La presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, se pone la mascarilla durante una rueda de prensa en la Embajada de EE.UU. en Tokio (Japón), este pasado viernes. — Franck Robichon / EFE

Las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos, su agenda personal y política, el refuerzo de la narrativa americana de presentar a Estados Unidos en un mundo bipolar frente a China y Rusia y la situación política interna china explican las razones del viaje a Taiwán de la tercera autoridad política de Estados Unidos.

Washington

 

La visita a Taiwán que realizó el martes y miércoles de esta semana la portavoz de la Cámara de los Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, ha provocado la reacción furibunda de China, llevando al país asiático a amenazar a Estados Unidos y a desplegar toda una pléyade de ejercicios militares en Taiwán que han aumentado la tensión en esa zona del Pacífico como no había sucedido en años.

Taiwán es una democracia a la par que un territorio que China reclama como propio. La posición de Estados Unidos al respecto data de 1979 y es conocida como la de Una sola China. Ese año, Washington reconoció a la República Popular China (RPC), con capital en Pekín, y retiró el reconocimiento a la República de China (ROC), con sede en Taipéi.

En respuesta a ese gesto de la Casa Blanca, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán, que estableció vínculos no oficiales con la isla en ausencia de lazos diplomáticos formales. En concreto, la ley promete que Estados Unidos venderá armas a Taiwán "para resistir cualquier recurso a la fuerza u otras formas de coerción que pongan en peligro la seguridad, o su sistema social o económico".

Esta postura ambigua es la que ha mantenido Estados Unidos en los últimos 42 años, en los que no han dejado de producirse visitas a Taiwán de delegaciones occidentales, no sólo del Congreso de los Estados Unidos sino también de países europeos.

Pocas cosas han cambiado desde aquel 1979, salvo una no menor: que China es hoy una superpotencia mundial que rivaliza con Estados Unidos. En los últimos años, de hecho, la relación entre ambas potencias no ha sido fácil, sobre todo con la guerra comercial que Trump planteó a Pekín. El actual presidente Joe Biden ha rebajado la tensión aparente en las relaciones y está tratando de llevarlas por un cauce más basado en el diálogo constante que en la amenaza trumpiana.

Por este motivo, la Casa Blanca no dejó de filtrar a los medios que no veía oportuna la visita de Pelosi a Taiwán en estos momentos de crisis económica internacional y de tensión mundial con la guerra de Rusia en Ucrania, terrenos ambos en los que China juega un papel decisivo.

Entonces, ¿por qué esta visita de Nancy Pelosi a Taiwán? Éstas son algunas de las claves.

Agenda política personal de Pelosi

Nacy Pelosi es la tercera figura política de Estados Unidos, tras el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. Pelosi, que tiene 82 años y está en la fase final de su carrera política, ha querido mostrarse siempre como una abanderada de las causas democráticas.

Por este motivo, a principios de mayo, la portavoz de la cámara baja del Congreso norteamericano, visitó en Kiev a Volodímir Zelensky, para darle su apoyo al líder ucraniano en la guerra con Rusia. Pelosi, de hecho, vinculó su visita a Taiwán a esta guerra y reivindicó el papel de Estados Unidos y de sus aliados frente a las autocracias.

El viaje de Pelosi a Taiwán, además, estaba previsto para el mes de abril, incluso antes que el de Ucrania, pero la demócrata tuvo que cancelarlo tras dar positivo por covid. El objetivo de Pelosi, por tanto, era, en un contexto de guerra, visitar Ucrania y Taiwán para reforzar la narrativa del liderazgo de Estados Unidos en la expansión de la democracia en el mundo, una narrativa que funciona muy bien en el consumo interno de Estados Unidos.

De hecho, el Partido Republicano salió en bloque a defender el viaje de Pelosi y hasta 26 senadores de la formación, más de la mitad de los que tienen en la cámara alta, firmaron una inaudita carta de apoyo a Pelosi, cuyos antecedentes con China no son nuevos: ya en 1991, la demócrata visitó la Plaza de Tiananmen en un acto para reivindicar la democracia en el país asiático.

Elecciones en menos de cien días

Todo esto se enmarca también con las elecciones de medio mandato que se celebran en Estados Unidos el próximo mes de noviembre. En esos comicios se renovará toda la Cámara de los Representantes y parte del Senado. La economía norteamericana está en un momento sino de crisis, al menos de incertidumbre, y ni Biden ni los demócratas tienen muchas cartas electorales que jugar para reclamar el voto.

Salvo que la economía mejore mucho, la principal de ellas será la carta de los derechos humanos y civiles, y aquí se encuentra, a nivel interno, los derechos de las minorías o del derecho al aborto y, en el ámbito internacional, el ataque a regímenes autocráticos sobre todo el ruso o el chino, que son los principales rivales internacionales de Estados Unidos.

Ley sobre Taiwán en el Senado

Otro elemento que puede jugar un papel en el escenario actual es una propuesta de ley que está en el Senado para cambiar la postura norteamericana de Una sola china. La propuesta, planteada por los senadores Menéndez y Graham, el primero demócrata y el segundo republicano, fue introducida en la cámara alta a mediados de junio y plantea un cambio radical en la relación de Estados Unidos con Taiwán.

"Mientras Pekín sigue tratando de coaccionar y aislar a Taiwán, no debería haber ninguna duda ni ambigüedad sobre la profundidad y la fuerza de nuestra determinación de apoyar al pueblo de Taiwán y su democracia", aseguró entonces Menéndez en un comunicado. Menéndez es, además de copromotor de la iniciativa, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

La propuesta solicita 4.500 millones de dólares en ayuda en defensa para la seguridad de Taiwán durante cuatro años. Además, crea una nueva iniciativa para reforzar las capacidades de defensa de Taiwán y para designar a la isla como Aliado Principal no perteneciente a la OTAN.

Junto a esto, la propuesta propone el apoyo a la participación de Taiwán en organizaciones internacionales y en la arquitectura comercial multilateral, una medida que suscitaría la férrea oposición de Pekín.

Una visita en un momento sensible para China

La visita de Pelosi se produce también en un momento delicado para China. El ejército chino celebró su aniversario de fundación el 1 de agosto, mientras que el presidente Xi Jinping, el líder más poderoso del país en décadas, se prepara para romper las convenciones y buscar un tercer mandato en el 20º congreso del Partido Comunista este otoño.

También se espera, según informa la CNN, que los líderes chinos se reúnan en agosto en la localidad costera de Beidaihe para celebrar su cónclave anual de verano, en el que discuten a puerta cerrada los movimientos de personal y las ideas políticas.

En este contexto, China también ha podido aprovechar la visita de Pelosi para exhibir músculo de cara al mundo y a nivel interno. Esto le serviría también para tratar de fomentar el patriotismo chino en ese momento interno político y también en un año en que China sufre una crisis inmobiliaria que ha provocado protestas sociales y vive una cierta ralentización económica derivada de su estricta política de cero casos de covid.

Rivalidad China-Estados Unidos

Esta visita y la tensión desatada en torno a Taiwán se produce en medio de una situación de tensión en las relaciones entre China y Estados Unidos. La tensión no es nueva: ha ido in crescendo en los últimos años y ya el anterior presidente americano, Donald Trump, basó parte de su mandato en plantear una guerra comercial contra China y presentarla como el enemigo exterior número 1 atacándola con asuntos como el covid.

En este contexto, Joe Biden tomó posesión de la Casa Blanca en un momento en el que Xi Jinping se volvía más autoritario en su país y más asertivo en el extranjero. La respuesta de Estados Unidos fue una política que definía a Pekín como su principal competidor estratégico en el mundo y el mayor desafío a largo plazo para Estados Unidos.

Biden ha tratado de enfocar la relación con China en el ámbito del diálogo conjunto y ha tratado de rebajar el nivel de tensión que había aplicado en los años de Donald Trump apostando por el diálogo diplomático para abordar asuntos sobre todo de índole internacional como la geopolítica, el cambio climático y, en los últimos meses, la guerra de Rusia en Ucrania. De hecho, unos días antes de la visita de Pelosi a Taiwán, Biden mantuvo una conversación telefónica de más de dos horas con Xi Jinping.

06/08/2022 22:09

Manuel Ruiz Rico@ManuelRuizRico

Publicado enInternacional
China rompe con EEUU y sanciona a Pelosi por "socavar" su soberanía en Taiwán

Pekín anuncia la suspensión de la cooperación en materias clave como la judicial, cambio climático y en algunos mecanismos de seguridad. Acusa a la representante estadounidense de "interferir en los asuntos internos de China" y "amenazar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán"

Pekín. China ha dado otro paso más en la escalada de tensión con Estados Unidos a costa de la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, a Taiwán. Este viernes, la Cancillería china ha anunciado sanciones a Pelosi y sus familiares directos por "hacer caso omiso de la preocupación y la firme oposición" de China a su viaje a Taiwán y por "socavar la soberanía y la integridad territorial" del país asiático.

Al mismo tiempo, Pekín ha anunciado una ruptura con Washington en varios aspectos clave con ocho medidas en represalia a este apoyo estadounidense a Taiwán, entre ellas la suspensión de la cooperación en materias como la judicial, la de cambio climático y en algunos mecanismos de seguridad. Queda en suspenso la cooperación en la repatriación de inmigrantes ilegales, la asistencia judicial penal y la lucha contra delitos transnacionales.

La decisión llega el día después de que Pekín iniciara las mayores maniobras militares con fuego real de la historia en las inmediaciones de esta isla autónoma, a la que considera separatista y rebelde desde la guerra civil que concluyó en 1949 con la fundación de la República Popular China.

Las maniobras de Pekín han aislado parcialmente al país y seguirán en marcha al menos hasta el domingo, con quejas incluidas del vecino Japón —que también mantiene históricas disputas territoriales con Pekín—, que el jueves denunció el impacto de varios misiles balísticos chinos en aguas de su Zona Económica Exclusiva.

La escalada supone un terremoto para el Sudeste Asiático , cuya Asociación de Naciones (ASEAN) se reunió el jueves en Camboya. Con la situación en Myanmar tras el golpe militar del pasado año como tema central, la AESAN abordó la disputa entre China y EEUU de urgencia para ofrecerse a facilitar el diálogo entre los Estados implicados y que cesen todo tipo de provocaciones. Consideran que la situación puede derivar en "errores de cálculo, graves enfrentamientos, conflictos abiertos y consecuencias imprevisibles entre las principales potencias" del mundo.

China no ha dado detalles específicos sobre las sanciones impuestas a la alta representante estadounidense, pero acusó a Pelosi de "interferir en los asuntos internos de China" y "amenazar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán" después de que EEUU hiciera caso omiso de las advertencias chinas, que había protestado enérgicamente desde que se conoció el viaje oficial.

Para Pekín, esta visita supone una "farsa" y "traición deplorable", ya que reclama la soberanía de la isla desde que los nacionalistas del Kuomintang se replegaron allí en 1949, tras perder la guerra civil contra los comunistas de Mao.

EEUU llama a consultas al embajador chino

Antes de conocerse la respuesta diplomática china, la Casa Blanca había convocado el jueves al embajador de Pekín en Washington, Qin Gang, para condenar las medidas "de provocación" contra Taiwán y reiterar que Estados Unidos no quiere una crisis en la región, según informes de prensa.

El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, aseguró en una declaración publicada por The Washington Post que la convocatoria del diplomático llegó tras el comienzo de las maniobras militares. Washington trasladó al embajador chino que mantiene su política de reconocimiento de "una sola China" y su intención de mantener abiertas todas las líneas diplomáticas de comunicación. Un mensaje que el presidente chino, Xi Jinping, no parece haber encontrado coherente con las posiciones americanas recientes.

05/08/2022 12:13  

Por Público / Agencias

Publicado enInternacional
Óscar Pinto, Caja, 40 x 42 cm, (Cortesía del autor)

No había pasado una semana desde el triunfo de Gustavo Petro cuando, sorpresivamente, junto con las especulaciones sobre los posibles ministros, los ataques se convirtieron en “consejos”: al parecer, nadie estaba ya en desacuerdo con ¡el cambio!. La preocupación era otra. Muy bien lo sintetizaba el editorialista de un periódico capitalino: “Prudencia con los cambios…” . Aunque se cuidaba de aclarar, para tranquilidad de los amigos del “Pacto”: “sin traicionarlos” (1). Los críticos y hasta los enemigos de la víspera asumían ahora la posición de “maestros” en la tónica de enmendarle la plana. La disputa sobre la naturaleza del cambio quedaba así reducida a una cuestión de moderación y confundida con la cuestión de la velocidad. No obstante, da la impresión que en la opinión no hay suficiente claridad sobre lo que debería y podría significar una nueva política.


En efecto, si algo quedó claro en el resultado de las pasadas elecciones es la existencia mayoritaria en el pueblo colombiano, tanto en los que ganaron como en los que perdieron, de un anhelo de cambio. Lo que no se puso de manifiesto es que dicho anhelo, todavía vago y confuso, coincide además, en esta ocasión, con una necesidad histórica. El hundimiento de la política tradicional lo es al mismo tiempo de una burguesía que carece de perspectiva histórica. El modelo económico “extractivista”, mono-exportador, que durante casi veinte años dio vida a la economía colombiana, se agotó definitivamente. No se trata de un receso transitorio sino de una pérdida completa de viabilidad.


Colombia, en realidad, si bien ha tenido picos de extracción de crudo conforme han entrado en operación los periódicos descubrimientos significativos, no es un país petrolero. La producción diaria que desde 2010 había aumentado año tras año hasta llegar a más de un millón de barriles, comenzó luego a descender hasta colocarse en los tres últimos años alrededor de 700.000 Así pues, podía haber consolidado un esquema de autoabastecimiento pero nunca jugarse el futuro en intentar montar una plataforma exportadora. Es la realidad que ahora se nos vino encima. Las reservas probadas van a terminarse (según los cálculos, para 2028 escasamente se cubriría el consumo local) y aunque se sigue explorando no abundan expectativas optimistas. Es por eso que insisten de modo irresponsable en probar con las tecnologías absurdas, llamadas “no convencionales”, como el fracking, cuyo impacto destructivo sobre los ecosistemas es ampliamente reconocido. Se pretende, pues, prolongar la vida del modelo de manera artificial, como un zombie.


Lo anterior es una muestra de la significación y la profundidad del cambio que se necesita. No sólo por voluntad sino por necesidad. Puede suceder, claro está, que el país continúe indefinidamente, simplemente sobreviviendo; la fórmula muy colombiana del justo medio que facilita guardar las apariencias. No obstante, la situación mundial es verdaderamente crítica y no permite la calmada indiferencia; obliga a ofrecer respuestas contundentes e inmediatas. Es posible entonces que también aquí los cambios se precipiten, pero como resultado de las exigencias y los golpes de la turbulencia internacional.

¿Radical e inmediato?


La mencionada falta de claridad en las diferentes vertientes de la opinión pública no es gratuita. Es posible criticar y rechazar el llamado modelo extractivista desde el punto de vista de la crisis climática, es decir frente a la imperiosa necesidad de abandonar, en todo el mundo, los combustibles fósiles cuya utilización es responsable de buena parte de la emisión de gases de efecto invernadero. De ahí la necesidad universal (y también en Colombia) de sustituir la matriz energética orientándola hacia lo que se llama energías “limpias”. Ese parece ser el enfoque de Petro. Un proyecto que como mínimo se toma no menos de quince o veinte años. Empero, la caracterización que se le debe dar al modelo y que es la que se está resaltando aquí, es otra, si se quiere económica, y es de tal importancia y urgencia que exige alternativas de fondo; respuestas, esas sí, de corto plazo.


Como se habrá advertido, le hemos añadido el calificativo “monoexportador” y casi sobra recordar sus implicaciones. Es tanta la literatura periodística y académica que difundida en los últimos meses en defensa de sus “virtudes” que resulta innecesario explicar la extremada dependencia del país respecto de las inversiones, producción y exportaciones de petróleo. Colombia, al igual que otros países, gracias al prolongado periodo de altos precios de los hidrocarburos en el mercado mundial, pudo ignorar la destrucción de su base productiva manufacturera e incluso agrícola, e ingresar al mundo de fantasía de importar… e importar... Sucumbió al espejismo de una balanza de pagos y unas finanzas públicas equilibradas. Y otro calificativo merecería entonces el modelo: la columna vertebral de los negocios, como se sabe, no es aquí la producción sino la especulación financiera, verdadero determinante de las oportunidades de inversión incluso en la extracción. De tal especulación hace parte, por cierto, el endeudamiento público. Tenemos entonces un modelo económico “financiarizado”.

Hoy, la necesidad de encontrar una alternativa es inmediata. No es una opción. ¡El modelo se hundió! Ya estaba haciendo agua cuando entró el gobierno de Duque. La pandemia llevó, como es natural, a una recesión, pero no debemos utilizarla como una coartada tranquilizadora. Luego de la actual “reactivación”, las tendencias de fondo seguramente reaparecerán después de las transitorias altas cifras de exportación. La reducción del fondo de divisas llevará a un estrangulamiento de la economía. No se trata pues de la transición energética sino de encontrar otra ubicación –reinserción– en la economía mundial.

Ahora bien, visto desde otro ángulo, debe reiterarse que este modelo mono-exportador permitió sobrellevar aquí los desastres y las imposibilidades del régimen neoliberal. Esto, a diferencia de otros países cuyos gobiernos se esforzaron por cambiar este régimen antes de entrar en el extractivismo. Obsérvese que al neoliberalismo también suelen denominarlo “modelo” para diferenciarlo de aquel basado en el intervencionismo de Estado. En ese sentido, el “cambio” anhelado debería significar también el reemplazo del modelo neoliberal. Ese sería otro objetivo. Pero no están desconectados: difícilmente podría encontrarse otro patrón de acumulación sin modificar el marco actual de la regulación económica capitalista.

 

 


Aquí es más difícil señalar el agotamiento del modelo (neoliberal) para concluir que el cambio es una necesidad histórica. Para los tecnócratas, el fundamentalismo neoliberal es la teoría económica “científica” por excelencia y las políticas públicas sólo son eficaces y legítimas en la medida en que se basen en las llamadas “reglas del mercado” (2). Y no son pocos los interesados en mantenerlo sometiéndolo a simples retoques –el “sagrado” principio de la gradualidad. Pero no es imposible; salud y pensiones, por ejemplo, son ámbitos para los que la crítica es mundialmente contundente. Para no mencionar los aspectos relacionados con su fracaso estratégico como el creciente desempleo estructural, la desigualdad social y la pobreza. Pero también hay razones para pensar que en este terreno serán igualmente indispensables políticas de corto plazo. Precisamente, el fin del modelo extractivista mono-exportador tornará imposible que bajo las puras reglas del mercado se obtenga una aceptable dinámica económica y social. Se puede ser extractivista sin neoliberalismo, pero no se puede ser neoliberal sin extractivismo.


La realidad es tiránica


La defensa de los modelos no tiene que ver simplemente con racionalidades y opiniones sino, sobre todo, con la preservación de intereses creados o con los que se expresan en la impugnación. Es por eso que no basta con la persuasión: los cambios dependen de modificaciones en la correlación de fuerzas sociales y políticas. Pero también es cierto que hay momentos como éste en que no se trata solamente de opciones de política económica sino de disyuntivas históricas. Es la realidad la que termina imponiéndose brutalmente. En este caso la realidad mundial.

La actual turbulencia está obligando a todos los países y sus respectivas regiones a un reordenamiento, a una nueva modalidad de inserción o de exclusión, ya sea en términos geopolíticos o particularmente, en el mercado mundial. En lo inmediato la referencia es a la guerra en Ucrania. No es por supuesto la primera (ni siquiera considerada como “invasión”) en lo que va corrido de este siglo, pero es manifestación clara de un enfrentamiento entre dos colosos, Estados Unidos y Rusia. Corre paralela al otro gran enfrentamiento de Estados Unidos, tal vez más importante, esto es, con China, el cual se expresa hasta ahora en términos de una guerra comercial. Podría decirse, esquemáticamente, que se trata de una contraofensiva imperialista de los EEUU desplegada, más o menos desde 2009, como respuesta al surgimiento del mundo multipolar en el periodo anterior.


Para la Cepal, por ejemplo, la transformación mencionada es evidente (ver gráfico) pero la interpreta como un lamentable freno de la globalización originado en el retorno al predominio de las razones geopolíticas sobre las razones de la eficiencia (3). Sin embargo, las posturas que llama “nacionalistas” y las estrategias de relocalización, deslocalización cercana, combinación de localizaciones interna y en diferentes países y localizaciones en países considerados “amigos” ya venían practicándose desde antes, durante el auge de la globalización. El principio (dogma) del libre comercio siempre fue aplicado fundamentalmente en los países periféricos, lo nuevo es la aceptación, su relatividad. La crisis exacerbó la lucha, ahora abierta, por el reparto del mundo. Seguramente no es probable que EEUU recupere su hegemonía pero ese es el significado contextual de esta guerra.


En todo caso, sus impactos económicos ya son considerables. En particular, las alzas de los precios de los combustibles (petróleo y gas), las materias primas (carbón, cobre y níquel), los alimentos (trigo, maíz y aceites) y los fertilizantes, debido a la importancia de Rusia y Ucrania en la producción y el comercio mundial de dichos bienes. Para los países de América Latina esto significa un incremento en el valor de su comercio exterior, pero sólo los exportadores netos de combustibles se verán beneficiados pues, en general, sufrirán el efecto negativo del incremento en los costos de los importados. Un caso particularmente grave es el alza de precios de los fertilizantes. Sobre la base de un proceso inflacionario en curso, la Cepal advierte seriamente: “La destrucción de la capacidad productiva agrícola en Ucrania y la paralización de gran parte del comercio de cereales y fertilizantes con la Federación de Rusia abren la perspectiva de una crisis alimentaria mundial” (4).

No obstante, este es apenas el eslabón más reciente de una serie de acontecimientos. La Unctad, que acaba de revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento de la economía mundial para 2022 –un crecimiento del PIB de 2,6 por ciento y ya no de 3.6– precisa que los efectos económicos de la guerra de Ucrania agravarán la ralentización de la economía mundial y debilitarán la recuperación que se esperaba en la postpandemia (5). En efecto, no habían terminado de asimilarse las secuelas de la crisis financiera de 2007-2008 cuando emergió la pandemia y ahora, sin acabar de salir de ésta y de las implicaciones económicas de su manejo (endeudamiento e inflación), sobrevino esta guerra.


En realidad, la dinámica del comercio mundial nunca se recuperó de la crisis señalada pese a las medidas adoptadas por los Bancos centrales de casi todas las potencias y debido, en parte, a la mencionada disputa entre ellas por los mercados del planeta. Se había quebrado, entre otras, la tendencia expansiva de la demanda de materias primas jalonada por China. En América Latina, entre 2014 y 2019, se registró apenas un lento crecimiento. Según la Cepal, apenas un 0,3 por ciento, como promedio anual, con la consiguiente caída del PIB por habitante.
El choque expansivo que se aplicó para salir del receso de la pandemia significó un excepcional crecimiento en 2021 para casi todo el mundo, pero ya se preveía una desaceleración para 2022 y un retorno a la lentitud en los años siguientes. Un resultado obvio de la contradicción de política monetaria entre la necesidad de alimentar la recuperación y el esfuerzo extraordinario por controlar la inflación mundial. Todo ello reflejado en los movimientos de la tasa de interés.


Los indicadores registran ahora, con el conflicto bélico, un radical desplome de la inversión extranjera directa. Por su parte, los flujos de capital –de portafolio– cambian de sentido; se encaminan hacia Estados Unidos, atraídos por las crecientes tasas de interés. Se comprenderá el impacto que esto tiene en la deuda pública, especialmente en los países periféricos. Y el dólar se fortalece de modo imparable. Se habla de recesión generalizada. Pero también de una verdadera crisis. Como telón de fondo, sin embargo, persiste la ausencia de perspectivas históricas de acumulación.

El cambio: impuesto vs. voluntario

La difícil situación actual no parece asignarle un lugar definido al mundo periférico, como no sea, para algunos pocos países, el aprovechamiento fugaz de las alzas en los precios del petróleo. Ante la amenaza de la recesión, hasta los Estados Unidos tienden a concentrarse en su propia economía. Pero ello puede ser también una oportunidad. Suele decirse que la desconexión propiciada por la gran depresión de los años treinta y luego por la Segunda Guerra Mundial fue la base de la autonomización de América Latina y consecuentemente de su industrialización y desarrollo. Se olvidan de agregar, sin embargo, que fue necesaria una política deliberada, puesta en marcha desde unos Estados fortalecidos; aquella que hoy es conocida como “modelo de sustitución de importaciones”. Es una lección que vale la pena recordar.

El análisis convencional nos dice que, en lo inmediato, países como Colombia se encuentran entre dos fuerzas. Mientras los valores exportados de combustibles se mantengan superiores al servicio de la deuda externa habrá estabilidad. Y hasta se pueden sufragar los mayores precios de importación. Otros, desde luego, están en peores condiciones. Pero ¿Por cuánto tiempo? No tiene nada de extraño que en algún momento, dada la elevada tasa de endeudamiento y frente a la imposibilidad económica de refinanciación, se materialice el espectro de la insolvencia.

Eso sin contar el choque inflacionario que proviene de la misma fuente. Según la Cepal, al limitado desempeño económico esperado en la región para 2022, que se está expresando en un debilitamiento de la creación de empleo, se añade esta creciente inflación concentrada en los alimentos, generando un contexto adverso para las condiciones de vida de la población. Prevé que, la pobreza extrema y la pobreza se elevarán por sobre los niveles estimados para 2021 que ya eran altos (6). Colombia no se escapa de este diagnóstico.

Lo peor es, sin embargo, la perspectiva para los próximos cinco años. Un cambio sustancial que signifique, como se dijo antes, otra ubicación –reinserción– en la economía mundial es indispensable. Implica modificar todo el entable institucional construido en los últimos años para el modelo monoexportador y sobre todo comenzar a recuperar y redefinir el sistema productivo. Hasta cierto punto puede entenderse como un aprovechamiento de la desconexión impuesta. Y no está descartado que incluya medidas de emergencia.

Todo parece indicar que el eje ya no será como hace un siglo, la industrialización, aunque no se descuida, sino el sector agropecuario. Un desarrollo completamente innovador. Es, por lo demás, indispensable y urgente. Una consecuencia, para empezar, del indispensable cambio de la matriz de importación que debe ser inmediato y draconiano. Una forma de desacople. Es necesario forzar la sustitución de productos agrícolas alimenticios. Como el maíz, para mencionar apenas el más emblemático y vergonzoso de los importados. Tomar en serio la advertencia de la Cepal sobre el riesgo actual en que se encuentra la seguridad alimentaria.

Un giro que forzosamente llevará a un programa que se requiere más audaz y sobre todo más rápido de reforma rural. Por eso se calificó de eje. Comenzando con una verdadera Reforma Agraria, centrada, como debe ser, en la redistribución de la tierra la cual debe orientarse, simultáneamente, a la estabilización de una economía campesina basada en la configuración de un sistema de zonas de reserva campesina. Se trata de desencadenar la producción de suficientes y variados alimentos de la tierra. No es un programa aislado. Supone un forzoso complemento, el conocido trípode: vías terciarias, comercialización y crédito. Obviamente, todo depende de un gran supuesto que se había vuelto un tabú en estos tiempos de los tratados de libre comercio: el respaldo activo y permanente del Estado a la economía campesina.

Sin duda, será necesario actuar simultáneamente en el escenario internacional. Ya lo ha mencionado el nuevo gobierno de Petro: la posibilidad de renegociar los Tratados de Libre Comercio, particularmente el suscrito con los Estados Unidos. –Obsérvese de paso que Colombia, a diferencia de la mayoría de los países de Suramérica, no tiene aún una significativa relación económica con China y se mantiene, como en el siglo pasado, en la órbita norteamericana. Es algo que habría que empezar a cambiar–. Pero la cuestión posee mucho más calado. Tiene que ver con el ordenamiento mundial de “libre comercio” que se edificó en nombre de la globalización y que, como se dijo, obliga cada vez menos a las grandes potencias. Tal ordenamiento ha sido cuestionado desde su surgimiento y mucho más recientemente. Por ejemplo en relación con las normas de propiedad intelectual y el férreo monopolio de las multinacionales farmacéuticas sobre las vacunas.

Pues bien, hace unas semanas se realizó en Ginebra la 12ª Conferencia Ministerial de la Omc (Mc12). Nuevamente, una gran cantidad de organizaciones sociales y diversas organizaciones de la sociedad civil, así como algunos gobiernos de países del sur global, expresaron sus puntos de vista. Por ejemplo, en relación con las normas sobre agricultura. No son pocos los documentos importantes elaborados, difundidos y presentados formalmente por parte de los críticos, en todos los temas, aunque no se haya logrado incidir sensiblemente en las conclusiones de esta Conferencia. Pero la iniciativa continúa. El desafío planteado es, por el momento, la reforma de la Omc. Hacia el futuro, lo que se llama el “nuevo Bretton Woods del comercio” (7), Es en este escenario, como en otros, donde sería preciso incidir como parte de los esfuerzos de cambio. Si se tiene un nuevo gobierno en Colombia, sería de esperarse una nueva presencia, y protagonismo, frente a otros países y en los organismos internacionales. Claro está, no se trata de someter el proceso interno a los ritmos impuestos por éstos sino de una anticipación.


Es muy pronto seguramente para identificar el rumbo finalmente escogido pero, dadas las circunstancias, es lo que aparece como la opción más sólida. Una constatación es indiscutible: más allá de los esfuerzos en favor de la transición energética, es un cambio que incluso por las actuales condiciones internacionales resulta indispensable y urgente. Y por la envergadura de sus requerimientos tiene que ser de entrada ambicioso. Convendría llamarlo por su nombre: un “plan de choque”.

1. El Espectador, domingo, 10 de julio de 2022.
2. El predominio del famoso “pensamiento único”, sin embargo, parece estar llegando a su fin. Aunque en nuestra aldea tarden en enterarse. La Unctad, en su último informe señala: “Además, parece que las instituciones financieras multilaterales han dejado atrás los dogmas simples del mercado. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial han reconocido que el pensamiento económico del pasado no puede proporcionarnos un sistema más resiliente para el futuro. Se han respaldado los grandes programas de gasto y las iniciativas para gravar a los ricos y reducir el poder de los monopolios, se ha reconocido el papel de los controles de capital selectivos y se han refrendado políticas fuertemente intervencionistas para respaldar un impulso de la inversión verde” Ver Unctad, Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2021 Panorama General, pág. I, junio 2021
3. Cepal, “Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis?”, 6 de junio de 2022
4. Cepal, Ibídem.
5. Unctad, “Actualización del Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2021” Marzo de 2022. https://unctad.org/es/press-material/la-onu-preve-un-deterioro-de-las-perspectivas-de-crecimiento-de-la-economia-mundial
6. Cepal, op. cit.
7. James, Deborah, La Organización Mundial de Comercio después de la 12ª Conferencia Ministerial, 22 de junio de 2022 . Ver https://www.ineteconomics.org/perspectives/blog/the-world-trade-organization-fter-the-12th-ministerial-conference.

 

* Economista, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Óscar Pinto, Caja, 40 x 42 cm, (Cortesía del autor)

No había pasado una semana desde el triunfo de Gustavo Petro cuando, sorpresivamente, junto con las especulaciones sobre los posibles ministros, los ataques se convirtieron en “consejos”: al parecer, nadie estaba ya en desacuerdo con ¡el cambio!. La preocupación era otra. Muy bien lo sintetizaba el editorialista de un periódico capitalino: “Prudencia con los cambios…” . Aunque se cuidaba de aclarar, para tranquilidad de los amigos del “Pacto”: “sin traicionarlos” (1). Los críticos y hasta los enemigos de la víspera asumían ahora la posición de “maestros” en la tónica de enmendarle la plana. La disputa sobre la naturaleza del cambio quedaba así reducida a una cuestión de moderación y confundida con la cuestión de la velocidad. No obstante, da la impresión que en la opinión no hay suficiente claridad sobre lo que debería y podría significar una nueva política.


En efecto, si algo quedó claro en el resultado de las pasadas elecciones es la existencia mayoritaria en el pueblo colombiano, tanto en los que ganaron como en los que perdieron, de un anhelo de cambio. Lo que no se puso de manifiesto es que dicho anhelo, todavía vago y confuso, coincide además, en esta ocasión, con una necesidad histórica. El hundimiento de la política tradicional lo es al mismo tiempo de una burguesía que carece de perspectiva histórica. El modelo económico “extractivista”, mono-exportador, que durante casi veinte años dio vida a la economía colombiana, se agotó definitivamente. No se trata de un receso transitorio sino de una pérdida completa de viabilidad.


Colombia, en realidad, si bien ha tenido picos de extracción de crudo conforme han entrado en operación los periódicos descubrimientos significativos, no es un país petrolero. La producción diaria que desde 2010 había aumentado año tras año hasta llegar a más de un millón de barriles, comenzó luego a descender hasta colocarse en los tres últimos años alrededor de 700.000 Así pues, podía haber consolidado un esquema de autoabastecimiento pero nunca jugarse el futuro en intentar montar una plataforma exportadora. Es la realidad que ahora se nos vino encima. Las reservas probadas van a terminarse (según los cálculos, para 2028 escasamente se cubriría el consumo local) y aunque se sigue explorando no abundan expectativas optimistas. Es por eso que insisten de modo irresponsable en probar con las tecnologías absurdas, llamadas “no convencionales”, como el fracking, cuyo impacto destructivo sobre los ecosistemas es ampliamente reconocido. Se pretende, pues, prolongar la vida del modelo de manera artificial, como un zombie.


Lo anterior es una muestra de la significación y la profundidad del cambio que se necesita. No sólo por voluntad sino por necesidad. Puede suceder, claro está, que el país continúe indefinidamente, simplemente sobreviviendo; la fórmula muy colombiana del justo medio que facilita guardar las apariencias. No obstante, la situación mundial es verdaderamente crítica y no permite la calmada indiferencia; obliga a ofrecer respuestas contundentes e inmediatas. Es posible entonces que también aquí los cambios se precipiten, pero como resultado de las exigencias y los golpes de la turbulencia internacional.

¿Radical e inmediato?


La mencionada falta de claridad en las diferentes vertientes de la opinión pública no es gratuita. Es posible criticar y rechazar el llamado modelo extractivista desde el punto de vista de la crisis climática, es decir frente a la imperiosa necesidad de abandonar, en todo el mundo, los combustibles fósiles cuya utilización es responsable de buena parte de la emisión de gases de efecto invernadero. De ahí la necesidad universal (y también en Colombia) de sustituir la matriz energética orientándola hacia lo que se llama energías “limpias”. Ese parece ser el enfoque de Petro. Un proyecto que como mínimo se toma no menos de quince o veinte años. Empero, la caracterización que se le debe dar al modelo y que es la que se está resaltando aquí, es otra, si se quiere económica, y es de tal importancia y urgencia que exige alternativas de fondo; respuestas, esas sí, de corto plazo.


Como se habrá advertido, le hemos añadido el calificativo “monoexportador” y casi sobra recordar sus implicaciones. Es tanta la literatura periodística y académica que difundida en los últimos meses en defensa de sus “virtudes” que resulta innecesario explicar la extremada dependencia del país respecto de las inversiones, producción y exportaciones de petróleo. Colombia, al igual que otros países, gracias al prolongado periodo de altos precios de los hidrocarburos en el mercado mundial, pudo ignorar la destrucción de su base productiva manufacturera e incluso agrícola, e ingresar al mundo de fantasía de importar… e importar... Sucumbió al espejismo de una balanza de pagos y unas finanzas públicas equilibradas. Y otro calificativo merecería entonces el modelo: la columna vertebral de los negocios, como se sabe, no es aquí la producción sino la especulación financiera, verdadero determinante de las oportunidades de inversión incluso en la extracción. De tal especulación hace parte, por cierto, el endeudamiento público. Tenemos entonces un modelo económico “financiarizado”.

Hoy, la necesidad de encontrar una alternativa es inmediata. No es una opción. ¡El modelo se hundió! Ya estaba haciendo agua cuando entró el gobierno de Duque. La pandemia llevó, como es natural, a una recesión, pero no debemos utilizarla como una coartada tranquilizadora. Luego de la actual “reactivación”, las tendencias de fondo seguramente reaparecerán después de las transitorias altas cifras de exportación. La reducción del fondo de divisas llevará a un estrangulamiento de la economía. No se trata pues de la transición energética sino de encontrar otra ubicación –reinserción– en la economía mundial.

Ahora bien, visto desde otro ángulo, debe reiterarse que este modelo mono-exportador permitió sobrellevar aquí los desastres y las imposibilidades del régimen neoliberal. Esto, a diferencia de otros países cuyos gobiernos se esforzaron por cambiar este régimen antes de entrar en el extractivismo. Obsérvese que al neoliberalismo también suelen denominarlo “modelo” para diferenciarlo de aquel basado en el intervencionismo de Estado. En ese sentido, el “cambio” anhelado debería significar también el reemplazo del modelo neoliberal. Ese sería otro objetivo. Pero no están desconectados: difícilmente podría encontrarse otro patrón de acumulación sin modificar el marco actual de la regulación económica capitalista.

 

 


Aquí es más difícil señalar el agotamiento del modelo (neoliberal) para concluir que el cambio es una necesidad histórica. Para los tecnócratas, el fundamentalismo neoliberal es la teoría económica “científica” por excelencia y las políticas públicas sólo son eficaces y legítimas en la medida en que se basen en las llamadas “reglas del mercado” (2). Y no son pocos los interesados en mantenerlo sometiéndolo a simples retoques –el “sagrado” principio de la gradualidad. Pero no es imposible; salud y pensiones, por ejemplo, son ámbitos para los que la crítica es mundialmente contundente. Para no mencionar los aspectos relacionados con su fracaso estratégico como el creciente desempleo estructural, la desigualdad social y la pobreza. Pero también hay razones para pensar que en este terreno serán igualmente indispensables políticas de corto plazo. Precisamente, el fin del modelo extractivista mono-exportador tornará imposible que bajo las puras reglas del mercado se obtenga una aceptable dinámica económica y social. Se puede ser extractivista sin neoliberalismo, pero no se puede ser neoliberal sin extractivismo.


La realidad es tiránica


La defensa de los modelos no tiene que ver simplemente con racionalidades y opiniones sino, sobre todo, con la preservación de intereses creados o con los que se expresan en la impugnación. Es por eso que no basta con la persuasión: los cambios dependen de modificaciones en la correlación de fuerzas sociales y políticas. Pero también es cierto que hay momentos como éste en que no se trata solamente de opciones de política económica sino de disyuntivas históricas. Es la realidad la que termina imponiéndose brutalmente. En este caso la realidad mundial.

La actual turbulencia está obligando a todos los países y sus respectivas regiones a un reordenamiento, a una nueva modalidad de inserción o de exclusión, ya sea en términos geopolíticos o particularmente, en el mercado mundial. En lo inmediato la referencia es a la guerra en Ucrania. No es por supuesto la primera (ni siquiera considerada como “invasión”) en lo que va corrido de este siglo, pero es manifestación clara de un enfrentamiento entre dos colosos, Estados Unidos y Rusia. Corre paralela al otro gran enfrentamiento de Estados Unidos, tal vez más importante, esto es, con China, el cual se expresa hasta ahora en términos de una guerra comercial. Podría decirse, esquemáticamente, que se trata de una contraofensiva imperialista de los EEUU desplegada, más o menos desde 2009, como respuesta al surgimiento del mundo multipolar en el periodo anterior.


Para la Cepal, por ejemplo, la transformación mencionada es evidente (ver gráfico) pero la interpreta como un lamentable freno de la globalización originado en el retorno al predominio de las razones geopolíticas sobre las razones de la eficiencia (3). Sin embargo, las posturas que llama “nacionalistas” y las estrategias de relocalización, deslocalización cercana, combinación de localizaciones interna y en diferentes países y localizaciones en países considerados “amigos” ya venían practicándose desde antes, durante el auge de la globalización. El principio (dogma) del libre comercio siempre fue aplicado fundamentalmente en los países periféricos, lo nuevo es la aceptación, su relatividad. La crisis exacerbó la lucha, ahora abierta, por el reparto del mundo. Seguramente no es probable que EEUU recupere su hegemonía pero ese es el significado contextual de esta guerra.


En todo caso, sus impactos económicos ya son considerables. En particular, las alzas de los precios de los combustibles (petróleo y gas), las materias primas (carbón, cobre y níquel), los alimentos (trigo, maíz y aceites) y los fertilizantes, debido a la importancia de Rusia y Ucrania en la producción y el comercio mundial de dichos bienes. Para los países de América Latina esto significa un incremento en el valor de su comercio exterior, pero sólo los exportadores netos de combustibles se verán beneficiados pues, en general, sufrirán el efecto negativo del incremento en los costos de los importados. Un caso particularmente grave es el alza de precios de los fertilizantes. Sobre la base de un proceso inflacionario en curso, la Cepal advierte seriamente: “La destrucción de la capacidad productiva agrícola en Ucrania y la paralización de gran parte del comercio de cereales y fertilizantes con la Federación de Rusia abren la perspectiva de una crisis alimentaria mundial” (4).

No obstante, este es apenas el eslabón más reciente de una serie de acontecimientos. La Unctad, que acaba de revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento de la economía mundial para 2022 –un crecimiento del PIB de 2,6 por ciento y ya no de 3.6– precisa que los efectos económicos de la guerra de Ucrania agravarán la ralentización de la economía mundial y debilitarán la recuperación que se esperaba en la postpandemia (5). En efecto, no habían terminado de asimilarse las secuelas de la crisis financiera de 2007-2008 cuando emergió la pandemia y ahora, sin acabar de salir de ésta y de las implicaciones económicas de su manejo (endeudamiento e inflación), sobrevino esta guerra.


En realidad, la dinámica del comercio mundial nunca se recuperó de la crisis señalada pese a las medidas adoptadas por los Bancos centrales de casi todas las potencias y debido, en parte, a la mencionada disputa entre ellas por los mercados del planeta. Se había quebrado, entre otras, la tendencia expansiva de la demanda de materias primas jalonada por China. En América Latina, entre 2014 y 2019, se registró apenas un lento crecimiento. Según la Cepal, apenas un 0,3 por ciento, como promedio anual, con la consiguiente caída del PIB por habitante.
El choque expansivo que se aplicó para salir del receso de la pandemia significó un excepcional crecimiento en 2021 para casi todo el mundo, pero ya se preveía una desaceleración para 2022 y un retorno a la lentitud en los años siguientes. Un resultado obvio de la contradicción de política monetaria entre la necesidad de alimentar la recuperación y el esfuerzo extraordinario por controlar la inflación mundial. Todo ello reflejado en los movimientos de la tasa de interés.


Los indicadores registran ahora, con el conflicto bélico, un radical desplome de la inversión extranjera directa. Por su parte, los flujos de capital –de portafolio– cambian de sentido; se encaminan hacia Estados Unidos, atraídos por las crecientes tasas de interés. Se comprenderá el impacto que esto tiene en la deuda pública, especialmente en los países periféricos. Y el dólar se fortalece de modo imparable. Se habla de recesión generalizada. Pero también de una verdadera crisis. Como telón de fondo, sin embargo, persiste la ausencia de perspectivas históricas de acumulación.

El cambio: impuesto vs. voluntario

La difícil situación actual no parece asignarle un lugar definido al mundo periférico, como no sea, para algunos pocos países, el aprovechamiento fugaz de las alzas en los precios del petróleo. Ante la amenaza de la recesión, hasta los Estados Unidos tienden a concentrarse en su propia economía. Pero ello puede ser también una oportunidad. Suele decirse que la desconexión propiciada por la gran depresión de los años treinta y luego por la Segunda Guerra Mundial fue la base de la autonomización de América Latina y consecuentemente de su industrialización y desarrollo. Se olvidan de agregar, sin embargo, que fue necesaria una política deliberada, puesta en marcha desde unos Estados fortalecidos; aquella que hoy es conocida como “modelo de sustitución de importaciones”. Es una lección que vale la pena recordar.

El análisis convencional nos dice que, en lo inmediato, países como Colombia se encuentran entre dos fuerzas. Mientras los valores exportados de combustibles se mantengan superiores al servicio de la deuda externa habrá estabilidad. Y hasta se pueden sufragar los mayores precios de importación. Otros, desde luego, están en peores condiciones. Pero ¿Por cuánto tiempo? No tiene nada de extraño que en algún momento, dada la elevada tasa de endeudamiento y frente a la imposibilidad económica de refinanciación, se materialice el espectro de la insolvencia.

Eso sin contar el choque inflacionario que proviene de la misma fuente. Según la Cepal, al limitado desempeño económico esperado en la región para 2022, que se está expresando en un debilitamiento de la creación de empleo, se añade esta creciente inflación concentrada en los alimentos, generando un contexto adverso para las condiciones de vida de la población. Prevé que, la pobreza extrema y la pobreza se elevarán por sobre los niveles estimados para 2021 que ya eran altos (6). Colombia no se escapa de este diagnóstico.

Lo peor es, sin embargo, la perspectiva para los próximos cinco años. Un cambio sustancial que signifique, como se dijo antes, otra ubicación –reinserción– en la economía mundial es indispensable. Implica modificar todo el entable institucional construido en los últimos años para el modelo monoexportador y sobre todo comenzar a recuperar y redefinir el sistema productivo. Hasta cierto punto puede entenderse como un aprovechamiento de la desconexión impuesta. Y no está descartado que incluya medidas de emergencia.

Todo parece indicar que el eje ya no será como hace un siglo, la industrialización, aunque no se descuida, sino el sector agropecuario. Un desarrollo completamente innovador. Es, por lo demás, indispensable y urgente. Una consecuencia, para empezar, del indispensable cambio de la matriz de importación que debe ser inmediato y draconiano. Una forma de desacople. Es necesario forzar la sustitución de productos agrícolas alimenticios. Como el maíz, para mencionar apenas el más emblemático y vergonzoso de los importados. Tomar en serio la advertencia de la Cepal sobre el riesgo actual en que se encuentra la seguridad alimentaria.

Un giro que forzosamente llevará a un programa que se requiere más audaz y sobre todo más rápido de reforma rural. Por eso se calificó de eje. Comenzando con una verdadera Reforma Agraria, centrada, como debe ser, en la redistribución de la tierra la cual debe orientarse, simultáneamente, a la estabilización de una economía campesina basada en la configuración de un sistema de zonas de reserva campesina. Se trata de desencadenar la producción de suficientes y variados alimentos de la tierra. No es un programa aislado. Supone un forzoso complemento, el conocido trípode: vías terciarias, comercialización y crédito. Obviamente, todo depende de un gran supuesto que se había vuelto un tabú en estos tiempos de los tratados de libre comercio: el respaldo activo y permanente del Estado a la economía campesina.

Sin duda, será necesario actuar simultáneamente en el escenario internacional. Ya lo ha mencionado el nuevo gobierno de Petro: la posibilidad de renegociar los Tratados de Libre Comercio, particularmente el suscrito con los Estados Unidos. –Obsérvese de paso que Colombia, a diferencia de la mayoría de los países de Suramérica, no tiene aún una significativa relación económica con China y se mantiene, como en el siglo pasado, en la órbita norteamericana. Es algo que habría que empezar a cambiar–. Pero la cuestión posee mucho más calado. Tiene que ver con el ordenamiento mundial de “libre comercio” que se edificó en nombre de la globalización y que, como se dijo, obliga cada vez menos a las grandes potencias. Tal ordenamiento ha sido cuestionado desde su surgimiento y mucho más recientemente. Por ejemplo en relación con las normas de propiedad intelectual y el férreo monopolio de las multinacionales farmacéuticas sobre las vacunas.

Pues bien, hace unas semanas se realizó en Ginebra la 12ª Conferencia Ministerial de la Omc (Mc12). Nuevamente, una gran cantidad de organizaciones sociales y diversas organizaciones de la sociedad civil, así como algunos gobiernos de países del sur global, expresaron sus puntos de vista. Por ejemplo, en relación con las normas sobre agricultura. No son pocos los documentos importantes elaborados, difundidos y presentados formalmente por parte de los críticos, en todos los temas, aunque no se haya logrado incidir sensiblemente en las conclusiones de esta Conferencia. Pero la iniciativa continúa. El desafío planteado es, por el momento, la reforma de la Omc. Hacia el futuro, lo que se llama el “nuevo Bretton Woods del comercio” (7), Es en este escenario, como en otros, donde sería preciso incidir como parte de los esfuerzos de cambio. Si se tiene un nuevo gobierno en Colombia, sería de esperarse una nueva presencia, y protagonismo, frente a otros países y en los organismos internacionales. Claro está, no se trata de someter el proceso interno a los ritmos impuestos por éstos sino de una anticipación.


Es muy pronto seguramente para identificar el rumbo finalmente escogido pero, dadas las circunstancias, es lo que aparece como la opción más sólida. Una constatación es indiscutible: más allá de los esfuerzos en favor de la transición energética, es un cambio que incluso por las actuales condiciones internacionales resulta indispensable y urgente. Y por la envergadura de sus requerimientos tiene que ser de entrada ambicioso. Convendría llamarlo por su nombre: un “plan de choque”.

1. El Espectador, domingo, 10 de julio de 2022.
2. El predominio del famoso “pensamiento único”, sin embargo, parece estar llegando a su fin. Aunque en nuestra aldea tarden en enterarse. La Unctad, en su último informe señala: “Además, parece que las instituciones financieras multilaterales han dejado atrás los dogmas simples del mercado. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial han reconocido que el pensamiento económico del pasado no puede proporcionarnos un sistema más resiliente para el futuro. Se han respaldado los grandes programas de gasto y las iniciativas para gravar a los ricos y reducir el poder de los monopolios, se ha reconocido el papel de los controles de capital selectivos y se han refrendado políticas fuertemente intervencionistas para respaldar un impulso de la inversión verde” Ver Unctad, Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2021 Panorama General, pág. I, junio 2021
3. Cepal, “Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis?”, 6 de junio de 2022
4. Cepal, Ibídem.
5. Unctad, “Actualización del Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2021” Marzo de 2022. https://unctad.org/es/press-material/la-onu-preve-un-deterioro-de-las-perspectivas-de-crecimiento-de-la-economia-mundial
6. Cepal, op. cit.
7. James, Deborah, La Organización Mundial de Comercio después de la 12ª Conferencia Ministerial, 22 de junio de 2022 . Ver https://www.ineteconomics.org/perspectives/blog/the-world-trade-organization-fter-the-12th-ministerial-conference.

 

* Economista, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Jueves, 04 Agosto 2022 05:59

El litio de Chile y los multimillonarios

El litio de Chile y los multimillonarios

El salar de Atacama, en el norte de Chile y con extensión de mil 200 kilómetros cuadrados, es la mayor fuente de litio del orbe. Estamos ante un acantilado, observando la gran fosa, al extremo sur del salar, protegida de la vista del público. Allí las grandes empresas chilenas se han instalado para extraer el litio y exportarlo –en gran parte sin procesar– al mercado mundial. "¿Sabes quién era el suegro del rey del litio en Chile?", nos pregunta Loreto, quien nos guio hasta este mirador para contemplar el salar. Su respuesta no nos sorprende mucho: se trata del difunto dictador militar Augusto Pinochet (1973-90). Con el "rey del litio", se refiere a Julio Ponce Lerou, el mayor accionista de la empresa minera de litio Sociedad Química y Minera de Chile (SQM), y yerno del dictador.

SQM y Albemarle, las principales mineras chilenas, dominan el salar de Atacama. Imposible visitar el extremo sur del salar, donde han establecido sus operaciones. Las empresas extraen el litio bombeando salmuera del subsuelo del salar y dejándola evaporar durante meses antes de la extracción. "SQM nos roba el agua para extraer el litio", declaró en 2018 la ex presidenta del Consejo de Pueblos Indígenas Atacameños, Ana Ramos, según Deutsche Welle. El concentrado que queda tras la evaporación se convierte en carbonato de litio e hidróxido de litio, que luego se exportan, y forman materias primas claves en la producción de baterías de iones de litio. Casi un tercio del litio mundial procede de Chile. Según Goldman Sachs, "el litio es la nueva gasolina".

La propiedad del salar es disputada entre el Estado, los pueblos originarios de este territorio y empresas privadas. Pero, como dijo un miembro de la comunidad lickanantay –una de las comunidades indígenas que reconocen el sitio como su hogar–, la mayoría de los propietarios de la tierra ya no viven en la zona. Juan, criador de caballos, cuenta que la gente ahora "vive de las rentas de la tierra. No les importa lo que pase acá". Sin embargo, Juan sabe que estas rentas son minúsculas. "Lo que nos pagan por explotar nuestras tierras es casi una propina", dice. "No es nada comparado con lo que ganan. Pero sigue siendo mucho dinero." Para la mayoría de los lickanantay, dice Juan, "el litio no es un tema, porque, aunque se sabe que daña el ambiente, nos da dinero. La necesidad lleva a la gente a hacer muchas cosas".

Los impactos ambientales negativos de la extracción de litio han sido estudiados por científicos y observados por los guías turísticos de la zona. El guía Ángelo cuenta que le preocupa que las reservas de agua se contaminen debido a la minería y el impacto sobre la fauna del desierto de Atacama, incluidos los flamencos rosados. "De vez en cuando nos encontramos un flamenco rosado muerto", dice. Cristina Inés Dorador, doctora en ciencias naturales, quien participó en la redacción del nuevo proyecto de Constitución de Chile, ha dicho que se podrían usar nuevas tecnologías para evitar el impacto negativo generalizado. Ingrid Garcés Millas, doctora en ciencias de la tierra por la Universidad de Zaragoza e investigadora de la Universidad de Antofagasta, escribió en Le Monde Diplomatique que la extracción de litio ha deteriorado las "formas de vida de [los] pueblos andinos". Mientras la industria del litio utiliza agua subterránea, las "comunidades se abastecen [de agua] con camiones cisterna".

Según MiningWatch Canadá y el Atlas de Justicia Ambiental, "para producir una tonelada de litio en los salares de Atacama, se evaporan 2 mil toneladas de agua, lo que daña tanto la disponibilidad de agua como la calidad de las reservas subterráneas de agua dulce".

Mientras, en la región de Atacama no parece urgir un debate sobre la extracción. La mayor parte de la gente parece haber aceptado que la extracción de litio ha llegado para quedarse. Entre activistas hay discrepancias sobre cómo abordar el tema. Las personas más radicales creen que no debe extraerse, otras debaten sobre quién debe beneficiarse de la riqueza generada por su extracción.

Antes de las elecciones presidenciales en Chile de noviembre de 2021, entrevistamos a Giorgio Jackson, hoy uno de los asesores más cercanos al presidente Gabriel Boric. Dijo que el nuevo gobierno estudiaría nacionalizar recursos claves, como el cobre y el litio. Esto ya no parece estar en la agenda oficial, pese a la expectativa de que los altos precios del cobre y el litio podrían financiar las tan necesarias reformas al sistema de pensiones.

La idea de la nacionalización se discutió en la convención constitucional, pero no fue incluida en el proyecto, que se votará el 4 de septiembre. En su lugar, la propuesta se basa en el artículo 19 de la constitución de 1980, que establece "el derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación". Con la nueva constitución quedará establecida, en el artículo 134, la existencia de los bienes comunes naturales, sobre los cuales el Estado "tiene deber especial de custodia, con el fin de asegurar los derechos de la naturaleza y el interés de las generaciones presentes y futuras".

En los últimos días del gobierno de Sebastián Piñera, se adjudicó a dos firmas –BYD Chile SpA y Servicios y Operaciones Mineras del Norte SA– derechos de extracción de 80 mil toneladas de litio durante 20 años. La corte de apelaciones de Copiapó atendió una petición del gobernador Miguel Vargas y de indígenas. En enero, el tribunal suspendió el acuerdo; fallo confirmado en junio por la Corte Suprema. Esto no implica que Chile vaya a dar marcha atrás en la explotación del litio por las grandes empresas, pero sí sugiere que se está desarrollando un nuevo interés contra la explotación generalizada de los recursos naturales en el país.

Hasta 2016, Chile producía 37 por ciento de la cuota de mercado mundial de litio, lo que convertía al país en el mayor productor del metal. Cuando el gobierno de Chile aumentó las tasas de regalías a los mineros, varios redujeron la producción y algunos aumentaron su participación en Argentina. Chile está actualmente detrás de Australia en términos de producción de litio en el mercado mundial, cayendo de 37 a 29 por ciento entre 2016 y 2019.

La observación de Juan de que "la necesidad lleva a la gente a hacer muchas cosas" recoge el ánimo entre los atacameños. Las necesidades de las personas que habitan esta región parecen estar sólo detrás de las de las grandes empresas. Los familiares de los antiguos dictadores se enriquecen a costa de la tierra, mientras los propietarios de la misma –por necesidad– la venden por una propina.

Por Vijay Prashad y Taroa Zúñiga Silva*

* Globetrotter

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Nancy Pelosi en Taiwán: Una arriesgada provocación para el imperialismo

El aterrizaje del presidente de la Cámara de los Estados Unidos en Taiwán abre un escenario impredecible para la escalada de las malas relaciones entre Washington y Peckin

 

Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aterrizó en Taiwán la noche del martes (hora local). Esta provocación del imperialismo estadounidense ante las amenazas de la dictadura bonapartista china –Xi Jinping le había dicho a Joe Biden que “quien jugara con fuego perecería” en los asuntos de Taiwán– es motivo de confusión entre los propios analistas. En plena guerra en Ucrania, no están claros los objetivos del Gobierno demócrata de intensificar los roces entre Washington y Pekín, aliado de Rusia y que hasta el momento se había comprometido a no asistir militarmente a la ofensiva de Putin.

Esta es una nueva escalada con consecuencias indeterminadas. La visita de Pelosi a Taipei, parte de una gira que incluye a Singapur, Malasia, Corea del Sur y Japón, es la presencia de más alto nivel de un funcionario estadounidense en décadas, desde que Newt Gingrich lo hiciera en 1997, también como presidente de la Cámara. En ese momento, en una situación en la que China era mucho más frágil económica y militarmente y estaba sufriendo la destrucción producto de la restauración capitalista en el país, la administración de Bill Clinton acababa de recibir la visita del líder taiwanés Lee Teng-hui. Tal visita en 1995, entendida por la República Popular como una salida de Washington de la política de "Una China", provocó la llamada Crisis del Estrecho de Taiwán, en la que China disparó una serie de misiles en aguas taiwanesas en represalia. El gobierno de EE. UU. respondió organizando la mayor exhibición de poderío militar imperialista en Asia desde la Guerra de Vietnam.

Hoy, el gobierno chino condenó la visita de Nancy Pelosi como una "grave violación de la soberanía nacional y la integridad territorial" de la República Popular.

Antes de su llegada, el Ejército Popular de Liberación realizó maniobras aéreas y marítimas en el Mar de China Meridional y el Estrecho de Taiwán, así como una serie de ejercicios militares en otras áreas costeras. El peligro de escaramuzas militares hizo que el avión de la fuerza aérea estadounidense que transportaba a Pelosi y su delegación cambiara de rumbo, abandonando la ruta anterior de Kuala Lumpur a Taipei, dando un amplio rodeo por Borneo y Filipinas.

Horas antes, el canciller chino, Wang Yi, acusó a EE. UU. de "vaciar" su política de "Una sola China", según la cual reconoce la visión de Beijing de que Taiwán es parte de China, y sugirió que Washington actúa como "el mayor destructor de la paz en la actualidad". . China recibió apoyo inmediato de Rusia, que acusó a Estados Unidos de “provocar” a China, en aparente reciprocidad por el apoyo tácito de Beijing a la invasión reaccionaria de Putin a Ucrania. "Todo sobre esta gira y la posible visita [de Pelosi] a Taiwán es puramente provocador", dijo el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, según Reuters. La torre de televisión Ostankino en Moscú se iluminó con un mensaje que decía “¡China, estamos contigo!”.

La Casa Blanca ha dado muchas señales contrarias durante la escalada de las últimas semanas. La prensa informó con entusiasmo que el presidente Joe Biden envió a varios altos funcionarios, incluido el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, para tratar de convencer a Pelosi de que no viajara a Taiwán. Biden también dijo recientemente que el ejército de EE. UU. no creía que la visita fuera "una buena idea", aunque los funcionarios de defensa dijeron que el general Mark Milley, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, solo se había limitado a exponer los escenarios que podrían surgir en torno a su visita. Por otro lado, no menos curioso, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby,

No se puede descartar que podamos estar enfrentando desacuerdos entre las altas esferas del Estado norteamericano, especialmente en medio de la presión que las elecciones intermedias ejercen sobre los Demócratas, quienes probablemente perderán la mayoría legislativa ante los Republicanos de Donald Trump, que disputan con el Partido Demócrata quién tiene la retórica más vociferante contra Beijing. Pese a la continuidad de la postura agresiva heredada del gobierno de Donald Trump, el actual presidente Biden no se ve como un mandatario lo suficientemente firme en la conducción de la política de competencia-cooperación con China e incluso en la guerra de Ucrania, es criticado por supuesta delicadeza en el trato con Moscú, a pesar de estar al frente del mando logístico de la OTAN y de la interferencia militarista (sin tropas sobre el terreno) sobre el ejército ucraniano. La postura de Estados Unidos frente a las amenazas chinas es un elemento fuerte que afecta la campaña política tanto de republicanos como de demócratas. Pese a las advertencias del Pentágono, Biden reconoce que no podía simplemente retractarse de la advertencia explícita de Xi Jinping, que mostraría a Washington en una posición defensiva frente a la potencia asiática, y podría leerse como un estímulo a los planes de incorporación militar de la isla por parte de la República Popular China.

Pero, aun dentro de las casi ciertas fisuras en el establishment , “hay método en la locura”. El régimen imperialista bipartidista, y en particular Joe Biden, atraviesan dificultades internas para las que, tradicionalmente, Estados Unidos utiliza la política exterior como válvula de escape. La economía estadounidense se contrajo 0,2% en el segundo trimestre de 2022, lo que técnicamente la ubica dentro de la definición de recesión económica (en el primer trimestre la economía se contrajo 0,4%). La tasa de inflación de EE.UU., tras los efectos de la guerra en Ucrania, subió este año hasta el 9,1%, la más alta desde 1981, lo que obligó a la Reserva Federal a subir dos veces seguidas la tasa oficial de interés en 0,75 puntos., un ataque directo al poder adquisitivo de millones de trabajadores y sectores medios. La devaluación de los salarios y las pésimas condiciones laborales en el período pospandemia, a pesar de un nivel de empleo estable, llevó a una nueva generación de jóvenes trabajadores a luchar por la sindicalización en grandes monopolios como Amazon y Starbucks, además del surgimiento de huelgas. en sectores estratégicos como la aviación con la huelga de los trabajadores de Boeing. Es probable que esta situación empeore en 2023, especialmente debido a los planes de economistas de un amplio espectro del establishment, desde Jay Powell hasta Paul Krugman, para intentar “resolver” la inflación congelando los salarios y aumentando la tasa de desempleo.

La economía de China también se desaceleró en el segundo trimestre, impactada por los "bloqueos" en varias ciudades del país a causa del Covid-19, y creció un 0,4%, según datos oficiales (los expertos esperaban que la economía china creciera entre un 0,9% y un 1% en el mismo período).

Es posible que estos dos factores trabajen juntos. A ellos se suma un tercer elemento importante, que es la importancia de este año para el destino de Taiwán . El 20º Congreso del Partido Comunista chino (PCCh) se llevará a cabo en noviembre, y entronizará a Xi Jinping para un tercer mandato sin precedentes (posiblemente allanando el camino para un gobierno de por vida). Desde 2013, la política de China se ha vuelto abiertamente más agresiva contra Taiwán. En 2019, Xi Jinping declaró que la incorporación de la isla se produciría de todos modos ("No prometemos renunciar al uso de la fuerza, y nos reservamos la opción de tomar todas las medidas necesarias"), así como en 2021 durante la celebración de los 100 años del PCCh, en la que afirmó que la unificación con Taiwán era "una misión histórica y un compromiso inquebrantable" del Partido.

Taiwán es la joya de la corona del sudeste asiático y ha sido considerada por China como una parte integral de su territorio, no como una nación autónoma, desde el final de la Guerra Civil de 1946-49, cuando la derrota de Chiang Kai-shek llevó al Kuomintang a emigrar a la isla. La toma de Taiwán, encabezada por la independentista Tsai Ing-wen (del Partido Democrático Popular burgués), forma parte del plan de rejuvenecimiento de la nación china, según Xi Jinping, por dos motivos centrales: su capacidad para facilitar el acceso a las aguas profundas del Océano Pacífico (que China no tiene), y la existencia de una infraestructura tecnológica avanzada, siendo Taiwán el hogar de los semiconductores de última generación más valiosos del mundo: la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. Estados Unidos, que acaba de aprobar en el Congreso una legislación que favorece a las empresas productoras de semiconductores, rechaza cualquier perspectiva de que China se haga cargo de la estructura tecnológico-industrial responsable de suministrar el 70% de los microchips de última generación del mundo. El viaje a Taipei sería una fuerte señal contra las intenciones chinas antes del 20º Congreso.

Todavía en Taiwán, Biden aumentó la presión durante su primera visita a Asia como comandante en jefe en mayo de 2022. Cuando se le preguntó si EE. UU. estaría militarmente involucrado en un ataque chino en Taiwán después de negarse a enviar tropas a Ucrania para luchar contra los rusos invasores, dijo afirmativamente que ese era el compromiso asumido. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China atacó a Biden casi inmediatamente después de los comentarios, a pesar de que los funcionarios de la Casa Blanca dijeron que la política estadounidense no había cambiado. El ministerio dijo que Beijing "no tiene espacio para compromisos" sobre preocupaciones clave, incluido Taiwán, y que tomaría medidas firmes para defender sus intereses de seguridad.

Estos factores no hacen que la jugada sea menos riesgosa para el imperialismo estadounidense, y existe controversia sobre sus resultados. Thomas Friedman, un destacado columnista del New York Times , vinculado a los demócratas, califica la visita de Pelosi de "completamente imprudente, peligrosa e irresponsable". El principal riesgo que ve es dar a China razones para cambiar su postura de apoyo pasivo a Rusia y enfrentar a dos potencias militares al mismo tiempo contra la política de Washington en Europa. “Hay momentos en las relaciones internacionales en los que es necesario estar pendiente del premio. Hoy ese premio está muy claro: debemos asegurarnos de que Ucrania sea capaz, como mínimo, de mitigar -y, como mucho, revertir- la invasión de Vladimir Putin que, de tener éxito, supondrá una amenaza directa para la estabilidad de la toda la Unión Europea. Para ayudar a crear la mejor oportunidad de Ucrania de revertir la invasión de Putin, Biden y su asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, sostuvieron una serie de duras reuniones con los líderes de China, implorando a Beijing que no ingrese al conflicto de Ucrania prestando atención a la asistencia militar a Rusia, y particularmente ahora. cuando el arsenal de Putin se ha reducido por cinco meses de dura guerra. Biden, según un alto funcionario estadounidense, le dijo personalmente a Xi Jinping que si China entraba en la guerra de Ucrania del lado de Rusia, Beijing estaría arriesgando el acceso a sus dos mercados de exportación más importantes: Estados Unidos y la Unión Europea. Los funcionarios estadounidenses me dicen que China respondió no brindando asistencia militar a Putin, en un momento en que Estados Unidos y la OTAN han estado brindando a Ucrania apoyo de inteligencia y una cantidad significativa de armas avanzadas que han causado graves daños a las fuerzas armadas de Rusia, el aparente aliado de China".

Mientras Friedman se pregunta por qué arriesgarse a un conflicto con China por Taiwán, "provocado por una visita arbitraria y frívola del presidente de la Cámara", el trumpista The Wall Street Journal afirma, por el contrario, que la visita en gran medida simbólica de Pelosi no sería "una buena razón para provocar un enfrentamiento entre Estados Unidos y China". Aprovechando la torpeza de los demócratas, el WSJ sugiere que es hora de cambiar la comprensión de la política de "Una China" si Beijing toma represalias. "Taiwán ya se ha convertido en un foco de conflicto entre Estados Unidos y China. Durante 50 años, el entendimiento mutuo ha sido que China esperará la reunificación pacífica mientras EE. UU. reconoce ’Una China’, siendo ambivalente sobre la defensa de Taiwán. Eso ya no funciona. Xi quiere unificar a China durante su mandato presidencial, y la retórica y la postura militar de Beijing son cada vez más beligerantes. Si China abandonara su promesa de reunificación pacífica, que ha hecho en comunicados diplomáticos durante décadas, esa sería una razón para que la administración Biden cambiara la política oficial de EE. UU. para dejar en claro que EE. UU. defenderá a Taiwán”.

La situación está abierta a escaladas impredecibles. La primera consecuencia inmediata será una nueva ronda de ejercicios militares chinos más agresivos en el Estrecho de Taiwán, y no es imposible que lo haga con Rusia. Tilman Pradt, quien escribió en 2016 el libro “La nueva política exterior de China: modernización militar, multilateralismo y la ’amenaza china”, sistematiza la periodicidad prácticamente anual en la que China y Rusia sostienen ejercicios navales conjuntos en una amplia zona de cobertura del territorio asiático, incluidos los mares del Sur y del Este de China, ejercicios dominados por operaciones antisubmarinas y de defensa aérea. Al comentar sobre el ejercicio militar conjunto de julio de 2021 en las afueras de Taiwán, Song Zhongping, ex instructor del Ejército Popular de Liberación, dijo que este ejercicio, aunque solo es una pequeña parte de una operación real para apoderarse de Taiwán, aumentó aún más la capacidad de combate del Ejército chino y reflejó la creciente confianza de China en la implementación de una misión militar holística (es decir, aterrizar, invadir y mantener el control de la isla). “La disuasión no puede resolver los problemas, solamente acciones concretas pueden funcionar para defender la soberanía e integridad territorial de Pekín" dice Song.

Las disputas se agudizan en un escenario de crisis económica inflacionaria en prácticamente todo el globo, lo que ha dado lugar a agudas crisis de regímenes políticos y caídas de gobiernos, incluso en países centrales (Boris Johnson en Reino Unido, Mario Draghi en Italia) y tendencias a las rebeliones (Sri Lanka en el sur de Asia, Panamá en América Central, Ecuador en América del Sur, manifestaciones contra el hambre en varios países africanos: Ghana, Sierra Leona, Mozambique y Sudáfrica) además de luchas obreras (huelgas de amplia apoyo popular en Gran Bretaña, huelgas de estibadores y aeronautas en Alemania). Un escenario que se convierte en un polvorín de cara al conflicto EE. UU.-China.

Por André Barbieri@AcierAndy

Martes 2 de agosto

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Aunque admite que en una guerra nuclear no hay ganador, EU moderniza su arsenal

Se calcula que hay en el mundo 13 mil armas de destrucción masiva

Nueva York. Empieza así: "Pues, hubo un ataque nuclear. No me preguntes cómo o por qué. Sólo necesitas saber que la grande ha llegado".

El video-anuncio público de 90 segundos difundido por el gobierno de la ciudad de Nueva York es narrado por una mujer que va caminando por calles vacías que ofrece tres pasos que los neoyorquinos deben seguir para sobrevivir a un ataque nuclear: buscar refugio dentro de un edificio y ubicarse lejos de las ventanas, no salir para reducir la exposición al polvo radiactivo y seguir instrucciones oficiales difundidas por los medios. (https://www.youtube.com/watch?v=N-5d7V4Sbqk).

El anuncio se transmite ahora mismo, aunque parece reliquia de hace más de medio siglo, cuando estos mensajes eran comunes, y causó suficiente preocupación como para que el gobierno municipal de Nueva York se viera obligado a aclarar que no existe una amenaza inminente de un ataque nuclear.

Este anuncio se difunde en medio de crecientes tensiones y confrontaciones indirectas entre Washington y Moscú en torno a Ucrania, que incluyen amenazas de uso de armas nucleares, y esta semana, con Pekín con la visita oficial a Taiwán, ayer, de Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara baja del Congreso, como acto abierto de desafío a China.

El lunes, en la inauguración de la conferencia de evaluación del Tratado de No Proliferación en la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, el secretario general Antonio Guterres advirtió que el mundo "está a un malentendido, a un solo error de cálculo, de la aniquilación nuclear". (https://www.jornada.com.mx/2022/08/02/mundo/020n1mun).

A la vez, Estados Unidos y las principales potencias nucleares –incluidas Rusia y China– han afirmado que "una guerra nuclear no puede tener ganadores y nunca debe ser librada".

Pero Estados Unidos –mientras promueve propuestas para nuevos tratados de reducción de armas nucleares, festeja que los arsenales atómicos se han reducido casi 90 por ciento desde 1967 y reitera que no hay vencedores en una guerra nuclear– está invirtiendo miles de millones de dólares en modernizar e incluso ampliar su arsenal.

De hecho, el arsenal nuclear mundial –calculado en poco más de 13 mil armas, con Estados Unidos y Rusia bicampeones mundiales al compartir 90 por ciento del total– se está incrementando por primera vez desde el fin de la guerra fría, reporta Sipri, el más destacado centro independiente de investigación sobre armamento militar en el mundo, en su informe anual para 2022

En los últimos años, Estados Unidos ha impulsado una programa de "modernización" de su arsenal con gobiernos tanto republicanos como demócratas, otro de los pocos temas donde hay un consenso bipartidista general. Estados Unidos gastará 634 mil millones de dólares a lo largo de 10 años –entre 2021 y 2030– para mantener y modernizar su arsenal, lo que representa un incremento de 28 por ciento sobre el gasto de los últimos 10 años, calcula la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO). Ese es un gasto muy superior al de los demás poderes nucleares en este rubro.

El gobierno de Joe Biden continúa, y en algunos rubros ha incrementado, cada aspecto del gasto programado para el arsenal nuclear que heredó de los dos gobiernos anteriores (Trump y Obama), incluido el desarrollo de nuevas armas, reporta la Asociación de Control de Armas (https://www.armscontrol.org/factsheets/USNuclearModernization).

La amenaza como justificante

Como siempre, está justificando todo esto ante las amenazas de otros poderes nucleares que considera hostiles en esta coyuntura, sobre todo Rusia y China, pero también poderes potenciales como Irán y Corea del Norte.

"Estados Unidos cree que todos los estados con armamentos nucleares tienen un deber de actuar de manera responsable", afirmó el secretario de Estado, Antony Blinken, en la apertura de la conferencia de evaluación del Tratado de No Proliferación el lunes. Insistió en que el papel de las armas nucleares estadunidenses es disuadir ataques de esta naturaleza contra su país y sus aliados. Advirtió –aparentemente sin darse cuenta de que contradice la afirmación de que no hay vencedores en una guerra nuclear– que "Estados Unidos sólo contemplaría el uso de armas nucleares en circunstancias extremas para defender los intereses vitales de Estados Unidos, sus aliados y socios".

Vale recordar que, desde hace décadas, los expertos han repetido que no hay salvación –dentro o fuera de edificios– de un ataque nuclear masivo, donde un número incontable de gente morirá de inmediato y todos los demás serían envenenados por radiación que los matará a lo largo del tiempo. Durante el gobierno de Jimmy Carter se elaboraron documentos clasificados y sólo revelados hasta después del fin de la guerra fría que concluyen que en una guerra nuclear no habrá ganador. Años antes, a principios de la década de los 60, cálculos de bajas de un intercambio de ataques nucleares entre ambas superpotencias apuntaban a 134 millones de muertos estadunidenses y 140 millones de soviéticos. Líderes civiles y militares mantuvieron todos esta matemática en secreto hasta después del fin de la guerra fría. Cálculos oficiales de bajas por armas nucleares en tiempos más recientes siguen clasificados como secreto de Estado (https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/nuclear-vault/2022-07-14/long-classified-us-estimates-nuclear-war-casualties-during).

El riesgo nunca ha sido mayor

Así, a 77 años del estreno del uso de bombas atómicas por Estados Unidos –el único país que ha empleado armas de destrucción masiva– al arrojar una sobre la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto, y otra sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945, causando la muerte inmediata de más de 120 mil personas y el fallecimiento lento de decenas de miles más–, el espectro de la guerra nuclear no sólo se sigue contemplado dentro de los planes "estratégicos" de Estados Unidos y los otros poderes, sino que algunos calculan que el riesgo de un apocalipsis nuclear nunca ha sido mayor.

La hora del famoso Reloj del Día del Fin del Mundo elaborado por el Boletín de los Científicos Atómicos –organización fundada por Albert Einstein y sus colegas– es fijada cada año en enero para, de manera metafórica, medir qué tan cerca está el mundo de su fin y quedó en 100 segundos hasta la medianoche por tercer año, lo más cerca que jamás ha estado desde que se estrenó hace 75 años (https://thebulletin.org/doomsday-clock/).

Por David Brooks, corresponsal

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Vladimir Putin anunció una nueva doctrina naval en medio de la guerra en Ucrania

Rusia ve a Estados Unidos como la mayor "amenaza" debido a su aspiración de "dominar" los océanos

La flota rusa se equipará con un nuevo misil de crucero hipersónico Tsirkon en los próximos meses. Moscú tiene planes de crear bases navales y centros de abastecimiento desde el Mediterráneo oriental a la región de Asia-Pacífico, el océano Índico y el Golfo Pérsico.

El presidente ruso, Vladimir Putin, presentó el domingo una nueva doctrina naval que ve a Estados Unidos como la mayor amenaza para el Kremlin y propone a Rusia como una gran potencia marítima con líneas rojas en el Ártico y los mares Negro y Báltico. La flota rusa "es capaz de infligir una respuesta fulminante a todos aquellos que decidan atentar contra nuestra soberanía y libertad", aseguró Putin durante un desfile naval en San Petersburgo, destacando que la fuerza se equipará con un nuevo misil de crucero hipersónico Tsirkon en los próximos meses.

Como ocurriera en 2015, tras el deterioro de las relaciones con Occidente provocado por la anexión de la península ucraniana de Crimea, Putin aprobó por decreto una nueva doctrina naval que tiene en cuenta los dramáticos cambios geopolíticos causados por la campaña militar rusa en Ucrania. "Hemos marcado abiertamente las fronteras y zonas de los intereses nacionales de Rusia, tanto las económicas como las estratégicas que son vitales. Garantizaremos su defensa de manera firme y por todos los medios", afirmó Putin.

Del Mediterráneo al Pacífico

Con la estatua ecuestre de Pedro el Grande a su espalda, no en vano el zar que convirtió hace 300 años a Rusia en un imperio con una poderosa armada con salida al Báltico, Putin expuso sus ambiciones de grandeza justo cuando Occidente intenta condenarlo al aislamiento. Para evitar ese ostracismo, Moscú anunció planes de crear bases navales y centros de abastecimiento desde el Mediterráneo oriental a la región de Asia-Pacífico, el océano Índico y el Golfo Pérsico, empeño que se verá apoyado por la construcción de portaaviones.

En cuanto al Mediterráneo, además de garantizar su presencia permanente en el puerto de Tartus, en Siria, Moscú quiere abrir centros de mantenimiento naval "en territorio de otros países de la región", incluido África y Oriente Medio. En concreto, la doctrina destaca el interés en incrementar la cooperación militar-naval con la India, Irán, Arabia Saudí e Irak. 

Rusia intenta desde hace años encontrar alternativas estratégicas a sus tradicionales socios europeos. La Armada rusa, que abandonó en 2001 su base en Cuba y en 2004 la de Vietnam, reanudó en 2008 las patrullas por todo el mundo, incluyendo las zonas de responsabilidad de la OTAN.

Estados Unidos, la mayor amenaza

Tanto en tierra como en mar, Estados Unidos es la principal "amenaza" para la seguridad nacional debido a su aspiración de "dominar" los océanos, lo que incluye lograr la "hegemonía incontestable" de su Armada y restringir el acceso a los recursos y las comunicaciones oceánicas de acuerdo al documento del Kremlin. También son un desafío el acercamiento de la infraestructura de la OTAN a las fronteras rusas, el incremento de las maniobras navales occidentales y las pretensiones territoriales de islas y zonas costeras rusas.

En particular, el Kremlin acusa a Occidente de intentar "debilitar" su control de la Ruta Ártica, que Putin propone como alternativa al Canal de Suez, a través de la militarización de la región. Por todo ello, Rusia también se propone acelerar y diversificar sus actividades en aguas árticas desde los archipiélagos de Nueva Zembla, Francisco José y Svalbard de soberanía noruega, a la isla de Wrangel, a 140 kilómetros de la costa de Siberia.

Una de las prioridades rusas es convertirse en uno de los líderes en exploración y explotación de los recursos del territorio ártico, especialmente de la plataforma continental rusa, a lo que aspiran otros países como Estados Unidos, Canadá, Noruega o Dinamarca.

Armamento hipersónico para la Armada

Putin, que anunció en 2018 un programa de rearme sin precedentes con armamento hipersónico, adelantó que "en los próximos meses" la Armada recibirá los nuevos misiles de crucero hipersónicos Tsirkon. Con un alcance máximo de unos mil kilómetros, los Tsirkon pertenecen a una familia de nuevas armas desarrolladas por Rusia que Putin califica de "invencibles" y se venían probando desde octubre de 2020.

La fragata "Almirante Gorshkov" fue la elegida para portar dicho armamento y su mar de destino se determinará dependiendo de la seguridad de Rusia. La doctrina alude a que Rusia apuesta por instrumentos diplomáticos y económicos para solventar contenciosos, pero puede recurrir a la fuerza "en caso de necesidad", aunque siempre respetando la legislación rusa y el derecho internacional.

Otra de las prioridades es reforzar el potencial de la flota del mar Negro y fortalecer la infraestructura militar de la anexionada península ucraniana de Crimea, donde el domingo fue cancelada la parada naval debido al supuesto ataque contra el cuartel de la Armada en Sebastopol con un dron ucraniano.

En un futuro la Armada rusa también quiere garantizar el acceso ininterrumpido al enclave báltico de Kaliningrado, muy dependiente ahora del tránsito terrestre de mercancías por los países bálticos. "La clave es la capacidad de la Armada rusa. Es capaz de responder como un rayo a todos aquellos que decidan amenazar nuestra soberanía y libertad", proclamó Putin.

El líder ruso supervisó este domingo el desfile naval en San Petersburgo que reunió en esta antigua capital imperial a más de 40 buques y submarinos y unos 3.500 militares con motivo del Día de la Armada Rusa, ampliamente celebrado en todo el país. En Sebastopol, en la Crimea anexionada por Rusia, los festejos se cancelaron después de que un ataque con drones contra el cuartel general de la flota rusa del mar Negro dejara seis heridos. Las autoridades locales acusaron a los nacionalistas ucranianos de haber llevado a cabo el ataque, pero Kiev lo desminti

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El presidente ruso, Vladimir Putin, el presidente iraní, Ebrahim Raisi, y el presidente turco, Tayyip Erdogan. -Sputnik/Sergei Savostyanov

Por fin, Tayyeb Erdogan pudo encontrarse con Vladimir Putin (y en Teherán, que no en Moscú o Ankara), después de que el presidente ruso rechazara su oferta de mediación en la guerra ruso-ucraniana: con quien debe negociar es con su "homólogo", el presidente de EEUU, que no con el jefe de una potencia media.

Las discrepancias resaltadas durante la celebración de la tercera cumbre del Proceso de Astaná (nombre de la capital de Kazajistán, que significa «La corte real» en persa), formado para restablecer la paz en Siria, demostraron que no se trata de un "eje estratégico" constituido por Rusia, Turquía e Irán, sino más bien de una fórmula para avanzar en sus relaciones bilaterales: hay demasiados actores en el escenario sirio para que pequeñas iniciativas consigan acuerdos serios, de allí también el fracaso de las conferencias de Sochi y de Ginebra.

En la cumbre de Teherán, Bashar Al Asad no estuvo invitado. En su lugar el ministro de Asuntos Exteriores sirio Faisal Mekdad viajó a Irán para pedir que se impidiera el ataque de Turquía contra Siria para ocupar Alepo.

A estas alturas, y en un entorno regional e internacional agitado y lleno de incertidumbres, pedir paz para Siria sería una demanda maximalista. Con que se evitara que el desgarrado país eurasiático y su sufrida gente vuelvan al punto cero sería mucho: de cuando en 2011, tres conflictos se convergieron para desmantelar el Estado sirio, y provocar la huida de millones de personas de sus hogares.

Y este fue, justamente, el centro del debate del encuentro de Teherán: ¿Qué hacer para que Erdogan desistiera de su anunciada invasión a la zona kurda de Siria, si ninguna de las reuniones de Astaná pudo contener los ataques anteriores?

¿Qué busca Turquía en invadir a Siria?

Desde 2016, el ejército turco, ha agredido tres veces al pequeño país, lo que provocó la muerte de cientos de sirios, principalmente kurdos, y forzó el desplazamiento de decenas de miles. Hoy, junto con los grupos "yihadistas" que patrocina, mantiene ocupada la gobernación de Idlib, -acoge a unos 3 millones de desplazados-, y se niega a devolverla a Damasco, que solo controla cerca del 60% del país. El resto, las zonas orientales ricas en petróleo, lo dominan EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido y Turquía

Y, ¿por qué ahora?

Turquía, que sigue sin reconocer la soberanía siria, se preparar para ocupar las ciudades de Tel Rifaat, Kobani, Ain Issa y Manbij, con el objetivo de crear lo que llama "una zona de amortiguación" de 30 kilómetros de profundidad a través de su frontera con Siria. Pretende:

  • Desmantelar la autonomía kurda.
  • Aprovechar la retirada de buena parte de los efectivos rusos, enviados a la guerra de Ucrania, con el fin de ocupar y anexionar el norte de Siria, rica en petróleo y trigo.
  • Teme que las fuerzas de Irán reemplacen a las rusas, a pesar de que continuamente están bajo el fuego de los aviones israelíes, otro de los ganadores de esta guerra.
  • Bajo el pretexto de "devolver a los 3,6 millones de refugiados sirios a sus casas", intenta satisfacer al sector xenófobo de la sociedad turca de cara a las elecciones presidenciales del próximo año.
  • Arabizar la población del norte de Siria, en perjuicio a los kurdos.
  • Expandir el poder militar, política y económica, comercial del imperialismo turco

Nadie quiere a Turquía en Siria

  • Rusia, el primero; sin embargo, la guerra de Ucrania ha aumentado el peso de Turquía ante Moscú, lo que inquieta a Damasco, a los kurdos, a Teherán y a Washington. Erdogan, al igual que los dirigentes de los destacados países del mundo (China, India, Brasil, Arabia Saudí, Egipto, Indonesia, entre otros) no ha seguido las sanciones de EEUU y Europa contra Kremlin. Por lo que, en la declaración final del encuentro de Teherán, los tres se oponen a: " las agendas separatistas" y  "las iniciativas ilegítimas de autogobierno". Rusia ha conseguido sus propósitos en este país y puede negociar otras cuestiones.
  • Cierto es que Irán no quiere una autonomía kurda en la región, pero de ninguna manera quiere que su deseo se cumpla gracias a la ampliación del dominio de los turcos. Aun así, para el clérigo todo es negociable: hasta los pecados se borran pagando. Teherán está molesto por el muro que Turquía ha levantado en la frontera para impedir la salida de cientos de miles de afganos que pretenden llegar a Europa; tampoco está feliz con la cooperación entre los servicios de inteligencia turcos, el MIT y el Mossad para desactivar los planes de los agentes islámicos en atentar contra los turistas israelíes
  • EEUU, al que Erdogan acusa de armar a los "terroristas kurdos", quiere una Turquía con demasiada influencia en Eurasia, el «Heartland», Corazón del Mundo. Ha invertido mucho en la destrucción de Siria para ahora entregarla al descontrolado Erdogan: Justo en 2011 cuando mandó a Robert Ford de embajador en Damasco los coche bombas empezaron a estallar: venía de Irak, donde en 2004 y junto con John Negroponte (el organizador de los Escuadrones de Muerte de Honduras), crearon la replica de estos matones en el país mesopotámico. ¿Y saben dónde fue enviado después? A Egipto para abortar la Revolución de Tahrir, entregándola a los Hermanos Musulmanes (lo mismo que EEUU hizo en Irán del 1978 en alianza con el jomeinismo). EEUU, que no sabe qué hacer con los kurdos sirios: su plan de crear un estado kurdo independiente, al principio con la parte siria e iraquí, ha sido aparcado. Ahora, un Biden sin fuerzas, que para más inri fracasó en su tour por Oriente Próximo, prefiere no tocar el mapa sirio y le ha pedido al presidente turco que se espere. Reino Unido y Francia también están expandiendo su presencia militar en Manbij para rechazar tanto la entrada del ejército sirio como una invasión turca.

Para agredir a Siria, a Turquía le basta la neutralidad de Rusia o de Irán y el permiso de EEUU, la potencia que mantiene ocupada el norte de Siria. La pregunta es: ¿Cuándo y a cambio de qué Biden permitirá a Erdogan anexionar esta región?

Las relaciones bilaterales se refuerzan

Aunque los precios bajos del petróleo ruso están perjudicando a Irán, que ya vendía su Oro Negro con descuento, Putin quiso consolar a los iraníes con un contrato de inversión de Gasprom de 60.000 millones de dólares,  y el suministro de 5 millones de toneladas de trigo y cereales. Putin señaló que el comercio entre los dos países aumentó un 81% el año pasado. Para los que no entendíamos las razones del amor apasionado que profesan los ayatolás hacia el líder ruso, y en esta visita volvieron a expresarlo, el señor Akbar Velayati, asesor en asuntos internacionales del caudillo Ali Jamenei, desvela el misterio: "En el pasado, los gobernantes del Kremlin eran impíos y ateos, y ahora, desde el presidente hasta el nivel más bajo, son cristianos o musulmanes, y van a iglesia y mezquita".

Por su parte, Turquía, país de la OTAN, ha conseguido preservar su relación tanto con Moscú como con Kiev, e incluso con Irán, colocándose en los campos de batallas internacionales con un chaleco antibalas. Como ningún otro jefe de Estado, Erdogan ha sabido aprovechar la posición geográfica y política de su país combinando el pragmatismo con los modales orientales para hacer lo que le da la gana. La salida de Rusia de Siria significa la desaparición de un decisivo mediador y gestor en este complejo escenario, que consiguió impedir choques militares directos entre los estados involucrados.

Ahora, este peligroso hombre, que es capaz de engatusar a casi todo el mundo, puede convertir Siria en una bola de fuego justo en el punto que une Asia con Europa.

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Colombia-EE.UU. Poner fin al entrenamiento en la Escuela de las Américas

La militarización en América Latina es una realidad que tiene muchos rostros y no sólo se refiere al aumento en la compra de material bélico.

No sólo hay que detener la compra de más armamento militar y policial sino también hay que terminar con el entrenamiento que inyecta la ideología del enemigo interno, de la Doctrina de la Seguridad Nacional, de la guerra y la represión como solución a los conflictos.

A lo anterior, sin duda, las políticas de Estado deben orientarse a trabajar para terminar con las raíces de fondo que encierran los conflictos sociales que son generados por el sistema neoliberal que es el responsable de la pobreza, de la exclusión, de la desigualdad estructural, de todo tipo de saqueo, de la destrucción de la naturaleza y de nuestros bienes comunes.

Desde Chile, y seguramente desde muchos lugares del mundo, seguimos con atención la entrega del Informe final de la Comisión de la Verdad de Colombia presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux.

Es importante mencionar que dentro de los hallazgos que aparecen en el Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia se establece que la relación con EE.UU. ha sido muy importante y ha incidido negativamente en el conflicto armado. Los hechos, confirman esa verdad. Colombia es uno de los lugares más peligrosos del mundo para las y los defensores de derechos humanos.

El Informe Final (1) de la Comisión de la Verdad señala textualmente que:

«Las relaciones internacionales con Estados Unidos han sido fundamentales en la construcción del modelo de seguridad imperante en Colombia hasta hoy”.

“Colombia ha aceptado el marco discursivo que ha planteado el gobierno de Estados Unidos desde la década de 1950: primero, la guerra contra el comunismo; segundo, la guerra contra las drogas, y tercero, la guerra contra el terrorismo”.

“Los modelos contrainsurgente, antidrogas y antiterrorista han resultado funcionales a una mentalidad que se ha dirigido a la guerra, no a la apertura política y democrática ni a las reformas sociales…».

El informe indica cinco aspectos centrales de esta injerencia negociada:

  • “La doctrina contrainsurgente que ha tenido como centro la construcción de la idea del enemigo interno”.
  • “La privatización de la seguridad, primero recomendando la creación de grupos paramilitares y, luego, en menor medida, con el uso de compañías militares y de seguridad privada en el marco de la cooperación binacional”.
  • “La focalización de recursos para protección de intereses económicos de compañías multinacionales”.
  • “Los recursos y prioridades claras para combatir a las guerrillas, pero escasos contra el paramilitarismo”.
  • “La materialización de la asistencia militar en formación, armamento, recursos financieros y equipamiento, acompañada de metas y resultados esperados que, en la práctica, llevaron a cometer violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH. Esta asistencia tuvo una escasa fiscalización, tan solo algunas rendiciones de cuentas en el Congreso estadounidense».

El informe referido, indica que «en este contexto se reestructuró la fuerza pública, sus integrantes recibieron entrenamiento militar en la Escuela de las Américas y en bases militares estadounidenses, se ajustaron los manuales y reglamentos militares y de policía y se desarrolló la inteligencia contrainsurgente. Así mismo, se profundizó la militarización de la Policía”.

¿Qué es la Escuela de las Américas?

Para quienes no conozcan, la Escuela de las Américas es una academia militar del Ejército de los EE.UU. y fue fundada en 1946 en Panamá. Inicialmente se le conoció como Centro de Adiestramiento Latinoamericano del Ejército de los EE.UU.

En 1963 fue que adoptó el nombre propiamente tal de Escuela de las Américas (SOA o School of Americas, en inglés).

En 1984, por los Tratados Torrijos-Carter, tuvo que abandonar Panamá y se trasladó al Fuerte Benning, en Georgia, EE.UU., donde sigue operando.

Vale recordar que el presidente panameño Jorge Illueca describió a la Escuela de las Américas como «la base más grande para la desestabilización en América Latina».

En 1996 se conocieron públicamente los manuales de entrenamiento (2) que eran utilizados en la Escuela de las Américas del Ejército de los EE.UU. sobre contrainsurgencia, operaciones psicológicas, terrorismo, entre otros.

El diario The New York Times señaló entonces que “un manual de capacitación publicado por el Pentágono recomendaba técnicas de interrogatorio como la tortura, la ejecución, el chantaje y el arresto de los familiares de los interrogados” (3).

Muchos de los peores violadores de los derechos humanos de América Latina se han formado en esta academia militar y han seguido practicando y transmitiendo a otras generaciones las lecciones militares aprendidas en los Estados Unidos.

En enero de 2001, por las protestas y la mala reputación de la Escuela de las Américas, esta pasó a llamarse Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC, en sus siglas inglés).

Ese es su nombre actualmente y siguen dando entrenamiento a tropas de Colombia, de América Latina y el Caribe. Algunos piensan que se cerró pero simplemente fue un cambio de letrero, un cambio de nombre.

En octubre de 2020, SOA Watch en conjunto con FOR Peace Presence y con el Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina «Óscar Romero» (SICSAL) presentó ante la Comisión de la Verdad de Colombia, el informe titulado “Desde el Inicio y hasta el Final: Estados Unidos en el Conflicto Armado Colombiano” (4).

Colombia es, históricamente, el país número uno que hace más envíos de tropas a la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, como también a otros centros de entrenamiento en los Estados Unidos.

Pero también, viajan instructores estadounidenses a Colombia como a diversos países del continente para dar entrenamiento militar.

Desde la fundación de la SOA, a la fecha, se calcula que más de 19.000 militares y policías colombianos han sido entrenados por la Escuela de las Américas – WHINSEC.

Entre 1999 y 2018, Estados Unidos dio capacitación militar a más de 110.000 efectivos de Colombia en diversos centros de entrenamiento militar.

El año 2021, se entrenaron 687 tropas colombianas en la SOA-WHINSEC (5).

Varios generales y militares involucrados en los casos de “falsos positivos” en Colombia han recibido entrenamiento en la Escuela de las Américas. Los que lideraron el golpe de Estado en Honduras, el 2009, contra el presidente Manuel Zelaya, fueron entrenados en la Escuela de las Américas. Los militares que participaron en el golpe de Estado, el 2019, contra Evo Morales, en Bolivia, también fueron entrenados por EE.UU. Finalmente, varios de los mercenarios colombianos que asesinaron al presidente de Haití, Jovenel Moïse, fueron entrenados en la Escuela de las Américas.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia recomienda, entre otros, (1):

“Al Gobierno Nacional y al Congreso de la República adoptar una nueva visión de seguridad para la construcción de paz, enmarcada en el enfoque de seguridad humana, que se centre en la protección de la vida de las personas y las comunidades sobre la base del respeto del principio de pluralismo democrático y del principio de la dignidad humana”.

“Al Gobierno Nacional y al Congreso de la República, en caso de tratados internacionales, someter los acuerdos de cooperación internacional en materia militar a procedimientos de debate público y transparente en el que participe la ciudadanía y los organismos de control según sus competencias. En particular, se deberán someter a este debate aquellos que brinden inmunidad a agentes extranjeros sobre violaciones de derechos humanos e infracciones al DIH cometidos en Colombia”.

Es importante que el nuevo gobierno de Colombia, que será presidido por Gustavo Petro, revise las políticas de defensa, de seguridad, y de “cooperación” militar que se mantienen con los EE.UU., desde la subordinación, para que se camine para la construcción de una política nacional de defensa propia a favor de la paz y el respeto de los derechos humanos.

Entre otros, se debiera terminar con los envíos de tropas colombianas a la Escuela de las Américas – WHINSEC. Seguro hay otras escuelas donde los militares y la policía de Colombia, y de todo nuestro continente, pueden ser enviados para aprender lecciones de paz, resolución no violenta de conflictos, y derechos humanos.

Finalmente, en La Esperanza, Intibucá, en Honduras, el año 2008, conocí a Berta Cáceres, una gran compañera, lideresa social, que fue asesinada el 2016. Entre sus asesinos hay algunos que fueron graduados de la Escuela de las Américas.

La conocí en el marco del II Encuentro Hemisférico Frente a la Militarización y quiero terminar con un lema acuñado en esa reunión: “Para callar las armas, hablemos los pueblos”. Es la hora de ser escuchados y de comenzar a cambiar la historia.

Ponencia presentada virtualmente al “Seminario Internacional: Desarme Integral en América Latina y el Caribe” realizado el 26 de Julio en Colombia.

Foto: Archivo de SOAWatch

Referencias:

(1) Hay Futuro si hay Verdad, Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Hallazgos y Recomendaciones.
https://www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad

(2) Los Manuales de la Escuela de las Américas.
https://soaw.org/wp-content/uploads/2021/01/CompilacionManualesSOA.pdf

(3) School of the Dictators, Sept. 28, 1996 The New York Times.
https://www.nytimes.com/1996/09/28/opinion/school-of-the-dictators.html

(4) Informe “Desde el Inicio y hasta el Final: Estados Unidos en el Conflicto Armado Colombiano” presentado ante la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición el 7 de octubre de 2020.
https://soaw.org/wp-content/uploads/2020/10/InformeCEV.pdf

(5) Graduados SOA
https://soaw.org/graduados-de-soa

Pablo Ruiz: SOA-Watch

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