Mitos y realidades sobre los ordenadores cuánticos: Ni mágicos ni los más veloces

En octubre de 2019, la computación cuántica acaparó durante varios días titulares de noticias en todo el mundo. Un equipo de investigadores del gigante tecnológico Google había conseguido alcanzar la supremacía cuántica, venciendo a los supercomputadores más grandes del planeta con un ordenador cuántico.

No solo eso, sino que la diferencia de tiempos resultaba sencillamente apabullante: unos pocos minutos frente a los miles de años necesarios para realizar el mismo cálculo con un ordenador tradicional.

Decenas de artículos y reportajes en prensa, radio y televisión se hicieron eco de este hito histórico e intentaron explicar al público no especializado en qué consistía realmente el logro de Google y qué eran esos misteriosos ordenadores cuánticos que se habían utilizado para conseguirlo.

Pese a su buena intención, la mayor parte de estas explicaciones deben haber sembrado más dudas que las que consiguieron aclarar.

Nada de magia ni fantásticos superpoderes

En los artículos de divulgación sobre computación cuántica es habitual encontrar una serie de analogías e imágenes recurrentes que no se corresponden con la realidad y que contribuyen a crear falsos mitos alrededor de las verdaderas capacidades de los ordenadores cuánticos.

Una de las más repetidas es aquella de que “un ordenador cuántico encuentra la solución a un problema probando simultáneamente todas las opciones posibles”.

Esta explicación no simplifica en demasía el funcionamiento de los computadores cuánticos. Más bien parece dotarlos de fantásticos superpoderes mediante los que completar cualquier cálculo es cuestión de pulsar un botón y esperar unos pocos segundos.

Pero, entonces, ¿no es cierto que un ordenador cuántico usa un paralelismo masivo para explorar, al mismo tiempo, todas las soluciones de un problema?

Como en muchas cosas que tienen que ver con el mundo cuántico, la respuesta es, a la vez, sí y no. Es verdad que una de las principales propiedades en las que se apoyan los algoritmos cuánticos es la superposición, esa misteriosa tendencia de ciertos sistemas físicos a encontrarse en una combinación de varios estados distintos. Pero esa es únicamente una parte, y bastante pequeña, de toda la historia.

Coreografía matemática

Podríamos definir la computación cuántica como la disciplina que estudia el uso de las propiedades de las partículas subatómicas para realizar cálculos. Entre estas propiedades se encuentra, sí, la superposición, pero también el entrelazamiento y la interferencia.

En cierta forma, podríamos decir que un algoritmo cuántico primero crea una superposición de muchas posibilidades a explorar, luego entrelaza estas posibilidades con sus resultados y, finalmente, consigue que las soluciones malas interfieran entre sí para que solo sobrevivan aquellas que nos interesan.

Esta fase de aniquilar opciones desfavorables es la parte más difícil y delicada de todo el proceso. Se trata de una especie de compleja coreografía matemática, por usar las palabras de Scott Aaronson y Zach Weinersmith, que solo sabemos llevar a cabo en algunos problemas concretos.

Es más, hace tiempo que se ha demostrado que en determinadas tareas no es posible aprovechar la computación cuántica para conseguir acelerar los cálculos con respecto a los ordenadores tradicionales.

Un ordenador cuántico no es, por tanto, ese dispositivo mágico capaz de resolver al instante cualquier problema que a veces nos quiere vender la prensa sensacionalista. Pero tampoco es, simplemente, un ordenador más rápido.

No solo más rápidos

Otra de las falacias que es habitual encontrar en los artículos populares sobre ordenadores cuánticos es la reducción de todas sus capacidades a un mero incremento de velocidad.

He perdido la cuenta de la cantidad de ocasiones en las que me he encontrado explicaciones como “científicos desarrollan un ordenador cuántico un millón de veces más rápido que los ordenadores tradicionales”. Por llamativas que puedan resultar estas afirmaciones, son totalmente erróneas.

Estamos acostumbrados a que, cada pocos meses, los grandes fabricantes de microchips anuncien nuevos desarrollos que consiguen ser un veinte, un treinta o un 50% más veloces que sus predecesores.

Pero un ordenador cuántico no basa su funcionamiento en un simple avance en la tecnología que permita hacer las mismas operaciones de forma más rápida.

Por un lado, es posible que para algunas tareas un ordenador cuántico no supere en velocidad a un ordenador clásico. Pero es que en los casos en los que un computador cuántico ofrece una ventaja sobre los dispositivos tradicionales, las diferencias no se pueden medir con un único número.

Un ordenador cuántico ejecuta algoritmos radicalmente diferentes de los que usa un ordenador clásico. Esto hace que la ventaja del dispositivo cuántico crezca más cuanto más grande sea el tamaño del problema que queremos resolver.

Por ejemplo, para problemas de búsqueda en listas, un ordenador cuántico será cinco veces más rápido que uno tradicional con cien datos, cincuenta veces más rápido con diez mil elementos y quinientas veces más rápido con un millón de registros.

Aplicaciones

Es precisamente este aumento de la ventaja de los ordenadores cuánticos al crecer el tamaño de los datos a procesar lo que los hace especialmente atractivos a la hora de abordar problemas que son intratables con ordenadores tradicionales.

Es el caso de tareas como encontrar los factores de números enteros muy grandes, en cuya dificultad se basa la seguridad de muchos de los protocolos de cifrado que se usan en nuestras comunicaciones digitales.

El tiempo necesario para resolver este problema utilizando los mejores algoritmos clásicos disponibles crece casi exponencialmente con la longitud de los números, por lo que aumentar en unas pocas decenas de bits el tamaño de una clave la haría millones de veces más segura.

Sin embargo, el matemático Peter Shor demostró hace más de 20 años que romper este tipo de cifrado sería viable en la práctica si se usaran algoritmos cuánticos.

La criptografía no es el único campo en el que los ordenadores cuánticos pueden ofrecer una gran ventaja con respecto a la computación tradicional.

Por ejemplo, la simulación de nuevos materiales o el estudio de compuestos químicos son dos de las aplicaciones más prometedoras de la computación cuántica.

Se trata, nuevamente, de tareas extremadamente difíciles para los ordenadores clásicos porque el número de parámetros que describen el comportamiento de los sistemas físicos y químicos crece exponencialmente con la cantidad de partículas que los componen.

Pero las propiedades cuánticas de este tipo de sistemas hacen que su simulación con ordenadores cuánticos resulte natural, como señaló el físico Richard Feynman incluso antes de que la computación cuántica existiera como disciplina científica.

Así, son muchos los investigadores que en los últimos años han desarrollado algoritmos específicamente pensados para estudiar propiedades de moléculas químicas mediante ordenadores cuánticos.

Uno de los más famosos es el llamado Variational Quantum Eigensolver (VQE), que presenta la particularidad de poder ser usado incluso con los ordenadores cuánticos pequeños y sensibles al ruido de los que disponemos hoy en día.

Con este método, se ha conseguido simular en hardware cuántico real algunas moléculas de tamaño reducido, alcanzando una precisión equivalente a la de los cálculos clásicos.

Aunque aún estamos lejos de superar a los ordenadores tradicionales en esta tarea, el ritmo de crecimiento de las capacidades de los computadores cuánticos y las mejoras en los algoritmos que se utilizan nos hacen suponer que posiblemente esta sea una de las primeras aplicaciones prácticas de la tecnología.

Computación cuántica e inteligencia artificial

Otros campos en los que la investigación de las aplicaciones de la computación cuántica es especialmente intensa en la actualidad son la inteligencia artificial y la optimización.

En concreto, son varios los algoritmos cuánticos que se han propuesto para acelerar las tareas implicadas en el entrenamiento de modelos de machine learning a partir de grandes colecciones de datos.

En algunos casos, con técnicas parecidas a las empleadas por Shor en el desarrollo de su algoritmo de factorización, se consigue una ganancia exponencial con respecto al correspondiente método clásico.

Sin embargo, puesto que debemos trasladar uno a uno los datos al ordenador cuántico desde los ficheros en que se almacenan, el cuello de botella se encontraría no en el procesamiento de la información, sino en la lectura de la misma.

Posibles soluciones serían el uso de datos captados directamente con sensores cuánticos, lo que evitaría tener que cargarlos desde un dispositivo externo, y el desarrollo de memorias cuánticas que permitan leer datos en superposición.

Además del estudio de técnicas para acelerar los procesos del aprendizaje automático clásico, también se investigan modelos puramente cuánticos como, por ejemplo, las llamadas redes neuronales cuánticas.

Puesto que estas propuestas son relativamente recientes, no se conocen aún todas sus capacidades, pero se dispone de evidencias que muestran que su rendimiento es superior al de los métodos clásicos con ciertos conjuntos de datos creados de forma artificial.

Como bien ha señalado John Preskill, uno de los mayores expertos en computación cuántica del mundo, del mismo modo que las aplicaciones de las redes neuronales clásicas se han ido desarrollando sin necesidad de tener, en todos los casos, una teoría sólida y exhaustiva que las sustentara, el aumento en la disponibilidad de ordenadores cuánticos en los que ejecutar y ajustar redes neuronales cuánticas muy posiblemente conducirá a encontrar casos de uso que hoy no podemos prever.

Los ordenadores cuánticos no son la solución a todos los problemas computacionales y de tratamiento de datos que podamos plantear.

No son dispositivos mágicos con los que se pueda realizar instantáneamente cualquier cálculo. Pero tampoco son solamente versiones más rápidas de los ordenadores de los que disponemos hoy.

En las tareas en las que es posible obtener una ventaja mediante el uso de la computación cuántica, la ganancia en tiempo de ejecución aumenta cuando el tamaño del problema se hace más grande.

Si tenemos en cuenta que las aplicaciones de los ordenadores cuánticos incluyen campos de tanta relevancia como la ciberseguridad, la simulación de procesos físicos y químicos o la inteligencia artificial, el hecho de que la computación cuántica no sea una herramienta que sirva para todo no disminuye su valor sino que simplemente lo matiza.

Disponer de ordenadores cuánticos no significará el fin de nuestras limitaciones de cómputo, pero podemos dar por seguro que supondrá un profundo cambio en nuestra forma de calcular y procesar datos y, por tanto, una transformación radical de nuestra sociedad

2 mayo 2022.

(Tomado de BBC)

Jueves, 28 Abril 2022 05:43

Shadowban

Fuentes: Rebelión

El uso de la tecnología para callar opiniones contrarias al pensamiento occidental, no es nuevo. Ahora ni siquiera perdona a figuras de fama mundial cuyas actividades no están relacionadas con la política.

Descubrimos el término “shadowban” gracias a la supermodelo estadounidense de ascendencia palestina, Bella Hadid. Una mediática mujer con 51 millones de seguidores en Instagram (@bellahadid), cuya fama y fortuna no le hacen olvidar sus raíces.

En reportaje reciente de Russian Today – RT (https://bit.ly/3McdG6p), Bella Hadid denunció que Instagram le impide publicar sus historias, sobre todo cuando sale en defensa de Palestina: “inmediatamente, me ponen bajo los efectos del «shadowban», por lo que, casi un millón menos de ustedes ven mis historias y publicaciones».

¿Qué es el Shadowban? Censura tecnológica o tecnología al servicio de la censura, ni más ni menos. Es tan “normal” que hasta Wikipedia explica de que se trata: “El baneo en la sombra (del inglés shadow ban o shadow banning) o supresión disimulada, se trata de una forma de bloqueo o restricción disimulada y generalmente provisional en redes sociales, en internet y comunidades en línea, con el propósito de ocultar contenido que sube un usuario a su cuenta mediante diferentes métodos, dependiendo del funcionamiento de cada servicio”. Sería una práctica común ocultar la cuenta de un usuario, comentarios, fotografías, vídeos, en fin, cualquier tipo de contenido de modo que no sea visible para otros usuarios.

Las redes sociales a servicio de occidente practican el shadowban y otros mecanismos de control totalitario. La mayoría de las personas desconoce que ellos existan, mientras esas redes se presentan ante el mundo como las defensoras de la libertad. Cuando no censuran, actúan como policías ideológicas. Por ejemplo, la aplicación Bitly, usada para acortar links, cuando la aplicas a una publicación de RT, avisa en 5 idiomas: “La página en la que estás navegando ha sido marcada como una potencial fuente de desinformación”. Lo mismo hace automáticamente Facebook, alertándote: “Este contenido pertenece a un editor que Facebook cree que puede estar parcial o totalmente bajo control editorial del gobierno ruso”. Marc Zuckerberg, presidente de «Meta Platforms, Inc.”, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, nunca informará que su empresa es controlada por el Pentágono. 

Semanas atrás, Facebook e Instagram fueron prohibidos en Rusia. Cuando ocurrió, los paladines de la libertad de expresión protestaron poco. Podríamos pensar que fue por “coherencia”, dado el silencio absoluto que han mantenido sobre el bloqueo y la prohibición de varios medios rusos en Europa. Pero la razón es otra. Todo indica que callaron para evitar que las personas supiesen la verdadera causa que llevó a Rusia a prohibirlos: el terrorismo.

A cualquiera que le hayan suspendido su cuenta de Facebook o Instagram por alguna imagen o texto sentenciado como indebido, “le sorprenderá” que Meta, tan políticamente correcta para bloquear contenidos “inapropiados”, haya decidido suspender “temporalmente” sus protocolos para permitir mensajes de odio contra Rusia. No es una interpretación interesada de nuestra parte, lo reconoció sin ningún problema moral el portavoz de Meta, Andy Stone: «Como resultado de la invasión rusa de Ucrania, hemos permitido temporalmente formas de expresión política que normalmente violarían nuestras reglas, con un discurso violento como «muerte a los invasores rusos»”. Como si no bastase, el señor Andy Stone deja abierta la posibilidad futura de que puedan permitir también mensajes de odio contra todo el pueblo ruso: «Todavía no permitiremos llamados creíbles a la violencia contra los civiles rusos». Todavía …

Mientras Meta autoriza en el mundo real mensajes de odio contra Rusia, en el espacio virtual (www.meta.com) habla de su compromiso con el futuro de la comunicación: “El metaverso es la próxima evolución de la conexión social (…) por lo que estamos cambiando nuestro nombre para reflejar nuestro compromiso con este futuro”. ¿Un futuro de odio y censura?

Tomemos conciencia. Ya no podemos seguir emitiendo opiniones en las redes sin antes tomar en cuenta los mecanismos que filtran, manipulan y censuran nuestra comunicación. Son tan gritantes las injusticias y arbitrariedades practicadas por el imperialismo y los gobiernos subordinados a él que no pueden convivir con las más elementales verdades. Cada vez serán más intolerantes contra los rebeldes que insistamos en contar la verdad. 

Al usar Google y las redes sociales a servicio del mundo unipolar, estamos utilizando las carreteras y los vehículos construidos por ellos para preservar la situación de desigualdad e injusticia que vive el mundo. Nos tolerarán mientras escribamos mensajes domesticados o aparentemente radicales que solo le llegan a una minoría. Corrijamos eso pensando en la calidad y efectividad de lo que hacemos, sobre todo en las redes hostiles a la verdad y empecemos a usar cada vez más las redes alternativas hasta que los pueblos que construyen el nuevo mundo multipolar consigan crear vías de conectividad verdaderamente libres y sin censura. En Venezuela estamos dando nuestra contribución a esta lucha creando nuestra propia red social. Está en fase de construcción, por eso los invitamos a participar de https://venapp.com/ , haciendo las recomendaciones que crean necesarias para mejorarla y potencializarla.

La supremacía comunicacional de los imperialistas tiene pies de barro. La censura y la manipulación generalizada demuestran su debilidad. Si prohíben nuestras voces es porque ya no pueden convencer ni seguir engañando a los pueblos con espejitos de colores. Todas y todos debemos esforzarnos para construir una comunicación verdadera. La razón está de nuestra parte.

Por Anisio Pires | 28/04/2022

Anisio Pires es sociólogo por la UFRGS (Brasil), profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV)

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Lunes, 18 Abril 2022 05:52

Twitter: un altavoz

Twitter: un altavoz

Hay un cierto contrasentido en la pretensión –sea real o no– de Elon Musk por comprar la empresa Twitter. Esta se define como "un servicio de micro-blogueo y redes sociales, en la que los usuarios envían e interactúan mediante mensajes conocidos como tuits".

Con esta transacción, Musk quisiera explícitamente tener su propia red social y ser el dueño único. Esto expresa una significativa contradicción de nuestro tiempo y destaca el papel creciente que tienen diversas formas de comunicación social.

¿Hasta dónde es compatible la noción de "red social" bajo la tutela de un hombre de negocios indudablemente audaz, como ha mostrado Musk y que es, igualmente, un especulador connotado, sofisticado y provocador?

Musk fundó Paypal (vendida posteriormente a e-Bay), SpaceX, Deep Mind Technologies, Tesla y The Boring Company. Forbes estima actualmente su fortuna en alrededor de 219 mil millones de dólares. El aumento de tal patrimonio ha sido vertiginoso en los dos años anteriores, pues en 2020 se estimó en 24.6 y en 2021 en 151 mil millones. Jeff Bezos, de Amazon, ha sido desplazado al segundo lugar y su riqueza se sitúa en 171 mil millones de dólares.

Musk ha usado la gran influencia que ha adquirido para sacar partido financiero provocando el alza del valor de las acciones de sus propias empresas. Recientemente lo hizo en Tesla, la compañía que produce autos eléctricos, y eso lo llevó a un serio conflicto con la Comisión de Bolsa y Valores, entidad reguladora del sector en Estados Unidos (SEC por sus siglas en inglés).

Lo hizo también en Twitter cuando, recientemente, compró acciones hasta por el equivalente a 9.2 por ciento del capital y cuya valuación, cuando anunció la intención de compra, pasó de 2.89 mil millones de dólares a 3.7 mil millones, un aumento de 27 por ciento. Tras esa adquisición inicial tuvo la oportunidad de ocupar un lugar en el consejo, la que rechazó y en un tercer acto hizo una oferta de 43 mil millones de dólares para comprar Twitter y ser el dueño único.

La empresa reaccionó aplicando una fórmula conocida como "poison pill", literalmente una píldora envenenada. Esta es una forma defensiva para prevenir que otra entidad se haga del control accionario o, de plano, la compre íntegramente. Además, Vanguard, el segundo mayor inversionista, aumentó su posición accionaria y desplazó a Musk.

La oferta del magnate por cada acción de Twitter fue de 54.20 dólares. Antes, en 2018, Musk hizo una oferta por las acciones de Tesla en el mercado de 420 dólares por cada una. Ese número se asocia con el ambiente de consumo de cannabis y la misma SEC declaró que Musk había escogido ese número por aquella referencia y para divertir a su novia. En todo caso, este hombre ejerce una suerte de fascinación entre sus seguidores sea por una u otra razón y son 81 millones los que tiene en Twitter.

Hay un par de cuestiones en la polémica abierta entre Musk y Twitter. Una tiene que ver con el argumento del primero de que con la compra que ofrece hacer se ampliará la libertad de expresión en dicha red a la que ha señalado por imponer la moderación en la comunicación entres sus usuarios. Musk quiere que cada usuario pueda escoger o diseñar su propio algoritmo para decidir qué mensajes recibir. Esto mismo había sido ya considerado por Jack Dorsey, el fundador de Twitter.

Otro asunto se refiere a la afirmación de Musk de que él podrá explotar mucho más ampliamente las oportunidades que ofrece ese negocio, en términos del número de usuarios y de los ingresos derivados de la publicidad.

Se ha dicho que Musk encuentra valiosa a Twitter porque ahí se puede decir lo que se quiera sin mayores consecuencias, lo que Trump llevó al límite hasta que fue excluido de la red. Twitter es, en efecto, una plataforma muy influyente, un medio muy eficaz para difundir los mensajes de políticos, empresarios, celebridades, periodistas y otros personajes.

Musk quiere influir en cómo funciona Twitter y cómo modera a sus usuarios en el ámbito del discurso público. Lo que pone en evidencia la relevancia acerca de quién controla una empresa con ese poder actual y potencial.

Al respecto puede destacarse la dicotomía entre intemperancia y moderación que se advierte cada vez más en las redes sociales. Otra cuestión remite al sentido y las consecuencias de dejar en manos de personas como Musk y en un momento como el actual, el control de una red como Twitter.

Recientemente Musk declaró que: "Tengo la fuerte intuición de que tener una plataforma pública en la que hay mucha confianza y que es ampliamente inclusiva será extremadamente importante para el futuro de la civilización. Y no me interesa el aspecto económico". Algo de megalomanía parece haber en lo dicho. Cada quien podrá pensar el sentido que tiene todo esto. Pero abrir este camino a la par de los que ya existen, llenos de piedras es, cuando menos, algo en lo que habrá que reflexionar.

Cuando pienso en asuntos de este tipo, como el que ahora se plantea en torno a la figura y los modos de Musk con Twitter, o bien, en los que existen alrededor de Facebook, Google y demás, no dejo de recordar a George Orwell.

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Jueves, 06 Enero 2022 21:22

La fea verdad de Facebook

La fea verdad de Facebook
 
Nadie duda de que Mark Zuckerberg hace grandes esfuerzos para reinventar su monopolio. Asediado desde hace años por especular con los datos de los usuarios de Facebook, permitir la circulación de teorías conspirativas, incentivar el genocidio, transmitir masacres en vivo y manipular a los adolescentes para que no puedan dejar la pantalla, aunque los afecte, el empresario intenta cambiar el eje de la polémica, sin tocar el modelo de negocios que inició hace 18 años y que lo transformó en uno de los hombres más ricos del mundo.

La corporación Facebook cambió su nombre por Meta y anunció con bombo y platillo una enorme inversión para construir el Metaverso, un espacio de realidad virtual en que se podría hacer todo, como si se estuviera físicamente en el lugar elegido.

¿Por qué este cambio? Sin que aluda directamente a ello, la respuesta puede encontrarse en un libro que acaba de salir en español, de las periodistas de The New York Times Sheera Frenkel y Cecilia Kang, Manipulados. La batalla de Facebook por la dominación mundial (Editorial Debate, 2021). En inglés: An Ugly Truth: Inside Facebook’s Battle for Domination.

En los océanos de tinta que se le han dedicado a la plataforma, es la primera vez que se documentan más de mil horas de entrevistas con ejecutivos, antiguos y actuales empleados y sus familiares, amigos y compañeros de clase de ­Zuckerberg, además de inversores y asesores de Facebook, y abogados y activistas que llevan mucho tiempo luchando contra la empresa. Las autoras tienen mejores fuentes que todos sus predecesores en el género y logran desmenuzar el modelo de negocio concebido deliberadamente para aniquilar la competencia y exprimir a una tercera parte de los habitantes del planeta, con unas ganancias de 85 mil 900 millones de dólares en 2020, y un valor de mercado de 800 mil millones.

Frenkel y Kang demuestran que las megaganancias de la red social se han producido repetidamente a expensas de la privacidad y la seguridad del consumidor y la integridad de los sistemas democráticos. Sin embargo, eso nunca se interpuso en su camino hacia el éxito. Su posición privilegiada se la deben a la visión de conjunto que les ofrece la plataforma a sus directivos, con un equipo de inteligencia contra amenazas que “ha trabajado anteriormente en la Agencia de Seguridad Nacional, en la FBI y en otros organismos gubernamentales, estudiando precisamente a los hackers y otros enemigos que ahora tienen bajo vigilancia”.

Una de las sorprendentes revelaciones del libro es que hay más crítica dentro de la empresa de lo que pensamos. Muchos empleados de Facebook han intentado alertar sin éxito a sus superiores sobre los desastres que provocan unos algoritmos obsesionados con el crecimiento de la plataforma y la ganancia. Algunos incluso advirtieron sobre la catástrofe de Myanmar.

Los ejecutivos de la compañía no sabían nada sobre ese país, slavo que era un nuevo territorio por conquistar. Al entrar en Myanmar, Facebook arrojó un fósforo encendido a décadas de tensión racial cocinadas a fuego lento y luego miró a otro lado cuando los activistas señalaron que el humo asfixiaba lentamente al país, afirma el libro. Al final, la ONU declaró que las tensiones étnicas habían derivado en un genocidio en toda regla con la contribución sustancial de la compañía del pulgar azul. Estimó que 24 mil rohinyás fueron asesinados y 700 mil musulmanes huyeron a Bangladesh.

Mientras eso ocurría, subía de tono la retórica incendiaria de 18 millones de usuarios de la red social que eran monitoreados sólo por cinco hablantes nativos de Birmania, ninguno de los cuales vivía en Myanmar. (Hace dos semanas se supo que decenas de miles de refugiados rohinyás han demandado a Facebook –hoy Meta– en Estados Unidos y Reino Unido, por promoción del discurso de odio.)

El libro demuestra que este caso es quizás el ejemplo más extremo de cómo los algoritmos de la plataforma privilegian el extremismo, pero no el único. Más de 90 por ciento de los usuarios activos de Facebook viven fuera de Estados Unidos y Canadá, y la empresa suele hacerse de la vista gorda ante el discurso de odio, porque estimula el crecimiento de los usuarios sobre todo en las zonas oscuras del planeta que llegan tarde, y mal, a la Internet.

Pero el asalto al Capitolio de Washington hace un año ubicó el problema en casa, algo que hemos padecido también los cubanos por derivación de las políticas de línea dura hacia la isla que campean en Florida y las profundas brechas de seguridad de la plataforma social. El libro muestra la incapacidad lingüística de entender, y por ende moderar, millones de publicaciones de usuarios en comunidades de habla no inglesa; la incomprensión de sus propios algoritmos; la inacción a la hora de intervenir donde los programas de inteligencia artificial no llegan (la compañía sólo adopta medidas entre 3 por ciento y 5 por ciento de los casos de discursos de odio, y en 0.6 por ciento de las publicaciones de contenido violento); y un palpable descuido, desidia incluso, a la hora de responder a las denuncias de los usuarios.

De modo que la fea verdad de Facebook es el negocio tóxico de una empresa privada dispuesta a mantener a cualquier precio la hegemonía y el dominio sobre millones de súbditos digitales. Uno de los entrevistados por las periodistas comenta que el problema de Facebook es Facebook. Falso. El problema de Facebook es el sistema diseñado para que estos monopolios no sólo prosperen, sino que hasta cambien de nombre para perpetuarse. La pregunta que plantean Frenkel y Kang parece entonces pertinente: ¿qué vamos a hacer ante esta realidad?

Estados Unidos vuelve a insistir con la extradición de Julian Assange

La justicia británica está examinando la solicitud de Estados Unidos de revocar la decisión de una jueza de primera instancia de rechazar la extradición de Julian Assange para enfrentar cargos de espionaje. Washington lo acusa de 17 cargos de espionaje que suman una pena posible de 175 años de prisión. El fundador de WikiLeaks es señalado por divulgar cientos de miles de documentos confidenciales de militares y diplomáticos estadounidenses.


El abogado de Estados Unidos en el caso contra Assange, James Lewis, alegó que la jueza Vanessa Baraitser se equivocó al fallar que Assange podría suicidarse debido a sus opresivas condiciones de detención y al estrés de tantos años de persecución.

En enero, Baraitser rechazo la demanda de extradición de Washington argumentando que existía riesgo de que Assange se suicidara debido a sus opresivas condiciones de detención y al estrés de tantos años de persecución.El fundador de WikiLeaks es considerado por sus seguidores como una víctima de ataques contra la libertad de expresión. Assange estuvo recluido durante siete años en la embajada de Ecuador en Londres, en 2019 fue trasladado a la prisión de máxima seguridad en Belmarsh.

Por su parte, Lewis dijo que el gobierno de Estados Unidos prometió que Assange, de 50 años, no será mantenido en una prisión de máxima seguridad ni en condiciones de aislamiento antes de ser juzgado. Además, aseguró que si es condenado podría cumplir su sentencia en su natal Australia.

En respuesta, el abogado Edward Fitzgerald, el defensor de Assange, dijo en un escrito que Australia todavía no aceptó recibir a Assange en caso de que sea condenado en Estados Unidos. En caso de que aceptara, el proceso legal en EE.UU. podría alargarse una década, "durante la cual el señor Assange permanecerá detenido en un aislamiento extremo", argumentó Fitzgerald que acusó a Lewis de intentar “minimizar la severidad del trastorno mental y el riesgo de suicidio del señor Assange".

Libertad de expresión

Afuera del tribunal, ubicado en el centro de Londres, se congregaron decenas de seguidores del fundador de WikiLeaks. Los manifestantes pedían por la libertad de Assange al tiempo que calificaron de “juicio político” el proceso judicial en su contra.

Se esperaba que Assange compareciera por videoconferencia, pero Fitzgerald dijo que su cliente había recibido una alta dosis de medicación y no se sentía bien para participar del procedimiento. Más tarde, en una pantalla de video en la sala se lo vio conectarse por momentos para seguir la audiencia.

La pareja de Assange, Stella Moris, manifestó su preocupación por la salud de su compañero. “Lo vi el sábado. Está muy flaco”, afirmó. La audiencia se extenderá hasta el jueves aunque los jueces que la presiden, entre ellos el jefe de la judicatura del Reino Unido, Lord Ian Burnett, no tienen previsto dar su veredicto hasta dentro de varias semanas. La parte que pierda esta audiencia puede apelar la decisión ante la Corte Suprema del Reino Unido. Los cargos contra Assange contemplan una pena máxima de 175 años. Según Lewis "la condena más larga jamás impuesta por estos mismo delitos es de 63 meses".

Una década de persecución

Tras siete años refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, Assange fue detenido en abril de 2019 cuando el entonces presidente ecuatoriano, Lenin Moreno revocó el asilo político y la ciudadanía otorgada por su predecesor, Rafael Correa. El fundador de WikiLeaks se había recluido en la embajada mientras estaba con libertad bajo fianza. Assange temía ser extraditado a Estados Unidos o Suecia, que lo requería por violación, cargos que fueron abandonados desde entonces.


Su libertad es reclamada por organizaciones defensoras de derechos humanos y de la libertad de prensa como Reporteros Sin Fronteras, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. La directora de campañas internacionales de RSF, Rebecca Vincent, aseguró que en el último año se intensificó la atención mundial sobre el caso, aunque se subestima la gravedad de la situación desde el punto de vista de la libertad de prensa, según consigna el diario británico The Guardian.

"El hecho de que se haya llegado tan lejos tiene un efecto escalofriante en la información sobre seguridad nacional en todo el mundo. Sigue habiendo una tendencia entre algunos a compartimentar esto, o a tomar una posición particular basada en opiniones personales sobre Julian Assange, pero si Estados Unidos tiene éxito en asegurar su extradición, entonces el precedente que podría establecer para cualquier organización de medios de comunicación no puede ser exagerado".

A mediados de octubre instaron al fiscal general de Estados Unidos a abandonar las medidas contra Assange. El proceso en su contra fue lanzado durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021), mientras que en la administración de Barack Obama (con Biden como vicepresidente) la justicia norteamericana había renunciado a actuar contra el fundador de WikiLeaks. Actualmente la Casa Blanca no modificó la postura endurecida durante el gobierno de Trump.

27 de octubre de 2021

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Medios de EEUU publican los "Facebook papers" con impactantes revelaciones sobre sus redes sociales

Medios como el Washington Post, The Verge , Politico y The New York Times publican este lunes documentos internos de Facebook filtrados a autoridades estadounidenses.

Facebook es objeto este lunes de publicaciones de al menos una docena de medios de comunicación estadounidenses que dieron a conocer documentos internos de la empresa fundada por Mark Zuckerberg.

El gigante de las redes sociales se ha enfrentado a una tormenta de críticas después de que la denunciante Frances Haugen filtrara estudios internos que mostraban que la empresa conocía el daño potencial avivado por sus sitios, causando que legisladores apoyaran un mayor impulso a iniciativas para regular la actividad de Facebook.

Amigos en Vietnam

Algunos de los informes atribuyen al presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, acercamientos con autoridades de Vietnam para que la plataforma apoyara la censura estatal.

"Los documentos de Facebook son tan condenatorios, tan perturbadores, tan repugnantes, que sin dilación deberían conducir a una investigación a nivel federal", tuiteó la profesora de derecho Zephyr Teachout, de la Universidad de Fordham.


Organizaciones de noticias como The New York Times, Washington Post y Wired se encuentran entre las que ahora han recibido acceso al conjunto de documentos internos de Facebook, que Haugen filtró originalmente a las autoridades estadounidenses y que fueron la base de una serie de revelaciones también por parte del Wall Street Journal.

La defensa de Facebook

Facebook ha dicho que se trata de la publicación selectiva de algunos estudios internos destinados a proyectar la red social bajo una luz "oscura e inexacta".

El artículo del Washington Post publicado el lunes afirma que Zuckerberg había negociado personalmente una iniciativa del gobierno de Vietnam para limitar la propagación de los llamados mensajes "antiestatales". El diario también afirmó que Zuckerberg personalmente se opuso a publicar la versión en español de su módulo informativo sobre registro electoral previo a las pasadas elecciones estadounidenses, afirmando que haría que Facebook luciera parcializada en relación a las elecciones. Sin embargo, personas ligadas a Facebook han negado dicha información, compartiendo capturas de pantallas de dicho módulo en español.

Un informe de Politico calificó los documentos como un "tesoro para la lucha antimonopolio de Washington" contra la plataforma, revelando conversaciones internas de los empleados sobre el dominio global de Facebook.

El informe del sitio web The Verge, que Facebook se negó a confirmar, dice que la empresa tenía como objetivo mostrar su ambición de ser más que un sitio de redes sociales.

Por, Agencias. Lunes 25/10/2021

 

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Lunes, 25 Octubre 2021 05:41

Nuevos paradigmas económicos

Nuevos paradigmas económicos

En su más reciente entrega, el semanario británico The Economist publicó un interesante artículo titulado “Una revolución en tiempo real acabará con la práctica de la macroeconomía”. Como anuncia el título, el texto sugiere que el análisis tradicional macroeconómico enfrenta el riesgo de ser sustituido por el estudio en tiempo real que posibilitan las nuevas tecnologías que hacen más accesible e interpretables los datos.

No es ningún secreto que, desde 2007, el crecimiento exponencial en la capacidad computacional, detonado por la fabricación de chips a partir de materiales sin silicón y el incremento en la capacidad de almacenamiento, posibilitado por el famoso marco para software llamado Hadoop, operado por Google, así como el primer IPhone, anunciado en enero del mismo año, no sólo dieron origen a motores de búsqueda más potentes y refinados, sino que habilitaron la masificación del acceso y recolección de datos, creando una nueva industria centrada en el Big Data.

La banda ancha, el teléfono móvil y el almacenamiento en la nube posibilitaron el desarrollo de Facebook, Twitter, Amazon, Instagram, WhatsApp, Netflix, Airbnb y Linkedin, empresas todas ellas que actualmente tienen un alto valor en el mercado.

A más de una década de su irrupción en el plano global, podemos asegurar que dichas redes sociales se han transformado en agentes económicos disruptivos que dominan, incluso en ocasiones de manera monopólica, sectores como la publicidad, el turismo, los servicios financieros o el mercado laboral.

Hoy, la transformación iniciada a comienzos de siglo se prepara para entrar en una nueva fase, impulsada por la red inalámbrica 5G, cuyos desarrolladores han asegurado que permitirá una conexión entre 10 y 20 veces más rápida que la actual y el procesamiento de datos complejos en tiempo real.

La automatización del transporte público o el monitoreo constante de la logística comercial, el clima, las ventas minoristas y los procesos industriales, son algunas posibilidades concretas que promete dicha red. Para valernos de términos económicos, 5G ofrece la posibilidad de reducir aún más la brecha temporal en la comunicación y así disminuir discordancias significativas entre la oferta y la demanda, calculándolas de manera anticipada y más precisa.

La disrupción ocasionada por las tecnologías de la comunicación es un fenómeno reciente; no obstante, como acertadamente ha descrito el filósofo japonés Kojin Karatani, se trata de un proceso que se ha estado gestando durante más 30 años y coincide con la decadencia de la industria manufacturera de Estados Unidos.

El fin del patrón oro en 1971 y la recesión económica de 1973-1975, ocasionada por el incremento en la oferta de productos a raíz de la recuperación de las industrias japonesa y alemana, así como el alza en el precio del petróleo, marcaron el inicio declive de la industria orientada a la producción de bienes duraderos, cerrando de paso, el capítulo del Estado del bienestar.

Aunque polémicas, las políticas económicas implementadas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher son la consecuencia lógica ante la inflación experimentada en la década de los 70. El viraje de la economía, la privatización de los monopolios estatales y la relocalización geográfica de la industria manufacturera hacia países con sueldos más competitivos dan cuenta del fin de un ciclo económico.

El desplazamiento de la manufactura implicó que otro tipo de commodity, la información, tomara su lugar como mercancía hegemónica. La desregulación del sistema financiero y la reducción de las tasas impositivas, políticas comúnmente calificadas de neoliberales, responden a un contexto histórico en el que Estados Unidos y las potencias económicas buscaban asegurar el rendimiento de las inversiones realizadas en el sistema financiero global.

El rendimiento de capital está asegurado cuando es posible obtener un precio más adecuado, donde éste genera mayor utilidad. Tecnologías como las redes sociales o la red 5G hacen que el proceso de descubrimiento de dichas condiciones no sólo sea más sencillo, sino costeable e inmediato.

Extraer, ordenar e interpretar la información para colocar los productos y servicios de acuerdo con el conocimiento de la demanda en tiempo real, es quizá, el pináculo de la economía neoliberal.

La intención de los estados de regular la obtención, utilización y monetización de dicha información es entendible y hasta cierto punto deseable. No obstante, las medidas fiscales y la regulación antimonopólica no serán suficientes para contrarrestar las inequidades que pueden resultar de la implementación de estos procesos. La tentación por parte de países como China de controlar dicha información para su beneficio propio representa aún mayores riesgos para la democracia global.

La tendencia monopólica de las entidades que encabezan la revolución tecnológica representa grandes retos para las entidades políticas que buscan controlarlas. Atacar estos desafíos de manera aislada, desde paradigmas políticos como la soberanía será imposible. Después de todo, se trata de entidades trasnacionales cuyo número de usuarios supera la población de varios países.

La regulación como la ha entendido adecuadamente la Unión Europea, debe llevarse a cabo desde bloques económicos coordinados, buscando que el acceso y utilización de dicha información esté disponible para todos los agentes económicos que forman parte del mercado.

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María Ressa, Justo después de ganar el premio Nobel de la Paz 2021. Mark R. Cristino. EPA/EFE

La célebre periodista filipina, azote del régimen de Rodrigo Duterte —el llamado 'Trump asiático'—, brinda una lección de humildad en una larga entrevista en la que sostiene que ser periodista hoy requiere mucho valor y mucha empatía.

La co-ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2021—la única mujer en esta edición— tiene una voz clara y amable. Maria Ressa (Manila, 1963), abrumada por la repercusión de su premio, busca un hueco en su imposible agenda para hablar sobre la importancia de un periodismo libre y valiente. Para ella, "el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso".

El Nobel es el último de una interminable lista de galardones internacionales para esta periodista, de aspecto frágil y sonrisa generosa, que estudió biología molecular en la Universidad de Princeton en los años 80. Su incansable labor de denuncia de las violaciones de derechos humanos, tanto en Filipinas como en gran parte de Asia, la ha convertido en el azote del Gobierno de Rodrigo Duterte (el llamado 'Trump filipino'), un régimen cuasi dictatorial en el que cualquiera puede ser acusado de terrorismo si protesta contra el Gobierno bajo el paraguas de la sangrienta 'guerra contra las drogas'.

La periodista tiene abiertos seis procesos judiciales contra ella simplemente por hacer su trabajo — "mi libertad está en juego", afirma tranquila, "podría ir a la cárcel el resto de mi vida"— y, de momento, no puede salir de su país, cuyo Gobierno ha sido acusado por crímenes de lesa humanidad ante la corte penal internacional de La Haya; la ONU tiene comprobados al menos 248 asesinatos de defensores de derechos humanos, juristas, sindicalistas y periodistas.

En una larga conversación con Público a través de videollamada, Ressa habla en primer lugar de las redes sociales como un instrumento de dominación y represión por la cantidad de datos a los que los gobiernos pueden acceder, y por su poder para distribuir información sesgada basada en sus propios algoritmos. También por el ciberacoso —que ella misma sufre— que termina degenerando en violencia física.

Además, son un campo abonado para la desinformación; para una periodista como Ressa, para quien los hechos son sagrados, no hay otra formula contra la desinformación que seguir haciendo periodismo. En uno de sus libros más conocidos, 'From Bin Laden to Facebook' (2012), hace una década Ressa ya relacionaba el auge del terrorismo internacional con la difusión (intoxicación) de los mensajes a través de las redes sociales.

También cuenta por qué tuvo que fundar su propio medio, Rappler, un bastión de independencia informativa frente a los grandes poderes económicos y políticos. El propio Duterte ha llegado a calificar a ese influyente medio de "sucursal de noticias falsas". Convertida en un símbolo de libertad de expresión y defensa de los débiles frente a las atrocidades de los gobiernos y las multinacionales, ella se ve a sí misma, por encima de todo, como una periodista más.

¿Qué significa para usted haber ganado el Nobel de la Paz?

Creo que es un reconocimiento apropiado para el tiempo en que vivimos. La última vez que un periodista ganó esto fue hace 85, 86 años, y languideció en un campo de concentración nazi. Creo que hay una señal. Hay algo que está mal. Hoy en día, el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso. Yo misma podría ir a la cárcel por el resto de mi vida. Cuando era una joven periodista, jamás pensé que llegaría a esto.

Llevo haciendo periodismo 35 años, y es impactante mirar hacia atrás y recordar lo que por lo que hemos tenido que pasar en los últimos cinco años. Pero es que la cita de Nietzsche siempre es verdad: lo que no te mata te hace más fuerte. Creo que eso es lo que exigen estos tiempos. Y por eso creo que el Nobel es una inyección tremenda de energía y adrenalina para los periodistas filipinos.

También para los periodistas en todo el mundo, ¿no?

Sí, claro. Para mí, el mayor cambio que hemos experimentado en nuestra labor como periodistas ha sido cómo la tecnología quitó a las organizaciones de noticias el poder de distribución, cómo arrebató el poder de los medios de proteger la esfera pública y abdicó de toda responsabilidad. Todo lo que podemos hacer como periodistas es seguir haciendo nuestro trabajo, pero estamos compitiendo en un campo de juego desigual, donde los algoritmos de distribución están en realidad sesgados contra los hechos.

Además, existe ese tipo de manipulación insidiosa de las emociones de las personas que reciben las noticias, lo que hace que sea significativamente más difícil tener un discurso público. De hecho, se hace imposible.

En 35 años de periodismo siempre frente a los poderosos, ¿qué precio ha tenido que pagar por ello?

[Se rie] ¡Ya tengo canas! En realidad no me hago ese tipo de preguntas porque es difícil de responder, porque la única alternativa es perder las ganas de hacer tu trabajo. Sin embargo, mientras la administración de Duterte me ataca, yo sé por qué hago lo que hago. De hecho, yo he escrito las normas y manuales de ética de algunas organizaciones de noticias. Sabía dónde me metía y conocía la misión. Creamos Rappler precisamente para ser independientes de cualquier tipo de presión comercial o política.

Los cuatro cofundadores habíamos trabajado antes en grandes grupos de noticias y nos dimos cuenta de que si no tienes independencia económica, no tienes poder. Cada organización de noticias debe encontrar un modelo de negocio sostenible. Y esto me lleva a otro argumento: creo que las organizaciones de noticias deberían estar dirigidas por periodistas, buenos periodistas que sepan de negocios o que sepan cómo construir modelos de negocio alternativos. Porque entonces ya sabes las líneas que no puedes cruzar.

Otra cosa que hace de Rappler diferente es que fue creado por gente mayor, veterana; yo dirigía la mayor organización de noticias de Filipinas. Y aunque yo sabía que la tecnología estaba poniendo todo patas arriba, es complicado darle la vuelta a un Titanic, a un medio tradicional. Sin ánimo de ofender a mis antiguos empleadores [se ríe], tienen un problema bien gordo.

Como usted sabrá quizá mejor que nadie, estamos rodeados de noticias falsas y desinformación. ¿Existe la posibilidad de que ganemos esa guerra informativa?

Por supuesto que sí. Por eso, de las 24 horas que tiene un día, intento cómo hacer para poder invertir un 20% de mi tiempo en algo que me reporte el 80% de los resultados. En Rappler tenemos tres pilares fundamentales: tecnología, periodismo y comunidad.

Me preocupa que las plataformas tecnológicas en las que estamos todos nos estén entrenando a todos también. Me refiero a la muerte de la democracia por miles de pequeños ataques. Los algoritmos de las plataformas están sacando nuestro peor yo, y lo está haciendo por dinero, para obtener beneficios. En este sentido, cuando vi a la última denunciante de Facebook, Francis Hogan, cómo explicaba [las manipulaciones de esta red social] en el Senado de EEUU la semana pasada, me reafirmé en que merece la pena sobrepasar este virus de mentiras que se ha desatado en nuestro ecosistema de información.

La distribución algorítmica actual nos está cambiando como personas a peor. Nos está dividiendo. Y esas grietas están siendo explotadas por el juego de poder geopolítico. Así que estamos siendo insidiosamente manipulados.

Por eso considero la tecnología como algo vital: en 2022 tendremos elecciones presidenciales, y hay que tener en cuenta que en Filipinas, Facebook es sinónimo de internet [hay 47 millones de cuentas activas, casi la mitad de la población del país]. Y esta es la razón por la que he estado trabajando la mayor parte de los últimos dos años con grupos internacionales como Real Facebook Oversight Board y Forum on Information and Democracy. He copresidido un grupo de trabajo para proponer doce soluciones sistémicas lo que llamamos la infodemia y 250 tácticas. Ya no estamos en el momento de hablar del tema, sino de actuar: tiene que haber una regulación.

También es importante para mí trabajar con las plataformas para mostrarles el impacto de las decisiones algorítmicas que están haciendo: apelo a su propio interés cuando les muestro que el dinero que ganan no puede ser a costa de destruir una democracia o de enviarme a mí a la cárcel. Porque este es otro punto muy importante: las plataformas sociales han creado un entorno que permite a las autoridades silenciar a los periodistas de una forma más eficaz.

Los medios sociales son como un fertilizante para campos de exterminio. Y por eso estamos construyendo nuestra propia tecnología. Al fin y al cabo, la democracia no es nada si no existen razonamientos basado en hechos y pruebas: las discusiones, los debates políticos, tienen que tener eso. Y esos insultos de jardín de infancia que fomentan las plataformas de medios sociales nos lleva al sinsentido. Me pone mala.

De modo que es necesario cambiar los algoritmos, porque a través de ellos ganan dinero a costa de nuestra democracia y de nuestra gente. Puedes hacerlo tú mismo. Y las plataformas pueden hacerlo. Después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos sabemos que pueden fomentar y dar más visibilidad a las noticias basadas en hechos. Pueden hacerlo. Ganan menos dinero, pero protegen al público.

¿Qué más se puede hacer?

Tenemos que ayudar a las organizaciones de noticias independientes a sobrevivir a este periodo. El modelo de negocio del periodismo está muerto: la publicidad se ha marchado hacia las mismas plataformas que están matando los hechos. Por esta razón dije sí a copresidir el Fondo Internacional para los Medios de Interés Público (IFPIM) junto con el ex director general de The New York Times Mark Thompson.

¡Yo ya estaba haciendo esto antes de que mi mundo se pusiera patas arriba con el Premio Nobel! Ojalá logremos recaudar 1.000 millones de dólares al año para organizaciones de noticias en las que los periodistas corren enormes riesgos por decir la verdad sobre el poder.

Y, por último, es imprescindible para los medios generar comunidad. Nosotros exponemos información independiente y denunciamos la insidiosa manipulación que se hace a nuestro pueblo. En 2011, cuando aún no había salido Rappler, ya estábamos construyendo comunidad.

Antes, tras pasar tantos años con la CNN, ya me había dado cuenta de que era una mera observadora; entraba y salía rápidamente de muchos de los países que cubría. Pero es que yo quería construir algo. Creo que una democracia se compone esencialmente de la sociedad civil, de las ONG, de los ciudadanos que se preocupan, que conocen los hechos y presionan para actuar. Así que esa fue la razón por la que lanzamos Rappler, también creo que esto funciona en una dinámica global.

La labor fundamental es presionar en EEUU, porque las plataformas de redes sociales más extendidas son de allí. Nosotros tenemos elecciones en Filipinas en 2022. ¡Por favor, hagan algo desde ya!

Usted ha investigado el poder de las redes sociales y su libro 'From Bin Laden To Facebook' lo dice casi todo con el título. ¿Qué es más peligroso, enfrentarse a los poderosos cara a cara o enfrentarse a las multinacionales que se están lucrando con estos mensajes de odio?

Creo que ambas cosas son difíciles de diferentes maneras. Una lo sabe cuando dices la verdad al poder, cuando exiges respuestas. A partir de ahí te encuentras con un problema de seguridad: en Rappler hemos tenido que aumentarla ya seis veces desde 2016. La violencia online se convierte en violencia en el mundo real. Fue parte de lo que que vimos, por ejemplo, en la 'convocatoria' para llevar a cabo el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda). Hemos podido verlo desde el 11-S. Así que tenido que aumentar la seguridad; mi libertad está en riesgo. Encima, ahora mismo no puedo viajar fuera de Filipinas. Es una locura.

Hay días en los que me digo ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy haciendo esto? Y luego me siento y me tomo una copa con los amigos y simplemente dices: "Bueno, es lo que hay". Yo soy quien soy. Creo que llegamos maduros a un momento difícil para el periodismo, pero es un buen momento porque determinaremos en qué se convertirá.

Parece que es un precio extra que ha pagado…

Siempre digo que parece que estamos corriendo una carrera de relevos, cada generación pasa el testigo a la siguiente. Y resulta que me he convertido en una nueva líder en mi país, en un momento en el que me han pasado el testigo. Y siento que en lugar de correr por una pista lisa ésta está llena de clavos. Pero tienes que seguir para poder pasar el testigo a la siguiente persona.

Y después de todo lo que le están haciendo por defender la libertad de expresión y la verdad, los hechos, frente a la propaganda y las presiones, con todo un régimen en contra… ¿cómo lo hace para seguir?

Me lo han preguntado varias veces antes y he estado pensando en que creo que lo primero está en tu mente, en cómo defines lo que tienes que hacer. Y estuve meditando sobre el tema especialmente cuando me preguntaron en Filipinas por qué el gobierno tardó tanto en felicitarme [Maria Ressa es la primera mujer filipina en recibir un Nobel; el Gobierno de su país tardó cuatro días en felicitarla], algo tan simple que para mí es duro.

Estoy pensando que lo difícil es no definirme como periodista; una no se define en oposición a una persona o a un gobierno. Cuentas las historias, cuentas los hechos, y cuando violan tus derechos pues también lo cuentas. Pero, en general, ha habido violaciones sistemáticas de la Constitución [filipina], puedo probarlo y lo cuento. Al final no siento que lo que me está pasando sea algo personal, sino que resulta que soy el símbolo al que querían golpear. Sí, es cierto. Así que es extraño, recibo tanto lo mejor como lo peor.

La razón por la que el Comité del Nobel premia ahora a los periodistas es por los cambios en el mundo y lo peligroso que es para el oficio. Y la razón por la que nos eligieron a Dmitri [Muratov, director de Novaja Gazeta y defensor de las libertades en Rusia] y a mí es porque somos un símbolo de todos los periodistas que, como nosotros, simplemente hacemos nuestro trabajo. Por eso yo no me defino como una oposición frente a nada, yo defino la misión y ésta se ha vuelto más difícil. Tengo mis valores que me hacen mantener la línea de acción porque sé que si no lo hiciera, no sería yo. Así es como he construido mi identidad: soy periodista.

¿Cómo se construye un personaje como Rodrigo Duterte? O como como Teddy Lux Jr. [el controvertido ministro filipino de Exteriores] y ese tipo de gente similar a Donald Trump ¿Cuáles son los hechos que has visto para que un hombre así se convierta en presidente?

Pienso en Trump y Duterte y me sale la imagen un hombre machista, como mínimo sexista o, peor, misógino. Tienen un ego tal que toman el poder de forma muy paternalista. No se preocupan por cumplir con las leyes sino que se preocupan porque tú cumplas sus leyes. En este caso es muy sencillo verlo: Duterte siempre ha estado en el poder. Su familia y él mismo han gobernado la ciudad de Davao [la tercera ciudad más poblada de Filipinas] desde 1988.

Es casi como un clan político, muy feudal. Es un sistema feudalista impulsado por la propaganda. Y esa es parte de la razón por la que se comporta de esta manera. Gobernó la ciudad de Davao a través de la televisión y la radio; cada semana tenía un programa de radio y televisión, en donde abordaba los problemas más o menos la forma en que está tratando de hacerlo ahora, pero en todo el país. Lo que pasa es que se ha dado cuenta de que una nación de 110 millones de personas es mucho más compleja que una ciudad de un millón de habitantes.

Así, por ejemplo, una de las prácticas que se ha llevado de Davao a Manila es el concepto de 'sustitución'. La semana pasada tuvo lugar la presentación de las candidaturas para las presidenciales de 2022. Antes de Duterte, era cuando se formaban las agrupaciones y comenzaba la campaña informal. Ahora, se aprovecha de una laguna legal para poder cambiar candidatos hasta el 15 de noviembre.

Se basan en un tecnicismos legales y explotan las grietas del sistema, como cuando Duterte fulminó a la presidenta del Tribunal Supremo porque no le gustaba: la amenazó y se deshizo de ella, de la misma manera que yo me estoy enfrentando con él. ¡A mí me han condenado por cibercalumnia por una historia que se publicó antes de que existiera la ley que supuestamente violé!

Las plataformas sociales permitieron su ascenso, el mensaje de que él y su partido político nos salvarían. Los medios de comunicación social fueron fundamentales para su victoria. Y los medios de comunicación social —Facebook, especialmente— facilitaban datos de 'engadgement' a Duterte, la compañía incluso mandó a Filipinas a Katie Harbath, la entonces responsable mundial de políticas públicas de la red socal. Y líderes como él, que proclaman "ellos contra nosotros", utilizan las redes sociales para propagar la violencia y el miedo.

A ello hay que sumar una desilusión general con la clase política, con las élites. Lo estamos viendo en todo el mundo. Durante la pandemia, la tendencia global es que los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Y esto, en lugar de desencadenar una crisis hacia un cambio, parece un goteo de malas noticias que llegan demasiado lentamente. Todo lo anterior unido creo que forma la tormenta perfecta para el surgimiento de estos líderes, hombres fuertes, al igual que en 1938, 1939... Es decir, son elegidos democráticamente y luego, una vez que están en el poder, lo aumentan y lo acaparan desde dentro. Yo o veo así.

Y todo esto pasa delante de nuestras narices

Y tú vives en un país que también está yendo hacia allá, ¿verdad? [se ríe]

Hace un rato, gracias a un tuit de una compañera de profesión, me enteré que en esta edición de los Nobel sólo hay una mujer premiada —usted—, los demás son hombres; de hecho, hay más hombres llamados David (cuatro) que mujeres. Quizá sin entrar en tópicos, y siendo una mujer poderosa a influyente, ¿cree adecuado hacer un llamamiento mundial para evitar este tipo de desigualdades?

Lo único que puedo señalar es que las mujeres reciben, al menos, diez veces más ataques que los hombres en Filipinas, porque éste es un ecosistema que podemos mapear. Y hemos hecho algunos estudios de género que muestran eso. Y aunque estos datos tienen ya unos años, hace poco más del 70% de los empleadores, si tienen que elegir entre un hombre y una mujer con la misma calificación, elegirá al hombre. Creo que ha de darse un cambio cultural. Supongo que como el cambio climático, como la diversidad de género, como la lucha de la comunidad LGTBI.

Creo que gracias a la tecnología hemos dado dos pasos adelante, pero como las plataformas de los medios sociales también permiten todo tipo de misoginia y sexismo, es como si todo el mundo sacase de sí mismo también su peor yo. Inevitablemente pienso en las minorías, las personas que no tienen una voz más fuerte, se vuelven aún más vulnerables. O asiáticos. Me alegra tanto que saques este tema, porque tú eres un hombre blanco europeo.

Para finalizar, quisiera pedirle un consejo a los lectores, especialmente a jóvenes que quieren contar una historia y que quieren hacer periodismo. ¿Cuál es la regla número uno para usted?

Creo que voy a dar dos. Una es lo que busco en un periodista para contratarle. El otro viene de cuando soy yo quien hace el reportaje.

La primera es cada vez más importante, quizá, sobre todo a medida que me hago mayor. El rasgo necesario para un buen periodista es el valor. Eso es increíblemente importante. Pero no para ir a dar puñetazos: de hecho, yo no ejerzo ese tipo de periodismo. de hecho, no creo que el periodismo tenga que ver con el “te pillé” tanto como con tratar de ponerse en los zapatos de la otra persona, y en el proceso obtendrás mucho más.

Y aquí está el segundo consejo. Cuando eres tú el que hace la información, se trata de llegar al núcleo de la persona con la que estás hablando. Cuando era más joven, solía pensar que cada persona es un tesoro, y todo lo que tienes que hacer es mirar bien. Afortunadamente, sigo pensando así.

Porque a una le puede gustar o disgustar una persona, pero debe descubrir su núcleo: eso es lo que busco. Me atrae la gente que es abierta, pero al mismo tiempo una persona no es abierta puede contener en su núcleo un diamante o una perla, lo que sea que estés buscando. Eso se llama empatía.

Madrid

15/10/2021 21:29

Pablo Romero//twitter.com/@pabloromero">@@pabloromero

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Jueves, 14 Octubre 2021 05:13

El imperio Facebook

El imperio Facebook

Venta de datos, monopolización de la comunicación y jaque a la democracia

Verónica Sfrorzin, coordinadora del equipo técnico de Comunicación y Tecnología del PJ Nacional, profundizó en el estado de situación de las TICs (Tecnologías de la información y la comunicación), a raíz de la caída global de la corporación transnacional Facebook.

Los tres impactantes hechos salidos a la luz en los últimos días nos muestran la urgente e imperiosa necesidad de ordenar y regular el espectro digital por parte de los organismos globales, regionales y de los Estados, así como de una política activa por parte de los movimientos nacionales y populares en la región.

Una vez más, documentos internos de Facebook, esta vez filtrados por una ex trabajadora, Frances Haugen, nos muestran cómo esta red social prioriza sus ganancias por sobre el bienestar social, por sobre la salud mental de los jóvenes y cómo, incluso dentro de sus redes (gracias a la configuración de algoritmos a los cuales nadie tiene acceso), se fomentan adicciones, llegando a la manipulación social. Por otro lado, se “robaron” de Facebook más de 540 millones de registros los cuales terminaron en un foro de Hacker para ser vendidos al mejor postor. Mientras que el lunes 4 de octubre se produce una caída de las redes que son propiedad de Mark Zuckerberg: Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp.

¿Están concatenados los hechos? No de una manera lineal, sin duda; pero si muestran una lógica estructural que tenemos que problematizar para que nos permita ganar en grados de conciencia respecto de cuáles son las tareas históricas frente a estos grandes monopolios de internet y las tareas político institucionales de nuestro tiempo. Analicemos una por una. 


Se trata de los Datos

Un grupo de hacker sustrajeron los datos personales de más de 1.500 millones de usuarios de Facebook los cuales se encuentran a la venta en un foro; esto podría permitir a los ciberdelincuentes dirigirse a internautas de todo el mundo. Este hecho se viene repitiendo cada vez con mayor asiduidad, no olvidemos el caso de Cambridge Analytica.

Estos hackers, lejos están de los activistas-militantes de la red por causas como el software libre, sino que son pequeñas estructuras que lucran con la venta de información… digamos como Facebook, pero sin la construcción de un imperio de las TIC. Y justamente ese es el primero de los problemas: ¿por qué Facebook acapara todos estos datos de nosotros? ¿le paga a alguien por obteneros? ¿cuánta monetización logra con ellos? Todas preguntas sin respuestas mientras los datos no se tomen como una problemática global y se avance en reglamentaciones claras.

Un correo interno filtrado de Facebook, publicado por DataNews (un medio de comunicación belga) aclara: “esperamos más fugas de datos y creemos que es importante que se tome como algo normal”. Facebook tiene más de 2.320 millones de usuarios registrados alrededor de todo el mundo, la información de todos ellos es lo que está en disputa.

Las transnacionales de las TIC hacen fortunas con nuestros datos, se roban entre empresas y se revenden en el “mercado negro”; todo este descalabro es propio de la lógica del capitalismo financiero especulativo bajo un modelo neoliberal que utiliza sin ningún tipo de regulación y escrúpulos nuestra información personal. Esa información adquiere vital importancia para el desarrollo de la Inteligencia Artificial, para el mejoramiento continuo de los medios de producción que hacen que una mera información al azar, pueda tener un sentido y pueda utilizarse en un procesamiento en tiempo real para construir perfiles psico-sociales de la población y así vendernos mercancías, pero también para incrementar un mercado de futuros conductuales en donde se apuesta a cuál va a ser nuestro comportamiento y se manipula para que sea como se invirtió.

En este mundo, se desarrollan también un conjunto de hacker y empresas que consiguen datos, para su reventa y para la ciberdelincuencia más llana. 

Todo este mundo privado, clandestino, en donde se hacen fortunas es el que, desde los movimientos sociales, los activistas y los Estados Nacionales tenemos que poner sobre la mesa. Los Datos deben concebirse como Bienes Comunes, no como materias primas; en donde los Estados, bajo un sistema democrático de acceso a la información, deben ser los principales ordenadores y reguladores.

Este camino permite no solo la desmonopolización de las TIC, sino el fortalecimiento de la capacidad estatal en la planificación social, el desarrollo de políticas públicas y de la tecnología de la información y la comunicación y la IA al servicio de las mayorías.
La caída de los gigantes 

La caída de los servicios de Facebook se prolongó este lunes por espacio de más de seis horas e hizo que más de 3.500 millones de usuarios de todo el mundo no pudieran ingresar a sus cuentas personales.

En los 90 la supuesta ineficiencia de los servicios que estaban en manos del Estado fueron el caballito de batalla para impulsar sus privatizaciones; ¿la caída de Facebook nos puede permitir construir el distanciamiento necesario para poner en cuestión la monopolización de nuestras vías estratégicas de comunicación?

Ese lunes utilizamos las llamadas, el mail, Telegram estalló, vimos las alternativas más a mano con las que contábamos; descubrimos, por unas horas, que un mundo sin Facebook es posible. Las GAFAM en su desarrollo monopólico han intentado por todos los medios la construcción de un sistema ubicuo, sin principio, ni final; estas caídas, que muestran sus límites y los coloca en evidencia, los pone realmente nerviosos. 

Una situación, no menor, que entra en discusión son los sistemas de protocolos cerrados que utiliza la red social, versus otros sistemas de protocolos abiertos que utilizamos para comunicarnos, como en el mail . Esto que aparece como algo muy técnico, es sin duda un problema político, ya que hace al grado de monopolización de la comunicación en la web. No podemos ver el protocolo detrás de los servicios de Facebook, como no podemos ver la estructura de sus algoritmos, todo está sellado bajo el secreto comercial.

Lejos estamos de la comunicación como un derecho humano, cuando las herramientas que se utilizan para construirla son privadas, transnacionales y monopólicas. 

Facebook, el laboratorio social

Algunos autores hablan de que Facebook queda preso en un “modelo de negocios”, esto implicaría que puede cambiar su lógica. Desde mi punto de vista Facebook es parte de una nueva fracción de capital, que intenta imponer otra lógica de valorización. 

Esto implica que todas estas manifestaciones que Frances Haugen saca a la luz, pero que ya denuncio Snowden y Julián Assange, entre otros, no son excesos, sino que son manifestaciones de comportamientos estructurales que hacen a su lógica de acumulación. 

En este marco lo que nos muestran estas filtraciones, podemos sintetizarlo en: 

1) Las reglas acerca de cuál es la información circula en sus múltiples redes sociales las pone Facebook. Y hace “excepciones para personas poderosas”

2) A pesar de tener información acerca de las afectaciones en salud mental que produce el funcionamiento de los algoritmos en los adolescentes no ha hecho nada por revertirlo (ya que necesita que estén conectados a sus plataformas permanentemente para obtener los valiosos datos)

3) Se recompensan los contenidos más viralizados, más allá de que el contenido sean mensajes de odio y profundicen la polarización social. De manera estructural genera un estado de emocionalidad permanente en las sociedades. Como plantea Frances: «Facebook gana más dinero cuando se consume más contenido. La gente se involucra más con cosas que provocan una reacción emocional. Y a cuanta más rabia se les expone, más interactúan y más consumen»

Una sociedad disgregada, dividida, es una sociedad que queda a merced de los grandes poderes facticos, como las GAFAM ¿qué interés tendría Facebook de impedir que esto se produzca, siendo que también le permite su exorbitante valorización? 

La democracia 

Las GAFAM se han hecho dominantes y monopólicas en internet y en las TIC, y a su vez han avanzado en la apropiación de la comunicación, de la socialidad, podríamos decir: de la naturaleza humana. Estas corporaciones son hijas del modelo neoliberal financiero especulativo, no escapan a esta lógica y en este mundo nuevo, el de las TIC, sin reglas claras, avanzan exponencialmente para lograr sus objetivos geopolíticos.   

Podemos señalar algunos aspectos claves de este nuevo mundo que necesitan regulación político institucional urgente: a) los datos y el extractivismo de información; b) las escalas de estas corporaciones; c) la monopolización de las TIC; d) el contenido de internet; e) la regulación del espectro digital. 

El sistema alegal en el cual se manejan las GAFAM son un problema para muchos otros sectores del poder. The Wall Street Journal, cuyo dueño es News Corp (Roper Murdock), plantea: “sería bastante fácil concluir que Facebook es terriblemente poderoso y que solo podremos controlarlo con una intervención agresiva del gobierno.” Mientras que Joe Biden expone que plataformas como Facebook “están matando a la gente por la desinformación”. La desregulación ha llegado a un grado tan alto que ya hay una ofensiva por parte del parlamento de EE.UU. para desmonopolizar a estas corporaciones de las tecnologías.

El acuerdo sobre un impuesto mínimo global del 15% a las multinacionales, va a afectar directamente a corporaciones como Facebook y Amazon. Al mismo suscriben 136 países y es impulsado por Biden y Yelen (secretaria del Tesoro de Estados Unidos) también muestra la necesidad del propio capital, en medio de la crisis, de reconfigurar las reglas de juego internacionales. 

Así como se encuentran en juego millones de dólares y la posibilidad de generar una redistribución también se encuentran en juego miles de millones de datos personales y la democracia como sistema político institucional. Estas transnacionales cambian las reglas de juego, con manipulaciones, privilegiando la instalación masiva de mensajes en función de acuerdos políticos y utilizando los datos para inducirnos al candidato al que tenemos que votar. 

Estos hechos pueden ser (o no) una oportunidad para que, desde los estados, los movimientos sociales y la comunidad en general demos batalla y pongamos patas para arriba esta lógica del lucro a partir de nuestra naturaleza humana en las tecnologías de la información y la comunicación.

Por Verónica Sfrorzin | 14/10/2021

Fuentes: Agencia Paco Urondo

Verónica Sfrorzin.  Doctora en Comunicación por la UNLP y socióloga. Coordinadora del equipo técnico de Comunicación y Tecnología del PJ Nacional.

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Frances Haugen, la ex directiva que denunció las prácticas de Facebook.. Imagen: EFE

Desde Washington, DC. “Qué semana”, publicó Mark Zuckerberg en Facebook hace unos días. Era apenas martes, pero la compañía que fundó en 2004 venía siendo noticia ininterrumpida desde el domingo: una ex empleada había declarado frente a una subcomisión del Congreso y pedido una mayor regulación, las tres plataformas -Facebook, Instagram y Whatsapp- habían estado caídas durante horas y las acciones se habían desplomado. Para el Gobierno de Joe Biden, esto es una nueva prueba de que “la autorregulación no está funcionando”.

El testimonio de Haugen

Frances Haugen, exgerente de producto de Facebook, trabajó en la empresa de Zuckerberg hasta mayo pasado. Cuando se fue, se llevó documentación interna que entregó al diario the Wall Street Journal y que dio origen a una investigación devastadora: Facebook sabe que Instagram es dañino para las adolescentes y que el contenido lleno de odio es el que genera mayor participación en las plataformas.

El martes pasado, Haugen habló ante una subcomisión del Senado estadounidense como denunciante e insistió en que las investigaciones internas de Facebook apuntan a que Instagram puede afectar la salud mental en la adolescencia, especialmente en las mujeres. Dijo a los miembros de la subcomisión de Comercio que es necesario regular Facebook no solo desde un punto de vista ético, sino que también usó las palabras clave que el Senado quiere escuchar: “La continua falta de personal en los equipos de contraespionaje, información, operaciones y antiterrorismo es un tema de seguridad nacional”.

Cambios

Para los cambios, Haugen apuntó a la necesidad de modificar un punto conocido como “Sección 230” en Estados Unidos. Es parte de la ley de Decencia en la Comunicación y permite eximir a las plataformas de cualquier responsabilidad ante el contenido que publican sus usuarios. Las redes, según la Sección 230, no son las que editan y publican el contenido. Ante la comisión, la denunciante sugirió exceptuar a los algoritmos. “Tienen el 100 por ciento del control sobre sus algoritmos” para tomar “decisiones que priorizan la viralización y el crecimiento por encima de la seguridad pública”, dijo. Actualmente, hay un proyecto de ley en el Congreso estadounidense que apunta precisamente a modificar eso.

No es el primer escándalo que enfrenta Facebook y todo apunta a que este no se desvanecerá fácilmente. La declaración de la denunciante también atrajo el interés de la comisión especial creada en la Cámara de Representantes para investigar lo sucedido el 6 de enero pasado, cuando los seguidores de Donald Trump asaltaron el Congreso. “Hay muchos elementos que todavía no se han informado, así que habrá más”, dijo el miércoles pasado el abogado de Haugen al Washington Post.

La mirada desde la Casa Blanca

 “Esto es lo más reciente en una serie de revelaciones sobre las plataformas de redes sociales que dejan claro que la autorregulación no está funcionando”, dijo durante la semana la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki. También consideró que esto “valida la preocupación significativa” que ya tienen el presidente estadounidense y miembros del Congreso de los dos partidos “sobre cómo operan los gigantes de las redes sociales y el poder que han amasado”. El Gobierno de Biden dijo que continuará “apoyando reformas fundamentales”, pero que es algo que le tocará decidir al Congreso.

En público, Facebook también admite que hay que hacer algunos cambios. Una de las publicidades que se repiten en las tandas de la televisión estadounidense es un spot firmado por la empresa de Zuckerberg que afirma que “internet cambió mucho en los últimos 25 años”, desde la última vez que se aprobó una legislación importante para el sector.

Los hechos de la semana pasada le dieron una excusa para insistir en ese pedido. “No creo que las compañías privadas sean las que tengan que tomar todas las decisiones por su cuenta. Por eso es que ya llevamos años pidiendo actualizar las regulaciones de internet”, dijo Zuckerberg en su publicación del martes, tras el testimonio de Haugen. “Estamos comprometidos con hacer el mejor trabajo que podamos, pero en algún nivel el cuerpo apropiado para evaluar los equilibrios entre las equidades sociales es nuestro Congreso elegido democráticamente. Por ejemplo, ¿cuál es la edad correcta para usar los servicios de internet en la adolescencia? ¿Cómo deberían los servicios de internet verificar la edad de la gente?”, agregó.

Facebook pide "pautas claras"

Para Facebook, es necesario fijar “pautas claras” para los “desafíos más duros” de la actualidad. Así, afirma apoyar una regulación que establezca una serie de estándares en cuanto a transparencia en materia de avisos políticos y reglas que permitan combatir la interferencia extranjera en época de elecciones. También dice estar a favor de actualizar regulaciones referidas a protección de datos, portabilidad y la Sección 230, “para asegurar que las compañías tecnológicas den respuestas ante la lucha contra la explotación infantil, abuso de opioides y otros tipos de actividad ilegal”.

Muy poco dice sobre una de las principales críticas que se le hace a la compañía y que quedó en evidencia con la caída de Facebook, Instagram y WhatsApp del lunes pasado: las denuncias por prácticas monopólicas.

El mismo día que en todo el mundo las plataformas de Facebook habían quedado sin funcionar, la compañía se presentó ante la Justicia estadounidense para pedirle que rechace una denuncia de la Comisión Federal de Comercio (FTC, en inglés), la agencia gubernamental encargada de promover la libre competencia en el país norteamericano.

¿Monopolio?

A fines de 2020, la FTC denunció a Facebook diciendo que la empresa “mantiene su monopolio en las redes sociales de forma ilegal” a través de “una conducta anticompetitiva”. En esa presentación, la agencia estadounidense sostuvo que Facebook sigue una “estrategia sistemática”, en la que incluyó la compra de Instagram en 2012 y la adquisición de WhatsApp dos años más tarde.

En junio pasado, un juez dijo que la FTC había fallado en mostrar a Facebook como un monopolio, pero le dio la oportunidad de enmendar la denuncia en agosto. En su respuesta de la última semana, Facebook consideró que la agencia no tiene evidencia de que la empresa esté violando las leyes ni dañando a sus rivales con su posición dominante. La Justicia todavía tiene hasta mediados de noviembre para definir si acepta la denuncia.

10 de octubre de 2021

Publicado enCultura
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