Jueves, 26 Agosto 2021 05:49

El capital es la verdad neoliberal

El capital es la verdad neoliberal

Fe y progreso en la democracia de los desiguales

 

Tras la conmoción del Covid retorna la música del «business as usual» en una normalidad tan aparente que para diferenciarla de la anterior se le llama eufemísticamente «nueva normalidad». Nueva, pese a que persiste el desorden climático, el crecimiento de las desigualdades sociales, la expansión de los niveles de endeudamiento, la automatización del trabajo, el impulso de la Inteligencia Artificial, y el avance del capitalismo cognitivo, además del ritmo de agotamiento de las fuentes de energía, etc. Es decir; la nueva normalidad es la persistencia de la anormalidad habitual.

Así pues, la nueva normalidad se sostiene tanto sobre la fe tecnológica, como sobre el dopaje monetario de los mercados a los dos lados del Atlántico. Dopaje que recibe el pomposo nombre de fondos «next generation» en la Unión Europea y el gran «Plan de Recuperación» de Biden en EE.UU. En ambos casos el sostenimiento del sistema privado –más allá del clásico neoliberal de la competitividad y de la libertad de mercado sin intervención estatal–, se fundamenta en la financiación pública de las grandes corporaciones y en el mantenimiento de la rentabilidad óptima del capital inversor. Si bien parece contradictorio, lo cierto es que en el mundo real no hay alternativa.

El delirio neoliberal

Si usted es de los que piensan que el neoliberalismo es la fase más avanzada del capitalismo, no se asuste; es normal, pues se trata es una afirmación que muchos pueden compartir sin entrar en más detalle. La anormalidad surge justo en el intento de definir en qué consiste cada cosa. Algunos expertos en la materia piensan que el capitalismo tiene que ver con el mundo bipolar organizado bajo la tensión capital–patrimonio, mientras que otros especialistas, más filantrópicos, son de la opinión de que el neoliberalismo tiene que ver con la lógica que justifica la acumulación de capital en el mundo capitalista.

Sea como fuere existe también la idea extendida de que el neoliberalismo constituye una doctrina de política económica fundamentada en la excelencia de la competitividad por encima de ideas caducas como la igualdad, la justicia basada en la equidad, o la solidaridad. Así, entre los más académicos el neoliberalismo se define, más bien, como una forma de pensamiento pragmático incongruente, de núcleo egocéntrico, que resurge en las primeras décadas del siglo XX en la Europa de entreguerras como revisión del fracasado «laissez faire» del liberalismo del siglo XIX. Revisión que se efectúa frente al avance de los distintos colectivos que revindicaban una democracia de voto universal, la extensión de los derechos y un empoderamiento de los trabajadores.

Desde entonces el neoliberalismo presenta diferentes variantes y capas históricas hasta convertirse en un concepto poliédrico difícil de concretar. Desde una perspectiva histórica el neoliberalismo recibe un primer impulso importante en la Alemania autoritaria de principios del siglo XX bajo el dueto del jurista Hans Kelsen y su influyente doctrina del «positivismo jurídico», y el más reaccionario Carl Schmitt y su doctrina jurídica del «derecho amigo» «el concepto de lo político». Las ideas de ambos no solo sobrevivieron la segunda guerra mundial, sino que fueron modulando con éxito gran parte del pensamiento político y jurídico occidental desde la posguerra hasta nuestros días. No obstante, si el primer impulso tiene alma alemana, el segundo se genera en los Estados Unidos de los años 60 y 70 del siglo XX como proyecto ideológico y económico promovido por el capitalismo corporativo norteamericano que se siente amenazado (1). Consecuentemente el neoliberalismo puede describirse como un pensamiento pragmático que funde dos almas del convulso siglo XX; la alemana y la norteamericana.

El liberalismo del orden, el positivismo jurídico y la libertad de la desigualdad

Bajo la impronta del espíritu alemán –y antes del denominado «Coloquio Walter Lippmann» en 1938 y de la constitución de la Sociedad Mont Pelerín en 1947–, el núcleo económico del ideario neoliberal se empieza a cocer en la Escuela de Friburgo, en la Alemania de los años 30 del siglo XX. El conjunto de ideas se agrupó entonces bajo la denominación de «ordoliberalismo»; o lo que es lo mismo; «liberalismo del orden». Un «orden» que se distingue por detestar la democracia al considerarse incompatible con las dinámicas del mercado y la libre expansión del capitalismo.

Pronto se vio que el «liberalismo del orden» no es posible sin el positivismo jurídico que desecha el concepto de justicia social basado en la equidad para sustituirlo por el más funcional de una sociedad regulada por reglas. De esta forma se hace desaparecer del debate político y académico la lógica de los equilibrios armónicos en un conjunto social integrador, en favor del principio de competitividad entre individuos y de la libertad de mercado. Aquí no hay reparto equitativo porque no se reconoce la riqueza común, y las ganancias son solo atributo del capital.

Ni siquiera el planeta es patrimonio común de la humanidad, y el ejemplo más delirante de esta paradójica realidad lo constituye la explotación de los combustibles fósiles en la doble vertiente de su extracción del subsuelo, como en la vertiente de su enorme responsabilidad destructora del bien común que constituye el medioambiente. Ni el Derecho tiene una concepción ecológica o medioambiental, ni ninguna contabilidad capitalista repercute en su cuenta de resultados las consecuencias negativas de su producción en el medio ambiente físico y social. Sólo China acaba de limitar el desarrollo de su potente industria de videojuegos bajo el convencimiento de que «ninguna industria puede desarrollarse de forma que destruya una generación». (2)

En el capitalismo, la realidad se reduce a lo que se conoce como la economía de goteo que establece, de facto, la estructura jerárquica de la sociedad capitalista. La riqueza pierde entonces su carácter de capital social que solo puede generarse de manera colectiva para transferirse como derecho privado en forma de patrimonio y capital. Napoleón no solo dilapidó el sueño revolucionario de «Liberté, Égalité, Fraternité» con el art. 544 de su código de 1804 por el que establecía la propiedad privada como derecho absoluto natural, sino que también facilitó la lógica ordoliberal alemana de una «libertad» fundamentada en la desigualdad.

Una idea que se desarrolla con fuerza en la segunda mitad del siglo XX bajo la impronta pragmática del espíritu corporativo norteamericano en respuesta tanto al avance del keynesianismo en la Europa de la posguerra, como en contra del despertar de los movimientos sociales con la oleada de huelgas y reivindicaciones de las décadas de los años 60 y 70. No obstante David Harvey (3) destaca, en este sentido, el gran papel decisivo que, en la promoción global de las ideas neoliberales, desempeñan los grandes capitales corporativos que no solo financian las campañas electorales de los políticos norteamericanos, sino que también marcan la agenda política y legislativa del país más influyente del planeta desde la perspectiva económica y militar.

La democracia de los desiguales y el derecho amigo

Así pues, la denominada «democracia liberal» conforma hoy el oxímoron de «la democracia de los desiguales» donde la equidad se reduce a puro formalismo y la armonía social es un sueño irracional. Sin embargo, en la democracia liberal las reglas son la clave del sistema capitalista pues, a duras penas, responden al interés común, sino que, mediante el mecanismo de las mayorías, el poder legislativo sigue, en lo fundamental, la lógica de los intereses de las élites en una sutil variante del «derecho amigo».

Se trata del secreto, a voces, mejor guardado del siglo XX, pese a que la jurisprudencia del derecho positivo está plagada de numerosos ejemplos de esta praxis en todas las ramas del derecho –tanto en España como en el resto de países occidentales–, solo varía la intensidad y la forma. Un positivismo que con la globalización ha transferido, de facto, el poder legislativo nacional a la soberanía de los grandes fondos de inversión internacionales mediante la dinámica de los numerosos tratados internacionales que aseguran los intereses globalizados de las grandes corporaciones económicas (4). No obstante, el ejemplo más lacerante de esta realidad es la modificación exprés en 2011 del art. 135 de la Constitución Española para proteger los intereses de la banca alemana y europea.

En todo occidente los grandes inversores no solo controlan la economía, sino también el orden jurídico. O lo que es lo mismo; la soberanía del inversor corporativo triunfa sobre la soberanía nacional. Consecuentemente, la justicia «positiva», fundamentada en reglas, está también urbanizada con gran diversidad de lagunas y ambigüedades, a la vez que embellecida con leyes placebo y otras bromas togadas. Con el neoliberalismo la justicia asume la función del cancerbero encargado de asegurar el estatus quo del capitalismo como único orden social posible, o lo que es lo mismo; sin alternativa. No en vano; «El derecho no es un simple complemento, como consideran algunos, sino el núcleo mismo de la riqueza» (5). Consecuentemente no es, pues, la economía; es el derecho lo que conforma el núcleo eficiente de la doctrina neoliberal. Si bien «resulta cuando menos paradójico que, siendo el capital la piedra angular de nuestro sistema, desconocemos las características más básicas que permiten y promueven tal acumulación de riqueza y de desigualdad» (6).

El laboratorio neoliberal de la Unión Europea para sostén del capital

Es por esta razón que en el marco de la denominada «guerra fría» entre capitalismo y comunismo, el ideario liberal asume el estandarte de guerra ideológica contra toda clase de valores colectivos, cobrándose su primera víctima en la socialdemocracia europea. Así, pues, la lógica neoliberal se imbrica en instituciones y gobiernos como un credo antikeynesiano; o lo que es lo mismo; una doctrina favorable a las restricciones tanto a la acción del Estado –a la que tildan de intervencionismo–, como al alcance de la democracia mediante la austeridad en el gasto público; o ajuste presupuestario. Y todo en favor del orden competitivo del mercado y la protección de la sociedad de los empresarios (7). En la misma línea, un reciente libro de Thomas Biebricher publicado por la Universidad norteamericana de Stanford señala a la Unión Europea como el laboratorio más avanzado de las formas políticas neoliberales. (8)

Sin embargo, Biebricher en su libro sobre «Teoría Política del Neoliberalismo» señala «la sorprendente incapacidad del pensamiento neoliberal para teorizar una política de reforma neoliberal, al menos no sin violar los mismos supuestos que subyacen a sus propios análisis y críticas de las deficiencias de la política democrática» (9).Biebricher resalta aquí la paradoja general de que el neoliberalismo, si bien carece de relato coherente, muestra una extraordinaria eficacia en la implantación de sus ideas urbi et orbe.

Quizás la virtud principal de esa eficacia desarrollada en los últimos decenios del siglo XX sea la de haber transformado el clásico eslogan de Margaret Thatcher «There is no alternative» (No hay Alternativa), en materia de fe en el siglo XXI. Fe que deviene incomprensible a la luz de las crisis económicas, por cuanto éstas muestran diáfanamente la incongruencia de que, lejos de ser antiestatales, los neoliberales ven el Estado como el instrumento de garantía para la defensa a ultranza del orden capitalista; y no tienen reparo alguno en el desarrollo de generosas políticas monetarias para sostén del capital financiero y accionarial cada vez que el sistema capitalista colapsa. No importa la enorme masa de damnificados y perdedores que, en proporciones desconcertantes, causan las crisis. Lo realmente paradójico es que es entonces cuando los intereses del capital se elevan públicamente a interés general, transformando la deuda privada en deuda pública, para que las élites sigan haciendo caja con la bendición de los Bancos Centrales. Ciertamente ¡No hay alternativa!… ¡¡¡para el capital!!!

El socialismo neoliberal de la realidad compartida

Quizás una explicación a este fenómeno social de subordinación masiva a la doctrina neoliberal se encuentre en el hecho de que frente al empuje neoliberal en la crisis del petróleo del año 1973 –que puso fin al periodo conocido como «los treinta gloriosos», 1945–1973, o «el boom de la posguerra»–, la socialdemocracia no supo defender, con eficacia, ni las ideas keynesianas, ni los equilibrios básicos de un Estado democrático del bienestar. Así mientras Thatcher arrasaba en Inglaterra a los sindicatos del carbón declarando ilegal la huelga de 1984 (10), las socialdemocracias escandinavas balbuceaban tímidamente con la democracia económica incorporando a los representantes de los trabajadores en los consejos de administración de las empresas.

No obstante, el intento no tuvo mayor impacto toda vez que el laborismo inglés terminó sucumbiendo a las principales tesis económicas del neoliberalismo thatcheriano; –competitividad y libre mercado–, integrándolas en la conocida como «tercera vía» de Tony Blair (11). Sin embargo, no deja de sorprender que laboristas y socialdemócratas europeos terminaran aceptando no solo el postulado thatcheriano de que «la sociedad no existe», sino que además se sumaran pasivamente al programa neoliberal de cambiar el concepto mismo de vida social borrando toda idea de lo común. Incluso desde el punto de vista jurídico hay constitucionalistas que ven hoy la esfera social como una «realidad compartida» entre individuos.

Esa pasividad de la izquierda europea en la tolerancia de la denominada «democracia liberal» –la creación maestra del fundamentalismo neoliberal del siglo XXI–, hay que conectarla directamente tanto con las facultades de derecho, como con los propios órganos parlamentarios legislativos. Así, la idea de un individualismo mecanicista –sin más vínculos reconocidos jurídicamente que los transaccionales (contratos) y patrimoniales (propiedades)–, es la piedra angular del neoliberalismo que penetra instituciones, gobiernos y partidos como pauta evidente de sentido común.

En ningún momento la izquierda occidental –europea, norteamericana, o latinoamericana–, ha criticado a fondo los postulados del positivismo jurídico, ni planteado revisión alguna de sus fundamentos en orden a formular un ordenamiento jurídico neutral, alejado de la peregrina visión de la sociedad como un taller mecánico propiedad de la élite. Un ordenamiento, en definitiva, regido más por un principio de equidad integradora que reconozca la amplia gama de vínculos que rigen la vida en común, y se fundamente, también, en el equilibrio armónico del conjunto social vinculado (12). Y todo sin darle prioridad alguna a la protección de los intereses en juego en la competencia entre desiguales. Consecuentemente, sin poner fin al positivismo jurídico es imposible siquiera modificar el capitalismo. ¡¡¡No hay alternativa!!!… ni para la sociedad humana, ni para el planeta. (13)

La toxicidad letal del derecho positivo de la desigualdad y la nueva tribu de jíbaros

No importa cuantas alarmas estén ya activadas, ni cuantos informes haya sobre amenazas de catástrofes sociales o naturales. Ni siquiera importa el descubrimiento de una energía limpia y gratuita. Si nuestro Derecho sigue defendiendo el imperio de la desigualdad y la primacía de la propiedad privada sobre el interés general, la lógica capitalista acabará irremediablemente con el planeta.

La ficción histórica de la separación de poderes mantiene vigoroso el juego trilero de la política en el que izquierdas y derechas se alternan en un profesionalismo de élites del cambio para que todo siga igual. La lógica del mercantilismo liberal lejos de palidecer se refuerza constantemente pese a que la estructura institucional, y su sistema de gobernanza, carecen de rumbo y empiezan a mostrar signos preocupantes de deterioro consecuencia de muchos factores. Entre estos factores destaca su cambio de sentido, una burocratización irracional, una eficacia fluctuante y grandes bolsas de inoperatividad frente a las graves crisis económicas sanitarias y medioambientales.

En este ambiente tóxico, el lenguaje político desvanece su certeza en una niebla espesa de jeroglíficos sintagmáticos y algoritmos retóricos convertida en el gran teatro de las tragicomedias trileras de conveniencia. En el reparto de papeles, los medios de comunicación asumen la función de amplíar y mantener densa la niebla como parte fundamental de su negocio convirtiendo las noticias en una dimensión más del entretenimiento donde el reduccionismo de la realidad acompaña a la jibarización de sus seguidores.

La IDA de Madrid y el Júpiter de Francia; il faut s’adapter

En este orden de cosas se impone la idea de que los derechos sindicales, la justicia social, los impuestos progresivos, los servicios públicos, etc. son delirios colectivistas que constituyen rigideces del mercado y que, por tanto, deben limitarse y preferiblemente eliminarse. Madrid es un ejemplo extremo de este discurso que en Francia se abre paso bajo la idea de Macron de modernizar y liberalizar el país pese a que las fuertes protestas callejeras de los chalecos amarillos y otros colectivos se oponen continuamente a la ideología de la competitividad y el libre mercado.

Júpiter, como Macron gusta llamarse a sí mismo, rompió con la izquierda reformista francesa cuando bajó considerablemente los impuestos a los accionistas e inversores, al mismo tiempo que reducía los derechos sociales, bajaba las ayudas a la vivienda y recortaba las pensiones. Pero Macron, al igual que Thatcher, combate también a los movimientos sindicales bajo la convicción de que el capital es la única verdad real, y toda alternativa al neoliberalismo la define como «populismo». Llegados a este punto, la pregunta vuelve al centro del debate¿cómo es posible que poblaciones, asombrosamente mayoritarias, asuman su subordinación a unas élites tan sorprendentemente minoritarias?

Una respuesta obvia es que a diferencia del «pueblo», las élites detentan el control histórico de los poderes legislativo y coercitivo; policía y ejército. Sin embargo, durante los últimos 50 años el éxito del neoliberalismo como corriente de pensamiento se ha visto reforzado por la aceptación generalizada de su lógica por gran parte del mundo, a excepción de unos pocos países, entre los que destaca China. En todo caso, la globalización de esta doctrina se ha efectuado sobre la transferencia de las ideas de Darwin al campo de la economía competitiva, mezclando las ideas de progreso y evolución social con el realismo del capital inversor. Así, el capitalista empresario, rico, es considerado como el «Big Man» con capacidad para crear empresa, dar trabajo y pagar salarios.

Pero si el capital es la verdad, los flujos de capital son la realidad. Esta es, al menos una de las tesis que desarrolla Barbara Stiegler (14) en su ensayo publicado en 2019 «Il faut s’adapter» (Es necesario adaptarse) (15). Stiegler enfrenta la vieja tesis de Walter Lippmann sobre un modelo psudodarwiniano que marca la dirección de la evolución social en la sociedad del mercado y la competencia. Según Lippmann el imaginario de la masa de individuos se encuentra anquilosado en la vieja sociedad estática que gravita en torno a ideas como la igualdad, la justicia social o el control de los excesos. Se trata de un imaginario atrasado e inadecuado porque ignora «los flujos»; ignoran la realidad. Razón por la que la democracia obstaculiza el progreso y debe ser sustituida por la regla de los expertos. El razonamiento podría parecer sensato en el siglo XX, si no se tiene en cuenta el hecho de que son los expertos los que han llevado al planeta a la comprometida situación del siglo XXI.

El determinismo evolutivo y la dictadura de la adaptabilidad

No obstante, la idea de progreso está todavía impregnada en el imaginario occidental de un determinismo evolutivo en la secuencia de más riqueza, más especialización, más tecnología, más división del trabajo, más globalización y una vida humana totalmente absorbida por la dinámica del mercado y la competencia. Ni siquiera la pandemia del Covid, o las amenazas del cambio climático tienen fuerza suficiente para frenar la inercia de este determinismo evolutivo neoliberal de crecimiento perpetuo.

En su libro Stiegler denuncia lo que denomina «la dictadura de la adaptabilidad» a este determinismo evolutivo ya que el principal problema del neoliberalismo es la exigencia de adaptación pragmática de los individuos a los nuevos entornos resultantes de los cambios industriales y tecnológicos generados por la dinámica del mercado y su desarrollo tecnológico. La autora defiende la tesis de que el modelo neoliberal fundamentado en «reglas del juego» (16) que organizan las interacciones de los individuos, requiere algo más que el control legislativo a los efectos de conseguir una verdadera «acción social» (17) neoliberal en la línea evolutiva de producir individuos plenamente adaptados al juego de la competitividad en los mercados. O lo que es lo mismo; individuos eficazmente formados y con el máximo grado de productividad. El problema serio es que el progreso de la desigualdad es cada vez más excluyente generando preocupantes cifras de individuos plenamente inadaptables.

El ensayo de Stiegler trasciende el análisis de las originarias ideas de Lippmann y del pragmático John Dewey en el entorno de principios del siglo XX para mostrar en la segunda década del siglo XXI que el proyecto neoliberal es plenamente intervencionista más allá del mero ordenamiento jurídico, pues reorienta y estructura los entornos sociales e institucionales a los efectos de generar las individualidades adecuadas a cada momento tecnológico para la generación de beneficios. O lo que es lo mismo: ¡¡¡sin negocio no hay nada; solo el abismo del vacío!!!

El capital es la verdad… constitucional.

El Estado se convierte así en el principal instrumento neoliberal capaz de reorientar las instituciones en la dirección necesaria. Su aprovechamiento varía según las características internas de cada Estado. Si bien es fácil observar que todos los sistemas públicos de formación están reorientados en la dirección de la capacitación laboral. Los sistema públicos sanitarios se conciben como empresas de servicios bajo lógica mercantil antikeynesiana, la producción de vacunas Covid es solo un ejemplo. La justicia se concibe como un sistema bunkerizado (soberano), en sus aspectos más relevantes, para servicio y protección del estatus quo. El sistema militar, también; tan solo hay que mirar las cuentas de resultados de todas las guerras desde Vietnam hasta Afganistan, así como los presupuestos astronómicos de los ministerios de defensa. Y así sucesivamente con todas las instituciones del Estado. No deviene, pues, irracional pensar que; ¡¡¡El capital es la verdad!!!

Tan verdad que ya se habla en las facultades de derecho españolas de la «Constitución económica» separada de la «Constitución política». Reaparece ahora la vieja idea del ordoliberalismo alemán que veía la necesidad de separar el orden político del orden económico. En la Constitución Española de 1978, algunos juristas acostumbran a extraer los artículos que afectan al Derecho Mercantil para agruparlos bajo la denominación de «Constitución económica». Otros la amplían añadiendo aquellos que afectan al trabajo y al consumo. En cualquier caso el Tribunal Constitucional reconoce en sentencia de 1982 el concepto de Constitución Económica ligado al Título VII de la Constitución de 1978, (18) donde en su art. 128.1 se afirma algo tan eufemísticamente lírico como que; «toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.» Precepto tan cierto como inútil si como «interés general» se entiende el interés del capitalOtra cosa muy distinta es si el «interés general» cambia de criterio.

En cualquier caso un reciente artículo de mayo 2021 (19) va más allá del criterio de independencia de los Bancos Centrales y defiende «la desvinculación conceptual de las Constituciones económica y política, lo que implica aceptar una separación funcional entre el mercado y la política.»  Seguidamente Daniela Dobre, investigadora predoctoral de la Universidad de Granada, afirma que; «Alcanzar un equilibrio entre el principio democrático y el mercado libre representa uno de los retos más importantes del Derecho constitucional en la actualidad.» (20) Equilibrio que la autora fija claramente en el resumen inicial señalando «…dos posibles funciones de la Constitución económica, definidas como efectos de la regulación jurídica: la función constitutiva (reconocimiento del mercado como herramienta de protección de la libertad económica en sentido estricto) y la función potenciadora (garantía de la libertad económica sustantiva y su armonización con el resto de vertientes de la libertad humana).»

Llegados a este punto, la pregunta vuelve al centro del debate¿cómo es posible que poblaciones, asombrosamente mayoritarias, asuman su subordinación a unas élites tan sorprendentemente minoritarias? O lo que es lo mismo; ¿Estamos ya tan adaptados al neoliberalismo que somos las propias masas de subordinados los que en realidad sostenemos las élites minoritarias?

Por Francisco Muñoz Gutiérrez | 26/08/2021

 

Notas:

(1).- Ver; https://www.jacobinmag.com/2016/07/david-harvey-neoliberalism-capitalism-labor-crisis-resistance/ Ver también: David Harvey, Breve historia del neoliberalismo. Akal, 2007.

(2).- Ver; https://www.xataka.com/empresas-y-economia/a-china-nadie-se-le-sube-a-chepa-asi-como-estan-parando-pies-a-sus-gigantes-tecnologia-distracciones?utm_source=recommended&utm_medium=DAILYNEWSLETTER&utm_content=recommended6&utm_campaign=20_Aug_2021+Xataka

(3).- Ver; https://www.jacobinmag.com/2016/07/david-harvey-neoliberalism-capitalism-labor-crisis-resistance/

(4).- «La ofensiva contra la democracia representativa se culmina con la apuesta por una justicia privatizada en defensa de la constitución económica global. Esta nueva legalidad, además de alterar el procedimiento de toma de decisiones, precisa también de un sistema judicial ad hoc, de parte. De esta manera, al igual que los acuerdos bilaterales firmados en las últimas décadas, ahora todos los tratados de nueva generación incorporan un capítulo o hacen explícita referencia a la protección de las inversiones. Se aboga así por implantar a escala global una serie de tribunales privados de arbitraje, con mayor capacidad jurídica que la propia justicia pública.» Fernández, Gonzalo (2018) Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI, Barcelona: Icaria. Pág. 108

(5).- Las palabras son de Katharina Pistor, profesora de derecho de la Universidad de Columbia y directora del Center on Global Legal Transformation de la misma institución, autora del libro The Code of Capital (Princeton University Press, 2019). La cita está extraída de la entrevista realizada por Hernán Garcés publicada el 19 de sep. 2019: https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/concentracion-riqueza-aumento-desigualdad-derecho_132_1351846.html

(6) ibid.

(7).- Ver https://www.jacobinmag.com/2016/06/keynes-roosevelt-fdr-depression-inflation-imf-world-bank/

En todo caso, no hay que perder de vista que la idea de «Estado mínimo» neoliberal se basa en una visión instrumentalista del Estado, fundamentada en un poder judicial y un poder coercitivo –policía y ejército–, cuya función principal es la protección y defensa de los intereses del capital, mientras que la función de gobierno e instituciones se limita a una función de agencia encargada de las labores de gestión diaria de las necesidades del mercado.

(8).- Thomas Biebricher, The political theory of neoliberalism. Stanford University Press, 2018

(9).- T. Biebricher, The political theory of neoliberalism, p. 31.

(10).- Ver Selina Todd, El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010) (Akal, Madrid, 2018).

(11).- https://www.sinpermiso.info/textos/el-pueblode-selina-todd-un-libro-de-historia-para-pensar-hoy-la-clase-obrera

(12).- La idea kantiana de que «la libertad de cada uno sea compatible con la de los demás» fundamenta no solo la doctrina positivista de Hans Kelsen, sino también la de John Rawls en su libro de 1993 «El liberalismo político». Rawls traduce la idea kantiana de compatibilidad en derechos básicos iguales para todos, fijando la idea de equidad en el formalismo abstracto de la «igualdad de oportunidades» para justificar a continuación las desigualdades mediante lo que denomina «principio de la diferencia», que no es otra cosa que la ilusión moral de la economía de goteo. Es decir: que un mayor beneficio privado resulta justo a condición de que también se beneficien con la ganancia aquellos que obtienen menos. Sin embargo, inversión y fiscalidad no resuelven el problema fundamental del capitalismo en su intento de conciliar libertad e igualdad en un contexto democrático. Así, la creciente desigualdad inherente al desarrollo del capitalismo bajo el impulso de las tecnologías, expulsa cada vez más personas del sistema que dejan de ser sujetos libres, y dueños de su propia vida, para convertirse en objetos de carga sin vínculo alguno con la sociedad. Incluso urbanísticamente los excluidos tienden a compartir  realidad en las ciudades con otros excluidos en zonas muy determinadas, a los efectos centrífugos de que no pueden compartir realidad con los «incluidos». Y solo a los efectos de supervivencia hay excluidos que pueden percibir, como derecho, un subsidio limitado, nunca un vínculo de integración. Otros subsisten de la caridad contingente.

(13).- Ver; https://www.eldiario.es/theguardian/Atrevete-dar-muerto-capitalismo-mate_0_892411706.html

(14).-https://fr.wikipedia.org/wiki/Barbara_Stiegler#S’adapter,_un_credo_n%C3%A9olib%C3%A9ral

(15).- Barbara Stiegler, «Il faut s’adapter». Sur un nouvel impératif politique, Paris, Gallimard, coll. «NRF Essais», 2019.

(16).- Ibid, pág. 209.

(17).- Ibid, pág. 230.

(18).- Ver; https://app.congreso.es/consti/constitucion/indice/titulos/articulos.jsp?ini=128&tipo=2

(19).- Ver http://www.revistasmarcialpons.es/revistaderechopublico/article/view/573/580

(20).- Ibid, apartado 4. Conclusiones.

Publicado enEconomía
Fotografía: Daniel Mora/El Comercio

¿Aumentarán aún más los nacionalismos y las desigualdades? La brillante filósofa Adela Cortina, que introdujo en el pensamiento contemporáneo el concepto de aporofobia (‘fobia al pobre’), nos ayuda a anticipar los retos del mundo pospandemia, en el que será clave, dice, una gobernanza global.

“Elijamos unir el poder de los mercados con la autoridad de los ideales universales. Elijamos reconciliar las fuerzas creadoras de la empresa privada con las necesidades de los menos aventajados”. A la filósofa Adela Cortina (Valencia, 73 años) le emociona recordar estas palabras de Kofi Annan, antiguo secretario general de la ONU. Las pronunció hace más de veinte años, pero Cortina considera que nunca han estado tan de actualidad. La catedrática de Ética y directora de la Fundación Étnor, una de las mentes que más agudamente han reflexionado sobre las repercusiones sociales de las decisiones de las empresas, considera que la pandemia ofrece una oportunidad única: impulsar una auténtica gobernanza global que no dependa de los intereses de unos pocos países y corporaciones. Esto ayudaría a la recuperación económica y a recobrar la confianza en las instituciones democráticas.


XLSemanal. Habíamos visto luz con las vacunas, pero la tercera ola vuelve a ensombrecer el panorama. ¿Cuándo se acabará esta pesadilla?
Adela Cortina. Sabremos que la pandemia se ha acabado cuando los abuelos vuelvan a llevar a los nietos al colegio.


XL. Desde luego, eso sería un síntoma de normalidad. De momento cuesta imaginar cómo será ese nuevo mundo pospandemia…
A.C. Habrá un mundo ‘pos-esta pandemia’. Pero seguirá habiendo patógenos y hemos de aprender a estar preparados. Todos los países deben tener un mínimo de reservas estratégicas para hacer frente a estas situaciones. No podemos depender del exterior.


XL. ¿Estamos ante el principio del fin de la globalización?
A.C. No lo creo. Hay que mejorar algunos aspectos para generar más igualdad y ayudar a los más vulnerables. Pero la globalización nos permite estar en cualquier lugar del planeta en tiempo real gracias a la conectividad. Esto ha permitido que durante la pandemia continuasen las clases, las reuniones de trabajo… El mundo se hubiera congelado de no ser global. Cerrar fronteras solo se justifica en una situación de emergencia como esta. Pero los inconvenientes de la globalización no se solucionan volviendo a un nacionalismo pacato. Los problemas de la globalización vienen de quien la gobierna.


XL. ¿Y quién lo hace?
A.C. Ahora son unas cuantas grandes corporaciones las que dirigen la globalización. Empresas poderosas que solo buscan su propio beneficio. Por eso hay que trabajar para que haya una gobernanza global.


XL. Ahí están la ONU, la OMS…
A.C. La ONU es un buen organismo, pero son unos pocos países los que toman las decisiones y algunos tienen derecho a veto. Hay que ir un paso más allá. Me refiero a hacerlas globales de verdad, con todas las consecuencias. Que no sean las naciones las que manden sobre ellas, sino que tengan autonomía.

XL. Es todo un salto mental…
A.C. Pero hay gente trabajando en ello. Es el futuro. Un mundo global necesita una gobernanza global. No que unas naciones decidan por encima de otras.


XL. Sin embargo, también vemos una tendencia muy fuerte en sentido contrario, hacia lo que se ha llamado ‘nacionalismo estratégico’. El cierre de fronteras o incluso el brexit son dos ejemplos. ¿No cree que muchos optarán por la independencia frente a la interdependencia?
A.C. El nacionalismo estratégico no opta por la independencia. Hay una confusión ahí. De lo que se trata es de que cada país tenga unas reservas para no depender de otros. En especial, de China; o de la India, que es el mayor proveedor de medicamentos genéricos del mundo, y que al principio de la pandemia decidió restringir las exportaciones de una docena de principios activos de fármacos; entre ellos, el paracetamol. Pero eso no es nacionalismo, es necesidad de supervivencia. Y es una actitud legítima, de prudencia.


XL. ¿Y el nacionalismo, entonces?
A.C. El que me preocupa es el que subyace en el eslogan «América primero» (o «España primero»). Eso es un retroceso.


XL. Dicen que en las crisis siempre surgen oportunidades, ¿vislumbra alguna?
A.C. Tenemos una oportunidad de relanzar la España vacía. Algunos, huyendo de la peste, como sucedió en el Decamerón, de Boccaccio, se han ido al pueblo y han decidido quedarse y trabajar desde allí. Si la España vacía se va llenando de gente, les harán más caso.


XL. Dentro de las ciudades son los barrios con menos recursos los que están llevándose el peor golpe, tanto sanitario como económico…
A.C. No sé si seremos capaces de construir una sociedad sin aporofobia, sin fobia al pobre. El ser humano, casi por instinto, intenta relacionarse solo con aquellos que le van a reportar algún beneficio y deja de lado a los que le van a suponer problemas.


XL. Hemos superado los dos millones de muertos en el mundo; la mayoría, ancianos. Mientras tanto, en Silicon Valley investigan para alargar la longevidad más allá de los límites biológicos. Algo no me cuadra…
A.C. La pandemia debería ser una cura de humildad. Pero en Silicon Valley consiguen una cantidad de dinero impresionante vendiendo que el envejecimiento es una enfermedad que se puede tratar y que la inmortalidad es la meta. ¿Cuándo aprenderemos que la fragilidad y la vulnerabilidad son parte sustancial del ser humano? Nos irá mejor si dejamos de hablar de vencer a la muerte y cuidamos mejor la vida.


XL. ¿Cree que se ha agrandado la brecha generacional entre los mayores y muchos jóvenes?
A.C. Desgraciadamente, creo que hemos visto algo de gerontofobia, de fobia a los ancianos. Y empezó ya con la desescalada, que se hizo por grupos de edad. Los jóvenes no podían mezclarse con los mayores de 65. Eso va creando una cierta mentalidad.


XL. ¿La mentalidad de que los ancianos son un lastre?
A.C. Es lo que han dicho siempre los fascismos y los comunismos. El aprecio al joven por encima de todo. Los mayores están de más. Su obligación es apartarse y desaparecer… Lo peor es que mucha gente se sintió muy aliviada cuando vio que la mayoría de los afectados por el virus desarrolla síntomas leves, excepto los ancianos y los grupos de riesgo. Por otra parte, las relaciones intergeneracionales son muy importantes porque aprendemos unos de otros. Y se nos olvida que en España a los nietos los han criado los abuelos porque la conciliación familiar es difícil. Y que en la crisis de 2008 fue la pensión de los abuelos la que sostuvo a las familias.


XL. En el dilema entre salud y economía, ¿qué debe pesar más?
A.C. En la vida no hay dilemas, sino problemas. Un dilema implica que hay que elegir entre dos posibles soluciones: o salud o economía. No, mire, no hay que elegir entre las dos cosas. Hay que tratar de ver, entre dos opciones, un camino para conservar lo mejor de ambas. Hay que conservar vida y hay que hacer buena economía.


XL. ¿Y entre seguridad y libertad?
A.C. Otro falso dilema. La seguridad y la libertad son indispensables. Y compatibles. ¿Cómo puede una población ser libre si no está segura? Por otra parte, una sociedad que solamente busca la seguridad, y para ello se entrega al servilismo, es una sociedad suicida.


XL. Algunos regímenes totalitarios presumen de su gestión de la pandemia.
A.C. Da la impresión de que China ha afrontado mejor el problema. Sin embargo, es una idea falsa. Porque en un sistema totalitario no hay información fiable. En los países democráticos vamos teniendo información, más o menos, de las cosas que ocurren. Y la gente que se siente perjudicada puede protestar.

De China solo vemos lo que el régimen quiere enseñar.

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Miércoles, 27 Enero 2021 08:34

Fútbol, en las bolsas de la especulación

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Las noticias procedentes del mundo del fútbol, son cada vez más sorprendentes. Al final de la primera semana de enero algunos portales deportivos entregaron la información sobre el futbolista más caro del mundo, y sobre otros que le siguen en esa bolsa de especulación y mercadeo financiero en que ha terminado lo que otrora fue un juego, simplemente eso, una oportunidad de encuentro, recreación, competencia circunstancial, compartir de alegrías y relajamiento. La noticia estaba soportada en información brindada por el centro investigador Cies Football Observatory.

La noticia, presentada como lo más normal del mundo, como si no ocultara la esencia del modelo social que ahora nos domina, confirmaba que con un precio de 165 millones de euros (algo así como 709 mil millones de pesos) Marcus Rashford, delantero del Manchestar United F.C. (de la Premier League) figura como el jugador más caro del mundo.

Con algunos millones menos que su astronómica cotización, en segundo lugar destaca Ering Haaland, delantero del Borussia Dortmund (de la Bundesliga de Alemania) tasado en 152 millones de euros.

Pero no solo delanteros. Según el CIES, porteros, mediocampistas y demás también cotizan a cifras con muchos ceros. Por ejemplo, Bruno Fenandes, mediocampista del Manchestar United F.C. está cotizado en 151 millones de euros. Por su parte, Ederson Moraes, portero del Manchestar City F.C. está cifrado en 80 millones de euros.

En este mercado, más que deporte estrictamente hablando, los jugadores más referidos por el contorno colombiano, y que de por sí ya registraban con cifras que asombraban a todos los aficionados, quedan relegados a puestos distantes. Por ejemplo, el delantero del Barcelona Lionel Messi, en el 97 y valorado en 54 millones de la moneda europea. Y Cristiano Ronaldo, jugador de la Juventus, tasado “apenas” en 47 millones de igual moneda, figura en la posición 131.

Toda una locura. ¿Cómo fue posible que un deporte barrial, espacio de encuentro, abrazos, alegría y llanto colectivo, de compartir, momento de recreación y descanso, terminará transformado en fuente de especulación, intrigas de todo tipo, presiones inimaginables, manipulaciones, casino nacional y global tras el que se mueven intereses puros e impuros? Sin duda, la lucha de los gobernantes por el control de la Fifa, multinacional deportiva, no es casual.
¿Cómo fue posible que lo que era un simple intercambio de destrezas, capacidad física, agilidad corporal y mental, quedará transformado en una inmensa empresa mercantil con miles de tentáculos que no deja dormir a innumerable cantidad de niños y jóvenes en su ilusión por llegar a ser los mejores jugadores de su ciudad, país y mundo, no solo para destacar como simples y buenos deportistas sino para ganar infladas bolsas de dinero? Niños y jóvenes que desde ese momento han perdido la esencia del deporte, lo espontáneo, el compartir incluso sin reglas, como es el espíritu del juego en general, el divertirse, el batirse en capacidades momentáneas, para quedar sumidos en el afán por el triunfo, ocupando como todo trabajador un lugar exacto dentro de un tinglado predeterminado por otros.

Niños y jóvenes, en buena proporción habitantes de barriadas populares, que ven en la destreza con la pelota la oportunidad para salir de la marginalidad. Una ilusión coronada por muy pocos, pese al esfuerzo de tantos miles; una ilusión frustrada para muchos por la lógica en que se soporta todo intercambio mercantil: se compra y se vende lo que es útil a alguien, lo que sirve para algún propósito, y en ese tire y afloje entre oferta y demanda, no hay lugar para todos pues de por medio está el interés y cálculo del empresario, para quien especula con la fuerza de trabajo de otros, quien se embolsilla los dividendos primero que cualquier trabajador/jugador.

Es un mercadeo de ilusiones y capacidades físicas en el cual al jugador, producto de las grandes cifras que devenga, olvida que es un trabajador, uno que cumple con su jornada y está sometido a intensas sesiones laborales, ahora súper exigentes, en tanto tiene que desempeñarse cada semana en por lo menos dos partidos, además de someterse a la rutina diaria de formación y mantenimiento físico que demanda prolongadas sesiones de trabajo.

Un trabajador, que si le va bien alcanza la jubilación tras 20 años de cumplir con el patrón, como le sucedía antes a todo el que tuviera trabajo fijo, derecho perdido pero que sí lo ostentan quienes trabajan controlando la número cinco. Son jóvenes enrolados a los 13 años de edad, que si les va bien a los 18 o 20 ya reciben al año ingresos que un obrero de salario mínimo no alcanza a reunir ni sumando sus ingresos de toda una vida, y que a los 35 ya ven cerrado su ciclo laboral Tal vez se retiran con lesiones físicas, con el desgaste del cuerpo que todo obrero sufre, en este caso con lesiones de rodilla, tobillos, pies, hombros, cabeza, pero no siempre es así, en ocasiones salen con aceptable salud. En todo caso, a mitad de sus vidas pueden dedicarse a cualquier otro oficio. Un lujo que pocos pueden darse.

De esta manera, en esa demencial descompensación, donde el individualismo es alentado al máximo, convertidos en figuras del espectáculo, en referentes de millones de personas, no es extraño que el consumo quede como alternativa y posibilidad: ellos son marca pero además no consumen sino las marcas que destacan en ese momento, y no solo sucede con la ropa y similares, también autos y hasta aviones. De eso se trata, así colonizan sus mentes: ostentar, destacar, lucir, figurar. Ya no son personas, ya son mercancía, una cosa, algo que un tercero maneja a su antojo.

Pocos logran zafarse de esa lógica perversa, defendiendo su capacidad integral, y cuando eso sucede, en tanto personalidades del espectáculo, logran impactar a millones de personas, estimulando actitudes críticas, rupturas con el vil mercadeo de la sociedad en general en que hemos caído.

Es una realidad que sucede con el fútbol, extendida a todos los otros deportes, entre ellos el básquet, el beisbol, por no alargarnos enumerando nombres.

Una realidad que no puede negarnos la ilusión de recuperar el deporte como simple juego, espontáneo compartir de ilusiones, alegrías y tristezas, espacio para integrar, para formar comunidad, al tiempo que nos formamos en cuerpo y espíritu.

 


 

Otra maravilla

 

No solo algunos jugadores, trabajadores de una empresa llamada deporte y en particular fútbol, devengan ahora inmensas sumas de dinero, también los perciben con muchos ceros los técnicos o entrenadores de esos equipos, que equivalen, por colocar un ejemplo, a ingenieros o profesionales cualificados de un sector específico de la producción.

Y aunque tienen sueldos inmensos cuando se desempeñan al frente de un equipo cualquiera en la liga profesional, la mesada se multiplica por mucho cuando son contratados por la Federación de Fútbol de un determinado país.

Es el caso de la Selección de Fútbol de Colombia, cuyo último técnico, Carlos Queiroz, salió en tiempo récord por bajos resultados, y para finiquitar su contrato tocaba cancelarle hasta dos millones de dólares. Si eso es perdiendo, ¿cómo será presentando óptimos resultados?

Pues bien, las informaciones procedentes de esa misma institución indican que en su reemplazo llegará Reinaldo Rueda, con quien discuten si la suma por pagarle, a él y su equipo técnico –integrado por Alexis Mendoza y Bernardo Redín– rondaría los 3,5 millones de dólares, por fuera de los cuales quedan las primas o bonificaciones por clasificar al mundial de este deporte, así como por lograr los mejores lugares en el mismo.

Y mientras esto sucede en el deporte, y en otras muchas profesiones donde las directivas se lucran de inmensos ingresos, las centrales obreras mantienen la discusión sobre el salario mínimo, que ahora en Colombia es de 908.500 pesos. En realidad el debate debe invertirse y discutirse el salario máximo, una vía para ir atacando la ascendente desigualdad social existente y creciente en nuestro país.

 

Publicado enColombia
Fútbol, en las bolsas de la especulación

Las noticias procedentes del mundo del fútbol, son cada vez más sorprendentes. Al final de la primera semana de enero algunos portales deportivos entregaron la información sobre el futbolista más caro del mundo, y sobre otros que le siguen en esa bolsa de especulación y mercadeo financiero en que ha terminado lo que otrora fue un juego, simplemente eso, una oportunidad de encuentro, recreación, competencia circunstancial, compartir de alegrías y relajamiento. La noticia estaba soportada en información brindada por el centro investigador Cies Football Observatory.

La noticia, presentada como lo más normal del mundo, como si no ocultara la esencia del modelo social que ahora nos domina, confirmaba que con un precio de 165 millones de euros (algo así como 709 mil millones de pesos) Marcus Rashford, delantero del Manchestar United F.C. (de la Premier League) figura como el jugador más caro del mundo.

Con algunos millones menos que su astronómica cotización, en segundo lugar destaca Ering Haaland, delantero del Borussia Dortmund (de la Bundesliga de Alemania) tasado en 152 millones de euros.

Pero no solo delanteros. Según el CIES, porteros, mediocampistas y demás también cotizan a cifras con muchos ceros. Por ejemplo, Bruno Fenandes, mediocampista del Manchestar United F.C. está cotizado en 151 millones de euros. Por su parte, Ederson Moraes, portero del Manchestar City F.C. está cifrado en 80 millones de euros.

En este mercado, más que deporte estrictamente hablando, los jugadores más referidos por el contorno colombiano, y que de por sí ya registraban con cifras que asombraban a todos los aficionados, quedan relegados a puestos distantes. Por ejemplo, el delantero del Barcelona Lionel Messi, en el 97 y valorado en 54 millones de la moneda europea. Y Cristiano Ronaldo, jugador de la Juventus, tasado “apenas” en 47 millones de igual moneda, figura en la posición 131.

Toda una locura. ¿Cómo fue posible que un deporte barrial, espacio de encuentro, abrazos, alegría y llanto colectivo, de compartir, momento de recreación y descanso, terminará transformado en fuente de especulación, intrigas de todo tipo, presiones inimaginables, manipulaciones, casino nacional y global tras el que se mueven intereses puros e impuros? Sin duda, la lucha de los gobernantes por el control de la Fifa, multinacional deportiva, no es casual.
¿Cómo fue posible que lo que era un simple intercambio de destrezas, capacidad física, agilidad corporal y mental, quedará transformado en una inmensa empresa mercantil con miles de tentáculos que no deja dormir a innumerable cantidad de niños y jóvenes en su ilusión por llegar a ser los mejores jugadores de su ciudad, país y mundo, no solo para destacar como simples y buenos deportistas sino para ganar infladas bolsas de dinero? Niños y jóvenes que desde ese momento han perdido la esencia del deporte, lo espontáneo, el compartir incluso sin reglas, como es el espíritu del juego en general, el divertirse, el batirse en capacidades momentáneas, para quedar sumidos en el afán por el triunfo, ocupando como todo trabajador un lugar exacto dentro de un tinglado predeterminado por otros.

Niños y jóvenes, en buena proporción habitantes de barriadas populares, que ven en la destreza con la pelota la oportunidad para salir de la marginalidad. Una ilusión coronada por muy pocos, pese al esfuerzo de tantos miles; una ilusión frustrada para muchos por la lógica en que se soporta todo intercambio mercantil: se compra y se vende lo que es útil a alguien, lo que sirve para algún propósito, y en ese tire y afloje entre oferta y demanda, no hay lugar para todos pues de por medio está el interés y cálculo del empresario, para quien especula con la fuerza de trabajo de otros, quien se embolsilla los dividendos primero que cualquier trabajador/jugador.

Es un mercadeo de ilusiones y capacidades físicas en el cual al jugador, producto de las grandes cifras que devenga, olvida que es un trabajador, uno que cumple con su jornada y está sometido a intensas sesiones laborales, ahora súper exigentes, en tanto tiene que desempeñarse cada semana en por lo menos dos partidos, además de someterse a la rutina diaria de formación y mantenimiento físico que demanda prolongadas sesiones de trabajo.

Un trabajador, que si le va bien alcanza la jubilación tras 20 años de cumplir con el patrón, como le sucedía antes a todo el que tuviera trabajo fijo, derecho perdido pero que sí lo ostentan quienes trabajan controlando la número cinco. Son jóvenes enrolados a los 13 años de edad, que si les va bien a los 18 o 20 ya reciben al año ingresos que un obrero de salario mínimo no alcanza a reunir ni sumando sus ingresos de toda una vida, y que a los 35 ya ven cerrado su ciclo laboral Tal vez se retiran con lesiones físicas, con el desgaste del cuerpo que todo obrero sufre, en este caso con lesiones de rodilla, tobillos, pies, hombros, cabeza, pero no siempre es así, en ocasiones salen con aceptable salud. En todo caso, a mitad de sus vidas pueden dedicarse a cualquier otro oficio. Un lujo que pocos pueden darse.

De esta manera, en esa demencial descompensación, donde el individualismo es alentado al máximo, convertidos en figuras del espectáculo, en referentes de millones de personas, no es extraño que el consumo quede como alternativa y posibilidad: ellos son marca pero además no consumen sino las marcas que destacan en ese momento, y no solo sucede con la ropa y similares, también autos y hasta aviones. De eso se trata, así colonizan sus mentes: ostentar, destacar, lucir, figurar. Ya no son personas, ya son mercancía, una cosa, algo que un tercero maneja a su antojo.

Pocos logran zafarse de esa lógica perversa, defendiendo su capacidad integral, y cuando eso sucede, en tanto personalidades del espectáculo, logran impactar a millones de personas, estimulando actitudes críticas, rupturas con el vil mercadeo de la sociedad en general en que hemos caído.

Es una realidad que sucede con el fútbol, extendida a todos los otros deportes, entre ellos el básquet, el beisbol, por no alargarnos enumerando nombres.

Una realidad que no puede negarnos la ilusión de recuperar el deporte como simple juego, espontáneo compartir de ilusiones, alegrías y tristezas, espacio para integrar, para formar comunidad, al tiempo que nos formamos en cuerpo y espíritu.

 


 

Otra maravilla

 

No solo algunos jugadores, trabajadores de una empresa llamada deporte y en particular fútbol, devengan ahora inmensas sumas de dinero, también los perciben con muchos ceros los técnicos o entrenadores de esos equipos, que equivalen, por colocar un ejemplo, a ingenieros o profesionales cualificados de un sector específico de la producción.

Y aunque tienen sueldos inmensos cuando se desempeñan al frente de un equipo cualquiera en la liga profesional, la mesada se multiplica por mucho cuando son contratados por la Federación de Fútbol de un determinado país.

Es el caso de la Selección de Fútbol de Colombia, cuyo último técnico, Carlos Queiroz, salió en tiempo récord por bajos resultados, y para finiquitar su contrato tocaba cancelarle hasta dos millones de dólares. Si eso es perdiendo, ¿cómo será presentando óptimos resultados?

Pues bien, las informaciones procedentes de esa misma institución indican que en su reemplazo llegará Reinaldo Rueda, con quien discuten si la suma por pagarle, a él y su equipo técnico –integrado por Alexis Mendoza y Bernardo Redín– rondaría los 3,5 millones de dólares, por fuera de los cuales quedan las primas o bonificaciones por clasificar al mundial de este deporte, así como por lograr los mejores lugares en el mismo.

Y mientras esto sucede en el deporte, y en otras muchas profesiones donde las directivas se lucran de inmensos ingresos, las centrales obreras mantienen la discusión sobre el salario mínimo, que ahora en Colombia es de 908.500 pesos. En realidad el debate debe invertirse y discutirse el salario máximo, una vía para ir atacando la ascendente desigualdad social existente y creciente en nuestro país.

 

 

Para suscripción:

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Publicado enEdición Nº275
El virus de la desigualdad económica está creciendo

Si el dinero es la fuente de la felicidad, y tener más dinero significa más felicidad, algunos de nuestros amigos multimillonarios han alcanzado niveles de felicidad sin precedentes en los últimos años, especialmente durante la pandemia, cuando su nivel de riqueza se ha disparado. Esto muestran las últimas cifras sobre la distribución de la riqueza de la Junta de la Reserva Federal que cubren hasta el tercer trimestre de 2020, y las cifras diarias publicadas por Bloomberg.

A continuación, se presenta un cuadro basado en las cifras de la Junta de la Reserva Federal. Los trimestres seleccionados representan el apogeo de la riqueza del 1% durante el régimen de Bush (3er trimestre de 2007) que fue antes de la Gran Recesión, su riqueza al comienzo de la presidencia de Obama (1er trimestre de 2009), al final de su primer mandato (4to trimestre de 2016), en su punto álgido, (3er trimestre de 2016), y en su último trimestre de 2016. Para la administración Trump, las cifras son de su primer trimestre en 2017, el punto álgido que fue justo antes de la pandemia (4to trimestre de 2019), el primer trimestre de 2020 que cubre el inicio de la pandemia, y las cifras más recientes que cubren el tercer trimestre de 2020.

 



Lo que las cifras de la Fed muestran es lo bien que, como grupo, le ha ido al 1% más rico. La recuperación de su riqueza nominal del impacto negativo de la gran recesión tardó unos cinco años en superar el punto máximo alcanzado antes de la gran recesión. Por el contrario, bajo Trump, a pesar de la pandemia y el declive económico, la recuperación de la riqueza del 1% desde su descenso en el primer trimestre de 2020 hasta su punto álgido a finales de 2019, no sólo se alcanzó en menos de un año, sino que es incluso un 4% mayor.


A 23 de diciembre, el índice Dow Jones subió un 8,4% desde donde estaba al final del tercer trimestre, y el índice NASDAQ subió un 14,3%, lo que sugiere que las ganancias del 1% para el año deberían ser mucho más altas que el 4%, dado que estas personas tienen el 52,7% de todo lo que la Fed denomina acciones corporativas y acciones de fondos mutuos.


¿Quién beneficia más al 1% más rico?: Trump contra Obama


¿Durante qué administración le fue mejor al 1%, Obama o Trump? La recuperación de sus pérdidas fue más rápida con Trump. Sin embargo, a pesar de la gran reducción de impuestos que ganaron bajo la administración Trump, Obama parece ser el ganador.


Su ganancia en riqueza nominal desde el comienzo del régimen de Trump hasta el tercer trimestre de 2020 es de 7,1 billones de dólares. Durante el período similar de la presidencia de Obama, la ganancia en su riqueza llegó a 4,76 billones de dólares. Mientras que la ganancia en dólares bajo Trump es mayor, Obama es el ganador en el porcentaje de ganancia, 30,7% a 24,4%. Sin embargo, Obama tenía una ventaja en que el punto de partida era bajo debido a la gran recesión.


Un enfoque más justo podría ser mirar a un período similar en el segundo mandato de Obama. Desde el primer trimestre de 2013 hasta el tercer trimestre de 2016, la ganancia del 1% fue de 6,57 billones de dólares. La cantidad de ganancia de riqueza si ajustamos por la inflación a 2%/año, es aproximadamente la misma cantidad de dólares que la ganancia bajo Trump. Sin embargo, el porcentaje de ganancia en la riqueza del 1% en este período bajo Obama es 30.3%, casi 6% mayor que la ganancia durante una cantidad comparable de tiempo de Trump estando en el cargo[1]


Además, la parte de la riqueza total de la nación que se encuentra en el 1% generalmente aumentó durante el tiempo que Obama estuvo en el cargo, comenzando en el 27,2% en el primer trimestre de 2009 y terminando en el 31,1% cuando dejó el cargo. Por el contrario, la parte de su riqueza durante el tiempo de Trump hasta el tercer trimestre de 2020 alcanzó un punto alto de 31,3% en el primer trimestre de 2018 disminuyendo a 30% en el primer trimestre de 2020 hasta llegar a 31% en el tercer trimestre, nunca superando el punto más alto de 31,4% durante los dos trimestres intermedios de 2016 cuando Obama era presidente. ¡Trump se puede colgar la medalla de no haber caído nunca por debajo del 30%!


Algunas personas especiales durante la pandemia


A partir del 23 de diciembre, según el Índice de Billonarios de Bloomberg, en 2020, Warren Buffet es el único perdedor de riqueza entre las 10 personas más ricas del mundo. El pobre Warren tiene ahora 84,6 mil millones de dólares, teniendo que lidiar con pérdidas de 4,62 mil millones de dólares en lo que va de año. La vida puede ser dura.


Ha habido perdedores aún mayores en 2020 entre los súper ricos. Amancio Ortega, descrito como un minorista español, ha experimentado una pérdida de 9.410 millones de dólares. El derechista Charles Koch, cuya riqueza lo sitúa en el número 20, ha perdido unos 5,85 mil millones de dólares.


Sin embargo, los perdedores son la excepción. La mayoría de los que están en la cima del 1% lo han hecho mucho mejor que sus colegas promedio. Algunos han experimentado ganancias de decenas de miles de millones


Liderando la manada encontramos a Elon Musk, cuya riqueza ha aumentado en tres dígitos en sólo un año, 127 mil millones de dólares. Su ganancia por sí sola sería lo suficientemente buena para convertirlo en el tercer individuo más rico del mundo después de Bezos y Gates. Su patrimonio neto es ahora de 155.000 millones de dólares, y su ganancia ha sido incluso mejor que la del minorista "favorito" del mundo, Jeff Bezos, que ha tenido que conformarse en lo que va de año con un aumento de 72.200 millones de dólares, casi 55.000 millones menos que Musk[2]. El peligro para Bezos es que si Musk continúa en el camino que ha seguido durante el año, pronto será el número uno, y podría ser el primero en alcanzar el trillón.


Aquí está el registro en el informe Bloomberg de los 10 grandes de EE.UU. que muestra que todos ellos, excepto Buffet, tuvieron ganancias porcentuales de riqueza que son más altas que la ganancia de un típico colega en el 1%.

 



Si las cifras aquí fueran representativas de todo un año, en un día típico de 2020, la riqueza de Musk aumentó en casi 348 millones de dólares, lo que equivale a 14,5 millones de dólares por hora, 241.628 dólares por minuto, o 4.027 dólares por segundo. El aumento de su riqueza por sí solo es suficiente para dar a los 331 millones de estadounidenses 383 dólares, que es más de la mitad de lo que el gobierno ofrecerá en el último proyecto de ley de estímulo.


¿Cuántos multimillonarios se necesitan para llegar a un billón?


Con los dedos de la mano serías capaz de alcanzar ese número mágico de un billón de dólares. Los bienes de los 10 más ricos llegan a 1.042 billones de dólares. Sus ganancias en 2020, a 23 de diciembre, son de 319.600 millones de dólares. Excluyendo al rezagado Buffet, como grupo, el aumento de su riqueza es de 324,2 mil millones de dólares.


Usando las cifras del tercer trimestre de 2020 de la Reserva Federal, las ganancias totales del 1%, en el tercer trimestre de 2020, llegaron a 1,47 billones de dólares. Las ganancias netas de los 10 más ricos constituyen por sí solas el 21,7% de la ganancia total de los aproximadamente 3,3 millones de personas más ricas en nuestros queridos EE.UU.


Los que ocupan los puestos del 11 a 20 tienen una riqueza de aproximadamente la mitad que los 10 primeros, 502.200 millones de dólares, con ganancias para en este año de casi 54.900 millones de dólares, cifra que sería de 70.000 millones de dólares si se excluyen a sus colegas que perdieron riqueza.


La riqueza total de los 20 primeros es de 1,544 billones de dólares. Esta cantidad representa el 65,4% de la riqueza total de la mitad más pobre de la población de los Estados Unidos que, a finales del tercer trimestre de 2020, poseía una riqueza de 2,36 billones de dólares. La riqueza de los 10 individuos más ricos llega al 44% de la riqueza del 50% más pobre, aproximadamente 165,5 millones de personas.
¿Impuestos sobre estas ganancias astronómicas en 2020?


No esperes que la mayoría de las ganancias de los veinte más ricos paguen impuestos. Los cientos de miles de millones en plusvalía representan principalmente aumentos en el valor de los activos que poseen. Ganancias como esas generalmente no son gravadas a menos que los activos sean vendidos (algo que probablemente no ocurrió en el caso de muchos, si es que ocurrió). En otras palabras, en contraste con los ingresos que las personas ganan por trabajar en un empleo, y que tal vez ponen en riesgo su salud y sus vidas, es probable que poca de la ganancia de riqueza de los veinte primeros vaya a la hacienda pública.


Seguro que Estados Unidos es genial. Si los barones del robo (los grandes industriales decimonónicos) vivieran hoy, probablemente sentirían envidia de la cantidad de riqueza que poseen los más ricos y sus recientes adquisiciones y, tal vez, de la felicidad que han ganado durante uno de los años más duros y tristes de nuestra historia.


Notas:

[1] En tiempos de Clinton, la riqueza del 1% subió un 87,7%, de 6,13 billones de dólares a 11,51 billones. Durante la época de W. Bush, la riqueza del 1% subió de 11,22 a 19,89 billones de dólares, una ganancia del 77,2% antes de caer durante la gran recesión a 15,91 billones de dólares en su último trimestre (una ganancia del 41,8% durante sus ocho años). Estas cifras, incluyendo las comparaciones de Trump con Obama, sugieren claramente que en los últimos 28 años al 1% le ha ido mejor bajo presidentes demócratas que bajo presidencias republicanas.
[2] A 25 de diciembre, Bloomberg indica las ganancias Musk para el año de 132.000 millones de dólares, que es 5.000 millones de dólares más que la cantidad de esta tabla.

Rick Baum
enseña ciencias políticas en City College de San Francisco. Es miembro de AFT 2121.

Publicado enEconomía
Relectura 2020. ¿Cuándo aplanamos la curva de la desigualdad social?

El tiempo pasa y nos marca de diversas maneras con sus acontecimientos, unos más fuertes, otros no tanto. De unos y otros escritos en desdeabajo en su debido momento. Hoy, en época de balances, los retomamos y les invitamos a su relectura.

 

Desnuda, sin apariencias, así quedó nuestra sociedad producto de la crisis de salud pública acelerada por el covid-19. Si bien todas las partes de su cuerpo estaban diagnosticadas al punto de llevarnos a figurar en América Latina después de Haití en rango de desigualdad, y a nivel mundial en 7 lugar, la propaganda oficial alcanzaba a desdibujar, a ocultar, nuestra desfigurada estructura con el simple manejo de cifras, de curvas y de flechas que indicaban la caída de la pobreza.

No era difícil así proceder, ya que el registro de unos pocos pesos más en los ingresos de las familias las alejaban del rango de pobres, y a estos de miserables. Pero ahora, producto de la pandemia y de la recesión económica que hundió el aparato industrial, el paro obligado, la creciente de la informalidad ha reducido los ingresos y, entonces, unos pesos menos han llevado a quienes equilibraban en la barra de la clase media a deslizarse y caer a la barra de los pobres y a estos a la de los miserables. ¿Y lo miserables?

Desnudos, así hemos quedado, pese a lo cual hay que decir que la realidad es más drástica, es de verdadero escándalo, ya que la curva de desigualdad existente y persistente en nuestro país alcanza picos inimaginables para una sociedad que se pretende democrática.

Retomemos algunos de los elementos que llevan a que la curva siempre esté en alza:

Del total nacional, la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por el trabajo de toda la sociedad. Con un agravante: el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, y el 44 por ciento de la riqueza, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático.

A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población, con una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben sólo un 15 por ciento del total de los ingresos.

Por su parte la pobreza en el campo alcance al 41,1 por ciento, con un mal mayor: la indigencia cubre al 33 por ciento de sus pobladores. Indigencia que en las zonas urbanas alcanzaba al 7 por ciento; la pobreza ronda el 24,4.

En condiciones de pobreza están 13,5 millones. es decir, sin ingresos suficientes para cubrir los gastos que demanda el día a día, y sin acceso pleno a servicios públicos básicos.

La diferencia entre lo que tienen unos y lo que le falta a los otros es tal que el Gini de desigualdad que registra el país es de 0,528.

Estamos ante un cuerpo desmembrado en el cual, según las declaraciones de renta del año 2017, los más ricos concentraron el 95,4 por ciento de la riqueza, y el decil 1 de las más pobres aglutinó tan sólo el 0,0001, lo que da un índice de concentración Gini igual a 0,974.

Por otra parte, en la concentración del ahorro financiero, según datos de la Superfinanciera, 8.500 propietarios son dueños del 77 por ciento de los CDTs depositados en el sistema bancario, y 9.200 son dueños del 65 por ciento de los depósitos de ahorro. Como consecuencia el Gini de la distribución de los depósitos financieros es un asombroso 0.92 para los CDTs, 0.94 para los depósitos de ahorro y 0.97 para las cuentas corrientes.

Es esta realidad la que permite que alrededor de 480 empresas concentren el 57 por ciento del Patrimonio Bruto Nacional de las Personas Jurídicas (PJ) lo que da como resultado un índice de concentración Gini entre ellas de 0.7437.

Como si fuera poco, grupos de grandes propietarios que integran ese mismo rostro de extremos que es Colombia, reúne en sus manos: industria, bancos, comercio, propiedad accionaria, depósitos bancarios, de los cuales 2.681 clientes (0,01%) poseen 58,6 de los mismos, los cuales suman unos 185 billones.

Como vemos, Colombia sintetiza una sociedad con dos caras totalmente contrarias, con una oligarquía a cuyo haber está el poder en todas sus facetas, entre ellas la tierra, el 77 por ciento de la cual reposa en manos del 13 por ciento de propietarios, un 3,6 de los cuales concentra el 30 por ciento de este preciado recurso, lo que arroja un Gini de 0,829. En el opuesto de esta realidad, el 80 por ciento de los pequeños campesinos cuenta con menos de una Unidad Agrícola Familiar (UAF), son microfundistas. El 68 por ciento de los predios registrados en catastro clasifican en pequeña propiedad, la que sólo cubre el 3,6 por ciento de la superficie productiva.

No es extraño, por tanto, que nuestro país permanezca como el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra: el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de la tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva.

En esta disparidad entre terratenientes y minifundistas, “el 79.2% del total nacional de predios con alta participación del microfundio (64,8%) no alcanzan a cubrir los tres salarios mínimos mensuales. Lo que explica los altos índices de pobreza en las áreas rurales colombianas”.

Estamos, como es evidente, ante una curva de desigualdad que no aguanta paliativos para su reducción. Son necesarias medidas estructurales que lleven a romper el modelo económico y el régimen político que así lo permite. Para ello no sirven los tapabocas ni los confinamientos. Todo lo contrario, hay que tener la nariz descubierta para no perder el olor desprendido por el poder absolutista y así, con nauseas, alzar la voz de protesta, para lo cual la boca debe estar despejada, como el cuerpo listo para liderar la denuncia, al tiempo de la construcción de una realidad totalmente contraria a la descrita.

Precisamente, denuncia, acción, protesta, referentes teóricos claros y construcción alternativas de otro modelo social, con participación abierta y creativa de todo el tenido social, integran los compontes de la vacuna para aplanar la inmensa curva de desigualdad social que destaca en Colombia.

 

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Las mujeres en Colombia ganan un 27% menos que los hombres

En Colombia, poco más del 50% de las mujeres en edad de trabajar está fuera de la fuerza laboral y las que tienen un empleo ganan un 27% menos que los hombres. La cifra se desprende del informe Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, de ONU Mujeres, la Consejería Presidencial para la Mujer y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), que presenta un panorama detallado sobre la situación económica, educativa y de violencia contra las mujeres en Colombia entre los años 2008 y 2019.

El documento muestra como un avance que la participación laboral de las mujeres se ha incrementado en más de seis puntos porcentuales pasando 46.4% a 53.1%, pero reconoce que persisten enormes desigualdades que comienzan desde la adolescencia y son aún más fuertes en el campo. La brecha con relación a los hombres es todavía de 20,8 puntos (73,9% de ellos son parte de la fuerza laboral). “La incorporación de las mujeres a los mercados laborales ha tenido un importante avance, pero todavía sucede en condiciones desventajosas que se expresan en mayor desempleo, mayor informalidad, concentración en ciertas ocupaciones y también, en las partes inferiores de las estructuras jerárquicas y, en la persistencia de la brecha salarial”, indica el informe presentado este martes.

Pero estar en el mercado laboral tampoco les garantiza condiciones iguales. Aunque trabajan diariamente 2 horas y 10 minutos más que los hombres y además se encargan de labores de cuidado en sus hogares, ganan mensualmente un 27% menos que ellos. “Las opciones laborales de las mujeres están sumamente limitadas por la responsabilidad de las actividades domésticas y de cuidados no remuneradas, que recae desproporcionadamente en ellas”, dice el informe soportado en las estadísticas del DANE. Y esas condiciones laborales desventajosas se reflejan en los índices de pobreza: por cada 100 hombres en hogares pobres, hay 118 mujeres.

Para Patricia Fernández Pacheco, Representante Adjunta en ONU Mujeres, una de las novedades de la publicación es el enfoque en el trabajo doméstico no remunerado. “Ya venía siendo asunto de análisis antes de la pandemia del covid-19. Esta crisis ha evidenciado la sostenibilidad en su distribución pero también un reconocimiento a su valor económico”, dijo. En Colombia – agrega Fernández- la producción de servicios de cuidado no remunerado en su mayoría realizado por las mujeres equivale al 20 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). “De los 37 mil millones de horas que se dedican anualmente al cuidado y bienestar de la población sin recibir pago, 29 mil millones lo realizan las mujeres, mientras que los hombres dedican 8 mil millones de horas”, explicó.

Violencia contra las mujeres

“El embarazo y la maternidad en adolescentes es una expresión de desigualdades de género y también de etnia”, agrega el informe en el que se entregan datos sobre el número de niñas madres y de matrimonio infantil, una práctica que se considera lejana pero es real en muchas regiones de Colombia. De acuerdo con las cifras, en 2018, 7.453 niñas de 10 a 14 años y 220.868 adolescentes de 15 a 19 años han tenido al menos un hijo.

“Los nacimientos de niñas menores de 14 años representan menos del 1% de los nacimientos totales. No obstante, detrás de estos casos, se configuran graves violaciones a los derechos humanos de las niñas que deben ser investigados desde una perspectiva de género y de protección de la niñez, así como de garantías de no repetición”, recomiendan las tres instituciones. En Colombia, los actos sexuales con menores de 14 años son un delito en el código penal.

La publicación aborda también cómo la discriminación de género tiene su “expresión extrema en actos sistemáticos de violencia que se cometen contra ellas”. Revela que en 2019 fueron asesinadas 1.001 mujeres, de acuerdo con del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y que los agresores eran en su orden parejas o exparejas, amigos, conocidos y familiares de las víctimas. “Los asesinatos de mujeres presentan características particulares, permeadas por relaciones de género asimétricas, en una estructura de violencia sustentada por una sociedad que normaliza, justifica y perpetúa la violencia al desvalorizar y degradar a las niñas y mujeres”, se observa en la publicación.

Lo mismo que ocurre en la violencia sexual. Solo en 2019 se hicieron 26.158 exámenes médicos por presunto delito sexual, de los cuales el 86,1% fueron practicados a mujeres y de estos, una abrumadora mayoría (85,6%) correspondieron a niñas y jóvenes menores de 18 años. “Por cada hombre víctima de presunto delito sexual se presentan seis mujeres víctimas”, aclara el libro, que aporta datos como la incidencia de delitos sexuales concentrados en los domingos o las prácticas más comunes contra las mujeres.

Por Catalina Oquendo

Bogotá - 10 nov 2020 - 20:53 COT

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¿Cuándo aplanamos la curva de la desigualdad social?

Desnuda, sin apariencias, así quedó nuestra sociedad producto de la crisis de salud pública acelerada por el covid-19. Si bien todas las partes de su cuerpo estaban diagnosticadas al punto de llevarnos a figurar en América Latina después de Haití en rango de desigualdad, y a nivel mundial en 7 lugar, la propaganda oficial alcanzaba a desdibujar, a ocultar, nuestra desfigurada estructura con el simple manejo de cifras, de curvas y de flechas que indicaban la caída de la pobreza.

No era difícil así proceder, ya que el registro de unos pocos pesos más en los ingresos de las familias las alejaban del rango de pobres, y a estos de miserables. Pero ahora, producto de la pandemia y de la recesión económica que hundió el aparato industrial, el paro obligado, la creciente de la informalidad ha reducido los ingresos y, entonces, unos pesos menos han llevado a quienes equilibraban en la barra de la clase media a deslizarse y caer a la barra de los pobres y a estos a la de los miserables. ¿Y lo miserables?

Desnudos, así hemos quedado, pese a lo cual hay que decir que la realidad es más drástica, es de verdadero escándalo, ya que la curva de desigualdad existente y persistente en nuestro país alcanza picos inimaginables para una sociedad que se pretende democrática.

Retomemos algunos de los elementos que llevan a que la curva siempre esté en alza:

Del total nacional, la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por el trabajo de toda la sociedad. Con un agravante: el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, y el 44 por ciento de la riqueza, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático.

A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población, con una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben sólo un 15 por ciento del total de los ingresos.

Por su parte la pobreza en el campo alcance al 41,1 por ciento, con un mal mayor: la indigencia cubre al 33 por ciento de sus pobladores. Indigencia que en las zonas urbanas alcanzaba al 7 por ciento; la pobreza ronda el 24,4.

En condiciones de pobreza están 13,5 millones. es decir, sin ingresos suficientes para cubrir los gastos que demanda el día a día, y sin acceso pleno a servicios públicos básicos.

La diferencia entre lo que tienen unos y lo que le falta a los otros es tal que el Gini de desigualdad que registra el país es de 0,528.

Estamos ante un cuerpo desmembrado en el cual, según las declaraciones de renta del año 2017, los más ricos concentraron el 95,4 por ciento de la riqueza, y el decil 1 de las más pobres aglutinó tan sólo el 0,0001, lo que da un índice de concentración Gini igual a 0,974.

Por otra parte, en la concentración del ahorro financiero, según datos de la Superfinanciera, 8.500 propietarios son dueños del 77 por ciento de los CDTs depositados en el sistema bancario, y 9.200 son dueños del 65 por ciento de los depósitos de ahorro. Como consecuencia el Gini de la distribución de los depósitos financieros es un asombroso 0.92 para los CDTs, 0.94 para los depósitos de ahorro y 0.97 para las cuentas corrientes.

Es esta realidad la que permite que alrededor de 480 empresas concentren el 57 por ciento del Patrimonio Bruto Nacional de las Personas Jurídicas (PJ) lo que da como resultado un índice de concentración Gini entre ellas de 0.7437.

Como si fuera poco, grupos de grandes propietarios que integran ese mismo rostro de extremos que es Colombia, reúne en sus manos: industria, bancos, comercio, propiedad accionaria, depósitos bancarios, de los cuales 2.681 clientes (0,01%) poseen 58,6 de los mismos, los cuales suman unos 185 billones.

Como vemos, Colombia sintetiza una sociedad con dos caras totalmente contrarias, con una oligarquía a cuyo haber está el poder en todas sus facetas, entre ellas la tierra, el 77 por ciento de la cual reposa en manos del 13 por ciento de propietarios, un 3,6 de los cuales concentra el 30 por ciento de este preciado recurso, lo que arroja un Gini de 0,829. En el opuesto de esta realidad, el 80 por ciento de los pequeños campesinos cuenta con menos de una Unidad Agrícola Familiar (UAF), son microfundistas. El 68 por ciento de los predios registrados en catastro clasifican en pequeña propiedad, la que sólo cubre el 3,6 por ciento de la superficie productiva.

No es extraño, por tanto, que nuestro país permanezca como el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra: el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de la tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva.

En esta disparidad entre terratenientes y minifundistas, “el 79.2% del total nacional de predios con alta participación del microfundio (64,8%) no alcanzan a cubrir los tres salarios mínimos mensuales. Lo que explica los altos índices de pobreza en las áreas rurales colombianas”.

Estamos, como es evidente, ante una curva de desigualdad que no aguanta paliativos para su reducción. Son necesarias medidas estructurales que lleven a romper el modelo económico y el régimen político que así lo permite. Para ello no sirven los tapabocas ni los confinamientos. Todo lo contrario, hay que tener la nariz descubierta para no perder el olor desprendido por el poder absolutista y así, con nauseas, alzar la voz de protesta, para lo cual la boca debe estar despejada, como el cuerpo listo para liderar la denuncia, al tiempo de la construcción de una realidad totalmente contraria a la descrita.

Precisamente, denuncia, acción, protesta, referentes teóricos claros y construcción alternativas de otro modelo social, con participación abierta y creativa de todo el tenido social, integran los compontes de la vacuna para aplanar la inmensa curva de desigualdad social que destaca en Colombia.

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Marx, Piketty y los ladrones de conceptos

Louis Althusser tras ejecutar su famoso –y problemático− "corte epistemológico" que en su obra tardía mutó en una “tensión permanente entre el ‘joven’ y el ‘viejo’ Marx” (bit.ly/2Ad2ruS), reformuló también famosamente dentro del marxismo – and with a little help of his “ friends”: Freud & Spinoza (P. Anderson, Considerations on western marxism, 1976, p. 84-85)− el concepto de la ideología.

Viéndola más allá de la "falsa consciencia" como un campo en que las prácticas e instituciones materiales del Estado están representadas de forma imaginaria con tal de asegurar la reproducción de estructuras socioeconómicas existentes, Althusser argumentaba que 1. "La ideología representa una relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de vida" y que 2. "La ideología tiene una existencia material" (véase: On the reproduction of capitalism. Ideology and ideological state apparatuses, 1970, 288pp).

Pese a deficiencias, su modelo se mantiene. Comprender como formamos nuestras ideas "influenciados" por nuestras instituciones –"aparatos ideológicos del Estado"− es crucial para comprender por qué seguimos reproduciendo el sistema que nos está explotando (bit.ly/3cQ5A23).

Los que piensan que algo de esto –en forma de refutación, debate "de un marxista al otro" (p.ej. Miliband vs Poulantzas) e incluso un ataque (p.ej. E. P. Thompson vs Althusser)− estaría en el nuevo y “monumental opus magnum” del “gran economista super star” –todas las comillas son como siempre muy intencionales− Thomas Piketty titulado El capital y la ideología (2019, 1200pp.), seguramente pensaban y/o siguen pensando que Piketty en su anterior y “monumental opus magnum” El capital en el siglo XXI (2013, 696pp) “actualizaba a El capital”, “avanzaba la teoría marxista para ‘la era de las desigualdades’” o que incluso era "el moderno sucesor de Marx" −no, no estoy inventando estos absurdos−, mientras ni él ni sus libros no tienen nada que ver con Marx ni marxismo (bit.ly/3goikzn , bit.ly/2Z8GqrF), son "una decepción intelectual y política apoyada por los medios" (bit.ly/35XowJQ) o, en el mejor de los casos −sin tener idea del concepto del "capital" introducido por Marx y poniéndolo en la portada de su libro e ignorar cuestiones como la explotación del trabajo, el valor o la tasa de ganancia− un "robo de título" (véase: Marx, Piketty y los ladrones de títulos, bit.ly/367YqUp).

Tras más de seis años, Piketty no sólo continúa sin entender el concepto del "capital" (una "relación social", no "un conjunto de bienes, propiedades y riqueza"), sino − ¡suprise, suprise!− tampoco entiende el concepto de la ideología (véase: Althusser, no "un conjunto de ideas que profesamos conscientemente"). Tras no haber leído El capital –como él mismo ha asegurado (bit.ly/2B2Ux7K)− para hablar del "capital en el siglo XXI", ahora − ¡suprise, suprise!− Piketty no ha leído nada sobre la ideología para hablar del "capital y la ideología".

“Lo más alucinante –le decía Frédéric Lordon debatiendo con él “de un economista marxista a un mainstream− es la manera en la que te lanzas lleno de entusiasmo a uno de los temas más populares en ciencias sociales en los pasados 150 años sin ninguna referencia y sin citar a un solo autor...” (¡sic!) ¿Marx y Engels con su Ideología alemana? ¿Adorno, Horkheimer y la Escuela de Frankfurt? ¿Alguien otro de la tradición marxista de la ideología (de ‘A’ como Althusser a ‘Z’ como Zizek)? ¿Weber? ¿Bourdieu con su "violencia simbólica" con la que “sustituía el concepto de la ‘ideología’, pero para preservarlo”? "Pero no, no hay nada. Nada. Y esto es muy desconcertante..." –le decía (bit.ly/2LurMTr).

En vez de esto hay un festival de lugares comunes y confusiones (y por supuesto "una impresionante masa de datos"). Dándole la espalda al materialismo y retrocediendo a posiciones idealistas –¡vaya "sucesor de Marx"...!− Piketty ve a las ideas, no p.ej., ¡ejem...!, la lucha de clases, como "el motor del mundo". Para él las desigualdades "son ante todo ideológicas" y "justificadas por la ideología" −como hoy por la "sacralización de la propiedad"− una "explicación" que se queda dolorosamente en la superficie. Proponiendo la circulación de bienes "para superar el capitalismo" (sic) y una suerte de "socialismo participativo" (sic) para, mediante los impuestos, “compartir ‘el capital’ (la riqueza) acumulado por los ricos” y... generado por el mismo sistema sin expropiarlos o sustituirlo con otro modo de producción, Piketty no nota como su "remedio" reproduce la misma lógica capitalista y desemboca en mero reformismo revelando inconscientemente como el propio concepto de la "desigualdad" en vías de absorción por intelectuales, políticos e instituciones dominantes, y lejos de ser ya algo subversivo se vuelve parte orgánica de la ideología burguesa para ir oscureciendo los verdaderos mecanismos del capitalismo y "salvarlo de sí mismo".

“La desigualdad −bien apunta G. M. Tamas− es un problema sociológico, mientras la explotación (algo que ningún gobierno ni la clase capitalista puede remediar como quieren p.ej. los socialdemócratas), no. Transformar la reificación, el fetichismo de la mercancía, la explotación en ‘desigualdad’ (o sea, ‘un problema político posible de solucionar gradualmente’), es, desde el punto de vista marxista, un absurdo” (bit.ly/2ZDi35r). Igual lo es hablar de la "ideología" sin entender la hondura del concepto.

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Coronavirus en Perú: el modelo entró en terapia intensiva 

La pandemia desnudó un programa  neoliberal que se jactaba de exitoso por sus buenas cifras macroeconómico

 

Desde Lima. El Perú fue el primer país de la región en decretar una cuarentena total a nivel nacional, el 16 de marzo, pero se ha convertido en el segundo país de Latinoamérica, después de Brasil, con más casos de contagio de covid-19. Son 88.541 contagios reportados y 2.523 fallecidos. En el último día hubo 4.046 casos nuevos, la jornada anterior habían sido 3.891, y 131 fallecidos, el día anterior fueron 125 las muertes. Optimista, el presidente Martín Vizcarra ha señalado esta semana que “ya se ha llegado a la meseta de contagios, ahora comenzará un lento descenso, necesitamos persistir en el esfuerzo”. La afirmación ha desatado un encendido debate. El ministro de Agricultura y once congresistas están entre los infectados.

El gobierno reaccionó rápido al decretar una temprana cuarentena cuando los casos eran 71 y no había un solo fallecido, pero en un país con 70 por ciento de informalidad, muchos que viven del día a día, y un Estado poco eficiente, incapaz de hacer llegar oportunamente las ayudas -en dinero y alimentos- dispuestas para la población más vulnerable, hacer cumplir una rigurosa cuarentena ha sido complicado.

Precarios y desordenados mercados populares donde compradores y comerciantes con un alto índice de contagio detectado se aglomeran y que recién ocho semanas después de estar en cuarentena se intentan ordenar, largas filas en los bancos para cobrar los bonos repartidos desorganizadamente por el gobierno y el transporte público, se han convertido en los principales espacios de transmisión del virus durante esta larga cuarenta.

El coronavirus se inició en los barrios limeños de clase media y alta con personas llegadas de Europa -el primer caso se presentó el 6 de marzo- pero ahora, a través de estos tres focos de contagio, se extiende en los barrios populares, donde millones viven hacinados en precarias viviendas, muchas sin agua. Un ambiente propicio para la expansión del virus.

“Una primera razón por la cual el Perú tiene más casos de coronavirus registrados que la mayoría de países de la región es porque es el país de la región que más pruebas para detectar el virus está haciendo (se han hecho más de 630 mil pruebas), y a más pruebas más casos detectados, cifras más reales, menos subregistro”, le declaró a Página/12 el médico Eduardo Gotuzzo, miembro de un equipo de expertos que asesora al gobierno.

El doctor Gotuzzo hace un balance de la cuarentena: “En un inicio tuvimos problemas para detectar y aislar los primeros casos y la enfermedad se diseminó. La vigilancia epidemiológica en ese inicio no fue la mejor. Eso se ha superado. Un grave error ha sido poner un toque de queda muy temprano (a partir de las seis de la tarde y desde el lunes pasado corrido a las ocho de la noche), lo que redujo el tiempo de atención en bancos y mercados, generando más aglomeraciones que propagan el virus. La cuarentena ha servido para reducir los contagios, sin cuarentena serían muchos más, y se ha aprovechado este tiempo para mejorar el precario sistema de salud”.

Mejorar el deficiente sistema de salud, descuidado y desfinanciado a pesar de las últimas dos décadas de importante crecimiento económico, es una carrera contra el tiempo y el avance del virus. Se está al límite. Y en algunas regiones del país ya ha colapsado, con pacientes que mueren en los pasillos de los hospitales esperando ser atendidos. Personal de salud protesta exigiendo equipos de protección.

El lunes pasado se volvió a prorrogar la cuarentena por otras dos semanas, pero esta vez con una apertura parcial de algunas actividades económicas, como la minería, construcción, industria textil, servicio de restaurantes por delivery. Con esta apertura volverían al trabajo 1,4 millones de personas y la actividad económica, reducida a un 44 por ciento con la cuarentena, debe subir a un 70 por ciento. Hay temor sobre el impacto de esta apertura en la propagación de la covid – 19.

El gobierno ha destinado unos 30 mil millones de dólares (el 14 por ciento del PIB) para responder a la emergencia por la pandemia y sus efectos. Se ha creado un bono equivalente a 220 dólares para 6,8 millones de familias -75 por ciento del total de familias del país- pero hasta ahora se ha repartido menos del 40 por ciento de ese bono, se ha postergado el pago de impuestos, para las empresas se están dando préstamos avalados por el Estado con intereses entre uno y dos por ciento y hay subsidios parciales a los pagos de planillas. Pero a pesar de estas ayudas, las empresas han dado hasta ahora licencias sin paga a más de 200 mil trabajadores.

Diversos expertos indican que este año la caída del PIB sería mayor a 10 por ciento, después de haber crecido 2,2 por ciento en 2019 y tener antes de la pandemia una proyección de 4 por ciento de alza para este año. Según Cepal, la pobreza en el Perú subiría de 20,2 por ciento a entre 23,3 y 25,2 por ciento. Esto significa entre 950 mil y 1,6 millones de nuevos pobres. Hay otro 32 por ciento que está fuera de la línea de pobreza monetaria (que es de un ingreso mensual de unos 400 dólares para una familia de cuatro miembros), pero en condición de vulnerabilidad. Analistas estiman que entre 700 mil y 1,3 millones perderían su empleo este año.

Ante a la propuesta para crear un impuesto a la riqueza, que gatilló las presiones en contra de los grupos de poder, el presidente Vizcarra señaló que en este momento de crisis “es necesaria la solidaridad de quienes tienen más”, pero su ministra de Economía, María Antonieta Alva, una joven economista de 35 años salida de la tecnocracia neoliberal, ha marcado distancias con la propuesta.

“El costo económico de esta crisis para el país será grandísimo y estimo que tardaremos por lo menos dos años en recuperarnos. Después de la pandemia tendremos una economía más concentrada, más oligopólica, porque en estos días el gobierno ha suspendido la entrada en vigencia de una ley antimonopolio”, le señaló a este diario el economista Humberto Campodónico, catedrático de la Universidad de San Marcos y columnista del diario La República.

“Esta pandemia está revelando que en el Perú con la Constitución de 1993 (dada por el régimen autoritario de Alberto Fujimori) que redujo al Estado a un rol subsidiario de lo privado, lo que hemos tenido es una modernización de escaparate, con algunas instituciones estatales útiles para el modelo neoliberal que se han desarrollado, pero lo que tiene que ver con el bienestar de la población, como la salud, la educación o el transporte público, no se ha desarrollado. No hay una base industrial diversificada, por eso tenemos una alta informalidad laboral. Esta pandemia ha puesto en evidencia que el modelo neoliberal que tenemos hace agua”, reflexiona Campodónico.

El coronavirus ha desnudado dramáticamente las profundas desigualdades y exclusiones de un modelo que se jactaba de exitoso por sus buenas cifras macroeconómicos, pero que escondía sus pésimas cifras sociales. 

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