, apuntó el principal republicano de la Comisión de Presupuestos del Senado.

12 abril 2022

(Información de Prensa Latina)

Publicado enEconomía
Jueves, 31 Marzo 2022 05:09

¿Nacimos listas?

¿Nacimos listas?

Acerca del marketing y los mandatos heteronormativos

A propósito del nuevo spot publicitario de una de las marcas deportivas más famosas a nivel mundial, dirigida a su público femenino, se menciona la idea que da título al presente artículo. Comencemos por la primera parte del slogan que versa: “#nacimoslistas para lo que sea”.

Pareciera que al día de hoy no resulta aún evidente que No se nace mujer, se llega a serlo, tal como escribió S. De Beauvoir (1949), descalificando toda una tradición de determinaciones biológicas sobre las identidades y los cuerpos femeninos. La idea de que “nacimos” de una forma particularmente femenina vuelve esta vez disfrazada de mensaje feminista, para decirnos que las cuestiones femeninas son “de nacimiento”. Un mensaje que refuerza perspectivas biologicistas de las cuales los feminismos --a excepción de ciertas posturas radicales--, intentan alejarse. Es decir, el mensaje actual nos fuerza al retroceso, pero disfrazado de avance.

Partiendo de De Beauvoir y su idea de llegar a ser mujer, pasamos algunas décadas después al planteo de M. Wittig (1981), quien da cuenta de la posibilidad de que tampocose llegue a serlo. La autora revela cómo para el pensamiento heterosexual hay mujeres que no llegan a serlo, visibilizando la cuestión lesbiana. Es decir, desde los mandatos culturales de heterosexualidad obligatoria hay quienes no llegan a ser natural women.

¿Qué decir entonces de las personas que llevan años trabajando su transición de género, su transformación, su hacerse mujeres por las más diversas vías, simbólicas, hormonales, deseantes, en fin, identitarias? ¿No están listas entonces? ¿No nacieron listas como mujeres? ¿Lo estarán al fin, algún día?

¿Es acaso este eslogan discriminador y revulsivo hacia los colectivos que intenta incluir? La idea de la marca de nacimiento, de una feminidad a la que sólo se accede biológicamente no es el mensaje que en esta época debería primar. Al menos para quienes deseamos un horizonte más inclusivo, por ende, amoroso.

La segunda palabra del slogan resulta aún más confusa. La idea de nacer lista ha llevado a quien escribe, en libre asociación al mejor estilo freudiano, a recordar el famoso slogan de los boy scouts y su mensaje “siempre listos”. ¿Será un buen ejemplo de cómo la sociedad nos pide que seamos a las mujeres, sobre quienes recae el mandato de estar siempre listas para complacer, ayudar, limpiar, cocinar, criar, producir y reproducir? Un estar “siempre listas” como marca de nacimiento.

Es decir, Nacimos listas encubre el mandato de estar siempre listas y de forma natural, para otros que nos necesitan, para otros que nos demanden, lo que hace de nosotras unos seres exigidos por nacimiento a responder estando listas para eso que se nos pide. ¿Qué me pasa si no estoy lista? ¿Qué me sucederá si no nací lista para lo que sea?

Otra asociación que se desprende casi naturalmente de la pregunta anterior es la idea de que las mujeres, por nacer con útero, están preparadas y obligadas a ser madres. Muchas personas enlazan en su historia de vida el deseo de formar familia y esas formas son diversas, al punto que hemos asistido al embarazo y parto de hombres trans. Pero el relato hegemónico dice que ese hombre trans es una mujer de nacimiento porque posee un útero. Podríamos decir que en ese relato, ese hombre es una mujer porque nació lista para ser madre. Relato que deja en el margen la diversidad de identidades que no encajan en el mensaje binario de la heteronormatividad que rige aún nuestros vínculos.

¿Sería una exigencia forzar asociaciones por la vía del “ser listas” como sinónimo de ser inteligentes? ¿No se estaría tirando demasiado de la piola el suponer que nuestra inteligencia viene de la cuna por el hecho de ser mujeres? ¿Estamos obligadas a ser inteligentes por haber nacido mujeres? La mayoría de las mujeres que son valoradas socialmente por su inteligencia han tenido que hacer grandes renuncias personales y no ha sido por haber nacido listas que consiguieron sus logros, sino que generalmente se llegó tras muchísimo trabajo, esfuerzo, años de estudio, y aun así el famoso “techo de cristal” les pone un tope en el crecimiento profesional si se compara con el colectivo masculino.

Continuando en línea asociativa, aparece otra frase, “estás lista”, que se enlaza con la idea de “estar liquidado”. Si no hubiera la cantidad de violaciones y feminicidios a los que asistimos día a día, quizá esa idea hubiese quedado reprimida o censurada por creerla exagerada.

Ser un sujeto sexuado es estar en permanente construcción, en un “ir viendo” que puede definirse en modos identitarios determinados, pero en ningún caso es de nacimiento. Muchas personas cambian de género, dejando atrás el género asignado al nacer y deberíamos acostumbrarnos a que esa es la normalidad. Así como las personas que no tienen pareja pueden realizar un tratamiento de fertilidad para ser padres, y eso es un derecho conquistado, las personas que se autoperciben con un género diferente al sexo biológico que poseen deben poder acceder a tratamientos hormonales si así lo desean.

Ojalá no pase mucho tiempo para que las grandes marcas tengan una perspectiva de género que apunte a la inclusión y la diversidad, tal como mencionan en sus intenciones, que no arrojen al colectivo femenino a nacer listas "para lo que sea" y que el horizonte de nuestras identidades se pueda construir, abrir a las diferencias que ocurren en el derrotero de nuestras propias historias vitales, y no en moldes prefijados por determinaciones biológicas, que a modo de un destino inexorable, nos fijan al modo en que llegamos a este mundo y forzando de manera violenta a identidades binarias que sólo sirven a los fines de la reproducción de la especie. Quizá no estemos nunca listos, y sí estemos en proceso de deconstrucción.

Por Renata Passolini, psicoanalista

Publicado enSociedad
Jubilados protestan en Caracas por una pensión digna, esta semana.Ariana Cubillos (AP)

El índice de precios al consumidor registra sus cotas más bajas en años, después de haber vivido una de las tormentas de precios más descontroladas y agresivas de la historia moderna

 

La hiperinflación ha llegado a su fin en Venezuela. El país ha vivido uno de las tormentas de precios más descontroladas y agresivas de la historia moderna. La tendencia se está revirtiendo por la dolarización de la economía y la apertura al mercado. El índice inflacionario de Venezuela en el pasado mes de febrero fue de 2,9%, el promedio más bajo registrado en la economía local en varios años, y el comportamiento de los precios rondará 36% en 2022. Este es el cuarto mes consecutivo en el cual el aumento de los precios registra promedios de un solo dígito.

El descenso se ha concretado de un mes a otro. En los últimos 12 meses, el índice de precios al consumidor ha estado por debajo de 50% intermensual. Y desde septiembre, por debajo de 10. El precio del dólar lleva varios meses estabilizado en torno a los 4,5 bolívares, luego de la tercera reconversión monetaria adelantada en Venezuela en poco más de diez años. El año pasado, el Índice de Precios al Consumidor llegó al 686%. En 2020, fue de 2.900%. En 2019, de 7.300%.

El fin de la hiperinflación en Venezuela parece dispuesto a consolidarse. Los estragos de la tormenta económica que fue tomando vuelo desde 2013, cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia de la República, y que estalló con furia en 2017. Sus consecuencias han sido devastadoras en el terreno social y económico.

Consumada la catástrofe, pulverizados los sueldos, destruido el aparato productivo, calcinado el empleo, consolidado el volumen de la diáspora, muchas personas se preguntan cómo ha logrado el Gobierno de Maduro detener esta endiablada tendencia, a la cual rara vez se refiere en público.

Maduro ha decidido dejar de hacer aquello que llevaba años haciendo: “El Gobierno finalmente ha renunciado al financiamiento del déficit de las empresas públicas a través de la emisión de dinero sin respaldo”, afirma el economista Víctor Alvarez, exministro de industria. “Se ha producido un ajuste de tarifas de empresas estatales y servicios que se incrementan de forma subrepticia y paulatina; se ha reducido el nivel del gasto público, por primera vez en todos estos años. El Gobierno ha adelantado una política comercial de apertura de mercado interno, permitiendo toda clase de importaciones sin aranceles y sin pago de IVA. Eso abarata los costos. Hay una nueva política cambiaria, se renunció a la estrategia de controles. Se ha colocado un encaje legal elevado para secar la liquidez de la banca.”

Durante casi todo el siglo XX, Venezuela disfrutó de inflaciones anualizadas de un solo dígito. Esta tendencia comenzó a agrietarse a fines de los años 80, cuando trepó a promedios de 30 y 35% anual. Con todos los sobresaltos que vinieron más adelante, parecía consolidada la sensación de que el ingreso petrolero protegía a la economía nacional de un fenómeno que llegó a ser común en América Latina, pero que Venezuela no había vivido jamás.

Sin anunciarlo, el Gobierno de Maduro ha decidido cambiar las reglas del juego del chavismo en estos años, tendentes a regular en exceso la economía, fiscalizar al empresariado y problematizar la propiedad privada. Los proyectos productivos colectivistas y estatales de Chávez y Maduro fracasaron rotundamente.

Henkel García, analista financiero y socio directivo de la firma Econométrica, sostiene que el crecimiento descontrolado de los precios que vivió el país encuentra una de sus razones “en el desplome de la producción nacional”, en crisis después de la ola de expropiaciones adelantada por Hugo Chávez.

Además, afirma, en el desarrollo de una política monetaria y fiscal equivocada, empeñada en forzar aumentos de precios divorciados del contexto económico y en regular el margen de ganancias de las empresas. “En 2018, Maduro decide aumentar el salario en una cifra astronómica, inconcebible, cercana al 18.000 %. Para pagar ese aumento había que emitir dinero inorgánico. La emisión monetaria de entonces fue inmensa. El Gobierno financiaba la nómina de las empresas estatales, todas quebradas. El Banco Central no tenía ninguna autonomía. El venezolano le perdió toda la confianza al bolívar. En el sector económico y empresarial había mucho nerviosismo. Eso fue abriendo las compuertas de la dolarización”.

Desde hace varios meses, técnicos ecuatorianos cercanos a Rafael Correa asesoran a la vicepresidencia de la República para diseñar una nueva estrategia económica, mucho más parecida a la que proponían los críticos del chavismo que a la que fundamentan los postulados chavistas.

Los 37 meses que comprendió la hiperinflación venezolana conocen su fin, como apunta Francisco Rodríguez, académico y socio directivo de la firma Torino Capital, como consecuencia de un proceso que tiene algo de inercia. “No hay hiperinflación que dure 10 años. El promedio de duración de procesos como estos es de 20 meses. No se trata de una experiencia exitosa la que adelanta Maduro. Es un ajuste que se ha retrasado.”

“La hiperinflación se consume como los incendios, llega un momento en el cual no hay nada más que quemarse” continúa Rodríguez. “Lo que hizo Maduro es financiar sus operaciones quitando el valor al dinero que la gente tiene en sus manos. La hiperinflación te obliga al final a hacer el ajuste que no querías hacer. Se concreta a través del deterioro del salario real del trabajador público. El gasto público ahora es más bajo porque lo que estás pagando es muy poco.”

Caracas - 25 mar 2022 - 21:56 COT

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Cientos de toneladas de envases de plástico y microplásticos en una planta de reciclaje. — Gian Ehrenzeller / EFE

El 80% de los individuos analizados tenían partículas de polímero en su sangre, según una investigación de 'Environment International'.

 

Un estudio científico ha encontrado por primera vez restos de microplásticos en la sangre humana. Los resultados demuestran, además, que el nivel de contaminación sanguínea ascendía al 80% de los individuos analizados. Además, las partículas pueden viajar por el cuerpo y alojarse en los diferentes órganos,  lo que podría incrementar los riesgos de mutaciones cancerígenas, tal y como revela una investigación de Environment International.

"Nuestro estudio es la primera indicación de que tenemos partículas de polímero en la sangre; es un resultado innovador", ha dicho a The Guardian Dick Vethaak, ecotoxicólogo de la Vrije Universiteit Amsterdam en los Países Bajos. "La gran pregunta es ¿qué está pasando en nuestro cuerpo? ¿Se retienen las partículas en el cuerpo? ¿Son transportados a ciertos órganos? ¿Y estos niveles son lo suficientemente altos como para desencadenar la enfermedad? Necesitamos urgentemente financiar más investigaciones para poder averiguarlo".

La contaminación plástica genera un impacto ambiental de dimensiones desconocidas. Se han hallado restos de micropartículas, invisibles a la vista del ser humano, en la naturaleza –incluso en la cima del Everest– y en el 75% de las aguas continentales de España. También se han encontrado restos en el organismos de seres vivos como pescados, lo que incrementaba las posibilidades de que pasaran al ser humano a través de la cadena trófica.

Tanto es así, que algunos estudios ya han constatado la presencia de los microplásticos en la orina de niños y adultos, además de agua potable de grifo con restos tóxicos de polímeros, según un prestigioso estudio de Orb Media. La ingesta de microplásticos por parte del ser humano puede afectar directamente a las células, según constató a finales de 2021 una investigación publicada en Journal of Hazardous Materials

madrid

24/03/2022

Publicado enMedio Ambiente
La primera guerra de la ‘Era del Descenso Energético’

La invasión rusa a Ucrania marca el inicio de una época de belicismo contra la escasez. La ruptura energética entre Rusia y Europa hundiría al país, pero también al continente. Solo Estados Unidos saldría beneficiado

 

El 24 de febrero de 2022, las tropas rusas invadieron Ucrania. Cuando las bombas rusas empezaron a caer, se inauguró una nueva era. El nuevo conflicto bélico en el corazón de Europa nos pilló por sorpresa, pero no debería habernos sorprendido tanto.

Se ha hablado mucho sobre las motivaciones geopolíticas y geoestratégicas de la invasión rusa, de las razones que han llevado a Vladímir Putin a tan osado acto de agresión. Usualmente intentando entender, más que justificar, el porqué de esta atrocidad. La anexión del rico y rusófilo Donbás, el control del mar Negro, la intención de poner un gobierno dócil en Kiev o el freno a la poco decorosa expansión de la OTAN. Razones que sin duda han tenido un gran peso para la mano implacable que rige el Kremlin desde hace décadas. Pero hay un factor al que prácticamente no se le ha prestado atención en toda esta discusión: el energético.

Y no es que no se haya hablado hasta la saciedad, aunque superficialmente, de la enorme dependencia energética que tiene Europa de Rusia, del impacto que tendría la disminución del flujo de gas hacia el Viejo Continente, o del nuevo gasoducto Nord Stream 2 que conectaría Rusia con Alemania directamente a través del mar Báltico. Pero todas esas discusiones nos explican las consecuencias, los efectos del conflicto bélico. No nos hablan de las causas energéticas de esta guerra. No las inmediatas, sino aquellas más profundas, más radicales y soterradas.

Rusia es uno de los pocos países que habla abiertamente del peakoil o cenit de producción del petróleo. De ese momento en el que la producción de petróleo llega a su máximo técnico, económico y físico y comienza inexorablemente a declinar, por más inversión, tecnología e innovaciones que se quieran usar para evitarlo. En línea con otras declaraciones anteriores en el mismo sentido, en 2021 el ministro de Energía ruso reconoció que la extracción de petróleo ruso probablemente nunca remontará a los niveles previos de la pandemia, un gesto de honestidad que raramente encontraremos en cualquier instancia pública occidental. En el mismo sentido, es un hecho bien conocido que la producción de gas natural en Rusia lleva prácticamente estancada desde hace más de dos décadas, con un efímero repunte en los últimos años conducido por la entrada en línea de los últimos campos, en Siberia Oriental. Y ya no se puede ir más hacia el este.

Vivimos en el Siglo de los Límites, y en Rusia, más que en otros países, se es bien consciente e incluso se reconoce públicamente. En los gabinetes del Kremlin se sabe que la bonanza actual que les da la abundancia de recursos minerales, con los energéticos a la cabeza, es pasajera. Y por eso mismo, seguramente a Rusia le interesa situarse lo mejor posible de cara al futuro. Controlar el acceso al mar Negro, neutralizar futuras amenazas, controlar la producción mundial de cereal… Todos ellos objetivos muy alineados con una posible estrategia para hacer frente a los múltiples picos de extracción de materias primas que nos esperan.

En el otro lado del Atlántico también juegan sus cartas. Cuando ya se empieza a reconocer que la bonanza de gas del fracking tiene sus días contados, también a los Estados Unidos le interesa aprovechar esta abundancia mientras dure. El único mercado terrestre que tiene EE.UU. para el gas fósil es el de México, pero es insuficiente para su capacidad productiva actual, así que, para poder transportarlo en barcos, en los últimos años los EE.UU. han incrementado exponencialmente su capacidad de licuefacción de gas, y actualmente, con más de 50.000 millones de metros cúbicos al año, es el primer productor de gas licuado del mundo (GNL). Pero, claro, el gas licuado es mucho más caro, y solo en Europa se lo podrían comprar. Ese es el motivo real por el cual los EE.UU. hace años que se oponen a la finalización del Nord Stream 2 y han puesto todo tipo de trabas al pacto entre rusos y alemanes: perfectamente abastecidos de gas ruso más barato, no habría apenas mercado para el GNL americano.

Pero, ¿cómo justificaba el gigante americano su osadía de interferir en los asuntos comerciales entre otros dos países? La excusa hasta ahora había sido evitar que Alemania (y a través de ella Europa) tuviera un exceso de dependencia energética de Rusia, aunque era difícil de argumentar puesto que igualmente Europa importa de allí grandes cantidades de carbón, petróleo y hasta uranio enriquecido. Ahora la guerra se lo ha puesto mucho más fácil. Y por eso Alemania, a regañadientes, ha tenido que aceptar que el Nord Stream 2 ya no se abrirá, y anuncia grandes inversiones en plantas de regasificación para recibir el gas del amigo americano… los escasos años que le queden antes de empezar a declinar inexorablemente.

Hay, posiblemente, otra motivación más perversa para que a EE.UU. le interese una guerra en Ucrania. En la Era del Descenso Energético no va a haber para todos. No como antes. Y dada la fuerte interdependencia económica entre Europa y Rusia, si se le imponen sanciones a Rusia, Europa sufre también sus consecuencias, mucho más que los norteamericanos.

Sin el gas ruso, ahora mismo Europa colapsaría en cuestión de una semana, y la promesa de reducir en dos tercios las importaciones de gas desde el gigante euroasiático solo se podría conseguir –a falta de proveedores capaces de suplir la enorme cantidad que nos envían los rusos– si el continente sufre un verdadero descalabro económico, una contracción como nunca antes se ha visto. Un colapso de su metabolismo social que por fuerza sería desordenado y caótico. Por eso las sanciones europeas son tímidas. De manera parecida, Europa no puede cortar de repente sus lazos con el carbón ruso, ni con su uranio enriquecido, y a duras penas podría encontrar reemplazo para su petróleo. Rusia se hundiría económicamente con todas esas sanciones, es cierto, pero Europa estaría igualmente hundida. Situación que alguien en EE.UU. quizá ha calculado que podría ser mejor que otra en la que Rusia y la UE se entendieran, forjando una alianza muy peligrosa para los estadounidenses, que se quedarían muy aislados.

Lo que quizá esos cálculos no habían previsto eran las derivadas: conscientes de la descomplejización del Imperio y de que el péndulo parece ir ya hacia el Este, Arabia Saudí está considerando vender en yuanes su petróleo a los chinos. También la India. El uso del dólar como divisa de reserva internacional está en peligro, y con ello que se acelere el más que patente –sobre todo desde la retirada en Afganistán– declive del imperio americano. Estados Unidos depende poco de los productos energéticos rusos –por eso se permite prohibir las importaciones desde Rusia–, pero resulta que sí depende del hierro, níquel o del uranio enriquecido ruso. Y en Rusia, que no son idiotas, han reaccionado con prohibiciones también. Seguramente esto tampoco estaba previsto.

Un mundo verdaderamente multipolar está naciendo, al tiempo que todo esto suena al principio de la desglobalización, la cual era a medio plazo inevitable. Pero también al principio de una fase de sálvese quien pueda –o quien tenga– que puede ser un desastre si enquista odios y venganzas que dificulten la colaboración necesaria para pilotar retos tan urgentes como el climático, que son compartidos.

La Era del Descenso Energético no iba a ser un camino de rosas, eso lo sabíamos. Que de repente las fuentes de energía no renovables (petróleo, carbón, gas natural y uranio) que nos proporcionan casi el 90% de la energía primaria que se consume en el mundo empiecen a disminuir no presagiaba nada bueno. Hablábamos de recesión, de paro, inclusive de revueltas. Pero cada vez queda más claro que también se tratará de más guerras. Guerras para intentar hacerse con los vitales recursos y guerras para ayudar, pero a que otro se vaya al garete.

Entre las más letales y efectivas espoletas de esas guerras se encuentra la escasez de alimentos. Ya advertimos –antes del conflicto– de cómo la fosilización (“hacer depender de los combustibles fósiles”) e industrialización de la agricultura nos habían llevado a la antesala de una grave crisis alimentaria mundial, ahora exacerbada por el conflicto, las sanciones y el control ruso sobre el granero de Europa: Ucrania.

La escasez de cereal anticipa graves problemas en Egipto, Marruecos, Túnez, Argelia… Países cruciales para Europa, que ya conocieron en 2011 unas Primaveras Árabes espoleadas por la carestía de los alimentos. Añádase a esto la dificultad del acceso al agua potable, y verán el conflicto entre Egipto y Etiopía por la Presa del Renacimiento que los egipcios han amenazado varias veces con bombardear. Visualicen la sequía que está afectando a amplias zonas de Sudamérica, Norteamérica, Europa o África por el caos climático. Y añadan a eso una Unión Europea completamente adicta a los recursos minerales que antes le daba Rusia a bajo precio y que ahora tendrá que buscar en otros lugares. Viertan unas gotas de populismo y creciente manipulación mediática auspiciada por los poderes económicos. Exacerben los miedos al desabastecimiento ya entrenados durante el confinamiento, agítenlo fuertemente durante semanas en las que la clase media occidental vea crecer su miedo a dejar de existir al tiempo que lo haga la precariedad. Observen cómo todo ello hace subir la espuma del militarismo, y después, sírvanse el brebaje bien caliente. Et voilà: gracias a esta fórmula conseguiremos que los países europeos hasta se embarquen en guerras, buscando asegurarse recursos vitales para mantener un estilo de vida ya imposible. Y encima, que tal despliegue militar se venda que es en defensa propia (o eso creerá el televidente europeo y español medio).

La guerra de Ucrania no es la última: es la primera de la Era del Descenso Energético, la que marca el punto de ruptura. Un descenso que, como no hagamos algo rápido y coordinado, será a codazos, pisándose unos países a los otros por la falta de honestidad de unos Gobiernos que se resisten a reconocer que hemos chocado contra los límites biofísicos del planeta. En este descenso energético caótico y desordenado, siempre habrá una guerra en alguna Ucrania, ya sea en Europa, Sudamérica, Asia o África. Ahora mismo hay 17 guerras más activas, además de la que ocupa las portadas del primer mundo, que a veces parece la antesala del último.

Pero otro descenso energético es posible. Siempre fue posible y aún lo es. Uno en el cual se asuman los límites del planeta y la extralimitación insostenible del ser humano “civilizado”. Uno en el que reconozcamos que quien tenemos enfrente no es un enemigo al que saquear, sino un hermano al que más nos valdría abrazar con fuerza. Rompamos esta rueda perversa y cooperemos antes de que sea tarde para todos. No a las guerras. Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen.

Por Antonio Turiel / Juan Bordera 18/03/2022

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