Datos personales, el petróleo del siglo XXI

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) anunciaba esta semana que arrancaba de oficio actuaciones previas de investigación con objeto de examinar las comunicaciones de datos personales realizadas entre Whatsapp y Facebook. A nadie se le escapa que la aplicación de mensajería, adquirida por esta red social en octubre de 2014, cambió en agosto sus términos de servicio y ahora comparte información con Facebook.


La AEPD, no sólo quiere poner el énfasis en esa información, sino también en los tratamientos que genera, para constatar si violan la legislación española en materia protección de datos de carácter personal. Así, la Agencia va a analizar qué información de los usuarios está siendo recogida por Whatsapp para su posterior envío a Facebook, con qué fines es utilizada, cuánto tiempo se conserva, etc. Alemania ya ha movido ficha y, a finales de septiembre la Comisión para la Protección de Datos de Hamburgo le prohibió expresamente a la aplicación de mensajería compartir los datos con Facebook.


¿Por qué este interés en cruzar la información? Sencillo, por su valor comercial. El almacenamiento de datos personales se incrementa cada día exponencialmente y, muy especialmente, en lo que ya se ha popularizado como la nube. En contra de lo que algunos ingenuos creen, el cloud no es un paraíso de algodón en el que nuestros datos están salvaguardados para nuestro único y disfrute; nada más lejos de la realidad: siguen estando almacenados en servidores físicos, de los que se hacen réplicas, y sirven a los intereses comerciales de las empresas.


Es uno de esos cálculos, un tanto cuestionables pero, desde luego, muy gráficos, se indica que el 90% de los datos que existen hoy en todo el mundo se han generado en los dos últimos años.


La información personal que confiamos a las empresas a través de las telecomunicaciones, tales como nuestra ubicación, hábitos de consumo, residencia, edad, profesión, etc... son un material muy rico para diseñar estrategias comerciales. Algunos, hace mucho tiempo, se dieron cuenta de ello y crearon un enorme nicho de mercado alrededor en torno suyo, creando una industria con comunidades de usuarios de todo tipo, software analítico que cruza información de las más diversas fuentes y una suerte de venta de la información al mejor postor.


Como consecuencia de ello, en uno de sus informes, la consultora británica Ctrl-Shift estimaba que este mercado de los datos personales, sólo en Reino Unido, mueve al año unos 16.500 millones de libras (más de 18.700 millones de euros). Para que dimensionen, el negocio de las farmacéuticas mueve allí unos 15.200 millones de euros anuales.


Y estas cifras son las que llevan a pugnas como la que está teniendo lugar –aunque esté menos aireada- entre las multinacionales Microsoft y Salesforce. El pasado mes de junio, el fabricante de Windows anunciaba su intención de comprar la red social profesional LinkedIn por 26.200 millones de dólares. De nuevo, por el extraordinario volumen de información valiosísima de usuarios que representa esta red.


Las autoridades reguladoras de EEUU, Canadá y Brasil ya han dado el visto bueno a esta operación, pero en Europa las cosas van más lentas y eso es así porque nuestras legislaciones en materia de competencia –además de en protección de datos personales- son mucho más estrictas que al oro lado del Charco.


Por su parte, Salesforce ha pedido expresamente que en la UE sean exhaustivos cuando analicen la compra, porque advierte de que los planes de Microsoft podrían pasar por bloquear a sus competidores el acceso a los datos de la red global de profesionales de LinkedIn, incurriendo en prácticas anti-competencia.


¿Qué está haciendo al mismo tiempo Salesforce? Lanzar contraoferta a LinkedIn para ser ella la que se haga con el botín de datos, de nada menos que 450 millones de profesionales en más de 200 países. Así lo desveló el Wall Street Journal, que informó de un correo electrónico del máximo responsable de Salesforce a los directivos de LinkedIn, con fecha posterior al anuncio de la compra de Microsoft, en el que aseguraba que podía pagar mucho más por ellos.


Con este panorama, quizás ahora comprenda usted mejor por qué a los datos personales, en muchos círculos, ya se les conoce como “el petróleo del siglo XXI”.

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Adquisición telúrica de Monsanto por Bayer. El ocaso de los campesinos de Estados Unidos y el mundo

La industria agrícola global sufre un giro telúrico de alcances geopolíticos cuando se han escenificado varias megafusiones a los dos lados del Atlántico-Norte, sumadas a la repentina aparición de China.

La adquisicíón de Monsanto, reina de los polémicos transgénicos, por Bayer, consagrada a la industria farmacéutica, sacudió al mundo agrícola.

Si para Hugh Grant, mandamás de Monsanto, la adquisición por Bayer es un "matrimonio celestial", para los ambientalistas Amigos de la Tierra condensa un “matrimonio hecho en el infierno (https://goo.gl/Fznu06)”.

Werner Baumann (WB), el mero mero de Bayer, exulta que la mega-fusión "creará un líder global en agricultura", ya que constituye el género de "abordaje revolucionario (sic) en el sector que será necesario para alimentar al mundo", cuando se espera un crecimiento de 3 mil millones de personas en 2050 que habrá que alimentar.

Para WB no se trata de un recorte de costos, sino de "crecimiento e innovación de dos empresas que son muy complementarias en términos de cobertura regional y productos de portafolios".

Mas allá de que Europa se opone a los transgénicos –no se diga del choque de dos culturas empresariales y alimentarias–, la amalgama de Monsanto y Bayer, los dos principales vendedores de cultivo de algodón en EU, oligopolizará 70 por ciento de los acres de cultivo.

Con una inocencia que no le queda, la británica BBC cuestiona: “¿Cuál es exactamente (sic) el interés del gigante Bayer en Monsanto, el mayor productor de semillas del mundo (https://goo.gl/n9JTpk)?”

Bayer no vende sólo aspirinas; "sus actividades van desde la producción e investigación de medicinas hasta semillas, pesticidas, abonos e ingeniería genética. Del negocio de la compañía alemana, 49 por ciento procede del sector médico. Del resto, 26 por ciento corresponde a su división especializada en materiales científicos (llamada Covestro), y 22 por ciento a lo que la empresa denomina ciencia de los cultivos", según BBC.

Su "interés en el negocio agrícola y su captura de Monsanto" –cuya marca tendrá que ser borrada de la faz de la tierra por el rechazo de ambientalistas y consumidores europeos por su laxa producción de transgénicos– radica en posicionarse como "líder agrícola global", ya que “la mitad del volumen de negocio del nuevo conglomerado –que será el mayor suministrador agrícola del mundo– estará relacionado con la agricultura”, a juicio de la BBC.

¿Cuál es la razón del giro brutal de Bayer de su principal enfoque farmacéutico?

Según el portal ruso Sputnik, “la compra de Monsanto se da en una época de reorganización en el sector agrícola mundial (https://goo.gl/NpXqmP)”.

En 1996 existían 600 empresas independientes de cultivo, cuya mayoría ha sido adquirida por seis grandes jugadores, tres de Estados Unidos (Monsanto, Dow Chemical y DuPont), dos de Alemania (Bayer y BASF) y uno de Suiza (Syngenta), que ahora controlan 63 por ciento del mercado global.

Las tres recientes grandes adquisiciones o megafusiones –las estadunidenses Dow Chemical y DuPont (130 mil millones de dólares); ChemChina y Syngenta (44 mil millones), y ahora Bayer/Monsanto (66 mil millones) “reducirá de seis a cuatro el número de jugadores globales en el sector agribusiness (https://goo.gl/NgTZ1n)”.

Llama la atención la quietud de la alemana BASF, que opera en más de 80 países con ingresos por 78 mil millones de dólares en 2015.

Nada nuevo bajo el sol agrícola cuando una de las tendencias inherentes a la globalización financiera es su oligopolización, cuando no su monopolización, como expuse desde hace 16 años en mi libro El lado oscuro de la globalización: post globalización y balcanización (https://goo.gl/JylqXV)”.

Es notorio el malestar de los medios anglosajones, como The New York Times y Financial Times, que ahora se propulsan como defensores de los agricultores y consumidores en Estados Unidos, cuando sus homólogos en el "México neoliberal itamita", Latinoamérica, África y Asia nunca les importaron un comino (http://nyti.ms/2cITuKR).

Según The New York Times, las cuatro principales adquisiciones del agribusiness en el lapso de un año "han creado la posibilidad de mayores costos para los agricultores", mientras Roger Johnson, presidente de la Unión Nacional de Agricultores de Estados Unidos, invoca en el desierto la amenaza a la "seguridad nacional".

The New York Times mueve el tapete del muerto en pleno periodo electoral para impedir la adquisición alemana de Bayer, que "ha capturado la atención de los legisladores y reguladores en Washington", ahora preocupados por sus regulaciones antitrust, que aplican en forma selectiva.

Por lo pronto, la implacable calificadora Fitch amenazó con degradar a Bayer, lo cual denota el malestar anglosajón.

La consolidación global, que tiende a un oligopolio de cuatro empresas –donde ha aparecido China, cuya estatal (¡ojo!) ChemChina adquirió a la suiza Syngenta–, se escenifica cuando los precios de los cultivos se han desplomado –en particular la soya y el maíz–, lo cual presagia el ocaso de los campesinos en el mundo, de por sí al borde de la extinción en países como el "México neoliberal itamita", totalmente (des)integrado al esquema agrícola estadunidense.

El aniquilamiento en el "México neoliberal itamita" de sus miserables campesinos –25 por ciento de la población (¡31 millones!), más de la mitad inactiva–, con un salario de muerte de 60 dólares al mes (https://goo.gl/FSSlST), antecedió la agonía similar de los agricultores de Estados Unidos, quienes han emitido su canto de cisne por la venta de Monsanto, sin contar la futura robotización agrícola con la participación de drones (aviones automatizados).

Y eso que Estados Unidos, superpotencia agrícola cabal, subsidia generosamente su sector agrícola con 956 mil millones de dólares (https://goo.gl/q9e8rq), casi el PIB nominal de México. ¿Cómo competir?

WB, mandamás de Bayer, comentó que necesitan el consentimiento de 30 jurisdicciones y la aprobación de los reguladores de EU, Canadá, Brasil y la Unión Europea. Es curioso que WB que no haya citado a México.

Se da por descontado que la disfuncional Comisión Federal de Competencia (sic) Económica del "México neoliberal itamita", franquicia del proyecto irredentista de Estados Unidos, obedecerá lo que ordene Washington.

Las muy bien lubricadas "comisiones" en el "México neoliberal itamita" –nidos parasitarios de su kakistocracia– nunca son escudriñadas por el Congreso ni por los ciudadanos, operan con opacidad, como la fracasada Comisión Nacional (sic) de Hidrocarburos, que encabeza el itamita Zepeda Molina, acoplada al entreguista Fondo Mexicano (sic) del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, donde destaca Federico Reyes-Heroles, que ni ha de saber de qué color es el "oro negro" que remata; ya no se diga el inolvidable SAM, que ni fue "Sistema" ni "Alimentario" ni "Mexicano" (https://goo.gl/9CqVy0) y que provocó una hambruna artificial en México, hoy totalmente capturado por los esquemas estadunidenses y, peor aún, arrumbado en la irrelevancia ante el giro telúrico de la oligopolización agrícola global.

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Las cuatro manos que controlan las semillas de todo el mundo

La industria agroquímica está sumida en un intenso proceso de consolidación que va a dejar prácticamente todo el negocio de semillas, herbicidas y pesticidas concentrado en manos de cuatro gigantes globales. El temor de los productores es que esta oleada de fusiones limite las opciones que tienen para gestionar sus cosechas, encarezca los precios y acelere la reducción de la diversidad de los cultivos.


El sector ya estaba dominado por un grupo reducido de firmas antes de que se formara este huracán corporativo que va a cambiar la forma de trabajar el campo. Hace una semana, mientras Bayer perfilaba el acuerdo para adquirir Monsanto , el segundo sindicato de agricultores de Estados Unidos se movilizaba en Washington para denunciar que estas alianzas van a estrangular aún más sus bolsillos.


Era una manifestación inusual, porque los representantes de los agricultores suelen tener mucho cuidado al criticar en público a la mano que les da de comer. “Una consolidación de esta magnitud no puede ser el estándar de nuestra agricultura”, lamenta el presidente de la National Farmers Union, Roger Johnson. “No hay que permitir que estas corporaciones vayan a definir el futuro del campo”.


La misma preocupación la tienen los agricultores en Europa, América Latina y Asia. La combinación del negocio agrícola de Bayer con Monsanto genera ya una cifra de negocio anual de 23.100 millones de euros. Eso le convierte en la empresa líder, por delante de los 14.800 millones de ChemChina y Syngenta.


Las divisiones agrícolas de DuPont y Dow Chemical, también en proceso de integración, registraron el pasado ejercicio ingresos conjuntos de 14.600 millones. En el cuarto lugar en la industria, muy rezagada, estaría la alemana BASF, con una facturación anual de 5.800 millones. Casi el 85% del mercado quedará así en manos de estos conglomerados. Y esta misma semana las canadienses Potash y Agrium anunciaron la fusión de sus negocios de fertilizantes.
Los pequeños, los más vulnerables


Los pequeños productores son los que están en una posición más vulnerable, porque tienen menos margen para negociar precios. Aunque el Congreso no tiene autoridad para bloquear estas operaciones, el factor político puede complicar el examen de los reguladores. John Deere, por ejemplo, está tratando de salvar la compra de Precision Planting, otra de las grandes adquisiciones anunciadas en la industria agrícola.


Los grupos de agricultores tienen, sin embargo, opiniones enfrentadas. La National Corn Growers Association admite que la consolidación creará una pérdida de competencia. Pero también señalan que la fusión de Dow Chemical con DuPont servirá para contrarrestar el liderazgo de Monsanto en el negocio de las semillas. “Tener a dos empresas luchando por el mercado es beneficioso”, opinan.


Estas fusiones se producen, además, en un momento complicado para los agricultores por la caída del precio del grano. El beneficio para el sector este año en EE UU se estima en 71.500 millones, la mitad que en 2012. Los ejecutivos de la industria responden a las críticas diciendo que esta combinación le permitirá desarrollar productos más eficientes y eso, aseguran, ayudará en los momentos de dificultad.


Además, consideran que combinan el esfuerzo de innovación al para atender la demanda de alimentos. Los cultivos, explican, deben crecer un 5% anual para cubrir el aumento de la población. Pero las proyecciones apuntan a una reducción del 17% en la tierra disponible por habitante hasta 2050. “Estas fusiones son un prerrequisito necesario para cerrar la brecha entre la oferta y la demanda”, reiteró el consejero delegado de Bayer, Werner Baumann.
Pérdida de diversidad


Otro de los temores es que con la consolidación se acelere la reducción de la diversidad que ya sufren los cultivos. Los activistas medioambientales advierten que estas empresas podrán, con su posición dominante, decidir virtualmente que se va a cultivar y los químicos que se usarán en los productos que entran en la cadena alimentaria. Por eso consideran que los reguladores deben prestar atención a este aspecto.


Monsanto, además, tiene un problema de reputación por sus semillas genéticamente modificadas, hasta el punto de ser conocida como el “Frankenstein de la agricultura. El uso de estos productos está muy extendido en EE UU pero su introducción en Europa está rodeada de controversia y protestas. “Nadie fuerza los agricultores a comprar Monsanto”, señala Baumann, “y si lo hacen es porque les beneficia elevando su eficiencia”.

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Miércoles, 14 Septiembre 2016 06:10

Bayer compra Monsanto por 49.900 millones

Bayer compra Monsanto por 49.900 millones


La empresa alemana se convertiría en líder mundial en la industria de suministros agrícolas

La alemana Bayer ha llegadoa un acuerdo para la compra de Monsanto, tras meses de negociaciones, por unos 49.900 millones de euros (56.000 millones de dólares). Con la adquisición se pone fin a un largo proceso de negociaciones que ha incluido hasta tres ofertas por parte de la alemana, ya que las dos primeras fueron rechazadas por Monsanto al considerarlas insuficientes.


Según una fuente conocedora de las negociaciones citada por Reuters, la operación se cerraría en 2017, y en caso de que no se concrete el acuerdo se ha acordado una indemnización de 2.000 millones de dólares, unos 1.800 millones de euros.
Un acuerdo con Monsanto daría a la empresa alemana una oportunidad de convertirse en el líder mundial en la industria de suministros agrícolas, que está viviendo una fase de rápida consolidación.


La adquisición de Monsanto supondría un nuevo paso en la consolidación del sector tras la compra de Syngenta por ChemChina por 40.000 millones de dólares en febrero o el acuerdo de fusión alcanzado el pasado mes de diciembre entre DuPont y Dow Chemical.

 

14/09/2016 12:42 | Actualizado a 14/09/2016 12:44

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Los monocultivos ya están dándose en algunos países, con los daños que generan, asevera la activista y científica
 
Vandana Shiva, activista y científica de India, advierte que el nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería: Bill Gates, dueño de Microsoft, busca mapear territorios y obtener la información genética de más de siete millones de especies de flora y fauna. Esto se debe detener, porque es patrimonio de la humanidad, señala.

 

 

En entrevista con La Jornada, apunta que en varios países ya es una realidad la presencia de monocultivos de alimentos básicos, producidos a partir de semillas genéticamente modificadas que las empresas trasnacionales venden. Son los casos de Argentina y Brasil con la soya. El riesgo aún es para países como México e India, centros de origen y biodiversidad del maíz y la berenjena, respectivamente.

 

La ganadora del premio nobel alternativo (Right Livelihood Award) en 1993, quien estuvo de visita en México la semana pasada para participar en el primer Foro Mundial de los Derechos de la Madre Tierra, advierte que –además del monopolio de los alimentos– las empresas fabrican pesticidas que ocasionan enfermedades y al mismo tiempo desarrollan las medicinas para curarlas.

 

Toxina cancerígena

 

–¿Se cumplieron las promesas hechas sobre los transgénicos cuando se crearon, hace casi 20 años? –se le pregunta.

 

–La promesa principal fue que iba a mejorar la productividad y a resolver el problema del hambre, pero fue una farsa. Lo que hicieron fue introducir la toxina BT al maíz, la soya, el algodón y la canola, así como desarrollar el herbicida round up. Los productos han sido utilizados para elaborar biocombustibles y alimentos de animales; sólo 10 por ciento es para consumo humano. Originalmente las empresas dijeron que se iban a emplear menos químicos, pero en realidad ocupan más. Quienes entonces trabajábamos en investigaciones anunciamos que se darían efectos negativos. Nuestra predicción fue validada. Las promesas de las empresas no se cumplieron. El fin real era patentar la semilla y ser dueños de los alimentos.

 

“La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el round up, desarrollado por Monsanto, es cancerígeno. Francia y Sri Lanka han demostrado que produce tumores en el riñón. Nuestra alimentación tiene que ser entera para que nosotros estemos enteros, pero está siendo rota, contaminada y robada. Nuestros cuerpos serán igualmente contaminados y dañados.”

 

–Ante el control de los alimentos que buscan estas empresas, ¿qué se puede hacer?

 

–Hay tres formas en que trabajan las trasnacionales de alimentos. Una, con la semilla, ya que así controlan la alimentación, la vida en la Tierra; la segunda es con tratados de libre comercio, pues tienen el mercado para sus propios fines, y el tercer mecanismo es que se están uniendo. Bayer lo va a hacer con Monsanto; Dow con Dupont, y Syngenta con otras. Se están uniendo, pero estos tres grupos ya son uno. Hablamos de que son un grupo con mucho dinero, que busca controlar la alimentación. Tenemos que ser una unidad para proteger la biodiversidad del planeta.

 

“El nuevo colonialismo se da mediante la biopiratería. Bill Gates es una figura importante en este neocolonialismo de la alimentación. Busca obtener, junto con Carlos Slim, el conocimiento de los pueblos originarios y utilizarlo en fines científicos. Microsoft y la tecnología de computación se unen con la tecnología de organismos genéticamente modificados; mapean los territorios y obtienen la información genética de más de siete millones de especies.

 

“Tenemos que decirle: ‘No, ese es patrimonio de la humanidad y no lo pueden patentar’. Por eso en diciembre, cuando se realice la Convención de Diversidad Biológica en Cancún, voy a regresar para decirlo.”

 

–Hay casos en que estas empresas atacan a quienes cuestionan sus desarrollos. ¿Usted ha sido afectada?

 

–Por supuesto. Las compañías quieren mentir sobre quién produce más comida, pero la vida es un regalo de la tierra, no es invención de Monsanto. Cuando se dice que los pesticidas causan cáncer de riñón y otras enfermedades, persiguen a quien dice la verdad. No es la primera vez que sucede. Sabemos que somos parte de la Tierra, de nuestra biodiversidad y la cultura. Todos esos ataques y periodistas pagados son pequeñas voces que van a desaparecer con la evolución de la historia. Dos o tres años pueden atacar, pero no pueden detener a la Tierra. No pueden detener nuestra libertad.

 

–Monsanto y otras empresas tienen varios años insistiendo en el cultivo de maíz transgénico en México. ¿Usted ve en ello una amenaza del centro de origen del maíz, que se encuentra aquí?

 

–Las empresas se enfocan a ir al centro de origen de las semillas. Llegaron a India, donde hay cientos de especies de la berenjena; buscaron entrar, pero se detuvo la introducción transgénica. En México se ha logrado parar. Hay odio de Monsanto hacia la biodiversidad y la libertad de la alimentación. La defensa debe venir desde un amor a la biodiversidad, a la tierra.

 

–¿Ve el riesgo de que se lleguen a establecer monocultivos de alimentos que son básicos, como el caso del maíz o la berenjena?

 

–No es un riesgo: eso ya está pasando. Hay que ver a Argentina, donde se extendió el cultivo de soya transgénica y sufren los efectos de los pesticidas o el medio oeste de Estados Unidos, es un monocultivo de maíz y soya; Brasil es un monocultivo de maíz. En muchos lugares ya vemos el monocultivo y los daños que esto ocasiona.

 

"En India existe el sistema Navdanya, parecido a la milpa. Son de biodiversidad interna, autosustentables. Lo que las empresas promueven es destruir la biodiversidad, establecer un solo cultivo y la dependencia a una alimentación externa basada en pesticidas. Las compañías que causan las enfermedad son las mismas que trabajan en dar el remedio. La misma que produce el pesticida también tiene la medicina para curar la enfermedad que provocó".

 

 

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Jueves, 19 Mayo 2016 07:38

Políticas económicas

Políticas económicas

Jason Furman, presidente del Consejo de Asesores Económicos (CEA) de la Casa Blanca, inusualmente ha aparecido por dos diferentes razones en la prensa mundial. En una entrevista que publicó El País (15/5/16, p. 39) y en un importante estudio del CEA que documenta el poder monopólico en la economía estadunidense. En este estudio se describe cómo beneficia a consumidores y trabajadores la competencia entre empresas y cómo les perjudica el predominio de condiciones monopólicas. En la entrevista se muestran las diferencias entre las concepciones económicas que están detrás de las decisiones políticas que instrumentaron el gobierno estadunidense y los de la Unión Europea.

 

La acción estatal no se limita, por supuesto, a la política fiscal. Importa lo que vienen haciendo los bancos centrales, que se han ocupado de estimular la actividad económica a través de políticas monetarias no convencionales. Importa, también, el trabajo de análisis de las condiciones en las que está operando la economía. Por eso el estudio del CEA es relevante ya que ha producido indicadores de la concentración del mercado, es decir, del poder monopólico de unas cuantas empresas y sus efectos perversos en consumidores y trabajadores.

 

Lo que se documenta es que Estados Unidos ha declinado la competencia. El poder monopólico se traduce en mayores ingresos para unas cuantas empresas en detrimento de consumidores. La creciente desigualdad en ese país tiene aquí una explicación estructural adicional. Conocer sus medidas en un primer paso para acotar ese poder monopólico y revertirlo es tarea del Estado

 

Las diferentes decisiones del gobierno de Estados Unidos y los de la Unión Monetaria Europea han impactado claramente el desempeño económico de esos países. Los europeos, luego de la crisis de 2008 decidieron retirar prematuramente los estímulos fiscales, aumentaron tasas de interés y exigieron el cumplimiento de las reglas fiscales de Maastricht, que limitan el déficit fiscal a tres por ciento del PIB, en tanto los estadunidenses mantuvieron estímulos fiscales, llevaron las tasas de interés a su límite cero y ejecutaron un rápido saneamiento bancario.

 

El resultado de estas decisiones fue que los europeos recuperaran sus niveles de producción cinco años después que los estadunidenses. Los europeos lograron igualar el PIB del primer trimestre de 2008 apenas el primer trimestre de 2016, mientras los estadunidense lo lograron desde 2011. Peor aún, a nivel del ingreso por habitante, los europeos de la zona euro en 2016 están uno por ciento por debajo de los niveles previos a la crisis, en tanto en Estados Unidos hay un avance de 15 por ciento. Para Furman estas diferencias se explican por elecciones políticas. Pero para él eso es historia. Lo relevante es que Europa está a punto de repetir los mismos errores.

 

La Unión Europea está discutiendo la posibilidad de sancionar a Portugal y España porque incumplieron con las metas fiscales. Para Estados Unidos la Comisión Europea debiera aplicar flexiblemente sus reglas, de modo tal que incorpore la instrumentación de estímulos fiscales para promover que la recuperación pueda consolidarse, permitiendo generar empleos y mejorando los ingresos. El problema para Furman no se ubica en incumplimientos en las cifras del déficit fiscal, sino en países con grandes superávit comerciales. El superávit en la cuenta corriente de Alemania tiene efectos negativos para el resto del mundo y, particularmente, para sus socios de la eurozona.

 

Globalmente estamos en una situación económica en la que los riesgos son grandes. Afrontarlos adecuadamente obliga a una coordinación internacional como la lograda por el G20 a finales de 2008 y ratificada en abril de 2009, que decidió aplicar estímulos fiscales importantes, permitiendo que la recesión global se revirtiera e iniciara la recuperación. Frente a las dificultades que se presentan en las perspectivas inmediatas, la falta de demanda es clara, evidenciada por las bajas tasas de interés, la ausencia de inflación y, por supuesto, el alto desempleo. Para atender esto la política debiera jugar un papel resolviendo la insuficiencia de demanda.

 

 

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Viernes, 13 Mayo 2016 08:01

Un actor clave en el show opositor

Un actor clave en el show opositor

La historia del conglomerado multimedia es la historia de presidentes impuestos, gobiernos desestabilizados por indóciles, dictadores maquillados y candidatos levantados o hundidos.

 

Los hermanos Marinho deben haber disfrutado el golpe por TV, acaso a lo lejos, acaso desde Miami. José Roberto, el más creativo de los tres, se mudó a la Florida según la revista política Carta Capital. Los dueños de Globo y sus herederos, la red más grande de medios de América latina, tienen intereses en Estados Unidos, figuran en los Panama Papers y son socios de empresarios tan corruptos como confesos en el escándalo FIFA. Estas son apenas algunas de las andanzas recientes del grupo mediático.


Omnipresente en Brasil, su historia es la historia de presidentes impuestos, gobiernos desestabilizados por indóciles, dictadores maquillados y candidatos levantados o hundidos según lo que pidiera el momento. Jamás, en su larga trayectoria –en 2015 cumplió cincuenta años como conglomerado multimedia– este actor clave en la política brasileña se mostró a cara lavada en sus pantallas. Al contrario, creó un programa de ficción para entronizar a Fernando Collor de Melo en el Palacio del Planalto. Un culebrón llamado Salvador de la Patria. Había que derrotar a Lula en diciembre de 1989, como a Dilma Rousseff en esta etapa de zozobra que vive el país vecino.


Carlos Araujo, el ex marido de la presidenta desalojada del poder ayer, quizá el hombre que mejor la conoce –compartieron treinta años de sus vidas, la militancia, la cárcel y tienen una hija– ya le había dicho a Página/12 en 2014: “Es incomprensible que el gobierno no tenga el respaldo de ningún diario de Brasil, un diario que consiga que nuestras ideas se publiquen. Para discrepar o debatir se necesita un diario. Sólo hay una pequeña revista nacional y algunos medios virtuales que apoyan al gobierno. Nosotros debemos trabajar para eso”.


Está claro que Dilma no sólo carecía de apoyo en los principales matutinos. Además, tenía en la Red Globo el eje convocante de la oposición. Autodefinido como “un grupo ciento por ciento brasileño” y bajo el slogan “Brasil es su origen, su mayor inspiración y responsabilidad”, el gigante dominado por los Marinho hizo un trabajo de zapa demoledor para llegar hasta donde se llegó: la salida anticipada del poder de una mujer votada por 54 millones de ciudadanos. Para eso contó con su estructura: tiene presencia en cien países por medio de Globo Internacional, llega a 170 millones de televidentes brasileños, participa en el mundo del cine con Globo Filmes, pero su unidad de negocios más rentable es Globosat, la empresa de cable por suscripción.


Los Marinho, Roberto Irineu, José Roberto y Joao Roberto –los tres se llaman como su padre, el fundador del grupo que murió en 2003– son dueños de una fortuna que Forbes estimó el año pasado en 8200 millones de dólares. Están quintos en el ranking de los 54 brasileños que tienen más de mil millones de dólares. Un número al que sólo miran de lejos México y Chile con 16 y 11 mil millonarios en toda América Latina. Argentina tiene apenas cinco, según la misma revista de negocios y finanzas.


Pero Globo también conserva intereses en bancos, la industria de alimentos, el mundo del espectáculo y el mercado inmobiliario. Está muy diversificado, más allá de que la fuente de su poder son los medios. El grupo, que tal como se lo conoce hoy se consolidó en 1965, coqueteó con los militares que dieron el golpe un año antes. Incluso, fue partidario de una apertura democrática más pausada y gradual que la planteada por el sector más aperturista del régimen.


El pedido de Directas Ya que dominó las calles brasileñas por 1983-1984 fue minimizado por los medios del grupo. Las protestas en las que Lula emergía como un líder indiscutido en el cordón industrial de San Pablo resultaron saboteadas por el conglomerado de Roberto Marinho, su fundador. Tancredo Neves, el primer presidente electo por el voto popular tras una dictadura que superó dos décadas, dijo una vez: “Yo me peleo con el Papa, con la Iglesia Católica, con el PMDB, me peleo con todo el mundo... yo sólo no me peleo con el Doctor Roberto (por Marinho)”.


En el historial injerencista de Globo hay más mojones desestabilizadores. Para impedir que Lula ganara las elecciones de 1989, fabricó al candidato Collor de Melo, un ignoto gobernador de Alagoas. Pero no se conformó con apoyarlo en la política concreta. También lo hizo con una telenovela que cautivó a las audiencias llamada Salvador de la Patria. Uno de los personajes principales de esa saga era Sassá Mutema. La parábola obvia lo había convertido en un humilde postulante a una alcaidía pueblerina quien, una vez llegado al poder, se volvía corrupto. Como contrapartida a ése Lula de ficción, aparecía el redentor que lo enfrentaba. Quién no era otro que un Collor de utilería.


Globo también ocultó el hijo no reconocido de Fernando Cardoso para preservarlo en su campaña electoral de 1994. Lo tuvo con la periodista Miriam Dutra Schmidt, empleada de los Marinho. El grupo envió a su reportera a Europa con un contrato como corresponsal. La había sacado del medio a ella y a su hijo Tomás. La noticia se conocería en febrero pasado, 25 años después. Cualquier semejanza con la construcción de sentido de la Red Globo es pura coincidencia.


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Tierra y libertad: luchas campesinas por la humanidad

De Palestina a Brasil, pasando por Indonesia, Sri Lanka, Mozambique, País Vasco, Kurdistán, países europeos y latinoamericanos, llegaron hasta la Amazonia más de 170 delegadas y delegados de la Vía Campesina, pescadores artesanales y otros movimientos y organizaciones sociales, a la Conferencia internacional sobre reforma agraria en Marabá, Pará, Brasil, del 13 al 17 de abril de este año. La cita tenía mucha historia, razones y urgencias, además de abrazar desde los movimientos de todo el mundo el acto de memoria y protesta a 20 años de impunidad de la masacre de 19 campesinos en Eldorado dos Carajás en 1996, crimen de Estado a favor de latifundistas y por mano de la policía militar.

 

A 20 años de esa masacre de campesinos sin tierra, que motivó que La Vía Campesina declare el 17 de abril Día Mundial de las Luchas Campesinas, la criminalización y represión de campesinos, trabajadores rurales, defensores de territorios y derechos, incluso en regiones como Europa, sigue siendo un tema que atravesó las participaciones en la Conferencia, desde todas las esquinas del planeta.

 

Situación más grave aún sabiendo que la lucha por la tierra y por seguir siendo campesinas y campesinos, no sólo es justa, es un aspecto fundamental de la sobrevivencia de todos, estemos en campo o ciudad, y es un elemento esencial para responder a las más graves crisis planetarias.

 

Un 70 por ciento de los habitantes del planeta se alimentan gracias a la producción campesina, la pesca artesanal, la recolección de alimentos silvestres, las huertas urbanas. Pese a este notable aporte, solamente tienen 25 por ciento de la tierra agrícola global. (Grain, 2014, goo.gl/6uR1R7) 90 por ciento son campesinos e indígenas y hay millones de trabajadores agrícolas sin tierra. En casi todo el planeta, sufren ataques permanentes a sus modos de vida, tierras y recursos, además de políticas públicas discriminatorias, clientelares o para generar dependencia.

 

Sus tierras, en muchos casos las que quedaron después de ser desplazados de las praderas más fértiles, siguen siendo codiciadas y arrebatadas por grandes inversionistas, sea para instalar monocultivos de granos de exportación y/o árboles, para explotar otros recursos, para abrir paso a proyectos de infraestructura, energía, ampliación especulativa de mancha urbana, para transporte para todos esos emprendimientos o hasta para especular con mercados de carbono. O deben abandonarlas porque les secan y contaminan las fuentes de agua.

 

En todos los casos, la vida, las culturas, la enorme y esencial contribución histórica y presente de las formas de vida campesina e indígenas, parece siempre quedar en último lugar. No sólo en políticas que favorecen los intereses corporativos, también por el mito falso de que campesinos e indígenas producen poco, cuando en realidad son responsables de la alimentación de la mayoría de la población mundial.

 

La contracara es que el sistema alimentario agroindustrial, dominado por empresas trasnacionales, ocupa la mayor parte de la tierra y usa entre 70 y 80 por ciento de todos los combustibles y agua que se usan en la producción alimentaria, contaminando con agrotóxicos suelos, aguas y la comida de todos, con enorme desperdicio de alimentos desde el campo a los hogares. Esto es el principal factor de cambio climático, aunque solamente alimenta 30 por ciento de la población mundial y emplea una ínfima parte, la mayoría en semiesclavitud o salarios miserables.

 

Estas condiciones hacen que la lucha campesina por la tierra sea aún más importante. La conferencia de Marabá afirmó esa lucha, pero también dejó claro que su camino va mucho más allá. A partir de reflexiones y experiencias acumuladas en sus regiones, creciendo las conclusiones de su conferencia internacional de 2012 en Indonesia, plantearon nuevas metas y desafíos. Integraron a sus metas el concepto de reforma agraria popular, propuesto desde el trigésimo Congreso del Movimiento Sin Tierra de Brasil: la producción alimentaria es un tema de toda la sociedad y requiere ser asumida por todos los movimientos. La necesidad de alimentos es de todos, así como los impactos en salud, ambiente, sociales, económicos, culturales que el sistema agroalimentario conlleva. El sistema industrial es controlado por unas cuantas empresas trasnacionales que operan en todo el planeta y son un pilar fundamental del sistema de explotación global. Otros desafíos que formularon fue pasar de la lucha por la tierra a la defensa de territorios; integrar los conceptos de autonomía y soberanía alimentaria; cambiar el modelo de producción agrícola capitalista por otros basados en agricultura ecológica y campesina, cuestionando no sólo la propiedad de la tierra, sino también la matriz tecnológica que subyace al modelo capitalista; fortalecer los procesos permanentes de reflexión y formación política y teórica; desarrollar y crear medios propios de comunicación, a la par que denunciar la manipulación informativa de medios masivos; afirmar la lucha feminista, de género y por diversidad sexual; construir alianzas con otros movimientos y luchas urbanas y rurales; articularse a nivel internacional, especialmente contra trasnacionales, contra la criminalización; afirmar la solidaridad internacional en zonas de guerra como Palestina y Kurdistán.

 

Cuando lanzaron la convocatoria de la conferencia, no sabían que coincidiría con el reality show de votos comprados en el Congreso de Brasil para esta nueva clase de golpes de Estado. La conferencia lo denunció y expresó todo el apoyo a los movimientos contra el golpe. Pero la mejor medida fue sin duda la reflexión colectiva y crítica sobre lo construido, los errores, faltas y aciertos, asumiendo un amplio espectro de nuevos desafíos.

 

*Integrante del Grupo ETC

 

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Mientras los grandes medios se concentran en pocas manos, emerge un fuerte y vibrante mosaico de medios comunitarios

Desde Flagstaff, Arizona. La prensa especializada en asuntos económicos se encuentra completamente alborotada con las últimas noticias sobre fusiones empresariales, dado que se prevé que reguladores federales aprueben un acuerdo de fusión de gran envergadura entre las importantes compañías de cable Charter, Time Warner y Bright House Networks. En virtud de la transacción de 78.000 millones de dólares, se creará “New Charter”, la segunda mayor compañía de televisión por cable e Internet de Estados Unidos, después de Comcast. Tras la operación, quedarán solamente tres grandes proveedores de cable en Estados Unidos. Por otra parte, Gannett Company, propietaria de más de 100 periódicos, entre ellos, USA Today, intenta adquirir Tribune Publishing, propietaria de varios de los principales periódicos del país, entre ellos Los Angeles Times y The Chicago Tribune.

 

Esta inminente concentración de los medios de comunicación comerciales en unas pocas manos tiene lugar mientras celebramos los 20 años del noticiero de “Democracy Now!”. Nuestro 20º aniversario nos encuentra realizando una gira por 100 ciudades de Estados Unidos. Vamos de ciudad en ciudad, organizando eventos para recaudar fondos para los medios de comunicación comunitarios y transmitiendo noticias mientras viajamos. Nuestros viajes confirman la existencia de un creciente y vibrante sector de medios comunitarios al servicio de los intereses de la población, libre de las exigencias de generar ganancias a cualquier precio.

 

“Democracy Now!” comenzó a emitirse el 19 de febrero de 1996 y se constituyó en el único programa diario emitido en radios públicas sobre las elecciones presidenciales de ese año. El presidente Bill Clinton se presentaba como candidato a la reelección y enfrentaba al senador de Kansas Bob Dole, candidato por el Partido Republicano, y al candidato conservador Ross Perot. La idea inicial era que el programa fuera transmitido hasta el día de las elecciones. Teníamos la esperanza de que los temas tratados a lo largo de la campaña electoral fueran lo suficientemente importantes y que la audiencia les atribuyera la importancia suficiente como para sintonizar una cobertura que diariamente les llevara voces e ideas que habitualmente no se escuchaban en los medios de comunicación comerciales.

 

Y fue así como empezamos: dándoles voz a los movimientos de base. Al culminar las elecciones, creímos que “Democracy Now!” llegaría también a su fin. Pero después de las elecciones la demanda por el programa fue mayor de lo que había sido antes. ¿Por qué? Hay ansias de escuchar voces auténticas, de salir del pequeño círculo de supuestos “especialistas” que aparecen a toda hora en todas las cadenas de noticias y que saben tan poco acerca de tantas cosas, que nos explican cómo es el mundo y lo hacen tan mal.

 

Cuando el programa comenzó a emitirse en 1996, salía al aire en solo nueve radios comunitarias del país. Hoy es emitido por más de 1.400 medios, una extraordinaria constelación de organizaciones de medios públicos y comunitarios que abarca tanto a las emisoras públicas de radio y televisión PBS, NPR y Radio Pacifica, como a emisoras universitarias y comunitarias, estaciones de televisión de acceso público, emisoras de radio FM de baja potencia, así como medios de comunicación online y, por supuesto, los muchos periódicos que publican esta columna.

 

Cada uno de estos medios tiene un compromiso exclusivo con su comunidad y le proporciona contenidos relevantes producidos y seleccionados localmente. A medida que avanzamos en nuestro viaje, observamos también los vínculos que contribuyen a forjar esos medios locales, tanto en el seno de la comunidad, como a la hora de trascender obstáculos tradicionales como la raza, la clase social o la edad.

 

Consideremos por ejemplo la nueva emisora de radio FM de baja potencia que se está construyendo en Albuquerque, Nuevo México. Las FM de baja potencia son un servicio radiofónico no comercial que se vio impulsado recientemente por la Comisión Federal de Comunicaciones luego de que activistas pasaran años presionando al Gobierno federal para que habilitara más emisoras. La autorización para operar esta nueva emisora de Albuquerque fue otorgada a un medio de comunicación sin fines de lucro de larga trayectoria llamado Quote...Unquote, que brinda entrenamiento y capacitación en medios de comunicación digitales a fin de brindar a las personas las herramientas necesarias para contar sus propias historias.

 

Para lanzar la emisora se asociaron con la institución de enseñanza secundaria Robert F. Kennedy High School, una destacada escuela de South Valley, uno de los vecindarios más pobres de Albuquerque, que cuenta con una población estudiantil conformada en gran medida por inmigrantes indocumentados. “Trabajamos con los estudiantes en los que las escuelas tradicionales han perdido la fe”, explicó el director de la secundaria Kennedy.

 

Y este es solo uno de los cientos de medios de comunicación comunitarios a los que estamos apoyando mientras viajamos por el país. La mayor parte de ellos son instituciones sin fines de lucro que cuentan con el apoyo de entusiastas voluntarios. Tienen además un fuerte arraigo local y son amados por las comunidades a las que sirven.

 

Comparemos esto con la creciente concentración de los grandes medios de comunicación comerciales. Craig Aaron, de Free Press, una organización que promueve la reforma del sistema de medios de comunicación, considera que “gracias a esta fusión, Charter y Comcast tendrán un control sin precedentes sobre nuestras conexiones de cable e Internet". Y agrega: “El demoledor poder de su monopolio implica que habrá menos opciones, precios más altos, cero rendición de cuentas y ninguna competencia”.

 

En esta era de alta tecnología digital, lo que obtenemos de los grandes medios es solo estática: ese velo de distorsiones, mentiras, tergiversaciones y verdades a medias que oscurecen la realidad. Necesitamos que los medios actúen de acuerdo con otra definición de estática: la que hace referencia a una interferencia no deseada que aporta una mirada crítica y plantea desacuerdos con el poder establecido. Necesitamos medios que brinden cobertura sobre el poder y no que realicen una cobertura al servicio del poder. Medios que sean el Cuarto Poder y no medios que sean parte del poder del Estado. Necesitamos medios que nos mantengan informados sobre los movimientos de base que crean estática y hacen historia. Ese es el poder de los medios independientes. Esos son los medios que nos van a salvar.

 

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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Domingo, 03 Abril 2016 19:46

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Internet

No siempre fue así. Hubo una época en la que Internet perseguía otras lógicas, en la que no tenía dueños. Y ahora que la concentración de empresas pone en jaque su filosofía original, queda en evidencia que en cada decisión de apariencia tecnológica se esconde, como siempre, la política.

 

De romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.

 

“Mi primera conexión fue en 1994, y fue también la de toda mi familia (...). Un viernes a la tarde, cuando ya habíamos vuelto de la escuela y el trabajo, nos reunimos frente al monitor y mi novio adolescente, experto en redes, hizo una conexión desde el gabinete de la computadora hasta el teléfono. Escuchamos el ruido de la conexión durante 15 segundos mientras en la pantalla se dibujaba una línea roja que conectaba un receptor con un router”, reconstruye la periodista y politóloga argentina Natalia Zuazo en el prefacio de su libro Guerras de Internet, que presentó el martes en el Centro Cultural de España junto a dos estudiosos uruguayos, Fabrizio Scrollini, abogado y presidente de Data, y Mariana Fossatti, socióloga e integrante de Creative Commons.

 

En los primeros tiempos “dábamos por sentado que podíamos usar esa red sin decir quiénes éramos, intercambiar con personas que no conocíamos en la vida real y conectarnos con la experiencia lejana a nosotros”, muy diferente a “la experiencia Facebook de interactuar con los amigos o los compañeros del pasado. No nos daba miedo, nadie nos decía que teníamos que sentir miedo. Podíamos encontrar lo que quisiéramos y descubrir nuevos gustos sin que nadie tuviera que poner una barrera protectora, sin el Gran Hermano que nos sugiriera lo que nos gustaba y escondiera lo que consideraba inconveniente”, comparó Fossatti. Él pertenece a una generación que durante su infancia esperó meses, a veces años, para que el teléfono fijo llegara al hogar, pero luego pasó a ser de “los veteranos de la red. Los que entraron un poco después (que en los noventa no habían nacido, eran muy chicos o, por ser más veteranos, nunca se animaron hasta que aparecieron los celulares y las tablets, Facebook y Twitter) asumieron una cultura completamente distinta” a la que se gestó en los comienzos.

 

Scrollini se paró desde su experiencia pero también fue un poco más atrás. En aquella época, dice, “éramos jóvenes y nos conectábamos a un módem 14,400 con una PC 486. Se hacía un ruidito y a una velocidad de tortuga se veía el buscador. Pero antes que nosotros también hubo otra gente”, acotó, para dar pie a un pasaje de Guerras de Internet: en 1874 se inauguraron “las comunicaciones internacionales de la Argentina con Europa a través de un cable de telégrafo transatlántico”, y el entonces presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, “el mayor impulsor del invento, decía que, a partir de ese día, los pueblos alejados comenzaban a convertirse en ‘una familia sola, un barrio’. Sus palabras eran, 115 años antes de la aparición de Internet, una premonición de la idea de la red, de ‘la gran aldea’ de seres humanos comunicados sin importar su ubicación en el mapa”. Esos caminos surcados por el telégrafo explican el recorrido actual: los mismos cables que se instalaron en el fondo del océano y que forman parte de la infraestructura de la red “siguieron la ruta marcada por esos cables iniciales” del telégrafo, lo que ejemplifica cómo “las decisiones que tomamos en algún momento de nuestra historia nos llevaron adonde estamos hoy. Son decisiones de las que después es difícil salir, tan difícil que los principales proveedores de Internet siguen siendo las telefónicas”.

 

DE AHORA Y DE ANTES.

 

“Cómo nos conectamos a Internet, cuánto la pagamos, a qué velocidad navegamos y cómo funciona depende, en gran parte, de las decisiones de una serie de empresas”, sentencia en su libro Zuazo. Son las telcos o empresas de telecomunicaciones, “que se pueden contar con los dedos de la mano” y “resuelven los caminos de Internet de 2.400 millones de usuarios en casi 200 países”. Dentro de ellas “hay afinidades: sureños, protestantes, ingenieros que combinaron lo técnico con las finanzas, y tan cercanos al Partido Republicano como a la corporación militar de Estados Unidos. (...) Son una generación de ingenieros que ya sabían de redes de comunicaciones antes de Internet, que conocían la tradición tecnológica de conectar el mundo a través de cables. También fueron tejiendo vínculos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que, junto con la Universidad de California, desarrolló Arpanet, la primera red experimental de computadoras que daría origen a Internet, en 1969”.

 

Mientras, los otros dueños de Internet, los que lideran las empresas de provisión de contenidos, como Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, “nacieron cuando ya existía Internet en el mundo, se sumaron a un invento en el que ya venían trabajando otros humanos-ingenieros-empresarios-militares. Los dueños del esqueleto, de los caños y la infraestructura venían ‘desde afuera’ de la red, de otras industrias. Los creadores de las empresas de contenidos ya crearon sus innovaciones desde dentro de ella”, se lee en Guerras de Internet.

 

En Uruguay, el esquema es apenas, aunque significativamente, distinto. El “proveedor de tránsito”, Antel, es una empresa estatal, por lo que “Uruguay tiene la posibilidad de regular y de elegir, por lo menos cada cinco años, que cambie o permanezca el proyecto político que la conduce. Pero por otro lado, uno ve que con esas condiciones súper favorables, los mismos cinco sitios que tienen más tráfico acá se repiten en otros países con circunstancias diferentes”, o sea que “en la capa de contenidos y servicios no hemos logrado ser alternativos. Ahora que lo que se viene es la uberización de la economía, la utilización de Internet para intercambios económicos y provisión de servicios físicos que alteran el funcionamiento de otros sectores, ¿podremos ser activos en políticas que apunten a la economía colaborativa y no exclusivamente a la corporativa y ultracapitalista? ¿Podremos incidir de otra manera?”, se preguntó Fossatti.

 

Los dos especialistas uruguayos pusieron un ejemplo claro: el acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, que el año pasado generó polémica, momento en el que se optó por “el camino que va en una sola dirección, hacia un solo proveedor, hacia el monopolio, todo lo contrario a la filosofía de muchos docentes que están pensando a la tecnología en el aula y que intentan que los chiquilines se apropien y tengan más curiosidad”, consideró Fossatti. Luego de la oposición que generó el acuerdo, “todo terminó en una megarreunión que reveló que no había una política pública detrás, que en el fondo nadie se lo había puesto a pensar. Seamos conscientes de las decisiones colectivas que tomamos. En este punto periférico del mundo, este país tiene una oportunidad de tomar conscientemente esas decisiones”, propuso Scrollini.

 

Para Zuazo, hay que abandonar la idea de que sólo hay una opción cuando vamos a adquirir una tecnología. “Exploremos qué implica desde el punto de vista del uso pero también de los caminos a los que conduce: si sólo nos dirige a un lugar o permite conectarse con otros de una forma más colectiva y generar un conocimiento propio. Parece que estamos hablando de romper el código de etiqueta nerd que se impone en los debates sobre tecnología y desnudar las decisiones políticas que esconden, hablaron tres adolescentes de los noventa, la generación que vivió los inicios de Internet, bajo el disparador “Tecnopolítica: el desafío del futuro”. Para mirar hacia adelante, los tres, como de una referencia ineludible, se agarraron del recuerdo de su primera vez. Eran tiempos en los que se oía un perturbador sonido al intentar la conexión y la lentitud de respuesta se toleraba sin chistar, pero también la época en que reinaba la libertad. El olor a dólares todavía no invadía el ambiente virtual y la tecnología tomaba a la colaboración como su motor de búsqueda y de desarrollo.