"Estoy cansado de los minutos de silencio", aseguró el DT de los Warriors Steve Kerr (Foto: AFP).

"Estoy cansado de los minutos de silencio"

El exjugador de básquet y DT de los Golden State Warriors estalló de furia contra los republicanos por rechazar el control de armas de fuego en Estados Unidos.

Steve Kerr, entrenador de los Golden State Warriors y una de las voces más respetadas en la NBA, explotó de furia contra los republicanos por rechazar el control de armas de fuego en Estados Unidos después del tiroteo en una escuela de Texas en la que fueron asesinadas 20 personas, entre ellas 18 menores y una maestra.

"No voy a hablar de baloncesto hoy. Ninguna pregunta de baloncesto importa", comenzó diciendo Kerr en la conferencia de prensa antes del cuarto partido de la final del Oeste en Dallas (Texas) entre los Mavericks y los Warriors.

El emblemático DT precisó que “desde que salimos esta mañana del entrenamiento, 14 niños - luego la cifra subió a 18- y un profesor fueron asesinados a 400 millas de aquí. En los últimos 10 días hemos tenido a ancianos negros asesinados en un supermercado de Búfalo, a feligreses asiáticos asesinados en el sur de California y ahora tenemos a niños asesinados en la escuela".

"¿Cuándo vamos a hacer algo?", exclamó con ira y al borde de las lágrimas. “Estoy muy cansado de ofrecer condolencias a las familias devastadas. Disculpen, lo siento. Estoy cansado de los minutos de silencio. Basta", aseveró.

Asimismo, Kerr cargó contra los republicanos en el Senado por estar en contra de un proyecto de ley para reforzar el control de antecedentes a la hora de comprar un arma.

La iniciativa, conocida como HR8, fue aprobada por la Cámara de Representantes en 2021 pero su trámite sigue detenido en la Cámara alta del Congreso. "Hay 50 senadores (republicanos) que rechazan votar la HR8. Hay una razón por la que no votarán: para mantener su poder", enfatizó Kerr.

"Te pregunto a ti, Mitch McConnell (líder republicano en el Senado), y a todos ustedes, senadores que rechazan hacer algo sobre la violencia, los tiroteos en escuelas y supermercados. Les pregunto: ¿Van a poner su propio deseo de poder por delante de las vidas de nuestros niños, ancianos y feligreses? Porque eso es lo que parece", consideró.

Por último, antes de abandonar a los gritos la conferencia, el técnico de los Warriors remarcó que "50 senadores en Washington nos tienen como rehenes. ¿Se dan cuenta de que el 90% de los estadounidenses, más allá de su partido político, quieren antecedentes universales para comprar armas? ¡Es patético! Ya tuve suficiente".

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Rusia busca sofocar la resistencia en el este de Ucrania en el inicio del cuarto mes de guerra

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa.

 

Rusia intensificó este martes su ofensiva contra los últimos focos de resistencia en la región ucraniana de Lugansk, en la cuenca esteña del Donbass, y se dijo determinada a alcanzar todos sus "objetivos" en una guerra que entró en su cuarto mes. Ucrania consiguió alejar a las fuerzas invasoras de Kiev y Jarkov, pero reconoce "dificultades" para contener la ofensiva en el Donbass, que incluye las regiones de Lugansk y Donetsk, ya parcialmente controladas desde 2014 por los separatistas prorrusos.

"No perseguimos ningún plazo. Todos los objetivos fijados por el presidente Vladimir Putin se cumplirán. No puede ser de otra manera porque la verdad, incluida la verdad histórica, está de nuestra parte", aseguró Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad rusa. Después de un primer mes de ofensiva relámpago, la "operación militar especial" rusa en Ucrania se ha caracterizado más por los repliegues rusos del norte de Kiev y las afueras de Jarkov que por victorias de renombre.

El ministro ruso de Defensa, Serguei Shoigu, expresó que Moscú "continuará con la operación militar especial hasta que se cumplan todos sus objetivos, poco importa la enorme ayuda occidental al régimen de Kiev ni la presión sin precedentes de las sanciones" aplicadas contra su país. El lunes el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, había advertido: "Las próximas semanas de guerra serán difíciles".

Lugansk en la mira

Las tropas rusas centran actualmente su ataque en Lugansk, un bastión de resistencia en el este, y tratan de rodear las ciudades vecinas de Severodonetsk y Lysychansk. El ministerio de Defensa ucraniano reportó combates encarnizados muy cerca de esas dos ciudades, a unos 100 kilómetros al noroeste de Lugansk, en las localidades de Popasna y Bajmut. En las últimas horas, fuertes bombardeos destruyeron escuelas y afectaron a refinerías y plantas químicas en la región que se considera el motor industrial de Ucrania.

Aunque los bombardeos son constantes, muchos habitantes se niegan a partir. "La gente no se quiere marchar", lamentó el vicealcalde de Bajmut, Maxim Sutkoviy, frente a un ómnibus medio vacío previsto para alejar a los civiles de los combates. La ciudad de Severodonetsk es bombardeada "las 24 horas del día" por los rusos, que "utilizan la táctica de tierra arrasada", afirmó el gobernador de Lugansk, Sergei Gaidai, al reportar cuatro muertos en un bombardeo.

Afianzar el control en el este

El alcalde de Mariupol, Vadim Boichenko, acusó a las "fuerzas de ocupación rusas" de comportarse como un "Estado terrorista", en una intervención virtual ante Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Después de la caída de Mariupol, Severodonetsk supondría un valioso trofeo de guerra para Moscú en el Donbass.

Rusia afianzaría de esa manera su control del este, luego de establecer el nexo terrestre entre el Donbass y la península de Crimea, anexionada en 2014.  El primer paso para lograrlo, en los primeros días de la guerra, fue la captura de Jersón, en el sur de Ucrania y al norte de Crimea. 

El frente meridional parece actualmente estable, aunque los ucranianos informaron de un "avance" de sus divisiones "en dirección a Jersón, a través de la región de Mikolaiv". En Jarkov el metro volvió a funcionar, después de servir durante semanas de refugio antiaéreo y donde todavía se siguen alojando numerosos desplazados.

En la madrugada del martes tres misiles rusos Iskander impactaron cerca de Jarkov, la segunda mayor del país, ocasionando importantes daños en una estación eléctrica aunque sin provocar víctimas. Los Iskander son misiles de crucero supersónicos con un alcance que según algunas fuentes puede llegar a los quinientos kilómetros, que tienen una alta precisión y pueden superar defensas antiaéreas.

En paralelo, los rusos aseguraron haber destruido con misiles lanzados desde el aire un gran almacén de proyectiles de 155 milímetros para obuses estadounidenses M-777, conocidos como Howitzer. En su parte bélico matutino, el vocero del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov, señaló que el ataque ruso se produjo en Rozdolivka, en el Donbass.

En tres meses miles de personas, civiles y militares, murieron sin que haya un balance preciso de víctimas. Solo en Mariupol las autoridades calculan 20 mil muertos. El despacho de la fiscal general de Ucrania, Iryna Venediktova, denunció que 234 niños han muerto y que 433 sufrieron heridas heridos a lo largo del conflicto, mientras que el Kremlin admite "pérdidas importantes".

Ucrania sigue exigiendo más armamento

Mientras el combate en el terreno parece no tener fin, el gobierno ucraniano urge a los países occidentales a enviarle más armas. Entre el material entregado hasta el momento figura el sistema lanzamisiles antibuques Harpoon prometido por Dinamarca, que podría ayudar a Ucrania a romper el bloqueo frente a naval ruso frente al puerto de Odessa, en el mar Negro. Dicho bloqueo paraliza la exportación de millones de toneladas de trigo, con temores de que genere una crisis alimentaria mundial.

La guerra en Ucrania disparó los precios de la energía y está trazando nuevas fronteras en el mapa de seguridad en Europa, después de que Suecia y Finlandia, dos países tradicionalmente no alineados militarmente, presentaran sus candidaturas de adhesión a la OTAN.

25 de mayo de 2022

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Fuente: diarioconvos.com

El joven presidente Gabriel Boric finalmente cedió a la agenda de la derecha y los empresarios con una medida que permite el despliegue de las Fuerzas Armadas en la región de La Araucanía y dos provincias de la región del Biobío (sur) para reprimir la creciente resistencia en la zona del denominado "conflicto mapuche".

 

Este lunes, el gobierno de Gabriel Boric ha claudicado nuevamente a la agenda de la derecha. La ministra del Interior de Chile, Izkia Siches decretó el “estado de excepción” en el territorio ancestral del pueblo nación mapuche en dos regiones del sur del país trasandino. El joven presidente Gabriel Boric finalmente cedió a la agenda de la derecha y los empresarios con una medida que permite el despliegue de las Fuerzas Armadas para reprimir la creciente resistencia en la zona del denominado "conflicto mapuche".

"Hemos decidido hacer uso de todas las herramientas para garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos decretando estado de emergencia (un tipo de estado de excepción)", anunció en un punto de prensa desde la sede de Gobierno.

Esta medida, que implica un despliegue militar, regirá en toda la región de La Araucanía y en dos provincias de la región del Biobío (sur) para "resguardar las rutas, permitir el libre tránsito de personas y el abastecimiento", señaló tras reconocer un aumento de la violencia en los últimos meses.

En estas y otras zonas del sur de Chile existe desde hace décadas un reclamo territorial al Estado de algunas comunidades mapuche y empresas forestales que explotan tierras consideradas ancestrales por los indígenas.

En este contexto, son cada vez más frecuentes los ataques incendiarios a maquinaria y predios, tiroteos con víctimas mortales y huelgas de hambre de presos indígenas que luchan por recuperar su tierra.

Cambio de rumbo

Hasta ahora, el mandatario Gabriel Boric se había mostrado reacio a la militarización, señalando que solo ponía más tensión sobre el conflicto, y había criticado ferozmente a su predecesor, el conservador Sebastián Piñera, por promoverla entre octubre de 2021 y marzo de 2022.

El gobierno declaró que el decreto de estado de excepción constitucional en la Araucanía sería “acotado” exclusivamente a las carreteras. Sin embargo, en poco se diferencia de su predecesor Piñera si a la par de desplegar militares para el resguardo del orden público, presenta querellas contra líderes mapuche manteniendo el enfrentamiento histórico entre el estado de chile y el pueblo nación mapuche.

Tras asumir la Presidencia el pasado marzo, Boric decidió no perpetuar esta medida y apuntó a una estrategia de "diálogo" a través del despliegue territorial de diferentes autoridades. Esto no fue bien recibido por varios grupos indígenas, que continuaron saboteando varias visitas del Ejecutivo. Naturalmente, “diálogo” en este caso significa “ceder” territorio ancestral al Gobierno y a empresas que buscan hacer ganancias por fuera de los intereses indígenas y de las clases populares chilenas, aumentando el volumen de extracción de recursos y destruyendo el ambiente.

Desde la derecha y el centro, presionaron para que se tomaran más medidas de seguridad y acusaron extrañamente al presidente de "inacción" y de ser "cómplice de la violencia".

Además del despliegue militar, la ministra Siches detalló otras medidas como la solicitud de un fiscal preferente para delitos relacionados con narcotráfico y robo de madera, el impulso a la creación de un Ministerio de los Pueblos Indígenas y la inversión de 400.000 millones de pesos (460 millones de dólares) para mejorar la infraestructura y servicios de la zona. También agregó una política de restitución de tierras vía la cuestionada CONADI.
Pero es difícil esperar algo diferente de los gobiernos anteriores que impulsaron medidas similares desde la institucionalidad hacia a la restitución de tierras, presupuestos, etc, pero nunca cesan la represión, de la cual hoy el Gobierno de Boric confirma que seguirá perpetuando a pesar de llamarse un Estado Plurinacional. A fin de cuentas se busca una rendición del pueblo mapuche a sus reclamos territoriales.

Entre críticas y logios

El estado de emergencia fue recibido entre elogios del oficialismo y de la oposición. Por supuesto recibió el repudio de los representantes de comunidades mapuches -la etnia mayoritaria del país- y algunos sectores de la izquierda, que denuncian un cambio drástico en la política del mandatario.

Boric prometía un “cambio”, pero en los hechos se asemeja más a los gobiernos del orden neoliberal de las últimas tres décadas que a un cambio de rumbo hacia las clases explotadas y oprimidas. Tras una serie de demostraciones de “fuerza” y respaldo a las fuerzas represivas del estado, como mantener al general de carabineros Ricardo Yañez en su cargo, y de negociaciones con la derecha, el gobierno finalmente dio el paso y cedió a la presión mediática para desplegar efectivos militares en el Wallmapu.

Por eso que la derecha le tira flores. "Valoramos que el Gobierno se haya dado cuenta que el estado de emergencia era una medida urgente para el sufrimiento de las medidas en Biobío y Araucanía", dijo el senador de Evópoli (derecha) Felipe Kast.

El expresidente y senador Ricardo Lagos (2000-2006) señaló en Twitter que apoya "las decisiones que tome Boric para poder dar más seguridad a la comunidad y a la vez impulsar el diálogo con una fuerte inversión en infraestructura pública y otras áreas".

Las organizaciones indígenas llaman a resistir frente a este nuevo intento de subordinación al pueblo mapuche. La semana pasada, la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), una organización indígena que se ha atribuido decenas de ataques desde la década de 1990, llamó a la "resistencia armada" ante la posibilidad de una militarización.

En una entrevista con un medio local, el líder de grupo, Héctor Llaitul, hizo un llamado a "preparar las fuerzas y organizar la resistencia armada por la autonomía", a lo que el Ejecutivo respondió el domingo anunciando que presentará una querella en su contra.

Hoy cuando la crisis económica diluye día a día el poder adquisitivo de la clase trabajadora, la agenda de los partidos políticos chilenos está muy lejos de responder a dichas necesidades. Los empresarios claramente no quieren que esto se discuta por eso presionan a Boric que fácilmente cede antes que enfrentar con la movilización popular a los empresarios chilenos.

Dauno Totoro, dirigente del Partido de los Trabajadores Revolucionario, declaró a La Izquierda Diario que “En todo este escenario, con un gobierno que decide reprimir a estudiantes secundarios, trabajadores y mapuches y alinearse con los intereses empresariales, hace falta una izquierda que no ceda ante la presión de los poderosos ni a su agenda, y que mantenga la pelea por conquistar las demandas de la rebelión.”

Hoy la salida para el Gobierno de Boric, no implica nada nuevo del viejo régimen, donde mantienen la dotación policial, el refuerzo de seguir en el camino de la militarización y buscar la salida por vía la CONADI para la entrega de tierras a los indígenas que no responde ni una pizca al histórico despojo sin tocar a ningún capital, como lo es la industria forestal. Incluso con el avance a la “integración” de la nación mapuche con el Estado capitalista en Chile, como lo es el Estado plurinacional, solo busca el reconocimiento de naciones originarias. También se nombra la “autodeterminación” pero esto debería suponer una lucha por la expropiación de las 2 millones de hectáreas de los grupos empresarios Matte y Angelini, que hoy siguen siendo protegidas por el Estado militarizado como lo ha hecho el cuestionado régimen pinochetista.

Martes 17 de mayo

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Miércoles, 18 Mayo 2022 06:00

Singularidad de un país 
con violencia

“El testigo”. Memorias del conflicto armado colombiano en el lente y la voz de Jesús Abad Colorado (1991-2018), fotografía (Cortesía desdeabajo)

En la actual campaña electoral colombiana, la expectativa de un cambio histórico es muy grande. Una frustración sería una verdadera catástrofe. Pero, más allá de los cálculos numéricos, lo apropiado sería reflexionar sobre las reales condiciones para su concreción. Una meditación sobre los antecedentes históricos, como la que sigue, bien puede contribuir a tal valoración.

 

Con el asesinato en 1948 del líder Jorge Eliécer Gaitán, Colombia perdió una posibilidad de tener, al igual que buena parte de los países de América Latina, un gobierno Nacional-Popular. La referencia es naturalmente al conocido fenómeno político que se desarrolló entre 1930 y 1960 aproximadamente, y cuyos principales ejemplos son Argentina con Juan Domingo Perón (1946-1955), Brasil con Getúlio Vargas (1937-45; 51-54) y México con Lázaro Cárdenas (1934-40) (1).


Es cierto que, años después, Rojas Pinilla, en el último tramo de su gobierno de facto, trató de encontrar una fuente de inspiración en Perón, pero fue un pálido remedo, como también lo fue la creación de su partido, la Anapo, eco lejano del “justicialismo”, y la tentativa de hacer de su hija María Eugenia una copia de Eva. Aun así, la oligarquía colombiana, mediante un fraude, en 1970 bloqueó su regreso al gobierno por la vía electoral. Luego, como si fuera un juego de sombras, el Movimiento 19 de abril, M-19, en sus inicios también fue un remedo del grupo “Montoneros” (2). Pero comenzaba ya otra época en Suramérica, las dictaduras militares, no sólo ahogaban en sangre cualquier asomo de resistencia popular sino que marcaban el fin de un modelo económico y social y el inicio de la era neoliberal.


La excepción colombiana es un hecho que puede calificarse de ventaja o de desventaja. Para quienes defienden lo primero significa que el país se ahorró un periodo de autoritarismo, recordando que, por ejemplo Perón tuvo que ser derrocado, lo cual refuerza la idea de nuestra imperecedera estabilidad democrática, la “más antigua de Latinoamérica”. Para los otros, lo que muestra es la precariedad de nuestra experiencia en un modelo de capitalismo industrialista relativamente independiente y con intervención social del Estado. Y lo más importante: se perdió, independientemente de la valoración de las experiencias, una posibilidad de ingreso de los sectores populares, como sujeto, a la esfera de la política. En cambio, arrastramos todavía una historia de implacable violencia que no necesitamos ahora volver a describir.


¿Puede encontrarse una regla?


Hablar de América Latina (y el Caribe) como una unidad con identidad propia no deja de ser, en cierta forma, un mero recurso retórico. Son evidentes las disparidades políticas y económicas entre los países, en la composición étnica y en la cultura. Es más, puede, y debe, ponerse en duda la homogeneidad de las naciones pese a la solidez de los Estados. La discusión es antigua: desde los albores de la independencia de los viejos colonialismos europeos. Desde luego, vista desde afuera, la identidad adquiere un poco más de sentido; especialmente frente al enfoque geopolítico de los Estados Unidos que siempre han impuesto la noción alternativa de “panamericanismo” (3). Y existe, sin lugar a dudas, una historia compartida, en el lugar semiperiférico que le ha correspondido a este subcontinente dentro del proceso de acumulación mundial capitalista. Hay algunos rasgos comunes. Uno de ellos tiene que ver con estas formas de Estado que hemos llamado Nacional-Populares, o con los procesos fallidos conducentes a ellos.


Como se dijo, la referencia es a los tres países mencionados que, por cierto, son los más grandes desde el punto de vista económico. Pero deben mencionarse también casos importantes como el de Bolivia con Paz Estenssoro (1952-56) y Guatemala con Jacobo Árbenz (1954), o el posterior de Perú con Velasco Alvarado (1968-1975). Aunque con reservas, suele mencionarse también a Ecuador con el sui generis Velasco Ibarra, especialmente en su segundo mandato (1944-47). Incluso en Cuba es claro que la caracterización le cabe tanto al movimiento encabezado por Fidel Castro como al gobierno revolucionario en su primera etapa. En otros países se registran movimientos análogos durante el periodo señalado, los cuales fracasaron en su intento y no dieron lugar a transformaciones del Estado.


Poner el acento en el populismo como movimiento lleva sin embargo a no pocos errores, el menor de los cuales es el anacronismo. Es lo que vemos en las miradas más recientes. El tema ha vuelto a tomar fuerza por lo menos en dos momentos: los años noventa, cuando, con la llamada “transición a la democracia”, los neoliberales (como los citados anteriormente) se propusieron llamar la atención sobre la amenaza del “neopopulismo”, y en los comienzos del siglo XXI a propósito de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, también como amenaza pero a veces como ilusión. Al respecto vale la pena citar el ensayo de Flavia Freidenberg (4). Estos enfoques conducen a confusiones y malentendidos. Por ejemplo, incluye todos los movimientos de carácter popular que adquirieron resonancia en el ámbito social o político. Como el Apra en Perú o el auge del movimiento obrero de los años veinte, particularmente en el Cono Sur, o la revolución mexicana, para no mencionar los numerosos que se encuentran en Europa o Estados Unidos. Y lo que es peor, al concentrarse en la particular relación caudillo-masas, incluyen el fascismo y el nazismo, lo cual gusta enormemente al “centrismo” que así puede hablar de populismos de izquierda y de derecha, ambos “igualmente malos”.


Es por estas razones que resulta preferible volver sobre la hipótesis sugerida. Se trata de una forma de Estado, correspondiente a un período histórico en Latinoamérica, que marca el fin del “Estado oligárquico” y el modelo primario-exportador y, por tanto el ingreso definitivo a la modernidad bajo el modelo de industrialización por sustitución de importaciones. De ahí el énfasis en lo nacional.


Es claro que este modelo arranca merced al colapso producido en la economía mundial por la recesión que siguió a la crisis de 1929 y luego por la Segunda Guerra Mundial, pero necesitaba, para arraigarse, de políticas proactivas y por tanto de un patrón de intervencionismo estatal que, a su vez, suponía incrementar el margen de maniobra respecto de las élites. De ahí el peso y protagonismo de las fuerzas militares. Es por esta transitoria autonomía de la política y del Estado que algunos caracterizan el populismo como una suerte de “bonapartismo” hecho posible por el vacío de poder que dejaba el derrumbe del Estado oligárquico. Mejor sería postular una reestructuración de los bloques de poder que llevaría posteriormente a la conquista de la hegemonía por parte de las burguesías industriales en ese momento en proceso de formación (5).


Lo así argumentado obliga a realizar alguna consideración sobre las clases sociales. Parece desprenderse de allí que el populismo implica no sólo el fortalecimiento del movimiento obrero, o más exactamente de los nuevos sectores populares urbanos, sino el establecimiento de algún tipo de alianza, por lo menos implícita, con la burguesía industrial en ascenso. Una alternativa frente a esta problemática es la representada por el que tal vez es el más conocido teórico sobre el tema, especialmente dado el impacto académico y político que ha tenido en España (“Podemos”), es decir, E. Laclau (6).


En coherencia con su enfoque, según el cual los grupos y movimientos sociales son puramente contingentes, invierte el orden de la determinación y considera que es el populismo como fenómeno el que construye las identidades políticas. De este modo, en el límite, llega a la conclusión que el populismo es la definición misma del espacio de la política. De cualquier manera, aparte de las discusiones sobre la configuración de las subjetividades sociales, es claro que la figura de la burguesía industrial como potencialidad, su naturaleza y capacidad, es fundamental para explicarse tanto el surgimiento y la solidez como la finalización de los Estados Nacional-Populares. Probablemente es su precariedad la que explica la ausencia del modelo en países como Colombia.


¿Y la excepción que la confirma?


No se debe subestimar, pero tampoco exagerar, la importancia de la aludida forma de Estado. El cambio de modelo a partir del intervencionismo se dio de todas maneras, en todas partes, con mayor o menor eficacia, en un proceso de transición más o menos largo, todo lo cual se expresa claramente en el grado de industrialización conseguido. Los elementos del “programa” se presentan de diferentes maneras de acuerdo con los antecedentes. La presencia del Estado arranca con el fortalecimiento de la educación y la salud públicas y la nacionalización de los servicios públicos domiciliarios, pero sobre todo con la fuerte inversión estatal en infraestructura y transporte, y con la nacionalización de los recursos naturales. En Colombia, suele identificarse la colocación de las primeras bases de este modelo en la segunda mitad de los años treinta, durante el gobierno de López Pumarejo, pero muchas de ellas son posteriores, durante la hegemonía conservadora o después.


La dimensión social es la que presenta la mayor diferenciación y depende también de los antecedentes, particularmente en el desarrollo del derecho laboral, incluida la seguridad social. En Colombia es una historia lenta de avances y retrocesos –dentro del mismo periodo liberal–, pero fue bajo un gobierno conservador cuando se expidieron los códigos procesal y sustantivo del trabajo y se creó el Instituto de Seguros Sociales. Desde luego, la cara social más visible de los populismos son los programas de asistencia social, incluidos los de vivienda. En Colombia, nunca han faltado, pero es lo que más se recuerda de la dictadura de Rojas Pinilla, confirmando su intento de parecerse a Perón.


No obstante hay un aspecto que dejan de lado la mayoría de los estudiosos del populismo, precisamente por concentrarse en el fenómeno novedoso de las masas urbanas, resultado de la migración desde el campo: la reforma agraria. Los casos son obviamente diversos. En unos ni siquiera se consideró, como en Argentina, y en otros no era prioritaria, como en México, donde se venía justamente de una revolución, pero hubo algunos, como en Bolivia, más adelante en Perú y naturalmente en Cuba, donde fue fundamental. Por lo demás, fue el vacío más protuberante de la experiencia brasilera. Tiene que ver seguramente con las modalidades de inserción en el mercado mundial, según la importancia de la exportación de materias primas agropecuarias.


Es un aspecto clave para la interpretación de la excepcionalidad colombiana. Junto a la economía cafetera, parcelaria en buena parte, que ha dado lugar a una amplia capa de campesinado de mentalidad conservadora, así como a una fracción importante de la burguesía agraria, encontramos una enorme porción del territorio en forma de latifundio que no ha dejado de ampliarse, dando lugar a una oligarquía inescrupulosa y violenta, una y otra vez renovada. Fue este factor el que impidió, en su momento, una recomposición del bloque de poder en un sentido progresista mediado por una forma de Estado Nacional-Popular; la cuestión agraria no podía ser accesoria sino el supuesto ineludible de cualquier proyecto desarrollista.


El cuarto de hora 
de los gobiernos progresistas


Como se señaló, los gobiernos que en Suramérica se sucedieron después del triunfo de Chávez en Venezuela fueron calificados de “izquierda” y motivaron las advertencias de los economistas y politólogos neoliberales. Pero lo que era terror en éstos, era nostalgia en los líderes de esa izquierda. No siempre de manera consciente. El único caso, por demás patético, ha sido el de Argentina. En el lado opuesto, el que más terminó pareciéndose a Perón fue, sin darse cuenta ni reconocerlo, Chávez, claro está en cuanto movimiento y forma de gobierno ya que en materia económica nunca pudo superar el simple modelo primario exportador.


He ahí la clave para la interpretación de los gobiernos progresistas, que nunca fueron una nueva forma de Estado pese a los intentos bolivianos. En términos económicos parecieron retornar precisamente al modelo superado por los Estados Nacional-Populares. La única diferencia se encuentra, como es lógico, en la propuesta de Brasil que lo enmarca en un proyecto expansionista de potencia emergente. Sin embargo, en la medida en que retomaron el intervencionismo del Estado, sí constituyeron un cambio, pero respecto al modelo neoliberal inmediatamente precedente (7).


La nostalgia no implicó, pues, repetición, pero sí constituyó un relato y una idea fuerza de gran poder. En efecto, en tiempos de globalización, en contra de la cual se venía levantando una globalización alternativa de las luchas populares, había crecido el intercambio de ideas y paradigmas en las filas críticas, académicas y políticas. Como lo mostró, en sus diferentes ediciones el Foro Social Mundial, poco a poco fueron conquistando el predominio, en contra del pensamiento único de culto al mercado, las ideas de la socialdemocracia europea cuyos derrotados militantes visitaban repetidamente Latinoamérica. La lectura que hacían de los nuevos gobiernos, teñida del culto al “buen salvaje”, no era más que la pura evocación del “Estado de Bienestar” perdido. La crisis estalló cuando se puso de presente la incompatibilidad entre las ideas indigenistas y ecologistas, y la defensa de un modelo “extractivista” del que aparentemente dependía la política social.


La experiencia, de todas maneras, ha sido aleccionadora. Lo necesario no es la repetición sino la construcción de algo nuevo. Algo de ello se vivió en el pasado. La propuesta Nacional-Popular era declaradamente pro-capitalista, su catastrófico final no fue más que la revelación de los límites del capitalismo. Es por eso que las ideas de revolución y de socialismo, en aquel entonces, se presentaron en principio, siguiendo el ejemplo de Cuba, como una decepción frente a las promesas desarrollistas encarnadas no solamente en esa propuesta sino en las elaboraciones de la Cepal, incluyendo sus versiones de izquierda. Hoy en día no sólo se ha manifestado la crisis operativa del capitalismo sino su caducidad como orden civilizatorio, poniendo en duda hasta la idea de desarrollo y de progreso. Nuevas tareas se ponen al orden del día. Está en juego incluso la supervivencia de la humanidad.


Pero otra vez resurge la vieja discusión. Nadie confía ya en un “derrumbe”, los tiempos de la lucha social no son los de un abrir y cerrar de ojos, y si bien no se trata tampoco de un avance lineal sino de una acumulación discontinua y plural, es preciso contemplar momentos de transición.


A propósito de los Estados Nacional Populares, y jugando un poco a los anacronismos, pudiera decirse que en América Latina ya no habrá una segunda oportunidad sobre la Tierra. Pero el caso de Colombia es distinto: ¡se trata de su primera oportunidad!

 

1. Puede entenderse, o bien como movimiento o partido, o bien como tipo de gobierno o forma de Estado. Aquí se utiliza en la segunda acepción. La denominación Nacional-Popular fue introducida por G. Germani, a principios de los años sesenta, a cambio de la más conocida, “Populismo”, dado que ésta tenía, desde una mirada elitista y conservadora, una connotación peyorativa. Germani, G. Política y sociedad en una época de transición, de la sociedad tradicional a la sociedad de masas. Paidós, Buenos Aires, 1962. Hoy, en tiempos de neoliberalismo, a todo lo que signifique políticas sociales e intervención del Estado se le llama populismo y se asocia con demagogia, ya no principalmente en “defensa de la democracia” sino en nombre de la “ciencia económica”. Dos de sus más connotados teóricos dieron la pauta: “el “populismo económico” es un enfoque de la economía que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y del financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado” . Ver Dornbusch, R. y Edwards, S. Macroeconomía del Populismo en la América Latina. Fondo de Cultura Económica. México, 1992, pág. 11
2. Seguramente por obvio, suele olvidarse que el M-19 nació, a instancias de la siguiente elección presidencial en 1974 (en la que participaba María Eugenia), como una reacción escéptica del anapismo frente al camino electoral. Es cierto que la insurgencia armada rural llevaba ya una década en el país y con varias organizaciones, pero la novedad no se limitaba a su carácter urbano sino a un cambio de enfoque en la línea de masas. Pese a que, además de los propiamente anapistas, muchos de sus fundadores provenían de la izquierda, incluso armada, se afirmaba que, en Colombia, la verdadera corriente popular antioligárquica se encontraba en el anapismo y era sobre éste como podía avanzar una perspectiva revolucionaria. “Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia, ¡Al poder!” fue su primera consigna.
3. Ver Moncayo S., Héctor-León, Ni lo uno ni lo otro-integración y desarrollo. Plataforma de Derechos humanos, democracia y desarrollo, Bogotá, 2006
4. Freidenberg, F. La tentación populista: una vía al poder en América Latina. Madrid, Editorial Síntesis, 2006.
5. Desde otro punto de vista, el Estado Nacional-Popular podría considerarse como el equivalente del “Estado Bienestar” o “providencia” que la escuela “regulacionista” atribuye a la etapa “fordista” del régimen de acumulación capitalista en el centro; algunos se refieren, siguiendo esa lógica, al “fordismo periférico”. En todo caso, por sus limitados alcances, se trataría de una forma apenas similar, “periférica”.
6. Laclau, E., La razón populista, FCE, México, 2006
7. Ver Stolowicz, B., “El misterio del posneoliberalismo”, Tomo II, Estrategia para América Latina. Vol 2. Ilsa, Bogotá, 2016

*Economista Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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“El testigo”. Memorias del conflicto armado colombiano en el lente y la voz de Jesús Abad Colorado (1991-2018), fotografía (Cortesía desdeabajo)

En la actual campaña electoral colombiana, la expectativa de un cambio histórico es muy grande. Una frustración sería una verdadera catástrofe. Pero, más allá de los cálculos numéricos, lo apropiado sería reflexionar sobre las reales condiciones para su concreción. Una meditación sobre los antecedentes históricos, como la que sigue, bien puede contribuir a tal valoración.

 

Con el asesinato en 1948 del líder Jorge Eliécer Gaitán, Colombia perdió una posibilidad de tener, al igual que buena parte de los países de América Latina, un gobierno Nacional-Popular. La referencia es naturalmente al conocido fenómeno político que se desarrolló entre 1930 y 1960 aproximadamente, y cuyos principales ejemplos son Argentina con Juan Domingo Perón (1946-1955), Brasil con Getúlio Vargas (1937-45; 51-54) y México con Lázaro Cárdenas (1934-40) (1).


Es cierto que, años después, Rojas Pinilla, en el último tramo de su gobierno de facto, trató de encontrar una fuente de inspiración en Perón, pero fue un pálido remedo, como también lo fue la creación de su partido, la Anapo, eco lejano del “justicialismo”, y la tentativa de hacer de su hija María Eugenia una copia de Eva. Aun así, la oligarquía colombiana, mediante un fraude, en 1970 bloqueó su regreso al gobierno por la vía electoral. Luego, como si fuera un juego de sombras, el Movimiento 19 de abril, M-19, en sus inicios también fue un remedo del grupo “Montoneros” (2). Pero comenzaba ya otra época en Suramérica, las dictaduras militares, no sólo ahogaban en sangre cualquier asomo de resistencia popular sino que marcaban el fin de un modelo económico y social y el inicio de la era neoliberal.


La excepción colombiana es un hecho que puede calificarse de ventaja o de desventaja. Para quienes defienden lo primero significa que el país se ahorró un periodo de autoritarismo, recordando que, por ejemplo Perón tuvo que ser derrocado, lo cual refuerza la idea de nuestra imperecedera estabilidad democrática, la “más antigua de Latinoamérica”. Para los otros, lo que muestra es la precariedad de nuestra experiencia en un modelo de capitalismo industrialista relativamente independiente y con intervención social del Estado. Y lo más importante: se perdió, independientemente de la valoración de las experiencias, una posibilidad de ingreso de los sectores populares, como sujeto, a la esfera de la política. En cambio, arrastramos todavía una historia de implacable violencia que no necesitamos ahora volver a describir.


¿Puede encontrarse una regla?


Hablar de América Latina (y el Caribe) como una unidad con identidad propia no deja de ser, en cierta forma, un mero recurso retórico. Son evidentes las disparidades políticas y económicas entre los países, en la composición étnica y en la cultura. Es más, puede, y debe, ponerse en duda la homogeneidad de las naciones pese a la solidez de los Estados. La discusión es antigua: desde los albores de la independencia de los viejos colonialismos europeos. Desde luego, vista desde afuera, la identidad adquiere un poco más de sentido; especialmente frente al enfoque geopolítico de los Estados Unidos que siempre han impuesto la noción alternativa de “panamericanismo” (3). Y existe, sin lugar a dudas, una historia compartida, en el lugar semiperiférico que le ha correspondido a este subcontinente dentro del proceso de acumulación mundial capitalista. Hay algunos rasgos comunes. Uno de ellos tiene que ver con estas formas de Estado que hemos llamado Nacional-Populares, o con los procesos fallidos conducentes a ellos.


Como se dijo, la referencia es a los tres países mencionados que, por cierto, son los más grandes desde el punto de vista económico. Pero deben mencionarse también casos importantes como el de Bolivia con Paz Estenssoro (1952-56) y Guatemala con Jacobo Árbenz (1954), o el posterior de Perú con Velasco Alvarado (1968-1975). Aunque con reservas, suele mencionarse también a Ecuador con el sui generis Velasco Ibarra, especialmente en su segundo mandato (1944-47). Incluso en Cuba es claro que la caracterización le cabe tanto al movimiento encabezado por Fidel Castro como al gobierno revolucionario en su primera etapa. En otros países se registran movimientos análogos durante el periodo señalado, los cuales fracasaron en su intento y no dieron lugar a transformaciones del Estado.


Poner el acento en el populismo como movimiento lleva sin embargo a no pocos errores, el menor de los cuales es el anacronismo. Es lo que vemos en las miradas más recientes. El tema ha vuelto a tomar fuerza por lo menos en dos momentos: los años noventa, cuando, con la llamada “transición a la democracia”, los neoliberales (como los citados anteriormente) se propusieron llamar la atención sobre la amenaza del “neopopulismo”, y en los comienzos del siglo XXI a propósito de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos, también como amenaza pero a veces como ilusión. Al respecto vale la pena citar el ensayo de Flavia Freidenberg (4). Estos enfoques conducen a confusiones y malentendidos. Por ejemplo, incluye todos los movimientos de carácter popular que adquirieron resonancia en el ámbito social o político. Como el Apra en Perú o el auge del movimiento obrero de los años veinte, particularmente en el Cono Sur, o la revolución mexicana, para no mencionar los numerosos que se encuentran en Europa o Estados Unidos. Y lo que es peor, al concentrarse en la particular relación caudillo-masas, incluyen el fascismo y el nazismo, lo cual gusta enormemente al “centrismo” que así puede hablar de populismos de izquierda y de derecha, ambos “igualmente malos”.


Es por estas razones que resulta preferible volver sobre la hipótesis sugerida. Se trata de una forma de Estado, correspondiente a un período histórico en Latinoamérica, que marca el fin del “Estado oligárquico” y el modelo primario-exportador y, por tanto el ingreso definitivo a la modernidad bajo el modelo de industrialización por sustitución de importaciones. De ahí el énfasis en lo nacional.


Es claro que este modelo arranca merced al colapso producido en la economía mundial por la recesión que siguió a la crisis de 1929 y luego por la Segunda Guerra Mundial, pero necesitaba, para arraigarse, de políticas proactivas y por tanto de un patrón de intervencionismo estatal que, a su vez, suponía incrementar el margen de maniobra respecto de las élites. De ahí el peso y protagonismo de las fuerzas militares. Es por esta transitoria autonomía de la política y del Estado que algunos caracterizan el populismo como una suerte de “bonapartismo” hecho posible por el vacío de poder que dejaba el derrumbe del Estado oligárquico. Mejor sería postular una reestructuración de los bloques de poder que llevaría posteriormente a la conquista de la hegemonía por parte de las burguesías industriales en ese momento en proceso de formación (5).


Lo así argumentado obliga a realizar alguna consideración sobre las clases sociales. Parece desprenderse de allí que el populismo implica no sólo el fortalecimiento del movimiento obrero, o más exactamente de los nuevos sectores populares urbanos, sino el establecimiento de algún tipo de alianza, por lo menos implícita, con la burguesía industrial en ascenso. Una alternativa frente a esta problemática es la representada por el que tal vez es el más conocido teórico sobre el tema, especialmente dado el impacto académico y político que ha tenido en España (“Podemos”), es decir, E. Laclau (6).


En coherencia con su enfoque, según el cual los grupos y movimientos sociales son puramente contingentes, invierte el orden de la determinación y considera que es el populismo como fenómeno el que construye las identidades políticas. De este modo, en el límite, llega a la conclusión que el populismo es la definición misma del espacio de la política. De cualquier manera, aparte de las discusiones sobre la configuración de las subjetividades sociales, es claro que la figura de la burguesía industrial como potencialidad, su naturaleza y capacidad, es fundamental para explicarse tanto el surgimiento y la solidez como la finalización de los Estados Nacional-Populares. Probablemente es su precariedad la que explica la ausencia del modelo en países como Colombia.


¿Y la excepción que la confirma?


No se debe subestimar, pero tampoco exagerar, la importancia de la aludida forma de Estado. El cambio de modelo a partir del intervencionismo se dio de todas maneras, en todas partes, con mayor o menor eficacia, en un proceso de transición más o menos largo, todo lo cual se expresa claramente en el grado de industrialización conseguido. Los elementos del “programa” se presentan de diferentes maneras de acuerdo con los antecedentes. La presencia del Estado arranca con el fortalecimiento de la educación y la salud públicas y la nacionalización de los servicios públicos domiciliarios, pero sobre todo con la fuerte inversión estatal en infraestructura y transporte, y con la nacionalización de los recursos naturales. En Colombia, suele identificarse la colocación de las primeras bases de este modelo en la segunda mitad de los años treinta, durante el gobierno de López Pumarejo, pero muchas de ellas son posteriores, durante la hegemonía conservadora o después.


La dimensión social es la que presenta la mayor diferenciación y depende también de los antecedentes, particularmente en el desarrollo del derecho laboral, incluida la seguridad social. En Colombia es una historia lenta de avances y retrocesos –dentro del mismo periodo liberal–, pero fue bajo un gobierno conservador cuando se expidieron los códigos procesal y sustantivo del trabajo y se creó el Instituto de Seguros Sociales. Desde luego, la cara social más visible de los populismos son los programas de asistencia social, incluidos los de vivienda. En Colombia, nunca han faltado, pero es lo que más se recuerda de la dictadura de Rojas Pinilla, confirmando su intento de parecerse a Perón.


No obstante hay un aspecto que dejan de lado la mayoría de los estudiosos del populismo, precisamente por concentrarse en el fenómeno novedoso de las masas urbanas, resultado de la migración desde el campo: la reforma agraria. Los casos son obviamente diversos. En unos ni siquiera se consideró, como en Argentina, y en otros no era prioritaria, como en México, donde se venía justamente de una revolución, pero hubo algunos, como en Bolivia, más adelante en Perú y naturalmente en Cuba, donde fue fundamental. Por lo demás, fue el vacío más protuberante de la experiencia brasilera. Tiene que ver seguramente con las modalidades de inserción en el mercado mundial, según la importancia de la exportación de materias primas agropecuarias.


Es un aspecto clave para la interpretación de la excepcionalidad colombiana. Junto a la economía cafetera, parcelaria en buena parte, que ha dado lugar a una amplia capa de campesinado de mentalidad conservadora, así como a una fracción importante de la burguesía agraria, encontramos una enorme porción del territorio en forma de latifundio que no ha dejado de ampliarse, dando lugar a una oligarquía inescrupulosa y violenta, una y otra vez renovada. Fue este factor el que impidió, en su momento, una recomposición del bloque de poder en un sentido progresista mediado por una forma de Estado Nacional-Popular; la cuestión agraria no podía ser accesoria sino el supuesto ineludible de cualquier proyecto desarrollista.


El cuarto de hora 
de los gobiernos progresistas


Como se señaló, los gobiernos que en Suramérica se sucedieron después del triunfo de Chávez en Venezuela fueron calificados de “izquierda” y motivaron las advertencias de los economistas y politólogos neoliberales. Pero lo que era terror en éstos, era nostalgia en los líderes de esa izquierda. No siempre de manera consciente. El único caso, por demás patético, ha sido el de Argentina. En el lado opuesto, el que más terminó pareciéndose a Perón fue, sin darse cuenta ni reconocerlo, Chávez, claro está en cuanto movimiento y forma de gobierno ya que en materia económica nunca pudo superar el simple modelo primario exportador.


He ahí la clave para la interpretación de los gobiernos progresistas, que nunca fueron una nueva forma de Estado pese a los intentos bolivianos. En términos económicos parecieron retornar precisamente al modelo superado por los Estados Nacional-Populares. La única diferencia se encuentra, como es lógico, en la propuesta de Brasil que lo enmarca en un proyecto expansionista de potencia emergente. Sin embargo, en la medida en que retomaron el intervencionismo del Estado, sí constituyeron un cambio, pero respecto al modelo neoliberal inmediatamente precedente (7).


La nostalgia no implicó, pues, repetición, pero sí constituyó un relato y una idea fuerza de gran poder. En efecto, en tiempos de globalización, en contra de la cual se venía levantando una globalización alternativa de las luchas populares, había crecido el intercambio de ideas y paradigmas en las filas críticas, académicas y políticas. Como lo mostró, en sus diferentes ediciones el Foro Social Mundial, poco a poco fueron conquistando el predominio, en contra del pensamiento único de culto al mercado, las ideas de la socialdemocracia europea cuyos derrotados militantes visitaban repetidamente Latinoamérica. La lectura que hacían de los nuevos gobiernos, teñida del culto al “buen salvaje”, no era más que la pura evocación del “Estado de Bienestar” perdido. La crisis estalló cuando se puso de presente la incompatibilidad entre las ideas indigenistas y ecologistas, y la defensa de un modelo “extractivista” del que aparentemente dependía la política social.


La experiencia, de todas maneras, ha sido aleccionadora. Lo necesario no es la repetición sino la construcción de algo nuevo. Algo de ello se vivió en el pasado. La propuesta Nacional-Popular era declaradamente pro-capitalista, su catastrófico final no fue más que la revelación de los límites del capitalismo. Es por eso que las ideas de revolución y de socialismo, en aquel entonces, se presentaron en principio, siguiendo el ejemplo de Cuba, como una decepción frente a las promesas desarrollistas encarnadas no solamente en esa propuesta sino en las elaboraciones de la Cepal, incluyendo sus versiones de izquierda. Hoy en día no sólo se ha manifestado la crisis operativa del capitalismo sino su caducidad como orden civilizatorio, poniendo en duda hasta la idea de desarrollo y de progreso. Nuevas tareas se ponen al orden del día. Está en juego incluso la supervivencia de la humanidad.


Pero otra vez resurge la vieja discusión. Nadie confía ya en un “derrumbe”, los tiempos de la lucha social no son los de un abrir y cerrar de ojos, y si bien no se trata tampoco de un avance lineal sino de una acumulación discontinua y plural, es preciso contemplar momentos de transición.


A propósito de los Estados Nacional Populares, y jugando un poco a los anacronismos, pudiera decirse que en América Latina ya no habrá una segunda oportunidad sobre la Tierra. Pero el caso de Colombia es distinto: ¡se trata de su primera oportunidad!

 

1. Puede entenderse, o bien como movimiento o partido, o bien como tipo de gobierno o forma de Estado. Aquí se utiliza en la segunda acepción. La denominación Nacional-Popular fue introducida por G. Germani, a principios de los años sesenta, a cambio de la más conocida, “Populismo”, dado que ésta tenía, desde una mirada elitista y conservadora, una connotación peyorativa. Germani, G. Política y sociedad en una época de transición, de la sociedad tradicional a la sociedad de masas. Paidós, Buenos Aires, 1962. Hoy, en tiempos de neoliberalismo, a todo lo que signifique políticas sociales e intervención del Estado se le llama populismo y se asocia con demagogia, ya no principalmente en “defensa de la democracia” sino en nombre de la “ciencia económica”. Dos de sus más connotados teóricos dieron la pauta: “el “populismo económico” es un enfoque de la economía que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y del financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado” . Ver Dornbusch, R. y Edwards, S. Macroeconomía del Populismo en la América Latina. Fondo de Cultura Económica. México, 1992, pág. 11
2. Seguramente por obvio, suele olvidarse que el M-19 nació, a instancias de la siguiente elección presidencial en 1974 (en la que participaba María Eugenia), como una reacción escéptica del anapismo frente al camino electoral. Es cierto que la insurgencia armada rural llevaba ya una década en el país y con varias organizaciones, pero la novedad no se limitaba a su carácter urbano sino a un cambio de enfoque en la línea de masas. Pese a que, además de los propiamente anapistas, muchos de sus fundadores provenían de la izquierda, incluso armada, se afirmaba que, en Colombia, la verdadera corriente popular antioligárquica se encontraba en el anapismo y era sobre éste como podía avanzar una perspectiva revolucionaria. “Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia, ¡Al poder!” fue su primera consigna.
3. Ver Moncayo S., Héctor-León, Ni lo uno ni lo otro-integración y desarrollo. Plataforma de Derechos humanos, democracia y desarrollo, Bogotá, 2006
4. Freidenberg, F. La tentación populista: una vía al poder en América Latina. Madrid, Editorial Síntesis, 2006.
5. Desde otro punto de vista, el Estado Nacional-Popular podría considerarse como el equivalente del “Estado Bienestar” o “providencia” que la escuela “regulacionista” atribuye a la etapa “fordista” del régimen de acumulación capitalista en el centro; algunos se refieren, siguiendo esa lógica, al “fordismo periférico”. En todo caso, por sus limitados alcances, se trataría de una forma apenas similar, “periférica”.
6. Laclau, E., La razón populista, FCE, México, 2006
7. Ver Stolowicz, B., “El misterio del posneoliberalismo”, Tomo II, Estrategia para América Latina. Vol 2. Ilsa, Bogotá, 2016

*Economista Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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La periodista Shireen Abu Akleh, asesinada por el ejército israelí.

A Shireen no la mató ninguna bala perdida. Ella y su equipo quedaron atrapados bajo fuego intenso pesado durante tres minutos. Ellos eran el objetivo

 

Francotiradores israelíes asesinaron el miércoles a la destacada periodista estadounidense Shireen Abu Akleh en un intento por evitar que la veterana corresponsal de Al Jazeera y sus cámaras grabaran un ataque militar israelí contra el campo de refugiados de Jenín, situado en el territorio palestino ocupado de Cisjordania.

El ejército israelí ha acabado con la vida de 50 periodistas palestinos durante las dos últimas décadas. Durante las protestas de la Gran Marcha del Retorno que tuvieron lugar en Gaza, los francotiradores israelíes dispararon sistemáticamente contra manifestantes desarmados, y también contra periodistas y médicos. Solo en 2018 asesinaron a 180 personas e hirieron a más de 6.000 manifestantes civiles inocentes.

Abu Akleh, de 51 años, cubría las noticias de Palestina para millones de televidentes del canal de televisión por satélite Al Jazeera desde hacía aproximadamente 20 años y no cabe duda de que estaba considerada una amenaza para la impunidad con la que Israel sigue oprimiendo a los palestinos ocupados. Ron Kohav, portavoz del ejército israelí, afirmó en una ocasión que los periodistas estaban “armados con cámaras”. Cuando llevas a cabo perversas políticas de apartheid, consideras que las cámaras son armas letales.

Ali al-Samoudi, que recibió el disparo de un francotirador israelí en la espalda, explicó lo que había sucedido: “Entramos a grabar la operación israelí y acto seguido abrieron fuego contra nosotros. No nos pidieron que nos fuéramos o lo dejáramos, solo empezaron a dispararnos. Una bala me dio a mí y otra a Shireen, y la mataron a sangre fría porque son asesinos. Es así, se especializan en matar palestinos”. Otro periodista le dijo: “Están diciendo que fueron los palestinos quienes la dispararon”. Y Al-Samoudi contestó: “No había nadie de la resistencia palestina a nuestro alrededor”.

Otro de los colegas de Abu Akleh, Mujahed Al-Saadi, habló también para las cámaras. Según Al-Saadi, estaba claro que los francotiradores israelíes habían disparado a propósito contra Abu Akleh, ya que la dispararon justo debajo de la oreja. Según afirmó: “Lo que pasó es que estaban esperando que entráramos en el campo de refugiados. Cuando entramos el ejército ya estaba allí. Elegimos una posición donde no se estaban produciendo enfrentamientos con jóvenes o con miembros de la resistencia palestina. Llegamos hasta ese punto y esperamos a que Shireen se pusiera el equipo de seguridad, y cuando llegó hasta donde estábamos, avanzamos unos metros. Le explicamos al ejército y a todo el que pasaba que éramos periodistas de televisión. A los pocos segundos de llegar, oímos el primer disparo. Y yo dije, somos nosotros el blanco, nos están disparando a nosotros. Me di la vuelta y vi a Shireen ya en el suelo, y a Shatha gritando e intentando cubrirse detrás de un árbol. En pocos segundos Shireen ya estaba en el suelo. Entre disparos nos decíamos que estaban apuntando contra nosotros. Los disparos contra los miembros del equipo que estábamos allí presentes continuaron durante más de tres minutos. Ali resultó herido, aunque pudo cruzar la calle y ponerse a salvo, pero a nosotros siguieron disparándonos. Me refugié debajo de una escalera de la fábrica de cemento mientras continuaban los disparos. Shatha –los disparos apuntaban a la persona que el francotirador vio que estaba escondida detrás del árbol–, nuestra colega Shatha Hanaysheh, siguió recibiendo disparos, mientras ella se escondía debajo de un árbol y nosotros no podíamos ayudar a Shireen. Los jóvenes, que estaban en la calle, vinieron donde estábamos nosotros e intentaron sacar a Shireen, pero también los dispararon. A cualquiera que se movía le disparaban”.

Parece claro que los francotiradores israelíes consideraron que las cámaras suponían un peligro para el ataque que iban a perpetrar sobre Jenín. Probablemente iban a hacer cosas a los palestinos que no querían que se grabaran. Por eso intentaron matar a todo el equipo. Asesinaron a Shireen Abu Akleh, hirieron a Ali al-Samoudi y estaban intentando disparar a Shatha Hanaysheh mientras se protegía detrás de un árbol. Siguieron disparando durante tres minutos y parecía que su intención era asegurarse de que Abu Akleh se desangrara y no pudiera recibir los primeros auxilios, ya que disparaban sobre cualquiera que intentara acercarse. Trataron a estos periodistas como cotizados objetivos cuya eliminación había sido decidida sin contemplaciones.

Marc Owen Jones, un especialista de la información que ha destapado numerosas operaciones con trolls, se burló del intento descarado y vergonzoso del ejército israelí de desviar la atención con un engañoso vídeo en el que se intentaba culpar a los palestinos por la muerte de Abu Akleh. No se produjeron enfrentamientos con los miembros de la resistencia palestina cerca de los periodistas y a Shireen no la mató ninguna bala perdida. Ella y su equipo quedaron atrapados bajo fuego intenso pesado durante tres minutos. Eran ellos el objetivo.

No es física cuántica. El @IsraelMFA ha publicado un vídeo comprobablemente engañoso que intenta culpar del asesinato de #ShireenAbuAqla a los palestinos. Eso constituye un total desprecio por la verdad. Es un intento de blanqueo/encubrimiento. https://t.co/ArKinXO8Lu

— Marc Owen Jones (@marcowenjones) 11 de mayo de 2022

La organización israelí de Derechos Humanos, B’tselem, demostró que la validez del vídeo era nula:

Esta mañana, el investigador sobre el terreno de B’Tselem en Jenín documentó las localizaciones exactas desde donde disparó el tirador palestino que aparecía en el vídeo que distribuyó el ejército israelí, y también la localización exacta en la que asesinaron a la periodista Shireen Abu Akleh. pic.twitter.com/6VbEJJuF7z

— B'Tselem בצלם بتسيلم (@btselem) 11 de mayo de 2022

Como de costumbre, la mayoría de las agencias de noticias occidentales, y en particular las estadounidenses, informaron del asesinato de Abu Akleh utilizando la voz pasiva (“fue asesinada”) y se tomaron en serio el vergonzoso intento del ejército israelí de desviar la atención. Estuve mirando los canales de noticias de Estados Unidos durante un buen rato el miércoles y ninguno hizo referencia al asesinato de una periodista estadounidense. Aunque no tuvieron tantos reparos en denunciar el asesinato de periodistas ucranianos a manos de Rusia.

por Juan Cole (Informed Comment) 14/05/2022

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Juan Cole es el fundador y el redactor jefe de Informed Comment. Es profesor de Historia en la Universidad de Michigan y ha publicado, entre muchos otros libros, Muhammad: Prophet of Peace amid the Clash of Empires and The Rubaiyat of Omar Khayyam.

Traducción: Álvaro San José.

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El ataúd casi cae al suelo cuando el cortejo que lo llevaba en hombros se vio rodeado de policías israelíes que golpeaban a la multitud de dolientes palestinos.Foto Ap

Jerusalén. Miles de palestinos despidieron ayer en Jerusalén a la periodista palestina-estadunidense Shireen Abu Akleh, abatida durante una operación militar israelí, en exequias marcadas por escenas de violencia tras una intervención policial al comienzo del cortejo.

Antes del funeral, decenas de personas trataron de marchar con el féretro desde el hospital hasta una iglesia católica en la vecina Ciudad Vieja. Muchos de los dolientes llevaban banderas palestinas, prohibidas en Jerusalén, y la multitud empezó a gritar: "Sacrificamos nuestra alma y nuestra sangre por ti, Shireen".

Al poco tiempo, la fuerza pública israelí golpeó a manifestantes con garrotes, justo al lado de las personas que avanzaban llevando en hombros el ataúd, el cual casi cae al suelo. Las tropas de Tel Aviv aseguran que reaccionaron a un ataque de piedras en su contra. Según la Media Luna palestina, 33 personas resultaron heridas y seis fueron hospitalizadas.

Imágenes transmitidas por Palestine TV mostraron que quienes llevaban el ataúd fueron agredidos por soldados de Tel Aviv, mientras policías dispersaron a las personas que ondeaban banderas palestinas.

Los restos de la popular reportera de la cadena catarí Al Jazeera, una cristiana de 51 años nacida en Jerusalén Este, fueron finalmente llevados hasta un templo de esta ciudad, donde se ofició una misa. La multitud siguió después al féretro hasta un cementerio adjunto a la Ciudad Vieja, donde Abu Akleh fue enterrada cerca de los restos de sus padres. Las calles aledañas estaban repletas de quienes fueron a despedirse de la periodista.

La comunicadora, quien portaba casco y chaleco antibalas con el rótulo "Prensa", recibió un disparo en la cabeza el miércoles cuando cubría una operación militar israelí en el campo de refugiados de Jenin, en Cisjordania, un territorio palestino ocupado por Israel desde 1967.

El caso dio lugar a varias hipótesis. Al Jazeera acusó a las fuerzas de Tel Aviv de matar "deliberadamente" y "a sangre fría" a su periodista estrella. El primer ministro israelí, Naftali Bennett, declaró que la reportera murió "probablemente" por disparos de combatientes palestinos.

En una investigación preliminar, el ejército israelí aseguró: "no es posible identificar el origen del disparo que alcanzó y mató a la periodista". Pero la indagatoria, consultada por el diario Jerusalem Post, apunta a dos posibilidades: como parte del intento de atacar a las tropas de Tel Aviv, palestinos armados dispararan cientos de balas desde varios puntos y acertaran a la periodista; la otra, es que ella, que estaba de pie cerca de los pistoleros, “fuera alcanzada por disparos de la fuerza (israelí) contra los ‘terroristas’”, cita el diario.

La Autoridad Nacional Palestina, dirigida por Mahmoud Abbas, ha rechazado la idea de una investigación conjunta con Israel y declaró que quería remitir el caso a la Corte Penal Internacional.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, manifestó estar "profundamente afectado" por las acciones de "algunos policías israelíes" en Jerusalén Este al comienzo del cortejo por el funeral de Abu Akleh, comunicó el viernes el portavoz Farhan Haq.

La Unión Europea se declaró "consternada" por este uso "inútil" de la fuerza y Estados Unidos expresó su "profunda perturbación" por las imágenes del funeral.

Durante las exequias, se produjeron nuevos enfrentamientos en Jenin, donde falleció la reportera, que dejaron 13 heridos, según el Ministerio de Salud de la ANP. La localidad es un bastión de facciones armadas palestinas, de donde proceden los autores de recientes atentados en Israel, que lanzó múltiples operaciones para capturarlos.

Un oficial israelí murió durante esta jornada en un operativo en Burqin, cerca de Jenin, indicó un comunicado oficial. El grupo armado palestino Yihad Islámica se atribuyó la muerte del agente.

Quince países europeos, entre ellos Alemania, Francia e Italia, pidieron ayer a Israel retirar un proyecto de construcción de más de 4 mil viviendas en Cisjordania.

"Pedimos a las autoridades reconsiderar esta decisión", escribieron los cancilleres. Además, piden a los israelíes "no proceder a las demoliciones o a las expulsiones previstas, particularmente en Masafer Yata".

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El gobierno Chileno quiere hacer ley la militarización contra los pueblos originarios

En la zona sur del Estado chileno, el presidente Gabriel Boric pretende establecer un "estado de excepción intermedio", hechos y justificación contra el Walmapu se parecen bastante a lo que hacía el ex presidente Sebastián Piñera.

Durante las últimas semanas, la derechización del gobierno en lo que refiere a su agenda de seguridad, ha escalado a niveles impensados hace tres o cuatro meses atrás. Produce indignación y muchos de sus votantes están preguntándose: ¿cómo es esto posible?

Si es que ya veíamos el violento accionar de las fuerzas represivas en contra de estudiantes y trabajadores, como la represión y detención acontecida en Hualpén, hacia los subcontratados de ENAP (Empresa Nacional del Petróleo), o las declaraciones de la vocera Camila Vallejo hablando del machi (autoridad mapuche) Celestino Córdova (fue acusado del incendio de una casa de agricultores medianos, que luego provocó su muerte. Nunca probaron su autoría pero está preso desde el 2014) como preso común, así como la represión a estudiantes secundarios, hoy el gobierno da sus primeros pasos en su propuesta represiva en el sector del Wallmapu.

“Estado de excepción intermedio” es el nombre con el que el gobierno busca lograr en el parlamento este proyecto de ley, que no es otra cosa que una acción difícilmente camuflada, para el sostenimiento de la militarización en la zona sur. Una iniciativa casi idéntica a la utilizada por Sebastián Piñera durante su mandato, cuando justificaba la coerción y represión de las “fuerzas del orden” en el contexto del estallido social.

"A diferencia de los Estados de Excepción, queremos concurrir con ayuda de las Fuerzas Armadas al resguardo de la infraestructura crítica y de gravedad para el libre tránsito, abastecimiento de la población o circulación de vehículos de emergencia, sin afectar ninguno de los derechos fundamentales que la Constitución asegura” señaló el secretario general de la presidencia (Segpres), Giorgio Jackson, agregando "proponemos un Estado de Protección y Resguardo que no limite los derechos de las personas (como de movilidad o circulación). En este sentido, no caería en la causal de excepcionalidad".

Ya hace unos días, el actual presidente del senado, Álvaro Elizalde(del Partido Socialista), luego de una reunión sostenida con el presidente de la Cámara Baja, Raúl Soto (Partido por la Democracia -PPD, otro de los partidos de los odiados 30 años), y dueños de camiones incluidos -transportistas-, se refería a la celeridad con la que se buscará tramitar esta iniciativa en la Comisión Mixta, para ser votada lo más prontamente en las salas del Congreso, durante la próxima semana.

"Esta semana, la Comisión mixta debiera sesionar, votar esta iniciativa y podría perfectamente la próxima semana estar votándose en ambas salas del Congreso Nacional. De esa manera se daría canalización al debate respecto a la propuesta del Ejecutivo en torno a un estado de protección y resguardo a las rutas y vías”, señaló Elizalde.

Sin embargo, más allá del entusiasmo desde el gobierno, lo reprochable de la medida no se hizo esperar, incluso desde las filas de los partidos que conforman el gobierno. Cuestionamiento expuesto por la diputada del Partido Socialista (PS), Camila Nuyado:

“El gobierno no está dando cumplimiento a los compromisos que señaló en su propio programa, que era poder dialogar, avanzar en la restitución de tierras y de derechos del pueblo Mapuche", manifestó la diputada, agregando que votará en contra de la propuesta emanada desde el gobierno:

"Voy a votar en contra. Así se lo he manifestado a mi bancada, saben cuál es mi postura y se han molestado, pero me han respetado (…) el poder Ejecutivo, que es el gobierno del Presidente Gabriel Boric, ha olvidado al pueblo mapuche y no está poniendo el foco hoy en combatir la pobreza en aquellos territorios abandonados".

Con solo dos meses en el Poder Ejecutivo, el gobierno de Boric, conformado por el Frente Amplio, Partido Comunista, y partidos de la ex Concertación como el PS, y el PPD, los ataques hacia el pueblo trabajador han continuado, al igual que el blindaje de Carabineros, y la tranquilidad hacia el empresariado, que pareciera que le impone en los hechos su agenda de seguridad a este gobierno, cuyas promesas que sostuvo aceleradamente están quedando en el olvido.

El gobierno se apoya en Carabineros y Fuerzas Armadas, cuya legitimidad se encuentra profundamente cuestionada al estar vinculadas a casos de corrupción, y múltiples violaciones a los DD.HH, para mantener a raya a los pueblos originarios, ignorando sus reclamos más sentidos. Por lo mismo, hay que organizarse y luchar por la completa desmilitarización del Wallmapu, la libertad de las y los presos políticos y por la autodeterminación del pueblo mapuche.

Jueves 12 de mayo

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La venta de armas en EU creció durante la pandemia, de acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades y Prevención.Foto Afp

Nueva York. Las muertes por armas de fuego alcanzaron la cifra más alta jamás registrada en Estados Unidos durante 2020, con un incremento de 35 por ciento en homicidios, cantidad no reportada desde 1994, reportaron los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (CDC), principal autoridad federal sobre salud pública.

Más de 45 mil personas murieron en incidentes relacionados con armas de fuego durante el primer año de la pandemia. "Este es un incremento histórico", declaró Debra Houry, subdirectora de los CDC, al divulgar los datos en conferencia de prensa.

Aunque más de la mitad de las muertes por armas de fuego son suicidios, ese número se mantuvo casi igual en 2020, comparado con 2019. Pero fue el dramático incremento de homicidios con armas de fuego lo que elevó el total a niveles sin precedente.

Según los CDC, 79 por ciento de los homicidios y 53 por ciento de los suicidios estaban relacionados con armas en 2020. Excluyendo los suicidios, más de 19 mil personas murieron por balas en 2020, comparado con las más de 14 mil del año anterior.

Los CDC indicaron que las estadísticas demuestran "amplias disparidades" donde los homicidios con armas de fuego afectaron más a comunidades pobres, y sobre todo a jóvenes afroestadunidenses. A la vez, los homicidios por armas se incrementaron entre gente de todas edades, razas y género, y tanto en ciudades como zonas rurales en todas las regiones del país.

Los afroestadunidenses sufrieron más que cualquier otro segmento con un incremento de 40 por ciento en la tasa de homicidios, sobre todo los jóvenes; entre indígenas del país hubo un incremento de 27 por ciento y de casi 26 por ciento entre latinos, y 28 por ciento entre blancos. El único grupo donde hubo una reducción fue entre los asiático-estadunidenses, según las cifras de los CDC.

El incremento en muertes por armas de fuego está relacionado con la venta acelerada de armas en el país, con estadunidenses comprando armas más de lo normal al ampliarse la pandemia en 2020 y 2021, de acuerdo con los CDC (ver el informe: https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/71/wr/mm7119e1.htm?s_cid=mm7119e1_w).

Es el incremento anual en homicidios por armas más grande en la historia moderna del país, indicó el Centro para Soluciones de Violencia de Armas de la Universidad Johns Hopkins. "En 2020 se perdieron casi 5 mil vidas más en homicidios con armas que en 2019".

Las armas fueron la causa principal de muerte entre niños y adolescentes en 2020, tomando más vidas que el covid-19, accidentes automovilísticos o cáncer” para los menores de edad, afirma un informe de ese centro (https://publichealth.jhu.edu/2022/new-report-highlights-us-2020-gun-related-deaths-highest-number-ever-recorded-by-cdc-gun-homicides-increase-by-more-than-one-third).

Expertos e investigadores no han identificado las razones del incremento de la violencia, y sobre todo de los homicidios con armas de fuego en los últimos dos años, pero algunos señalan que la pandemia exacerbó muchas condiciones prexistentes, sobre todo en algunas comunidades más marginadas, que han elevado el nivel de violencia, incluyendo factores como la desigualdad económica y condiciones de pobreza, comentaron los CDC.

Otros sugieren que la polarización política en el país, ira contra la violencia oficial y el racismo sistémico, y la expresión más explícita de agrupaciones armadas, sobre todo las derechistas, han cultivado mayor violencia.

Los estadunidenses se matan entre sí con armas 25 veces más que otros países desarrollados, señala el centro Brady Campaign to Prevent Gun Violence.

La razón más citada por los que adquieren armas de fuego es la defensa individual, pero investigaciones de los últimos años confirman que en los hogares que tienen armas se incrementa de tres a cinco veces el riesgo de homicidio y suicidio.

Se calcula que hay más armas en manos privadas en Estados Unidos que población –de hecho, 120.5 armas por cada 100 residentes–, más de 390 millones, según cifras de 2018 por el Small Arms Survey. El Brady Campaign calcula que uno de cada tres adultos en Estados Unidos es dueño de un arma.

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Ecuador: tras la masacre, la ONU exigió una reforma urgente del sistema penitenciario

"Debo enfatizar que la responsabilidad del Estado en la seguridad de todas las personas que están bajo su custodia, crea una presunción de responsabilidad estatal por estas muertes", sostuvo la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, reiteró su "alarma" por la situación penitenciaria de Ecuador luego de que se registraran 44 muertos en un motín que tuvo lugar el lunes, y reclamó una reforma "urgente" que involucre también al sistema judicial. El incidente, ocurrido poco más de un mes después de otra matanza que dejó 20 reclusos muertos, puso nuevamente de manifiesto la crisis de la violencia carcelaria en Ecuador, que el gobierno de Guillermo Lasso atribuye a una encarnizada lucha de bandas ligadas al narcotráfico.

Decenas de personas, en su mayoría mujeres, esperaban este martes noticias de sus familiares presos en la cárcel Bellavista de Santo Domingo, a unos 80 kilómetros de Quito, donde un choque entre pandillas dejó 44 muertos y decenas de heridos, mientras que las autoridades empezaban a recapturar a parte de los 220 detenidos que escaparon durante los desmanes.

Responsabilidad estatal y reforma urgente

"Debo enfatizar que la responsabilidad del Estado en la seguridad de todas las personas que están bajo su custodia, crea una presunción de responsabilidad estatal por estas muertes", sostuvo Bachelet en un comunicado leído por su vocera en una rueda de prensa en Ginebra. El gobierno ecuatoriano debe considerar una hoja de ruta que le propusieron "para garantizar la seguridad en las prisiones, mejorar las condiciones de los reclusos y garantizar una mejor gestión carcelaria, lo que incluye combatir la corrupción", precisó la expresidenta chilena.

En el caso de lo ocurrido el lunes, la violencia habría estallado en la cárcel de Santo Domingo por el traslado de un preso, pero Bachelet destacó que no se trata de un caso aislado. "Estos preocupantes incidentes subrayan una vez más la urgente necesidad de una completa reforma del sistema de justicia penal, también del sistema penitenciario", manifestó la funcionaria de la ONU, quien recordó que todo Estado tiene como "responsabilidad" la seguridad de las personas bajo custodia, por lo que es también culpable indirecto de lo que ocurre en las cárceles y debe emprender una "plena investigación".

La espera de los familiares

Decenas de familiares de los reclusos se desesperaban por segundo día frente a las puertas del penal sin tener noticias de sus seres queridos, mientras militares armados con escopetas custodiaban las inmediaciones. "No nos dan ninguna información. Dicen que los jóvenes que se escaparon por salvar sus vidas van a ser trasladados y entre esos está un hermano mío", afirmó Leisi Zambrano. "Hay muchas madres que hasta la actualidad no les han dado noticias de sus hijos, de si están vivos", agregó la mujer ama de casa, de 48 años.

Ni bien supo de los enfrentamientos, Zambrano dijo haber acudido con otros familiares al penal en la madrugada y escuchaba que desde el interior "los presos pedían auxilio, que no los dejaran morir", y definió la escena como una "carnicería".

En el motín en Santo Domingo en un principio se había confirmado la muerte de 41 reclusos. Minutos después la Fiscalía volvió a actualizar la cifra a 43, y al cierre de la jornada se confirmó otra muerte. El ministro del Interior, Patricio Carrillo, informó temprano el mismo lunes que la mayoría de los cuerpos "fueron expuestos y agredidos en los pabellones y en las celdas".

La mayoría de las víctimas murió por armas blancas en sus celdas, y luego algunos presos usaron armas de fuego en su intento de fuga. Las autoridades hallaron fusiles, pistolas, cuatro granadas y municiones en el penal. En este nuevo motín, que se inició en torno a la 1.30 hora local, se fugaron de los pabellones al menos 220 presos ya sea para salvar su vida o recuperar su libertad, y hasta el momento solo han logrado ser recapturados por las fuerzas de seguridad 112.

El ministro Carrillo señaló que los responsables de este motín pertenecen a la misma organización delictiva que llevó a cabo otra masacre en la cárcel de El Turi, un mes atrás. Según las autoridades, los enfrentamientos del lunes fueron provocados por el traslado a Bellavista de unos de los líderes del denominado grupo "R7", gracias a una medida judicial. "Este tipo de traslados son los que perjudican la gobernanza de los centros carcelarios", dijo el jefe de los servicios penitenciarios, Pablo Ramírez.

El gobierno ecuatoriano decretó un estado de excepción hasta finales de junio en tres provincias del oeste (Guayas, Manabí y Esmeraldas), las más golpeadas por el tráfico de drogas, ante la violencia en las calles del país atribuida al narcotráfico.

Una crisis sistémica

Esta nueva masacre es más la más grande de este año 2022, por encima de la anterior, ocurrida un mes atrás en la cárcel de la sureña ciudad andina de Cuenca, donde murieron 20 reclusos y al menos otros 10 resultaron heridos. Ambos episodios tienen detrás a las mismas bandas rivales, según afirmó el ministro Carrillo en una rueda de prensa, con una organización llamada "Los Lobos" como la supuesta causante de estas masacres al atacar al grupo disidente que se hace llamar R7.

Antes de estos episodios el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, presumía de que en los tres primeros meses de 2022 apenas habían fallecido ocho presos en las cárceles ecuatorianas, y que las muertes intracarcelarias se habían reducido más del 90 por ciento sobre el año anterior, cifras que saltaron por los aires con las dos últimas matanzas.

Recientemente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un informe sobre la crisis carcelaria de Ecuador en el que instaba al gobierno a recuperar el control interno de las cárceles, dar condiciones dignas a los presos y elaborar una políticas de prevención del delito donde no prime el encarcelamiento.

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