Recep Tayyip Erdogan, presidente turco y mediador en problemas.

Aunque es miembro de la OTAN, trata de mediar entre Rusia y Ucrania, y mantener relaciones con Moscú

La costa de Turquía fue testigo de una de las reuniones de alto nivel más importante para las negociaciones entre Rusia y Ucrania. La ciudad turística de Antalya fue el lugar elegido por el gobierno turco para el encuentro. El ministro de Exteriores Mevlut Çavusoglu tenía sus esperanzas puestas en que esta reunión sirviera para “avanzar hacia la paz”. El país anfitrión esperaba que sobre la mesa pudieran debatirse un cese al fuego por 24 horas, pero los resultados no fueron los esperados. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan se mostró públicamente dispuesto a mediar desde el inicio de este conflicto hace dos semanas, en el que también están involucrados Estados Unidos y la OTAN, de la que Turquía forma parte.

Si bien se mostraron dispuestos a seguir dialogando, los ministros de exteriores de Ucrania y de Rusia dispararon acusaciones cruzadas que hacen tambalear la vía diplomática que promueve Ankara. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, priorizó las negociaciones que se desarrollan en Bielorusia, mientras su homólogo Dimitro Kuleba lo acusó de haber acudido a la reunión sin capacidad de poder resolver la cuestión humanitaria y de querer la rendición ucraniana.

El trabajo de la cancillería turca para lograr la reunión de Antalya incluyó más de cuarenta llamadas telefónicas a diferentes representantes de la diplomacia mundial. El esfuerzo diplomático fue reconocido tibiamente por la UE. El gobierno de Erdogan se manejó como un equilibrista, pero teme que frente a una agudización del conflicto la posición equidistante que viene sosteniendo hace años entre Rusia y la OTAN se vuelva insostenible. A finales de 2015, después de que Turquía derribara un caza Su-24 en la frontera turcosiria, Moscú respondió con una batería de sanciones que impactaron en la economía turca. En un contexto de tensión con Occidente, y con el riesgo de quedar totalmente aislado, el gobierno turco utilizó esa oportunidad para abrir otra etapa en sus relaciones con Rusia.

Desde entonces y a pesar de las diferencias que existen entre ambos países en conflictos como Siria, Libia o el enfrentamiento Armenia-Azerbaiyán, se afianzaron los lazos comerciales. Esto le otorgó a Ankara cierta autonomía en relación a la OTAN al punto de adquirir los sistemas de defensa antimisiles rusos S400, lo cual le valió la objeción de los Estados Unidos, que amenazó con aplicarle sanciones. Por otra parte, Turquía le vendió a Ucrania drones Bayraktar TB2, que están cumpliendo un rol fundamental en la defensa ucraniana. Además, haciendo uso de la Convención de Montreux de 1936, la cual otorga control sobre el paso de buques de guerra por los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo, que conectan el Mar Egeo, el Mar de Mármara y el Mar Negro, Ankara decidió prohibir el paso de buques rusos. El Convenio establece que, en tiempos de paz, los buques de guerra pueden pasar por los estrechos con una autorización diplomática. Pero en tiempos de guerra, Turquía puede prohibir el paso a los buques de guerra de las partes que se enfrentan.

La preocupación del gobierno turco se centra en el impacto que esto puede tener en su política doméstica. Una encuesta reciente encontró que casi el ochenta por ciento de los turcos cree que su país debería permanecer neutral en la guerra. Y Turquía se encuentra sumergida en una crisis económica que se hace sentir de manera cotidiana en el bolsillo de los turcos. Según cifras oficiales, la inflación interanual llegó al 48,7 porciento el mes pasado, su nivel más alto en veinte años. Sin embargo, economistas independientes aseguran que la inflación interanual subió más de 110 por ciento. Preocupa la pérdida de divisas que pueda generarse en el sector turístico, ya que los rusos y los ucranianos representan el 27 por ciento de los visitantes que eligen Turquía para veranear. También el suministro de algunos alimentos, ya que desde Rusia y Ucrania llega el doce por ciento de las importaciones en este sector. 

La cantidad de ucranianos que están llegando a Turquía también comienza a inquietar a los turcos. Desde el comienzo de los ataques más de veinte mil ucranianos llegaron al país. Se les permite ingresar con sus documentos de identidad y pueden permanecer hasta noventa días gracias a un programa de exención de visa. Según los informes, se están ampliando las instalaciones en las provincias fronterizas occidentales para apoyar a los recién llegados, mientras que el espacio aéreo turco permanece abierto para ayudar a las evacuaciones.

La pregunta es hasta qué punto Rusia tolerará el equilibrio que mantiene Turquía y si comenzará a percibir sus actitudes como hostiles. Si eso ocurriese, corren serio peligro los acuerdos alcanzados entre Moscú y Ankara en el noroeste de Siria, y la cooperación conseguida hasta ahora.

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El presidente de Colombia, Iván Duque (segundo a la izquierda), se reunió ayer con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (derecha) en la Casa Blanca, y anunciaron, sin dar detalles, un próximo acuerdo migratorio.Foto Afp

 Bogotá ofreció al gobierno de Biden proveer petróleo ante la incertidumbre global de suministros y precios

 

Washington. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció ayer que designará a Colombia país aliado estratégico no miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), otorgando el estatus estratégico a un aliado clave en una turbulenta región en la que Washing-ton busca aislar a Rusia.

El mandatario estadunidense hizo el anuncio durante un encuentro en la Casa Blanca con su homólogo colombiano, Iván Duque, quien más tarde informó que ofreció petróleo colombiano a Biden, luego del viaje de funcionarios estadunidenses a Venezuela en el que se trató el tema de los energéticos.

"Colombia tiene más capacidades de suministrar hidrocarburos de la que tiene hoy Venezuela" , aseguró Duque en rueda de prensa, tras reunirse en la Casa Blanca con Biden. El mandatario colombiano dijo que planteó a Biden que Colombia puede y quiere ayudar a la estabilidad energética mundial, especialmente en medio de la incertidumbre de suministro y precios por la invasión rusa a Ucrania.

Estados Unidos busca formas de remplazar las importaciones de petróleo ruso, prohibidas por Biden tras la ofensiva de Moscú, y la Casa Blanca dijo que la "seguridad energética" fue parte de las conversaciones de una delegación estadunidense que viajó el fin de semana pasado a Caracas.

El estatus de aliado principal fuera de la OTAN es una designación otorgada por Estados Unidos a los aliados cercanos que tienen relaciones de trabajo estratégicas con Washington pero que no son miembros de la OTAN. Argentina obtuvo ese carácter en 1998 y Brasil en 2019.

Durante el encuentro los presidentes aseguraron que trabajarían para firmar un acuerdo regional sobre migración en la Cumbre de las Américas en junio en Los Ángeles. Colombia alberga actualmente a 1.9 millones de migrantes de la vecina Venezuela.

Biden agradeció Duque por condenar a nombre de Colombia la invasión de Rusia a Ucrania y reiteró que es una amenaza para la paz mundial.

"Me enorgullece anunciar que vamos a declarar a Colombia como uno de los principales aliados no miembro de la OTAN; este es el reconocimiento de la estrecha relación que existe entre nuestros países. Es nuestro aliado. Es una piedra angular para nuestros esfuerzos de crear un hemisferio próspero, seguro y democrático", declaró Biden al destacar el liderazgo de Duque para enfrentar la pandemia del covid-19, contrarrestar el impacto del cambio climático y atender la migración venezolana.

Biden también notificó una donación a Colombia de 2 millones de vacunas contra el covid-19 para inmunizar a los migrantes venezolanos, adicionales a los 5 millones de biológicos otorgados hace varios meses.

Después de la reunión con Biden, Duque reiteró ante periodistas que para Colombia, el presidente Nicolás Maduro, "es un dictador" y que coincide con Estados Unidos en que la solución a la situación de la nación petrolera es el retorno de la democracia.

La visita de Duque se produjo antes de las elecciones legislativas y las consultas presidenciales en Colombia, que se realizarán el domingo.

Varios candidatos de izquierda propusieron cambios en la piedra angular de la relación entre Estados Unidos y Colombia: la lucha contra el narcotráfico.

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Dirigentes de la Unión Europea se reunieron en el recinto histórico al oeste de París para reafirmar su apoyo a Ucrania; el encuentro culmina hoy. El primer ministro de Holanda, Mark Rutte, expuso, sobre la petición del presidente Volodymir Zelensky de ingreso de su nación a esa comunidad: no hay vía rápida para el acceso. Eso no existe. Foto Ap

El presidente francés y el canciller alemán piden declarar un alto el fuego de forma inmediata

 

Versalles. Dirigentes europeos descartaron ayer la demanda de Ucrania de adherir por un procedimiento expreso a la Unión Europea (UE), para responder a la invasión rusa del país, al tiempo que el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz, pidieron al mandatario ruso, Vladimir Putin, un cese el fuego inmediato durante una conversación telefónica.

"No hay una vía rápida para el acceso. Eso no existe", confirmó el primer ministro neerlandés, Mark Rutte, a su llegada al palacio de Versalles, donde se celebra desde ayer y hasta hoy una cumbre del bloque europeo para reafirmar su apoyo a Ucrania. El primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, sostuvo que "no podemos dar a los ucranios la impresión de que todo puede pasar en un día".

Macron recordó que, además de Ucrania, Georgia y Moldavia presentaron demandas de adhesión, aunque añadió que "cerrar la puerta" a las aspiraciones ucranias sería "injusto".

Europa, declaró Macron, "debe cambiar, cambió a costa de la pandemia y cambiará aún más rápido y con más fuerza bajo el impacto de la guerra" en Ucrania.

Las presiones ejercidas por el presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, para un acceso inmediato a la UE dejaron al descubierto divergencias en la Unión Europea, ya que el proceso normalmente lleva años y puede consumir hasta una década de negociaciones.

El último país en sumarse a la UE fue Croacia, en 2013; las negociaciones se iniciaron ocho años antes, en 2005. El proceso de adhesión de Turquía se arrastra sin pena ni gloria desde hace más de dos décadas, y está prácticamente paralizado desde 2016. Además, en la fila para ser admitidos están Albania, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia, a los que la UE por lo menos concedió el estatus de países "candidatos".

De acuerdo con un borrador de la declaración final de la cumbre al que Afp tuvo acceso, los líderes de la UE señalan que la agresión de Rusia a Ucrania constituye "un cambio tectónico en la historia de Europa".

Macron y Scholz pidieron un alto el fuego inmediato en Ucrania durante una conversación telefónica con Putin. La presidencia francesa señaló que cualquier solución a la crisis debe ser negociada entre Rusia y Ucrania. Los tres mandatarios acordaron mantener un contacto estrecho en los próximos días.

La UE, Francia y Gran Bretaña condenaron el ataque lanzado antier contra un hospital pediátrico de Mariupol, mientras el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, aseguró que Putin cometió "un grave error" al atacar a Ucrania y "va a perder esta guerra".

Según Trudeau, Putin "daba por hecho que las democracias tienen problemas para hacerse oír, pero en vez de eso, se encontró unión y nuestra feroz respuesta económica, que demuestra que las democracias pueden defender, y lo harán, los principios sobre los que están fundadas".

La Casa Blanca defendió la decisión de rechazar la oferta polaca para entregar cazas de combate a Ucrania. La portavoz Jen Psaki aseguró que se adoptó esa decisión para evitar "una guerra mundial".

Psaki señaló que Washington está centrado en "continuar apoyando a los ucranios" siendo su "mayor proveedor de asistencia militar, de seguridad y de asistencia humanitaria", al mismo tiempo que Kiev negocia con Moscú una salida negociada al conflicto.

A pesar de que el objetivo de Estados Unidos es "fortalecer" e "impulsar" a las fuerzas ucranias, Psaki señaló que Biden "nunca ha cerrado la puerta a la diplomacia", y reiteró que no se enviarán tropas al país eslavo incluso si se usan armas convencionales.

En otro revés en la arena diplomática para Zelensky, el pleno de la Knéset (Parlamento israelí) rechazó la solicitud de Ucrania para que su presidente pronuncie un discurso por videoconferencia ante el pleno de ese organismo, informaron ayer los sitios de noticias Ynet y Walla.

El embajador ucranio en Israel, Yevgen Korniychuk, presentó una solicitud al presidente de la Knéset, Mickey Levy, quien comunicó que el Congreso comenzó su receso ayer y le sugirió a cambio una discusión en línea más reducida con algunos parlamentarios. Zelensky no aceptó la contraoferta.

Zelensky ya ha hablado ante los parlamentos de Reino Unido, la Unión Europea y Canadá.

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Lavrov y Kuleba. . Imagen: AFP

El encuentro entre los cancilleres de ambos países se desarrolló en Turquía

Aunque no se anunciaron resultados concretos en cuanto a treguas y corredores humanitarios, los diplomáticos acordaron "seguir las negociaciones con este formato".

La reunión de los ministros de Exteriores de Ucrania y Rusia, el encuentro de más alto nivel desde que empezó la invasión rusa hace dos semanas, se cerró sin avances para acordar treguas y corredores humanitarios. Luego de apenas dos horas, el canciller de Ucrania, Dmitro Kuleba, y el de Rusia, Serguei Lavrov, terminaron la reunión que mantuvieron este jueves en la ciudad turca de Antalya sin más acuerdo que el de mantener abierto el diálogo. 

Kuleba dijo que Rusia parece determinada a continuar con su ofensiva, que tras dos semanas sigue avanzando y se aproxima a las puertas de Kiev, pero que pese a esto y a que la reunión fue difícil, Ucrania está lista para continuar las conversaciones "con este formato". Por su parte Lavrov negó que en el hospital infantil de Mariupol, que fue atacado el miércoles, hubiera pacientes y acusó "a los medios occidentales" de estar presentando únicamente "el punto de vista ucraniano".

Negociación estancada

Kuleba, que aseguró haber acudido a Turquía para negociar especialmente un pasillo para evacuar la ciudad de Mariupol, asediada por las tropas rusas, achacó el fracaso a que su interlocutor no tenía autoridad para asumir compromisos. "Hablamos de un alto el fuego de 24 horas para resolver los asuntos humanitarios más urgentes. No hemos hecho progresos porque, al parecer, en Rusia hay otras personas que deciden eso", dijo el ministro ucraniano. 

Lavrov, por su parte, reiteró las condiciones para frenar la guerra: la desmilitarización y la llamada desnazificación de Ucrania. El canciller ruso dijo que su país estaba dispuesto a seguir conversando en el mismo formato de los tres primeros encuentros en Bielorrusia y que una reunión entre Putin y el mandatario ucraniano, Volodimir Zelenski, estaba por ahora descartada.

Respondiendo a los periodistas tras el encuentro, Lavrov aseguró que "Rusia no planea atacar a otros países y no atacó a Ucrania" sino que respondió a "amenazas directas" contra su seguridad. El ministro también criticó las "peligrosas" entregas de armas de los países occidentales a Kiev. "Quienes atiborran de armas a Ucrania tienen que entender, por supuesto, que cargarán la responsabilidad de sus actos", advirtió en ese sentido.

Cruces por el ataque en Mariupol

El encuentro de los ministros ruso y ucraniano en Turquía se produjo un día después del supuesto bombardeo contra un hospital infantil de Mariupol, en el sureste del país, un puerto estratégico en el mar de Azov que está asediado por Rusia. Al menos tres personas, entre ellas una niña, murieron en el ataque según el último balance de las tropas ucranianas.

Las imágenes generaron un repudio mundial instantáneo. La Casa Blanca denunció un uso "salvaje" de la fuerza y la Unión Europea lo consideró un "crimen de guerra odioso". El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, acusó a Rusia de cometer probablemente "crímenes de guerra" por atacar "a la sociedad civil de una manera indiscriminada".

Pero el canciller Lavrov salió este jueves al cruce de las acusaciones y aseguró que el hospital servía de base para un batallón nacionalista. "Todas las mujeres que iban a dar a luz, todas las enfermeras y todo el personal de apoyo habían sido expulsados", sostuvo Lavrov, quien denunció a los medios europeos por presentar únicamente el punto de vista ucraniano e insistió en que "hay una rusofobia en todo Occidente dirigida desde Estados Unidos".

Según el ministro, el gobierno ruso presentó documentos al Consejo de Seguridad de la ONU en una reunión celebrada en marzo que corroboran que este centro hospitalario estaba en manos de un batallón nacionalista extremo llamado Azov y otras organizaciones radicales. Sus integrantes habían expulsado del hospital a todos los pacientes alojados en él, además del personal sanitario y de servicio, explicó Lavrov.

Las tropas rusas siguen avanzando hacia Kiev

Al cumplirse quince días desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, las fuerzas ucranianas continúan resistiendo la ofensiva desde distintas direcciones mientras varios miles de civiles han podido ser evacuados de otras ciudades, especialmente en el norte, gracias a los corredores humanitarios pactados entre las partes. 

Tanques rusos llegaron a los límites del nordeste de Kiev, después de haber entrado en la periferia norte y oeste. En dos semanas de ofensiva la mitad de la población de la capital ucraniana se ha marchado, dijo el alcalde Vitali Klitschko. Este jueves quedaban en la capital algo menos de dos millones de personas. 

A cinco kilómetros de Kiev, la localidad de Velyka Dymerka fue objetivo de los cohetes rusos Grad. En tanto, el corredor humanitario acordado entre Ucrania y Rusia para evacuar a la ciudad de Mariupol se encuentra totalmente bloqueado. Allí "la gente ha empezado a pelearse por la comida", según una representante del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

"Todas las tiendas y las farmacias fueron saqueadas hace cuatro o cinco días. Algunas personas todavía tienen comida, pero no sé cuánto durará", afirmó Sasha Volkov desde Mariupol, en una grabación de audio enviada a los medios. Desde hace varios días, los habitantes de esta ciudad portuaria se encuentran privados de gas, agua y electricidad.

Asistencia a Ucrania y más sanciones a Rusia

Desde el inicio de la invasión, Estados Unidos y sus socios de la OTAN apoyan a Kiev pero evitan implicarse directamente en el conflicto. El miércoles, Washington rechazó definitivamente la oferta de Polonia para hacer llegar aviones de combate a las tropas ucranianas. Sin embargo, la Cámara de Representantes de Estados Unidos adoptó un nuevo presupuesto federal que incluye una partida de casi 14 mil millones de dólares para ayuda a Ucrania, en forma de asistencia humanitaria, pero también armas y municiones.

En Rusia, las sanciones occidentales empiezan a pesar en la población. Las últimas empresas extranjeras en marcharse del país fueron los gigantes japoneses de videojuegos, Sony y Nintendo. El presidente Vladimir Putin advirtió que las sanciones pueden provocar un aumento de la inflación mundial por la suba de los precios de los alimentos, ya que Rusia no podrá exportar suficientes fertilizantes. Por ahora, el mandatario dijo que Rusia mantendrá todas sus entregas de hidrocarburos a pesar del conflicto y destacó que la economía local "se está adaptando a la nueva situación".

"Estamos cumpliendo todas nuestras obligaciones en materia de suministro de energía", subrayó Putin en una reunión de gobierno. El presidente ruso insistió en que "todos los volúmenes" se estaban entregando a Europa y a otros lugares y que "el sistema de transporte de gas de Ucrania está lleno al cien por ciento", constituyendo esta red de gasoductos una de las arterias clave del gas para abastecer al continente europeo, del que el 45 por ciento proviene de Rusia.

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Los cancilleres de Ucrania y Rusia se reunirán en Turquía

Es el primer encuentro de alto rango desde que empezó la invasión rusa. Se realizará este jueves en el marco del Foro Diplomático de Antalya.

 

Los ministros de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, y de Rusia, Serguéi Lávrov, ya se encuentran en Antalya, balneario ubicado en la costa mediterránea de Turquía.

La reunión tripartita, iniciativa del canciller turco Mevlüt Cavusoglu, es la primera reunión de alto rango entre Rusia y Ucrania desde el comienzo de la invasión. Las anteriores rondas de negociación habían reunido a delegaciones de menor rango en Bielorrusia para tantear las posibilidades de un alto el fuego o para acordar corredores humanitarios en diferentes regiones de Ucrania.

Cavusoglu también participará en la reunión. El escenario elegido fue el de los márgenes del Antalya Diplomatic Forum, una iniciativa del gobierno turco que celebró su primera edición a mediados del año pasado y reunirá a cancilleres, líderes políticos, diplomáticos, formadores de opinión y académicos de todo el mundo.

Turquía pertenece a la OTAN, ha vendido aviones no tripulados a Kiev y ha firmado un acuerdo de coproducción. Se opone, además, a las políticas rusas en Siria y Libia, así como a la anexión de Crimea en 2014. Sin embargo, no se sumó a las sanciones económicas a Rusia impulsadas por Estados Unidos.

Qué hay sobre la mesa

Rusia llega a Antalya con las mismas exigencias que motivaron la invasión: la neutralidad y desmilitarización de Ucrania el reconocimiento por parte de Ucrania de la soberanía rusa sobre la península de Crimea y el reconocimiento de la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, recientemente otorgado por Moscú.

Por su parte, como señaló el ministro de exteriores en un video que circuló en las redes, Kiev exige "el alto al fuego, la liberación de nuestros territorios y la solución sin condiciones de todos los problemas humanitarios y las catástrofes causadas por el ejército ruso".

En una entrevista para la cadena ABC News, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski dijo que "Estoy listo para el diálogo, pero no para rendirnos. Creo que respecto a los puntos relativos a los territorios temporalmente ocupados y a las pseudo-repúblicas no reconocidas por nadie más que por Rusia, podemos discutir y encontrar un compromiso sobre cómo seguirán viviendo estos territorios".

Con respecto a la relación de Ucrania con la OTAN, Zelenski reconoció que la alianza "no está preparada para aceptar a Ucrania" y aseguró haber "rebajado" sus expectativas.

La cuestión nuclear

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, también fue invitado a Antalya. Su invitación se da en el marco de la información cruzada respecto a la seguridad de las instalaciones nucleares, como en Chernóbil.

En un comunicado del organismo, Grossi afirmó que "En las reuniones que se celebren allí, espero avanzar en la cuestión urgente de garantizar la seguridad de las instalaciones nucleares de Ucrania. Tenemos que actuar ahora".

Jueves 10 de marzo

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El primer ministro de Israel, Naftalí Bennett, hablando durante una conferencia hoy en Jerusalén. — EFE

El primer ministro Naftalí Bennett ha realizado un viaje sorpresa a Moscú que es el primero de un mandatario occidental desde el estallido de la guerra en Ucrania. Su intervención, sin embargo, se revela de momento insuficiente puesto que la resolución del conflicto depende directamente del presidente Joe Biden, quien no parece muy interesado en frenar el deterioro político que la guerra implica para Vladimir Putin.

 

 La visita relámpago del primer ministro Naftalí Bennett a Moscú ha suscitado una larga serie de revelaciones y comentarios en los medios hebreos, que destacan que es la primera visita de alto rango de un mandatario occidental desde que se inició la invasión rusa de Ucrania y marca un punto positivo tanto para el prestigio de Bennett como para el de Israel.

Una evaluación interesante la proporcionó el domingo el Canal 13 contradiciendo las informaciones aparecidas en Occidente en el sentido de que Putin no está en sus cabales e incluso está perdiendo el criterio y el sentido de la realidad, información surgida en EEUU y que ha quedado registrada en distintos medios de ese país y de Europa.

Una "fuente cercana a Bennett" comunicó al Canal 13 que durante el encuentro del sábado, que se prolongó durante tres horas, Vladimir Putin "no se mostró partidario de la teoría de la conspiración ni irracional, ni sufrió ataques de ira", dando la impresión de controlar la situación, en contraste con lo señalado en los medios occidentales.

Bennett comunicó primero sus intenciones a la Casa Blanca y a los líderes de Alemania y Francia, con quienes volvió a hablar después de la reunión, lo que confiere a Bennett una aureola que le beneficia tanto dentro de su país como a nivel internacional. Sin embargo, es evidente que a diferencia de Ucrania, Rusia ve con cierta prevención sus movimientos y no acaba de fiarse de él.

El mismo Canal 13 señaló el domingo que Bennett no presentó a su interlocutor un plan propio de mediación, sino que se limitó a transferir mensajes entre las partes en conflicto. Otros medios agregaron que Putin dejó claro que no se detendrá la operación militar sino que esta continuará, en paralelo a las negociaciones, hasta que se aprueben sus demandas.

En el entorno de Bennett se comentó igualmente que la administración de Joe Biden considera que Putin está usando al primer ministro israelí para ganar legitimidad internacional después de haberla perdido desde el inicio de la invasión. A pesar de todo, Washington no le impidió viajar a Moscú.

dejó claro que las hostilidades no se detendrán hasta que no se garantice a Moscú la desmilitarización de Ucrania. Esta es su principal demanda, aunque existen otros temas importantes para el presidente ruso, como el futuro de la región del Donbas, de mayoría rusa, y la situación jurídica de la península de Crimea, también de mayoría rusa, que Moscú se anexionó en 2014.

En círculos políticos de Israel se subrayó que no hubo fotografías ni antes ni después del encuentro. Aparentemente, Bennett declinó las fotografías puesto que es religioso y el encuentro se desarrolló durante el shabat, el día de descanso judío. Bennett viajó a Moscú durante el shabat, algo que tienen prohibido los judíos religiosos salvo en el caso de que se violen los preceptos con la intención de salvar vidas, como sería este caso.

Históricamente, ha habido rabinos que han precisado que solo se pueden violar los preceptos del shabat si es para salvar vidas de judíos, mientras que otros rabinos señalan que también se pueden violar para salvar vidas de no judíos, es decir de gentiles o goyim.

El Canal 12 indicó que Moscú ha comunicado a Israel por vía diplomática que Rusia no quiere asesinar al presidente Volodymyr Zelensky a pesar de que sabe cuál es su paradero. Su intención sería capturarlo vivo y procesarlo como responsable de haber desencadenado la guerra. Según medios occidentales, Zelensky habría sufrido tres intentos de asesinato en los últimos diez días.

En Israel se da por descontado que Bennett, de 50 años, ha logrado mejorar su imagen tanto dentro como fuera del país, lo que redundará en la percepción política que se tiene de él como líder de un partido que apenas posee una simbólica representación en la Kneset y que por las circunstancias reinantes consiguió llegar a primer ministro hace nueve meses gracias una carambola.

El último sondeo realizado el 15 de febrero desvela que su partido, Yamina, no solo no mejoraría los resultados de las últimas elecciones sino que caería de seis a cuatro escaños si las elecciones se celebraran ahora, una representación simbólica, la mínima que puede obtenerse en las elecciones. Esta tendencia obedece probablemente a su falta de carisma.

El carácter secreto del viaje quedó de manifiesto solo unas horas después de su llegada a Moscú, cuando la oficina del primer ministro emitió un comunicado indicando que en ese momento ya estaba reunido con Putin en el Kremlin. Los israelíes recalcaron que el viaje obedecía a una petición de Alemania, Francia y Ucrania, y contaba con la bendición de Washington.

Bennett habló después con Zelensky en al menos tres ocasiones. El mandatario ucraniano confirmó en las redes sociales que había un "diálogo" con Bennett, aunque en Kiev no eran optimistas al respecto y Zelensky "no había oído nada nuevo de Bennett que cambie la situación". Algunos medios hebreos recalcaron que Zelensky es judío y mantiene excelentes relaciones con Israel.

El veterano periodista del Yediot Ahronot Ron Ben-Yishai reveló que en las conservaciones telefónicas posteriores al encuentro con Putin, Zelensky se mostró "muy escéptico" con la maniobra de Bennett. Existe la impresión de que cualquier avance en la buena dirección depende únicamente de la actitud de Biden, quien habría optado por forzar un mayor desgaste de Putin y no estaría por la labor de garantizar una Ucrania desnuclearizada.

jerusalén

08/03/2022 07:44

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Estados Unidos analiza permitirle a Venezuela exportar petróleo

Washington busca aislar aún más a Rusia en medio de la invasión a Ucrania

Una delegación encabezada por el principal asesor de la Casa Blanca para América latina y el embajador en Venezuela habló con Maduro este fin de semana en Caracas.

Funcionarios de Estados Unidos y Venezuela discutieron este fin de semana la posibilidad de aliviar las sanciones petroleras al país caribeño, aunque lograron pocos avances hacia un acuerdo en su primera reunión bilateral de alto nivel en años. Una delegación estadounidense encabezada por Juan González, el principal asesor de la Casa Blanca para América latina, y James Story, embajador en Venezuela, sostuvo conversaciones en el palacio de Miraflores con el presidente Nicolás Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, buscando determinar si Caracas está preparada para distanciarse de Rusia, uno de sus principales aliados, en medio de la operación militar en Ucrania.

El gobierno de Estados Unidos pone sobre la mesa una posible reducción de las sanciones a Venezuela que permitiría a este país, entre otras cosas, producir más petróleo y venderlo en el mercado internacional, con el objetivo indirecto de aislar aún más al gobierno de Vladimir Putin. Mientras tanto, Washington sigue considerando a Venezuela una "amenaza a la seguridad nacional y la política exterior" de acuerdo una orden ejecutiva de 2015 que acaba de ser extendida por el presidente Joe Biden.

El petróleo como eje del diálogo

Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas con Venezuela y cerró su embajada en Caracas en 2019, después de acusar Maduro de fraude electoral en las elecciones presidenciales. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania está llevando a Estados Unidos a prestarle una mayor atención a los aliados del presidente Putin en América latina, que Washington considera que podrían convertirse en amenazas a la seguridad si el enfrentamiento con Rusia se profundiza, según estimaron funcionarios estadounidenses citados por el New York Times.

Estados Unidos también busca garantizar suministros alternativos de petróleo en caso de decidir sanciones más amplias a la industria energética de Moscú. Washington impuso en 2019 sanciones sobre el petróleo venezolano, lo que ha derivado en una dependencia mayor de Moscú. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, reveló el domingo que tanto su país como sus aliados europeos valoran la posibilidad de un embargo total sobre el petróleo ruso.

Los pedidos de ambas partes

El gobierno venezolano aprovechó las conversaciones del fin de semana para exigir el alivio de las sanciones económicas, mientras que Washington buscó garantías de elecciones presidenciales libres, reformas amplias de la industria petrolera de Venezuela para facilitar la producción y las exportaciones de empresas extranjeras y la condena pública a la invasión de Ucrania. El pasado 25 de febrero, el gobierno de Venezuela culpó a Estados Unidos y la OTAN por el conflicto en Ucrania, aunque expresó "preocupación por el empeoramiento de la crisis".

Una concesión de Estados Unidos sería permitir que Venezuela use temporalmente el sistema SWIFT, el cual facilita transacciones financieras entre bancos de todo el mundo. Para Maduro lo primordial es el levantamiento total de las sanciones que prohíben exportar petróleo venezolano así como las que están dirigidas a funcionarios del gobierno, de acuerdo al diario El Nacional.

En la reunión, los funcionarios estadounidenses también reiteraron su demanda por la liberación de seis exfuncionarios de la petrolera Citgo detenidos en Venezuela. Pero no se ofreció ningún tipo de canje que involucre a un aliado clave de Maduro, el empresario colombiano Alex Saab detenido en Estados Unidos. Se trata de una demanda del mandatario venezolano para volver a México, donde sostenía conversaciones con la oposición venezolana.

Miembros del equipo del jefe de la oposición venezolana, Juan Guaidó, solo fueron notificados sobre la reunión entre altos funcionarios de Washington y Caracas el sábado por la mañana. Guaidó fue reconocido por Estados Unidos y otros países como el presidente interino de Venezuela después de que consideraran que la reelección de Maduro en 2018 fue fraudulenta, pero varias naciones le han retirado ese reconocimiento en los últimos tiempos.

"Amenaza de seguridad nacional"

En los instantes previos al inicio de las reuniones entre ambos países, el gobierno venezolano repudió la nueva extensión de la "Orden Ejecutiva" del ocho de marzo de 2015, firmada por el entonces presidente Barack Obama y ahora continuada por Joe Biden, que define al país del Caribe como una amenaza a su seguridad nacional.

Un comunicado de la Cancillería de Venezuela advierte que, tras siete años de "agresiones injustificadas", la orden es "la excusa para que la Casa Blanca continúe aplicando las criminales medidas coercitivas unilaterales, que se constituyen en crímenes de lesa humanidad contra los derechos humanos de los venezolanos y venezolanas".

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¿Qué papel cumple Bielorrusia en la invasión de Ucrania?

El presidente de Bielorrusia, Aleksander Lukashenko, puede estar fingiendo tercamente que su país no tiene ningún papel en la invasión rusa de Ucrania, pero ha sido suya la decisión de bailar al ritmo de Moscú.

 

Fue a fines de noviembre del año pasado cuando Aleksander Lukashenko anunció públicamente por primera vez que se pondría del lado de Rusia si hubiese una guerra con Ucrania. Durante varios meses, su régimen ha intensificado sin pausa su retórica sobre la situación en las fronteras del sur de Bielorrusia, dando rienda suelta a la histeria y reiterando su apoyo a la invasión de Vladímir Putin.

Si bien el gobierno bielorruso ha tenido durante años una relación cercana, en realidad de subordinación, a Moscú, ha buscado un equilibrio con Occidente para obtener beneficios financieros y políticos de ambos lados. Pero las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia y sus represión brutal que las sucedió han sacudido la legitimidad del régimen de Lukashenko y lo han dejado aislado de las instituciones occidentales por sus fraudes electorales y represiones policiales, con lo que Lukashenko se vio obligado a recurrir cada vez más a Putin en busca de apoyo.

Apenas 18 meses atrás, Bielorrusia buscaba el diálogo sobre el este de Ucrania, e incluso llegar a actuar como país mediadora. Sin embargo, desde finales del año pasado, la amenaza de guerra en Ucrania se ha convertido en una excelente distracción para las dificultades del régimen, lo que le permite apuntalar su imagen pública. Pero, ahora, a medida que los acontecimientos se descontrolan, la guerra podría ser un telón de fondo en el que la soberanía de Bielorrusia finalmente termine en manos de Rusia.

En la mañana del 24 de febrero, las tropas rusas comenzaron a invadir Ucrania atravesando también Bielorrusia. Lukashenko rompió una de sus promesas más difundidas: durante años había asegurado que Ucrania nunca sufriría un ataque desde su país.

El mapa de las hostilidades actuales demuestra que Rusia tiene la ventaja de poder atacar a Ucrania desde la frontera con Bielorrusia. Gracias a Lukashenko, las tropas rusas están amenazando directamente a Kiev en un momento en que las fuerzas que ingresaron al país directamente desde Rusia o Crimea con el fin de llegar a la capital han quedado varadas. Bielorrusia se ha convertido en un conducto tanto para la invasión terrestre de Ucrania como para los ataques aéreos y con cohetes, mientras que los soldados rusos heridos son enviados a hospitales en la región bielorrusa de Gomel para ser atendidos. Este tipo de papel tiene una interpretación bastante inequívoca: según la Resolución 3314 de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de diciembre de 1974, las acciones de un Estado que proporciona su territorio para ser utilizado para un acto de agresión contra un tercer país también son calificadas como agresión militar.

El teatro de Lukashenko

Si bien en un principio expresó abiertamente su apoyo a la invasión, el tono de Lukashenko en los últimos días ha sido inusualmente menos enérgico.

En el mes previo a la invasión, el presidente bielorruso habló sobre la guerra en prácticamente todos los discursos que pronunció. A veces, su retórica era mucho más dura y agresiva que la de los propios líderes rusos. Inspeccionó instalaciones militares, abogó por lanzar ataques con misiles contra Ucrania e incluso insinuó el uso de tropas. También prometió que la guerra duraría «tres a cuatro días como máximo», amenazando con que las tropas llegarían al Canal de la Mancha.

Pero con la invasión en marcha, Lukashenko ha pasado su tiempo visitando hospitales y yendo a esquiar, mientras pide el fin del conflicto. También se ofreció como anfitrión para conversaciones de paz.

Por supuesto, sigue culpando a los líderes ucranianos de haber comenzado la guerra. Lanzó insultos al presidente ucraniano Volodímir Zelensky, apoyó las acciones del Kremlin e instó a Ucrania a aceptar todas las condiciones rusas para la paz. Al mismo tiempo, sin embargo, ha intentado presentarse como una paloma que quiere evitar la matanza. «Lo principal es que no muera gente», dijo a los periodistas después de haber ido a esquiar el 26 de febrero, el tercer día de la invasión.

El presidente bielorruso camina por la cuerda floja. No puede simplemente permanecer en silencio, pero parece reacio a involucrarse en el conflicto y dice que no hay tropas bielorrusas en Ucrania. Aunque inmediatamente acota que si Bielorrusia y Rusia lo necesitan, las tropas ingresarán en Ucrania. También se contradijo al afirmar que desde el territorio de Bielorrusia no se habían lanzado operaciones militares contra Ucrania, mientras que en el mismo discurso admitió que desde se habían efectuado ataques con misiles desde su territorio.

En declaraciones a la prensa, Lukashenko fingió sorpresa por el hecho de que Bielorrusia sea considerada partícipe de la invasión, al tiempo que atribuyó esa afirmación a la comunidad internacional. Sin embargo, durante una reunión con los jefes de seguridad bielorrusos a la que convocó en las primeras horas de la guerra, Lukashenko usó una frase que explica totalmente estas contradicciones: «De ninguna manera debemos involucrarnos en la mierda, ni convertirnos en traidores».

Dicho de manera sencilla, Lukashenko no quiere verse envuelto en una guerra a gran escala, pero tampoco puede convertirse en un traidor a los ojos de Putin. Ambas opciones serían desastrosas para él.

La amenaza de división

El comportamiento de Lukashenko en los primeros días de la guerra es explicable: todavía está al tanto del estado de ánimo de la sociedad bielorrusa.

La máquina de propaganda del régimen bielorruso ha pregonado durante mucho tiempo el eslogan «Que nunca más haya una guerra». De hecho, lo ha pregonado hasta el absurdo, hasta el punto de que se convirtió en una piedra angular de la ideología estatal. Las personas que apoyaban a Lukashenko, o que al menos eran indiferentes a su régimen, justificaban todo lo que sucedía refiriéndose a esta idea. «Sí», dirían los partidarios de Lukashenko, «vivimos en la pobreza y no se respetan nuestros derechos. Pero nuestros soldados no mueren en las guerras de otros pueblos».

Aquí, debe entenderse que la actitud de los bielorrusos difiere notoriamente de la de los rusos. Según varias encuestas, entre la mitad y dos tercios de los encuestados rusos apoyan, de una forma u otra, la guerra con Ucrania.

Mientras tanto, una encuesta realizada por Chatham House entre la población bielorrusa encontró que 11%-12 % de los encuestados apoyaba la participación del país en la guerra y solo 5% apoyaba el envío de tropas bielorrusas a Ucrania. Y eso en un contexto de frágil respaldo: esa misma encuesta sugiere que 27% de los encuestados apoya al régimen actual.

Así pues, la gran mayoría de los bielorrusos considera absolutamente inaceptable la idea de involucrar a Bielorrusia en la guerra; la participación del país, por lo tanto, no solo dividiría al electorado que apoya a la dictadura, sino que, en última instancia, podría provocar una división en el propio régimen. Lukashenko es muy consciente de este riesgo. Le es imposible aparecer como agresor o participar en un conflicto armado.

Pareciera que el presidente esperaba que la escalada rusa se limitara a extorsionar a Ucrania y que no se transformara en un conflicto armado. Y que, si la situación derivaba en una guerra, se la consideraría meramente una «operación especial» (como la llaman los rusos) y Ucrania caería rápidamente y sin mayor derramamiento de sangre.

Lukashenko habría estado bastante satisfecho con un permanente equilibrio al borde de la guerra. Esta sería quizás una forma ideal de existencia para el régimen bielorruso en su estado actual, lo que explica por qué las autoridades fomentaron con tanto entusiasmo la histeria militar a finales de enero y principios de febrero a pesar de que una guerra real no estaba aparentemente dentro de los planes de Lukashenko.

El intento de Macron

Después de la invasión de Rusia a Ucrania desde territorio bielorruso, algunos analistas preguntaron: ¿puede Bielorrusia ser ahora considerada acaso una potencia soberana? ¿Es Lukashenko capaz de tomar decisiones de manera independiente o está bajo el control total de Putin? El mismo Lukashenko da motivos en repetidas ocasiones para estas preocupaciones, cuando hace referencia a la opinión del Kremlin cada vez que hace comentarios públicos sobre algún tema fundamental, ya sea el despliegue de tropas rusas en Bielorrusia o la participación en la guerra. Durante la visita a Moscú del 18 de febrero prometió incluso consultar con su «hermano mayor» (Rusia) sobre su futuro político.

Mientras tanto, el 26 de febrero, el presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo una conversación telefónica con Lukashenko para exigir la retirada de las tropas rusas de Bielorrusia e instar a Minsk a abandonar la subordinación a Moscú y dejar de ayudarlo en la guerra contra Ucrania. En otra situación, Lukashenko habría sacado partido de la atención que ha concitado en Occidente para aprovecharse de su confrontación con Rusia y lograr concesiones en el tema de las sanciones contra su país. Eso es exactamente lo que sucedió en 2014-2015, cuando se distanció hábilmente de las acciones del Kremlin en Crimea y Donbas, y luego se reconcilió con Europa.

Pero ahora Lukashenko depende completamente del apoyo del Kremlin y no puede escapar de este conflicto de manera unilateral. Cualquier intento de desviarse del rumbo de Moscú sería percibido por Putin como una traición, y la existencia del régimen de Lukashenko dejaría de tener sentido para el presidente ruso. La misión de Macron estaba destinada al fracaso desde el principio.

El destino de Lukashenko ahora está indisolublemente ligado al de Putin. Junto con Putin, también es objeto de sanciones occidentales sin precedentes. Sin embargo, las sanciones y el aislamiento no son las peores amenazas que enfrenta el presidente bielorruso.

Movimiento antibélico

A fines de la semana pasada, surgieron rumores de que Bielorrusia pronto tomaría parte activa en la agresión rusa. En la tarde del 27 de febrero, el Centro de Estrategias de Defensa de Ucrania, un grupo de expertos, informó que Lukashenko tomaría una decisión inminente sobre el uso de tropas bielorrusas para invadir Ucrania.

La aparición de noticias tan alarmantes coincidió con las protestas antibélicas en Bielorrusia, que habían sido anunciadas anteriormente por la líder opositora Svetlana Tijanóvskaya, actualmente exiliada. La gente comenzó a reunirse en los lugares donde debía votar un referéndum constitucional que permitiría a Rusia almacenar armas nucleares en Bielorrusia, y las protestas se extendieron al centro de Minsk. Miles coreaban «No a la guerra», «Gloria a Ucrania» y pronunciaban discursos insultantes sobre Putin. Por lo menos 800 personas fueron detenidas y se abrieron causas penales contra varios manifestantes. Con todo, estas fueron las primeras protestas de magnitud en Bielorrusia desde principios de 2021. Tras un año y medio de terror político total, las protestas remarcaban la gran oposición a la guerra y al papel de Bielorrusia en ella.

Cuánta fuerza cobrará el movimiento antibélico en Bielorrusia dependerá de cuán lejos llegue Lukashenko en esta guerra. Los líderes de la oposición han pedido a los bielorrusos que vuelvan a tomar las calles y bloqueen las vías ferroviarias para evitar que las tropas rusas se muevan. Tijanóvskaya declaró que el siguiente paso sería prepararse para una huelga de los trabajadores bielorrusos contra la guerra. Pavel Latushka, otro líder de la oposición, instó al personal militar bielorruso a no cumplir «órdenes criminales» y a los reclutas bielorrusos a eludir el servicio militar obligatorio o tomar las armas para luchar contra el «dictador loco».

Último intento

En este contexto, Lukashenko hizo un intento desesperado de transformar su papel en el conflicto actuando de anfitrión de las conversaciones entre Rusia y Ucrania el 27 de febrero.

La iniciativa en sí parecía una pobre imitación de un proceso de negociación. En primer lugar, era obvio que Gomel, un lugar utilizado como base por las tropas rusas, no era el mejor sitio para las negociaciones. En segundo lugar, la parte rusa informó a Ucrania que ya habían llegado para conversar y estaban esperando, en un intento de hacer quedar a la delegación ucraniana como renuente a las negociaciones y, por lo tanto, a Ucrania como instigadora de la guerra. Los líderes ucranianos respondieron que no había habido acuerdo sobre una reunión en Gomel: no estaban satisfechos con el lugar y consideraban inaceptables las condiciones impuestas por Rusia (el requisito de deponer las armas).

Cuando quedó claro que los ucranianos no irían a Gomel y que la delegación rusa regresaría pronto a Moscú, Lukashenko llamó a Zelensky, a quien había insultado apenas un par de horas antes. Al final, acordaron que la reunión finalmente se llevaría a cabo, aunque no en Gomel, sino cerca de la frontera entre Bielorrusia y Ucrania, en la cuenca del río Prípiat. Según su servicio de prensa, Lukashenko persuadió a Putin de que no llamara a la delegación rusa y se celebrara una reunión.

Como era predecible, las conversaciones no llegaron a nada. Sin embargo, el comportamiento de Lukashenko en torno de este episodio es digno de remarcar. Aparentemente, anhela regresar a una época en la que se presentaba con éxito en el escenario internacional como un pacificador. Pero es demasiado tarde, él ya está involucrado en este conflicto. De hecho, existe una amenaza real de que el ejército bielorruso pronto se una a la invasión rusa. 

El 28 de febrero, el mismo día de las conversaciones de paz, el ejército ucraniano informó que las tropas bielorrusas habían comenzado a desplegarse en la frontera compartida por los dos países. Y varios medios ucranianos informaron que se identificaron tropas bielorrusas cerca de la ciudad de Chernigov en el norte de Ucrania.

Dicho esto, lo que sucedió durante las negociaciones es importante. En la conversación entre Zelensky y Lukashenko, la tarde del 27 de febrero, se dieron las siguientes garantías a la parte ucraniana: mientras las delegaciones viajaban a Bielorrusia y continuaban las negociaciones, todos los aviones, helicópteros y misiles rusos desplegados en territorio bielorruso permanecerían en tierra. Tanto Zelensky como el servicio de prensa de Lukashenko mencionaron estas promesas. Pero las garantías se rompieron. Esa noche se informó que nuevos ataques a las ciudades ucranianas de Yitomir yChernigov con misiles rusos Iskander salidos de territorio bielorruso.

Algunos verán las acciones de Lukashenko como una traición. Pero es más probable que estemos hablando de una situación en la que el presidente bielorruso no tiene control sobre las acciones del ejército ruso que se encuentra en territorio de su país. Este es el precio que ha pagado Lukashenko por aferrarse al poder: la pérdida de soberanía y haber sido arrastrado a una guerra.

Nota: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Open Democracy. Puede verse aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca.

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Maduro y Biden, el único encuentro durante la investidura de la mandataria brasileña, Dilma Rousseff años atrás.

El diario estadounidense The New York Times (NYT) informó el sábado que varios funcionarios de alto rango estadounidenses viajarán a Venezuela este fin de semana en una visita que se produce tres años después de que Washington rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Nicolás Maduro y cerró su embajada en Caracas en 2019, luego de reconocer al líder opositor, Juan Guaidó, como presidente de Venezuela.


EEUU podría estar buscando crear una brecha entre Rusia y Venezuela

El diario estadounidense afirma que cuando Estados Unidos y sus aliados empezaron a barajar este mes la posibilidad de imponer sanciones a las exportaciones rusas de petróleo y gas por su operación miliar en Ucrania, destacados políticos afiliados a los dos principales partidos estadounidenses señalaron a Venezuela como posible sustituto del crudo ruso.

Un informe señaló la participación de los republicanos en las conversaciones sobre la reanudación del comercio de petróleo con Venezuela, haciendo alusión al excongresista Scott Taylor, quien está trabajando con Robert Stryk, un cabildero de EE.UU., para negociar con el Gobierno de Maduro a fin de importar petróleo de Venezuela.

Taylor consideró el viernes en un comunicado que un posible reinicio del comercio con Caracas es una oportunidad que EE.UU. debe aprovechar para "lograr una victoria diplomática y una brecha entre Rusia y Venezuela".

No está claro cuánto tiempo permanecerá en Caracas la delegación estadounidense, que incluye a altos funcionarios del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, ni con quién se reunirá el grupo. NYT dice que ni los portavoces de Maduro ni del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. respondieron a sus solicitudes de comentarios al respecto.

Antes de que Estados Unidos impusiera sanciones, Venezuela envió la mayor parte de su petróleo a EE.UU. Costa del Golfo, cuyas refinerías se construyeron específicamente para procesar las pesadas calidades de crudo de Venezuela.

Si Estados Unidos reduce las importaciones de petróleo ruso, Venezuela podría reemplazar algunos de los suministros perdidos, dijo Francisco Monaldi, experto en energía venezolana de la Universidad Rice en Houston.

"Aquí está el petróleo de Venezuela, que está disponible para quien quiera producirlo y comprarlo, ya sea un inversor de Asia, Europa o Estados Unidos", dijo en un discurso público el jueves pasado.

En paralelo se supo el día de ayer sobre una supuesta venta de acciones de CITGO realizada por un Juez federal quien habría puesto en venta la empresa venezolana.

En enero de 2021, el juez Stark comenzó a elaborar el proceso de venta de las acciones de Citgo para pagar las deudas internacionales de Venezuela; sin embargo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos extendió la licencia que protege a la filial de los acreedores, hasta el 20 de enero de 2023.

Esta semana el Gobierno Venezolano expresó su rechazo a la extensión de la medida ejecutiva de EEUU que declara a la nación bolivariana como una amenaza a su seguridad

Por: Aporrea | Domingo, 06/03/2022

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Derechas e izquierdas con y contra la invasión

«No tomaremos partido, seguiremos siendo neutrales y ayudaremos con lo que sea posible», dijo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Fue más lejos: «Un jefe de Estado como el de Rusia no quiere emprender una masacre, en ningún lugar». Y en referencia al presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, añadió que los ucranianos han «puesto la esperanza de su nación en manos de un comediante». Algunas fuentes aseguran que la postura de Bolsonaro se debe a que, en su opinión, Vladimir Putin encarna el nuevo orden mundial que anhelan sus seguidores. Sin embargo, fuentes del diario Correio Braziliense, cercano al Ejército, aseguran que «miembros del Palacio de Planalto afirman que militares del primer escalón de mando aconsejaron estar del lado de Rusia».

Si las declaraciones de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua a favor de Rusia eran las esperables, aunque el primero se abstuvo en la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, lo que más sorprendió y lo que menos reflejaron los medios fue la posición de Bolivia. Como otros países de la región, La Paz no acompañó la declaración de la Organización de los Estados Americanos. Sin embargo, el embajador Diego Pary emitió un discurso en el plenario que marcó distancia de casi todos. Comenzó leyendo parte del artículo 10 de la Constitución de su país, que declara que es «pacifista y rechaza toda guerra de agresión». Luego dijo: «En ese marco constitucional, mi país rechaza todas las invasiones y acciones unilaterales realizadas por varias potencias a lo largo de la historia reciente, vulnerando el derecho internacional y la misma Carta de las Naciones Unidas. Ejemplo de ello son Afganistán, Irak, Libia, Siria, Palestina y, hoy, Ucrania».

Aunque Bolivia se inclinó por una posición de principios al condenar la invasión, no escatimó críticas a Occidente: «Hay responsabilidades no solo del país que ha decidido realizar una operación militar unilateralmente, como es el caso de Rusia, sino también de las potencias occidentales que, a través de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte], ponen en riesgo la seguridad y la paz de otros Estados». En medio de tantas declaraciones unilaterales que olvidan anteriores invasiones y largas ocupaciones, algunas de las cuales aún no han finalizado, la posición principista de Bolivia llama la atención, sobre todo porque, en su cuenta de Twitter, el expresidente Evo Morales manifestó una posición opuesta: criticó a Estados Unidos por haber causado la muerte de millones de personas y aseguró que ahora «amenaza con hacer pagar un alto precio a Rusia por defender su continuidad como Estado soberano».

En contra de los pronunciamientos comprensivos con Rusia de varios intelectuales de izquierda latinoamericanos y algunos europeos, el filósofo Santiago Alba Rico destacó que la consigna «No a la guerra, no a la OTAN» resulta «completamente inapropiada para el momento y para el acontecimiento» (Ctxt, 25-II-22). En su opinión, el lema era adecuado en 2003, cuando la invasión de Irak, pero no en este momento: «La guerra se ha descentralizado. Hay otras potencias y subpotencias dejando su propia denominación de origen en diferentes infiernos locales: Arabia Saudí en Yemen, Rusia e Irán en Siria, Turquía en el Kurdistán». Agregó que estaría de acuerdo con la consigna en el caso de que «todas las manifestaciones se convoquen delante de las embajadas y los consulados rusos». Y acusó a la izquierda de ser «más antiamericana que antimperialista, más pendiente de sí misma que del sufrimiento de los ucranianos».

Por Raúl Zibechi
3 marzo, 2022

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