Sábado, 26 Marzo 2022 05:20

Nicaragua echó al jefe de la Cruz Roja

Thomas Ess, jefe de misión de la Cruz Roja.

Familiares de presos denuncian la medida del gobierno de Ortega

La Asociación de Familiares de Presos Políticos (AFPP) condenó este viernes la expulsión de Nicaragua del jefe de misión del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en el país, Thomas Ess, según confirmó el organismo, sin explicaciones por parte del Gobierno de Daniel Ortega. “El régimen Ortega Murillo ha cometido una nueva violación sobre los derechos humanos de los nicaragüenses, principalmente quienes se encargan de velar y proteger los mismos. Hemos conocido que se expulsó de forma arbitraria, sin motivos o fundamentos, al señor Ess”, indicó la AFPP, en una declaración pública.

Ess era el segundo jefe de misión del CICR en Nicaragua desde marzo de 2019, cuando la organización estableció una oficina en el país para dar seguimiento a los presos políticos. Su expulsión fue confirmada por el CICR, tras recibir una notificación del Gobierno nicaragüense, en la que “decidió retirar el beneplácito a nuestro jefe de misión de Nicaragua”, según informó un portavoz.

Protestas

“Desde el inicio de las protestas cívicas de abril de 2018 la Cruz Roja ha venido acompañando al pueblo nicaragüense a brindarles asistencia humanitaria de forma segura y veraz, a raíz del inicio de los encarcelamientos ilegales ha tenido un papel importante para los presos políticos y sus familiares, haciendo coordinaciones para constatar la situación de salud dentro de las cárceles de los presos”, indicó la AFPP.

La labor del CICR en Nicaragua consiste en inspeccionar las condiciones de los presos políticos en las cárceles del país. El CICR brindaba “información del estado de los detenidos a los familiares para contar noticias específicas de lo que necesitaba cada uno de los presos, porque los familiares no tenemos informes acorde la situación de cada uno, porque el régimen lo impide”, agregó la organización. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Nicaragua hay al menos 179 “presos políticos”, quienes sufren “torturas y malos tratos” en prisión.

Premios y castigos

El CICR afirmó que pese a la expulsión de su representante continuará “su labor humanitaria en Nicaragua”, lo cual fue agradecido por la AFPP en su pronunciamiento. El organismo internacional manifestó su “sorpresa”  por la expulsión, dado que hace menos de dos semanas el mismo Gobierno nicaragüense otorgó al jefe regional del CICR, Jordi Raich, la orden “José de Marcoleta” en grado de “Gran Cruz”, el máximo reconocimiento que otorga Nicaragua a un extranjero, por su “colaboración respetuosa” y su “visión de acompañamiento a las prioridades del Gobierno”.

Este mismo mes el Gobierno de Nicaragua expulsó al entonces nuncio WaldemarStanislaw Sommertag, de forma repentina y sin explicaciones, decisión que el Vaticano recibió con “sorpresa y dolor”. En 2018 también fueron expulsadas las misiones de la oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), de la CIDH, y al Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni)

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La ocupación israelí de los territorios palestinos desde hace 55 años es apartheid

Según el Relator Especial de NNUU

GINEBRA (25 de marzo de 2022) – Un experto de Naciones Unidas ha solicitado hoy a la comunidad internacional que acepte y adopte las conclusiones de su informe [A/HRC/49/8, Report of the Special Rapporteur on the situation of human rights in the Palestinian territory occupied since 1967], en el que se hace eco de recientes conclusiones de organizaciones de derechos humanos palestinas, israelíes e internacionales, al respecto de que Israel practica apartheid en el territorio palestino ocupado.

“Hoy en día, en el territorio palestino ocupado por Israel desde 1967, existe un sistema jurídico y político dual profundamente discriminatorio que privilegia a los 700.000 colonos judíos israelíes que viven en los 300 asentamientos ilegales construidos por Israel en Jerusalén Oriental y Cisjordania”, ha declarado Michael Lynk, relator especial de Naciones Unidas para la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

“Viviendo en el mismo espacio geográfico pero separados por muros, puestos de control, carreteras y una arraigada presencia militar, hay más de tres millones de palestinos y palestinas que carecen de derechos, viven bajo un régimen opresivo de discriminación institucional y sin vías de alcanzar el derecho a un auténtico Estado palestino tal y como la comunidad internacional les ha prometido desde hace tiempo.

“Otros dos millones de palestinos y palestinas viven en Gaza, descrita habitualmente como una ‘cárcel al aire libre’, sin acceso adecuado a la electricidad, el agua o la sanidad, con una economía colapsada, y sin autorización para viajar libremente al resto de Palestina o al mundo exterior”.

El Relator Especial sostiene que un régimen político que prioriza de forma tan intencionada y clara los derechos políticos, legales y sociales fundamentales de un grupo sobre otro dentro de la misma unidad geográfica y sobre la base de su identidad racial-nacional-étnica cumple la definición legal internacional de apartheid.

“El apartheid no es lamentablemente un fenómeno confinado a los libros de historia de Sudáfrica”, declara en su informe al Consejo de Derechos Humanos. “El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 1998 entró en vigor tras el colapso de la antigua Sudáfrica. Es un instrumento jurídico con visión de futuro que prohíbe el apartheid como crimen contra la humanidad hoy y en el futuro, dondequiera que exista”.

Lynk declara que en los territorios palestinos ocupados se aplica la administración militar de Israel con la intención deliberada de perpetuar sobre el terreno hechos consumados –principalmente a través de los asentamientos y los check points– para manipular la composición demográfica y realizar una aspiración permanente e ilegal israelí que cerca a los y las palestinas en reservas más pequeñas y confinadas de tierras desconectadas entre sí.

Ello se ha logrado mediante una combinación de acciones inhumanas que, aplicadas desde hace mucho tiempo por el ejército israelí contra la población palestina, forman parte integral de la ocupación, añade. Señala Lynk las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales, la tortura, la denegación de derechos fundamentales, una tasa abismal de muertes de menores, los castigos colectivos, un sistema judicial militar abusivo, períodos de intensa violencia militar israelí en Gaza y demoliciones de viviendas.

Lynk afirma que varios informes y opiniones recientemente emitidos por respetadas organizaciones de derechos humanos palestinas, israelíes e internacionales han llegado a la misma conclusión sobre la práctica del apartheid por parte de Israel. Añade que destacadas personalidades internacionales –como el ex secretario general de Naciones UNidas Ban Ki-Moon, el arzobispo Desmond Tutu, la ministra de Asuntos Exteriores sudafricana Naledi Pandor y el ex fiscal general israelí Michael Ben-Yair– también han calificado estas prácticas como apartheid.

El Relator Especial denuncia que buena parte de la responsabilidad de esta situación descansa en la comunidad internacional. “Durante más de 40 años, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas han declarado en cientos de resoluciones que la anexión de los territorios ocupados por parte de Israel es ilegal, que la construcción de cientos de asentamientos judíos es ilegal y que la negación de la autodeterminación palestina viola el derecho internacional”.

“El Consejo y la Asamblea han criticado reiteradamente a Israel por violar sus resoluciones. Han amenazado con consecuencias. Pero nunca se han exigido responsabilidades. Si la comunidad internacional hubiera actuado de verdad en sus resoluciones hace 40 o 30 años, hoy no estaríamos hablando de apartheid”.

Para poner fin a la práctica del apartheid en los territorios palestinos ocupados, el Relator Especial reclama a la comunidad internacional que imponga [a Israel] medidas contundentes e imaginativas de rendición de cuentas con el fin de que ponga fin por completo a la ocupación israelí y a sus prácticas de apartheid en los territorios palestinos ocupados.

El Sr. S. Michael Lynk es Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

26/03/2022

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Fotografía del 5 de noviembre de 2021 cedida por la Organización de los Estados Americanos (OEA) donde aparece su secretario general, Luis Almagro (d), junto al representante permanente de Nicaragua, Arturo McFields Yescas (d), en la sede del organismo en Washington (EEUU). — OEA/Juan Manuel Herrera / EFE

"Tengo que hablar, aunque tenga miedo, aunque mi futuro y el de mi familia sean inciertos", dice Arturo McFields Yescas en una grabación publicada en las redes sociales por el organismo internacional. El Gobierno de Managua señala que su embajador no les representa "por lo cual ninguna declaración suya tiene validez".

23/03/2022 22:21

 

El embajador de Nicaragua ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Arturo McFields Yescas, ha decidido este miércoles dejar de "guardar silencio" y se ha pronunciado contra "la dictadura" de Daniel Ortega en su país durante una sesión telemática del organismo.

"Tengo que hablar, aunque tenga miedo, aunque mi futuro y el de mi familia sean inciertos. Tengo que hablar porque si no lo hago, las piedras mismas van a hablar por mí", declaró el embajador. McFields, nombrado por Ortega como embajador ante la OEA en octubre del año pasado, dijo tomar la palabra "en nombre de más de 177 presos políticos y más de 350 personas que han perdido la vida" en Nicaragua desde 2018.

En esta intervención, que la OEA ha publicado en redes sociales, el embajador revelaba que en el pasado noviembre, días antes de que Nicaragua anunciara su salida de esta organización, pidió a la Cancillería la liberación de 20 presos políticos de la tercera edad y de otros 20 con un estado de salud delicado, pero no le hicieron "caso".

"En el Gobierno nadie escucha y nadie habla, lo intenté varias veces durante varios meses, pero todas las puertas se me cerraron", ha expresado. El diplomático lamenta que en su país "no haya libertad de publicar un simple tuit" y reprocha que no queden organismos de derechos humanos.

El Gobierno de Nicaragua, ante estas declaraciones, ha tomado distancia de McFields. "El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, cumple con informar a nuestro pueblo y a quien concierna, que el señor Arturo McFields no nos representa, por lo cual ninguna declaración suya tiene validez", señaló la Cancillería nicaragüense en una declaración.

La oposición nicaragüense, por su parte, ha celebrado la "valentía" del embajador. "Saludamos la valentía que ha tenido el embajador McFields. Es esperanzador que funcionarios del Gobierno de Nicaragua empiecen a hablar y a ventilar en estos espacios tan importantes, como la OEA, lo que está pasando dentro de la configuración de la dictadura Ortega-Murillo", dijo a EFE el miembro del Consejo Político de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco Marlon Caldera.

El embajador nicaragüense también ha recibido el apoyo de la Embajada de Estados Unidos en Managua y del secretario general de la OEA, Luis Almagro.

McFields terminó su intervención asegurando que "la gente de adentro del Gobierno y de afuera está cansada de la dictadura". "Cada vez van a ser más los que digan basta, porque la luz siempre puede más que las tinieblas", sentenció.

Ortega inició el 11 de enero su quinto mandato, el segundo junto a su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta, tras unas elecciones marcadas por el encarcelamiento de opositores, y con nuevas sanciones de EEUU y la Unión Europea contra familiares y allegados del mandatario.

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El presidente iraní Ebrahim Raisi.- Arman / Iranian Presdiency / dpa

Continúa la nueva configuración de las zonas de influencia entre las potencias mundiales, iniciada con el fin de la Unión Soviética en 1992. En esta fase, una de las consecuencias de la guerra entre Rusia y la OTAN en Ucrania es la posibilidad del regreso de este país (o parte de él) a la órbita de Moscú, mientras EEUU intenta, por tercera vez, "suavizar" la enemistad en sus relaciones con Irán: la primera fue en 1985 cuando de forma clandestina le vendió armas (escándalo Irán-Contra) para alimentar la destructiva guerra con Irak, a beneficio de Israel; y la segunda, durante el mandato de Obama en 2015, con la firma de un sombrío Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), por el que Irán renunciaba a fabricar armas nucleares a cambio de que la ONU y EEUU levantasen las amplias sanciones impuestas sobre el país. Fueron Israel y Arabia Saudí los sabotearon aquel acuerdo de No Proliferación a través de un tal Donald Trump.

La crisis de Ucrania estalló en la mesa de negociaciones de Viena, formada por EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Alemania (los 5 miembros del Consejo de Seguridad +1) e Irán con el objetivo de reactivar aquel compromiso. De repente, el gobierno de Biden, que venía ralentizando las conversaciones con nuevas exigencias a Irán, empezó a liberar parte de los fondos bloqueados de Irán y buscar fórmulas para levantar el embargo sobre su sector petrolífero, a pesar de la dura oposición del Partido Republicano y un sector de su propio partido: no puede obligar a Europa a boicotear a Rusia sin antes ofrecerle una alternativa (sus guiños a Venezuela, más que por su petróleo, es para impedir que aloje misiles rusos como amenazó Vladimir Putin). El objetivo de sacar del aislamiento a Irán es asilar a Rusia, aunque para ello tenga que eliminar al ejército de Guardianes Islámicos de su arbitraria lista de "grupos terroristas". Eso sí, EEUU ha rechazado la demanda de Irán en eliminar todas las restricciones económicas, incluidas las impuestas por su programa de misiles balísticos, el terrorismo y las violaciones de derechos humanos. Lo cual adelanta la "provisionalidad" del acuerdo, el regreso al punto cero y las peligrosas consecuencias que acarreará: EEUU mantiene sus ocho propósitos en contener a Irán, aun así, la RI, sometida a un aislamiento internacional inaudito, y enfrentada a una profunda crisis política, social y económica, mira con esperanza esta nueva oportunidad.

Los "Prorrusos" y "Proamericanos" islámicos

La fiesta duró poco en la cúpula de poder de la teocracia islámica, por:

- La tensión social provocada por la defensa apasionada y absoluta del presidente Ebrahim Raisí de la invasión rusa a Ucrania, expresada en su conversación telefónica con Putin. Raisí y su principal respaldo, el Ayatolá Jamenei, fueron acusados de "servilismo" y de "poner en peligro la seguridad nacional de Irán". ¡Ni China, la verdadera aliada de Rusia, ha apoyado sin más la acción rusa!, apuntaron. El analista islámico Mehdi Zakerian le recordó a Raisí que él era presidente de Irán, no de Rusia. Otros le refrescaron la memoria: Rusia votó en favor de las sanciones propuestas por EEUU contra Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU para que paralizara su programa nuclear, aunque la postura de Moscú era comprensible: ¿Tener a unos ayatolás imprevisibles en mi vecindad y encima con la bomba nuclear? ¡No, gracias!

Un tercer grupo le advirtió de que en la pelea entre las superpotencias Irán sería aplastado, motivo por el cual en ambas guerras mundiales se declaró neutral. Incluso en el conflicto ruso-georgiano (2008), la RI no tomó partido.

El hecho de que nadie le haya reprochado a las autoridades del país no haber propuesto a las partes en conflicto a "resolver los problemas vía dialogo", se debe a la falta de entrenamiento: no la practican ni en los conflictos sociales internos más rudimentarios. Los militares y el clérigo son como un martillo: para ellos todo son clavos.

Si bien fue un grupo reducido organizado por los rivales de Raisí el que se manifestó delante de la embajada de Ucrania con gritos de "muerte a Putin", la prensa le recordó al presidente de la RI que ninguna invasión de un vecino a otro es defendible: la última vez que un vecino de Irán le atacó fue hace poco: Irak, en 1980.

- Justo cuando Raisí rectificaba, defendiendo la soberanía de los países y del diálogo en vez de guerra, el golpe vino de nadie menos que del canciller ruso Sergei Lavrov: no iba a firmar el acuerdo salvo que EEUU garantizase por escrito que las sanciones a Rusia no afectarán al trato comercial ni a las inversiones de su país en Irán, unos 4.000 millones de dólares (2021) y con vista de elevarlo a 10.000 millones. El PAIC se había convertido es una moneda de cambio entre las potencias. EEUU firmó el documento, porque la importancia de un Irán controlado es mucho mayor que perder a Ucrania.

En Teherán no daban crédito: "ya os dijimos que Rusia también nos traicionaría", corearon los profesionales anticomunistas (que manipulan a los ignorantes afirmando que Putin es un leninista camuflado), para seguir allanando el camino a las compañías occidentales (que en muchos países conviven e incluso comparten inversiones con la empresas rusas y chinas). "Confiar en las potencias occidentales u orientales no garantiza ni nuestros derechos ni nuestra seguridad", escribió el Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el almirante Ali Shamkhani, levantando una tercera bandera.

- Y las cosas podían ir aún peor: el embajador ruso en Teherán, Levan Dzhagaryan, en una rueda de prensa, dijo que en Irán se había "malinterpretado" la demanda de Lavrov, y de paso pidió a los periodistas que no utilizasen los términos de "guerra" e "invasión" a "lo sucedido" con Ucrania, sino "operación militar especial". En pocas horas, decenas de periodistas e intelectuales solicitaron al ministro de Relaciones Exteriores Amir Abdollahian que recordase al diplomático que Irán no es una colonia, y algunos en sus tuits publicaron un comentario macabro junto a la foto del embajador rendiendo homenaje en su despacho al poeta Aleksandr Griboiédov (1795-1829). El dramaturgo, que también fue embajador de Moscú en Teherán, y uno de los redactores del Tratado Turkmenchay (por el que Rusia, tras derrotar a Irán en una guerra, anexionaba el Cáucaso Sur -hoy, Azerbaiyán, Armenia, Najicheván y la provincia de Igdır en Turquía), fue asesinado durante el asalto de unos furiosos hombres a la sede diplomática rusa en Teherán. Si los rusos, que han sido los primeros en promover estudios de iranología al principio del siglo pasado, desconocen la sociedad iraní, cometiendo errores de este calibre ¿Cómo EEUU, que no tiene embajada en el país, podrá tener una mínima idea de la realidad de este estratégico país?

- Y las cosas aun podían empeorarse más: "Si Ucrania no hubiera renunciado a sus armas nucleares no habría sido invadida", sentenció el general Nasirzadeh, Subjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, prometiendo que los militares garantizarán la seguridad de Irán. Aunque los Guardianes Islámicos (cuerpo militar creado para proteger al sistema de la RI, por desconfianza hacia el ejercito) siempre se habían opuesto a un acuerdo nuclear, es la primera vez que defienden públicamente la "utilidad" de estas armas. ¡Ningún político se atrevió a poner enmienda al despropósito! Luego, el 13 de marzo, lanzaron 12 misiles a un edificio cercano al consulado de EEUU en Erbil -Kurdistán iraquí- por ser "base del Mossad", y en venganza del ataque de Israel al refugio de los drones iraníes en el propio suelo de Irán, semanas antes. Los halcones de EEUU, Israel e Irán buscan una guerra bélica total, pensando que sería "de baja intensidad" y controlable. Estamos ante un aumento cualitativo de tensiones acumuladas entre ambos estados. Israel no se conforma con menos de un Irán hecho cenizas y escombros (como Irak, Siria, o Libia).

El lema "Ni Oriente, Ni Occidente" de Ayatolá Jomeini (m.1989), hacía referencia a la Unión Soviética (socialismo) y a EEUU como potencia agresora, la cuna del "libertinaje de mujeres", etc. por ser "capitalista" (pues, el islamismo lo es). Por eso, masacró a la izquierda (y parte de la derecha rival), mientras mantenía buenas relaciones con el imperialismo francés (que trasladó al ayatolá a Irán), alemán, británico, y otros. La RI debe abandonar la hipocresía y establecer relaciones justas y equilibradas con todos los estados del mundo. Es un sinsentido: la RI es el único país del mundo sin relaciones diplomáticas con EEUU.

¿Con Ucrania o con Rusia?

Las relaciones con Ucrania son tensas, y no porque Volodímir Zelenski sea el único presidente judío no israelí del mundo (pues, Putin es el presidente ruso más amigo de Israel de la historia), sino porque en 2020 un avión ucraniano fue atacado con misiles por los guardianes islámicos en el propio aeropuerto de Teherán antes de despegar, matando a las 176 personas a bordo. Al final, la RI tuvo que aceptar la exigencia de Kiev de indemnizar con 150.000 dólares por cada víctima.

Por otro lado, el acercamiento de la RI a Rusia sucede cuando Donald Trump rompe el acuerdo nuclear en 2018, y se consolida porque los europeos incumplen su promesa de mantener el acuerdo del 2015. Rusia y China, a pesar de retirar sus grandes inversiones de Irán sobre todo en el sector de hidrocarburo, se han esforzado para aliviar algunas sanciones sobre Irán, que son mucho más duras de las impuestas a Rusia: por ejemplo, al cerrar EEUU el SWIFT (sistema de transferencia interbancaria mundial) a Irán, a Irán se le impide cobrar sus productos vendidos, y a los inmigrantes iraníes enviar y recibir dinero, o siquiera abrir una cuenta corriente en los países donde residen.

¿Vender hidrocarburo o hacer proselitismo?

A pesar de que Irán posee al menos el 18% de las reservas mundiales de gas natural, y es el tercer mayor productor de gas natural seco, sus exportaciones constituyen menos del 1% del comercio mundial del combustible azul: el menosprecio de los ayatolás hacia la industrialización y la tecnología se suma a su mirada religiosa-maniquea al mundo, entre otros motivos. Para el desarrollo de esta industria y obtener un lugar merecido en este mercado, Irán necesita unos 100 mil millones de dólares de inversión, que sigue sin lograr tanto por la casi nula capacidad de los ayatolás a poner una cara amable atrayendo el capital extranjero, como por los continuos sabotajes de EEUU, Israel y Arabia Saudí. La idea de construir un gaseoducto que transportase el gas iraní a las costas mediterráneas de Siria atravesando Irak es inviable debido a las interminables guerras que sufren ambos países. La solución para Irán sería construir terminales de Gas Natural Licuado (GNL), como Qatar, el diminuto país, que desde sus siete puertos se ha convertido en uno de los mayores exportadores de GNL del mundo. Si la RI cae en la tentación de llevar a los mercados mundiales el gas que consume el país, el 80% de la producción, provocando escasez y el aumento de precios de gasolina, tendrá que enfrentarse a nuevas y masivas protestas sociales, como las del invierno de 2019 por la subida del precio de este combustible

De modo que un posible regreso de Irán no afectaría al mercado ruso de gas, pero sí reduciría el peso del petróleo ruso y rebajaría los precios.

En 2018 , Irán producía 3,8 millones de barriles de petróleo por día (bpd), caído hoy a 2,4 millones. Exportar 1,4 millones de bpd a Europa, según los cálculos de Irán, requiere la readaptación al tipo de crudo iraní de las refinerías de sus antiguos clientes -como Grecia, España o Italia-, mientras, podrá colocar en el mercado los 85 millones de barriles de petróleo y gas condensado en el mar.

Tampoco hay que descartar que la RI, para no perder la amistad con Rusia, vaya a buscar más clientes en Asia (como Japón e India) que en Europa.

Aunque, todo este paisaje es ficción: para empezar porque el acuerdo nuclear aún no se ha firmado, y, aunque lo haga, puede ser destruido en cualquier momento. Tampoco hay garantía de que Israel lo permita, en una región donde manda él. La visita del primer ministro israelí Naftali Bennett a Moscú, el 5 de marzo, fue quizás para ofrecer su apoyo en la guerra con Ucrania (en choque con la posición de EEUU) a cambio de que expulse a las fuerzas de Irán de Siria, y le ate bien atado y con más cadenas en el acuerdo final de Viena.

Este traumático cambio del mapa del mundo sólo podrá congelarse con un movimiento progresista organizado a nivel mundial.

23 marzo 2022

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Chile: los dilemas que plantea Boric en política exterior

El flamante mandatario toma distancia de Unasur, Prosur y el Grupo de Lima

El nuevo presidente chileno eligió en Cancillería a la abogada Antonia Urrejola. Una mujer que pasó por varios cargos en los gobiernos de la Concertación y  presidió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). 

 

El gobierno de Gabriel Boric cumple diez días y porta un documento genérico de izquierda. Pero si hay un área donde debe vérselo caminar para definir su perfil, esa será su política exterior. La cancillería es ocupada por Antonia Urrejola, una abogada que a poco de ser elegida para el cargo, ya recibía críticas por su pasado en la OEA junto a José Miguel Insulza primero y Luis Almagro después. Presidió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2021 y pasó por diferentes relatorías. En el informe de febrero de 2020 sobre el golpe de Estado en Bolivia esa organización señaló que Evo Morales había renunciado y que la expresidenta de facto, Jeanine Añez, había asumido un “interinato”. No hubo ni una mención literal del derrocamiento. La misma funcionaria firmó un documento lapidario sobre la situación en Nicaragua y durante su mandato no llegó a entregarse el informe final sobre violaciones a los DD.HH del gobierno de Sebastián Piñera contra la rebelión popular de 2019. En enero de este año recién se conoció un dictamen bastante tibio, cuando la actual ministra ya había abandonado la CIDH.

El 14 de marzo, el nuevo presidente de Chile señaló que estaba en contra de organismos regionales como Unasur, Prosur y el Grupo de Lima, el primero integrado por países como Venezuela y Bolivia y los otros dos por gobiernos alineados con Estados Unidos. Fue una formulación un tanto equidistante en política exterior con una crítica concreta. Boric dijo que “la serie de siglas que ustedes conocen han mostrado que no sirven para unirnos y avanzar en la integración”. Una integración que el joven mandatario dice pregonar.

En la misma conferencia de prensa recordó que veía con simpatía a la fuerza Pacto Histórico de Colombia que lidera el dirigente de izquierda Gustavo Petro y comentó que tenía “afinidades con Lula, con Dilma y con el MAS en Bolivia”. En esa misma sintonía se incluye la empatía que mostró con el presidente argentino Alberto Fernández. Su primer viaje como mandatario en ejercicio – prometió - será a este lado de la cordillera de Los Andes.

El día del traspaso del mando en el Congreso de Valparaíso hubo varios jefes de Estado sudamericanos presentes, con excepción de tres. Iván Duque de Colombia, Jair Bolsonaro de Brasil (lo representó su vice, Hamilton Mourao) y Nicolás Maduro de Venezuela. Para este último presidente “no hubo invitación” como le informaron a PáginaI12 desde la embajada en Buenos Aires. Tampoco se cursó una al gobierno de Managua. No fueron pocos los medios que le atribuyeron a Boric una conducta semejante con Cuba. Pero la noticia quedó desmentida de inmediato con la presencia en Chile del canciller de la isla Bruno Rodríguez Parrilla.

Desde su cuenta de twitter, el ministro de Relaciones Exteriores comentó: “Fue un placer saludar al Presidente de Chile @gabrielboric y transmitirle una felicitación a nombre del Presidente @DiazCanelB. Le reiteré nuestros más sinceros deseos de éxito y expresé la voluntad de profundizar las relaciones bilaterales”. También se reunió con la canciller y lo expuso por la misma vía: “Sostuve encuentro con Antonia Urrejola Noguera, a quien reiteré nuestras felicitaciones por su designación como Ministra de Relaciones Exteriores de Chile. Confirmamos voluntad de profundizar las relaciones bilaterales y de cooperación entre ambos países”.

La lista de presidentes, vicepresidentes, primeros ministros y cancilleres presentes en la asunción de Boric fue indicativa del arco ideológico diverso que contiene hoy Latinoamérica. Convivieron en ella el economista del MAS, Luis Arce, de Bolivia, su colega el empresario neoliberal Guillermo Lasso de Ecuador y el peruano Pedro Castillo, un maestro de izquierda que abraza la causa indigenista. Según lo indicado por la Cancillería chilena a este medio, también asistieron en condición de invitados especiales del presidente Boric la escritora nicaragüense Gioconda Belli, ex integrante del sandinismo y opositora después del gobierno de Daniel Ortega; el candidato a presidente colombiano Petro, el exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera y el dirigente cocalero Andrónico Rodríguez. La expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se estrechó en un prolongado abrazo con Boric que las cámaras de la TV chilena tomaron con detalle.

En esa lista republicana y más allá de las diferentes expresiones políticas desentonaba el rey de España Felipe VI. La nobleza suele estar presente cuando se producen este tipo de ceremonias en sus ex colonias. El presidente chileno, unos días más tarde de su asunción, explicó en la misma conferencia de prensa: “Nuestras relaciones son institucionales con las presidencias de los países, sean cuales sean”.

La historia política de Boric como militante estudiantil y después diputado nacional, tiene definiciones, gestos y afinidades que conducen hacia los inicios de Podemos en España. Su cercanía con Iñigo Orrejón, fundador de esa fuerza y hoy en Más País, es conocida. Cuando el dirigente madrileño de su misma generación escribió el libro Con todo, de los años veloces al futuro, Boric subrayó una frase del texto después de leerlo: “Los revolucionarios se prueban cuando son capaces de generar orden”. El español se lo agradeció públicamente.

Una de las prioridades que anunció el presidente chileno para su política exterior es el cambio climático. En las primeras horas de su gobierno conversó sobre el tema con Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá. “Tenemos un interés común en acelerar la lucha contra el cambio climático y robustecer las instituciones democráticas en el planeta. Continuaremos trabajando juntos en este camino”, dijo Boric.

Muy crítico de la intervención de Rusia en Ucrania, llegó a sugerir que Vladimir Putin debería ser perseguido por los tribunales internacionales de Justicia: “Creo que, hechos como el bombardeo en Mariupol del hospital de Niños, de ratificarse, constituyen antecedentes suficientes para pensar en eso”.

Estas son algunas de las definiciones del nuevo presidente chileno que eligió para manejar las relaciones exteriores a la abogada Urrejola. Una mujer que pasó por varios cargos en los gobiernos de la Concertación, fue asesora durante la presidencia de Michelle Bachelet y militó en su juventud en el Partido Socialista que lideró Salvador Allende. Sus detractores la ubican en una línea de seguidismo a Estados Unidos. Su posición sobre la guerra que sacude al mundo es, como no podía ser de otra manera, coincidente con la de Boric.

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Conflicto Rusia Ucrania: China se juega su propio partido

A pesar de las presiones de Estados Unidos para que Beijing condene a Moscú

El bombardeo de la embajada china en Belgrado y la nacionalización de una empresa china en Ucrania son antecedentes que hacen que Xi pivotee entre las dos potencias.

Estados Unidos sigue convencido de su destino manifiesto. Una idea nacida en 1845 que proyectó en el siglo XX y pretende extender al XXI. Ese papel de celador planetario -forjado en las guerras preventivas que emprendió a través de los cinco continentes-, no va con la idiosincrasia de China, resumida en la paciencia que lleva su nombre. Washington espera en vano una postura crítica de Beijing al gobierno de Vladimir Putin.China se abstuvo de condenarlo en Naciones Unidas y la Casa Blanca le lanza advertencias de todas las maneras posibles. Bajo amenazas de sanciones económicas, por vía de su agresiva diplomacia o mediante noticias sobre la guerra en Ucrania sin fuentes verificables que los chinos rechazan por “maliciosas”. Pero al gigante de la economía mundial – y segundo acreedor de EE.UU, después de Japón – no lo intimidan las presiones. Una de esas presiones está montada en la versión de que el presidente Xi Jinping le podría brindar asistencia militar y financiera a Rusia. La publicaron el New York Times y el Financial Times británico y el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian, habló de “desinformación” y señaló a la Casa Blanca.

Prescindente

China es prescindente en el conflicto que sacude al mundo por derecho propio y porque tiene sus razones para serlo. El principal exportador e importador de bienes del mundo se reservaría para sí el papel de mediador en la guerra, que todavía no explicitó con señales concretas. Tampoco parece que actuará bajo el asedio de la maquinaria propagandística de Estados Unidos. No lo hizo hasta hoy y con imposiciones o sanciones comentadas en los medios es muy poco probable.

En China creen que esta no es su guerra. Bastaría tomarle el pulso a una de sus principales redes sociales, Weibo – un sitio muy parecido a Twitter – para comprobarlo. El conflicto en Ucrania es seguido con desconfianza y las sanciones con que EE.UU pretende disciplinar al país son comentadas hasta de modo risueño: “Si Rusia invade Ucrania, hay que sancionar a China”, se mofan los internautas, como pudo comprobar Página/12 en algunos videos o en otros donde se cuestiona el doble rasero de Occidente que juzga de modo diferente las invasiones de Estados Unidos.

Blanco de la OTAN

China fue blanco de la OTAN – cuya línea política la marca EE.UU desde su fundación en 1949- durante otra guerra ya olvidada, la de Yugoslavia, que terminó con esa nación desmembrada. El 7 de mayo de 1999 la embajada de Beijing en Belgrado fue atacada con misiles que les provocaron la muerte a tres periodistas chinos. Hubo más de veinte heridos, un pedido de disculpas del entonces presidente Bill Clinton y se esgrimió la teoría del “accidente” para salir del paso. La operación había sido sugerida por la CIA, como se comprobó después, pero erró al blanco. “Básicamente, uno de nuestros aviones atacó el objetivo equivocado porque las instrucciones de bombardeo estaban basadas en un mapa anticuado”, confesaría el exsecretario de Defensa estadounidense, William Cohen. Cualquier semejanza con otra guerra – incluida la actual - y la teoría de los daños colaterales es pura coincidencia. 

Estados Unidos tiene un extenso vademécum de excusas para justificar las muertes ajenas en Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia y una gran porción de América Latina. Y la OTAN que atacó la embajada china en Belgrado es la misma que asedia a Rusia desde 1989, tras la caída del muro de Berlín, con las consecuencias geopolíticas que transformaron a Europa en un nuevo campo de batalla. La desproporcionada reacción de Moscú con final incierto hizo lo demás.

El caso Motor Sich

La guerra híbrida que se libra en los medios occidentales y las redes sociales no contextualiza el problema de fondo: cómo China viene disputándole la hegemonía económica a Occidente y de qué manera influye su prudencia en la cuestión ucraniana. Desde mucho antes que Rusia iniciara su campaña militar, el país gobernado por el presidente Volodimir Zelesnki se transformó en un territorio más de ese conflicto de intereses. La historia de una fábrica local muy importante, Motor Sich, explica la evolución de la escalada que deterioró las relaciones entre China y Ucrania. Empezó cuando ni siquiera Zelenski era presidente ni se había fundado el partido político que lidera: Servidor del pueblo.

La compañía produce, desarrolla, mantiene y brinda asistencia técnica para turbinas de aviones y helicópteros o la industria gasífera. Sus productos se venden en casi 120 países, según medios de prensa especializados. Estados Unidos y China han competido para quedarse con su know-how. Cuando Zelenski llegó al gobierno le envió un proyecto de ley al Congreso para nacionalizar Sich, cuyo paquete mayoritario era controlado por la empresa china Beijing Skyrizon Aviation Industry Investment Co hasta un 56 por ciento.

Su inversión en la sociedad fue por una suma multimillonaria – hay medios que hablan de 3.500 millones de dólares y otros 4.500 – que la compañía pretende recuperar. Por eso apeló a un Tribunal de Arbitraje y contrató abogados especializados en litigios internacionales. Las presiones de EE.UU. – señalan en China – hicieron que prosperaran las coacciones sobre Ucrania para que abandonara a los capitales de Beijing.

Pese a las promesas de compensación por la nacionalización de Motor Sich, China avanzó con su denuncia al igual que Turquía, que tenía una participación accionaria en la empresa ucraniana. Además mantenía varios proyectos conjuntos para motores de aviación y transferencia de tecnología. Para el país en guerra, el conflicto por esta compañía significó un dilema. Depende de la asistencia económica y militar de EE.UU. pero antes de la guerra buscaba recomponer su relación comercial con China. Es uno de sus principales clientes en la compra de productos agrícolas.

El 28 de enero de 2021 el sitio ruso Sputnik publicó que “el gobierno de Ucrania bloquea desde el 2016 las operaciones con las acciones de Motor Sich adquiridas por las compañías chinas”. Un año antes esos inversores habían anunciado su propósito de demandar a Ucrania.

Diplomacia

El periodista e historiador Néstor Restivo dirige la revista DangDai que analiza las relaciones entre Argentina y la segunda economía mundial. Le dice a este diario que “China está moviéndose diplomáticamente, entendiendo que este conflicto tiene una resolución a través del diálogo y la negociación”. También señala que “Europa jugó un papel patético; debía haberse abrazado a la posibilidad de acuerdos con Rusia, sin descartar su alianza histórica con EE.UU. Partir la relación con Moscú fue un gran error que a la larga debilitará a Washington”.

En un discurso virtual ante el Congreso de Estados Unidos, el presidente Zelenski, mirando a cámara, se dirigió a su colega de Estados Unidos directamente: “Biden, deseo que usted sea el líder del mundo y ser el líder del mundo significa ser el líder de la paz”. Palabras que remarcan el camino transitado por Ucrania hasta el momento y que explican la aparente neutralidad de China.

En Occidente se extendió por los medios la sospecha de que Xi Jinping convalida la política de Putin. Pero existe un conflicto de intereses que la saga de Motor Sich ya había anticipado hace al menos tres años. En 2019 una comitiva de EE.UU. llegó a Kiev con el declamado propósito de conversar sobre temas de defensa. Pero la verdadera intención era impedir que la vital compañía de insumos para la industria de aviación siguiera en manos chinas. Un capítulo más del conflicto global entre Washington y Beijing.

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Conferencia entre Biden y Xi Jinping: advertencias mutuas y un llamado a "trabajar por la paz"

La videoconferencia de poco menos de dos horas concluyó con advertencias de ambas partes. Biden amenazó con represalias en caso de una ayuda directa de parte de China a Rusia, y Xi Jinping le advirtió que la actual guerra muestra que "las relaciones entre Estados no pueden llegar al nivel de la confrontación". Sin más novedades Xi se ubicó como el abanderado de "la paz mundial".

 

Joe Biden y Xi Jinping concluyeron una llamada de casi dos horas durante las cuales el presidente estadounidense había anunciado que advertiría a Beijing que Estados Unidos estaba preparado para tomar represalias si apoyaba activamente a Rusia. Se refería a los rumores filtrados desde los propios funcionarios estadounidenses por una posible ayuda militar China a Rusia. Sin embargo, Xi Jinping que nunca cuestionó la invasión rusa, pero negó que exista apoyo directo, utilizó la conversación ubicándose como líder de una potencia que discute de igual a igual con Estados Unidos, haciendo un "llamado a la paz".

Así, advirtió a Biden que los relaciones entre ambos Estados no deben deteriorarse hasta el punto de llegar a un “nivel de confrontación” y que “Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y siendo las dos principales economías del mundo, no solo debemos guiar las relaciones de EE UU y China por el buen camino, sino también asumir nuestras responsabilidades internacionales y hacer esfuerzos por la paz y estabilidad mundiales”

El presidente chino, también urgió a Biden, a "trabajar de forma conjunta por la paz mundial" y dijo que la crisis en Ucrania es algo que "no habrían querido ver", según una transcripción preliminar de la agencia oficial Xinhua, tras la primera conversación que mantienen ambos mandatarios desde noviembre pasado.

"China y EE.UU, no solo deben encauzar sus relaciones por el camino correcto, sino también compartir sus responsabilidades internacionales y trabajar por la tranquilidad y la estabilidad mundial", afirmó Xi Jinping.

Antony Blinken, secretario de Estado de EE. UU., dijo antes de que comenzara la llamada que Biden “dejaría en claro que China asumirá la responsabilidad de cualquier acción que tome para apoyar la agresión de Rusia, y no dudaremos en imponer costos”. Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo a los periodistas que la llamada era una oportunidad para que Biden viera “dónde se encuentra el presidente Xi”.

El domingo, funcionarios estadounidenses filtraron al diario New York Times la información de que Rusia supuestamente había pedido a China apoyo militar directo en Ucrania. Sin embargo, los funcionarios chinos negaron inmediatamente esa acusación.

La respuesta llegó a las pocas horas cuando el embajador de China en Estados Unidos escribió en el Washington Post que China respalda las conversaciones de paz para poner fin al conflicto, aunque no condenó el reaccionario ataque de Rusia.

En esa misma tónica se mantuvo este viernes la postura de Xi Jinping, sin condenar el ataque y haciendo un llamado a "trabajar por la paz", tratando de evitar que el conflicto lo afecte en un momento en que enfrenta un rebrote de coronavirus con cierres de importantes ciudades, incluyendo el polo industrial de Shenzhen, y de algunos puertos, y con una diversos problemas económicos.

Ante los rumores provenientes de Washington el analista James Palmer de Foreign Policy ya señalaba que “Las probabilidades de que China brinde apoyo militar directo a Rusia todavía parecen bajas, por varias razones. China también tiene dos crisis en curso: omicron y la economía . Asumir una tercera parece demasiado”.

En la conversación, Xi Jinping volvió a insistir en su postura de abogar por un diálogo para poner fin a la guerra en Ucrania.

Como señalamos en un artículo reciente "la prensa occidental, ligada a los objetivos de la OTAN, viene tratando de introducir una cuña en el acercamiento estratégico entre Pekín y Moscú. El interés anunciado de China en actuar como intermediario para un alto el fuego en Ucrania, y el consejo de Xi a Putin para resolver el problema con "negociaciones equilibradas", dan fe de que la preocupación por la estabilidad no ha cambiado en Pekín, en un año decisivo para el Gobierno central. A fines de 2022, Xi buscará un tercer mandato sin precedentes en el XX Congreso del Partido Comunista, lo que implica meses de preparación y disciplinamiento de las filas de la burocracia bonapartista a nivel municipal y provincial (...) El aumento de los precios de las materias primas, la alza inflacionaria y el riesgo alimentario en China pueden generar convulsiones sociales que pongan en riesgo los preparativos para la apoteosis de Xi en noviembre".

Viernes 18 de marzo

 

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Miércoles, 16 Marzo 2022 05:21

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Serguéi Lavrov, el mensajero de Putin

Desde hace casi dos décadas, el de Serguéi Lavrov es el rostro de la diplomacia rusa. Producto del aparato de formación de la burocracia soviética, Lavrov es un personaje peculiar que ha sabido abrirse paso en el gobierno de Putin. Su gestión acompañó el esfuerzo ruso por volver a posicionarse como gran potencia y ahora tiene la tarea de justificar la invasión de Ucrania.

Hace casi dos décadas que la política exterior rusa tiene el mismo rostro: el de Serguéi Viktorovich Lavrov. Su corporeidad robusta y estética old style quedaron asociados a los años en los que Rusia amplió su capacidad militar, se probó en la guerra de Siria y finalmente, se lanzó a la invasión de Ucrania. Su propia vida sintetiza la transición entre la antigua potencia del «socialismo real» y el país actual, gobernado con mano de hierro por Vladímir Putin.

De padre georgiano con ancestros armenios y madre rusa, Lavrov nació en Moscú en 1950. En la biografía oficial que aparece en la página de internet del Ministerio de Asuntos Externos de Rusia se lo define como russky, lo cual resalta su origen étnico y cultural y no tanto su pertenencia legal, que es lo que expresaría el término rossianin, matiz que en castellano se pierde ya que ambas palabras se traducen como «ruso». Lavrov forma parte de lo que Alexei Yurchak bautizó como la «última generación soviética», aquella que creció convencida de que la Unión Soviética duraría para siempre y que, sin embargo, no se sorprendió cuando se disolvió casi de un día para otro1. La entrada de Lavrov a la carrera diplomática comenzó, de hecho, en los días en los que Leonid Brezhnev se afirmaba en el poder y el petrificado socialismo tardío parecía navegar en las aguas del estancamiento. Luego de cumplir diversos roles diplomáticos, Vladímir Putin lo nombró, en 2004, Ministro de Asuntos Externos de la Federación Rusa. Desde entonces, permaneció en el cargo y se acercó lentamente al récord que ostenta el patriarca de las relaciones internacionales soviéticas, Andrey Gromiko, quien se mantuvo en su puesto durante más de 25 años.

Lavrov es un producto natural de la formación de burócratas soviéticos. Se graduó en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú en 1972 e inmediatamente comenzó a trabajar en el servicio diplomático. Su primera misión importante lo encontró en la embajada soviética en Sri Lanka, donde perfeccionó su manejo del cingalés, uno de los idiomas que domina además del ruso, el inglés y el francés. Allí operó como asesor y fue también intérprete del entonces embajador Rafiq Nishonov, quien más tarde sería primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán. De regreso en Moscú en 1976, ocupó diversos cargos en el ministerio hasta que en 1981 fue enviado como miembro de la delegación soviética ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, donde permaneció durante siete años.

La disolución de la Unión Soviética encontró a Lavrov trabajando en Moscú, en lo que ahora se conoce como Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. En 1994 regresó a Nueva York para desempeñarse como representante de su país ante la ONU, y presidió en diversas ocasiones el Consejo de Seguridad. A pesar de ser un posible candidato para reemplazar a Evgueny Primakov para el cargo de ministro de asuntos exteriores en 1998, su nombramiento tuvo que esperar hasta 2004, cuando fue convocado por Putin para que reemplazara a Ígor Ivanov, sucesor de Primakov y un gran opositor tanto a la intervención de la OTAN en Yugoslavia como a la invasión estadounidense en Irak. Desde entonces, Lavrov se ha desempeñado como canciller. 

La llegada de Evgueny Primakov a la Cancillería marcó un quiebre con la política exterior rusa de los primeros años post-soviéticos, que se había subordinado a las resoluciones de Estados Unidos y Europa. La amenaza que conllevaba la expansión de la OTAN hacia los territorios del antiguo bloque socialista y el objetivo de reponerse de la humillación que significó la pérdida del lugar de superpotencia luego de la disolución de la Unión Soviética en 1991, junto con el declive de Boris Yeltsin y sus consejeros más occidentalistas, condujo una nueva política exterior. La meta de Putin fue lograr la independencia de las potencias occidentales en la toma de decisiones a partir del fortalecimiento del rol del Estado. Así lo expresó Lavrov en 2006: «Para nosotros, esta autonomía es una cuestión clave y vamos a continuar actuando sobre esa base tanto en el país como en la arena internacional»2

La intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 fue la gota que rebalsó el vaso y la nueva dirigencia a cargo de la Cancillería se puso como objetivo recuperar el control de un área de influencia que históricamente se había considerado reservada a Rusia. Las llamadas «revoluciones de colores», así como las invasiones estadounidenses de Irak y Afganistán, reforzaron la idea de que Rusia debía jugar un rol de importancia en el mundo y romper con la unipolaridad que pretendía ejercer Estados Unidos, haciendo valer rasgos heredados de la vieja Unión Soviética. Putin sabe, y lo recuerda cada vez que puede, que Rusia es una potencia que cuenta con armas nucleares. Pero el presidente ruso también apela a elementos sacados del pasado imperial. No se puede entender la conducta de Lavrov si no se comprende primero la necesidad del putinismo de reponer el lugar de Rusia el el concierto global o incluso la idea de restaurar un mundo ruso –russky mir –que unifique y proteja a todos aquellos que forman parte de esa comunidad lingüística y cultural. Gran parte de la política exterior rusa está guiada por esta idea de una civilización dividida y amenazada por fuerzas foráneas, especialmente las que provienen de Occidente, que relativiza las fronteras y sueña con una integración entre quienes viven en el territorio ruso y los rusoparlantes desperdigados por el planeta.

A diferencia de otros funcionarios del gobierno de Putin, que provienen de su grupo de amistades forjado en su ciudad natal de San Petersburgo (como el mencionado Medvedev), Lavrov no forma parte del círculo rojo del presidente y, en ese sentido, no parece tener el mismo peso a la hora de decidir la política exterior, como sí pueden haberlo tenido Serguéi Ivanov o Serguéi Prijodko. Eso no impidió, sin embargo, que le regalara a Putin una estatua de bronce tamaño natural de Mahatma Gandhi para su cumpleaños número 63, recordando una entrevista de 2005 en la que el presidente respondió a los medios occidentales que le cuestionaban su falta de democracia que «luego de la muerte de Gandhi no hay nadie más a la izquierda con quien hablar»3

De carácter apacible pero también severo, su estilo está más cerca del funcionario estatal que se subordina a las directivas del jefe que de un miembro del club de los amigos del presidente. Lavrov no es un político ni un militante, sino más bien un funcionario que heredó de la Unión Soviética –y particularmente de un ámbito como las relaciones internacionales– el imperativo de la defensa de los intereses del país por encima de cualquier otra cosa. Nunca juega solo, sino que es la voz cantante del equipo dirigente. Cuenta para ello con la compañía de la hábil María Zajárova, quien desde 2015 se desempeña como directora del Departamento de Información y Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores y quien además de presentarse semanalmente frente a la prensa para sintetizar las actividades de su jefe, no tiene problemas en reunirse con docentes de las escuelas moscovitas para recordarles que tienen que reservarse su opinión personal sobre la guerra en Ucrania, ya que trabajan para el Estado y deben proteger sus intereses

Al igual que el presidente ruso, Lavrov suele practicar deportes y el esquí y el fútbol están entre sus favoritos. Fanático del Spartak, uno de los equipos más populares de Moscú, Lavrov es, además, de aprovechar sus ratos libres y sus vacaciones, que suele pasar en el interior de Rusia más que fuera del país. Es entonces cuando se arremanga su camisa para cortar leña, rutina que explica en parte su conservada línea que ronda ya los 70 años. Como muchas personas de su generación, es aficionado a la poesía y, de modo similar a muchos líderes soviéticos –el secretario general del Partido Comunista Iury Andrópov, sin ir más lejos– le gusta escribir versos, emulando tal vez a Evgueny Evtushenko o Bulat Okudzhava. Pero Lavrov es también un gran admirador de la literatura y entre sus autores favoritos se encuentra Mijaíl Bulgákov y su clásico El Maestro y Margarita una crítica exquisita y contundente a la vida soviética y sus contradicciones. En sus años como canciller, Lavrov ha logrado varias condecoraciones, como la Orden al Mérito por la Patria (en 2015), más elevada que el Estado ruso puede otorgar a un civil. En 2020 fue nombrado, además, como Héroe del Trabajo de la Federación Rusa, título que también fue otorgado al afamado director de orquesta Valery Gergiev y al director de cine Nikita Mijalkov –ambos de notable cercanía con el Kremlin– por sus aportes «a la prosperidad de Rusia». 

En su larga trayectoria, Lavrov ha sumado más logros que reveses en el desarrollo de una «diplomacia en red» que busca evitar, por un lado, la consolidación de alianzas formales y, por el otro, la ideologización de las relaciones internacionales. La «diplomacia en red» favorece un enfoque pragmático y flexible que tiene en cuenta los intereses de los actores involucrados para maximizar la influencia rusa4. Por ejemplo, su llegada a Siria en 2012, luego de que Rusia votara en contra de una resolución de las Naciones Unidas que pretendía aplicar sanciones al gobierno de Bashar al-Assad, fue recibida con júbilo por miles de sirios que padecían las miserias de la guerra civil. Al año siguiente la tarea del Lavrov resultaría decisiva para acordar la destrucción de las armas químicas que poseía el gobierno sirio. 

Durante la crisis ucraniana durante 2014, su desempeño resultaría fundamental para legitimar la anexión de Crimea y para dejar en claro que Ucrania debía ser el límite de la expansión de la OTAN. De hecho, Lavrov siempre manifestó que la alianza euroatlántica debía limitar su expansión, cuando no revisar su existencia en un mundo donde la Guerra Fría ya es historia. Si bien hubo sanciones por parte de Estados Unidos, su efecto sobre la economía y la diplomacia apenas fue percibido. Cada vez que pudo, Lavrov dejó en claro su oposición a las sanciones que el país del norte aplicó no solo a su país, sino a otros como Turquía, pero también a otras formas de presión internacional, como que se considerara a Irán como un «estado canalla». En los círculos diplomáticos todavía se recuerda cuando, en plena crisis de Corea en 2017, caracterizó al enfrentamiento verbal entre Donald Trump y Kim Jong-un como «una pelea de niños en un jardín de infantes».

El actual conflicto con Ucrania lo encuentra tan atareado como incómodo. Lavrov se ve forzado a hacer malabares para justificar, tanto ante sus compatriotas como ante la opinión pública internacional, los eufemismos que su gobierno utiliza para definir lo que es una lisa y llana invasión. Lavrov llama «operación militar especial» al ataque ruso sobre Ucrania y afirma que su gobierno no está enfrentando a los ucranianos, sino a los «nacionalistas». Se trata, por supuesto, de ejercicios retóricos difíciles, sobre todo luego de que el pasado 10 de marzo, el Ejército ruso descargara sus misiles contra un hospital de niños de la ciudad de Mariupol y desde que el gobierno ucraniano comenzara a reportar la muerte de civiles. Si bien su trabajo supone el ejercicio diplomático de evitar frases comprometedoras y fuera de lugar, hace unos días sostuvo en una conferencia de prensa, luego de reunirse con su colega ucraniano, que Rusia no pretende atacar a otros países porque de hecho, «no atacó a Ucrania» sino que «la está liberando». 

Su rostro incólume no sirvió para matizar el eufemismo ni disimular el enorme daño que la actual política exterior rusa está generando en el territorio de Ucrania. Todavía está por verse hasta dónde es capaz de llegar.  

  • 1.

Alexei Yurchak: Everything was Forever, Until It Was No More. The Last Soviet Generation,  Princeton University Press, Princeton, 2005.

  • 2.

Jeffrey Mankoff: Russian Foreign Policy. The Return of Great Power Politics, Rowman & Littlefield Publishers, Lanham, 2009, p. 16.

  • 3.

Mikhal Zygar: All the Kremlin’s Men. Inside the Court of Vladimir Putin, Public Affairs, Nueva York, 2016, p. 432.

  • 4.
  1. Mankoff, cit., p. 104.
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¿Por qué Estados Unidos se acercó a la Honduras de Xiomara Castro?

La llegada de la socialista Xiomara Castro a la presidencia de Honduras no ha enfriado la relación con Estados Unidos; por el contrario, parece haberla estrechado. Los diálogos con Kamala Harris y la apertura del proceso de extradición del ex-presidente Juan Orlando Hernández marcan una nueva etapa. Mientras tanto, otros países centroamericanos se alejan de Washington.

La reciente detención e inicio de un proceso de extradición a Estados Unidos contra el presidente saliente de Honduras, Juan Orlando Hernández Alvarado, acusado de narcotráfico, está lejos de ser un simple caso judicial o de política interna hondureña. Su caso es revelador de una serie de realineamientos geopolíticos en América Central, que incluyen el distanciamiento de Washington de varios países del Triángulo norte -como El Salvador de Nayib Bukele- y un acercamiento de Honduras, cuya presidenta Xiomara Castro era hasta hace poco acusada de «chavista» y «comunista» en la campaña electoral que la llevó al poder. No pasó desapercibida la presencia en Tegucigalpa de la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris para su toma de mando en enero pasado.

El ex-presidente Hernández Alvarado desarrolló una exitosa carrera política dentro del Partido Nacional de Honduras que en 2014 lo llevó a la presidencia de Honduras, cargo que ostentó hasta 2022. Pero si su carrera fue vertiginosa, también lo fue su derrumbe político. El 7 de febrero de este año, a pocos días de haber dejado la presidencia y luego de la resonante derrota de su partido contra Xiomara Castro, el Departamento de Estado de Estados Unidos hizo público que desde el 1 de julio de 2021 Hernández Alvarado había sido incluido en la «Lista Engel», que castiga a personas implicadas en corrupción y prácticas antidemocráticas. La consecuencia inmediata fue la pérdida de su visa para ingresar a Estados Unidos y el congelamiento de sus activos en ese país. El 14 de febrero, la Secretaría de Relaciones Exteriores dio a conocer que la Embajada de Estados Unidos había solicitado la extradición del ex-mandatario. Solo un día después, en medio de algunas versiones que lo ubicaban en Managua, fue capturado por las fuerzas de seguridad hondureñas. Ahora guarda prisión en una unidad policial, a la espera de la audiencia en la que se decidirá su extradición hacia Estados Unidos.

Hernández Alvarado está acusado de tres cargos: producir, poseer e importar sustancias controladas (droga) hacia Estados Unidos; usar o portar armas de fuego, o ayudar e instigar al uso, en apoyo a la conspiración de importación de narcóticos; y finalmente, conspiración para usar o portar armas de fuego, incluidas ametralladoras y dispositivos destructivos, en el marco del envío de narcóticos hacia Estados Unidos.

La política de extradiciones se habilitó en el año 2013, mediante una reforma de la Constitución realizada por el Congreso que por entonces era presidido por el propio Hernández Alvarado. Hasta febrero de 2022, 36 personas han sido extraditadas y el ex-presidente Hernández sería el número 37. Sus vínculos saltaron al ámbito público nacional e internacional cuando el 23 de noviembre de 2018 fue detenido en Miami su hermano (y también ex-diputado) Juan Antonio Hernández Alvarado, conocido como «Tony» Hernández. Luego de que el 18 de octubre de 2019 fuera declarado culpable de los delitos de vinculados al tráfico de drogas. «Tony» fue sentenciado a cadena perpetua y a una multa de 138,5 millones de dólares.

En el juicio contra «Tony» Hernández, diferentes testigos —todos ellos narcotraficantes confesos— señalaron al presidente de Hernández como una de las personas clave para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. El día de la sentencia, el 30 de marzo del 2021, el fiscal de la causa afirmó que «Tony» Hernández y su hermano se encontraban en el centro de las operaciones de narcotráfico y que estas habían sido patrocinadas por el Estado. Además, declaró que esas operaciones convertían a Honduras «en un virtual narcoestado». A partir de este momento, el presidente Hernández Alvarado, quien durante varios años se presentó como el principal socio de Estados Unidos en Centroamérica, se fue convirtiendo en un aliado tan necesario como incómodo, al punto de que diversos funcionarios estadounidenses que visitaron el país evitaron el contacto directo con él.

Las denuncias por implicaciones en el crimen organizado fueron creciendo, llevando al presidente a un punto de no retorno. Entre el 21 y 23 de noviembre de 2021, Brian Nichols, el subsecretario de estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, visitó Honduras y envió un mensaje claro a los partidos políticos y sus dirigencias. Afirmó que los resultados de las elecciones presidenciales, que se realizarían poco después, debían respetarse a rajatabla. El gobierno de Estados Unidos sabía que permitir la continuidad del Partido Nacional y del círculo político del presidente Hernández Alvarado, sobre todo de manera fraudulenta como había sucedido en 2017, implicaría perpetuar y profundizar la crisis de la sociedad hondureña, que tiene como uno de sus indicadores principales la masiva migración irregular hacia Estados Unidos. Este mensaje también fue trasmitido a la cúpula de las Fuerzas Armadas. Se acababa así la impunidad y la complicidad con Hernández Alvarado y sus colaboradores más cercanos, tanto civiles como militares.

¿Esta posición implica un giro de Estados Unidos en su relación con Honduras? Todo parece indicar que sí. Lo cierto es que la pérdida de influencia y de aliados de Estados Unidos en la región centroamericana, en especial en los llamados países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), es más que evidente. En mayo de 2021, el Congreso de El Salvador destituyó a cinco magistrados de la Sala Constitucional y al Fiscal General de la República. Los nuevos magistrados de la Sala Constitucional tomaron la decisión de habilitar la reelección inmediata, revirtiendo un fallo del año 2014 que la prohibía. A partir de esa decisión, el presidente Nayib Bukele podría buscar un segundo periodo en 2024. Estados Unidos, a través de la encargada de negocios de ese país, Jean Manes, comentó que el «declive de la democracia daña la relación bilateral de Estados Unidos y El Salvador, relación que tenemos hace décadas y queremos mantener». En julio de 2021, Estados Unidos reaccionó mencionando a los nuevos magistrados y a otros funcionarios (14 en total) en la «Lista Engel», considerándolos como corruptos o como socavadores de la democracia. Además, hay que agregar que Bukele se ha acercado a China. En mayo de 2021 se ratificó «un acuerdo de cooperación para la construcción y donación de obras de infraestructura al país centroamericano», lo que incrementó las tensiones entre los gobiernos de Estados Unidos y El Salvador. Sin embargo, la Embajada de la República Popular de China publicó un comunicado en el que asegura que esta cooperación no reembolsable «no tiene ninguna consideración geopolítica» y que «China se opone fuertemente al atropello de los países poderosos a las naciones que están luchando por su desarrollo en condiciones menos favorables». Además, Bukele mantuvo un cauteloso silencio sobre la invasión rusa a Ucrania.

Guatemala también se sumó a los países centroamericanos desobedientes con Estados Unidos. La Fiscal General de la República destituyó al jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad en Guatemala (FECI), Juan Francisco Sandoval, quien se vio obligado a salir del país y solicitar asilo en Estados Unidos por sus temores acerca de su seguridad. En febrero de 2021, el secretario de Estado Antony Blinken había entregado a Sandoval un premio que reconocía su labor para defender la transparencia y el combate a la corrupción. Pese al premio, Sandoval fue destituido en el mes de julio 2021. Ante esa acción, Blinken declaró que «su destitución socava el Estado de derecho y fortalece las fuerzas que generan impunidad». Luego, Estados Unidos comunicó que su gobierno «está pausando temporalmente la cooperación programática con el Ministerio Público, mientras realizamos una revisión de nuestra asistencia a las actividades que dirige la fiscal general», por considerar que el país carece de independencia judicial. Además, la fiscal general guatemalteca también fue incluida en la «Lista Engel».  A ello hay que agregar la ruptura de las relaciones de Estados Unidos con el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.

Con esta situación general en Centroamérica, Estados Unidos optó por no seguir apoyando la continuidad del régimen de Hernández Alvarado y apostó por el respeto a los resultados electorales del 28 de noviembre de 2021 y abrirse a trabajar con Xiomara Castro, esposa del presidente José Manuel Zelaya, derrocado en un golpe de estado en 2009. Castro, candidata por el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) en alianza con el Partido Salvador de Honduras (PSH) y sectores del Partido Liberal, triunfó de forma contundente contra su principal contendiente Nasry Asfura, candidato presidencial por el oficialista Partido Nacional.

Antes de la elección, distintos sectores conservadores —tanto nacionales como internacionales— habían advertido que su gobierno emularía el modelo venezolano, el nicaragüense e incluso el cubano. Esos planteos no solo se basaban en las posiciones progresistas de Castro, sino en su vocación de establecer relaciones con la República Popular China y en su decisión de convocar a una Asamblea Constituyente. Ahora, esos temas han pasado a un segundo plano. Ya en la presidencia, Castro ha reafirmado sus relaciones con Taiwán, mientras que Manuel Zelaya ha afirmado que, por el momento, no ve condiciones para la Asamblea Constituyente. Lo cierto es que, tras su triunfo electoral, Castro recibió felicitaciones de Joe Biden y Kamala Harris. Y la vicepresidenta de Estados Unidos estuvo, además, en la toma de posesión de la mandataria el pasado 27 de enero.

Castro está desarrollando un modelo de gobierno caracterizado por el pragmatismo político. Con la herencia de un gobierno que dejó el Estado sumido en los efectos de la corrupción y en la quiebra financiera como telón de fondo, en su primer mes de gobierno ha mantenido, en general, una buena relación con los empresarios, a la vez que ha tomado medidas populares como la rebaja al precio de los combustibles, la gratuidad de la energía eléctrica para los hogares que consumen menos de 150 kilovatios y la gratuidad de la matrícula en las escuelas públicas. Además, ha declarado a Honduras como territorio nacional libre de minería a cielo abierto. En cuanto a la lucha contra la corrupción, el Congreso Nacional derogó la Ley de Clasificación de Documentos Públicos relacionados con la defensa y la seguridad, conocida como «Ley de secretos», una de las leyes que había garantizado impunidad a grupos del poder político y económico vinculados al gobierno de Hernández Alvarado. Además, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha solicitado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la instalación de una Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad.

Xiomara Castro ha heredado un Estado en ruinas, con una deuda pública que supera los 16.000 millones de dólares, sin flujo de caja para cumplir con el pago de los salarios de los empleados públicos y de los proveedores del Estado y cumplir con el servicio de la deuda pública en sus primeros meses. Existen, al mismo tiempo, altos niveles de desconfianza en la institucionalidad estatal y una burocracia excesiva y corrupta que se arraigó en los últimos doce años de gobierno del Partido Nacional —y se enquistó laboralmente en el Estado—, y cuya depuración tiene un alto costo económico, que obliga al gobierno a mantenerla casi intacta. 

Sobre los escombros del Estado hondureño, la nueva presidenta tiene que enfrentar desafíos como el combate de la pobreza que afecta al 73,6% de los hogares, de los cuales 59,3% se encuentra en situación de pobreza extrema; el retorno de la niñez y la juventud al sistema educativo, con más del 90% de la infraestructura educativa completamente deteriorada, producto del abandono de dos años durante la pandemia. Además, debe atender el sistema de salud, postergado y colapsado por la corrupción. Estos son algunos desafíos a los que se pueden sumar otros relacionados con la migración, la violencia, el desempleo, la exclusión y la desigualdad sumados a los problemas relacionados con la seguridad alimentaria y el cambio climático.

Xiomara Castro es la primera mujer que asume la presidencia de Honduras. Lo hace, además, a través de un partido político de izquierda que contrasta con los representantes del clásico bipartidismo. Su propuesta de «refundación nacional», sin embargo, no se basa en discursos antimperialistas ni antiempresariales. Castro tampoco se declara seguidora de modelos de gobierno considerados de izquierda radical y se alejó de sus declaraciones en favor de Venezuela y asumió el del «socialismo democrático». En este sentido, tanto Estados Unidos como los banqueros y los grupos económicos oligárquicos no sienten una gran incomodidad frente a su gobierno. Pero la lucha anticorrupción sí incomoda a los grupos políticos y económicos que conformaron redes de negocios ilegales en el periodo posterior al golpe de Estado de 2009. Esta lucha cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

Sin embargo, para los sectores más conservadores de Estados Unidos y también de la propia Honduras, Xiomara Castro tiene tras de sí a un fantasma: el de su esposo, José Manuel Zelaya Rosales, uno de los expresidentes más influyentes en la vida política nacional, y a quien sus críticos consideran un político de izquierda no confiable. En su intervención en el evento de confirmación ante el Senado de Laura Farnsworth Dogu como embajadora de Estados Unidos en Honduras, el senador conservador republicano Marco Rubio expresó su «preocupación sobre un posible acercamiento hacia China» y dijo esperar que Castro abriera un nuevo camino y «no siguiera los pasos de su esposo».

Lo cierto es que, hoy por hoy, Honduras ha pasado a ser el país de la región más confiable para Washington, sobre todo teniendo en cuenta su objetivo de contar con gobiernos aliados no corruptos ni capturados por mafias del crimen organizado que consigan evitar la migración masiva e irregular a su país. La solución a ese problema no pasa por la militarización de las fronteras y el levantamiento de muros, sino por atacar las causas estructurales como la pobreza, la exclusión y la corrupción, logrando que estados como Honduras brinden bienestar, salud, educación y seguridad a su población. 

Ante este desafío, Xiomara Castro tiene muchas fortalezas, como una legitimidad de origen robusta, una trayectoria de lucha por la democracia y los derechos humanos contundente a partir del golpe de Estado de 2009 y el compromiso por enfrentar los grandes problemas nacionales que golpean al pueblo hondureño. ¿Cuáles serán los resultados de su gobierno? La historia ya empezó y, sin dudas, la calidad de la relación entre Washington y Tegucigalpa determinará en gran medida un resultado positivo y estabilizador para toda la región centroamericana.  

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Recep Tayyip Erdogan, presidente turco y mediador en problemas.

Aunque es miembro de la OTAN, trata de mediar entre Rusia y Ucrania, y mantener relaciones con Moscú

La costa de Turquía fue testigo de una de las reuniones de alto nivel más importante para las negociaciones entre Rusia y Ucrania. La ciudad turística de Antalya fue el lugar elegido por el gobierno turco para el encuentro. El ministro de Exteriores Mevlut Çavusoglu tenía sus esperanzas puestas en que esta reunión sirviera para “avanzar hacia la paz”. El país anfitrión esperaba que sobre la mesa pudieran debatirse un cese al fuego por 24 horas, pero los resultados no fueron los esperados. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan se mostró públicamente dispuesto a mediar desde el inicio de este conflicto hace dos semanas, en el que también están involucrados Estados Unidos y la OTAN, de la que Turquía forma parte.

Si bien se mostraron dispuestos a seguir dialogando, los ministros de exteriores de Ucrania y de Rusia dispararon acusaciones cruzadas que hacen tambalear la vía diplomática que promueve Ankara. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, priorizó las negociaciones que se desarrollan en Bielorusia, mientras su homólogo Dimitro Kuleba lo acusó de haber acudido a la reunión sin capacidad de poder resolver la cuestión humanitaria y de querer la rendición ucraniana.

El trabajo de la cancillería turca para lograr la reunión de Antalya incluyó más de cuarenta llamadas telefónicas a diferentes representantes de la diplomacia mundial. El esfuerzo diplomático fue reconocido tibiamente por la UE. El gobierno de Erdogan se manejó como un equilibrista, pero teme que frente a una agudización del conflicto la posición equidistante que viene sosteniendo hace años entre Rusia y la OTAN se vuelva insostenible. A finales de 2015, después de que Turquía derribara un caza Su-24 en la frontera turcosiria, Moscú respondió con una batería de sanciones que impactaron en la economía turca. En un contexto de tensión con Occidente, y con el riesgo de quedar totalmente aislado, el gobierno turco utilizó esa oportunidad para abrir otra etapa en sus relaciones con Rusia.

Desde entonces y a pesar de las diferencias que existen entre ambos países en conflictos como Siria, Libia o el enfrentamiento Armenia-Azerbaiyán, se afianzaron los lazos comerciales. Esto le otorgó a Ankara cierta autonomía en relación a la OTAN al punto de adquirir los sistemas de defensa antimisiles rusos S400, lo cual le valió la objeción de los Estados Unidos, que amenazó con aplicarle sanciones. Por otra parte, Turquía le vendió a Ucrania drones Bayraktar TB2, que están cumpliendo un rol fundamental en la defensa ucraniana. Además, haciendo uso de la Convención de Montreux de 1936, la cual otorga control sobre el paso de buques de guerra por los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo, que conectan el Mar Egeo, el Mar de Mármara y el Mar Negro, Ankara decidió prohibir el paso de buques rusos. El Convenio establece que, en tiempos de paz, los buques de guerra pueden pasar por los estrechos con una autorización diplomática. Pero en tiempos de guerra, Turquía puede prohibir el paso a los buques de guerra de las partes que se enfrentan.

La preocupación del gobierno turco se centra en el impacto que esto puede tener en su política doméstica. Una encuesta reciente encontró que casi el ochenta por ciento de los turcos cree que su país debería permanecer neutral en la guerra. Y Turquía se encuentra sumergida en una crisis económica que se hace sentir de manera cotidiana en el bolsillo de los turcos. Según cifras oficiales, la inflación interanual llegó al 48,7 porciento el mes pasado, su nivel más alto en veinte años. Sin embargo, economistas independientes aseguran que la inflación interanual subió más de 110 por ciento. Preocupa la pérdida de divisas que pueda generarse en el sector turístico, ya que los rusos y los ucranianos representan el 27 por ciento de los visitantes que eligen Turquía para veranear. También el suministro de algunos alimentos, ya que desde Rusia y Ucrania llega el doce por ciento de las importaciones en este sector. 

La cantidad de ucranianos que están llegando a Turquía también comienza a inquietar a los turcos. Desde el comienzo de los ataques más de veinte mil ucranianos llegaron al país. Se les permite ingresar con sus documentos de identidad y pueden permanecer hasta noventa días gracias a un programa de exención de visa. Según los informes, se están ampliando las instalaciones en las provincias fronterizas occidentales para apoyar a los recién llegados, mientras que el espacio aéreo turco permanece abierto para ayudar a las evacuaciones.

La pregunta es hasta qué punto Rusia tolerará el equilibrio que mantiene Turquía y si comenzará a percibir sus actitudes como hostiles. Si eso ocurriese, corren serio peligro los acuerdos alcanzados entre Moscú y Ankara en el noroeste de Siria, y la cooperación conseguida hasta ahora.

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