Foto Cric.

Desde la Casa de Nariño, mostrando autoridad, el pasado 30 de agosto el gobierno nacional envió una advertencia de desalojar, en un plazo máximo de 48 horas, a los responsables de la “invasión de tierras” en zonas como Valle del Cauca, Cauca, Huila y Cesar. De acuerdo al Gobierno, lo allí manifestado son conductas “reprochables”. Su llamado fue a “[…] respetar la propiedad privada”.

De esta manera empezó la primera puja entre el gobierno del Pacto Histórico y algunos sectores de los movimientos sociales –en especial indígenas y campesinos– que demandan tierra desde hace décadas sin encontrar eco positivo. Hay que recordar que Colombia es uno de los países con la mayor desigualdad en la tenencia de tierra según diversos informes, entre ellos el de Oxfam1.

Desigualdad y concentración de la propiedad de la tierra que no solo se mantiene sino que crece desde hace décadas, arrojando en la actualidad un coeficiente Gini a nivel nacional superior al 0.83. No puede ser diferente: existen 5 mil 842 Unidades Productoras (0.25% del número total) con un área superior a 1.000 hectáreas, cuya área acumulada asciende hasta unos 80.4 millones de hectáreas (74% del área total)2. Además, según un estudio de Oxfam a partir del último Censo Agropecuario realizado en el 2014 por el Dane, las pequeñas fincas se han fragmentado aún más, perdiendo cada vez más territorio: hoy el 80 por ciento de las fincas tienen menos de 10 hectáreas y no llegan a ocupar ni el 5 por ciento de la superficie total censada3.

Una realidad que demuestra que el país ha transitado durante décadas por vía contraria a la que ocupa la justicia social, materializada en este caso en la negación al recurso insustituible para quienes tienen en la tierra la vía fundamental para solventar sus vidas.

Sobre estos tópicos, en entrevista con desdeabajo Sebastián Giraldo, dinamizador de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –Acin–, resaltó con visión histórica que el Consejo Regional Indígena del Cauca –Cric– empezó el proceso de recuperación de tierras en los años 60 en unidad con la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –Anuc–.

Sentado y cuchareando su plato de comida, a cuyo fondo las luciérnagas dejan rastro de su sonido, Sebastián recordó: “Hubo dos fincas muy emblemáticas en las que ingresaron varias comunidades indígenas en esa época: El Credo, en la parte alta de Caloto y otra finca en Silvia. Desde ahí hubo todo un proceso de Reforma Agraria o de Revolución Agraria, por así decirlo, desde entonces han sido recuperadas alrededor de 70 mil hectáreas de tierra en el Cauca, tierra que pasó de manos de los grandes terratenientes a varias de las comunidades, en un proceso que tomó más de 20 años. Las últimas recuperaciones de esa gran oleada terminaron en 1996, más o menos, luego de ejecutada en el año 91 la masacre en la finca El Nilo en Caloto y en la que fueron asesinados 20 indígenas, producto de lo cual hubo una reparación que implicó la entrega de las últimas fincas. Una reparación parcial porque todavía no se ha entregado el total de las 15 mil hectáreas que el Estado quedó comprometido a indemnizar”.

Con la última oleada de recuperación de tierras, que hoy llaman liberación de la madre tierra, que empezó el 15 de diciembre de 2014 y hasta la fecha, son bastantes las haciendas ocupadas. Según Sebastián, alrededor de 27 fincas hay en proceso de recuperación en todo el norte del Cauca, más o menos unas 12.600 hectáreas. Es por ello que le preguntamos:

—Denuncian distintos sectores que los indígenas tiene mucha tierra. ¿Qué de real tiene esto? Y su respuesta fue inmediata y precisa:
—“Si bien es cierto lo informado por la Agencia Nacional de Tierras, de que los pueblos indígenas en resguardos constituidos tienen 33 millones de hectáreas, la mayoría de esas hectáreas no son del pueblo nasa ni están en el Cauca, están en departamentos de la región Amazónica y Orinoquia, y también en La Guajira. Si se mira en detalle, esos millones de hectáreas son selvas, bosques y áreas de protección ambiental.

Por su parte, de los 3 millones de hectáreas que tiene el Cauca solo el 17 por ciento es de resguardos indígenas, de ellas más o menos 600 mil hectáreas entre resguardos coloniales y republicanos; pero en el norte del Cauca, que es donde tiene más fuerza el proceso liberador de tierras solo se cuenta con algo así como 89 mil hectáreas para una población de 130.700 personas, más o menos 43 mil familias.

Además, y esto no puede olvidarse, la mitad de estas 89 mil hectáreas tienen restricciones de uso por diferentes factores, sobre todo porque son reservas forestales y parques naturales (ley 2 de 1959) y, las solicitudes de ampliación y aprobación de nuevas tierras para sus pobladores han estado muy demoradas”.

 


Promesas incumplidas
y contrarreforma


El problema de la tierra ha tenido varios intentos de solución vía reformas agrarias –fallidas– en Colombia. Así sucedió, por ejemplo, con la ley 200 de 1936, desmontada con la ley 100 de 1944 y más tarde la ley 135 de 1961, que creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria –Incora–, ley incumplida y al final desmontada con el famoso Pacto de Chicoral y con la ley 4 de 19734; otra pretensión de reforma es la resumida en la ley 160 de 1994, impulsada por el actual Ministro de Hacienda, una reforma limitada, según recomendaciones del Banco Mundial, a la promoción de un mercado “libre” de compra y venta de tierras5. En consecuencia le preguntamos a Sebastián Giraldo:

—El Ministerio de Agricultura ha anunciado una Reforma Agraria, ¿cómo podría hacerse efectiva en el Cauca?
—“Para que sea efectiva la Reforma Agraria tiene que hacerse un gran diálogo social entre distintos sectores, para tratar de superar por esa vía las fronteras étnicas con que pretenden ennublar el inmenso faltante de tierra que afecta a estos pueblos. En la lucha por tierra, como lo he comentado, hubo avances desde 1991 en la garantía de derechos en comunidades étnicas, pero no así en el sector campesino.

Como resultado de ello el campesinado giró a algo así como una etnización estratégica, tratando de asimilarse como sujetos antropológicamente diferenciados y, por tanto, sujetos de derechos. Pero de los impactos negativos de ese multiculturalismo colombiano, por así decirlo, tenemos que ahora resaltan el discurso que diferencia indígenas, afros o campesinos. En ocasiones una cosa se vuelve contraria de la otra y se vuelve peligrosa, en este caso las fronteras étnicas llegan a ser fuentes generadoras de conflictos que impiden una articulación de todos los sectores sociales que necesitan la tierra.

Entonces, lo primero que ahora nos urge es hacer un gran diálogo escalonado entre comunidades para ir buscando un lenguaje inclusivo que vaya desmontando las fronteras de lo étnico y permita sumar fuerza social, y así poder afrontar la lucha por el derecho a la tierra al unísono, como negados, excluidos y pobres que somos.

 

 

Precisar acá, que si bien hubo avances en el Cauca aún la concentración de la tierra sigue siendo muy grande, con un Gini de 0,9, siendo uno de los más grandes del país y en el norte del Cauca rondando el de 0,7”.

Las circunstancias de vida no mejoran, y además continúa la situación de violencia en esa región. Aparte de la íntimidante advertencia del Gobierno de turno para que las comunidades desalojen los predios recuperados, actualmente el asedio paramilitar en la zona del norte del Cauca tiene una alta intensidad de victimizaciones en municipios como Corinto, Gauchené, Santander de Quilichao y Caloto. Allí, paramilitares de las Águilas Negras –bloque Suroccidental– y las AGC, en asociación con el llamado Cartel de Sinaloa, amenazan a través de panfletos y mensajes de texto dirigidos a líderes sociales de base, especialmente de comunidades étnicas y campesinas que apoyan el proceso de implementación de los acuerdos de paz (Defensoría del Pueblo, 2019, 2020, 2021)6. Una realidad que invita a que seamos y actuemos como un solo dique, que también deja correr sus aguas cuando es necesario.

Una realidad de injusticia y violencia, además de presión íntimidante de parte del Gobierno, que llevó a que la Acin se pronunciara, precisando: “La espada de Bolívar no puede ser envainada hasta que no se haga justicia frente a la extrema inequidad que el dominio colonial ha dejado sobre el derecho al acceso y uso equitativo de los frutos que provee la madre tierra, usurpada de manera violenta de la mano de los grandes terratenientes y empresarios a sus habitantes originarios, pero será siempre el diálogo y no la violencia, nuestra apuesta y nuestro compromiso por el Cauca y Colombia”.

Acotación indígena que invita a recordar las palabras pronunciadas por el Presidente Petro el 7 de agosto, al ordenar traer la espada de Bolívar: “Llegar aquí junto a esta espada para mí es toda una vida, una existencia. Esta espada representa demasiado para nosotros y nosotras. Y quiero que nunca más este enterrada ni retenida, que solo se envaine, como dijo su propietario El Libertador, cuando haya justicia en este país, que sea del pueblo, es la espada del pueblo”. ¿Cuándo llegará esa justicia que hará envainar la espada? ¿En 48 horas?

De sur a norte

Las horas del reloj no se detienen y tampoco frenan la crítica y compleja situación de violencia con que pretenden distintos actores bloquear los procesos de recuperación de tierras en el Cesar, donde la mayor tensión y vulneración de derechos humanos se encuentra en los municipios de Astrea, exactamente en el predio Génova; en Chimichagua, con los predios rurales Santa María y La Oficina; en Tamalameque, vereda Bocas, con los predios de Machín, Berlín y Los Mangos; en San Martín, por el corregimiento Puerto Oculto está el predio El Reposo. También en el Magdalena en el municipio de El Banco, y en Santander en el municipio de Río Negro.

Jorge Niño, abogado del equipo de trabajo del Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, en entrevista con desdeabajo contó sobre la situación de los 62 procesos que acompaña en el Magdalena Medio, sur de Bolívar, sur y centro del Cesar, y los Santanderes. Todos hacen parte de la Comisión de Interlocución, todos procesos de tierra de comunidades campesinas víctimas y revictimizados en el marco del conflicto armado interno de Colombia.

—¿Cómo está la situación en esos municipios y predios?
—Estos procesos están muy críticos, con presencia de actores armados, que al parecer cumplen órdenes de poderes e intereses políticos y económicos de terratenientes, empresarios agroindustriales y ganaderos de la zona.

—¿Son casos de campesinos que han sido desplazados o han sufrido de procesos de violencia, o solo campesinos sin tierra?
— Son procesos de recuperación de tierra y defensa del territorio de población campesina y agrominera que han sido desplazados y han sufrido violencia; son víctimas del conflicto armado por desplazamiento y despojo de tierras. También de otros hechos como amenazas, desaparición y homicidios.

—¿Las fincas ahora ocupadas hacen parte de un reclamo jurídico?
— Estos son predios de zona rural y hacen parte de procesos jurídicos, más que jurídico van por vía administrativa y algunos otros en el Consejo de Estado en donde hemos instaurado demandas contra actos administrativos proferidos en su época por el Incora, entidad que adjudicó baldíos reservados, y que por su misma naturaleza no debieron salir del dominio público al dominio. privado. Al ser adjudicados están siendo utilizados para proyectos ganaderos y agroindustriales con afectación del ecosistema, desaparición y desviación de cauces de ríos, con un impacto ambiental bastante grave para las comunidades campesinas que viven en ese territorio desde la época de los grupos paramilitares, padeciendo despojó y desplazamiento.

Actuar paramilitar que continúa hasta la fecha y con antecedentes en el Nororiente colombiano con el asesinato de líderes sociales como Aldemar Parra García, presidente de la Asociación de Apicultores del Cesar en 2017; Fabiola Fajardo Ayala, lideresa de la vereda La Colorada e integrante del Movimiento Resistencia a la Minería en el Carmen de Chucurí en 2018, y el de Lede María Ortega Ortiz, secretaria de la Junta de Acción Comunal de la vereda Mundo Nuevo, asesinada en 2019 en El Tarra, Norte de Santander7.

¿Qué vendrá?

No pasaron ni 48 horas y el Cric denunció el 2 de septiembre que en Caloto el Esmad utilizó armas de fuego: “Inician no los desalojos sino ataques a comunidades reclamantes de tierra en Caloto a solo 6 horas después de encuentro con ministros”, escribió la organización. Acciones gubernamentales que dejan el panorama lleno de niebla para los sectores reclamantes de tierras que históricamente han exigido una justa e integral Reforma Agraria, pero al mirar atrás ven cómo sus intentos por garantizar un derecho fundamental quedan de nuevo como dos espejos que se miran frente a frente.

 

1 Cardona Antonio José. (18 de abril de 2018). Un millón de hogares campesinos en Colombia tienen menos tierra que una vaca. www.mongabay.com
2 Garay Luis Jorge, Desigualdad y exclusión social, ilegalidad y conflictividad. Ediciones Desde Abajo, 2022.
3 Oxfam, Radiografía de la desigualdad. Lo que nos dice el último censo agropecuario sobre la distribución de la tierra en Colombia. www.oxfam.org, 4 de julio de 2017.
4 Soluciones agrarias. Reforma agraria, portón para la paz, Volumen 7/8, Ediciones Desde Abajo, 2007, p. 55.
5 Chaparro Pablo, Delgado Julián, Cote Luis, ¿La era de la reforma agraria?, 7 de septiembre de 2022, www.jacobinlat.com
6 Giraldo Javier, Alzate Leonardo, Muggenthaler Ferdinand, Peters Stefan, ¿Del paramilitarismo al paramilitarismo? Radiografía de una paz violenta en Colombia, Fundación Rosa Luxemburgo, 2022, p. 169.
7 Ibíd., p. 129.

 

 

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Publicado enColombia
Imagen: AFP

El gobierno alemán comprará la empresa energética para garantizar el suministro de energía frente a los cortes rusos.

El Estado alemán nacionalizará el gigante energético Uniper, asfixiado por los cortes de suministro de gas ruso, anunciaron este miércoles el gobierno alemán y el propietario finlandés de la empresa, el grupo público Fortum.

"El gobierno se hará cargo de alrededor de 99% de Uniper", dijo el ministerio alemán de Economía en un comunicado. "Uniper es un pilar central del suministro energético alemán", dijo el ministerio para justificar la intervención. La empresa suministra gas a cientos de municipios alemanes.

Según el ministro de Finanzas, Christian Lindner, esa intervención era necesaria para garantizar el suministro de gas y para proteger a los consumidores de una situación incontrolable. El acuerdo sustituye un plan de ayuda inicial dado a conocer en julio, bajo el cual Berlín habría tomado una participación de 30 por ciento del grupo, primer importador de gas de Alemania.

Berlín comprará todas las acciones de Fortum a un precio de 1,70 euros por acción, por un total de 500 millones de euros, según el documento. Alemania también realizará un aumento de capital de la empresa por 8.000 millones de euros, indicó el gobierno.

Dejar que la compañía quebrase hubiera podido provocar una reacción en cadena que podría haber sumido a muchos otros proveedores de energía en una situación muy difícil, ya que se habrían visto afectados por un aumento de los precios, declaró en una rueda de prensa el presidente de Uniper, Klaus-Dieter Maubach.

"Bajo las actuales circunstancias en el mercado energético europeo, y reconociendo la gravedad de la situación de Uniper, esta desinversión de Uniper es el paso correcto, no solo para Uniper sino también para Fortum", comentó por su parte el presidente del grupo finlandés, Markus Rauramo, en un comunicado. Rauramo agregó que el papel del gas en Europa cambió desde que Rusia atacó a Ucrania, y también cambió la perspectiva para una cartera intensiva en gas, haciendo inviable la participación de Uniper en ese mercado.

La empresa era el principal cliente del gigante ruso Gazprom en Alemania. Para cumplir sus contratos, ahora deberá obtener el gas en el mercado al contado, donde los precios se dispararon. La situación se agravó cuando Gazprom cerró temporalmente su gasoducto Nord Stream 1, principal proveedor de gas ruso en Alemania, a inicios de septiembre.

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Miércoles, 21 Septiembre 2022 05:54

Haití: ¿en la puerta de una nueva ocupación?

Haití: ¿en la puerta de una nueva ocupación?

Desde Puerto Príncipe.

El último comunicado de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), sobre Haití será sin duda un caso de estudio en los tiempos por venir, por la contundencia con que el organismo hemisférico plantea una valoración demoledora sobre los últimos 20 años de “intervencionismo humanitario”, al considerarlo “uno de los fracasos más fuertes y manifiestos de la comunidad internacional”. Aún más: según la OEA, fue en estos últimos “20 años de estrategia política errada”, y bajo el paraguas de la mismísima “comunidad internacional”, que “germinaron las bandas criminales que hoy asedian al país”, fenómeno en el que nos detendremos a continuación.

Resultados funestos

Pero lo curioso del asunto es que, partiendo de un diagnóstico en esencia acertado, Luis Almagro haya defendido, en una entrevista concedida al periódico Miami Herald, la necesidad de volver a ocupar el país, territorio por el que han pasado una decena misiones civiles, policiales, militares y políticas a lo largo de los últimos 30 años, con resultados funestos, si consideramos los escándalos de violencia sexual sistemática cometidos por las tropas de ocupación; las reiteradas masacres cometidas en barriadas populares; y la introducción de la epidemia de cólera que causó la muerte de 9 mil personas e infectó a cerca de 800 mil, según lo reconoció el propio ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

El renovado recetario intervencionista se justifica hoy en el completo descalabro securitario que atraviesa la nación haitiana. Distintos analistas mencionan el magnicidio de Jovenel Moïse, sucedido en julio del año pasado, como inicio de esta espiral de violencia. Sin embargo, sin importar que variable tomemos (la circulación de armas, la cantidad de pandillas, su capacidad operacional y su control territorial, los secuestros, la comisión de masacres, los asesinatos y violaciones, la cantidad de desplazados, etcétera) veremos que se trata de una tendencia de más largo plazo que comenzó a consolidarse con la llegada al poder del PHTK en el año 2010, partido aún gobernante que ya ha colocado a tres sucesivos jefes de Estado y/o gobierno: Michel Martelly, el propio Moïse, y ahora Ariel Henry. No fue con la retirada de las tropas de la MINUSTAH que estas peligrosas tendencias securitarias comenzaron a manifestarse, sino varios años antes, siendo profundizadas por la propia ocupación.

Paramilitarismo

Como se desprende del estudio del paramilitarismo y del crimen organizado, estos fenómenos sociales encuentran su caldo de cultivo más propicio en el vacío generado por diferentes factores: por la debilidad o quiebra de las capacidades estatales, por crisis económicas agudas, por fenómenos de guerra civil, por ocupaciones o conflictos bélicos internacionales, por la ocurrencia de catástrofes humanitarias, etc. Es decir, por todo aquello que rompe, debilita o retrae el tejido social, estatal y/o comunitario. Un tejido que, en Haití, por su extensa historia anticolonial y por las características absolutamente sui generis de su sociedad, tuvo históricamente una particular unidad y resiliencia.

Pero fue la “pacificación violenta” del país intentada por la MINUSTAH, la que coadyuvó al actual escenario. Esto, debido a varios factores: al proceso de sustitución de las capacidades estatales operada por la “ocupación interminable”; al debilitamiento de la sociedad civil haitiana merced al accionar indiscriminado de más de 12 mil organizaciones no gubernamentales que compiten, desmovilizan y captan recursos humanos locales, sobre todo desde el post-terremoto del año 2010; por las políticas económicas neoliberales que desde la década del 80 destruyeron los últimos trazos de capacidad industrial, agroindustrial y agrícola del país, generando fenómenos como el éxodo rural y el hacinamiento urbano, disparando la miseria y el desempleo; y sobre todo por el proceso de represión selectiva en algunas de las barriadas populares de la zona metropolitana de Puerto Príncipe, las que generaron el aterrador vacío que grupos delincuenciales y paramilitares vienen ahora a llenar.

Armas de Florida

Sobre el origen de este fenómeno hay que puntualizar algunas cosas. 1) Ni Haití, ni su vecino insular, la República Dominicana, producen armamento de ningún tipo, por lo que su origen es necesariamente foráneo. 2) Estados Unidos es el principal productor y exportador de armas y municiones -además del más cercano- con el 36 del mercado global, cifra que ha ido en aumento en la última década. 3) En todos los casos conocidos a la fecha, el contrabando de armas se dio o bien por vía aeroportuaria o a través de las terminales portuarias, provenientes del sur de la Florida. Esto, aún cuando pesa sobre el país un embargo a la venta de armas desde el año 1991, parcialmente flexibilizado en el año 2006.

La Comisión Nacional para el Desarme, Desmantelamiento y Reintegración, estimaba en 2019 que eran unas 500 mil las armas ilegales en circulación en el país, estimación que, desafortunadamente, ha sido largamente superada en los últimos años. La forma primera y obvia de cortar el espiral de violencia desde sus mismas raíces, sería fiscalizar y e impedir este flujo, que coloca cada día armamento de gran calibre en las manos de jóvenes de las poblaciones más pauperizadas de la zona metropolitana, hoy un territorio prácticamente sitiado por bandas criminales.

Considerando la cruzada intervencionista de la OEA, el próximo fin del mandato de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) y los debates abiertos en Estados Unidos en torno a qué hacer con su incómodo aliado en la Cuenca del Caribe, comenzaran a resonar cada vez más conceptos como la “responsabilidad de proteger”, el “principio de no indiferencia” y otras categorías de las narrativas intervencionistas acuñadas en la post Guerra Fría. Las cuales, básicamente, niegan o buscar poner en suspenso los pilares jurídicos del orden internacional desde la constitución de las Naciones Unidas: los derechos de soberanía y autodeterminación de las naciones.

Elecciones

El problema de seguridad de Haití tiene dimensiones específicamente policiales y operacionales. Pero en su dimensión política más amplia, el control territorial del país nunca podrá ser retomado sin un proceso electoral que habilite una recomposición del poder político en una autoridad legítima, considerando que hace seis años que en el país no se celebran elecciones, y que los poderes judicial y legislativo están virtualmente desarticulados, así como suspendidos o gravemente debilitados los servicios educativos y sanitarios. La postergación permanente de las elecciones sólo debilitarán aún más al Estado y a su clase política, mermando aún más sus capacidades de maniobra.

Por añadidura, las políticas de shock económico como el recientemente decretado aumento de los precios de los combustibles hasta un 100 por ciento no sólo será un golpe de gracia para las amplias mayorías populares que se debaten en el filo de la supervivencia, sino que darán más y más oxígeno a la expansión y control territorial de las bandas armas, profundizando, quizás de forma irreversible, la paramilitarización del país. 

Por Lautaro Rivara*

*Sociólogo, doctorando en Historia por la UNLP y becario e investigador en IdIHCS/CONICET.

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Lunes, 19 Septiembre 2022 06:20

Inflación y recesión

Inflación y recesión

Durante lo que ha corrido de este siglo las crisis económicas han provocado condiciones distintas a las que se observaron anteriormente. Las crisis del capitalismo solían provocar transformaciones que daban paso a nuevas etapas de acumulación, cambios tecnológicos y una reconformación del entorno social más inclusiva. Estos procesos no eran tersos, por supuesto, como muestran las dos guerras mundiales y sus secuelas de 1989 en adelante.

Ahora las crisis parecen generar más de lo mismo e incluso con una mayor fricción productiva, financiera y distributiva, a lo que se aúna una creciente presión medioambiental. De modo general el capitalismo global ha tendido a acrecentar la debilidad de las organizaciones laborares, a agrandar la desigualdad interna y entre los países.

La pandemia de covid-19 ha sumado a ese escenario cambios muy relevantes en la gestión macroeconómica, es decir, en las políticas fiscales y monetarias. Las tasas de interés permanecieron durante muchos años en niveles prácticamente de cero e, incluso en algunos casos eran negativas.

Se ha comparado esta situación con la que ocurre en un entorno físico de gravedad cero. Ahora, en cambio, el impacto de la gravedad se esta advirtiendo de modo sobresaliente con las alzas de las tasas de interés que ocurren por todas partes como medio para contener las presiones de la inflación que está en pleno curso. El tránsito de la expansión monetaria (peso cero) a la contención es un proceso de choque que significará ajustes severos y de repercusión diferenciada entre los agentes económicos.

Los gobiernos en las economías desarrolladas inyectaron enormes sumas de recursos para paliar las consecuencias económicas de la pandemia, lo que contribuyó a un aumento del gasto y a la consiguiente presión inflacionaria. Esta se reforzó con las trabas a la oferta, que han reforzado el alza de los precios. Hace unos meses, el estallido de la guerra en Ucrania ha sido un factor adicional en este entorno.

Desde la segunda mitad de 2021 se ha ido incrementado la inflación de manera constante y acelerada: son, por mucho, los precios de los energéticos y los alimentos los principales componentes del alza de precios. En esto inciden las consecuencias de las restricciones de la oferta y los efectos adversos en las cadenas de suministros.

La globalización está cambiando de forma, eso es evidente ya y ocurre rápidamente. El proceso se asocia con los nuevos factores geopolíticos y la recomposición del poder. Pero, en la estructura misma del sistema capitalista con el apellido que quiera añadírsele, destaca el sistema financiero basado en el dólar estadunidense y la interdependencia de ese país con China. Esto ha relegado de modo efectivo a Rusia, cuestión que se advirtió en la reciente reunión en Uzbekistán. Es en este escenario en el que México tiene que definir su postura en el marco del T-MEC (como atinadamente planteó Ilán Semo en este diario, el pasado 15 de septiembre).

El régimen de crecimiento económico contrapone la debilidad salarial con la apreciación de los precios de los activos. Esto último está vinculado a la creciente especulación que llevó a la crisis de 2008 y prevalece aún en muchos mercados. La gestión monetaria para romper el ciclo de alta inflación, implica una cada vez más severa alza de las tasas de interés. La manera convencional de apreciar esta cuestión consiste en concebir que la presión sobre los precios se asocia de modo directo con el nivel de empleo en la economía. Abatir el crecimiento de los precios conlleva una restricción del nivel de la actividad productiva por la vía del alza del precio de crédito, que desincentiva el gasto en inversión y consumo y con ello provoca el desempleo. Este es el sentido de la recesión que está ya en curso.

Los grandes acreedores, como son los bancos y otras empresas financieras tienen mucho que perder con la inflación, pues esta reduce el valor real de las deudas y poco que perder con el nivel de desempleo. Los asalariados, en cambio, pierden en ambos casos, pero más con el desempleo. El dilema está en las proclamas de los gobiernos de aplicar políticas para el pleno empleo y luego tener que imponer la recesión y engrosar el desempleo.

En el fondo esta contradicción parece ser el meollo de la polémica que se da en torno a las medidas que ha ido aplicando la Reserva Federal, pues alentó un mayor nivel de empleo con la expansión monetaria a expensas de una eventual alza de los precios, complicada ésta con las restricciones globales de la oferta. Las políticas convencionales de gestión macroeconómica de la demanda confrontan ahora un escenario más complicado. Se abre así una expectativa muy incierta acerca de las alzas requeridas en las tasas de interés para abatir la inflación y el tamaño de la recesión que se provocará.

Entretanto, los mercados de capitales están zarandeados por la política monetaria, los precios de las acciones han caído abruptamente y con esto el valor de muchos activos. En los intersticios de estos mecanismos se redistribuye riqueza de maneras que se harán patentes con el transcurso de esta crisis.

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Jueves, 15 Septiembre 2022 04:48

La caída del muro capitalista

Fotograma de El club de la lucha (1999). David Fincher

Como en la crisis de 2008, en los próximos tiempos volverán a intentar que lo público, ese actor inútil cuando las cosas van bien, salve los muebles para que el mundo siga girando

 

Como Tyler Durden y Marla Singer observamos por la ventana el derrumbe de las torres que forman nuestro paisaje. Aunque los protagonistas de la mítica escena de El Club de la Lucha (1999) nos daban la espalda, no hacía falta verles las caras para saber que, mientras todo saltaba por los aires, ellos se encogían impactados. Fuera de la pantalla nada es igual. Septiembre del año 22. Asistimos desde casa al derrumbe de las grandes torres capitalistas, las teorías de la mano invisible con las que han crecido varias generaciones están colapsando. Lo percibimos como el que ve llover, como se decía en épocas en las que llovía. El mayor derrumbe ideológico desde la caída del Muro de Berlín nos ha pillado con un grado de imperturbabilidad que no salvarían ni los Pixies sonando de fondo. Y es que no hay quien mantenga la atención a este ritmo de dos fines del mundo por semana.

La mano invisible regula y ordena la economía, así que toda intervención del Estado es un incordio y un freno para el desarrollo, nos aseguraron durante décadas los grandes gurús del capitalismo desmelenado. Hoy tenemos la certeza de que siempre mintieron. Ha quedado demostrado que la intervención estatal, lejos de ser un incordio o un freno, es hoy la única tabla de salvación cuando vienen curvas. Si era cierto que la mano invisible ordenaba la economía, deberían habernos explicado entonces la economía de quién ordenaba, porque la de las familias siempre ha sido un desorden continuo con la mano invisible apretándoles el cuello. Hoy nadie se lo cree. Si no te emociona ver a la derecha española dando por muerta su teoría económica, pidiéndole al gobierno que intervenga en este y aquel sector, es que no tienes corazón. Ni sentido del humor. Austria limita el precio de la electricidad poniéndole un tope de 10 céntimos el kilovatio/hora. Escocia prohíbe los desahucios y limita el precio de los alquileres. Francia nacionaliza la mayor compañía eléctrica europea. España interviene el mercado laboral prohibiendo despidos durante la crisis y negocia con las grandes superficies de alimentación rebajas en sus márgenes de beneficio. Europa limitará precios en el mercado energético. Medidas imposibles hasta hace nada por las cuales uno era calificado como peligroso comunista. Entre los escombros del derrumbe puede escucharse a los gurús silbando en modo disimulo. Asegurando que es algo temporal, que es lo que aseguran las parejas que se dan un tiempo para hacer la ruptura menos dura. 

Como el Muro de Berlín, el muro capitalista que hoy se derrumba siempre estuvo bien vigilado y protegido por especializados francotiradores dispuestos a neutralizar a quien se atreviese a cruzarlo. Al otro lado no hay nada, gritaban fusil en mano no fuese a haber algo mejor que esto más allá. Ya estamos en más allá. Hoy, con el muro capitalista lleno de grietas, sabemos que la mano invisible no regulaba nada, sino que pactaba precios en sectores controlados por los dueños de los productos básicos. Que los precios no variaban según la aséptica ley de la oferta y la demanda, sino que lo hacían en función de cuánto decidían engordar sus cuentas a final de año las grandes empresas. Hoy sabemos que el modelo ultraliberal es inútil para hacer frente a los grandes problemas, cuando no culpable de ellos. La teoría capitalista se ha derrumbado, pero el capitalismo sigue gobernando. Como en la crisis de 2008, en los próximos tiempos volverán a intentar que lo público, ese actor inútil cuando las cosas van bien, salve los muebles para que el mundo siga girando. En el próximo giro, intentarán que nada haya cambiado. Igual lo consiguen, quién sabe. Pero para entonces ya sabremos que la teoría sobre la que se sostiene el modelo neoliberal se ha demostrado un fraude. Igual para entonces algunos dejan de repetir aquello de vete a vivir a Cuba por exigir acceso a bienes básicos. A Cuba o a cualquier otro país europeo, podríamos responderles.

13/09/2022

Por Gerardo Tecé . Modelo y actriz. Escribo cosas en sitios desde que tengo uso de Internet. Ahora en CTXT, observando eso que llaman actualidad e intentando dibujarle un contexto.

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Elon Musk, retratado en febrero pasado en el sur de Texas.Foto Afp

Dentro de las “varias guerras en una” en Ucrania, destaca la “guerra del gas” de la EU/OTAN/Unión Europea contra Rusia (https://bit.ly/3qx6U2y) que intenta esquivar las “sanciones catastróficas” de “Occidente” mediante la “OPEP del gas” con Irán y, quizá, Qatar (https://bit.ly/3RZMMBJ).

Propongo un abordaje de dos ejes: uno conceptual y otro diacrónico. El conceptual versa sobre la dicotomía de la “seguridad energética” vs la “transición energética”.

China –líder en “renovables” en el mundo– maneja su “pluralismo energético” que adopta cualquier tipo de energía –desde los fósiles, pasando por renovables, hasta plantas nucleares de fusión– sin llegar a la autoemasculación de abolir su “seguridad energética”. En contraste, Alemania –que padece una severa crisis energética al apoyar a Ucrania y librar una guerra indirecta contra Rusia, que le provee su gas–, abandonó su “seguridad energética” en forma suicida en aras de la quimérica cuan precipitada “energía verde” del Gran Reset (https://bit.ly/3eOHYRh) y su ideologizada “transición energética”. Alemania recarboniza (sic) su industria, rectifica su política contra la “energía nuclear” y opta por la dependencia al gas licuado (LNG) de EU proveniente del gas lutita del fracking –¡lo más contaminante que pueda existir!– 40 por ciento (sic) más caro que el anatemizado gas natural ruso.

La “seguridad energética” prima a la etérea “transición energética” que hoy se ha pospuesto varias décadas como consecuencia de la “guerra del gas”. El Gran Reset –Santo Grial de los fracasados piratas del pasado y globalistas del Foro Económico Mundial de Davos encabezados por el hoy rey Carlos III, el zelote suizo Klaus Schwab y los epígonos de George Soros– pregona la descarbonización, desindustrialización y digitalización biológica/neuronal/farmacológica como nuevo disfraz de la plutocracia “ambientalista”.

El otro abordaje es diacrónico: ubica el imperativo “corto plazo” que obliga a la “seguridad energética” de supervivencia cuando no se puede prescindir de los hidrocarburos ni de la energía nuclear, frente al “largo plazo”, cuando es probable se haya avanzado en la “transición energética” de la “economía verde” y su Gran Reset globalista que abomina las soberanías y oculta el control/comando geoestratégico del Olimpo de la energía global y/o espacial con sus nuevos Prometeos de pacotilla.

El anglosajón Elon Musk, el hombre más rico de la Vía Láctea –268 mil millones de dólares (casi cinco veces el PIB de México)–, advierte que “su” civilización “colapsará sin el petróleo y el gas a corto plazo (¡megasic!)”. Aquí el lapso clave es el “corto plazo (https://bit.ly/3qwyYDf)”. En una conferencia en Noruega, Musk sugirió que “la transición a las fuentes de energía verde tomará décadas” y reclamó “mayor generación de energía nuclear”, ya que las plantas atómicas son las “más rápidas para producir energía” cuando las “soluciones de energía sustentable simplemente no pueden reaccionar instantáneamente” para lidiar con la carestía del abasto del gas ruso. Musk exclamó que “vamos a necesitar quemar combustibles fósiles durante largo (sic) tiempo” y se declaró contra “demonizar a la industria del gas y el petróleo”.

Dejo de lado la muy polémica definición anglosajona de “civilización” –con su dolorosa carga del “hombre blanco” a cuestas– que colisiona con la semiótica de China, India, el mundo islámico y hasta la cristiandad ortodoxa de la etnia eslava. Tampoco explotaré la indeleble definición del escritor irlandés Oscar Wilde, quien comentó ácidamente de que “EU había pasado de la barbarie a la decadencia sin haber conocido la “civilización”.

Ahora hasta el megaespeculador globalista, copartícipe en el proyecto esclavista del Gran Reset , perora sobre su barbárica “civilización”. Transiciones energéticas siempre han existido desde que el mítico Prometeo hurtó el fuego a los dioses del Olimpo por lo que fue encadenado en el Cáucaso. Con el avance azorante de la tecnología, algún día otro Prometeo descubrirá la “energía ilimitada”.

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Soldados ucranianos en el asentamiento recientemente liberado de Shevchenkove, en una imagen publicada por el servicio de prensa de las Fuerzas Armadas de Ucrania. — REUTERS

El revés bélico ruso de la última semana en Ucrania ha sacado a la luz crecientes fisuras entre los halcones que hasta ahora defendían la estrategia de Vladímir Putin en la guerra.

 

Las críticas abiertas al presidente ruso, Vladímir Putin, y su cadena de mando en Ucrania se extienden según se van conociendo detalles sobre la contraofensiva del ejército ucraniano y la retirada de las tropas rusas en el noreste, en la frontera con el Donbás. Mientras, las fuerzas ucranianas continúan su avance sin una aparente respuesta de las tropas enviadas por el Kremlin para invadir el país vecino.

Aunque las informaciones que llegan desde el Gobierno ucraniano hablan de más de 6.000 kilómetros cuadrados recuperados en menos de una semana y del caos en la retirada de los soldados rusos, Rusia está muy lejos de haber sido derrotada en Ucrania.

El triunfalismo en Kíev y las capitales occidentales que arman y ayudan a las fuerzas del presidente Volodímir Zelenski no muestra mucha cautela ante la posibilidad muy real de una dura respuesta rusa en las próximas jornadas.

Esto es una guerra, no una operación especial

En todo caso, las victorias proclamadas por el ejército ucraniano, coreadas en Europa y Estados Unidos, e incluso reconocidas de manera abierta en diversos ámbitos de Rusia, están ya haciendo mucho daño a la supuesta cohesión mostrada hasta ahora en Moscú en torno a la despiadada estrategia de Putin en Ucrania.

Desde líderes políticos afines al Kremlin, que piden una respuesta contundente y un endurecimiento de la ofensiva rusa, a periodistas destacados que hasta ahora eran defensores de la "operación militar especial" de Putin en Ucrania, como se llama eufemísticamente a la guerra en Rusia, las críticas se extienden, ya sin miedo a ser acalladas por la fuerza y la ley autocrática como había ocurrido hasta ahora con todas las voces disidentes y contrarias a la invasión.

Quienes hasta ahora en la opinión pública rusa solo hablaban de la necesidad de desnazificar y desmilitarizar Ucrania, en esa "operación militar especial", ahora pronuncian sin ambages la palabra "guerra" y refieren lo ocurrido en torno a Járkov como un "desastre" que reclama la cabeza de los dirigentes principales del Ministerio de Defensa ruso, incluido el propio ministro, Serguéi Shoigú.

En San Petersburgo, un grupo de al menos 84 concejales y diputados municipales ha perdido el miedo a levantar la voz y ha reclamado la dimisión de Putin por haber comenzado la guerra de Ucrania. Los ediles acusan al presidente ruso de "alta traición" por poner en riesgo la seguridad de Rusia.

Sin llegar a esta virulencia, el exdiputado Borís Nadezhdin, en un debate televisado, afirmó que Putin había sido engañado por sus asesores en la cúpula de poder ruso, que le habrían "convencido" de que los ucranianos no se opondrían a la invasión, que "se rendirían, huirían y que todos ellos querían unirse a Rusia".

"Tenemos que comprender que no se puede derrotar a Ucrania utilizando los recursos y métodos de una guerra colonial, con soldados contratistas, mercenarios y sin la movilización" de la población, dijo Nadezhdin. Según el político, "hay un ejército fuerte que se está enfrentando a las tropas rusas totalmente apoyado por los países más poderosos, incluidos los europeos, en los ámbitos económico y tecnológico", de ahí los errores que se están cometiendo en el estamento militar del Kremlin.

Llamadas a la movilización total en Rusia

"No puede ser y no debería ser que nuestros muchachos estén muriendo hoy (en Ucrania) y que pretendamos que no ha pasado nada", aseguró en un mensaje de Twitter Serguéi Mirónov, diputado en la Duma (Parlamento ruso) y líder del partido Rusia Justa.

Mirónov, una de las personalidades rusas castigadas por las sanciones occidentales, llamó a la movilización total contra Ucrania. Mirónov reconoció que existe una "guerra real" con Occidente en el territorio ucraniano. 

También se manifestó a favor de la movilización bélica de la población rusa Mijaíl Sheremetev, miembro del Comité de Seguridad de la Duma, quien urgió al Kremlin a dejarse de medias tintas y a movilizar al país entero contra Ucrania. Sin esa opción, que incluya una economía al servicio de la guerra, "no se conseguirán los resultados adecuados", aseguró en una entrevista a URA.RU.

En una respuesta al respecto a ese mismo canal de noticias de internet, el secretario de Prensa del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó que "por el momento no se considera la movilización en el territorio de Rusia".

Uno de los presentadores más populares de la televisión rusa, Dmitry Kiseliov, subrayó la necesidad de reconocer que las tropas rusas habían pasado la semana pasada uno de los momentos más difíciles de la campaña en Ucrania y que se habían visto obligadas a retroceder "ante el embate de fuerzas enemigas superiores".

La declaración de guerra a Ucrania llevaría a esa movilización de centenares de miles de soldados más en Rusia, y de nuevo pondría bajo la mirilla de los misiles rusos a ciudades como Kíev o Lvov, en el oeste ucraniano. También podría llevar a los militares rusos a considerar el ataque a Odessa, el último gran puerto que le queda a Ucrania en el Mar Negro.

Kiev ha tomado la iniciativa

Nadie en Rusia cree que Ucrania haya ganado ya la guerra o que el ejército ruso se desplomará en las próximas semanas. Pero sí que Kíev ha tomado la iniciativa y este paso está poniendo muy nerviosos a los halcones del Kremlin, que ya no ven nada claro el final de esta crisis ni sus consecuencias.

Entre los errores que han llevado a perder localizaciones clave para el reabastecimiento y la logística del ejército ruso al este de Járkov, incluida la ciudad y nudo ferroviario de Izium, aparecen enormes fallos en la obtención y comunicación de inteligencia estratégica al Kremlin desde el teatro bélico. Ello devino en una desorganización en el repliegue que demostró que no se trataba de una reorganización sino una retirada caótica. 

La inteligencia occidental aliada con la ucraniana se ha impuesto, en este sentido, a la hasta ahora todopoderosa inteligencia militar rusa, como ya ocurrió en la invasión soviética de Afganistán o en las guerras de Yugoslavia, al contrario de lo que ocurrió recientemente en la guerra de Siria. Ahora, los sistemas de misiles Himars, suministrados por Estados Unidos a Ucrania y tan importantes para abrir paso a este avance ucraniano, habrían sido inútiles sin la inteligencia aportada por los satélites militares de la Alianza Atlántica.

El territorio recuperado debe ser consolidado

A pesar del éxito de la contraofensiva ucraniana en el nordeste, las cosas no se muestran sencillas para consolidar este avance, a pesar de que en Occidente hayan crecido los ánimos para seguir enviando armas al ejército ucraniano.

En el sur, donde también ha habido avances ucranianos, pero mucho más modestos, los combates en campo abierto no son favorables a las fuerzas del país ocupado, que debería poner en juego muchos más efectivos, mucha logística, mucha munición y una mayor potencia de fuego,

En esa zona, de momento, Rusia tiene la ventaja con su captura de la ciudad de Jersón en las primeras etapas de la guerra, considerada por el Kremlin como un bastión esencial para la defensa de la península de Crimea, anexionada en 2014.

Que Rusia se esté precisamente centrando en la defensa de Jersón debería poner nerviosos a los mandos de la OTAN, en buena parte responsables del éxito de la contraofensiva ucraniana. El enroque ruso en Jersón, en la orilla occidental del río Dniéper, apunta a eventuales planes del ejército invasor para abrirse camino por la llanura ucraniana hacia el noroeste y hacia la propia Odessa. Cerrada ya la vía diplomática para resolver este conflicto, la guerra puede ser muy larga y con otros escenarios, no solo el Donbás o el sur de Ucrania.

El propio ministro ucraniano de Defensa, Oleksii Reznikov, ya lo ha advertido. Con este alargamiento hacia el este, el ejército de Ucrania puede ser ahora mucho más vulnerable a una respuesta contundente de Rusia, si es que pueden dar ese contragolpe las fuerzas invasoras.

No solo es necesario capturar territorio al enemigo. Hay que mantenerlo y para ello se precisa el apoyo de la población local, que no será muy amistoso en la zona del Donbás o en las cercanías de Crimea. Esos riesgos se incrementan si la ofensiva se prolonga en el tiempo, con el otoño a la vuelta de la esquina y el gélido invierno ucraniano no mucho más lejos.

La baza nuclear

Hay una cuestión que nadie se atreve a poner encima de la mesa. Se está advirtiendo sobre el riesgo de un desastre nuclear en la central de Zaporiyia, tomada por los rusos y en medio de un escenario de combates continuos entre los dos contendientes. Pero no se mencionan las cabezas nucleares tácticas de Rusia, con una capacidad de destrucción "moderada", pero que, de entrar en juego, tumbaría la balanza hacia el lado ruso sin duda alguna.

Sería preciso recordar que fue el propio Vladímir Putin quien, al poco de comenzar la guerra, afirmó que su país recurriría a todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares tácticas, si se viera en peligro la "supervivencia" de Rusia y la integridad del territorio ruso. ¿Está cerca ese momento?

13/09/2022  

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Martes, 13 Septiembre 2022 06:09

El colapso

El colapso

En marzo de 1972, en vísperas de la conferencia de la ONU sobre el ambiente, el Club de Roma (CR) publicó Los límites del crecimiento (LC), escrito por un grupo de científicos del Instituto Tecnológico de Ma­ssachusetts, un encargo de la propia ONU. LC tuvo algunas actualizaciones posteriores a su publicación, con datos cada vez de mejor calidad. Su conclusión: si las tendencias se mantenían sin cambios, la humanidad sufriría un colapso durante la primera mitad del siglo XXI. A 50 años de la publicación, un amplio número de estudiosos, en artículos académicos y libros, reconocen su enorme realismo. El propio CR conmemora el estudio con un nuevo libro, Earth for All: A Survival Guide for Humanity, de próxima publicación, y con diferentes eventos y programas (https://www.clubofrome.org/ltg50-events/).

El estudio partía de un apotegma simple: no existe ningún sistema de crecimiento infinito. La humanidad ha padecido colapsos múltiples en su larga historia; uno próximo puede ser de mucho mayor envergadura, incluida la extinción. Malthus (1766-1834), el "pesimista", creía que el incremento de la población aumentaría "a un ritmo geométrico", mientras "el crecimiento de los recursos para la subsistencia crecerían a un ritmo aritmético". Como consecuencia de la escasez, habría guerras, epidemias, vicios y crímenes, que llevarían a la población a "un límite" insuperable: era la tesis del estancamiento. Los estudios de CR son peores: prevén el colapso de los humanos.

LC no era una profecía, no era una revelación, menos aún un programa político. Era apenas un intento de evaluar lo que sucedería con un sistema complejo, como el sistema-mundo, si no se tomaban ciertas decisiones. LC se basó en un modelo llamado World3 para estudiar las interacciones entre las variables globales de población, fertilidad, mortalidad, producción industrial, disponibilidad de alimentos, servicios públicos, recursos no renovables y contaminación. El modelo desarrolló hasta nueve escenarios, de los cuales han sido destacados cuatro: 1) business as usual; 2) business as usual 2; 3) tecnología integral, y 4) mundo estabilizado.

El escenario 1 representa el "no hacemos cambios, seguimos como vamos". El objetivo es el crecimiento económico permanente: la proyección del modelo, es el colapso. El 2 considera el doble de recursos que el 1, para responder a la crítica de que había mucho más recursos disponibles de los estimados en los años 1970. En este caso el colapso es una crisis, no por escasez de recursos, sino una crisis ambiental extrema. El 3 incluye el supuesto de los tecnólogos de que la humanidad puede innovar ilimitadamente; podría evitar, por tanto, las catástrofes proyectadas en 1 y 2. Pero ocurre en este escenario un declive acelerado, resultado de una absorción de recursos por la innovación tecnológica que deja sin recursos suficientes a la producción agrícola, y a los servicios sanitarios y la educación. Este escenario se vuelve un imposible. El 4: la humanidad desiste del objetivo de crecimiento permanente; abandona una porción inmensa del consumo, por innecesaria. La sociedad cambia sus prioridades desde el consumo material y el crecimiento industrial ilimitados, hacia la salud, la educación, la reducción de la contaminación; la tecnología se basa en el uso eficiente de los recursos materiales. En el mundo real, ninguna tendencia se acerca a la trayectoria de los supuestos del escenario 4.

LC no incluyó el colapso nuclear, en la actualidad en el más alto nivel de la historia. Es de suponerse que Earth for All, el nuevo libro del CR, lo incluirá. Tampoco discute –quizá no lo haga Earth for All– lo que significa "crecimiento económico".

El mundo real es una economía monetaria capitalista. El crecimiento del producto –crecimiento del sector agropecuario y del industrial– ocurre con su par monetario: el crecimiento del ingreso (crecimiento de los salarios, y de las diversas formas de las ganancias de capital). La producción agropecuaria y la industrial tienen lugar, principalmente, en unidades productivas empresariales privadas. El objetivo de los propietarios de esas unidades es obtener ganancias, no el volumen físico del producto; éste importa siempre vinculado a la maximización de las ganancias. Obtenidas las ganancias en un periodo dado, una parte de las mismas acrecientan el valor acumulado del capital; por cuanto el capital crece, es menester alcanzar unas ganancias acordes con un capital mayor; así cada ciclo productivo. El volumen físico de la producción crece, porque es el medio de alcanzar mayores ganancias. El objetivo "crecimiento" no puede ser removido.

En el ejercicio continuo del crecimiento de la producción, hay ciclos de altas y bajas (las crisis recurrentes), pero la tendencia es crecer, crecer, crecimiento de las ganancias. El freno está fuera de lugar. El aumento del empleo, o significa crecimiento de las ganancias, o su existencia es imposible. El escenario 4 es, en condiciones capitalistas, cándida fantasía.

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Lunes, 12 Septiembre 2022 06:06

El apocalipsis ya fue

Transitando. Acacio Puig

Todo o nada, aquí o ahora, victoria o muerte: también la revolución se pensó en el siglo XX como apocalipsis, con resultados desastrosos. Porque no hay Fin, no hay ningún final de la Historia, la pelea es interminable: la vida recomienza todo el rato

Amador Fernández-Savater 10/09/2022

Proliferan por todas partes los discursos colapsistas. El anuncio repetido del final de nuestra civilización (o del mundo) por una serie de catástrofes en cadena: suministros, guerras, epidemias. El llamamiento a la “emergencia climática” que quiere convertir la angustia (eco–ansiedad y depresión verde) en acción.

De alguna manera el colapsismo reedita el “discurso del fin” del marxismo clásico, pero en clave verde. El límite que determinará la caída de todo el sistema ya no es interno a la dinámica del capital (crisis cíclicas cada vez más severas), sino externo: la lógica de crecimiento infinito choca con la finitud misma del planeta.

¿Cuándo será el Big Crunch, la gran implosión? ¿2030, 2050? Esos cálculos recuerdan a los que entretuvieron tanto tiempo a los teóricos marxistas del siglo XX que rivalizaban por pronosticar el momento exacto del hundimiento definitivo del sistema. Pero, ¿y si el apocalipsis ya fue?

Hemos perdido el Cosmos

Es la idea que defiende el famoso escritor inglés D.H. Lawrence en su ensayo sobre el libro bíblico del Apocalipsis escrito por Juan de Patmos.

La verdadera catástrofe, la que determina todas las demás según Lawrence, es la costumbre que hemos adquirido de vivir como si no estuviésemos en el mundo. Y adquirimos esa costumbre como hace dos mil años.

La muerte del paganismo implicó la muerte del Cosmos, que es como Lawrence llama a un tipo de relación amorosa con el mundo. Creer que cada cosa está habitada por un dios implica considerar que cada una es concreta y singular, que tiene valor en sí misma y por sí misma, que nos solicita una escucha y un cuidado específicos.

Los dioses diseminados por el mundo, siempre en movimiento, siempre de paso, impedían que las cosas fuesen tratadas como simples cosas: como utilidades, medios de fines, objetos de cálculo. 

Primero con la aparición de la razón desencarnada y luego con el cristianismo, se produce un corte. El corte entre lo sensible y lo inteligible. El espíritu reina desde entonces sobre la materia. Los vínculos dejan de ser amorosos y se vuelven instrumentales. El mundo deja de estar en nosotros y nosotros en el mundo. Las cosas ya no nos tocan, no nos mueven, no nos conmueven: son objetos a acumular, recursos a explotar, experiencias a consumir, paisajes que turistear.

“Las conexiones se han roto”, constata Lawrence, “los centros sensibles están muertos”. La facultad de relacionarse con el mundo de manera no instrumental radica en nuestro cuerpo, capaz de afectar y dejarse afectar, capaz de amor. El apocalipsis es el asesinato “del amante que hay en nuestro interior”, la sensibilidad que puede conectar con la fuerza o la virtud singulares de cada cosa (con su “dios”).

Lo que así nace es el individuo y el individualismo: un fragmento separado del mundo, una conciencia aislada del cuerpo, una máquina de calcular. La libertad pagana es una libertad relativa: en relación a algo, relacional. La libertad del individuo es absoluta: poder hacer lo que quiera, abstrayéndose de la materialidad de los afectos, los vínculos y los territorios. Libertad de no amar, de no vincularse, de conectar y desconectarse sólo según el interés.

Cada una de las catástrofes que nos acontecen desde la pérdida del Cosmos es sólo una réplica del primer gran terremoto: la instauración de la relación instrumental con el mundo.

El proyecto de las cosas

En nuestros días, una pensadora como Rita Segato despliega un discurso en el que podemos encontrar resonancias con Lawrence, desarrollado no por casualidad desde las tramas vitales del feminismo comunitario o popular. Aquel interesado no sólo en las libertades absolutas del individuo, sino sobre todo en las libertades relativas de los vínculos.

El patriarcado es la estructura de poder más antigua, piensa Segato, las demás la replican. ¿En qué consiste? En un mandato, el mandato de hacernos dueños de las cosas del mundo. El mandato de masculinidad es un mandato de dueñeidad (en primer lugar del cuerpo de las mujeres).

La modernidad capitalista retoma, acelera y extiende el proyecto de desvitalizar el mundo y convertirlo en cosa adueñable. En el corte brutal entre lo sensible y lo inteligible, lo sensible queda depreciado (es impuro, engañoso, caótico) y lo inteligible se identifica con el cálculo. La materia queda despojada de su vibración propia, de su principio inmanente de movimiento y autoorganización, de su “divinidad”.

La violencia que estalla hoy por todas partes es el producto de esta pulsión propietaria. Una “pedagogía de la crueldad” se hace necesaria para educarnos a tratar el mundo como mercancía, como objeto adueñable (y a gozar con ello). Trata y explotación sexual, violencia contra los migrantes, agresión conquistadora y predatoria… La pedagogía de la crueldad busca enseñarnos a “poner a distancia” el mundo para sojuzgarlo, controlarlo, explotarlo. Insensibilizarnos

Los movimientos de mujeres son subversivos porque rechazan el “deseo mimético” –oponerse al adversario copiando sus métodos y queriendo en el fondo lo mismo– y encarnan otro paradigma. El del proyecto de los vínculos. No la búsqueda de una utopía o el modelo de lo que debe ser, sino la capacidad de actuar aquí y ahora. No el principismo ideológico abstracto, sino la facultad de improvisar y atender necesidades concretas. No el tiempo apocalíptico del instante decisivo, sino el tiempo de los procesos de la vida.

Reanudar, re–anudarse

El Fin ya fue, ahora toca “reanimar los centros sensibles” (Lawrence), “repoblar el mundo de vínculos” (Segato). 

La razón apocalíptica es pasión de absoluto: solución final, nuevo comienzo radical. Pero el Fin nunca llega, la catástrofe nunca es tan total como esperábamos. Por eso, como decía el filósofo francés Maurice Blanchot, “el apocalipsis decepciona”. Se desilusionan sólo quienes vivieron de ilusiones.

Todo o nada, aquí o ahora, victoria o muerte: también la revolución se pensó en el siglo XX como apocalipsis, con resultados desastrosos. Porque no hay Fin, no hay ningún final de la Historia, no hay última palabra, la pelea es interminable: la vida recomienza todo el rato. La temporalidad emancipadora es la del proceso, la del continuo, la de lo interminable.

Recomenzar no es repetir, sino partir de lo que hay y crear algo distinto. Toda creación es recreación. Nada de lo que fue está realmente concluido, se puede prolongar siempre. Reanimar y reactivar las potencias del pasado. Aprendamos de las comunidades indígenas que vivieron su propio fin del mundo hace 500 años y resisten, insisten, siguen existiendo.

El miedo al Fin no activa, sino que disuade. La catástrofe por venir paraliza. Hoy es el método mismo de gobierno: “Nosotros o el caos”. Hay que oponer, al imaginario apocalíptico del Fin, una lógica de la reanudación. Del recomienzo y la reconexión. El apocalipsis ya fue. Ahora es tiempo –siempre es tiempo– de reanudar con la vida. Habrá futuro por añadidura.

10/09/2022

Autor. Es investigador independiente, activista, editor, 'filósofo pirata'. Ha publicado recientemente 'Habitar y gobernar; inspiraciones para una nueva concepción política' (Ned ediciones, 2020) y 'La fuerza de los débiles; ensayo sobre la eficacia política' (Akal, 2021). Sus diferentes actividades y publicaciones pueden seguirse en www.filosofiapirata.net.

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Lunes, 12 Septiembre 2022 05:55

21 años después

Fuerzas progresistas en Estados Unidos invitan a jóvenes a la rebelión antineoliberal que se manifiesta en apoyo a causas de las mayorías multirraciales, que son el futuro demográfico del país. Nuevas generaciones participan en movimientos como Ocupa Wall Street o Black Lives Matter. La imagen es de archivo.Foto Afp

A 21 años del atentado del 11-S, las fuerzas progresistas estadunidenses tienen más poder político real y potencial que en cualquier momento en décadas, y a la vez enfrentan una ofensiva neofascista sin precedente que amenaza el futuro de la república estadunidense.

El "centro" político, el llamado“ mainstream”, admite que ya no tiene el control absoluto sobre el manejo de la política ni el consenso suficiente que había garantizado la "estabilidad" política durante las últimas décadas. Ahora se habla diariamente, y en los más altos niveles del poder, sobre amenazas sin precedente al sistema democrático y hasta de "guerra civil".

En el 21 aniversario de los atentados terroristas en Nueva York y Washington y la declaración de la aparentemente infinita "guerra contra el terror", parte del saldo son las incontables muertes, masivas violaciones de derechos humanos y la destrucción de varios países mientras un complejo militar-industrial estadunidense goza de presupuestos anuales que están por llegar a unos 850 mil millones de dólares anuales, gasto superior al total combinado de los siguientes nueve países con los más grandes presupuestos militares en el mundo.

Vale recordar que Noam Chomsky comentó a La Jornada inmediatamente después del 11-S que ese atentado beneficiaría sobre todo a la derecha mundial, y a la vez era un golpe severo contra las fuerzas progresistas, los inmigrantes y con terribles consecuencias en particular para el pueblo palestino.

Es posible que entre las víctimas, ahora se tendrá que incluir la misma democracia estadunidense.

Esa "guerra antiterrorista" aparentemente no contempló a "terroristas domésticos", componente de esa derecha beneficiada, que no tenían que cruzar fronteras, ya que fueron hechos en EU y que hoy día se han convertido en lo que el Departamento de Seguridad Nacional califica de la mayor amenaza doméstica a la seguridad nacional.

Parte de lo que nutre a esos movimientos extremistas, muchos de corte neofascista, es la devastación de las vidas de trabajadores y granjeros blancos en sectores rurales e industriales tradicionales, empezando en los años 70 junto con las consecuencias de la imposición del neoliberalismo durante los últimos 40 años. Fuerzas de la derecha, muchas financiadas por multimillonarios, lograron canalizar la ira y desesperación para lograr, entre otras cosas, el triunfo de Donald Trump.

Al mismo tiempo, fuerzas progresistas ofrecieron a esos mismos sectores y a los jóvenes una invitación a una rebelión antineoliberal que en los años recientes se manifiesta, entre otras cosas, en un apoyo electoral masivo para políticos como el senador Bernie Sanders y otros que se identificaron como "socialistas democráticos" –sigue asombrando que una mayoría de jóvenes en Estados Unidos hoy dicen favorecer al "socialismo"– o defensores de la causa de las mayorías multirraciales que son el futuro demográfico del país. Esta expresión fue nutrida por nuevas generaciones que participaron en movimientos altermundista y más tarde Ocupa Wall Street, Black Lives Matter y del renovado movimiento ambientalista, entre otros.

Hemos repetido que intentar reportar objetivamente sobre la pugna política en Estados Unidos durante los últimos seis años se ha tenido que recurrir a dos palabras que casi nunca se habían usado en décadas: fascismo y socialismo.

No es que haya desparecido la cúpula política, pero todos los días esa misma es obligada a reconocer que está enfrentando una crisis existencial.

Algunos se preguntan, 21 años después del 11-S, si aún existe la democracia en Estados Unidos.

"Hay un desconecte fatal entre un sistema político que promete igualdad democrática y libertad mientras lleva a cabo injusticias socioeconómicas que resultan en una desigualdad de ingreso grotesca y el estancamiento político. Logrado durante décadas, este desconecte ha extinguido a la democracia estadunidense", concluye el periodista Premio Pulitzer y analista Chris Hedges.

Y ahora, 21 años después, ¿qué sigue?

The Raconteurs. Old Enough. https://www.youtube.com/watch?v=1qahZ-whM6o

Trombone Shorty. Everybody in the World. https://open.spotify.com/track/70RbQvnu8FCOQmzViUfDue?si=a814d34e1f66401d

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