El capitalismo hace "más daño que bien", según una encuesta realizada en 28 países

Los autores del estudio, publicado en vísperas del Foro de Davos, aseguran que los resultados de su sondeo, con un universo de 34.000 personas, demuestra que la población mundial "empieza a tener dudas más fundamentales sobre las democracias capitalistas de Occidente". 

 

Una mayoría de personas en todo el mundo cree que el capitalismo en su forma actual está haciendo más daño que bien, según una encuesta realizada antes de la reunión de líderes empresariales y políticos de Davos de esta semana.

Este año es la primera vez que el Barómetro de Confianza Edelman, que durante dos décadas ha encuestado a decenas de miles de personas sobre su confianza en las instituciones mundiales, trata de comprender cómo es percibido el capitalismo.

Los autores del estudio afirman que las encuestas anteriores, que mostraban un creciente sentido de desigualdad, los llevó a preguntarse si los ciudadanos ahora estaban comenzando a tener dudas más fundamentales sobre las democracias capitalistas de Occidente.

"La respuesta es sí", dijo David Bersoff, investigador principal del estudio producido por la agencia estadounidense de comunicaciones Edelman.

"La gente se pregunta a ese nivel si lo que tenemos hoy, y el mundo en que vivimos hoy, está preparado para darles un buen futuro".

La encuesta preguntó a más de 34.000 personas en 28 países, desde democracias liberales occidentales como Estados Unidos y Francia hasta aquellas basadas en un modelo diferente como China y Rusia, con un 56% de acuerdo en que "el capitalismo tal como existe hoy hace más daño que bien en el mundo".

A nivel nacional, la falta de confianza en el capitalismo fue mayor en Tailandia e India con el 75% y el 74% respectivamente, seguidos de cerca por Francia con un 69%. Las mayorías prevalecieron en otros estados asiáticos, europeos, del Golfo, africanos y latinoamericanos.

Sólo en Australia, Canadá, Estados Unidos, Corea del Sur, Hong Kong y Japón la mayoría no estuvo de acuerdo con la afirmación de que el capitalismo actualmente hace más daño que bien.

La encuesta confirmó una serie de preocupaciones familiares que van desde asuntos sobre el ritmo del progreso tecnológico y la inseguridad laboral, hasta la desconfianza en los medios y la sensación de que los gobiernos nacionales no estaban a la altura de los desafíos del día. 

LONDRES

20/01/2020 15:07 ACTUALIZADO: 20/01/2020 17:33

MARK JOHN (REUTERS)

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Escandalosa brecha entre ricos y pobres en el mundo, según Oxfam

Informe global de la ONG Oxfam Internacional en la antesala del Foro económico de Davos

Los 2.153 multimillonarios más ricos del mundo poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir, el 60 por ciento de la población mundial. Entre las razones, el auge de un modelo económico sexista e hiperproductivista. 

La brecha entre ricos y pobres, llamada también “desigualdad económica”, que empezó a crecer a pasos agigantados cuando en el mundo se difundió la “globalización”, por el contrario de lo que algunos pensaban parece no tener límites y sigue creciendo cada día más. Según el informe anual “Time to care” (Tiempo de cuidar) elaborado por la organización no gubernamental Oxfam Internacional (comité Oxford contra el hambre) difundido el lunes, los 2.153 multimillonarios más ricos del mundo poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir, el 60 por ciento de la población mundial.

Basada en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial, del Credit Suisse Research Institute y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), entre otras instituciones, el informe fue difundido el lunes porque esta semana precisamente se realiza en Davos (Suiza) el Foro Económico Mundial, la reunión anual de políticos, gobernantes, industriales y empresarios en general, economistas e intelectuales famosos del mundo.

“La desigualdad en el mundo está profundamente arraigada y ha alcanzado un nivel escandaloso”, dijo el informe. Y agregó: “En América Latina y el Caribe, el 20 por ciento de la población concentra el 83 por ciento de la riqueza y el númeo de multimillonarios en la región ha pasado de 27 a 104 desde el año 2000. En 2019, 66 millones de personas, es decir el 10,7 por ciento de la población vivía en extrema pobreza, de acuerdo a datos de la Cepal”.

“A nivel global, la desigualdad aumenta porque estamos viviendo un modelo económico del capitalismo que ya no es el capitalismo como fue concebido originalmente. Es un modelo evolutivo que no pone en el centro de sus preocupaciones las necesidades de las personas y es cada vez más dependiente de una sola cosa: la maximización de las ganancias en breve tiempo”, explicó a PáginaI12 Elisa Bacciotti, Directora de las Campañas de Oxfam Italia. “Esto lleva a comprimir el costo del trabajo y lleva al surgimiento de la llamada Gig Economy, es decir una economía basada en el trabajo temporáneo, free lance, flexible”, agregó.

 “Con la globalización y la apertura de los mercados y mayores inversiones, la posibilidad de tener trabajo aumentó. Pero hay que ver qué tipo de trabajo. Si es un trabajo digno. O por el contrario es un trabajo que no da beneficios a los trabajadores. Si no da los beneficios que se requieren, la desigualdad no disminuye”, subrayó Bacciotti.

“La gran parte de la ganancias van a parar al vértice de la pirámide social. Una estadística que publicó el Informe Oxfam dice que un trabajador, que hoy esta ubicado en el 10 por ciento de los trabajadores más pobres, debería trabajar tres siglos y medio para conseguir el mismo rédito que un trabajador que se ubica en el 10 por ciento de los trabajadores más ricos”, explicó la experta.

El informe subrayó por otro lado que el modelo económico sexista profundiza la desigualdad y que las mujeres son a menudo una suerte de “motor oculto” de la economía. “En América Latina y el Caribe, aun cuando las mujeres logran conseguir y mantener un empleo, es en condiciones precarias: el 49 por ciento de las mujeres empleadas en la región, ganan menos del salario mínimo mensual correspondiente a su país”, dijo el informe, añadiendo que “las mujeres constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado. Empleos como el de enfermera, trabajadora del hogar o cuidadora a menudo están mal remunerados, proporcionan escasos beneficios, conllevan un horario irregular y pueden suponer un importante desgaste físico y emocional”.

 “Para que las personas puedan conducir la propia vida, trabajando, y llegar a fin de mes, alguien debe hacer otros trabajos en casa, que no son retribuidos, ni están contabilizados -explicó Bacciotti- . Haciéndolos permite que la familia vaya adelante. Al no ser retribuido no es ni siquiera reconocido y no goza de aportes jubilatorios. Es el caso generalmente de las mujeres, que a veces trabajan menos horas retribuidas para poder hacer los trabajos de casa no retribuidos. Al hacer esta elección se encontrarán con menos dinero en mano al final del mes y menos aportes jubilatorios por lo cual esta elección está más asociada a la pobreza”.

La pregunta clave ante esta situación descripta por Oxfam es saber qué pueden hacer los gobiernos, si es que realmente quieren cambiar esta situación.

El informe habló, entre otros puntos, de la necesidad de que las empresas y las personas ricas paguen su justa parte de impuestos y que con ese dinero el Estado haga inversiones en infraestructuras y servicios públicos.

“Seguramente los gobiernos podrían hacer más y no lo hacen. Una cosa muy eficaz sería una lucha sin cuartel contra la evasión fiscal para que el dinero recuperado pueda ser invertido en beneficios de los sectores menos pudientes”, concluyó Bacciotti.

Por Elena Llorente

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Domingo, 15 Diciembre 2019 07:04

Los juegos de la desigualdad.

Los juegos de la desigualdad.

“El deporte no es mejor, ni peor que la sociedad. Es el espejo o reflejo de ella”, Willi Daume. Dirigente del deporte olímpico alemán. (Vargas, Carlos E. 2019)

 

Sin sorpresas, con una disputa que comprometió a los departamentos del Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá D.C., así trascurrieron y finalizaron los llamados Juegos NacionalesDeportivos de Colombia-del Bicentenario, en esta ocasión-,realizados del 15 al 30 de noviembre de 2019 y que tuvieron como sede Cartagena, pero con subsedes en otros municipios del departamento de Bolívar, Bogotá, Cali y Nilo (Cundinamarca).

Esta justa deportiva es el máximo evento deportivo del país. Se caracteriza por el carácter multideportivo, practicados en categoría abierta, cada cuatro años desde 1928, como iniciación del ciclo selectivo y de preparación de los deportistas que representan al país en competiciones o eventos internacionales. Desde la edición de 1988, participa una representación deportiva de cada uno de los 32 departamentos, Bogotá D.C. y el representativo de las Fuerzas Militares de Colombia.

Las justas 2019 demandaron una inversión de $150.000 millones, de los cuales el gobierno nacional aportó $ 66.000 millones: $44.000 millones para infraestructura y $ 22.000 millones para logística e implementación.

Espejo de una realidad inocultable, lo deportivo, como lo económico y lo político, también está concentrado en Colombia. No podía ser de otra manera, en tanto los presupuestos con que cuentan los departamentos son desiguales, como las oportunidades deportivas y educativas a que puede acceder la juventud que los habita.

En esta ocasión, 6.617 deportistas (2.739 mujeres y 3.878 hombres), compitieron en 38 disciplinas y 48 modalidades deportivas. Y se distribuyeron 2001 medallas: 622 de oro, 621 de plata y 758 de bronce. El oro, el 67 por ciento quedó en manos de las tres entidades territoriales que siempre han ganado los juegos: Valle del Cauca (Campeón con 165), Antioquia (148) y Bogotá (105). Las 204 preseas de oro restantes se distribuyeron entre 19 departamentos. Con un gran lunar: una tercera parte de los 32 departamentos que componen el territorio nacional no alcanzaron medalla de oro alguna (11 departamentos: Sucre, San Andrés, Caquetá, Arauca, Chocó, Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés y Guaviare). El departamento de Guainía no participó con deportista alguno. El 85 por ciento del total de la medallería (oro, plata, bronce), se distribuye entre los primeros 8 departamentos. Entre todos los participantes, 6 departamentos no lograron conseguir medalla alguna: Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés, Guaviare y por supuesto, Guainía.

Desde 1928 hasta hoy

Hasta la fecha,y desde 1928, se han realizado 21 justas, de las cuales sólo 3 entidades territoriales han ganado todos los eventos: Valle del Cauca, con 8 triunfos (1941, 1950. 1954, 1960, 1970, 1974, 1996 y 2019), Antioquia, con 8 triunfos (1980, 1985, 1988, 1992, 2000, 2008, 2012 y 2015) y Bogotá, como Departamento de Cundinamarca, con 5 triunfos (1928, 1932, 1935, 1936 y 2004). La sede y subsedes de los Juegos Nacionales, siempre han sido departamentos de la región andina, del Caribe o del Pacífico; sólo en una ocasión en un departamento de los Llanos Orientales (Villavicencio, Meta, 1985), de los cuatro existentes (Vichada, Arauca, Casanare y Meta) y nunca se han realizado en uno de los 6 departamentos de la Amazonía (Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés, Caquetá y Putumayo).

Es preciso resaltar que las ciudades sedes de los Juegos Nacionales se benefician de un desarrollo urbanístico importante en cuanto a obras de infraestructura deportiva y general, vías de comunicación, hotelería y turismo, comunicaciones y talento humano.

Lo hasta acá anotado deja en claro que nuestros Juegos Nacionales Deportivos, reflejan y acentúan la desigualdad y la exclusión. Continuar con el modelo de concentración de los resultados deportivos en sólo tres entidades territoriales, la realización de éstos en las mismas regiones geográficas, seguir excluyendo a la región de la Orinoquía o Llanos Orientales y fundamentalmente la Amazonia, es dejar en el ostracismo gran parte de la población y extensión territorial.

Concentración y desigualdad

Recordemos que Colombia es el país con mayor desigualdad de Suramérica y el cuarto país más desigual del mundo. La concentración de la riqueza y de los ingresos es expresamente reflejada en un índice de Gini de 53. El Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), asegura que “Colombia es cada vez más desigual”, “La situación de pobreza multidimensional entre los departamentos es muy elevada”. Según la entidad, “mientras en el 2018, en el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue 19,6%, en los departamentos las diferencias son muy altas. Por ejemplo, Guainía tiene un indicador del 65%, seguida de La Guajira con 51,4%, Chocó con 45,1%, Norte de Santander con 31,5%, y Caquetá con 28,7%. En contraste, las zonas con menores niveles de incidencia de la pobreza multidimensional fueron: Bogotá (4,4%), San Andrés (8,9%), Cundinamarca (11,5%), y Risaralda (12,5%)” (Portafolio, julio 12 de 2019).

Un Ministerio de la continuidad

La política pública social en Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física en Colombia, en armonía con el resto de políticas públicas, están orientadas a aumentar la brecha de la desigualdad, a intensificar la exclusión y marginamiento, tal como lo acaba de ratificar el presidente Duque y el Ministro, Ernesto Lucena Barrero, del recién creado Ministerio del Deporte:  ya aprobaron la realización de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Y VI Paranacionales, en el Eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda para el año 2023, por lo cual, los beneficios económicos, urbanísticos, logísticos y del sector del deporte continuarán su concentración en las regiones más prósperas (fundamentalmente la región Andina o zona central), abandonando la periferia y las regiones más pobres del país.

Tambiéncabe destacar, que se mantiene la exclusión en la educación; se aumenta cada día la deuda social con niños, niñas y adolescentes de los estratos 1, 2 y 3 que se encuentran en el sistema educativo oficial colombiano, al no disponer de un profesional de la Educación Física, Recreación y Deporte en la básica primaria oficial, privando a más de cuatro millones de niños, niñas y adolescentes, en las edades más sensibles del desarrollo (5 - 12 años aproximadamente), de las bondades y derechos de una formación integral, con profesionales idóneamente formados en este campo. (Arcopref. Declaración de Cali, 2018. Congreso Nacional de Educación Física) y que contempla la UNESCO, en la CARTA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA, LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE, en su artículo 7: “7.1 Todo el personal que asuma la responsabilidad profesional de la educación física, la actividad física y el deporte debe tener las cualificaciones, la formación y el perfeccionamiento profesional permanente apropiados”, firmada por Colombia en el año 2015.

Desde la Asociación Red Colombiana de Profesores de Educación Física, Recreación y Deporte, “Arcopref”, una organización con más de 5.000 profesores, entrenadores, estudiantes y profesionales afines, con presencia en los 32 departamentos del país, seguiremos tejiendo, investigando, formando, gestionando, organizando, luchando y avanzando cada día en la ruta de propiciar cambios sustanciales orientados a cerrar la brecha de la desigualdad, promover la inclusión social, la equidad y la paz, desde la Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física.

Junta Directiva Nacional de ARCOPREF

Abelardo Sanclemente

Presidente nacional

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China supera a EEUU en el ranking mundial de la riqueza

El banco suizo Credit Suisse publicó el Informe Anual Global de Riqueza 2019. Según el estudio, durante el año pasado, la riqueza mundial creció un 2,6%, a 360 billones de dólares, y el nivel de bienestar por adulto alcanzó el nivel récord de 70.850 dólares.

En todo el mundo, hay 47 millones de millonarios, 1,1 millones más que el año pasado. "En los últimos 10 años, la creación de nuevas fortunas se ha concentrado en China y Estados Unidos. Este año, Estados Unidos continuó manteniendo su posición de liderazgo en la creación de riqueza desde 2008: ahora el 40% de todos los millonarios en dólares del mundo vive en este país", señalan los economistas.

Sin embargo, por primera vez en la historia, China superó a Estados Unidos en términos del número de ciudadanos en el ranking del 10% mundial de personas más ricas del planeta: 100 millones de personas en comparación contra los 99 millones de ciudadanos estadounidenses. Al mismo tiempo, en Estados Unidos, el número de millonarios ha aumentado en más del 50% del incremento total: 675.000 personas.

En términos de crecimiento promedio del bienestar por adulto, Suiza ocupó el primer lugar (17.790 dólares), seguido de Estados Unidos (11.980 dólares), Japón (9.180 dólares) y los Países Bajos (9.160 dólares).

La mayor disminución se observó en Australia (en 28.670 dólares), principalmente debido al impacto del tipo de cambio. Los indicadores disminuyeron significativamente también en Noruega (en 7.520 dólares), Turquía (en 5.230 dólares) y Bélgica (en 4.330 dólares).

55.920 personas con capital privado extragrande (más de 50 millones de dólares por persona) poseen al menos 100 millones de dólares. Por su parte, 4.830 personas tienen activos netos por un valor de más de 500 millones de dólares.

Norteamérica lidera entre todas las regiones en términos del número de millonarios, 84.050 (50% a nivel mundial), mientras que en Europa hay 33.550 (20%) y 22.660 viven en la región de Asia y el Pacífico, excluyendo China e India.

Credit Suisse afirma que "a principios de este siglo, la desigualdad en la distribución de la riqueza ha disminuido en la mayoría de los países. Hoy, el 90% de las personas más pobres representa el 18% de la riqueza mundial, en comparación con el 11% en 2000. Aunque todavía es demasiado pronto para hablar de una tendencia hacia una disminución de la desigualdad en la propiedad, los datos disponibles indican que la mayor diferencia se registró en 2016 y en el futuro cercano este resultado no se repetirá"

07:45 23.10.2019URL corto

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Richard Wilkinson: “Elevaría el impuesto de sucesiones. Estamos creando dinastías”

Británico, de 76 años, es un eminente defensor de la equidad. En su nuevo libro argumenta que la igualdad tiene efectos directos en nuestro bienestar

Decir que Richard Wilkinson es un defensor de la igualdad es quedarse muy corto. Este epidemiólogo, historiador económico y activista británico de 76 años ha dedicado su carrera a estudiar los efectos de la desigualdad. Junto a su pareja, Kate Pickett, a la que saca 18 años, ha escrito dos libros sobre el asunto. En el primero —Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva (Turner)—, detallan los efectos perniciosos de la inequidad, y en el segundo —Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (Capitán Swing)— la otra cara de la moneda. Además, ha creado una organización que promueve la equidad.

El día acordado, Wilkinson no está en el lugar de la cita. Se ha olvidado. O, más bien, la ha anotado para un mes más tarde. Raudo, se sube a un tren desde York, donde vive, y llega a Londres tres horas más tarde. Está recién operado de cáncer de colon, se excusa, y tiene la cabeza en otro lado.

PREGUNTA. Necesitamos igualdad. ¿No es obvio para todos?

RESPUESTA. Los efectos de la desigualdad no son tan obvios. Afecta a la felicidad, al bienestar, a la salud, a la esperanza de vida, a tu valor en la sociedad, a los resultados académicos de los niños; provoca un aumento del consumo de drogas, causa infinidad de problemas muy perniciosos. Todos los problemas que son más habituales en los estratos más bajos se extienden por toda la sociedad. Nos daña a todos.

P. ¿Por qué no la defendemos todos?

R. Se ha creído durante años que con más desigualdad la economía crecía más, pero recientemente tanto el Banco Mundial como el FMI han cambiado de opinión. Han visto que los países con más desigualdad tienden a crecimientos repentinos seguidos de batacazos. Y la idea de que la desigualdad fomenta la iniciativa privada también es errónea. Se registran más patentes per capita en los países más igualitarios.

P. Menciona el rendimiento escolar. ¿Por qué se acepta la segregación en los sistemas educativos?

R. Hay gente con prejuicios hacia grupos vulnerables como los inmigrantes, las etnias minoritarias o incluso hacia las mujeres. En las sociedades más desiguales, donde el amor propio de la gente está minado, se intenta recuperarlo aplastando a los más débiles. Y eso es muy común no solo en poblaciones humanas, sino también entre simios. Un mono que pierde una batalla por el estatus enseguida se enfrenta a sus inferiores para evitar una pérdida catastrófica de categoría. Al igual que los simios, muchos humanos se ven obligados a confirmar su estatus con los que consideran inferiores. La desigualdad convierte la posición social en algo mucho más relevante, hace que nos juzguemos más. Y cuanto más nos fijamos en el estatus, más tememos el juicio del otro. ¿Me respetan o creen que soy tonto y aburrido? ¿Creen que soy un fracasado? Así piensa mucha gente con una enfermedad mental. Les preocupa cómo los ven y se retiran de la vida social porque les provoca ansiedad.

P. Y por otro lado, cuenta en su libro que aumenta el narcisismo.

R. Así es. Uno de los efectos de la desigualdad es que hincha la idea que la gente tiene sobre sí misma y el consumismo gana más peso. La gente viste ciertas ropas o usa ciertos coches para dar una buena imagen.

P. Por qué se valora tanto el sueño americano en vez del modelo escandinavo?

R. Supongo que lo que pasa es que los países tienen conceptos equivocados sobre sí mismos. Los estadounidenses creen que tienen mucha movilidad social cuando padecen una de las menores del mundo desarrollado. El país en el que menos validez tiene la idea de que cualquiera puede llegar a ser presidente es, precisamente, EE UU.

P, Entonces, ¿es falsa la idea de que, si te esfuerzas, llegarás lejos?

R. Ahora sabemos más sobre cómo se desarrolla nuestro cerebro y podemos ver en él los efectos de la pobreza o de la ausencia de aprendizaje. El cerebro refleja la vida que hemos vivido, si has aprendido un idioma o a tocar un instrumento. Las habilidades de cada persona son primordialmente el reflejo de su punto de partida en la escala social, más que del punto de llegada. La gente cree que es al revés.

P ¿Cómo ha evolucionado la igualdad en el mundo?

R. Desde 1930 hasta los años setenta, la desigualdad estaba en retroceso en casi todos los países. Es a partir de los años ochenta, con la llegada del neoliberalismo, cuando empezó a crecer, primero en EE UU, luego en el Reino Unido y en todo el mundo desarrollado. Es hora de revertir el proceso. Entre los actores de esta reversión están los partidos ecologistas, que creen en la igualdad.

P. ¿Qué opina de la situación política en Europa?

R. Es terrible. La desigualdad hace que aumente el populismo, y está claro que está en auge. Es lo que llevó al Brexit y a la elección de Trump.

P. Usted apoyó al laborista Jeremy Corbyn. ¿Se arrepintió al comprobar su postura ante el Brexit?

R. Supongo que sí. Cuando lo apoyé no sabía que tenía tantas dudas sobre la Unión Europea. Al menos ha cambiado su postura. El Brexit es un enorme error. El mundo necesita más acuerdos internacionales, no menos, para tratar problemas como el cambio climático o la evasión fiscal.

P. Si fuera político, ¿qué medidas aprobaría? 

R. Prohibiría los paraísos fiscales y la maquinaria financiera que ayuda a privilegiados a evadir impuestos. Debería lograrse un acuerdo internacional para frenar estas dos trampas. Y elevaría el impuesto de sucesiones. Estamos creando dinastías. Hay familias en las que los hijos no necesitan trabajar y muchos los miran como si fueran seres superiores cuando no lo son.

Por Carmen Pérez-Lanzac

17 SEP 2019 - 17:00 COT

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El 10% de los trabajadores del planeta concentra casi el 50% del dinero que se paga en sueldos

La OIT estudia la distribución salarial y denuncia que el 20% de los trabajadores con menos ingresos perciben menos del 1% de los ingresos laborales globales

 

 

La desigualdad en el mundo no solo llega por el patrimonio o la riqueza heredada. También la distribución de sueldos es muy poco equitativa en todo el mundo, según el último informe presentado este jueves por la Organización Mundial del Trabajo (OIT). El 10% de los trabajadores del planeta perciben 48,9% de la remuneración mundial. Al otro lado se sitúa el 20% de los trabajadores con ingresos más bajos –cerca 650 millones de personas– que perciben menos del 1% de la bolsa mundial de ingresos laborales, "una cifra que apenas ha cambiado a lo largo de los últimos 13 años", según el estudio. A nivel mundial, además, si se distribuyen los asalariados en tres grandes grupos (salarios bajos, medios y altos), solo el grupo de los sueldos elevados mejora su situación entre 2004 y 2017, mientras que la clase media y baja ven recortados sus ingresos salariales.

El organismo destaca en su extenso análisis que existen algunos datos positivos, pero que en muchos casos son efecto de nuevos tipos de brechas: mientras la distancia media entre países ricos y pobres baja por el avance de economías como la china, la brecha de las remuneraciones dentro de un mismo país crece porque se polarizan los sueldos.

El estudio, señala la OIT, "muestra que en general la desigualdad de los ingresos laborales a escala mundial ha disminuido desde 2004". "Sin embargo, esto no se debe a una reducción de la desigualdad en los países; en realidad la desigualdad de remuneración a nivel nacional está aumentando. Más bien, es consecuencia de la creciente prosperidad en las economías emergentes, específicamente China e India. En general, señalan las conclusiones, la desigualdad del ingreso sigue siendo un problema extendido en el mundo del trabajo", denuncia.

El informe que elabora la OIT (bajo el título The Labour Income Share and Distribution) contiene datos de 189 países y se basa en la mayor colección mundial de datos armonizados procedentes de estudios sobre la fuerza de trabajo. Según la organización, permite por primera vez analizar cifras comparables a escala internacional del porcentaje del PIB que va a los trabajadores y su posterior distribución por países y regiones.

Menos masa salarial para la clase media

"El informe constata que a nivel mundial la proporción del ingreso nacional que va a los trabajadores está disminuyendo, pasando de 53,7% en 2004 a 51,4% en 2017", señala la OIT. Al analizar la distribución del salario medio entre los países, asegura que la parte recibida por la clase media (el grupo conformado por el 60% de los trabajadores de nivel medio) descendió entre 2004 y 2017, pasando de recibir el 44,8% al 43% del dinero. Al mismo tiempo, la proporción recibida por el 20% de las personas mejor remuneradas aumentó, de 51,3% a 53,5%.  

Cuando se baja al detalle por países, las desigualdades llegan a dispararse a niveles astronómicos. El caso más destacado es el de Níger: el 10% de los trabajadores mejor pagados de ese país se llevan el 89% de los que se genera en sueldos. Mientras, el 10% más pobre se reparte el 0,04%. Le siguen Liberia (82,2% para los ricos y 0,05% para los pobres) y República Centroafricana (78,6% y 0,04%). En el lado contrario se sitúa Eslovaquia: el 10% más rico acapara el 23% de los ingresos salariales. Allí el 10% más pobre se reparte el 3,88%. Le siguen Eslovenia (23,2% para los ricos y 3,12% para los pobres) y Finlandia (23,4% y 2,89%).

"Los datos muestran que en términos relativos, el incremento de los salarios laborales más altos está asociado con pérdidas para todos los demás. Ambos, los trabajadores de la clase media y los que perciben los ingresos más bajos, están viendo disminuir parte de sus ingresos", asegura Steven Kapsos, jefe de la unidad de producción y análisis de datos de la OIT. "Sin embargo, cuando la parte de los ingresos laborales de los trabajadores de ingresos medios y bajos aumenta, las ganancias tienden a ser distribuidas de manera más amplia, beneficiando a todos los trabajadores, a excepción de los que reciben los salarios más altos", añade.

Trabajar tres siglos para tener un salario de rico

La OIT también concluye con su análisis de datos que los países más pobres tienden a registrar niveles de desigualdad salarial mucho más altos, "lo cual exacerba las dificultades de las poblaciones más vulnerables". En el África subsahariana, el 50% de los trabajadores en el nivel más bajo de la escala reciben solo 3,3% de los ingresos laborales, mientras que en la Unión Europea reciben 22,9% del ingreso total pagado a los trabajadores, según destaca.

"La mayoría de los trabajadores del mundo subsiste con un salario notablemente bajo y para muchos tener un empleo no significa ganar lo suficiente para vivir. A nivel mundial, el salario promedio de los trabajadores en la mitad inferior de la distribución de los ingresos es de apenas 198 dólares mensuales (175,45 euros) y el 10% más pobre tendría que trabajar tres siglos para ganar lo mismo que gana el 10% más rico en un año", destaca a modo de ejemplo Roger Gomis, economista del Departamento de Estadística de la OIT. 

Por Cristina Delgado

Madrid 4 JUL 2019 - 14:48 COT

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Pregunta siempre vigente. ¿Qué hacer?

I

Hace ya más de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cómo enfocar la lucha revolucionaria; así, parafraseando el título de la novela de su compatriota Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba ¿qué hacer? La pregunta quedó como título de la que sería una de las más connotadas obras del conductor de la revolución bolchevique. Hoy, 117 años después, la misma pregunta sigue vigente: ¿qué hacer?

Es decir: qué hacer para cambiar el actual estado de cosas. Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los días, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los “ganadores” sino del restante 80% de la población planetaria, la situación es patética. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida más de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como principal causa de muerte; mundo en el que el negocio más redituable es la fabricación y venta de armamentos y donde un perrito hogareño de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que arriba mencionábamos come más carne roja al año que un habitante de los países del Sur. Mundo que está buscando agua en el planeta Marte mientras la niega a la gran mayoría de la población mundial en esta Tierra. Mundo en el que es más importante seguir acumulando dinero, aunque el planeta se torne invivible por la contaminación ambiental que esa misma acumulación conlleva. Mundo, entonces, que sin ningún lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque así, no va más, porque es el colmo de la irracionalidad, de la injusticia, de la asimetría.

Entonces, una vez más surge la pregunta: ¿qué se hace para cambiarlo? ¿Por dónde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado, ya en el siglo XX, algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos históricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no más que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo quedó sepultada. En la Rusia actual, por ejemplo, ahora que abrazó el capitalismo, mayoritariamente la población desea retornar a la era soviética, donde las condiciones de vida eran muy superiores. No se puede decir que ahí el socialismo fracasó; fueron los primeros pasos, simplemente. Pasos que dieron resultado, por cierto. “Hay 200 millones de niños de la calle en todo el mundo. Ninguno de ellos vive en Cuba”, pudo afirmar orgulloso Fidel Castro. Quizá habría que considerar esas experiencias del siglo XX (Rusia, China, Cuba) como la Liga Hanseática, allá por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relación al capitalismo: primeras semillas que germinarían siglos después.

Los procesos históricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolución china, se le preguntó al líder Lin Piao sobre el significado de la Revolución Francesa, y el dirigente revolucionario contestó que… “aún era muy prematuro para opinar”. Más allá de la posible humorada, hay ahí una verdad: los procesos sociales van lentos, exasperantemente lentos. De la Liga Hanseática al capitalismo globalizado del presente pasaron varias centurias; hoy, terminada la Guerra Fría, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensación de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulación de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas –la rusa, la china, la cubana– son apenas pequeños movimientos en la historia. Apenas ha pasado un siglo de la Revolución Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos (debemos) seguir planteando ¿qué hacer? ante el capitalismo, ello significa que la historia continúa aún. El sistema capitalista, más allá de su derroche consumista y su continuo bombardeo ideológico-propagandístico anticomunista, no puede solucionar problemas ancestrales de la humanidad: hambre, enfermedades previsibles, dignidad de vida para todos, seguridad.

II

El mundo, como decíamos, para la amplia mayoría no sólo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difícil. La prueba está con lo que acaba de suceder estas últimas décadas: caída la experiencia de socialismo soviético y revertida (¿apaciguada?) la revolución china con su tránsito al capitalismo (o socialismo de mercado), los referentes para una transformación de las sociedades faltan, se han esfumado. ¿Es acaso China el modelo a seguir? Ese país puede experimentar esa rara combinación: mercado capitalista y planificación socialista, con un Partido Comunista férreo que ya tiene planes para el siglo XXII, haciendo que las cosas le marchen viento en popa. Pero China tiene 1,500 millones de habitantes y 4,000 años de historia. ¿Podrá un país como Cuba, por ejemplo, seguir ese modelo? La pregunta está abierta y es parte del debate en torno a ese ¿qué hacer?

Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drásticos algunos años atrás ahora se han amansado, y la participación en comicios “democráticos” pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo “políticamente correcto” vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazándose por nuevos idearios “no violentos”. La idea de transformación radical, de revolución político-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayorías; aunque cada vez hay más ingenios tecnológicos pululando por el mundo, las relaciones sociales se tornan más dificultosas, más agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que podía parecer cuando terminó la Guerra Fría, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde la lógica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece. No está de más agregar que las guerras pasaron a constituir uno de los más redituables negocios del sistema capitalista. De hecho, la inversión en armamentos es el rubro comercial más desarrollado y que más ganancias otorga en este momento (se gastan 35,000 dólares por segundo en la industria bélica, lo cual favorece solo a un minúsculo grupo. Las mayorías siguen postergadas, hambrientas… ¡y muriendo en esas guerras!).

Una vez más entonces: ¿qué hacer? Hoy, después de la brutal paliza recibida por el campo popular con la caída del muro de Berlín y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (pérdidas de conquistas históricas, desaparición de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez más leoninas, sobre-explotación disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayorías, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez más también: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulación no se revierten tan fácilmente. Las ideas de transformación que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx y Engels, puntales infaltables en el pensamiento revolucionario, hoy día parecieran “fuera de moda”. Por supuesto que no lo son, pero la ideología dominante así lo presenta.

Hoy es más fácil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de fútbol que por reivindicaciones sociales. ¡Pero no todo está perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que sí pareciera faltar es una línea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. ¿Por dónde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? ¿Cómo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformación se ven cerrados. Quizá el presente es un período de búsqueda, de revisiones, de acumulación de fuerzas. Hoy por hoy, no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta está atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se creyó el germen transformador por excelencia –de acuerdo a la apreciación absolutamente lógica de mediados del siglo XIX cuando el auge de la revolución industrial– hoy está en retirada (la robotización lo va supliendo). Los nuevos sujetos contestatarios –movimientos sociales varios, campesinos, etnias, reivindicaciones puntuales por aquí y por allá– no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen hoy piezas de museo. ¿Quién levantaría la lucha armada en la actualidad como vía para el cambio social?

En medio de esa nebulosa, sin embargo, siguen surgiendo protestas, voces críticas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas caído el muro de Berlín con aquellas famosas frases pomposas de “fin de la historia” y “fin de las ideologías”, el estado actual del mundo nos recuerda que no es así. Ahora bien: ¿qué hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, más justo, menos pernicioso?

III

Es más fácil decir qué no hacer que proponer cuestiones concretas. En otros términos: es más fácil destruir que construir. Pero sabido eso, y asumiendo que no resulta nada fácil marcar un camino seguro (por el contrario ¡es tremendamente difícil!) se puede señalar, en todo caso, por dónde no ir. Eso, al menos, ya nos recorta un poco el panorama, y nos dice lo que no debemos hacer. Luego, quizá, surja la hoy día ausente propuesta concreta de qué hacer, por dónde ir.

Hoy, dada las circunstancias históricas, de ningún modo es posible:

Impulsar la lucha armada. Las condiciones nacionales de ningún país, e incluso la coyuntura internacional, tornan imposible levantar esa propuesta en este momento. El agotamiento de esta opción, la respuesta absolutamente desmedida de que fueron objeto por parte del Estado con su estrategia contrainsurgente los distintos sitios donde aparecieron focos guerrilleros, el descrédito y el miedo que dejaron estas luchas en el grueso de la población, hacen imposible, en la actual coyuntura, volver a levantar esa iniciativa. La cuestión técnica, es decir: la enorme diferencia de poderío que se ha establecido entre las fuerzas regulares de cualquier Estado y las fuerzas insurgentes, no es el principal obstáculo para proponer esta salida. Los ideales, está probado, pueden ser más efectivos que el más impresionante dispositivo técnico. De todos modos, llegado el caso, esa diferencia de potencial bélico hoy es tan grande que habría que replantear formas de lucha. Por ejemplo: ¿puede llegar a plantearse seriamente como una opción que desestabilice al sistema una “guerrilla informática”, los hackers? Quizá eso no serviría como propuesta de transformación, y debería pensarse en otras opciones, como guerra popular prolongada con una vanguardia armada. Lo cierto es que hoy, dado la reciente historia, ésta no se vislumbra como una vía posible.

Participar como partido político buscando la presidencia en elecciones generales para, desde allí, generar cambios. Sin descartar completamente la opción de la vía electoral, la opción transformadora no pasa por ocupar la administración del Estado capitalista. La experiencia lo ha demostrado infinidad de veces, a veces de manera trágica, que tomar el gobierno no es, en modo alguno, tomar el poder. Los factores de poder pueden admitir, a lo sumo, que un gobierno con tinte socialdemócrata realice algunos cambios no sustanciales en la estructura; si se quiere ir más allá, al no contarse con todo el poder real (las fuerzas armadas, el aparato de Estado en su conjunto, la movilización popular efectiva que representa un movimiento de masas siendo quien en verdad insufla la energía transformadora), al no haberse producido un cambio en las correlaciones de fuerzas reales en la sociedad, las posibilidades de cambio son nulas. Quizá pueda ser útil, sólo como un momento de la lucha revolucionaria, optar por ocupar poderes locales (alcaldías por ejemplo) o algunas bancas en el Poder Legislativo, para hacer oposición, para organizar, para constituirse en un referente alternativo. Pero en todo caso no hay que olvidar nunca jamás que esas instancias de la institucionalidad capitalista son muy limitadas: no están hechas para la democracia genuina, de base, revolucionaria. Son, en definitiva, instrumentos de dominación de clase, por eso no puede apuntarse a trabajar en ellas con la “ingenuidad” de creer poder transformar algo con instrumentos destinados a no cambiar.

____________

Sin tener claro por dónde, podemos ver algunos elementos interesantes, que deben llamar al análisis pormenorizado. En ese sentido, lo que sí se van dibujando como alternativas antisistémicas, rebeldes, contestatarias, son los grupos (en general movimientos campesinos e indígenas) que luchan y reivindican sus territorios ancestrales.

Quizá sin una propuesta clasista, revolucionaria en sentido estricto (al menos como la concibió el marxismo clásico), estos movimientos constituyen una clara afrenta a los intereses del gran capital transnacional y a los sectores hegemónicos locales. En ese sentido, funcionan como una alternativa, una llama que se sigue levantando, y arde, y que eventualmente puede crecer y encender más llamas. De hecho, en el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: “A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas”. [1] Para enfrentar esa presunta amenaza que afectaría la gobernabilidad de la región poniendo en entredicho la hegemonía continental de Washington y afectando sus intereses, el gobierno estadounidense tiene ya establecida la correspondiente estrategia contrainsurgente, la “Guerra de Red Social” (guerra de cuarta generación, guerra mediático-psicológica donde el enemigo no es un ejército combatiente sino la totalidad de la población civil), tal como décadas atrás lo hiciera contra la Teología de la Liberación y los movimientos insurgentes que se expandieron por toda Latinoamérica.

Hoy, como dijo algún tiempo atrás el portugués Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular, pero aplicable al contexto latinoamericano en general, “la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas”. [2] Anida allí, entonces, una cuota de esperanza. ¿Quién dijo que todo está perdido?

IV

No hay dudas que la contradicción fundamental del sistema sigue siendo el choque irreconciliable de las contradicciones de clase, de trabajadores y capitalistas (empresarios industriales, terratenientes, banqueros), más allá que ahora se hayan “puesto de moda” los Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos: MARC’s. Es decir: Marc’s en vez de Marx. Esa contradicción –que no ha terminado, que sigue siendo el motor de la historia, amén de otras contradicciones paralelas sin dudas muy importantes: asimetrías de género, discriminación étnica, adultocentrismo, homofobia, etc.– pone como actores principales del escenario revolucionario a los trabajadores, en cualquiera de sus formas: proletariado industrial urbano, proletariado agrícola, trabajadores clase-media de la esfera de servicios, amas de casa, intelectuales, personal calificado y gerencial de la iniciativa privada, subocupados varios, campesinos. Lo cierto es que, con la derrota histórica de este round de la lucha y el retroceso que, como trabajadores, hemos sufrido a nivel mundial con el capitalismo salvaje de estos años, eufemísticamente llamado “neoliberalismo” (precarización de las condiciones generales de trabajo, pérdida de conquistas históricas, retroceso en la organización sindical, tercerización, etc., etc.), los trabajadores estamos desorganizados, vencidos, quizá desmoralizados.

De ahí que estos movimientos campesinos-indígenas que reivindican sus territorios son una fuente de vitalidad revolucionaria sumamente importante.

La pregunta era: ¿por dónde ir? Sin dudas, la organización popular sigue siendo vital. Ningún cambio puede darse si no es con poblaciones organizadas, conscientes de su realidad, dispuestas a cambiar las cosas. Las élites esclarecidas no sirven para modificar una sociedad; más allá de su lucidez, la verdadera mecha del cambio está en la fuerza de la gente, no en el trabajo intelectual de una vanguardia (sin desmerecer lo intelectual en lo más mínimo, por supuesto). Evidentemente la potencialidad de este descontento que en muchos países latinoamericanos se expresa en toda la movilización popular anti industria extractivista (minería, hidroeléctricas, monocultivos destinados a la agroexportación) puede marcar un camino. Hoy día, en que pareciera que no hay ninguna claridad respecto a las sendas a transitar para lograr cambios reales, profundos y sostenibles, hoy día en que el sistema global parece tan monolítico y sin ningún resquicio por donde atacarlo, tal vez sea oportuno recordar al poeta (¿y quién dijo que el arte no puede ser infinitamente revolucionario?): “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.

 

Por Marcelo Colussi

Rebelión


Notas

[1] En Yepe, R. “Los informes del Consejo Nacional de Inteligencia”. Versión digital disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140463

[2] Boaventura Sousa, S. “Estrategia continental”. Versión digital disponible en https://www.uclouvain.be/en-369088.html

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Personas pobres afectadas por las disputas de tierra en Cambodia se han visto obligadas a vivir en un cementerio en Phnom Penh.Foto Afp

Al llamar a redoblar los esfuerzos para erradicar la pobreza extrema, especialmente la rural, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló que se calcula que 10 por ciento de la población mundial se encuentra en esa condición.

 

El organismo expuso que "desde 1990 el progreso mundial para reducir la pobreza no tiene parangón". Sin embargo, "alrededor de 736 millones de personas siguen padeciendo" esta condición y es muy posible que las cifras aumenten. “Se espera que una desaceleración continua del crecimiento económico mundial impida –o incluso invierta– el progreso hacia la reducción de la pobreza, en particular en las zonas rurales de los países más pobres”.

 

De acuerdo con el Banco Mundial, de 1990 a 2015 la tasa de pobreza extrema se redujo, en promedio, un punto porcentual por año (de casi 36 por ciento a 10), pero sólo bajó un punto entre 2013 y 2015.

 

En ese lapso, mil millones de personas salieron de ese rango, pero una desaceleración económica mundial podría poner en riesgo el Objetivo de Desarrollo Sostenible de eliminar la pobreza en 2030.

 

Sostuvo que se debe hacer más evidente el vínculo entre pobreza y hambre, "promoviendo la coherencia de las políticas entre los sectores de la protección social, la seguridad alimentaria y la nutrición y facilitando programas que aglutinen la asistencia social, el acceso a la educación nutricional, la atención sanitaria y una agricultura que tenga en cuenta la nutrición". Llamó a la inclusión económica de las personas en extrema pobreza en las zonas rurales, con la promoción de inversiones agrícolas y para la alimentación y de las oportunidades de empleo.

 

Señaló que es esencial promover medios de vida ambientalmente sostenibles y resilientes, incluyendo la reducción de la pobreza en las medidas relativas al cambio climático. "Teniendo en cuenta estas tendencias, la FAO considera que es necesario un mayor esfuerzo para llegar a las personas extremadamente pobres, que viven predominantemente en las zonas rurales".

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Martes, 11 Junio 2019 06:31

Desmontar el mandato de masculinidad

Desmontar el mandato de masculinidad

 

Rita Segato relata que el concepto de mandato de masculinidad lo formuló en Buenaventura, puerto de la costa del Pacífico de Colombia, cuando mujeres negras le preguntaron cómo se hace para poner fin a la guerra y la violencia. “Desmontando el mandato de masculinidad”, fue su respuesta.

La última semana de mayo tuvimos la oportunidad de compartir y debatir en el marco del “Congreso Resiste” convocado por la Universidad Iberoamericana y la revista Concilium, en Ciudad de México, para luego hacerlo en el Cideci, en San Cristóbal de las Casas, y en los espacios La Reci y la librería La Cosecha de esa ciudad.

Los debates fueron intensos y convocaron cientos de personas, participaron ponentes de varios continentes, incluyendo miembros del Congreso Nacional Indígena y del Concejo Indígena de Gobierno. En uno de los debates, además de Rita y quien escribe, participó el madrileño Amador Fernández-Savater, quien afirmó que en la izquierda (se refería al español Podemos), se registra un “deseo monoteísta” que se concreta en los objetivos de capturar del poder y uniformizar los movimientos.

Aunque me resulta imposible sintetizar en un par de cuartillas la riqueza de los debates, quisiera recoger la importancia de la participación de las mujeres, que mostraron un profundo espíritu crítico y autocrítico, que incluye al propio movimiento feminista.

Así, Elsa y Rebeca de la Asamblea Nos Queremos Vivas Neza, del estado de México, explicaron cómo se vive en “una sociedad atravesada por la violencia”, en la que no se aplican las políticas públicas porque el Estado no funciona y es, apenas, “una estructura patriarcal”. Dibujando un puente con los pueblos originarios, explicaron que “no partimos de un feminismo ortodoxo que impone cosas, sino del autocuidado de las mujeres”.

María Macario del CIG enfatizó en la necesidad del trabajo conjunto de varones y mujeres en estrecho contacto con el medio natural, al punto que de destacar que “la tierra se siembra en nosotras”. Explicando sus sentimientos al comprobar los desastres que el capitalismo genera en la madre tierra, dijo: “Estoy dejando de ser mujer porque el arroyo se está acabando”.

Siobhan Guerrero, filósofa de la ciencia, licenciada en biología y activista trans en temas de género, analizó el papel de las iglesias evangélicas en América Latina y cómo la ideología de género de las nuevas derechas se inserta en un discurso de derechos humanos, lo que las potencia. Destacó la complementariedad varones-mujeres y llamó a desarrollar formas de conciencia no mediadas por el Estado. “Es un problema que el movimiento de mujeres se piense en términos de derechos liberales”, concluyó.

Los intercambios con Rita giraron en torno a su concepto mandato de masculinidad y mostró sintonía con los debates que propone el zapatismo al criticar una política centrada en el enemigo, a la que considera fascista, “porque en ese caso es el enemigo el que nos mancomuna”.

En los intercambios pudimos constatar varias confluencias. La primera fue que el mandato de masculinidad no se desmonta desde el Estado, con leyes y procesos institucionales, sino en el trabajo directo con las personas, varones y mujeres, que pasa por cambios personales y de personalidad, por el modo como se establecen los vínculos en los espacios de la vida cotidiana.

En este aspecto, adivino dos procesos simultáneos: la organización de las mujeres que potencie movimientos y acciones, y a cada una de ellas; y los necesarios cambios entre nosotros, los varones, que pasan por perder los privilegios que tenemos, algo que es imposible procesar sin atravesar una crisis profunda porque se trata de cambiar nuestro lugar en el mundo. En lo personal, puedo decir que no se trata de “una” crisis puntual y acotada en el tiempo, sino un proceso ininterrumpido y continuo, sin final o con final abierto, para ir asumiendo, en la mejor hipótesis, una configuración interna otra que permita relacionarnos desde un lugar de sencillez y humildad naturales.

La segunda es que el mandato de masculinidad se desmonta en plazos muy largos, lo que requiere pensar y actuar en términos de larga duración. La persistencia y la permanencia permiten no sólo cambios en las relaciones, sino comprender a las y los otros, sus dolores y frustraciones, esas rabias y heridas que el patriarcado y el machismo han cincelado en el alma y en el cuerpo de las mujeres, pero también de los varones.

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Las niñas prostitutas de la autopista a Medellín

La directora Mabel Lozano cuenta en este texto su experiencia con un colectivo de estudiantes universitarias que lucha contra la trata en Colombia

 
Estos últimos años he estado un par de veces en Medellín (Colombia), en ambas ocasiones para hablar de trata y prostitución, y fue allí donde tuve la oportunidad de conocer al colectivo Todas con las Mujeres, que trabajan contra estas prácticas como una de las caras mas perversas de la violencia de género. Son crímenes contra las mujeres por el hecho de serlo.


Con este colectivo me unen muchas cosas, por ejemplo que utilizan el cine como herramienta de transformación social. Un porcentaje grande de sus integrantes son jóvenes estudiantes de cine de las universidades de Bogotá y Medellín, pero también de otras carreras como Derecho o Trabajo Social. Conozco y admiro el trabajo de este colectivo que en un 80% está integrado por mujeres jóvenes y estudiantes. Desde hace meses ruedan un nuevo documental sobre los llamados ángeles azules, las niñas prostitutas de la autopista de Medellín a Bogotá, llamadas así porque, a pesar de su gran belleza, tienen el color de su piel azul pálido, debido a la mala alimentación, el trasnochar y la adición a las drogas.


Me trasladan los testimonios de varias de estas niñas a las que han seguido durante meses. No quieren ni pueden salir de sus vidas ni abandonarlas a su suerte, una suerte que no está de su lado. Niñas como Patricia, de 14 años, con facciones casi perfectas, sonrisa angelical y extrema delgadez que la hacen parecer mucho menor. Patricia desertó del colegio hace ahora dos años.


"Yo entré a bachillerato con 11 años. Venía muy bien, mi mamá nos mantenía a mis dos hermanos menores y a mí de la venta de perritos calientes y pinchos, en un puesto en la calle. Mi papá se fue cuando yo tenía ocho años a trabajar al Guaviare, raspando coca, y nunca volvió. Yo acompañaba en las noches a mi mamá en la venta, al principio nos iba bien, hasta me compró un celular, pero luego se puso pesado y mi mamá recurrió a los gota a gota para que le prestaran para pagar el arriendo y comprar las salchichas y el pan. Tocaba pagarles a diario con intereses. Después de unos días no se pudo cumplir, entonces a mi mamá le pegaron y amenazaron con violar a mi hermanita, tocó entregarles el carro donde vendía la comida por la deuda… todo se juntó", cuenta. "En la escuela no dieron más desayuno ni almuerzo, no hubo más transporte escolar, yo no quise volver porque estudiar con hambre es muy hijoputa, además solo había para un pan y agua panela en la casa, y prefería que se lo dieran a mis hermanitos".


Caracoli es el sitio donde por las noches se reúnen mujeres de diferentes edades, travestis y niñas, a ejercer la prostitución. "Yo para ayudar a mi mamá comencé a ir a Caracoli (un municipio cercano). Me llevó una amiga, ella se rebuscaba buena plata con los camioneros. No había que darles besos —¡qué asco!— ni dejarse penetrar, solo mamárselo y le pagaban a una hasta 20.000 pesos (5 euros). En un rato se podía hacer unos más de doscientos. Comencé a ir algunas noches, luego todos los días, mi mamá se las olió, me siguió y me pilló, pero fue mejor porque ahora ella está pendiente de mí y anota la placa del carro donde me subo, por seguridad”.


Patricia es parte de los ángeles azules rebautizadas así por mis amigos de Todas con las Mujeres, porque antes les llamaban las zombis. Hasta el nombre estaba lleno de crueldad. Después vieron que el nombre era lo de menos y así lo han comprobado durante los nueve meses que han acompañado a seis de ellas documentando su día a día. Han entrado en sus hogares, con sus familias, en barrios como La Polonia, El Refugio y La Ratonera. Han sido testigos silenciosos de momentos trágicos, como cuando a alguna de ellas las golpeaban y arrojaban de los coches y camiones en marcha por solicitar que se les pagara primero el servicio sexual. De los intentos de suicidio de Ángela, con tan solo 15 años, de las eternas depresiones de Camilla después de pasarse tres días seguidos consumiendo basuco, el sobrante del raspado de la cocaína, altamente adictivo y degenerativo. De la tragedia de María, la chiquis, que entró en su casa y encontró a su hermano ahorcándose y no llegó a tiempo para sostenerle los pies para que no muriera. De Gina, que accedió a colaborar en el documental si se escuchaba alguna de sus composiciones de reguetón: “Cuéntame el cuento de las niñas azules que vagan en las noches para sobrevivir / Dime si es cierto que juraron estar juntas hasta perecer / Dime si es cierto que el pacto fue roto y están esparcidas pagando castigo hasta el amanecer / Dime si es cierto que solo después de esta vida tendrán ya sus alas y recuperarán su niñez / Nos dicen azules por el color de la piel, azules mis sueños, azules mis venas, mis lágrimas también”.


Los ángeles azules son un caso único, además, porque, a diferencia de las prostitutas de la zona, ellas no tienen ni madames ni proxenetas. No hay hoteles de lujo ni turistas extranjeros. Solo hay pobreza. Los servicios sexuales los ofrecen en las cabinas de los camiones y muy raras veces van a moteles de carretera. El precio por el servicio sexual es una miseria.


Más de la mitad de estas niñas empujadas a prostituirse abandonaron sus estudios porque en las escuelas antes podían alimentarse y tenían transporte gratuito para llegar al colegio, además de asistencia. Existen culpables directos: la clase dirigente y política que ha hecho mal uso de los recursos, del dinero. Miles de millones de pesos sustraídos descaradamente del programa escolar PAE, robando así a las niñas la educación, la infancia y condenándolas a vagar por las noches como zombis, vendiendo sus pequeños cuerpos.


En los últimos años han salido ya a la luz los casos más aberrantes de esta corrupción. Hoy, son muy pocos los arrestados por estos delitos, y los que lo son, no son castigados. Se les envía a sus casas porque no son considerados peligrosos para la sociedad.


El Fiscal General de la Niñez, Mario Gómez, es el encargado de llevar esta investigación, que se ha tomado muy en serio. Hace unos días hablaba por teléfono con él desde Madrid y me confesaba la impotencia que le provoca la situación privilegiada de los culpables, pero sobre todo el dolor de ver a esas niñas cada noche en la carretera, ahora además acompañadas de muchas otras menores de origen venezolano.


Es una verdad que todo el mundo sabe, pero de la que nadie habla por miedo en este territorio de paramilitares, ahora dominado por los prestamistas.
El mensaje es alto y claro, robar los dineros destinados para los niños y las niñas, además de un delito muy lucrativo, no tiene la mínima posibilidad de ser castigado.
Mabel Lozano es directora y guionista de cine social.

Por Mabel Lozano
26 MAR 2019 - 18:01 COT

 

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