Albert Noguera, autor de ‘El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo’ (Akal, 2022).

Albert Noguera es el autor de ‘El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo’ (Akal, 2022). Le entrevistamos con motivo de la publicación del libro.

 

La victoria de Luis Arce y el Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones bolivianas de octubre de 2020 ponía fin a once meses de gobierno transitorio derechista, surgido del golpe contra Evo Morales, abriendo así un nuevo ciclo de cambio en el país andino. Hablamos con Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València, sobre su último libro, El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo(Akal, 2022). Abordamos, al hilo del análisis que se ofrece en el libro, los acontecimientos que han sacudido la política boliviana durante los últimos años, en el marco de los movimientos políticos y sociales que se están dando en distintos lugares de América Latina

Este mes de marzo, Gabriel Boric ha tomado posesión como presidente de Chile. Durante 2020 y 2021 la izquierda recuperaba el poder en Bolivia y ganaba en Chile. ¿Hay una nueva ola progresista en América Latina?
No creo que Bolivia y Chile puedan enmarcarse dentro de una misma ola.

¿Por qué?
Son procesos con características distintas. Por un lado, el proceso boliviano es una continuidad de los gobiernos de la ola del socialismo del siglo XXI, que emergieron a finales de los 90 y la década del 2000, donde ubicamos a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales. Mientras que, por otro lado, el reciente proceso en Chile estaría más cerca de lo que, en aquel mismo momento, caracterizó otra ola de gobiernos progresistas, con posiciones más ambiguas, como los de Lula y Rousseff o los de Kirchner.

¿En qué se diferencian estos dos tipos de gobiernos?
En muchos aspectos. Uno de ellos hace alusión a los registros desde los que se interpela y construye identitariamente a los sectores populares. Los primeros llevaron a cabo la construcción de grandes identidades unificadoras a través de conceptos como los de pueblo, trabajadores, lo campesino o lo originario. Mientras que en el caso de los segundos, estos grandes procesos identitarios colectivizadores fueron sustituidos por la referencia a conceptos ciudadanistas, como los de sociedad civil, ciudadanos o clases medias, que derivan en la existencia de sectores populares menos federados por discursos políticos colectivos y, en este sentido, de sociedades más individualizadas.

Otro aspecto a destacar es la relación que se plantea entre el Estado y la sociedad. En los primeros se articuló un estrecho nexo entre ambos, de manera que la sociedad operaba como masa de movilización capaz de otorgar al Gobierno la correlación de fuerzas suficiente para aplicar transformaciones estructurales. En los segundos opera, en cambio, la tradicional separación liberal entre sociedad y Estado, donde la primera actúa como mera agregación de ciudadanos-votantes que delegan la soberanía en el segundo, entendido como estructura técnico-administrativa de implementación de políticas públicas y, por tanto, separada de la sociedad.

Por último, podríamos hacer alusión a la manera de garantizar justicia y derechos sociales. Mientras que en el caso de los primeros tanto la justicia como los derechos sociales se garantizaron estableciendo una relación de confrontación con el capital, por medio de nacionalizaciones y empresas públicas, en los segundos se llevó a cabo desde la complementariedad entre Estado y capital. El Estado impulsa programas sociales consistentes en pagar al mercado los bienes que requieren los sectores menos favorecidos o entregándoles dinero para que acudan al mercado a comprarlos.

En el libro dices que el golpe de Estado contra Evo Morales de noviembre de 2019 no se puede explicar desde lo que llamas teoría simple del golpe. ¿A qué te refieres?
La teoría simple del golpe sería aquella que, en primer lugar, presenta la sociedad boliviana como dividida en dos polos prefijados, opuestos y aislados: por un lado, la despótica “oligarquía” y, por el otro, el virtuoso “Gobierno-pueblo”, sin nada en medio. Y que, en segundo lugar, entiende el golpe como una malvada confabulación perfectamente diseñada de antemano y ejecutada por el primer polo, con la ayuda del imperialismo norteamericano, contra el segundo. Este esquema, excesivamente simplista y mecanicista, no permite explicar la complejidad de los hechos que ocurrieron en Bolivia en noviembre de 2019 y que desbordan tal explicación. A la vez, tampoco permiten asumir ninguna responsabilidad ni hacer una autocrítica necesaria que nos lleve a aprender de lo que sucedió para que no se vuelva a repetir.

¿Cómo se produjo entonces el golpe?
En una entrevista publicada meses después del golpe en el periódico boliviano La Razón, le preguntaron a Evo: “¿Cómo fueron sus últimas 48 horas en la presidencia?”.  Y este respondía, sorprendido, que “los empresarios nos daban su respaldo y los obreros nos pedían la renuncia”. Tal respuesta pone en cuestión la explicación simplista y mecanicista del golpe y nos obliga a tener que explicar lo sucedido mediante un análisis mucho más complejo, que es lo que trato de hacer en el libro.

Un análisis más complejo… ¿En qué sentido?
Pues en el sentido siguiente: es cierto que el relato del fraude que actuó como ideologema central de las protestas los días posteriores a las elecciones presidenciales de 2019 se fabricó semanas antes desde los medios de comunicación privados. Pero también lo es que la protesta no se hubiera convertido en un estallido social de tal magnitud sin que se hubieran sumado a la misma sectores de las clases populares y de las clases medias urbanas, que no son de derechas, pero que vieron en la movilización la oportunidad de canalizar un descontento social acumulado durante las dos últimas legislaturas de Evo fruto de lo que en libro llamo los tres secuestros postconstitucionales de la soberanía por parte del Estado capitalista desarrollista. Esta cantidad de gente con un descontento acumulado, junto a una mala gestión política del momento por parte del MAS, así como las maniobras golpistas de la derecha y otros hechos sobrevenidos, favorecieron la creación de un escenario sobre el que la derecha improvisó una estrategia para colocar a Jeanine Áñez en la presidencia.

¿Podrías profundizar un poco más sobre lo que llamas los tres secuestros postconstitucionales de la soberanía?
Sí. La plurinacionalidad reconocida en la Constitución de 2009 no solo fue el reconocimiento de derechos identitarios y diferenciados para los indígenas o los afros, sino que implicó un nuevo Estado con un modelo económico comunitario, en el interior del cual se produce un nuevo reparto de poder que rompe con la idea liberal de soberanía única y centralizada, sustituyéndola por un modelo de soberanía plural y descentralizada que empodera y dota de instrumentos de participación a diversos grupos: las clases medias urbanas, que pasan a participar en la toma de decisiones políticas mediante mecanismos refrendarios, los indígenas, que pasan a adquirir formas de soberanía sobre sus territorios…

En el libro cuento como, a partir de 2010, empieza a producirse una reconfiguración de la alianza de clases del partido de los campesinos en el Gobierno, el MAS. Rompiendo lazos con parte del movimiento indígena y estableciendo una nueva alianza con el sector empresarial, lo que supone un giro en el proyecto económico del país hacia un modelo de capitalismo desarrollista de Estado. En este, el Ejecutivo pasa a convertirse en el motor y organizador central de todo el proceso de producción, acumulación y redistribución del excedente económico obtenido del extractivismo. Y tal papel del Estado, como organizador integral del sistema económico, va acompañado de una recentralización de la soberanía y del poder en el Ejecutivo que arrebata, vacía o secuestra la soberanía a los sujetos que la Constitución de 2009 había empoderado. Esto genera un descontento social en estos sectores, que se amplia y amplifica con la decisión de Evo Morales de hacer caso omiso al resultado negativo del referéndum del 21-F de 2016, sobre la posibilidad de una tercera reelección como presidente.

Pero si existía el descontento social al que te refieres, ¿cómo se explica que el MAS volviera a ganar las elecciones en octubre de 2020 acabando, así, con las pretensiones de los golpistas?
La protagonista del golpe no fue una derecha organizada, con apoyo social y proyecto de país, sino un conjunto de personajes oportunistas de cuarta categoría que se montaron sobre el estallido social para, de manera improvisada, tomar el poder y empezar a saquear lo público. En tan solo once meses del régimen de Jeanine Áñez, la presidenta destituye a 17 ministros por corrupción. ¡En once meses!

Como decía el teórico boliviano René Zabaleta, no basta con percibir plusvalía para ser una efectiva burguesía. También le corresponde a esta, para ser tal, cumplir con unas determinadas funciones de clase. En particular, llevar a cabo la construcción burguesa de la sociedad, del Estado, y del espacio de la ciudadanía. Crear, como señaló Hegel, un nexo orgánico entre sociedad y Estado, sin el cual el Estado capitalista no puede reproducirse. Sin embargo, nunca los sectores patrimonialistas dominantes en Bolivia se han preocupado de llevar a cabo estas funciones. Siempre han percibido el Estado, exclusivamente, como un espacio ajeno a la sociedad civil, desde el que administrar sus negocios y enriquecerse. Por eso hablo en el libro de que el proyecto de Estado de la derecha es un proyecto de régimen político pre-capitalista.

La corrupción de los 11 meses de Gobierno de Áñez, en plena pandemia, además, vuelve a poner este carácter de la derecha boliviana al descubierto. Y ello lleva a que las clases medias urbanas, que durante los últimos años habían mejorado sus condiciones y accedido al consumo, interiorizaran de manera rápida la amenaza que suponía que la derecha tomara las riendas de la gestión económica. Es este escenario el que les hace votar a Luis Arce, que había sido el ministro de economía de Evo y el artífice de su bienestar económico.

La victoria de Luis Arce fue arrolladora, ya en la primera vuelta de las elecciones.
Sí, obtuvo el 55,1% de los votos. Por este lado, si bien entre el 30% y el 35% de los votos provino del conjunto de estructuras orgánicas populares que conforman la base dura y el voto fiel del MAS, el 20% restante provenía, como digo, de las clases medias urbanas. Y no fue tanto un voto de apoyo al MAS como de rechazo y de miedo al retorno de la derecha corrupta. No fue un voto estructural sino, más bien, coyuntural. Prueba de ello son los resultados de las elecciones municipales y departamentales de abril-mayo de 2021. En este caso, el MAS arrasa en las municipales de las zonas rurales, mientras que los resultados entre la clase media urbana son malos. De las diez principales ciudades del país solo gana en dos, Oruro y Sucre. Y por lo que respecta a los gobiernos departamentales, obtiene tres de nueve: Oruro, Cochabamba y Potosí. Ello evidencia que uno de los grandes retos del MAS, si quiere abrir un segundo ciclo hegemónico, pasa por recuperar el apoyo de estas clases medias urbanas.

¿Cómo puede hacerlo?
Una de las maneras que planteo en el libro es invertir en servicios públicos de educación y sanidad de calidad. La Constitución de 2009 reconoce plenamente estos derechos. Pero en la práctica opera en el país un dualismo público-privado. Las capas más humildes de la población, sin recursos ni muchas posibilidades de mejora, ven satisfechos sus derechos a través del Estado. En cambio, ante la mala calidad de tales servicios públicos, las clases medias, que no ven satisfechas sus mínimas aspiraciones por lo que respecta a la calidad de los servicios públicos, deben cubrírselos a través del mercado. Ello no solo genera una pérdida de sentido de solidaridad por parte de estas clases medias, sino también su distanciamiento con respecto a un proceso que, desde su perspectiva, parece no ofrecerles nada.

Durante el primer ciclo hegemónico del MAS, la inexistencia de servicios públicos de calidad no tenía un coste político grande, ya que el apego de los sectores medios al proceso se lograba gracias a elementos coyunturales de otra índole. En primer lugar, la ampliación de la estructura del Estado, fruto de las nacionalizaciones y de una mayor intervención que permitió el acceso de muchos jóvenes de clase media con estudios universitarios a la estructura del Estado, creando una nueva clase de funcionarios públicos con buen salario. Y, en segundo término, el crecimiento económico generaba un derrame de riqueza que repercutía también en los sectores medios y populares. Sin embargo, en las condiciones de recesión económica postpandemia, estas condiciones coyunturales ya no operan. En este nuevo contexto, la única manera de acercar las clases medias urbanas al proceso político del Gobierno pasa por transformar el andamiaje de los servicios públicos de educación y sanidad, de manera que sea posible satisfacer las expectativas de estas clases. Esta sería una manera de integrarlos al proceso y de hacerlos sentir beneficiarios del mismo.

Y los sectores populares ¿se verían beneficiados por esta mejora de los servicios públicos en sanidad y educación?
Totalmente, unos servicios públicos de calidad implican una desestigmatización del status de los pobres, que pueden pasar a gozar también de servicios de calidad de los que hasta ahora solo gozaban los otros sectores sociales mediante el acceso al mercado. Se produciría aquí una eliminación no solo de la preponderancia del mercado, sino también del privilegio de status.

En todo caso, en el libro también te refieres a la distancia que algunos sectores de los movimientos populares e indígenas han establecido con respecto al MAS.
Sí, este es otro de los retos, restablecer los lazos con aquella parte del movimiento popular e indígena, especialmente del oriente del país, que se ha distanciado del MAS. Y ello exige corregir actitudes de los últimos años. En primer lugar, habría que cambiar la manera de “mandar”. El momento normativo no puede llevarse a cabo como decisionismo concentrado en la voluntad del presidente, sino como mediación entre Estado y sociedad. Igualmente, se debería cambiar la manera de resolver las tensiones entre las demandas sociales e indígenas y la política estatal. Tales tensiones entre ambos lados no pueden resolverse ignorando o reprimiendo las demandas, sino mediante la negociación y la aceptación parcial de las mismas. Si bien la implementación de un modelo de capitalismo desarrollista autóctono podría verse como necesario con el fin de dotar a las finanzas públicas del país de los recursos con los que financiar servicios públicos, se debe ser capaz de encontrar un equilibrio entre este y el proyecto de Estado plurinacional comunitario basado en el respeto a la cosmovisión indígena del territorio y la economía comunal.

Por Bruno Aste Leiva

Profesor de Derecho Constitucional. Universidad de Antofagasta (Chile) @BrunoAste1

29 mar 2022

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La ocupación israelí de los territorios palestinos desde hace 55 años es apartheid

Según el Relator Especial de NNUU

GINEBRA (25 de marzo de 2022) – Un experto de Naciones Unidas ha solicitado hoy a la comunidad internacional que acepte y adopte las conclusiones de su informe [A/HRC/49/8, Report of the Special Rapporteur on the situation of human rights in the Palestinian territory occupied since 1967], en el que se hace eco de recientes conclusiones de organizaciones de derechos humanos palestinas, israelíes e internacionales, al respecto de que Israel practica apartheid en el territorio palestino ocupado.

“Hoy en día, en el territorio palestino ocupado por Israel desde 1967, existe un sistema jurídico y político dual profundamente discriminatorio que privilegia a los 700.000 colonos judíos israelíes que viven en los 300 asentamientos ilegales construidos por Israel en Jerusalén Oriental y Cisjordania”, ha declarado Michael Lynk, relator especial de Naciones Unidas para la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

“Viviendo en el mismo espacio geográfico pero separados por muros, puestos de control, carreteras y una arraigada presencia militar, hay más de tres millones de palestinos y palestinas que carecen de derechos, viven bajo un régimen opresivo de discriminación institucional y sin vías de alcanzar el derecho a un auténtico Estado palestino tal y como la comunidad internacional les ha prometido desde hace tiempo.

“Otros dos millones de palestinos y palestinas viven en Gaza, descrita habitualmente como una ‘cárcel al aire libre’, sin acceso adecuado a la electricidad, el agua o la sanidad, con una economía colapsada, y sin autorización para viajar libremente al resto de Palestina o al mundo exterior”.

El Relator Especial sostiene que un régimen político que prioriza de forma tan intencionada y clara los derechos políticos, legales y sociales fundamentales de un grupo sobre otro dentro de la misma unidad geográfica y sobre la base de su identidad racial-nacional-étnica cumple la definición legal internacional de apartheid.

“El apartheid no es lamentablemente un fenómeno confinado a los libros de historia de Sudáfrica”, declara en su informe al Consejo de Derechos Humanos. “El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 1998 entró en vigor tras el colapso de la antigua Sudáfrica. Es un instrumento jurídico con visión de futuro que prohíbe el apartheid como crimen contra la humanidad hoy y en el futuro, dondequiera que exista”.

Lynk declara que en los territorios palestinos ocupados se aplica la administración militar de Israel con la intención deliberada de perpetuar sobre el terreno hechos consumados –principalmente a través de los asentamientos y los check points– para manipular la composición demográfica y realizar una aspiración permanente e ilegal israelí que cerca a los y las palestinas en reservas más pequeñas y confinadas de tierras desconectadas entre sí.

Ello se ha logrado mediante una combinación de acciones inhumanas que, aplicadas desde hace mucho tiempo por el ejército israelí contra la población palestina, forman parte integral de la ocupación, añade. Señala Lynk las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales, la tortura, la denegación de derechos fundamentales, una tasa abismal de muertes de menores, los castigos colectivos, un sistema judicial militar abusivo, períodos de intensa violencia militar israelí en Gaza y demoliciones de viviendas.

Lynk afirma que varios informes y opiniones recientemente emitidos por respetadas organizaciones de derechos humanos palestinas, israelíes e internacionales han llegado a la misma conclusión sobre la práctica del apartheid por parte de Israel. Añade que destacadas personalidades internacionales –como el ex secretario general de Naciones UNidas Ban Ki-Moon, el arzobispo Desmond Tutu, la ministra de Asuntos Exteriores sudafricana Naledi Pandor y el ex fiscal general israelí Michael Ben-Yair– también han calificado estas prácticas como apartheid.

El Relator Especial denuncia que buena parte de la responsabilidad de esta situación descansa en la comunidad internacional. “Durante más de 40 años, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas han declarado en cientos de resoluciones que la anexión de los territorios ocupados por parte de Israel es ilegal, que la construcción de cientos de asentamientos judíos es ilegal y que la negación de la autodeterminación palestina viola el derecho internacional”.

“El Consejo y la Asamblea han criticado reiteradamente a Israel por violar sus resoluciones. Han amenazado con consecuencias. Pero nunca se han exigido responsabilidades. Si la comunidad internacional hubiera actuado de verdad en sus resoluciones hace 40 o 30 años, hoy no estaríamos hablando de apartheid”.

Para poner fin a la práctica del apartheid en los territorios palestinos ocupados, el Relator Especial reclama a la comunidad internacional que imponga [a Israel] medidas contundentes e imaginativas de rendición de cuentas con el fin de que ponga fin por completo a la ocupación israelí y a sus prácticas de apartheid en los territorios palestinos ocupados.

El Sr. S. Michael Lynk es Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

26/03/2022

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Colombia vive su peor crisis humanitaria desde la firma de los Acuerdos de Paz

Lorenzo Caraffi, jefe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), presentó el miércoles 23 de marzo un nuevo informe sobre la situación humanitaria que registra Colombia (ver aquí) y en el cual registra, como también lo han afirmado otros organizaciones no gubernamenetales, que la firma de la paz no sirvió para contener el conflicto armado en el país, y que la violencia continúa dejando una estela de muerte, desplazamiento, amenazas, territorios minados, despojo, confinamiento, con el 2021 como el año de más altos registros de estos sucesos e, incluso, con signos crecientes en lo corrido del 2022.

De acuerdo a los registros presentados por el CICR, durante el 2021 las víctimas de artefactos explosivos se elevan a 486 (en el 2020 fueron 392), el 53 por ciento civiles, y entre estos 40 de las víctimas son menores de edad. De las 486 víctimas 50 murieron.

La disputa entre agrupaciones armadas prosigue por el territorio nacional, y algunos espacios están siendo copados por organizaciones armadas por narcotraficantes. Es notable la ausencia de fuerzas estatales o su respueta tardía ante diversos sucesos de este tipo.

Los desplazamientos forzados tampoco cesan y el CIRC registra, tomando como base datos oficiales, 53 mil personas a lo largo del 2021, "lo que representa un incremento del 148% respecto a 2020". 

Pero no solo esto, el confinamiento de miles de personas también fue notable durante el 2021, y de ello dan cuenta cerca de 45 mil campesinos e indígenas por estuvieron obligados a no salir de sus áreas de vivienda, obligados así por quienes disputan el control de estos territorios. un 60 por ciento más que el año anterior.

Un signo trágico del prolongado conflicto armado que marca la historia de Colombia, la desaparición forzada, tambien registró en el 2021, y según el CIRC […] cada dos días, en promedio, se registró un nuevo caso de desaparición relacionado con los conflictos armados y la violencia", la estadística más alta de los últimos cinco años. 

Una realidad, la de las personas desaparecidas que va dejando a Colombia como una extensa fosa. La ubicación en cementerios de diversos municipios del país, de cuerpos no registrados como enterrados y su posterior exhumación va dejando constancia de los más de cien mil desaparecidos que registra el país, y que algunas fuentes no oficiales elevan incluso en otros miles, cifras que no registraron, ni de cerca, las dictaduras que vivieron distintos países del continente.

"Estas cifras resultan dolorosas y aun así no alcanzan a reflejar el temor, la incertidumbre y la desesperanza que experimentaron miles de personas a causa de los conflictos armados en Colombia", manifestó Lorenzo Caraffi jefe del CIRC.

Pero la situación no parece tener límite, y en el 2022 “[…] el panorama podría ser aún más complejo de lo que fue el año pasado". 

De acuerdo al jefe del organismo humanitario, en los dos primeros meses del 2022 se registraron el 25 por ciento del total de víctimas por artefactos explosivos documentados en 2021, por lo cual enfatizó: Vemos una continuación de esas tendencias y estamos notando una aceleración en los primeros meses del 2022". 

Una vez conocido el informe, y como es típico en Colombia, el Gobierno se expresó en contra de lo afirmado. Jefferson Mena, Consejero Presidencial para los DD. HH. y asuntos internacionales, expresó que “[…] causa extrañeza que en el informe del CICR no se identifique a los verdaderos responsables de la vulneración del derecho internacional humanitario en Colombia”.

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“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

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Doña Fabiola Lalinde, la operación cirirí y la luz para comprender lo que nos pasa

Esta semana, el sábado 12 de marzo, en la madrugada, después de una vida luchada y a sus 90 años, murió doña Fabiola Lalinde, inspiradora de las mujeres que en Colombia buscan a los suyos desaparecidos. Quiero proponerles de nuevo este artículo, que ya había escrito antes, y es que me parece que esta memoria, sellada con su muerte, nos será siempre necesaria.


Sé bien que sirirí se escribe con s, pero doña Fabiola Lalinde, la protagonista de la historia que inspira mi reflexión, prefirió hacerlo con c y tendría sus razones. Así que también yo voy a usar la c y a poner cirirí en vez de sirirí. Es que Fabiola, y con ella todos los que han vivido a tope, tienen derecho a cambiar las palabras y dar a luz a un nuevo lenguaje para poder decirnos la originalidad de lo que han vivido.


Fabiola, es una mujer colombiana, paisa, que perdió a su hijo Luis Fernando Lalinde Lalinde. Como buena madre, no descansó hasta encontrar, muchos años después, los restos mortales y la verdad de la muerte de su hijo. Luis Fernando desapareció en octubre de 1984, violentos lo torturaron, lo ejecutaron sin juicio y escondieron su cadáver en las montañas. Cuando Fabiola y su familia empezaron a buscarlo y a ir tras sus rastros, los victimarios, en este caso vestidos de legalidad, negaban que hubieran tenido al muchacho en su poder, y aunque coincidían los rasgos que describían los buscadores con los que daban los campesinos testigos de la detención y la tortura, ellos insistían, tratando de torcer la investigación, que la persona que había sido detenida era un “alias Jacinto”, para nada Luis Fernando, y que no sabían su paradero y destino final.


Fabiola no se amilanó. Semanas después, estando en la prisión, a donde la metieron arbitrariamente para impedir los hallazgos y los nudos de verdad que iba desatando, encontró en sus recuerdos el nombre para la búsqueda de su hijo: “operación cirirí”. Fue que, tras las rejas, se acordó que, siendo todavía niña, su papá la llamaba “cirirí”: –“mi padre se burlaba de mí y decía que yo era como un cirirí, muy insistente y persistente. El cirirí, es un ave pequeña que persigue a los gavilanes que se llevan los pollitos y pichones, con gran insistencia, y persistencia hasta cuando les toca soltarlos”-. La mujer se propuso pues ser un “cirirí”, sin usar violencia, sin desconfiar de su pequeñez frente a los poderes casi de acero que tenía que enfrentar, perseverando hasta recuperar a su hijo, su dignidad y su verdad, y se dijo a sí misma y a los que la apoyaban: –“se va a llamar operación cirirí, y lo voy a buscar toda la vida, aunque no lo encuentre”–.


La búsqueda se reactivó contra toda esperanza cuando, sin que los jueces encontraran motivos para retenerla, la soltaron de la cárcel y ella salió convertida en un “cirirí” detrás del “gavilán” que le había arrebatado a su hijo. Nada fácil, la amenazaban, la trataban de loca y la hacían esperar en todas las oficinas y recorrer innumerables dependencias. Ella sin desanimarse, porque el amor no se cansa, repetía: “Yo sigo con mi fe y le hago operación cirirí hasta a mi Dios”. En mayo de 1992, dio con el lugar donde los victimarios habían dejado el cuerpo y en noviembre de 1996 el ejército le entregó el cráneo y 69 huesos que quedaban de su hijo. Estos restos eran ya consuelo, pero todavía tendrían que pasar algunos años para esclarecer la verdad y recibir parcial justicia; cosa de nunca acabar porque su lucha la llevó a inspirar y dar fuerza y estrategia a muchas otras mujeres de Colombia que buscan los suyos, unos 120,000 desaparecidos: –“encontré a Luis Fernando, –dice– pero no he dejado de buscar y preguntar”–.


Fielmente, todos esos años, Fabiola fue construyendo un diario de su búsqueda, lo fue llenando de pensamientos, oraciones, fotos, entrevistas, artículos de prensa, cartas y muchos más documentos. Ese archivo, declarado por la UNESCO patrimonio para la memoria del mundo, fue donado por ella a la Universidad Nacional de Colombia, y cuando se los entregaba a los estudiantes les aconsejaba: –“jovencitos, duden, opinen, hagan hablar al archivo, no dejen que guarde silencio”–.


Y en esta operación cirirí veo luces para hacer teología de la historia en nuestro contexto colombiano, es decir, para leer lo que vivimos con ojos de fe. El archivo en el que Fabiola recogió todas sus experiencias nos recuerda, de manera dolorosa y confiada, el Apocalipsis, el libro de la revelación, escrito por Juan el vidente y que ayudó a los cristianos de la Iglesia naciente a ver con luz de Dios el sentido de los difíciles tiempos de persecución, violencia y muerte que atravesaban y en la que muchos se sentían tentados, como hoy lo podemos estar nosotros, a la desesperación, a la venganza y al sin sentido. Creo que todos esos documentos sean linterna para las oscuridades de esta guerra que no acaba y de esta fuerza de muerte que intenta aplastarnos; el Apocalipsis de Juan fue en su momento un libro revolucionario, que se resistía a llamar “normalidad” a lo que más bien era muerte, y así también el de Fabiola, en forma de archivo, que despierta la sensibilidad y nos anima a la esperanza. El archivo de la señora, escrito en las tinieblas y en la esperanza, inspira confianza y tesón, es un aliciente para la resistencia y la resiliencia, no le falta humor y nos asegura que los que son como el cirirí, sin recurrir a la violencia, a veces tenidos por incapaces, de buena testarudez, pueden vencer a los que se muestran como gavilán prepotente, desvirtuados en aparato de fuerza, armados hasta los dientes, violentos en su desesperación. Sí, como seguramente aconsejaba a los cristianos perseguidos el vidente Juan y como aconseja Fabiola a los estudiantes y a todos los que accedemos a su archivo, tenemos que hacer hablar estos textos, apocalipsis inspirados de ayer y de hoy, y no podemos dejar que guarden silencio.


El vidente que escribió el Apocalipsis se veía a sí mismo llorando y suplicando, y esto porque en esa situación tan complicada que vivía junto a su pequeña comunidad cristiana, minoría dispersa y aplastada por Roma, había confusión, mucha desazón y no se entendía por qué pasaba lo que pasaba; en medio de sus lágrimas y como respuesta a sus súplicas, Juan vio, como bajado del trono de Dios, un libro que tenía la explicación que tanto buscaba y que podía aclararle el sentido de tanto sufrimiento; pero, el problema no estaba todavía solucionado, el libro estaba sellado casi hasta lo imposible , y nadie lo podía abrir. Y así, hasta que, misteriosamente, apareció también en la escena un cordero, imagen de Cristo Jesús, que aunque tenía los signos de haber sido sacrificado, estaba de pie y había vencido la muerte y tenía ya la fuerza de un león y ese, se dijo, era el único que podía quitar los sellos que impedían leer y explicar el contenido, es decir, el único capaz de interpretar la historia trágica que se vivía y asegurar que todo, en contra de las apariencias, iba a terminar bien, que el mal no tendría la última palabra, que el bien vencería.


Intuyo en Fabiola, y en todos los que buscan a sus familiares y amigos, y quieren no sólo recuperar sus huesos, sino hacer memoria de la dignidad y verdad de los suyos, una nueva versión de la visión apocalíptica que nos muestra otra vez a Cristo Jesús, cordero sacrificado y en pie, esta vez en nuestras víctimas, y que nos indica que él sigue teniendo en sus manos el destino de nuestro mundo y las claves de nuestra historia: Las buscadoras y buscadores, al hallar los restos y sobre todo la memoria y la dignidad de los que han sido asesinados, encuentran a los que pueden quitar los sellos y abrir el libro para discernir lo que nos pasa, dar con la pascua en tanta muerte y abrir lugar a una nueva Colombia. Lo que Dios sabe de esta historia y su sentido nos lo puede revelar sólo de labios de las víctimas, y es por esto por lo que, si en la Iglesia queremos dar una palabra de Dios sobre la situación que vivimos, no hay otra alternativa sino la de escuchar profundamente a los que han sufrido y siguen sufriendo: ellos y ellas, como el cordero del Apocalipsis, no son sólo víctimas, no se han perdido, se pueden poner en pie y hablarnos de parte de Dios.


Alguno me dirá que esto es reduccionismo y que estoy absolutizando el relato de las víctimas, y, francamente, reconozco que es así: Dios, lo dice también Jesús, descubre sus secretos a los pequeños y los esconde de los que se ponen por encima, se revela haciéndose a nuestra medida, en las voces y en los sucesos de los empobrecidos, de los que se han quedado sin palabra, de los sin poder, de los ninguneados, de los limitados, de los asesinados, de los desaparecidos. Dios sabe decírnoslas todas en nuestras parcialidades, incluso en nuestras equivocaciones, no habla usando categorías del más allá, confía en las nuestras del más acá, se expresa en nuestros gagueos, arma su relato con nuestros olvidos y logra coherencia en nuestros testimonios apretados y difíciles. Entenderemos, abriremos el libro de la historia y quitaremos sus sellos, en la proporción en que oigamos a los que han sufrido, a los que han muerto, a los que ya están en pie: “¿qué sabe el que no ha sufrido?”, han preguntado siempre los místicos.


La Iglesia, en un contexto como Colombia, tiene también que montar operación cirirí, volverse “insistente, persistente e incómoda”, hasta encontrar el cordero sacrificado y en pie, “los pollitos y los pichones”, las victimas dignificadas, y dejar que sus relatos, su memoria recuperada, la verdad de sus luchas, los ideales y sueños que nadie pudo matar, quiten los sellos absurdos que no nos dejan entender lo que vivimos y nos den las claves para entender desde la fe esta historia nuestra. Sin hacer lectio divina sobre los relatos de las víctimas, la Iglesia que tiene por misión la profecía, es decir dar razones de Dios, se vería expuesta a conformarse y verse engañada y engañadora, hablando, si mucho, de un ídolo, pero no del Dios vivo; señalaría un cielo inventado, pero no la gloria de Dios que es la vida de la gente. Donde no habla el cordero sacrificado y ya con fuerza de león, donde las víctimas no logran ponerse en pie, no hay palabra de Dios, lo que nos pasa queda a merced del mal y el sinsentido, se bloquea la construcción del reino.


Fabiola, con alas de cirirí, ese pájaro pequeño, indefenso, confiado, testarudo, y osado frente al gavilán que arrebata sus pichones, recuerda a la Iglesia de los tiempos en que Juan escribió su Apocalipsis: una pequeña comunidad, representada en una mujer con alas de águila, acosada por un imperio que más bien parecía dragón y que a pesar de todo no se rindió y salió airosa. Fabiola, como un cirirí, venció finalmente al gavilán y rescatando su verdad y su memoria, salvó a su hijo de la muerte, y esto porque como ella mismo dice - “uno se muere es cuando lo olvidan”-, y ella no dejó caer en el olvido a Luis Fernando, y no lo dejó en las montañas como NN y menos como “Alias Jacinto”, sin el nombre que le había dado su amor de madre. Nuestra Iglesia tiene en Fabiola inspiración para ejercer su maternidad; la Iglesia representada en el Apocalipsis como una mujer perseguida por el dragón y a la que le quieren arrebatar a su hijo, se vuelve a ver en Fabiola y en todas nuestras mujeres buscadoras. Estas dos figuras de la Iglesia, una en los tiempos de la violencia romana y otra en los de la violencia colombiana, pueden salvar a sus hijos y enfrentarse a lo imposible: La Iglesia, si madre de verdad, enfrentada al dragón y al gavilán por sus hijos, ha de decir siempre y al unísono con ellas - “no he perdido la sensibilidad, espero no perderla nunca y seguir con la operación cirirí hasta el último suspiro”-.

Impresiona sobre manera oír a Fabiola quien, ya al final de su relato, dice con paz y gratitud que –“este drama se convirtió en una experiencia dolorosamente bella”–, y es cuando dice eso, que su archivo de búsqueda y todo lo que cuenta, se vuelve buena noticia, un apocalipsis según Fabiola. Y esa es la esperanza, que un día la Iglesia colombiana, después de muchas luchas de madre y al volver sobre esta memoria que estamos tejiendo, pueda tener en sus labios, el evangelio según Colombia, y proclamar su pregón de resurrección y decirles a todos que Cristo Jesús, en Luis Fernando y en todos los que padecieron, murió, resucitó y está siempre llegando.

Con la Iglesia de todos los tiempos seguimos confiando y no nos cansamos de orar diciendo “ven señor Jesús” y con doña Fabiola Lalinde seguimos averiguando - “por qué, por qué, por qué”-. Fieles a esta oración y pregunta, nos sorprenderá un cielo nuevo y una nueva tierra: Luis Fernando Lalinde Lalinde nunca será “Alias Jacinto”, nada malo de lo que nos ha pasado nos dañará, se van a abrir las fosas y los sepulcros y los muertos saldrán todavía más vivos que los vivos, fundiremos los metales de muerte y soplaremos en ellos aliento de vida, habitaremos nuestros territorios y comeremos de lo sembrado, en las noches estaremos tan confiados como al medio día, volverán cantando los que se fueron llorando, la historia tiene sentido. ¡Maranatha!


Gracias, Doña Fabiola.

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Miércoles, 16 Marzo 2022 05:21

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Desde hace casi dos décadas, el de Serguéi Lavrov es el rostro de la diplomacia rusa. Producto del aparato de formación de la burocracia soviética, Lavrov es un personaje peculiar que ha sabido abrirse paso en el gobierno de Putin. Su gestión acompañó el esfuerzo ruso por volver a posicionarse como gran potencia y ahora tiene la tarea de justificar la invasión de Ucrania.

Hace casi dos décadas que la política exterior rusa tiene el mismo rostro: el de Serguéi Viktorovich Lavrov. Su corporeidad robusta y estética old style quedaron asociados a los años en los que Rusia amplió su capacidad militar, se probó en la guerra de Siria y finalmente, se lanzó a la invasión de Ucrania. Su propia vida sintetiza la transición entre la antigua potencia del «socialismo real» y el país actual, gobernado con mano de hierro por Vladímir Putin.

De padre georgiano con ancestros armenios y madre rusa, Lavrov nació en Moscú en 1950. En la biografía oficial que aparece en la página de internet del Ministerio de Asuntos Externos de Rusia se lo define como russky, lo cual resalta su origen étnico y cultural y no tanto su pertenencia legal, que es lo que expresaría el término rossianin, matiz que en castellano se pierde ya que ambas palabras se traducen como «ruso». Lavrov forma parte de lo que Alexei Yurchak bautizó como la «última generación soviética», aquella que creció convencida de que la Unión Soviética duraría para siempre y que, sin embargo, no se sorprendió cuando se disolvió casi de un día para otro1. La entrada de Lavrov a la carrera diplomática comenzó, de hecho, en los días en los que Leonid Brezhnev se afirmaba en el poder y el petrificado socialismo tardío parecía navegar en las aguas del estancamiento. Luego de cumplir diversos roles diplomáticos, Vladímir Putin lo nombró, en 2004, Ministro de Asuntos Externos de la Federación Rusa. Desde entonces, permaneció en el cargo y se acercó lentamente al récord que ostenta el patriarca de las relaciones internacionales soviéticas, Andrey Gromiko, quien se mantuvo en su puesto durante más de 25 años.

Lavrov es un producto natural de la formación de burócratas soviéticos. Se graduó en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú en 1972 e inmediatamente comenzó a trabajar en el servicio diplomático. Su primera misión importante lo encontró en la embajada soviética en Sri Lanka, donde perfeccionó su manejo del cingalés, uno de los idiomas que domina además del ruso, el inglés y el francés. Allí operó como asesor y fue también intérprete del entonces embajador Rafiq Nishonov, quien más tarde sería primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán. De regreso en Moscú en 1976, ocupó diversos cargos en el ministerio hasta que en 1981 fue enviado como miembro de la delegación soviética ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, donde permaneció durante siete años.

La disolución de la Unión Soviética encontró a Lavrov trabajando en Moscú, en lo que ahora se conoce como Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. En 1994 regresó a Nueva York para desempeñarse como representante de su país ante la ONU, y presidió en diversas ocasiones el Consejo de Seguridad. A pesar de ser un posible candidato para reemplazar a Evgueny Primakov para el cargo de ministro de asuntos exteriores en 1998, su nombramiento tuvo que esperar hasta 2004, cuando fue convocado por Putin para que reemplazara a Ígor Ivanov, sucesor de Primakov y un gran opositor tanto a la intervención de la OTAN en Yugoslavia como a la invasión estadounidense en Irak. Desde entonces, Lavrov se ha desempeñado como canciller. 

La llegada de Evgueny Primakov a la Cancillería marcó un quiebre con la política exterior rusa de los primeros años post-soviéticos, que se había subordinado a las resoluciones de Estados Unidos y Europa. La amenaza que conllevaba la expansión de la OTAN hacia los territorios del antiguo bloque socialista y el objetivo de reponerse de la humillación que significó la pérdida del lugar de superpotencia luego de la disolución de la Unión Soviética en 1991, junto con el declive de Boris Yeltsin y sus consejeros más occidentalistas, condujo una nueva política exterior. La meta de Putin fue lograr la independencia de las potencias occidentales en la toma de decisiones a partir del fortalecimiento del rol del Estado. Así lo expresó Lavrov en 2006: «Para nosotros, esta autonomía es una cuestión clave y vamos a continuar actuando sobre esa base tanto en el país como en la arena internacional»2

La intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 fue la gota que rebalsó el vaso y la nueva dirigencia a cargo de la Cancillería se puso como objetivo recuperar el control de un área de influencia que históricamente se había considerado reservada a Rusia. Las llamadas «revoluciones de colores», así como las invasiones estadounidenses de Irak y Afganistán, reforzaron la idea de que Rusia debía jugar un rol de importancia en el mundo y romper con la unipolaridad que pretendía ejercer Estados Unidos, haciendo valer rasgos heredados de la vieja Unión Soviética. Putin sabe, y lo recuerda cada vez que puede, que Rusia es una potencia que cuenta con armas nucleares. Pero el presidente ruso también apela a elementos sacados del pasado imperial. No se puede entender la conducta de Lavrov si no se comprende primero la necesidad del putinismo de reponer el lugar de Rusia el el concierto global o incluso la idea de restaurar un mundo ruso –russky mir –que unifique y proteja a todos aquellos que forman parte de esa comunidad lingüística y cultural. Gran parte de la política exterior rusa está guiada por esta idea de una civilización dividida y amenazada por fuerzas foráneas, especialmente las que provienen de Occidente, que relativiza las fronteras y sueña con una integración entre quienes viven en el territorio ruso y los rusoparlantes desperdigados por el planeta.

A diferencia de otros funcionarios del gobierno de Putin, que provienen de su grupo de amistades forjado en su ciudad natal de San Petersburgo (como el mencionado Medvedev), Lavrov no forma parte del círculo rojo del presidente y, en ese sentido, no parece tener el mismo peso a la hora de decidir la política exterior, como sí pueden haberlo tenido Serguéi Ivanov o Serguéi Prijodko. Eso no impidió, sin embargo, que le regalara a Putin una estatua de bronce tamaño natural de Mahatma Gandhi para su cumpleaños número 63, recordando una entrevista de 2005 en la que el presidente respondió a los medios occidentales que le cuestionaban su falta de democracia que «luego de la muerte de Gandhi no hay nadie más a la izquierda con quien hablar»3

De carácter apacible pero también severo, su estilo está más cerca del funcionario estatal que se subordina a las directivas del jefe que de un miembro del club de los amigos del presidente. Lavrov no es un político ni un militante, sino más bien un funcionario que heredó de la Unión Soviética –y particularmente de un ámbito como las relaciones internacionales– el imperativo de la defensa de los intereses del país por encima de cualquier otra cosa. Nunca juega solo, sino que es la voz cantante del equipo dirigente. Cuenta para ello con la compañía de la hábil María Zajárova, quien desde 2015 se desempeña como directora del Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores y quien además de presentarse semanalmente frente a la prensa para sintetizar las actividades de su jefe, no tiene problemas en reunirse con docentes de las escuelas moscovitas para recordarles que tienen que reservarse su opinión personal sobre la guerra en Ucrania, ya que trabajan para el Estado y deben proteger sus intereses

Al igual que el presidente ruso, Lavrov suele practicar deportes y el esquí y el fútbol están entre sus favoritos. Fanático del Spartak, uno de los equipos más populares de Moscú, Lavrov es, además, de aprovechar sus ratos libres y sus vacaciones, que suele pasar en el interior de Rusia más que fuera del país. Es entonces cuando se arremanga su camisa para cortar leña, rutina que explica en parte su conservada línea que ronda ya los 70 años. Como muchas personas de su generación, es aficionado a la poesía y, de modo similar a muchos líderes soviéticos –el secretario general del Partido Comunista Iury Andrópov, sin ir más lejos– le gusta escribir versos, emulando tal vez a Evgueny Evtushenko o Bulat Okudzhava. Pero Lavrov es también un gran admirador de la literatura y entre sus autores favoritos se encuentra Mijaíl Bulgákov y su clásico El Maestro y Margarita una crítica exquisita y contundente a la vida soviética y sus contradicciones. En sus años como canciller, Lavrov ha logrado varias condecoraciones, como la Orden al Mérito por la Patria (en 2015), más elevada que el Estado ruso puede otorgar a un civil. En 2020 fue nombrado, además, como Héroe del Trabajo de la Federación Rusa, título que también fue otorgado al afamado director de orquesta Valery Gergiev y al director de cine Nikita Mijalkov –ambos de notable cercanía con el Kremlin– por sus aportes «a la prosperidad de Rusia». 

En su larga trayectoria, Lavrov ha sumado más logros que reveses en el desarrollo de una «diplomacia en red» que busca evitar, por un lado, la consolidación de alianzas formales y, por el otro, la ideologización de las relaciones internacionales. La «diplomacia en red» favorece un enfoque pragmático y flexible que tiene en cuenta los intereses de los actores involucrados para maximizar la influencia rusa4. Por ejemplo, su llegada a Siria en 2012, luego de que Rusia votara en contra de una resolución de las Naciones Unidas que pretendía aplicar sanciones al gobierno de Bashar al-Assad, fue recibida con júbilo por miles de sirios que padecían las miserias de la guerra civil. Al año siguiente la tarea del Lavrov resultaría decisiva para acordar la destrucción de las armas químicas que poseía el gobierno sirio. 

Durante la crisis ucraniana durante 2014, su desempeño resultaría fundamental para legitimar la anexión de Crimea y para dejar en claro que Ucrania debía ser el límite de la expansión de la OTAN. De hecho, Lavrov siempre manifestó que la alianza euroatlántica debía limitar su expansión, cuando no revisar su existencia en un mundo donde la Guerra Fría ya es historia. Si bien hubo sanciones por parte de Estados Unidos, su efecto sobre la economía y la diplomacia apenas fue percibido. Cada vez que pudo, Lavrov dejó en claro su oposición a las sanciones que el país del norte aplicó no solo a su país, sino a otros como Turquía, pero también a otras formas de presión internacional, como que se considerara a Irán como un «estado canalla». En los círculos diplomáticos todavía se recuerda cuando, en plena crisis de Corea en 2017, caracterizó al enfrentamiento verbal entre Donald Trump y Kim Jong-un como «una pelea de niños en un jardín de infantes».

El actual conflicto con Ucrania lo encuentra tan atareado como incómodo. Lavrov se ve forzado a hacer malabares para justificar, tanto ante sus compatriotas como ante la opinión pública internacional, los eufemismos que su gobierno utiliza para definir lo que es una lisa y llana invasión. Lavrov llama «operación militar especial» al ataque ruso sobre Ucrania y afirma que su gobierno no está enfrentando a los ucranianos, sino a los «nacionalistas». Se trata, por supuesto, de ejercicios retóricos difíciles, sobre todo luego de que el pasado 10 de marzo, el Ejército ruso descargara sus misiles contra un hospital de niños de la ciudad de Mariupol y desde que el gobierno ucraniano comenzara a reportar la muerte de civiles. Si bien su trabajo supone el ejercicio diplomático de evitar frases comprometedoras y fuera de lugar, hace unos días sostuvo en una conferencia de prensa, luego de reunirse con su colega ucraniano, que Rusia no pretende atacar a otros países porque de hecho, «no atacó a Ucrania» sino que «la está liberando». 

Su rostro incólume no sirvió para matizar el eufemismo ni disimular el enorme daño que la actual política exterior rusa está generando en el territorio de Ucrania. Todavía está por verse hasta dónde es capaz de llegar.  

  • 1.

Alexei Yurchak: Everything was Forever, Until It Was No More. The Last Soviet Generation,  Princeton University Press, Princeton, 2005.

  • 2.

Jeffrey Mankoff: Russian Foreign Policy. The Return of Great Power Politics, Rowman & Littlefield Publishers, Lanham, 2009, p. 16.

  • 3.

Mikhal Zygar: All the Kremlin’s Men. Inside the Court of Vladimir Putin, Public Affairs, Nueva York, 2016, p. 432.

  • 4.
  1. Mankoff, cit., p. 104.
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Boric le habla al pueblo chileno desde el Palacio de La Moneda.. Imagen: EFE

En su primer discurso como jefe de Estado evocó a la figura de Salvador Allende y se expresó a favor del gradualismo: "vamos lento porque vamos lejos", prometió.

 

Gabriel Boric asumió la presidencia de Chile empujado por la fuerza de su militancia, de las luchas feministas, de los pueblos originarios que lo acompañan y el arco iris político de quienes creyeron en él. La plaza de la Constitución, frente al Palacio de La Moneda, marcó el cierre de un día esperanzador para uno de los países más desiguales del mundo. “Vamos lento porque vamos lejos. Es central que ustedes sean parte del progreso. No podemos hacerlo solos” interpeló a quienes le dieron la bienvenida como su máximo representante en el corazón de la Capital. Desde el balcón “por donde entraban cohetes” – como dijo en su discurso ante una multitud-, recordó a Salvador Allende y ese momento aciago del golpe de Estado de 1973. Habló casi 25 minutos, amplificado por dieciséis columnas de voz y un par de pantallas ubicadas en cada extremo de la sede de gobierno. La gente de a pie, un mosaico movilizado sin organizaciones visibles que lo convocaran, le ofrendó consignas de apoyo, le recordó que el expresidente Sebastián Piñera debe ser enjuiciado, que el patriarcado tiene que caer y que está dispuesta a seguirlo si cumple con sus promesas de campaña.

El minuto a minuto de la asunción de Gabriel Boric en Chile

Su discurso, por momentos leído y en otros improvisado, fue escuchado con mucha atención por un pueblo golpeado por el neoliberalismo, donde dominaban mujeres y hombres muy jóvenes, familias con hijos pequeños y en menor medida adultos mayores que sufrieron a la dictadura de Augusto Pinochet. Una mujer que superaba los 70 años mostraba un cartel en sus manos que decía “San Juan-Argentina”. A la pregunta de Página/12 de por qué estaba ahí, respondió: “Porque me tuve que exiliar en San Juan hace más de cuarenta años y no quiero más a una dictadura”. Como fondo se escuchaban pedidos de libertad para “las detenidas por luchar” – durante la represión de Carabineros en 2019-, estrofas de El pueblo unido jamás será vencido de Quilapayún, y evocaciones de los más veteranos a los duendes de Allende, el presidente que cayó en La Moneda hace casi 49 años.

"Una Constitución que nos una"

Boric eligió uno de sus balcones para transmitirle empatía a sus votantes, a quienes viajaron desde Puerto Montt y Arica en los dos extremos del país para acompañarlo, para darle un empujón de respaldo en las causas difíciles que tiene que llevar adelante. Una de ellas es la Convención Constitucional que está en marcha y que debe sacarse de encima definitivamente el lastre jurídico que dejó Pinochet. “En este primer año de gobierno nos hemos impuesto como tarea acompañar de manera entusiasta nuestro proceso constituyente por el que tanto hemos luchado. Vamos a apoyar decididamente el trabajo de la Convención. Necesitamos una Constitución que nos una, que sintamos como propia. Una Constitución que a diferencia de la que fue impuesta a sangre, fuego y fraude por la dictadura, nazca en democracia, de manera paritaria, con participación de los pueblos indígenas. Una Constitución que sea para el presente y para el futuro”, señaló el presidente.

“Chilenas y chilenos, pueblo de Chile” con esas palabras buscó aproximarse a quienes lo siguieron en su recorrido desde el aeropuerto de Pudahuel hasta la Casa de Gobierno en este momento histórico. La Alameda se había abierto para observarlo a él, que llegaba en el mismo Ford Galaxy que utilizaba el presidente socialista entre 1970 y 1973. Un operativo de cinco mil carabineros a lo largo de todo su recorrido hizo que llegara muy rápido hasta el centro de Santiago después de haber pasado la mitad del día entre las vecinas Valparaíso y Viña del Mar.

Lo custodiaba una nube de esos uniformados, a los que en Chile llaman Pacos, que vieron cómo crecía el repudio hacia ellos desde las protestas de 2019. De su discurso en La Moneda quedaron algunas definiciones precisas de hacia dónde va, después de reivindicar las luchas que lo empoderaron y de las que Boric fue el emergente más notable.

Los pueblos originarios

Nombró a las feministas, a las familias que siguen buscando a sus desaparecidos, a los estudiantes endeudados, a los campesinos sin agua, a los artistas que no tienen trabajo y a diversos grupos nacionales, con un énfasis especial en los pueblos originarios y en particular a la nación mapuche. “Quiero decir que en el sur tenemos un problema. Un conflicto en el que antes se hablaba de la pacificación de la Araucanía. Qué término más burdo e injusto. Después algunos decían el conflicto mapuche. No señores, no es el conflicto mapuche. Es el conflicto entre el Estado chileno y un pueblo que tiene derecho a existir. Y allí la solución no es ni será la violencia. Trabajaremos incansablemente por reconstruir las confianzas después de tantas décadas, después de tantas décadas de abuso y de despojo”.

Recordó también que su gobierno “no va a marcar el fin de las marchas, vamos a seguir andando y el camino, sin duda, va a ser largo y difícil”. Marchas en las que él y la generación de dirigentes jóvenes que lo acompañan participaron en un rol activo. Se animó a decir que “cuando terminemos nuestro gobierno, y hablo en plural – aclaró – podamos mirar a nuestros hijos, a nuestras hermanas, a nuestros padres, a nuestras vecinas, a nuestros abuelos y sintamos que hay un país que nos protege, que nos cuida, que garantiza derechos y retribuye con justicia el aporte que cada uno de ustedes hace para el desarrollo de nuestra comunidad”.

Derechos humanos

Recordó con mensajes solidarios a los familiares de las víctimas de la pandemia, no omitió mencionar a la guerra en Ucrania, dijo que “Chile promoverá siempre los derechos humanos en todo lugar y sin importarle en qué país”. Este concepto disparó un cálido aplauso en un sector de la gente que bordeaba la estatua del expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), a donde se habían subido varios jóvenes que hacían equilibrio sobre el bronce.

Boric también le dedicó un párrafo saliente a la situación económica chilena: “Sabemos que sigue resentida, que el país necesita ponerse de pie, crecer y repartir de manera justa los frutos del crecimiento. Porque cuando no hay distribución justa de la riqueza y se concentra solo en unos pocos, necesitamos redistribuirla”. El aplauso se hizo más fuerte esta vez.

“Somos profundamente latinoamericanos”, expresó enseguida remarcando la frase y pidió “basta de mirar con distancia a nuestros países vecinos”, en un claro mensaje de unidad destinado a los pueblos que resumió en un concepto: “La voz del sur que se vuelva a escuchar”. En ese momento lo interrumpió la consigna de “juicio a Piñera”, que fue superada en más de una ocasión por el cantito “Boric amigo, el pueblo está contigo”. Casi un clásico de la multitud que recobró la fe después del segundo mandato del empresario Piñera que terminó con la muerte de 34 chilenos – según cifras oficiales – cientos de heridos y varias víctimas de las perdigonadas de carabineros que integran organizaciones del trauma ocular y según el Ministerio de Salud son 449 damnificados que perdieron la vista o sufrieron lesiones menores.

La asunción en Valparaíso

Antes, al mediodía, Gabriel Boric había recibido la investidura presidencial a 120 kilómetros de distancia, en la ciudad portuaria y sede del Congreso. En el momento cumbre de la sesión, respiró profundo, suspiró y tomó impulso para firmar el libro de actas donde consta que es el 34° presidente de Chile. Los diputados y senadores lo habían recibido con un aplauso cerrado aunque no tiene mayoría en ambas cámaras.

Saludó a Sebastián Piñera, su antecesor. Esperó que le entregara la banda presidencial y besara, de manera inédita, la llamada piocha de O’Higgins, una estrella que es considerada el símbolo del poder que se le confiere al primer mandatario. Ya ocupado formalmente su cargo, les tomó juramento a cada una de sus ministras y ministros – 14 mujeres y 10 hombres – después de cumplir con el suyo resumido en diez palabras que definen al menos uno de los caminos que tomará: “Ante el pueblo y los pueblos de Chile, sí prometo”.

El equipo del presidente

Los pueblos originarios que le dieron su voto en la campaña electoral lo recibieron ya en el recinto con vivas a la nación mapuche, la más numerosa de las nueve que conviven en el territorio chileno. Boric asintió con un gesto de aprobación. Saludó de a ratos con la mano en alto y abierta y en otras con un tímido puño cerrado que, se sabe, representa a la tradición de la izquierda. De su gabinete, la primera que juró fue Itzca Siches, la ministra del Interior y primera en la línea de sucesión presidencial. La prestigiosa médica cumplió un papel importante durante la pandemia y fue su jefa de campaña.

Después, el resto de las ministras y ministros, la mayoría muy jóvenes, miembros de la generación de referentes estudiantiles en la que se destacó el presidente, juraron todos al mismo tiempo. Fue distinto a lo que sucede en la Argentina, donde cada integrante del Gabinete lo hace por separado. Cuando finalizó el acto de traspaso, la más requerida por la prensa fue Maya Fernández Allende, la nieta del médico socialista derrocado en el ’73, nueva ministra de Defensa. Socialista como su abuelo, la bióloga y veterinaria nacida en 1971, que se exilió con su familia en Cuba después del golpe del ’73, se incomodó con una pregunta sobre cierto planteo de las fuerzas armadas que despejó con una respuesta amable pero tajante: “Queremos lo mejor para Chile. No recibí ningún cuestionamiento. Hoy es un día de fiesta, de acto republicano, dejemos esa pregunta para otro momento”.

El flamante ministro de Hacienda y ex presidente del Banco Central, Mario Marcel, fue otro de los más consultados. A cargo de un área muy sensible del gobierno, adelantó que el aumento del sueldo mínimo a 500 mil pesos chilenos (el dólar cotiza a 810 en la moneda local) es una meta que se fijó Boric para el último tramo de su mandato.

Jornada histórica

El joven presidente saludó a todos los representantes extranjeros, funcionarios entrantes y salientes del gobierno chileno, besó a su pareja Irina Karamanos sin sacarse el barbijo y demoró varios minutos en salir del Congreso. Le pedían selfies, lo abrazaban a su paso, se detuvo para dialogar con sus pares de Latinoamérica unas breves palabras y ya en la calle tomó contacto con la población de Valparaíso por primera vez como presidente en ejercicio. Lo esperaba una jornada histórica que terminaría en La Moneda.

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Sábado, 12 Marzo 2022 06:01

Mario Terán, el verdugo del Che

Mario Terán

"Dispará cobarde, vas a matar a un hombre", le dijo Guevara

Acaba de morir en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el asesino del Che Guevara. Veamos en qué circunstancias se produce la letal intervención del sargento del ejército boliviano Mario Terán Salazar aquel 9 de octubre de 1967:

1) En pleno combate contra la guerrilla en la quebrada del Churo los soldados bolivianos Balboa y Encinas observan que uno de los rebeldes arrastra a un compañero herido y les intiman rendición. Son las 3.30 de la tarde. Uno de los apresados es el Che Guevara, el otro es Willy Cuba, combatiente boliviano quien ha intentado heroicamente proteger a su jefe herido de un balazo en el muslo. Otro soldado recuperará el fusil dañado del Che, inutilizado por un disparo, que lleva la inscripción ‘Lan Div. United 744.520’ y en su culata es visible una ‘D’ mayúscula.

2) El capitán Gary Prado, a cargo del destacamento, anuncia la novedad por radio a La Higuera a "Morocho" (subteniente Totti Aguilera) quien operaba el equipo de comunicaciones GRC-9 y ordena que se comunique la novedad al mayor Ayoroa, jefe de los rangers bolivianos entrenados por la CIA, y se transmita al Comando de la Octava División en Vallegrande donde se encuentra "Saturno", el comandante de la Octava Divisón, Coronel Joaquín Zenteno Anaya.

3) Luego de pedir confirmación de tamaña noticia, "Saturno" ordena a "Flaco" (capitán Prado) trasladarse con muertos, heridos y prisioneros a La Higuera, distante dos kilómetros. A su vez Prado ordena levantar la operación militar hasta el día siguiente dejando guardias apostadas para impedir la fuga de los guerrilleros que aún estuviesen ocultos en la quebrada y regresa a La Higuera.

4) Muere el guerrillero cubano "Pacho" desangrado y sin asistencia durante el camino. El dìa anterior en su diario dejó constancia de que había liberado una mariposa de una telaraña.

5) El coronel Selich es el primer alto oficial que aterriza a bordo del helicóptero LS-4 en La Higuera. No es su área de mando pues es comandante del Regimiento de Ingenieros Número 3, pero, conocedor de la zona, lo hace para orientar al piloto, mayor Jaime Niño de Guzmán, en sus futuros vuelos.

6) El Che y Willy son alojados en la humilde escuela del villorrio, construida en adobe y con techo de paja, que tiene dos habitaciones apenas separadas por un tabique de madera.

7) Prado organiza un sistema de seguridad para custodiar a los prisioneros, teme una acción de rescate por parte de los guerrilleros que no han podido ser capturados, un oficial deberá estar siempre en la habitación y dos soldados en la puerta. Ordena al teniente Totti Aguilera que vende la herida de Guevara. Este suboficial contará al periodista R. Ustáriz Arce que la respiración del prisionero “era dificultosa, comenzaba a roncar, parecía como si se le tapara la respiración, no podía dormir, se sentaba”. Era la compañera de toda su vida, el asma.

8) El mayor Ayoroa ordena al Che que se ponga de pie para palparlo. El militar boliviano, en nuestro diálogo en Santa Cruz de la Sierra, me cuenta: “No llevaba nada encima, salvo un huevo duro”, seguramente su alimento para todo el día. Está descalzo y pesa veinte kilos menos. El Che se limitará a preguntar por sus hombres, “son buena gente, en estos momentos podrían estar viviendo cómodamente, con sus familias”.

9 ) Guevara es despojado de sus pertenencias que son acumuladas en la habitación del telegrafista: su diario de campaña, libros de historia y geografía bolivianas, mapas por él actualizados de la zona, su documentación personal, un altímetro que colgaba de su cuello, una pistola alemana calibre 9 mm. PPK Walter 45 con cargador, una daga "Solingen", dos pipas (una de fabricación casera), una carterita con dinero: 2500 dólares y 20.000 pesos bolivianos (que será repartido entre los oficiales ).

10) Julia Cortés es una joven maestra del pueblo de 19 años que ingresa en la escuelita "para preguntarle por qué había venido de tan lejos para matar bolivianos", me contará muchos años después en su vivienda de Vallegrande donde ejerce como partera. ‘Me lo imaginaba feo, con un aspecto temible, en cambio cuando estuve frente al Che y nos miramos me pareció un hombre increíblemente bello. Quedé flechada".

11) Más tarde otros de los que desfilan para observar al mítico guerrillero que yace sobre el suelo agotado, sucio, deprimido, asfixiado, comentarán burlonamente “está pensando en la inmortalidad del burro” a lo que Guevara responderá, rápido, “no señor, no estoy pensando en eso, estoy pensando en la inmortalidad de la revolución, esa que tanto temen aquellos a quienes ustedes sirven”.

12) Cuando le correspondió el turno de guardia al teniente Eduardo Huerta, un joven de 22 años de edad y miembro de una familia destacada de Sucre, el Che conversaría largo rato con él. El oficial boliviano me contará que la mirada del Che lo había impresionado, tanto que llegó a sentirse casi hipnotizado. El prisionero le habló de la miseria en que vivían los pueblos latinoamericanos y de la necesidad de una revolución que cambiase las cosas. También sobre el trato respetuoso que los guerrilleros daban a sus prisioneros, tan diferente al que recibían los capturados por el ejército.

13) El presidente de Bolivia, Barrientos, convoca en la noche del 8 de octubre de 1967 a una reunión militar del más alto nivel en La Paz. Ingresa con sus Jefes de Estado Mayor y Comandante en Jefe del Ejército, generales Ovando y Juan José Torres, una pequeña sala de exposiciones en la sede militar. Después de una grave conversación plantea el punto de la eliminación física del Che. Lo expuso como decisión seguramente consultada con la embajada de los Estados Unidos. Concluida la reunión se envía una instrucción cifrada a Vallegrande.

14) A las 7 de la mañana llega el coronel Zenteno a La Higuera trayendo personalmente la orden de eliminar al Che.

15) En el helicóptero, además del coronel Zenteno y del piloto Niño de Guzmán, llega Félix Rodríguez, cubano anticastrista, el agente de la CIA cuyo nombre ficticio es "capitán Ramos". El informe secreto de la CIA que lleva la identificación en español “Inspector General- 15 2015”, especifica que "Ramos" lo acompaña “para interrogar a Guevara”. Señala también que lleva consigo “un radio-trasmisor RS-48”.

16) Zenteno transmite la orden de matar al Che al mayor Ayoroa. Este argumenta que no es una orden que el reglamento militar obligue a obedecer y propone que esté a cargo de alguien que se ofrezca voluntariamente.

17) El falso "capitán Ramos" tiene un violento diálogo con el Che del que será testigo el piloto Niño de Guzmán: “El supuesto capitán entró en la habitación y acercando su cara hasta casi tocar la del Che, en una actitud prepotente, le preguntó: “¿Tú sabes quién soy?”. Guevara lo miró y le dijo. “Sí, un traidor”, y lo escupió en la cara”.

18) Zenteno convoca a los suboficiales y pide voluntarios para matar a los prisioneros. Todos se ofrecen. Entonces entra en escena el sargento Mario Teràn. Zenteno, al azar pues no lo conoce, lo elige para ejecutar al Che. El sargento Huanca se encargarà de Willy Cuba.

19) Pero pasará el tiempo y el coronel Zenteno se enontrará en un aprieto: la noticia ha corrido como reguero de pólvora y se están reuniendo periodistas y funcionarios en Vallegrande para recibir el cadáver del Che pero éste está todavía vivo en La Higuera. En el informe desclasificado de la CIA puede leerse: “Le dijo (a Félix Roríguez) que ejecutara a Guevara de cualquier forma, que él (Zenteno) debía volar hacia Vallegrande y que enviaría el helicóptero de regreso para recoger el 'cuerpo’ (con comillas en el informe) de Guevara a las 2 p.m. y que ‘como amigo’ le pedía que el cuerpo estuviese listo”.

20) Al no estar Zenteno, Selich, Ayoroa ni Prado el oficial de más alta graduación, aunque falsa ,es el "capitán Ramos". Convoca a Terán y le ordena balear al Che de la cintura para abajo para seguir con la ficción del "muerto desangrado por heridas recibidas en combate" pues las radios han difundido que fue herido en las piernas.

21) El sargento Terán, un hombre sencillo, semianalfabeto al que el destino ha elegido para una acción que sospecha con consecuencias, ha estado buscando un arma mejor que la suya. No es cierto que se haya emborrachado, y mucho menos con whisky como inventa algún biógrafo, inhallable en un lugar donde me fue imposible, más de treinta años después, tomar una CocaCola. Pero lo cierto es que le cuesta mucho apretar el gatillo y entra y sale de la habitación no menos de tres veces, sufriendo el escarnio de sus colegas que se burlan de su cobardía que contrasta con la decisión del sargento Huanca.

22) El Che le dirá a su verdugo, entre provocativo y sereno, "Dispara cobarde, vas a matar a un hombre". Y su apelación al verdugo es inevitable asociarla con aquel "Ve y cumple con lo que debes hacer" de Jesús a Judas. 

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Edificio de departamentos destruido por los bombardeos de ayer en Kharkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, mientras continúa la crisis de refugiados de más rápido crecimiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, según la ONU.Foto Afp

La invasión rusa a Ucrania ha sido ampliamente descrita como el principio de una nueva guerra fría, muy semejante a la anterior, tanto en los personajes que la interpretan como en su naturaleza ideológica. "En el concurso entre la democracia y la autocracia, entre la soberanía y la subyugación, no se equivoquen, la libertad prevalecerá", aseguró el presidente Biden en un discurso a la nación televisado el mismo día que los tanques rusos ingresaron a Ucrania.

Pero mientras Rusia y Occidente están en desacuerdo en muchos temas de principio, esto no es una nueva edición de la guerra fría, es una lucha geopolítica muy particular del siglo XXI con el objetivo de obtener una ventaja en un tablero de ajedrez global muy competido.

Si hablamos en términos comparativos, pensemos en este momento como algo más semejante a la situación en Europa anterior a la Primera Guerra Mundial, que en lo que ocurrió como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.

Geopolítica

La lucha denodada por el control sobre territorios extranjeros, puertos, ciudades, minas, vías férreas, campos petroleros y otros recursos materiales y militares ha gobernado el comportamiento de las más grandes potencias por siglos. Por ejemplo, Gibraltar, Pearl Harbor, las minas de diamantes de África, los campos petroleros en Medio Oriente. Los ambiciosos poderes mundiales, desde el Imperio Romano hasta la fecha, siempre han partido del principio de que adquirir el máximo control sobre esos lugares –por la fuerza, de ser necesario– es el camino más seguro hacia la grandeza.

Durante la Primera Guerra Mundial era considerado grosero entre los círculos gobernantes expresar de manera abierta sus motivos descaradamente utilitarios. En cambio, las partes fabricaban elevadas justificaciones ideológicas para explicar su intensa rivalidad. Incluso entonces, las consideraciones geopolíticas prevalecían. Por ejemplo, en la Doctrina Truman, ese temprano ejemplo de la ferocidad ideológica de la guerra fría, fue creado con la finalidad de justificar los esfuerzos de Washington para repeler las incursiones soviéticas en Medio Oriente, que entonces era la principal fuente de petróleo para Europa (y una fuente de ganancias para las petroleras estadunidenses).

Hoy día, las apelaciones ideológicas siguen siendo ostentadas por funcionarios del más alto nivel para justificar sus movimientos militares predatorios, pero se vuelve cada vez más difícil disfrazar la intención geopolítica de mucha de esta conducta internacional. El asalto ruso a Ucrania es el más implacable y ostensible ejemplo reciente, pero dista de ser el único.

Durante años, Estados Unidos ha buscado contrarrestar el ascenso de China con el incremento de las fuerzas militares estadunidenses en todo el Pacífico occidental, lo que ha provocado una serie de respuestas de Pekín. Otras potencias, incluidas India y Turquía, también han tratado de extender su alcance geopolítico. No es de extrañar que, en estas circunstancias, aumente el riesgo de que estallen guerras en este tablero de ajedrez global, y eso implica que entender la geopolítica contemporánea se ha vuelto aún más importante.

Comencemos con Rusia y su afán por lograr una amplia ventaja militar.

Luchando en el campo de batalla europeo

Sí, el presidente ruso Vladimir Putin ha justificado su invasión en términos ideológicos al afirmar que Ucrania es un Estado artificial que se separó injustificadamente de Rusia. También ha denigrado al gobierno ucranio al afirmar que está infiltrado por neonazis que aún buscan revertir la victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

Estas consideraciones, al parecer se volvieron aún más extendidas en la mente de Putin mientras preparaba a sus fuerzas para un ataque a Ucrania. Sin embargo, dichas consideraciones deben verse como una acumulación de agravios sobrepuestos a una serie de acérrimos cálculos geopolíticos.

Desde la perspectiva de Putin, los orígenes del conflicto en Ucrania comenzaron inmediatamente después del fin de la guerra fría, cuando la OTAN comenzó a aprovecharse de la debilidad de Rusia en ese momento y comenzó a expandirse sin tregua hacia el este. En 1999, tres países que habían sido aliados soviéticos –Hungría, Polonia y República Checa–, todos antiguos miembros del Pacto de Varsovia (la versión moscovita de la OTAN), se incorporaron a la alianza. En 2004, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia fueron agregados junto con tres estados que habían sido parte de la Unión Soviética (Estonia, Letonia y Lituania). Para la OTAN, este impresionante escalamiento trasladó su frente de defensa mucho más allá de los campos industriales a lo largo de las costas del Atlántico y el Mediterráneo. Mientras tanto, el frente ruso se redujo en miles de kilómetros hacia sus propias fronteras, colocando en posición de gran riesgo a su feudo, lo que generó profunda ansiedad entre los más altos funcionarios de Moscú que no aceptaban estar rodeados de fuerzas hostiles.

"Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene relación alguna con la modernización en sí de la alianza ni con garantizar la seguridad de Europa", declaró Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007. "Por el contrario, representa una seria provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos el derecho de preguntar: ¿contra quién es esta expansión?", señaló.

Fue, sin embargo, la decisión de la OTAN de 2008 de ofrecer membresías a las ex repúblicas soviéticas de Georgia y Ucrania lo que enardeció las preocupaciones de seguridad de Moscú. Después de todo, Ucrania comparte una frontera de más de 965 kilómetros con Rusia, muy cercana a gran parte de su centro industrial. Los estrategas rusos temían que si Ucrania se unía a la OTAN, Occidente podría desplegar armamento poderoso; incluidos misilies balísticos, justo en su frontera.

"Occidente ha explorado el territorio de Ucrania como un teatro futurista, con un campo de batalla que algún día estaría dirigido contra Rusia", declaró Putin en un acalorado mensaje el 21 de febrero, justo antes de que los tanques rusos cruzaran la frontera con Ucrania. "Si Ucrania se une a la OTAN, sería una amenaza directa a la seguridad de Rusia".

Para Putin y sus principales asesores de seguridad, la intención principal de la invasión era eliminar esa posibilidad a futuro, y permitir que el frente ruso pudiera trasladarse más allá de su núcleo vulnerable, así como mejorar sus ventajas estratégicas en el espacio de batalla europeo.

Al parecer, subestimaron el poder de las fuerzas que se alinearon en su contra, tanto en lo referente a la determinación de los ucranios comunes de repeler al ejército ruso, como en la unidad que mostró Occidente en su disposición a imponer duras sanciones económicas, por lo que, con toda probabilidad, Moscú saldrá de esta batalla en una posición de desventaja. Pero una incursión de esa magnitud implica estos riesgos draconianos.

Mackinder, Mahan y la estrategia de EU

Washington se ha manejado a sangre fría en sus consideraciones geopolíticas durante más de un siglo, y al igual que Rusia, con frecuencia se ha topado con resistencia. Como una potencia comercial que depende significativamente de su acceso a los mercados extranjeros y a materias primas, Estados Unidos ha buscado tener control estratégico sobre una serie de islas, incluidas Cuba, Hawai y Filipinas, usando la fuerza cuando ha sido necesario. Esa consigna continúa hasta hoy, y la administración Biden busca preservar o expandir el acceso de Estados Unidos a bases militares en Okinawa, Singapur y Australia.

En esos esfuerzos, los estrategas estadunidenses están influenciados por dos vertientes principales del pensamiento geopolítico. Uno es el que fue nutrido por el geógrafo inglés Sir Halford Mackinder (1861-1947), quien sostenía que la combinación del continente Euroasiático poseía gran parte de la riqueza global, recursos y población, al grado de que cualquier nación capaz de controlar esa región estaría en condiciones de controlar el mundo de manera funcional. De ahí surgió el argumento de que "los estados insulares" como Gran Bretaña y, metafóricamente, Estados Unidos, tenían que mantener una presencia significativa en Euroasia, e intervenir en la zona, de ser necesario, para impedir que alguna potencia de la región ganara el control de los otros estados.

El oficial naval estadunidense Alfred Thayer Mahan (1849-1914), de manera similar, sostenía que en el mundo en proceso de globalización, donde el acceso al comercio internacional era esencial para la supervivencia de una nación, "el control de los mares" era aún más crítico que el control de Euroasia. Un ferviente estudioso de la historia naval británica, Mahan, quien fue presidente del Colegio Naval de Guerra en Newport, Rhode Island, de 1886 a 1893, concluyó que, como Gran Bretaña, su país debía contar con una poderosa marina y numerosas bases en todos los mares para beneficio de su supremacía comercial global.

Copyright 2022 Michael Klare

Traducción: Gabriela Fonseca

Publicado enInternacional
Domingo, 06 Marzo 2022 05:24

Un mail a la izquierda occidental

Un mail a la izquierda occidental

Parte de la izquierda occidental analiza todo desde el neoimperialismo estadounidense y la expansión de la OTAN. Pero Rusia es un agente autónomo, cuyas acciones están determinadas por su dinámica política interna. Rusia moldea el mundo que la rodea del mismo modo que lo ha hecho Estados Unidos, aunque con otros medios.

 

Aquí, en el mundo postsoviético, hemos aprendido mucho de ustedes. Después de que nuestra propia tradición marxista sufriera la esclerotización, la degradación y la marginación, leímos los comentarios a El Capital en inglés. Tras el colapso de la Unión Soviética, nos basamos en sus análisis de la hegemonía estadounidense, el giro neoliberal en las formas de acumulación de capital y el neoimperialismo occidental. También nos han animado los movimientos sociales occidentales, desde el altermundismo hasta las protestas contra la guerra, desde Occupy hasta Black Lives Matter (BLM).

También apreciamos la forma en que han tratado de teorizar nuestro rincón del mundo. Han señalado correctamente que EE.UU. ayudó a socavar las opciones más democráticas y económicamente progresistas en la transformación postsoviética de Rusia y otros lugares. Tienen razón en que EEUU y Europa han fracasado en la creación de un entorno de seguridad que incluya a Rusia y a otros países postsoviéticos. Nuestros países llevan mucho tiempo teniendo que adaptarse, hacer concesiones, aceptar condiciones humillantes.

Sin embargo, la hegemonía estadounidense ha alcanzado sus límites. Estados Unidos ha perdido su capacidad de representar sus intereses como intereses comunes para Rusia y China, no puede imponerlos con el poder militar y su influencia económica se está reduciendo. Rusia ya no reacciona, ni se adapta, ni hace concesiones, sino que ha recuperado la capacidad de acción y es capaz de moldear el mundo a su alrededor. El conjunto de herramientas de Rusia es diferente, no es hegemónico, se basa en la fuerza bruta más que en el poder blando y la economía. Sin embargo, la fuerza bruta es una herramienta poderosa, como todos ustedes saben por el comportamiento de Estados Unidos en América Latina, Irak, Afganistán y en todo el mundo.

Rusia es un agente autónomo, sus acciones están determinadas por su propia dinámica política interna, y las consecuencias de sus acciones son vastas y dramáticas. Rusia moldea el mundo que la rodea del mismo modo que lo ha hecho Estados Unidos, aunque con otros medios. La sensación de irrealidad, de que «esto no podría haber ocurrido», proviene del hecho de que las elites beligerantes rusas son capaces de imponer sus delirios, de transformarlos en hechos sobre el terreno, de hacer que los demás los acepten a pesar de su voluntad. Ya no lo determinan ni Estados Unidos ni Europa.

Veo cómo la izquierda occidental hace lo que mejor ha hecho: analizar el neoimperialismo estadounidense, la expansión de la OTAN. Ya no es suficiente. No explica el mundo como es en realidad. No se puede describir exhaustivamente el mundo solo a partir de las acciones de Estados Unidos para moldearlo o las reacciones que ello provoca. Las cosas han adquirido una dinámica propia. Estados Unidos y Europa actúan en modo reactivo en muchos ámbitos. 

Por eso me llama la atención que, al hablar de los procesos dramáticos en nuestro rincón del mundo, los reduzcan a la reacción de su propio gobierno y de las élites empresariales. Lo hemos aprendido todo de Estados Unidos y de la OTAN, pero este conocimiento ya no es tan útil. Puede que Estados Unidos haya delineado este juego de mesa, pero ahora otros jugadores mueven las fichas y añaden sus propias reglas. Las explicaciones centradas en Estados Unidos son hoy anticuadas. He leído todo lo que se ha escrito y dicho en la izquierda sobre la escalada del conflicto del año pasado entre EE.UU., Rusia y Ucrania. Ha sido terriblemente desacertado. Mucho peor que muchas explicaciones mainstream. Su poder de predicción fue nulo.

No quiero acusar a la izquierda occidental de etnocentrismo. Es solo que tiene una perspectiva limitada. Solo pido ayuda para comprender la situación en términos teóricos, incorporando al mismo tiempo ideas de nuestro rincón del mundo. Explicar todo por Estados Unidos no nos ayuda en la medida en que ustedes creen que lo hacen. También necesitamos un esfuerzo para salir de las ruinas del marxismo oriental y de nuestra colonización por el marxismo occidental. Cometemos errores en este camino, y ustedes pueden acusarnos de nacionalismo, idealismo, provincianismo. Aprendan de estos errores: ahora también ustedes son mucho más provincianos.

Traducción: Pablo Stefanoni

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