Uno de cada 5 homicidios ocurre en esta zona del planeta, señala el organismo

En América Latina se comete uno de cada cinco homicidios que ocurren cada día en el mundo. Es ya la segunda región más violenta del planeta, después de África, sostuvo Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este fenómeno causa más muertes que las enfermedades asociadas al sida o las de mujeres que fallecen por complicaciones durante el parto, expuso.

 

Además del efecto social y en vidas, la violencia tiene un costo económico. Para América Latina esa suma alcanza 7 por ciento de su producto interno bruto (PIB), unos 350 mil millones de dólares, calculó Moreno, al participar en un seminario sobre el tema, organizado por el BID y el Banco Mundial.

 

Aunque no hay datos concluyentes, dada la dificultad de medir el costo de la actividad de los delincuentes, el Banco Mundial calculó que en el caso de México la violencia puede tener un efecto económico de hasta 8 por ciento de su producto interno bruto, alrededor de un billón 300 mil millones de pesos al año.

 

“Existen informes, como uno de JP Morgan, que cifran el costo directo de la violencia en México, sólo la relacionada con el tráfico de drogas, en alrededor de 1.5 puntos del PIB”, unos 230 mil millones de pesos, mencionó Hasan Tuluy, vicepresidente para América Latina del Banco Mundial. “Pero existen muchos otros costos y gastos, tanto públicos como privados, e indirectos, como la pérdida de vidas, pérdida de empleo, que cuestan mucho más”, dijo. Así, el costo podría alcanzar hasta 8 por ciento del PIB, esto es, un billón 300 mil millones de pesos.

 

En el plano regional, las muertes relacionadas con la violencia, que afectan sobre todo a la población joven, superan las causadas por enfermedades relacionadas con el sida, el mal de chagas a los complicaciones del embarazo y el parto, aseguró Moreno durante el foro, al que asistió Mauricio Funes, presidente de El Salvador.

 

Hoy América Latina vive una enorme paradoja, dijo Moreno. En dos décadas la región logró triplicar el ingreso per cápita, terminar con la hiperinflación y lograr una importante reducción de la pobreza, apuntó

 


“La región está en auge, con democracias estables y una creciente clase media, pero al mismo tiempo sigue siendo una de las más inseguras del mundo, después de África y aunque en Latinoamerica vive 8 por ciento de la población mundial se cometen 20 por ciento (uno de cada cinco) de todos los homicidios del planeta”, afirmó.

 

Comparó el efecto de la inseguridad con otros riesgos que enfrentan los habitantes de la región:

 

En un día típico en América Latina y el Caribe, comentó, morirían 27 personas por el mal de Chagas; unas 32 mujeres perderían la vida por complicaciones del parto y 156 fallecerían por males relacionados con el sida.

 

“Pero ninguno de esos riesgos se aproxima al de un deceso violento: en América Latina cada día son asesinadas 350 personas”, afirmó. Las víctimas de la violencia, agregó, son fundamentalmente jóvenes. Citó cifras de Naciones Unidas según las cuales 41 por ciento de los muertos en un año tienen entre 20 y 34 años de edad.

 

La inseguridad, la principal preocupación de la población, dijo, impone a la vez un “terrible costo” económico. Si se incluyen los efectos adversos en el turismo y los gastos en aparato médico, de justicia y prevención, dijo reduce el producto interno bruto de los países hasta en 7 por ciento.

 

El entorno de inseguridad que afecta a la región, sostuvo, incide de forma negativa en el desarrollo económico y social de los países, reduce la competitividad y productividad y frena la inversión extranjera, a la vez que amenaza el crecimiento y el desarrollo.

 

Dijo que el esfuerzo para abatir la inseguridad requiere la participación de la iniciativa privada, la sociedad civil, los medios de comunicación y los organismos de desarrollo, como son el BID o el Banco Mundial.

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Sábado, 23 Marzo 2013 05:29

El mensaje de Tomas Young antes de morir

A los cinco días de haber sido enviado a Irak por primera vez, Tomas Young recibió el impacto de bala de un francotirador en la el barrio de Sadr City en Bagdad. La bala lo dejó parapléjico y cambió su vida para siempre. Hoy, nueve años más tarde, a los 33 años de edad, Tomas decidió terminar con su vida. Recientemente anunció que dejará de alimentarse y se desconectará de la sonda de alimentación artificial que tiene que usar para ingerir alimento.


 
Tomas fue el protagonista del documental “Body of War”, ganador de varios premios, realizado por el legendario presentador de televisión Phil Donahue y la realizadora cinematográfica Ellen Spiro. El documental, estrenado en 2007, realiza un seguimiento de la rehabilitación de Tomas, las dificultades que debió atravesar como consecuencia de sus heridas y su despertar político, que lo llevó a convertirse en uno de los más destacados veteranos de la invasión y ocupación de Irak contrarios a la guerra. Lo que en un principio inspiró su activismo fue el intento de Cindy Sheehan de hablar con el ex Presidente de Estados Unidos George W. Bush cuando éste estaba vacacionando en su estancia de Crawford, Texas. El hijo de Sheehan, Casey, fue asesinado en Bagdad el mismo día en que Tomas fue herido. Sheehan dijo en varias oportunidades acerca de la Batalla del 4 de abril (de 2004), que quería preguntarle al Presidente Bush: “¿Por qué causa noble falleció mi hijo?”.


 
Le pregunté a Tomas si había algo que lo haría reconsiderar la decisión de poner fin a su vida. Me respondió que no y agregó que si no estuviera sufriendo un dolor tan intenso y persistente, no habría tomado la decisión. “No estaríamos hablando ahora mismo”, me dijo.


 
Esta semana, Tomas publicó una carta titulada: “La última carta: el mensaje de un veterano moribundo a George W. Bush y Dick Cheney”.


 
En la carta, Tomas escribió: “Podrán evadir la justicia, pero para nosotros ustedes son culpables de crímenes de guerra atroces, de saqueo y, por último, de asesinato, en particular, del asesinato de miles de jóvenes estadounidenses, mis compañeros veteranos, a quienes les arrebataron su futuro”.


 
Phil Donahue se ha mantenido en contacto con Tomas desde la realización de “Body of War”. Donahue me dijo que la realización del documental fue “una experiencia espiritual…todo un capítulo de nuestras vidas”. Afirma que comprende la decisión de Tomas: “Entiendo su decisión y Claudia también la entiende. Las personas más allegadas a él entienden su postura. Tomas me lo dijo hace un par de años después de haber sufrido la embolia, por la que acudió a la sala de emergencias con el brazo hinchado y mucho dolor, y por la que solo le dieron calmantes. A la mañana siguiente había caído en coma. Y ahora está parapléjico, no puede sostener los cubiertos, deben alimentarlo. Cuando él y Claudia lograban ir a un restaurante ella buscaba un rincón solitario donde pudiera alimentarlo sin que nadie los mirara. Es una historia dramática, que está sucediendo a puertas cerradas en miles de hogares de este país. Casas donde viven mujeres y hombres jóvenes que han regresado de Irak y Afganistán con heridas terribles, algunos de los cuales sufrieron explosiones en la cara. Y debido a que la prioridad de la medicina moderna es salvar vidas, cada vez más personas que se encuentran en esta situación sobreviven. Lamentablemente, Tomas no es el único que ha tomado la decisión de poner fin a su vida. Lo que es sorprendente de él es que quiere que su vida deje un mensaje, nos quiere decir algo y lo admiro mucho por eso. Es un acto muy poco frecuente de valor moral. Quiere que la gente vea esto porque regresó a su país de la guerra más escondida del público que he visto en toda mi vida. La mayoría de nosotros no la vemos. Menos del 5% de nosotros, quizá un 1%, haya realizado un sacrificio personal por esta guerra. Y Tomas fue uno de ellos. Y sus compañeros que están en una situación similar están ocultos. No se los ve, no se nos permite tomar fotografías de los ataúdes. Esto significa que será mucho más fácil empezar otra guerra”.


 
Donahue reflexionó: “Cuando veo a este joven se me viene a la mente el Presidente Bush cuando dijo ‘vayamos tras ellos’. Casi no hay remordimientos. Todos se ocultan. Richard Perle ya no aparece tanto. Cheney cobra cifras de seis dígitos por dar conferencias. No sé dónde está Wolfowitz. Bush está a salvo en la seguridad de su hogar”.


 
Tomas habló recientemente mediante videoconferencia desde su casa en Kansas City, ante un grupo de personas que se encontraba en Ridgefield, Connecticut, donde Phil Donahue proyectó “Body of War”. Fue en ese evento de febrero de este año que Tomas anunció públicamente su intención de morir. Cuando le preguntaron cómo quiere ser recordado, Tomas Young respondió: “Como alguien que luchó con todas sus fuerzas para mantener a los jóvenes hombres y mujeres alejados del servicio militar. Como alguien que luchó con todas sus fuerzas para impedir que alguien como yo fuera a combatir a Irak. Así quiero ser recordado”.


 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


Amy Goodman

Publicada el 22 de marzo de 2013


 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Una mentira que costó millones de dolores y billones de dólares

Se ha cumplido una década de la invasión a Irak y no parece que el terrorismo haya acabado en un país que EE.UU. y sus socios de la OTAN “liberaron” de esa peste. Los medios dan cuenta de una docena de ataques suicidas o con automóviles cargados de explosivos, especialmente en Bagdad y Mosul, pero también en otras ciudades y pueblos aledaños a la capital. Los principales dejaron un saldo de 65 muertos y más de 240 heridos. En conjunto, casi cien fallecidos y un número indeterminado aún de lesionados. Al Qaida “celebró” así el aniversario.

 

Esa intervención militar “preventiva” causó la muerte de unos 120.000 civiles iraquíes, la de 4800 efectivos occidentales, la mayoría estadounidenses, el desplazamiento de cinco millones de habitantes (www.thelancet.com, 16-3-13) y se basó en varias mentiras de la Casa Blanca capitaneada por W. Bush: Saddam Hussein tenía relaciones con Al Qaida y un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM). El gobierno de EE.UU. no se enteró sólo después de que no se hallaran en el país invadido. Lo sabía antes de invadir.

 

“No hay dudas de que Saddam Hussein tiene ahora armas de destrucción masiva”, declaró el vicepresidente Dick Cheney en el 2002. Las afirmaciones en idéntico sentido se multiplicaron. Una investigación que un comité de la Cámara de Representantes llevó a cabo en el 2004 estableció que “el presidente Bush, el vicepresidente Cheney, el secretario Rumsfeld, el secretario Powell y la consejera de Seguridad Nacional Rice formularon 237 declaraciones engañosas sobre la amenaza que representaba Irak”. Al menos 61 de ellas “tergiversaron los lazos de Irak con Al Qaida” (www.archmve.org, 16-3-04). Una investigación del Senado realizada en el 2006 también reveló estas falsedades

(www.empywheelnet, 8-9-06).

Lawrence Wilkinson, ex jefe de Gabinete del secretario de Estado Colin Powell, manifestó que en el 2002 se autorizaron los “métodos duros”, es decir, las torturas, “con la prioridad de descubrir evidencias que vincularan a Irak con Al Qaida más que para prevenir otro ataque terrorista en EE.UU.” (www.thewashingtonnote.com, 13-5-09). El gobierno de W. Bush no cejó en esta presión sobre los servicios de inteligencia: Paul Pillar, el funcionario de la CIA que coordinó la rápida redacción de una estimación de los servicios sobre los programas iraquíes de ADM, manifestó que “la atmósfera en la que se estaba trabajando, en la que era claro que ya se había tomado una decisión política, en la que se buscaba que los organismos de inteligencia apoyaran esa decisión en vez de proporcionar información para adoptar decisiones, todo esto era un elemento muy importante de dicha atmósfera” (www.pbs.org, 20-6-06).

 

La CBS informó en el 2009 que “escasamente cinco horas después de que el vuelo 77 de American Airlines chocara contra el edificio del Pentágono, el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld estaba diciendo a su equipo que delineara planes para atacar Irak” (www.cbsnews.com, 10-9-09). Dos meses después del 11/9, Dick Cheney –preguntado acerca de la relación de Irak con el nefasto golpe terrorista– afirmaba en una conferencia de prensa que poseía un “informe plenamente confirmado de que (Mohammed Atta, el terrorista de Al Qaida que participó en el atentado) fue a Praga y en abril pasado, pocos meses antes del ataque, se reunió con altos funcionarios del servicio de inteligencia iraquí en Checoslovaquia” (www.washington post.com, 9-12-01). La CIA había calificado de falsa esa información en un memo que envió días antes a la llamada Sala de Situación de la Casa Blanca en la que se evalúan los datos de inteligencia (www.documentcloud.org, 1-12-01). Cheney lo sabía cuando afirmaba lo contrario.

 

La Casa Blanca también estaba en conocimiento de que Irak no desarrollaba programas de ADM. Como explicó el propio Paul Pillar: “Incluso tal afirmación no justificaba un caso de guerra. Entre otras cosas, entrañaba la evaluación de que si Saddam Hussein poseía, en efecto, tales armas era improbable que las empleara contra EE.UU. o se las diera a los terroristas”. Esto último era más que improbable: Irak no estaba en guerra. Y se recuerda el secreto y famoso Downing Street Memo sobre una reunión del entonces primer ministro Tony Blair con funcionarios de inteligencia que tuvo lugar el 23 de julio del 2002. Decía: “Bush quiere derrocar a Saddam con una intervención militar, justificada por la conjunción de terrorismo y ADM. Pero la inteligencia y los hechos fueron establecidos en torno de esa política” (www.thesundaytimes.co.uk, 1-5-05).

 

La Casa Blanca se apoyó en falsedades de las que era consciente para invadir Irak y su línea propagandística consistió en recalcar la ligazón Irak-Al Qaida en relación con el 11/9: explotó la indignación popular que causó el atentado. El argumento de las ADM era menos importante para lograr el apoyo de la opinión pública estadounidense. Esa guerra le costó más de un billón de dólares. Los iraquíes la siguen pagando.

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Costo de la guerra: ¿vidas o tesoros perdidos?

¿Qué vale la vida de un niño comparada con las antigüedades de Siria? Cualquier reflexión sobre los desastres arquitectónicos de Siria debe incluir esta pregunta. El niño, diría una persona humanitaria, vale todas las columnas de Palmira. Un historiador de sangre fría tal vez sugeriría que se podría sacrificar al niño a cambio de la herencia de todos los niños futuros. Por desgracia, los dos son objeto de destrucción en Siria.

 

El incendio de la mezquita de los Omeyas en Alepo, las ciudades romanas del norte –que han adquirido nuevos fantasmas ahora que miles de refugiados se ocultan entre las ruinas–, son las víctimas más recientes de la guerra de la arqueología.

 

Emma Cunliffe, de la Universidad de Durham, resume el dilema en el número más reciente de la revista British Archeology. Si hay entre 60 y 70 mil miertos y la nieve invernal sepulta las tiendas de los refugiados, “¿qué importa el legado histórico frente a tan trágica desolación?”

 

Cunliffe, quien desarrolla metodos para llevar la cuenta del daño a los sitios arqueológicos de Medio Oriente, ha producido un notable informe imparcial, en el que culpa tanto al régimen como a los rebeldes. Si bien todavía no en la escala de Irak después de 2003, “parecen haberse establecido (del lado opositor) redes que dan vuelta a la inspeccion oficial. Decomisos de varios miles de artefactos sin marcar en la frontera siria, entre ellos alfarería, monedas, mosaicos, estatuas... sugieren que la extensión del saqueo podría ser vasta”. Tal vez, indica, llega a más de mil 88 millones de dólares.

 

En tanto, en Palmira parece que las balas del gobierno han dañado los pilares romanos y que vehículos oficiales han usado los caminos del antiguo imperio –tal como los Humvees de EU hollaron las vías de Babilonia en 2003–, mientras en Homs la catedral de Hum-al-Zennar, uno de los templos más antiguos de la ciudad, yace en ruinas, luego que sus fieles fueron abatidos y dispersados, y su antigua liturgia aramea fue silenciada. Era una de las iglesias más antiguas del mundo; databa del año 59 y contenía un cinturón que según se decía había pertenecido a la Virgen María. Si se quiere buscar un responsable, habría que preguntar quién fue el primero en usar armas de fuego en el baño de sangre en Siria.

 

Desde que The Independent on Sunday dio publicidad en gran escala a la destrucción de la herencia siria, ambos bandos en la guerra han usado el daño en favor de su causa. Oficiales del Ejército Sirio Libre han prometido prevenir saqueos –afirmación dudosa, dado que los mercados de Jordania están ahora inundados de oro, mosaicos y estatuas de Siria– y hasta han usado la Palmira romana en un video de propaganda en YouTube. Fue producido por el Centro de Medios de la ciudad de Tadmor (Palmira), y en él se ve a un jinete que cruza la pantalla llevando la bandera verde, blanca y negra del ESL frente a las columnas de la Vía Máxima.

 


Resulta interesante que el propio ministro de Antigüedades del gobierno sirio, el profesor Maamoun Abdul-Karim, ha llamado a los sirios a proteger los tesoros arquitectónicos del país porque “es responsabilidad de todos trabajar juntos para cuidarlos”. Si bien reconoció el daño causado a algunos sitios romanos en el norte, elogió a los aldeanos locales por expulsar a los saqueadores. Al parecer los locales se dieron cuenta de que una ciudad sin antigüedades jamás ganará dinero del turismo.

 

El ministro también afirma que el grueso de los tesoros ha quedado resguardado en “lugares seguros”. Pero, ¿dónde están esos lugares? Y si son tan seguros, ¿por qué los desplazados internos no han corrido en masa hacia ellos?

 

Un prominente arqueólogo libanés me dice –y esta es una de las características más perturbadoras de esta trágica cacería de tesoros– que los contrabandistas ahora trabajan para las mismas redes creadas por los saqueadores. En el ámbito internacional se ha formado un gusto por estos tesoros, y ahora los compradores demandan a las bandas iraquíes que usen los mismos métodos en Siria. El Washington Post ha estado investigando las rutas de contrabando de los rebeldes, y los insurgentes declararon a ese periódico que una sola carga puede generar 50 mil dólares para comprar armas. “Unos días somos combatientes, y otros días somos arqueólogos”, declaró un rebelde de la ciudad de Idlib al diario.

 

Varios arqueólogos (de los legales) han sugerido que sus apelaciones a la OTAN –incluso al ministro británico de Defensa– lograron que los pilotos intentaran no dañar sitios arqueológicos romanos en Libia en 2011, cambiando de municiones para evitar salpicarlos de metralla mientras atacaban a las legiones de Kadafi. Pero sobre Siria no vuelan aviones de la OTAN, y dudo que los pilotos de ese país lleven el mensaje del ministro Abdul-Karim en la cabina. Entonces, volvamos a la vieja pregunta: ¿cuánto vale la vida de un niño?

 

Traducción: Jorge Anaya

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Miércoles, 13 Marzo 2013 06:47

La droga mata… y en grandes cantidades

La droga mata… y en grandes cantidades

Entre 99.000 y 253.000 muertes se pueden atribuir al consumo de drogas ilícitas, según un informe presentado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) sobre el consumo de estas sustancias.


 
El informe, presentado el la 56 reunión de la Comisión de Estupefacientes que se reúne hasta este viernes en Viena (Austria), destaca que la mayoría de esas muertes, “que se podrían haber evitado”, fueron casos fatales de sobredosis de personas dependientes de opioides.


 
No obstante destaca que, en comparación con las estimaciones correspondientes a 2009, no parece haberse producido un cambio importante en la prevalencia ni en el número de personas que usaron drogas ilícitamente en 2010.
 


Los opioides siguen causando el mayor daño a nivel mundial, a juzgar por la demanda de tratamiento, el consumo de drogas por inyección y las infecciones por el VIH, así como por las muertes relacionadas con las drogas.


 
Aunque, el informe muestra que en el mapa del uso de drogas, el empleo de sustancias sintéticas y el uso extraterapéutico de medicamentos de venta con receta comienza a despuntar, entre ellos opioides, tranquilizantes y estimulantes de venta con receta que reemplazan las drogas tradicionales, especialmente notable en América del Norte y en Europa.


 
En 2010 la UNODC calculó que de 153 a 300 millones de personas, es decir, del 3,4 al 6,6% de las personas de 15 a 64 años en todo el mundo, habían consumido ilícitamente una sustancia al menos una vez el año anterior.


 
“Las nuevas sustancias sintéticas basadas en precursores no sometidos a fiscalización internacional, cuyas posibles consecuencias nocivas han sido poco investigadas, plantean nuevos problemas para la salud pública”, destaca la ONU.


 
Por el contrario se estabiliza el consumo de drogas ilícitas tradicionales, por ejemplo, de heroína y cocaína, especialmente en América del Norte y Europa, se ven neutralizadas, aunque se observa un uso creciente de esas drogas en partes de África, América del Sur y Asia.


 
El consumo de estimulantes de tipo anfetamínico sigue aumentando especialmente en África, América Latina y Asia y, en particular, en partes de Asia oriental y sudoriental.
 


A nivel mundial, el cannabis sigue siendo la droga que más se consume, y cada vez se menciona con más frecuencia en las solicitudes de tratamiento desencadenadas por su consumo y por los trastornos psiquiátricos conexos.

 

12 marzo 2013

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Una noche con Chávez en la Plaza Bolívar

Poco después de que el sol se escurriera por la espalda de los cerros de Caracas, la Plaza Bolívar era ya un pandemónium, un círculo dantesco donde la gente humilde de esta ciudad lloraba a su presidente y exorcizaba la consternación como podía.


 
Todos allí se habían enterado hacía muy poco de la muerte de Hugo Chávez, pero al cerrar la noche nadie podía responder cómo había llegado hasta esa plaza donde un Bolívar de negro cabalga un relincho eterno.
 


Secretamente, este reportero sabía cómo. Los había visto caminar, llegar como autómatas, absortos en el dolor, con el apuro de los que saben que ya no llegarán a tiempo, hablando incoherencias sin parar o silenciosos, sellados como tapias.
 


Pero en la plaza la gente se encontraba con la gente y estando juntos ya era otra cosa. Entonces se ponían a contar cómo los había ayudado Chávez, quien en sus bocas se elevaba a la altura del mismo Bolívar y, luego, crecía y crecía hasta convertirse en el Cristo pequeño que llevan las matronas en su escapulario y los hombres en lo oscuro de sus carteras.


 
“Van a venir 200 años más y ya nosotros no tendremos un hombre como ese”, me dijo Alberto, un negro grande que cuando por fin me presenté como periodista dejó de contarme lo que me estaba contando; o sea, que había salido corriendo del baño con la cabeza y el rostro enjabonado porque eso que le decían, que su “comandante” había muerto, no podía ser.


 
“Ese es el único hombre por el que a Venezuela le dolía el corazón”, confesó cuando ya le daba la espalda y enfilaba hacia la multitud que rodeaba al diputado Freddy Bernal, quien arengaba a cientos de hombres, mujeres y niños.

 


 Allí estaban, rodeando el pedestal de la misma estatua ante la que se inclinó en 1881 José Martí con todo el polvoriento peso de su camino sobre los hombros.


 
Una galería de rostros turbios, una jungla de gemidos, gritos pelados, canciones de lucha y dolor y, solo si uno aguzaba el oído, algún que otro silencio pequeñito, como esos puntos inestables del espacios que en un abrir y cerrar de ojos pueden transportarnos a otra dimensión de este Universo.


 
Chávez estaba en todas las imágenes, pero la gente en la Plaza Bolívar no hacía demasiado caso de las imágenes. Las enseñaban resignados, porque ya es algo natural que uno haga eso, que, por ejemplo, se deje retratar con un afiche de su ídolo.


 
Pero la gente, creo, sospechaba que las imágenes mienten, que las imágenes son solo eso, y que Chávez en realidad andaba con ellos donde no se ve.


 
Tal vez por eso, aquel viejo caminaba en círculos, como buscando una compañía invisible; y aquel levantaba el brazo con la fuerza justa para levantar dos brazos; y aquellos niños sonreían –incluso allí, en ese momento-; y tal vez por eso aquella mujer miraba a la noche como si mirara un par de ojos negros.


 
Cuando dejaba la plaza, pensé que aquello había sido como vivir por una noche la convulsión, la virulencia y la pasión de los años sesenta. Pensé en esa palabra: “Revolución”.


 
Una mujer decía a alguien a través de su móvil: “No es justo, no es justo, no es justo…”.


 
Sobrevino entonces un gesto instintivo, pero, en realidad, este reportero no la fotografió, porque su mal no parecía estar allí, sino en todas partes, y eso es algo que asusta.


 
Por el megáfono seguían gritando una de tantas frases acuñadas en tantas marchas durante los últimos años. La muchedumbre, ya se sabe, devolvía los “Vivas”.
 


Más adelante una señora le decía a quien la escuchara: “Yo sé que donde esté, Dios lo va a recibir bien, porque es el mejor líder del mundo”.

 


Por Jesús Adonis Martínez

6 marzo 2013


 
(Tomado de Prensa Latina)


UNA MULTITUD ACOMPAñO EL CORTEJO FUNEBRE DE CHAVEZ HASTA LA ACADEMIA MILITAR, DONDE ES VELADO

Un río de dolor desbordó el último adiós

 

Familiares de Chávez, los principales dirigentes del gobierno venezolano y dignatarios extranjeros como Evo Morales, José Mujica y Cristina Kirchner se confundieron entre los miles de venezolanos que salieron a dar la despedida.

 

Por Mercedes López San Miguel


Desde Caracas

 

El Paseo de los Próceres de Caracas se colmó de venezolanos y venezolanas de todas las edades que caminaban cantando o en silencio, algunos secándose las lágrimas de sus mejillas, otros gritando “uh, ah, Chávez no se va”, mientras los incesantes bocinazos de fondo de las motos y algunos vehículos pedían el paso hacia la Academia Militar del Fuerte Tiuna, adonde fueron llevados los restos de Hugo Chávez. Puertas adentro de la Academia Militar se celebró una ceremonia religiosa en la que participaron los familiares del presidente venezolano fallecido el martes tras una larga batalla contra el cáncer, acompañados de los principales dirigentes del gobierno, entre ellos, el vicepresidente Nicolás Maduro, el canciller Elías Jaua y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Estaban allí presentes frente al féretro cubierto por la bandera venezolana la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner –junto a su hermana Giselle–; sus pares de Uruguay y Bolivia, José Mujica y Evo Morales, así como la senadora y esposa de Mujica, Lucía Topolansky.

 

La Academia Militar fue elegida para las exequias porque para Chávez era su segundo hogar. Allí comenzó todo, había dicho el líder venezolano en una entrevista con José Vicente Rangel. El mundo militar, la nostalgia de su pueblo Barinas a sus 17 años, cuando era cadete, sus ascensos, su conciencia del poder. Un lugar que dejó huella en la vida del líder bolivariano. En el salón Simón Bolívar se instaló una capilla ardiente, en donde será velado hasta el funeral de mañana viernes. Durante la ceremonia de ayer en la tarde, Kirchner, Mujica, Morales y Topolansky fueron los primeros en pararse alrededor del féretro como guardia de honor; sus rostros mostraban un absoluto sobrecogimiento. Cuando les tocó el turno a las hijas de Chávez, el aplauso fue prolongado. La Presidenta argentina tenía previsto un encuentro con las hijas de Chávez, María Gabriela, Rosinés y Rosa Virginia, y otros integrantes de la familia del líder venezolano al término de la ceremonia.

 

Afuera, en las inmediaciones, los seguidores del mandatario que gobernó 14 años lo recordaban con el slogan de campaña de octubre pasado: “Chávez corazón del pueblo”, muchos vestidos con remeras y boinas rojas. “¿Eres argentina, no?”, preguntó un hombre de mediana edad que dijo haber llorado desde que supo que Chávez murió. “Tú tienes una tremenda presidenta. Se compara con Eva Perón, ¡nos sentimos argentinos, tú eres venezolana!”, dijo con el ánimo exaltado Joaquín Pineda, un herrero y soldador de Pdvsa, la petrolera venezolana.

 

“¡Arriba Nicolás Maduro, carajo!”, gritó un joven mientras caminaba con paso firme para despedir al mandatario. Antes de su última operación Chávez había señalado al vicepresidente Maduro como su delfín político en caso de que él no siguiera en el poder a causa de su enfermedad. Por el Paseo de los Próceres, la despedida se mezclaba con consignas políticas de campaña, como si entre las muestras de cariño y dolor existiera la conciencia de que el legado del presidente fallecido debía continuar. Parado entre la gente, el joven Irving Berlotti dijo que tras la partida de Chávez, cuando se haga un llamado a elecciones anticipadas, él va a votar por el oficialismo. “Uno va a seguir con la línea que dejó Chávez. Es triste haber perdido un líder a nivel internacional, el presidente que más ha influido en la historia de Venezuela que conocí en mi corta edad”, dijo Irving, de 32 años y empleado administrativo. Maduro, de 50 años, será el candidato oficialista para las elecciones presidenciales que deberán “proceder” en un plazo de 30 días, según indica la Constitución, probablemente contra el líder opositor Henrique Capriles, de 40 años, quien perdió ante Chávez en octubre pasado como líder de la Mesa de la Unidad Democrática.

 

 

A una mujer que esperaba en la fila para poder pasar y decirle adiós a Chávez se le humedecieron los ojos al recordarlo. “Nos duele en el alma que se haya ido. Estoy muy triste”. dijo Rosa Aldana. Y siguió: “Chávez dejó enseñanzas, nos dejó las misiones sociales para ayudar a los pobres, se ocupó de las viviendas. Algunas personas no lo quieren aceptar”. La acompañaba unos pasos atrás su vecina, Sofía Bordones, conmovida. “Siento que es algo demasiado triste. Y espero que el gobierno siga con sus proyectos, con sus misiones”, agregó la empleada de un laboratorio clínico, de 52 años, vestida con una remera roja y una visera al tono.

 

Poco tiempo antes había pasado por ahí el auto con el féretro rodeado de una multitud que lo saludaba. La madre de Chávez, Elena Frías, se apoyaba en él, llorando. Maduro, vestido con una campera deportiva con los colores venezolanos, había participado del cortejo junto al presidente boliviano Evo Morales, ministros y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. La marcha había salido del Hospital Militar, donde estuvo internado Chávez las últimas dos semanas desde que regresó de Cuba y poco a poco las calles se fueron llenando de seguidores. Chávez estuvo en La Habana desde el 9 de diciembre hasta el 18 de febrero, cuando regresó a su país.

 

Un señor de gorra con una V dijo que caminó desde el Hospital Militar porque quería despedir físicamente al comandante. “En mi mente va a estar presente siempre. Tenemos que seguir pá’lante los lineamientos que dejó, sea con Maduro o Diosdado”, dijo Dany Avila, refiriéndose a los dos pesos pesado del chavismo, de quienes se comenta que existe una rivalidad por ganar espacios de poder. De hecho, los medios resaltaron durante el día que no quedaba claro quién asumirá la presidencia hasta que se llame a elecciones. Como no hubo una jura de un nuevo gobierno, los “maduristas” sostienen que este momento forma parte del gobierno anterior y por eso le corresponde al vicepresidente ocupar ese cargo. En cambio, los “cabellistas” afirman que cuando se produce la ausencia absoluta del mandatario en los primeros cuatro años del gobierno, la Carta Magna estipula que es el presidente de la asamblea quien asume.

 

“Si viene otro presidente va a ser Maduro, seguiremos con él”, dijo Aloisa Aldana, ama de casa que apoya al vicepresidente “porque Chávez lo eligió a él”. A la mujer le quedaba un buen rato para poder despedirse de Chávez. Secándose los ojos con un pañuelo, Aloisa dijo que estaba agradecida por las misiones sociales. “Este gobierno me ayudó con la operación de mi nieta y para que pueda comprarle la medicina.” Otros como ella juntaban recuerdos y añoranzas para estar allí presentes. Como un pedacito del poema que escribió Chávez en sus días en la Academia Militar y que una vez leyó en su programa Aló Presidente: “Adelante centauros / al galope con la lanza en alto / hacia el horizonte del siglo XXI”.

 

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Después de Chávez

 Por Juan Gabriel Tokatlian *


Ha muerto una de las personalidades políticas del mundo más singulares e influyentes de comienzos del siglo XXI: Hugo Chávez inauguró un régimen político híbrido en su país, Venezuela, y se proyectó –él y su modelo– mundialmente mediante una estrategia de inusitada visibilidad para un país del Sur. Intentó fundar un nuevo orden hegemónico interno recurriendo a una particular mezcla de nacionalismo, populismo y socialismo que aún debe evaluarse con mejores instrumentos de análisis y cierta mayor ponderación, al tiempo que, con un estilo simultáneamente carismático, mesiánico y provocador logró trascender la política venezolana y convertirse en un punto de referencia obligado en el continente y hasta en algunos temas de la política mundial. La aspiración de cambio que enarboló Chávez y su centralidad casi excluyente en el escenario político de Venezuela hacen que, naturalmente, todo sea frágil después de su muerte.

 

A partir de ahora habrá una transición política en Venezuela. Nada indica que será una transición de sistema (de presidencialismo a parlamentarismo) o de régimen (de autoritarismo a democracia o de democracia a autoritarismo). Tampoco pareciera que se producirá una transición de partido (una coalición hoy oficial sustituida, en lo inmediato, por una futura coalición opositora). Se trata, en esencia, de una transición de mandatarios (Hugo Chávez será sucedido por un nuevo presidente del “chavismo”).

 

 

Sin embargo, el impacto de esa transición supera el nivel personal: la estructura institucional, la política pública, la relación gobierno–oposición y hasta la diplomacia venezolana pueden ingresar en un proceso cambiante y contradictorio de impredecibles consecuencias para el país (y para sus vecinos próximos, aliados políticos y oponentes ideológicos). La experiencia de transición previa que tuvo el país –la de 1958, sellada con el pacto de Punto Fijo– poco tiene que ver con la actual: aquélla representaba la salida del mandato autoritario de Marcos Pérez Jiménez, se firmó entre tres partidos (AD, Copei y URD) democráticos pro-sistema, procuró establecer un gobierno de unidad y asegurar un programa mínimo de gestión. La presente transición no apunta a crear un nuevo régimen, no se da entre partidos relativamente próximos en su orientación, no se guía por la búsqueda de unidad en el manejo del Estado, ni parece dirigida a concertar un programa básico y compartido de gestión gubernamental.

 

No hay en América latina muchas “buenas prácticas” de transición de hombres fuertes que autoproclamaron una revolución para su país; sea ese proyecto revolucionario de corte marxista o nacional popular. En realidad, la disolución (vía golpes de Estado y proscripciones políticas, por ejemplo), la contención (vía estrategias coercitivas especialmente auspiciadas por Washington y acompañadas por algunos países del área, por ejemplo) y la reversión (vía “guerras de baja intensidad” y el despliegue de proxies, por ejemplo) –y no la transición– han sido los esquemas más usuales ante experiencias revolucionarias en la región. Por lo tanto, es importante destacar que Venezuela –los venezolanos– deberá nutrirse de pocas experiencias exitosas fuera del continente y aprender de los fracasos que han afectado por años a algunos países del área.

 

En esa dirección, hay dos planos claves. En el nivel interno, un proceso electoral solo no dirime, per se, la sucesión de un liderazgo revolucionario y su legado. Es indispensable un doble tipo de acuerdo. Por un lado, uno hacia adentro, en el seno del oficialismo (para controlar el alto nivel de faccionalismo imperante) y otro en el seno de la oposición (para que sus expresiones más moderadas y modernas no queden atrapadas por lo más vetusto del bipartidismo convencional). Por otro lado, un acuerdo de garantías para la oposición (para eludir que se torne antisistémica) y para el propio oficialismo (por ejemplo, respecto de la continuidad de ciertas políticas públicas) y el compromiso en torno de unas pocas reglas de juego fundamentales que profundicen y no socaven la democracia. En esta hora y las próximas los tejedores de potenciales compromisos serán más importantes y valiosos que los protagonistas retóricamente más efusivos, ya sea a favor o en contra de Chávez y sus casi tres lustros de gobierno.

 

En el nivel internacional, lo importante es no incidir negativamente en aquella transición (por ejemplo, en el caso de Estados Unidos) y estar dispuesto a facilitar lo que eventualmente pueda pactarse domésticamente (por ejemplo, el aporte de los países de Latinoamérica). En esta dirección, hay que recordar que la incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur tuvo menos que ver con el comercio o con una presunta compensación por la suspensión de Paraguay y más con la política y la diplomacia. Lo más probable es que en el cálculo de Argentina y Brasil, principalmente, prevaleciera la idea de prepararse para eludir un eventual clima de descontrol en lo que iba a ser –y hoy ya es– la transición venezolana. Si se produjera allí una situación turbulenta e inmanejable o un quiebre del orden democrático o una reversa revanchista del actual proyecto político, el problema para Sudamérica será monumental. Si, por otro lado, se asentara un “chavismo sin Chávez” aun más radicalizado o se manifestara una pugna feroz en el corazón del chavismo haciendo ingobernable el país, entonces el problema para la región sería igualmente grave. Si Buenos Aires y Brasilia quisieron que Caracas estuviera en el Mercosur, éste es el momento para, con discreción y realismo, contribuir a que Venezuela viva una transición efectivamente incruenta y potencialmente positiva.

 

En realidad, para los venezolanos de uno y otro bando y para los actores externos próximos o distantes, aliados u oponentes de Caracas, ésta debiera ser la coyuntura de la mesura y la sindéresis.

 

* Director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella.

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La condena a muerte para 21 acusados por su implicación en la masacre del estadio de Port Said actuó ayer como combustible sobre la hoguera en que arde Egipto. Inmerso en una grave crisis social y política, la jornada de violencia dejó al menos 31 muertos y 300 heridos. El Consejo de Defensa Nacional, máximo órgano de decisión en asuntos de seguridad, advirtió ayer que podría decretarse el toque de queda.

 

Los familiares de los detenidos y los seguidores del club de fútbol local Al Masry reaccionaron con ira en Port Said (noreste) ante la sentencia del tribunal penal que recomendó la pena capital para 21 de los acusados por los enfrentamientos ocurridos el 1º de febrero de 2012 entre seguidores de Al Masry y del club cairota del Al Ahly, el más popular del país, que dejaron un saldo de 74 personas muertas y 254 heridos. El juez ordenó trasladar sus expedientes ante el Mufti –la máxima autoridad religiosa del país– que deberá emitir un dictamen y, luego, el tribunal dará a conocer en marzo la sentencia definitiva. Mientras en la sede de la Academia de Policía de El Cairo las familias de la víctimas estallaban de júbilo, en Port Said una multitud se dirigía a la prisión para tratar de asaltarla. Poco después comenzaron los disparos y el caos que acabaron con la vida de 31 personas y les causaron heridas a más de 300, según el último balance que proporcionaron las autoridades egipcias.

 

A diferencia de otros episodios de violencia en Egipto, las armas de fuego hicieron una rápida aparición en Port Said, como confirmó el director del departamento de hospitales de esa provincia, Abderrahman Farah. El Ministerio del Interior, que reseñó la muerte de dos oficiales de la Seguridad Central, llegó incluso a acusar a algunas partes de utilizar armamento pesado en las disputas que le produjeron la muerte al futbolista Mohamed al Dadui, que jugaba para el club local Al Marrij, de la Segunda División egipcia, y al antiguo arquero del equipo Al Masry, Tamer al Fahla, vencedor con su club de la Copa de Egipto en 1998, entre otros, según la agencia oficial Mena.

 

Mientras la situación en la ciudad egipcia se convertía en una pesadilla de tiros y corridas, en El Cairo continuaban ayer las manifestaciones y los choques con la policía en torno de la plaza Tahrir y el Ministerio del Interior. Tras los nueve muertos del viernes en Suez e Ismailiya (Este) y los cientos de heridos en todo el país, Egipto continúa sumido en una crisis de difícil salida. La situación llevó al Consejo de Defensa Nacional, máximo órgano de seguridad de país, a reunirse de urgencia. Al término de la reunión del Consejo –que engloba al presidente del país, Mohamed Mursi, la cúpula militar y los principales ministros–, el ministro egipcio de Información, Salah Abdel Maqsud, leyó un comunicado a través del cual anunció que podría decretarse “el toque de queda o el estado de emergencia en los sitios que detecten perturbaciones”. “Las Fuerzas Armadas son propiedad del pueblo egipcio y mantienen la equidistancia con todas las fuerzas políticas, pero son conscientes de su deber nacional y de los derechos de su pueblo a proteger sus instituciones”, señaló el comunicado.

 

En el encuentro se decidió convocar un nuevo diálogo nacional amplio que estará dirigido por personalidades nacionales independientes para debatir sobre los puntos de discordia política y alcanzar un consenso y que tendrá el objetivo de lograr un acuerdo sobre los mecanismos que garanticen que las elecciones legislativas, previstas para primavera, se celebren en un ambiente transparente y sin exclusión de ninguna corriente. Asimismo, el Consejo añadió que tomó en consideración las reivindicaciones de los manifestantes que el viernes salieron a las plazas con el objetivo de “completar la revolución” del 2011, en la que fue derrocado el ex dictador Hosni Mubarak.

 

Por su parte, los Hermanos Musulmanes atribuyeron ayer la responsabilidad por los disturbios a un plan premeditado, estimulado por los medios de comunicación y que contó con el “apoyo implícito del silencio de la oposición”. “La prensa desinformadora no sólo cargó en la gente el odio contra el régimen y la instó a salirse de la legitimidad, sino que también difundió los planes del sabotaje antes de ponerlos en marcha”, resaltaron.

 

A su juicio, eso demostró que alguien planificó, financió y repitió esos planes en varias provincias. Y señalaron que mientras el pueblo egipcio se preparaba para recoger los frutos de su revolución de 2011, fue sorprendido. “Intentan convertir la esperanza en pesadilla y la alegría en duelo y propagar el pánico y el terrorismo en varias regiones”, añadieron. En tanto, el Frente de Salvación Nacional (FSN), principal coalición opositora, amenazó ayer con no participar en las próximas elecciones legislativas si no se anula la actual Constitución y no se forma un ejecutivo de unidad nacional.

 

Los enfrentamientos de Port Said se produjeron un día después del segundo aniversario de la “revolución” que depuso a Mubarak, marcado también por la violencia entre manifestantes hostiles a Mursi y la policía que dejó nueve muertos y 530 heridos, según fuentes médicas.

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Se necesitan medidas urgentes para controlar el uso de armas (en todo el mundo)

Tras la celebración de los últimos funerales de las víctimas de la masacre escolar de Newtown, Connecticut, la violencia con armas no se detiene. Uno de los ejemplos más notorios de ello es el homicidio de dos bomberos voluntarios ocurrido en Noche Buena en la localidad rural de Webster, Nueva York, por parte de un ex convicto armado con un fusil semiautomático Bushmaster AR-15 de calibre .223, el mismo fusil utilizado por el asesino de Newtown, Adam Lanza. James Holmes, el presunto culpable de la masacre de Aurora, Colorado, ocurrida en julio de este año, está acusado de utilizar, entre otras armas, una Smith&Wesson AR-15 con un cargador de tambor con capacidad para 100 balas en lugar de un cargador tubular normal. La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), que se opone firmemente a cualquier reglamentación de estas armas y de los cargadores de gran capacidad, continúa bloqueando las leyes de tenencia de armas e incluso proclama sus esfuerzos para bloquear el Tratado internacional sobre el Comercio de Armas que será negociado en las Naciones Unidas en marzo de 2013.


 
El 24 de diciembre, el mismo día que ocurrió el ataque contra los bomberos en Webster, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó a favor de realizar las nuevas negociaciones sobre el Tratado sobre el Comercio de Armas del 18 al 28 de marzo del próximo año. Cabe recordar que en el pasado mes de julio el gobierno de Obama dijo que “necesitaba más tiempo” para revisar el tratado propuesto, lo que frustró cualquier esperanza de que se aprobara el tratado y de que fuera enviado a los Estados miembro para ser ratificado. Esto sucedió apenas una semana después de la masacre de Aurora y en medio de la reñida campaña presidencial. La NRA contribuyó a bloquear el Tratado sobre el Comercio de Armas al entregar al Presidente Barack Obama y a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, una carta de oposición al tratado firmada por 50 senadores estadounidenses, entre ellos ocho demócratas, y 130 miembros de la Cámara de Representantes.


 
El tratado no debería causar polémica. Al suscribirlo, los gobiernos se comprometen a no exportar armas a países que están sujetos a un embargo de armas, ni a exportar armas que facilitarían “la comisión de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra” u otras violaciones del derecho internacional humanitario. El tratado prohíbe la exportación de armas si facilitan la “violencia de género o la violencia contra los niños” o si son utilizadas para “el crimen trasnacional organizado”. El tratado regula la exportación internacional de armas y municiones, pero no regula la legislación nacional interna de los países sobre la venta o el uso de armas.


 
Amnistía Internacional exhortó la semana pasada a la NRA a que “abandonara de inmediato su campaña de mentiras y tergiversación de información acerca del Tratado sobre el Comercio de Armas que será negociado en las Naciones Unidas”. Michelle Ringuette, de Amnistía Estados Unidos, explicó: “Cada día 1.500 personas mueren en conflictos armados en todo el mundo, es decir, una persona por minuto. Las armas no reglamentadas son utilizadas para obligar a decenas de miles de niños a participar en conflictos armados y para violar mujeres y niñas en zonas de conflicto.” Y agregó: “A causa de los conflictos armados, más de 26 millones de personas en el mundo se han visto forzadas a huir de sus hogares y su modo de subsistencia ha sido destruido. La NRA debe abandonar de inmediato su campaña para impedir un tratado internacional sobre el comercio de armas”.


 
El presidente de la NRA, Wayne LaPierre, pronunció su respuesta pública a la masacre de Newtown una semana después de sucedida y culpó de la violencia a los “monstruos” y a cualquier tipo de factor, desde los videojuegos hasta los huracanes, pero no sugirió en ningún momento que las armas y el fácil acceso a las mismas en Estados Unidos pudieran tener algo que ver con la masacre. Durante la conferencia de prensa, LaPierre fue interrumpido en dos oportunidades por activistas por la paz del grupo Code Pink. La primera pancarta, sostenida por Tighe Barry, decía: ‘La NRA está matando a nuestros hijos’. Barry sostuvo la pancarta en silencio frente al estrado mientras LaPierre intentaba proseguir con su discurso. Luego lo obligaron a retirarse. Después de que LaPierre reanudó su discurso, Medea Benjamin se puso de pie mientras sostenía una pancarta con la leyenda “La NRA tiene las manos manchadas de sangre”. Acto seguido, fue expulsada de la sala. Dos días más tarde, en el programa de NBC ‘Meet the Press’, LaPierre negó que reglamentar la venta y uso de armas semiautomáticas o de los cargadores de gran capacidad contribuiría a detener la epidemia de homicidios colectivos en Estados Unidos.


 
La NRA ejerce gran influencia en la reglamentación de las armas de fuego tanto a nivel estatal como federal. Andrew Feinstein, autor del libro ‘The Shadow World: Inside the Global Arms Trade” me dijo: “Nunca he visto un lobby a favor de las armas con tanta influencia sobre su propio gobierno como el lobby de la NRA en Estados Unidos. La situación en el ámbito nacional o internacional se parece mucho a lo que sucede a nivel interno, en particular en Estados Unidos, porque al hablar de este tema hay que tener en cuenta que Estados Unidos compra y vende casi la misma cantidad de armas que el resto del mundo tomado en su conjunto. Entonces, lo que sucede en Estados Unidos tiene fuertes consecuencias en el resto del mundo”.


 
Desde los pasillos de la escuela primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut, hasta Afganistán o Somalia, el flujo de armas y municiones estadounidenses provoca violencia, muertes y heridas. El Presidente Obama y el Congreso deben adoptar medidas en forma urgente.


 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 

 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lunes, 17 Diciembre 2012 05:36

Locuras violentas

Locuras violentas

Ese rostro de una madre en Newtown hablando por celular en las afueras de la primaria donde un joven blanco acababa de matar a 20 niños y seis adultos es muy conocido. Esa expresión de intensa, indescriptible, abrumadora angustia y dolor es la misma que se retrata o que uno ha visto en persona en los rostros de las madres en otras partes de Estados Unidos: Irak, Afganistán, Pakistán, Somalia, Vietnam, la Unión Soviética, Japón, México, y demasiados etcéteras más, pero siempre es la misma expresión.

 

¿Cuántas madres han tenido que ser testigos de las muertes de sus hijos? ¿Cuántas han tenido que ser informadas de que esos decesos fueron resultado de algo inesperado, sin razón, como en el caso de Connecticut? ¿Cuántas han tenido que escuchar que no fue nada personal, sino 'daños colaterales'? ¿Quién define quiénes son los locos y los cuerdos en todo esto?

 

Dicen que el responsable del acto más reciente –de tantos parecidos–, en Connecticut, fue un joven con problemas mentales. Pero cuando una bomba o un drone mata a niños en una primaria en algún país que se vuelve campo de batalla, ¿los responsables son cuerdos?

 

Aquí todas las guerras son justas, necesarias para proteger la seguridad del planeta y en nombre de la libertad, los derechos humanos y Dios. Es legítimo, según el mensaje oficial, resolver conflictos y disputas con violencia. El derecho a armarse es sagrado y uno vive aquí con 283 millones de armas en manos civiles privadas, tres de éstas estaban en la casa del responsable de esta matanza, compradas legalmente por su madre, una entusiasta de las armas, como se les dicen.

 

"Siempre ha sido un país muy atemorizado, desde tiempos coloniales. Hay un sector grande que piensa: 'ahí vienen por nosotros', pero nunca se sabe quiénes son 'ellos'... Entonces, uno debe poseer armas y se tiene que defender. Eso proviene desde muy atrás de la historia estadunidense", explica Noam Chomsky en una entrevista reciente en Truthout.

 

Pero las consecuencias de esto están muy presentes. Marion Wright Edelman, la famosa directora del Fondo de Defensa de los Niños, escribió después de esta reciente masacre: ¿Qué tan jóvenes tienen que ser las víctimas y cuantos niños más necesitan morir antes de que detengamos la proliferación de armas en nuestra nación y la muerte de inocentes? Reporta que las estadísticas oficiales más recientes indican que 2 mil 694 menores de edad murieron en 2010 por armas de fuego, 67 de los cuales tenían edad para estar en primaria. Si esos menores de edad estuvieran vivos hoy llenarían 108 aulas de 25 estudiantes cada una. Desde 1979, agrega, 119 mil 79 menores de edad han muerto por armas de fuego, un total mayor a las muertes estadunidenses en las guerras de Vietnam y Corea e Irak combinadas. Concluye: ¿Dónde esta nuestro movimiento antiguerra para proteger a los niños de la violencia de armas aquí en casa?

 

Hay más regulaciones sobre osos de peluche y pistolas de juguete que sobre las armas de fuego.

 

Según la revista Mother Jones, se han registrado por lo menos 62 matanzas masivas (con por lo menos cuatro o más víctimas en un lugar público) con armas de fuego en este país desde 1982, las cuales se han perpetrado en 30 estados. De las 142 armas de fuego en manos de los asesinos, más de tres cuartas partes fueron obtenidas legalmente, la gran mayoría son semiautomáticas. La mitad de las matanzas sucedieron en escuelas o lugares de trabajo, las demás en bases militares, centros comerciales y edificios de gobierno. De los responsables, 44 eran hombres blancos (una mujer) y su edad promedio era de 35 años.

 

Esta Navidad a millones de niños se les obsequiarán videojuegos, los más exitosos son en los que se juega a ser un soldado, un asesino, un espía, un integrante de las fuerzas especiales, o un combatiente en una batalla urbana entre buenos y malos, y para ganar uno tiene que matar y destruir al enemigo. Todas las semanas, la Casa Blanca evalúa y selecciona objetivos para matar o destruir con drones, esas aeronaves robot controladas desde miles de kilómetros a distancia por militares a través de computadoras y pantallas muy parecidas a las de estos videojuegos. Uno no ve sangre, no escucha gritos, no huele la destrucción, sólo cumple con el objetivo. Nadie ve los rostros de las madres.

 

Las guerras con sus millones de víctimas y la respuesta armada y violenta a las amenazas a la seguridad pública, sean drogas, inmigrantes indocumentados o locos, son opciones legítimas aquí. Ante amenazas y conflictos, la respuesta suele ser: más armas.

 

Este país vive en la violencia aquí y en el extranjero. Los políticos, la industria armamentista, el complejo militar-industrial, los religiosos, los medios y los expertos continúan afirmando que guerras afuera y derecho a armas adentro tiene que ver con derechos y defensa de la democracia. Entre los que padecen problemas mentales y éstos, uno tiene que preguntar ¿quiénes son los verdaderos locos?

 

"Al caminar entre los jóvenes desesperados, rechazados y furiosos a quienes les he dicho que los cocteles Molotov y los rifles no resolverían sus problemas, he intentado ofrecerles mi compasión más profunda mientras mantengo mi convicción de que el cambio social se logra de la manera más significativa a través de la acción no violenta. Pero me preguntaron, y con toda razón: ¿y qué con Vietnam? Preguntaron si nuestra propia nación no estaba usando dosis masivas de violencia para resolver sus problemas, para promover los cambios que deseaba. Sus preguntas me dieron en el centro, y entonces supe que nunca más podría levantar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente frente al proveedor más grande de la violencia en el mundo hoy: mi propio gobierno", dijo el reverendo Martin Luther King en 1967.

 

Las expresiones en los rostros de las madres registran las consecuencias de la locura violenta estadunidense tanto aquí como alrededor del mundo.

 

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‘Drones’: matar a 11.200 kilómetros de distancia desde un sillón
Desde una base militar en Siracusa, a 380 kilómetros al norte de Nueva York, el coronel D. Scott Brenton controla el vuelo de un drone sobre Afganistán. La aeronave transmite en directo la vida de insurgentes talibanes, su objetivo a 11.200 kilómetros de distancia. Él y su equipo pueden observar a una familia durante semanas. “Madres con niños. Padres con niños. Padres con madres. Niños jugando al fútbol”, cuenta. Cuando llega la orden, y dispara y mata a un miliciano —lo que solamente hace, comenta, cuando las mujeres y los niños no están cerca— un escalofrío recorre su nuca, como le ocurría cuando disparaba a un objetivo desde los F-16 que solía tripular.

Los drones han revolucionado el modo en que Estados Unidos hace la guerra. Y también han cambiado profundamente la vida de quienes las libran.

El coronel Brenton reconoce la singularidad de atacar, sin más equipo que un mando, unas pantallas y un pedal, en un frente a miles de kilómetros de su silla acolchada en un suburbio en Estados Unidos. Cuenta que en Irak, donde estuvo destinado, “aterrizabas y quienes te rodeaban sabían qué había pasado”. Ahora sale de este cuarto lleno de pantallas, aún con la adrenalina tras haber apretado el gatillo, y conduce rumbo a su casa, para ayudar a sus hijos con los deberes. Pero siempre solo.“Nadie en mi círculo más cercano es consciente de lo que ha pasado”, dice.

Los drones tienen potentes cámaras que transmiten la guerra en directo a sus pilotos. Los militares que controlan los drones hablan con entusiasmo de los días buenos, como cuando pueden alertar a una patrulla terrestre en Afganistán de una emboscada. Para los días malos, la Fuerza Aérea envía médicos y capellanes a las bases para hablar con los pilotos y operadores cuando un niño muere en un ataque, o cuando las imágenes muestran un primer plano de un marine caído en combate.

La minuciosa vigilancia que precede a un ataque recuerda a la película La vida de los otros: la historia de un agente de la Stasi, la policía secreta de la RDA, que acaba absorto en la vida de las personas que espía. Un piloto de un drone y su compañero, un operador que controla la cámara de la nave, observan a un miliciano mientras juega con sus hijos, habla con su esposa y visita a sus vecinos. Ejecutan el ataque cuando, por ejemplo, su familia ha ido al mercado.
“Ven todos los detalles de la vida de este tipo”, comenta el coronel Hernando Ortega, el jefe de Medicina Aeronáutica en el Mando de Formación y Educación Aérea, que colaboró en un estudio sobre el estrés en las tripulaciones de los drones, realizado el año pasado. “Se pueden identificar hasta cierto punto".

De una docena de pilotos, operadores y analistas aeronáuticos entrevistados, ninguno reconoció que el rastro de sangre causado por las bombas y los misiles les impidiera dormir. Pero todos hablaron de la intimidad que habían establecido con las familias afganas que habían observado durante semanas, cuyas vidas desconocen el piloto que vuela a 6.000 kilómetros de distancia o incluso el soldado que está en el terreno.

“Los ves levantarse por la mañana, trabajar y luego irse a dormir”, describe Dave, un mayor de la Fuerza Aérea que pilotó drones entre 2007 y 2009 desde la base de Creech (Nevada) y ahora entrena a nuevos pilotos en la base de Holloman, en Nuevo México. (Bajo el argumento de que han recibido “amenazas creíbles”, la Fuerza Aérea prohíbe a los pilotos de drones dar sus apellidos. Solo los comandantes de la base, como el coronel Brenton, usan sus nombres completos con la prensa). “Hay una muy buena razón para matar a estas personas. Me lo repito una y otra y otra vez”, afirma Will, otro oficial. “Pero nunca te olvidas de lo que ha ocurrido”.

La Fuerza Aérea cuenta con más de 1.300 pilotos de drones repartidos en 13 bases en Estados Unidos. Según fuentes militares necesita, por lo menos, unos 300 más. La mayoría de las misiones son en Afganistán. (Las cifras no incluyen las misiones clasificadas de la CIA en Pakistán, Somalia y Yemen). El Pentágono calcula que para 2015, la Fuerza Aérea deberá contar con 2.000. El Ejército entrena ya más pilotos para drones que tradicionales: 350 el año pasado. Anteriormente, las tripulaciones de drones superaban el entrenamiento para volar un avión de combate tradicional. A partir de este año, los pilotos solo pasan 40 horas a bordo de un Cessna antes de aprender a manejar un drone. El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el general Norton A. Schwartz, reconoció que es “posible” que los pilotos de drones superen a los tradicionales en los próximos años. Cada vez más bases dejan los aviones tradicionales para volar drones y satisfacer la demanda. Hancock retiró sus F-16 en 2010.

“Creo que hago el mismo trabajo de siempre. La única diferencia es que no me envían a otro país a hacerlo”, comenta el coronel Brenton. Todos los pilotos de la base rechazan que su trabajo sea un videojuego. “No tengo ningún videojuego que requiera que permanezca inmóvil durante seis horas observando solamente a un objetivo”, dice Joshua, un operador. “Las tripulaciones son conscientes de que las decisiones que toman, sean buenas o malas, tienen consecuencias reales”, añade. También evitan la palabra drone. Prefieren llamarlos “aviones pilotados a distancia”.
Todos los pilotos que han tripulado naves de combate afirman que echan de menos volar. El coronel Brenton participó en mayo pasado en un espectáculo aéreo en Siracusa. Cuenta que los fines de semana suele pilotar un pequeño avión de hélices, al que bautizó como “El Matamoscas”. “Es agradable estar en el aire”, afirma.

Por ELISABETH BUMILLER (NYT) Base militar de Hancock 30 JUL 2012 - 21:03 CET


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