Emprende EU segundo acercamiento con el  gobierno de Venezuela

Caracas. Una delegación del gobierno de Estados Unidos se encuentra en Caracas para continuar con las conversaciones que iniciaron el 5 de marzo, informó ayer el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

“Jorge Rodríguez (presidente del parlamento y jefe de la delegación del diálogo por el gobierno) está recibiendo a una importante delegación del gobierno de Estados Unido (…) que ha llegado a Venezuela hace dos horas”, dijo el jefe de Estado, en una alocución transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión.

Agregó que en esta reunión también darán continuidad a la agenda bilateral. El mandatario sostuvo una reunión el 5 de marzo con una delegación del gobierno de Estados Unidos en el Palacio de Miraflores (sede de gobierno) en Caracas, en la que dijo que ambos países acordaron trabajar en una agenda de interés común.

Se trata del segundo acercamiento entre Caracas y Washington desde la ruptura de relaciones diplomáticas en enero de 2019, cuando ese país reconoció como presidente interino de Venezuela al ex diputado Juan Guaidó, y desconoció a Maduro.

El Departamento de Estado informó en Washington que el enviado de Asuntos de Rehenes estadunidense, Roger Carstens, y el embajador James Story, quien dirige la Unidad de Asuntos Venezolanos del gobierno estadunidense desde la vecina Colombia, visitaron Caracas para conversar con funcionarios venezolanos sobre los ciudadanos estadunidenses detenidos en el país, ejecutivos de la compañía petrolera Citgo, con sede en Houston, que están encarcelados desde hace más de cuatro años.

Hace una semana, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la actualización de la lista de sancionados de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), en la que confirmó la exclusión de Carlos Malpica Flores, quien es sobrino de la esposa de Maduro, Cilia Flores, y ex tesorero de la república (2015).

El 17 de mayo, el gobierno de Joe Biden anunció el levantamiento parcial de las sanciones contra Venezuela, y autorizó a empresas petroleras de ese país y de Europa a negociar y reiniciar operaciones en esta nación sudamericana.

Además, el Departamento del Tesoro emitió una licencia limitada para permitir que la empresa petrolera estadunidense Chevron negocie futuras actividades potenciales en Venezuela.

Francia pide diversificar fuentes abasto de crudo

Desde el Castillo de Elmau, Alemania, en el marco de la cumbre del G-7, Francia llamó a "diversificar las fuentes de abastecimiento de petróleo" en el mercado, incluyendo a Irán y Venezuela, y a que los países aumenten su producción de petróleo de "forma excepcional" para frenar el alza de precios provocada por la guerra en Ucrania. Ambos países están sometidos a sanciones estadunidenses.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, saludó el pedido del gobierno del mandatario francés Emmanuel Macron, de reincorporar a Venezuela e Irán en el mercado petrolero para aumentar la oferta y frenar el alza de los precios de los combustibles en el mundo.

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Banderas de China y Hong Kong cuelgan en un edificio residencial hongkonés. — Lam Yik / Reuters

Está previsto que en Madrid se adopte el "nuevo concepto estratégico", marcado por los efectos de la guerra en Ucrania y por el desafío de China, aliada de Moscú, a la hegemonía global de Estados Unidos.

 

La cumbre de Madrid de la OTAN, que se celebrará los próximos 29 y 30 de junio, redefinirá la "hoja de ruta" geoestratégica de la Alianza Atlántica para los próximos años, con Rusia como una amenaza real a corto plazo para la seguridad europea y con China como un riesgo, si cabe, de mayor importancia a medio y largo plazo, dado el vuelco que la economía mundial ha dado hacia Asia y el Pacífico, y el creciente predominio chino en la región.

En Madrid, está previsto que se adopte el "nuevo concepto estratégico" de la Alianza Atlántica, piedra angular del propio Tratado del Atlántico Norte que rige la política de defensa de los treinta miembros de la OTAN. Este nuevo concepto estratégico, que sustituirá al adoptado hace doce años en la cumbre de Lisboa, está marcado por los efectos políticos y económicos de la invasión rusa de Ucrania y por el desafío de China, aliada de Moscú, a la hegemonía global de Estados Unidos apoyada en sus socios de la Alianza Atlántica y Asia.

La OTAN que saldrá reforzada de Madrid tiende una mano a países como Japón, Australia, Nueva Zelanda o Corea del Sur para ampliar su radio de acción hacia el Pacífico y afrontar, con Estados Unidos a las riendas, esa entente de superpotencias hostiles conformada por China y Rusia.

De momento, al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, no se le ha ocurrido referirse al contubernio sino-ruso como un nuevo eje del mal, similar al que uno de sus antecesores en la Casa Blanca, George W. Bush, utilizó para responsabilizar del terrorismo internacional a países tan dispares como Irak, Irán, Corea del Norte, Libia, Siria o Cuba.

En aquella ocasión fueron los ataques del 11S en Nueva York y la posterior guerra de Afganistán (lanzada por Estados Unidos y la OTAN) los detonantes de esa categorización de los enemigos jurados de Occidente. Ahora la invasión de Ucrania por Rusia y la oposición de China a las sanciones lanzadas por Occidente contra Moscú están entre los principales argumentos que llevan a Washington y Bruselas a cambiar el paradigma global de seguridad y enemistad.

Los representantes de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte acuden a la cita de Madrid con su cooperación militar reforzada a raíz de la invasión rusa de Ucrania y con un gran alborozo ante la posible incorporación a sus filas de Suecia y Finlandia, países que abandonan en desbandada su tradicional neutralidad por el temor a las imprevisibles reacciones del Kremlin.

Conocida ya la condena que se hará en Madrid a Moscú por la guerra, es, sin embargo, el mensaje que se lanzará a China el que capta una mayor atención, pues, aunque nadie quiere decirlo en alto, tal posicionamiento corre el riesgo de acercar más a Pekín y Moscú en un momento muy crítico para la estabilidad y la economía del planeta.

El contexto del nuevo concepto estratégico de la OTAN viene apuntalado por el anuncio realizado en marzo por Estados Unidos de que dedicará 27.000 millones de dólares a reforzar su capacidad armamentística en la región del Pacífico. Este derroche de fondos para armas se une al que está realizando Washington en Ucrania.

El 23 de junio, la Casa Blanca hizo su último anuncio de asistencia militar a Kiev, con otros 450 millones dedicados a ese propósito. Con este monto, las ayudas armamentísticas estadounidenses a Ucrania, desde que el 24 de febrero pasado Rusia invadiera ese país, ascienden a más de 6.000 millones de dólares. El objetivo de ambos gastos es el mismo: China. El sangrado militar y económico del principal socio de Pekín en Europa, Moscú, es el paso previo e indispensable para doblegar al gigante oriental en la región del Índico y el Pacífico.

Cuando en 2019 la OTAN celebró su septuagésimo aniversario con una cumbre en Londres, los aliados firmaron una declaración conjunta en la que se recogía por vez primera el desafío que suponía la creciente influencia política y militar de China en el mundo, no solo en Asia. Entonces, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ya justificaba lo que habría de venir: "No se trata de que la OTAN vaya al Océano Pacífico sino de que China se está acercando a nosotros".

Tres años después, la cumbre de Madrid muestra, ya sin tapujos ni eufemismos, las pretensiones globales de esta organización, nacida en 1949 con un objetivo estrictamente regional que se centraba en la defensa de Europa occidental ante la amenaza de la Unión Soviética.

A partir de la cumbre de Madrid de la OTAN y del nuevo concepto estratégico que se apruebe, cualquier conflicto en la zona del Indo-Pacífico, ya sea una agresión china sobre Taiwán, un enfrentamiento de la pro-China Corea del Norte con alguno de sus vecinos, o cualquier extraña disputa entre Tokio y Pekín en torno a los islotes del mar del Japón, podrá convertirse en un eventual teatro de operaciones (militares o de inteligencia) de la Alianza Atlántica.

También entrarán en los nuevos análisis geoestratégicos de la OTAN los movimientos de China hacia los pequeños Estados del Pacífico, a los que Pekín anda ofreciendo inversiones en infraestructuras a cambio del permiso para desplegar sus propias fuerzas de seguridad con el pretexto de proteger a las empresas chinas que operan en esos territorios. Así ha ocurrido ya con las islas Salomón, consideradas por Estados Unidos como un archipiélago clave para la estabilidad del Pacífico Sur.

En comparecencia de prensa en la Casa Blanca el pasado 23 de junio, el coordinador para Situaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kirby, insistió en esa necesidad de que la OTAN centre su atención en las acciones de Pekín y de que China forme parte del nuevo concepto estratégico de la Alianza Atlántica.

El CSN asesora al presidente Biden sobre asuntos estratégicos en materia de relaciones exteriores y de defensa.

"Por primera vez, la cumbre incluirá a líderes de la región del Índico y el Pacífico, como Australia, Japón, Nueva Zelanda y la República de Corea, y dejará así claro que, ya sea en Europa o en esa región del Indo-Pacífico, los Estados Unidos y nuestros aliados y socios defenderán los principios de la soberanía y la integridad territorial", aseveró el político, contralmirante retirado de la Marina de Estados Unidos y exportavoz del Pentágono con Biden, y del Departamento de Estado con el presidente Barack Obama.

Según Kirby, el mundo ha cambiado mucho, y también los intereses de la Alianza, desde que, en 2010, se definiera por última vez la hoja de ruta estratégica de la OTAN. Hace doce años, la OTAN estaba muy implicada en Afganistán. Ahora, "no solo ha cambiado el paisaje, en especial tras la guerra de Putin en Ucrania. Las capacidades militares y los conceptos organizativos y operacionales se han transformado también. Es hora de que la Alianza se ponga a la altura de esos nuevos acontecimientos", agregó.

La cuestión de China, explicó el antiguo marino, "es un reflejo de preocupaciones semejantes que tienen nuestros aliados sobre el efecto de las prácticas económicas chinas, del uso del trabajo forzado, del robo [de propiedad] intelectual y del comportamiento coercitivo y agresivo no solo en la región, sino en otras partes del mundo, y así ellos consideran también que es importante incluir a China en el nuevo concepto estratégico" de la OTAN.

Kirby explicó que durante meses se ha estudiado la forma de incluir a Pekín en un memorándum semejante, basado en análisis sobre "la amenaza que China supone para la seguridad internacional, más allá de la región del Indo-Pacífico", agregó. Entre las propuestas que ha ido sacando la OTAN como cuentagotas (por ejemplo, desde la división de investigación del NATO Defense College) para compensar el peso chino en esa región, se ha incluido la realización de maniobras militares (navales y aéreas) en el Pacífico y de operaciones de seguridad marítima en el mar de China meridional.

Este avance sin ambages de la OTAN hacia Oriente y el Pacífico, y la promesa de reflejarlo en el documento que salga de la cumbre de Madrid, ha sido respondido ya por Pekín.

El portavoz de Asuntos Exteriores de China, Wang Wenbin, calificó de "altamente peligroso" que la Alianza Atlántica, "un instrumento de Estados Unidos para preservar su hegemonía y controlar la seguridad europea", pretenda ahora mostrar sus dientes en el Asia-Pacífico y "causar el caos en la región", como "ya ha hecho en Europa".

En referencia a la participación de Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur en la cumbre de Madrid, Wang fue tajante: "Pedimos a la OTAN que deje de trazar líneas ideológicas que puedan llevar a la confrontación, que deje de difundir desinformación sobre China y que no busque comenzar una nueva Guerra Fría".

26/06/2022 20:42

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Sábado, 25 Junio 2022 06:55

Una buena y otra mala

Una buena y otra mala

Ante las restricciones al sector energético impuestas por Estados Unidos y sus aliados desde que Rusia comenzó su campaña militar en Ucrania, las cuales se agravaron con el sexto paquete de sanciones de la Unión Europea que prohibió de inmediato la importación de dos terceras partes del petróleo ruso, y que antes de finalizar 2022 alcanzará hasta 90 por ciento del mismo, es una buena noticia para Moscú que haya podido redirigir sus ventas de petróleo hacia el mercado asiático, China e India en primer término.

Por lo pronto, en mayo Rusia se convirtió en el mayor proveedor de crudo a China, desbancando a Arabia Saudita, con casi 2 millones de barriles diarios o, dicho de otra forma, logrando un incremento récord de 55 por ciento comparado con el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con datos de la aduana china. En cuanto a India, también en mayo, la compra de petróleo ruso pasó de uno por ciento a 18 por ciento.

La expansión en los mercados asiáticos, junto con la subida de los precios internacionales del oro negro, hicieron que Rusia obtuviese en mayo, por exportaciones de petróleo, mil 700 millones de dólares más que en abril, según una estimación de la Agencia Internacional de Energía. El embargo al petróleo ruso establecido por EU y sus aliados, por ahora, no afecta mucho a Rusia y, en cambio, repercute negativamente en el precio de la gasolina en los países europeos.

La mala noticia para Moscú es que está ofreciendo su crudo con grandes descuentos que oscilan entre 20 y 33 por ciento por debajo del precio del mercado, un gesto que no pueden desaprovechar, sobre todo las petroleras chinas para llenar sus depósitos, mientras en la propia Rusia la gasolina dista de ser barata.

Rusia dejará de ingresar de la UE cerca de 10 mil millones de dólares al año y China teme que los excedentes adquiridos a proveedores rusos le causen más problemas con EU, que le sigue vendiendo crudo y sopesa prohibirlo, aparte de que el gigante asiático, cuando levante las restricciones por la pandemia del covid, requerirá un millón 600 mil barriles adicionales por día. A todo esto, en Rusia nadie quiere invertir para asimilar nuevos yacimientos que están en zona climáticas septentrionales adversas, en tanto ya se fueron los socios extranjeros y sus necesarias tecnologías.

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El ABCD globalista que amenaza colapsar (sic) el sistema alimentario, advierte The Guardian

Desde hace 14 años advertí sobre la "guerra alimentaria" propalada por el cártel anglosajón "ABCD", como resultado de la "desregulación" globalista neoliberal y la privatización agrícola, donde brilla(ba) el autonombrado "filántropo (sic)" George Soros, “convertido en el dueño de la pampa argentina, donde 50 por ciento de las tierras arables son prácticamente de monocultivo de soya, a expensas de otros granos (https://bit.ly/3b5uRt3)”.

Desde entonces desglosé a "una docena de compañías claves, aliadas a unas 40 (sic) empresas medianas", que "dominan la cadena alimenticia en cuya cúpula se encuentra el cártel de las seis trasnacionales de granos", donde destaca su "ABCD: Archer Danields Midland (ADM); Bunge/Born; Cargill, y Dreyfus".

Sin adentrarnos a la "guerra alimentaria de los panes", a la que alerta en forma dramática Luigi di Maio, ministro de Relaciones Exteriores de Italia –reportado por el exorcizado Russia Today (https://bit.ly/3MS7mRL)–, el editorialista británico George Monbiot (GM), del rotativo The Guardian, muy cercano al globalista neoliberal jázaro George Soros, advierte que “nuestro (sic) sistema alimentario está a punto de colapsar (¡mega-sic!) como sucedió con los bancos en 2008 (https://bit.ly/3NXoZAF)”. Se infiere que por "nuestro", GM se ha de referir al cártel alimentario anglosajón "ABCD".

La ONU anda en búsqueda de la extraviada "seguridad alimentaria" –(https://bit.ly/3tH0Nul) y (https://go.nature.com/3xuoRln)–, mientras GM expone que los grupos científicos han alertado sobre la vulnerabilidad y fragilidad del sistema alimentario global.

La administración Biden –que en forma insólita padece una penuria inconcebible de "alimentos para bebés" por la disrupción de la cadena de suministros– con sus epígonos de la OTAN y la Unión Europea inculpan el disparo de los precios de alimentos a la captura del ejército ruso de las tierras fértiles de Ucrania (https://tmsnrt.rs/3tEjKOi): su famoso Chernozem.

Ya en 2019 Rusia y Ucrania exportaron más de 25 por ciento del trigo a escala mundial (https://bit.ly/3tEtf01).

GM juzga que, si bien es cierto que la "combinación de la pandemia y la invasión de Ucrania son factores importantes" en la etiología de la crisis alimentaria, en realidad, sólo "agravaron un problema subyacente (sic)".

Devela que "sólo cuatro (sic) trasnacionales controlan 90 por ciento (¡mega-sic!) del comercio global de granos", con base en una clásica investigación de Oxfam de hace 10 años: “Los Secretos (sic) de los Cereales: Los Máximos Mercaderes de Granos en el Mundo y la Agricultura Global (https://bit.ly/3baNjRq)”, donde descuellan las mega-ganancias del "cártel ABCD", al unísono de su especulativo "modelo de negocios", y la "financiarización" de la producción agrícola y su subsecuente bursatilización.

GM resume y rezuma que las mismas trasnacionales "ABCD" forman parte de la compra de semillas, químicos, procesamiento, empaque, distribución y menudeo. ¡No dejan nada!

GM demuestra persuasivamente cómo la “industria alimentaria se ha vuelto íntimamente acoplada al sector financiero (https://bit.ly/3xTArYH)” lo que, a juicio de los científicos, hacen a la industria alimentaria “más susceptible a quiebras en cascada (https://bit.ly/3NY1uYr)”.

GM cita una publicación de Nature Sustainability que reporta que en los sistemas alimentarios, la "frecuencia de impactos se ha incrementado a una escala global a través de los tiempos en tierra y mares".

GM cita su libro Regénesis (https://amzn.to/3Ohsr93), donde arguye que "esta serie en escalada de impactos contagiosos, exacerbadas por la especulación financiera, es lo que ha empujado la hambruna global".

Por lo pronto, en África, Chad, con 17 millones de habitantes, decretó la urgencia alimentaria (https://bit.ly/3Hyye87), mientras India –segundo productor mundial de trigo–, un país obligado a alimentar a mil 300 millones de habitantes, invocó “amenazas a su seguridad alimentaria (https://bit.ly/3b2jS3J)”, por lo que prohibió sus exportaciones de trigo, lo cual alienta una ola de "proteccionismos alimentarios". ¿Quién sigue?

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Un supermercado de la ciudad de Nueva York.- AFP

 La política monetaria es un terreno árido y técnico. Paradójicamente, también es rehén de lo que John Maynard Keynes llamaba "espíritus animales": estados de ánimo exaltados, intuiciones espontáneas en los mercados, la "credibilidad" que logre transmitir un banquero central en determinada rueda de prensa, o incluso enfrentamientos entre pájaros. Los "halcones" son partidarios de una política monetaria dura para contener la inflación, incluso si eso daña las perspectivas económicas; las "palomas" abogan por un ajuste más gradual, no sea que el remedio –una recesión económica– resulte peor que la enfermedad.

La inflación ha vuelto y el aviario está inquieto. Los halcones señalan a los años 70, cuando la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos realizó subidas bruscas de los tipos de interés en respuesta a las crisis del petróleo y la estanflación. La subida de tipos anunciada recientemente por el Banco Central Europeo (BCE) –la primera más de una década, que se une al fin de sus intervenciones en los mercados de deuda pública europea– llegaría tarde y mal, porque la inflación lleva casi un año creciendo. La Fed, que acaba de anunciar la mayor subida de tipos en casi tres décadas, habría anticipado mejor el ciclo económico. Las palomas, sin embargo, oyen ecos de 2008-2011. Por entonces el BCE, con el fin de atajar un brote pasajero de inflación, alzó los tipos de forma precipitada, agravando una recesión económica. El ajuste actual podría ser prematuro y causar un daño innecesario: basta con contemplar la –cada vez más plausible– probabilidad de una recesión en EEUU el año que viene, o la reunión de emergencia convocada ayer por el BCE para evitar que se disparen las primas de riesgo en el sur de la UE.

¿En cuál de estos dos mundos nos encontramos? Hoy la inflación es más profunda y sostenida que en 2008-2011, pero no alcanza los niveles de los 70. La cuestión clave es que, como en ambas ocasiones, el papel de los bancos centrales está transformándose a marchas forzadas. Y esa transformación reduce las herramientas disponibles para resolver problemas macroeconómicos.

Para entender el problema es útil examinar de dónde viene la inflación. Cada día parece menos plausible que sea, como proclamó Milton Friedman, "siempre y en todas partes un fenómeno monetario". Las crisis de 2008 y 2020 se combatieron inundando los mercados financieros con dinero. Pero hasta 2021 el problema en la zona euro no era una inflación elevada, sino demasiado baja. El origen de este estancamiento secular, como lo denominó el economista Larry Summers, se encontraba en procesos ajenos a la política monetaria: por ejemplo, el impacto deflacionario de la tecnología o la incorporación de China a la economía mundial.

Si la inflación no es solo un fenómeno monetario, subir los tipos de interés puede ser un instrumento limitado para atajarla. Así lo señala un reciente estudio de David Ratner y Jae Sim. Los autores estudian la estanflación de los 70 basándose en el trabajo de Michal Kalecki, un macroeconomista que entendía la inflación como un fenómeno redistributivo. Kalecki sostenía que, en un mundo con sindicatos fuertes, los trabajadores serían capaces de obtener subidas salariales por encima de los incrementos en su productividad laboral. Eso terminaría desatando la inflación y, con ella, una reacción de las grandes empresas, que exigirían políticas económicas ortodoxas: subidas de tipos de interés y priorizar la estabilidad de precios sobre el pleno empleo.

En base a esta intuición, Kalecki fue capaz de predecir el transcurso de los años 70. Pero Ratner y Sim van más allá. Sostienen que lo que puso fin a casi el 90% de la inflación en EEUU durante los 80 no fueron las subidas de tipos de interés, sino el debilitamiento sostenido de los sindicatos que llevó a cabo la administración de Ronald Reagan. Es decir, que además de que las políticas de liquidez extraordinaria no generan la inflación que a menudo se asume, las subidas de tipos no son el medio ideal para contenerla, como hasta ahora se presuponía. El Financial Times resume las implicaciones del estudio con un titular lapidario: "Guerra de clases > subidas de tipos".

El informe sorprende porque lo publica el servicio de estudios de la propia Fed. El banco central estadounidense estaría admitiendo que carece de instrumentos esenciales para mantener la estabilidad de precios. La capacidad de los bancos centrales para llevar a cabo la misión que se les encomendó a partir de los 70 quedaría así en entredicho.

Si la inflación está más vinculada a la conflictividad laboral que a la política monetaria, su retorno podría reflejar una reafirmación del mundo del trabajo, que acumula décadas debilitándose. Sin embargo, y pese a fenómenos como la "Gran Renuncia" en EEUU o la creciente sindicalización en empresas como Amazon o Starbucks, no existe una tendencia clara en esa dirección. La inflación actual responde a otros factores: desajustes entre la oferta y demanda internacional tras los confinamientos; el aumento de los precios de los alimentos y la energía, agravados por la guerra de Ucrania; y, como señala la economista del BCE Isabel Schnabel, los crecientes márgenes de beneficio empresarial. Pero el problema original persiste. La política de tipos es un instrumento torpe y crudo en esta coyuntura. No es probable que subiéndolos de manera abrupta se ataje la inflación, pero sí que la decisión produzca una recesión económica global.

Todo ello nos lleva a una paradoja incómoda: endurecer la política monetaria parece tan ineludible como inoportuno. Ineludible porque no es viable mantener tipos de interés negativos cuando la inflación en la zona euro es cuatro veces superior a los mandatos del BCE y la Fed. Y porque los programas de liquidez extraordinaria ya han aumentado enormemente la desigualdad económica, al inflar desproporcionadamente los mercados bursátiles. Cabe recordar, además, que estas políticas monetarias siempre fueron un parche tecnocrático ante la incapacidad política –de los diferentes gobiernos europeos, o de la presidencia y el legislativo estadounidenses– para coordinar una respuesta solidaria y eficaz a la crisis de 2008.

Con todo, subir tipos ahora acarrea riesgos inmensos. Obstaculizará la financiación de hogares, empresas y el sector público. Si el BCE no resulta creíble en su programa de apoyos a países como España e Italia, se arriesga a causar una fragmentación financiera en la UE. Las subidas en EEUU, por otra parte, pueden generar una crisis de deuda en las economías emergentes, dificultando su acceso a financiación e inversión directa. Todo ello agravará una recuperación poscovid cada vez más frágil. Aunque nunca exista un momento ideal para endurecer la política monetaria, el contexto actual es especialmente inoportuno.

Los banqueros centrales tienen por tanto que alcanzar un equilibrio delicado. Deben poner fin a la era de tipos ultra-bajos sin socavar la recuperación económica. Y actúan en un entorno en que su capacidad para controlar la inflación es muy limitada. En un mundo ideal, la subida de tipos es moderada y no genera pánico en los mercados de deuda. Viene acompañada de políticas fiscales proactivas –con impuestos específicos para limar beneficios empresariales y controles de precios puntuales–, así como un rediseño ambicioso de las reglas fiscales en la UE. Esto es, en teoría, el "aterrizaje suave" que desean tanto los halcones como las palomas: contener la inflación sin provocar una recesión económica. Pero el margen de maniobra para la política monetaria es cada vez más estrecho.

En el pasado los banqueros centrales se consagraron como autoridades incuestionables. Todo apunta a que esta década expondrá los límites de su poder.

Por Jorge Tamames, investigador en Real Instituto Elcano y autor de 'La brecha y los cauces'

16/06/2022

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El aumento de precios de los alimentos incrementará el hambre en el mundo

Impacto del conflicto entre Rusia y Ucrania, entre otros factores

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advirtió que las poblaciones más vulnerables actualmente pagan más por menos cantidad de alimentos.

 

En su informe semestral sobre la Perspectivas Alimentarias en el mundo difundido esta semana, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advirtió que las poblaciones más vulnerables del mundo actualmente pagan más por menos cantidad de alimentos. “Los países gastarán este año un récord de 1,8 billones de dólares en la importación de los alimentos que necesitan, pero la cantidad de comida que comprarán no será más sino menos”, advirtió la FAO, cuya base mundial está en Roma. Y el mayor riesgo es que estos aumentos de precios lleven a un incremento del número de personas subalimentadas en el mundo.

​ Y ésta podría ser la consecuencia no sólo del aumento de los precios de los alimentos, de los insumos que se requieren para la producción de alimentos y de los costos de transporte sino también de la guerra entre Rusia y Ucrania, un conflicto entre dos superpotencias agrícolas que representaban el 30% del comercio mundial de trigo y el 78% de las exportaciones de aceite de girasol.

​ Desde el comienzo de la guerra, los precios del trigo aumentaron un 40%, lo que afectó a más de treinta países, importadores netos de trigo que dependían de estos dos países para al menos un 30% de sus importaciones. Esos 30 o más países han visto limitadas sus importaciones no sólo de cereales sino de fertilizantes que producían los dos países en guerra. La exportaciones rusas de cereales estaban destinadas principalmente a Egipto, Túnez y Turquía además de otros países africanos y asiáticos. Mientras en el caso de Ucrania, el 75% de la producción agrícola era exportada en tiempos normales, a China, Europa y países africanos. En 2021 Ucrania había tenido una súper cosecha que alcanzó los 106 millones de toneladas de cereales.

Los precios de los alimentos también aumentaron porque se incrementó el precio del petróleo, derivado de las sanciones que se han impuesto al petróleo y gas rusos a causa de la guerra. Ha influido asimismo el cambio climático que se está viviendo en todo el mundo.

Según el informe de la FAO, el costo mundial de las importaciones de alimentos aumentará en 51.000 millones de dólares en comparación con 2021. Se calcula igualmente que los países más pobres, entre ellos los de África subsahariana, registrarán un incremento de los costos totales a pesar de la reducción de las cantidades importadas.

El cambio climático ha provocado sequías en muchísimos países, incluida Italia por dar un ejemplo, donde el río Po, que riega toda la zona de cultivos de la llamada Padania, se ha visto notablemente reducido por la falta de lluvias.

Disminuirá la producción de cereales

“En vista del aumento de los precios de los insumos, las preocupaciones suscitadas por las condiciones atmosféricas y el incremento de la incertidumbre del mercado como consecuencia de la guerra de Ucrania, las últimas previsiones de la FAO apuntan a la probabilidad de que se contraigan los mercados alimentarios y de que los costos de las importaciones de alimentos alcancen un nuevo récord”, comentó el economista Upali Galketi Aratchilage, editor líder del informe Perspectivas Alimentarias.

La FAO asimismo prevé que la producción mundial de los principales cereales como trigo, maíz y arroz, entre otros, disminuirá en 2022 por primera vez en los últimos cuatro años y que la utilización mundial de ellos también disminuirá por primera vez en los últimos 20 años.

La producción mundial de trigo, por ejemplo, disminuirá a 771 millones de toneladas, según la FAO. La agencia de la ONU resalta un contexto tenso, con cosechas inciertas debido a la guerra en Ucrania o incluso a sequías, como la que tiene lugar en la India o en Argentina. Según informó la agencia AFP, Argentina, octavo productor de trigo del mundo, informó recientemente que su superficie sembrada con trigo será de 6,2 millones de hectáreas, la menor de los últimos 12 años.

Baja la producción de carne

La organización internacional advirtió asimismo que en el mundo no sólo disminuirá la producción de cereales sino también de carne, entre otros alimentos. Según los pronósticos de la FAO, en Argentina, la Unión Europea y Estados Unidos la producción de carne disminuirá, aunque no se especificó cuánto. Pero a nivel mundial se prevé en cambio un aumento del 1,4% gracias al incremento previsto en la producción de carne porcina en China. Las reservas mundiales de trigo aumentarán ligeramente en el año, principalmente debido a la acumulación previa de existencias en China, en la Federación de Rusia y en Ucrania.

Se prevé que la producción y utilización mundial de maíz alcanzarán nuevos récords a causa del incremento de la producción de etanol (biocombustible hecho con maíz o caña de azúcar según los países) en Brasil y Estados Unidos y de la producción industrial de almidón de maíz en China. También se espera que la producción mundial de azúcar aumentará después de tres años de descenso, impulsada por incrementos en la India, Tailandia y la Unión Europea

Fondo de ayuda para los países pobres

Ante este panorama y ante la posibilidad de que la inseguridad alimentaria aguda empeore a nivel mundial, haciendo registrar probablemente condiciones de hambruna localizadas en distintas partes del planeta, la FAO ha propuesto a los países miembros y ante el G20 (foro intergubernamental de coordinación económica y financiera), la creación de un Fondo de Financiación de las Importaciones de Alimentos a fin de dar apoyo a las naciones de bajos ingresos que dependen en mayor medida de las importaciones de alimentos. Se necesitan por tanto medidas urgentes a escala mundial para prevenir el hambre y las crisis alimentarias en los países vulnerables y en los hogares más pobres que, dados sus altos niveles de endeudamiento, no tienen acceso a fuentes alternativas de financiación.

Según los cálculos de la FAO, la guerra en Ucrania podría dar lugar a que el número de personas que padezcan hambre entre 2022 y 2026 aumente en 13,1 millones con respecto a un escenario que ya había crecido a causa de la covid-19 (se habló de un aumento de 13,8 millones de los que padecían hambre en 2021). Varias organizaciones de Naciones Unidas como FAO, OMS (Organización Mundial de la Salud) y Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) entre otras, estimaron que en 2020 las personas subalimentadas en el mundo habían llegado a un total de 811 millones, cerca de la décima parte de la población mundial.

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ONU: Crisis alimentaria puede desembocar en una catástrofe global en 2023

El mundo solo puede responder de manera eficiente a la actual emergencia alimentaria con el regreso al mercado internacional de los productos alimenticios procedentes de Ucrania, así como de la comida y los fertilizantes rusos, según el organismo.

La secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (CNUCYD), Rebeca Grynspan, advirtió este miércoles durante una rueda de prensa que la crisis alimentaria actual puede desembocar en una catástrofe de proporciones globales ya en el año 2023.

"El aumento de los costes energéticos y las restricciones comerciales en el suministro de fertilizantes procedentes de la región del mar Negro han hecho que los precios de los fertilizantes suban incluso más rápido que los de los alimentos", afirmó Grynspan.

En este sentido, señaló que, si el actual conflicto en Ucrania se prolonga "y los altos precios de los cereales y los fertilizantes persisten en la próxima temporada de siembra, la crisis actual podría extenderse […] a otros alimentos básicos como el arroz", agregando que la situación afectará, "a miles de millones de personas".

En paralelo, la jefa de la CNUCYD subrayó que las categorías de la población más vulnerables "son los que más sufren". Mencionó los cálculos que muestran que el aumento del 10 % en los precios de los alimentos significará una disminución del 5 % de los ingresos de las familias más pobres. Además, acentuó que la situación empezó a agravarse antes del operativo ruso en Ucrania. Así, citó los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que apuntan a que el 60 % de los trabajadores a nivel mundial tienen ingresos reales más bajos que antes de la pandemia del covid-19.

Grynspan reafirmó la postura de la ONU de que el mundo solo puede responder de manera eficiente a la actual emergencia alimentaria con el regreso al mercado internacional de los productos alimenticios procedentes de Ucrania, así como de la comida y los fertilizantes rusos. "Será fundamental restablecer la disponibilidad de fertilizantes, garantizar el acceso de los pequeños agricultores y controlar los suministros en todas partes durante los próximos 18 meses", puntualizó.

Rusia está dispuesta a cooperar con el tema del trigo ucraniano
Las declaraciones de la secretaria general de la CNUCYD llegan en medio de los esfuerzos diplomáticos para asegurar el transporte seguro del trigo ucraniano desde los puertos en el mar Negro. Esta misma jornada el canciller ruso Serguéi Lavrov destacó, tras reunirse con su par turco Mevlut Cavusoglu, que Moscú está dispuesto a celebrar una reunión en Estambul con la ONU, Turquía y Ucrania para tratar las exportaciones de grano.

Al mismo tiempo, el alto diplomático subrayó que los militares rusos y turcos están ahora discutiendo los detalles del desminado de los puertos ucranianos para permitir la exportación de grano. "Si las autoridades de Kiev están preparadas, estaremos encantados de cooperar", sostuvo. El ministro también aseveró que Moscú está dispuesta a "garantizar la seguridad de los buques que salen de los puertos ucranianos". "Rusia garantiza que si Kiev desmina los puertos, Moscú no aprovechará la situación en el marco de la operación militar", añadió.

Planes en elaboración

Este lunes, el diario ruso Izvestia reportó, citando una fuente de alto rango al tanto del asunto, que Moscú acordó con Kiev y Ankara un esquema preliminar de la salida de los barcos ucranianos cargados con trigo desde el puerto de Odesa. El plan prevé el desminado de la zona costera del puerto por parte de militares turcos. Luego, buques de guerra turcos escoltarán a embarcaciones ucranianas hasta aguas neutrales. Desde allí estarán acompañadas con buques de guerra rusos hasta el Bósforo para asegurar su salida segura y evitar provocaciones.

Sin embargo, la agencia Bloomberg informó la misma jornada, citando fuentes anónimas al tanto del transcurso de las negociaciones, que, pese a un acuerdo preliminar entre Rusia y Turquía respecto a la apertura del corredor de cereales, Ucrania ve el asunto con escepticismo.

La semana pasada el presidente ruso, Vladímir Putin, declaró que los países occidentales fueron quienes tomaron las medidas que agravaron la crisis alimentaria en el mundo. En este contexto, destacó que Rusia no obstaculiza los intentos de sacar los cereales ucranianos y propuso varias maneras de hacerlo:

  1. A través de los puertos marítimos que Ucrania controla, como el de Odesa y otros cercanos. "No fuimos nosotros los que minamos las entradas de los puertos", indicó el mandatario, agregando que Moscú garantizará un paso seguro de buques si Kiev desmina los puertos
  2. A través de los puertos del mar de Azov que Rusia controla, como los de Berdiansk y de Mariúpol
  3. A través del río Danubio y Rumania
  4. A través de Hungría
  5. A través de Polonia
  6. A través de Bielorrusia, "la vía más simple", pero esto requiere el levantamiento de las sanciones que fueron impuestas contra Minsk.

(Tomado de RT en Español

Junio 8 / 2022-06-09

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Rusia y Occidente compiten por conseguir una salida segura para el trigo ucraniano

20 millones de toneladas de grano deben ser exportadas rápidamente

Los envíos están parados por el bloqueo naval ruso del puerto de Odesa en el Mar Negro y por las minas flotantes ucranianas plantadas para defender el puerto de los ataques rusos

 

En un juego diplomático del gato y el ratón, Rusia y Occidente están proponiendo ideas similares, aunque a veces enfrentadas, para que el grano de Ucrania que hace tanta falta pueda ser transportado con seguridad por el Mar Negro y pueda llegar así a los mercados mundiales. También compiten en la batalla por el relato ante la opinión pública mundial si los planes fracasan. Y libran otra batalla diplomática en África y Oriente Medio para presentar a su adversario como el culpable de la espiral de precios de los alimentos y de los fertilizantes.

Rusia y Ucrania exportan más de una cuarta parte del trigo mundial y Rusia es el primer exportador de fertilizantes del mundo. El índice de precios de los fertilizantes del Banco Mundial aumentó casi un 10% en el primer trimestre de 2022, hasta alcanzar un máximo histórico en términos nominales. Los 20 millones de toneladas de grano que están parados en Ucrania deben ser exportados rápidamente para evitar una nueva explosión de los precios de los alimentos, y también para que pueda conservarse en condiciones la próxima cosecha ucraniana, que en estos momentos no puede ser enviada a los graneros de almacenamiento porque están al máximo de su capacidad.

Los envíos están parados por el bloqueo naval ruso del puerto de Odesa en el Mar Negro y por las minas flotantes ucranianas plantadas para defender el puerto de los ataques rusos. Moscú, a cambio de levantar el bloqueo, quiere que se levanten las sanciones a su transporte marítimo y a sus productos fertilizantes. La cuestión es si hay un acuerdo al que se pueda llegar.

Turquía como mediador

En lo que empieza a parecerse al plan principal, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ha aceptado reunirse con el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, el 8 de junio para hablar de la posibilidad de que Turquía retire las minas de Odesa y luego escolte a los barcos que transportan grano hasta el Bósforo a través de un corredor naval. Erdoğan habló con Vladímir Putin sobre la propuesta el lunes y, según la versión turca, Putin estaba dispuesto a cooperar, pero con condiciones.

En virtud de la Convención de Montreux sobre el paso por los Estrechos de 1936, Turquía es el árbitro del tráfico marítimo dentro y fuera del Mar Negro, y precisamente este papel que tiene asignado es la justificación que utiliza, como miembro de la OTAN, para motivar su negativa a imponer sanciones a Rusia. El martes, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, señaló que la seguridad alimentaria está en el centro de las negociaciones: “Nos estamos centrando en la seguridad alimentaria. Queremos establecer un centro en Estambul para poder monitorear el corredor”.

En cuanto al papel desempeñado por los países de la Unión Europea, el primer ministro italiano, Mario Draghi, ha mostrado una actitud pragmática y ha tomado la iniciativa. Draghi habló de la cuestión con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a mediados de mayo; la semana pasada mantuvo conversaciones con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, más tarde con Putin y, tras esta conversación, de nuevo con Zelenski.

La dudas de Ucrania

Ucrania ha avanzado que está abierta a la retirada de las minas de Odesa, pero señala que habría que poner condiciones para que la marina rusa no aproveche para acercar sus buques de guerra al puerto. El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, ha indicado que es necesario ser cautos “porque una garantía unilateral del Kremlin (de no acercar posiciones) no es suficiente. Necesitamos que terceros países asuman la responsabilidad de hacer cumplir el acuerdo”.

Italia y el Reino Unido se han ofrecido para llevar a cabo la operación de desminado, una misión que podría llevar 15 días, pero Turquía puede ser la opción preferida por Rusia para completar esta peligrosa tarea. Según Draghi, Putin ha indicado que abriría el acceso a Odesa siempre que se pudieran realizar controles válidos para garantizar que los barcos que transportan el grano no transporten también armas para su uso por parte de Ucrania. También existen cuestiones sin resolver sobre la nacionalidad de los barcos que escoltan el convoy y sus condiciones de actuación en caso de amenaza por parte de Rusia.

Según Moscú, Putin señaló la “disposición de la parte rusa” a facilitar el tránsito marítimo de mercancías sin obstáculos en coordinación con los socios turcos. Sin embargo, Rusia quiere a cambio el levantamiento de las sanciones occidentales sobre los fertilizantes, algo que, según Draghi, también está siendo exigido a la UE por África y que hace necesario volver a evaluar los términos de la negociación.

Estados Unidos también muestra cierta flexibilidad. Su representante ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, ha indicado que están dispuestos a dar “cartas de patrocinio” a las compañías navieras y de seguros para facilitar las exportaciones de cereales y fertilizantes rusos. Ha puntualizado que el grano y los fertilizantes no están sujetos a sanciones del Tesoro estadounidense, pero que “las empresas están un poco nerviosas y estamos dispuestos a darles una respuesta tranquilizadora si eso les ayuda a animarse”. Ha subrayado que no se trata de un acuerdo para conseguir el levantamiento del bloqueo ruso del puerto de Odesa.

En este momento, el Reino Unido y la UE pueden estar yendo en direcciones opuestas al coordinar la prohibición de asegurar los barcos que transportan petróleo ruso en cualquier parte del mundo. Distinguir los seguros para los buques de grano de los de petróleo es factible, pero podría resultar complicado.

El papel de Naciones Unidas

Una posibilidad es que Rebecca Grynspan, alta funcionaria de la ONU (secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) que ha viajado recientemente a Moscú para tratar esta cuestión, pueda ayudar a negociar un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que respalde el corredor humanitario, una idea que apoya el presidente francés, Emmanuel Macron. Un alto cargo de un Gobierno occidental ha señalado que ve poco probable que “algún país, ni siquiera Rusia, pueda vetar una resolución para alimentar al mundo solo porque las exigencias rusas sobre el levantamiento de las sanciones no han sido satisfechas”.

Draghi no se opone a la participación de la ONU, pero teme que su entrada frene el ritmo de la negociación. “Puede desempeñar un papel importante en la resolución de la crisis, pero tenemos el deber de preguntarnos cómo podemos ayudar. Cómo acelerar las negociaciones, para que la solución no llegue demasiado tarde”, ha indicado.

El Reino Unido, Polonia y los países bálticos han mostrado su escepticismo ante la posibilidad de que Putin acepte. Reino Unido ha respaldado la propuesta de Lituania de un plan de convoyes que es parecido, pero que no depende de la cooperación rusa. Ha propuesto una coalición de voluntarios –no una fuerza de la OTAN– para escoltar a los barcos.

El nombre de Egipto, uno de los muchos países de ingresos medios y bajos que dependen en gran medida del grano ucraniano y ruso, ya ha sido mencionado como uno de los posibles miembros de esta coalición. La secretaria de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Liz Truss, normalmente partidaria de la línea dura o más militarista, pareció estar a favor de este plan cuando se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores lituano, Gabrielius Landsbergis. También ha sido muy significativa la inusual visita del presidente polaco, Andrzej Duda, a El Cairo esta semana para hablar de la crisis de los cereales.

El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, advirtió el martes en Londres: “Abrir esas vías marítimas requeriría un esfuerzo militar muy importante”. Si los responsables políticos optaran por ello, “sería una operación militar de alto riesgo que requeriría un esfuerzo considerable”, dijo. Es por este motivo que Draghi, Macron y el canciller alemán, Olaf Scholz, son partidarios de, primero, estudiar las intenciones de Putin.

Si ninguna de las opciones de la ruta marítima funciona, la única alternativa es intensificar el uso de las rutas existentes, mucho más caras, que llevan el grano en camiones a través de Polonia hasta los puertos bálticos y polacos, o en barcazas por el río Dniéper hasta los puertos rumanos y finalmente por tren hasta Polonia. La opción de llevar el grano por tren a través de Bielorrusia parece imposible debido a las exigencias de Minsk de que se levanten las sanciones sobre la potasa. En el principal punto de paso hacia Rumanía hay un atasco de 20 kilómetros de camiones esperando a ser inspeccionados. En el río Dniéper había una cola de 100 barcazas esperando para llegar al Mar Negro. Solo se autoriza el paso de siete embarcaciones al día.

Aparte de la necesidad humanitaria de evitar la hambruna, Draghi considera reales e inminentes los riesgos para Occidente de la espiral de subida del precio del pan, en términos de flujos migratorios, terrorismo e inestabilidad política. Como ha indicado un funcionario italiano: “Nos quedan dos semanas para solucionar esta situación o nos enfrentamos a una crisis muy grave”.

Traducción de Emma Reverter

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Las petroleras Repsol y Eni empezarán a enviar crudo desde Venezuela a Europa

El presidente Nicolás Maduro celebró los "pasos leves pero significativos" de Estados Unidos

El alivio busca promover el reinicio del diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición respaldada por Washington, que fue suspendido en octubre pasado y aún no fue retomado.

La petrolera española Repsol y la italiana Eni empezarán a enviar petróleo venezolano a Europa a partir del próximo mes para compensar el veto al crudo ruso, de acuerdo a cinco fuentes del gobierno estadounidense. A esta situación se suma el permiso otorgado en mayo a la petrolera Chevron a negociar su licencia con la estatal PDVSA. El alivio busca promover el reinicio del diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición respaldada por Washington, que fue suspendido en octubre pasado y aún no fue retomado. El presidente Maduro confirmó este sábado los "pasos leves pero significativos" de Estados Unidos al "entregar licencias" a empresas petroleras para operar en el país.

"Estados Unidos hace una semana dio unos pasos leves pero significativos al entregar licencias a la empresa Chevron de Estados Unidos, a la empresa Eni de Italia y a la empresa (española) Repsol para iniciar los procesos que los lleven a producir petróleo y gas en Venezuela para exportar a sus mercados naturales. (...) El petróleo que necesita el mundo para funcionar está aquí en Venezuela", dijo el mandatario venezolano este sábado en el programa radial Diálogo Internacional, conducido por Atilio Boron y emitido por la radio AM 530

La Casa Blanca, con la que Maduro aseguró tener "comunicación permanente", anunció el 17 de mayo la flexibilización de algunas de las sanciones impuestas al gobierno venezolano en 2019, incluido un embargo petrolero, para presionar su salida del poder luego de desconocer su reelección un año antes. Maduro sostiene que estas medidas punitivas profundizaron la crisis en el país.

Un funcionario del gobierno del presidente Joe Biden señaló que la flexibilización incluye una "licencia limitada" a Chevron para "negociar los términos de las posibles actividades futuras en Venezuela". No nombró a Eni o Repsol, aunque la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez señaló haber "verificado y confirmado" que la medida incluía a las empresas europeas. 

Las dos compañías energéticas europeas, que tienen empresas conjuntas con la petrolera estatal venezolana PDVSA, pueden contar los cargamentos de crudo para compensar deudas pendientes y dividendos atrasados, dijeron las fuentes de Washington. La administración estadounidense espera que el crudo venezolano pueda ayudar a Europa a reducir la dependencia de Rusia y redirigir algunos de los cargamentos de Venezuela desde China.

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Cumbre de las Américas: una semana clave para la política exterior de Biden

El encuentro en Los Ángeles empieza este lunes con el foro de organizaciones de la sociedad civil

 Ante la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua a la cita, la principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. La cumbre viene a mostrarle al presidente de EEUU. cómo está su relación América latina y el Caribe.

 

Desde Washington, DC

Empieza una semana clave para el Gobierno de Joe Biden en materia de política exterior. Este lunes, en la ciudad de Los Ángeles, California, representantes de la sociedad civil, el sector privado y de los gobiernos del continente se reunirán en el marco de la IX Cumbre de las Américas. No todos: no hay invitación de Estados Unidos para los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Luis Arce de Bolivia dijo que no irá. La lista final de asistentes no se conoce, aunque falten horas para que los mandatarios de la región empiecen a aterrizar en la soleada costa oeste del país norteamericano.

La principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien adelantó que no asistirá si no se convoca a todos los países de la región. Estados Unidos excluye del encuentro a Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, líderes de Nicaragua, Venezuela y Cuba respectivamente, por considerarlos no democráticos. Durante la última semana, la Casa Blanca dejó entrever que estaba teniendo “consideraciones finales” sobre la lista de invitados y dijo que la anunciaría “pronto”, pero a horas del inicio, todavía no hubo novedades.

Un conteo del Consejo de las Américas también tiene escrito en lápiz la asistencia de los jefes de Estado del llamado Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras. Los tres países son señalados en la política de migración de Washington como los emisores de personas que atraviesan México y llegan a la frontera con Estados Unidos. Una eventual ausencia de los líderes de estos países, sumada a la de López Obrador, sería directamente perjudicial para los objetivos de la Casa Blanca sobre esta cumbre, en la que pretende alcanzar un nuevo acuerdo de migración para la región.

La semana pasada, el principal asesor de Biden para América Latina, Juan González, dijo en una llamada con periodistas que el mandatario estadounidense “quiere personalmente” que López Obrador esté en la cumbre.

Inmigración, diversidad y DD.HH.

Esta nueva edición del foro regional, la segunda que Estados Unidos organiza desde la cumbre de 1994 en Miami, contará con tres espacios de discusión paralelos. El primero será el foro de organizaciones de la sociedad civil, que comienza este lunes y estará enfocado en temas de inmigración, diversidad y derechos humanos. También habrá un encuentro del sector privado, en el que el debate pasará por la recuperación económica después de la crisis causada por la pandemia de covid y la transformación tecnológica de la región. Para el tercer foro está convocada la juventud en un formato híbrido para discutir sobre cambio climático, corrupción y conectividad.

Las miradas estarán puestas, sobre todo, en la reunión de líderes. La cumbre, para el país anfitrión, será sobre todo un termómetro que le permitirá estimar qué influencia real tiene actualmente en el continente. En ninguna parte de la agenda que se conoce hay mención a China, el elefante en la región. Sin embargo, la competencia con el gigante asiático es una de las principales preocupaciones de la Casa Blanca.

Para los jefes de Estado de América Latina y el Caribe será más bien una evaluación. En los cuatro años de presidencia de Donald Trump, la política exterior de Washington hacia América se limitó sobre todo a la oposición contra Cuba y Venezuela y a promover un muro en la frontera con México. El exmandatario incluso faltó a la anterior Cumbre de las Américas, que se llevó a cabo en Perú en 2018. Envío en cambio a su vice, Mike Pence.

La llegada de Biden al gobierno en enero de 2021 generó expectativas en una región que se había sentido ignorada durante los cuatro años anteriores. El demócrata, con una larga trayectoria en la política estadounidense, podría generar una nueva relación. Pero ahora, un año y medio de mandato después, tiene pocos resultados para mostrar en ese frente. Bajo su administración, el foco de Estados Unidos estuvo puesto principalmente en recuperarse de la pandemia, que causó más de un millón de muertes en el país norteamericano. Está, a nivel exterior, concentrado en Europa del Este, en Ucrania, en ver qué hace Rusia.

Esta nueva edición de la Cumbre de las Américas que comienza este lunes viene a mostrarle a Biden el verdadero estado de la relación con América Latina y el Caribe. Al resto, le permitirá ver cuánto está dispuesto a hacer Washington si quiere competir con China en la región.

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