Exclusiones y lenguajes, violencias y esperanzas en una Colombia electoral

Todos sabemos que las palabras expresan conceptos, pero además cargan con historias, a veces muy largas, donde hay ideas que permanecen pero otras se olvidan. Un ejemplo de ello ocurre con el término exclusión, cuya importancia nadie puede desatender y más en una Colombia inmersa en el debate electoral.

La exclusión no puede negarse ya que está ante nuestros ojos; se la encuentra en las calles de las ciudades, en los senderos rurales o incluso en lugares naturales alejados. Si así se mira, también es inevitable que la exclusión está entrelazada en sus distintas expresiones: es la de unas personas sobre otras, sobre las mujeres, los jóvenes o los viejos, sobre los negros, los campesinos, los indígenas, los más pobres, sobre cualquiera que es diferente. Pero es además una exclusión de la Naturaleza, inseparable de aquella que es social y explica que se tolere la deforestación, la contaminación o los extractivismos depredadores. Nos rodean exclusiones socioambientales.

Abordando la historia del término exclusión, la palabra deriva de excludere que invocaba sacar o retirar a algo o alguien de un recinto interior a uno exterior, cerrándole las puertas o vías, para así impedir que regresara. Es un vocablo directamente emparentado con la idea de clausurar o cerrar, que no sólo implica remover a alguien sino también una sostenida actitud en impedir que regrese o retorne. Debe quedar en claro que la exclusión no es una acción acotada en el tiempo sino que impone una continua repetición.

Tener presente esos antecedentes no es una cuestión menor porque la exclusión en América Latina carga con una historia que se inicia en la colonización que se corresponde directamente con ese sentido original. Dicho de otro modo, la exclusión de hoy es inseparable, y a la vez resulta, de esa historicidad, y en todo ello las palabras juegan papeles determinantes.

La exclusión original

Puede argumentarse que la exclusión se inició en las Américas en los primeros actos de los colonizadores de anular otros lenguajes para imponer el propio, y el hacerlo pasaron a denominar como salvaje a casi todo lo que les rodeaba. Salvaje era la Naturaleza, con todos sus animales, sus plantas, sus cerros o sus ríos, pero también lo eran los distintos pueblos originarios.

En un texto de su juventud, Walter Benjamin, sostuvo, en 1916, que “no existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga de alguna forma participación en el lenguaje”(1). Es por ello que palabras como salvaje, sirvieron para determinar cómo se pensaba y sentían eventos o cosas, vivas como inanimadas. Toda la diversidad latinoamericana, los más distintos paisajes y todos sus pueblos originarios, quedaron inmersos en un término que, para los entendimientos europeos, aludía al peligro, a la condición inculta, hostil e inentendible. Lo salvaje era una condición que provocaba el temor.

El poder el lenguaje del colonizador fue tal que ese enorme conjunto de diferencias americanas, y de las distintas lenguas que incluía, quedaron encerrados dentro de la palabra salvaje y unas pocas otras mas. Constituyó un acto de exclusión original que no dejó de reproducirse hasta hoy.

Benjamin, en aquel mismo texto, agregó que estaba en la esencia de todos las cosas, los eventos, vivos o inanimados, la participación del lenguaje para “comunicar su contenido espiritual”. Esa expresión espiritual, y con ello la diversidad de emociones, sensibilidades, espíritus o fantasmas, quedaban excluidos de la misma manera.

La uniformidad que impusieron términos como salvaje y otros, como atrasados, ignorantes, peligrosos, etc., naturalizó la dominación y la conquista. Esa postura persistió, aunque la exclusión esgrimía otras etiquetas como las de pobres, negros o indígenas, y así sucesivamente. En cada momento que la voz de alguno de ellos rompía el umbral de la indiferencia, rápidamente se los perseguía como peligrosos. Lo mismo ocurrió con múltiples problemas ambientales, como la deforestación, que nunca se detuvo a pesar de la pérdida de biodiversidad y que además desembocaba en destruir el hogar de las comunidades indígenas. Podría decirse que en toda la historia reciente operaron la violencia, la segregación y la colonización de las almas, como afirma Silvia Rivera Cusicanqui para Bolivia (2).

Un debate tan actual como el enfocado en continuar o no con la explotación petrolera remite a estas mismas condiciones. Las concepciones generalizadas entienden que los hidrocarburos son una riqueza, que es una tontería no explotarlo, o en aquellos pocos que reconocen que puede haber riesgos de todos modos insisten en la necesidad de extraerlo por todo el dinero que brindaría. No hacerlo sería propio de infantilismos, reaccionarios ambientalistas o enamorados del primitivismo, por no decir salvajes.

A pesar de la enorme evidencia de información de todos los impactos negativos de la petrolización, desde los efectos locales en los enclaves de extracción, hasta la quema de sus productos como generadores de gases invernadero, de todos modos se sigue apostando a los hidrocarburos. Estamos ante creencias muy arraigadas, inmunes a informaciones y evidencias racionales, cristalizadas en una fe en el progreso que para lograrlo devora a personas y naturalezas.

Si el lenguaje se comunica a sí mismo, para continuar con la inspiración de Benjamin, cuando los colonizadores señalaban lo salvaje, en ese mismo acto imponían una exclusión automática a los otros lenguajes, los saberes y sentires de otros modos, que esos supuestos salvajes albergaban. Era una exclusión que al mismo tiempo, y muy enérgicamente, impedía cualquier encuentro, y podían hacerlo porque eran los que portaban las espadas.

Los procedimientos contemporáneos pueden ser más complejos y laberínticos pero la esencia se ha mantenido. Los diferentes son excluidos una y otra vez, y la violencia está siempre presente para asegurar esa marginalización, sin dudar en apelar a la policía en las grandes ciudades o con militares, paramilitares o bandas criminales en las zonas rurales. No entender ni aceptar los otros lenguajes de esos indígenas, campesinos e incluso de esos paisajes, es una condición necesaria para poder disciplinarlos, castigarlos, encerrarlos o destruirlos. En cambio, comprender sus lenguajes resultaría en escuchar sus reclamos, oír sus llantos y sus dolores, una situación que llegaría ser insoportable y por lo tanto se la evitaba a toda costa.

Democracias habitadas por el terror

Hemos llegado a unos estilos e institucionalidades políticas que han consolidado esa sordera a otros lenguajes. Los países se congratulan en explicar que son democracias, pero esconden que excluyen a buena parte de su diversidad. En Colombia, el presidente Iván Duque al momento de votar, el pasado 29 de mayo, alababa el “fortalecimiento institucional” del país, agregando que se tenía una de las democracias “más antiguas del hemisferio” y de las “más sólidas”, donde en “paz y tranquilidad” se cede el poder al resultado de las urnas (3).

El sistema político colombiano tiene, como ya decía el intelectual Estanislao Zuleta en 1987, “todos los rasgos de la democracia clásica”. Ese juicio puede extenderse a la actualidad ya que repitieron las elecciones, se eligen las autoridades nacionales y los legisladores, se escogen autoridades locales, se dice que hay una separación entre los poderes estatales, se enumeran diversas libertades, y que, como advertía Zuleta, en cierto modo funcionan.

Pero Zuleta inmediatamente advertía que esa democracia “está auténticamente habitada por el terror en toda la trama de sus relaciones y en todo el territorio nacional” (4). Se reconocía la libertad de prensa pero había periodistas amenazados y asesinados, se admitía la libertad de organización y participación política, pero se habían matado a militantes y dirigentes, docentes o artistas también eran amenazados o perseguidos, y así se repetían en otros ámbitos.

En la Colombia de hoy, esa que el presidente Duque gobierna y que presenta a la prensa como ejemplo democrático, en las protestas de 2021, la represión policial y militar desembocó en la muerte de por lo menos 84 personas, 1790 heridos, y 298 militantes de derechos ciudadanos atacados (5). Mas de 500 defensores de los derechos ciudadanos, incluidos varios líderes ambientales, han sido asesinados desde 2016, y decenas de miles han sido desplazados de sus territorios (6). Persiste la violencia interna en muchos sitios del país, entremezclándose el narcotráfico con los extractivismos mineros y petroleros y con los agronegocios. Esas y otras circunstancias hacen que la participación democrática se vuelva un riesgo insoportable, ya que las posibilidades de ser perseguido, desplazado, torturado o asesinado son ciertas (7). Una democracia sana es, bajo estas circunstancias, imposible.

Estas circunstancias presentes hacen que la descripción de Zuleta, de hace 35 años, en muchos sentidos sigua siendo válida, y por ello sus palabras deben ser consideradas con toda atención. Véase que indicaba que esa democracia formal en realidad estaba “auténticamente” ocupada por el “terror”, y que éste alcanzaba a todas las relaciones sociales y se extendía por toda la geografía del país. Era un terror, el miedo extremo, que todo lo invadía (8). Es el terror reproducido en los indicadores de persecución y muerte que se acaban de señalar.

El miedo es el instrumento más potente para mantener la exclusión. Es la condición que reemplaza a las espadas de los conquistadores, el látigo o la bayoneta, de siglos pasados. Es el modo que impide cualquier retorno de aquellos que han sido excluidos y marginalizados. El miedo nos hace sordos a otros lenguajes.

El orden político que se construye alternando el formalismo de instituciones y prácticas que parecen funcionar pero en realidad no lograr asegurar sus fines esenciales, con el terror que se disemina por todas las relaciones sociales y en todo el territorio, hace que las exclusiones persistan. No es solamente una sordera a otros lenguajes en sus contenidos más evidentes, como pueden ser los reclamos de indígenas que exigen por sus derechos ciudadanos a la participación, o las de líderes barriales que claman por al menos contar con servicios básicos como saneamiento o agua potable. Es también una incapacidad espiritual y sensible en asumir, intuir o respetar esas otras expresiones.

Enfrentar la exclusión exige acabar con las cotidianas y repetidas acciones que impiden escuchar esos otros lenguajes, que mantienen las puertas cerradas para los que han quedado en ese afuera. La voluntad para anular los encierros no siempre se concreta porque el terror lo impide, y en tanto repetido por décadas termina siendo naturalizado.

Esperanzas y democracias

Es apropiado regresar una vez más a Zuleta porque ilumina sobre esta problemática, cuando alertaba que una de los aspectos más tristes de la miseria es aquella que es “vivida como una fatalidad natural”. Es abandonar la esperanza por una lucha como “suma de fuerzas en una empresa común” para caer en la desesperación o la resignación.

En ese fatalismo, en ese miedo y en esta desesperanza, es que se derrumba la formalidad democrática exhibiendo todas sus limitaciones. Una condición que es incomprensible para políticos que piensan como el presidente Duque, lo que explica que se regodee con el formalismo institucional, justamente porque esa condición es la que le permite alimentar con el temor la exclusión cotidiana.

Esa resignación, ese fatalismo es “una de las virtudes menos democráticas”, mientras que la “esperanza es precisamente una de las virtudes más democráticas”, ahondaba Zuleta, en una conferencia en el Cauca en 1989 (8).

No puede negarse que ante la inminente elección presencial en Colombia, fortalecer la esperanza se vuelve una prioridad. Recuperarla entre los que la perdieron, alimentarla allí donde se debilitó, e incluso mantenerla ante los mercaderes del miedo que la carcomen en este momento. Ello es necesario porque el candidato Rodolfo Hernández alimenta ese terror que ahoga la esperanza, lleva a una democracia fallida y asegura la exclusión. Ese riesgo queda en claro a por su desparpajo ante las formalidades de la ley y la política, su gestión pasada inmersa en denuncias de corrupción y nepotismo, su incapacidad en dialogar.

Colombia enfrenta una posible bolsonarización de su política, en el sentido de caer en un gobierno de extrema derecha, que seguramente será desordenado en varios sentido pero enfocado en debilitar la justicia y los derechos, agravando aún más la exclusión. Es una bolsonarización también por lidiar con un candidato que no es el promovido desde los sectores conservadores, sino que escapó a ellos, llevando a un extremo la banalización de la política, pero al que terminan adhiriendo porque ellos mismos también están atrapados en el miedo, aunque sea distinto, porque es el temor a que se derrumben las exclusiones.

Ante esta situación no debe abandonarse la esperanza que permita abrir las ventanas y puertas que anulen los encierros de la exclusión, y que nos sirvan para comenzar a escuchar, y entender, otras lenguas.

Notas

1. Uber Sprache Ueberhaupt und über die Sprache des Menschen, W. Benjamin, manuscrito de 1916, publicado póstumamente; las citas corresponden a la traducción de R. Blatt en Para una crítica de la violencia y otros ensayos, Iluminaciones IV, Taurus, Barcelona, 1991.
2. Violencias (re)encubiertas en Bolivia, S. Rivera Cusicanqui, La Mirada Salvaje, La Paz, 2010.
3. “Que viva la democracia”: presidente Iván Duque ejerció su derecho al voto, Semana, Bogotá, 29 mayo 2022, https://www.semana.com/nacion/articulo/que-viva-la-democracia-presidente-ivan-duque-ejercio-su-derecho-al-voto/202233/
4. La violencia política en Colombia, E. Zuleta, originalmente redactado en 1987, y publicado en la revista Foro No 12, 1990; reproducido en Colombia: violencia, democracia y derechos humanos, Ariel, Bogotá, 2015.
5. Colombia, Informe 2021/22, Amnistía Internacional, https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/paises/pais/show/colombia/
6. Colombia, Eventos 2021, Human Rights Watch, https://www.hrw.org/es/world-report/2022/country-chapters/380715
7. La situación reciente se ilustra por ejemplo en Teatro de Sombras, Informe Anual 2021, Sistema de Información sobre Agresiones contra Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia, Programa Somos Defensores, Bogotá, 2022.
8. Sobre la violencia en Colombia desde mediados del siglo XX véase por ejemplo Violencia pública en Colombia, 1958-2010, M. Palacios, Fondo Cultura Económica, Bogotá, 2012.

 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES).
Algunas secciones del presente texto fueron presentadas en la mesa redonda sobre Desaprender la exclusión y abrazar la diversidad, organizado por el Instituto Distrital para la Participación y Acción Comunal (IDPAC) de Bogotá, el 4 de junio 2022.

 

Publicado enColombia
El nuevo reto de Wikipedia: crear un idioma universal

La Wikipedia se ha convertido en la mayor enciclopedia de la historia. Es editada 350 veces por minuto y leída más de 8000 veces por segundo. A ella acceden 1.500 millones de dispositivos únicos mensualmente y se lee más de 15.000 millones de veces cada mes. Su próximo reto: crear un lenguaje universal para hacerse aún más grande.

 

El futuro empezó el 1 de abril de 2020. Ese día, el informático Zdenko Vrandecic hizo pública su visión: conseguir que Wikipedia –la enciclopedia on-line– no solo sea diez veces más grande, sino también más fiable y más actualizada. Wikipedia Abstracta es el nombre del proyecto. Por su objetivo y por la fecha en la que se publicó, el Día de los Inocentes en el mundo anglosajón, la idea de una Wikipedia abstracta casi suena a broma: lo que este informático quiere es inventar una especie de lenguaje universal. De esta manera, todos los artículos de la Wikipedia escritos, por ejemplo, en inglés podrían leerse también en suajili, y a la inversa.

A Vrandecic, un informático de 42 años, en el mundillo especializado se lo conoce como ‘Denny’. Nos recibe de buen humor y rodeado de cajas. Acaba de dejar su trabajo en Google y se ha trasladado a la localidad de Berkeley para centrarse en su nuevo proyecto, ahora como empleado de la Fundación Wikimedia.

El gigantesco libro de consulta on-line que es la Wikipedia comprende hoy más de 55 millones de artículos, 100 veces más entradas que la mayor enciclopedia impresa de todos los tiempos. En total hay más de 300 Wikipedias en diferentes idiomas y dialectos, desde el albanés hasta el yoruba y el zulú, pasando por el escocés y el yidis.

Pero ese tamaño y esa variedad engañan, advierten los expertos. El crecimiento explosivo ha quedado atrás, el número de contribuyentes activos se ha estancado. La fiabilidad de las entradas va en aumento, pero a cambio de una maraña de reglas que se lo ponen muy difícil a los nuevos autores. La mayoría de las entradas están elaboradas por hombres blancos procedentes de sociedades ricas. Los Países Bajos, por ejemplo, tienen más autores que toda África.

El objetivo es evitar la falta de diversidad. La mayoría de las entradas están hechas por hombres blancos de sociedades ricas. Los Países Bajos, por ejemplo, tienen más autores que toda África

La versión más grande es la de lengua inglesa, con más de seis millones de entradas. La alemana, con unos 2,5 millones de artículos, ocupa la segunda posición. Pero sorprendentemente hay más de un millón de entradas redactadas solo en alemán que carecen de versión en inglés. Versiones en otros idiomas están igualmente aisladas unas de otras, son como islas en un vasto océano.

Y eso es lo que quiere cambiar Vrandecic: desea que todas las entradas de la enciclopedia sean accesibles a todo el mundo, que todas las personas puedan disfrutar del conocimiento atesorado por la humanidad, incluido el de las regiones más apartadas del planeta.

El fracaso y las burlas

Cuando Wikipedia nació, esta idea habría sido impensable. La enciclopedia on-line llegó a Internet el 15 de enero de 2001, hace ya 20 años. Todo empezó con un fracaso. Jimmy Wales, hombre de negocios estadounidense, dirigía desde Florida una especie de revista en línea dirigida al público masculino llamada Bomis, con contenidos de deporte y erotismo. Esta base le permitió crear en el año 2000 una enciclopedia comercial on-line bajo el nombre de Nupedia. Pero la cosa no funcionó. Así que Wales abandonó su idea de negocio y transformó la enciclopedia en un proyecto amateur voluntario. Y llegó la sorpresa: empezó a crecer a un ritmo increíble.

Al principio, la Wikipedia era objeto de muchas burlas, «el equivalente académico a un Big Mac», decían. Pero, para pasmo de los críticos, los estudios demuestran que los artículos de la Wikipedia tienen una fiabilidad similar a los de la Encyclopædia Britannica. Los servidores de Wikipedia están gestionados por la matriz Wikimedia, una organización sin ánimo de lucro con sede en San Francisco y que se financia mediante unas donaciones que alcanzan un valor de 110 millones de dólares al año.

Sin embargo, aunque la Wikipedia es un éxito, muchos de sus problemas siguen sin resolverse. «La mayoría de las entradas están redactadas de una forma enrevesada –se lamenta Vrandecic–. El otro día estaba con mi hija en el parque, y por curiosidad me puse a mirar la entrada de ‘margarita’. Solo entendí la mitad porque no tengo un doctorado en Biología».

Como la comunidad de autores voluntarios no parece tener ganas de simplificar los textos, Vrandecic confía en que su programa de traducción sea capaz de elaborar versiones sencillas de una forma automática.

Vrandecic es un hombre polifacético. En la universidad estudió una dupla de carreras tan poco habitual como Informática y Filosofía. Y más tarde desarrolló Wikidata, una base de datos puros. Wikidata se usa de forma global, independientemente de cada idioma. La intención de Vrandecic es extender el principio en el que se basa Wikidata a artículos enteros de la enciclopedia.

Las ‘alucinaciones’

¿Y por qué no recurre a programas de traducción automáticos, como Google Translate? «Solo funcionan bien si los dos idiomas cuentan con enormes cantidades de textos en formato legible por máquina», responde. Cuanto menor es la cantidad de textos digitalizados, mayor es la cantidad de morralla que producen. En el mundo especializado se suele hablar de ‘alucinaciones’ para referirse a esos resultados que no tienen ni pies ni cabeza.

Por eso, Vrandecic está desarrollando algo tan ambicioso. «Queremos formular las entradas de la Wikipedia de manera que sean independientes de un lenguaje natural –dice–. Tomemos, por ejemplo, el concepto ‘la mitad’, que se puede expresar de una forma precisa e independiente de cualquier idioma mediante la fórmula ‘50%’. En el siguiente paso, a partir de ese ‘50%’ ya se podría generar el inglés ‘half’ o el francés ‘la moitié’».

Los nombres de lugares, por su parte, se pueden sustituir por códigos alfanuméricos. Por ejemplo, en Wikidata la ciudad de San Francisco tiene adjudicado el ‘Q62’. Los autores podrían utilizar estos datos, áridos pero sólidos, para formular a partir de ellos una entrada perfectamente legible de la Wikipedia en el idioma propio.

Lo del idioma universal es un sueño muy antiguo de la humanidad. El filósofo René Descartes ya propuso en el siglo XVII una «lingua universalis», una lengua de la verdad que permitiera «enumerar todos los pensamientos de los hombres y ponerlos en orden», además de «distinguirlos de forma que sean claros y simples».

«Nosotros somos mucho más modestos, nuestra lengua aspira a ser simple y funcional», dice Vrandecic. Por ejemplo, un armazón de datos puros sobre San Francisco podría ser más o menos así: «instance: San Francisco (Q62), class: object_with_modifier_and_of(».

Esta serie de expresiones de raíz informática no se parecerá a la lengua soñada por Descartes, no tendrá nada de armónica sucesión de pensamientos. Un software de renderizado será el encargado de transformar las series de elementos en un lenguaje comprensible para las personas, dando pie a un ‘artículo resumido’ que luego será pulido por los autores de las entradas de la enciclopedia.

Heather Ford, profesora de Medios Digitales en la Universidad Tecnológica de Sídney, ve un problema: en su opinión, la Wikipedia Abstracta es tan exigente que contribuirá a seguir reforzando el dominio de los países desarrollados en la enciclopedia.

Al contrario, replica Vrandecic: mediante una traducción precisa, las entradas elaboradas en idiomas minoritarios podrían encontrar un acceso más fácil a la Wikipedia inglesa. Además, las traducciones no serían un sustitutivo, sino una herramienta adicional para los autores, que siempre conservarían el control sobre sus textos: «Lo que quiero es que una entrada sobre la cultura amhara venga del amhara, y que una entrada sobre las danzas bengalíes también esté escrita por bengalíes».

Está previsto que la Wikipedia Abstracta presente sus primeros resultados para 2023.

Publicado enSociedad
'Netflixicación' de la (comunicación) política

The events depicted in this film took place in Minnesota in 1987. At the request of the survivors, the names have been changed. Out of respect for the dead, the rest has been told exactly as it occurred.


(Los hechos descritos en esta película tuvieron lugar en Minnesota en 1987. A petición de los supervivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los muertos, el resto se ha contado exactamente como ocurrió).
Fargo (Joel Coen y Ethan Coen, 1996).

 

¿Quién recuerda a Mozart? Nos referimos al de verdad, no al Amadeus frívolo y bobalicón de Miloš Forman. O ¿quién recuerda al nobel John Nash? El de verdad, no al (casi) siempre carismático Russell Crowe. O ¿quién recuerda lo qué pasó realmente en el «juicio de los 7 de Chicago»? El que tuvo lugar en 1968 y no en la épica imaginación de un siempre grandilocuente Aaron Sorkin. ¿Era negra la Reina Carlota (consorte de Jorge III)? ¿Quién conoce realmente a Phyllis Schlafly? ¿Ragnar Lothbrok? ¿Catalina la Grande? ¿O alguien recuerda que «Bella ciao» es una canción originaria de la región italiana de Emilia Romana y no de La casa de papel? O ¿quién conoce con aséptica precisión los negocios privados, y algunos públicos, de Juan Carlos I? Los de verdad, claro, no todos los sugeridos en el vídeo que ha publicado Podemos con imágenes montadas con el ex Jefe del Estado al ritmo de Narcos.

Son tantas las recomendaciones de series que hace el vicepresidente segundo del Gobierno de España como el número de críticas que recibe. No tanto por su criterio artístico o seriéfilo como por el tiempo dedicado a evaluar el extenso catálogo de sus proveedores habituales de streaming. A pesar de ello, la cuidada selección de títulos y recomendaciones muestra una secuencia que sigue una sencilla premisa (puede que no de manera consciente, o sí): hacer comprensible la realidad.

El tiempo es, con diferencia, el recurso más importante para la política. Un escaso recurso al que, si sumamos la complejidad de la política, se obtiene como resultado un aparente desinterés. Al margen de los factores que tradicionalmente explican la participación política, son varios los estudios que la relacionan con la capacidad de la ciudadanía de entender la política. Por ejemplo, los hallazgos de Shulman y Sweitzer muestran que, cuando el lenguaje político resulta sencillo, los ciudadanos experimentan una mayor accesibilidad. Esto, a su vez, permite aceptar la información y se favorece el interés político. Un interés que, lógicamente, influye positivamente en la participación.

Estos experimentos que relacionan la complejidad o sencillez del lenguaje con el interés y la participación política han demostrado, a su vez, la capacidad de manipulación cognitiva. Con un sencillo cambio gramatical y el uso de referentes concretos, el lenguaje político se hace más sencillo y, por ende, más comprensible. Una comprensión que despierta el interés y la participación política. Una efectiva aplicación del feelings-as-information theory.

NarcosLa VenenoEl colapsoBaron NoirPress… son algunos de los referentes que se han empleado para explicar asuntos complejos (y posicionarnos ante la realidad). No se trata de un ejercicio similar al decidido y conducido análisis que realizan amigos como Beers&Politics o Cámara Cívica. El propósito no es identificar teorías, conceptos o fenómenos políticos en series u otros productos de la cultura pop. El objetivo, en esta ocasión, sigue una estrategia más directa y efectista. Se emplean series del catálogo de Netflix, Filmin, HBO, o cualquier otro proveedor, para crear referencias. Unas sencillas coordenadas que ayuden a los ciudadanos, al menos a los followers, a orientarse en la hoja de ruta. Bien para fijar el punto de partida, o bien para fijar el destino.

El uso de estas referencias simplifica la realidad, la hace más comprensible, pero también persigue otro propósito. La capacidad de construcción cognitiva de estos productos permite crear potentes y duraderas imágenes en los espectadores. No solo perdura el bobalicón Amadeus o los imposibles saltos históricos del Ministerio del tiempo. También por los atributos, valores, principios… y, sobre todo, por los significados asociados a la recreación de una realidad que, progresivamente, pierde, en buena medida, su condición de ficción debido a la creciente familiaridad que despierta. Poco importa si esa familiaridad es causa o consecuencia, punto de partida o destino. Lo importante es que da paso a un nuevo marco de referencia.

El marco de referencia es un libro de códigos, de significados, que se emplea para construir la realidad. Y, como todo libro de códigos, nos dice cómo descifrar aquello que percibidos. Cómo debemos posicionarnos ante lo que nos rodea. Un producto en permanente construcción. Del mismo modo, por ejemplo, que Wayne y O’Hara, en la inspirada obra de Ford El hombre tranquilo, nos enseñaron lo convulso de las relaciones apasionadas. Hoy, esta obra maestra del cine clásico, podría convertirse fácilmente en un ejemplo de masculinidad tóxica y maltrato machista. Señoros por doquier, incluso en la oferta de Netflix, cuya presencia impulsa un revisionista esfuerzo cuya exigencia solo se ve amortiguada por los títulos más modernos, más inclusivos, con valores renovados, etc. Una realidad-ficción que, si bien no encaja del todo con la realidad-no ficción (la de verdad, si es que eso existe ya), encaja mejor con lo que conoce, incluso espera, gran parte de la audiencia. La culpable, nuevamente, no es otra que esa familiaridad, ya casi aspiracional.

Nueva realidad

La constante hiperactividad del Premier Johnson no le ha hecho perder la oportunidad (en realidad ha sido Oliver Dowden), puede que empujado por Buckingham, de pedir a Netflix una advertencia a la audiencia de su serie The Crown. «Fiction», una sencilla etiqueta que no trata de clasificar a los espectadores como unos torpes autómatas incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Es solo la escenificación de un nuevo capítulo, esta vez amplificado por el sensacionalismo que rodea a los Windsor, de una guerra cultural que extiende su campo de batalla a todos los ámbitos. La capacidad de construir imágenes, la realidad, de una serie como The Crown, no se circunscribe solo a la creación y categorización de personajes, también al juicio que emite sobre una época, una sociedad y, por qué no, de un gobierno. Y es que, estaba claro, el de Gorbachov no iba a ser el único condenado por su Chernóbil.

La netflixicación de la comunicación política no solo simplifica el lenguaje político con sencillas referencias culturales. También se apropia de los significados y códigos que series y productos culturales emplean para construir la nueva realidad. Aquellos que ya son familiares para una creciente audiencia. Un uso del lenguaje que favorece el interés y, al menos, el debate político.

Esto concede a los productores de la ficción streaming, en realidad a todo el woke capital, un destacado rol. Los convierte en los propietarios de un nuevo discurso, todavía no hegemónico, que, además, presenta un importante gap generacional. Algo de lo que Podemos es consciente y por el que, con toda probabilidad, doblará su apuesta. Puede que, en realidad, sean los únicos nativos de esta nueva realidad. Que sean los únicos propietarios de este nuevo marco de referencia, de esta nueva cotidianidad.

Por Rubén Sánchez Medero

Profesor de Ciencia Política, Universidad Carlos III

15/01/2021

Publicado enCultura
Coloquio Internacional: Interpretación y terminología. De la palabra al lenguaje especializado

En la actualidad, las necesidades de formación y actualización en el campo de la traducción se han ampliado cada vez más, lo cual requiere explorar estrategias de capacitación cada vez más profundas y serias para quienes quieren dedicarse al ejercicio de la traducción, la terminología y la interpretación. Por esa razón, el VI Coloquio Internacional de Traducción, organizado por la ACTTI (Asociación colombiana de traductores, terminólogos e intérpretes), la Universidad del Rosario y la Universidad EAN, propone reflexionar sobre el papel de la terminología y la interpretación en relación con el ejercicio del traductor, pues los desafíos que se plantean al aprendiz incluyen tecnologías y saberes que pueden ser novedosos y desconocidos.


En este sentido, se propone un encuentro que busque y discuta diferentes vías para fortalecer el oficio del traductor a partir del conocimiento de la terminología especializada y para ampliar el campo de acción a través del ejercicio de la interpretación profesional. El coloquio, entonces, se centrará en dos temas. El primero está relacionado con la traducción, por el papel preponderante que ha asumido la terminología al servicio de la industria en la creación y gestión de lenguajes especializados. El segundo es relativo a la interpretación y la urgente necesidad de formar intérpretes de conferencia en los países de nuestra región.


En relación con lo primero, se busca discutir sobre los alcances de los desarrollos terminológicos en el ejercicio de la interpretación y la traducción. Aspectos como los análisis lingüísticos y la gestión de bases de datos terminológicas en campos especializados harán parte de la discusión académica planteada en el coloquio. En cuanto a lo segundo, se discutirá la formación profesional del intérprete y su campo de acción, temas que están a la orden del día en Colombia debido a la ausencia de programas profesionales de formación y al desconocimiento extendido del mercado sobre el trabajo y las competencias del intérprete.


Entre el 5 y el 7 de noviembre se llevará a cabo este evento en la Universidad del Rosario, donde investigadores, traductores, terminólogos, intérpretes, docentes y estudiantes relacionados con el campo explorarán diversas realidades y perspectivas.


Estos temas se relacionan con puntos centrales de la agenda actual como el lenguaje incluyente en la traducción, la interpretación en contextos académicos y oficiales de las lenguas indígenas y la lengua de señas, la terminología especializada, la enseñanza y la pedagogía de la interpretación y las normas y leyes vigentes que regulan en Colombia el ejercicio de la traducción y la interpretación. La apertura de este tipo de espacios es fundamental si se tiene en cuenta la enorme importancia que en el mundo globalizado tiene el trabajo de traductores e intérpretes, lo cual exige una respuesta de la academia y de los gremios especializados en aras de mejorar la formación y calidad de los procesos profesionales en este campo.

 

*Profesor y coordinador del Centro Multicultural y Multilingüe de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario.

Domingo, 26 Mayo 2019 05:48

Parto de huérfano

Parto de huérfano

“En la noche del viernes al sábado una mujer de 51 años de edad, madre de familia, se suicidó tomando una dosis de somníferos”, tal la noticia, una entre tantas, en un diario de Carintia. Pero la noticia, para el hijo no puede quedar ahí por dos motivos: 1) es escritor, 2) la suicida es su madre. Y el orden de importancia de estas dos circunstancias, la literatura y la vida, no es gratuito. La información escueta contiene entre líneas una novela, una familiar. Siete semanas más tarde, el hijo siente la necesidad imperiosa de hacer algo con esa muerte, que no quede ahí. Y lo mejor que puede hacer, se dice, es trabajar en el asunto, investigar los motivos del suicidio, lo que a su vez implica asumir que ella es una desconocida. La memoria, se sabe, deforma. Tratamos de embellecer tanto las derrotas de nuestros seres queridos como las propias. Si ya es difícil conocerse a uno mismo, arriesgo. cómo se puede conocer a otro.Más aún, conjeturo, si el otro es otra, si se trata de la propia madre, y de un pasado del que no queremos ni enterarnos. Pero el hijo escarba en esa llaga. Trabajar en el asunto quiere decir también hacerlo”para no volverse loco machacando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”, cuenta Peter Handke (Griffen, 1944). “Lo que también podría hacer sería marcharme; además, yendo de viaje, ese dormitar con la mente en blanco, este ir de un lado para otro sin hacer nada me pondrían menos nervioso”, escribe.

Con esta disyuntiva, entre la escritura y el viaje como sustituciones de la locura empieza a escribir “Desgracia impeorable”. Por entonces, 1974, Handke es el niño terrible de la literatura alemana, un intelectual a lo Bob Dylan. De hecho preludia la novela con dos citas, una de Dylan y otra de Patricia Highsmith, de quien fue traductor al alemán. De Dylan, lo que escribe tiene un tono entre desmañado y ruinoso. De Highsmith, el estudio penetrante de un carácter. Biográfica y autobiográfica, “Desgracia impeorable” no sólo perturba. Lastima.
Hacía más de treinta años que no leía esta novela. Ahora volví a encontrarla y acá estoy, queriendo en estas notas explicarme su efecto. Handke, lector de novela negra, aplica el riguroso método Highsmith de análisis de la protagonista y sigue con minuciosidad las pistas de una vida desdichada. Infancia campesina, huida a la ciudad, parejas por conveniencia, simpatía por el nazismo, abortos, hijos arrastrados entre los escombros de posguerra en busca de comida y finalmente, fracasada, el retorno al campo, la reclusión. La angustia y la desesperación del huérfano no incurren ni en la piedad ni en el tremendismo. En el parto de la historia materna, toda una deconstrucción, se fija una objetividad complicada por la clase de distancia que signó la relación madre-hijo y ahora, el hijo como narrador, aspira resignificarla en un relato que puede leerse también como diario, un diario escrito con urgencia donde busca expiar la culpa filial. Un desconsuelo sabido de antemano: la escritura, inescrupulosamente, habrá de funcionar como distracción provisoria, pero a condición de aceptar que llegará un momento en que las palabras ya no podrán cubrir esa ausencia, el vacío.


“No es verdad que escribir me haya servido para algo”, escribe Handke cerca del final. “Durante las semanas que estuve trabajando en la historia, ésta no dejaba de preocuparme. Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”.


Para los escritores no resulta sencillo escribir la madre. Resulta tanto más simple medirse y medírsela con el padre, practicar, si se puede, un parricidio virtual a través de la narración, que encarar a la madre. Problema de género y no sólo, no suele ser igual, en sus variantes, la relación que establecen los escritores con sus madres que con sus padres. La bibliografía al respecto es profusa. Ante la madre las estrategias narrativas masculinas, la elección del género literario, se conflictúan entre la elegía, el lamento compasivo y la confesión de culpa. Lo que cuenta, tal vez, más que el género es cómo ficcionalizar, un acto de escritura en el que se juega una verdad, que es siempre subjetiva y compromete en su exposición. Como si “hacer literatura” fuera incurrir en la mojigatería y el melodrama, “sensiblería femenina”. Una exigencia: hurgar en los propios sentimientos a menudo contradictorios. Handke lo dice así: “Es especialmente en los sueños donde se hace palpable la historia de mi madre: porque allí sus sentimientos se convierten en algo tan físico que los vivo como si fuera su doble y me identifico con ellos, pero son precisamente estos momentos de los que ya he hablado en los que la extrema necesidad de comunicación coincide con la extrema falta de lenguaje”. Si bien estas escrituras suelen apelar a la primera persona y entonces lo que se impone es un yo que todo lo prisma: la ternura, el odio, los celos, la desolación. En esa materialidad del intimismo terminan encontrándose con aquella verdad de la que huyen. La verdad, esa verdad deseada, retorno a la lengua materna, no es sino la escritura: en consecuencia, contra su terquedad, “novelaron” a sus madres. ¿Por qué no inferir entonces que la “literatura del yo” –si es que esta etiqueta cobra algún sentido– empieza con una palabra y ésta es “mamá”?
Vuelvo a la disyuntiva que plantea Handke en el comienzo de su novela: la alternativa entre escritura y viaje, que quizás ahora, ante la muerte de su madre, desde esta perspectiva, no resulten antagónicas sino versiones de una misma acción: el viaje de la escritura que, en ráfagas, como un viento helado,depara un ahondar en la interioridad.”La descripción, naturalmente, no es más que un procedimiento mnémico”, escribe Handke. “Pero, por otra parte, tampoco la descripción es capaz de conjurar nada. Sin embargo, desde los estados de miedo, intentando una aproximación con las formulaciones más adecuadas posibles, esta descripción consigue un pequeño placer, un placer que se produce por una beatitud del miedo y del recuerdo”.


Lo que me sorprende en esta segunda lectura es otra cosa además del dolor “inenarrable” que transmite la reflexión sobre el origen y los sentimientos contradictorios con respecto a la identidad. Esa otra cosa es la puesta en tela de juicio permanente de la herramienta del escritor: el lenguaje, su potencia expresiva pero también sus límites y sus trampas. Es en esta conciencia de los riesgos donde quizá, como en ningún otro texto suyo, en Handkese dirime la cuestión sartreana de para qué “sirve” la literatura, si es que una utilidad que no sea la mercantil puede tener, esa idea de que la literatura “enriquece”. Además de exorcismo, también comunicación. Como lo declaró más tarde Handkeen un texto titulado irónicamente “Soy un habitante en la torre de marfil”, el objetivo consiste en “llegar a ser más atento y volver más atentos a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, y llegar a serlo yo para que yo y también otros podamos existir de forma más receptiva y sensible, para que pueda comunicarme con los demás y tratarlos mejor”.

Publicado enCultura
Martes, 30 Abril 2019 10:54

Ignorar pero obedecer

Ignorar pero obedecer

¿Cómo entender las intenciones del autor de este aviso? Pudiera ser que en el fondo haya algo caliente, pues lo fundamental para el interesado es que obedezca, calladita quizás, y brutica. Faltó tal vez decir que no sobra que la aspirante al ‘puesto’ sea linda. ¿No les parece? En ese caso, ¡claro!, el conocimiento es lo de menos. Hay cierta generosidad en el potencial contratante: sólo medio tiempo, es decir, unas cuatro horas diarias. Y mirando otros aspectos del asunto, ¿si la utilización de los servicios contratados está a cargo de más de uno, no estaríamos ante cierta clase de explotación ‘laboral’ y de “trata”?

Además, aplicando la lógica matemática sobre los dobles negativos, “que no sepa hacer nada” pudiera significar que “sepa hacer algo”. Igualmente, el medio tiempo se debe señalar con “medio” y no con “1/2”.

Gracias al descuidado autor del aviso por proporcionarnos este material periodístico.

Publicado enEdición Nº256
Jueves, 04 Abril 2019 05:58

La lengua, identidad y aflicción

La lengua, identidad y aflicción

El psicoanalista Ricardo Nacht presentó en el I Encuentro Internacional: derechos lingüísticos como derechos humanos, celebrado recientemente en Córdoba, una reflexión sobre la politicidad de la lengua aquí. El texto de la ponencia.

 

Comienzo con un agradecimiento y un reconocimiento a Raúl Vidal por haber abierto la cuña que hizo posible que haya hoy psicoanalistas hablando en este encuentro. Espero que cuando haya terminado de leer lo que escribí para hoy se pueda medir en toda su magnitud el alcance (político) de su gesto.


Intentaré ser breve y claro, intentaré escribir sostenido en argumentos y hechos. La entrada y el comienzo entonces deberán ser directos. Intentaré ir directamente a lo Real de la lengua. Una aclaración: lo que leeré a continuación es producto de un gran robo. El título mismo lo es: Identidad y Aflicción es el título de un importante ensayo de Nicolás Casullo en el que produce lo que llamó una Remoción de lo Moderno: un decir que no a la identidad. El robo es a mansalva, sólo mencionaré algunos nombres. Dado que se trata de un gran robo y que la lengua es impropia, me dispenso de usar comillas. La lengua tampoco es de “todos” como dato “natural”, como vienen a decirnos: esto sólo esconde quién sería su propietario.


Dado que no hay lengua sin historia, toda relación entre estos dos términos pasa a ser, en la Modernidad, una relación política. Todo pensamiento y toda historia y toda lengua que no esté situada está perdida. Lo que es evidente a veces no es obvio. Toca insistir. Toca, para nosotros analistas, hacer un esfuerzo de pensamiento. Dado que pensar es tomar posición, si no pensamos desde aquí estamos perdidos; y también dominados: toda puesta en relación de la lengua con lo global, en cualquiera de sus formas, produce dominación, ese es su sentido; -produce obediencia. El real del que nos ocupamos no puede aprenderse como tal porque el pensamiento es obediente y dependiente de las condiciones sociales de producción: y esta es la función del pensamiento como ideología, dice Lacan.


Se trata, también en y por la lengua, de una historia (geopolítica) de conquista, de colonización, de crimen, y de cuerpos ordenados y penetrados por los Estados, que van dominando toda la geografía del mundo haciéndolo inmundo. Ya nos detendremos en la lengua penetrada y penetrante, en la nuestra, la que pasa por nuestras bocas, la que va de boca en boca. La que se hace escuchar en las vueltas criminales llenas de desprecio y en la superposición inverosímil entre las voces indígena/indio y negro entre nosotros, que alcanzan un grado tal de naturalidad que hacen que el crimen, y su historia en la lengua (“el aluvión zoológico”), se den en cualquier instante. No hay pensamiento situado que no haya encontrado y producido su anclaje crítico. Si situar un pensamiento crítico es tomar posición, ¿dónde hacerlo si no en la lengua, cómo hacerlo sino en la historia? Si el psicoanálisis es una práctica crítica, haremos de la querella de la lengua en Argentina, de la politicidad de la lengua, nuestro anclaje.


Formo parte de un colectivo de analistas (Zona de Frontera) que se dio como programa la lectura de libros escritos aquí, libros en los que se produce un pensamiento crítico situado. Qué sabemos de nuestra lengua y de nuestra historia es una pregunta necesaria para aflojar y poder abrir el nudo que sostiene a cada cuerpo, para así poder entrar en el agujero que producen la identidad, la Patria y el Estado. Para este colectivo, haber vuelto a abrir la pregunta de qué es la lengua, implicó tener que hacer un nuevo esfuerzo de pensamiento. La lengua no es un concepto, y menos universal, no es abstracta. La lengua es pulsional, transporta la llamada (pulsión) de muerte. Tampoco es un pensamiento: la lengua se practica. ¿Por qué, nosotros analistas, no sabíamos nada de nuestra lengua y nuestra historia y de cómo están cruzadas en la palabra Patria? Si lengua y frontera suele dar la lengua del exilio, me pregunto cuánto estaré penetrado por ella. La frontera, dice Josefina Ludmer, no es sólo el límite de un Estado, sino un instrumento conceptual particular: una zona inclusiva-exclusiva, una fisura que sutura. Zona de Frontera es entonces el lugar desde donde poder abrir eso que llamamos la identidad

Un cuerpo es algo que está hecho para ser marcado y cartesianamente clasificado, para ser penetrado por esa lengua; -no hay cuerpo sin esa marca escrita en la piel. Decir entonces que todo cuerpo está marcado es hablar de la historicidad de la lengua. Cada lengua produce vacilaciones propias dentro de la historia general del lenguaje, dice Lacan, que la vuelven, a tal o cual, más propicias para poner en evidencia la historia de Un sentido (siempre fijo). Vayamos hacia los que imperan en nuestra lengua.


Digamos también que tanto la historia como la lengua son un campo de batalla no decidido de antemano. Digamos también, benjamianamente, resistentemente, que la historia es el modo en que relampaguea en el presente, y en la lengua, el instante de peligro. Por algo se ha afirmado, y con razón, que la lengua, por la captura que produce, es fascista. Ésta es también la historia del capitalismo: ¿por dónde circula la economía si no es por la lengua? Dónde si no en la lengua ocurre eso que llamamos subjetivación; de allí la subjetividad, de allí el sujeto. La dimensión del o/Otro, de aquello que está siempre antes como punto de partida, es la historia de una relación de exclusión-inclusión y de un concepto: es la relación entre Europa y sus Otros expulsados conceptualmente por la vía regia de la identidad como concepto capital. Es la historia de los cuerpos ordenados disciplinariamente por un concepto moderno, aquel en el que se sostienen lo mismo y la diferencia; -aquello que todo cuerpo sostiene, aquello que mueve al mundo, al crimen y a la economía-. La identidad está en la lengua, la tenemos adentro, es el nudo que sostiene cada cuerpo: un agujero hecho de sexo, género, raza y clase. Cuatro términos que si bien se pueden distinguir, no se pueden separar. Será por esto que no hay concepto moderno más confuso, contradictorio, resbaladizo y ambiguo que éste, como afirma Eduardo Grüner. Es el concepto del Imperio y de la conquista, el de la frustración y de la agonía que exige todo aquello que no se alcanza. A esto se le ha dado en llamar también la Cosa: es la forma de la agonía que exige la Cosa para que se la alcance. Todo cuerpo está colonizado, todo cuerpo es una/esa Cosa. Es lo eternamente inalcanzable, núcleo duro y obsceno de un particular concreto que se esconde detrás de la universalidad abstracta de la ley.


Lo que llamamos síntoma es un nudo hecho de lengua, agujero, marca e historia; es lo que une estos diferentes registros, siempre de manera particular. Para lo que llamamos identidad (igualdad-equivalencia), seguimos la indicación crítica wittgensteniana: tomar en cuenta siempre los principios de partida. Siempre imperiales, siempre coloniales. Si toda lengua está penetrada, sólo hay entrelenguas, toda lengua es mestiza, toda lengua materna es bilingüe. Para lo que se pretende hacer valer como unidad, seguimos aquella potencia y voluntad de pensamiento crítico que postula una parcialidad radical: la relación entre el objeto parcial y la Historia da una heterogeneidad que se sustrae al concepto, a la unidad y a toda identidad. La lengua, que no es un concepto, será penetrada por unos cuantos. La mestización de las lenguas es una condición para poder abrir lo más olvidado, lo más rechazado y forcluido: el punto de fractura sobre el que se construyó, en la Modernidad, un sujeto nuevo y su lengua (en cada historia y en cada geografía). La mestización de las lenguas es lo que nos permitiría leer los libros escritos allí, aquí. Pero sobre todo y también, leer los libros muchas veces poco leídos, escritos aquí. Sólo así cobraría sentido (situado) que, como dice Lacan, en relación al Real (de la lengua, agrego), el nuestro sea un saber que avanza: allí está el sentido, dice, de lo que es una crítica de la ideología, parte integrante, dice, de una subversión que introducimos en el Real. Para cada lengua, según su identidad, su subversión.


Nos situamos. Aquí, “el desierto”. El desierto como el lugar sobre el que están escritos los fundamentos situados de nuestra literatura, de nuestra lengua tramada con nuestra historia. El desierto también como el territorio de una criminal cacería y domesticación de cuerpos y lenguas, como la forma siempre violenta con la que una identidad se impone en la lengua. Semejante violencia siempre ha traído aparejada la expropiación de territorios. El desierto como aquel territorio sin ley a ser penetrado por la lengua, por la cultura, por la ley. El sentido político de hacer estallar hoy el género en la lengua (feminismo mediante) pareciera claro. Los modos en los que la transmisión de la lengua se apoyan en la palabra género (uno de nuestros cuatro términos), no tanto. Si, como dice Piglia, somos los libros que hemos leído, la lengua que ha penetrado nuestros cuerpos está escrita. Como dice Carlos Gamerro, están los libros que inventaron la Argentina. ¿Y cómo se llama el libro de Ludmer que debiera atravesar todo lo que desde aquí podamos decir sobre la lengua?... se llama Aquí América Latina. Desierto, lengua y crimen vuelven a escribirse hoy, para este contexto y para esta historia. A Ludmer le interesa no qué significa una literatura sino cómo operan las ficciones en la definición y distribución de identidades. A modo de ejemplo citamos dos: La Argentina manuscrita –La cautiva en la conciencia nacional–, de Horacio González, y Las aventuras de la china Iron, de Gabriela Cabezón Cámara.


La manera en que tenemos tramada lengua e historia está escrita, y es política. Abramos la politicidad de nuestra lengua de manera breve, y espero clara. En “El género Gauchesco –Un tratado sobre la patria–”, Josefina Ludmer toma posición en la lengua citando a Chomsky. En mi opinión, dice él, la noción de lengua no es una noción lingüística, no es un concepto lingüístico, ni una definición lingüística. ¿Qué es el chino?, se pregunta. Son razones políticas las que definen qué es el chino. Son políticas las razones que explican lo que cada lengua tiene de particular.


La palabra género es a su vez la que trama una relación entre lengua, patria y Estado. Es por el género que la lengua penetra en los cuerpos, ahora escritos (¿qué si no letras como cicatrices es lo que soportan?). Es por el género que la lengua produce identidad fijando para cada uno y cada cuerpo lo que será su racismo, su clasismo y su sexismo. El género es la alianza, dice Ludmer, entre una voz oída y una palabra escrita. Sus enunciados no son ni frases ni proposiciones, sino la relación entre tonos y sentidos. La alianza, el género, es una relación de fuerzas poéticas y políticas entre voces y sentidos producidos por los enunciados del género; no existe antes ni fuera de ellos. Su lógica es deseada y postulada: un deber ser escrito como ser, dice Ludmer. Es todo lo que tiene la forma de lo ya sabido (aunque el ser no sepa ser como ser). Leo un párrafo de su libro: Y también inventaron entre todos, con ese mismo tono, una lengua penetrada de arrogancia, de xenofobia, de sexismo y de racismo. Con esos tonos escribieron sus ficciones legales para el Estado liberal. (Recordemos que Macri tiene fonoaudióloga y, como vemos, son políticas las razones que lo explican)


Vayamos hacia el hecho de que toda lengua está penetrada y es penetrante. Hacer un viaje por la lengua la lleva a Ludmer hacia El cuerpo del delito. Un libro muy poco leído, según Daniel Link. El crimen y el delito están en la lengua y produciendo riqueza, tal como Ludmer lo muestra citando a Marx. Su viaje va hacia los cuentos de educación y matrimonio de la coalición que fundó la cultura aristocrática en la Argentina, porque ellos inventaron, entre todos, dice, un tono y una manera de decir que quiso representar lo mejor de lo mejor de un país latinoamericano en el momento de su entrada en el mercado mundial (con ese tono se entraría, nos dicen hoy), y que se hizo clásico en Argentina.


Hablando de penetración, Oscar Masotta lo dice así: soy un nudo de repugnancias que yo no he puesto en mí. Afirmación que, según Carlos Gamerro, vale como una iluminación benjamiana que, dice, define el odio de clase y el asco racial mejor que ninguna otra que conozca. Raza, clase, asco y entonces el odio como destino inevitable. La identidad está en la lengua, son tonos (tanto de voces como de colores) y sentidos; una agonía.


Ahora acompañemos este tono con un toque de Benveniste: el cuerpo ante lo sonoro está desprovisto de piel; el sonido no retorna ni como imagen ni como reflexión. El sonido es la cosa misma, es el tiempo (la historia) de la cosa. La cosa, en cada lengua, ahora calzada entre sonido y sentido. El sonido está en la lengua como su deriva líquida, en su carencia de cierre, en su movimiento continuo y su conexión al goce del cuerpo. El sonido es la materialidad del lenguaje, es el soporte material de todo lo que se escucha.


Para finalizar quisiera detenerme en una pregunta para la que, entiendo, lo dicho hasta aquí debiera dejarnos a la puerta de una respuesta. Tomaremos a la pregunta misma como un síntoma del que nosotros, los analistas, debiéramos hacernos cargo en tanto nos pertenece: ¿cómo fue posible, qué hizo posible, que los organizadores de este Encuentro no hayan considerado, en un primer momento, ni la necesidad ni la conveniencia, de que hubiese psicoanalistas participando del campo de batalla al que la lengua llama hoy?


Detengámonos en la nuestra, o sea la que hablamos, en general, los analistas lacanianos cuando practicamos deportivamente un idiolecto (casi como una lengua pura y perfecta) hecho de palabras traducidas del francés, para expresar lo que fue pensado en otra lengua, en otro lugar, para otra historia; –para así poder soñar el sueño del pensamiento perfecto y la reflexión. Es el sueño dominante de la Universidad (de Buenos Aires, que es la que conozco) y de lo universal. Nos preguntamos, entonces, por la real razón que hizo posible que los organizadores de este Encuentro no hubiesen considerado necesario que hubiese analistas hablando aquí. Tuvimos que pedir un lugar, dado que pensamos, junto con algunos otros, que una práctica crítica que se realiza en la lengua obliga a tomar posición, en ella y en la historia. ¿Se jugaría ahí nuestro instante de peligro? Hacer entrar a Lacan en nuestra lengua sin haber primero tomado posición en ella no desemboca en ninguna práctica crítica, ni es capaz de producir la crítica ideológica que cada lengua por separado se merece.


Tocar o interpretar un síntoma, per vía di lévare, como indica Freud, requiere situarlo en su génesis y en su origen, situarlo en la historia, para así dar con su fuerza y su significación, aquello que Benjamin llamó la movilización de la experiencia histórica de los sujetos. Una interpretación crítica y activa es ya una transformación de lo Real, en la medida que altera radicalmente la relación del sujeto con la cultura (siempre de masas). Así movilizados dimos, en la historia de nuestra lengua, y gracias al trabajo de Fernando Alfón (La querella de la lengua en la Argentina), con el momento en el que comienza a afrancesarse nuestra cultura y nuestra lengua, y las razones que lo explican. Lo escribe J. B. Alberdi en 1838, en La emancipación de la lengua (texto desconocido por cada participante del colectivo del que formo parte). Alberdi intenta explicarse por qué la lengua de ciertos jóvenes de talento se va afrancesando, por qué aspiran a eso ciertos jóvenes galicados. Su pregunta, y la conjetura que deriva de ella, nos resultan de una actualidad apabullante: como la lengua, según él, es una faz del pensamiento, perfeccionar una lengua es perfeccionar el pensamiento. El francés, dice, llegó a la mayor simpleza, exactitud, brevedad y elegancia (así es la lengua estética del concepto); e imitar una lengua perfecta es imitar un pensamiento perfecto, es adquirir lógica, orden y claridad, es perfeccionar nuestro pensamiento mismo: ¿la función del pensamiento como ideología? Si la lengua perfecta está en otro lado, solo nos queda obedecer. Repito algo dicho al comienzo: toda puesta en relación de la lengua con lo global, en cualquiera de sus formas, produce dominación, ese es su sentido. No ser analistas obedientes requiere un esfuerzo (una voluntad y una potencia) de pensamiento crítico y de imaginación. Creemos haber dado así con aquello que nos ha hecho obedientes, creemos haber abierto un poco más aquello que ya se ha dicho de manera precisa y contundente: que estamos colonizados en nuestras categorías mentales. La lengua no es un concepto, tampoco una reflexión ni un pensamiento. La falta de una voluntad de pensamiento crítico sobre la lengua en Argentina es el síntoma que los psicoanalistas lacanianos (salvo pocas y honrosas excepciones –entre las cuales quisiéramos poder estar–) portaríamos en Buenos Aires. Y esa es la razón por la cual casi no tuvimos lugar en este Encuentro. Es así y no de otra manera, esa es hoy mi conjetura.


* Leído en el marco del I Encuentro Internacional: derechos lingüísticos como derechos humanos, Córdoba (29 de marzo de 2019), dentro de la mesa “Lo real de la lengua contraría lo real de la RAE”, junto a Raúl Vidal y Virginia Vogliotti.

Publicado enCultura
Jueves, 23 Agosto 2018 07:11

A propósito del lenguaje inclusivo

A propósito del lenguaje inclusivo

Entre los muchos datos que la actualidad imprime en el cuerpo social figura sin duda la cuestión del llamado lenguaje inclusivo. Esto es: las propuestas para que el habla reemplace el uso del universal masculino por vocablos cuyas letras no ignoren la diversidad de respuestas frente al enigma de la relación sexual: vaya como ejemplo el uso del todes en lugar del todos. Desde ya la iniciativa ha cosechado apoyos pero también críticas, algunas propias del carácter retrógrado de los nostálgicos del orden patriarcal, pero otras que merecen toda su atención. Por caso quienes opinan que el carácter heteróclito, errático e impredecible de la lengua hace imposible la imposición de cambios surgidos de alguna intencionalidad premeditada por más digna que la misma sea: los cambios –dicen– se dan de manera natural. Argumentos no les faltan, basta recordar la peregrina iniciativa de Gabriel García Márquez: “jubilemos la ortografía, enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites y pongamos racionalidad en el uso de los acentos”, propuesta que por atentar contra la bella irregularidad que los siglos depositaron en la lengua mereció todo tipo de críticas, por cierto muy bien fundamentadas. Sin embargo, quienes dicen que los cambios en la lengua se dan de manera natural olvidan que el reino de lo humano se ha desprendido de la naturaleza precisamente por obra y gracia del lenguaje, esto es: la ley del incesto, ese imperativo moral que al desalojar el instinto hace de la sexualidad humana una incógnita siempre renuente a soluciones definitivas o roles estereotipados. Este y no otro es el motor que empuja la máquina del lenguaje en su errático devenir. Aquí la metáfora del cuerpo social toma todo su alcance: se trata de que una comunidad hablante está compuesta de cuerpos afectados por signos cuya eficacia subvierte las necesidades vitales a manos del goce de la lengua: una tendencia acéfala y caótica de ningún modo ajena al avatar político e histórico de la tragedia humana. Es decir, una voluntad traducida en cuerpos de deseo que violentan el sentido común, desde el seductor e irreverente decir de los poetas hasta los dialectos y modismos que resisten los mandatos de la lengua oficial, para no mencionar las frases lanzadas como si nada que luego, por misteriosas razones, el lenguaje adopta en su cotidiano devenir. De esta forma, lejos de remitirse a la ocurrencia o capricho de algún grupo o institución, el todes –por decir uno de los tantos vocablos inclusivos– bien puede resultar de una voluntad social y política de larga data. Por caso, basta citar el movimiento femenino de Las Preciosas que en la Francia del siglo XVII acuñaran la expresión “me falta la palabra”, testimonio de la inconsistencia del lenguaje para alcanzar el real que sin embargo cierne y altera, a saber: el enigma de la relación sexual que la rica equivocidad de la lengua atesora a pesar del cinismo de tóxicos discursivos como la posverdad. El tiempo dirá si el lenguaje inclusivo se muestra apto para acompañar e incidir en los cambios sociales que la decadencia del orden patriarcal provocan, cae en el olvido, o sucumbe como sinónimo del capricho individualista en que “cada Une hace lo que quiere porque el Otro no existe”.

 

Por Sergio Zabalza, psicoanalista.

Publicado enCultura
Miércoles, 22 Agosto 2018 06:53

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

La primera compilación de eufemismos neoliberales (La Jornada, 15/8/18), tuvo una recepción insólita.

A continuación, los enviados generosamente por nuestros lectores:


A


Américas (Las): feudo de la Doctrina Monroe.
Antisemita: crítico de la entidad genocida llamada “Israel”.
“Ausencia de argumentos”: ninguneo.


B


“Bestsellerismo”: antiliteratura.
Borges: nombre propio que sigue a la expresión “como diría…”


C


Cambio climático: obsesión izquierdista.
Caudillo: aplica únicamente a líderes de izquierda.
Coca-Cola: agua bendita para obesos.
Condición humana: anacronismo existencial.
“Contrapesos” (de la democracia): subterfugios leguleyos.
Cosmopolita: escritor con tarjeta de crédito platinum.


D


“Descalificación”: reacción instintiva frente a la crítica.
Desmitificación: negación de la fe popular.
Digitalización: habilidad con dos pulgares y ni un dedo de frente.
Dictadura: cualquiera, con excepción de la plutocrática.


E


Estado: empresa de demolición del sector público.
Estado judío: utopía sionista.
Estrategia: exterminio calculado.
Estridencia: fastidio aristocrático.


F


Fondos de pensión: fichas de casino.


H


Hemisferio occidental: anacronismo geopolítico.
Hispanos: “indigenous”.


I


Iberoamérica: territorio sin culturas prehispánicas.
Información “sesgada”: información verdadera.


L


Latinos: los que hablan mal inglés y latín.
Lectura: hábito en caída libre.


M


Mensaje de texto: reflejo pavloviano.


N


Nacionalismo: virus antimperialista.


O


Operador de bolsa: hijo de puta.
Opinión: patente de corso.
Orwell: nombre propio para decir que algo es “orwelliano”.


P


“Pensar distinto”: derecho a difamar.
PISA (pruebas): misil contra la educación pública.
Politólogos libres: los de “Letras”.
Politólogos modernos: los mapaches.
Politólogos pachucos: (íd. ant.), ambos.
Programador: demiurgo.


R


Redentor: antihéroe krauziano.
Robot: artefacto no previsto en la teoría de la evolución.


S


Salario: variable del ajuste.
“Sin concesiones”: aplica al escritor novel del mes.
Sionismo: nazismo plus.
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): amigos de George Orwell.
Soporte-papel: libro.


T


Táctica: exterminio aplicado.
Teléfono celular: primero Dios.
Titanic: técnica monetaria de navegación.
Trending topic: camino de Santiago.
Tv: espejo nuestro de cada día.


X


Xenofobia: ADN anglosajón y europeo.


Y


Yoyo: juguete de los operadores de Bolsa.

Publicado enCultura
Miércoles, 15 Agosto 2018 07:00

101 eufemismos del glosario neoliberal

101 eufemismos del glosario neoliberal

A

“Ajustado a derecho”: justicia a modo.

Alternancia: marketingelectoral.
Aperturismo: destrucción del mercado interno.
Asimetría: “ley de hierro” de las oligarquías.
Ayuda: limosna.


B. Banco: templo para fieles preferentes.


Banca offshore: cueva de piratas con cuello y corbata.


C. Canasta básica: consumo utópico.
Capital productivo: anacronismo.
Capital financiero: especulación.
Capitalismo moderno: saqueo.
Carenciado: pobre.
Carta Democrática de la OEA: intervencionismo legalizado.
Carta de la ONU: antigualla histórica.
Ciudadano: consumidor.
Competencia: poner precio a lo que no lo tiene.
Comunicación: mercado de la industria informática.
Comunidad internacional: Estados Unidos.
Conflicto de interés: corrupción.
Conflictividad social: lucha de clases.
Contratista en conflictos bélicos: mercenario.
Crecimiento económico: desarrollo excluyente.
Crimen organizado: anarco capitalismo.
Crisis: adrenalina financiera.
Cultura: divertimiento.


D. “Daños colaterales”: masacre de civiles.
Defensa del medio ambiente: chiste de mal gusto.
Democracia moderna: dictadura corporativo-policial.
Derechos sociales: lastre económico.
“Derroche”: repartición justa del ingreso.
Desarrollo sustentable: empobrecimiento sostenido.
Deuda: obligación del pobre, o negociación del rico.
Deuda externa: chantaje financiero.
Diálogo: dar atole.


E. Economía: disciplina seudocientífica.
Economía de mercado: bolchevismo financiero.
Economía emergente: neocolonialismo moderno.
“Eje del mal”: integrado por todos los países, con excepción de Estados Unidos y Tel Aviv.
Empleo: utopía.
Endeudamiento: capacidad para contraer más deuda.
Enriquecimiento ilícito: saqueo de los fondos públicos.
Ética: dignidad negociable.
“Excesos”: tortura.


F. “Fascista”: cualquier líder popular y antimperialista.
Flexibilidad laboral: esclavitud posmoderna.
Fraternidad: sentimentalismo.
Fundamentalismo: aplícase a lo árabe, preferiblemente.


G. Generosidad: arcaísmo.
Gente: pueblo.


H. Hitler: vocablo político multiuso.


I. Inequidad: desigualdad.
Independencia: privilegio del más fuerte.
Información: transmisión de datos descontextualizados.
Inserción en el mundo: cesión de soberanía.
Internauta: alienado voluntario.
Informalidad laboral: desempleo programado.
Inversión: capital especulativo.
Izquierda “moderna”: derecha ambidextra.


L. Liberalismo: impostura ideológica.
Libertad: atole liberal.
Libertad de expresión: arbitrariedad mediática.
Librepensador: derechista vergonzante.
Libre comercio: algo que nunca existió.
Lucha contra la pobreza: vivir del cuento.


M. Maquila: explotación laboral.
Mercado: coto de caza.
Meritocracia: casta de ineptos, con diploma y medalla de oro.
Mesías: dirigente popular que habla con claridad.
Modernización: homogeneización.
Moral: árbol que da moras.


N. Narcotráfico: acumulación primitiva posmoderna.
Naturaleza: nuevo El Dorado.
Niño de la calle: sicario en formación.


O. Oportunidad: zanahoria.


P. País: mercado.
Patria: shopping center.
Pragmatismo: amoralidad.
Pluralismo: simulación.
Pobreza: fatalidad.
Pobreza extrema: indigencia hard.
Pobreza relativa: indigencia light.
Poder Judicial: anacronismo republicano.
Poder Legislativo: espacio para transar en lo oscurito.
Populismo: aplícase a lo políticamente distinto del statu quo.
Posverdad: mentira razonada.
Privatización de la guerra: negocio con rentabilidad garantizada.
Progreso: depredación del medio ambiente.
Prosperidad: crecimiento excluyente.
Proteccionismo: defensa del mercado interno.


R. Realismo: inescrupulosidad.
Régimen: aplícase a cualquier gobierno que no obedezca a Washington.
Relato: tergiversación a modo de la realidad.


S. Sectores sociales: clases sociales.
Seguridad: vigilancia invasiva.
Solidaridad: anacronismo.


T. Trabajo. ocupación económicamente retribuida, si Dios quiere.
Transparencia: opacidad legal.
Terrorismo: recurso natural del capitalismo salvaje.

Terrorismo mundial: miedo programado en Washington y Tel Aviv.


W. Wall Street: templo mayor de la civilización occidental.


Z. Zona de libre comercio: enclave neocolonial.


Observación: el glosario queda abierto. Faltan vocablos que empiecen con las letras J, K, Q, U y V. Propuestas serán bienvenidas.

Publicado enSociedad
Página 1 de 3