Panorama de Madrid David F. Sabadell

Hay gente que acepta la posibilidad de estar equivocada, y es más, entienden que los otros también pueden equivocarse. La duda no tiene por qué ser tibieza ni falta de compromiso, si no un espacio fértil para pensar en común.

 

Hay gente que tiene dudas. De verdad, la hay: gente que piensa una cosa y después piensa otra distinta, no por cinismo o conveniencia, sino porque por el camino ha leído nuevos argumentos, escuchado otras voces, debatido consigo misma, se ha dejado un poquito de porosidad en las convicciones para que puedan ser interpeladas, cuestionadas, por la experiencia o la vida.

Hay personas lentas a las que cuesta posicionarse, elegir su casilla en cada debate, su bando en cada contienda, su corriente ideológica en cada Vida de Brian, su trinchera en cada batallita de twitter. No sienten toda la adhesión que debieran por un lado, ni toda la repulsa que deberían sentir hacia el otro. Las frases categóricas se les atragantan y se tropiezan con todo tipo de interrogantes. La velocidad y el estruendo de las coreografías contemporáneas de la dialéctica las deja fuera del baile, saturadas y exhaustas.

Hay quienes, por ejemplo, pueden leer un artículo crítico con la gestión de la pandemia, con el relato, con las vacunas incluso y no escandalizarse, discrepar sin ridiculizar, disentir sin invalidar, hacerse preguntas, incluso aunque entre tanto y tanto, vuelvan los ojos incrédulos al cielo. También quienes siendo ellos mismos muy críticos y cuestionadores de todos los relatos del mundo, pueden entender la pulsión de responsabilidad y cuidado de los otros que empuja a muchos a tomar todas las precauciones y cumplir con todas las medidas, pues la pandemia desborda nuestros conocimientos, y poco mapa más hay que el que viene de las autoridades.

Hay quienes escuchan argumentos sobre la identidad, sin que les salte la alarma de posmodernismo, quienes no padeciendo falta de reconocimiento alguno, entienden las pujas por ser vistas y tenidas en cuenta de a quienes se ha negado la existencia misma, quienes muy conscientes de la desigualdad material no la enarbolan contra debates que consideran menos prioritarios. Tanta gente que sabe que jerarquizarle la lucha a las otras es un privilegio, aún cuando no siempre entienda muy bien sus razones.

También existen quienes leen a otra gente añorar pasado y familia, asumen que haya nostalgia por una cierta estabilidad, y aunque son conscientes de los peligros de retropías y anhelos acríticos de tiempos mejores, no ven muy fértil pasarse el rato al acecho de añoranzas rojipardas para combatirlas con palabras agudas en las redes, pues son nostalgias que no desaparecen solo con cuestionarlas.

Hay gente que tiene poco clara una cosa y la contraria, que chapotea un poco sola entre grises y matices, que no consigue expresar su juicio sobre las cosas en los caracteres de un twitter o en el arco de cinco minutos. También hay quienes meten la pata y ofenden por desconocimiento o ignorancia, que reproducen mierdas estructurales porque han nacido y crecido en una estructura de mierda, y no han tenido el tiempo, o el entorno para hacerse determinadas preguntas. Y sin embargo, cuando llegan las preguntas, no se blindan ante ellas, aunque todas sabemos que a veces duele que nos cuestionen nuestras certezas.

Hay gente que acepta la posibilidad de estar equivocada, y es más, entienden que los otros también pueden equivocarse, que uno o una es mucho más que su error, que la formación de una opinión es un proceso empapado de circunstancias y experiencias, que la construcción de un criterio ha de beber de las ideas, las intuiciones, los argumentos, propios y ajenos, y que la duda no tiene por qué ser tibieza ni falta de compromiso, si no un espacio fértil para pensar en común.

No se trata de dar carta de validez a ideas que desde el poder apuntalan las estructuras de desigualdad y dominio, de otorgar un salvoconducto equidistante a los discursos del odio, ni calificar de opinión o libre expresión a la violenta cantinela que justifica la muerte o la discriminación de los otros. No tiene nada que ver con eso. Tampoco de cánticos ingenuos a la unidad o el consenso, a ponerse de acuerdo por narices. Se trata simplemente de bajar el ritmo y el volumen de conversaciones que a veces parecen presuponer la mala fe del interlocutor. Que descartan la voluntad de escucha o la capacidad de cambiar de opinión como punto de partida.

12 sep 2021 10:53

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Pensamiento 
Abecedario de María Zambrano

La obra de María Zambrano se puede seguir a través de conceptos como aurora, razón poética o piedad; mientras que palabras como exilio marcaron su vida.


Fue una mística del siglo XX, pero no estuvo sola. Para dar forma a una obra híbrida de poesía y filosofía, María Zambrano se ayudó del legado de Séneca, de San Juan de la Cruz , de Miguel de Molinos y de personajes como Antígona. Ortega fue su maestro y siempre le consideró como tal, aunque las exigencias del día a día y las diferencias en la política les distanciaran. Marchó al exilio en el 39 y le duró media vida. A su vuelta a España le esperaba el reconocimiento y algunos premios. A su muerte, de la que hoy 6 de febrero de 2021 se cumplen 30 años, la inmortalidad.


Alma

“Pero de esto que se llama ‘psique’, que se llama alma, ¿qué se ha hecho? Se encargó a la Psicología científica de su estudio. Y al alma aplicó la Psicología sus métodos científicos. ¿Qué hemos sabido de sus resultados? En realidad quedaba el alma como reto. Por una parte la Razón del hombre alumbraba la naturaleza; por otra, la razón fundaba el carácter trascendente del hombre, su ser y su libertad. Pero entre la naturaleza y el yo del idealismo, quedaba ese trozo del cosmos en el hombre que se ha llamado alma”. Hacia un saber sobre el alma (Alianza literaria, 1987).


 
Aurora

“Ella tiene su reino como si fuese lo que ha quedado de un mundo perdido, prometido y nunca enteramente habido. Su significación metafórica alude casi de continuo a un comienzo, a una vida nueva, o a un nuevo conocimiento y no enteramente predecible; no es una utopía, ni puede, por tanto, ser un itinerario, un método a desarrollar, a seguir. Su acción es de otro género; seguirla sería, si se pudiera, encontrar una nueva vía al conocimiento”.

“Así pues, el conocimiento que aquí se invoca, por el que se suspira, este conocimiento postula, pide que la razón se haga poética sin dejar de ser razón, que acoja el ‘sentir originario’ sin coacción, libre casi naturalmente, como una fysis devuelta a su original condición”. De la Aurora (Tabla Rasa, 2004).


 
Callado (los que han callado)


“Es lo más cauto, no cabe duda, poder decir alguna vez: ‘Yo no he tenido nada que ver con eso, yo no lo he autorizado ni con mi palabra ni con mi presencia’. Y considerado así, se nos aparece como una actitud perfectamente lícita. Hay quien no puede traspasar los límites de su pura moral, hay quien jamás se deja arrastrar por el amor. Mas, por eso mismo, esta prudencia se nos aparecía también como una falta de misericordia, como una falta de capacidad de entrega, de olvido de sí, como una falta de amor, de caridad hacia la carne de nuestra carne que ha pecado, hasta, si se quiere, como una falta de comunión con el pecador. Mas es lícito, perfectamente lícito y honesto, cuando este silencio, como en Ortega y Gasset, como en Azorín, ha sido completo y se ha resistido a ceder a las múltiples insinuaciones llegadas del otro lado de la contienda (…) Esta falta de misericordia era lo que nos irritaba, el sustraerse al delirio, el permanecer callados cuando todos gritábamos, poseídos como estábamos de esa otra lucidez que da el amor exasperado hacia algo que amenaza ser destruido antes nuestros mismo ojos. El querer quedar limpio era también lo que nos irritaba, porque era quedar separado”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Los intelectuales en el drama español. Los que han callado: Ortega y Azorín (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Claros del bosque


“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos”. Claros del bosque (Alianza, 2019).


 
Corazón


“Centro que se mueve padeciendo y que receptivo ha de dar continuidad, y escondido no puede dejar de darse. Y siendo la sede del sentir, es centro activo. Pasa por él el río de la vida que ha de someter a número y a ritmo. Pasividad activa. Mediador sin pausa. Esclavo que gobierna. Sometido al tiempo, lo conduce avisando de su paso y de su acabamiento, haciendo presentir un más allá del reino temporal que conocemos, o damos por conocido más bien. Parece así ser el corazón como un hijo del joven Cronos de la Teogonía de Hesiodo, uno de esos sus hijos que él devoraba para mantenerlos escondidos en sus entrañas; el hijo que justifica, en cierto modo, esta extraña forma de paternidad. Pues que siendo hijo del tiempo profetiza un reino que lo sobrepasa”. Claros del bosque (Alianza, 2019).


 
Confesión


“La Confesión parece ser así un método para encontrar ese quien, sujeto al que le pasan las cosas, y en tanto que sujeto, alguien que queda por encima, libre de lo que le pase (…) Y el logro de este punto de invulnerabilidad tiene que ver no solo con esa unidad pura, con el centro interior, sino también con este misterioso mundo que es preciso unificar, adentrándose en él, venciéndolo a fuerza de intimidad, sirviéndole en una esclavitud que va a dar la libertad”. La confesión: género literario (Siruela, 1995).


 
Derrota


“No he conocido más que derrotas en mi vida, siempre vencida. No puedo desesperarme. Nunca me estuvo permitido. Tampoco argüir ni preguntar, invoco la única respuesta. ‘Levántate amiga mía y ven’, que ya el invierno y sus rigores, que ya el rigor ha pasado”. Carta a José Lezama Lima de 1972, incluida en Cartas desde una soledad, de Pepita Jiménez Carreras (Verbum, 2008).


 
Divino


“En la historia conocida siempre ha llegado un momento en que los dioses han muerto. Y es extraño. Lo divino, aquello que el hombre ha sentido como irreductible a su vida, sufre eclipses. Y esto sería la definición primaria y más amplia de lo divino: lo irreductible a lo humano, configurado de diversas maneras según sean los aspectos que eso divino haya tomado, según sean los afanes y anhelos del hombre. Y en cualquiera de los casos ha llegado el instante terrible de que ‘eso divino’, irreductible a lo humano, ha corrido la suerte de lo humano: pasar, ser vencido y aun morir. ¿Por qué?”.Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Exilio


“Hay ciertos viajes de los que solo a la vuelta se comienza a saber. Para mí, desde esa mirada del regreso, el exilio que me ha tocado vivir es esencial. Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensión de una patria desconocida, pero que, una vez que se conoce es irrenunciable (…). Creo que el exilio es una dimensión esencial de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios, porque yo querría que no volviese a haber exiliados (…) Es una contradicción, qué le voy a hacer: amo mi exilio, será porque no lo busqué, porque no fui persiguiéndolo. No, lo acepté; y cuando se acepta algo de corazón, porque sí, cuesta mucho trabajo renunciar a ello”. “Amo mi exilio”, artículo en ABC del 28 de agosto de 1989.


 
Fatiga


“Las cosas son conatos de ser que nos demandan colaboración, para acabar de hacer su ser, para perfilarlo. Es por eso por lo que nuestra vida se va cargando de fatiga, de fatiga creada en la brega de que las cosas –las mismas cosas que luego nos hieren– sean. Así tengo que gastar mi esfuerzo, mi caudal, en que las cosas, que luego me sujetan y atacan, adquieran el ser que se han propuesto. Crear a mi enemigo, sostener a mi enemigo, es el sino trágico de la vida, empleada, desgastada, en elevar hasta el ser lo que, una vez llegado a él, va a aplastarme”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Desolación y entusiasmo (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Filosofía y poesía


“Y así, la filosofía se inicia del modo más antipoético por una pregunta. La poesía lo hará siempre por una respuesta a una pregunta no formulada. El preguntarse es lo peculiar del hombre, el signo de que ha llegado a un momento en que va a separase de lo que le rodea, algo así como la ruptura de un amor, como el nacimiento (…) Poesía y filosofía serán desde el principio dos especies de caminos que en privilegiados instantes se funden en uno solo”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Filósofo


“¿Qué es ser filósofo? Si por tal entendemos los creadores de grandes sistemas, apenas una breve lista del nombre puede ser inscripta bajo esa rúbrica. Y no solo es así, sino que así ha de ser, pues la historia no permite más, ni el entendimiento humano podría absorber mayor número de Sistemas que, por otra parte, brotan solamente en momentos de suprema madurez histórica (…) Mas los otros, los que han pensado en términos de Filosofía sin dejar un sistema concluso no dejan de ser necesarios; forman la ininterrumpida cadena, los arcos del acueducto que sostiene el cauce del pensar viviente. Y ¿quién puede decir que un arco más o menos audaz en su trazado no sea necesario?”. Artículo “El español Jorge Santayana”, incluido en el monográfico de República de las Letras (ACE, 2004).


 
Gatos


“Los gatos fueron la causa de que a mi hermana y a mí nos expulsaran de Roma. ¡Figúrate, Roma que es precisamente la ciudad de los gatos! Allí ha habido personas que han llegado a tener hasta 40 gatos. Y a nosotras nos perseguían porque teníamos 10, y porque les dábamos de comer, siendo este uno de los ritos de Roma. Roma es la ciudad de la loba y del gato. El gato fue llevado, como se sabe, por Cleopatra y algunos pensaron que eran pequeños tigres. Fellini, que sabe mucho de Roma, mostró en una de sus películas el rugido de la loba y un gato al que se le ofrece un plato de leche. Se ve que mi hermana y yo —especialmente ella, que se sentía romana— cumplimos con el gato, pero nodebimos cumplir con la loba. Por eso abandonamos Italia”. Entrevista con Antonio Colinas incluida en María Zambrano. Misterios encendidos (Siruela, 2019).


 
Historia


“La poesía unida a la realidad es la historia”. Pensamiento y poesía en la vida española. Conferencias pronunciadas en México recogidas por Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000.

 

“Antes de que la Historia aparezca, hay una prehistoria de la historia: la Poesía (…) De ahí que la mejor historia de algunos períodos de la cultura occidental, sea la novela, la mejor historia y la mejor sociología. Pues ella corresponde a lo que actualmente se ha llamado el estudio de las formas de vida (…) la manera como la vida se modela desde las relaciones económicas y sociales, políticas... Novela y poesía han reflejado mejor que el conocimiento histórico, el verdadero pasar, la verdad de las cosas que le pasan al hombre y su sentido íntimo. La historia para ser completa, total y verdaderamente humana, habrá de descender hasta los lugares más secretos del ser, hasta las llamadas entrañas”. El ensayo “Para una historia de la piedad” se incluye en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Idiota


“Más allá de los confines de la palabra, más todavía de la condición humana, aparece el idiota. Hasta hace poco cada pueblo tenía el suyo (…) Anda siempre errante. Y está solo, aun entre la gente (…) Se mueve sin causa y sin finalidad y nada le turba ni le altera. Su medio no es la historia, ni la sociedad (…); es un puro habitante del planeta. No mira, no se diría que percibe sino que sabe (…) un remoto saber, sumergido en el silencio, como en todo saber sucede. El saber del idiota parece estar a punto de revelarse. Mas se queda en la línea de flotación, en la raya imperceptible de la aurora”. España, sueño y verdad (Siruela, 1994).


 
Increíble


“Para comprender la historia en su totalidad, en su íntimo funcionamiento, hay que admitir lo increíble, hay que constatar lo absurdo y al menos registrarlo. Una de las debilidades del hombre europeo de finales y principio del pasado siglo ha sido el no creer en el absurdo, en el horror, en el crimen gratuito, en lo diabólico. El haber olvidado que ciertas cosas, ciertos horrores, habían sucedido entre nosotros no hacía tanto tiempo, y el no haber sospechado que podían suceder de nuevo bajo otra máscara, y por otros motivos, pues que ciertos horrores lo importante es que ocurran. Que el hombre, y el hombre civilizado, haya sido capaz de cometerlos; los motivos… se inventan”. Persona y democracia (Siruela, 2004)


 
Infierno


“En la inminencia de la muerte, bajo la negrura de un cielo amenazador, rememorando las creencias que nos enseñaron en la infancia, pensamos: todo eso es cierto, pero no es en el más allá de la vida y de la tierra; es aquí, en la tierra, donde existe el infierno, (el lugar donde no se ama) y la gloria, el mal y la necesidad ineludible de vencerlo. Es en la tierra y para ella, dentro de ella y bajo su horizonte, donde tenemos que crear la vida futura: la vida”. Artículo publicado en La Vanguardia el 27 de enero de 1938.


 
Intelectual


“No viene a ser otra cosa que el que da su palabra, el que dice y da nombre o figura a lo visto y sentido, a lo padecido, a lo callado, el que rompe la mudez del mundo compareciendo por el solo hecho de haber nombrado las cosas por su nombre, con el riesgo tan cruel de no acertar con la palabra justa y el tono exacto en el momento exigido por la historia”. Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil (Trotta, 1998).


 
Monarquía


“Naturalmente que no se le ocultará a usted cuál es la primera exigencia ineludible en la designación y nacionalización española: el advenimiento del régimen republicano; y nadie hay tan ingenuo y poco exigente que lo espere todo de él; pero la monarquía consumió y sacrificó a su sostenimiento todo lo que podía haber sido savia, vida de nación, y es, además, la primera de todas las instituciones desnacionalizadas, aquí y en todas partes, pues la realeza se añade a la nación, no emerge de ella, y donde esta es soberana queda cesante, sin función ni misión. Un rey constitucional es un contrasentido; solo como lujo se puede tolerar, siempre que no estorbe; pero ya sabemos que no es este el caso de nuestra España”. Tres cartas de juventud a Ortega y Gasset (1930). Revista de Occidente, num. 20 (1991)


 
Música


“Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con solo levantar la tapa se oyese la música, pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta que yo no podía ser una caja de música, porque esa música por mucho que a mí me gustara no era mi música, que yo tendría que ser una caja de música inédita, de mi música, de la música de mis pasos, mis acciones”. Obras completas VI. A modo de autobiografía (Galaxia Gutenberg, 2014)


 
Patria


“Y ese hombre, con los brazos abiertos, gritó: ‘¡Que viva la República!’ Y hasta ‘¡Viva España!’ , que se decía muy poco en mis tiempos, porque la patria, esa verdad, no se nombraba. Después la han nombrado muchos; nosotros no la nombrábamos, pero no porque fuésemos antipatria, sino por todo lo contrario, porque la dábamos por supuesta. El caso es que, abriendo los brazos, el hombre de la camisa blanca acabó dando un grito que él andaba buscando y que al final le salió: ‘¡Y muera… pues que no muera nadie!’. Y gritó por tres veces: ‘¡Que no muera nadie! ¡Que viva todo el mundo! ¡Que viva la vida!”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Aquel 14 de abril. (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Piedad


“La piedad no es la filantropía, ni la compasión por los animales o las plantas. Es algo más: es lo que permite que nos comuniquemos con ellos, en suma, el sentimiento difuso, gigantesco que nos sitúa entre todos los planos del ser, entre todos los seres de un modo adecuado. Piedad es saber tratar con lo diferente, con lo que es radicalmente otro que nosotros”.El ensayo “Para una historia de la piedad” se incluye en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Precariedad


“Y excepcionalmente, Pepe, te voy a pedir que, si te es posible, me envíes alguna compensación económica por los textos míos, pues mi situación es excepcionalmente mala. Tú sabes que nunca he necesitado de estímulos de esta clase para colaborar en Orígenes y darle lo mejor. Pero se me ocurre lo siguiente: la revista Bohemia, donde yo colaboraba, me daba cincuenta dólares por artículo, ha cambiado a no sé qué. Ahora me dicen que paso a Carteles, donde hasta el presente no me han publicado, que yo sepa ninguno, y además me dicen que me pagarán menos, lo cual no sé si voy a aceptar. ¡Es horrible! Y esto me ha traído desequilibrio en estos meses en que hay que pagar y nosotras instalar la calefacción. Compramos una estufa eléctrica buena y bonita que gasta mucho”. Carta a José Rodríguez Feo del 4 de marzo de 1954 en el monográfico de República de las Letras (ACE, 2004).


 
Razón poética


“Hace ya años, en la guerra, sentí que no eran ‘nuevos principios’ ni una ‘reforma de la Razón’, como Ortega había postulado en sus últimos cursos, lo que ha de salvarnos, sino algo que sea razón, pero más ancho, algo que se deslice también por los interiores, como una gota de aceite que apacigua y suaviza, una gota de felicidad. Razón poética… es lo que vengo buscando. Y ella no es como la otra, tiene, ha de tener muchas formas, será la misma en géneros diferentes”. Carta a Rafael Dieste de 1944. Se incluye en La razón en la sombra (Siruela, 20014).


 
Reconocimiento


“Majestades, para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que, una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: gracias. Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes. Y gracias, asimismo, por otorgarme la oportunidad de compartir la siempre leal penumbra de algún recuerdo claro o, a lo menos, íntimamente verdadero: el recuerdo de los espacios, pues mal puedo olvidarme de todos ellos; y el recuerdo de las palabras, pues desdecirme de ellas tampoco quiero”.Discurso de aceptación del Premio Cervantes 1988. Lo leyó la actriz Berta Riaza.


 
Sagrado


“Mas la realidad como se presenta en el hombre que no ha dudado, en el hombre que no ha entrado todavía en conciencia y aun mucho antes en el hombre en el estado más original posible, en el que crea e inventa dioses, la realidad no es atributo ni cualidad que les conviene a unas cosas sí y a otras no: es algo anterior a las cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio; es la realidad oculta, escondida: corresponde, en suma, a lo que hoy llamamos ‘sagrado’. La realidad es lo sagrado y solo lo sagrado la tiene y la otorga”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Soledad


“La soledad inexorable de cada vida. Mas, ¿qué es esto donde estamos solos?, ¿la vida o la muerte? La muerte que es retirarse para siempre a esta soledad, a esta soledad incomunicable. Pero alguien apenas discernible venía hacia mí y antes de ver sentí ante mí el calor especial de una criatura hermana, la presencia del semejante; al cruzarnos muy de cerca nos miramos: era una mujer con un niño en brazos y otro de la mano. Su mirada me devolvía mi imagen, me hizo salir de la inexorable soledad de la muerte llamándome a la soledad de su vida. Fue un instante solamente al pasar; pero cuando ella pasó, también mi soledad había pasado”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Soledad y compañía. (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Tolerancia


“Nos hemos hecho terriblemente incapaces de soportar que haya hombres distintos de nosotros. Se ha inventado, para llenar este vacío, la tolerancia, palabra favorita del léxico del hombre moderno. Pero ‘tolerancia’ no es comprensión, ni trato adecuado, es simplemente, el mantener a distancia respetuosamente, eso sí, aquello con lo cual no se sabe tratar”.“Para una historia de la piedad”, incluido en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Vencidos


“Lo que normalmente sucede con los vencidos, en cualquier historia de que se trate: se toma de los vencidos lo que hace falta sin nombrarlos; se les concede la razón ineludible, más apoderándose de ella, y trasladándola al campo del vencedor, que lo hace con tranquilidad de conciencia, tanto que bien puede no darse cuenta de lo que hace. Todos los vencidos son plagiados, en el sentido amplio de la palabra ‘plagio’ (…). La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Vocación


“Entonces, no tengo más remedio que aceptar que mi verdadera condición, es decir, vocación, ha sido la de ser, no la de ser algo, sino la de pensar, la de ver, la de mirar, la de tener la paciencia sin límites, que aún me dura, para vivir pensando, sabiendo que no puedo hacer otra cosa (…)”. Obras completas VI. A modo de autobiografía (Galaxia Gutenberg, 2014).

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Jueves, 19 Noviembre 2020 05:48

Para qué filosofía en tiempos de pandemia

Para qué filosofía en tiempos de pandemia

En un año en el que la pandemia del nuevo coronavirus ha marcado a la humanidad, y coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Filosofía, nada resulta más oportuno que mostrar al público de qué manera la filosofía puede resultar útil e, incluso, necesaria en tiempos turbulentos. En épocas de gran incertidumbre como la que atravesamos, las principales contribuciones de la filosofía pueden resumirse en dos.

La primera aportación es su capacidad de formular preguntas poderosas. La etimología de la palabra pregunta remite al verbo latino percontare, que en latín clásico significa usar el contus. El contus era una lanza de punta aguzada que los jinetes sármatas utilizaban como arma de combate o instrumento de caza, aunque para los romanos también tenía otros usos. Así, hacía referencia a la vara utilizada por el marinero para medir la profundidad del mar cuando se acercaba a la costa a fin de evitar encallar, pero también se refería al palo gracias al cual las personas ciegas encontraban la ruta adecuada. Tanto el marinero como el ciego echaban mano del contus para tratar de encontrar el mejor camino. De este modo, quien pregunta debe aprender a conducirse, a recorrer caminos que pueden estar llenos de obstáculos. Mediante el acto de preguntar, la filosofía facilita que las personas encuentren caminos transitables y, para ello, nos invita a cuestionar ideas, creencias y valores.

En momentos de crisis planetaria como el actual, necesitamos más que nunca "preguntas fuertes", como las califica Boaventura de Sousa Santos. Se trata de preguntas curiosas, osadas o sorprendentes que dejan al descubierto las raíces históricas y culturales que en un determinado momento condicionan nuestra forma de ser y vivir. Por ejemplo, la pregunta fuerte que el mundo cristiano y colonial moderno se hacía era: ¿cómo podemos convertir a los indios al cristianismo? Luego se impuso la pregunta fuerte de la sociedad industrial y capitalista: ¿cómo podemos crecer más y más? Una pregunta ampliamente rebatida, pero que aún predomina en el imaginario económico desarrollista. En la misma línea, la pregunta fuerte de todo patriarcado es: ¿cómo podemos los varones (especialmente los blancos y heterosexuales) seguir manteniendo nuestro sistema masculino de privilegios?

En el caso del coronavirus, algunas de las preguntas fuertes que pretenden arrojar luz sobre la crisis que ha desatado son: ¿cuál es el futuro reservado a la humanidad? ¿Es posible y deseable regresar a la anterior normalidad de nuestras vidas? ¿Quién se está beneficiando de la pandemia? ¿A quién está perjudicando más? ¿Cuál es la responsabilidad de los humanos en todo esto? El problema es que vivimos en un tiempo en el que predominan las preguntas de baja intensidad, aquellas que se formulan dentro de los límites del orden dominante. Son preguntas que no tienen ningún interés en cuestionar los fallos estructurales del sistema que permiten que haya epidemias y rebrotes capaces de poner en riesgo la salud colectiva. Mafalda, el lúcido personaje infantil creado por Quino, decía que cuando las respuestas no funcionan, es necesario cambiar las preguntas. Las preguntas fuertes son las que nos dan respuestas de largo alcance frente al cortoplacismo en el que estamos instalados.

La segunda gran aportación de la filosofía es su poder para ampliar nuestros horizontes, para ayudarnos a expandir nuestras mentes, nuestra mirada y nuestras emociones, algo particularmente necesario ante un futuro cada vez más complejo e imprevisible. María Zambrano lo explica bien cuando afirma que "la filosofía es mirada creadora de horizonte". Para Zambrano, "lo más humano del hombre es ese abrir el futuro, ensanchando la herida por donde irrumpe la luz, la luz que revela y forma lo que aún no dio la cara, el misterio de las cosas". Debo precisar, sin embargo, que cuando hablo aquí de horizontes no me refiero a un límite visible que el observador tiene forzosamente delante de él. Esta es una perspectiva fruto de una comprensión lineal del tiempo que sitúa el futuro delante y el pasado detrás de las personas. Los pueblos aimaras, por ejemplo, invierten esta relación. Para ellos el pasado se sitúa delante y el futuro detrás del individuo. El pasado está delante porque resulta familiar, es algo que las personas pueden recordar, como una especie de pantalla colocada delante de los ojos cuyas imágenes pueden almacenarse en la memoria visual. El pasado, por el contrario, se localiza detrás porque es incierto y enigmático; es el espacio de lo invisible. Si se piensa bien, la lógica es aplastante: nadie puede contemplar el futuro porque lo único cierto y visible es aquello que ya se ha vivido.

En términos metafóricos, la filosofía se parece a un barco que navega en un mar de preguntas tratando de no naufragar. En ocasiones, la travesía obligará al capitán a detenerse para mirar hacia atrás o hacia delante, para observar horizontes del pasado que quizá nos guiarán mejor hacia los horizontes del futuro. Como nos recuerda el gran Ralph Waldo Emerson: "La salud de la vista parece pedir un horizonte. Nunca nos cansamos, mientras podemos ver bastante". Tal vez la búsqueda de ese horizonte no nos granjeará riqueza, ni fama, ni poder, pero puede que nos proporcione algo infinitamente más valioso que todo lo anterior: una forma de ser, de vivir y de conducirse en un mundo con cada vez menos horizontes, pero, paradójicamente, y al mismo tiempo, en un mundo con cada vez más fronteras.

Por Antoni Aguiló

Filósofo del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra

19/11/2020

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Jueves, 19 Noviembre 2020 05:31

Más Platón y menos Instagram

'La escuela de Atenas', fresco de Rafael Sanzio, en el Vaticano.

Este 19 de noviembre se celebra el día mundial de la filosofía, una (sino la que más) de las disciplinas más antiguas de nuestra sociedad. Aquella que dio luz y encumbró los valores de los que hoy hacemos gala: la democracia, la libertad, la racionalidad, el deber etc. Sin embargo, y a pesar de este extenso currículum, la filosofía (al menos en nuestro país) no pasa por su mejor momento. Un cambio de paradigma, que denosta las humanidades por improductivas y que entiende la escuela como propedéutica para el mercado, ha relegado a la filosofía a los márgenes de nuestras aulas. La asignatura que está llamada a ser la cuna del pensamiento crítico entre nuestros alumnos (para que así hagan un mundo mejor) es tratada por políticos y medios como un saber de anticuario, como un objeto de museo o acaso un saber sin utilidad práctica.

Y es que, ¿acaso no está todo en ruinas? Nuestra generación, la tan injuriada generación millenial, ha sido testigo de la mayor estafa en la historia reciente (además de la crisis de 2008): la ruptura del pacto intergeneracional. Un acuerdo tácito que nos decía que estudiáramos porque, si lo hacíamos, íbamos a poder progresar y vivir mejor que nuestros padres (como ellos lo hicieron con respecto a nuestros abuelos). Hoy, rozando o ya pasados los 30, somos la generación más preparada pero también la que más poder adquisitivo ha perdido, la que más tarde se va a independizar y la que menos estabilidad va a tener. No es de extrañar entonces los datos sobre salud mental y nuestra generación: hoy alrededor de 117 millones de niños y adolescentes en todo el mundo han sufrido un trastorno de ansiedad  según el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos y cada año aumentan los casos de depresión entre los adolescentes (en torno al 21,6% según la FAD en 2018). Todo esto en un clima de derrumbe de los valores de nuestra sociedad. Nosotras, que vimos crecer las redes sociales desde Metroflog o Tuenti (¡y vimos sus peligros!), asistimos ahora a una generalización de la pantalla donde la prensa ha renunciado a su función crítica (la mitad de las noticias que circulen en 2022 serán falsas). Ante este desolado panorama ¿qué sentido tiene nuestra vida ahora?

Es justamente aquí donde nuestra generación puede (y debe) darse la mano con la filosofía para formular preguntas, para encontrar respuestas y para -incluso- dudar de estas últimas. Es por el camino de la filosofía donde se recupera esa actitud crítica ante la vida que no encontramos ya ni en nuestros dirigentes, ni tan siquiera en nosotros mismos -que nos hemos aferrado a ideologías y las defendemos como holligans-. Y aquí, entra la filosofía para recordarnos que "para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas" (Descartes)  o que "en todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras" (Bertrand Russell). Este es, en definitiva, el imperativo de la actitud crítica ante la vida. Este posicionamiento ante la realidad nos permitirá discernir el sentido de la misma -si acaso tuviese algún sentido en términos universales- o, incluso, darle un valor o sentido a nuestra vida más allá del puramente material -respirar, caminar, comer…-, a saber, el de ser críticos con nuestra realidad presente, con nuestra historia y con nuestro porvenir. Esto es, amigos, la filosofía.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo empezar tan ardua y extensa tarea: la de la crítica de nuestra realidad en pos de un mundo mejor? Vamos con unos ejemplos. Con Lévinas podríamos darnos cuenta de la contradicción que existe cuando nos relacionamos con los otros: a pesar de que son personas radicalmente ajenas a mí sólo las puedo conocer subsumiéndolas en mi mundo e intereses (mi amiga, el panadero que vi ayer etc.). Con la filosofía de Marx, en cambio, podríamos, entre otras muchas cosas, darnos cuenta y señalar que todas las explicaciones que esconden la realidad económica son explicaciones con un fuerte interés de clase (como esa que dice nos vamos a otros países a trabajar porque nos gusta viajar) algo a lo que Marx llamó ideología. Podríamos viajar más atrás en el tiempo y entonces Aristóteles nos ayudaría a discernir quiénes de nuestros 793 amigos de Facebook son nuestros verdaderos amigos: frente a la amistad por utilidad o por interés, la verdadera amistad es aquella que nos impulsa a la nobleza del alma. Por último, y ante la crisis ecológica que ya está entre nosotros, el imperativo categórico de Kant nos puede dar una buena solución ante los retos que se nos vienen: si una acción no es universalizable, si no puede concebirse realizándose por todo el mundo, entonces no es una acción moral (¿será entonces moral tener un coche o gastar la energía que gastamos?).

Y, ¿cómo llegar a estos contenidos? ¿Cómo acceder a los sedimentos de sabiduría que nuestra sociedad ha ido depositando y que hoy nos hace más falta que nunca? Acostumbradas al consumo inmediato y rápido de información, a los contenidos escuetos, cortos, es necesario crear espacios y momentos que alienten la pausa en estos tiempos tan acelerados y de prisas. Espacios que supongan una ruptura y que potencien la reflexión recogiendo la historia de la filosofía y utilizando esta herramienta para analizar nuestro momento actual. Espacios así se pueden encontrar en múltiples coordenadas de nuestro hábitat cotidiano: espacios en redes sociales, librerías, instituciones culturales, en libros, etc. Desde los muchos eventos que organiza la librería Traficantes de Sueños hasta las clases grabadas en Youtube por Ernesto Castro. Desde el famoso y ya clásico El mundo de Sofía hasta nuestro nuevo libro Mentes Inquietas: contrarrefranes y cultura popular donde revisamos la cultura popular a través de los refranes dándoles la vuelta y proponiendo una lectura filosófica de ellos y relacionándolos con dilemas o problemáticas actuales.

En fin, la famosa frase atribuida a Sócrates ("sólo sé que no se nada") debe servirnos como primer paso para un pensamiento crítico. El filósofo, el intelectual, el crítico, no es el que sabe (¡justamente Sócrates reconoce que no sabe!) sino el que es consciente de su propia ignorancia. Frente a los dioses (que ya lo saben todo) y frente al ignorante (que ignora que es ignorante y cree que sabe todo), el filósofo admite su ignorancia y la establece como punto de partida para una vida llena de aprendizajes. Así, en los tiempos de la sobreinformación: humildad, aprendizaje y visión crítica. En los tiempos del consumo masivo: pausa, lectura y participación ciudadana.

Por Javier Correa Román y Myriam Rodríguez del Real

Fundadores de Colectivo Mentes Inquietas, un espacio de divulgación de la filosofía en redes sociales y autores de: 'Y pensar ¿para cuándo? Filosofía de jóvenes para jóvenes' (Autografía, 2018) y 'Mentes Inquietas. Contrarrefranes y cultura popular' (Punto de vista editores, 2020)

19/11/2020

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Sábado, 05 Septiembre 2020 05:55

Weber: la modernidad se asoma al abismo

Weber: la modernidad se asoma al abismo

 Hace poco realicé un experimento en cierta manera absurdo. Ante el exceso de curiosidad fallece incluso el gato, sobre todo el gato académico. Ingresé a la página de Google Académico para curiosear sobre qué autores gozaban de la mayor predilección o popularidad en el mundo universitario en español. Digamos, desde Madrid hasta la Patagonia. En esa página de Google aparecen las citas que un autor hace de otros autores. Me hice mi propia quiniela. Pensé en algún griego, Platón o Aristóteles. En Kant, en Marx (inevitable), en Freud (calculable), incluso en Heidegger, que ya ha alcanzado la cima de un clásico del siglo XX. Dudé si debía o no sumar a Foucault, sobre todo por la atracción de su prosa hermética, que lo vuelve disponible a liberales y conservadores, a filósofos, historiadores y literatos. El resultado me tomó completamente por sorpresa. En el primer lugar, aparecía Walter Benjamin; en el segundo, en efecto, Michel Foucault y, en el tercero, Max Weber.

Toda búsqueda en alguna página de Google nos retrotrae al sentimiento de un archivo delirante. Google muestra que el sueño ilustrado de reunir todo el conocimiento humano en un compendio de volúmenes –el enciclopedismo– desemboca inevitablemente en un orden que, a cada instante, escapa a cualquier ordenamiento posible. Un universo que crece de manera impredecible con mucho mayor rapidez que nuestra capacidad para reducir su complejidad. No sé si mi encuesta sea correcta. El apellido "Benjamin" es también un nombre común y una apelación bíblica. Y un caos similar antecede al de "Weber", un apellido común en el mundo alemán. Sea como sea, el lector puede realizar su propia encuesta. Seguramente encontrará otro resultado.

Lo que está fuera de duda es que, a 100 años de su muerte, provocada en 1920 por la gripe española, acaso la baja más importante que infingió esa pandemia al pensamiento occidental, Weber se erige como uno de los pilares claves de esa auscultación sobre el mundo contemporáneo que descifró los laberintos esenciales de las maquinarias políticas, sociales y culturales de la condición moderna, pero sobre todo a los agentes y las aporías que fundaban el anuncio de su lado más oscuro.

Murió joven, a los 56 años de edad. Comenzó tardíamente su carrera académica, que nunca dejó de ser brillante. El insomnio y la depresión lo separaron muy temprano de ella. Antes de los 35 años prefirió renunciar a su cátedra. Pasó seis años sin escribir una sola palabra, entrando y saliendo de asilos mentales. Según las memorias de su esposa, consumió diez años en ese tortuoso trajín. Malgastó un cuantioso tiempo en tratar de convertirse en político al intentar fundar un partido que conjugase los principios de la socialdemocracia con los del liberalismo. En suma, su vida activa como filósofo, sociólogo e historiador debe haberse reducido a quince años. Suficientes para definir a una de las partes centrales del pensamiento occidental: la parte que se ha preguntado –y continúa con la pregunta– de por qué el mundo de la razón desemboca en las más poderosas estructuras de dominación –la burocrcia, entre otras– y, al mismo tiempo, hace prosperar a los agentes políticos, sociales y culturales de su propia destrucción. Su proximidad con la carnicería de la Primera Guerra Mundial no hizo más que reafirmar esta visión.

Con frecuencia se le sitúa como uno de los fundadores del pesimismo sociológico. Weber se habría reído de esta definición. Par él, un pesimista no era más que un "estúpido solemne", y un optimista, un "estúpido simpático". Sin embargo, su pensamiento resulta esencial para una reflexión crítica sobre la condición moderna y el capitalismo desde la modernidad misma. Tal vez esto es lo que define a su imperecedera actualidad.

Una de las tesis principales de su obra es que la racionalización creciente de nuestras prácticas sociales desemboca inevitablemente en el desencantamiento del mundo. Doble desencantamiento. El ser contemporáneo está convencido que es capaz de calcular las consecuencias de sus acciones. Es inútil, dice Weber. Al cerrarnos sobre nuestro miedo a errar, el mundo pierde el encantamiento de todo lo que escapa a la lógica de la razón. Y la otra forma, que sitúa a nuestras sociedades constantemente en la zona de mayor peligro. La racionalización del mundo no es más que la transformación del otro en un sujeto o un objeto (una mercancía, por ejemplo). No podemos resistirnos a reducirlo a una cifra, a una máscara. Entonces se desploma el principio de empatía social, y con él la posibilidad misma de procurar alguna forma de justicia. Es cuando puede suceder lo peor: el dominio absoluto de los ordenes burocráticos, el placer por el exterminio del otro, la modernidad como fábrica de la soledad.

Weber creía que sólo el loco es capaz de enunciar la verdad, porque no teme sus consecuencias. Y no es improbable que él mismo se considerara parte de esa sagrada, noble y selecta familia.

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Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América  Tomo III

¿Es la Internet la gran dominación o la gran liberación? ¿Es la nueva utopía digital o el nuevo holocausto tecnológico? Y en esta dualidad, ¿qué papel juega la inteligencia artificial? Precisamente este es el asunto central de este nuevo libro, continuidad de las reflexiones retomadas o propuestas en los dos tomos que le anteceden: Educación(es) y globalización(es), entre el pensamiento único y la nueva crítica (I) y La(s) escuela(s) de las globalización(es), entre el uso técnico instrumental y las educomunicaciones (II).

En este nuevo viaje, el autor busca comprender desde su perspectiva las grandes transformaciones civilizatorias en marcha, las mismas que han reorganizado las estructuras de la sociedad y, desde luego, del proyecto de poder, obligado a reestructurarse toda vez que la ciencia está convertida en fuerza productiva y la tecnología, su medio de producción, generando unas nuevas lógicas de acumulación (la tecnología en los centros, y por desposesión en las periferias), diferentes a las dominantes durante las tres revoluciones industriales anteriores. Con la cuarta el capitalismo se torna cognitivo, convirtiendo la experiencia de vida de la gente con las máquinas en una nueva materia prima a partir de los datos que entregamos en su uso cotidiano, apropiado posteriormente en forma privada a partir de los algoritmos, incidiendo sobre el control del comportamiento, las emociones y muchos más aspectos de la vida.

En este contexto la educación, convertida por algunos sectores de la sociedad en una industria del conocimiento soportada en la titulometría y la bibliometría, adquiere un valor fundamental para el capital, como mecanismo de control organizado desde políticas multilaterales. Una educación dirigida por banqueros.

Es en este escenario global de cuarta revolución industrial que surge en Nuestra América una tensión por desarrollar una educación que no solo forme ciudadanías del mundo sino también hijos e hijas de la aldea, lo que demanda recoger los desarrollos históricos de las rebeldías críticas potenciadas en estas tierras (como el Buen Vivir, el Pensamiento Sur, y otras múltiples áreas del saber), a la par de valorar en su justo nivel las disciplinas clásicas occidentales y su mismo peso en el pensamiento ancestral, manifestado en campos diversos, como la Etnobotánica y la Teología de la Liberación.

Todo ese debate ha tocado la educación en curso en estos territorios, con infinidad de experiencias prácticas que muestran caminos propios de transformación de las educaciones, las escuelas y las pedagogías, las mismas que fundamentan y se presentan en este libro en un esfuerzo por construir otras educaciones, otras escuelas, otras pedagogías, en el camino por seguir labrando la transformación social que requieren y sueñan quienes desde siempre han sido negados.

 

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El paraíso perdido de las ciencias sociales latinoamericanas

Hemos extraviado el Sur. La mayoría de los análisis presentes buscan en el pasado una ruptura inhabilitante para pensar nuestra realidad. Como argumento: el abandono de un edén de las ciencias sociales latinoamericanas. Nuestro pecado, dejar de abrevar en la teoría de la dependencia. Hacerlo, se recalca, supuso renegar del carácter marxista de sus postulados, dejar de pensar en América Latina y una contrarrevolución ideológica. Lo cierto, la teoría de la dependencia, en todas sus vertientes, fue la última cosmovisión omnicomprensiva de las estructuras sociales y de poder en América Latina. Asimismo, logró articular, es verdad, una alternativa anticapitalista, uniendo ciencias sociales y acción política. En 1969, Ruy Mauro Marini, se decantó por un sugestivo título para su ensayo publicado en Siglo XXI Editores: Subdesarrollo y revolución. Por su parte, en 1972, Theotonio dos Santos, optó por un encabezado más específico: Socialismo o fascismo: El nuevo carácter de la dependencia y el dilema latinoamericano. Casi una premonición del golpe de Estado que en septiembre de 1973, derrocaría al gobierno popular de Salvador Allende en Chile. La perspectiva dependentista no ha tenido sustitutos.

Las dictaduras militares de corte neoliberal, la represión, la clausura de las facultades de ciencias sociales coadyuvó al naufragio del pensamiento crítico latinoamericano. Del golpe, asestado en medio de la guerra fría, una parte de la izquierda intelectual no ha sabido recuperarse. Las nuevas generaciones se han dejado arrastrar por modas, teorías de usar y tirar propias de un pensamiento chatarra con obsolescencia programada. El abandono de los estudios dependentistas dejó un vacío, trasformado en nostalgia. Su espacio no ha sido cubierto. En su lugar queda un saber fragmentado. Para unos, se trata de una crisis de pensamiento, para otros de una falta de renovación, y en medio, una amalgama de opciones obsesionadas en concebir nuestras ciencias sociales como parte de una ciencia social burguesa, encubridora y alienante. En esta dinámica, no debe estudiarse nada con visos de impurezas provenientes de las categorías del saber occidental producido en los centros hegemónicos. Sea Europa o Estados Unidos. Un sinsentido que ha logrado hacerse un hueco en algunos nichos académicos. Todo lo post es bienvenido. Como si el pensamiento marxista, el lenguaje, las técnicas de investigación social, la estadística y la teoría no formasen parte o estuviesen adscritas a una razón cultural, la occidental, desde la cual, para bien o mal, pensamos el mundo y buscamos transformarlo. Atrincherarse en lo vernáculo como única opción de conocimiento emancipador es un dislate. Su base, la nostalgia que facilita parapetarse en una versión idílica del pasado en el desarrollo de las ciencias sociales latinoamericanas. Un relato donde el saber y el conocimiento habrían fluido a borbotones, liberadas de pensar el mundo desde las categorías occidentales. Luego vino el caos y la oscuridad. Ese sería el comienzo del desastre. A partir de ese instante todo ha ido de mal en peor. Lo que prometía ser un vergel terminó en un erial. Un desierto cuyos oasis se han ido secando a medida que se ha perdido la unidad en el pensamiento crítico latinoamericano hasta terminar hablando de crisis de la las ciencias sociales.

¿Acaso la propuesta zapatista no está enraizada en la historia de México? Su aporte al pensamiento emancipador latinoamericano es el resultado de una síntesis de experiencias donde transitan el colonialismo interno, la digna rabia, los Caracoles, un lenguaje capaz de interpretar los cambios de un capitalismo analógico a un capitalismo digital. Ha sido capaz de poner encima de la mesa del debate teórico la necesidad de repensar la democracia, las formas de lucha y resistencia. No menos abrir la discusión a conceptos como la dignidad, la justicia social, el poder. Su convocatoria desde 1994 es inclusiva. No es una visión milenarista o indigenista. Los cuentos del viejo Antonio y Durito de la Lacandona cobran vida para explicar el racismo, la miseria, la memoria colectiva, el sentido ético del quehacer político. La propuesta zapatista no es la única, sus postulados han servido para repensar los procesos constituyentes en Venezuela, Bolivia o Ecuador. El buen vivir, el Sumak Kawsay, los derechos de la naturaleza o la articulación de un Estado multiétnico y plurinacional, son parte de la ruptura del colonialismo interno. Su pensamiento debe ser reconocido como un aporte destacado al desarrollo de la ciencia política contemporánea, una manera de romper la visión castrante y nostálgica de haber perdido el rumbo. No todo pasado fue mejor. Hoy el pensamiento latinoamericano esta en ebullición, crea y propone, tanto como busca, romper las visiones que lo encorsetan y frenan. Basta ver el movimiento de protesta en Chile y Colombia, como la expansión del movimiento feminista en su crítica abierta al capitalismo patriarcal. Nunca existió un paraíso, ni hay que salir en busca de un edén perdido del pensamiento social latinoamericano.

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Estanislao Zuleta: rebeldía intelectual y democracia radical.

Aquel sábado 17 de febrero de 1990, solitario en su apartamento del barrio Meléndez de Cali, Estanislao Zuleta dejaría de entregarle al mundo sus últimas expresiones de rebeldía intelectual. A 30 años de su partida, su obra se convertiría en precursora y dejaría aportes sugerentes para lo que luego sucedería: décadas después los colombianos hemos sido testigos de la transición de la guerra a la paz, de la superación parcial de la confrontación armada y la adaptación colectiva gradual a una saludable disputa ideológica.

Vivimos actualmente en medio de un maremágnum social, producto de un acumulado de luchas históricas libradas por décadas, traducidas en el ascenso de las movilizaciones, los movimientos ciudadanos, y una multiplicidad de demandas populares que reclaman cimentarse y superar el descontento espontáneo.

Los aportes de Estanislao Zuleta en el campo educativo, literario, y su crítica feroz al "dogmatismo mecanicista", son un desagravio  teórico, que es digno de ser rescatado en este siglo XXI, dominado por la inmediatez, la levedad y el conocimiento compartimentado por profetas, salvadores, y advenedizos “expertos”.

La conexidad con que Zuleta supo articular tan variados tópicos ayuda en tiempo presente a dotar de contenido a un conglomerado de iniciativas subalternas que en el plano cultural, económico, social, y político, de la Colombia contemporánea, no logran definir una identidad única que antagonice con el sentido común  hegemónico de las élites criollas.

Zuleta despreció los credos, las verdades reveladas, las ideas vedadas, el aburguesamiento y la domesticación de su pensamiento. Por eso prefirió pensar por sí mismo a convertirse en un cómodo administrador de ideas ajenas. En vida prefirió cuestionar, provocar y disfrutar de su papel de piedra en el zapato de lo predestinado, de lo establecido.

Estanislao marcó un hito en las ciencias sociales latinoamericanas por haber sido el precursor del maridaje entre el psicoanálisis freudiano y el marxismo, herencia de su profunda pasión por la obra de Jean Paul Sartre, para quien la dicotomía entre palabra y acción fue siempre paradójica, problemática. Reinterpretar el marxismo sin nociones esquemáticas, y sin determinismo, le permitió entender a este pensador antioqueño la importancia de la singularidad de los dramas particulares, asfixiados por la reduccionista “lucha del proletariado y los desposeídos contra el capital”.

Zuleta se dio cuenta de la necesidad de defender una democracia radical, por parte de las izquierdas en la sociedad colombiana, al  final de los años ochenta, en tiempos marcados por la Perestroika y el Glasnot soviético,  respuestas tardías a las fallas del capitalismo de Estado en la moribunda “cortina de hierro”.

Mientras Zuleta defendía las noción de democratizar la democracia y darle cabida a los disensos en la Colombia política dominada por el tándem liberal-conservador, en otras latitudes sus tesis coincidían cronológicamente, probablemente sin haberlas leído nunca, con las de nuevos pensadores adscritos al denominado postmarxismo[2] (Zizek, Laclau) que entendieron la necesidad de reinventar la izquierda haciendo del afloramiento de múltiples disensos la forma de ampliar los linderos de la participación popular y de romper con el desprecio del comunismo por la democracia representativa.

Zuleta dedicó la última década de su vida, sus últimos esfuerzos, a una incansable tarea pedagógica en materia de paz y democracia como asesor cultural y de derechos humanos de los Gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco. Su forma de leer el futuro democrático de la convulsa Colombia de finales de los años ochenta coincidía con el pluralismo agonístico de Chantal Mouffe, que defiende el sentido de lo político como conflictividad continua y hace una clara diferenciación entre enemigo y oponente, frontera que separa  al antagonismo del agonismo[3].

Su Conferencia en Santo Domingo (Cauca) ejemplificó su profundo compromiso por ensanchar las fronteras de la política, y lo político, en la sociedad colombiana. Aquel 14 de mayo de 1989 Zuleta, ante un puñado de guerrilleros en proceso de reincorporación, señalaba "Una característica esencial de la mentalidad democrática, en un sentido moderno, es la aceptación del pluralismo por la sola razón de la imposibilidad de conseguir la unanimidad. Los hombres, los partidos, los grupos de intereses, piensan distinto; las gentes tienen diversas opiniones, creencias, religiones, gustos. Someternos a una sola idea o creencia produce terror absoluto, aunque por el terror es imposible someter al ser humano”[4].

 

Ese carácter indómito de la obra de Zuleta lo llevó no solo a enfilar baterías en sus escritos, intervenciones, y conferencias contra el establecimiento liberal-conservador, sino contra los aparatos burocráticos, los comités sindicales, y  todo lo que él categorizaba como los “especialistas en revolución", de raigambre estalinista en su mayoría[5]

Para Estanislao era inconcebible la coalescencia entre el igualitarismo abstracto del socialismo real, y la defensa férrea que la teoría de Marx hacía del individualismo radical, una interpretación que se acercaba de forma más concreta a los problemas reales del hombre.

Sus cuestionamientos principales a estas estructuras, a las cuales enfrentó

durante su paso por el Partido Comunista (PC) de Gilberto Vieira, se centraban en dos aspectos: 1) la idealización que realizaban de los desfavorecidos, a quienes consideraban, como bien lo señala Eduardo Gómez   “una especie de sector predestinado a realizar la revolución”[6]; 2) la supresión que éstas estructuras ejercían sobre cualquier resquicio de individualidad, y de diferenciación, entre los miembros que componían a tan homogéneas colectividades.

Como era de esperarse dichos desencuentros dialécticos en el seno del PC, lo llevaría a abandonar sus filas en 1963 y a crear, junto a Mario Arrubla y Oscar Hernández, su propio partido: el Partido para la Revolución Socialista, disuelto en 1965 por las acaloradas discusiones internas, en las cuales un sector influenciado por el triunfo de la revolución cubana, el nacimiento de las Farc, y el auge de las guerrillas en Latinoamérica abogaba por la defensa de la lucha armada como única forma de alcanzar el poder, al fragor de los albores del Frente Nacional.  

El alzamiento armado unilateral de las guerrillas, realizado de manera inconsulta con el pueblo que decía defender, se hacía intolerable para un demócrata radical como Estanislao. Ya entrados los comienzos de los ochenta, en su célebre ensayo “Sobre la guerra, esa borrachera colectiva” Zuleta maduraría ese distanciamiento a todo intento armado por acallar al otro al afirmar "Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo”[7].

Zuleta abandonó este mundo hace 3 décadas, sin presenciar como se cayeron a pedazos los vaticinios del nuevo orden mundial: no hubo fin de las ideologías, ni un idílico mundo sin guerra fría, sin conflictos y sin contradicciones.

Si todavía siguiera vivo,  es aventurado asegurar el papel que jugaría Estanislao Zuleta en estos tiempos de posverdad, pospolítica, y neoliberalismo en proceso de reformulación[8]. Podríamos atrevernos a lanzar una arriesgada hipótesis: probablemente sería un agudo crítico y polemizador vetado por los Gobiernos de turno, un burgués en continua rebelión contra esta absurda realidad que vivimos, dedicado a decirle a las ovejas que desconfíen profundamente de todos los pastores que quieren cuidarlas.

Por: Felipe Pineda Ruiz[1]

 

[1] Publicista, investigador social, colaborador de la Fundación Democracia Hoy. Director del laboratorio de iniciativas sociales y políticas Somos Ciudadanos. Editor de www.democraciaenlared.com

[2] Corriente teórica que reformula las tesis del marxismo clásico, y el determinismo que éste atribuye a la clase obrera como bloque hegemónico del cambio. En su lugar el postmarxismo reivindica la lucha de la multiplicidad de resistencias e identidades colectivas por encima del homogéneo proletariado. El libro “hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia” (1985), de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe ahonda en las profundidades de este concepto.

[3] Mouffe, Chantal (1999), El retorno de lo Político. Paidós, Barcelona, 1999, ps. 207

[4] Conferencia dictada por Estanislao Zuleta el 14 de mayo de 1.989

 en Santo Domingo (cauca), en la denominada ciudadela de la paz, campamento del movimiento insurgente M-19, previo a la firma del armisticio entre el Gobierno Nacional y esta guerrilla.

[5] Zuleta, Estanislao (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva : y otros ensayos. Procultura S.A, Bogotá, Colombia, p.59.

[6] Gómez Eduardo (2011). Memorias críticas de un estudiante de humanidades en la Alemania Socialista & Zuleta: el amigo y el maestro. Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, p. 59.

[7] Zuleta, Estanislao (1989). “La guerra, esa borrachera colectiva”, texto incluido en el libro Elogio de la Dificultad y Otros Ensayos de Hombre. Nuevo editores, Bogotá, Colombia.

[8] Como ha sucedido tantas veces, el gran capital mundial, y sus organismos multilaterales, han vuelto a hablar de capitalismo con “rostro humano”. Las recientes declaraciones de Kristalina Georgieva, presidenta del Fondo Monetario Internacional, de Christine Lagarde, nueva presidenta del Banco Central Europeo, y el Manifesto de la última reunion del Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, dan cuenta de este nuevo salvavidas teórico al neoliberalismo global.

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William Davies, autor de 'Estados nerviosos'. Elvira Megías

El autor de Estados nerviosos, William Davies, estuvo en Madrid presentando un libro que explica cómo las redes sociales se están convirtiendo en un campo de batalla de emociones y sentimientos antes que de ideas o hechos.

París, finales del siglo XIX. El escándalo es el material que rápidamente incendia una sociedad en un proceso acelerado de transformación económica y política que derivará, en cuestión de pocas décadas, en la primera guerra mundial. El sociólogo Gustave Le Bon —el “célebre doctor”— es, además de un físico aficionado, un pionero de la psicología social. Sus ideas sobre la emergencia de “la multitud” ejercen como un diagnóstico certero para el apetito burgués. Pesimista, militarista y elitista, Le Bon veía crecer cada día a esas masas a las que despreciaba y comenzó a pensar en ellas como un organismo vivo. Una serie de ideas inoculadas entre esas multitudes podían ser como un virus o, como escribe William Davies (Londres, 1976), “la muchedumbre se convierte en un vasto circuito neuronal a través del cual viajan las emociones de un cuerpo a otro, a una velocidad vertiginosa”.

Desde su posición contraria a las masas modernas, Le Bon aportó claves para la crítica… pero también para la utilización de esa potencia multitudinaria. La influencia de su principal obra La Muchedumbre: un estudio de la mente popular ha llegado a líderes y oradores —entre otros, ejem, Adolf Hitler— que encontraron en las ideas sobre manipulación una fórmula de obtener adhesiones inquebrantables. “Exagerar, afirmar, repetir y no intentar jamás demostrar nada mediante razonamiento: he aquí los procedimientos de argumentación familiares a los oradores de las reuniones populares”, escribió Le Bon.

El sociólogo y economista William Davies ha retomado esas ideas sobre la manipulación de masas nacidas de la crisis de las naciones del siglo XIX en el contexto del nacimiento de las redes sociales, el big data y la inteligencia artificial. Estados Nerviosos, cómo las emociones se han adueñado de la sociedad (Sexto piso, 2019) es un ensayo que pretende comprender la política de los sentimientos, una ola que está aupando a los movimientos xenófobos en todo el mundo. Twitter o Facebook son medios de comunicación “calientes” que generan reacciones físicas en quienes participan en ellos, lo que ofrece una oportunidad de negocio y de obtención de poder a actores destacados del panorama político. Pero, advierte Davis, no hay un retorno posible a la “razón” como única guía de funcionamiento. Los sentimientos, nuestras reacciones, son un material delicado, pero ninguna propuesta se entenderá en el futuro sin las emociones: sin el amor, el placer o la rabia.

En la segunda mitad de Estados Nerviosos escribes acerca de las ideas de Carl von Clausewitz sobre la guerra. Leyéndolo me preguntaba si es que estamos en los primeros años de algún tipo de guerra.
La definición de guerra ha sido algo muy difícil de definir de un tiempo a esta parte. Por dos o tres motivos. En primer lugar, cada vez más, las metáforas y el lenguaje de la guerra han pasado a ser mucho más comunes en la política. Pero esto no es del todo nuevo porque, como sabes, en Estados Unidos hubo una “guerra contra las drogas” bajo el mandato de Bush y después hubo una “guerra contra el terror”. En Gran Bretaña, en este momento, hay indignación por el hecho de que Boris Johnson utilice lenguaje como “rendición” o “colaboracionismo” en relación al Brexit y eso se considera extremadamente peligroso.

Cuando el lenguaje de la guerra entra en la política, lo que conlleva es una destrucción del espacio del compromiso. Esto significa, básicamente, que si hablas en términos bélicos dejas de reconocer que estás obligado a algo, y eso es lo que consigue el lenguaje, por ejemplo, cuando hablamos de guerras culturales, que es una expresión que ha prosperado para explicar cosas como las divisiones en las sociedades democráticas entre, por ejemplo, los universitarios y los demás.

Pero, otro aspecto más cercano a las ideas de Clausewitz es que las tecnologías de la guerra se están utilizando indistintamente en conflictos militares y en la sociedad civil. Sabemos, por ejemplo, que Rusia practica la guerra de la información para perturbar democracias en todo el mundo. Es un hecho que conocemos, no sabemos exactamente hasta dónde está llegando, pero sí que está pasando por lo menos hasta cierto punto. Sabemos que el Pentágono está utilizando tecnologías para influenciar a las masas, en el ámbito civil y económico, mediante técnicas de contrainsurgencia y contraterrorismo. He escrito sobre la compañía de Peter Thiel, Palantir, una compañía comercial que atraviesa fronteras de muchas maneras y que obtiene muchos contratos en actividades de contraterrorismo y para influenciar a la gente. Pero también está siendo usado para vigilancia y potencialmente puede ser usado para investigaciones de mercado, porque estas tecnologías nos ven como ejércitos de gente, como hordas. Y en ese sentido, la mentalidad de la guerra y las técnicas políticas de manipulación, que son potencialmente muy violentas, se han convertido en formas habituales de organizar la sociedad. De este modo, los partidos políticos, los movimientos políticos son vistos como un ejército a movilizar y no como personas que deben ser representadas.

¿Se usan los sentimientos y las emociones como las armas de esa guerra?
La publicidad siempre ha intentado guiar a la gente a este tipo de comportamiento, en muchos sentidos tan apetitoso. En mi libro anterior, La industria de la felicidad, que se publicó hace tres años en España, hablaba de los orígenes de ese esfuerzo para usar la investigación psicológica para tratar de hacer que la gente vaya de compras de cierta manera y vote de determinada manera. Así que no deberíamos exagerar sobre cómo de novedosas son estas técnicas. Pero, claramente, esta segmentación psicográfica con mensajes que están cuidadosamente diseñados para obtener determinada reacción de la gente es un fenómeno muy preocupante. Sabemos que fue decisivo en el referéndum del Brexit de 2016. En los dos días previos a la votación, la campaña por la salida estaba dirigiéndose a gente que normalmente no vota. Esto un aspecto importante de esta nueva política, el hecho de que moviliza a las personas que antes eran simplemente apáticas, no les importaba que la política no fuera para ellos. Esas personas fueron “golpeadas” con imágenes terribles, con la idea de que Turquía va a entrar en la Unión Europea y se van a meter en tu ciudad, etc. Buscan inducir una serie de emociones en la gente, movilizarlas y que voten. Y este tipo de propaganda es propaganda de guerra. De nuevo, tiene precedentes, pero la economía de plataformas permite hacer esto de una manera más cuidadosa y estratégica. El santo grial, la principal meta del marketing o la influencia a través de las redes sociales —más específicamente de los influencers— es producir los contenidos que generan adhesión.

Ese vínculo puede tener muchos significados, pero también presupone algún tipo de reacción: que la gente preste atención, que la gente haga clic, que a la gente le guste o le disguste ese estímulo —de hecho el disgusto es tan bueno como el “me gusta”, la rabia es tan buena como el amor en el contexto de las redes sociales— lo que significa es que estás vinculándote aquí en lugar de allá. Para quienes están mirando “al otro lado” de esas plataformas eso es una ciencia, deben averiguar qué tipo de contenidos crean esa adhesión, y tiende a ser el contenido que provoca no el pensamiento racional, si no el “cuerpo emocional”: la parte de nosotros que reacciona independientemente de lo que pensemos, impulsivamente: “esto es asqueroso, esto es espantoso o esto es maravilloso”.

Después del libro he publicado un artículo sobre por qué hay tantos cómicos hoy en día en política: Bepe Grillo, Boris Johnson, que se hizo famoso en tertulias cómicas en los 90, o el nuevo primer ministro de Ucrania [Oleksiy Honcharuk]. Hoy los políticos se introducen en una especie de competencia en las redes sociales; ven cómo el Joker, la persona que hace reír, que consigue una reacción visceral, se convierte en el personaje ideal para crear esa reacción afectiva. Por ejemplo, Donald Trump fue una estrella de los reality. Sabía cómo actuar de determinada forma para que la gente se sentase y mirase. Y eso es lo que son nuestros políticos hoy en día: un cruce de la telerrealidad con la comedia.

El libro defiendes, en cualquier caso, que Trump o Johnson son síntomas de la enfermedad, no la enfermedad en sí. ¿Cuál es esa enfermedad?
En primer lugar, hemos descuidado los mecanismos con los que la sociedad solía representarse a sí misma. Creo que la democracia liberal y el liberalismo en general es un proyecto de representación complejo. En la primera parte del libro trato de explicar que pensamos que la democracia representativa tiene dos partidos, un Parlamento, etcétera. y eso se ha descuidado mucho durante los años 80, 90 y 2000 con el discurso de que cuestiones como las políticas económicas deben ser manejadas por gente que no ha sido elegida por nadie, me refiero a los tecnócratas. Pero también los partidos se han convertido en máquinas, han creado también nuevas formas de manipular a través de los medios. La gente normal no tiene nada que ganar militando en los partidos políticos en el sentido de lo que tenían que ganar en los años 50. Creo que hay una pérdida ahí. Gracias a gente como Thomas Piketty sabemos que la desigualdad no es solo “un sentimiento”, sabemos objetivamente qué es y qué esta pasando. Pero los economistas han descuidado eso durante mucho, mucho tiempo. También los Gobiernos y los políticos. A menudo usan las estadísticas para silenciar argumentos —“El PIB está creciendo, el desempleo es aburrido y todo va bien”— no está bien: esos números se han usado mucho tiempo para suprimir el debate.

Mientras tanto, ha ido creciendo y creciendo esta otra infraestructura, particularmente a partir de los primeros años 90, que básicamente es una infraestructura para manejar las reacciones en tiempo real. Primero fue en la economía financiera, que convierte a la economía en esta especie de “estado nervioso”. Es un estado nervioso en el que nadie tiene que estar a cargo y las empresas están en constante estado de reactividad. Después, nuestro entorno de medios de comunicación se ha movido de una forma similar, con el nacimiento de las redes sociales y el nacimiento de noticias en tiempo real. Nadie necesita hechos en este entorno, todo lo que se necesita es la última actualización, la última imagen. Hay acontecimientos teniendo lugar en todo momento —estos días en Barcelona, por ejemplo— pero la gente recurre a los medios no para reportes narrativos o para buscar un contexto válido, sino que, cada vez más, la función de los medios en nuestra vida es cubrir una demanda: “Quiero ver a la policía golpeando algo”, “Necesito estar en el momento”, “quiero sentir cómo es”... y, ya sabes, eso es difícil. Pero eso es lo que las redes sociales nos enseñan a esperar. Es lo que creo que hay que explicar; cómo una forma de entender el mundo se ha deteriorado y cómo ha surgido esa otra.

Para las grandes empresas de Silicon Valley, ¿se trata solo de dinero? ¿Están intentando demostrar algo? ¿Quieren llevar las democracias a un límite?
Obviamente, están haciendo mucho dinero en la actualidad. Los gigantes como Amazon, Google, Facebook, se han convertido en condicionantes de los mercados, la sociedad civil o la democracia. Y esto es muy peligroso. Google puede destruir pequeños comercios solo cambiando el algoritmo de sus anuncios. Amazon puede hacerlo con las librerías. Facebook puede hacerlo con las democracias. ¿Qué quieren realmente? Es difícil de saber. Ellos todavía tienen una visión iluminada sobre lo que están llevando a cabo que, bajo mi punto de vista, es algo delirante.

Creo que es posible decir que Amazon tiene muchas de las atribuciones de un estado soberano. Tienen la capacidad de destruir; ya sabes, el Pentágono ahora depende de Amazon para su computación en la nube, etc. Por eso el tipo de competencia en la que participan, de alguna manera se entiende mejor como una competencia de guerra que como una competencia de mercado. Las leyes anti-Trust, por ejemplo, no funcionan para ellos, porque no se engloban en un mercado. Los empresarios detrás de estas compañías tienen un tipo de mentalidad napoleónica, sienten que están construyendo imperios. En ese sentido, es una forma de imperialismo. No necesitan hacer dinero, ya han hecho mucho, no necesitan hacer negocios como tal.

El libro insiste en que debemos entender y utilizar las emociones también para luchar contra estos tipos de manipulación, que posiblemente la razón no sea suficiente para combatir estas prácticas.
Creo que nuestra propia comprensión de lo que significa ser humano es muy diferente de lo que era hace 30 años. Mi hija tiene seis años, está en la escuela, y en su clase ha aprendido cosas sobre su cerebro; trabajan para preparar a las criaturas respecto a posibles problemas de salud mental, hacen meditación en el aula. Eso a mí no me gusta demasiado, pero ella habla sobre su cortex frontal y cosas así. Estamos en una sociedad en la que sabemos ciertamente más sobre nuestras reacciones físicas, sobre nuestro comportamiento y nuestras experiencias. Los partidos políticos interactúan con nosotros tratando de provocar esas reacciones instintivas. Somos “seres reactivos”, de alguna manera. Afortunadamente seguimos “pensando” cosas pero esa particularidad nuestra no va a sustituir a la otra de repente. Y la gente no va a decir un día: “Tenemos que confiar en esta otra gente por sus modelos, sus teorías o por sus datos”. Creo que el reto es rescatar cosas del proyecto liberal, que es un proyecto pacifista.

Ese proyecto es acerca de la defensa de la paz y la oposición contra la violencia. Si seguimos pensando de esa manera, no obstante, tenemos que comprender aspectos del ser humano que pueden ser movilizados para seguir esa agenda, como una forma de anti violencia o no violencia pero también para la preservación de la vida y de la salud. El estatus, por ejemplo, de los sistemas sanitarios es uno de los temas políticos fundamentales. Por supuesto necesitamos que la ley funcione, pero también necesitamos un tipo de igualitarismo que garantice la vida para toda la humanidad. Creo que eso está amenazado en este momento. Los muros, las fronteras que los nacionalistas quieren levantar, lo que dicen es que hay gente que debe morir y gente que debe vivir. Este es el terreno en el que se mueve ahora la política, esa es una agenda en la que las emociones están en el centro. La gente se tiene que movilizar, porque quienes quieren violencia saben cómo hacerlo.

Por Pablo Elorduy

@pelorduy

2019-11-18 06:34

Publicado enSociedad
Primer Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Pensamiento Crítico y decolonialidad

-¿Con qué objetivo nace el Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos & del Caribe? ¿Qué esperan de este encuentro?
El congreso es una iniciativa colectiva. La idea se fraguó hace más de un año y se logró en un trabajo conjunto entre REC, la Universidad del Norte y la Universidad del Atlántico que sirviera de envión para un trabajo investigativo más fresco, sin tantas ataduras formales y que redundara en beneficio de la región caribe colombiana. Siempre supimos que tenía que ser en Barranquilla; ciudad con tradición de intelectuales públicos de la talla de Julio Enrique Blanco o Luís Eduardo Nieto Arteta. Uno de los objetivos que nos planteamos fue consolidar una red de trabajo para reflexionar acerca de una región aquejada por profundas brechas sociales y olvidada por las clases dirigentes del centro del país, así como lo expone Alberto Abello en su libro “La isla encallada”.


Un segundo motivo se dirige al hecho de que la academia hoy se encuentra sumida en una especie de “encierro” propio de la lógica que imponen los estándares de calidad. Lógica que no se puede desligar del discurso neoliberal. En esta economía prima la hiperproducción de textos, el ritmo frenético de trabajo, la hiperespecialización, la competencia como forma de ascenso, la jerarquización y segregación académica. Una lógica que termina, por supuesto, por reducir y estrechar los espacios de reflexión auténticos. No pretendemos reproducir un modelo en el que se habla de “Latinoamérica” o del “Caribe” como objetos de estudio, más bien lo que queremos es abrir puentes para que las experiencias políticas, estéticas, literarias, pedagógicas y académicas, que ya se realizan, se puedan juntar en un espacio de trabajo en red, alrededor de la amistad y buscando formas de colaboración que vayan más allá de las dinámicas neoliberales que acabamos de mencionar.


-En este I Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos & del Caribe se dialogará "sobre temas urgentes de América Latina y el Caribe". ¿Cuáles son las necesidades que tiene ahora mismo a Latinoamérica y que urge tratar?
Tenemos que dejar claro que cualquier respuesta a esta pregunta es parcial. Aun así, nos parece que hay cuatro temas “urgentes” que están en la agenda del pensamiento crítico en nuestros contextos. El primero de ellos tiene que ver con la desigualdad que impera en nuestra región. Por traer solo un ejemplo, los altos índices de inequidad en un país como Colombia solo pueden catalogarse de obscenos (el 1% más rico concentra el 20% de la riqueza nacional). Las desigualdades, en países como los nuestros cabalgan junto a formas de violencias extremas y suplicios corporales donde el blasón del poder es el asesinato, la masacre y la desaparición forzosa. Narcotráfico, crueldad y neoliberalismo están presentes en Juárez en México, en el Cauca colombiano o en Brasilia, tal como lo señala Rita Laura Segato.


El segundo punto se dirige al asunto de la raza. Nos parece clave pensar el problema de racial se incorpora en buena parte de un sentido común conservador que se despliega en lo micro; en las prácticas cotidianas más inmediatas. Las poblaciones afros e indígenas en diferentes partes del continente son racializados para ser poblaciones funcionales a formas de poder. Pensar esos mecanismos de racialización y la forma en la que las comunidades reformulan estas experiencias no es una tarea nimia.


El tercer tema que urge tratar es el del feminismo decolonial y negro que ha venido avanzando con mucha potencia y fuerza en nuestra región; tanto en el registro académico como en el militante. Nos parece que una lucha frontal contra el patriarcado es un asunto acuciante y fundamental en cualquier agenda crítica. El movimiento feminista ya ha allanado el camino al desplazar las barreras del sentido común y ha transformado las preguntas que hoy ocupan la agenda política, cultural y filosófica.


Finalmente, en cuarto lugar, creemos que en la agenda tiene que estar presente el problema del territorio y de los ecosistemas esenciales para la vida. Se trata de pensar la vinculación entre la experiencia de la vida humana y la forma como esta se relaciona con el entorno. Los movimientos indígenas se hacen preguntas sobre la relación entre lo humano y lo natural que no podemos soslayar; no solo como un cambio epistémico, sino como una experiencia de carácter político-ético. Se trata de pensar la biodiversidad en clave regional y de pensar —de manera urgente— un diálogo con diferentes disciplinas como la biología y la ecología para producir reflexiones novedosas y creativas. 


-¿Por qué la importancia de tratar estos asuntos desde la perspectiva del pensamiento? ¿Qué puede hacer la filosofía por ellos?
Nos parece que la filosofía consiste en dos movimientos. Por un lado, tiene que ver un ejercicio de desnaturalización, de cuestionamiento de las verdades que han sido sedimentadas y sobre las cuales se han producido discursos que someten y restringen el pensamiento; esta vena es la vocación crítica de la filosofía. Por otro lado, creemos que la filosofía tiene que ser creativa, debe producir un campo exterior a sí misma (negarse), un campo que esté lejos del campo de la hiperespecialización imperante en buena parte de los departamentos de filosofía del mundo. Nosotros apostamos por una filosofía que se pregunte por esos problemas apremiantes, situados e inmediatos. Esos que nos duelen y que se nos imponen; acá está parte del carácter propio de la tradición latinoamericana que nos jalona. 


Esto se puede hacer de muchas maneras, a través de lecturas diferentes de la historia de la filosofía, complejizando preguntas clásicas de la filosofía en contextos contemporáneos, y también se puede hacer de manera comprometida con apuestas políticas en un trabajo mucho más fluido con disciplinas de las ciencias sociales. Creemos que la filosofía debe profanar sus formas operación y debe abrir horizontes de trabajo colectivos que se opongan al modelo del filósofo sabio y solitario de la torre de marfil. Nosotros creemos en una filosofía jovial que la apueste a construcciones colectivas y que no tema a hacerle frente —así estén equivocados los caminos— a esas estructuras de desigualdad que movilizan privilegios. Nosotros somos herederos de una forma de hacer filosofía que es distinta a la tradición europea y eso tiene que pensarse, y relanzarse constantemente; no buscando una “autenticidad” propia del pensamiento latinoamericano, pero tampoco desconociendo esta sensibilidad. Más bien diríamos que tenemos que pensar filosóficamente nuestros problemas, nuestros contextos y nuestros padecimientos...y pensarlos con nuestro estilo; ¡un estilo bastante propio!


-¿Por qué ir a Barranquilla?
Antes que decir que contaremos con más de 24 conferencistas internacionales y nacionales de lujo, con más de 150 ponencias escogidas con rigor por un comité científico, con el lanzamiento de varios libros, nos parece más importante advertir que será un espacio privilegiado para escuchar muchos discursos, diversos y originales. Será un espacio para construir alrededor de la amistad. Creemos que debemos pensar una agenda investigativa incluyente y amplia, situada y con la mirada puesta en los problemas urgentes. Tendremos que encontrarnos no solo en los espacios más académicos, sino también en los ámbitos culturales y artísticos de Barranquilla; vivir la ciudad, porque quien la vive es quien la goza. Además, soñamos con servir de envión de un movimiento más grande, que funcione en red, que articule muchos esfuerzos y apuestas que ya tienen lugar en nuestro país y en el resto de América.


Acá les dejamos el link del evento: https://reclatinoamerica.com/congreso2/

 


 

Primer Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Pensamiento Crítico y decolonialidad

Barranquilla, 14, 15 y 16 de noviembre.

Organizan: Universidad del Norte, Universidad del Atlántico y REC-Latinoamérica. 

 


 

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