Estados Unidos y China. La polarización del orden internacional

China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. Cuáles son los puntos de conflicto. 

 

Los caminos que llevan a la OMC

Por Julieta Zelicovich (*)

La proximidad de la 12º Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) lleva a poner la mirada en Ginebra -sede de este organismo- y a evaluar cómo las tensiones de la política mundial se enlazan con las dinámicas del comercio y la economía global. Y es que, en el marco de un orden internacional signado por la polarización creciente entre EE.UU. y China, la dimensión comercial ha tenido una relevancia destacada. Por un lado, porque en la dimensión comercial ha sido donde se ha manifestado parte de esa transición hegemónica, expresándose entre otros en el crecimiento de China como principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo, así como en el abultado déficit comercial que Washington registra respecto de Beijing. Por otro lado, porque fue a partir de la “guerra comercial” que EE.UU. buscó revertir esa situación.

En el medio de estos procesos se encuentra la OMC: organismo internacional en el que se establecen los marcos normativos para la política comercial y el espacio para la cooperación multilateral necesaria para lidiar con las fricciones que genera el movimiento constante de contenedores alrededor del mundo. Dos cambios sustantivos en el plano de las ideas y narrativas respecto de las relaciones comerciales internacionales resultan relevantes para entender el presente y futuro inmediato de esta organización:

En primer lugar, el cambio de énfasis en las relaciones exteriores, especialmente por parte de los EE.UU., de un enfoque de “ganancias absolutas” en el cual el énfasis se pone en el largo plazo y en la idea de que todos los países pueden ganar en el comercio internacional, a un enfoque de “ganancias relativas”, en donde lo que es significativo para la política internacional es quién se lleva la principal rebanada de ese reparto. El comercio global deja de ser pensado en términos de especializaciones competitivas y beneficios globales y se aproxima a un juego de suma cero.

Para la administración Biden esta lógica es especialmente clara en sector del acero, de paneles solares y en algunos sectores agrícolas y en semiconductores. En la base de este cambio hay un dato ineludible: en 20 años mientras que EE.UU. duplicó sus exportaciones de 729.100 millones de dólares en 2001 a 1.431.610 millones de dólares en 2020, China las multiplicó por 10 pasando de 266.098 millones a 2.590.221 millones de dólares.

En segundo lugar, y de la mano de lo anterior, hay un cambio en la manera de entender la globalización. La internacionalización de los capitales y la interdependencia, otrora vistos como oportunidad y como dinámica hacia la explotación de las eficiencias del sistema capitalista global, hoy son redefinidos como amenazas potenciales y no solo como oportunidad.

La globalización es interpretada como un factor que incrementa la vulnerabilidad de las economías. Surgen como respuesta nociones de “seguridad económica” como pilares claves en la definición de las acciones de política económica y comercial, destacándose el crecimiento de medidas proteccionistas a la par del desarrollo de iniciativas que impulsan aumentar la “resiliencia” de las cadenas de valor mediante una fuerte intervención estatal.

En un mundo de ganancias relativas por sobre ganancias absolutas, y de la globalización entendida como vulnerabilidad, la cooperación multilateral se presenta como una meta ambiciosa. Sin embargo, el hecho de que el comercio internacional sigue siendo un fenómeno global (y la certidumbre y estabilidad del mismo, un bien público colectivo), genera los incentivos para que aquello que acontece en Ginebra siga siendo relevante.

A seis semanas de la Conferencia Ministerial de la OMC la administración Biden-Harris ha realizado una nueva movida en el tablero de la gobernanza del comercio internacional. La directora del USTR, Katherine Tai, presentó en Ginebra un discurso con los lineamientos centrales de EE.UU. hacia la OMC, después de años en los que la administración Trump amenazara incluso con retirarse del organismo. En los lineamientos de política comercial establecidos en febrero 2021 se había anunciado una articulación simultanea de estrategias bilaterales y el multilateralismo, pero no había habido hasta ahora definiciones sustantivas respecto de la OMC, y en los hechos salvo por la aceptación de nombramiento de Ngozi Okonjo-Iweala como Directora General, la política de Biden era muy similar a la de Trump.

En este nuevo discurso, EE.UU. plantea su compromiso hacia el multilateralismo, con una mirada optimista y de largo plazo, lo que es ciertamente un cambio. De momento, se anuncia un mayor involucramiento por parte de EE.UU. en negociaciones multilaterales por cuestiones como transparencia y subsidios a la pesca, así como un mayor compromiso en términos del consenso e inclusividad en los procesos decisorios. Sin embargo, el cambio puede ser cosmético: perdura el bloqueo al órgano de apelaciones y se siguen desarrollando acciones que cuestionan abiertamente el orden basado en reglas.

Además, no puede dejar de ponerse en relación estas nuevas declaraciones con la estrategia bilateral hacia China enunciada a comienzos de mes. En efecto, respecto de Beijing, la autoridad comercial de los EEUU (USTR) presentó una combinación de acciones unilaterales y bilaterales con la búsqueda de “aliados” para construir una “economía internacional más justa” en las que las democracias de mercado puedan “llegar a la cima”. Así, esta vuelta hacia Ginebra podría ser parte de esa estrategia en la que la OMC será disputada, como reflejo de esas concepciones de ganancias relativas. La reunión de ministros que arranca el 30 de noviembre será una ocasión estratégica para discernir cómo este complejo conjunto de elementos se articula en el multilateralismo realmente existente, que surfea entre las lógicas de competencia, coexistencia y cooperación.

(*) Doctora en Relaciones Internacionales. Profesora en Universidad Nacional de Rosario e Investigadora en CONICET.

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El mundo que cruje

Por Gustavo A. Girado (**)

Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores crearon un marco institucional que respondiera a sus intereses. La Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y toda una gran parafernalia institucional fue diseñada al calor de los valores e intereses que marcaba la agenda de aquellos que habían ganado y, más aún, ellos establecieron formatos, normas y estándares para el funcionamiento institucional y la producción de bienes y servicios. Era el momento de las instituciones “Post-Bretton Woods”, uno en el cual los valores de oriente no se encuentran contenidos, pues no había lugar para considerar los de aquellos que habían perdido -Japón-, ni tampoco los de quienes estaban en guerra civil -Corea, China-, que desde entonces consolidaron su dependencia.

Los que fijaron estándares eran dueños del conocimiento, los que generan valor agregado manufacturero y destinan recursos a inventar, patentar y finalmente innovar, y que se hacen del mercado pues llegan primero. Pero una vez que nace la República Popular China, sus necesidades la hacen trabajar intensamente para reducir aquellos grados de dependencia para convertirse en un país soberano. Hoy China cuestiona aquellos formatos institucionales y por eso aquel mundo Post-BW cruje pues otros reclaman una participación acorde a su importancia relativa, y bogan por una nueva arquitectura internacional, por refundar gran parte de aquella institucionalidad y estimulan esquemas de gobernanza global que contemplen más los intereses de las economías en desarrollo. Hasta ahora, la ausencia de respuesta política global ha conseguido que China establezca otra institucionalidad, la suya (AIIB, BRICS, OCS, BRI, etc.). Que China había ya entrado en una “nueva era”, se supo de la misma boca de Xi Jinping en 2017, y que incluso debía “ocupar un lugar central en el mundo”.

Dos años después, y frente a la visible escalada del conflicto comercial (en el marco de la mencionada “guerra”, en particular desde Trump en adelante) y la menos visible del conflicto tecnológico, la misma autoridad china usó la idea de una “Nueva Larga Marcha” para describir el empeoramiento de la relación de China con Washington y preparar a la población para los eventuales momentos turbulentos que se avizoraban.

Hoy EE.UU. ya no es el hegemón que cuenta con una red de alianzas que refuerza gran parte de aquel orden que supo forjar, caracterizado por estar basado en (sus) reglas. China ha conseguido convertir su crecimiento en desarrollo, resurgiendo respecto de un siglo atrás, y se pone a la par de EE.UU., e incluso más poderosa en ciertos segmentos. La lista de puntos de fricción es larga y el espectro, amplio. De todos, la tensión en el frente tecnológico está en el centro de la disputa pues el objetivo de EE.UU. es detener el escalamiento tecnológico chino. En la zona cero del conflicto se encuentran los semiconductores y los circuitos requeridos por los microchips. Se llegó a sanciones tecnológicas con alcance extraterritorial, prohibiendo la venta de semiconductores y los medios para fabricarlos en terceros países que emplean grandes cantidades de tecnología estadounidense, y hasta a persuadir al gobierno de Países Bajos para que detenga las ventas de equipos avanzados de litografía en chip a China (caso ASML, único fabricante de máquinas ultravioleta extremas), boicot tecnológico que empujó a China a impulsar su autosuficiencia. Con el Congreso norteamericano en homogénea hostilidad bipartidista contra China, con Biden no se ven diferencias políticas importantes (excepto liberar a la directora de Huawei), y así la competencia basada en tecnología se intensifica. El éxito competitivo depende críticamente del control que se tenga de los derechos de propiedad intelectual y de la capacidad de controlar estándares de interfaz y arquitectura abiertos, pero propios, lo que termina aumentando la importancia política y económica de la estandarización, lo que creo constituye la pelea de fondo: quién establece las normas, patrones y estándares de la tecnología por venir (5G, IoT, etc.).

(**) Director – Posgrado en Estudios en China Contemporánea UNLa.

 

 18 de octubre de 2021

Producción: Javier Lewkowicz

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Choque energético global: "burbuja verde" de 150 millones de millones de dólares

En forma apocalíptica, la revista globalista neoliberal The Economist (https://econ.st/3ASnhcC), vinculada con los intereses de la Banca Rothschild, proclama "el primer gran choque energético de la era verde: existen graves (sic) problemas con la transición a la energía limpia" (sic).

Hasta la flemática reina Isabel II de Inglaterra comentó muy molesta que el mundo habla mucho, pero no implementa la "economía verde" que, como los fallidos Covax/Gavi (https://bit.ly/2YXqCtO), forma parte del proyecto del "gobierno mundial" de la monarquía neoliberal británica.

The Economist sintetiza lo archisabido sobre el alza antigravitatoria de 95 por ciento (sic) del precio de la canasta de petróleo, carbón y gas, mientras Gran Bretaña regresó a las centrales eléctricas de carbón (¡megasic!), por lo que The Economist juzga que "sin reformas rápidas (sic) habrá más crisis energéticas y, quizá, una revuelta (sic) popular contra las políticas climáticas".

Según The Economist, que naturalmente defiende los plutocráticos intereses de la bancocracia globalista, la grave crisis se debe a "tres problemas":

  1. "Las inversiones en energía son la mitad de lo que deberían ser para alcanzar el cero neto en 2050", por lo que los "combustibles fósiles, que satisfacen 83 por ciento de la demanda energética primaria", deberán ser reducidos "hacia cero". ¿Que harán de aquí a 30 años sin gas, que es el "estabilizador de apoyo" de las intermitentes energías renovables?
  1. La geopolítica no pierde su eterna guerra de propaganda contra el "autocráticopetro-Estado" Rusia, fuente de 41 por ciento de las importaciones de gas” y cuya "influencia crecerá conforme abra el gasoducto NordStream2 y desarrolle mercados en Asia". The Economist incita a las "pudientes (sic) democracias a abandonar la producción de combustibles fósiles".
  1. "El diseño defectuoso (sic) de los mercados energéticos", en un "nada confiable mercado spot" que, no lo dice, es el magno incitador de la especulación financierista de entrega inmediata.

Como antítesis a The Economist, vale la pena detenerse en los muy solventes axiomas geoenergéticos del zar Vlady Putin (https://bit.ly/3FRdgQL) cuando de nueva cuenta Prometeo ha sido encadenado (https://amzn.to/3aHDruD) por los globalistas financieristas y su especulativa "burbuja verde".

Daniel Paul Goldman, de Asia Times, alertó juiciosamente sobre una "burbuja verde" por 100 millones de millones de dólares (https://bit.ly/3DI2IRS), mientras Mark Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra, ahora desempolvado como "enviado especial" de la ONU para Finanzas y Acción Climática, en una bombástica entrevista con Libby Casey, del Washington Post (https://wapo.st/2XhcZVE), no ocultó que el sector financiero y los bancos privados (sic) tendrán la tarea de forzar al mundo a la economía verde del "carbón neutral", mediante la "tubería" (plumbing) del sistema financiero para alimentar la "burbuja verde" notoriamente especulativa, en detrimento de las inversiones de la economía productiva: "es el conductor fundamental de cada decisión para las inversiones o para la decisión de empréstitos", por lo que la COP26 requiere de "mucho dinero", será una "enorme inversión en todo el mundo de entre 100 y 150 millones de millones de dólares de finanzas externas en las próximas tres décadas".

Será por medio del financierismo, el verdadero poder de Global Britain desde La City, que erradicará los combustibles fósiles con la "metodología de inversiones" ESG: Ambiente/Social/Gobernanza. The Economist también proyecta el financiamiento de la "burbuja verde" entre 4 y 5 millones de millones de dólares al año, es decir, entre 120 y 150 millones de millones de dólares en 30 años, fecha final para el "carbón neutral" (https://bit.ly/3DHZDRU).

Cual su costumbre supremacista, la monarquía globalista neoliberal de Gran Bretaña da línea neomaltusiana, imponiendo su agenda globalista financierista con disfraz "verde", y resetea su unilateral "nuevo orden mundial" mediante su reingeniería sicobiologista para avanzar la agenda de "Global Britain" (https://bit.ly/2Z1UAgn).

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Aspecto del Pabellón de España titulado Inteligencia para la vida, presentado en la Expo 2020 Dubái, el 1º de octubre en esa ciudad de Emiratos Árabes Unidos.Foto Ap

Cabe recalcar el axioma geoestratégico del zar Vlady Putin a unos estudiantes en las afueras de Moscú: “La inteligencia artificial es el futuro, no sólo de Rusia, sino de toda la humanidad; ello traerá colosales oportunidades, pero también amenazas que son difíciles de predecir. Cualquiera que lidere la inteligencia artificial controlará el mundo (https://bit.ly/2YRJFG1)”.

El prodigio francés de 37 años Nicolas Chaillan lanzó una verdadera bomba atómica en una entrevista al rotativo globalista Financial Times (10/10/21), al afirmar que había renunciado a su puesto hace justo una semana como jefe de Ciberseguridad del Pentágono (https://bit.ly/3mNvU39) debido a que EU ya perdió la batalla de la inteligencia artificial (IA) frente a China, cuando “la ciberseguridad de EU en algunos departamentos gubernamentales se encuentra a un nivel de kindergarten”.

Chaillan comentó que no tenemos una oportunidad competitiva para luchar contra China de 15 a 20 años, mientras Pekín se encamina al dominio global debido a sus avances en IA, aprendizaje automático y capacidades cibernéticas. Su renuncia fue en protesta al paso lento de la transformación tecnológica del ejército de EU y porque no deseaba quedarse viendo a que China supere a EU. Chaillan aduce que China está lista a dominar el futuro del mundo, controlando todo (sic), desde las narrativas de los multimedia hasta la geopolítica.

Fustiga la reticencia de Google para colaborar con el Departamento de Defensa de EU sobre IA y critica acerbamente los interminables debates sobre la ética de la IA que han ralentizado su desarrollo en EU, mientras, en contraste, los chinos hacen todo lo contrario. Aquí se equivoca Chaillan, pues el Partido Comunista Chino ha procurado sus axiomas bioéticos, más persuasivamente superiores a la depredadora bioética capitalista con disfraz de regulador estatal (https://bit.ly/3v2QX5C). Reconoce que EU gasta tres veces más que China en Defensa, pero asintió que existe mucha disipación, pues la extra liquidez era inmaterial debido a los muy elevados costos, además que eran colocados en los rubros erróneos, mientras la burocracia y la sobrerregulación obstruyen el cambio más que necesitado del Pentágono.

La dilapidación y la disipación del gasto militar del Pentágono son legendarias donde se han llegado a extraviar (sic) en forma surrealista hasta 35 (¡megasic!) millones de millones de dólares (trillones en anglosajón; https://bit.ly/30pBQbj), sin contar el extravío del contralor del Pentágono, el rabino (literal) Dov Zakheim ( https://bit.ly/3ayzW9P), por 2.3 millones de millones de dólares. No comment!

El libro seminal de Andrei Martyanov (https://amzn.to/3FGX1p5) expone cómo el Deep State de EU dilapida su gasto militar. En el rubro de las armas hipersónicas, EU viene en tercer lugar detrás de Rusia y China (https://bit.ly/3ABuXA3), que acepta hasta el mismo STRATCOM, mientras los expertos rusos alardean su ventaja de 20 años. Si es de fiar la bombástica confesión de Chaillan, ahora EU estaría rezagada en IA otros 20 años, esta vez detrás de China.

En medio de su dislocación centrífuga, ¿qué le queda a EU, la otrora superpotencia militar, fuera de su control financiero globalista, su dólar, su dominio del FMI y el Banco Mundial, aparte de su supuesta supremacía marítima, su omnipotente maquinaria propagandística, su pacto comercial tripartita del T-MEC y su nuevo pacto defensivo del Aukus? Cabe la posibilidad de que el prodigio francés de la ciberseguridad, Chaillan, esté exagerando el rezago de EU en la IA con el fin de causar alarma en el Congreso para obtener un mayor gasto militar en tal rubro y, de paso, obligar a los gigantes de Silicon Valley a colaborar más estrechamente con el Pentágono. ¿Qué sucedió, pues, con el tan cantado Defense Innovation Board (DIB, por sus siglas en inglés; https://bit.ly/3awQ7Vq) que dirige el israelí-estadunidense Joshua Marcuse (https://bit.ly/3mHTvCm)? ¿Le habrá hecho daño al Pentágono, la atomización de la ciberprivatización a ultranza del disfuncional sistema capitalista en EU?

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Las maniobras militares han llegado al borde del paroxismo por medio de ejercicios conjuntos de Estados Unidos con sus aliados en el mar del sur de China. En la imagen de 2017, fuerzas especiales de Taiwán durante un simulacro militar.Foto Afp

Arrecia la escalada militar del pacto de defensa Aukus (https://bit.ly/3FpuUe2) y China en la región más incandescente del planeta (https://bit.ly/3oLboCO): el volcánico estrecho de Taiwán –que separa de 180 km a la renegada isla secesionista de su madre patria–, donde se escenifica simultáneamente, de manera paradójica, una relativa distensión geoeconómica acoplada.

Las maniobras militares han llegado al borde del paroxismo con el anuncio simultáneo del pacto defensivo de Aukus y de ejercicios militares conjuntos de Estados Unidos con sus "aliados" en el mar del sur de China.

Ya la revista globalista The Economist había colocado desde principios de mayo a Taiwán como "el lugar más peligroso del planeta" (https://bit.ly/3oKgbEz), mientras Kissinger alertaba a la “extinción termonuclear de la humanidad por una guerra fría de Estados Unidos contra China” (https://bit.ly/2YBy2Cz).

El teniente coronel retirado Daniel Davis comenta en la revista globalista británica The Guardian, íntima de George Soros, que "Estados Unidos debe evitar a todo precio una guerra con China por Taiwán" (https://bit.ly/2YEdaeu) y prevé que el "resultado más probable sería una derrota convencional" (sic) de Estados Unidos, pero que podría escalar fuera de control a un "intercambio nuclear" en el "peor caso". Davis aconseja que "Washington debe continuar abrazando la ambigüedad (sic) estratégica, pero en forma privada (¡megasic!) hacer saber a los líderes de Taiwán que no vamos a librar una guerra con China".

No faltan cabezas calientes, como el muy famoso coronel Lang, quien recomienda una "guerra nuclear preventiva" de Estados Unidos para aniquilar todo el arsenal nuclear de China (https://bit.ly/3iP4fh5).

The Wall Street Journal reveló la presencia desde hace un año de marines para entrenar al valetudinario ejército taiwanés (https://on.wsj.com/3Ane37T) –que sigue comprando armas masivamente sin ton ni son a Estados Unidos–, lo cual China define como una "invasión" (sic) a su integridad territorial bajo el concepto de "una sola China" que fue aceptada tácitamente por la dupla Nixon/Kissinger en 1973 y que luego fue formalizada por la dupla Carter/Brzezinski con el mandarín Deng Xiaoping en 1978.

La escalada llevó a que la CIA abriera un "Centro de Misiones para China", cuyo director William Burns considera la "amenaza geopolítica más importante a la que nos enfrentamos en el siglo XXI" (https://bit.ly/3amIL6u).

El ejército chino lanzó 155 incursiones aéreas en las cercanías de Taiwán, sumadas de maniobras de los submarinos de Beijing en las aguas compartidas. El mismo día (¡megasic!) se reunieron en Zurich durante seis horas (sic) el asesor de Seguridad Nacional, el israelí-estadunidense Jake Sullivan, y el ya célebre Yang Jiechi, el más alto funcionario de relaciones exteriores de China y miembro del politburó del Partido Comunista.

La trascendental reunión fue producto de la llamada telefónica del presidente Joe Biden a su homólogo el mandarín Xi Jinping, lo cual abrió la posibilidad de un encuentro entre ambos, sea por teleconferencia o de forma presencial (https://bit.ly/3Duh3Bg).

En forma impactante, el rotativo oficioso chino Global Times epitomiza que la reunión en Zúrich "puede brindar frutos".

En Zúrich abundó más la lingüística de "competición responsable", de "reacoplamiento" y hasta de cooperación, en lugar de "confrontación" y "desacoplamiento", en medio de la reciente liberación de la heroína china Meng Wanzhou, hija del mandamás de Huawei y encarcelada de manera injusta en Canadá por exigencia de la administración Trump.

Una cosa es segura: el encuentro de Zúrich fue más fructífero que la fallida reunión de Alaska (https://bit.ly/3uVZnM1), mientras, paradójicamente, en el rubro militar se ha estirado la liga al máximo sobre el devenir aleatorio de Taiwán.

¿Quién se quedará con los semiconductores de Taiwán? ¿Cuál será la postura de Rusia –que actualizó su política de disuasión nuclear el 2 de junio del año pasado (https://bit.ly/3iKI3EO)–, supuesta aliada de China, en el hipotético escenario de una "guerra preventiva nuclear" de Estados Unidos contra China?

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China y Estados Unidos: la amenaza de una deriva militarista

Entrevista a Walden Bello

¿Qué hay de nuevo en el mundo en este tercer decenio del siglo XXI?

China no es solamente la segunda potencia económica mundial, sino el centro de la acumulación de capital. El 28 % del crecimiento mundial entre 2003 y 2018 proviene de China, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su crecimiento es dos veces mayor que el de la economía estadounidense, que desde hace 50 años se ve afectada por un declive sistemático de la rentabilidad del capital.

¿Por qué el gran capital representado por las empresas multinacionales decidió apostar por China?

Hasta la década de 2000 entraron en el mercado de trabajo cientos de millones de trabajadores (80 millones solamente en la década de 2010). Hay que subrayar que estos trabajadores venían del mundo rural y su llegada permitió mantener los bajos salarios en todos los sectores de la economía china. El salario medio en China equivalía al 2,9 % del salario medio en EE UU.

¿Quién se benefició?

Para la empresas multinacionales, el desarrollo de las tecnologías de la información permitía segmentar el proceso de producción y repartir las actividades productivas entre varios países en una especie de cadena de valor. El traslado de un gran número de capacidades productivas a China, por tanto, no solo era posible, sino también sumamente lucrativo. Gracias a las normas establecidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), China sacó provecho de la reducción de cuotas y barreras arancelarias.

China salía beneficiada…

La alianza entre China y las multinacionales se basaba en el interés común, pero los objetivos estratégicos de una y otras eran distintos. En cierto modo, el Estado chino ha utilizado las inversiones extranjeras como sucedáneo de una clase capitalista nacional. El desarrollo económico fulgurante ha cambiado China. La renta per capita entre 1988 y 2008 aumentó un 229 %, lo que supera de lejos lo que ha ocurrido en otras partes de Asia. Por otro lado, esta situación ha creado enormes diferencias entre el 1 % más rico y el resto. Además, este crecimiento se ha producido en detrimento del medio ambiente.

¿Existe una correlación entre el crecimiento chino y el declive estadounidense?

El declive estadounidense comenzó antes del auge chino. Importantes sectores de la economía industrial ya eran menos competitivos, menos rentables. Más tarde, varias empresas estadounidenses migraron a China para contrarrestar esta tendencia a la baja. Se calcula que en EE UU se perdieron 8 millones de puestos de trabajo a causa de esta deslocalización, lo que representa un porcentaje del total bastante bajo. Según los trabajos de Thomas Piketty, la razón principal del declive económico estadounidense estriba en el aumento de las diferencias entre los salarios altos y los salarios bajos. De ahí una especie de guerra civil interna, que incluye una fuerte dimensión de racialización. Millones de personas lo vivieron como el final del sueño americano.

La estabilidad de China contrasta con esto…

Las tensiones sociales que se manifiestan cada vez más no desembocan en una crisis política. Una oposición bastante reducida quisiera promover una evolución hacia el liberalismo. Se perciben los efectos de esta crítica en las redes sociales, pero quienes mandan en China, entre ellos el presidente Xi, están en condiciones de preservar la legitimidad del Estado, que esgrime a su favor la prosperidad de la mayor parte de la población. Esto permite a la China actual proyectar una especie de modelo chino, que gana esplendor con el megaproyecto de la Nueva Ruta de la Seda destinada a conectar China con el resto del mundo.

¿Cuáles son las condiciones que han permitido este avance de China?

Un factor importante ha sido que China no ha dedicado una parte excesiva de su presupuesto al sector militar. En vez de implicarse en la gestión de los conflictos en el mundo y el refuerzo de un vasto complejo militar-industrial como EE UU, Pekín ha logrado ampliar su dominio a través de la economía, no solo en la propia China, sino también en África y en América Latina. Mientras que China invertía miles de millones en la economía del Sur global, EE UU se dedicaba a prestar ayuda militar a sus aliados geopolíticos, como Israel, Egipto, Arabia Saudí.

¿Y este proceso continúa?

China ha lanzado recientemente el Banco de Desarrollo e Infraestructuras de Asia. Este proyecto ha atraído incluso a varios aliados europeos de EE UU. Decenas de Estados del Sur global se han unido a esta iniciativa, que les permite disponer de cuatro billones de dólares para proyectos de infraestructura en el vasto continente eurasiático, así como en África y América Latina.

¿Cómo trata el nuevo presidente Biden de gestionar esto?

Trump rompió con el proyecto impulsado desde hacía 20 años al situar los intereses de EE UU por encima de todo. La idea consistía en castigar a China, sobre todo mediante acciones e intervenciones que obstaculizaran el desarrollo técnico-científico chino. Biden, más allá de ñas diferencias retóricas, va en el mismo sentido. Se han reservado más de 250.000 millones de dólares para apoyar la competitividad de las empresas estadounidenses. China es probablemente la única cuestión en que Demócratas y Republicanos comparten las mismas posiciones.

¿Podría conducir esta situación a nuevos conflictos?

Actualmente solo hay un único ámbito en que la superioridad de EE UU todavía es innegable, que es el sector militar. Nos hallamos por tanto en una ecuación peligrosa en que el declive económico y diplomático de EE UU se produce en un contexto en que todavía goza de una innegable superioridad militar. A su vez, China, aunque está invirtiendo masivamente en su ejército, está muy rezagada. En la XIX sesión del Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, celebrada el 18 de octubre de 2017, Xi admitió este retraso. Dijo que China necesitaría 30 años para ponerse a la altura de EE UU.

China está realmente rezagada en el terreno militar…

En 2019, el gasto militar de EE UU era del orden de 732.000 millones de dólares anuales, frente a los 261.000 millones de China. El aumento del presupuesto militar estadounidense es del 5,3 % anual (frente al 5,1 % en el caso de China). Si analizamos los datos más en detalle, veremos que el contraste es muy fuerte. China dispone de un número limitado de armas nucleares (260 cabezas nucleares), que en realidad son armas defensivas. EE UU la supera de lejos (18.000 armas nucleares), que pueden ser un medio para imponer su dominación. En conjunto, la capacidad militar de China está muy alejada de la de EE UU. Recordemos que China tiene una única base militar en el extranjero (en Yibuti), mientras que EE UU tiene 25 tan solo en Asia: en Japón, Corea del Sur, Guam y Filipinas. China dispone de dos portaaviones construidos con tecnología soviética un poco anticuada, mientras que EE UU tiene 11, incluidos los de la VII flota, basada en Asia-Pacífico.

La superioridad estadounidense se basa en una estrategia…

Incluso en Washington reconocen que la capacidad de China es de naturaleza defensiva, mientras que la de EE UU es de carácter ofensivo:

  • Apuesta por el despliegue en el exterior, cerca de los enemigos reales o supuestos.
  • La doctrina militar aire-mar (AirSea) establece la necesidad de golpear al adversario en todos los ámbitos al mismo tiempo (centros de mando, sistemas de radar, lugares de producción y almacenamiento de misiles, satélites, etc.). Esto incluye el bloqueo de las rutas marítimas y terrestres.
  • Según Michael Klare, la estrategia estadounidense implica mantener una gran superioridad sobre las fuerzas del adversario y estar en condiciones de lidiar dos conflictos de gran envergadura al mismo tiempo y en todos los terrenos (militar, económico, tecnológico).

Actualmente, la relación de fuerzas es muy desfavorable a China. Las fuerzas estadounidenses rodean el territorio chino, especialmente sus regiones costeras, donde se concentran las capacidades industriales y tecnológicas. Las respuestas de China consisten en desarrollar la expansión de sus fuerzas marítimas y aéreas en la vasta zona alrededor del mar de China. En estos momentos, China y EE UU realizan simulacros de combate, con el riesgo de que se produzcan accidentes o se inicie una escalada.

¿Es posible cambiar la situación?

Hay que obligar a EE UU a aceptar un acuerdo de seguridad, que debería ser asumido y supervisado por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Este acuerdo debería incluir la desnuclearización de la región, la clausura de varias bases estadounidenses y la retirada de las fuerzas chinas a zonas alejadas, así como un nuevo pacto económico que incluya el respeto y la protección de la soberanía de los Estados afectados. La obra clásica de Clausewitz establece que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, dando por sentado que es el cálculo racional de los Estados el que puede determinar los niveles de conflictividad. En realidad, esta fórmula excluye demasiado el contexto de cada nación. Desde su origen, EE UU no ha dejado de organizar su expansión militar por todos los medios. Hoy, la mayoría de observadores piensan que la posibilidad de una guerra es elevada, máxime cuando la disparidad actual en el plano militar favorece a EE UU.

25/09/2020

https://alter.quebec/la-chine-et-les-etats-unis-la-menace-dune-derive-militariste/

Traducción: viento sur

Walden Bello es sociólogo y militante de la izquierda democrática en Filipinas.

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Sábado, 02 Octubre 2021 06:35

Asia, una región clave

Asia, una región clave

LA RESPUESTA CHINA A LOS SUBMARINOS NUCLEARES DEL AUKUS

Tras el lanzamiento de una nueva alianza militar occidental para contener la expansión china en Asia, Beijing respondió pidiendo adherir a un acuerdo comercial transpacífico impulsado, pero luego dejado de lado, por Estados Unidos. Ajedrez de alto vuelo.

El martes 15 el presidente estadounidense, Joe Biden; el primer ministro británico, Boris Johnson, y el premier australiano, Scott Morrison, lanzaron una nueva asociación trilateral de seguridad. La primera iniciativa bajo el AUKUS (siglas en inglés de Australia-Reino Unido-Estados Unidos) será la entrega de una flota de submarinos de propulsión nuclear a Australia. Canberra, no obstante, puntualizó que «no está buscando adquirir armas nucleares o establecer una capacidad nuclear civil». Pero, se mire por donde se mire, son pésimas noticias para la no proliferación. Recuérdese que Australia firmó el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares en 1973. Morrison dijo más tarde que Australia también adquiriría misiles de crucero Tomahawk de largo alcance de Estados Unidos. El AUKUS también prevé la cooperación trilateral en materia de inteligencia artificial, ciberseguridad y tecnología cuántica aplicada al armamento naval.

La asociación trilateral se perfila como una nueva herramienta para contener el ascenso geopolítico de China, por más que sus mentores se hayan cuidado de no mencionarla en ningún momento, y constituye un claro complemento de otras plataformas con similar finalidad: desde los Cinco Ojos, la alianza de inteligencia que Washington, Londres y Canberra mantienen con Canadá y Nueva Zelanda (que planea incorporar a otros cuatro países, es decir, Alemania, Corea del Sur, India y Japón), o el QUAD (Estados Unidos, Australia, India y Japón).

Europa fue dejada a un lado. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, confesó que no había sido informado del establecimiento de esta alianza. Reaccionó indignada Francia, la más afectada no solo en el ámbito económico, sino también en el geopolítico (con el naufragio de un acuerdo hecho en 2016 por un valor de 40.000 millones de dólares para vender submarinos convencionales a Canberra). Ahora París sopesa con Nueva Delhi un impulso a la cooperación militar bilateral (en 2024 completará la entrega a India de 36 aviones Rafale por un valor de casi 10.000 millones de dólares). Las voces que reclaman la vuelta a las esencias del gaullismo resuenan en los medios franceses. Pero las aguas pueden volver a su cauce tras el encuentro entre Emmanuel Macron y Biden agendado para fines de octubre.

Nueva Zelanda y Canadá también estuvieron notablemente ausentes. Ambos han aclarado que el nuevo acuerdo no cambia los lazos de seguridad e inteligencia con los tres países firmantes, pero ilustra algunas diferencias al tiempo que evidencia una más profunda implicación de Australia en las concepciones de seguridad de Estados Unidos. Australia y Nueva Zelanda parecen polos opuestos en la forma de concebir la relación con China. En línea con su tradicional política antinuclear (y la cautela en las relaciones con China), Wellington ha declarado que impedirá el ingreso de submarinos atómicos australianos en sus aguas territoriales.

El AUKUS, por tanto, representa una escalada significativa de la inclinación estratégica transatlántica hacia el Indopacífico. Tras el fiasco en Afganistán, Estados Unidos trata de recuperar la iniciativa al reforzar la apuesta contra China, desmintiendo cualquier lectura apresurada en clave de «declive irremediable» de la potencia hegemónica.

Por otra parte, si la creación del AUKUS desplaza definitivamente hacia esta zona el epicentro de la definición del orden mundial del siglo XXI, también convierte a Taiwán en el pivote de la alternancia en el liderazgo geopolítico global. En Reino Unido, durante un debate en los Comunes sobre el acuerdo, la ex primera ministra británica Theresa May desafió a Johnson a aclarar si el acuerdo podría llevar a Reino Unido a una guerra con China por Taiwán. En su respuesta, el primer ministro se cuidó de no descartar nada.

¿CARRERA ARMAMENTÍSTICA?

Con China construyendo a marcha forzada su propia Armada y poniendo a prueba repetidamente décadas de dominio militar de Estados Unidos en toda Asia, la creación del AUKUS está destinada a enviar el mensaje de una fuerte postura de disuasión. Este desarrollo puede impactar de lleno en las posibilidades de cooperación entre Estados Unidos y China en diversas áreas, tal como dejó entrever recientemente el canciller Wang Yi.

La hipótesis de desatar una carrera armamentística no es baladí. Desde hace por lo menos un par de años circulan rumores, no confirmados, pero respaldados por indicios claros, de una nueva base aérea estadounidense en el Pacífico, con cerca de 5 mil hombres, junto a un puesto naval australiano en la isla de Manus, en Papúa Nueva Guinea. Hay militares de ambos países desde hace tiempo, aunque solo se habla en términos genéricos de una rehabilitación del antiguo perímetro militar de Lombrum, que fue crucial para la campaña aliada en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. No solo Papúa Nueva Guinea, sino todas las islas del Pacífico ahora corren el riesgo de quedar geográficamente en el centro de la nueva confrontación. Eso podría explicar las conversaciones telefónicas mantenidas por Xi Jinping el 24 de setiembre con los líderes de Tonga y las Islas Salomón.

Corea del Sur también lanzó con éxito el 15 de setiembre un misil balístico desde un submarino, lo que lo convierte en el primer país no nuclear del mundo en desarrollar con éxito un misil de este tipo. En paralelo, el mismo día, su vecino del norte reaccionó con el lanzamiento de varios misiles balísticos de largo alcance. Seúl también trabaja en un nuevo caza de fabricación íntegramente nacional. Y Japón nunca falta a esta cita, a pesar de las limitaciones constitucionales, con el auxilio de la VII Flota Estadounidense y sus 11 portaviones nucleares (que contrastan con los dos portaviones chinos en servicio de motor diésel).

En este escenario, aunque China no tiene otra opción que mejorar sus capacidades en defensa, también debe evitar emular el tránsito soviético que pudieran tener presente quienes sueñan con reeditar una segunda guerra fría. Cabe recordar que la estrategia básica y general de China no ha cambiado, es decir, prefiere usar las palancas económicas, comerciales, inversoras –con preferencia a otras (militares), que no excluye del todo– como instrumentos privilegiados de su influencia. A sabiendas de que difícilmente puede competir con Estados Unidos en el campo militar, ese valor de atracción aspira a quebrar la influencia de Washington y asegurar a medio plazo su expulsión de la zona.

LA REACCIÓN CHINA: EL TPP-11

China condenó rápidamente el AUKUS, y el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian, dijo que «socava gravemente la paz y la estabilidad regionales e intensifica la carrera armamentística». Beijing sabe que se ha convertido en el objetivo preferente del empeño de Washington por reorientar su esfuerzo hacia la zona y por sumar aliados, construyendo diversas alianzas económicas, tecnológicas, militares y de inteligencia que buscan contener al gigante asiático.

La última señal de China en su estrategia fue la decisión formal, anunciada al día siguiente del lanzamiento del AUKUS, de solicitar el ingreso en el Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés; también conocido como TPP-11), una iniciativa impulsada originalmente por Washington precisamente para aislar a China en la región, aunque luego Donald Trump decidió quedarse al margen.

El acuerdo es hoy una organización económica regional cuyos 11 países miembros tienen un producto bruto interno (PBI) combinado de 11 billones de dólares. Esta cifra es inferior al PBI de China en 2019, que ascendió a 14,34 billones de dólares. Por tanto, no representa mucho en esos términos. Sin embargo, a China puede serle muy útil para reforzar y consolidar su Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Entre los miembros del TPP-11, solo Japón, Canadá, Australia y México están fuera de esa iniciativa china, mientras que Malasia, Singapur, Nueva Zelanda, Vietnam, Brunei, Chile y Perú ya son socios. Si China se adhiere a la nueva versión del acuerdo transpacífico, ganaría otra cadena con la que vincular a estos países y consolidar su iniciativa. De darse este paso, China podría, además, condicionar ampliamente el dictado de las normas comerciales regionales. El TPP-11 es presidido en la actualidad por Japón, que acabaría así por ceder a China la plataforma que tanto le ha costado construir tras el abandono de Estados Unidos.

Tokio ahora sostiene como prioridad las negociaciones con Reino Unido. El gobierno británico celebrará su primera reunión a finales de setiembre para negociar su adhesión al TPP-11. Corea del Sur y Tailandia también han manifestado su interés.

EL PODER DEL COMERCIO

China quiere participar en el transpacífico para ganar aún más centralidad en la región de Asia-Pacífico. Al mismo tiempo, es una forma de poner freno a la presión de Estados Unidos, de la que el AUKUS es la última pieza hasta ahora. Dado que la adhesión al TPP-11 es un paso más en la expansión estratégica de China, es posible que Japón y Australia se opongan.

También aquí se tropieza con Taiwán, que reaccionó a la petición de Beijing sumando de manera precipitada su propia petición de adhesión. Si China se integrara al TPP-11, para el Taiwán gobernado por el soberanismo sería prácticamente imposible hacerlo, ya que se requiere la unanimidad de los miembros. Taiwán tiene la esperanza de que Japón se decante a su favor, aunque ello le suponga concesiones bilaterales importantes en materia agrícola y otros. Tokio ya señaló que responderá basándose «en consideraciones estratégicas».

Terceros países se debaten entre sus ambiciones económicas y sus dudas en materia de seguridad. La principal baza de China para evitar que sus vecinos se abalancen en brazos de Washington es su poder comercial, financiero y tecnológico. Al convertirse en el principal socio comercial e inversor, puede frenar decisiones en su contra, como ocurre con frecuencia en el marco de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, e, incluso, lograr la inhibición de algunos países o su conversión en aliados, aunque solo sea de forma coyuntural. La presencia china sigue articulándose en torno a sus buques portacontenedores y no con base en sus destructores.

por Xulio Ríosdesde Beijing 
30 septiembre, 2021

 

(Publicado originalmente en el Observatorio de la Política China como «China, del AUKUS al CPTPP». Brecha publica fragmentos por convenio.)

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Banderas australianas y estadounidenses se sientan sobre la mesa durante una reunión entre el primer ministro de Australia, Scott Morrison, y el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin, en el Pentágono el 22 de septiembre de 2021 en Arlington, Virginia.- AFP
  1. Que la prensa occidental se esté centrando en el "enfado de París" por ser ninguneado por Washington y haber perdido un contrato de armas con Australia no es sólo otro reflejo de su miopía y el "occidentecentrismo" sino también de su manipulación: corre una cortina de humo sobre la naturaleza de Aukus, un nuevo pacto militar con el que EEUU pretende equipar a una flota de submarinos australianos de capacidad nuclear con el mero objetivo de provocar a China en venganza por haber sido derrotado en la guerra comercial.
  2. "Si la Unión Soviética se hundiera mañana bajo las aguas del océano, el complejo militar-industrial estadounidense tendría que permanecer hasta que se pudiera inventar algún otro adversario", recomendó George F. Kennan, uno de los ideólogos de la Guerra Fría, en 1996. Cuatro años después, el Pentágono inventó la "Guerra infinita contra el Terrorismo Islámico", para justificar la continuidad de la OTAN a pesar de la desintegración del Pacto de Varsovia: ¡El mundo se tragó que un solo individuo, un tal Bin Laden, desde una cueva de Afganistán (¡tan localizado que un mensajero recogía, casi a diario, sus "exclusivos" videos para entregárselo a Aljazeera!), podría ser capaz de poner en jaque a la totalidad de los servicios de inteligencia del planeta y la suma de sus fuerzas militares!

El objetivo no era otro que conquistar nuevos espacios estratégicos del mundo y seguir con el lucrativo negocio de armas a costa de la vida de cientos de millones de personas y la destrucción de estados enteros (Iraq, Afganistán, Libia, Somalia, Yemen, Sudan, Siria, etc.). Veinte años y una ingente ganancia material y geopolítica después, el Pentágono inventa el tercer Superenemigo: República Popular de China, presentándole como "la principal amenaza para la civilización humana" (¡lo mismo que dijeron sobre Sadam Husein!).

La cronología

  1. 14 de septiembre de 2021: EEUU, Reino Unido (RU) y Australia forman Aukus para provocar a China en la región Indo-Pacífico, donde se mueven la mitad de los 470 submarinos (no nucleares) del mundo.
  2. La estrategia de Aukus está basada en "provocación y confrontación" y pretende actuar bajo el pretexto de que "al ser China incapaz de atacar a EEUU (¿y por qué tendría que hacerlo si es su principal mercado?), lo hará a uno de sus aliados en esta región por lo que hay que preparar la defensa".
  3. 15 de septiembre: EEUU entrega la llave de Kabul a los talibanes, grupo fascista a sueldo de la CIA, y protegido por decenas de miles de "contratistas" con turbante (de las compañías como Blackwater o Triple Canopy) con el objetivo de extender el Arco de Crisis a Asia Central arrastrando a China, Rusia e Irán.
  4. 17 de septiembre: China mueve ficha y admite a Irán como miembro de pleno derecho de la Organización de Cooperación de Shanghái (la OCS), después de rechazar su solicitud durante 13 años, y este mismo día solicita unirse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico ("CPTPP"), el tercer mayor acuerdo comercial del globo.
  5. En las mismas fechas, varios buques militares británicos escoltados por el portaaviones HMS Queen Elizabeth, que por primera vez acogía a 14 cazas F-35B, llegan a Okinawa, Japón, para participar en unas maniobras militares, mirando a China.

Objetivos de Aukus

  1. Ejecutar la Doctrina Obama del "Regreso a Asia" de imponer un Nuevo Orden Mundial basado en contener al Nuevo Coco y, además, en su propio "patio trasero".
  2. Consolidar el modelo de una nueva estructura de alianzas militares basada en acuerdos "minilaterales". Ya había varias de este tipo en la región: el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral «Quad» formada en 2006 por EEUU, Australia, Japón e India, o la alianza de inteligencia Five Eyes (Los Cinco Ojos), con EEUU, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda en su seno.
  3. Minar la "Asociación estratégica" franco-australianas diseñada en 2018 por París y su estrategia Indo-Pacífica estructurada en torno al eje Delhi-París-Canberra. EEUU no soporta rivales poderosos como Rusia, China o Francia.
  4. Quebrantar la centralidad de la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sureste Asiático), que integra a 10 países de la región y cuyo socio principal es la OCS.
  5. Imponer una carrera armamentística a China, como lo hizo a la Unión Soviética, para que dejara de invertir en su su desarrollo social y económico.
  6. Poder librar una batalla Aire-Mar, desde las bases esparcidas por el Pacífico contra China. EEUU cuenta con unas 400 instalaciones militares alrededor de la potencia asiática, con buques de guerra y armas nucleares: desde la isla Saipán en el Pacífico hasta Darwin y Tindal en Australia; Changi East en Singapur; Korat en Tailandia; Trivandrum en India; Cubi Point y Puerto Princesa en Filipinas; entre otras en Indonesia y Malasia, y el resto de los países de la región.

Bases militares de EEUU alrededor de China

  1. Convertir a Australia, que tenía buenas relaciones con China, en un jugador destacado anti-chino en la zona, y otro integrante del grupo de Las Carnes de Cañón de los intereses exclusivos de Washington.
  2. Asignar al Reino Unido (tras animarle a salir de la Unión Europea) el papel de mayordomo militar de EEUU en los escenarios bélicos que va diseñando por el mundo.
  3. Socava el poder y la posición de Francia en el océano Indo-Pacífico, y de paso, mantenerlo a raya y ponerle "en su lugar" como potencia segundaria para que deje de competir con EEUU.
  4. Enviar las fuerzas navales australianas al Estrecho de Taiwán buscando una reacción de China. Con este tipo de gestos, EEUU de paso se ahorra los costes de sus guerras obligando a sus socios a utilizar sus buques, submarinos o aviones.
  5. Mandar un mensaje a Europa (no solo Francia) y también a Rusia: "¡Es hora de elegir entre yo o China!".
  6. Forzar a los aliados de EEUU a destruir sus relaciones con China. En caso de Australia, le obligó a:

-Cancelar dos acuerdos del proyecto de construcción de infraestructura de la Iniciativa de la Ruta de la Seda china.

-Prohibir las actividades de las telecomunicaciones Huawei.

- Dejar de vender a China el 80% del mineral de hierro del país y renunciar a 74.000 millones de dólares al año, así como el litio. El gigante asiático es el principal socio comercial de Australia. China como respuesta ha suspendido la compra de carne vacuna, mariscos y le ha impuesto aranceles a la cebada y el vino, entre otras medidas.

- Aumentar sus gastos militares comprando armas a EEUU.

El destino de la OTAN y Europa

  1. Washington no va a invitar a Europa al banquete de la nueva configuración del mundo. Necesitaba de la OTAN y sus socios europeos en su enfrentamiento con la Unión Soviética, así como tener un "cómplice" en sus inmorales guerras, entre otros fines. Por lo que, la "sorpresa" de Europa por la jugada de Joe Biden de ocultarle el plan de Aukus está fuera de lugar. EEUU siempre ha practicado el "America First" aunque antes no lo decía con este descaro.
  2. Que EEUU abandonara a la OTAN en su "muerte cerebral" se debe, principalmente, a que Europa, que recibe una ingente inversión de Beijín y se ha apuntado a su Ruta de la Seda, no comulga con la política anti-china de la Casa Blanca.
  3. La pérdida de la relevancia de Europa para la Casa Blanca también explica el permiso de Biden a Alemania para finalizar, la semana pasada, el proyecto Nord Stream II con Rusia.
  4. Ahora, el Pentágono pondrá más empeño en el plan que diseñó en 2014: sacar de las entrañas de la Alianza Atlántica una especie de mini-OTANes regionales, como ya dijimos en 2014.
  5. La OTAN europea sobrevivirá porque existe Rusia. Según Frontal 21, programa de la televisión alemana ZDF, "EEUU planea desplegar en una base aérea del oeste de Alemania 20 nuevas bombas nucleares B61-12, cada una de las cuales tiene una potencia equivalente a 80 veces la que lanzaron en Hiroshima". Cierto es que el Gobierno alemán votó en 2010 por no permitir las armas nucleares en su suelo. Pero la capacidad de decidir de Berlín en tales cuestiones no es mayor que la de otros países atacados, ocupados y controlados por EEUU como lo son Iraq o Afganistán. De hecho, Alemania alberga 235 bases militares de EEUU y es el centro del Estado Mayor del Comando Europeo y del Comando Africano (Africom). Por cierto, Europa debe pedir cuenta a sus servicios de inteligencia por no haberse enterado de lo que cocinaba el trío del AUKUM.
  6. EEUU no tiene en cuenta que un ataque a los intereses de China por parte de quien sea: 1) es también un ataque a a Rusia, país con el que tiene varios acuerdos de defensa mutua, y 2) Afectaría a las economías de al menos 130 países que ya están integrados en la iniciativa de china de la Franja y la Ruta.

Aukus como un negocio militar

  1. Australia, que ha suspendido un contrato de compra de 19 submarinos franceses valorados en 90 mil millones de dólares, no ha revelado (¡para proteger a los contribuyentes de un infarto cardiaco!) lo que le costará a la nación los ocho submarinos nucleares que EEUU le ha prometido vender sin siquiera concretar la fecha de entrega.
  2. Suiza también ha decidido renunciar a los aviones de combate franceses Rafale para comprar el F35 estadounidense.
  3. Francia, que no ha firmado el Tratado Internacional sobre la Prohibición de Armas Nucleares durante el Quinquenio 2021-2025, gastará en armas nucleares unos 30.000 millones de euros. Como si tener un arsenal de 300 cabezas nucleares fuera poco.
  4. En 2020, las exportaciones de armas de EEUU alcanzaron los 175,08 mil millones de dólares, un 2.8% más que en 2019. Este año, el Congreso de EEUU, de mayoría demócrata, aprobó un proyecto de ley de "defensa", con un presupuesto de 738.000 millones de dólares que incluye la creación de la Fuerza Espacial (FE), bajo el pretexto de la farsa de que EEUU no podrá "sobrevivir a un ataque furtivo de China".
  5. Con Aukus, la UE ya puede justificarse ante la opinión pública antimilitarista de la "necesidad de desarrollar una fuerza militar propia". En 2018, los trabajadores europeos aportaron unos 223.400 millones de euros a la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD).
  6. Fue por el negocio de armas que, en 2011, EEUU y Reino Unido lanzaron 110 misiles Tomahawk (por un precio cada uno de 1,4 millones de dólares) sobre Libia sin que hubiera ninguna guerra con este país y cuyo líder, el Coronel Gadafi, ya había rendido sus tributos al imperialismo -como indemnizar a las víctimas del atentado de Lockerbie, sufragar la campaña electoral de Sarkozi o regalar un caballo de dos millones de euros a José María Aznar; o también que Trump estrellara en el suelo afgano el MOAB, la bomba no nuclear más grande del mundo con sus 11 toneladas de TNT y un coste de 16 millones de dólares bajo el falso pretexto de "destruir unos túneles del Estado Islámico" riéndose de la inteligencia de su audiencia.
  7. La nuclearización del Ejército australiano no solo es una amenaza a los vecinos sino que tendrá efecto proliferación de armas nucleares en la región.
  8. Pregunta: Si los submarinos australianos pueden utilizar el combustible nuclear y teniendo en cuenta que la Agencia Internacional de Energía Atómica excluye a los reactores navales de sus inspecciones, ¿podrá Irán trasladar su programa nuclear a los fondos marinos?

Igual que en la Guerra de los Cien Años los únicos beneficiarios de las actuales guerras son los militares y los fabricantes de armas. Hoy no hay ningún indicio de que China represente una amenaza militar para EEUU y sus socios.

 Decía Lenin que las guerras imperialistas (igual que el choque entre ellas) son inevitables: son una exigencia del capitalismo corporativista. Aunque quizás con un movimiento antimilitarista (hoy inexistente), se podría reducir su impacto sobre la vida de los pueblos.

30 septiembre 2021

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Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, el 20 de enero de 2020 en Davos, Suiza, en una sesión del Foro Económico Mundial.Foto Afp

El omnipotente eje Wall Street/La City de la anglósfera y su nuevo Aukus optó destituir a Kristalina Georgieva, directora del FMI, mediante su bufete de abogados WilmerHale, sin juicio ni juez ni jurado de por medio (https://bit.ly/2WpVAKc).

El economista israelí-estadunidense Jeffrey Sachs, en un artículo surrealista en el globalista Financial Times (27/9/21), defiende a la acorralada directora del FMI, la búlgara Georgieva, quien sufre un linchamiento de los multimedia de la anglósfera que la acusan de favorecer a China en los rankings Ease of Doing Business del Banco Mundial (BM).

Sachs, graduado de Harvard, estuvo muy de moda en la década de 1990 por su propedéutica sobre el desarrollo sustentable que abogó en la Escuela de Gobierno Kennedy y hoy dirige el mismo tópico en la Universidad de Columbia. No obstante, Sachs ha cometido graves errores al haberse entrometido en la política interna de Bolivia con su nefario plan de estabilización de corte fiscalista neoliberal: pecado muy común de los académicos estadunidenses, quienes se inmiscuyen en países de los que ignoran su idiosincrasia y donde experimentan su reingeniería neomalthusiana. Sachs apoyó al dictador boliviano Hugo Banzer que fue defenestrado por los ciudadanos. Tras haber aconsejado a las economías poscomunistas, ahora Sachs se ha consagrado a la mitigación (sic) de la pobreza y a la sustentabilidad ambiental con enfoque globalista.

Usual a su estilo tajante, Sachs alega sobre el caso de Georgieva que los candentes (sic) ataques no tienen nada que ver en realidad con la presunta santidad de los datos del BM o sobre la calidad de su gestión, sino que se trata más bien del papel de China en la institución multilateral con sede en Washington. Confiesa que muchos en el Congreso de EU desean a Georgieva fuera porque no es una jurada enemiga de Pekín.

Sachs, hoy partidario de su correligionario, el senador Bernie Sanders, exhibe la carta de tres congresistas republicanos a la también israelí-estadunidense secretaria del Tesoro, Janet Yellen, que fustigan la participación de China en instituciones multilaterales como FMI, OMS y la ONU (https://bit.ly/3F1YNRC).

Los congresistas exigen que la Secretaría del Tesoro reporte las interacciones de Georgieva con los representantes chinos en el FMI que desembocaron en la aprobación de la nueva asignación por 650 mil millones de dólares de derechos especiales de giro (DEG) –de los que, por cierto, se benefició México con un maná de 18 mil millones de dólares.

Sachs arguye que se trata meramente de la creciente obsesión de EU con China, ya que los alegatos específicos contra Georgieva son veniales (sic) a primera vista. Expone que Shanta Devarajan, profesor de la Universidad Harvard a cargo del Ease of Doing Business del BM “niega que Georgieva lo hubiera presionado (https://bit.ly/3CTll51)”.

Sachs expone la hipocresía del BM, sobre todo, durante la presidencia del republicano David Malpass cuando el Congreso de EU presionaba en forma rutinaria al gobierno federal y al BM para enviar miles de millones de dólares a los regímenes apoyados por EU (como los 5 mil 300 millones de dólares a Afganistán durante la ocupación de EU) mientras intentaba bloquear fondos a los gobiernos con crisis de liquidez cercanos a China y a Rusia.

Sachs exclama que Georgieva recibe una persecución anticomunista al estilo McCarthy que llevará a la defenestración de la directora del FMI, que probaría en forma concluyente que el FMI es una institución dirigida por EU, lo cual orillará a que China, Rusia y otros busquen crecientemente su propia vía. Aduce en forma dramática que tal perspectiva retrocedería al planeta al crudo nacionalismo monetario y financiero de la década de 1930 que profundizó la Gran Depresión y colocó al mundo en el camino de la guerra total. Exhortó finalmente a que el FMI no deba capitular a la histeria congresista contra China. Sea lo que fuere, el eje Wall Street/La City de la anglósfera y su nuevo Aukus ya sellaron la suerte de KG en su muro financierista globalista.

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Miércoles, 22 Septiembre 2021 06:08

La ONU ciega ante su irrelevancia

Guterres interviene en la apertura del debate general del 76º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. - UN Photo/Cia Pak

El secretario general de la ONU, António Guterres, intervino ayer en el 76 periodo de sesiones de la Asamblea General queriendo encender todas las luces de alarma… menos la instalada en las propias Naciones Unidas. "Estoy aquí para hacer sonar la alarma (…) Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado. O más dividido. Nos enfrentamos a la mayor cascada de crisis de nuestra vida", aseguró mientras el organismo internacional se hunde cada vez más en la irrelevancia internacional.

El discurso de Guterres buscaba remover conciencias, alertando sobre la crisis climática, advirtiendo del peligro de la desinformación y los ataques a la ciencia, sentenciando que "los derechos humanos (DDHH) están bajo fuego" y que "la solidaridad está ausente, justo cuando más la necesitamos".

Todo ello en mitad de un escenario de pandemia global que no ha sido tratada como tal, con países sin haber recibido siquiera las primeras dosis de vacunas COVID mientras en otros como España terminan en la basura viales caducados sin usar. "Hemos aprobado el examen de Ciencias, pero estamos suspendiendo en Ética", resumió.

Desde su punto de vista, las seis grandes brechas a las que se enfrenta el mundo son las divisiones de la paz, del clima, entre ricos y pobres, de género, digital y generacional.

El problema de la intervención de Guterres es que ésta pierde fuerza cuando no viene respaldada por hechos, cuando el fracaso de la ONU se constata año a año sin que mueva ficha para resolverlo. Hablando en plata, no se puede salir a barrer la calle cuando el desorden reina en la casa. No parece coherente hablar de "la agitación desde Afganistán hasta Etiopía, pasando por Yemen" cuando esos conflictos llevan años sin mediación alguna, cuando la guerra ha vuelto al Sáhara Occidental tras más de tres décadas de incumplimientos de las resoluciones de la ONU. Si el papel de las Naciones Unidas es ausente en conflictos de antigüedad, ¿alguien de veras espera que en los de nuevo cuño, como el golpe de Estado de Myanmar, tenga algún efecto?

Las limitaciones políticas y operativas de la ONU cada vez son más evidentes, a pesar de que las voces que reclaman una profunda reforma del organismo llevan años resonando en todo el mundo. Asistimos a cómo sus programas mundiales únicamente tienen éxito allá dónde no tienen implicación política alguna o en regiones olvidadas por las superpotencias por carecer de interés geoestratégico. El caso de Palestina y la constante violación de los DDHH por parte de Israel representa un perfecto ejemplo de ello, con EEUU posicionado del lado israelí, independientemente de que republicanos o demócratas habiten la Casa Blanca, aunque sí lo hagan con diferentes modos y grados.

El Consejo de Seguridad bloquea más que actúa; su imagen dividida, con EEUU por un lado y China y Rusia por otro con Reino Unido y Francia sumidos en la impotencia, cada vez resta más confianza en la ONU, vista como un pelele en el contexto internacional. No es capaz de mediar en los conflictos, ni tan siquiera de mantener la paz en los que en el pasado medió, como evidencia el clamoroso fracaso en el Sáhara Occidental donde, tras 30 años de alto el fuego, Marruecos ha vuelto a la guerra con total impunidad, sin la menor crítica internacional, más bien lo contrario, su bendición silenciosa. Las ocasiones en las que el Consejo de Seguridad termina centrando el debate en la ayuda humanitaria se multiplican y ese no es el cometido para el que fue creado, pues para esos menesteres existen otros mecanismos.

La inoperancia del Consejo de Seguridad es la gran carga de profundidad que mina el correcto funcionamiento de la ONU, con un secretario general al que, pese al discurso de ayer, continúa faltándole coraje, enfundándose el traje diplomático que desactiva cualquier acción que entrañe el más mínimo riesgo, quedándose en el mejor de los casos en pronunciamientos aislados. Poco ruido y menos nueces, especialmente cuando sobre esas nueces está posada la mirada de alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Tanto piensa la ONU en el largo plazo que el corto se la merienda, imposibilitando ese horizonte que deviene en una mera ensoñación. Abordar cuestiones como el cambio climático o la revolución digital, aun siendo relevantes, es mucho más sencillo que meterle mano a los conflictos bélicos, a los abusos neocoloniales, a la sistemática violación de DDHH. La consecuencia directa de ello es, por ejemplo, el incontestable fracaso en Afganistán, donde el organismo estaba presente desde 2001 a través de su Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA).

Se escucharán muchos buenos propósitos durante la Asamblea General, pero o la ONU adopta un papel más audaz o todo quedará en agua de borrajas. Para poder hacer eso, el organismo ha de autodiagnosticarse; antes de encender las luces de alarma mundial, Guterres debería poner negro sobre blanco los males endémicos de la ONU que, aun ayudando a asegurar el actual escenario de inestabilidad mundial, sus apuntalamientos pueden terminar cediendo a la creciente presión.

22/09/2021

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Sábado, 18 Septiembre 2021 05:46

Más munición en una Asia que se rearma

Lanzamiento de un misil desde un submarino surcoreano este miércoles 15 de septiembreHANDOUT / Reuters

El acuerdo estratégico impulsado por Biden para frenar a China añade tensión a una zona con un gasto militar al alza

 

La nueva alianza estratégica de defensa entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia (Aukus), un movimiento que puede cambiar el transcurso de la intensa partida de ajedrez geoestratégico entre Washington y Pekín en Asia, ha desatado la furia de China. Apenas se habían apagado las voces de los líderes del nuevo Aukus tras anunciar el pacto cuando el Gobierno de Xi Jinping ya ponía el grito en el cielo. El acuerdo, advertía, puede precipitar “una carrera de armamento”. Pero la vasta región que aglomera al Índico y el Pacífico se rearma desde hace tiempo.

Solo esta semana, en los días inmediatamente previos al anuncio trilateral, en las aguas asiáticas Corea del Norte ha disparado dos misiles balísticos y uno de crucero, de larga distancia. Corea del Sur ha probado con éxito el lanzamiento de un misil desde uno de sus submarinos de fabricación propia, en lo que supone un hito de su capacidad militar. El Gobierno en Taiwán ha propuesto una partida presupuestaria extra por valor de miles de millones de euros para el desarrollo y la adquisición de nuevo armamento, incluidos misiles de crucero y buques de guerra. Algunos de los misiles más punteros del mundo se están desarrollando en esta región.

El año pasado Asia y Oceanía invirtieron 528.000 millones de dólares (unos 450.187 millones de euros) en la dotación para sus ejércitos, según los datos recopilados por el Stockholm International Place Research Institute (Sipri). Una suma que representaba un aumento del 2,5% con respecto al año anterior, y por debajo de los 801.000 millones de dólares gastados en América del Norte, pero cerca de un 40% más del total de las partidas del continente europeo.

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En gran medida, este crecimiento, en línea con un aumento constante a lo largo de las últimas dos décadas, viene arrastrado por la vasta inversión china en la modernización de sus Fuerzas Armadas. El gasto militar de Pekín en 2020, según el Sipri, rondó los 258.000 millones de dólares. Un aumento relativamente modesto con respecto al año previo, del 1,9%. Pero que representa un incremento del 76% en una década.

“El gasto de China ha crecido durante 26 años consecutivos, la cadena más larga sin interrupciones (de incremento del gasto militar) de cualquier país en nuestra base de datos”, indica el instituto sueco en su informe anual. En comparación, aunque la inversión de Estados Unidos, el país con mayor presupuesto para sus Fuerzas Armadas, alcanzó los 778.000 millones de dólares, un alza del 4,4%, esa partida se ha recortado en un 10% desde 2011.

El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino cuenta con el mayor número de tropas, unos dos millones de soldados, y la mayor flota del mundo, con cerca de 360 buques, y aspira a convertirse en una fuerza de combate totalmente modernizada para 2027, el centenario de su fundación. Fabrica dos nuevos portaaviones, que doblarán el número de estas naves de las que dispone, desarrolla cohetes de largo alcance y compite con Estados Unidos en el terreno de las armas del futuro, desde la tecnología cuántica a misiles hipersónicos.

Junto a una mayor disponibilidad de efectivo gracias al crecimiento económico de Asia a lo largo de este siglo, y razones ideológicas en ciertos casos -el conservador primer ministro nipón Shinzo Abe hizo del fortalecimiento de las fuerzas japonesas una de sus prioridades hasta su renuncia por motivos de salud hace un año- el creciente poderío militar de Pekín ha espoleado a otros países en la región a reforzar sus equipos militares.

Al presentar su propuesta de presupuesto extraordinario de 240.000 millones de dólares taiwaneses, o unos 9.000 millones de dólares para los próximos cinco años -que se sumarán a los 474.000 millones ya previstos en el presupuesto para 2022-, el Ministerio de Defensa en Taipéi advirtió este jueves de la “grave amenaza” que encara desde China. Pekín considera a la isla parte inalienable de su territorio y nunca ha renunciado a la fuerza como vía para la unificación.

China “ha seguido invirtiendo profusamente en su presupuesto de defensa nacional, su fuerza militar ha crecido con rapidez y con frecuencia envía aviones y buques para invadir y hostigar nuestras aguas y espacio aéreo”, apuntaba el ministerio en un comunicado. “A la vista de las graves amenazas del enemigo, las Fuerzas Armadas de la nación participan activamente en labores de preparación y cimentación de nuestro ejército, y es urgente que consiga una producción de armamento rápida y de calidad en un corto plazo de tiempo”, agregaba. Taipéi denuncia que desde hace aproximadamente un año China ha lanzado constantes incursiones de sus aviones militares en su zona de identificación aérea.

Este mismo viernes, y tras la presentación presupuestaria, la fuerza aérea taiwanesa interceptaba a una decena de aviones chinos en su espacio aéreo.

En otros países de la región, el gasto militar también parece alentado por el recelo ante el poderío chino. Además de sus nuevos misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) Corea del Sur planea la construcción de un portaaviones y el desarrollo de su misil Hyunmoo-4, con un alcance de 800 kilómetros, una inversión más orientada a crear un elemento disuasorio contra Pekín que a hacer frente a Corea del Norte.

Y, aunque no se la mencionó por su nombre en la presentación del Aukus, Pekín y su auge son el objetivo de la nueva alianza estratégica. “Es imposible interpretar esto como algo que no sea una respuesta a la pujanza de China”, opina Sam Roggeveen, del Lowy Institute australiano, en el blog The Interpreter de su laboratorio de ideas.

El pacto también representa una “escalada significativa del compromiso estadounidense contra ese desafío”, en opinión de ese experto. El pacto dotará a Australia -que se verá reforzada así como actor militar en la región- de tecnología para la construcción de submarinos nucleares. Pero incluye también la colaboración de Washington, Londres y Canberra en el desarrollo de sistemas de armamento de tecnología punta, desde la inteligencia artificial a armas cuánticas.

Ataque por el flanco comercial

“Llegando solo dos semanas después de que Biden declarara la guerra en Afganistán terminada, y solo ocho días antes de la primera cumbre del QUAD -la alianza de seguridad formada por India, Japón, Australia y Estados Unidos-, la presentación de Aukus afirma la determinación de la Administración de Biden para hacer jugar a los aliados y socios estadounidenses en la competición con China”, apunta Ali Wyne, de la consultora Eurasia Group, en una nota.

De momento, y tras la primera reacción de furia verbal, China ha optado por dirigir su respuesta a otro terreno más allá del militar. Horas después de la constitución de Aukus, Pekín presentaba su solicitud formal de ingreso en el Acuerdo Exhaustivo y Progresivo para la Alianza Transpacífica (CPTPP, por sus siglas en inglés), el pacto para crear una zona de libre comercio a ambas orillas del Pacífico que originalmente lideró la Administración de Barack Obama, pero del que Donald Trump retiró a Estados Unidos en 2017.

La iniciativa de Pekín, en opinión de Wyne, apunta A que China “percibe la falta de una estrategia comercial en Estados Unidos como quizá el talón de Aquiles en los esfuerzos de Washington por competir con China en el Indo-Pacífico y más allá”.

 

Pekín - 17 sept 2021 - 22:40 COT

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