El logo del BCE a la entrada de su sede en Fráncfort. — Daniel Roland / AFP

El banco central con una política monetaria más agresiva es el de Zimbabue con unos tipos de interés del 200% para doblegar los movimientos especulativos contra su moneda en una economía con tradición de hiperinflación y cuya estrategia contrasta con un precio del dinero aún en territorio negativo en dos mercados de rentas altas como Suiza y Japón.

El inesperado movimiento de medio punto de encarecimiento del dinero por parte del BCE confirma que el pistoletazo de la carrera monetaria internacional lanzado en diciembre pasado por el Banco de Inglaterra (BoE) entre los bancos centrales de potencias industrializadas se ha escuchado en la práctica totalidad de las capitales del planeta. Aún con excepciones, como en Japón, a pesar de que su moneda, el yen, ha retrocedido en los cuatro primeros meses desde el estallido de la guerra de Ucrania en casi un 17% frente al dólar y acaba de superar la psicológica barrera de los 140 yenes por cada billete verde americano, en medio de mensajes cada vez más insistentes del mercado en los que se reclama al BoJ una primera maniobra alcista de los tipos de interés que acuda en defensa de la cotización de su divisa. Ni siquiera el Banco de Suiza, que encareció en medio punto a finales de junio el precio del franco de su territorio, moneda refugio en época de vacas flacas bursátiles, aunque para aproximarlo a la cota cero; es decir, sin sacar aún los tipos de territorio negativo a la espera de que la economía helvética sortee unos posibles números rojos.

En esta trayectoria de súbito encarecimiento del dinero y, por tanto, de restricciones financieras a hogares y empresas para frenar la alocada escalada de la inflación en todo el mundo y que ha cobrado especial celeridad tras el estallido del conflicto armado en Europa, el BCE acaba de dar por finalizada a su etapa de rebajas de tipos. Es el primer toque alcista en once años, cuando el hasta ahora primer ministro italiano, Mario Draghi -devorado, una vez más, por otra crisis política transalpina- dominaba las riendas de la institución monetaria del euro y el que determina que la carrera de los bancos centrales, efectivamente, tiene como misión esencial frenar la espiral inflacionista. Más que espolear unas economías en riesgo latente de recesión a pesar de escaso bagaje del ciclo de negocios post-covid.

En este panorama, el mapa de tipos de interés en el mundo se ha distorsionado. Con naciones que han encarecido hasta límites estratosféricos el precio de su dinero. Como Zimbabue, que ha disparado su tasa hasta el 200%. Récord absoluto. Pero una maniobra impulsada desde su banco central para hacer frente a una doble amenaza. Por un lado, para contener el meteórico ascenso de los precios y, en paralelo, lejos de ser además un segundo plato, para estabilizar su moneda de los ataques especulativos y que ha llevado a su gobierno a decretar la reintroducción oficial del dólar como divisa de curso legal en el país.

Estos movimientos del mercado contra el llamado dólar RTGS (siglas en inglés de Liquidación Bruta en Tiempo Real), que se instauró en febrero de 2019 después de un carrusel de cambios monetarios que se inició en 2009 cuando el dólar de EEUU puso el epitafio a 29 años de vida del zimbabuense que, a su vez, reemplazó al rodesiano, la antigua denominación del país, adoptado en 1970, han motivado otra cirugía urgente del banco central. Acostumbrado, sin embargo, a lidiar con intensos episodios de hiperinflación, ya que el IPC del país subsahariano alcanzó el estratosférico registro del 231.000.000% en 2009 y motivó la penúltima adopción del billete verde americano, que ha duró un decenio. Porque la última acaba de ser decretada por las autoridades de Harare.

El termómetro catastrofista de Zimbabue

La de Zimbabue ha sido una gestión monetaria en estado de permanente estado de alarma, tal y como se reconoce desde la diplomacia económica española. Es un mercado que "se ha visto en la obligación de adoptar una cesta de monedas internacionales liderada por la divisa de EEUU y que ha permitido a la gente pagar en dólares, rands sudafricanos, bonos y mediante un sistema de pago por teléfono móvil (Ecocash)", a pesar de que en esa cesta de monedas se encontraba también el yuan, la moneda china apenas se llegó a utilizar, precisan las autoridades comerciales que resaltan, a la vez, la condición de Zimbabue como economía mayoritariamente importadora para explicar su fragilidad. Con cierta frecuencia -aducen- se queda sin dólares estadounidenses para hacer frente a las operaciones comerciales tanto locales como internacionales.

El gobernador de su banco central, John Mangudya, justificó la subida de tipos del 80% al 200% que, en el fondo, desde el inicio de año, ha supuesto un alza de 14.000 puntos básicos, la de más calado de todo el planeta, en la necesidad de restaurar la demanda del consumo y la confianza en los gastos de los hogares ante la persistente nueva escalada de la inflación porque, en el caso de que no surta efecto, "se perderá irremediablemente el progreso económico de los últimos dos años". Además de apelar a la mayor subida de tipos desde los años ochenta ante unas tasas de precios en estado de ebullición que impulsan la huida de capitales y debilitan las divisas tanto de potencias industrializadas como de mercados emergentes y naciones en desarrollo, aseguró Mangudya, "dañando también las rentabilidades de los mercados de bonos".

La inflación saltó un 192% en junio en Zimbabue en términos interanuales, su mayor incremento en más de un año, porque el precio de los alimentos se triplicó con creces lo que, además, llevó a una dura depreciación del dólar zimbabuense que ha perdido más de dos terceras partes de su valor respecto al dólar este año. El peor comportamiento monetario de todo África.

Desde el Ministerio de Finanzas que dirige Mthuli Ncube se promete hacer causa común con el gobernador. "El Gobierno está enfocando claramente su política económica al mantenimiento del sistema de multi-divisas basado en el uso dual del dólar americano y zimbabuense" para que se consigua "eliminar la especulación y el arbitraje" en los mercados cambiarios. Motivo por el que -afirma Ncube- "el uso del billete verde americano se prolongará durante otro periodo de 5 años". Así como el repunte de la tasa de depósito bancario hasta el 40% desde el 12,5% y el uso de monedas de oro en circulación como medida de intercambio de valor alternativa. Unidades que serán acuñadas y gestionadas desde la estatal Fidelity Gold Refineries que las venderá a los habitantes y empresas del país a través de los canales bancarios, apuntó Mangudya sin ofrecer mayores detalles, aunque la pretensión sea la de crear un precio alternativo a la moneda oficial.

Sin embargo, la reacción económica y monetaria oficial no parece contentar ni a empresas ni a expertos. OK Zimbabwe, la mayor compañía de comercio minorista del país, duda de que esta doble estrategia pueda torcer la trayectoria inflacionista y considera que la espiral de precios, la volatilidad de los tipos de cambio y el desorbitado precio del dinero contribuirán a deteriorar su cuenta de resultados. También Jee-A van der Linde, economista de Oxford Economics emite una nota en la que "pone en serias dudas la eficacia de unos tipos de interés tan altos sobre el IPC" y en la que advierte de un "deterioro gradual de las condiciones de vida y del clima empresarial a corto plazo".

Pulso entre economía e inflación

Las tensiones generadas por una fase de estanflación demasiado pasajera y que pronostica un clima tormentoso en medio de cumbres borrascosas a partir de otoño ha propiciado un cuadro de mando con múltiples variaciones entre los bancos centrales. Sometidos al dilema de hallar el punto de equilibrio entre el control de los precios y el estímulo de sus economías. Así lo concreta un reciente estudio elaborado por el World Economic Forum (WEF), la institución que gestiona las cumbres de Davos, y Visual Capitalist en el que pasan revista de forma gráfica y elocuente a la capacidad de resiliencia emprendida por las autoridades monetarias desde que el estallido del conflicto armado en Ucrania ha distorsionado completamente los precios y elevado las cotas de riesgo sistémico globales.

En su diagnóstico conjunto inciden en que el precio del dinero se apresta a protagonizar un año con múltiples subidas, las mayores en décadas, que generan dudas sobre el punto de reversión de los índices de inflación, y menos incertidumbre sobre la reducción de la capacidad de compra de las familias y de los proyectos de inversión empresariales. "Es como una bola de nieve que se desliza por la ladera y coge cada vez más dimensión" sobre la que la Reserva Federal ha decidido actuar con mucha mayor celeridad y con un calibre monetario mucho más amplio que el de otras autoridades como el BCE. La infografía de Visual Capitalist resulta elocuente. Junto a la evolución de los tipos en las potencias industrializadas.

El WEF describe el escenario al que se enfrentan las autoridades monetarias como la de un viaje en coche en el que el conductor necesita frenar -aplicar tipos al alza- para evitar un obstáculo en medio de la carretera. Pero, en este desplazamiento, hay bancos centrales con los frenos más sobrecalentados que otros, explican, para hacer frente a una espiral de precios que ha disparado las tasas de inflación desde el pasado otoño, aunque se ha intensificado de manera muy aguda a raíz de la invasión rusa de Ucrania. Con efectos colaterales perniciosos en las cadenas de valor, la demanda de materias primas de todo tipo; pero en especial energética y alimenticias y unos colapsos logísticos de los flujos de bienes, servicios y capitales.

Estos esfuerzos por combatir la inflación ya se han trasladado a los tipos interbancarios y a los depósitos de las entidades financieras que han encarecido hipotecas y condiciones prestamistas consumidores y empresas y que han deteriorado súbitamente "la favorable climatología que se había instalado sobre el consumo desde el comienzo del ciclo de negocios post-covid". Ahora, será más arriesgado financiar la compra de una vivienda o un coche -admite el WEG- y mucho más complejo disponer de liquidez inicial para amortiguar cualquier montante crediticio. Y, de igual manera, será más costoso llenar una cesta de la compra sobre la que las compañías habrán repercutido ya el valor adicional de sus costes productivos y operativos.

Entre las economías de rentas altas las hojas de ruta hacia el encarecimiento del dinero tampoco están siendo demasiado sincronizadas. Por no decir que siguen velocidades distintas en rumbos divergentes en función de las cotas de inflación que se ven obligados a reducir por debajo del 2%, el límite que, por norma general, rige en sus mandatos estatutarios como contraprestación a su asunción de la soberanía monetaria que les entregaron en su momento los Estados.

La Fed, por ejemplo, ha sido la más agresiva con una subida de tres cuartos de punto, la última, desconocida desde 1994 y que dejó en junio los tipos en el 1,5%. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, adujo que la inflación es la prioridad monetaria de los próximos meses y que resulta imperiosa la acción del organismo regulador por hacer retroceder un IPC en los niveles más elevados de los últimos cuatro decenios. La senda de incrementos iniciada en enero podría prolongarse hasta mediados de 2023, aduce el mercado.

En el otro lado, el BCE, ha retrasado siete meses respecto a la Fed el primer gesto alcista de los últimos casi once años, pese a tener la inflación de la zona del euro por encima del 8%, un hecho excepcional, que lleva varios meses de registros desorbitados y que precipitará nuevas subidas en septiembre y diciembre, según su nueva política de rigor informativo que está avanzando no pocas decisiones de inversión y gasto, aunque sin lograr estabilizar las disrupciones del mercado.

La tensión, pues, no es si los bancos centrales incrementarán el precio del dinero sino, más bien, cuánto y hasta cuándo mantendrán esta política restrictiva para frenar la inflación. Porque hay partidarios del estilo Paul Volcker, presidente de la Fed en los ochenta, que llegó a elevar tipos hasta el 20% durante el último gran episodio inflacionista de EEUU y precipitó a su economía a la recesión para rebajar el IPC de sus dobles dígitos. En cambio, quienes apelan a la moderación admiten que un aumento sosegado del precio del dinero complicaría anticipar o comprobar el momento en el que las tasas de inflación tocan techo y si la primera bajada de los precios será un punto de regresión continuado que les devuelva en el medio plazo a su estadio de control por debajo del 2%. Como reconoce el propio Jerome Powell, presidente de la Fed: "siempre hay un riesgo de ir demasiado lejos o de no hacer lo suficiente, aunque por encima de todo está el temor a no cumplir con el juramento de tener los precios bajo control".

Los bancos centrales son las únicas instituciones capaces de influir con su gestión monetaria en la consecución de una demanda equilibrada. Algo determinante porque esta espiral inflacionista está motivada por las distorsiones en las cadenas de valor asociadas, desde el otoño pasado, a unos precios energéticos desbordados por los cortes de suministro del gas ruso, a la guerra de Ucrania, a la revalorización fulminante de las materias primas y a los cuellos de botella tanto comerciales como logísticos que todavía atenazan a los flujos de bienes y servicios y que han colisionado con las inversiones directas en el exterior a cuyas huidas de ciertos mercados han contribuido las sanciones económicas occidentales a Rusia y las respuestas del Kremlin desde su escudo financiero forjado con la colaboración de China.

 24/07/2022 20:43  

Publicado enEconomía
En su visión, Tony Blair deja en el aire a India e Indonesia, lo cual no presagia nada bueno.Foto Ap

En su tétrica oración fúnebre, más que conferencia, en Ditchley Foundation, el megapolémico ex primer británico Tony Blair (TB), al borde de la depresión mental y dentro de su simplista esquema "bipolar" entre EU y China –sin Rusia–, asentó la "asociación estratégica" del binomio hoy indisoluble de China y Rusia, al que se sumaría Irán (https://bit.ly/3vvn3Zl).

TB dejó flotando en el aire a India e Indonesia (máxima población islámica del mundo), lo cual no les presagia nada bondadoso de parte de la Pérfida Albión.

Se pudiera aducir que el "eje Rusia/China/Irán" es más de corte geoestratégico, cuando Irán mantiene simultáneamente óptimas relaciones con China y Rusia –no se diga con India–, pese a la afilada y punzante espada de Damocles de las sanciones de EU y la amenaza permanente de un ataque de Israel que, con el apoyo de Washington, ejerce unilateralmente el monopolio de más de 250 bombas nucleares en Medio Oriente.

La relevante visita reciente del presidente ruso Vladimir Putin a Teherán (la quinta en su haber, lo cual es muy significativo) –para concurrir a la cumbre trilateral con el sultán Erdogan, de Turquía, bajo el “formato Astana (https://bit.ly/3czsIXB)” diseñado para resolver el contencioso de Siria– descolgó un trascendental acuerdo en materia de hidrocarburos por 40 mil millones de dólares (https://bit.ly/3oks42G).

Global Times de China expresa que la visita de Putin a Teherán constituyó un "fuerte revire" que le "pisó los talones" al viaje de Biden, quien "regresó con las manos vacías de Medio Oriente"–al no poder crear una "OTAN árabe", es decir, un "frente contra Irán" y, peor aún, sin poder incrementar la producción de petróleo de las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo, encabezadas por Arabia Saudita (https://bit.ly/3B9lDHi).

Irán acaba de ingresar al geoestratégico Grupo de Shanghai (https://bit.ly/3IYrKQz) y ha aplicado para pertenecer a los BRICS, en la fase del supremo líder de la teocracia chiíta, el ayatolá Jamenei, y de su presidente Ebrahim Raisi.

El jázaro Jake Sullivan, muy mediocre asesor de Seguridad Nacional de Biden, aseveró que Irán planea entregar "centenas" de drones de combate a Rusia (https://bit.ly/3yUBnLE), mientras que otro jázaro adicto a la incoercible rusofobia, Anshel Pfeffer, exagera de que “Putin perdió la guerra de los drones y cómo Irán lo puede ayudar en Ucrania (https://bit.ly/3yYZ3i6)”.

Dos puntos salientes que llamaron mi atención fueron: 1. La "gradual desdolarización" de Turquía, todavía miembro de la OTAN, e Irán y 2. El transcendental corredor geoeconómico de transporte –por tierra, ferrocarril, y mar de 7 mil 200 kilómetros– "Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés)" que conecta Rusia e India a través de Irán y Azerbayán en el mar Caspio (https://bit.ly/3oj19EB).

En la medición nominal del PIB por el FMI, Irán ocupa hoy, pese a las devastadoras sanciones de EU, el sitial 14 –1.74 billones de dólares, ¡antes de España y detrás de Australia!–, mientras Turquía ha periclitado al lugar 23, con 692 mil 380 millones de dólares, lo cual ha perjudicado la cotización de la lira turca.

Según Bloomberg, Turkye (su nuevo nombre) busca abandonar el dólar en sus pagos por la energía de Rusia, lo cual “podría amainar la declinación de sus reservas (https://bloom.bg/3BbITok)”.

La nueva ruta de India a Rusia, pasando por Irán y Azerbayán, disminuirá la mitad la logística presente.

El INSTC (https://bit.ly/3Pqzqxn) constituye la conectividad más corta entre India y Rusia, lo cual reducirá sus costos de logística y el tiempo de transporte.

A su vez, Azerbayán e Irán han concretado un nuevo acuerdo de transporte (https://bit.ly/3v6nfxC) que se vincula con Rusia e India y forma parte del INSTC.

Irán se posiciona así como un hub (encrucijada) de dos ejes futuristas, uno geopolítico (con China) y otro geoeconómico (con India), con tres superpotencias convergentes (el RIC: Rusia/India/China), mientras Turquía, miembro de la OTAN, medita su dilema existencial de permanecer en un bloque "occidental" que lo desdeña o revivir su glorioso pasado medioriental/centroasiático.

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Sri Lanka: Se acabó el partido para los Rajapaksa

Victoria de la revuelta popular

 

El movimiento ciudadano de Sri Lanka, llamado Janatha Aragalaya (Lucha Popular), se anotó su victoria más importante hasta la fecha cuando Gotabaya Rajapaksa anunció a través del Presidente del Parlamento que dimitiría el 13 de julio, a mitad de su mandato presidencial. Su decisión de rendirse, tras resistir durante meses a la demanda central de las protestas públicas ‒#GotaGoHome‒, consecuencia política de la devastadora crisis económica de la isla, se produjo tras las protestas masivas del 9 de julio.

Símbolos del Estado

Estas manifestaciones en toda Sri Lanka tuvieron su colofón espectacular en Colombo, con la ocupación de tres símbolos de la autoridad del Estado: la sede de la Presidencia (asediada por los manifestantes desde hace tres meses); la residencia oficial del presidente (de la que huyó horas antes para, al parecer, refugiarse en un barco de la marina); así como la residencia oficial del primer ministro (desocupada desde principios de mayo, pero fuertemente fortificada), rompiendo las barricadas metálicas y vallas de hierro y las filas del personal de seguridad del Estado.

Más de 100.000 personas, de todas las clases sociales, géneros, etnias, edades, creencias religiosas y convicciones políticas convergieron en la capital comercial, superando, por su número y determinación, a al menos 20.000 militares y policías armados que lanzaron gases lacrimógenos, emplearon cañones de agua, desataron la violencia física y dispararon munición real, lo que provocó que tres manifestantes resultaran heridos de gravedad por arma de fuego y al menos 105 fueran hospitalizados.

Esa misma noche, la residencia privada del primer ministro fue incendiada de forma intencionada en circunstancias sospechosas. Una multitud enfurecida la rodeó, probablemente atraída por las alertas de las redes sociales y la transmisión en directo de las brutales agresiones de la policía paramilitar a los periodistas que filmaban las protestas pacíficas cerca de su casa. El primer ministro se había resistido a las peticiones de dimisión. Creía que podría asegurar su posición o incluso asumir la Presidencia tras la destitución de Gotabaya Rajapaksa. Pero, por muy astuto que sea,  calculó mal.

Líder del UNP

Ranil Wickremesinghe, líder vitalicio del opositor Partido Nacional Unido (UNP) y su único parlamentario tras la humillante derrota de 2019, fue nombrado primer ministro por Gotabaya Rajapaksa el 12 de mayo, a pesar de carecer de apoyo mayoritario en el legislativo controlado por el partido del Presidente y, lo que es más importante, de toda legitimidad popular.

Esta maniobra se produjo tras la dimisión del titular Mahinda Rajapaksa (hermano mayor del Presidente y dos veces presidente) y debido a la inestabilidad política dentro del gobierno, al darse cuenta los parlamentarios del partido gobernante de la profunda crisis económica y la creciente impopularidad de la familia del presidente (cuatro de cuyos miembros eran ministros del gabinete).

Mahinda Rajapaksa había convocado a sus partidarios en Colombo el 9 de mayo para una muestra de apoyo que le permitiera asegurar su posición como primer ministro durante un estado de emergencia. Estos agentes locales de los parlamentarios fueron movilizados para atacar físicamente a los manifestantes acampados desde hacía semanas frente a la residencia oficial del primer ministro (Temple Trees) y la sede de la Presidencia (Secretariat).

La indignación y la solidaridad de la población fueron inmediatas, y la gente acudió espontáneamente a contraatacar a los matones cuando estos empezaron a abandonar la ciudad para regresar a sus pueblos y aldeas. Esta contraviolencia localizada se extendió rápidamente a todo el país: se incendiaron las casas y otras propiedades de 78 parlamentarios fieles a Rajapaksa y representantes de gobiernos provinciales y locales. Diez personas murieron, entre ellas un legislador del partido gobernante, y más de 200 resultaron heridas.

Durante los enfrentamientos violentos de la tarde y la noche del 9 de mayo, las fuerzas de seguridad observaron pasivamente los asaltos y la destrucción, pero posteriormente detuvieron a más de 2.500 personas, entre ellas manifestantes no afiliados a ningún partido y dirigentes del izquierdista Janatha Vimukthi Peramuna (JVP, Frente de Liberación Popular), simplemente a partir de las listas de nombres facilitadas a las fuerzas policiales locales por los correligionarios agraviados del presidente.

La sorprendente ascensión de Ranil Wickremesinghe al puesto de primer ministro, que había ocupado hasta entonces en cinco ocasiones desde 1993, fue denunciada por el núcleo duro del movimiento ciudadano, así como por la oposición parlamentaria, por ser un intento de desviar la campaña para derrocar al presidente y echar a su familia del poder.

Algunos sectores de la clase media, grandes empresas, la sociedad civil liberal y de derechas, diplomáticos y donantes aclamaron a Wickremesinghe como el salvador de Sri Lanka, que aportaba la estabilidad política que faltaba y las credenciales para llevar adelante las medidas económicas neoliberales aplazadas; entablar negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para salir de la crisis monetaria y emprender la reestructuración de la deuda externa con los acreedores privados y bilaterales que supuso el primer impago soberano de Sri Lanka tras la independencia, el 12 de abril.

Los recelos del movimiento ciudadano estaban plenamente justificados. Disminuyeron la amplitud e intensidad de las protestas públicas diarias. Se dijo que las manifestaciones ya no tenían sentido y que eran perjudiciales para la estabilidad económica, que requiere orden y paz social para tranquilizar a los acreedores internacionales y a los turistas e inversores extranjeros. Hubo varios intentos de cooptar a sectores de manifestantes y de aparentar que había un diálogo con quienes pretendían a lo que es un grupo amorfo, independiente de los partidos políticos y carente de personalidades carismáticas.

En lugar de allanar el camino a la destitución del presidente, Wickremesinghe pareció contentarse con gobernar junto a él en un futuro inmediato. Consiguió deserciones de los partidos de la oposición para reforzar su nuevo gabinete dirigido por el presidente. No introdujo los cambios constitucionales exigidos por el pueblo para limitar drásticamente los poderes ejecutivos de Gotabaya Rajapaksa mientras permaneciera en el cargo, como medida provisional para la abolición de la omnipotente presidencia ejecutiva. Tampoco pudo aliviar la miseria de la gente común, cuyos medios de subsistencia y vidas están siendo golpeados por una crisis económica de proporciones desconocidas y dolorosas.

Ventaja política

Los acontecimientos del 9 de julio han permitido recuperar la ventaja política de la efímera diarquía de Gotabaya Rajapaksa y Ranil Wickremesinghe.

Las multitudes superaron muchos obstáculos. El Departamento de Policía advirtió de un posible ataque terrorista en el período previo a la movilización, con el objetivo de sembrar el miedo entre el público. El Inspector General de la Policía decretó ilegalmente un toque de queda indefinido que prohibía la circulación de la población en la noche del 8 de julio, pero se vio obligado a anularlo a las pocas horas de la mañana siguiente, en respuesta a las denuncias de políticos de la oposición y grupos de abogados. Sin embargo, el daño que se pretendía hacer estaba hecho, ya que se canceló la circulación de trenes y autobuses públicos, negando a los manifestantes esos medios de transporte. Mientras tanto, la única empresa de combustible con existencias suspendió la distribución, también con la intención de interrumpir la movilidad.

En una notable demostración de voluntad, la gente se abrió camino desde el sur profundo, las colinas centrales y la costa occidental. Los que se habían reunido en las estaciones de ferrocarril de Avissawella, Galle, Kandy y Matara requisaron los trenes disponibles, adornando la parte delantera con pancartas contra el gobierno, para viajar. Otros encontraron algún autobús privado, camión, tractor, furgoneta u otros vehículos que aún tuvieran gasoil o gasolina, en los que pudieran apretujarse. Un gran número de personas se desplazó en bicicleta bajo un calor abrasador, mientras que otras caminaron decenas de kilómetros durante todo el 9 de julio para llegar de alguna manera a Colombo. Llegaron vestidos de negro, ondeando la bandera nacional, sosteniendo carteles caseros y coreando lemas y mensajes antigubernamentales que han llegado a todas partes.

El día anterior, los estudiantes de las universidades estatales fueron convocados en Colombo por la Federación de Estudiantes Interuniversitarios (IUSF), durmiendo en la calle durante la noche. Las manifestaciones del día 9 no se limitaron a Colombo. En todas las ciudades importantes y en muchos lugares más pequeños, la gente salió a la calle, golpeando cacerolas, ondeando banderas y expresando su ira y su demanda de un cambio político, desde Galle, de mayoría cingalesa, en el sur, hasta Jaffna, de mayoría tamil, en el norte, y Batticaloa, en el este. También hubo manifestaciones de solidaridad de la diáspora de Sri Lanka (en su mayoría de la comunidad cingalesa, pero también musulmana y un número menor de tamiles, lo que refleja las fracturas y la desconfianza) en Australia, Nueva Zelanda, Norteamérica y Europa Occidental, el mismo día.

Impensable

¿Cómo registrar lo que era impensable incluso hace unos meses: la toxicidad de los Rajapaksa? ¿Cuál es el carácter del movimiento ciudadano y el lugar que ocupan en él los trabajadores organizados y la izquierda? ¿Cuáles son las divisiones y las contradicciones que tiñen la respuesta de la nación tamil y de la comunidad étnico-religiosa musulmana hacia la Janatha Aragalaya? ¿Qué ocurre ahora, si es que el presidente y el primer ministro dejan sus cargos?

Lo que ha conseguido el movimiento ciudadano en cuestión de meses, por muy prolongado y agotador que parezca para los que han participado en él, tiene que calar. El año pasado era inimaginable que Gotabaya Rajapaksa no completara su mandato como presidente, ni que su sucesor, si no se presentaba (y probablemente ganara) de nuevo, no fuera otro Rajapaksa. Tampoco era concebible que, al menos durante otra generación, los Rajapaksa estén muy tocados y sean incapaces de hacer una apuesta directa por el poder a corto o medio plazo. El profundo temor que suscitan las críticas a la primera familia y sus métodos extralegales para tratar a los disidentes se ha disipado.

Desde la primera victoria electoral de Mahinda Rajapaksa en 2005, los megaproyectos de infraestructuras financiados con préstamos extranjeros, la derrota de los separatistas Tigres de Liberación de Tamil Eelam (TLTE) en 2009, que puso fin a 26 años de prolongada guerra interna, y la consolidación del nacionalismo budista cingalés, que ha sido la ideología del Estado desde la independencia tras 443 años de colonialismo europeo, este personaje se había ganado el cariño de la nación cingalesa (que abarca casi el 75 % de los 22 millones de habitantes).

Gotabaya Rajapaksa, aunque carece del magnetismo y la astucia de su hermano mayor, estuvo asociado a estos logros como ministro de Defensa oficioso y como burócrata encargado del reasentamiento de los pobres de la ciudad para embellecer Colombo, y el desarrollo de espacios comerciales y de ocio. Su perfil de persona ajena a la política partidaria y de hacedor sin complejos le granjeó el favor de los empresarios, los grupos profesionales, la clase media y los funcionarios públicos, hartos de que unos políticos ineptos se aprovecharan de su cargo y se entrometieran en la administración del Estado.

Cuando el candidato novato Gotabaya Rajapaksa ganó la elección a la presidencia con más del 52 % del voto popular (6,9 millones) en noviembre de 2019, la única pregunta que cabía hacerse era con qué margen ganaría el recién fundado Sri Lanka Podujana Peramuna (SLPP, Frente Popular), liderado por Mahinda Rajapaksa, en las elecciones parlamentarias de agosto de 2020. De hecho, el SLPP obtuvo el 59 % de los votos emitidos, obteniendo 145 escaños en un parlamento de 225 miembros, muy poco menos de la mayoría de dos tercios que buscaba para realizar cambios constitucionales que reforzaran los poderes del presidente. Esta modificación se produjo, con el apoyo de aliados, debilitando la independencia del primer ministro y del gabinete, así como la de las instituciones supervisoras.

Sin embargo, su trayectoria en el cargo, coincidiendo con la pandemia de covid-19, decepcionó enormemente al núcleo principal de sus votantes. Aunque la campaña de vacunación de Sri Lanka fue un éxito en la región, su dependencia de militares y exmilitares (entre los que se encuentra él) para gestionar las funciones civiles provocó el rechazo de los funcionarios de carrera. Su incapacidad o falta de voluntad para frenar la venalidad de los legisladores del partido gobernante, incluidos los de su propia familia, decepcionó a la opinión pública. Por encima de todo, su mala gestión de la economía ‒incluida la prohibición de los insumos químicos en la agricultura‒, que agravó una crisis que amenazaba desde hacía décadas, hizo añicos el mito de la eficiencia tecnocrática cultivado por sus antiguos partidarios.

Movimiento ciudadano

¿Cuál es la naturaleza y la identidad del movimiento ciudadano que se autodenomina y es conocido en la sociedad con el nombre de Janatha Aragalaya? Insiste mucho en que es apartidista (nirpakshika), es decir, no afiliado a ningún partido político ni a ninguna ideología. Esto es novedoso en una sociedad en la que los partidos políticos de todo el espectro ideológico han sido vehículos de protesta social o se han apropiado rápidamente de dichas protestas. De hecho, su pundonor es que rechaza a todos los partidos representados en el parlamento, considerándolos culpables de las oportunidades perdidas durante 74 años desde la descolonización en 1948. Se enorgullece de ser no violento (samakami), algo que no es insignificante en términos de aceptación popular, cuando Sri Lanka ha experimentado tres veces levantamientos armados de jóvenes desde 1971. Desde el principio ha habido mensajes claros de oposición al racismo, entendido tardíamente y aún de forma incompleta, como algo que ha sido utilizado por la clase dirigente para dividir a la población en función de su etnia (cingalesa, tamil y musulmana) y su religión (budista, hindú, islámica y cristiana).

No tiene un líder dominante ni un portavoz identificable, sino que aglutina una variedad de orígenes y grupos de interés unidos por su rechazo a Gotabaya (Gota) Rajapaksa y su familia, pero también por su determinación de llevar a cabo lo que denomina cambio de sistema, es decir, corregir los defectos estructurales del sistema político, como la concentración y la centralización del poder en la presidencia, el nombramiento y la elección de los representantes políticos, y una nueva constitución que sustituya a la de 1978, basada en la atribución de poderes ejecutivos al cargo de presidente.

No critica ni defiende el capitalismo, ni siquiera el neoliberalismo. A lo sumo está a favor de los servicios de salud y educación gratuitos y de los programas sociales, que son lo que queda del Estado de bienestar de Sri Lanka. Pero, sobre todo, el movimiento refleja la ideología dominante en su adaptación y normalización de la liberalización económica: mercados desregulados, precios fijados por cárteles, privatización, inversión extranjera y crecimiento impulsado por las exportaciones.

Aunque a menudo lo califican de clase media y juvenil ‒no en sentido positivo‒, estas categorías no son exactas en su aplicación en Sri Lanka, ni precisas en todos los contextos. La composición social del principal lugar permanente de protesta, la llamada GotaGoGama (Aldea Gota Vete), adyacente a la sede de la Presidencia, es mayoritariamente cingalesa y budista, la edad de sus componentes oscila en su mayoría entre los 20 y los 40 años, y son autónomos y aspirantes a profesionales, pero también jóvenes de clase trabajadora y estudiantes de clase media baja. Es mayoritariamente masculino, pero con mayor representación y visibilidad de las mujeres que en los sindicatos y en la izquierda. Los voluntarios y visitantes proceden de todas las comunidades étnicas, géneros, sexualidades y credos, así como de personas mayores, entre las que se encuentran activistas de larga trayectoria, dinamizados por este movimiento único y sin precedentes.

Este movimiento ciudadano no empieza ni termina donde está más concentrado y visible, en Galle Face Green, en el corazón de la Colombo de la época colonial británica. También hay campamentos permanentes en otras ciudades y pueblos: Anuradhapura, Badulla, Galle, Gampola, Jaela, Kandy, Kurunegala, Matara, Monaragala, Negombo y Ratnapura. Más allá de esto, este movimiento incluye la forma en que comenzó: protestas a pequeña escala de personas que se reúnen cada noche o semanalmente en sus barrios para sostener pancartas, ondear la bandera nacional y corear consignas contra el gobierno. En cada lugar, la multitud varía según la clase, el origen étnico y religioso.

Todo comenzó a finales de febrero, cuando un puñado de trabajadores y amigos de un suburbio de Colombo, hartos de los cortes de luz cada vez más prolongados y de la escasez de productos esenciales, organizaron pequeñas vigilias silenciosas con velas encendidas, de una o dos horas de duración cada noche. Inspiradas por este ejemplo y buscando maneras de expresar su frustración con el gobierno, más personas de la región de Colombo se sumaron a esta acción. Les animaron a emprender iniciativas similares en sus propios barrios.

A finales de marzo ya había numerosas vigilias de este tipo, lo que llamó la atención de los medios, siguiendo el mismo formato de llevar velas o antorchas encendidas para simbolizar la oscuridad que reinaba en los hogares debido a los cortes de luz; y mostrando carteles hechos en casa que echaban la culpa al gobierno y especialmente al ministro de Hacienda (y hermano menor del presidente), Basil Rajapaksa, así como al entonces gobernados del Banco Central, Ajith Nivard Cabraal, por su mala gestión de la economía.

Una de las reivindicaciones más constantes ha sido la de “Devolved nuestro dinero robado”, dirigida principalmente a los Rajapaksa, de quienes se cree que han acumulado una fortuna importante mientras estaban en el gobierno y que está oculta en el extranjero, ya que las arcas del Estado empezaron a agotarse en 2022 limitando las importaciones, incluidas las de carbón y gasóleo para la electricidad.

En las zonas más acomodadas de Colombo, algunos portaban carteles en los que se podía leer “Vete al FMI”. Desde el año pasado, existe una corriente de opinión entre los economistas, las asociaciones empresariales y la clase media alta, según la cual solo el Fondo Monetario Internacional (FMI) puede rescatar la economía, instituir las reformas políticas necesarias y facilitar el acceso de Sri Lanka a nuevos préstamos del mercado monetario internacional. Esta creencia de que el recurso al FMI no solo es inevitable, sino incluso deseable, se ha convertido en sentido común dentro de la sociedad política y civil. No ha habido ningún debate serio sobre cómo Sri Lanka cayó en la trampa de la deuda (51.000 millones de dólares en una economía de 80.000 millones de dólares); ni sobre si esas deudas deberían ser repudiadas como ilegítimas. Solo recientemente se han escuchado voces aisladas que piden una auditoría de la deuda.

El punto de inflexión del movimiento se produjo el 31 de marzo, cuando una protesta rutinaria y pacífica cerca de la residencia privada del Presidente, en un suburbio de clase media de Colombo, se llenó espontáneamente de jóvenes y otras personas enfadadas por los cortes de electricidad, que habían aumentado de 10 a 13 horas, la escasez de combustible y medicamentos y el aumento de los precios de los alimentos. Se produjeron choques violentos mientras la policía defendía la casa del Presidente. Gotabaya Rajapaksa, que había sido evacuado previamente, fue trasladado por su equipo de seguridad a su residencia oficial fortificada, donde iba a permanecer sin comparecer públicamente hasta realizar salida precipitada la semana pasada, en el primer revés de su carrera.

Lejos de desacreditar al movimiento ciudadano, la brutalidad de la policía y el intento de los políticos gobernantes de compararlo con la primavera árabe desencadenaron una ola de simpatía pública. En los días siguientes, más personas salieron a la calle y surgieron nuevos focos de protesta en toda la isla. Para aglutinar estas acciones dispares, hubo activistas que empezaron a coordinarse entre sí a través de plataformas de comunicación y mensajería online, pero sin crear ninguna estructura ni formalizar nada. Comenzaron los preparativos de una marcha masiva para converger y ampliar su protesta.

Como no podían acercarse al Presidente, optaron por marchar hacia su despacho. La Secretaría Presidencial se halla junto a la orilla del océano Índico ‒donde esperan barcos a lo lejos para atracar en el puerto de Colombo‒ y frente a la Ciudad Financiera Internacional de Colombo, construida por China, que se eleva desde el mar, como una zona franca para el capital global libre de impuestos y regulación de los flujos de capitales.

La manifestación del 9 de abril superó todas las expectativas en cuanto a amplitud y combatividad. Algunos de los jóvenes participantes decidieron dar continuidad a su protesta (#OccupyGalleFace) negándose a abandonar el lugar. Otros aportaron tiendas de campaña para pernoctar, distribuyendo comida cocinada y bebidas y consiguiendo equipos de sonido para transmitir su ira. Pronto comenzó a desarrollarse una pequeña comunidad con su propia cocina y suministro de agua potable, aseos y primeros auxilios, biblioteca e instalaciones de carga de teléfonos móviles alimentadas por energía solar, a las que más tarde se sumaron un cine y múltiples zonas de actuación y enseñanza para el teatro, la danza, la música y la palabra hablada.

Dado que el lugar físico (#GotaGoGama), al igual que el movimiento ciudadano, es un espacio abierto a todos los que comparten la misma demanda central de destitución del Presidente y su familia, diversos grupos comenzaron a ocupar un espacio en el mismo lugar, desde la comunidad de sordos hasta exmilitares discapacitados, monjes budistas y curas cristianos, víctimas de los atentados terroristas del Domingo de Pascua de 2019, defensores de la buena gobernanza, defensores de los derechos humanos y muchos grupos más.

La izquierda organizada, principalmente el Janatha Vimukthi Peramuna (JVP, Frente de Liberación de los Pueblos) y su escisión Peratugami Samajawadi Pakshaya (PSP, Partido Socialista de Vanguardia) también estaba presente, pero no directamente como partidos, sino a través de sus alas juveniles (Unión de Juventudes Socialistas y Juventud por el Cambio, respectivamente) y estudiantiles (Unión de Estudiantes Socialistas y Unión de Estudiantes Revolucionarios, respectivamente). Otra presencia constante en el movimiento de la izquierda ha sido la Federación Interuniversitaria de Estudiantes (IUSF), antaño controlada por el JVP, pero ahora no afiliada, aunque se percibe como influenciada por el PSP.

A lo largo de toda esta lucha, la izquierda ha potenciado el movimiento mediante la movilización regular de los estudiantes en manifestaciones y mitines, intransigencia política y acciones audaces como el bloqueo del Parlamento en Kotte y de la mansión presidencial en Colombo, desafiando las porras de la policía, los gases lacrimógenos, los cañones de agua y las órdenes judiciales.

En los primeros meses de 2022 se hizo palpable la pasividad de la clase trabajadora. No parecía haber ganas de enfrentarse a la patronal y al Estado, a pesar de la presión que la crisis económica ejercía sobre su nivel de vida. Para los asalariados, las restricciones y los cierres durante los dos años anteriores de pandemia habían sido diezmado sus ingresos y puesto en riesgo su supervivencia. En estos últimos años ha habido luchas sectoriales en las plantaciones, en las zonas de procesamiento de las exportaciones, en la enseñanza y la sanidad, la agricultura, etc., pero estuvieron aisladas y sus resultados desiguales. La tasa de sindicación es baja y está disminuyendo, excepto en el sector público. La conciencia de la clase trabajadora también está fragmentada y diluida por décadas de luchas defensivas que a menudo acaban en derrota, el peso de la ideología del mercado, el nacionalismo budista cingalés y el racismo, la experiencia del terror estatal durante la guerra y la segunda insurrección encabezada por el JVP, y la incapacidad de forjar una coordinación sindical duradera.

Los principales sindicatos del sector privado, al igual que sus homólogos del sector público, históricamente vinculados a los partidos políticos mayoritarios, desconfiaban inicialmente del movimiento ciudadano, que se considera anárquico e incipiente. Sindicatos más pequeños, independientes y de izquierdas, como el de Empleados Bancarios de Ceilán (CBEU) y el de Trabajadores Industriales y Generales de Ceilán (CMU), junto con el de Profesores de Ceilán (CTU) y otros, se mostraron más comprensivos, uniéndose a las manifestaciones y participando en las protestas.

A medida que el ímpetu crecía en abril, las coaliciones ad hoc de sindicatos y otras organizaciones que abarcaban los sectores público y privado, entre las que se encontraban el Centro Sindical Nacional del JVP y la filial de La Vía Campesina, el Movimiento por la Reforma Agraria y de la Tierra (MONLAR), llevaron a cabo dos paros nacionales de gran éxito: el hartal (huelga y paro) del 28 de abril y la primera huelga general desde la impresionante derrota de julio de 1980, el 6 de mayo.

El gobierno se vio sacudido por estas acciones, que lograron un amplio apoyo de los trabajadores del sector de la administración, la sanidad, los transportes y el servicio postal ‒que suelen mostrarse leales al gobierno de turno‒, así como de pequeños empresarios y trabajadores, comerciantes rurales, agricultores y pescadores, y las trabajadoras de las zonas francas. El poder de la clase obrera para paralizar la actividad comercial y alterar la normalidad era una amenaza inmediata mayor para el Estado que las protestas juveniles y estudiantiles. La respuesta del Estado fue imponer la ley de emergencia y dictar servicios mínimos para que la huelga fuera ilegal. Sin embargo, esto no amedrentó a los sindicatos ni mermó su éxito.

¿Dónde están los tamiles?

Tanto quienes simpatizan con el movimiento ciudadano como quienes lo critican han expresado su preocupación por su carácter inclusivo y su limitada resonancia ‒fuera de las regiones urbanizadas y de mayoría cingalesa de la isla‒ y especialmente en relación con la nación tamil de Sri Lanka, que históricamente ha poblado el norte y el este de la isla. Esto es justo. Las reivindicaciones centrales de Aragalaya y su asimilación de los orígenes y contornos de la crisis están delimitadas por la identidad y la conciencia de la nación cingalesa.

Dentro del movimiento ciudadano, aparte de pequeños focos y espacios, no se han tenido en cuenta las raíces sistémicas del supremacismo cingalés, ni las injusticias históricas cometidas contra los tamiles. A la mayoría cingalesa le resulta muy difícil reconocer que no fue ella la principal víctima de la guerra. No hay un reconocimiento generalizado, ni siquiera 12 años después, del continuo dolor de los familiares y amigos a los que no se les permite llorar y conmemorar públicamente a sus muertos y los desaparecidos, incluidos los combatientes; del despojo de sus tierras cultivables y sus residencias ocupadas por los militares; de la presencia opresiva del ejército y su intervención en los asuntos civiles en la región afectada por la guerra; de los intentos continuos de desestabilizar las reivindicaciones tamiles (y musulmanas) sobre la tierra y el mar y sus lugares de culto; y de la amenaza siempre presente de la Ley de Prevención del Terrorismo contra quienes critican al Estado.

No es que los tamiles del norte y del este sean indiferentes a la Aragalaya. ¿Cómo podrían serlo cuando han votado sistemáticamente al principal candidato de la oposición a los Rajapaksa en todas las elecciones presidenciales desde 2005? Para muchos, hay poca o ninguna empatía con la nación cingalesa. que se percibe como creadora del monstruo que ahora desea destruir. ¿Se preguntan si la oposición a los Rajapaksa se debe únicamente a los cortes de electricidad y a la escasez de combustible y medicinas? Estas carencias no son desconocidas para quienes vivieron el bloqueo económico del norte durante los años de guerra. No vieron su sufrimiento, que va más allá de las privaciones socioeconómicas, representado en este movimiento ciudadano.

Sin embargo, una lucha de fondo altera invariablemente la conciencia de sus protagonistas. En el transcurso de solo unos meses desde que la Aragalaya despegó y empezó a tomar forma, como ha observado la activista de derechos humanos Ambika Satkunanathan, “... cada vez hay más conciencia y espacio para hablar de temas que antes se consideraban imposibles. La militarización, los crímenes de guerra, el documental de Channel 4 [pruebas en vídeo de los crímenes contra la humanidad cometidos por las fuerzas de seguridad de Sri Lanka en las fases finales de la guerra en 2009], el racismo. Se oye decir a la gente: 'si están haciendo esto en el sur, imagínense lo que habrán hecho en el norte y el este'".

Nada de esto habría sido posible sin la experiencia formativa de este movimiento, que incluye los pacientes esfuerzos de los activistas progresistas cingaleses, musulmanes y tamiles para informar, educar y razonar sobre los agravios y objetivos de los ciudadanos de las minorías. De hecho, entre las reivindicaciones más recientes (el 9 de julio) de conocidos activistas del movimiento están la liberación de los presos políticos (en referencia a los sospechosos de la organización Tigres de Liberación de Eelam Tamil [TLET] detenidos antes y después del final de la guerra); y justicia para las familias de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones (que incluye a representantes políticos y civiles tamiles, periodistas y activistas de derechos humanos, y cuadros del TLET).

Y no es que los pueblos no cingaleses estén ausentes de las movilizaciones fuera del norte y del este. Los musulmanes, que se definen a sí mismos en Sri Lanka como una comunidad étnica y no solo religiosa, han sido objeto de islamofobia tras la conclusión de la guerra en 2009. Además de la violencia periódica contra sus hogares, negocios y lugares de culto y educación, fueron objeto de ataques colectivos tras la violencia terrorista del Domingo de Pascua de 2019; y sufrieron la agonía de la cremación forzada de los muertos de covid-19, en contra de sus prácticas religiosas.

En las etapas iniciales del movimiento ciudadano, fueron cautelosos en su participación, temiendo el racismo de los manifestantes o la represión del Estado. Pero desde abril, son visibles y se hacen oír. Mientras tanto, los tamiles residentes en el populoso oeste de Sri Lanka, ya sean de origen norteño, oriental o de las colinas, también participan en la Aragalaya. Ha aumentado la visibilidad de la lengua tamil en las pancartas, carteles y letreros del movimiento, aunque no se escuche mucho en los eslóganes, cánticos y discursos.

¿Ahora qué?

Sri Lanka tiene un nuevo presidente. El 20 de julio, el Parlamento, de acuerdo con la Constitución, eligió por clara mayoría al presidente en funciones y ex primer ministro Ranil Wickremesinghe. Sucede a Gotabaya Rajapaksa, que se vio obligado a dejar la presidencia el 9 de julio y huyó al extranjero, tras resistirse durante meses a las peticiones de dimisión ante el agravamiento de la crisis económica de la isla.

Wickremesinghe era el favorito de los expertos en lo que empezó siendo una carrera de cuatro caballos, ya que el partido mayoritario en el parlamento ‒el Partido Podujana de Sri Lanka (SLPP, Frente Popular) del clan Rajapaksa‒ se pronunció a favor suyo. La hostilidad a su candidatura por parte de sectores del SLPP, de los partidos más pequeños que en su día se alinearon con él, y de los partidos de la oposición, que se hicieron eco de los sentimientos de una opinión importante dentro del movimiento de protesta no estructurado, resultó insuficiente.

Este resultado confirma la falta de legitimidad de un parlamento de 225 miembros, expresada en el eslogan de la Janatha Aragalaya (Lucha del Pueblo): “¡No a los 225!” La ineficacia de los parlamentarios para detener y abordar el desmoronamiento de la economía y aportar soluciones a las necesidades de la población había dañado en cualquier caso la confianza en él. La elección de Ranil Wickremesinghe es el último clavo en el ataúd. Alimenta una mayor inestabilidad política. Ahora aumentará la presión para que se celebren elecciones generales anticipadas para elegir nuevos legisladores.

Junto a los Rajapaksa, a cuya mala administración, nepotismo y cleptocracia atribuye ahora la población de mayoría étnica cingalesa la culpa de la bancarrota de Sri Lanka, Wickremesinghe no tiene mandato popular. Su Partido Nacional Unido (UNP), afiliado a la Unión Democrática Internacional, que incluye al Partido Conservador británico, quedó fuera del mapa electoral en 2020. Se aseguró un escaño por representación proporcional. Su sorpresivo nombramiento como primer ministro en mayo, fue visto, con razón, como un acuerdo dentro de la élite política para salvaguardar la administración de Gotabaya Rajapaksa a cambio de una cuota de poder estatal.

Ahora que Wickremesinghe asume la presidencia, Sri Lanka se encuentra bajo el estado de emergencia proclamado el 18 de julio. Esta suspensión de los derechos democráticos le confiere mayores poderes, incluido el uso del ejército para reprimir las protestas públicas. Ya se ha establecido una orden judicial para empezar a desalojar a las personas que han asediado la oficina del presidente en una protesta continua (GotaGoGama) desde principios de abril, proporcionando un punto de encuentro al movimiento en toda la isla.

Mientras tanto, las grandes empresas, la clase media alta y los principales medios de comunicación ya están pidiendo que se acabe la Aragalaya. Ha logrado su objetivo de frenar a los Rajapaksa y conferir a un neoliberal el más alto cargo del Estado. En su opinión, el nuevo presidente y el gobierno de coalición que formará en los próximos días deberían poder estabilizar el turbulento orden político, como condición previa para la estabilidad económica.

El vehículo improbable para esa estabilidad es el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se espera que el organismo multilateral proporcione una línea de financiación a un Estado cuyas arcas están vacías ‒las reservas de divisas utilizables son de unos 250 millones de dólares, lo que equivale a menos de cuatro días de importaciones‒ y que no tiene dónde pedir prestado.

Sri Lanka ha perdido el acceso a los mercados internacionales de capitales a través de los cuales acumuló casi la mitad de su deuda externa de 51.000 millones de dólares. Su calificación crediticia soberana se redujo aún más tras el impago de la deuda en abril. China, un nuevo e importante prestamista en la era de Rajapaksa, ha frenado la concesión de nuevos créditos durante la crisis. India intervino con una financiación puente para las importaciones de combustible y fertilizantes, pero esta fuente también se ha agotado.

Este será el 17º acuerdo de Sri Lanka con el FMI desde 1965. En las décadas transcurridas, la dependencia del país de los préstamos extranjeros y el volumen de deuda no han hecho más que aumentar notablemente. Agotados por la lucha diaria por encontrar transporte para desplazarse por falta de gasolina y gasóleo; la escasez de medicamentos (el 80 % son importados) y de gas para cocinar; la falta de divisas para financiar los insumos en la industria, la agricultura y los servicios; y la subida de los precios de los alimentos acompañada de la escasez de la producción nacional; la inflación que se dispara al 60 % y los salarios que se quedan muy atrás; el consenso en todas las clases sociales es que un rescate del FMI ayudará de alguna manera a la economía.

Anticipándose a las condiciones de ajuste estructural del FMI, el gobierno ya ha aumentado el precio del combustible un 300 % y ha abandonado a los consumidores dejando que los precios los fijen los cárteles que suministran los alimentos básicos, como el arroz, así como la leche en polvo y el azúcar, entre otros productos de primera necesidad. Una vez que comiencen a aplicarse otras reformas, como la reducción de la nómina del sector público ‒uno de cada siete trabajadores‒, la reducción del gasto público, las tarifas de los usuarios en la educación y la sanidad (que son gratuitas aunque carecen de recursos) y la focalización de los programas sociales, la carga que soportan los pobres y la clase media baja se hará más insoportable.

La elección del nuevo presidente y la evidencia de su mayoría en el parlamento, junto con la consecución del objetivo inicial del movimiento de protesta de expulsar al anterior presidente, probablemente harán que disminuya el apoyo y la intensidad de la protesta pública. Sin embargo, la codependencia entre Ranil Wickremesinghe y los Rajapaksa es un lastre para ambos. No hay ninguna garantía de que el nuevo gabinete que forme dure mucho tiempo, ya que todos intentan minimizar su culpabilidad en lo que es una crisis estructural del capitalismo dependiente y asegurar su futuro político en las próximas elecciones generales.

En las calles y en las redes sociales, los activistas de la Aragalaya han prometido mantener su oposición al gobierno dirigido por Wickremesinghe, incluyendo la ocupación de los accesos y los terrenos de la sede de la presidencia y de otros lugares públicos en toda la isla. Su campaña por la reducción de los poderes ejecutivos de la todopoderosa presidencia continuará, a la espera de un cambio constitucional que los suprima en su totalidad. La conciencia democrática del movimiento es alta. Hay nuevas reivindicaciones sobre el derecho de revocación de los representantes elegidos y el derecho a celebrar referendos sobre asuntos de importancia nacional.

Aunque el movimiento popular, mayoritariamente cingalés, todavía tiene que enfrentarse a la flagrante violación de los derechos humanos durante los 26 años de guerra interna de Sri Lanka y tener en cuenta las demandas de la nación tamil de justicia por los crímenes de guerra, la verdad sobre los desaparecidos y la autodeterminación interna, este difícil diálogo ha comenzado entre sus elementos más conscientes. Entre sus reivindicaciones más recientes se encuentran la liberación de los tamiles detenidos durante mucho tiempo y el fin del racismo, incluida la islamofobia rampante de posguerra dirigida contra la minoría etnorreligiosa musulmana. Sean cuales sean los retos que se presenten, hay que defender los logros de este momento y de este movimiento.

Balasingham Skanthakumar es miembro del Comité por la Anulación de las Deudas Ilegítimas del Sur de Asia en Colombo, Sri Lanka.

23 julio 2022

Traducción: viento sur

Publicado enInternacional
Las cryptos, otra vuelta de tuerca de la financiarización de la economía

Las cryptomonedas no pueden ser ni serán nunca un medio generalizado de pago y son, fundamentalmente, un instrumento financiero altamente especulativo anclado en el proceso de financiarización de la economía.

 

Más de 18.000 cryptos circulando y una capitalización en noviembre de 2021 de 2,3 trillones de dólares generó una popularización de estas monedas. Algunos lo llaman democratización, pero me resisto a utilizar este término al uso generalizado de ciertos bienes de consumo (moda) o inversión (cryptos). Hasta Bukele, el controvertido presidente de El Salvador, adoptó el Bitcoin como medio de pago buscando una salida a la situación de este país, que no tiene moneda propia. Por su parte, Musk, compró a través de Tesla Bitcoin por valor de 1.500 millones de dólares. Las cryptos se diseminaban por todos los estratos sociales generando una nueva tribu, los criptobros, milenial precarios e incapaces de encontrar un hueco en un mercado laboral cerrado para ellos a pesar de su cargado bagaje educativo. Las cryptos les permitían soñar con una vida de youtuber en piscinas infinitas. Sin embargo, en apenas un par de meses “el futuro” se convirtió en burbuja, y las expectativas se vinieron abajo de una manera muy similar a lo que el viejo Minsky hubiera predicho

El otro día en un supermercado, al lado de las chuches en la caja, había una tarjeta para comprar Bitcoin. Pocas veces hemos visto la posibilidad de comprar un instrumento financiero complejo en el supermercado, apelando mediante la compra compulsiva a sentimientos oscuros. Estaba claro que había una burbuja financiera en ciernes alrededor de las cryptos. Toda burbuja tiene siempre un componente especulativo sobre un instrumento financiero, un relato (al que subyace una ideología, o capacidad de seducción) que amplía el uso del activo cuyo valor está explotando y una explicación económica. El mecanismo de las cryptos giraba entorno a tres ideas básicas: la ideología tecnolibertaria subyacente, el proceso de financiarización y la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky.

Ideología tecnolibertaria

Toda burbuja necesita que se generalice -de forma casi compulsiva- la inversión en los instrumentos que están siendo objeto de especulación. Si echamos la vista ligeramente hacia atrás veremos que las subprime fueron precisamente eso. En 1990 el valor de las hipotecas subprime no superaba el 4%, pero antes del estallido superaba el 20% de todos los créditos concedidos. La industria amplió los créditos hipotecarios a personas normalmente excluidas de los circuitos financieros debido a sus bajos ingresos. La búsqueda de beneficios, la desregulación financiera y la -interesada- confianza ciega en los algoritmos de las agencias rating para generar altas calificaciones crediticias fueron la base ideológica funcional que facilitó la explosión de las hipotecas subprime. La imagen de vendedores sin escrúpulos visitando a personas que ni entendían lo que se les proponía viviendo en casas destartaladas en las afueras de las ciudades norteamericanas se ha quedado grabada en nuestras retinas para siempre.

En el caso de las cryptos, descentralización y empoderamiento financiero han sido los ejes ideológicos sobre los que han florecido. Como en toda burbuja tiene que haber un relato que permita ampliar los grupos sociales que utilizan el instrumento financiero que está siendo objeto de especulación. En esta ocasión se ha utilizado la retórica outsider trumpista, utilizando ejemplos de corrupción de gobiernos o grandes compañías que condenan a los ciudadanos a vivir impotentes frente a estos abusos de poder. CELSIUS Network, los primeros en aceptar depósitos denominados en cryptos y ofreciendo altos rendimientos por ello se anunciaba como una entidad que era “mejor que un banco”. Ahora está en bancarrota tras arruinar a millones de personas, pero ante las acusaciones en 2021 de estar llevando una estrategia peligrosa, su CEO, Alex Mashinsky respondía que esas acusaciones venían porque “el 99% estaba siendo aplastado por el 1%”. Las cryptos según él, y según los ideólogos, que son en su mayoría inversores dopados por el incremento del valor del activo con el que están especulando, ofrecen un idílico mundo a-institucional que libera al ciudadano del “injusto” corsé en el que vivimos. Claro, mientras aconsejaba “hodl”, es decir mantener la inversión a los incautos que le escuchaban, él y todos los ejecutivos estaban vendiendo CEL (la moneda de CELSIUS).

El estilo trumpista de Musk o de Do Kwon, creador de Luna, así como de tantos otros en el universo cripto cultiva la imagen de outsider, insultantes ante los críticos, desafiantes de un supuesto orden económico del que ellos forman parte intrínseca. Do Kwon, el creador de Luna y líder de una legión de “lunáticos” ha hecho perder miles de millones a grandes y pequeños inversores. En medio de la debacle, con miles de personas preocupadas por sus ahorros, anunció un incremento de la capitalización de 300 millones. Cuando fue preguntado en twitter por un usuario de dónde sacaría el dinero para respaldar la moneda, respondió “De tu mamá. Obvio”. El universo tecnolibertario es además retóricamente desafiante del orden actual, aunque sea un producto de él, y cumpla una función dentro del mismo. Esto les ha permitido ofrecer la imagen de algo nuevo y disruptivo, basado únicamente en de la confianza que da la “meritocracia” del dinero, en la ilusión de que cualquier persona podía vivir siendo “inteligente” sin trabajar demasiado e invirtiendo parte de su salario. Ni qué decir tiene que Do Kwon tenía un discurso de descentralización y empoderamiento del pueblo, pero era él el que centralizaba todas las decisiones en su fallida empresa.

Financiarización

En realidad las cryptos son una nueva vuelta de tuerca al proceso de financiarización que empieza en los 80, que no es sino un régimen de acumulación capitalista basado en la generación de beneficios en el sector financiero frente al anterior modelo eminentemente industrial. Asociado a ello viene la importancia creciente de los actores financieros, los mercados, sus prácticas, las formas de medir y valorar las rentabilidades y, sobre todo, una narrativa financiera que se impone como nueva lógica económica.

Este régimen de acumulación se genera a partir de la crisis de los 70, y bebe de la desregulación financiera de los 80 y 90 y de la revolución conservadora de Reagan y Thathcer. Este proceso, centrado en la esfera de la circulación y no de la producción, necesita de la creación de nuevos activos altamente especulativos que puedan ser transferidos rápidamente y cuyo precio pueda variar rápidamente. Como explica Costas Lapavitsas, este proceso se vuelca en las tres últimas décadas en la extracción de beneficios directamente de los salarios a través de la financiarización de los ingresos salariales: hipotecas, créditos al consumo, comisiones, retail investment, trading, etc.

El retraimiento de los servicios públicos desde los 90 y el estancamiento salarial han favorecido que el consumo privado dependa cada vez más de los servicios financieros. Un ejemplo extremo de este hecho fue la crisis del 2007-09, dónde la especulación financiera salvaje llegó a los hogares por medio de algo tan usual -y necesario para poder acceder a una vivienda- como las hipotecas. La Gran Crisis financiera fue la colisión entre las actividades altamente especulativas de la banca de inversión dirigidas a inversores especializados y las actividades de la banca comercial, dirigidas a la mayor parte de la población, que necesita de dichos servicios pero ignora la mecánica que hay detrás de los mismos.

Por supuesto que detrás de las cryptos hay una tecnología sobre las que se basa su desarrollo. Pero las DLT’s (distributed ledger technologies) son mucho más amplias que las cryptos y se están aplicando a múltiples campos, fuera de las mismas, que es dónde son útiles. Como señala el último informe del BIS, las cryptos necesitan su que su uso sea masivo para poder alcanzar algo de lo que prometen. Pero, por otro lado, la misma tecnología incentiva la aparición de nuevas cryptos y tokens lo que lleva a la fragmentación del ecosistema, porque es precisamente eso -la circulación- la que genera beneficios.

De hecho, muchas de las novedades para solucionar los problemas de las mismas se basan precisamente en el abandono de su filosofía descentralizada. Las stablecoins por ejemplo, buscan controlar las fluctuaciones de los precios buscando un ancla nominal, que puede ser una moneda (el dólar) o un conjunto de activos. Pero ¿qué sentido tiene que las cryptos, que beben de la descentralización, necesiten de un ancla nominal de una moneda fiat como el dólar emitida por un banco central para generar estabilidad?

Por otro lado, la escalabilidad, esto es, la capacidad de incrementar el volumen de transacciones, es uno de los grandes problemas de las cryptos. Por un lado los ideólogos prometen el uso generalizado de las cryptos, pero por otro, es realmente difícil imaginarlo debido a sus limitaciones. La validación descentralizada de las transacciones genera efectos de congestión y altas comisiones (las recompensas de los mineros). Esta característica -intrínseca al modelo de validación descentralizada- fomenta el uso de otras vías alternativas, fomentando, una vez más, la fragmentación del ecosistema. Adicionalmente, las alternativas a la validación descentralizada vienen por un lado de la reducción de la descentralización (Ethereum) o por otro, a la concentración en unos pocos validadores (los grandes tenedores de cryptos, proof-of-stake), socavando toda la filosofía sobre la que se sostiene este universo.

Al final, el límite al crecimiento de las transacciones con cryptos tiene que ver con el llamado trilema de la escalabilidad de Buterin, que establece que los sistemas descentralizados solo pueden alcanzar simultáneamente dos de las tres propiedades, descentralización, seguridad y escalabilidad. La seguridad se mantiene mediante los incentivos (recompensas de los mineros) y la descentralización, pero el mantenimiento de los incentivos genera congestión, lo que limita la escalabilidad y, por tanto, su utilizad como medios de pago para el público en general.

Por todo ello las cryptos no pueden ser ni serán nunca un medio generalizado de pago y son, fundamentalmente, un instrumento financiero altamente especulativo anclado en el proceso de financiarización de la economía.

Minsky's comeback

De hecho, el estallido de las modernísimas cripto responde perfectamente a la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky, formulada en 1977. El autor escribe su hipótesis en contra de la -hoy todavía- dominante hipótesis de los mercados eficientes poniendo en el centro de la generación de la crisis el sistema financiero y su relación con el sector real. Para Minsky la estabilidad de una economía capitalista es desestabilizadora. Así, describe la generación de una crisis financiera en tres fases. En un primer momento, la economía se encuentra en una situación de crecimiento, sin peligros inminentes. En esta situación, los bancos prestan dinero a proyectos de inversión con rentabilidades normales con las que los inversores pueden hacer frente al interés y al principal. Si aplicamos esta primera fase a las cryptos, podemos hacer un paralelo con sus inicios. Era 2009, y el universo crypto estaba altamente dominado por la voluntad de Bitcoin de ser una alternativa de pago digital anónima bebiendo de los ciberactivistas que tenían la privacidad como un elemento esencial de su lucha. Era un medio de pago anónimo. Recordemos, que el primer incremento de precios relevante fue debido a la crisis de Chipre, en 2012, dónde muchos capitales refugiados en este país acudieron en masa a comprar Bitcoin.

Minsky describe como esta situación de estabilidad y crecimiento genera unos beneficios que incrementan la confianza en el sistema, de forma que empiezan a aparecer actividades especulativas, esto es, préstamos para inversiones con mayores rentabilidades basadas únicamente en la expectativa de incremento de precios. En este momento se extienden las actividades de inversión de alto riesgo. La generación de beneficios amplía la oferta de préstamos sobre la base de activos cuyo precio está creciendo, apareciendo cada vez más actividades especulativas en una especie de círculo vicioso. Aplicado a las cryptos, esta etapa probablemente se active a partir de 2017, cuando Bitcoin alcanza los 10.000 euros, y la capitalización de todas las cryptos pasa de 11.000 millones a más de 600.000 millones de dólares, y los principales bancos empiezan a invertir y a crear sus secciones blockchain.

En la tercera y última fase Minsky describe cómo los beneficios especulativos totalmente desligados de la economía real empiezan a necesitar rentabilidades más altas, que solo pueden generarse a través de esquemas de Ponzi, es decir, inversiones que sólo pueden pagar el interés con nuevos préstamos. Es el momento justo antes del estallido. En las cryptos eran casos como TerraUSD y Luna que, bajo la apariencia de “stablecoins”, eran sistemas que sólo podían pagar sus rentabilidades mediante un uso masivo especulativo de la moneda. Recordemos que esta moneda ofrecía rentabilidades de hasta el 20%.

Y ahora qué

Ahora que la burbuja ha estallado, y que las pérdidas se diluyen entre los miles de pequeños “empoderados” inversores quedan los cadáveres en la playa. Ahora se podrá ver los elementos tecnológicos que tienen una utilidad real y que podrán seguir existiendo, frente a los miles de proyectos nacidos al calor de una burbuja. Se podía haber hecho de forma ordenada, pero se ha dejado, como siempre, que el mercado aplique su brutal lógica. Ahora vendrá la regulación, el tratar a las DeFis como actividades que tendrán que cumplir los requisitos legales de otros activos similares, controles a los emisores de stablecoins similares a los de los Money Market Funds, regulación prudencial, y salvaguardar el sistema financiero y a los pequeños inversores. Pero en el interludio, han perdido miles y ganado unos poquitos. Esta transferencia de activos desde los salarios al sector financiero que se produce en cada crisis financiera se podría haber evitado. Pero era funcional al sistema de generación de beneficios. Y por eso se permitió. Hasta la próxima burbuja.

Por Iván H. Ayala

@ivanhayala

24 jul 2022

Publicado enEconomía
Dennis Meadows / Autor de ‘Los límites del crecimiento’

Inflación galopante. De dos cifras. Guerra. Problemas energéticos cada vez más graves. Olas de calor más potentes y tempranas. Detenciones de científicos. Matanzas en las fronteras. Retroceso en los derechos de la mujer en la –supuesta– cima del Imperio, que nos lleva 50 años atrás… Justo 50 años. ¿Tiene todo esto alguna relación?

En realidad sí.

Se cumplen 50 años de la publicación de uno de los trabajos más importantes del siglo XX, Los límites del crecimiento. Aquel informe encargado al MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) que ya en 1972 avisaba de que el planeta tenía límites y poco tiempo para enfrentar el choque contra los mismos.

Por ello, Dennis Meadows (EE.UU, 1942), uno de los dos autores principales del estudio, ha estado concediendo entrevistas para medios como Le Monde o el Suddeutsche Zeitung. Fue un honor entrevistarle para CTXT.

En el cincuentenario de la publicación del informe, uno de los escenarios –el standard– de su modelo sigue siendo muy similar y consistente con la realidad; en él adelantaban que el crecimiento se detendría por la fuerza alrededor del 2020. ¿Es esto lo que estamos experimentando ya? ¿Fue una previsión o una predicción?

Nosotros no hicimos predicciones. Ya dijimos que es imposible “predecir” con exactitud nada en lo que el comportamiento humano sea un factor, lo que hicimos fue modelar 12 escenarios consistentes con las reglas físicas y sociales. 12 futuros posibles. Uno de ellos, el standard, como sabes, mostraba que el crecimiento se iba a detener cerca del año 2020. Entonces todas las variables (producción industrial, de alimentos, etc.) tocaban techo y en unos 15 años comenzaban a declinar inexorablemente.

¿Se parece esto a lo que estamos viviendo? Yo diría que sí. El mundo está mostrando cada vez más consecuencias de un choque contra los límites.

Lo que sí tuvimos fue mucho cuidado, ya en 1972, dejando claro que después del pico de cualquier variable todo se vuelve aún más impredecible, porque entran en juego factores que no podían ser representados en nuestro modelo. Una vez llegados a este punto es obvio que vamos a ser dirigidos más por factores psicológicos, sociales y políticos que por limitaciones físicas.

Le he escuchado denominar al cambio climático como un “síntoma”, ¿de qué exactamente?

Es esencial reconocer que el cambio climático, la inflación, la escasez de alimentos, a veces son considerados problemas, pero en realidad son síntomas de un problema mayor.

Así como un dolor de cabeza persistente puede en ocasiones ser un síntoma de cáncer, muchas dificultades actuales son síntomas de niveles de consumo de materiales que han crecido más allá de los límites del planeta. Por supuesto que los síntomas son importantes. Un dolor de cabeza merece una respuesta. Sin embargo, una aspirina puede hacer que el paciente se sienta mejor temporalmente, pero no resuelve el problema de fondo. Para ello hay que tratar el crecimiento incontrolado de las células cancerosas en el cuerpo.

No se puede sostener el crecimiento, digamos, enfrentándonos a problemas uno por uno. Aunque solucionásemos el cambio climático, nos encontraríamos con el siguiente problema al empecinarnos en seguir creciendo, ya sea escasez de agua, de alimentos o de otros recursos cruciales. El crecimiento se va a detener, por una razón o por otra.

Llegados a este punto, por el retraso en la acción necesaria, ya no podemos evitar un cambio climático grave. Hagamos lo que hagamos. Aunque siempre hay grados

El mito del progreso, de que la tecnología vendrá al rescate, es una de las ideas más paralizantes para hacer frente al problema real: el decrecimiento es inevitable, ya que esto no se trata de un problema técnico. ¿Quizá lo que necesitamos es un cambio cultural, moral y ético?

Sí, completamente, ese era uno de los puntos cruciales de nuestra obra hace ya medio siglo. En condiciones ideales, la tecnología puede darte más tiempo, pero no va a solucionar el problema. Te puede ampliar el margen, la oportunidad de hacer los cambios políticos y sociales que son necesarios. Pero mientras tengas un sistema que se basa en el crecimiento para solucionar cada problema, la tecnología no podrá evitar que se sobrepasen muchos límites cruciales, como ya estamos viendo.

Pese a la tremenda utilidad e importancia de su trabajo, a usted y sus compañeros les criticaron mucho. Esto sigue ocurriéndole a cualquiera que se sale del discurso dominante: la “happycracia”. ¿Existe una imposibilidad social para hablar de según qué temas porque te convierten en el catastrofista, el pesimista que amarga?

Yo era muy ingenuo en los setenta, cuando lanzamos el libro. Fui formado como científico, y tenía la impresión de que utilizando el método científico, producíamos datos incuestionables, y si se los enseñábamos a la gente, entonces esto bastaría para producir un cambio en la mirada y las acciones de las personas. Eso fue ingenuidad cuanto menos.

Hay dos maneras de enfrentar estas situaciones: en una recoges datos y entonces decides qué conclusiones son consistentes con los datos, la manera científica. En la otra, muy habitual, decides qué conclusiones son importantes, y buscas datos que cuadren y apoyen tus “conclusiones”. Esto es lo que ocurre con los negacionistas climáticos, por ejemplo.

No he tratado de ganar esos debates entre pesimistas y optimistas, con este tipo de personas. Cuando alguien viene enfadado a acusarme de lo que sea, simplemente les digo: “ojalá tengas razón”, y sigo adelante.

Existe una tendencia en los sistemas, las empresas, las personas hacia la autopreservación, fundamentándonos muchas veces en miradas cortoplacistas que no nos dejan avanzar a largo plazo, ¿cómo luchar contra estas inercias y hábitos?

Sí, la única manera de gestionar esto es ampliar el horizonte temporal y espacial. Y así ver con perspectiva los posibles costes y beneficios. Un ejemplo: la pandemia y la gestión en mi país [EE.UU.] ha sido lamentable, muy corta de miras. Si no extiendes las vacunas a todo el espacio, al resto del mundo, no son tan útiles.

¿Cómo ampliar ese marco temporal? Con las siguientes generaciones. La mayoría de la gente tiene preocupaciones legítimas, genuinas, sobre el futuro de sus hijos, sobrinos, nietos.

En España últimamente estamos teniendo buenas noticias al respecto del decrecimiento: la primera asamblea ciudadana por el clima ha elegido entre sus 172 medidas la necesidad de hacer pedagogía con el decrecimiento, varios políticos –incluyendo al ministro de Consumo– han hecho declaraciones a favor de abrir este debate ineludible, y el IPCC cada vez incluye más esta palabra en sus informes.

¿Estamos más cerca de un Tipping Point social –como suele decir Timothy Lenton–, o tendremos que esperar a que las crisis sean aún más patentes para reaccionar?

La respuesta a ambas cuestiones es sí. Estamos más cerca de un punto de vuelco social positivo, pero por otro lado, me temo que tendremos que esperar al agravamiento de las crisis para reaccionar. Y es aún peor: si nos hubieran descrito nuestra actual situación en, digamos, el año 2000, habríamos pensado que eso era ya una crisis catastrófica. Somos la rana que no salta de la olla, cocida demasiado a fuego lento. Desgraciadamente creo que esa es nuestra situación.

Según el modelo HANDY–otro modelo de dinámica de sistemas– un parámetro fundamental para causar colapsos es la desigualdad, que crece en paralelo a la falta de confianza entre semejantes, otra de las principales razones de los colapsos. El diseño de nuestro sistema económico hace que ambas aumenten cada año. Y hace imposible ajustarse a los límites, porque la élite –que suele estar alejada de la realidad y por tanto no detecta las alarmas– es la que sirve de modelo. ¿Cómo desenredar semejante lío?

La verdad no se encuentra en unas pocas ecuaciones, obviamente. Se encuentra en la historia. Y nuestra historia durante miles de años muestra que los poderosos buscan más poder, y lo tienen más fácil por su situación para encontrarlo, es un bucle de retroalimentación positivo. En dinámica de sistemas esto se llama “éxito para los ya exitosos”. Rara vez nos desviamos de ese fenómeno.

Nadie puede desenredar este enredo. No creo que exista ninguna acción o ley que pueda hacer eso. En unas pocas culturas, sin embargo, se han visto mecanismos evolucionados de redistribución. En el Noroeste de los Estados Unidos hay algunas tribus que tienen una costumbre llamada “Potlatch”, es una ceremonia en la que los jefes de la tribu, los más ricos, regalaban parte de sus posesiones –estoy simplificándolo, seguro–. En el budismo también hay una tradición de desapego a lo material en muchos de sus practicantes. Pero son raras excepciones. En nuestro mundo la tendencia es a acumular poder y, como dices, eso ayuda a estar desapegado de la realidad. Es entonces cuando se acaba produciendo un colapso –también del propio poder– y todo vuelve a empezar de nuevo. Es un proceso que se produce como respuesta a los límites. Y la desigualdad está creciendo en todos los países.

¿Hasta qué punto están las élites anticipando la necesidad matemática de reducir la desigualdad? ¿O solo se están preocupando por su supervivencia?

Bueno, no se puede hablar con propiedad de “élites”. Algunas élites están preocupadas y hacen todo lo que pueden para reducir la desigualdad, otras ni siquiera piensan en ello, –probablemente la mayoría–, y otras, sin duda, están trabajando para hacerla cada vez más grande. Desde luego no hay una tendencia hacia la reducción de la desigualdad. Y a veces se dice que el crecimiento ayuda a que llegue riqueza a todo el mundo, lo cual, viendo cómo han crecido simultáneamente las tasas de crecimiento y de desigualdad, es manifiestamente falso.

¿Ve hoy en día más preocupación por el colapso de la civilización en los círculos de poder, económicos y políticos? ¿O siguen con los beneficios a corto plazo como siempre?

Yo no estoy en círculos de poder así que no puedo responder a eso. Soy un profesor jubilado de 80 años. Es el 50 aniversario de Los límites del crecimiento y salvo por las entrevistas que se hacen sobre un libro que aún despierta interés, no hay tanta atención como podría parecer.

Teniendo en cuenta la miopía espacial y temporal respecto a los límites, ¿no cree que la visión moderna del mundo está obsoleta? ¿Podría sugerir algunas ideas filosóficas para una transición hacia una nueva cosmología?

Gracias por imaginar que puedo tener la capacidad de hacer tales cosas. Que la actual forma de ver el mundo está obsoleta es obvio solo con mirar las noticias. Casi nadie puede estar contento con el estado del mundo.

Sobre una nueva cosmología: hay una diversidad enorme de filosofías, prácticas espirituales, muchas de ellas consistentes con el funcionamiento del mundo. Cualquiera que vaya a funcionar tiene que reconocer la interacción y dependencia que tenemos con el mundo natural. Ya hemos comentado el extendido mito de que la tecnología nos llevará a superar cualquier obstáculo. Lo vemos con el reto climático: existe esta cosa llamada Captura y Secuestro de Carbono (CCS). A pesar del hecho irrefutable de que es más barato, rápido y fácil reducir el consumo energético, la tendencia es buscar la solución tecnológica que nos permita hacer lo que ya no podemos seguir haciendo sin causar graves daños. Es una fantasía total. Lo mejor que podemos decir del CCS es que es una idea que va a hacer a unas pocas personas ganar mucho dinero.

Estamos como en una cinta de correr que se acelera rápidamente. Ya sabes, esas cintas en las que corres pero no vas a ningún sitio. Eso es lo que estamos haciendo. A medida que vamos tomando malas decisiones, eso nos aboca a crisis que por obligación acortan nuestra perspectiva temporal, todo se vuelve reactivo mientras aceleramos. Eso a su vez ayuda a que tomemos más malas decisiones, porque estrechamos más y más nuestro horizonte temporal. Es un círculo vicioso.

Creo que vamos a ver más cambios en los próximos 20 años que los que hemos vivido en los últimos 100. No quiero que pase lo que voy a decir, pero creo que es lo más probable: habrá desastres significativos debido al caos climático y al agotamiento de los combustibles fósiles, esto devolverá a la humanidad a estados más descentralizados y desconectados. Lentamente, evolucionarán culturas que estén más preparadas para la situación. Solo así, creo, podrá aparecer una “nueva cosmología” apropiada.

¿Cree que una coalición de élites dotadas podría cambiar el curso de los acontecimientos?

¿Élites dotadas? Me suena a oxímoron.

Publicado enMedio Ambiente
Indígenas emberás bloquean la carretera Panamericana en la región de Chepo, Panamá, como parte de las protestas contra el gobierno por el elevado precio de los combustibles. Foto Afp

 Bloqueos carreteros complican el paso de alimentos a la capital

 

Panamá. La crisis en Panamá se agudizó ayer con cortes de carreteras que impedían la llegada de alimentos a la capital, intentos de saqueo y sin un acuerdo entre el gobierno y manifestantes para detener las manifestaciones a cambio de medidas contra el alza de precios.

Después de más de dos semanas de protestas, las organizaciones populares que impulsan las manifestaciones mantenían una nueva reunión en Penonomé, a 150 kilómetros al suroeste de la capital, para afinar detalles de los temas que negociarán con el gobierno.

Hasta el cierre de esta edición, acordaron debatir ocho temas, en un proceso de diálogo al que tendría que sumarse el Poder Ejecutivo.

Según la Iglesia católica, que actúa de mediador, las organizaciones y sindicatos consensuaron negociar la rebaja o congelamiento de los precios de la canasta básica, combustible, energía, medicamentos, la inversión de 6 por ciento del PIB en educación pública y el futuro del sistema de salud estatal. Exigen medidas contra la corrupción, en medio de fuertes críticas por los sueldos de altos funcionarios y el despilfarro de los recursos públicos.

Desde que empezó la crisis, organizaciones empresariales calculan las pérdidas en más de 500 millones de dólares.

Para aliviar la situación, más de 200 camiones con alimentos salieron ayer desde la provincia occidental de Chiriquí, el granero del país, hacia la capital, aunque su trayecto es complicado por los bloqueos.

El comisionado de Policía, Roberto Rodríguez, informó que en el popular barrio de El Chorrillo, en la capital, "varias personas" intentaron "vandalizar comercios, quemar llantas y poner obstáculos en la vía pública" para robar a conductores.

También hubo intentos de saqueo en La Peatonal, una calle de tiendas y comercios en la ciudad de Panamá, cuya vigilancia fue reforzada.

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Miércoles, 20 Julio 2022 06:17

El euro derrotado, la inflación victoriosa

El euro derrotado, la inflación victoriosa

A cinco meses de la guerra Rusia-Ucrania

La segunda semana de julio el euro dio una trastabillada más hacia el precipicio. En su caída se emparejó al dólar norteamericano, piso que nunca había alcanzado en las últimas dos décadas.

La moneda común de la Unión Europea (UE) se deprecia y la guerra sigue marcando su impronta en toda Europa Occidental, la región vecina más próxima al campo de combate.

El euro al precipicio

Tal desplome del euro no se producía desde el 15 de julio de 2002. Su valor de cambio en 2021 cerró a 1,137 dólares. Según la consultora financiera Bloomberg, la moneda europea se depreció un 12,05% en este primer semestre. El último año, su caída en relación al dólar fue del 15% y apenas un poco menos con respecto al franco suizo (en junio de 2021, un euro costaba 1,09 francos, en tanto que ahora pasó a 0,98 francos).

La radio y televisión inglesa BBC informaba la tarde del 12 de julio que atrás quedaron los años cuando el euro era tan fuerte (1,6 veces el valor del dólar durante la crisis financiera mundial de 2008), que muchos europeos iban de vacaciones a Estados Unidos por los bajos precios de hoteles y restaurantes y regresaban a casa con las maletas llenas de productos electrónicos y ropa.

La situación político-militar de Europa es la causa principal de este debilitamiento de la moneda europea. Analistas económicos subrayan que la caída del euro esta semana se dio casi en paralelo con la revelación de los datos sobre el desplome de la confianza empresarial en Alemania, superpotencia jaqueada por su fragilidad energética y su extrema dependencia del gas ruso.

Desde hace varios días se vienen intensificando las voces que afirman que este trauma energético estará a la base no solo de un muy posible crecimiento negativo en Alemania, sino también de la eventual recesión en toda la zona del euro. Los técnicos hablan de recesión cuando el Producto Interno Bruto de un país o región no registra crecimiento alguno durante dos trimestres seguidos.

La periodista Cecilia Barria señaló en su análisis en la BBC que “existe inquietud frente a la posibilidad de que esta crisis cause una recesión de consecuencias insospechadas”. Esta hipótesis se intensificó el día antes debido a la reducción del suministro de gas ruso y la preocupación generalizada de que la inflación continúe creciendo.  La empresa energética rusa Gazprom, que abastece a Alemania y a otros países europeos, acaba de descontinuar con fines de mantenimiento por diez días el suministro de gas a través de su gasoducto Nord Stream 1, pero Rusia podría aprovechar esta coyuntura para prolongarlo indefinidamente.

Se empantana el conflicto, tiembla la Unión Europea

El cotidiano español El País, en su edición electrónica del segundo martes de julio, se preguntó sobre el comportamiento tendencial de la moneda de la Unión Europea. La respuesta, según El País, radica en los movimientos de los bancos centrales. Y señaló que la Reserva Federal estadounidense está respondiendo de una manera más agresiva que el Banco Central Europeo en lo que respecta al incremento de las tasas de interés.

Y de inmediato pasó a analizar el fenómeno de la inflación, que caracteriza como “un fenómeno global”, pero que se manifiesta de forma diferente en las distintas regiones tanto en su intensidad como en relación a sus causas. Por esta razón, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha iniciado la normalización de su política monetaria antes que el Banco Central Europeo, y “de forma más decidida”, como lo explicó Francisco Uría, responsable global de Banca de KPMG, citado por El País.

Este mismo periódico incorpora además la opinión de los analistas de la empresa de gestión de inversiones Allianz Global Investors, quienes creen que a corto plazo el dólar seguirá aumentando su valor frente al euro, “aunque a un ritmo más lento”. También anticipan que en los próximos meses podría haber una corrección, aunque apuntan que “si la economía global se debilita o si entra en recesión, el dólar seguirá fuertemente respaldado en términos generales”.

El destacado economista belga Bruno Colmant, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, no es tan optimista ni menciona posibles correcciones a corto plazo. En la Radio Suiza, en su cadena francesa, el 12 de julio declaró que la debilidad del euro se mantendrá en tanto continúe la guerra entre Rusia y Ucrania y que “puede ser [un periodo] extremadamente largo”.

Colmant reconoce en su análisis la relación determinante y condicionante entre dicho conflicto y la crisis económica actual de Europa occidental. Y afirma que el peor escenario imaginable es que continúe esta dinámica bélica que condiciona la situación económica –de por si ya muy compleja, irritante, llena de nerviosismo, que se percibe en el espacio del euro– en camino de producir un agotamiento continental.

Colmant observa que al mismo tiempo que el euro se desbarranca, la política “agresiva» de la Reserva Federal Estadounidense, que continúa aumentando sus tasas de interés, determina un rendimiento superior de los bonos de su propio tesoro con respecto a lo que Europa podría ofrecer. En resumidas cuentas: para cualquier inversionista, en la actual coyuntura, el dólar termina siendo una mejor opción que el euro. Lo que se comprende muy bien, según Colmant, por qué Estados Unidos se convierte en un refugio en términos monetarios, ya que hoy cuenta con una economía fuerte, en plena recuperación, con alza del empleo y no condicionada por la guerra que afecta directamente a Europa.

Medidas de emergencia en un país entre las cuerdas

En el marco del aumento de la inflación europea actual, con una media de 8,6% –su nivel más alto desde que comenzaron los registros–, la depreciación del euro determina un incremento del costo de vida ya que encarece las importaciones.

En este contexto de crisis continental que se profundiza, España se confronta a una tasa de inflación interanual muy alta, llegando en junio a un 10,2%, su nivel más elevado de los últimos 37 años.

Según la ONG española Oxfam Intermón, la inflación no solo golpea el conjunto de la actividad económica en general, sino que reduce el poder adquisitivo de los hogares más pobres un 30 % más que el de los hogares más ricos.

Y advierte que siempre hay sectores que salen ganando tanto de la actual situación bélica como de la pandemia. Las ganancias de algunos sectores –financiero, farmacéutico, energético y alimentario– se disparan. La ONG recuerda que los ingresos de las cuatro mayores empresas energéticas de España crecieron un 34 % entre 2020 y 2021. Es más, puntualiza, sus beneficios en 2021 fueron el doble de la media observada durante los cinco años anteriores. Solo las centrales hidroeléctricas y nucleares habrían generado entre marzo de 2021 y marzo de 2022 más de 6.500 millones de euros de beneficios extraordinarios (https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/inflacion-reduce-poder-adquisitivo-hogares-mas-pobres).

El Gobierno ha respondido a la actual situación hiperinflacionaria con medidas que intentan amortiguar el impacto de la misma, como subsidios para los combustibles y una reducción del Impuesto de Valor Agregado (IVA) sobre la electricidad, así como un aumento de las pensiones. Desde septiembre pasado hasta el presente destinó 30.000 millones de euros a este esfuerzo amortiguador.

Para salir al cruce del impacto que dichos tapagoteras antiinflacionarias le producen al Estado, el Gobierno anunció la instauración de un impuesto único (excepcional) sobre los beneficios extraordinarios de las grandes empresas energéticas. El Estado calcula recaudar unos 2.000 millones de euros anuales en 2023 y 2024.

Adicionalmente, decidió aplicar un impuesto, también temporal (dos años), a las grandes entidades financieras –que ya están empezando a beneficiarse por las alzas de los tipos de interés. Se estima que este impuesto permitirá recaudar 1.500 millones de euros anuales.

Varios son los países europeos que anunciaron en los últimos meses gravámenes excepcionales sobre los beneficios empresariales derivados de la inflación, en particular los grupos energéticos, que últimamente registran beneficios muy elevados. El Reino Unido e Italia, por ejemplo, establecieron impuestos especiales del 25% sobre las ganancias de las grandes empresas del sector energético.

Por otra parte, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, decidió un paquete de medidas, que incluye, entre otras el aumento de las becas, mantener un tope a la actualización del precio de los alquileres y la gratuidad de abonos para redes ferroviarias de corta y mediana distancia. Dichos anuncios los pronunció en el marco del maratónico debate sobre el estado de la Nación, entre el martes 12 y el jueves 14 de julio. Hacía ya siete años que no se realizaba este debate.

El pesimismo ambiente

En medio de una situación compleja en lo económico, confrontativa en lo político y profundamente polarizada en lo ideológico –la derecha con sus medios de prensa afines reabrieron con furia el tema ETA y la guerra de décadas pasadas en el País Vasco–, España representa, parcialmente, lo que vive una Europa convulsionada por las consecuencias del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Dentro de esta situación, la crisis energética, la inflación galopante, la caída hacia el abismo de la moneda única, los compromisos de aumentar los presupuestos militares –siguiendo las imposiciones de la OTAN– y los debates político-ideológicos nacionales definen una agenda interna (y continental) inimaginable apenas cinco meses atrás.

El conflicto bélico condiciona ya la vida cotidiana de millones de habitantes del espacio euro. Una guerra por procuración (Washington se frota las manos) suicida para una frágil Europa occidental desconcertada.

Semejante panorama desvirtúa, en los hechos, lo que apenas hasta hace poco tiempo aseguraban diversos analistas europeos eufóricos por la guerra: que la crisis solo afectaría a los dos países implicados militarmente.

La realidad desmiente ese falso optimismo. Y si queda alguna duda, simplemente véase de qué manera el euro resbala, se tambalea y cae estrepitosamente. Y lo único que crece en esta región es la inflación recesiva.

20/07/2022

Publicado enEconomía
El estado comprará las acciones de EDF que hoy están en manos privadas.. Imagen: AFP

La decisión traduce tanto el momento crítico del sector, las dificultades de EDF y un cambio de orientación profundo por parte de un gobierno de perfil liberal.

El Ejecutivo francés confirmó lo que ya había trascendido hace algunas semanas: la compañía francesa de electricidad, EDF, será rápidamente renacionalizada en su totalidad mediante una operación que apunta a que el Estado controle el 100 por ciento de la empresa. Hoy, la parte pública asciende al 83,9 por ciento de EDF, el 1,5 lo tienen los empleados y el resto está en manos privadas. En total, la llamada "Oferta Pública de Compra" de la empresa representa una inversion de 9,7 mil millones de euros. Según precisó el Ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, la renacionalización de EDF deberá estar terminada de "aquí a septiembre para que la compañía de suministros eléctricos esté en condiciones de aplicar el programa nuevo nuclear y desplegar los dispositivos de las energías renovables".

Momento crítico

La decisión traduce tanto el momento crítico que se vive en el ámbito de los suministros eléctricos, las dificultades por las cuales atraviesa EDF y que le impiden estar a la altura de su misión como un cambio de orientación profundo por parte de un gobierno de claro perfil liberal. El precio actual de EDF es otro dato de su situación: en 2005, el entonces Primer Ministro Dominique de Villepin decidió introducir la compañía en la bolsa de valores por un monto de 32 euros por cada acción. 17 años más tarde, el Ejecutivo propondrá la acción a 12 euros. No es seguro que los accionistas minoritarios acepten hoy un precio tan bajo por una empresa que es clave para la llamada  "independencia energética" de Francia. Sin embargo, con una deuda acumulada de seis mil millones de euros, atrasos considerables en las inversiones, en el mantenimiento del parque de centrales eléctricas así como la imposibilidad, en el estado actual, de llevar a cabo el plan de desarrollo fijado por el presidente Emmanuel Macron, EDF no puede caminar sin que el Estado la guíe. La responsabilidad de las malas cuentas de la EDF le incumbe en gran parte a la locura que, hace 20 años, se apoderó de los grandes grupos energéticos de Occidente, tanto privados como públicos, cuando se lanzaron a invertir miles de millones de dólares a través del mundo, particularmente en Europa luego de la liberalización del mercado de la energía decidido por la Unión Europea.

El pasado seis de julio, cuando la Primera Ministra Elisabeth Borne evocó la intención del Estado de tomar el 100 por ciento del control de la empresa de suministros eléctricos, lo hizo en nombre de dos objetivos: garantizar "la soberanía" y reforzar "las capacidades para permitirle a EDF desarrollar a corto plazo los proyectos ambiciosos indispensables para nuestro porvenir energético". La guerra en Ucrania reveló la enorme dependencia energética de Europa con Rusia en lo que atañe los hidrocarburos. Con el conflicto en el medio y con el hecho de que la energía y los alimentos se convirtieron en variables esenciales de la guerra, reforzar la independencia energética se tornó más urgente que nunca. "Debemos garantizar nuestra soberanía frente a las consecuencias de la guerra en Ucrania", dijo a principios de julio Borne, la responsable del Ejecutivo. A su vez, el titular de la cartera de Economía puso la renacionalización completa de EDF como un eslabón indispensable para hacer frente a los trastornos energéticos que se prevén. Bruno Le Maire explicó que la nacionalización a un 100 por ciento de la empresa le va a permitir a Francia "actuar rápidamente" frente a una crisis energética que "será un problema considerable con la posibilidad de un corte en los suministros del gas ruso".

Pérdidas

Poco a poco, EDF se fue quedando en el camino sin ser capaz de asumir ni siquiera los objetivos que le fueron fijando para su desarrollo. La construcción de un nuevo modelo de reactor, el EPR, lleva empantanada desde hace 10 años con un costo que se multiplicó por cuatro en la última década. Hay también centrales nucleares cuyos reactores están fuera de funcionamiento debido a graves problemas de mantenimiento (12 reactores parados de un total de 52). Para la empresa, ello acarrea cada año una baja considerable de la producción y, por consiguiente, más pérdidas. En mayo pasado, EDF calculó que todos sus problemas de desarrollo, de mantenimiento, de precios y de pérdida de la producción le costarían unos 18 mil millones de euros. A ello se le agrega la guerra en Ucrania y todos los subes y bajas que hubo en el mercado de la electricidad desde hace seis meses que obligaron al Ejecutivo a forzar a EDF a vender más barata su electricidad a las compañías concurrentes para limitar el alza de los precios en las facturas de la luz de las PME y los ciudadanos.

Todo este contexto alejó a EDF del ambicioso camino que le fijó Macron: por un lado, la construcción de otras seis centrales nucleares, por el otro, el desarrollo de un nuevo tipo de reactor, EPR2, así como la ampliación de los dispositivos de energía solar y eólica. Sin embargo, el corazón del proyecto se apoya esencialmente en la energía nuclear y no en las alternativas. EDF vuelve así enteramente a las manos del Estado luego de haber fracasado en sus principales misiones cuando funcionaba como una empresa mixta. Ante la guerra y las amenazas, sólo el poder del Estado ofrece, hoy, una alternativa segura. Ya no se ve tanto a los suministros energéticos como un negocio sino como una pieza clave de la independencia nacional.

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La firma rusa Gazprom suspendió la venta de gas a clientes de Europa desde el 11 de julio para dar mantenimiento al gasoducto Nord Stream uno. Foto Ap

Afectados alemanes declaran injustificados los argumentos del monopolio ruso del energético.

La empresa rusa Gazprom comunicó a sus clientes en Europa que no puede garantizar el suministro de gas debido a circunstancias "extraordinarias", según una carta confirmada por Reuters, lo que representa un desafío económico a Occidente tras la invasión de Moscú a Ucrania.

La carta del monopolio estatal ruso del gas, fechada el 14 de julio, dice que declara la fuerza mayor en los suministros desde el 14 de junio.

Gazprom, que tiene el monopolio de las exportaciones rusas de gas por gasoducto, declara en la carta que no puede cumplir sus obligaciones de suministro debido a circunstancias "extraordinarias".

La cláusula de fuerza mayor, invocada por una empresa para eximirse de sus obligaciones contractuales por factores ajenos a su voluntad, es un procedimiento de negocios en el que se invocan excusas de una parte para dejar de cumplir sus obligaciones contractuales.

Gazprom no hizo comentarios.

Uniper, el mayor importador de gas ruso de Alemania, fue uno de los clientes que dijo haber recibido la carta y que había rechazado formalmente el reclamo por considerarlo injustificado.

La empresa no compartió la carta, pero una fuente comercial, que pidió no ser identificada por lo delicado del asunto, expuso que la carta se refería a los suministros a través del gasoducto Nord Stream 1, una importante ruta de suministro a Alemania y otros países.

Ese gasoducto está cerrado para su mantenimiento anual, que se prevé que finalice el 21 de julio.

Desde hace unos días Europa manifestó su temor de que Moscú mantenga el oleoducto paralizado en represalia por las sanciones impuestas a Rusia por la guerra de Ucrania, agravando una crisis energética que corre el riesgo de sumir a la región en la recesión.

Retraso en la turbina

Incluso antes que Nord Stream comenzara el mantenimiento el 11 de julio, Gazprom había reducido el 14 de junio los envíos a través del gasoducto bajo el mar Báltico hacia Alemania, citando el retraso de una turbina que estaba siendo retenida en Canadá por el proveedor de equipos Siemens Energy.

Canadá envió la turbina del gasoducto Nord Stream a Alemania por avión el 17 de julio, una vez finalizados los trabajos de reparación, informó el lunes el periódico Kommersant, citando a personas familiarizadas con la situación.

Siempre que no haya problemas con la logística y las aduanas, la turbina tardará entre cinco y siete días más en llegar a Rusia, según el informe.

El Ministerio de Economía alemán difundió el lunes que no podía proporcionar detalles sobre el paradero de la turbina.

Sin embargo, un portavoz del ministerio comentó que se trataba de una pieza de repuesto que debía utilizarse sólo a partir de septiembre, lo que significa que su ausencia no podía ser la verdadera razón de la caída de los flujos de gas antes del mantenimiento.

Esto parece un primer indicio de que el suministro de gas a través de la NS1 posiblemente no se reanudará una vez finalizado el mantenimiento de 10 días, declaró Hans van Cleef, economista senior de energía de ABN Amro.

“Dependiendo de qué circunstancias ‘extraordinarias’ se tengan en cuenta para declarar la fuerza mayor, y de si estas cuestiones son técnicas o más políticas, podría significar el siguiente paso en la escalada entre Rusia y Europa/Alemania”, añadió.

El suministro de gas ruso ha disminuido a través de las principales rutas, entre ellas la de Ucrania y Bielorrusia y la de Nord Stream 1 bajo el mar Báltico.

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Fuentes: CLAE

Se decía que si EE.UU. se resfriaba, a los demás países les venía una neumonía, sin embargo, esta dependencia ya no es tanto como antes, puesto que en la economía mundial han aparecido múltiples polos económicos.Sin embargo, este país sigue siendo el centro de la economía mundial más allá de que su PIB pasó a segundo lugar, desplazado por China.

Las discusiones entre los economistas son geniales, como en el caso reciente de si la inflación era transitoria o permanente en tanto se aceleraba el alza de precios en la economía mundial. Así, para los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ( OECD) se prevé una tasa de inflación del 8,5% en 2022 más del doble de la registrada en 2021 (3,7%) y cuatro veces más alta que en todo el periodo 2013-2019, que fue de 1,7% en promedio inferior a la meta del 2% que tienen los bancos centrales de la OECD. 

Lo mismo está pasando ahora en las discusiones sobre la posible recesión en los países avanzados, que en un principio fue descartada y posteriormente admitida como probable a regañadientes, siendo actualmente la discusión de si está “a la vuelta de la esquina” como dicen algunos economistas y Wall Street,  o si ya está presente como perciben los consumidores. 

Sin embargo en Estados Unidos,  a junio aumentó la planilla de nuevos trabajadores contratados y la tasa de desempleo se mantuvo en 3,6%, similar a los niveles pre pandemia en 2019, lo que mostraría que la recesión no sería inminente.  

¿Pero por qué seguimos a EE.UU. de cerca? Porque sigue siendo el centro de la economía mundial más allá de si su PIB pasó a segundo lugar, desplazado por China. Es el centro financiero mundial y de las más importantes Bolsas de Valores como el Dow Jones y el Nasdaq, el mercado de valores y bolsa de valores automatizada y electrónica más grande de Estados Unidos. 

Es el primer emisor  internacional de bonos públicos como en el caso de los Bonos del Tesoro estadounidense. Es la más importante fuente de origen  y destino de la inversión directa extranjera y de los flujos de capital y, sobre todo, el dólar es la principal moneda de reserva internacional y se ha revaluado en 7% entre enero y junio de 2022, alcanzando su nivel más alto en 20 años. 

Tradicionalmente se decía que si EEUU se resfriaba, a los demás países les venía una neumonía, sin embargo, esta dependencia ya no es tanto como antes, puesto que en la economía mundial han aparecido múltiples polos económicos  pero que, debido a la hiperglobalización,  el mundo es cada vez más interdependiente e interconectado con una trasmisión casi inmediata de las perturbaciones, los efectos contagio y la ampliación de los shocks entre la mayoría de las economías del orbe.  

Un mecanismo de trasmisión de la crisis mundial se da a través de las fluctuaciones de los precios de los commodities que son los principales productos de exportación de Bolivia y de la región.  Con la pandemia, los precios de los commodities cayeron a niveles críticos, con excepción los metales preciosos, así en el caso del petróleo a 21 dólares el barril, el más bajo precio desde diciembre de 2001 y en el caso de los alimentos y minerales descendieron a los bajos niveles de la crisis financiera de 2008. 

Con la recuperación de la demanda mundial empezaron a subir las cotizaciones de los alimentos, minerales y el petróleo a 95 dólares el barril. Con la guerra y las sanciones  se dispararon los precios del petróleo a 122 dólares el barril, el 8 de junio, para después declinar en torno a los 100 dólares en la primera semana de julio. 

Tras alcanzar un máximo en marzo los precios de los minerales cayeron en 18% hasta junio a los que se sumó la cotización del oro que descendió en 14% y la plata en 28% hasta principios de julio. Los precios de los alimentos  también empezaron a disminuir desde marzo aunque solo en 3,5% hasta junio según la FAO. ¿Será el fin del ciclo post Covid?

Los signos de la desaceleración de la economía mundial son claros, la OECD estima un crecimiento del producto mundial del 3% en 2022, por debajo del 4,5% proyectado en diciembre pasado y para el último trimestre prevé un 1,9% de crecimiento. 

Adicionalmente, un indicador anticipado, el Índice de Confianza del Consumidor, muestra un nivel de 97 por debajo de 100, que significa una actitud pesimista de la evolución futura de la economía y posiblemente  una tendencia a ahorrar más y consumir menos ante las amenazas de recesión. 

El impacto en una economía como la boliviana se sentirá más en el segundo semestre de 2022 por lo que se debe estar preparados con todo el instrumental de la política económica y los mecanismos disponibles de financiamiento externo. O, toquemos madera.

19/07/2022

Por Gabriel Loza Tellería. ex-presidente del Banco Central de Bolivia, ex-ministro de Planificación del Desarrollo

Publicado enEconomía