Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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La ONU denuncia la violación de la privacidad por los Estados

Joseph Cannataci, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la privacidad lo tiene claro: es imprescindible intensificar la protección de la privacidad en el internet. Así lo ha expuesto ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, recomendando que los Estados actuén juntos, coordinados, dado que la problemática ha traspasado las fronteras nacionales.


Tal y como asegura Cannataci, el éxito de esta salvaguarda de la privacidad “depende de la voluntad y la capacidad de los Estados de trabajar juntos para lograr la sinergia entre los intereses de seguridad y la privacidad en el ciberespacio”.


Sin embargo, no sólo no se da esa necesaria cooperación sino que, además, el relator especial asegura que “desafortunadamente, no existe una sola legislación nacional de vigilancia que cumpla perfectamente y respete el derecho a la privacidad”. Desde su punto de vista, “los mecanismos de supervisión interna para la vigilancia de las comunicaciones y el uso de Internet no siempre existen, y cuando lo hacen, con frecuencia son ineficaces y no proporcionan la transparencia y responsabilidad adecuadas”.


La solución propuesta por el representante de la ONU, hoy por hoy, es pura utopía: apuesta por el establecimiento de un instrumento legal internacional, fruto del consenso de todos los Estados miembros de la ONU, para respetar y proteger el derecho a la privacidad en internet, especialmente en lo que al comportamiento que están teniendo los Gobiernos. Consciente de lo complicado de esta empresa, el propio Cannataci admite que es un camino cuyo recorrido se prolongará durante varios años.


Con un incremento de las acciones invasivas por parte de los Gobiernos amparándose en asuntos de seguridad nacional, pensar que es posible desarrollar un marco jurídico claro y exhaustivo sobre privacidad y vigilancia en el ciberespacio, como urge el relator especial, a fin de respetar el derecho a la privacidad dentro de cada país y a través de las fronteras nacionales, es una mera declaración de intenciones.


A pesar de ello, Cannataci ha pedido al Consejo de Derechos Humanos que recomiende a la Asamblea General de las Naciones Unidas que se impulse el desarrollo de un marco jurídico más amplio para Internet en la intersección de la privacidad y la seguridad.


Asimismo, el informe que ha presentado el relator especial presta mucha atención al mundo del big data y las fuentes abiertas (open data). Su análisis concluye que la disponibilidad de grandes volúmenes de datos permite una mayor y mejor toma de decisiones razonada por parte de individuos, empresas y Estados de todo el mundo, pero la mala gestión de la privacidad pone en riesgo su valor potencial.


Tal y como expone, “los datos son y seguirán siendo un activo económico clave, como capital y trabajo”. Sin embargo, “privacidad e innovación pueden ir juntas”, sin erosionar la protección de los Derechos Humanos. Para alcanzar esta meta, emite algunas recomendaciones, como el imperativo de establecer claramente políticas que limiten el uso de información personal basada en estándares y principios internacionales.


Paralelamente, el informe insta a que “cualquier iniciativa de Gobierno Abierto que involucre información personal, ya sea anonimizada o no, requiere un análisis riguroso, público y científico de las protecciones de privacidad de datos, incluida una evaluación de impacto sobre la privacidad”.

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Lunes, 19 Febrero 2018 05:29

La política del espectáculo

La política del espectáculo

La utilización de nuevas tecnologías digitales en la vida cotidiana ha trastocado los escenarios de la comunicación política. Algunos autores van más lejos aún, afirmando que asistimos impávidos a un cambio de régimen mediático caracterizado por la intensificación del politainment (info-entretenimiento) y del simulacro político. La lógica del entretenimiento ha reconvertido el campo político en un espacio escenificado que cuenta con actores, roles, mitos, recursos expresivos, hechos principales y secundarios. En lugar de informar, nos seducen y entretienen.

Este nuevo ethos digital se destaca por el debilitamiento de las líneas que separaban a los productores de los consumidores de información; una frontera difusa entre hechos y opiniones, público y privado, e información y entretenimiento [1]. En el último caso, afecta tanto a la incorporación de la lógica del entretenimiento en las noticias políticas -generando elevadas dosis de espectacularización- como al incremento del contenido político relevante en los espacios de entretenimiento.


La disolución de las fronteras entre información y entretenimiento genera diversos efectos sobre la democracia. Por un lado, impulsa un cambio en la atribución de la relevancia política por parte del público. En el contexto digital se reduce la confianza de los ciudadanos hacia las fuentes tradicionales utilizadas para obtener información política, como los noticiarios, puesto que la mezcla entre información y entretenimiento provoca nuevas formas de consumo de los contenidos políticos. Los ciudadanos otorgan más importancia y credibilidad a los programas de info-sátira, a los espacios de info-entretenimiento político, a los magazines políticos o a los programas de debate político que a los informativos convencionales.


El fin de la separación entre información y entretenimiento está vinculado a la disolución de la línea que divide lo público de lo privado, ya que ambas producen una espectacularización de la política. La revelación de datos relacionados con la vida íntima de los actores políticos en las noticias se ha incrementado a nivel global. Las consecuencias para la democracia de la aparición de la vida privada de los actores políticos en las noticias son diversas. Por un lado, la humanización de los políticos les permite establecer vínculos de proximidad con la ciudadanía que pueden derivar en la creación de lazos afectivos de carácter emocional. La canalización de la atención para dominar la agenda mediática utilizando la intimidad como moneda de cambio, por otro, puede contribuir al deterioro de la democracia [2].


Espectacularización de la Justicia


La cobertura periodística de prensa brasileña durante el caso Lava Jato ha levantado críticas de investigadores especializados en ética periodística por prácticas como alimentar rumores sin la debida verificación, promover filtraciones selectivas y “condenar” a los acusados antes incluso de la sentencia judicial. La preeminencia del poder Judicial como actor político tuvo un antecedente previo en el caso Mensalão (Mesada) de 2005. La espectacularización de la Justicia asignó roles que se repetirían: la figura del juez ‘salvador de la patria’, Joaquim Barbosa, y su repetición como farsa en Sergio Moro, juez de primera instancia, que más de una vez optó por condenar sin pruebas [3]. En Ecuador, la acusación y posterior encarcelación del vicepresidente Jorge Glas seguiría el mismo camino.


En Argentina, muchos jueces dictan la prisión preventiva como vía para castigar y, de paso, extorsionar a los acusados aunque finalmente sean liberados ante la falta de pruebas o al probar su inocencia. El juez Claudio Bonadío pidió la prisión preventiva y desafuero de la expresidenta argentina y senadora electa Cristina Fernández, con una acusación débil: “traición a la Patria” por el supuesto encubrimiento de ciudadanos iraníes acusados por el atentado ocurrido en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994 – causa que ya fue desestimada dos veces-. Paradójicamente el propio juez que ha procesado a CFK, Claudio Bonadío, fue apartado de la causa AMIA por colaborar con el encubrimiento a los responsables del atentado a la mutual, lo que no es replicado en los medios. Esto ocurrió precisamente días después de su jura como senadora.


Juez y acusado no son adversarios en una investigación. Si un juez asume un papel a priori condenatorio, sin embargo, reproducir la lógica confrontacional es más útil al rating mediático. Estos desvíos éticos han creado las antinomias Cristina Fernández de Kirchner-Bonadío o Lula-Moro.


Difuminando los límites entre lo público y lo privado


En Bolivia, el referendo por la reelección de 2016 estuvo signado por la presunta paternidad de Evo Morales. Una mujer, ex pareja del presidente boliviano, hizo aparecer en cámara un presunto hijo de ambos al tiempo que alegó recibir favores del poder. Posteriormente se descubrió que ni el hijo ni la corrupción existieron, cuando el No ya había obtenido la victoria.


En el caso de Paraguay, los hijos no reconocidos de Fernando Lugo ayudaron a deslegitimar su imagen. El espectáculo de los hijos del expresidente y obispo paraguayo concluirían en el golpe desde el poder Legislativo. Federico Franco, quien era el vicepresidente de Lugo, fue el que asumió ilegalmente la presidencia de la República tras el golpe parlamentario. De este modo accedió como primer mandatario su vicepresidente, reinaugurando un estilo de Gobierno que sería profundizado por el actual presidente, Horacio Cartes.


El ascenso: de la fama a la política


La espectacularización de la política, se asocia y refuerza junto a otros fenómenos como la campaña permanente y la simplificación de la democracia: la sustitución del contenido por la forma, el desplazamiento de lo real a lo simbólico y el pasaje de lo racional a lo puramente emocional. Es por ello que triunfan personajes como Trump (quien había protagonizado un reality show y era considerado un candidato con declaraciones polémicas). En el mismo sentido, el actual presidente guatemalteco, Jimmy Morales, llegó a la política luego de una trayectoria como actor, escritor, productor y director, resultando electo en la segunda vuelta electoral del 2015. Así en la actualidad se evidencia la estrechez de los lazos entre el entretenimiento y la política.


Consideraciones finales


El hecho que los medios de comunicación se hayan convertido en una de las principales fuentes de información de la política provoca que el conocimiento político -y, por lo tanto, la participación democrática de los ciudadanos- dependa en gran medida de los contenidos mediáticos, en los que información y entretenimiento se han convertido en ambas caras de Jano. Si los rasgos de la información sobre política disponible cambian, también lo hace el conocimiento político adquirido por los ciudadanos. En este sentido, la espectacularización implica la apuesta por nuevas narrativas y estéticas basadas en el protagonismo de las emociones o el predominio del conflicto y los escándalos.


Los defensores del info-entretenimiento sostienen que, en tiempos de crisis y apatía política, la espectacularización es la única vía para acercar el mensaje a quienes consumen cultura popular y no se interesan por la política. Por otro lado, las voces críticas hablan de una degradación de la información política y de una erosión de la salud democrática. La frivolización y simplificación de las cuestiones complejas que atañen a la política impide que los ciudadanos puedan configurar opiniones fundamentadas y parciales, y toman sus decisiones políticas guiados por pulsiones emocionales orquestadas en complicidad entre el campo político y el mediático. Lo cierto es que la banalización de la ideología en la forma de culebrones televisivos y una sociedad cada vez más interpelada en su individualidad desde redes sociales suponen nuevos desafíos a la democracia.


[1] Delli Carpini, M. X. y Williams, B. A. (2011). After broadcasting news. Nueva York: Cambridge.
[2] https://telos.fundaciontelefonica.com/url-direct/pdf-generator?tipoContenido=articuloTelos&idContenido=2014111317500001&idioma=es
[3] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229649


Por Bárbara Ester, @barbaraestereo, investigadora CELAG.

 

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Miércoles, 31 Enero 2018 05:39

La agonía del periodismo

La agonía del periodismo

 

En Los archivos del Pentágono, la última película de Spielberg, hay una escena que me emocionó en lo más hondo y que para mí resume la esencia del periodismo tal y como se entendía el oficio hasta hace unas décadas. Cuando los redactores han terminado de escribir la noticia que va a abrir la portada de mañana, cuando los jefazos han discutido hasta la saciedad si se lanzan o no la piscina, cuando los abogados han rastreado de arriba abajo la letra pequeña de la orden judicial en busca de subterfugios, mientras el linotipista calienta los dedos y los operarios esperan que se enciendan las rotativas, de repente el folio mecanografiado llega hasta la mesa del corrector de estilo. Entonces, el tipo se sienta, se cala el sombrero, saca el lápiz, tacha la primera palabra, añade un matiz a la primera frase, un giro a la segunda y poco a poco –la calma en mitad de la tormenta– va añadiendo en los márgenes supresiones, mejoras, alternativas.

Es casi medianoche pero no importan el tiempo, la urgencia de la primicia, la firma del reportero estrella: es el momento de la literatura. Y la literatura dicta la última palabra, el modo en que el periódico aparecerá ante los lectores, revestido de tinta, titulares y fotografías, traído hasta los kioscos en camionetas, atado en paquetes, prensado y pensado hasta la última palabra. En aquel entonces un periódico era un milagro diario, un ejercicio de escritura colectiva, un instrumento que podía zarandear un gobierno y derribar a un presidente. Katharine Graham, la editora jefe de The Washington Post, cita a su marido Phil Graham: “Las noticias son el primer borrador de la Historia”. Siguiendo la estela de The New York Times, y con ella al frente, los reporteros de The Washington Post demostraron que, en lo que concernía a la guerra de Vietnam, cuatro presidentes (Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson) no habían hecho más que mentir al pueblo. Tras vencer en la primera gran batalla contra la libertad de prensa, no temieron escarbar hasta el fondo del escándalo Watergate hasta lograr la dimisión de Nixon.

Hoy ese heroísmo ya no existe y no existe por muchas razones. Hoy las noticias se leen casi en el mismo instante que se producen y todo lo que hemos ganado en rapidez lo hemos perdido en reflexión, en eficacia, en repercusión y en profundidad de análisis. La sintaxis es una facultad del alma, dijo Valéry. Por eso, la sintaxis apresurada y descuidada, las novedades que se suceden a velocidad de vértigo, los reporteros mal pagados, los becarios sin sueldo, la ausencia de ese hombrecillo con sombrero y aliento a tabaco salpimentando el texto de acentos y comas, reflejan un estado de ánimo, una rendición, una literatura pobre y escuálida donde cualquier cosa se disfraza de noticia y las verdaderas noticias pasan desapercibidas. Hoy hay periódicos como The Huffington Post, que ni siquiera pagan a sus colaboradores. El volcado en crudo de docenas de miles de páginas procedentes de WikiLeaks, sin la paciente labor de orden y filtrado previos, significa el final de una era. La compra de The Washington Post en 2013 por parte del millonario Jeff Bezos, el dueño de Amazon, marca el momento en que la prensa escrita deja de albergar anuncios para transformarse ella misma en anuncio, en marca, en tendencia, en moda.

Thomas Jefferson dijo que si le obligaban a elegir entre un Gobierno sin Prensa y una Prensa sin Gobierno, escogería la segunda opción, sin duda alguna. Hoy tenemos algo mucho peor, algo que el padre del liberalismo, Adam Smith, anunciara como la peor plaga que podía caerle encima a la Humanidad: un gobierno de tenderos. No hay mucho que un corrector de estilo pueda hacer ahí.

 

Fuente:http://blogs.publico.es/davidtorres/2018/01/29/la-agonia-del-periodismo-2/

 

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Administran el país como si fuese una empresa criminal, acusa George Soros

Davos.

El empresario e inversor George Soros acusó al presidente estadunidense Donald Trump de administrar el país como si fuese una empresa criminal. Quiere establecer un Estado mafioso pero no puede, porque la constitución, otras instituciones y una vibrante sociedad civil no lo permitirán, aseguró.

El empresario, de 87 años, también alertó de que las tensiones con Corea del Norte han puesto a la humanidad ante el peligro de la desaparición. El ascenso de líderes como Kim Jong-un en Corea del Norte y Donald Trump en Estados Unidos tiene mucho que ver con esto, aseguró. Los dos parecen dispuestos a arriesgarse a una guerra nuclear para mantenerse en el poder.

Soros alertó que las tensiones con Corea del Norte han puesto a la humanidad ante el peligro de la desaparición y aprovechó su discurso ante el foro de Davos para criticar las redes sociales y la moneda virtual bitcoin.

Las redes sociales generan deliberadamente adicción a los servicios que proveen, afirmó en su discurso.

Las compañías de redes sociales inducen a la gente a renunciar a su autonomía. El poder de moldear la atención de la gente está cada vez más concentrado en pocas manos, denunció.

“Hay una perspectiva aún más alarmante en el horizonte. Podría haber una alianza entre Estados totalitarios y los monopolios tecnológicos ricos en datos que podría hacer surgir sistemas de vigilancia corporativa.

Esto podría convertirse en una red de control totalitario de un tipo que ni siquiera Aldous Huxley o George Orwell podrían haber imaginado, aseguró.

Previamente también se había manifestado sobre la moneda digital bitcoin, que consideró una típica burbuja. El bitcoin no es una moneda, es especulación, dijo. Una moneda que oscila un 25 por ciento en un día no puede ser usada, por ejemplo para pagar sueldos, aseguró el influyente inversor.

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Totalitarismo en internet carece de futuro

 

El 10 de junio de 1963, John F. Kennedy pronunció uno de los discursos más famosos de la historia contemporánea. En dicha intervención, Kennedy enfatizó que la convivencia pacífica entre las personas no puede basarse en el uso de la fuerza, sino en la consideración de intereses comunes y en la prevalencia de la diversidad. Hoy estas ideas cobran especial significado al considerarse la situación por la que atraviesa el internet.

La Red surge en un ámbito científico a partir de la necesidad de compartir datos e intercambiar ideas de manera libre. Con el tiempo, este recurso se convirtió en un enorme facilitador de actividades, que van desde la realización de una transferencia bancaria, hasta la convivencia en tiempo real con familiares que pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Internet es una fuente invaluable de información para miles de millones de personas en el planeta, y ha hecho obsoletos a modelos tradicionales de comunicación y publicidad basados en la televisión tradicional.

La primavera árabe sorprendió a gobiernos totalitarios que terminaron derrumbándose como resultado de un internet libre, que en momentos decisivos permitió la organización de movimientos sociales eficientes y bien informados. Asimismo, los hábitos de consumo de las poblaciones han cambiado gracias a la Red, provocándose una revolución comercial que ha puesto en jaque a mercados que hace algunos años parecían intocables. No es de extrañar que numerosos poderes fácticos estén intentando controlar el internet haciendo uso de la fuerza económica.

Las disposiciones de numerosos gobiernos para controlar a la Red equivalen al cobro de un derecho de piso y a la generación de cuotas extras impuestas por proveedores para tener acceso rápido a servicios básicos. Más aún, nuestros datos personales son subastados al mejor postor para que éste pueda adquirir ventajas competitivas en un mercado turbulento anticipándose a su competencia, de manera desleal, con base en información privilegiada.1

Algoritmos de inteligencia artificial mal encaminados, sumados a las regulaciones legales, amenazan a la integridad de la Red, intentando convertirla en un ente predecible al servicio de las grandes fuerzas políticas y económicas.2 Afortunadamente, es extremadamente improbable que estas iniciativas puedan prosperar.

Es evidente que las disposiciones legales que intentan limitar acceso a recursos de la Red por medio de cobros artificiales están condenadas al fracaso. Este hecho ha sido comprendido por gigantes informáticos tales como Amazon, Google y Facebook, que recientemente han anunciado que se sumarán a los movimientos que se oponen a la eliminación de la neutralidad de la Red.3

Más allá de una postura mediática, el anuncio corresponde a una comprensión de la esencia de internet, cuya dinámica obedece certezas matemáticas derivadas de la teoría de información. La complejidad derivada del proceso de toma de decisiones de los miles de millones de usuarios de internet hará imposible hacer de la Red un universo orwelliano.

En el clímax de su discurso de 1963, Kennedy mencionó que todos los seres humanos habitamos el mismo planeta, todos respiramos el mismo aire, todos valoramos el futuro de nuestros hijos y todos somos mortales. La realización de objetivos por parte de los seres humanos requiere equidad, de información legítima y de libertad en la toma de decisiones. La batalla por la neutralidad de internet se ha convertido en un parteaguas de carácter histórico cuyo desenlace es plenamente previsible.


Referencias


1 “Qué es la neutralidad de internet y por qué importa que Estados Unidos haya acabado con ella”, Redacción BBC Mundo, 14 de diciembre de 2017 http://www.bbc.com/mundo/noticias-42347631

2 A. Sandoval Villalbazo, “Bots contribuyen a manipular a la opinión pública”, Prensa Ibero, 4 de octubre de 2016 http://noticias.ibero.mx/prensa/detalle_comunicado.php?id_noticia=3270&f...

Este artículo está reproducido en las direcciones electrónicas: http://www.consumotic.mx/notas/bots-amenazan-integridad-de-redes-sociales/ y en https://www.la-prensa.com.mx/ciencia-y-tecnologia/95285-bots-manipulan-a...

3 El comunicado de la Asociación de Internet que agrupa a los gigantes informáticos se encuentra en la dirección electrónica: https://internetassociation.org/statement-restoring-internet-freedom-order/

*Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Investigador Nacional Nivel II (SNI).

 

 

CC0 / Pixabay

 

Para nadie es un secreto que las tecnologías nos espían en todo momento, recopilando y almacenando información sobre nuestra actividad. Y no se trata únicamente de nuestro historial de búsqueda o las conversaciones telefónicas. Los productos de Google pueden grabar su voz incluso cuando su teléfono aparentemente descansa en su bolsillo.

 

Para los más escépticos tenemos malas y buenas noticias.

La mala es que sí, Google puede grabar todo lo que dice sin aviso previo. La compañía ni siquiera lo oculta: Google se reserva este derecho en los Términos y Condiciones de servicio y en la Política de Privacidad. Pero, ¿acaso alguien se lee estas cláusulas?
La empresa lo justifica con que de esta forma mejora sus servicios. Así el sistema se alimenta de información adicional para, al menos en teoría, adaptarse mejor a sus necesidades.

Suena muy bien, pero entre los expertos existen ciertos temores al respecto:

1. Esta información puede caer en manos equivocadas, sobre todo si se le olvidó cerrar la sesión o si simplemente su cuenta es pirateada.

2. Esta información puede ser usada en su contra en caso de que surja un conflicto con las autoridades que, no lo dude, pueden obtener estos datos.

La buena noticia es que, afortunadamente, Google ofrece también una oportunidad para acceder a toda la información que recopila sobre usted. Muchos usuarios desconocen la existencia de un servicio donde pueden escuchar y borrar todas las búsquedas por voz que han realizado a través de Google.

Aquí podrá encontrar los archivos de voz que grabó con el micrófono de su teléfono. Si no encuentra nada, probablemente sea porque aún no ha activado esta opción usando su buscador de voz 'OK, Google'.

Y aquí encontrará un completo dossier sobre su actividad que la compañía ha recopilado basándose en lo que hace en Internet. En particular, encontrará información sobre sus búsquedas, las páginas que ha visitado y los vídeos que ha visto, entre otros.

Pero, sin duda, la mejor función de este servicio es la opción de poder eliminar toda esta información.

 

Trumb por Federico Murro.

 El funcionamiento de Internet es una de esas pocas cosas que la humanidad mantenía como esperanza en común. En poco más de 20 años se hizo evidente la expansión del conocimiento y de las libertades de información que impulsó la red, la potencialidad que ofrece para la educación y la medicina, el impacto político y social de las redes sociales, la revolución para el comercio, la cultura, el entretenimiento y la innovación. Obviamente, todo cambio de esta naturaleza también entraña riesgos: al ritmo de la expansión de Internet también surgieron desafíos como la diseminación del discurso que incita a la violencia o a la guerra por odio y discriminación, los riesgos para la privacidad que implica la vigilancia digital, el desafío de brindar acceso a la red a toda la humanidad, la difusión de noticias falsas y el creciente papel de las plataformas en la circulación de la información. Con todo, los beneficios e impactos positivos de Internet parecían justificar el optimismo con respecto a la revolución digital.

Pero el fin de la historia, ya se sabe, no está a la vuelta de la esquina. El 14 de diciembre de 2017 la administración de Donald Trump dio un paso que tiene el potencial de cambiar la naturaleza de la red como fuerza democratizadora y descentralizada, al derogar la regla que garantizaba la “neutralidad de la red” (net neutrality) a nivel del gobierno federal. Esta norma había sido aprobada por la Federal Communications Commission (Fcc) durante la administración de Barack Obama, y consideraba a Internet como un servicio público, con el objeto de garantizar a todos los ciudadanos igual acceso a los contenidos que circulan por la red e impedir la discriminación de los paquetes de datos en función de factores como dispositivos, contenido, autor, origen y/o destino del material, servicio o aplicación.

Esa regla había otorgado a la Fcc la autoridad para hacer cumplir la neutralidad de la red y, en términos de la regulación, impedía a los proveedores de servicios de Internet (Isp, por sus siglas en inglés) manipular el flujo en la red a través de cualquiera de las siguientes tres formas: 1) bloquear cualquier contenido o paquete de datos; 2) discriminar el contenido basado en su origen, el dispositivo conectado a la red o el destinatario, y 3) privilegiar en su carretera un servicio sobre los demás, creando líneas más rápidas para unas aplicaciones respecto de otras.

Hay que decir que la decisión de la administración de Obama había llegado luego de más de una década de disputa jurídica y lobby de las compañías que prestan servicios de cable y telefonía, que procuraban mantener a Internet como un servicio de información, lo que permite a los operadores discriminar servicios y contenidos en función de las tarifas.

Una vez instalada la nueva mayoría republicana en la Fcc comenzó un proceso para revertir esta regla, basado en la ya conocida doctrina de que las fuerzas del mercado una vez liberadas –sin regulación alguna– ofrecerán mejores condiciones de acceso a Internet. Luego de un proceso de consulta pública –en el que centenares de académicos, expertos, organizaciones y empresas se pronunciaron en contra–, la nueva mayoría en el organismo (tres a dos) derogó la regulación que aplicaba a los Isp.

De acuerdo con la nueva decisión, Internet ya no es un servicio público, sino uno de información, como cualquier otro. Los Isp deben informar qué tipo de manejo hacen de la red –únicamente tendrán obligaciones de transparencia– y quedan sometidos a las leyes antimonopolio de tipo comercial que regula otra agencia (la Comisión de Comercio). El cambio también incluyó la peculiaridad de que un organismo pierde por propia iniciativa su autoridad sobre un tema tan trascendente como la regulación de Internet.

Para el movimiento de derecha que llevó a Trump al poder la derogación de la net neutrality fue presentada como una victoria del individuo y el mercado contra la intromisión del Estado. Aunque en el discurso los republicanos no son partidarios de bloquear contenidos, afirman que el Estado no debe tener la facultad de controlar e interferir en los negocios que hacen actores privados en Internet, y que la férrea regulación existente estaba impidiendo mayores inversiones en infraestructura para expandir el acceso a Internet.

Sin embargo, en Estados Unidos y también a nivel global un amplio movimiento se sigue oponiendo a este cambio. Por ejemplo, un grupo de 20 científicos e ingenieros considerados los padres fundadores de Internet escribieron una carta al Congreso de Estados Unidos advirtiendo que quienes pergeñaron este cambio no conocen cómo funciona la red. Alertaron que el impacto más duro será para la gente de a pie que con un poco de capital, innovación y contratando a alguien que supiera escribir un código fuente podía servirse de Internet para crear desde un periódico digital hasta una página para protestar en línea, redes sociales, servicios de entrega de pizza o servicios para compartir lo que sea, sin pagar un peaje ni pedirle permiso a nadie.

Claro que no se trata de una decisión basada meramente en la lucha ideológica, las corporaciones de las telecomunicaciones y los gigantes de la alta tecnología en Internet ya se encontraban en pie de guerra antes de esta decisión de la Fcc. En buena medida pujaban por la apropiación de la renta que genera la nueva economía, y muchos sostienen que este cambio tiene que ver con inclinar la balanza a favor de las empresas de telecomunicaciones.

Las ahora llamadas “telcos” se quejaban de que tenían a su cargo las grandes inversiones para incrementar el acceso a Internet (comprar espectro, colocar antenas, tender fibra óptica directa al hogar, etcétera), pero luego no podían hacer otra cosa que vender banda ancha plana. Y desde hace años apuntaron a la norma que garantizaba la neutralidad de la red, dado que –a su juicio– impedía el surgimiento de un modelo de negocios más segmentado, basado en ofrecer acceso rápido a determinados servicios o aplicaciones según las necesidades de los usuarios, porque eso suponía discriminar un contenido con respecto a otro, algo prohibido por esa regulación. Según este discurso, las empresas tecnológicas gozaban, en cambio, de toda la libertad para utilizar sus redes en el nivel Over The Top (Ott) y aumentar sus dividendos, llevando tráfico hacia sus aplicaciones sin pagarles lo suficiente.

Desde Silicon Valley se defendían diciendo que el problema nunca fue el principio de neutralidad de la red, sino la falta de comprensión de la nueva economía por parte de las “telcos”: después de todo –argumentan–, el mensaje de texto en telefonía móvil surgió mucho antes que los servicios de mensajería en Internet y las telefónicas no supieron ver lo que tenían delante de sus ojos, como sí lo hicieron más tarde ellos con las aplicaciones. Las corporaciones tecnológicas argumentan que las empresas de telecomunicaciones no tenían impedimentos para desarrollar el video on demand, ni las compras en línea o las aplicaciones para el transporte de pasajeros (por citar algunos ejemplos de innovación basados en Internet), pero no lo hicieron porque la innovación no está en su Adn y se resisten a entender que están ante una red descentralizada que no controla el dueño de la carretera.

ALTERACIONES EN EL ECOSISTEMA. Argumentos aparte, desde el punto de vista de los derechos humanos el cambio trae consigo graves preocupaciones. El principio de neutralidad de la red no es un invento de los reguladores, ni (únicamente) una bandera política. Internet como medio se ha desarrollado a partir de determinados principios de diseño, cuya aplicación sostenida en el tiempo ha permitido un ambiente descentralizado, abierto y neutral. Internet es básicamente “una red boba”, que no es capaz de discriminar ni vigilar los paquetes de datos que transporta, ni de decidir colocar unos datos sobre otros: su inteligencia está en las puntas cuando los paquetes se vuelven a reunir, en la gente que con un dispositivo es capaz de conectarse, compartir información, ideas, aplicaciones y conocimiento.

Existe un amplio consenso respecto de que estas características básicas del entorno original de Internet fueron, precisamente, el motor para la expansión de la libertad de expresión e información y la no discriminación de contenidos por ningún motivo, lo que finalmente tuvo un efecto democratizador y de promoción del pluralismo. De hecho, esta característica de Internet fue elevada a principio fundamental de los derechos humanos tanto en el sistema interamericano de derechos humanos como en el universal de las Naciones Unidas.

Si la libertad de prensa o la libertad de imprimir sin censura surgió hace más de 300 años como un principio derivado de la libertad de expresión y del funcionamiento de la imprenta; el derecho a una Internet libre y abierta surge del derecho de cada persona a buscar, recibir y difundir información y opiniones sin distinción de fronteras y sin censura o bloqueos previos.

Así las cosas, la pregunta del momento es cuál será el futuro de la red luego de esta movida crucial en Estados Unidos. Primero hay que precisar que la batalla jurídica por mantener el principio de neutralidad de la red recién comienza: una vez pasado el primer sacudón, ya se encuentra en marcha una serie de acciones judiciales promovidas incluso por fiscales generales de estados como el de Nueva York, en un país donde hay independencia judicial y la libertad de expresión es un asunto serio para las instituciones. Del otro lado, el Congreso tiene un plazo para eventualmente anular la orden ejecutiva de la Fcc, y aunque es difícil que la mayoría republicana cambie una decisión del Ejecutivo, las encuestas indican que la idea de una Internet libre y abierta es compartida por el 70 por ciento de la población, más allá de lo partidario. Las ciudades y estados de mayor población están en manos de administraciones demócratas y también podrían establecer leyes estatales para la aplicación del principio de neutralidad en sus jurisdicciones.

Por otro lado, es obvio que las empresas de telecomunicaciones que operan en Estados Unidos lograron lo que buscaban: tener la libertad de proponer paquetes a sus consumidores, algo que puede derivar en una Internet similar a la televisión por suscripción más sofisticada. Para verlo con un ejemplo: es posible que las empresas ofrezcan acceso más rápido a tal sitio de películas y de deportes; o que obsequien el acceso a tal red social sin gastar datos; y también que el servicio de correo electrónico o la mensajería de la telefónica vaya de regalo. Como en otros escenarios desregulados, veremos procesos de concentración y fusiones entre empresas de telecomunicaciones y empresas tecnológicas. Esto podría relegar a pequeños emprendimientos a una Internet de baja calidad, y al final para el usuario común la autopista podría convertirse en un espacio fragmentado con unas pocas aplicaciones dominantes.

Dicho de modo más conceptual, de una red descentralizada pasaríamos a un espacio con actores que tendrían el poder de centralizar y distribuir el acceso a las aplicaciones. Se podrá decir que algunas redes sociales o gigantes como Google estaban concentrándose desde hacía tiempo. Es cierto, pero bajo la neutralidad de la red había miles de opciones de sitios pequeños que accedían a la vida digital, se servían (y servían) a las redes más grandes, en un ecosistema que permite mayor diversidad.

Otra visión tecnológicamente más optimista sugiere que la red no cambiará su naturaleza y no habrá un despliegue de censura en lo inmediato por parte de los Isp, pese a este retroceso en los principios. Si bien a una porción de la población le puede resultar cómodo permanecer cautiva de una empresa de telecomunicaciones y de unas pocas aplicaciones, para buena parte de los consumidores –incluyendo a la generación de los millennials y las siguientes– esto sería inaceptable: van a seguir reclamando acceder a una Internet completa, abierta y neutral. Según esta visión, Internet tiene la fuerza del agua de un río caudaloso, se le puede poner un dique pero el agua buscará un cauce para seguir corriendo.

Queda también por verse cómo se moverán las gigantes de la tecnología en el nuevo escenario. Google, por ejemplo, ya estaba experimentando con satélites, globos aerostáticos, asociándose con telefónicas y cableando ciudades para ofrecer Internet sin tener que pagar peaje a las empresas de telecomunicaciones. ¿Profundizará este tipo de estrategia? ¿Van a buscar adquirir algunas “telcos”? ¿Qué harán los partidarios del software abierto o los hackers para eludir la Internet de las corporaciones? ¿Vamos hacia un modelo de dos Internet: una para inquietos y entendidos; otra del hombre común, cautivo de las corporaciones?

Y finalmente, pero no menos importante: ¿qué impacto tendrá la desregulación y el modelo de Estados Unidos en el resto del mundo? En América Latina los activistas por la libertad de expresión impulsaron establecer la neutralidad de la red por ley: Brasil, México y Chile ya avanzaron en ese sentido. Uruguay no tiene una ley de neutralidad, pero hasta ahora ninguna telefónica había discriminado o bloqueado contenidos, salvo para ofrecer algunos planes de datos y mantener la seguridad de la red. ¿Tendremos un efecto contagio? ¿Qué harán las empresas de telecomunicaciones que operan en la región? ¿Qué modelo seguirán Europa y los países nórdicos que elevaron el acceso universal a una Internet libre y abierta a la categoría de derecho constitucional? Y los gobiernos autoritarios alrededor del mundo: ¿utilizarán el fin de la neutralidad de la red para justificar una política aun más agresiva de bloqueo y filtrado de medios de comunicación, páginas web y aplicaciones que consideran un peligro para el régimen?

 

* Relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 

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Sábado, 06 Enero 2018 08:13

Un freno a las falsas noticias

Macron, víctima de noticias falsas el año pasado.

 

Francia y Alemania hacen leyes y las redes sociales toman medidas

El jefe de Estado francés explicó que se trata de “proteger la democracia” de una ola de “propaganda modulada a través de miles de cuentas en las redes sociales que propagan cuentos inventados para ensuciar a una figura pública”.

 

Desde París

“Fake news”, “hechos alternativos” programados desde las profundidades de la cultura política del presidente norteamericano Donald Trump o “realidad alternativa”, la última versión de la manipulación de masa asumida por Margarita Simonián, la directora de Rusia Today y del portal que difunde a Sputnik, la mentira y la falacia se han vuelto un negocio y un terreno de confrontación de las potencias mundiales donde ha perdido no sólo la verdad sino, también, la transparencia democrática. Las tres principales plataformas de propagación de falsedades, Twitter, Facebook y Google, anunciaron una serie de medidas contra ese satanás contemporáneo. A partir del primero de enero Alemania empezó a aplicar la llamada ley «NetzDG» que sanciona con una multa de 50 millones de euros a las redes sociales que no supriman las informaciones “odiosas” o los “fake news”. A Berlín le sigue ahora París con el anuncio hecho por el presidente francés, Emmanuel Macron, de aplicar próximamente una ley contra las noticias falsas y las plataformas que las expanden, y ello durante las campañas electorales. La medida, controvertida en su mismo principio, suscitó una ola de reacciones críticas e impugnaciones desde todos los sectores políticos, principalmente aquellos, como la extrema derecha, que han elevado las “fake news” a la categoría de arma de disuasión masiva.

El jefe del Estado francés explicó que se trata de “proteger la democracia” de una ola de “propaganda modulada a través de miles de cuentas en las redes sociales que, en tan sólo un instante, propagan en todo en mundo, en todos los idiomas, cuentos inventados para ensuciar a un responsable político, a una figura pública o a un periodista”. Emmanuel Macron tiene una cuenta pendiente con esas “fake news”. Durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de abril y mayo del año pasado, Macron fue una víctima directa de esa metodología e, incluso, llegó a denunciar en presidencia del presidente ruso Vladimir Putin a Rusia Today y Sputnik por actuar como “órganos de influencia y de propaganda”. El mandatario adelantó algunos de los dispositivos de esta futura ley cuya meta es, según dijo, doble: “responsabilizar a las plataformas y los difusores en internet” y, en ese contexto, someterlos a obligaciones como, por ejemplo, imponerles una “transparencia más fuerte en torno a todos los contenidos auspiciados con el fin de hacer pública la identidad de esos anunciantes y de quienes los controlan y, a la vez, limitar los montos consagrados a esos contenidos”. El texto en preparación permitiría que en cuanto una “plataforma difunde fake news, la persona concernida cuenta con la posibilidad de dirigirse a un juez para que sea retirada en un plazo de 24 a 48 horas después de publicada la información”. Igualmente, se prevé una suerte de mecanismo para que las instancias de supervisión del campo audiovisual puedan intervenir ante los canales de televisión bajo control de Estados extranjeros e impedir que irrumpan como entes de desestabilización. Aunque Emmanuel Macron no mencionó a ningún medio en particular, para muchos analistas e editorialistas resulta obvio que esta batería de medidas va dirigida muy especialmente a Rusia, cuyo canal Rusia Today ya empezó a emitir en Francia. Sin embargo, el objetivo presidencial fue puesto en tela de juicio de forma severa en un editorial publicado por el vespertino Le Monde. “Qué lindo tema”, ironizó Le Monde. El vespertino admite que “las fakes news se han convertido en una de las armas de guerra tecnológica de la información que ciertos regímenes autócratas llevan a cabo en las democracias occidentales, en cuyo primer puesto, sin nombrarla, Emmanuel Macron pone evidentemente a Rusia”. No obstante, el diario advierte que “ese tipo de ambición legislativa, en un campo tan movedizo y complejo como las tecnologías digitales y en un tema tan crucial como la libertad de la prensa, es por naturaleza peligrosa”.

Muchos comentaristas señalan al respecto que ya existe una ley...de 1881 que permite “castigar” la “difusión, la reproducción de noticias falsas, de elementos fabricados, falsificados o falsamente atribuidos”. Los abanderados de las falacias, los círculos de la extrema derecha francesa, salieron de inmediato al paso de la iniciativa presidencial. La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, preguntó en un tweet si acaso “¿Francia sigue siendo una democracia cuando le pone un bozal a sus ciudadanos? Muy inquietante”. La izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon se pronunció en el mismo sentido mientras que los expertos apuntan a los límites de una ley como la planteada por el presidente francés. Lo que está es juego consiste en saber si es el Estado quien decide lo que es falso y lo que no. Es lícito admitir que la avalancha de mentiras, la inocencia de la opinión pública o, a menudo, sus opciones ideológicas, llevaron a que se despoje a la prensa de su misión y se la reemplace por un destructor sistema de falacias y cuentos imposibles de verificar. Ello, sin embargo, no legitima al Estado como arbitro. La historia contemporánea prueba hasta qué punto los Estados democráticos desencadenaron desastres y guerras justificadas con mentiras. Dos siguen aún vigentes, o al menos sus consecuencias. La prensa francesa recuerda que el ex secretario de Estado Norteamericano, Colin Powell, presentó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “pruebas irrefutables” sobra las armas de destrucción masiva que detentaba el difunto presidente iraquí Saddam Hussein. La segunda Guerra de Irak (2003) se justificó con ese argumento pero las armas jamás existieron y fueron llamadas luego “armas de desaparición masiva”. El también ex Primer Ministro británico Tony Blair procedió de la misma manera en el Parlamento británico. Presentó “pruebas” llenas de falsas informaciones. En la Argentina, la palabra oficial buscó empeñosamente empañar la verdad sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Entonces ¿cómo puede un Estado pretender regular la verdad ? Glenn Greenwald, el periodista norteamericano fundador del portal The Intercept, quien publicara en el diario británico The Guardian (a partir de 2013) las revelaciones del ex agente de la CIA Edward Snowden sobre el espionaje planetario de la NSA, Agencia de Seguridad Americana, escribió: “fake news es una expresión retórica sin definición. Se la pueda asimilar a una forma de propaganda. Trump se la apropió para atacar al periodismo. Ahora, Macron la utiliza para conducir un control oficial de internet”. Las opiniones están, de hecho, divididas. Se admite que algo hay que hacer, pero de pronto no con el Estado como regulador central de lo que es verdad o no. Las opiniones públicas están llamadas a desempeñar un papel preponderante. Ellas son las manipuladas, las destinatarias de las mentiras. Se le exige a la prensa rigor y verdad. Tal vez los lectores tengan también que modificar sus propios hábitos para sobrevivir en este pantano de manipulaciones.

 

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Publicado enInternacional
Miércoles, 20 Diciembre 2017 11:27

Internet para pobres y ricos

Internet para pobres y ricos

Hace cinco días la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos decidió revocar las reglas que impiden a los proveedores del servicio de Internet acelerar, bloquear o hacer más lento el acceso a cierto contenido, aplicaciones o sitios de la red. La administración Trump cumple así su promesa de desmantelar la regulación heredada de su predecesor y puesta en marcha en 2015 para garantizar la neutralidad de Internet. Los argumentos son los mismos que hemos escuchado una y otra vez para justificar la desregulación: la intervención gubernamental es un obstáculo para la inversión y para la introducción de innovaciones, lo que impide refinar el servicio.

Se inicia así la destrucción del principio de no discriminación en la red. Las implicaciones de esta serie de medidas llegan a todos los rincones de las comunicaciones y de la vida democrática. El acceso a voces independientes y al conocimiento científico está en peligro mortal. Y esto no es un problema privativo de Estados Unidos. Sus ramificaciones para México y Europa pueden ser devastadoras.

La votación en la FCC estuvo cerrada, pues dos de los cinco comisionados votaron en contra del proyecto de desregulación que lleva el engañoso nombre de Orden para restaurar la libertad en Internet. El resultado final es muy importante porque es la primera vez que dicha agencia renuncia a su misión de servir al público. Quizás lo más negativo es que priva a la FCC de los medios para intervenir cuando algún proveedor de servicios de Internet comience a manipular tarifas, velocidades de acceso o de plano a bloquear contenidos que considere indeseables.

Muchos analistas consideran que lo más grave de la desregulación es que será muy difícil para los usuarios darse cuenta de lo que está sucediendo con su acceso a la red. En algunos casos podrán experimentar una lentitud inusual para ingresar a una cierta página o canal, en otros puede ser que reciban la notificación de que el sitio que buscan no está disponible. En cambio, otros sitios podrán ser accesibles a muy buena velocidad y sin riesgo de que se interrumpa la señal. Los usuarios se quedarán perplejos. Sin saberlo, habrán perdido el control que anteriormente tenían para escoger libremente su derrotero en la navegación. De golpe, Internet habrá dejado de ser el espacio libre al que estamos acostumbrados y se habrá convertido en un recinto cercado en el que todo es posible para los proveedores, desde la discriminación por contenidos hasta la descarada censura.

En las audiencias públicas en el seno de la FCC sobre estas reformas los representantes de las principales compañías proveedoras de servicios de Internet aseguraron que nunca adoptarían este tipo de prácticas en detrimento de la libre circulación de ideas en términos igualitarios. Pero es absurdo creer en la palabra de esta gente. Son los mismos proveedores que han invertido millones de dólares para cabildear en favor de esta desregulación.

Uno de los argumentos para justificar la destrucción de la neutralidad es que la desregulación permitirá aumentar la competencia en el sector. Pero lo cierto es que el sector está copado por un férreo oligopolio que hoy busca garantizar la rentabilidad al construir el muro digital que separaría Internet para ricos y pobres. En Estados Unidos las tres principales compañías en este sector (AT&T, Verizon y COMCAST) controlan más de 70 por ciento del mercado de banda ancha de alta velocidad (definida por la FCC como una capacidad superior a los 25Mbps). Y los datos del censo de telecomunicaciones muestran que sólo 9 por ciento de los usuarios puede escoger entre dos o más proveedores del servicio de alta velocidad. Es decir, se trata de un mercado altamente concentrado en el que es difícil que la desregulación incremente la competencia y permita reducir precios.

Para países como México o los miembros de la Unión Europea el ejemplo que viene de Estados Unidos es mala noticia. En México el mercado también se encuentra altamente concentrado. La Ley federal de telecomunicaciones supuestamente preserva el principio de neutralidad de la red. Pero el excelente estudio de Luis Fernando García y Carlos Brito, de la organización R3D, revela que los lineamientos para aplicar la ley no han sido emitidos, lo que es un mal presagio. Por otra parte, la renegociación del TLCAN puede ser el caballo de Troya para imponer las nefastas reformas de Trump en el espacio digital mexicano. Si a esto añadimos los términos de la nueva Ley de Seguridad Interior el panorama se torna siniestro.

En noviembre Trump designó a Ajit Pai, antiguo abogado de Verizon, como presidente de la FCC. Durante toda su carrera este personaje ha sido acérrimo enemigo del principio de la neutralidad en la red. Hoy parece que su objetivo está a su alcance. Pero la lucha no ha terminado. Millones de personas y miles de organizaciones están protestando. Cientos de demandas judiciales ya han sido interpuestas en contra de la decisión de la FCC por violar la Ley federal de comunicaciones (en especial, el Título II). La batalla legal apenas está comenzando. El próximo año será decisivo para la supervivencia de Internet.

Twitter: @anadaloficial