“Los más poderosos son quienes más salen del juego democrático para después imponerlo a los de abajo”

 

En medio del actual proceso de transición regresiva en varios países de la región, como Argentina y Brasil, el reconocido jurista y sociólogo propone continuar con la lucha por la igualdad para impulsar un nuevo ciclo constituyente que haga frente a los intentos destituyentes. Los logros alcanzados en los últimos años y sus límites. Los errores de los gobiernos progresistas.


Los logros en el nivel de consumo alcanzados en los últimos años en la región no se han podido sostener en el tiempo. La embestida de los sectores de derecha en distintos países de América Latina, asume el investigador portugués Boaventura de Sousa Santos, pone de manifiesto la “fragilidad” de tales conquistas. Frente al actual proceso de transición regresiva en países como Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, el reconocido jurista y sociólogo propone continuar con la lucha por la igualdad. No una igualdad clásica, sino una agiornada, que define como “igualdad con diferencias”.

 


–¿Qué nuevas formas cree que toman las luchas por la igualdad en América Latina?


–Las luchas por la igualdad han sido luchas tradicionales en este continente, ya que es un continente muy desigual. Las desigualdades se han profundizado a lo largo de las últimas décadas, excepto quizás en los últimos 12 o 15 años, dependiendo de los países. Algunos gobiernos, salidos muchas veces de movimientos populares, lograron realizar alguna redistribución social aprovechando el boom de los commodities y el alza de precio de los productos primarios; con eso integraron en el consumo –aunque no en términos de ciudadanía, por lo menos en el consumo–, a millones de personas en el continente. Claro. Se está demostrando que estos logros son frágiles y reversibles. De hecho están siendo ya puestos en cuestión en varios países: Argentina es uno de ellos, Brasil puede ser el próximo, Ecuador también, y Venezuela. Dado que no ha sido un proceso sostenible, la lucha por la igualdad debe continuar. No se trata de una lucha clásica por la igualdad entre clases, sino que se trata de una “igualdad con diferencias”.


–¿En qué sentido “igualdad con diferencias”?


–Desde los años 90, pero sobre todo después de 2000, hay una lucha muy fuerte por el reconocimiento a la diversidad protagonizada, sobre todo, por los movimientos indígenas y afrodescendientes. Ya había obviamente una lucha de las mujeres por la diferencia, por la diversidad, pero estos dos movimientos –el afrodescendiente y el indígena–, tuvieron un impacto enorme sobre todo en algunas de las constituciones, como las de Bolivia y de Ecuador, para mostrar que la igualdad para ser incluyente debe tomar en cuenta las diferentes maneras de pertenecer a una cierta comunidad política que es el Estado. Esos fueron logros. Ahora, en este momento, estamos en un proceso de reversión, de transición regresiva.


–¿A qué se refiere cuando habla de que “asistimos a un nuevo ciclo constituyente”?


–Cuando hablo de procesos constituyentes me refiero a procesos que buscan intentar ver de qué manera se puede abrir otro ciclo una vez que éste está agotado o que se presenta como un proceso destituyente, en la medida en que los derechos conquistados se están destituyendo, a veces a través de cambios constitucionales, otras veces sin cambios constitucionales. Por eso también es que las constituciones se están revelando como un papel mojado y con poca eficacia; ellas, que fueron creadas fundamentalmente para crear la idea de seguridad y que podrían aguantarse momentos cíclicos complicados. Pero no es así. Tenemos un tipo de estado de excepción en el que no hay suspensión de las constituciones, no hay dictadura, todo parece hecho dentro de una normalidad democrática pero el hecho es que la democracia se está espaciando. Por eso el apego a un proceso constituyente es a un nuevo proceso que pueda blindarse en relación a las debilidades del proceso anterior.


–¿A qué atribuye el cambio de signo político de algunos gobiernos de la región?


–Creo que es producto de muchos errores por parte de algunos gobiernos, que en su parte final y producto de la degradación del ánimo político, tenían casi actitudes suicidas. Todos sabemos que quizás la presidenta Dilma Rousseff no fue necesariamente la mejor opción para suceder a Lula.


–¿Por qué lo cree?


–Fue una decisión personal suya postular a una persona que nunca se había presentado a elecciones en ninguna parte. Una buena técnica, pero quizás buena para gobernar en períodos de bonanza y no en períodos de turbulencia. Por eso digo que hubo un casi suicidio. Pienso que los gobiernos progresistas no prestaron la atención necesaria para ganar victorias contundentes. Para eso era necesario mantener una lealtad con los grupos sociales con los cuales trabajaron durante años; lealtad que no mantuvieron. Al final de sus mandatos implementaron políticas casi ofensivas.


–¿Por ejemplo? ¿A cuáles se refiere concretamente?


–Por ejemplo, en el caso de Dilma, el hecho de nombrar para ministra de agricultura a Kátia Abreu, la gran mujer representante de los agronegocios. Y así tantas otras cosas ocurrieron en otros países que hicieron parecer que se estaba traicionando todo lo que se había prometido en la campaña electoral. Fueron muchos errores. La gente no es estúpida. La gente quería esta redistribución, ¿quién no? Solamente la clase media puede ser muy crítica por temor a que se le recorte algún beneficio, pero sigue teniendo su salario, su coche... Pero la gente que estaba muy abajo y que finalmente pudo comer, ir al colegio, ir al supermercado... a esa gente le gustaría poder sostener esa política. El caso es que los gobiernos no fueron lo suficientemente elocuentes para que la gente pudiera advertir que lo que la derecha y los medios de comunicación decían era realmente falso.


–Usted atribuye estos cambios de signo político a la fragilidad de los logros alcanzados en los últimos 15 años. Sin embargo, en algunos países los cambios se dieron por la voluntad popular...


–Es una buena pregunta pero complicada de responder. Estos cambios de transformación y de políticas de redistribución social están siendo eliminados a través de procesos democráticos. Por eso puede decirse que es el pueblo el mayor beneficiario de estas políticas, el que se muestra ingrato y vota en contra. En ese sentido habría varias cosas que decir.


–¿Cómo cuáles?


–Primero, es claro que estos gobiernos progresistas cometieron muchos errores; hay quienes no consideran a estos gobiernos progresistas, yo los sigo denominando así en el sentido de que buscaron una redistribución social en un continente marcado por las desigualdades que venían desde la Colonia. Uno de esos errores fue no aprovechar la gran oportunidad que se les dio para transformar políticamente la sociedad: hacer reformas políticas, reformas del sistema fiscal, de los medios de comunicación, de la economía. Y al contrario, de una manera perezosa, aprovecharon el aumento de los commodities y el alza de precios de las materias primas para permitir, a partir de esto, una redistribución social que era dependiente de los precios. Al mismo tiempo, permitieron a las clases oligárquicas, a los sistemas financieros, a los ricos, enriquecerse como nunca. No aprovecharon la gran aceptación, casi hegemónica, que tuvieron en algún tiempo para transformar la política de manera de poder resistir a una situación más adversa. Por eso es que estas formas de inclusión no fueron realmente formas de inclusión democrática y ciudadana.


–¿Qué tipo de inclusión observa en estos procesos?


–Fueron formas de inclusión por el consumo. En ese sentido, estos nuevos sujetos políticos, que en muchos casos por primera vez podían comer tres veces al día, no fueron invitados a ejercer el control sobre las políticas públicas mediante mecanismos de democracia participativa, tampoco fueron invitados a debatir sobre el servicio que se daba en los hospitales y se quedaron, por así decirlo, como pasivos recipientes de un consumo que ahora les era permitido. Por eso esta inclusión es frágil, por eso permite que esta población que fue realmente beneficiada esté sujeta a influencias que pueden de alguna manera disfrazar y pervertir todo lo que se hizo.


–Puntualmente, ¿a qué influencias se refiere?


–Hay influencias sin las cuales no podemos entender qué está pasando. En primer lugar, la presencia de un fascismo mediático. En mi trabajo he distinguido diferentes formas de fascismo: el fascismo del apartheid social, el fascismo territorial, el fascismo paraestatal, el financiero y, obviamente, el fascismo mediático. El fascismo mediático es aquel que permite a los medios, a través de la concentración mediática, manipular de una manera grosera la realidad y las percepciones de la vida cotidiana, de la vida política, de manera que la gente se sienta traicionada por los que apoyó anteriormente y que piense que los que le dieron una nueva vida a través de la inserción en el consumo son los responsables de la crisis. Eso fue lo que ocurrió a través de una manipulación mediática muy inteligente y poderosa que se hizo en todo el continente.


–¿Qué otros elementos coadyuvaron a este tipo de influencias?


–El segundo factor es la presencia del imperialismo norteamericano. No se puede ocultar más que los errores internos que cometieron los gobiernos progresistas no serían tan graves si no hubiera una fuerza internacional muy fuerte proveniente del imperialismo norteamericano que opera por diferentes mecanismos, que por supuesto ahora no son las dictaduras militares pero que son las presiones del sistema financiero internacional y la financiación de organizaciones democráticas en varios países que son democráticos desde la fachada pero que aplican condiciones hostiles a los gobiernos progresistas. Sin ir más lejos, en Brasil está absolutamente documentada la presencia de los hermanos Koch, muy conocidos en Estados Unidos por ser de los más ricos y de los que más promueven políticas de derecha.


–¿En qué consistió el rol de los hermanos Koch en el impeachment llevado a cabo contra Dilma?


–Los Koch Brothers han financiado muchas organizaciones que están hoy en la calle pidiendo el impeachment de Dilma. El imperialismo norteamericano aprovechó los errores cometidos por los gobiernos progresistas para atacar con una violencia sin precedentes. Empezaron por los pequeños países: primero Honduras, luego Paraguay con el golpe parlamentario a Fernando Lugo. Y ahora están intentando con los grandes países: Venezuela, Brasil y Argentina, y debemos decir que lo están haciendo con bastante éxito y que por eso hay que empezar de nuevo.


–¿En qué consiste el “fascismo financiero”?


–Todas las formas de fascismo son formas infra-políticas, no son parte del sistema político, que es democrático, pero condicionan las formas de vida de los que están abajo a través de desigualdades de poder que no son democráticas, que son inmensas y permiten que los grupos que tienen poder casi obtengan un derecho de veto sobre las oportunidades de vida de quienes están más abajo. Si eliminan la escuela pública y la salud pública la gente con bajos recursos podrá enviar a sus hijos a la escuela si es que tiene un amigo o padrino. Ahora, si el padrino no quiere pagar entonces sus hijos ya no irán a la escuela. Es la filantropía: el veto sobre la oportunidad. Es la discrecionalidad, que ocurre de diferentes formas. Por ejemplo, la discrecionalidad de la policía ante los pibes que son negros o que usan gorra. Y que llaman “leyes de convivencia”, pero que no tienen nada de convivencia sino que cuestiona a cualquiera que tenga un comportamiento apenas distinto. Eso es fascismo. Es arbitrariedad. Lo mismo el fascismo del apartheid social. En todas partes hay zonas salvajes de la ciudad y zonas civilizadas, donde existen todos los requisitos de urbanidad, de seguridad y saneamiento básico, y otras zonas donde no hay electricidad, donde el agua está contaminada, etc. Todo esto en un marco de la legalidad. Una discrecionalidad por debajo de los procesos políticos, y por eso digo que vivimos en sociedades que son políticamente democráticas y socialmente fascistas.


–¿Qué rasgos distintivos encuentra en el fascismo financiero?


–El fascismo financiero tiene una característica especial: permite salir del juego democrático para tener más poder sobre el juego democrático. O sea, alguien con muchísimo dinero puede ponerlo en un paraíso fiscal. De este modo sale del juego democrático de los impuestos, pero al salir se queda con más dinero y más poder para poder influenciar el juego democrático y además darles consejos a los ciudadanos de que no deben gastar tanto, que están viviendo por encima de sus posibilidad, que el Estado está gastando más en salud, por supuesto, porque el Estado no está siendo financiado con los impuestos que podría recibir si esta plata estuviera en el país. Se crea una corrupción de la democracia a través de la cual hay dos reglas: los que huyen de las reglas democráticas son los que se quedan con más poder para imponer las reglas democráticas a los otros. Esa es la perversidad del fascismo financiero. Claro que también tiene otras formas como las “agencias de rating” y la especulación.


–¿Qué hay del fascismo político?


–Justamente, el problema radica en ver hasta cuándo se mantiene como fascismo social y cuándo se transforma en fascismo político. Porque hasta ahora, políticamente, las sociedades son democráticas. Hay libertad de expresión, relativa pero existe. Hay elecciones libres, por así decirlo, con toda la manipulación. Hay un mínimo de credibilidad democrática, pero los asuntos de los que depende la vida de la gente están cada vez más sustraídos al juego democrático y los más poderosos son quienes más salen de ese juego democrático para después imponerlo a los que están abajo. Esto a mi juicio es la situación en la que estamos y donde surge la necesidad de un otro proceso constituyente.


–El acceso al saber también es desigual. ¿Se puede hablar de un fascismo del conocimiento?


–Lo que diría es que estamos asistiendo a la mercantilización del conocimiento. Durante mucho tiempo el conocimiento científico valió por su rigor y por la curiosidad de los cientistas que se decidieron a investigar un tema y que llegaban a conclusiones útiles para los países. Hoy ya no es así. El valor del conocimiento es un valor de mercado: el conocimiento contribuye a la innovación, genera patentes. Las universidades están ante una presión enorme por generar recetas propias del conocimiento. Se mercantiliza el conocimiento y por eso las propias universidades están cada vez forzadas a funcionar como corporaciones mercantiles, como empresas, los profesores como proletarios que producen para revistas de impacto, y los estudiantes como consumidores. Hay una mercantilización general del conocimiento y es esto que ha dado impulso al trabajo que me domina hoy sobre las “epistemologías del sur”: intentar llevar a cabo una lucha radical en todo el conocimiento. Por eso trabajo tanto con los movimientos sociales, para mostrar que el conocimiento científico es importante y no se puede demonizar, que la ciencia demuestra que los transgénicos o los insecticidas contaminan el agua y destruyen la vida, que debemos usar esa ciencia, pero tener en cuenta que esa ciencia no es la única válida. En este sentido es necesario descolonizar el saber para poder democratizar la sociedad, despatriarcalizarla y desmercantilizarla.


–¿Es posible aplicar su concepto de “apartheid social” a las políticas segregacionistas hacia los refugiados que se despliegan en varios países europeos?


–Toda la razón en mencionar a Europa, que está bajo la misma presión. Los refugiados son un caso extremo de una política de exclusión, pero lo más significativo es todo el sistema de fascismo financiero, disciplinario, que se aplicó en Grecia, Portugal, España, y que se está aplicando en otros países para intentar exigir que todos los países sigan la misma línea conservadora, de privatización, de liberalización, de destrucción de servicios públicos como salud y educación, de privatización de los servicios que son rentables para el capital. Europa puede hoy con menos arrogancia reconocer y entender mejor lo que pasa en América Latina.


–¿Por qué?


–Porque durante mucho tiempo pensó que ciertas situaciones sólo sucedían en países menos desarrollados, pero hoy Europa está pasando por un proceso de subdesarrollo: algunos países que estaban más desarrollados ahora están siendo subdesarrollados (el caso de Grecia es muy dramático y, desde el año 2000, el caso de Portugal también). Portugal es el único país de la Unión Europea que tiene un gobierno de izquierda que puede ser destruido en cualquier momento por Bruselas porque no está muy interesada en gobiernos de izquierda. Pero es una lucha cada vez más común entre países latinoamericanos y europeos.


–¿Cuál es su mirada hacia los partidos de izquierda?


–Creo que es necesario que redefinamos qué son las izquierdas y cuál es su forma política. Primero, no se puede decir que las izquierdas no aprendan. Voy a dar el ejemplo de la izquierda portuguesa. Durante mucho tiempo los comunistas pensaron que jamás podrían aliarse a los socialistas porque los consideraban de derecha. Ante la posibilidad de que una derecha siguiera gobernando Portugal por cuatro años más decidieron unirse al partido socialista.


–¿Por qué las izquierdas tienden a la fragmentación?


–El problema es que la izquierda partidaria hizo lo que yo llamo “una sociología de ausencias”. Invisibilizó todo lo que no se designaba como izquierda y que no tenía la forma de partido. Por eso lo que falta, a mi juicio, es juntar estas diferentes dinámicas y, para eso, es necesario que las izquierdas abandonen la idea de que los partidos son la única forma de representación política. Los partidos tienen que pasar por una refundación donde la democracia participativa sea constitutiva de la formulación de las políticas, de los partidos, y de las elecciones de los candidatos.

 

 

 

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¿Cuánto falta en América Latina para crear ciudades inteligentes?

Las teconologías han penetrado la región aunque de forma desigual. El 53% de los latinoamericanos no tiene Internet.

 

Para 2015, en América Latina se contaban unos 400 millones de teléfonos celulares activos, en una población calculada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en 625 millones de habitantes cuando finalice 2016. Este dato, entre otros indicadores, hace que varios expertos en desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) vaticinen el nacimiento en la región de varias ciudades inteligentes.


La denominación es una adaptación del término 'smart city' y alude a un concepto de 'marketing' referente al desarrollo, aplicación y uso de tecnologías en la vida diaria de los habitantes de un espacio urbano determinado. Por tal motivo no existe un término único: también se emplea 'ciudad eficiente' y 'ciudad súper-eficiente'.


Y, aunque todas las facilidades de una ciudad de nuevo tipo pase por las TIC, estas van allá del uso de las tecnologías. Las ciudades inteligentes deben promover una calidad de vida elevada, el desarrollo económico-ambiental, gobiernos participativos, gestión ambiental y aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.


México en la mira


"La Ciudad de México tiene potencial para ser una de las primeras ciudades inteligentes: su población es joven. El 70% de los mexicanos vive en las ciudades, lo que es una cifra más alta en comparación al promedio global del 52%", afirma Paul Sullivan, citado por la revista 'Expansión'.


Según el artículo el 71% de los 65 millones de usuarios de Internet de la nación tienen entre 13 y 44 años. Este segmento de la población, agrega la revista, presionará el rediseño de las ciudades para convertirse en "ciudades conectadas, y ser verdaderos centros de inteligencia". Querétaro, Guadalajara y Puebla figuran como las primeras con planes reales para convertirse en ciudades inteligentes.


Más celulares que gente


Consultado por RT, William Castillo, presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela (Conatel), aseguró que, al finalizar 2015 "la penetración de Internet el país alcanza el 62,7% de la población. Es decir 16.728.894 usuarios".


Hasta 2014, este país reportaba 32.019.086 suscriptores de telefonía móvil celular, de los cuales EL 71,90% corresponden a la tecnología GSM, otro 27,50% a CDMA y el restante 0,60% a tecnología Long Term Evolution o LTE.


La estadística refiere que existen 101 líneas de telefonía móvil activas por cada 100 habitantes.


'Full Internet'


Otro ejemplo de la región es Chile. Según datos aportados por el Banco Mundial este país suramericano tiene un 100% de penetración de Internet, mientras 1 de cada 5 habitantes posee telefonía celular y un 60% de la población posee una cuenta de Facebook.


Autobuses uruguayos

Diego Rostagnol creó en Uruguay una aplicación para teléfonos inteligentes que ayuda a los usuarios del sistema de transporte público a moverse por Montevideo utilizando como guía el celular. La aplicación GxBus, aparece reseñada en el libro 'Datos abiertos y ciudades inteligentes de América Latina' publicado por la Cepal. Y, aunque se trata de una iniciativa no gubernamental, 11.000 personas se han registrado y otras 5.000 han descargado la aplicación.


Los retos


No obstante los avances, la región presenta asimetrías tecnológicas, lo mismo que en sus economías. Un informe de la Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (Ahciet-2015) expresa cifras alentadoras.


Por ejemplo, la Telefonía móvil ha superado el 100% de penetración promedio en la región. "Cada vez más hogares tienen acceso a Banda Ancha fija", alcanzando el 34%. Esto se debe a que desde 1997 la cantidad de usuarios de Internet en toda América Latina se multiplicó por 87.


Sin embargo, alerta Ahciet, aún hoy el 53% de los latinoamericanos no usa Internet y tampoco el 66% de los hogares.


Refiere el documento que con una inversión de 400.000 millones de dólares, la brecha de conectividad podría cerrarse para el año 2020.


En lo cotidiano, cada día las tecnologías penetran más en la sociedad latinoamericana. Se calcula que para el primer trimestre de 2015 el mercado de teléfonos inteligentes en la región subió un 25 %. Se trata de un incremento mayor a los registrados en China y la India, que poseen una población de mayor consumo, expresa un estudio de la firma de investigación de mercado Counterpoint.


Pero más allá de las bondades que ofrecen las Tic's, la región urge de soluciones que integren la tecnología a problemas sociales. En otras palabras, que sirva a la gente.

Se exageraron beneficios de la "agenda neoliberal", reconocen expertos del FMI

La pregunta fue hecha por expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI): "El neoliberalismo, ¿un espejismo?". La respuesta que ofrecen es que "hay aspectos de la agenda neoliberal que no han dado en el blanco" y los esperados beneficios derivados de este conjunto de políticas, seguidas a rajatabla por países como México desde hace más de tres décadas, "han sido exagerados".

Los beneficios de liberalizar la circulación de capital, así como la austeridad fiscal, pilares de la "agenda neoliberal", parecen bastante difíciles de establecer si se examina un conjunto amplio de países, de acuerdo con un artículo publicado en la edición de junio de Finanzas y desarrollo.

"Los costos en términos del aumento de la desigualdad son importantes y reflejan la disyuntiva entre los efectos de crecimiento y los efectos de equidad que caracterizan algunos aspectos de la agenda neoliberal. El aumento de la desigualdad afecta negativamente el nivel y la sostenibilidad del crecimiento. Aun si el crecimiento fuera el propósito único o principal de la agenda neoliberal, sus defensores deben prestar atención a los efectos distributivos".

La "agenda neoliberal", de acuerdo con el documento, "descansa sobre dos pilares principales": la promoción de la competencia mediante la desregulación y la apertura de los mercados internos, incluidos los financieros, a la competencia externa. Y, el segundo, la reducción del papel del Estado, a través de la privatización y los límites a los déficit fiscales y la deuda que pueden asumir los gobiernos. Desde los años de 1980 –cuando América Latina padeció la década perdida– ha habido "una tendencia mundial fuerte y generalizada" hacia el neoliberalismo, plantean Jonathan D. Ostry, Prakass Loungani y Davide Furceri, quienes son, respectivamente, subdirector, jefe de división y economista del Departamento de Estudios del FMI.

Por un lado, la apertura financiera permite al mercado internacional de capitales canalizar el ahorro mundial hacia los usos más productivos en el mundo entero. Las economías en desarrollo con escasez de capital pueden endeudarse para financiar la inversión, apunta. Sin embargo, añade, el vínculo entre la apertura financiera y el crecimiento económico es complejo. "Algunas entradas de capital, como la inversión extranjera directa, sí parecen estimular el crecimiento a largo plazo. Pero el impacto de otros flujos, como la banca, la inversión de cartera (en instrumentos financieros, como bonos del gobierno) y especialmente los flujos especulativos de deuda, no parecen estimular el crecimiento ni permitir a los países distribuir mejor los riesgos con los socios comerciales".

Aunque los beneficios para el crecimiento con la apertura financiera "son inciertos", los costos en términos del aumento de la volatilidad económica y la frecuencia de las crisis sí parecen más evidentes, mencionan.

Respecto del tamaño del Estado, cuya reducción constituye otro de los pilares de la "agenda neoliberal", el artículo recuerda que el redimensionamiento del sector público se ha dado desde los años 80 a partir de la privatización de "algunas funciones públicas".

También, a través de restringir el gasto público y de poner límites a la magnitud de los déficit fiscales y la capacidad del gobierno para endeudarse.

Las políticas de austeridad no sólo acarrean sustanciales costos para el bienestar, sino que también agravan el empleo y el desempleo, sostienen.

“Los beneficios de algunas políticas que constituyen una parte importante de la agenda neoliberal parecen ser algo exagerados. En el caso de la apertura financiera, algunos flujos de capital, como la inversión extranjera directa, parecen dar los beneficios esperados. Pero en otros casos, sobre todo el de los flujos de capital a corto plazo, los beneficios en términos del crecimiento son difíciles de cosechar, en tanto que se ciernen graves riesgos en términos de la agudización de la volatilidad y la crisis.

"En el caso de la consolidación fiscal (reducción del déficit y la deuda públicos), los costos a corto plazo, como disminución del producto interno bruto y aumento del desempleo, no han recibido suficiente atención, como tampoco se ha apreciado la conveniencia de que los países con amplio margen de maniobra fiscal simplemente vivan con una deuda elevada y permitan que los coeficientes de endeudamiento se reduzcan orgánicamente a través del crecimiento", establecen.

Destacan que tanto la apertura como la austeridad tienen que ver con una mayor desigualdad del ingreso y este efecto distributivo crea un círculo vicioso. "El aumento de la desigual, engendrado por la apertura financiera y la austeridad, puede por sí mismo socavar el crecimiento que la agenda neoliberal pretende estimular".

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Jueves, 23 Junio 2016 07:09

Ciudadano Saramago

Ciudadano Saramago

 

Comprometido, optimista, informado y memorioso

 
Hace seis años, el dieciocho de junio de dos mil diez, nos dejaba una de las personas que más y mejor entendió el papel de la ciudadanía en la construcción de la democracia. En fechas repletas de movimientos estratégicos por detentar el poder, uno, el que sea, porque en el fondo a la mayoría lo que les importa es tenerlo, conviene no perder de vista algunas de sus palabras:


“Ésta es una sociedad falsa. Quiero decir... inexistente. Pienso que para que una sociedad exista, debe darse una cierta unión entre sus miembros, no un continuo estado de competencia. Lo que hoy vivimos es la tiranía de un sistema que ha conseguido que el hombre que se mueve dentro de él sea fácilmente desechable.”


Era un gran escritor y un buen periodista que analizaba la realidad con optimismo, a pesar de las muchas desgracias que azotaban y azotan el panorama mundial, pero con aguda mirada y sin perder de vista la memoria


“¿Qué es eso de una sociedad mejor? ¿Qué significa eso? Hay que relacionar la sociedad concreta con sus medios. Hace dos siglos no se podían resolver problemas para los cuales tenemos ahora remedio. La cuestión es saber si los medios de que disponemos los usamos para responder los problemas de ahora, de hoy, de nuestro tiempo. No tiene sentido que la gente se siga muriendo de hambre. No me interesa si la sociedad de ahora es mejor o peor. Lo que verifico es que no es mejor de lo que podría ser.”


José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 y murió en Tías (Tenerife, España) el 18 de junio de 2010. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1998 “por permitirnos, a través de parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, aprehender una realidad esquiva”.

 


De la lucidez a la ceguera


Sus reflexiones sobre la lucidez y la ceguera son profundas muestras sobre el conocimiento de una política hueca en una sociedad huera, al menos esa mitad mal llamada desarrollada que parece no tener más afán que consumir y morir enriquecida por el empobrecimiento de la otra mitad.


Las enfermedades mentales transmutan en físicas para narrar lo débil y falso de un sistema que ha convertido en incompetentes las relaciones humanas y sus instituciones. Tal como él decía: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”


En estos años desde que se fue, su memoria, sus ideas y sus acciones siguen tan vivas y actuales como cuando estaba entre nosotros. Y si no, revisen, por ejemplo, sus Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) cuando nos decía:


“Si el centro no va a la periferia, irá la periferia al centro. Con otras palabras: Europa está hoy “cercada” por aquellos a quienes abandonó después de haberlos explotado hasta las propias raíces de la vida.”


Que tan acertada visión de lo que por estos días se han encargado de publicitar y vender, pretendiendo crear conciencia, estados varios y ciertos organismos internacionales con motivo del día de la persona refugiada (insistiendo además en el masculino “día del refugiado”, cuando la mayoría son mujeres y niñas).


El año de su muerte le dediqué un tardío y póstumo homenaje en la página 25 del número 12 del renovado Tribuna, órgano de expresión de la Federación de Servicios al a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras, curiosamente esa ciudadanía a la que él tan bien leyó y a la que tanto sirvió.


Su literatura nos enriqueció, “era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras”. Sus discursos nos motivaron, como el que ofreció hace diez años, el 17 de junio de 2005, en la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Tras explicar cómo en España, unos años antes, le habían reunido junto a un grupo de personas para que presentaran propuestas para el milenio, que se convirtieron en puro delirio, Saramago nombró la décima suya: “regresar a la filosofía”. Todo eso para invitar a los asistentes a pensar: “Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.”

 


Un político comprometido


Fue un comunista de pura cepa, un ateo militante, un defensor de la justicia social y de las causas justas, aunque pudieran parecer utópicas, que no significa que estuvieran perdidas.


Fue una simiente que dio muchos frutos, sus más de cuarenta obras publicadas, que nos han llevado a tierras de pecado; al cerco de Lisboa; a la caverna; a releer la existencia de Jesucristo o la vida errante de Caín; a la isla desconocida; a viajar con un elefante o en una balsa de piedra; a levantarnos del suelo; al memorial de un convento; a pensar en el hombre duplicado; a no vernos en la lucidez, o a dejarnos deslumbrar por la ceguera. Todas ellas ocupan, por mérito propio, las más destacadas bibliotecas contemporáneas.


Un revolucionario pacífico que era lo que Edward Said, otro de los grandes pensadores éticos, llamaba un intelectual comprometido, que tienen que usar su lugar destacado en la sociedad para luchar contra el statu quo, para criticar a los poderes y a los medios que intentan moldear a la ciudadanía a través de conformar la mal llamada opinión pública.


Como miembro del Parlamento Internacional de Escritores se atrevió a comparar la situación de la población palestina en los territorios ocupados con el campo de concentración nazi en Auschwitz, declarando tras una visita a Ramala que “Un sentimiento de impunidad caracteriza hoy al pueblo israelí y a su ejército. Se han convertido en rentistas del holocausto. Con todo el respeto por la gente asesinada, torturada y gaseada.”


Y un enemigo de las guerras que defendía que no se manipulara la paz para justificar aquéllas, como dejo claro en el manifiesto de 2003 contra la guerra de Irak.


“Sin paz, sin una paz auténtica, justa y respetuosa, no habrá derechos humanos. Y sin derechos humanos – todos ellos, uno por uno – la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo. Los que estamos aquí somos una parte de la nueva gran potencia mundial. Asumimos nuestras responsabilidades. Vamos a luchar con el corazón y el cerebro, con la voluntad y la ilusión. Sabemos que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ellos (no necesito ahora decir sus nombres) han elegido lo peor. Nosotros hemos elegido lo mejor.”

 


Sus pequeñas cosas


Podemos conocerle más y mejor visitando la exposición permanente en la Fundación José Saramago (Casa dos Bicos en Lisboa), la Biblioteca Saramago en Tías (Lanzarote) o la delegación en su Azinhaga natal.


Yo les recomiendo, al margen de esos grandes ensayos que son sus novelas, esa pequeña metáfora, obra maestra sobre el derecho de soñar y de buscar la libertad, que es El cuento de la isla desconocida y también el texto que sirvió de guión a un hermoso cortometraje de animación, que yo utilizo en clase para hablar de educación, comunicación y ciudadanía, La flor más grande del mundo, “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde tanto tiempo venimos enseñando?”


A este mundo insolidario, materialista, grosero y jodón le hacen falta personas como Saramago, gente ética, comprometida y con criterio que piense, que nos haga pensar y que nos invite a la acción tras la reflexión.


Afirmaba: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.”


Le podemos buscar en sus poemas


Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
Como a lua nao faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chao a ordem que decide
A uniao dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me doi de magoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouco a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros.

 


Y “escucharle” en la voz de Luis Pastor para seguirle pensando.

 

Ergo Uma Rosa (Saramago, Luis Pastor, María Pagés) 

 

O verle y oírle en esos fragmentos inéditos que ha montado el director Miguel Gonçalves Mendes en “José e Pilar”

 

 

José e Pilar- Fragmentos 

 

 

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Una vez más, Colombia en el ranquin de los peores lugares del mundo para las y los trabajadores

En el marco de la 105 Conferencia de la OIT que terminó en Ginebra, Suiza, la Confederación Sindical Internacional (CSI) presentó su informe anual sobre los países del mundo considerados mejores y peores para las y los trabajadores, en términos de respeto a los derechos laborales y el Trabajo Decente. Informe en el que Colombia, como todos los años anteriores, aparece en el ranquin de los peores.

“El Índice Global de los Derechos” se denomina este ranquin, que la CSI publica cada año y clasifica 140 países en función del grado de respeto hacia los derechos de los trabajadores, según normas internacionalmente reconocidas por gobiernos y empleadores como requisitos esenciales para la realización del trabajo decente. Downloads/survey_ra_2016_sp%20(1).pdf


Para la elaboración de este índice la CSI envía un cuestionario a 333 sindicatos nacionales de 162 países, solicitándoles información sobre las violaciones de los derechos de los trabajadores con la indicación de detalles relevantes. Luego los investigadores jurídicos analizan la legislación de esos países e identifican secciones en las que no se están protegiendo de manera adecuada los derechos laborales colectivos reconocidos a nivel internacional.


La CSI, valga recordarlo, es una confederación de centrales sindicales nacionales que fue fundada en el año 2006. En la actualidad cuenta con 333 organizaciones afiliadas en 162 países y territorios de los 5 continentes, y una membresía que se aproxima a los 180 millones de trabajadores, 40% mujeres. Tiene oficinas especializadas en varios países y posee carácter consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.


El índice por regiones


En términos generales, el Índice Global 2016 muestra que los derechos laborales se han debilitado en prácticamente todas las regiones del mundo, siendo una vez más el Oriente Medio y Norte de África la peor región para las y los trabajadores. Allí la gran mayoría de éstos están excluidos de las protecciones básicas que aporta la legislación laboral, incluyendo el derecho de sindicalización y negociación colectiva. Y es generalizado el sistema de la kafala, que somete a millones de migrantes al riesgo del trabajo forzoso.


Y en el otro extremo, los países de Europa y Asia Central continúan ofreciendo la mejor protección de los derechos laborales y sindicales, pero al mismo tiempo han experimentado el mayor deterioro de dichos derechos. Varios gobiernos, sin consultar a los sindicatos, han impuesto o anunciado cambios significativos a la legislación laboral que vulneraran acuerdos colectivos y normas internacionales. Es el caso de Bosnia, Serbia y Ucrania, pero también de países más desarrollados como Reino Unido, Finlandia y sobre todo Francia, donde el movimiento sindical hoy está en huelga y en pie de lucha contra cambios legislativos regresivos.


Por otra parte, los derechos laborales siguen siendo atacados bajo el pretexto de medidas de austeridad, caso Grecia. O bajo el pretexto de amenazas terroristas y la creciente importancia que se concede a la seguridad, que también se usa como justificación para limitar derechos laborales fundamentales, particularmente en Turquía, pero también en Bélgica.


El número de países donde las y los trabajadores se exponen a las peores formas de violencia (asesinatos, amenazas, secuestros) se incrementó de 36 en 2015 a 52 en 2016. De este grupo Colombia siempre ha hecho parte, y con ventaja sobre los demás países.

No en vano sigue siendo el país más riesgoso para el ejercicio del sindicalismo. Otros países con alta violencia antisindical son Egipto, Guatemala, Honduras, Indonesia y Ucrania.


En 46 países, es decir 9 más que el año pasado, se reprimieron manifestaciones y los trabajadores sufrieron represalias por expresar sus opiniones. Ciertas categorías de trabajadores están excluidos del derecho a la libertad sindical en el 58% de los países, y no pueden ejercer el derecho de huelga en el 68% de ellos. En el 57% de los países se niega el derecho a negociar colectivamente para conseguir mejores condiciones de trabajo.


El índice por países


Para determinar los peores países del mundo para trabajar, el Índice Global de los Derechos de la CSI establece 5 grupos con clasificaciones del 1 al 5, donde 1 es la mejor y 5 es la peor clasificación que un país puede obtener. Una puntuación alta significa que se han cometido un gran número de violaciones a los derechos de las y los trabajadores.


Hay un grupo de países clasificados como 5+, o sea que están fuera de serie en materia de violaciones a los derechos. Son aquellos considerados como estados fallidos, en los que las instituciones son disfuncionales como resultado de un conflicto interno o una ocupación militar. En esta lista hay 10 países, entre ellos Iraq, Libia, Palestina, Siria, Somalia, Sudán.


Colombia aparece clasificado en el Grupo 5, conformado por 25 países, considerados los peores del mundo para las y los trabajadores. Son países en los que, si bien el Estado funciona y la legislación enumera ciertos derechos, los trabajadores carecen de acceso efectivo a ellos, y están expuestos a regímenes autocráticos y a prácticas laborales injustas. En esta lista, aparte de Colombia, solo aparece otro país latinoamericano: Guatemala. Y figuran países como Arabia Saudita, Argelia, Bangladesh, Camboya, China, Corea, Egipto, Emiratos Árabes, Filipinas, Grecia, Hong Kong, India, Indonesia, Irán, Pakistán, Qatar, Turquía, Ucrania, Vietnam, Zambia, Zimbabwe, entre otros.


Del Grupo 4 hacen parte 30 países donde las violaciones a los derechos laborales son sistemáticas. De América Latina en este grupo están Honduras, Paraguay México, Panamá, Haití, y Trinidad y Tobago. Y también está Estados Unidos.


Del Grupo 3, integrado por los 41 países donde las violaciones a los derechos laborales son regulares, hacen parte Venezuela, Argentina, Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Jamaica y Perú.


El Grupo 2 lo conforman 22 países, en los que las violaciones son repetidas. De América Latina en este grupo están Brasil, Barbados, Costa Rica y República Dominicana.


El grupo uno, que aglutina a los mejores países para las y los trabajadores, donde las violaciones a los derechos laborales son irregulares, lo integran 13 países. Uruguay es el único latinoamericano en este grupo privilegiado. El resto son todos países de Europa.


El caso Colombia


Con el siguiente texto, el Índice Global de los Derechos de la CSI 2016 reseña la situación de nuestro país:


“Los sindicalistas han venido siendo asesinados con total impunidad desde hace décadas en Colombia. En 2015 se registraron 20 asesinatos de sindicalistas, el mayor número que en ningún otro país. Por ejemplo, Oswaldo Hernández Gutiérrez, Presidente del Sindicato Nacional de la Salud y Seguridad Social (Sindess), Seccional San Sebastián de Buenavista, recibió varios disparos de arma de fuego en la cabeza y el cuello cuando se disponía a entrar en su domicilio. Además, resulta extremadamente difícil para los trabajadores entablar negociaciones colectivas debido a la prevalencia de los denominados pactos colectivos, que los empleadores utilizan para socavar las negociaciones colectivas genuinas sobre condiciones de trabajo y salarios. Estos pactos son negociados con trabajadores no sindicalizados que no pueden presentar sus reivindicaciones colectivas. Las condiciones son por tanto impuestas unilateralmente por el empleador. Los trabajadores continúan siendo empleados con contratos que los priva de la posibilidad de ejercer sus derechos fundamentales en el trabajo”.


46 millones de personas en la esclavitud


Aparte del Índice Global de los Derechos de la CSI, recientemente también se publicó el Índice Global de Esclavitud 2016, que publica anualmente la ONG Walk Free Foundation, de Australia. Según este informe, es alarmante el número de personas que en el mundo sufren privación de la libertad de decidir sobre su destino: 45,8 millones, 10 millones más que en 2014, y el 58% de ellas en Asia.


Este Índice define la esclavitud como una "situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño". Y en ese orden de ideas, Asia es el continente donde más se practica la esclavitud en cualquiera de sus formas: explotación sexual, trabajo forzoso en telares y fábricas de ropa, matrimonios de conveniencia, etc.


En India, China, Pakistán, Corea del Norte, Bangladesh y Uzbequistán (por las plantaciones de algodón) se encuentran los índices más altos de esclavitud en el mundo. "Son países más pobres, con menor educación, un clima mucho más hostil, y una falta clara de derechos humanos", señala el informe.


Pero lo grave es que no hay ningún país que esté haciendo lo suficiente para acabar con la esclavitud. “Todos podrían hacer mucho más", sostiene Davina P. Durgana, investigadora de la fundación y coautora del informe. Los países que más contribuyen a eliminar esclavitud están en occidente: Holanda, EE.UU., Reino Unido, país éste que en 2015 aprobó una ley que obliga a las grandes compañías a informar sobre sus gestiones para evitar la esclavitud en su cadena productiva.


Pero aun así queda mucho camino por recorrer. En Reino Unido, por ejemplo, hay 11.700 personas en condición de esclavitud, y en Holanda unas 17.500, según el documento. "Lo más importante es que los consumidores de estos países conozcan qué es lo que compran", sugiere Durgana, porque es precisamente en el inicio de la cadena productiva donde se halla el trabajo forzado de millones de personas, en especial mujeres y niños.

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Martes, 14 Junio 2016 06:48

“La miseria tiene rostro”

“La miseria tiene rostro”

EL DISCURSO DE FRANCISCO EN EL PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS

Desde Roma

En su alocución, el Papa fustigó: “Es paradójico que las ayudas y los planes de desarrollo sean obstaculizados por sesgadas visiones ideológicas, mientras que las armas circulan con una libertad casi absoluta”.

 Para luchar contra el hambre se necesitan “soñadores”, no burócratas, no personas que vean el hambre como algo “natural” porque existe en todas partes. Porque las noticias cambian pero “el hambre y la sed siguen existiendo”. Y siguen existiendo aunque “las guerras predominen en los intereses y debates” y las armas hayan “adquirido una preponderancia inusitada” para resolver los contrastes y puedan “circular con total libertad”, mientras las ayudas humanitarias y los planes de desarrollo “son obstaculizados por incomprensibles e intrincadas decisiones políticas”. El papa Francisco fue claro y contundente al hablar ayer en la inauguración de la sesión anual de la Junta Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), ente que depende de Naciones Unidas y cuya sede mundial se encuentra en Roma. Al llegar al edificio, unos minutos antes del horario previsto, se detuvo a rendir homenaje ante el Muro de la Memoria, donde aparecen los nombres de todas las personas que perdieron su vida trabajando para el PAM en el mundo.

También dejó allí dos cestos con flores.


Es la primera vez que un pontífice visita la sede del PMA, que tal vez sea el organismo ONU de Roma al que menos importancia le dan, en general, los personajes internacionales que pasan por la capital italiana, a diferencia de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y del FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola). Sin embargo el PMA es la agencia humanitaria más grande del mundo con 13.500 empleados que asisten a aproximadamente 90 millones de personas en 80 países. En 2015 el PMA dio asistencia alimentaria a 76,7 millones de personas en 81 países, entre ellos alimentos para las escuelas donde asistían unos 16 millones de niños. También en 2015 dio asistencia alimentaria a unos 6 millones de refugiados y a casi 17 millones de prófugos internos.


En su discurso ante la Junta Ejecutiva Francisco comenzó apuntando contra el “mundo interconectado e hipercomunicativo en el que vivimos”. “Tenemos la posibilidad de tomar contacto casi simultáneo con lo que está aconteciendo en la otra parte del planeta –dijo–. Por medio de las tecnologías de la comunicación, nos acercamos a tantas situaciones dolorosas que pueden ayudar (y han ayudado) a movilizar gestos de compasión y solidaridad. Aunque, paradójicamente, esta aparente cercanía creada por la información, cada día parece agrietarse más. La excesiva información con la que contamos va generando paulatinamente –perdónenme el neologismo– la ‘naturalización’ de la miseria. Es decir, poco a poco, nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las evaluamos como algo ‘natural’ (...) De esta manera, muchas vidas se vuelven parte de una noticia que en poco tiempo será cambiada por otra. Y mientras cambian las noticias, el dolor, el hambre y la sed no cambian, permanecen (...) Es necesario ‘desnaturalizar’ la miseria y dejar de asumirla como un dato más de la realidad. ¿Por qué? Porque la miseria tiene rostro. Tiene rostro de niño, tiene rostro de familia, tiene rostro de jóvenes y ancianos”.


También recordó que cuando visitó la FAO en ocasión de la II Conferencia Internacional sobre Nutrición de 2014, habló de “las incoherencias fuertes que estábamos invitados a asumir por el hecho de que existiendo comida para todos, no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos”. “Dejémoslo claro –subrayó ayer en su discurso–, la falta de alimentos no es algo natural, no es un dato ni obvio, ni evidente. Que hoy, en pleno siglo XXI, muchas personas sufran este flagelo, se debe a una egoísta y mala distribución de recursos, a una ‘mercantilización’ de los alimentos”. También criticó “el consumismo”, que “nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimentos, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor (...) Pero nos hará bien recordar que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, del que tiene hambre”.


Y refiriéndose a la guerra, contra la que siempre tiene algo que decir porque aspira a que los conflictos se resuelvan por vía pacífica, Francisco indicó que “últimamente las guerras y las amenazas de conflictos es lo que predomina en nuestros intereses y debates. Y así, ante la diversa gama de conflictos existentes, parece que las armas han alcanzado una preponderancia inusitada, de tal forma que han arrinconado totalmente otras maneras de solucionar las cuestiones en pugna (...) Nos encontramos así ante un extraño y paradójico fenómeno: mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no; no importa de dónde provengan, circulan con una libertad –perdonen el adjetivo– jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo. Y de este modo, son las guerras las que se nutren y no las personas”.


Francisco invitó a los miembros del PMA y al mundo entero a no dejarse anestesiar por frases como “Y bueno, no se puede con tanta tragedia” porque, dijo, las “poblaciones más débiles no sólo sufren los conflictos bélicos sino que ven frenados todo tipo de ayuda”. También destacó la labor realizada por el PMA en todo el mundo, presentándolo como un ejemplo de cómo se puede trabajar “para erradicar el hambre a través de una mejor asignación de los recursos humanos y materiales, fortaleciendo la comunidad local”. “Crean en lo que hacen y continúen poniendo entusiasmo. Dense el lujo de soñar. Necesitamos soñadores que impulsen estos proyectos”, concluyó Francisco ante los representantes del PMA, asegurando además el completo apoyo de la Iglesia Católica al plan “hambre cero” que el PMA se ha propuesto conseguir para 2030.


Acompañado por el virtual primer ministro vaticano, es decir el secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, entre otros, el papa luego de los aplausos y saludos se dirigió a uno de los jardines del edificio donde lo esperaban los empleados y sus familias. Francisco había preparado dos discursos, uno oficial que leyó ante la Junta Ejecutiva presidida por la estadounidense Ertharin Cousin, y el segundo dirigido a los empleados y sus familiares, con quienes se encontraría en uno de los patios del edificio. Pero como hace a menudo, el segundo discurso lo entregó sin haberlo leído e improvisó elocuentemente ante los empleados, muchos de los cuales estaban con niños pequeños en los brazos. “La primera cosa que quiero decirles en mi escaso italiano es gracias, gracias, porque ustedes hacen el trabajo detrás de la escena, que no se ve pero que hace posible que todo vaya adelante. Nadie conoce los nombres de ustedes pero ustedes hacen posible este gran trabajo, la lucha contra el hambre”, dijo el Pontífice. Y agregó “nunca olvidemos los nombres de los caídos en misiones. Pero ellos han podido hacer su trabajo por su coraje y por la fe que tenían en su trabajo pero también porque ustedes estaban aquí”.

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ONU: Más de 25 millones de latinoamericanos podrían recaer en la pobreza

Desde 2003, 72 millones de personas en Latinoamérica dejaron de ser pobres pero ese crecimiento está amenazado, advierte un informe

 

En la última década, los latinoamericanos consiguieron mejorar sus ingresos de manera general, según ha dado a conocer la ONU en su más reciente informe sobre Desarrollo Humano en América Latina. El documento, que destaca los logros económicos alcanzados entre 2003 y 2013, señala que 72 millones de personas salieron de la pobreza al ascender su ingreso diario de cuatro a 10 dólares. Sin embargo, la entidad advirtió que la exclusión social y la crisis económica forman un combo que amenaza con devolverlos a ese limbo del que habían logrado salir.

El reporte presentado este martes por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) destaca que, en ese período de 10 años, 94 millones de personas salieron de una situación de vulnerabilidad y alcanzaron la clase media (su ingreso diario pasó de entre 4 y 10 dólares a entre 10 y 50). Este crecimiento se está viendo sin embargo amenazado por la actual desaceleración económica internacional, así como por los cambios en los precios del petróleo y las materias primas.


Pero la principal amenaza, de acuerdo con el informe, es la desigualdad social, que va más allá del nivel de ingreso de cada persona, pues no todos se beneficiaron del progreso. Para las mujeres, los indígenas o los afrodescendientes, ganar más dinero no significa cerrar la brecha, ya que siguen percibiendo menos ingresos que los hombres o los grupos raciales más favorecidos, explica George Gray Molina, economista en jefe del PNUD para la región y principal autor del informe.


“Las mujeres con mayor educación siguen ganando un 16,4% menos que los hombres. No se trata de darle más ingreso a un grupo, sino de tomar acciones contra la discriminación. Cerrar las brechas es subir la escala económica, pero para estos temas no es suficiente porque sigue habiendo diferencias entre ellos”, dijo Gray Molina a EL PAÍS.


Gran parte de la región sufre un trato desigual al margen de su nivel de ingresos, y muchas de estas formas de discriminación son invisibles a las estadísticas y las acciones de política pública, indica el informe. “Subsisten múltiples exclusiones por condición étnica, racial, color de piel, identidad sexual, condición migrante y discapacidad que no se resuelven con más ingresos. Requieren políticas de discriminación positiva, antidiscriminación y reconocimiento de derechos colectivos”, puntualiza el texto.


Por debajo de lo esperado


El reporte reconoce el avance de América Latina y el Caribe en algunos indicadores como la mortalidad materna, la desnutrición infantil o el acceso a servicios básicos como la electrificación rural, el saneamiento y el agua mejorada. No obstante, advierte de que el nivel actual de otros logros se encuentra por debajo de lo esperado, principalmente en tasa de homicidios, desigualdad de ingresos, embarazo adolescente, empleo vulnerable, pensiones y educación en lo referente a escolaridad promedio, deserción escolar y razón de maestros por alumno en el nivel básico.


También destaca que en el periodo 2003-2013 -al que la ONU considera un boom de crecimiento del PIB per cápita y sus efectos sobre la reducción de pobreza y la desigualdad- cerca de 50 millones de personas se incorporaron al mercado laboral, pero casi todos al sector de servicios: albañiles, transportistas, ayudantes en el transporte, fotocopiadores, peluqueros, empleados de cafeterías con Internet... Este tipo de empleos se desvanece porque está atado al consumo y no a la inversión. Los empleos insertados en cadenas productivas son más resilientes a las crisis y menos volátiles, explica Gray Molina.


Debido a estas fallas, entre 25 y 30 millones de personas están en peligro de recaer en la pobreza por ingresos, lo que significa una de cada tres personas que salieron de la pobreza en la última década. “No nos graduaremos de los retos del desarrollo a menos que demos respuestas apropiadas a las múltiples dimensiones que permiten a las personas vivir vidas que consideran valiosas”, señala el informe de Naciones Unidas.

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¡Insólito!: el FMI fustiga la sobrestimación del neoliberalismo global

La tripleta del Departamento de Investigación del FMI –su vicedirector, Jonathan D. Ostry; su jefe de división, Prakash Loungani, y el economista Davide Furceri– (http://goo.gl/9CEcVO) llega con mucho retraso a la fastidiosa conclusión de que "algunas (sic) políticas neoliberales han incrementado la desigualdad, en lugar de promover el crecimiento, lo cual pone en riesgo la expansión duradera".

 

Nunca citan el libro del economista galo Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (https://goo.gl/Yy6ML2), el cual es probable que marque en el corto plazo el rumbo ideológico de la muy cuestionada teoría económica en todo su alucinante caleidoscopio.

 

Después de haber descuartizado a Thomas Piketty como "doctrinario, aburrido y erróneo en sus estadísticas", el mismo Financial Times, portavoz del neoliberalismo global con The Economist –ambos controlados por BlackRock (http://goo.gl/ntbvWY)–, juzga que sus sensatas teorías "están recibiendo validación (sic) de los inversionistas bursátiles en contra de la creciente desigualdad financiera" cuando se ha gestado una "rebelión de los accionistas" contra los pagos excesivos a los ejecutivos de Deutsche Bank, Goldman Sachs, Citigroup y BP (http://goo.gl/0S3XAE).

 

Hoy los ciudadanos que votan a los dos lados del Atlántico Norte se rebelan contra la "ortodoxia económica" neoliberal, genuina teología medieval, que ha aplicado sin miramientos el FMI a partir del nefario experimento del binomio thatcherismo /reaganomics de la década de los 70 del siglo pasado.

 

Justin Trudeau en Canadá, Jeremy Corbyn en Gran Bretaña y Bernie Sanders y Donald Trump en EU no son fenómenos aislados en la anglósfera donde Wall Street y sus banksters han aniquilado a la otrora próspera clase media (http://goo.gl/bcxJep).

 

La matriz operativa del neoliberalismo global en el Atlántico Norte –EU y Gran Bretaña– es obligada a correrse a la "izquierda", mientras sus vasallos de Latinoamérica sucumben al caduco modelo financierista neoliberal pinochetista.

 

Se ha generado un “fracking financierista/economicista” entre el G-7 y sus súbditos en Latinoamérica, quienes se han volcado en forma disfuncional y asincrónica al fétido neoliberalismo: el cuarteto Peña/Carstens/Aspe/Videgaray (estos últimos tres, itamitas) en México; Macri en Argentina, y en Brasil Ilan Goldfajn, ex empleado del FMI y BM nacido en Israel (http://goo.gl/1KRi4o), nombrado gobernador del banco central por el polémico ministro de Finanzas Henrique Meirelles, instrumento de Wall Street (http://goo.gl/VlsJH3), quienes en su conjunto aceleran el desmantelamiento nacional mediante la nueva tónica del triple golpe mediático/jurídico/ financierista.

 

Los tres principales economistas del FMI colocan en la picota al neoliberalismo –en particular, el aplicado a Latinoamérica– por provocar desigualdad y austeridad fiscal: "Existen aspectos de la agenda neoliberal que no han dado resultados como esperado (sic)".

 

Llegan a "inquietantes conclusiones": la creciente desigualdad ha socavado el crecimiento económico.

 

La tripleta rememora el júbilo de Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, en 1982, cuando proclamó al pinochetismo neoliberal de Chile "milagro económico".

 

La revista propagandista de Televisa alucinó también que Chile era el “modelo a seguir (http://goo.gl/o8uVTc)”, quizá por beneficiar al sionismo financierista.

 

Las ínfulas esotéricas ("La mano invisible" de Adam Smith, del siglo XVIII) y los oráculos estrafalarios del neoliberalismo global se sustentan "en dos principales ejes": 1. La "competitividad creciente mediante la desregulación y la apertura de los mercados domésticos, incluidos los financieros, a la competencia foránea" y 2. "Un pequeño papel para el Estado conseguido mediante la privatización y los límites a la capacidad del gobierno para acumular deuda y librar déficits fiscales".

 

Si el "México neoliberal itamita" ha sido el modelo cacareado a seguir ahora, pues resultó en un soberano fracaso cuando, en fechas recientes, se desplomó seis lugares en el "índice de competitividad", sin contar la lastimosa devaluación del peso: 60 por ciento en la etapa aciaga del súper corrupto Videgaray Caso.

 

La tripleta maneja en su lecho de Procusto estadísticas alegres sobre la bondad del experimento de Chile que 34 años más tarde –desde 1982– se encuentra en un sitial menos que mediocre, como ya había anticipado Rudiger Dornbusch ("una economía de quinto nivel"), maestro en el MIT de los entreguistas itamitas Aspe y Videgaray.

 

Con todo y las maromas pinochetistas/neoliberales de la tripleta del FMI, el desplome del cobre, importado primordialmente por China, ha pegado con severidad a Chile cuando ocupa el anodino sitial 45 en la economía global (424 mil 300 millones de dólares en poder adquisitivo), casi a la par de Hong Kong (46) y Kazajstán (44), y detrás de Venezuela (38), Colombia (32), Argentina (26), México (12) y Brasil (8), y muy cerca de Perú (48), según la CIA (https://goo.gl/vmSbRR).

 

Un grave error de los zelotes del FMI es que se enfocan únicamente a Chile y a su fallido modelo pinochetista neoliberal friedmanita y dejan de lado al restante tanto de 188 miembros del FMI como de los 192 países de la ONU.

 

Resulta y resalta que la liberalización de los flujos de capital no siempre es conveniente y depende de "si los países han alcanzado algún umbral de desarrollo financiero e institucional".

 

El "punto de vista del FMI" ha también cambiado a "una mayor aceptación de controles (¡supersic!) para lidiar con la volatilidad de los flujos de capital" cuando su "libre flujo" no es siempre (sic) un apropiado objetivo final.

 

La "evidencia del daño (sic) económico proveniente de la desigualdad sugiere que los hacedores de la política deben estar más abiertos a la redistribución de lo que ahora son" y en "algunos casos, las consecuencias indeseables de la distribución tendrán que ser remediadas (sic) mediante impuestos y gasto gubernamental (¡supersic!) para redistribuir el ingreso".

 

No ocultan que el "incremento en la desigualdad fue engendrado por la apertura financiera y la austeridad" que "pudieron haber socavado el crecimiento" cuando "existe ahora (sic) una fuerte evidencia (sic) de que la desigualdad puede, en forma significativa, disminuir tanto el nivel como la durabilidad del crecimiento".

 

En la mira se encuentran los "flujos de capital de corto plazo" (los ominosos capitales golondrinos/especulativos) cuando las "políticas de austeridad generan costos (sic) sustanciales de bienestar social debido a los canales del ofertismo, pero que también lastiman la demanda, y así empeoran el empleo y el desempleo".

 

Concluyen que no existe un modelo que se ajuste a todos, en específico, en referencia a la "consolidación fiscal" y a los "límites de la deuda", cuando "existen países que han reducido su tasa de deuda, pero que no les evita reducir su riesgo a una crisis".

 

El agónico neoliberalismo pinochetista pide a gritos una sepultura civilizada antes de que siga provocando mayores estragos a la valetudinaria humanidad.

 

¡Vivir para creer: el FMI arroja a la basura 41 años de carnicería financierista debido a que alcanzó a sus controladores en el Atlántico-Norte!

 

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

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El FMI admite que el neoliberalismo es un fracaso

Counterpounch

La semana pasada un departamento de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo público un informe en el que admite que el neoliberalismo ha sido un fracaso. El informe, titulado Neoliberalism: Oversold? (¿se han exagerado los meritos del neoliberalismo?), es una esperanzadora señal de la muerte de esa ideología. El FMI está atrasado solo unos 40 años. En relación con el informe, Naomi Klein tuiteó: “Entonces, los multimillonarios creados [por la ideología] devolverán el dinero, ¿no es así?”. Muchos de los hallazgos del informe que sacude el centro mismo de la ideología neoliberal se hacen eco en lo que sus críticos y víctimas vienen diciendo desde hace varias décadas.

“En lugar de promover el crecimiento”, dice el informe, las políticas de austeridad propiciadas por el neoliberalismo han hecho que se reduzcan las regulaciones para limitar el movimiento de capitales y que, de hecho, “aumente la desigualdad”. Esta desigualdad “podría por sí misma debilitar el crecimiento...”. Por lo tanto, señala el informe, “los responsables políticos deberían estar mucho más abiertos a la redistribución [de la riqueza] de lo que lo están”.


Sin embargo, el informe omite mencionar algunos aspectos notables de la historia y el impacto del neoliberalismo.


El FMI sugiere que el neoliberalismo ha sido un fracaso, pero ha funcionado muy bien para el 1 por ciento de la población mundial, algo que ha sido siempre el propósito del FMI y el Banco Mundial. Tal como informó Oxfam a principios de este año, el 1 por ciento más rico del mundo posee tanta riqueza como el resto de la población del planeta (del mismo modo, la periodista de investigación Dawn Paley ha comprobado en su libro Drug War Capitalism (la guerra capitalista contra la droga) que la guerra contra la droga, lejos de ser un fracaso, ha sido un éxito enorme para Washington y las corporaciones multinacionales).


El informe del FMI ha elegido a Chile como caso de estudio del neoliberalismo, pero no menciona ni una sola vez que allí se aplicaron sus puntos de vista económicos durante la dictadura de Pinochet –respaldada por Estados Unidos–, una omisión muy importante de los investigadores, que no ha sido casual. Es un conocido tópico que en toda América latina, el neoliberalismo y el terrorismo de Estado han ido siempre de la mano.


En 1977, en su Carta abierta a la Junta Militar Argentina, el valiente periodista argentino Rodolfo Walsh denunció la represión de ese régimen, una dictadura que organizó el asesinato y la desaparición de más de 30.000 personas.


“No obstante, estos acontecimientos, que conmueven la conciencia del mundo civilizado, no constituyen el mayor sufrimiento infligido al pueblo argentino, tampoco la peor violación de los derechos humanos que ustedes han cometido”, escribió Walsh respecto de la tortura y los asesinatos. “Es en la política económica de este gobierno donde uno advierte no solo la explicación de los crímenes, sino una gigantesca atrocidad que castiga a millones de seres humanos: la miseria planificada... No tienen más que darse una vuelta de unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que esa política ha convertido la ciudad en una ‘Villa Miseria’ de 10 millones de personas.”


Tal como lo demuestra vividamente Noami Klein en su Shock Doctrine, esta “miseria planificada”, formaba parte de la agenda que el Fondo Monetario Internacional ha impulsado durante décadas.


Un día después de que Walsh enviara por correo la carta a la Junta, fue capturado por el régimen, asesinado, quemado y su cadáver arrojado a un río, es decir, una víctima más de los millones de ellas que el neoliberalismo se llevó por delante.

Benjamin Dangl ha trabajado como periodista en América latina, ocupándose durante más de una década de los movimientos sociales y la política en el continente. Es autor de Dancing with Dynamite: Social Movements and States in Latin America y de The Price of Fire: Resource Wars and Social Movements in Bolivia. Hoy día, Dangl está cursando un doctorado en Historia de América latina en la McGill University; es editor de UpsideDownWorld.org, un sitio web sobre activismo y política en América latina, y hace el mismo trabajo en TowardFreedom.com, una mirada progresista de los acontecimientos mundiales.

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García.

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Miércoles, 01 Junio 2016 07:58

Tasa de ganancia y neoliberalismo

Tasa de ganancia y neoliberalismo

En su evolución, las economías capitalistas siempre han mostrado que su necesidad de crecer es acompañada por periodos de crisis y estancamiento. Esta es la historia del capital: que las mismas fuerzas que impulsan su desarrollo son las que conllevan un ingrediente de inestabilidad y crisis. Y la era moderna no es ninguna excepción.


El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas.


La economía estadunidense proporciona un excelente caso de estudio de laboratorio. Otras economías capitalistas siguen trayectorias similares. Los tiempos y magnitudes varían, pero en esencia estamos hablando de un proceso general. En Estados Unidos el capital comenzó a percatarse a finales de la década de 1960 que la tasa de ganancia ya no era lo que había sido en las dos décadas anteriores. Al tomar conciencia de este hecho el primer reflejo del capital fue el que siempre le acompaña: buscó por todos los medios a su alcance aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. El pacto social que había mantenido mejores prestaciones salariales y sociales para la clase trabajadora y que había nacido a raíz de la Gran Depresión comenzó a ser percibido como un estorbo por la clase capitalista.


En la década de 1970 la clase capitalista comienza a desplegar una vigorosa campaña para desmantelar poco a poco ese paquete social que perduró durante la primera fase de la posguerra. El primer paso fue desencadenar una ofensiva en contra de todo lo que fuera sindicatos y oliera a organizaciones relacionadas con negociaciones salariales. El resultado es que a partir de 1973 comienza en Estados Unidos un periodo de estancamiento del salario real. Pero no tardó muchos años la clase capitalista en darse cuenta que se requería algo más.


El capital necesita expandirse constantemente. Es por así decirlo, su esencia y para lograrlo utiliza dos caminos importantes (no son los únicos). El primero consiste en eliminar las restricciones institucionales que frenan su expansión. La desregulación en todos los ámbitos, pero sobre todo en lo que concierne a la circulación del capital, fue una de las primeras prioridades en los años de 1970. El colapso del sistema de Bretton Woods abría nuevas esferas de rentabilidad, pero para aprovecharlas era necesario eliminar los obstáculos a la circulación del capital. Entre 1973 y 1995 se desencadena un gigantesco proceso para desregular la cuenta de capital de la balanza de pagos en casi todos los países del mundo.


El segundo camino consiste en ocupar los espacios de rentabilidad que anteriormente habían sido ocupados por otro tipo de arreglos institucionales. Con la privatización el capital privado irrumpió en el ámbito de todo tipo de actividades que anteriormente habían sido responsabilidad de instituciones públicas. Privatizar y desregular fueron los dos grandes arietes con los cuales el capital emprendió la ofensiva contra el antiguo pacto social heredado de la Gran Depresión.


El neoliberalismo pudo restablecer niveles más aceptables (desde la perspectiva del capital) de la tasa de ganancia. Esto es claro en las diversas mediciones sobre tasas de remuneración al capital: la caída que se registra desde 1966 se mantiene hasta los años 1980, pero se recupera entre 1984-1997. La tasa de ganancia crece 19 por ciento entre 1982 y 1997 y alcanza su punto más alto en varias décadas hacia finales del milenio. Diversos factores explican esta evolución en la tasa de ganancia, pero destacan tres: la mayor explotación de la fuerza de trabajo en Estados Unidos, la ampliación de las relaciones de explotación de otros componentes de la fuerza de trabajo a escala mundial mediante la globalización y, por supuesto, la canalización de las inversiones hacia sectores improductivos (especulación y desarrollo de bienes raíces).


Pero las fiestas no duran para siempre. A partir de 1998 la tasa de ganancia comienza a erosionarse nuevamente: en los diez años que van de 1998 a 2008 se reduce 6 por ciento. La canalización de inversiones hacia la especulación inmobiliaria y en el sector financiero puede maquillar la caída en la tasa de ganancia, pero no la puede detener. Los episodios de inflación en el precio de las acciones de las empresas de alta tecnología y después en la esfera inmobiliaria acabaron por llevar a los estallidos (y recesiones) de 2000 y ahora de 2007. La súper crisis que sufre la economía mundial el día de hoy es resultado directo de esta serie de mutaciones en las formas de acumulación de capital bajo el neoliberalismo en su afán por contrarrestar la caída en la tasa de ganancia. Desde esta perspectiva, las explicaciones de la crisis en términos de deficiencia de la demanda agregada se quedan en la superficie.


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