Los generales del ejército de Indonesia y de EEUU. Jakarta, 22 de julio de 2022. Fuente: Jakarta Post.

Desde hace ya quince años, Indonesia organiza regularmente maniobras militares conjuntas con EE UU. Esta vez, el acontecimiento, llamado Superescudo Garuda, ha adquirido tal magnitud que se parece mucho a una línea de contención frente a China. ¿Qué ocurre con la estrategia indonesia, marcada desde 1961 por la no alineación?

El pasado 14 de agosto concluyeron las maniobras militares conjuntas anuales, de dos semanas de duración, entre los ejércitos de tierra de EE UU e Indonesia, denominadas Escudo Garuda por el nombre del emblema nacional del archipiélago 1 /1 . Inauguradas en 2007, tienen lugar en territorio
indonesio. Este año, el ejercicio ha sido bautizado con el nombre de Superescudo Garuda por varias razones: el número de soldados participantes (más de 2.000 de cada uno de los dos países), la implicación de los demás ejércitos (la marina, el ejército del aire y el mítico cuerpo de marines de
EE UU 2 /2 ), la participación de otros países (Australia, Japón y Singapur, que enviaron tropas) y la asistencia de nueve Estados en calidad de observadores (Canadá, Corea del Sur, Francia, India, Malasia, Papuasia-Nueva Guinea, Reino Unido, Timor-Leste y Nueva Zelanda).

Las maniobras comenzaron el 1º de agosto, la víspera de la llegada a Taiwán de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU. Una semana antes, el general Mark Milley, jefe del estado mayor del ejército estadounidense, de paso en Yakarta con motivo de una gira por la
región indo-pacífica 3 /3 , se reunió con su homólogo indonesio, el general Andika Perkasa. Milley declaró entonces que el ejército chino se mostraba cada vez más agresivo en sus interacciones con los aviones y navíos militares, no solo estadounidenses 4 /4 , sino también de los demás países asiáticos.

“Indonesia tiene una importancia estratégica crucial en la región y siempre ha sido un socio clave de EE UU”, afirmó asimismo el jefe del estado mayor. La visita precedente a Indonesia de un patrón de las fuerzas armadas estadounidenses se remonta a 2008. Al término de esta visita, Andika
declaró a su vez a la prensa que Indonesia veía a China “un poco agresiva” en el aspecto naval en torno a la cuestión de un contencioso marítimo entre los dos países. En efecto, Pekín considera que el mar de China Meridional forma parte de sus aguas territoriales, cosa que ningún otro país reconoce.

Las islas indonesias de Natuna se encuentran en la parte meridional de dicho mar y por tanto se ven directamente amenazadas por las reivindicaciones chinas. Este año, las maniobras del Escudo Garuda han tenido lugar por primera vez, aparte de los lugares habituales, en la provincia
indonesia de las islas Riau, de la que forman parte las islas Natuna.

La mayor parte de los países que han participado en el Superescudo Garuda –Australia, Canadá, Corea del Sur, Francia, Japón, Reino Unido, Singapur y Nueva Zelanda– son aliados de EE UU. No es el caso de Indonesia, que fue uno de los países fundadores del Movimiento de Países No
Alineados en 1961. Este posicionamiento data del comienzo de la guerra fría. En 1948, tres años después de la proclamación de su independencia, el 17 de agosto de 1945 (fue el primer país en declarar su independencia tras el fin de la segunda guerra mundial), en un momento en que se enfrentaba a las tropas neerlandesas, que se habían vuelto a instalar en lo que seguían considerando su colonia, el vicepresidente Hatta pronunció la fórmula siguiente: “remar entre dos arrecifes” (mendayung antara dua karang).

De todos modos, cuando a finales de 1948 los neerlandeses ocupan Yogyakarta y detienen al gobierno indonesio, que se había establecido allí,  Naciones Unidas, así como el Congreso estadounidense, condenan la agresión. La ONU pide a los Países Bajos que liberen al gobierno indonesio. EE UU les presiona y amenaza con suspender su ayuda en el marco del Plan Marshall. Los Países Bajos aceptan la celebración de una conferencia en La Haya. El 27 de diciembre de 1949 proceden a la transferencia formal de la soberanía sobre su antigua colonia a Indonesia, con excepción de Nueva Guinea Occidental, sobre la que se acuerda discutir más adelante.

Mantener la neutralidad en caso de guerra entre China y EE UU y limitar la influencia de China La actitud de EE UU con respecto a Indonesia variará según las épocas, pero su motivación será siempre la defensa de sus propios intereses. Cuando tras la proclamación de la independencia de Indonesia, en 1945, los Países Bajos volvieron a instalarse en su antigua colonia, EE UU se mantiene neutro en el conflicto en cierne. Sin embargo, a comienzos de 1949, la indignación internacional ante la agresión neerlandesa, además del temor a que Indonesia se incline por el campo comunista, le llevan a presionar a los Países Bajos a que negocien con los indonesios. Posteriormente, cuando ven que Indonesia parece bascular hacia el campo socialista, apoyan discretamente sendas rebeliones separatistas en 1957 y 1958. Cuando en 1961 Indonesia emprende una campaña militar para recuperar Nueva Guinea Occidental, que seguía bajo administración neerlandesa, EE UU se ofrece como mediador a fin de resolver el conflicto. Los Países Bajos no
tienen más remedio que aceptar la transferencia de la administración del territorio a Naciones Unidas, que a su vez la transfieren a los indonesios.

La desclasificación en 2017 de documentos relativos al periodo de 1963 a 1966 revela que EE UU apoyó las masacres anticomunistas de 1965-1966, que se cobraron la vida de más de 500.000 personas. Una desclasificación anterior, en 2006, había revelado que Washington se había abstenido de impedir la invasión por parte de Indonesia, en 1975, de lo que todavía era la colonia portuguesa de Timor Oriental. En 1999, EE UU impuso un embargo sobre la venta de armas a Indonesia, acusando al ejército indonesio de participar en los actos de violencia cometidos a raíz del voto masivo de la población timoresa –con una mayoría de cerca del 80 %– a favor de la separación de Indonesia. El embargo se levantó en 2005. El año siguiente tuvo lugar el primer Escudo Garuda.

De un año a otro, el Escudo Garuda adquiere una importancia creciente ante la exacerbación de la rivalidad entre China y EE UU. Indonesia ocupa una posición clave en las rutas comerciales que comunican los océanos Índico y Pacífico. A su vez, Yakarta reconoce por fin públicamente la amenaza que suponen las reivindicaciones chinas en el mar de China Meridional. Según el informativo digital Asia Times, con base en Hong Kong, Indonesia se aproxima a EE UU. A su vez, China ve en el Superescudo Garuda una amenaza para la región. Lo que está claro es que los participantes asiáticos en las maniobras marcan un arco que va de Japón a India, pasando por Indonesia, y se parecen mucho a un frente de contención de China.

Según el laboratorio de ideas australiano Lowy Institute, el 60 % de la población indonesia considera que su país debería unirse a otros para limitar la influencia de China en Asia. Sin embargo, en caso de guerra entre China y EE UU, el 84 % declara que su país debe permanecer neutro. No obstante, en un vídeo del SouthChina Morning Post, el experto indonesio en seguridad Yohanes Sulaiman considera que si aumentan las tensiones entre los dos países, Indonesia se alinearía más bien con EE UU, pues lo considera menos amenazante que China. La neutralidad tiene sus limites.

10/09/2022

Asialyst
Traducción: viento sur

Anda Djoehana Wiradikarta es enseñante e investigador en materia de gestión intercultural en el equipo Gestión y Sociedad.

/1 Garuda es el vahana o vehículo del dios Vishnu de la religión hindú.
/2 El US Marine Corps es un arma independiente de los demás ejércitos. Su comandante, un general
de cuatro estrellas, está equiparado con los jefes del ejército de tierra, de la marina y del ejército del
aire. Este cuerpo suele participar en las intervenciones militares estadounidenses en el extranjero y mantiene estrechas relaciones con el Departamento de Estado, cuyas embajadas están custodiadas por marines.
/3 Sobre el origen de la expresión Indo-Pacífico, véase este artículo de Diplomat.
/4 Unos 375.000 militares y civiles estadounidenses están agrupados bajo el United States Indo-
Pacific Command (USINDOPACOM), cuyo cuartel general se halla en Hawai. El
USINDOPACOM abarca un sector que va de la costa oeste de EE UU a la frontera occidental de

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Sábado, 25 Junio 2022 06:55

Una buena y otra mala

Una buena y otra mala

Ante las restricciones al sector energético impuestas por Estados Unidos y sus aliados desde que Rusia comenzó su campaña militar en Ucrania, las cuales se agravaron con el sexto paquete de sanciones de la Unión Europea que prohibió de inmediato la importación de dos terceras partes del petróleo ruso, y que antes de finalizar 2022 alcanzará hasta 90 por ciento del mismo, es una buena noticia para Moscú que haya podido redirigir sus ventas de petróleo hacia el mercado asiático, China e India en primer término.

Por lo pronto, en mayo Rusia se convirtió en el mayor proveedor de crudo a China, desbancando a Arabia Saudita, con casi 2 millones de barriles diarios o, dicho de otra forma, logrando un incremento récord de 55 por ciento comparado con el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con datos de la aduana china. En cuanto a India, también en mayo, la compra de petróleo ruso pasó de uno por ciento a 18 por ciento.

La expansión en los mercados asiáticos, junto con la subida de los precios internacionales del oro negro, hicieron que Rusia obtuviese en mayo, por exportaciones de petróleo, mil 700 millones de dólares más que en abril, según una estimación de la Agencia Internacional de Energía. El embargo al petróleo ruso establecido por EU y sus aliados, por ahora, no afecta mucho a Rusia y, en cambio, repercute negativamente en el precio de la gasolina en los países europeos.

La mala noticia para Moscú es que está ofreciendo su crudo con grandes descuentos que oscilan entre 20 y 33 por ciento por debajo del precio del mercado, un gesto que no pueden desaprovechar, sobre todo las petroleras chinas para llenar sus depósitos, mientras en la propia Rusia la gasolina dista de ser barata.

Rusia dejará de ingresar de la UE cerca de 10 mil millones de dólares al año y China teme que los excedentes adquiridos a proveedores rusos le causen más problemas con EU, que le sigue vendiendo crudo y sopesa prohibirlo, aparte de que el gigante asiático, cuando levante las restricciones por la pandemia del covid, requerirá un millón 600 mil barriles adicionales por día. A todo esto, en Rusia nadie quiere invertir para asimilar nuevos yacimientos que están en zona climáticas septentrionales adversas, en tanto ya se fueron los socios extranjeros y sus necesarias tecnologías.

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La funcionaria de Biden aseguró que la inflación es consecuencia de "la interrupción en el suministro de energía por la guerra en Ucrania y los bienes que llegan desde China, donde continúan los bloqueos relacionados con Covid"

La secretaria del Tesoro de Estados Unidos sostuvo que la economía estadounidense se va a desacelerar

La secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, afirmó este domingo, en Washington, que "es probable que los precios inaceptablemente altos se mantengan para los consumidores durante 2022", según reportó la agencia Bloomberg.

En declaraciones a la cadena ABC, Yellen sostuvo que "hemos tenido una alta inflación en lo que va del año, y eso asegura una mayor inflación para el resto del año. Espero que la economía se desacelere pero no creo que una recesión sea inevitable".

La inflación de EE.UU. se aceleró a 8,6 por ciento en mayo, un nuevo máximo en los últimos 40 años que indica que las presiones sobre los precios se están afianzando en la economía.

Esas cifras frustraron cualquier esperanza de que la inflación comenzara a disminuir, lo que llevó a la Reserva Federal (FED) a desatar su mayor aumento de la tasa de interés desde 1994.

Para Yellen, las razones detrás de la obstinada inflación son "globales, no locales", al tiempo que señaló como problemas importantes, "la interrupción en el suministro de energía por la guerra en Ucrania y los bienes que llegan desde China, donde continúan los bloqueos relacionados con Covid".

"Es poco probable que estos factores disminuyan de inmediato", dijo Yellen, al tiempo que anticipó que "vale la pena considerar una exención fiscal a la gasolina si puede ayudar a los consumidores a capear la inflación".

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Conflicto Rusia - Ucrania: Las otras guerras que crecen más allá del campo de batalla

Quién gana y quién pierde  con la guerra

Estados Unidos impide cualquier salida dipomática, convencido de que puede doblegar a la Rusia de Putin. En el medio, los ucranianos ponen millones de víctimas, Europa ve crecer la amenaza nuclear mientras se desangra su economía y el mundo se hunde en la peor crisis alimentaria y energética en décadas.

 

Dividido --pero no confrontado-- el orbe Occidental no llega a diseñar una solución para un conflicto cuyos contornos esbozan cada vez más la perspectiva de una guerra de extensa duración y una mayor crisis mundial en varios sectores, desde el alimenticio hasta el de los hidrocarburos. A su vez, tres meses después de haber invadido Ucrania, las tropas de Vladimir Putin no pudieron tomar el control de Kiev y de Kharkiv pero, en cambio, se apoderaron de la estratégica Mariupol y cercan ahora el Donbass sin que la “operación especial” lanzada por el mandatario ruso el 24 de febrero de 2022 haya alcanzado las metas fijadas en los tiempos marcados. 

La reinvención de Occidente

En estos 90 días, la guerra en Ucrania se ha ido reencarnando en otras que multiplicaron por 100 el impacto de este conflicto: crisis energética tanto europea como mundial, inflación, escasez de materias primas, tensión en el mercado mundial de alimentos, falta de fertilizantes y de granos, aumento del gasto militar, crisis humanitaria con los millones de desplazados que provocó la guerra, restauración de un injerto fuera de uso como la OTAN, readaptación de las alianzas estratégicas entre los polos de poder y reestructuración global del mercado de los suministros energéticos (gas y petróleo) han sido las consecuencias de una guerra que tiene fecha de inicio pero no un guion final. 

Hasta hoy, no ha habido ni victoria militar contundente ni acción diplomática decisiva capaz de cambiar el rumbo de la guerra. Más bien, vista desde Europa, la guerra dio lugar no al quiebre del eje occidental sino, todo lo contrario, a su refuerzo y, en su seno, a la revitalización de la posición y el poder de Estados Unidos. A pesar de las intensas divergencias que los atraviesan y del intento de Estados Unidos de servirse de esta guerra y de Europa como títere de su disputa imperial con Moscú, el conflicto en Ucrania acercó más de lo que fracturó a los occidentales. El politólogo Dominique Moïsi (Geopolítica de las series: O el triunfo global del miedo) resume la situación con una fórmula de una insolente exactitud: "a corto plazo, Vladimir Putin reinventó Occidente”.

Los cambios en la guerra

Como tal, la invasión de Ucrania cambió de blanco y de naturaleza cuando, el pasado 29 de marzo, el ministro ruso de Defensa, Sergueï Choïgou, reconoció que el “el objetivo principal de la operación especial era la liberación del Donbass”. Sin que hayan sufrido derrotas significativas, las tropas rusas se retiraron de los alrededores de la capital (Kiev) y reorientaron su estrategia hacia el Este de Ucrania en lo que fue la tercera fase de la guerra: la primera fue una ofensiva relámpago contra cinco puntos, entre ellos Kiev y otras capitales importantes, la segunda se desplegó a lo largo del mes de marzo con la intención de ganar el control de grandes ciudades del país y la tercera y última recuperó la dirección de la retórica de Vladimir Putin, es decir, poner término “al genocidio de los habitantes del Donbass”

Occidente, a su vez, también retocó su respuesta. Pasó de una sólida salva de sanciones de toda índole contra Moscú a convertirse en un actor periférico pero decisivo de la guerra a través de la entrega de armas pesadas a Kiev. Occidente es hoy una suerte de cobeligerante en las sombras. Se pasó de la llamada “ayuda defensiva” al respaldo ofensivo para apuntalar la capacidad del ejército ucraniano y estancar la ofensiva rusa en el Donbass. 

”Lo esencial era evitar que Ucrania se hunda”, reconoce Léo Péria-Peigné, un especialista de la estrategia militar, miembro del Instituto francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Obuses, misiles, tanques, helicópteros de combate, vehículos blindados, cañones Caesar, sistemas de defensa anti aéreos y otros dispositivos ofensivos de envergadura reemplazaron al carburante y las municiones suministradas al principio de la guerra. Aquí, los intereses que estaban ya en juego divergieron desde el inicio entre la postura europea de “frenar la ofensiva” para negociar luego con el mandatario ruso y la posición norteamericana que consiste en “ganar la guerra” (reunión de los aliados en la base militar de Ramstein, Alemania, el pasado 26 de abril). 

El compromiso de Occidente se cifra aquí en miles de millones de dólares: entre febrero y principios de abril, Estados Unidos suministró un total de 4 mil millones de dólares en ayudas. Entre mediados de abril y finales de mayo la suma se elevó a más de 50 mil millones de dólares. La Unión Europa entregó más de tres mil millones de dólares en ayuda militar sacados del “Fondo Europeo para la paz”. La suma, no obstante, es más importante porque muchos Estados suministran armas de forma directa sin declararlas a los fondos europeos. Más de 20 países participan de una u otra forma en el respaldo militar a Ucrania para un total, hasta hoy, de 60 mil millones de dólares en ayudas diversas, incluidos los 40 mil millones de dólares que la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de mayo y que se repartirán entre ayuda militar, ayuda humanitaria y material civil.

Tecnología del Pentágono

Mientras los europeos ni siquiera han concertado una posición coherente sobre el embargo de los hidrocarburos rusos, el volumen de dinero movilizado por Washington revela la ambición de la estrategia que la administración de Joe Biden está implementando: hacer de esta guerra una suerte de conflicto interpósito a través del cual, sin poner en juego la vida de un solo soldado, vencer al otro imperio. 

Detrás de las ayudas formales hay, de hecho, otra guerra secreta tanto o más decisiva que la que se ve. Todas las capitales de Europa lo reconocen: gracias a sus capacidades tecnológicas y a sus avanzadísimos sistemas informáticos el Pentágono desempeñó un papel central en las respuestas militares de Ucrania. El hundimiento del buque lanzamisiles ruso, El Movska, a mediados de abril en aguas del Mar Negro nunca hubiese sido posible sin “la información del Pentágono”. 

Según una información revelada por el New York Times a principios de mayo, el espionaje estadounidense permitió a Ucrania localizar y matar a una docena de generales rusos. ”Ayudar a Ucrania a defenderse” sigue siendo la bandera retórica de Washington. Esta, sin embargo, se mezcla con posicionamientos más sinceros como el que expresó a finales de marzo el Secretario de Defensa de Joe Biden, Lloyd Austin, para quien el objetivo, en adelante, consiste en “ver a Rusia tan debilitada que ya no pueda más hacer cosas como las que hizo al invadir Ucrania”. 

El pasado 28 de abril, ante el Congreso, Joe Biden dijo: ” invertir en la libertad y la seguridad de Ucrania es pagar un precio muy bajo para castigar la agresión rusa y disminuir el riesgo de conflictos futuros”. Pocos días después, en Alabama, Biden ponía la guerra en Ucrania bajo una óptica mucho más amplia: «hay en este momento una guerra entre la autocracia y la democracia”.

¿Salida diplomática?

Washington no evoca nunca una salida diplomática, los europeos aún creen que es posible, incluso cuando admiten que la guerra será forzosamente extensa hasta que se plasme o se visualice una estabilización. Este sábado, durante el diálogo telefónico que mantuvieron durante 80 minutos con Vladimir Putin, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán Olaf Scholz, le pidieron al mandatario ruso que acepte “lo más pronto que se pueda” una conversación directa” con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con la meta de pactar un alto el fuego. 

Macron y Scholz puntualizaron sin ambigüedad la posición europea cuando insistieron en que "toda solución a la guerra debe ser negociada entre Moscú y Kiev y debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania" (comunicado del Palacio del Elíseo). A su vez, el Kremlin aseguró en su comunicado que Putin resaltó que las negociaciones “están paralizadas por culpa de Kiev” al tiempo que le exigió a Europa y Estados Unidos que cesaran el suministro de armas a Ucrania porque ello “torna inestable la situación”. 

Las otras guerras

Los tres jefes de Estado evocaron también una de las temáticas que tensan la situación más allá de sus propias fronteras, es decir, la crisis alimentaria mundial derivada de esta guerra. Putin exigió el levantamiento de las sanciones occidentales para que Rusia pueda así “aumentar” el suministro de “fertilizantes y productos agrícolas rusos” y, por consiguiente, ”bajar la tensión en el mercado mundial de alimentos”. 

Según los comunicados cruzados, Moscú accedió al pedido de Macron y el canciller alemán para que se levante el bloqueo de la ciudad portuaria de Odessa, en el mar Negro, y liberar así la exportación de cereales. París indicó que Vladimir Putin prometió abrir el puerto siempre y cuando Ucrania retire las minas que colocó. 

El tema no es menor ya que, según cifras de las Naciones Unidas (la FAO), Rusia y Ucrania concentran más de un tercio de las exportaciones mundiales de cereales (19% de la cebada, 14 % del trigo y 4 % del maíz) mientras que Rusia es el primer exportador mundial de fertilizantes nitrogenados. 

Alimentos e hidrocarburos son el otro resorte ardiente de la guerra. Tres meses después de haber comenzado el conflicto y pese a las amenazas y proyectos, Europa aún no encontró la formula interna para decretar un embargo total de los hidrocarburos rusos. Más aún, las empresas energéticas de Europa se sumieron a la voluntad de Moscú. Los clientes de Gazprom juegan en la cuerda floja para, al mismo tiempo, mantener abiertas las importaciones de gas y petróleo ruso sin pasarse por encima las sanciones de la Unión Europea. 

El movimiento es pendular: Europa prohíbe aportar fondos (euros o dólares) al banco central de Rusia y Moscú obliga a sus clientes energéticos a pagar en rublos. Los importadores de gas han logrado pasar por encima de las sanciones… gracias a una medida de la misma Unión Europea, la cual acepta que se abra una cuenta en rublos.

Ganadores y perdedores

¿Tres meses después quién perdió y quién ganó? Perdió Ucrania, los 6 millones de refugiados, los 9 millones de desplazados internos, las decenas de miles de muertos de cada lado y, también, perdió Europa. Está bajo la amenaza nuclear de Rusia, ante la perspectiva de una drástica falta de hidrocarburos para sus industrias y el invierno, presionada por una fuerte inflación y con una alianza militar, la OTAN, renacida de las cenizas gracias al mismísimo Vladimir Putin. 

En 2017, el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo que la OTAN era algo “obsoleto”. Algunos meses después, Emmanuel Macron dijo que la OTAN se encontraba en un estado de “muerte cerebral”. A lo largo de estos años, la Alianza Atlántica fue un mamarracho sin dirección ni coherencia. Putin le devolvió su misión perdida: ser el muro ante la amenaza rusa. 

Peor aún, el refuerzo de la legitimidad de la OTAN como consecuencia de la guerra en Ucrania, el ingreso impensable de países como Suecia y Finlandia, aplazó al infinito el siempre truncado proyecto de una “defensa común europea”. La UE depende más que nunca de Estados Unidos, tanto para su defensa a través de la OTAN como para el suministro de hidrocarburos. 

François Heisbourg, miembro de la Fundación para la investigación estratégica y autor de excelentes libros de geopolítica, resalta la paradoja de un Occidente que se vio proyectado a otra dimensión por “una potencia (Rusia) dinámica y muy insatisfecha con el orden del mundo”. Quien sabe cómo será en el futuro ese orden. Por el momento es el que están diseñando Washington y Moscú con una víctima cercana entre las cuerdas: Europa.

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El presidente chino Xi Jinping recibe a Vladimir Putin.-/Kremlin/dpa

 

"China está preparando una sorpresa estratégica" aprovechando la inacción de la OTAN ante la "agresión rusa a Ucrania" para ocupar la isla de Taiwán, asegura el coordinador del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU para la región del Indo-Pacífico Kurt Campbell. La verdad es la primera víctima de las guerras, y China no necesita ocupar un territorio que la mayoría de los estados del mundo consideran suyo. Lo que no dice Cample es que en el mes de enero EEUU envió al poderoso submarino Nevada, equipado con misiles Trident de propulsión nuclear, a la base de Guam como parte de su estrategia de cercar y provocar a China. El 26 de febrero, en medio de la crisis de Ucrania, Pekín denunció a Washington por el paso del destructor de misiles guiados USS Ralph Johnson por el Estrecho de Taiwán, y eso sin olvidar que, en  septiembre pasado, EEUU formó con el Reino Unido y Australia la alianza estratégica Aukus para instalar submarinos nucleares a la región Indo-Pacífico. ¿Y esperan que China no apoye a Rusia, estando amenazados ambos por la OTAN?

Desde el gobierno de Barak Obama la prioridad de EEUU ha sido la contención de su principal rival, China, que no de Rusia. La imposibilidad de emprender una batalla simultánea contra ambas potencias y la necesidad de tener a Europa Occidental de su lado (sobre todo a Alemania) ha sido uno de los motivos por los que Biden levantó su boicot sobre el gaseoducto Nord Stream 2. Que, de repente, la OTAN, o sea, el Pentágono, plantease la integración de Ucrania a la alianza militar provocando la ira de Rusia -asestando de paso un golpe al presidente de EEUU- demuestra el poder del lobby antirruso en EEUU y Europa obsesionado por el desmantelamiento de la Federación Rusa. Debilitar a Rusia y romper la asociación estratégica que tiene con China forman parte de la política contra el nuevo "eje del mal" inventado por EEUU, en cuyo centro ha colocado la figura demonizada del presidente Putin para que nadie se acuerde de sus crímenes (todos impunes) en Yugoslavia, Irak, Afganistán, Gaza, Yemen, Siria, Libia, Sudán, entre otros.

EEUU lanzaría la III Guerra Mundial si China llegase a enviar tropas a Taiwán -convertido en el anillo del sistema de alianzas del poder de EEUU en el Pacífico-, mientras deja que los europeos se desgasten en someter a Rusia desde Ucrania. El Pentágono planea reconstruir el Comando de Defensa de EEUU en Taiwán, que se disolvió en 1979 cuando Washington reconoció la República Popular China para luchar juntos contra la Unión Soviética y de paso poder acceder a su gran mercado.

Entre el 4 y el 24 de febrero

Durante su encuentro en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de China, el presidente Xi expresó su apoyo a Rusia y su demanda de la desotanización de sus fronteras, sin condenar ni apoyar la declaración rusa de reconocer las dos repúblicas Donetsk y Lugansk. EEUU no le había dejado a Rusia otra opción, afirmaron los medios chinos, por:

-El intento de integrar a Ucrania en la OTAN

-El golpe de la extrema derecha en Ucrania en 2014, incitado por Washington.

-El incumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Kiev, y sus continuos ataques contra la población de Donbass.

- Ignorar las preocupaciones de Rusia acerca de su seguridad.

Por lo que China denunció la propaganda occidental de una "inminente invasión rusa" a Ucrania alegando la retirada del ejército ruso de la frontera con Ucrania, y eso a pesar de que el "reconocimiento" de la independencia de las dos regiones que pertenecen a otro país iba en contra de los "Cinco Principios" de la política exterior de China que aboga por el respeto mutuo por la soberanía; el derecho a la integridad territorial; no agresión mutua; no interferencia en los asuntos internos de otros e igualdad en las relaciones internacionales.

Si el día de mañana otras potencias anexionasen las regiones de estados soberanos, con cualquier argumento, la mayoría de los estados de Asia, África y América Latina, con decenas de grupos étnicos en su seno, se desintegrarían.

En las últimas décadas y tras convertirse en un peso pesado en la economía mundial, los herederos de Mao Zedong, aunque dan prioridad a los beneficios mutuos entre los estados, han mantenido su milenaria regla de lealtad como otro pilar de su diplomacia: no van a traicionar a sus amigos. Que los mandatarios de ambas potencias acordasen en su encuentro un "realineamiento del orden mundial" formalizando el eje Pekín-Moscú sin duda ha sido un punto de inflexión para EEUU y Bruselas: Se trata de la alianza del país más grande del mundo, con mayores recursos naturales y un poderoso ejército con una superpotencia económica que posee el segundo poder militar convencional del globo: la "pesadilla de EEUU", dijo Zbigniew Brezinski, el inventor del Yihadismo anticomunista en las fronteras de la Unión Soviética. Llamarles "potencias revisionistas" por EEUU es justo este terror que siente por el cambio en el orden mundial, pues además de cuestionar la hegemonía planetaria de Washington están introduciendo un nuevo modelo de cooperación entre las potencias, nada que ver con las relaciones de amo y los chicos de recado de EEUU y los países europeos. China, por ejemplo, ha tenido el tacto de reconstituir la Ruta de la Seda en una Asia central de influencia rusa a través de la Unión Económica Euroasiática liderada por Moscú, mientras EEUU roba a plena luz del día el contrato de submarinos franceses firmado con Australia, convirtiendo a Paris en un formidable "amigo resentido" del Tío Sam.

Por eso, el Sr. Xi, contrario a la "diplomacia de megafonía", mantuvo su apoyo al Sr. Putin en público sin dejar de insistir en la vía diplomática para resolver las discrepancias.

Sin embargo, la llamada "operación militar especial" de Rusia contra Kiev, iniciada el 24 de febrero, cogió por sorpresa a los líderes chinos, por lo que reflejan sus medios de comunicación. Lo cual representa una situación cualitativamente distinta para China, que destroza aquellos Cinco Principios. Beijín, además, debe explicar a la agitada opinión pública china, -que se expresa a través de las redes sociales-, de por qué sigue del lado del "agresor" ruso, país que en 1858 anexionó Vladivostok (Pinyin en chino), localidad que pertenecía a China desde 1689, y con el que tienen disputas territoriales en Siberia.

Aún se desconocen los motivos reales de Rusia para enviar a su ejército a otras regiones de Ucrania. Sabemos del propio Putin que Joe Biden le ofreció una moratoria a la petición de Ucrania de ingresar a la OTAN. ¿Por qué, entonces, el presidente ruso aumentó su lista de demandas pidiendo lo imposible: que la OTAN revirtiera el despliegue de sus tropas en los países exsocialistas de su entorno?

Que EEUU llegase a avisar con antelación de que no iba a intervenir militarmente en apoyo a Ucrania recuerda la trampa que tendió EEUU a Sadam Husein en 1991: Al igual que cuando atacó a Irán en 1980, Bagdad pidió permiso a Washington para castigar a Kuwait por robarle el petróleo haciendo pozos ilegales. EEUU respondió que no era asunto suyo, sino un conflicto interárabe y no intervendría, porque, además, no tenía tratado de defensa mutua con Kuwait. Luego, por arte de magia, apareció una coalición compuesta por medio millón de militares reunidos de 35 países "guardianes de paz y de los derechos humanos" para auxiliar un sultanato tiránico. Nadie preguntó por qué esos salvadores planetarios dejaban que los civiles palestinos, un día sí y otro también y desde hacía décadas, fuesen masacrados por Israel. El objetivo real de EEUU entonces era escenificar el Nuevo Orden Mundial justo el año que desaparecía la URSS.

Ahora la OTAN, que estaba en "la muerte cerebral", recibe sangre nueva (y seguramente más presupuesto sacado de los bolsillos vacíos de los trabajadores europeos), y se verá con la legitimidad que le otorga una opinión publica manipulada y desinformada ampliar aun más su esfera de influencia, e incluso provocar una guerra nuclear. Hasta hoy, las potencias mundiales libraban sus batallas en Oriente Próximo o África, bien lejos de sus fronteras. Ahora, Rusia ha cambiado la regla de juego: el mínimo daño que asesta a sus rivales y enemigos en el continente será enviar a millones de refugiados ucranianos -las principales víctimas de otra maldita guerra- que tocarán las puertas de unos países europeos sumidos en la crisis económica y con unas fuerzas fascistas que acechan asaltar el poder, utilizando la xenofobia.

Modelo chino, modelo ruso

"Si tus fuerzas son inferiores en la guerra mantente apartado, y si no puedes, huye cuanto puedas", aconseja el estratega chino Sun Tzu, que algunos machos al igual que los suicidas lo considerarían "cobardía", que no dar un paso atrás para dar dos adelante. El método chino para conseguir su objetivo de convertirse de una superpotencia respetada ha sido el progreso económico y social internos (compárenlo con la India), convirtiéndose en la fábrica del mundo. Ha conseguido (¡hasta hoy!) desafiar la hegemonía de EEUU sin disparar una sola bala. Mientras, la Rusia capitalista que durante dos décadas aplicó el neoliberalismo y criticaba el "modelo económico chino", se quedó como potencia mediana a pesar de sus inmensos recursos naturales, su historia y su potencial, manteniéndose a base de la renta de hidrocarburo y la venta de armas. La mentalidad y la ideología de los dirigentes del Kremlin no son la misma que la de los líderes chinos, país que obviamente tiene la capacidad de "ocupar" Taiwán y si no lo hace no es solo para impedir una guerra mundial sino también porque con la política actual que desarrolla ha conseguido ampliar su esfera de influencia por todo el globo terrestre.

La nostalgia de Putin por la grandeza territorial del imperio ruso es incomprensible: llegó a criticar a Lenin por reconocer la independencia de Finlandia, sin tener en cuenta que los bolcheviques - en medio de la Primera Guerra Mundial y una brutal devastación de Rusia-, no tuvieron otro remedio que firmar la Paz de Brest-Litovsk y renunciar a Finlandia. ¿Se imaginan que los persas reclamasen sus antiguos dominios, que hace 2500 años incluían el 40% de la población mundial? Por cierto, Irán tuvo que ceder a Rusia en la guerra de 1804–13 sus territorios en el Cáucaso Sur, que incluía a Daguestán, Georgia, Azerbaiyán y Armenia. Los imperios se achican, y aun así el poderío de un país no depende de su extensión: comparen Alemania con Argelia, por ejemplo.

La alianza chino-rusa es más que realpolitik

Hasta la fecha, el presidente Xi se ha reunido hasta 35 veces con V. Putin, su "mejor amigo". Si bien es cierto que cualquier conflicto prolongado que desgaste a EEUU y le aleje de las fronteras chinas y de la región del Indo-Pacífico, en principio, beneficiaria a Beijín. Sin embargo, todas las operaciones de EEUU, en cualquier punto del planeta (Libia, Afganistán, Sudan, Irán, Yemen, etc.), tienen como objetivo final a China: entre los días 7 al 13 de febrero, en medio de la crisis de Ucrania, el Secretario de Estado de los EEUU, Anthony Blinken visitó la región de Asia-Pacífico para organizar más enemistad contra una nación pacífica que vive de su duro trabajo, sacando de la extrema pobreza a 800 millones de personas en menos de 30 años, algo que según la ONUno ha tenido precedente en la historia de la humanidad. La Ley del Presupuesto de Defensa de EEUU incluye una cláusula especial para la Disuasión del Pacífico que proporciona 27.000 millones de dólares para luchar contra China: EEUU es un "tigre de papel" muy peligroso.

China, hoy, no va a dañar sus relaciones con Rusia, su principal aliado a nivel global, con el que ha unido su suerte en una multitud de tratados y organizaciones de cooperación. En 2014, Pekín se abstuvo a condenar a Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU por el asunto de Crimea, pero tampoco ha reconocido su integración en el territorio ruso: habilidad del modelo chino.

Las actuales sanciones impuestas por occidente a Rusia tendrán efectos nefastos para China, tanto por sus relaciones bilaterales como por agravar la crisis económica mundial: los precios de energía y de cereales (de los que Rusia y Ucrania son grandes exportadores) ya se han disparado, condenando a más millones de trabajadores del mundo a vivir en pobreza y miseria.

China intentará minimizar los daños que ya está recibiendo su aliado, creando nuevas marcas de empresa que trabajen exclusivamente con Rusia, por ejemplo, proporcionando sistemas de pago alternativos, o préstamos para bancos y empresas, suministrando biotecnología, la tecnología 5G, o la inteligencia artificial, aumentando sus inversiones en sectores energéticas, la infraestructura, aviación, y sobre todo aumentando sus compras de petróleo y gas rusos.

Las dos potencias también podrán activar el componente militar de la Organización de Cooperación de Shanghái: En enero pasado, los buques rusos realizaron varios ejercicios navales: el "Mar pacífico-2022" en las aguas del mar Arábigo con China; el PASSEX con India, y el CHIRU-2022 con China e Irán. A todo ello, se añade que podrán dejar de cooperar con Occidente en la cuestión nuclear de Irán y de Corea del Norte.

La situación cambia por momentos y en diferentes escenarios, aunque la tendencia general es la misma: se intensifican la lucha entre las potencias por los recursos y por salvar su propia existencia.

2 marzo 2022

Publicado enInternacional
Sábado, 05 Septiembre 2020 06:04

El retador

El retador

La creciente presencia china en América Latina

 

Mientras desplaza a Estados Unidos como la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial, China incursiona también en su “patio trasero”. No sólo se ha encumbrado como primer comprador de buena parte de los países latinoamericanos, sino que además ofrece a la región sendos acuerdos en sectores de alto valor agregado. Todo esto, mientras hace gala de un pragmatismo desconocido para su rival.

¡Sonreí, te están filmando! Si estás leyendo este artículo en algún lugar público de Montevideo, mirá a tus alrededores, pues es altamente probable que una cámara de seguridad te esté grabando. En 2008 el Ministerio del Interior uruguayo firmó un acuerdo por 12 millones de dólares con ZTE, una sociedad china de tecnología, para dotar el país de un plan de seguridad basado en infraestructuras de transmisión de datos, tecnología VoIP, cámaras en los centros públicos de la capital (el estadio Centenario, el Centro, los parques, entre otros) y los centros de detención en Canelones y Maldonado, y un sistema de reconocimiento facial en los puntos de migración. Otros acuerdos similares entre Montevideo y Beijing han sido firmados en los últimos años.

El caso uruguayo es apenas una parte de la iniciativa china de construir smart cities (ciudades inteligentes), «estrategias de planificación urbanística relacionadas con la innovación y las tecnologías de la comunicación para mejorar la vida de los ciudadanos», de acuerdo con Simone Pieranni, periodista de Il Manifesto y autor del libro  Red Mirror. Il nostro futuro si scrive in Cina (Laterza, 2020). «China se afirmó como uno de los proveedores mundiales de proyectos de smart cities», explicó a Brecha Pieranni, quien en 2019 visitó Terminus, una empresa china que vende soluciones para ciudades y edificios residenciales y que ya realizó 6.891 proyectos de smart cities en China, involucrando a una población de 8 millones de personas.

Terminus promete construir ciudades inteligentes con «carreteras residenciales bordeadas de una exuberante vegetación, donde las gotas del rocío se deslizan desde las hojas más altas de los árboles hasta los tejados cargados de paneles solares, y luego hasta su lugar de descanso final en la hierba», contó Pieranni. «Hay un latido del corazón, no sólo en la naturaleza circundante, sino también en las estructuras mismas. Cuando la luz del sol llega a las casas, las ventanas de los dormitorios ajustan su opacidad para permitir que la luz natural despierte a los residentes adormilados. Una vez que la luz ha llenado la habitación, un ama de casa virtual llamada Titán selecciona tu desayuno, combina tu atuendo con el clima y presenta un itinerario completo para tu día utilizando una solución de transporte inteligente. Después del desayuno, subís a tu vehículo inteligente y totalmente automatizado y comenzás tu viaje interurbano a la ciudad explorando las noticias del mercado global, ¡recomendadas por un algoritmo, por supuesto!», añadió. Pero sospecha de este mundo eficiente y sustentable: «¿Quién podrá pagar para vivir en estas ciudades? La sustentabilidad ambiental de las smart cities se alimenta de la explotación de los recursos naturales, como el litio y el cobalto para las baterías, que dejan una gran huella ambiental. Una minoría vivirá en ciudades sustentables; la gran mayoría, en lugares contaminados».

Lo cierto es que el dragón ya no es la fábrica global de copias de mala calidad. En la actualidad es el país que crea el marco tecnológico en el cual los demás tienen que conformarse. ¿Un ejemplo? En China, la aplicación Wechat, que permite hacer cualquier transacción sin usar efectivo, registró 1.200 millones de transacciones diarias en 2018.  Mark Zuckenberg, fundador de Facebook y estudiante de mandarín, observa de cerca el modelo de Wechat y en junio lanzó en Brasil un experimento para transferir plata por Whatsapp, una aplicación de su propiedad.

DE LA TIERRA A LA LUNA

Este ascenso chino a la vanguardia del desarrollo tecnológico mundial ha ido en detrimento de quien hasta ahora ocupaba ese rol: Estados Unidos. Y esa rivalidad no parece desenvolverse de un modo muy pacífico. Según la periodista y sinóloga de la Universidad de Venecia Giada Messetti: «En los próximos diez o 15 años se crearán dos sistemas de Internet, uno guiado por los estadounidenses y otro, por los chinos». La disputa entre China y Estados Unidos por acaparar Internet registró un nuevo capítulo el 6 de agosto, con el decreto del presidente Donald Trump que obliga a la empresa de tecnología Bytedance a vender sus acciones de la red social Tiktok en Estados Unidos, por razones, según Washington, «de seguridad nacional». Pero la gran batalla del momento es la del 5G (véase «Bajo los ojos del dragón», Brecha 26-VI-20). La avanzada china –a través de Huawei, principalmente– tiene uno de sus frentes en el mercado de usuarios de celulares de América Latina. La pregunta abierta es: ¿qué harán los gobiernos de esta región?

La presencia china en América Latina se ha fortalecido durante las últimas décadas, principalmente a través del comercio de materias primas y manufacturas. Beijing es un socio comercial de primer nivel desde hace años: ha derrocado a Europa y ha alcanzado a Estados Unidos. Si en 1998 las exportaciones chinas a América Latina representaban sólo el 3,7 por ciento de las de Estados Unidos, en 2018 pasaron a representar el 59,1 por ciento (Banco Mundial, 2020). Estos datos toman en cuenta a México, a cuya economía –organizada en torno al mercado estadounidense– Washington no tiene la menor intención de dejar escapar, como lo demuestra la cláusula contenida en el T-MEC que implica que si uno de los Estados socios firma un acuerdo comercial con un país «sin economía de mercado» –léase China–, los otros dos miembros pueden abandonar el tratado. Si nos fijamos únicamente en la balanza comercial al sur del Canal de Panamá, el bote ya se inclina a favor de Beijing: en 2018 China comerciaba con América del Sur por más de 200.000 millones de dólares y superaba a Estados Unidos. La región es la respuesta a la demanda de materias primas chinas: soja de Brasil, Argentina y Uruguay; litio y cobre de Chile; petróleo de Venezuela y Ecuador.

Pero en los últimos años el comercio sino-latinoamericano se ha extendido más allá de los productos básicos y ha incluido de forma creciente los sectores de alto valor agregado. Acuerdos de cooperación en el ámbito tecnológico y científico han permitido a Bolivia, Ecuador y Venezuela lanzar satélites espaciales y han estimulado la investigación astronómica de Chile gracias a proyectos financiados por el Centro  Sudamericano para la  Astronomía de la Academia de Ciencias de China. Hablando de estrellas, cabe mencionar la estación espacial china en Neuquén, en la Patagonia argentina, un pied-à-terre del Ejército chino en el hemisferio austral, que ha contribuido a la exploración del lado más lejano de la luna y al desarrollo de Beidou, la alternativa made in China al GPS, presentada internacionalmente a comienzos de agosto. En muchas capitales de la región –Montevideo, Santiago de Chile, La Habana, San Pablo y Buenos Aires– ya circulan buses eléctricos fabricados con capitales chinos. El año pasado el consorcio APCA Transmetro, formado por dos empresas chinas, ganó la licitación pública para construir el largamente proyectado metro de Bogotá.

RELACIONES SUR-SUR

En 2003 cuatro países del sur global –Brasil, India, China y Sudáfrica– constituyeron, junto con Rusia, el grupo BRICS, con el fin proclamado de construir un mundo multipolar. El objetivo fue parcialmente logrado con el surgimiento del foro G20 y con nuevas instituciones financieras alternativas al Fondo Monetario Internacional, como el Nuevo Banco de Desarrollo. Fue en ese marco que se profundizó la relación entre dos miembros del grupo, China y Brasil. Durante el largo ciclo de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) (2003-2016), se buscó «construir un nuevo estatus internacional para Brasil, en el marco de las relaciones sur-sur y de una mayor autonomía de Washington», dijo a Brecha Daniel Cardoso, profesor de la Universidad Autónoma de Lisboa y experto en política exterior brasileña. «Se trató de un cambio estructural en la política exterior brasileña. [Luiz Inácio] Lula da Silva fue el primero en apostar por una relación estratégica con los países del sur del mundo durante la postdictadura», agregó.

En ese camino, Lula encontró en China un socio de primer nivel, con el que compartía un discurso en materia de política económica alternativo al neoliberal: para resultar ganadores en la globalización, ambos consideraban crucial la participación del Estado en la economía. Entre 2000 y 2011 el comercio bilateral sino-brasileño creció 3.200 por ciento y llegó a totalizar 78.000 millones de dólares en 2014. La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio, en 2001, se acompañó con una estrategia de la industria brasileña de aumento de sus exportaciones de minerales, combustibles y productos agrícolas a Beijing. En 2012 las relaciones políticas entre ambos países se elevaron al nivel de asociación estratégica global. Según nos explicó Cardoso, la relación se basó en la interdependencia de ambas economías (China es el primer socio comercial de Brasil), los objetivos compartidos (la reforma del esquema de gobernanza global) y los cambios en la estructura política internacional (la aparición del BRICS y su estrategia para un mundo multipolar).

La llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia cambió las prioridades de Brasil. China sigue siendo un socio imprescindible, sobre todo en cuanto al comercio y la inversión extranjera. En la campaña electoral de 2018, Bolsonaro atacó a China en varias ocasiones y llegó a afirmar que el gigante asiático compraba Brasil y no a Brasil. Una vez elegido presidente, el excapitán tuvo, sin embargo, que moderar sus acusaciones de colonialismo. Pero, aunque la relación económica bilateral no está en discusión, se puede observar un efecto Bolsonaro en el ámbito político. El Brasil actual apuesta a acceder al grupo de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –el club de los países más desarrollados– y reorientar su política exterior hacia Washington. Al menos formalmente, Bolsonaro cuida la relación con el BRICS. Sin embargo, «las discusiones en la última cumbre fueron más superficiales, especialmente en temas de seguridad, por temor a que Brasil filtre información sensible de Estados Unidos. Estas señales de desconfianza amenazan la fuerza del BRICS como actor político. Bolsonaro tiene una relación con Beijing que no es política, sino económica. Ya no hay estrategias compartidas, como en la época del PT», concluyó Cardoso.

CRÉDITO Y TECNOLOGÍA POR PETRÓLEO

En Venezuela, China juega un papel protagónico y toca un nervio sensible de Estados Unidos, cuyos intentos de derrocar a Nicolás Maduro se han estancado. Beijing apoya al gobierno en funciones, pero lo hace desde una posición pragmática más que ideológica. Las relaciones sino-venezolanas se basan en un elemento fundamental: el petróleo. El vínculo se consolidó durante las presidencias de Hugo Chávez (1999-2013), cuando Venezuela fue el primer país de la región en suscribir un pacto estratégico de desarrollo con Beijing. En 2001, para celebrar la firma del pacto en el Palacio de Miraflores, el presidente chino, Jiang Zemin, y Chávez cantaron, junto con Julio Iglesias, el bolero «Solamente una vez». La inversión china en Venezuela –la más alta de la región– se caracteriza por el crecimiento de su mano de obra en ese país: en 2013 había 400 mil chinos en Venezuela. La cooperación entre ZTE y empresas venezolanas permitió la creación, en 2009, de Vergatario, el primer teléfono celular desarrollado en el país caribeño y, en 2016, la del llamado carnet de la patria, un documento tecnológico de identidad que permite acceder a servicios públicos y ayudas del Estado, al tiempo que abastece una base de datos nacional.

El desarrollo del carnet venezolano estuvo inspirado en el más complejo y ambicioso sistema de puntuación social con el que China experimenta desde 2018, que apunta a establecer un registro digital unificado de todos sus ciudadanos, lo que le permite al gobierno hacerles un seguimiento en tiempo real y evaluarlos de acuerdo a su «confiabilidad». El sistema, aún en la etapa de prueba, ha sido criticado por Human Rights Watch y varios gobiernos occidentales. También en una línea crítica, Giorgio Cuscito, editor de la revista italiana de geopolítica Limes, afirmó que, a través de acuerdos como los firmados por ZTE con Venezuela, Beijing busca testear su tecnología de monitoreo de la población más allá de sus fronteras nacionales (Limes, 16-IV-19).

En 2007, en tanto, nació el fondo conjunto China-Venezuela, basado en la emisión de crédito a cambio de petróleo y construcción de infraestructura. Por ese medio Venezuela recibió 67.200 millones de dólares. Hasta el momento, sólo ha devuelto la mitad, lo que explica la preocupación de Beijing por la inestabilidad venezolana, que podría volverse una trampa crediticia. China también ha garantizado cuantiosos préstamos a otros países de la región, que han superado los del Banco Mundial y los del Banco Interamericano de Desarrollo, a menudo reembolsados con materias primas, como en el caso de Ecuador y sus envíos de petróleo al dragón.

PARANOIA VS. PRAGMATISMO

En el largo plazo, la posición china en Venezuela puede contrapesar los intereses de Estados Unidos en Asia, así que las relaciones con Caracas tienen un valor no solamente económico, sino también geopolítico en el juego de ajedrez entre Washington y Beijing. El caso muestra, además, las diferencias entre China y Estados Unidos en su relacionamiento con América Latina. Según la doctrina Monroe, América Latina es el patio trasero de Washington, una zona de influencia exclusiva donde no se acepta la interferencia de otras potencias globales. Esto se ha traducido históricamente en una postura paranoica con respecto a la región, una fuente constante de preocupación, por la que se han justificado intervenciones directas –como las decenas de invasiones a México, Centroamérica y el Caribe–, embargos, planes de desestabilización y apoyo a golpes de Estado, y esquemas represivos –como el Plan Cóndor–. En los últimos tiempos, sin embargo, Estados Unidos no ha tenido una agenda política clara y específica para la región. El último intento, la apertura de Barack Obama a Cuba, fue bloqueado por Trump.

China, en cambio, tiene una postura mucho más pragmática con respecto a América Latina: se relaciona con comodidad tanto con el gobierno bolivariano de Caracas como con el neoliberal chileno. No se entromete en asuntos de política interna. Sin embargo, también busca el consenso popular. Así como Hollywood sirvió para difundir los mitos estadounidenses durante la Guerra Fría, el soft power chino quiere usar el fútbol para presentar una imagen positiva del país en el mundo. Mientras a clubes de Europa –como el Inter de Milán y el Atlético de Madrid– llegan nuevos propietarios chinos, en las camisetas de la selección de Panamá, Alianza Lima y Club América se destaca el logo de Huawei. China tiene como principal objetivo en este terreno celebrar el Mundial 2030, el del centenario, en el celeste imperio.

Por Federico Nastasi

4 septiembre, 2020

Publicado enEconomía
Miércoles, 25 Marzo 2020 06:11

A las puertas de un nuevo orden mundial

A las puertas de un nuevo orden mundial

El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población.

 

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global.

En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.

La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.

Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso sus más cercanos aliados.

La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las instituciones comunes.

La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense, ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad para superar esta adversidad.

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía tecnológica

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”. 

De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la entonces superpotencia.

El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras que vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las personas LGBTI.

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.

El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.

La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.

El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización.

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades de cultivar alimentos.

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

25 mar 2020 06

Publicado enSociedad
China tiene hoy la infraestructura impulsada por la ruta de la seda y financiada con el dinero de sus reservas, las máximas del planeta

 

China publicó un documento blanco sobre su Política en el Ártico, donde elabora su visión de la ruta de seda polar, adicional a sus dos otras rutas de la seda –la continental euroasiática (que la conecta con Europa) y la marítima (que la vincula con el sudeste asiático y el este de África)–, que redefinen la geoeconomía por el restante del siglo XXI y conceden una gran delantera conceptual y operativa a los estrategas de Pekín (https://goo.gl/wLhGrJ).

China desearía entender (sic), proteger, desarrollar y participar en la gobernabilidad del Ártico.

En la fase del egoísta trumpismosolipsista, China no niega que proseguirá sus propios intereses, pero tomará en cuenta los intereses de los otros países.

Según el documento blanco, los territorios del Ártico cubren un área de 8 millones de kilómetros cuadrados (nota: cuatro veces el tamaño de México), cuya soberanía pertenece a Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y EU, mientras que el océano (sic) Ártico tiene un área de más de 12 millones de kilómetros cuadrados (nota: seis veces México), en el que las costas y otros (sic) países comparten derechos marítimos e intereses de acuerdo a las leyes internacionales.

Las empresas chinas son estimuladas a participar en el desarrollo de infraestructura de las rutas de transporte del Ártico, con énfasis en la navegación segura.

China no soslaya el desarrollo de los recursos de petróleo, gas, minerales y otras energías no fósiles, así como la pesca y turismo junto con los países del Ártico con respeto a las tradiciones y culturas de los residentes que incluyen a los pueblos indígenas conservando el ambiente natural y promoviendo la investigación científica bajo una gobernación cooperativa de ganar-ganar.

¿Dejarán EU y GB prosperar la ruta de la seda polar?

El portal Russia Today otorga la importancia que merece la ruta polar de la seda y los grandes planes·de China (https://goo.gl/RhgC4M) donde no demuestra ninguna amargura como la que exhibe el rotativo globalista británico Financial Times (FT, 26/1/18) que expone las crecientes ambiciones geopolíticas de China en el Ártico, región rica en materias primas.

La ruta polar china, en complementariedad con Rusia, esquiva los planes balcanizadores de la dupla decadente anglosajona de EU y GB.

FT abulta con notorio disgusto la lenta carrera (sic) para el control de la región cuando el cambio climático permite la expansión de rutas de transporte marítimo en la cúspide del mundo.

China aprovecha que el cambio climático haya acelerado el deshielo de la capa polar en el Ártico en la ruta del mar norteño arriba de Rusia.

Lo más destacado radica en que China no sea un país polar al carecer de fronteras con el Ártico. Para eso sirven las acrobacias lingüísticas de corte geopolítico cuando China expresa en forma simpática que es un país casi-Ártico.

¿Se referirá a que se encuentra cerca del Ártico?

¿O que dispone de un tácito acuerdo complementario con Rusia, la mayor frontera del Ártico?

¿O que se trata de su vital oxigenación norteña cuando EU coloca todas las trabas en los disputados Mar del Este de China y Mar del Sur de China para su salida sureña al océano Índico –sin contar el punto de estrangulamiento (choke-point) anglosajón en el estrecho de Málaca?

Hace un poco más de un mes expuse que Rusia y China, van juntos a la conquista del Ártico (https://goo.gl/tD4KRm).

No se puede entender que China súbitamente sea una país casi-Árticosin la bendición geoestratégica de Rusia.

Ya había referido que Rusia y China, con su colaboración energética, han dejado atrás a EU por el control y explotación integrales del Ártico.

No se puede soslayar que uno de los vectores geoestratégicos de Rusia es justamente “la consolidación de su dominio costero a lo largo del polo Ártico (https://goo.gl/hi3QfC): la región más cercana para contrarrestar un ataque nuclear de EU que todavía aplica con Trump, y desde Nixon/Kissinger, la teoría del loco” (https://goo.gl/6tejM5).

Sea lo que fuere, China pertenece –a nivel de observador–, con otros 12 países, al intergubernamental Consejo del Ártico.

Mientras los hoy decadentes imperios anglosajones GB y EU se extraviaron en el jueguito que inventaron de la especulación financierista, China hoy tiene en sus manos la carta vencedora: la infraestructura, impulsada por la ruta de la seda (https://goo.gl/WxjVLs) y financiada con el dinero sonante de sus reservas, las máximas del planeta.

Mientras China construye, las dos todavía reinas anglosajonas de los mares destruyen lo ajeno mediante sus esquemas balcanizadores.

Para China las rutas de transporte terrestre y marítimo son vitales para su expansión comercial: sea en Eurasia, sea en el océano Índico, sea ahora en Ártico.

A juicio del FT, el documento blanco sobre el Ártico como última frontera para la exploración exhibe su deseo de convertirse en un jugador significativo en el Ártico, lo cual afloró con el mandarín Xi durante una visita a Australia en 2014 cuando definió a China como una potencia (sic) de la región polar.

FT rumia el truismo –que abordé hace 10 años aquí (https://goo.gl/9CFJ4)–, de que la ruta del mar norteño encima de Rusia ofrece una ruta más rápida de los 48 días que toma embarcar la ruta mas común del norte de China a Roterdam a través del Canal de Suez. El año pasado un tankerruso viajó de Noruega a Sudcorea sin un rompehielos en 19 días.

La otrora necesidad de escoltas de rompehielos ha limitado el potencial comercial de la ruta del mar norteño.

FT, especialista en amarrar navajas, afirma que China ha mejorado sus relaciones con las países escandinavos cuyas ambiciones en el Ártico la confrontan con las de Canadá, Dinamarca y Rusia (¡super-sic!), por lo que China busca dar acceso en los países escandinavos a sus submarinos militares, desde sus bases navales en el Ártico.

Según FT, China tiene en la mira a Groenlandia, pletórico en materias primas, que pasa por una transición para alejarse del dominio danés.

El año pasado un barco de investigación chino “completó su primer tránsito del pasaje Norteño al norte de Canadá que fue celebrado como la apertura de una nueva ruta marítima para China.

Cabe la pena rememorar que entre los cuatro ases que proclama Joseph Nye que posee EU para vencer a China se encuentra en primer término La Geografía: China “tiene fronteras con 14 países y tiene disputas territoriales con India, Japón, Vietnam que pone límites a su poder blando (soft-power)”. Lo cual refuté: se trata de la suprema carta de EU que asfixia a China en los mares y que Pekín contrarresta con la ruta de la seda, el océano Ártico y sus prodigiosos trenes bala. Es un as relativo y de doble filo cuando EU puede quedar aislado frente a la alianza euroasiática de Rusia y China (https://goo.gl/uogeQ7).

En la guerra comercial de Trump contra China, EU hará lo indecible para obstaculizar la salida a los mares calientes, tibios o gélidos de Pekín que busca dar la vuelta como potencia del Ártico polar con su deshielo. A diferencia de la muralla china iniciada en 221 aC, hoy es EU quien construye los muros.

 

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George Soros, empresario e inversor estadunidense, en imagen de abril pasado

 

La política exterior de Alemania se clarifica conforme se profundiza la rivalidad geoestratégica de Estados Unidos (EU) contra el binomio de Rusia y China, impugnados de competidores por la otrora unipolaridad decadente de EU, como manifestó el secretario del Pentágono, James Mad Dog Mattis (https://goo.gl/8zxvs7).

Hace un mes abordé que Alemania aceleraba su acercamiento con China y, quizá, en forma subrepticia con Rusia, con base en el trascendental discurso del ministro alemán de Relaciones Exteriores y vicecanciller, Sigmar Gabriel (SG), en el Foro de Política Exterior de la Fundación Körber, de Berlín, donde “exhortó alejarse de EU e iniciar una política de superpotencia para Alemania basada en sus intereses (https://goo.gl/7Lu6qE)”.

Europa ya sabe lo que le espera de parte de la anglósfera, especificamente de Gran Bretaña, que ha declarado la tercera guerra mundial a Alemania a lo largo de un poco más de un siglo, esta vez mediante su perfidia geoeconómica y de disrupción centrífuga: desde su Brexit (destinado a socavar las entrañas europeas) hasta la ominosa advertencia de balcanización que le procura el agente nortrasatlántico y megaespeculador israelí-húngaro-estadunidense George Soros (https://goo.gl/VpvScD).

En medio de las negociaciones para integrar un gobierno de coalición con mayor visión europea entre el partido de la Unión Democracia Cristiana de la canciller Angela Merkel y el Partido Socialdemócrata, en una entrevista con Der Spiegel, Sigmar Gabriel expuso que el vacío que deja EU en el mundo está siendo llenado por Rusia y China (https://goo.gl/xbCP5C).

Llama la atención la taxonomía tripolar del mundo entre EU/Rusia/China, por el encargado de la política exterior de Alemania, máxima potencia geoeconómica de Europa, prácticamente empatada con Rusia, pese a las asfixiantes sanciones de “Occidente ( whatever that means)”, según la medición del PIB por su poder adquisitivo, de la CIA.

Der Spiegel titula la entrevista con una pregunta alusiva: ¿Qué sucederá cuando EU se retire?

Se infiere que el retiro de EU se centra en Europa y en otros teatros de batalla, debido al mantra del nacionalismo supremacista económico de Trump: EU primero.

Como sinopsis de la entrevista, Der Spiegel subtitula que Sigmar Gabriel urge (sic) a Alemania mostrar mayor atención al futuro de la Unión Europea (UE): advierte que no existen vacíos en la política internacional y que cuando EU se retire, Rusia y China irrumpirán. Siempre emerge la medición tripolar geoestratégica de Gabriel.

De aquí a 10 años, a juicio de Sigmar Gabriel, la política alemana será parte de una política exterior europea, ya que aun un país poderoso como Alemania no tendrá una voz en el mundo si no es parte de una voz europea.

Mientras la saliente canciller Angela Merkel, acorralada por la extrema derecha en las recientes elecciones, se encontraba en cuarentena funcional, ha sido el presidente francés, Emmanuel Macron, a quien le correspondió llevar la voz europea desde Gran Bretaña hasta su asombroso periplo a China.

Para Sigmar Gabriel los temas nodales de la política exterior europea deben definir no sólo los valores, sino también los intereses en los que Europa ha sido débil.

Sin abandonar los valores de “libertad, democracia y derechos humanos, Gabriel adopta la posición del politólogo Hertfried Münkler: si solamente se adoptan posturas normativas, y se enfoca únicamente en valores, no habrá éxito en un mundo donde los otros prosiguen implacablemente (sic) sus intereses. En mundo saturado de carnívoros, los vegetarianos sufren severos momentos.

A la crítica de Der Spiegel de que tal postura de dureza política no le ha servido de lección a Alemania, Gabriel comenta que en el pasado Alemania dependía de los franceses, los británicos (sic) y, en especial, de los estadunidenses para afirmar sus intereses en el mundo, pese a que Alemania siempre (sic) criticó a EU de ser el policía global, eso convenía a Berlín. No existe tal cosa que sea el vacío en política internacional y ahora que EU se retira, otras potencias inmediatamente marchan en su lugar.En Siria, son Rusia e Irán (¡supersic!). En política comercial es China, mientras Alemania no consigue nada, ni la diseminación de los valores europeos ni el avance de sus intereses.

Una notoria aclaración es que Europa no se puede defender sola (sic) sin EU, aun si las estructuras europeas fueran fortalecidas. ¡Pues vaya drama tan determinista!

Alemania, en particular, y Europa se hicieron umbilicalmente demasiado dependientes de EU que hoy, en la etapa de Trump, los amenaza con abandonar a la OTAN cuando todo el noratlantismo naufraga desde el Brexit hasta el trumpismo que irrumpieron en los dos países nucleares de la anglósfera.

Sigmar Gabriel invoca que no hay que subestimar que Alemania depende de su fortaleza económica, pero también es cierto que Moscú, Pekín y Washington (nótese la secuencia) tienen una cosa en común: no valoran para nada a la UE. La ignoran.

Der Spiegel replica que la visíón sobre la Alemania de Gabriel, con un pacifismo diferente a 70 años atrás, esmuy idílica, mientras Europa no parece muy robusta.

Gabriel admite que el estilo autoritario de la política ahora penetra en el mundo occidental, cuyo distintivo común es que coloca sus intereses nacionales por encima de la comunidad internacional. Pero, ¿cuándo no? ¿No ha sido siempre la cantaleta de EU, antes y con Trump, su interés nacional, de corte belicista?

Para Gabriel el mundo vive una era de competencia entre países democráticos y países autoritarios cuando estos últimos han empezado ya a ganar influencia en la UE y a dividirla. ¡Qué dicotomía más simplista!

Acepta que en Europa el desempleo juvenil es todavía muy elevado, sin haber resuelto el problema de las divisas cuando las condiciones de vida se apartan, por lo que los críticos fustigan que Europa se basa en un modelo anticuado.

Se pregunta la razón por la cual Europa no construye infraestructura en lugar de dejársela a los chinos y no haya tenido éxito en promover el desarrollo económico de los vecinos en los Balcanes, en lugar de ceder (sic) esos países a la creciente influencia rusa.

En el mundo inconfortable de hoy Europa no puede más sentarse atrás y esperar a EU”.

En forma implícita, Gabriel percibe la tripolaridad (China/Rusia/EU) del planeta, sin Europa, en su fase presente.

Confiesa que la verdad es que ha existido una Europa de varios carriles con diferentes objetivos, en especial, entre su parte occidental y oriental.

En la parte oriental europea, China gana en forma continua mayor influencia, debido a que es el único (sic) país del mundo que tiene una real estrategia geopolítica. Exagera porque también Rusia la tiene.

Gabriel admite que fue un error el centrismo economicista alemán –más bien ultrafinancierismo monetarista– del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que descarriló la visión europea.

La exitosa fórmula del bautizo europeo entre el general De Gaulle y el canciller Adenauer sirve de inspiración a la superviviente colaboración de Macron y Merkel bajo el espíritu unificador de Carlomagno de hace 14 siglos.

 

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Publicado enPolítica
Viernes, 19 Enero 2018 05:56

Las ciudades chinas purgan a sus pobres

Solares llenos de cascotes y de pertenencias viejas en el centro de Shanghái. ZIGOR ALDAMA

 

Shanghái sigue los pasos de Pekín y ha establecido un tope de población que acarreará demoliciones forzosas y la expulsión de millones de emigrantes

"El Gobierno no quiere pobres", denuncia Han, una anciana que se niega a abandonar el edificio en el que ha vivido toda su vida

Las expropiaciones forzosas son un eslabón más de la discriminación histórica que sufre la población rural en las ciudades chinas

 

El Año Nuevo chino es el momento más idóneo para descubrir cuál es la composición social de las grandes ciudades del país más poblado del mundo. La gran migración rural que ha facilitado el milagro económico chino de las últimas cuatro décadas se revierte durante la mayor festividad del país, equiparable a la Nochebuena cristiana ya que supone el reencuentro de la familia.

Las estaciones de tren y los aeropuertos no dan abasto mientras megalópolis como Shanghái, Pekín, o Shenzhen se quedan vacías. Las fábricas cierran, las construcciones se detienen, y cientos de millones de personas participan en el mayor éxodo temporal del planeta.

La mayoría regresa a sus lugares de origen desde las zonas urbanas en las que se labra un futuro mejor. Los emigrantes rurales son la mano de obra barata que mantiene en marcha la fábrica del mundo y da forma a los relucientes rascacielos de la segunda potencia mundial.

"Ahora hay trabajo. No nos pagan muy bien, pero es suficiente para llevar una vida humilde e incluso para ahorrar. Vivimos mucho mejor que nuestros padres", cuenta Hu Heping, un obrero originario de la provincia de Anhui que lleva más de una década ganándose la vida en Shanghái. Ha trabajado en algunas de las obras más significativas de la capital económica de China, incluida la Torre de Shanghái, el rascacielos más alto del país y el segundo en el ranking mundial.

No obstante, ahora Hu está sopesando la posibilidad de regresar a casa, un pueblo de apenas 40.000 habitantes. Ha cumplido ya 40 años, su madre es demasiado mayor para valerse por sí misma y no se siente bienvenido en Shanghái. "La gente local tiene un punto de arrogancia que no logro comprender. Porque esta ciudad debe toda su espectacularidad a gente como yo, que se ha deslomado para construirla. Los shanghaineses no han movido un dedo para levantarla. Sin embargo, las autoridades cada vez nos ponen más difícil establecernos aquí", lamenta.

Puede que el próximo 16 de febrero se marche para celebrar el Año Nuevo y no vuelva.

 

Un plan que desplaza a la población migrante


Si Hu emprende el camino de vuelta, el Ayuntamiento le estará agradecido. A finales del mes pasado, Shanghái decidió seguir los pasos de la capital, Pekín, y aprobó un plan para poner coto a su población, estimada a finales de 2016 en 24,2 millones de habitantes. El objetivo es limitarla a un máximo de 25 millones de aquí a 2035, algo nada fácil de conseguir si se tiene en cuenta que en las últimas dos décadas ha crecido a un ritmo superior al 1% anual.

Las autoridades consideran que la superpoblación está ejerciendo una presión excesiva sobre los recursos disponibles. Aseguran que provoca la endémica congestión del tráfico, el aumento de los niveles de contaminación y la saturación de servicios públicos como la sanidad o la educación. Shanghái sufre lo que se conoce como 'la enfermedad de las ciudades grandes'.

 

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Un obrero trabaja en el proyecto de renovación de la zona del malecón de la ciudad de Shanghái, en la República Popular China. EFE

 

La estrategia de los dirigentes para vacunar a la megalópolis antes de que sea demasiado tarde incluye limitar a 3.200 kilómetros cuadrados el suelo urbanizable que liberará en los próximos 17 años. Y, aunque los dirigentes comunistas no lo mencionen expresamente, en su mente también está el derribo de pequeños edificios antiguos para construir en su lugar urbanizaciones de lujo. Es el proceso de gentrificación que esconde un plan destinado a desplazar a la población inmigrante, que suma el 40% del total de Shanghái.

 

Familias resisten a las excavadoras


"El Gobierno no quiere pobres", sentencia con rotundidad la señora Han. Pertenece a una de las tres familias que se niegan a abandonar los edificios en los que han vivido toda su vida. Los suyos son los últimos edificios de ladrillo gris que quedan en pie al final de la calle Hailun, donde todo lo demás son solares llenos de cascotes y viejas pertenencias. Y no sabe cuánto más podrán resistir. De hecho, en la puerta ya ha aparecido el temido símbolo chai, que significa 'derribo' y que señala el lugar en el que tienen que actuar las excavadoras.

Han es natural de Shanghái, pero el resto de las familias de este vecindario humilde procedía de otras provincias. "Les intimidaron y decidieron marcharse", cuenta. Con una compensación económica ridícula, vieron que continuar en Shanghái no era factible –los precios de la vivienda son los más elevados del país– y decidieron marcharse.

Han, sin embargo, no tiene adónde ir. Y con casi 80 años y un marido incapaz de moverse, dará la batalla. "No me niego a marcharme, aunque nos vayan a enviar al extrarradio. Pero exijo una indemnización justa", apostilla. En una de las paredes, eso es exactamente lo que promete para los dueños de las viviendas un póster oficial ilustrado con el mazo de un juez. "Mentira", dispara la anciana.

 
Una segregación histórica


Como ha sucedido con los vecinos de Han, los gobernantes de Shanghái parecen convencidos de que las propias leyes del mercado se encargarán de expulsar a los emigrantes rurales. Pero en otras ciudades como Pekín, las autoridades locales han tomado medidas directas. De hecho, con la excusa de la seguridad, tras un trágico incendio en noviembre, puso en marcha una campaña de expropiaciones forzosas que diferentes organizaciones pro derechos humanos han tildado de "purga de pobres". Miles han tenido que abandonar sus hogares y muchos han decidido regresar a sus lugares de origen.

 

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Un hombre camina por los escombros de unos edificios demolidos en las afueras de Pekín (China) EFE

 

Pero la segregación de la población rural no es nada nuevo en China. El sistema del hukou, una especie de permiso de residencia interno, se introdujo en la década de 1950 precisamente para evitar la migración hacia las ciudades. Este documento identifica a los ciudadanos como residentes rurales o urbanos y les garantiza diferentes derechos de acuerdo con su estatus. El problema es que los habitantes de zonas agrícolas no pueden acceder a los servicios básicos de las ciudades a las que van a trabajar, sobre todo educación y sanidad.

Consciente de la injusticia que eso supone, hace ya casi una década que el Gobierno central planteó abolir el hukou. No obstante, las medidas tomadas por Pekín y Shanghái demuestran que las principales ciudades chinas solo están interesadas en mostrar su cara más vanguardista. En la China del siglo XXI prefieren que los más empobrecidos no queden a la vista.

 

 

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