EU 2018 y 2020 ¿Otra guerra electorera?

 

Hoy no es novedad el vínculo de la diplomacia de fuerza desplegada por el régimen de alta militarización de Trump contra Irán, Corea del Norte y Venezuela, y los comicios legislativos de 2018 en que los republicanos se juegan el control del Senado, de la Cámara de Representantes y las presidenciales de 2020. Gestar una guerra de agresión, electorera, como vimos en la relección de Bush/Cheney, todo un crimen de lesa humanidad, ha sido ingrediente usado por candidatos y mandatarios de Estados Unidos en pos de la Casa Blanca. Con la geopolitización de las relaciones económicas internacionales, entre los principales precipitantes de guerra mundial (A. Milward, 1986) Trump busca repetir aquello de que ante una amenaza externa la población se adhiere al presidente con alto efecto electoral, máxime en una economía permanente de guerra a la que le es esencial la movilización de recursos humanos y materiales contra enemigos internos o externos, reales o fabricados. (Sobre los costos y corrupción del sistema ver: Marcus Raskin y G. D. Squires “America’s Warfare Welfare State”, The Nation octubre 2012).

Sin embargo, cuando esto ocurre en un contexto de estancamiento secular con pobreza al alza, magna desigualdad salarial, económico-social y bajo creciente oligarquización del poder, la agresión de clase y la unilateralidad bélica es un coctel de alto riesgo doméstico y externo. Según estudio del Centro Stanford sobre Pobreza e inequidad, en los pasados 30 años la inequidad salarial en Estados Unidos se acercaba en 2011 al nivel extremo prevaleciente antes de la Gran Depresión, mientras la diferencia entre el sueldo de los gerentes y el sueldo promedio de un trabajador industrial o de producción pasó de 24 veces en 1965 a 185 veces en 2009. La concentración de la riqueza familiar se intensificó desde los años 1980. El 10 por ciento más rico en 1983 controlaba 68.2 por ciento de la riqueza total de Estados Unidos. Ya en 2007 ese control pasó a 73.1 por ciento. La inequidad siguió en aumento por género, raza, edad y educación.

El empeoramiento de la desigualdad con Trump a poco menos de un año en el poder no sólo es notable, sino que también alienta el rechazo de su base electoral al crecer la disonancia cognoscitiva ( Festinger 1957) entre las arengas del magnate-candidato en pro de trabajadores y clase media y la inequidad del magnate-presidente cuya política fiscal agrede en los hechos a las familias de ingreso bajo y medio.

Para Bernie Sanders, quien en 2016 movilizó 46 por ciento del voto presidencial demócrata, el recorte de impuestos recién aprobado por el Senado “es una victoria para los mil-millonarios y un desastre para la población de Estados Unidos”. En entrevista transmitida por CNN Jack Tapper dijo a Sanders: “entiendo que usted no está de acuerdo con la nueva ley y ya que según el Tax Policy Center en 2018 esa ley otorgará recortes impositivos a 91 por ciento de los estadunidenses de ingresos medios ¿no es eso bueno?” Sanders respondió: “Si, desde luego que eso es bueno. Pero debieron haber hecho recortes impositivos permanentes. Lo que hicieron los republicanos fue hacer recortes impositivos permanentes para las grandes corporaciones mientras los recortes temporales fueron para la clase media”.

Citando al Tax Policy Center aludido por Tapper, Sanders le recordó que según esa fuente “al final de 10 años 83 por ciento de los beneficios irán en favor del uno por ciento de mayores ingresos y 60 por ciento de los beneficios van hacia un décimo de ese uno por ciento: En 10 años más de 80 millones de estadunidenses estarán pagando más en impuestos y como resultado de esta legislación más de 13 millones habrán perdido su seguro de salud (health insurance), los deducibles subirán y tendremos un déficit adicional de un billón 400 mil millones (1.4 trillion) de dólares como resultado de esta ley y Paul Ryan (vocero de la mayoría republicana en la cámara baja) andará por ahí diciendo: ‘debemos realizar recortes a los seguros de salud y médicos’. Para responder a su pregunta, ¿debemos hacer recortes según las necesidades de la clase media?’ sí debimos. Pero en esta legislación la masa de los beneficios es para las grandes y lucrativas corporaciones y para los mil-millonarios”.

Como se muestra en estudios del economista Mark Weisbrot del Center for Economic and Policy Research, Washington DC, los recetarios del FMI, para la población, sea de la Eurozona o de América Latina, fracasan. Son guerra de clase. En México, con un medio paramilitar alimentado por Estados Unidos y la NRA con armas de asalto, el recetario fondista (alza a tortillas y gasolinas) es materia de alto peligro. Ya la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito recordó que hay unas 6 mil 700 ventas de armas a lo largo de la frontera con México, fuente de un torrente anual de unas 730 mil armas ilegales. También en Estados Unidos el clasismo de Trump y las ventas de la NRA gestan alta explosividad. Montar otro crimen de lesa humanidad para revertir costos electorales es gasolina lanzada a un planeta en llamas.

 

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La capital de la miseria de Estados Unidos, fuera de control

La cifra de personas sin hogar aumenta por primera vez en siete años al dispararse la situación de emergencia en Los Ángeles.

 

“Nunca lo he visto tan mal”. El que dice esto mientras camina por la calle Seis del centro de Los Ángeles, California, lo ha visto todo en miseria. Es el agente Deon Joseph, con dos décadas de experiencia patrullando en la comisaría Central de la ciudad, situada en medio de la mayor concentración de personas sin hogar al aire libre de Estados Unidos, el barrio conocido como Skid Row.

 

Las cifras oficiales dan la razón al agente Joseph. Al menos en el tiempo que él lleva en el barrio, nunca ha estado tan mal. La situación de los sin techo en Los Ángeles, que las autoridades locales ya habían calificado de “emergencia”, se ha vuelto una cuestión nacional al revelarse este mes las últimas cifras del fenómeno en Estados Unidos. El número de personas sin hogar ha aumentado un 1% en el país, el primer aumento en siete años.

 

El aumento espectacular en el condado de Los Ángeles, con un 23% más de sin techo en un año hasta las casi 58.000 personas, explica por sí mismo las cifras nacionales. Si no fuera por la región de Los Ángeles, la población sin techo habría bajado un 1,5%. Las cifras han aumentado en toda la Costa Oeste. De las siete zonas urbanas con más personas sin techo, cinco están en el Pacífico (Los Ángeles, Seattle, San Diego, San José y San Francisco).

 

En Estados Unidos hay 553.000 personas sin hogar según el último censo del Departamento de Vivienda, publicado a principios de diciembre. Es el 0,17% de la población, un porcentaje superior a México (0,04%), pero inferior a Canadá (0,44%), Reino Unido (0,25%) o Suecia (0,36%), según las últimas cifras recopiladas por la OCDE. Uno de cada cinco vive en Nueva York o en Los Ángeles. En números absolutos, la ciudad de Nueva York es la que más sin techo tiene de EE UU, con más de 76.000. La diferencia es que en Nueva York, el 90% tiene donde pasar la noche. Tres de cada cuatro personas sin hogar en Los Ángeles no tienen cama en ningún albergue o solución temporal.


Además, la diferencia en el clima (la temperatura máxima en Nueva York esta semana ha sido -5 grados y en Los Ángeles, 26) hace que el fenómeno esté al aire libre, en aceras por toda la ciudad. Y en Skid Row es donde ese teatro de la miseria norteamericana muestra su cara más cruda. En las 50 manzanas de Skid Row se concentra la mitad de los sin techo de la ciudad de Los Ángeles. El detective Harry Bosch, de las novelas policiacas de Michael Connelly, lo define así: “Cruzas una calle y estás en Calcuta”. Tal cual.

 

El agente Deon Joseph patrulla a pie por la calzada de la calle Seis porque no se pueden usar las aceras. Son una amalgama de tiendas de campaña, basura, chatarra en la que viven miles de personas. A ratos, el olor es nauseabundo. Algunos se le acercan a saludar o a contarle sus problemas. Joseph cuenta que esta gente se ha convertido en víctimas de las bandas, que cobran por el sitio en las aceras, en dinero (hasta 200 dólares al mes) o en servicios, desde el tráfico de drogas hasta la prostitución. En algunas de estas tiendas de campaña, explica, han encontrado armas. El trapicheo está casi a la vista. Las violaciones son habituales. Coches de alta gama están aparcados junto a personas inconscientes en la acera a las que todo el mundo ignora. El crimen en la zona “está fuera de control”, asegura Joseph, atraído por el tráfico de drogas. El agente es muy crítico con lo que considera “política de no inmiscuirse” de las autoridades.


En una esquina encontramos a Jennifer de León. Prácticamente sin dentadura, explica que tiene 40 años y lleva viviendo en esta esquina desde 2009 en una tienda que empezó siendo pequeña pero ahora ocupa unos seis metros cuadrados. Sus padres viven en Desert Hot Springs, a dos horas de aquí. No se habla con ellos. Vive de una pensión de la Seguridad Social desde los 18 años que hoy asciende a 997 dólares, y sin embargo sigue en la calle. Simplemente es su vida. Acabó aquí después de engancharse al crack y a la metanfetamina. Se ducha en el albergue más cercano. Si no tiene que ir, hace sus necesidades en un cubo y las tira a la calle.

 

Midnight Mission es uno de los albergues más antiguos de Skid Row, fundado en 1914. “En la crisis del 29 servíamos un millón de comidas al año”, explica Joey Weinert, coordinador de los voluntarios del albergue. Aquí se viene a comer, pero también a pasar la noche y, si la persona consigue estabilizarse, Midnight Mission provee una solución habitacional temporal que le permita reconstruir su vida. “Si se pide ayuda, la hay”, asegura Weinert. Todos los habitantes de las aceras de Skid Row pueden comer tres veces al día, conseguir ropa limpia y acceso a higiene personal. “Es como la Meca de los sin techo. Aquí están todos los servicios”.


Las causas del aumento de sin techo son diversas y profundas. Weinert cita el aumento en el consumo de drogas, los efectos a largo plazo de la crisis económica y también la crisis de vivienda que sufre el condado de Los Ángeles, donde el aumento de los precios está erosionando rápidamente la clase media. Esta es la razón más admitida por las autoridades locales, en todas las ciudades de la Costa Oeste. También asegura que vienen personas sin techo de otros lugares, sabiendo que aquí se puede llevar esta vida. “Si estás en la calle en Chicago en esta época del año y te ofrecen un billete de autobús a California, te vas”.

 

La situación lleva dos años creciendo fuera del centro de la ciudad. Las tiendas de campaña aparecen de la noche a la mañana en todo Los Ángeles. La situación es tan evidente que este año los votantes han aprobado en referéndum dos veces subirse los impuestos para recaudar un total de 4.700 millones de dólares en 10 años para construir al menos 15.000 plazas en residencias permanentes para gente sin techo y los servicios que necesitan. La semana pasada, el alcalde inauguró la primera de esas obras.

 

Weinert no cree que echar dinero sobre el problema sea la solución. “Si le das un piso a un adicto al crack, sus amigos se van a meter allí y lo que has hecho es montar un piso franco de venta de crack”. No se puede resolver la situación de una persona que está en la calle sin resolver antes las razones por las que está en la calle, explica, especialmente la adicción y los problemas mentales. “Nuestro país no se ocupa de los pobres y los débiles”.

 


 

“EL SUEÑO AMERICANO SE ESTÁ CONVIRTIENDO RÁPIDAMENTE EN EL ESPEJISMO AMERICANO”


Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo y la “tierra de la oportunidad”, se está convirtiendo en el campeón de la desigualdad. Esta es la frase con la que comienza el comunicado del pasado 15 de diciembre de Phillip Alston, el relator especial de Naciones Unidas para la extrema pobreza. Alston acabó en Skid Row, Los Ángeles, un viaje de dos semanas por California, Alabama, Georgia, West Virginia, Washington DC y Puerto Rico para observar el estado de la pobreza en el país más rico del mundo. Su conclusión es que “el sueño americano se está convirtiendo rápidamente en el espejismo americano”.

 

El relator cita las cifras del censo, según las cuales 40 millones de estadounidenses viven en la pobreza y de ellos 18,5 millones en extrema pobreza. Alston se mete en política y pasa a continuación a criticar los posibles efectos de la reforma fiscal de Donald Trump sobre los más pobres. Dice que el plan “va a desgarrar partes cruciales de una red de seguridad que ya estaba llena de agujeros”.

 

En el problema de los sin techo, en concreto, Alston considera que las cifras oficiales son inferiores a las reales. El relator critica la “criminalización” de la pobreza por los arrestos por delitos menores de personas que viven en la calle. Alston publicó una versión preliminar de su informe hace una semana. La versión definitiva se publicará en abril.

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Lunes, 25 Diciembre 2017 08:09

El mapa de la desigualdad

El mapa de la desigualdad

El recorte fiscal en EE UU responde a la perfección al paradigma de la desigualdad creciente: apenas beneficia a los más pobres y favorece al 0,1% de los más ricos.



Con la reforma fiscal de Donald Trump llueve sobre mojado en una de las sociedades más desiguales entre los países más ricos del planeta, en la que el 1% de los más ricos acumula el 20% de los ingresos, mientras que la mitad de la población tiene que conformarse con el 12,5%. Presentada esta reforma con el anzuelo de un recorte de impuestos que favorecerá a las clases medias, lo único cierto de la legislación aprobada esta semana por el Congreso y el Senado es que llenará los bolsillos de las empresas, especialmente inmobiliarias, y de las rentas más altas, y dañará en cambio la reforma sanitaria de Obama, la escuela pública e incluso los programas de inversiones de infraestructuras, que se verán constreñidos por un incremento en el déficit presupuestario de 1,3 millones de dólares en los próximos 10 años.


La fiscalidad trumpista encaja con el paradigma de la desigualdad creciente que funciona desde hace algo más de tres décadas en el mundo más desarrollado. Terminó una excepcional época de equilibrio en la riqueza y en los ingresos, producto del Estado de bienestar europeo, la generalización de la educación, la alta fiscalidad y las fuertes inversiones públicas. La propaganda de la Casa Blanca habla del mayor recorte de impuestos desde Ronald Reagan, precisamente el presidente que inauguró la actual época de creciente acumulación de riqueza en manos de unos pocos, reforzada ahora por los efectos de la reforma de Trump, también por su incidencia negativa en las políticas que más contribuyen a disminuir la desigualdad. El debate parlamentario en Washington sobre la reforma fiscal ha coincidido con la publicación del primer estudio sobre la evolución de la desigualdad en el mundo desde 1980, realizado por un centenar de economistas, entre los que se encuentra Thomas Pi¬ketty, autor de uno de los mayores best sellers de la historia de la literatura económica como es El capital del siglo XXI, de 2013. Este nuevo estudio —que recoge datos de 70 países de todos los continentes— ratifica para el conjunto del planeta el funcionamiento del paradigma de la desigualdad observado en el polémico libro. El 1% de las personas más ricas del mundo ha capturado en estos casi cuatro decenios un tercio de los ingresos mundiales, mientras que el 50% de los más pobres solo ha ingresado el 12%. Las clases medias mundiales, al contrario de lo que dictaba el tópico, son las que han visto más estancados sus ingresos y las que menos han ganado con la globalización.


El estudio no establece una pauta universal ni una regla de comportamiento homogéneo. Las distintas velocidades de crecimiento de las desigualdades en el mundo subrayan el papel de las políticas nacionales y de las instituciones de gobierno. Pero en todos los casos se corrobora la tesis de Piketty sobre la regla capitalista que, a falta de políticas públicas que corrijan la tendencia, conduce indefectiblemente a la acumulación creciente y sin freno de la riqueza en manos de una élite cada vez más exigua.

 

El Informe sobre la desigualdad global 2018, además de ofrecer una imagen del incremento de la desigualdad mundial, permite observaciones comparativas entre países y continentes, y levanta un cierto mapa geopolítico de los desequilibrios de riqueza y de ingresos. Las cifras, ordenadas por este centenar de economistas, ayudan a comprender la evolución política del mundo desde el final de la Guerra Fría e incluso a establecer algún tipo de correlaciones con la crisis de la democracia representativa, el surgimiento de los populismos y las dificultades de gobernanza mundial. Rasgan, en cierta forma, el velo de una visión ingenua de la globalización y permiten pensar en un inquietante horizonte de inestabilidad mundial si sigue el crecimiento desenfrenado de las desigualdades entre países y dentro de ellos.


Un mundo más desigual es un mundo más inestable. El mapa de las desigualdades presenta correspondencias también con el mapa de la violencia,sea en forma de guerras civiles, sea en forma de violencia política o urbana. Tal como ha señalado Martin Wolf, el incremento de la desigualdad que estamos experimentando a nivel mundial “es un pésimo augurio, no para la paz social, sino incluso para la supervivencia de las democracias estables basadas en el sufragio universal que emergieron en los siglos XIX y XX en los países actualmente de mayor renta” (Financial Times, 19 de diciembre).


El colmo de la desigualdad, como cualquier observador puede intuir, se halla en Oriente Próximo, donde el desnivel de riqueza es doblemente sangrante, entre los países petroleros del Golfo y el resto; y dentro, entre los ciudadanos de los países del Golfo y los trabajadores sin ciudadanía que hacen funcionar sus servicios y su sistema productivo. Solo en Brasil y Sudáfrica se encuentran unos niveles de desigualdad comparables. No es extraño que Oriente Próximo sea ahora mismo la región del mundo con más zonas de guerra y mayor flujo de refugiados.


El mapa de las desigualdades señala a Estados Unidos y Asia como las regiones de mayor crecimiento en estas cuatro décadas, a pesar de que es también en Asia, y especialmente en China, donde más personas han salido de la pobreza y donde las clases medias mayor provecho han sacado de la globalización. Donde ha crecido la desigualdad con más moderación ha sido en Europa, que sigue siendo el continente más igualitario, en el que se mantiene lo esencial del Estado de bienestar construido en la posguerra mundial. Este es el territorio donde el 10% de los más ricos acumula menos riqueza, el 37%, en comparación con Oriente Próximo, donde se quedan casi con el doble, el 61%. Siguen India y Brasil, con el 55%; África Subsahariana, el 54%; EE UU y Canadá, el 47%; Rusia, el 46%, y China, curiosamente la más próxima a Europa, el 42%.


No hay Gobierno sin estadísticas ni hay Gobierno democrático sin debate público a partir de las estadísticas. Y eso es particularmente cierto cuando las estadísticas tratan sobre la distribución de la riqueza y, por tanto, afectan a las políticas de redistribución, es decir, a los sistemas fiscales, a la educación y a las inversiones públicas en infraestructuras. Los trabajos de Thomas Piketty nos anuncian un futuro muy próximo en el que el procesamiento y el análisis de los datos estadísticos globales, gracias al big data, abrirán caminos al conocimiento que ahora ni siquiera sospechamos, especialmente sobre la distribución de ingresos y patrimonios.


Son cifras para el conocimiento, pero también hay cifras para la propaganda. El primer resultado que busca la reforma fiscal de Trump es precisamente que las cifras demuestren los supuestos beneficios sobre las clases medias que predica la propaganda republicana. El presidente sabe que las buenas cifras —¬que no necesariamente serán buenas para sus intereses— no llegarán hasta 2019 y ya no podrán influir en la campaña electoral para las elecciones de medio mandato de noviembre de 2018. Tendrá que limitarse, por tanto, a la propaganda. Luego llegarán los investigadores que fácilmente podrán demostrar cómo Trump refuerza con sus políticas —al igual que hizo Reagan hace 40 años— la tendencia a la acumulación de riqueza en pocas manos inherente a las economías de mercado.

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Lunes, 04 Diciembre 2017 07:32

American Curios: Reventón al estilo 1929

American Curios: Reventón al estilo 1929

 

La semana pasada, el espectáculo en el manicomio de Washington llegó a niveles que recuerdan otra era, donde todo estaba acercándose cada vez más rápido hacia un precipicio.

 

La semana pasada, el espectáculo en el manicomio de Washington llegó a niveles que recuerdan otra era, donde todo estaba acercándose cada vez más rápido hacia un precipicio, con abierto desdén a las llamadas "normas" de la llamada "democracia", y donde los intereses más reaccionarios expresaron abiertamente su avaricia insaciable y su histórica –e histérica– batalla contra el pueblo. Es como si estuvieran en una fiesta a principios de 1929.

"Esto es una guerra de clase", denunció el senador y ex candidato presidencial Bernie Sanders poco después de que los republicanos negociaron en lo oscurito y aprobaron en la madrugada del sábado la más extensa reforma tributaria en décadas que, según el consenso de casi todos, beneficia casi exclusivamente al uno por ciento más rico del país con todos los demás pagando el costo.

El objetivo real de esta reforma es mucho más grande y el sueño de las fuerzas reaccionarias del país a lo largo de casi 80 años: el desmantelamiento del estado de bienestar social en este país, o sea, lo que queda del New Deal de los años 30 (incluido Seguro Social) y las reformas sociales impulsadas en los años 60.

Esperan lograrlo al provocar masivos déficit del presupuesto, y la deuda pública, que sólo, argumentarán, se podrá atender con drásticas reducciones en gasto social en estos programas.

Pero la propia arrogancia –el hubris, ese elemento que detona las tragedias griegas– podría descarrilar este tren. Michael Flynn sacudió la Casa Blanca al declararse culpable de mentir a la FBI y anunciar su plena cooperación con la investigación encabezada por el fiscal especial Robert Mueller, que se acerca cada vez más al círculo íntimo de Trump. Por ahora, el flanco legal más vulnerable del magnate y su gente no es por "colusión" con los rusos –de hecho, eso no viola ninguna ley en sí– sino por el encubrimiento del delito que implica una obstrucción de justicia. En Washington, desde Watergate, todo político sabe que uno no suele caer por un delito, sino por encubrirlo.

Trump, de hecho, podría caer por su arma favorita: el Twitter. Su primer tuit este fin de semana parece indicar que sabía que había mentido a la FBI antes de solicitar al entonces jefe de esa agencia "soltar" a Flynn de su investigación. El reconocido abogado constitucional de Harvard, Laurence Tribe, considera que ese tuit "es una confesión de obstrucción de justicia deliberada y corrupta".

La semana pasada, de la ya muy larga película de horror de tercera (esas que mientras asustan también provocan risa por ser tan terribles), también incluyó varias otras barbaridades que se borran por el torrente de las nuevas, fenómeno de la era trumpiana.

Entre ésas Trump insultó a veteranos militares indígenas Navajo de la Segunda Guerra Mundial, bromeando sobre una senadora que él llama Pocahantas, figura indígena histórica del siglo XVII. Peor aún, todo este acto se realizó frente al retrato del presidente Andrew Jackson –supuestamente el favorito de Trump–, quien en 1831 promulgó la "Ley de Remoción Indígena", que se usó para expulsar a los pueblos indígenas del este de Estados Unidos en un éxodo sangriento y cruel, incluyendo el famoso "Camino de las lágrimas" de los Choctaw en 1831, donde miles murieron al ser obligados a cruzar a pie desde el este del país hasta Oklahoma.

En otra, Trump retuiteó videos anti-musulmanes creados por un partido marginal ultranacionalista y supremacista británico, provocando la crítica del gobierno "aliado" del Reino Unido (al que Trump respondió que su supuesta amiga, la primer ministra, no se metiera con él), temor en las embajadas de Estados Unidos ante posibles reacciones violentas en diversos países, y condenas de un amplio abanico de este país.

En todos estos casos, Trump y su equipo atacaron a todo el que se atrevió a criticarlo, y claro, siempre con la frase favorita de fake news para todo lo que cuestionaba su realidad.

Varios observadores han señalado que Trump intensifica el ritmo de sus asaltos verbales cuando se siente atacado o sitiado. Dana Milbank, columnista del Washington Post, advierte que "aunque el comportamiento de Trump es dañino en sí mismo a las alianzas y a la civilidad, el peligro más grande es que mientras seguimos las distracciones de Trump, perdemos de vista la calamidad real", como es el caso de la reforma tributaria y otras medidas con consecuencias severas al país y al mundo.

Algunos creen que el propio sistema político ahora está en jaque. "Trump ha hecho, por sí solo, más para minar los fundamentos de la democracia estadunidense que cualquier agente extranjero o una campaña de propaganda extranjera podría hacer", considera el articulista del New York Times, Thomas Edsall. Cita a Henry Aron, de la Brookings Institution, afirmando que "Trump es una arma política de autodestrucción masiva de la democracia estadunidense..."

La concentración de riqueza –y la corrupción política que implica– ha llegado a niveles justo antes de la Gran Depresión, el riesgo de una guerra nuclear es el mas elevado desde los peores tiempos de la guerra fría, mientras continúan sin cesar las guerras más largas de la historia de este país, se multiplican los crímenes de odio contra minorías metidas mientras se intensificó la persecución de los inmigrantes, marchan neonazis abiertamente, la campaña oficial contra la prensa y expresiones disidentes (con ataques personales del presidente); cosas que algunos pensaban ya sólo existían en los textos de historia.

"... cuando me desperté esta mañana, podría haber jurado que era del Día del Juicio/El cielo estaba todo púrpura, había gente corriendo por todos partes/Tratando de correr de la destrucción, sabes, a mí ya no me importaba. Porque hoy en la noche me voy de reventón como si fuera 1999". Seguro que Prince, para precisar ahora, permitiría modificar un poco la fecha en esta canción, para que el año fuera 1929 (justo antes de estallar la Gran Depresión y con las nubes del fascismo ya oscureciendo al mundo).

Pero siempre existe la posibilidad de que la historia rescate el futuro. Tal vez depende de los dioses griegos, pero mucho más de los despiertos –y por despertar– en este pueblo y eso sería otro tipo de fiesta.

 

 

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El presidente de EEUU, Donald Trump y la primera dama, Melania Trump, salen del escenario después de participar en la ceremonia de iluminación del Árbol Nacional de Navidad. EFE

 

La reforma supone la mayor bajada de impuestos de los últimos 30 años, pero también un aumento importante del déficit presupuestario.

 

El Senado de Estados Unidos ha aprobado de madrugada la reforma fiscal impulsada por el presidente, Donald Trump, que supone la mayor bajada de impuestos de los últimos 30 años, pero también un aumento importante del déficit presupuestario.

La Cámara Alta aprobó su versión con 51 votos a favor, todos de senadores republicanos, y 49 en contra. El senador Bob Corker fue el único republicano que se opuso al proyecto.

La votación empezó a las 01.36 hora local (06.36 GMT) tras unas diez horas de debate y cuatro de votación de enmiendas.

La aprobación de la reforma fiscal acerca a Trump a su primer gran triunfo legislativo después del sonado fiasco que supuso en verano la fallida derogación de la ley sanitaria conocida como Obamacare.

Los líderes republicanos en el Senado deberán conciliar ahora el texto aprobado hoy con sus colegas de la Cámara Baja, que tienen su propia versión con algunas diferencias, antes de que Trump pueda promulgar su ansiada reforma fiscal.

La ley que salga del proceso de negociación deberá someterse de nuevo a votación en ambas cámaras.

La ambiciosa reforma fiscal que promueve Trump implica un aumento del déficit presupuestario de 1,5 billones de dólares en la próxima década que él considera fundamental para revitalizar la actividad económica y acelerar el crecimiento anual del país por encima del 3 .

El eje central de la propuesta republicana es una reducción impositiva a las empresas del 35% al 20% que el Senado prevé para 2019 y la Cámara Baja pretende inmediata.

Asimismo, también plantea simplificar los tramos de impuestos de la renta individual, al pasar de los siete actuales a cuatro: del 12%, del 25%, del 35% y del 39,6%.

Aunque el proyecto prevé recortes de impuestos para familias e individuos, el Comité Conjunto de Impuestos del Congreso aseguró en su última estimación que tan solo el 44% de los estadounidenses verán una reducción anual de más de 500 dólares.

Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, aseguró que la reforma ahorrará 1.182 dólares anuales a las familias promedio.

Con la aprobación de la reforma fiscal, los republicanos colaron una enmienda que elimina la obligatoriedad de adquirir un seguro médico en su afán de desmantelar la ley sanitaria Obamacare, que no se pusieron de acuerdo para derogar meses atrás.

La rebaja impositiva promovida por Trump es la mayor desde la de 1986 del expresidente Ronald Reagan. En esa ocasión la reforma fue aprobada en la Cámara Baja por unanimidad y en el Senado con 97 votos a favor y 3 en contra.

Con la reforma fiscal casi bajo el brazo, los republicanos afrontan más confiados las elecciones legislativas de 2018 que supondrán un plebiscito a la gestión de Trump.

 

 

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Sábado, 02 Diciembre 2017 07:59

Los ricos, cada vez más ricos

Los ricos, cada vez más ricos

 

A pesar de las continuas proclamas en defensa de la patria con las que se llenan la boca nuestros gobernantes y colonizan los medios de comunicación, las reiteradas filtraciones como los papeles de Panamá o los recientes papeles del Paraíso confirman lo que ya sabíamos: las élites sólo declaran a la hacienda pública una parte de sus ingresos y su riqueza. A través de los paraísos/guaridas fiscales, la ingeniería contable, los recovecos legales, los precios de transferencia sistemáticamente aplicados por las empresas transnacionales...han encontrado numerosas fisuras (grietas, más bien) para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Un dato puede servir para conocer la dimensión de esta lacra: la comisión de investigación del Parlamento europeo sobre los papeles de Panamá, ha calculado que la UE pierde anualmente un billón de euros de recaudación tributaria por culpa de la evasión y elusión fiscal.

Por esa razón, son muy bienvenidos los trabajos centrados en ofrecer información sobre la privilegiada posición económica de las élites. Mucho se ha escrito y se ha hablado en estos años sobre la desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social –ante la sangrante evidencia, imposible de ocultar, de su aumento–, pero poco sobre la acumulación de renta y riqueza por parte de una minoría de la población. No tanto por el evidente déficit de información al respecto –espacios opacos, donde se mueven cantidades ingentes de dinero y activos financieros-, como por el escaso interés, asimismo evidente, de quienes podrían disponer de esa información para poner negro sobre blanco los enormes e injustificados privilegios que los poderosos han disfrutado y han visto crecer durante la crisis. En unos años en los que buena parte de la ciudadanía tiene que hacer enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, o simplemente no llega, cuando los salarios de muchos trabajadores han experimentado un desplome histórico y cuando el derecho (los derechos humanos, recogidos en las cartas constitucionales) a la vivienda, a un empleo decente o a la salud están siendo continuamente vulnerados.

Por esa razón, hay que felicitarse de que haya visto la luz un nuevo informe publicado por el Credit Suisse Research Institute, el Global Wealth Report, que lleva por título Where are we ten years after the crisis? (¿Dónde estamos diez años después de la crisis?. como siempre, el estudio se acompaña de una base de datos, Global Wealth Databook, referida a la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Con las reservas que antes hemos señalado, los datos de este informe (y de los anteriores) revelan un proceso concentrador de la riqueza que sigue avanzando. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad en la concentración de la riqueza, ya que permiten esconder el dinero y evadir impuestos. De hecho, todos los estudios muestran que nunca ha habido tanto dinero en paraísos fiscales como ahora. Esto supone que las estadísticas sobre desigualdad subestiman de manera considerable el verdadero grado de concentración de la riqueza, ya que no incluyen el dinero oculto en estas jurisdicciones opacas o paraísos fiscales. A pesar de ello, es interesante ver, con la cautela que merece, algunos datos sobre la desigualdad en España, Alemania y Europa, referidos al ecuador de 2017.

En el Estado español, el 10% de la población adulta concentraba el 57,8% de la riqueza total; el 5% atesoraba el 42,9% y el 1% reunía el 25,1%. Sólo 428.000 personas disponían de una riqueza superior al millón de dólares; y las 17 más ricas tenían cada una de ellas más de 1.000 millones de dólares. El índice de Gini –un indicador sintético habitualmente empleado para medir la desigualdad, que puede tomar registros comprendidos entre 0 (igualdad total) y 100 (inequidad extrema)– alcanzó el valor de 65,7, duplicando los registros que ese indicador arroja cuando se mide el ingreso; en otras palabras, la concentración de los patrimonios es muy superior a la de la renta (que también es alta y ha crecido).

Las asimetrías en Alemania (la historia de éxito y el modelo a seguir, según el discurso dominante) son todavía más pronunciadas. El top 10% de la población adulta concentraba el 65,2% de la riqueza, el 5% disponía del 53,6% y el 1% capturaba el 32,3%. Algo más de dos millones de personas disponen de una fortuna superior al millón de dólares, mientras que un centenar de ellas alcanzaba los mil millones. El valor del índice de Gini era de 79,6, también muy superior al del ingreso.

Los datos para el conjunto de Europa todavía son más extremos. Los porcentajes detentados por el 10%, 5% y 1% de la población adulta eran, respectivamente, del 69,1%, 55% y 31,8%. Poco más de 10 millones de personas tenían una riqueza superior al millón de dólares y 468.000 acreditaban más de 1.000 millones. El índice de Gini en este caso (82,9) superaba los registros de España y Alemania.

El panorama que nos devuelve el informe, y que respalda la información estadística disponible, resulta inquietante y revelador. Sin paliativos, las élites están reforzando sus privilegios: los ricos son cada vez más ricos. Sin pretender una relación exhaustiva de los factores, diversos y complejos, que explican ese proceso, cabe señalar algunos de los que nos parecen más destacados: el negocio de las privatizaciones y la mercantilización de los servicios públicos, las retribuciones extravagantes y extraordinariamente elevadas de los equipos directivos, la evasión fiscal y la ingeniería contable practicada por las grandes corporaciones con el único objetivo de eludir impuestos, el aumento del valor de los activos financieros y la reaparición de las burbujas, los subsidios y ayudas otorgados por las administraciones públicas a las empresas, los rescates a los grandes bancos y la política monetaria del Banco Central Europeo, que alimenta de recursos a la industria financiera y a las grandes empresas.

La concentración de renta y riqueza, además de injusta –pues se ven recompensados los que estuvieron en el origen del crack financiero– es un cáncer para la economía, cáncer que urge erradicar. No sólo porque penaliza el consumo y la inversión productiva (las élites promueven, sobre todo, el consumo de bienes y servicios de lujo y la inversión financiera), sino porque, haciendo valer su privilegiado estatus, acumulan influencia y poder. El resultado es de sobra conocido: la captura (perversión y contaminación) de las instituciones y de las agendas públicas, que, cada vez más, están a su servicio, demostrando otra vez cómo el aumento de la desigualdad está directamente interrelacionado con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites.

Salir de la crisis implica, necesariamente, romper con esas estructuras oligopólicas que parasitan la economía y están en el origen de la inequidad extrema. Prohibir los paraísos fiscales, desmonopolizar las estructuras empresariales, desfinanciarizar la economía, aumentar la presión fiscal sobre las grandes fortunas y patrimonios, limitar las retribuciones de los equipos directivos de las firmas y obligar a las empresas transnacionales a que declaren sus beneficios donde los generan. Este es el camino.

Este material se comparte con autorización de Resumen Latinoamericano

 

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Martes, 28 Noviembre 2017 07:40

Los ricos, cada vez más ricos

MALAGÓN

 

Diversos estudios revelan el avance del proceso concentrador de la riqueza. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad

 

A pesar de las continuas proclamas en defensa de la patria con las que se llenan la boca nuestros gobernantes y colonizan los medios de comunicación, las reiteradas filtraciones como los papeles de Panamá o los recientes papeles del Paraíso confirman lo que ya sabíamos: las élites sólo declaran a la hacienda pública una parte de sus ingresos y su riqueza. A través de los paraísos/guaridas fiscales, la ingeniería contable, los recovecos legales, los precios de transferencia sistemáticamente aplicados por las empresas transnacionales...han encontrado numerosas fisuras (grietas, más bien) para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Un dato puede servir para conocer la dimensión de esta lacra: la comisión de investigación del Parlamento europeo sobre los papeles de Panamá, ha calculado que la UE pierde anualmente un billón de euros de recaudación tributaria por culpa de la evasión y elusión fiscal.

Por esa razón, son muy bienvenidos los trabajos centrados en ofrecer información sobre la privilegiada posición económica de las élites. Mucho se ha escrito y se ha hablado en estos años sobre la desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social –ante la sangrante evidencia, imposible de ocultar, de su aumento--, pero poco sobre la acumulación de renta y riqueza por parte de una minoría de la población. No tanto por el evidente déficit de información al respecto –espacios opacos, donde se mueven cantidades ingentes de dinero y activos financieros--, como por el escaso interés, asimismo evidente, de quienes podrían disponer de esa información para poner negro sobre blanco los enormes e injustificados privilegios que los poderosos han disfrutado y han visto crecer durante la crisis. En unos años en los que buena parte de la ciudadanía tiene que hacer enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, o simplemente no llega, cuando los salarios de muchos trabajadores han experimentado un desplome histórico y cuando el derecho (los derechos humanos, recogidos en las cartas constitucionales) a la vivienda, a un empleo decente o a la salud están siendo continuamente vulnerados.

Por esa razón, hay que felicitarse de que haya visto la luz un nuevo informe publicado por el Credit Suisse Research Institute, el Global Wealth Report, que lleva por título Where are we ten years after the crisis? (¿Dónde estamos diez años después de la crisis?. como siempre, el estudio se acompaña de una base de datos, Global Wealth Databook, referida a la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Con las reservas que antes hemos señalado, los datos de este informe (y de los anteriores) revelan un proceso concentrador de la riqueza que sigue avanzando. Un hecho que no sería posible sin los paraísos fiscales, uno de los principales responsables de la extrema desigualdad en la concentración de la riqueza, ya que permiten esconder el dinero y evadir impuestos. De hecho, todos los estudios muestran que nunca ha habido tanto dinero en paraísos fiscales como ahora. Esto supone que las estadísticas sobre desigualdad subestiman de manera considerable el verdadero grado de concentración de la riqueza, ya que no incluyen el dinero oculto en estas jurisdicciones opacas o paraísos fiscales. A pesar de ello, es interesante ver, con la cautela que merece, algunos datos sobre la desigualdad en España, Alemania y Europa, referidos al ecuador de 2017.

En el Estado español, el 10% de la población adulta concentraba el 57,8% de la riqueza total; el 5% atesoraba el 42,9% y el 1% reunía el 25,1%. Sólo 428.000 personas disponían de una riqueza superior al millón de dólares; y las 17 más ricas tenían cada una de ellas más de 1.000 millones de dólares. El índice de Gini –un indicador sintético habitualmente empleado para medir la desigualdad, que puede tomar registros comprendidos entre 0 (igualdad total) y 100 (inequidad extrema)-- alcanzó el valor de 65,7, duplicando los registros que ese indicador arroja cuando se mide el ingreso; en otras palabras, la concentración de los patrimonios es muy superior a la de la renta (que también es alta y ha crecido).

Las asimetrías en Alemania (la historia de éxito y el modelo a seguir, según el discurso dominante) son todavía más pronunciadas. El top 10% de la población adulta concentraba el 65,2% de la riqueza, el 5% disponía del 53,6% y el 1% capturaba el 32,3%. Algo más de dos millones de personas disponen de una fortuna superior al millón de dólares, mientras que un centenar de ellas alcanzaba los mil millones. El valor del índice de Gini era de 79,6, también muy superior al del ingreso.

Los datos para el conjunto de Europa todavía son más extremos. Los porcentajes detentados por el 10%, 5% y 1% de la población adulta eran, respectivamente, del 69,1%, 55% y 31,8%. Poco más de 10 millones de personas tenían una riqueza superior al millón de dólares y 468.000 acreditaban más de 1.000 millones. El índice de Gini en este caso (82,9) superaba los registros de España y Alemania.

El panorama que nos devuelve el informe, y que respalda la información estadística disponible, resulta inquietante y revelador. Sin paliativos, las élites están reforzando sus privilegios: los ricos son cada vez más ricos. Sin pretender una relación exhaustiva de los factores, diversos y complejos, que explican ese proceso, cabe señalar algunos de los que nos parecen más destacados: el negocio de las privatizaciones y la mercantilización de los servicios públicos, las retribuciones extravagantes y extraordinariamente elevadas de los equipos directivos, la evasión fiscal y la ingeniería contable practicada por las grandes corporaciones con el único objetivo de eludir impuestos, el aumento del valor de los activos financieros y la reaparición de las burbujas, los subsidios y ayudas otorgados por las administraciones públicas a las empresas, los rescates a los grandes bancos y la política monetaria del Banco Central Europeo, que alimenta de recursos a la industria financiera y a las grandes empresas.

La concentración de renta y riqueza, además de injusta –pues se ven recompensados los que estuvieron en el origen del crack financiero-- es un cáncer para la economía, cáncer que urge erradicar. No sólo porque penaliza el consumo y la inversión productiva (las élites promueven, sobre todo, el consumo de bienes y servicios de lujo y la inversión financiera), sino porque, haciendo valer su privilegiado estatus, acumulan influencia y poder. El resultado es de sobra conocido: la captura (perversión y contaminación) de las instituciones y de las agendas públicas, que, cada vez más, están a su servicio, demostrando otra vez cómo el aumento de la desigualdad está directamente interrelacionado con el secuestro de los procesos democráticos por parte de las élites.

Salir de la crisis implica, necesariamente, romper con esas estructuras oligopólicas que parasitan la economía y están en el origen de la inequidad extrema. Prohibir los paraísos fiscales, desmonopolizar las estructuras empresariales, desfinanciarizar la economía, aumentar la presión fiscal sobre las grandes fortunas y patrimonios, limitar las retribuciones de los equipos directivos de las firmas y obligar a las empresas transnacionales a que declaren sus beneficios donde los generan. Este es el camino.

 

Miguel Urbán y Fernando Luengo. Coordinador y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos, respectivamente.

 

 

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ayer durante un homenaje a militares veteranos de la nación indígena navajo, en el Salón Oval de la Casa Blanca, y en la que se le ocurrió hacer una broma sobre la senadora demócrata Elizabeth Warren, a quien llamó Pocahontas, comentario que en vez de risas provocó silencio entre los asistentes a la ceremonia

 

Sus barbaridades funcionan como distractor mientras desmantela el estado de bienestar

 

El día comenzó con la usual muestra estratosférica de vanidad presidencial y descalificación de los medios, distrayendo como siempre de la ofensiva republicana para desmantelar lo que queda del estado de bienestar social y trasladar cada vez más el tesoro del país a la cúpula económica.

Donald Trump tuiteó esta mañana: deberíamos realizar un concurso sobre cuáles de las cadenas, además de CNN y sin incluir a Fox, es la más deshonesta, corrupta y/o más distorsionada en su cobertura política de tu Presidente favorito (Yo).

A la vez, Trump y el liderazgo republicano están enfocados en promover y aprobar la propuesta legislativa para reducir los impuestos a los más ricos y a las empresas, y reponer esos ingresos mediante recortes a programas sociales; aunque por supuesto lo venden como si esto fuera lo mejor para todos. Al anunciar que el proyecto de ley está avanzando con gran apoyo, Trump tuiteó que con algunos cambios la clase media y los generadores de empleo tendrán más dinero en sus bolsillos. No mencionó que se espera que casi ningún demócrata apoye la versión actual, y que no tiene garantizados los votos republicanos necesarios en el Senado.

Todos los informes y análisis del propio Congreso respecto de las propuestas coinciden en afirmar que el más beneficiado será el sector más rico del país.

Varios observadores críticos señalan que la cúpula republicana, junto con Trump, esencialmente están llevando a cabo lo que el corresponsal económico del Financial Times, Martin Wolf, ha bautizado pluto-populismo, doctrina que promueve políticas que benefician a plutócratas, justificadas con retórica populista. Wolf advierte que si las propuestas actuales sobre impuestos son aprobadas, las tensiones dentro de Estados Unidos seguramente empeorarán, porque promueven mayor desigualdad económica. Concluye que el Estados Unidos que el mundo conocía, hoy se está ahogando en una marea de avaricia desmesurada y aparentemente ilimitada. Ahora todos estamos condenados a vivir con las infelices consecuencias.

Mientras tanto, Trump continuó mostrando su gran capacidad para ofender e insultar, aun cuando esa no sea su intención. Este lunes, en una ceremonia en la Casa Blanca para honrar a veteranos militares de la nación indígena navajo, comentó: “yo nada más les quiero agradecer porque son gente muy, muy especial. Ustedes estaban aquí mucho antes de que cualquiera de nosotros estuviera, aunque tenemos a una representante en el Congreso que ha estado aquí durante mucho tiempo, más que ustedes (...) la llaman Pocahontas”. Su broma provocó silencio entre los invitados.

Trump, quien suele poner apodos a sus enemigos, se ha referido a su feroz crítica demócrata, la senadora Elizabeth Warren, con ese nombre de la famosa figura indígena del siglo XVII. La congresista respondió poco después: es profundamente desafortunado que el presidente de Estados Unidos no pueda encabezar una ceremonia para honrar a estos héroes sin tener que sacar una ofensa racial.

Por otro lado, Trump también ha insistido en respaldar al juez Roy Moore, candidato republicano al Senado federal por Alabama, quien ha sido acusado de abuso sexual por cuatro mujeres, una de las cuales tenía 14 años cuando fue hostigada por el entonces fiscal. Aunque este lunes la Casa Blanca anunció que Trump no acompañaría a Moore en actos de campaña, el presidente afirmó el domingo que era inaceptable un triunfo del contrincante demócrata, quien tendría posiciones débiles sobre el crimen y la frontera, entre otros; o sea, apoyó implícitamente a Moore. Sin embargo, líderes republicanos en el Congreso han afirmado que se trata de un asunto moral, y no político, y prefieren que Moore sea sustituido de último momento por otro candidato.

Pero mientras los disparates de Trump continúan captando la atención nacional casi todos los días, y a pesar de que aún no ha podido obtener un triunfo legislativo mayor desde que llegó a la Casa Blanca, su gobierno está realizando cambios dramáticos, algunos de ellos con consecuencias que perdurarán mucho después del fin de la era Trump.

Tal vez el de mayor impacto y menos visibilidad es el ritmo acelerado para nominar y ratificar a jueces federales con la intención de transformar a largo plazo la rama judicial del gobierno, misma que hasta ahora ha frenado parte de la agenda del presidente. Algunos consideran que podría llegar a instalar a 30 por ciento de los jueces federales antes del fin de su primer periodo en la Casa Blanca, reporta The Guardian.

En el Departamento de Justicia, el procurador general Jeff Sessions continúa impulsando las medidas antimigrantes, mientras sus modificaciones a políticas judiciales están alarmando a defensores de derechos y libertades civiles, de la comunidad gay y otras minorías.

En el Departamento de Estado hay un éxodo espectacular del cuerpo diplomático veterano, entre ellos algunos de los de más alto rango, dejando lagunas de experiencia e incluso ausencia de los máximos encargados de manejar la política exterior para varias regiones del mundo.

Mientras tanto, junto con el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Interna continúa la persecución de inmigrantes en las calles y mediante la anulación de medidas que otorgan protección temporal a cientos de miles, entre ellos los jóvenes conocidos como dreamers. Por ahora, el futuro de los aproximadamente 800 mil jóvenes que llegaron a Estados Unidos siendo niños se mantiene en el limbo después de que Trump decidió suspender el programa ejecutivo conocido como DACA y le pasó la bolita al Congreso, pero ahí se ha quedado estancado el asunto y ahora pocos esperan avances hasta 2018.

A la vez, con toda esta ofensiva antimigrante, el culto a la xenofobia y el incremento en los crímenes de odio por motivos raciales y étnicos, es curioso que Coco, una película de animación ubicada en Mexico y cuyo trasfondo es el Día de Muertos, con música mexicana y voces latinas, sea la cuarta más taquillera en la historia en Estados Unidos durante el puente del Día de Acción de Gracias.

En medio de todo esto, sigue el suspenso sobre la investigación del fiscal especial Robert Mueller a Trump y su entorno, con noticias extraoficiales de que su ex asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn está en negociaciones para cooperar en la indagatoria contra su ex jefe.

 

 

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Vista general de Bogotá, Colombia 3 de septiembre de 2017.

 

Datos del Fondo Monetario Internacional se contradicen con otros índices. ¿Cómo interpretarlos? ¿Cuál es el riesgo en países donde el endeudamiento de los consumidores es muy alto o muy bajo?

El endeudamiento de los consumidores es uno de los factores, que, junto a otros, contribuyen al crecimiento de la economía de un determinado país, según el actual diseño del sistema financiero mundial.

En ese orden, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio a conocer en un informe cuáles son los países con mayor endeudamiento de hogares, entre ellos algunos de Latinoamérica.

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La gente camina dentro de un centro comercial en Viña del Mar, Chile, 14 de mayo de 2017. / Rodrigo Garrido / Reuters

 

De acuerdo al ese organismo multilateral, los 10 países de la región que encabezan lista con el mayor porcentaje de hogares endeudados, en base al Producto Interno Bruto (PIB), son:

Chile (42 %).
Panamá (38 %).
Costa Rica (35 %).
Brasil (27 %).
Colombia (25 %).
Bolivia (19 %).
México (15 %).
Uruguay (10 %).
Paraguay (7 %).
Argentina (4 %).


El mismo informe señala que el endeudamiento de los hogares en América Latina ha ido en rápido aumento, desde un 15 % en 2013 a un 20 % en 2016.

 

¿Qué significan esas cifras? ¿Es bueno o malo ese endeudamiento?

 

El experto en economía política Juan Carlos Valdez señaló que lo que eso significa es que "la gente sencillamente está consumiendo más, invirtiendo o gastando mucho más, en esos países".

Pero intervienen otras variables, indica. Por ejemplo, que los consumidores tengan "las condiciones materiales para hacerlo" y, aunado a ello, cuáles son "las condiciones que brinda el sistema financiero o la banca, específicamente, para que las personas se endeuden".

De acuerdo con Valdez, el endeudamiento es bueno, porque "supone la creación de dinero, y en consecuencia la dinamización de la distribución de los bienes y servicios que se producen en una sociedad".

En otras palabras, los bancos crean dinero sobre la base de las promesas que hacen sus prestatarios de pagar, y eso representa entre el 92 y 95 % del circulante en un país determinado.

 

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Vista general de la Paz, Bolivia. / David Mercado

 

Pero el mismo FMI advierte en el referido estudio que los niveles altos de endeudamiento pueden ser "peligrosos".

"Como la crisis financiera global (2008 en adelante) ha mostrado, el rápido incremento en deuda de los hogares, especialmente hipotecas, puede ser peligroso", dijo Nico Valckx, uno de los autores del informe, durante su presentación.

 

Relación del endeudamiento con salario, desempleo e índice de Gini

 

*Según el experto, si la gente gana buenos salarios, tiene capacidad de endeudarse, porque tiene capacidad de pago.


*Pero "si hay mucho desempleo en un país, no hay capacidad de pago y no hay capacidad de endeudamiento".

 

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Centro comercial Andino en Bogotá, Colombia el 17 de junio de 2017. / Jaime Saldarriaga

 

En cuanto al índice de Gini (que se utiliza para medir la desigualdad de los ingresos y la distribución de la riqueza, con valores de 0 para identificar ausencia de desigualdad y de 1 para su máxima expresión), si "se demuestra que la distribución de la riqueza es muy desigual [...] no va a haber endeudamiento importante en aquel sector cuyos ingresos son pocos".

 

Teoría que no se cumple

 

Algunos de los países que encabezan la lista del FMI son también los primeros con mayor desigualdad en la región, de acuerdo al índice de Gini.

Según un informe de la Cepal dado a conocer en marzo de este año, México, Panamá, Costa Rica, Colombia y Brasil registran un coeficiente de Gini superior a 0,5.

Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina superan, en promedio el 0,4.

Sucede algo similar con el desempleo: algunos de estos países tienen altas tasas de paro en relación con su población activa total. Es el caso de Brasil (11,5 %), Colombia (9,9 %), Costa Rica (9,0 %) y Chile y Argentina (6,6 %), de acuerdo a datos del Banco Mundial.

 
Venezuela: caso extraño

 

Venezuela es el país latinoamericano número 11 en la lista del FMI. Sin embargo, Valdez sostuvo que esa nación caribeña atraviesa por un caso atípico.

Señaló que lo que sucede en Caracas "no lo explica ninguna teoría económica", porque la "teoría dominante en materia de inflación" es la monetarista, según la cual, para que la inflación se dispare tiene que haber una demanda y liquidez importante.

"En Venezuela no hay ni una demanda importante ni una liquidez importante, pero hay una inflación importante", por ende ―dice― lo que se explica es que hay "un ataque a la economía venezolana".

Pese a ello, Venezuela registra uno de los más bajos índices de desigualdad según el coeficiente de Gini: menor a 0,4.

 

 

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El director general de la OIT, Guy Ryder, dialoga con EL PAÍS en Buenos Aires.

 

El exsindicalista británico destaca el progreso regional contra el trabajo infantil, pero advierte que sólo el consenso de todos los países permitirá soluciones de fondo

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) aspira a llegar a 2025 con un mundo sin trabajo infantil. Su director general, el exsindicalista británico Guy Ryder (Liverpool, 1956) cree que es posible si los Estados hacen cumplir las leyes y garantizan el acceso a la educación de calidad para todos los niños y al trabajo decente para los adultos. En Buenos Aires, donde se ha celebrado la IV Conferencia Mundial Sobre la Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil, Ryder destaca el progreso regional, pero, a su vez, pide voluntad política para combatir la informalidad y también la creciente desigualdad mundial generada por los cambios en el mercado de trabajo.

 

Pregunta. Hace décadas que se lucha contra el trabajo infantil. ¿Por qué cuesta tanto erradicarlo?

Respuesta. Porque es un tema complejo. En muchos países el trabajo infantil está integrado como parte de la realidad nacional. Hay mucho por hacer, quedan 152 millones, pero hay que reconocer que en los últimos 20 años esta cifra se ha reducido en 100 millones, así que gran reto hacia delante, pero gran avance por detrás, y también aprendizaje, porque ahora ya sabemos qué funciona y que no.

 

P. ¿Qué funciona?

R. Se necesita un enfoque integral. Primero, legislación conforme a las normas de la OIT y la inspección que pueda hacerla efectiva. Segundo, protección social. América Latina ha hecho programas de transferencia económica muy eficaces. El tercero, acceso a la educación de calidad. Cuando existe la posibilidad de que un niño o niña vaya al colegio, se reduce de forma muy importante la vulnerabilidad al trabajo infantil. El cuarto elemento son políticas del mercado de trabajo para promover buenas condiciones para adultos en los sectores donde el trabajo infantil es más presente. Por ejemplo, el trabajo rural, que concentra el 70% del trabajo infantil, la informalidad y los países en condiciones de conflicto y crisis.

 

P. ¿Cómo ve la situación en América Latina?

R. La región ha progresado mucho en la lucha contra el trabajo infantil, la cifra se ha reducido de 20 millones a 11, pero el punto débil es la informalidad, que también es un cultivo para el trabajo infantil. Es el tema en el que queremos concentrar nuestros esfuerzos.

 

P. En los últimos años ha habido debates en varios países, como Bolivia, donde incluso el presidente Evo Morales defendió el valor de que los niños trabajaran. ¿Todo el trabajo infantil es explotación?

R. No. Las normas de la OIT son muy claras al respecto. Algunas actividades no se pueden calificar de trabajo infantil, como los niños que ayudan en casa o en el contexto rural hay actividades que se pueden aceptar, pero no se pueden aceptar actividades que obstruyen el desarrollo normal del niño, ni el trabajo que impide la educación de un niño ni su integración social. Ningún país puede decir que culturalmente es distinto, no, las leyes son universales.

 

P. En la apertura habló también de la incertidumbre del mercado laboral actual por los cambios en curso. A medida que avance la robotización y la automatización, ¿dónde se va a generar empleo?

R. Cuando hablamos del futuro del trabajo, la gente de forma automática piensa en la tecnología. Y es cierto, la tecnología importa, pero no se puede reducir el debate del futuro del trabajo a si la tecnología va a destruir o crear empleo. Todo depende de cómo usemos la innovación tecnológica, de si somos capaces de fijarnos objetivos de desarrollo y usar la tecnología para alcanzarlos. Esa es nuestra responsabilidad política, porque nos puede proteger de trabajos peligrosos y tediosos. Pero hay otro tema, porque la tecnología en la cuarta revolución industrial tiene la capacidad de transformar la manera en que se organiza el trabajo.

 

P. ¿Cómo cambia las relaciones laborales?

R. Ahora la mayoría de las personas tiene un empleador, pero en la economía de las plataformas, como Uber, uno no tiene empleador, entonces la relación laboral se convierte en una relación comercial. Porque yo voy a una plataforma y busco a alguien que me puede ofrecer un bien o un servicio y encuentro a alguien que ofrece un bien o un servicio. Es una relación comercial de corta duración. Creo que tenemos que asumir esta posible transformación y si es así repensar, hacer un nuevo marco regulatorio, porque todos nuestros sistemas laborales y sociales están construidos sobre la idea de una relación laboral.

 

P. Esa precarización, sumada a la globalización, trae asociada salarios cada vez más bajos.

R. Es una preocupación que no es nueva. Hemos visto durante 30 años que los ingresos nacionales que van a los salarios han disminuido en todos los países del mundo y han aumentado los del capital.

 

P. ¿Es posible parar esa rueda que gira a favor del capital?

R. Sí. Para mí es casi la preocupación más importante cuando vemos el futuro del trabajo, parar el crecimiento de la desigualdad. Si el mundo sigue creciendo en los próximos 30 años y la desigualdad crece al mismo ritmo creo que vamos a llegar a una situación completamente catastrófica. Estamos atrapados en la idea de que la desigualdad es el precio que tenemos que pagar para ser competitivos. Pero conocemos muy bien las políticas que pueden reducirla: políticas fiscales de redistribución, salarios mínimos, negociaciones colectivas. Hay instrumentos, lo que falta en este momento voluntad política para utilizarlos.

 

 

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