Cómo las corporaciones destruyen la vida…*

Que la humanidad ha alterado dramáticamente los ciclos biogeoquímicos, climáticos y del agua, ha afectado el equilibrio de los mares (por sobrexplotación pesquera y contaminación por plásticos) y de los bosques y selvas (por la deforestación) y ha puesto en peligro miles de especies de animales y plantas, es un hecho que el geólogo Paul Crutzen (1933-2021), Premio Nobel 1995, sintetizó magistralmente en dos cortos artículos (2000 y 2002) al declarar a nuestra época como la del antropoceno, la era en la que los impactos de la especie humana sobre el planeta lo convirtieron en una nueva "fuerza geológica". Ello dio lugar a cientos de publicaciones y decenas de libros y confirmó en la academia y en la opinión pública el dogma biologista de la culpabilidad total de la humanidad o de la especie, más allá de las particularidades económicas, sociales, culturales, históricas o de género. La humanidad convertida en una entidad abstracta, en un todo indiferenciado. Hoy, dos décadas después, existen suficientes evidencias de investigadores de las ciencias sociales y de las humanidades que no sólo matizan la idea del antropoceno, sino que la cuestionan contundentemente. Debemos al historiador Jason W. Moore con su obra El capitalismo en la trama de la vida (2015), el desarrollo teórico de un concepto alternativo: el de capitaloceno. Ya no es la humanidad la causante de la tremenda crisis ecológica actual, sino las relaciones que el capitalismo ha construido e impuesto entre los humanos y entre estos y la naturaleza (ver una excelente síntesis en Francisco Serratos, El capitaloceno: una historia radical del cambio climático, 2021, UNAM).

Hoy, los humanos vivimos y sufrimos la era del capital corporativo en la que unas cuantas decenas de corporaciones trasnacionales monopolizan y controlan los mercados globales de las principales actividades humanas. La escala a la cual estas corporaciones operan y la velocidad con la que se multiplican y expanden no tiene precedente en la historia. Un puñado de corporaciones tienen una influencia directa o indirecta sobre el equilibrio de los océanos, la atmósfera y los mayores ecosistemas terrestres, afectando funciones claves, como la regulación del clima global. En efecto, 75 corporativos mineros dominan la extracción de platino, paladio, cobalto, níquel, hierro, cobre, zinc, plata y oro; 30 monopolizan la producción de petróleo, gas y cemento, y 10 la de papel. Trece compañías dominan la captura pesquera marina y cinco las granjas de salmón.

Los monopolios alcanzan su máxima expresión con los alimentos. Tres compañías dominan los agroquímicos (Syngenta, Bayer y Basf), las semillas (Monsanto, Dupont y Syngenta) y la maquinaria y equipo agrícolas (Deere, CNH y AGCO), y seis controlan 75 por cientio de los plaguicidas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow Agro, Monsanto y Dupont). Similarmente, seis corporativos o sus fusiones controlan 100 por ciento de los cultivos transgénicos que hoy se siembran (soya, maíz y algodón) en 190 millones de hectáreas en 29 países (Estados Unidos, Brasil, Argentina, etcétera). Todo cultivo transgénico está obligado a usar el glifosato, el herbicida catalogado como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente los cultivos de soya y maíz transgénicos han provocado la mayor destrucción de la biodiversidad de que se tenga memoria al convertir 80 millones de hectáreas de vegetación tropical y sus innumerables especies de flora y fauna en un monocultivo, una catástrofe biológica de la que no hablan las mayores organizaciones internacionales de conservación y ambientalismo. En paralelo está el caso de la comercialización y transformación de los alimentos; sólo tres compañías dominan el cacao, el plátano y las semillas, cinco las del aceite de palma, y seis la de la carne (JBS, Tyson Food, Cargill, BRT, Vion y Nippon Meat).

Finalmente la explotación del trabajo humano se hace evidente cuando se revisan las cadenas de suministro de alimentos, en la que los productores se quedan con un mínimo porcentaje del precio final del producto. Aquí recomiendo los excelentes documentales de Rotten sobre cacao, azúcar, agua, aguacate y uva en Netflix (https://bit.ly/3lhBVou). El drama del chocolate resulta patético, pero ilustra lo que sucede en la mayoría de los casos. Un total de 5 millones de familias campesinas de Ghana y Costa de Marfil, representando una población de 30 millones, cultivan la mayor parte del cacao que es la base de la industria chocolatera. Es un sector que vive en general en la miseria. Los compradores, comercializadores y especialmente cuatro firmas industriales (Barry Callebaut, Cargill, ADM y Blommer) se quedan con la mayor parte de las millonarias utilidades que genera la semilla de esta planta, originaria de México.

*…y concentran la riqueza (monopolios), explotan el trabajo humano y generan la mayor desigualdad social de la historia…

Publicado enSociedad
La verdadera historia de las maras salvadoreñas: de los pachucos a la guerra con Bukele.

Entrevista exclusiva con el mayor investigador del fenómeno

A un mes del estado de excepción en El Salvador, Juan Martínez d'Aubuisson repasa la historia de las maras salvadoreñas y cuestiona al gobierno Nayib Bukele por sus ataques contra periodistas y académicos

 

El 11 de abril, el presidente salvadoreño Nayib Bukele tuiteó un video con un extracto de 22 segundos de una entrevista al investigador Juan Martínez d'Aubuisson, especialista en el estudio del fenómeno de las pandillas centroamericanas. En su mensaje, Bukele lo trató de “basura” y dijo que sus planteos eran “absurdos”.

Desde ese día, Martínez d'Aubuisson recibió cientos de ataques de funcionarios, políticos oficialistas y trolls, una situación que han sufrido también otros periodistas y académicos críticos con el gobierno. Una semana después, Martínez d'Aubuisson publicó una columna en el diario estadounidense The Washington Post, con el título “Bukele me convirtió en un pandillero por mi trabajo como investigador”.

Desde “algún lugar de Centroamérica”, el académico salvadoreño habló con la Agencia Regional de Noticias (ARN) sobre la historia de las pandillas centroamericanas, los vínculos con la política y la economía, y también sobre la situación que atraviesa El Salvador, un mes después del estado de excepción que decretó Bukele.

Entre otras cosas, Martínez d'Aubuisson dijo que el Estado salvadoreño le prestó atención al fenómeno recién cuando empezó a expandirse más allá de los barrios pobres, hasta que luego la situación directamente escapó de su control. “Las pandillas eran y son el Estado”, resumió.

El investigador opinó que la negociación con las pandillas no es el mejor camino a tomar, aunque reconoció “desde el pragmatismo” que hoy no quedan muchas otras opciones. “Un país tan chiquito que entierra 90 personas en un fin de semana es un puto funeral”, señaló.

La historia empieza en Estados Unidos

-Tus investigaciones están focalizadas en el Triángulo Norte y en México. Sin embargo, para hablar de las maras, hay que arrancar la historia en Los Ángeles. ¿Por qué?

- Los Angeles y la costa californiana son factores importantes para comprender el fenómeno de las pandillas, en particular la Mara Salvatrucha y Barrio 18. Para entender los orígenes de Barrio 18 hay que pensar en los migrantes mexicanos que llegaron a Estados Unidos en el programa Bracero, a mediados del siglo XX. Era un programa que les permitía a los migrantes trabajar legalmente en Estados Unidos, sobre todo para trabajar en la construcción de vías férreas. California es uno de los lugares más ricos del mundo y necesitaba mucha mano de obra. Esa oleada migratoria generó una cultura híbrida muy rica conocida como la cultura chicana.

- ¿De ahí surge la figura del “pachuco"?
- Claro, el "pachuco" es la figura cultural arquetípica, caracterizado por el uso de los trajes zoot. Pero también generó un movimiento cultural e identitario muy fuerte. En la cultura popular aparece caricaturizado, es el coyote que anda con saco. También hay muchas referencias en el cine mexicano, las canciones de (la banda mexicana) Maldita Vecindad o el personaje Tin Tan (Germán Valdés), que el hermano del actor que personificó a Don Ramón en el Chavo del 8 (Ramón Valdés). Era toda una cultura, con valores y normas, y también una expresión de moda. Era bastante más que una forma de vestimenta, había detrás una concepción híbrida del mundo. Los mexicanos, en definitiva, se instalaron en Los Ángeles, entre las clases más bajas. Eran obreros, la mayoría no hablaba inglés. Estaban dentro del sector subalterno y marginado de la sociedad californiana. Empiezan a formar pandillas y eso originó el movimiento zoot suits, que tuvo enfrentamientos callejeros muy fuertes con los marines después de la Segunda Guerra Mundial. Los pachucos tenían una impronta muy irreverente de pararse frente a la cultura anglo, eran desafiantes ante el sistema. Ya en aquellos años surgen las primeras pandillas méxico-americanas, que todavía subsisten en California y son un problema grande de seguridad, como la White Fence, Hawaiian Gardens, Barrio 38, Barrio 36 y la propia Barrio 18.

-¿Cómo respondieron las autoridades estadounidenses?
- Enfrentaron el fenómeno de manera desatinada, básicamente los fueron metiendo en las cárceles de San Quintín y en el penal del Folsom. Muchos de ellos ni siquiera debían estar ahí porque eran menores de edad, pero estos jóvenes se abrieron campo dentro de las unidades penitenciarias. Y se abrieron campo con violencia. Crearon un sistema que llamaron “El Sur”, porque eran pandillas que operaban al sur de California. En este proceso la estética fue cambiando, ya no eran pandilleros de saco y corbata, con sombreros de ala ancha, sino que incorporaron la estética carcelaria: aparecen rapados, con pantalones anchos, camisas pegadas, tatuajes y con esa red que se ponen en la cabeza, que era la que usaban los cocineros en la cárcel. Todo esa estética está asociada a la vida en los penales y en particular a las tareas de servicio, que era lo primero que les tocaba.

-¿En las cárceles también se consolidan como estructuras?
-En las calles estas pandillas se peleaban entre sí, pero en la cárcel se unían, porque ahí tenían que enfrentarse con los pandillas de afroamericanos (también llamados mayates), los anglo, los asiáticos, etcétera. O sea, en la cárcel no importaba tanto tu pandilla sino el conglomerado que pertenecías. A ese conglomerado lo llamaron "Sur" y a la orientación de los "sureños" se la bautizó luego como la Mafia Mexicana, o “la M”, que era su abreviación. La M la conformaban los líderes de las pandillas más grandes, funcionaban como una especie de federación, dentro de la cárcel y también pautando la vida de estas pandillas afuera.
Afuera se peleaban pero con ciertas normas, era una especie de “juego serio”, con muertes, tragedia, pero también con normas. Por ejemplo, no se podía atacar a un pandillero si caminaba de la mano de su esposa, sus hijos o su madre. No se podía hacer drive-by shooting, o sea dispararle a alguien desde un vehículo, por el riesgo de lastimar a otras personas. El pandillero debía bajar del vehículo para disparar. Y si un pandillero incumplía estas reglas, la "M" resolvía que había “luz verde” para atacar a esa pandilla, y sus integrantes recibían golpizas, violaciones o asesinatos dentro de la cárcel.

-¿De qué año estamos hablando?
-Este fenómeno se consolida entre los años 50 y 70. Y todavía no aparece en escena El Salvador, que en esos años no tenía una migración masiva hacia Estados Unidos. La nuestra era una sociedad más bien agraria, el grueso de la población estaba fuera de los centros urbanos. Era una sociedad muy volcada a la agroexportación de café hacia Estados Unidos, ya desde finales del siglo XIX. El proceso revolucionario salvadoreño termina de consolidarse recién a finales de los 70. En ese momento Estados Unidos jugó fuerte para detener ese "virus comunista" en Centroamérica, porque ya tenían las experiencias de Cuba y Nicaragua, y querían evitar que eso se expandiera. El riesgo de las revoluciones guatemaltecas y salvadoreñas están muy presentes en los discursos de Richard Nixon (1969-1974), Jimmy Carter (1977-1981) y sobre todo después de Ronald Reagan (1981-1989). Les daba terror la posibilidad de que El Salvador siguiera el camino cubano y jugaron fuerte por la lucha contrainsurgente. Le dan mucho apoyo militar a El Salvador y entrenaron a muchos militares en la Escuela de las Américas. En este contexto sí empieza a pasar que miles de salvadoreños emigran hacia Estados Unidos. Es una nueva corriente migratoria, son como hermanos menores de aquellos braceros mexicanos (el término refiere a personas que trabajan con los brazos). Los salvadoreños migran por la crisis económica, la brutal represión estatal y el reclutamiento de jóvenes por parte de ambos estamentos: las guerrillas y el Ejército.

-¿Cómo se da el vínculo de estos jóvenes salvadoreños con el heavy metal, que es algo de lo que siempre se habla?
- Algunos investigadores que estudian el fenómeno de las “prepandillas”, o sea antes de la formación de la Mara Salvatrucha y Barrio 18, encontraron que en los barrios salvadoreños ya existían pandillas, barriales y pequeñas, antes de las olas migratorias. Escuchaban heavy metal porque era uno de los pocos elementos de la cultura global que había llegado a El Salvador y era además una cultura muy disruptiva. Las letras satánicas, por ejemplo, chocaban muy fuerte con toda una cultura oficial muy clerical, en momentos que una parte de la Iglesia era utilizada por el régimen para mantener un sistema económico. En ese contexto, ser un rockero satánico tenía connotaciones casi revolucionarias, podría decirse. No sólo no se dejaban reclutar por el Ejército, sino que se dejaban el pelo largo y adoptaban una indumentaria que no tenía nada que ver con la narrativa oficial. Muchos de estos jóvenes migraron a Los Ángeles. Y también hubo en esta ola migratoria muchos desertores de la guerrilla, o sea que era una corriente migratoria compuesta por un conglomerado de personas complejo, que conocía la violencia por haberla padecido o por haberla ejercido.

La competencia con los mexicanos

-¿Y en Los Ángeles qué encontraron?
- La verdad es que nunca entendieron a Los Ángeles. Se toparon con esa urbe gigante, y ellos venían de lugares pequeños, con historias violentas, de gente muy pobre. Y tampoco fueron bien recibidos por la comunidad de mexicanos, más bien fueron mal recibidos. Llegaron a competir por la hegemonía de quiénes representaban mejor lo "hispano". Hasta ese momento "hispano" era sinónimo de mexicano. Punto. Llegan los centroamericanos y empieza una competencia simbólica por esa categoría.

-¿Cómo se daba esa competencia?
-En el mercado de trabajo, por ejemplo, ofreciendo mano de obra más barata. También en la vivienda, hay una disputa territorial por zonas, o en las escuelas. La comunidad mexicana los vio como competencia y se generó una distancia. Eso provocó una mayor unión entre los salvadoreños, que se juntó en diferentes conglomerados, entre ellos uno que se llamó la Mara Salvatrucha Stoner, la MSS. Básicamente, era un grupo de salvadoreños rockeros que estaba en Los Ángeles. Fueron violentos desde el principio, empezaron a pelear con otras pandillas del conglomerado "sureño" que recién te contaba. Con el tiempo, y con las entradas y salidas de los penales, se fueron convirtiendo en una pandilla de "cholos", que abrazaron esa estética de cabezas rapadas, ropa floja y tatuajes. En ese contexto nace la Mara Salvatrucha 13. El 13 se empieza a usar en la década del noventa, es un número que en realidad usaban todas las pandillas del conglomerado sureño. Florencia 13, White Fence 13, Hawaiian Gardens 13, Crazy Riders 13. Barrio 18 es una pandilla 13, pero si le pusieran el número sería Barrio 1813. De todas maneras, muchos pandilleros andan con el 13 tatuado, porque significa que es una pandilla del conglomerado sureño.

-¿Cuándo empiezan los problemas entre la Mara Salvatrucha y Barrio 18?
- En los ochenta, en realidad, la Mara Salvatrucha era como una especie de hermano menor de la Barrio 18, de hecho ellos entran al sistema sureño de la mano de Barrio 18. Pero en 1989 hubo un conflicto de sangre y se inició una especie de guerra entre las dos pandillas. Por esos años termina la guerra civil salvadoreña y los miembros de ambas pandillas empiezan a ser deportados. Estos empiezan a clonar sus clicas (células) en El Salvador, de tal forma que los que pertenecían a la célula Hollywood Loco Salvatrucha, por el boulevard Hollywood, clonaron esa célula en El Salvador bajo el nombre Hollywood Loco Salvatrucha. Los que estaban en la calle Normandie fundaron la Normandie Loco Salvatrucha, y después empezó a pasar que muchos jóvenes se plegaban a estas células, sin haber pisado nunca el boulevard Hollywood ni la calle Normandie. Lo mismo pasó con las células de la Barrio 18. Ahí empieza la historia de las pandillas en El Salvador.

-¿Qué actividad criminal tenían en común?
- En realidad, ellos no nacen propiamente como grupos criminales, ni en Los Ángeles ni El Salvador. No hay una apuesta deliberada por generar plata, sino que buscaban cosas menos tangibles, como la identidad. Después de una guerra civil que había dejado un país destrozado, muchos de estos jóvenes necesitaban pertenecer a algo. Buscando esa familia que no tenían, en algunos casos, es que empiezan a meterse en las pandillas.
Meterse en una pandilla era pertenecer a algo, con todo lo que eso implica a nivel identitario y eso se fortalece en peleas contra la pandilla rival. La Mara Salvatrucha y la Barrio 18 hicieron ese “juego serio” durante décadas sin que eso signifique algo en términos de plata. Eran solo pandillas que se peleaban. Ahí está la diferencia de las pandillas con otros conglomerados criminales: las actividades no están identificadas con la plata, sino con nociones de estatus, poder, respeto, identidad. De hecho muchos terminaron con largas condenas sin estar vinculados a actividades económicas que hayan implicado dinero. Pero sí les daba estatus. Ellos se tatuaban la cara, el cuello y hasta la boca en señal de compromiso, un compromiso a largo plazo con el grupo al que pertenecen. Durante la década del 90 pelearon en cada uno de los barrios marginales de El Salvador y extinguieron a casi cualquier forma criminal. Más de 150 pandillas que ya existían fueron eliminadas, relegadas o absorbidas por la Mara Salvatrucha y Bario 18. Las bandas de asaltantes, los pequeños traficantes de menudeo y los secuestradores fueron eliminados por las pandillas. Ellos hicieron un monopolio de toda forma criminal que se te ocurra.

-¿Qué pasa a partir de los años 2000?
-Con el cambio de siglo las pandillas ya empiezan a tener una forma y una estructura mucho más organizada. En los 90 todavía no existía una estructura piramidal, sino que había muchos líderes con igual poder, con algún tipo de coordinación pero cada quien hacía lo que quería. Todavía no había celulares, que será después un factor importante. Ya para el año 2000, los primeros deportados que había regresado al país entre 1993 y 1995 empezaron a tener mayor relación y coordinación. El punto de inflexión es cuando empiezan a incursionar en el mundo de la extorsión. Empezaron con los buses. Era fácil para ellos: cuando el bus entraba a su colonia le pedían al conductor que pague algo cada vez que pasaba. Diez o cinco colones, que era la moneda de aquel momento, o rompían las ventanas del bus. Ellos decían: "O peor, te matamos. O te quemamos el bus. O asaltamos a tus pasajeros". Entonces los motoristas empezaron a pagar y cuando empezaron a sumar lo que pagaban los motoristas de todas las rutas, vieron que era un dinero importante. Cuando vieron que así hacían plata, empezaron a extorsionar negocios, talleres, pequeñas panaderías de gente pobre, pequeñas empresas de manufactura. Siempre en ámbitos marginales, hasta que dieron el salto de extorsionar a negocios más grandes. Recién ahí el Estado les empezó a prestar más atención a las pandillas. Es una de las cosas más crueles del asunto: el Estado no les puso atención hasta que empezaron a poner en riesgo el bolsillo de la gente de plata.

Un tema político

-¿Y la política cuando aparece?
-
En 2001, con el presidente de derecha Francisco Flores. Ese gobierno presenta un plan "mano dura" que estaba hecho con las patas. Montó una especie de show mediático con el arresto de pandilleros que mandaba a las cárceles. La mayoría eran liberados a los pocos meses, porque no había causa penal contra ellos, otros se quedaron en los penales y allí se conocieron los que todavía no se conocían. Las pandillas empezaron a ser piramidales y aquellos primeros deportados pasaron a ser los líderes del penal. En una misma celda estaba un pandillero de la región central que en la calle no tenía contacto con otro de la región occidental. En esos años empieza el auge de los teléfonos celulares, entonces esos dos pandilleros empezaron a coordinar acciones entre occidente y centro, desde la misma celda, un líder a la par del otro. Eso les dio una facilidad impresionante y se volvieron estructura, todo por esa política desatinada que duró hasta 2009, porque el presidente siguiene, Elías Antonio Saca, estableció un plan de "súper mano dura", que consistía en lo mismo que hoy hace Bukele: arrestar muchos pandilleros, montar un show y meterlos en los penales sin mucho orden.

-¿Qué más pasó en las cárceles?
-Dentro de los penales se comieron a todas las estructuras criminales que estaban de antes y empezaron a ser los capos. Las pandillas los mataron en masacres carcelarias terribles. El Estado salvadoreño respondió con otra medida estúpida: les dio penales exclusivos a cada pandilla. Como se peleaban entre ellos decidieron armar un penal solo para la Mara Salvatrucha y otro para el Barrio 18. Esos penales se volvieron los cuarteles centrales de la inteligencia pandillera.

-¿Eso sucedió en gobiernos de Arena o del FMLN?
- En 2004, en un gobierno de Arena. Luego vino el primer gobierno de la exguerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) con Mauricio Funes a la cabeza (2009-2014), y encontró una crisis carcelaria de los cojones y con las pandillas dominando todo el territorio salvadoreño.

-¿La estructura criminal de esas pandillas en 2009 seguía siendo la extorsión y no el narcotráfico?
-La base nunca va a ser el narcotráfico, porque El Salvador no es paso de drogas. Venden droga sí, pero muy poca. Honduras y Guatemala sí son paso de droga. Lo de las pandillas en El Salvador es pura extorsión. Eso genera mucha plata, le cobraban hasta a la persona que vende cigarros en la esquina. Eran y son el Estado. Eso genero obstáculos al desarrollo impresionantes y generó muchísima migración hacia los Estados Unidos. Se volvieron poderosos en los barrios y eso contribuyó a que tuvieran más membresía. Eran tan poderosos que Mauricio Funes, un presidente que resultó ser muy corrupto, hace un análisis y se da cuenta que militarmente ya era muy difícil derrotarlos y que avanzar por ese camino podría generar una crisis terrible.
Funes toma un atajo y decide hacer una tregua clandestina con los líderes pandilleros. Los periodistas descubren esa trama y la publican. Al final, al gobierno no le queda otra que reconocer, pero intentan decir que en realidad facilitó una tregua entre pandillas. Eso no era cierto, fue una tregua entre el gobierno y las pandillas, no entre pandillas. En ese momento las pandillas dejan de atacarse entre sí; seguían extorsionando pero no se mataban. Con el dinero de la extorsión empiezan a hacer negocios, ponen lavaderos de autos, prostíbulos, cervecerías, compran taxis. Las pandillas empezaron a consolidar estructuras con característica de mafia. Aquella indumentaria, el simbolismo y el espíritu pandillero desaparecen. Todo quedó relegado en función del negocio y el poder político.

-Eso implicó también cambios en la estética
-Es que la Mara Salvatrucha ya no debería considerarse una pandilla en los términos que hablamos, hay que entenderla con otro marco teórico. Se ha transformado en una estructura con ambiciones económicas, hay que abordarla con el marco teórico que analizamos a Los Zetas, al Cartel del Golfo o el Cartel de Medellín. No porque aparezca el narcotráfico, sino por la estructura. Los Zetas tienen todos los delitos que se ocurran, salvo el tráfico de uranio enriquecido. Son estructuras que pueden meterse en un abanico enorme de actividades criminales y económicas. Se meten en los negocios más porosos, como la basura, los negocios informales, controles de puertos. Cuando las pandillas pasan a ser estructuras mafiosas también cambia toda la estética. Los pantalones tumbados, los graffitis y los tatuajes funcionaban para la pandilla y la construcción identitaria, pero no para la mafia. La pandilla tenía una estructura muy pública, se tatuaban la cara y hacían reuniones de hasta 500 miembros, pero eso ya es imposible. En una estructura criminal clandestina, obviamente ya no es conveniente tener un miembro con la cara tatuada, que hace graffitis y lleva ropa tan arquetípica.

-¿Cómo reaccionó la sociedad salvadoreña cuando supo que había una tregua entre políticos y pandilleros?
-Cuando la tregua se hizo pública, los salvadoreños se sintieron ofendidos. Y como al gobierno le interesaba mantener una buena prensa, empezó a resquebrajar esa tregua. El gobierno de Estados Unidos también metió mano para quebrar la tregua. Pero a esa alturas los políticos se dan cuenta que los pandilleros tenían mucha base social, miles de personas que dependen de ellos. Y eso se podía traducir en votos. Desde ese momento todos los partidos políticos empiezan a negociar con las pandillas. Arena, el FMLN y luego Gana (Gran Alianza por la Unidad Nacional) buscaron sucesivamente el apoyo de las pandillas pensando en la elección siguiente.

La llegada de Nayib Bukele

-¿Cómo aparece Nayib Bukele en esta historia?
-Durante el segundo gobierno del FMLN, de Salvador Sánchez Cerén (2014-2019) la tregua con las pandillas se rompe. Fue una cosa macabra, hubo traslados a penales y las pandillas respondieron como en una guerra: empezaron a matar tres o cuatro policías por día, dos o tres militares diarios. Esa guerra entre el Estado y las pandillas la ganó el Estado, por cada policía muerto morían cuatro o cinco pandilleros. Los policías podían matar pandilleros como si mataran pollos. En este contexto es que aparece Bukele como fenómeno político. Es una figura disruptiva que dice: “vengo a romper con estos partidos de mierda de la Guerra Fría que han hecho treguas con los criminales”. Sin embargo, siendo alcalde de San Salvador, ya había tenido acercamientos con las pandillas, que lo ayudaron a ordenar y limpiar el centro histórico de la ciudad. Lo ayudaron con plata y beneficios, hay fotos e investigaciones en Fiscalía que muestran cómo negoció la alcaldía de Bukele con pandilleros.

-¿Qué pasa cuando llega al gobierno nacional?
-Aunque venían cayendo desde 2016, cuando Bukele llega al gobierno los homicidios se desploman de manera histórica. Las pandillas se concentran en los negocios y no en la guerra. Es la estrategia de las zarigüellas: hacerse el muerto, dejar de matar y mantener las acciones de violencia necesarias para mantener los negocios.
Bukele siempre dijo que esa caída de los homicidios tenía que ver con su afinada y moderna estrategia de combate al crimen, a la que denominó “plan de control territorial”. Pero nunca explicó qué era ese plan y cómo se financiaba. Nunca fue público, pero sí mediático.
Con el tiempo se supo, por investigaciones de Fiscalía y periodísticas, que Bukele hizo lo mismo que todos: sentarse y pactar con los líderes pandilleros en los penales, ofreciendo prebendas y disminución de penas. Hubo pocos operativos contra pandilleros, o sea que los dejaron seguir existiendo, pero en las sombras, sin matar. Eso le daba gobernabilidad y al mismo tiempo podía mostrarlo como un logro de su gestión.

-¿Cuándo se rompe la tregua?
-La tregua se rompió tres veces. En abril de 2020 mataron a 90 personas en un fin de semana. En noviembre de 2021 hubo otros 90 muertos y se acaba de romper en abril de este año, con otras 90 personas muertas.

-El gobierno asegura que en un mes detuvo a 15.000 pandilleros, pero casi no hubo enfrentamientos. ¿Cómo es la correlación de fuerzas entre las maras y el aparato represivo? (*)
- Las pandillas aprendieron que el conflicto militar con el Estado no las lleva a buen puerto y las pandillas no son un grupo militar bien armado. Las pandillas cometen asesinatos con pistolas calibre 38. Tienen un sistema de control barrial pero no son organizaciones militares ni grandes guerreros.

-¿Pero el gobierno las tiene infiltradas? ¿Cómo hace para detener a 15.000 pandilleros en menos de 30 días?
-No creo que tenga mucha información. Primero hay que ver si son 15.000, porque eso es lo que declara el gobierno. Si fuera cierto, me atrevo a decir que el 20% son pandilleros, expandilleros y colaboradores, y el resto son personas que agarraron en la calle, durante las redadas. Hay muchos casos documentados de personas que regresaban de su trabajo y están presas. Personas sin historial, que ni siquiera tenían una detención de la policía municipal. Cuando Bukele dice "tengo a 15.000 pandilleros", invitaría a la prensa internacional a poner esas declaraciones en remojo. Hoy no sabemos y no hay forma de averiguar si son 15.000. Tampoco descarto que sean 15.000 detenciones pero sí descarto que sean 15.000 pandilleros. Si hubiera arrestado 15.000 pandilleros habría arrestado a la mitad de los pandilleros que hay en la calle y no es el caso. Está apresando a muchas personas por haber pertenecido, por sus tatuajes vistosos. Muchas de mis fuentes, que son expandilleros, son pastores evangélicos y ahora los detuvieron durante el estado de excepción. De los líderes importantes de las pandillas no hay ninguno detenido, a lo sumo hay pandilleros rasos o colaboradores. Es en gran medida una farsa. Apuesta a capturar a la mayor cantidad posible de pandilleros, sin medir lo que pueda sufrir gente inocente. Es una forma de restarle músculo a las pandillas, sin cometer ninguna acción que vuelva irreconciliable el diálogo. En estas semanas las pandillas no han matado policías, militares, ni funcionarios o miembros del partido de Bukele. Eso no puede ser casualidad. Ninguno de las dos partes hizo nada como para que sea imposible volver a sentarse en la mesa. Se están peleando, pero todavía no se han tocado la cara.

-¿Se sabe porqué se rompió la tregua?
-No, hay hipótesis. Suponemos que las pandillas dieron el primer paso. Este es un gobierno hiper hermético que no permite la salida de información bajo ningún término. Nos enteremos porque empiezan a aumentar los asesinatos vinculados a la Mara Salvatrucha. Y luego el gobierno de Bukele responde torturando pandilleros y haciendo redadas masivas, en las que caen pandilleros pero la mayoría de los detenidos son civiles inocentes y es difícil saber cuál es la verdad. Pongo un ejemplo, unos pandilleros asaltaron un bus y mataron a tres personas. El gobierno de Bukele hizo un alarde propagandístico increíble, movió helicópteros, drones y policías y dijo que los había capturado. Mostró a dos pandilleros de diferentes pandillas, todos tatuados, y dijo por Twitter que le daría la indicación al director de centros penales que estos delincuentes no vieran ni un rayo de luz en su vida. Era todo mentira. A esas personas las fueron a sacar de su casa y hoy están en libertad. Nunca fueron acusadas por ese delito porque no estaban en el lugar. Sin embargo, en la narrativa quedó que el presidente capturó a esos criminales.

-En este contexto hay como una especie de arremetida contra periodistas e investigadores, como en tu caso.
- Bukele ha apostado con mucha fuerza y recursos a mantener una narrativa. No olvides que es un publicista, y eso se nota. Tiene una narrativa muy sólida, pero que plantea un país irreal. Todos los gobiernos apuestan a una narrativa, pero este lo hace de manera desmedida y con un talante mesiánico. El periodismo independiente puede ser un obstáculo muy fuerte para mantener esa narrativa. Por ejemplo, si el gobierno dice que las pandillas están derrotadas, es algo que el periodismo y las investigaciones académicas pueden refutar, porque es fácil comprobar que las pandillas siguen controlando territorios. Nos hemos vuelto voces incómodas para el oficialismo, a tal nivel que han invertido miles de dólares en espiarnos a través de Pegasus y ha invertido en todo su aparato propagandístico para tratarnos como parte de una conspiración mundial, originada por una persona satánica, terrible y judía como George Soros, que parece que convenció al Washington Post, The New York Times, El País de Madrid, Human Rights Watch, Joe Biden, Naciones Unidas. Bukele ha convencido a una parte de la población que todos respondemos a los partidos políticos del pasado. Les dice que ya no somos sólo defensores de los pandilleros, sino que somos directamente pandilleros. Han apostado a que el salvadoreño no nos lea, sino que apenas nos conozca mediante su propaganda gubernamental, en la que nos trata como criminales.

-¿Qué puede pasar en las próximas semanas?
-No lo sé. Yo no creo que la negociación con las pandillas sea el mejor camino, sobre todo por cómo lo han hecho estos gobiernos. Pero en este momento, y siendo muy pragmático, sería desastroso que se vuelva nuevamente a romper la tregua. Muchos muertos. Un país tan chiquito que entierra 90 personas en un fin de semana es un puto funeral. No es un país, es un cementerio. Es muy duro vivir eso.

*15.000 detenciones era el dato oficial al momento de la entrevista. El número actual, según la cuenta de Twitter de Bukele, es de 18.000 personas detenidas.

**De la Agencia Regional de Noticias, especial para Página/12

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Domingo, 24 Abril 2022 05:55

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El pentecostalismo como nueva religión de los pobres del mundo

Con su auge ligado al de la derecha global, millones acuden a sus iglesias en todo el planeta, donde se ofrece no solo orientación espiritual, sino también apoyo material.

El pastor sudafricano Alph Lukau alcanzó la infamia mundial en 2019, con un video viral en el que resucitaba de entre los muertos a un hombre que mostraba claras señales de vitalidad. Ese «milagro» de caricatura fue el clímax de una reñida competencia profética: varios predicadores sudafricanos venían incorporando prácticas cada vez más extremas en sus servicios religiosos, en los que capitalizaban el descontento y la frustración de una nueva generación de fieles.

El «profesor» Lesego Daniel venía afirmando desde hacía varios años que él tenía el don de convertir «la nafta en piña colada», y llegó a alentar a su congregación a beber gasolina como una especie de comunión habitual. Uno de sus protegidos, el pastor Lethebo Rabalago, fue apodado Prophet of Doom (‘profeta del apocalipsis’) por rociar a sus feligreses con insecticida de la marca Doom, para así expulsar los demonios en forma de sida que supuestamente habitaban en los fieles. Mientras tanto, el «profeta» Penuel Mnguni es conocido por caminar por encima de creyentes semidesnudos tendidos en el suelo, a quienes hace comer serpientes vivas mientras los libera del mal.

Es fácil pensar en la secta de Jim Jones y la masacre de Jonestown al leer sobre estos episodios. Pero estos pastores no pertenecen a alguna secta apocalíptica minoritaria. Son solo una expresión excepcionalmente moderna y extrema del cristianismo pentecostal, una fe que, al menos en lo que respecta a conversiones, es la religión mundial de crecimiento más rápido, con más de 600 millones de seguidores en la actualidad.

Lo que Mnguni ha denominado como su «iglesia del horror» podría parecer algo alejadísimo del cristianismo tal como mucha gente lo conoce, pero de eso se trata. Los predicadores jóvenes más salvajes, populares y ricos del sur de África no se caracterizan por hacer las cosas al pie de la letra, ni siquiera de la letra bíblica. Y sus congregaciones los aman por eso. El nuevo pentecostalismo es un gran fuck you a todas las instituciones que les han fallado. Es la nueva fe de los trabajadores pobres del mundo.

SALUD Y DINERO

De unos 2.000 millones de cristianos que habitan la Tierra, más de una cuarta parte son ahora pentecostales, una denominación que en 1980 reunía a solo el 6 por ciento de ellos. Se prevé que para 2050, 1.000 millones de personas, o uno de cada diez humanos, serán parte de esta fe. No está mal para una corriente iniciada en Los Ángeles en 1906 a impulso de un hijo de esclavos libertos, a la que durante mucho tiempo se consideró como la hija bastarda del cristianismo.

El pentecostalismo es una rama del cristianismo evangélico. Sus adherentes primero «nacen de nuevo», aceptan a Jesús como su señor y salvador, y luego son imbuidos por el Espíritu Santo, del que reciben dones que incluyen la capacidad de obrar milagros, profetizar y hablar en lenguas. Muchos pentecostales no adoptan esa etiqueta, pero su práctica carismática o guiada por el Espíritu Santo, aunque varía notablemente en todo el mundo, es inconfundible.

Desde sus inicios, el pentecostalismo ha atraído con fuerza a mujeres, inmigrantes, afroamericanos y pobres. Su surgimiento como la fe predilecta de los trabajadores pauperizados del mundo se debe, en gran parte, a su enfoque doctrinal de «salud y riqueza»: la promesa de experiencia directa e interacción personal con la presencia de Dios y sus milagros, que brinda éxito tanto en cuestión de mente, cuerpo y espíritu como de billetera.

He pasado los últimos dos años viajando por el mundo para comprender el notable auge de este movimiento. En Estados Unidos, se tiende a pensar en los evangélicos como personificados por el clásico votante blanco de Donald Trump, pero lo cierto es que el pentecostal promedio es una mujer joven del África subsahariana o de América Latina. A ella se unen los desertores de Corea del Norte que luchan por sobrevivir en Seúl, los gitanos británicos y europeos que durante mucho tiempo han sido los más marginados de sus sociedades, los pueblos indígenas que cargan con el trauma de las guerras sucias y las dictaduras en América Central. Poblaciones como estas, que vienen convirtiéndose en grandes números desde la década de 1980, nos dicen mucho sobre el mundo moderno.

La nueva ola de predicadores sudafricanos, con sus camisas coloridas y trajes elegantes, ha encontrado una audiencia ávida entre los millennials, quienes crecieron rodeados por el optimismo posterior a la caída del apartheid, solo para sufrir una terrible decepción. Se trata de una generación a la que se le prometió todo y que, en cambio, se encontró al llegar a la adultez con la sociedad más desigual del mundo (así lo indican los últimos reportes del Banco Mundial), con un 65 por ciento de desempleo juvenil, de acuerdo a cifras oficiales, más del 80 por ciento de la población sin seguro médico y un sistema educativo deficiente.

Los problemas de Sudáfrica pueden parecer extremos, pero en casi todos los rincones del mundo el patrón se repite. Particularmente en las grandes ciudades y sus alrededores, millones de personas recurren a las Iglesias pentecostales porque son los únicos lugares donde logran encontrar satisfacción a sus necesidades tanto espirituales como materiales.

A medida que este movimiento crece, las Iglesias se convierten en Estados dentro de los Estados, en los que los diezmos son efectivamente una forma de impuestos. A través de las Iglesias, las personas reciben atención médica, clínica y milagrosa, así como una red de cuidado para los niños y apoyo social. Cuando los Estados no brindan suficientes programas sociales ni un nivel de vida decente que pueda sostener a las comunidades, los trabajadores pobres buscan alternativas en otras instituciones, y a menudo las encuentran en el pentecostalismo.

PROSPERIDAD Y POPULISMO

La mayoría de las Iglesias pentecostales no practican la fe con los mismos métodos extremos que los jóvenes predicadores de Sudáfrica, pero algunas de sus prácticas no resultan menos extrañas para quienes están por fuera del movimiento. Para ver de primera mano la revolución que está ocurriendo en América Latina, basta ir a Brás, un barrio de clase trabajadora de San Pablo. En Brasil, los pentecostales pasaron de ser el 3 por ciento de la población en 1980 a constituir más del 30 por ciento en la actualidad, trastocando 500 años de dominio católico en tan solo unas pocas décadas.

Es lunes por la mañana y el sol aún lucha por pasar por encima del Templo de Salomón, el santuario de 55 metros de alto cuya construcción costó 300 millones de dólares dedicados al dios de la salud y la riqueza, y que funciona como sede de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). En el servicio de las 7 de la mañana, un hombre frente a nosotros abre una enorme Biblia desgastada y le pone su billetera encima, la eleva por encima de su cabeza y se comunica con los cielos en lenguas.

Los feligreses de la IURD se han hecho famosos por regalar a la Iglesia, en momentos de éxtasis, incluso sus autos y en ocasiones hasta sus propias casas. El fundador de la Iglesia, Edir Macedo, quien ha hecho más que nadie por popularizar el pentecostalismo en Brasil, es hoy un magnate multimillonario, pero fue una vez un niño pobre de las favelas, uno de los siete que sobrevivieron la infancia de un total de 17 hermanos.

La gran innovación de Macedo fue abrir sus iglesias a primera hora de la mañana y a última hora de la noche, cuando quienes trabajan en las fábricas o como empleadas domésticas van y vienen de sus trabajos. En opinión de Macedo, un predicador pentecostal necesita seguidores, no formación. Durante años este líder religioso se dedicó a promover a personas comunes para que crearan bajo sus propios términos sus propias filiales de la Iglesia.

En las favelas y los pueblos pobres en las orillas del Amazonas, los pastores pentecostales se ven y se escuchan como la población local. Crecen pateando las mismas calles que sus fieles y a través de la Iglesia ascienden en la escala social a posiciones de mayor estatus, tal como aspiran a hacerlo sus vecinos. Oyen en esas calles hablar de la madre enferma de alguien y le dan una visita para consolarla. Actúan como mentores de su congregación, alentando a los feligreses a iniciar sus propios emprendimientos de venta ambulante y a escapar de patrones maltratadores. Si un marido mujeriego vuelve a sus andanzas o a la bebida, el pastor pasa a darle una charla para hacerlo entrar en razón.

Por supuesto, también presionan a su rebaño empobrecido para que dé en diezmo, como mínimo, el 10 por ciento de su dinero, pero ¿acaso no existimos en un sistema que iguala valorar algo con pagar por ello? En ese sentido, el evangelio de la prosperidad es la respuesta incómoda a un mundo que rinde culto al dinero todos los días, solo que generalmente lo hace sin ceremonia de por medio.

Además de eso, habría creciente evidencia de que el evangelio de la prosperidad, a su manera, cumple. En los últimos años se han publicado varias investigaciones académicas que afirman haber encontrado que las personas que provienen de la pobreza o de ciclos de violencia y adicción tienen mayores posibilidades de escapar de ese mundo si se unen a una Iglesia evangélica: la llamada profecía autocumplida de la gracia divina manifestada a través del bienestar material. Esta teología de la prosperidad no solo tiene éxito donde fracasan los Estados, sino que les ofrece a estos un incentivo para que fracasen, al brindarles a las poblaciones vulnerables la red de solidaridad que el Estado les niega.

El pentecostalismo de hoy tiene mucho en común con el giro político global hacia un populismo derechista que despotrica contra la globalización, el feminismo, la migración masiva y la ciencia. No es casualidad que la popularidad de esta fe coincida con un marcado cambio en la perspectiva política, social y económica alrededor del mundo. El pentecostalismo, de hecho, ha desempeñado un papel vital en el ascenso de un nuevo tipo de líderes de derecha dura, incluidos Donald Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán y Rodrigo Duterte. Pero este movimiento es, al mismo tiempo, más grande que la política. El avance de esta fe sigue los patrones de migración global de la clase trabajadora. Para muchas personas que se ven obligadas a mudarse a grandes ciudades, como Johannesburgo, San Pablo, Londres o Los Ángeles, la religión es su única forma de comunidad.

El pentecostalismo ofrece acceso directo al alimento espiritual, social y material en un universo que niega los tres a los pobres del mundo. Naturalmente, un número creciente de Iglesias pentecostales también atiende a las clases media y rica. Después de todo, la escala social siempre es resbalosa y cualquiera que la ascienda necesita de un milagro para mantenerse ahí arriba.

21 abril, 2022

(Publicado originalmente en Jacobin. Traducción y titulación de Brecha.)

*Elle Hardy es una periodista e investigadora australiana, autora de Beyond Belief: How Pentecostal Christianity Is Taking Over the World.

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El muro constará de una doble verja perimetral, sensores de movimiento, cámaras de reconocimiento facial, radares y sistemas de rayos infrarrojos. Imagen: AFP

ONGs advierten que "despertará xenofobia y racismo"

La pared tendrá 160 kilómetros, una extensión que recorre casi la mitad de la frontera entre ambos países. "Queremos poner fin a los graves problemas de inmigración ilegal, narcotráfico y tránsito de vehículos robados", dijo el presidente Luis Abinader. 

El presidente de República Dominicana, Luis Abinader, anunció que la construcción de un polémico muro que va a separar a su país del vecino Haití con el objetivo de controlar la inmigración ya se encuentra en marcha. Según precisó el mandatario, la pared tendrá 160 kilómetros, una extensión que recorre casi la mitad de la frontera entre ambos países. El muro, criticado por organizaciones no gubernamentales porque "despierta xenofobia y racismo", estará listo en aproximadamente nueve meses y costará unos 31 millones de dólares.

Las obras fueron inauguradas por el presidente Abinader a orillas del río Masacre, en la ciudad de Dajabón, el principal paso fronterizo de la isla, en una ceremonia cargada de simbolismo patriótico, a la que acudieron la cúpula militar y representantes de partidos políticos de todas las tendencias. La nueva valla es un paso más en la política de endurecimiento de las medidas migratorias que ha adoptado República Dominicana hacia Haití en los últimos meses, medidas que las autoridades justifican por el agravamiento de la crisis en el país vecino.

Los detalles del muro

La construcción de esta pared fue anunciada el pasado dos de marzo como parte de un proyecto más ambicioso que eventualmente abarcará la totalidad de la frontera, que mide 380 kilómetros. "En un plazo de dos años, queremos poner fin a los graves problemas de inmigración ilegal, narcotráfico y tránsito de vehículos robados que padecemos desde hace años", aseguró Abinader.

Si bien su inicio estaba previsto para el segundo semestre de 2021, hubo algunos retrasos y recién este mes el mandatario pudo anunciar el inicio de las construcciones. La propuesta, explicó Abinader, incluye "una doble verja perimetral en los tramos más conflictivos y una simple en el resto, además de sensores de movimiento, cámaras de reconocimiento facial, radares y sistemas de rayos infrarrojos".

El diseño del proyecto piloto para este "perímetro tecnológico" en la frontera, detalló el canciller dominicano, Roberto Álvarez, estuvo a cargo de la empresa israelí Rafael Advanced Defence Systems.

Inmigración y crisis en Haití

Actualmente la frontera entre República Dominicana y Haití cuenta con cuatro pasos formales, vigilados por las fuerzas armadas, pero también con zonas vulnerables a la migración ilegal y al contrabando. La relación entre ambos países, que comparten la isla La Española, es históricamente difícil y cada nuevo gobierno dominicano fija como prioridad el tema migratorio: en Dominicana, con 10,5 millones de habitantes, viven cerca de 500 mil haitianos según la Encuesta Nacional de Inmigrantes.

La propuesta de un muro fronterizo fue anunciada después de la implementación de planes de regularización de indocumentados, que son acompañados a su vez de deportaciones masivas. El 14 de enero de 2021, Abinader y su par de Haití, Jovenel Moise, quien en julio pasado fue asesinado por hombres armados mientras descansaba en su casa, habían firmado un acuerdo que incluía un compromiso para tomar medidas contra "el flujo migratorio irregular" y "reforzar la seguridad y la vigilancia fronteriza".

Desde el anuncio de la construcción del muro, las condiciones de vida en Haití se agravaron sensiblemente. Al magnicidio de Moise se sumaron los secuestros, la irrupción de bandas de narcotraficantes que controlan algunos sectores y catástrofes naturales. 

Según Abinader, República Dominicana "no puede hacerse cargo de la crisis política y económica, ni resolver el resto de los problemas" de Haití. El mandatario reiteró el domingo que esta crisis "debe ser superada por los mismos haitianos y atendida por la comunidad internacional", en particular Estados Unidos, Francia y Canadá, con apoyo de la Unión Europea y la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"Xenofobia y racismo"

William Charpentier, coordinador de la independiente Mesa Nacional para las Migraciones y Refugiados, consideró que "cada vez que se asoma en el mundo" la idea de construir un muro fronterizo se despierta "resentimiento, xenofobia y racismo". En República Dominica, denunció Charpentier, se vive una "persecución permanente", con deportaciones masivas de indocumentados e impedimentos a migrantes legales para renovar documentos o alquilar una vivienda.

A diferencia de las grandes ciudades, la dinámica en la frontera es diferente, con un intercambio comercial muy vivo y personas que cruzan de ambos lados para trabajar y regresan al final del día a sus hogares. "Hay un intercambio informal constante que no puede ser considerado contrabando. Si se bloquea, vas a tener flujos de migración interna desde poblaciones fronterizas a zonas urbanas", alertó.

Además, "sectores como la agricultura y la construcción requieren mano de obra extranjera", destacó Josué Gastelbondo, jefe de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Santo Domingo. Para Gastelbondo, lo ideal es que "medidas como ésta de incrementar el control fronterizo" sean complementadas "con medidas que promuevan la migración regular y ordenada".

Por su parte el alcalde de Dajabón, Santiago Riverón, dijo en que está en desacuerdo "con este tipo de muro" porque "el verdadero muro es el económico" y la corrupción. "Se va a hacer un muro físico. Ahora tenemos que trabajar con el muro en la mente de los militares, que son los que se aprovechan en la frontera y reciben un soborno de 100 o 200 pesos (dos o cuatro dólares) para dejar cruzar a los haitianos ilegales a territorio dominicano", disparó Riverón.

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Suicidio y covid: Del fatalismo a la prevención

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales está documentado, muchos suicidios se producen en momentos de crisis que limitan la capacidad de afrontar las tensiones inevitables de la vida. Múltiples estudios señalan que el aumento de los suicidios durante esta pandemia ha adquirido cifras alarmantes. En nuestro país hay que agregar el maltrato social (especialmente a los jubilados), la pobreza creciente, la desocupación, el avance arrollador del narcotráfico y la no inclusión social. Todos factores que incrementan en forma exponencial el riesgo de suicidio.

Según cifras provistas por la OMS, aproximadamente 800.000 personas se suicidan anualmente (sin considerar estos 20 meses de catástrofe sanitaria, económica y política). Entre 10 y 20 millones de personas intentan suicidarse cada año. En 1995 murieron más jóvenes por suicidio que por sida, cáncer, apoplejía, neumonía, influenza, defectos congénitos y enfermedades cardíacas sumadas. Algunos estiman aproximadamente 23 intentos por cada suicidio consumado.

En el inicio de mi formación profesional fui becado para trabajar en el Suicide Prevención Center de Los Ángeles. Centro pionero en el abordaje de la prevención y tratamiento del suicidio que desarrolló la autopsia psicológica (que estudia los seis últimos meses de los suicidas “exitosos”). Mediante un extenso estudio epidemiológico elaboraron un cuestionario que permitía diagnosticar con cierta precisión el riesgo suicida. Desde entonces seguí con atención las cifras que evidencian el incremento de suicidios. En este texto pretendo difundir elementos que contribuyan a su prevención.

El proceso suicida suele atravesar tres fases: 

  1. Aparición de la idea suicida ante una situación conflictiva o un estado de humor deprimido. 
  2. En la fase de duda el individuo pasa de la idea a la posibilidad de llevar a cabo la idea. 
  3. En la fase de decisión aparecen los preparativos para pasar al acto.

Múltiples motivaciones pueden llevar a un intento de suicidio: 

  1. Desesperación por no alcanzar ciertas objetivos, lo que se considera un fracaso. 
  2. Huida ante ciertas situaciones. 
  3. Una forma de llamar la atención. 
  4. El sufrimiento crónico propio de las depresiones graves. 
  5. La soledad y el aislamiento.

Además de describir los factores sociales implicados en el suicidio, los estudios epidemiológicos han demostrado que casi el 50% están afectados por una forma u otra de depresión. Los trastornos fronterizos así como el abuso o adicción a sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol, favorecen la conducta suicida. Las situaciones conflictivas de pareja o familiares, los duelos, el aislamiento social, la pérdida del status socioeconómico, aumentan el riesgo suicida.

Los intentos son más frecuentes en las mujeres, mientras que la consumación es más probable en los varones. Las tentativas son más frecuentes en los jóvenes (con menos de 35 años), mientras que la consumación es más frecuente en personas mayores de 65 años.

Los problemas económicos son el principal factor para el grupo con edades comprendidas entre los 40 y los 65 años. En pacientes con más de 65 años, las enfermedades desempeñan un papel protagónico y es el factor mas frecuente en los mayores de 80 años.

La tasa de suicidios aumenta en pacientes mayores de 65 años. Inciden factores como el aislamiento social, la pérdida del cónyuge, la inestabilidad económica y el tratamiento inadecuado de las depresiones. Las características de esta población, incluyendo la depresión enmascarada (múltiples quejas somáticas o temores sin fundamento de padecer una enfermedad somática) y la seudodemencia (disminución ficticia de la capacidad cognitiva por un trastorno depresivo primario).

La manera más eficaz de prevenir la conducta suicida es la detección precoz de la depresión, instaurando un tratamiento adecuado, valorando el potencial suicida del paciente y si éste es elevado, tomando medidas de contención como la psicoterapia, los antidepresivos, la internación psiquiátrica o domiciliaria.

Las depresiones constituyen la categoría diagnóstica más frecuente entre las personas que se suicidan. Aproximadamente el 15% de los pacientes acabará consumando el suicidio. La más alta incidencia de suicidios se presenta en trastorno depresivo mayor así como en la fase depresiva de la forma bipolar.

Si aproximadamente el 15% de los pacientes depresivos cometen suicidio, la convierte en una de las enfermedades más letales. El trastorno depresivo mayor tiene un riesgo de suicidio 20 veces mayor al de la población general, así como los pacientes bipolares tipo I tienen un riesgo 15 veces mayor.

La dependencia de sustancias (alcohol o drogas) aumenta hasta cinco veces el riesgo de suicidio. Después de las depresiones, la dependencia de sustancias constituye el diagnóstico más frecuente en las personas que cometen suicidio. Además del riesgo de suicidio que comporta la dependencia del alcohol, la intoxicación alcohólica aguda lo aumenta. Además, la desinhibición y la escasa capacidad de juicio asociadas al estado de intoxicación pueden provocar comportamientos de alto riesgo, como accidentes de tránsito y sobredosis.

La desesperanza y la desesperación sin ser específicas de las depresiones pueden acompañar a otros síndromes: esquizofrenia, trastornos de ansiedad y enfermedades médicas. La vergüenza y la humillación son factores que subyacen al suicidio.

*Luis Hornstein es médico psicoanalista. Premio Konex de Platino a la trayectoria en psicoanálisis (década 1996-2006). Su útimo libro es Ser analista hoy (Paidós, 2018).

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Lunes, 31 Enero 2022 05:26

Mirar y mejor no ver

Imagen: Bernardino Avila

En el centro de la ciudad de Bogotá hay un barrio industrial con la particular fisonomía de presentar manzanas enteras de esqueletos de casas demolidas. Puente Aranda se llama. Esos esqueletos de hormigón y revoltijos de basura albergan a quienes se debería mencionar como personas en situación de calle --hay quienes luchan y ponen toda su energía solidaria para considerar lo provisorio de esa “situación”-- que en el ámbito local la jerga los destrata como “los sintecho”, pero que en Bogotá, más realistas y nada mágicos, lisa y llanamente los conocen como “los desechables”.

Desechables, descartables, como autos para el desguace, como mueble viejo, como plásticos no reciclables, como residuos patológicos o pilas.

En fin, personas a desechar.

Bogotá no es dueña original de esa producción de “desechables”. Mas bien, nacen en todo el mundo como personas, como cualquiera, y las circunstancias --no de su vida, sino de las políticas más crueles que ha promovido el neoliberalismo-- las dejan con escasísimas (o ninguna) herramientas para mantenerse dentro del sistema, en Bogotá, en Buenos Aires, en Nueva York, en Madrid, en todas las ciudades del mundo, especialmente las grandes, que convocan multitudes con promesas de futuro y escupen una enorme proporción de ellas. Las que el sistema juzga que están de más.

En Vidas precarias, Judith Butler sostiene que en la construcción de la realidad hegemónica hay quienes merecen la pena de tener luto por ellos y hay quienes no, como una construcción de la mirada hegemónica que decide quienes sí y quienes no.

Desde otra perspectiva, en Vidas desperdiciadas, Zygmunt Bauman hace hincapié en la adictiva producción de vidas miserables, residuos de la industria de la vida en metrópoli y subraya la inseguridad que provoca que esas personas, consideradas residuos, reclamen, se levanten, protesten, busquen apoyos en la comunidad a la que pertenecen y de la que son despojados.

No son los únicos autoras o autores, ni es noticia. Esas muertes en vida son provocadas en una guerra cotidiana y no siempre silenciosa, en la que nadie quiere quedar implicado, quedar sometido a los vapuleos de una vida fuera de los conceptos mercantiles de lo que es vida.

Son los despojos humanos que la sociedad no ve, no quiere ver, la sociedad de la inmensa ceguera autosumergida y autosustentada. No ver lo que no se quiere ver, como explicación apriorística de que no existe. Negacionismo desparramado a niveles insospechados, porque excede los límites de lo que hoy apuntaríamos como antivacunas o antiderechos en los casos de género, cuya negativa resulta de una postura execrable, pero consciente, pensada, intencionada.

No, en este caso se trata de otro tipo de negacionismo vinculado a la invisibilidad producto de la no videncia, al no te metás, al mirar para otro lado que se llega tarde al trabajo, o a donde sea, porque cualquier lugar será más tabla de salvación que ver e interrumpir lo rutinariamente programable. No es una posición que resulte confortante, porque es escurrirse a la realidad, y por dentro se sabe de esto, pero hay algo que lleva a naturalizar esa ceguera involuntaria aunque voluntariamente. Hay algo que lleva a no ofrecerle a alguien verlo, a no ofrecer ver esas personas, a no incluirlas como parte nuestra.

El miedo es protagonista fundamental en esta fórmula naturalizada de anulación mediante la invisibilización. El miedo introducido por el mensaje de la inseguridad selectiva, que juzga qué es peligroso y qué no, sin necesidad de que ese peligro tenga algún tipo de ancla con la realidad. La inseguridad real está compuesta por muchas más aristas y más profundas que la reconocible como “delincuencial”. Ni siquiera lo “delincuencial” tiene una mirada clara, sino que también hay una profunda selectividad incorporada en los mensajes, que hacen que el robo y humanicidio cotidiano del sistema mediante desajustes, pauperización, aumentos, devaluaciones, destrucción de humedales, talado de árboles, predominio del negocio del cemento inmobiliario, explotación extrema de los campos, destrucción de la fauna, por mencionar algunos, no sea visto como peligroso, pero sí una persona que yace en el piso.

Miedo a que al mirar se vea demasiado, y haya que involucrarse más de lo que se puede, porque la mayor parte de las personas está dispuesta a hacer algo, pero todo ese algo se aparece de dimensiones tan monstruosas, que lo hace imposible.

Ese miedo sugerido en miles de mensajes instruye a que implicarse es solo de manera individual, sin manos, sin abrazos, una mirada individual de nuestro propio aislamiento, lo que hace proponer cualquier intención solidaria como una osadía que mejor dejar para alguien más osado.

Mejor pasar de largo y pensar en la comida de los pibes.

Pero ese miedo naturalizado tiene errores también en su horroroso sistema de selectividad. Más que errores, muestra a una máquina que tritura lo que encuentra a su paso y eso es lo que alimenta el miedo. No todos están dispuestos a exponerse y mirar, con todo lo que significa ver.

Hace unos días, murió René Robert, fotógrafo suizo del flamenco, a los 84 años. Murió en la calle, dicen que por hipotermia, pero murió de no ser visto. En una de las calles más transitadas de París, a pocos metros de su casa.

Nadie durante nueve horas se le acercó. La noticia dio la vuelta al mundo por eso, por la sorpresa de haberle ocurrido a alguien a quien no le estaba reservada esa horrible distancia de los demás.

Dijeron que murió de frío, pero no. Murió de distancia.

Nadie sabe si fue visto o no hasta el momento en que alguien con necesidad de ver lo vio y pidió ayuda.

Es probable, como parte de las conjeturas optimistas, que si lo hubieran visto caer hubiese sido otra la reacción. Es imaginable, porque sería identificarlo como no desechable, y entonces, sí verlo y socorrerlo como a uno de los “nuestros”. Pero al estar caído, un bulto humano más como tantos en la calle... Mirar y mejor no verlo.

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Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:40

Un planeta cada día más desigual

Un planeta cada día más desigual

El 10% más rico del planeta posee el 76% de la riqueza mundial.

La mitad más pobre dispone apenas del 2% del total de la riqueza.

Unos poquitos, siempre tienen más. La mayoría, cada vez cuenta con menos. Aunque no sea un fenómeno nuevo, la desigualdad global continúa acentuándose e invita al estallido social.

De los 7.8 billones de personas que habitan actualmente el planeta, son solo 9 los mega ricos que tienen una riqueza individual superior a los 100 mil millones de dólares, lo que representa, en conjunto, 1.320 mil millones. Otros 62 millones de individuos son los *millonarios*, es decir, cuentan con una fortuna mayor a 1 millón de dólares.

Cien investigadores del mundo entero, coordinados por cuatro “pesos pesados” del análisis macro –Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucma–cruzaron datos, estadísticas y análisis para producir el Informe Sobre Desigualdad Mundial Global 2022, publicado el pasado martes 7 de diciembre (https://wir2022.wid.world/www-site/uploads/2021/12/Summary_WorldInequalityReport2022_Spanish.pdf).

Según dicho informe, las 52 personas más ricas del planeta han visto crecer el valor de su riqueza un 9,2% anual durante los últimos 25 años, en tanto que el club del 1% más rico –aquellos con más de 1,3 millones de dólares de riqueza– ha acaparado más de un tercio de toda la riqueza planetaria desde 1995.

La pandemia, por otra parte, ha jugado y continúa jugando como un disparador de las distancias sociales. Después de más de 18 meses de Covid-19, el mundo está más polarizado que antes en términos de desigualdad de riqueza, declaró Lucas Chancel, codirector del Laboratorio Mundial de la Desigualdad de la Escuela de Economía de París y coordinador del informe. Mientras que la riqueza de los multimillonarios ha aumentado más de 3,6 billones de euros, otros 100 millones de personas han pasado a engrosar las filas de la pobreza extrema a causa de la crisis sanitaria actual.

Información abierta: bien público mundial

Estos investigadores fundamentan la motivación de su trabajo en un nuevo paradigma interpretativo: la información sobre la desigualdad, abierta a la gente, transparente y confiable, constituye un bien público mundial.

Los promotores de esta investigación enfatizan una realidad incontrovertible: “vivimos en un mundo en el que abundan los datos y, sin embargo, carecemos de información básica sobre la desigualdad. Ejemplo de hecho es la paradoja de que, a pesar de que los gobiernos publican anualmente cifras sobre el crecimiento económico, por lo general sus informes no detallan cómo se distribuye ese crecimiento entre la población. En otras palabras: no explican quién gana y quién pierde en este partido. Y definen un concepto de referencia de su trabajo científico “el acceso a dichos datos es fundamental para promover la democracia”. Más allá de los ingresos y la riqueza, también es fundamental “mejorar nuestra capacidad colectiva para medir y monitorear otras dimensiones de las disparidades socioeconómicas, incluidas las temáticas ambientales y de género”, subrayan.

Un planeta cada vez más desigual

El 10% más rico de la población del planeta recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre tan solo un 8,5%. En promedio, un individuo que forma parte de ese 10% privilegiado gana 87.200 euros (122.100 dólares) por año, en tanto que otro en la mitad más pobre sólo 2.800 euros (3.920 dólares).

Si las distancias en cuanto a ingresos producen escalofríos, las desigualdades mundiales a nivel de riqueza son, incluso, más pronunciadas. Por ejemplo: la mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2% del total de la riqueza. La otra cara de la misma moneda: el 10% más rico dispone del 76% de toda la riqueza. Lo que significa que la mitad más pobre de la población cuenta con un patrimonio promedio de 2.900 euros (4.100 dólares) por persona, en tanto el 10% más rico acapara, en términos promedio, una riqueza de 550.900 euros (771.300 dólares).

La desigualdad varía significativamente entre la región más igualitaria (Europa) y la más desigual (Medio Oriente y África del Norte). En Europa, el 10% más rico se queda con el 36% de los ingresos, mientras que en la región del Medio Oriente y África del Norte esta cifra alcanza el 58%. Entre estos dos niveles, se constata una diversidad de patrones. Por ejemplo, en el este de Asia, el 10% más rico se apropia del 43% del ingreso total, mientras que en América Latina el sector más rico se queda con el 55% de dicho ingreso.

Algo que también es evidente, según este informe, es que las desigualdades de ingresos y riqueza han ido en aumento en casi todas partes desde la década de 1980, tras una serie de programas de desregulación y liberalización – ajustes neoliberales — que diferentes países adoptaron con diversas modalidades.

Este aumento no ha sido uniforme: en algunos países (incluidos Estados Unidos, Rusia e India) la desigualdad ha experimentado incrementos espectaculares, mientras que en otros (en Europa y China) este aumento fue relativamente menor. Estas diferencias, según los autores del informe, confirman que la desigualdad no es un fatalismo inevitable, sino producto de “una elección política”, una consecuencia del modelo que se aplica.

Por otra parte, y desde una perspectiva histórica, “las desigualdades globales contemporáneas se acercan a los niveles de principios del siglo XX, en la cúspide del imperialismo occidental”, sostiene el estudio coordinado por el joven economista francés Lucas Chancel. De hecho, la proporción de ingresos que capta actualmente la mitad más pobre de la población mundial equivale aproximadamente a la mitad de lo que captaba en 1820, antes de la gran divergencia entre los países occidentales y sus colonias. En otras palabras, escriben los investigadores, “aún queda un largo camino por recorrer para deshacer las desigualdades económicas globales heredadas de la alta desigualdad en la organización de la producción mundial entre mediados del siglo XIX y mediados del XX”.

La “privatización” acelerada de la riqueza

Otra conclusión contundente del Informe Sobre la Desigualdad Mundial Global 2022 es que durante los últimos 40 años las naciones se han vuelto más ricas, mientras que los gobiernos son cada vez más pobres. Para entender esta paradoja es esencial evaluar la brecha entre la riqueza neta de los gobiernos y la del sector privado.

La participación de la riqueza en manos de los actores públicos es cercana a cero o negativa en los países ricos, lo que significa que la totalidad de la riqueza está en manos privadas. Esta tendencia se ha visto magnificada por la crisis del Covid-19, durante la cual los gobiernos han tomado prestado, esencialmente del sector privado, el equivalente al 10-20% del Producto Interno Bruto.

La escasa riqueza actual de los gobiernos tiene importantes implicaciones para las capacidades estatales de abordar la desigualdad en el futuro. Y para hacer frente a los desafíos clave del siglo XXI como, por ejemplo, el cambio climático. Así lo afirma el centenar de economistas que participaron en esta investigación.

Desigualdad ecológica y de género

Las desigualdades mundiales de ingresos y riqueza están estrechamente relacionadas con desigualdades ecológicas y en las contribuciones al cambio climático, sostienen.

En promedio, los seres humanos emiten 6,6 toneladas de dióxido de carbono (CO2) per cápita por año. Sin embargo, el 10% más acaudalado de los emisores es responsable de cerca del 50% de todas las emisiones, mientras que el 50% de los emisores más pobres produce el 12% del total.

Pero no es solo un problema de países ricos contra países pobres, ya que hay altos emisores en países de ingresos bajos y medianos, y bajos emisores en países ricos. Así, por ejemplo, en Europa el 50% más pobre de la población emite alrededor de cinco toneladas al año por persona; en el este de Asia, el 50% equivalente emite alrededor de tres toneladas, y en América del Norte alrededor de 10 toneladas. Esto contrasta marcadamente con las emisiones del 10% más rico en estas regiones (29 toneladas en Europa, 39 en Asia Oriental y 73 en América del Norte).

El informe también revela que la mitad más pobre de la población en los países ricos ya ha alcanzado o está por alcanzar las metas climáticas para 2030 si se tiene en cuenta el criterio de cálculo per cápita. No es el caso de la mitad más pudiente. Las grandes desigualdades en lo que hace a emisiones sugieren que las políticas climáticas deberían apuntar más a los contaminadores ricos. Hasta ahora, las políticas climáticas, como los impuestos al carbono, a menudo han impactado de manera desproporcionada a los grupos de ingresos bajos y medianos, sin modificar los hábitos de consumo de los grupos más poderosos, enfatiza el informe.

A otro nivel, en un mundo que reconoce y afirma la igualdad de género, las mujeres deberían ganar el 50% de todos los ingresos laborales. Pero la realidad es otra: la participación de las mujeres en los ingresos laborales totales se acercó al 30% en 1990 y se sitúa en menos del 35% en la actualidad. Es decir, en 30 años, el progreso a nivel mundial ha sido muy lento.

Redistribuir la riqueza para invertir en el futuro

Chancel, Piketty, Saez, Zucman y el centenar de expertos que investigaron durante los últimos cuatro años no se autocensuran cuando llega el momento de sugerir algunas propuestas viables.

Por ejemplo, abogan por una tasa sobre el patrimonio de los multimillonarios globales. Según sus cálculos, un modesto impuesto progresivo sobre ese gran volumen de concentración de riqueza podría generar ingresos importantes para los gobiernos, lo que les facilitaría una inversión substancial y justa en educación, salud y protección climática.

En 2021, señalan, había en el mundo 62 millones con más de 1 millón de dólares, o su equivalente. Su riqueza promedio era de 2.8 millones de dólares, lo que representa un total de 174 billones. A la luz de estas cifras, un impuesto progresivo sobre semejante patrimonio global, como estos investigadores proponen, generaría un ingreso significativo para las arcas de los Estados con el consiguiente impacto en sus políticas sociales.

Abordar los desafíos del siglo XXI no es factible sin una redistribución de ingresos y riqueza de tal modo que las desigualdades actuales se reduzcan gradualmente. El surgimiento de los Estados modernos de bienestar en el siglo XX, asociado con un significativo progreso en los ámbitos de la salud, la educación y oportunidades para todos, estuvo vinculado con el aumento de tasas impositivas progresivas y pronunciadas. Según el informe, fue este progreso, precisamente, lo que contribuyó fundamentalmente a la aceptación definitiva de una política de expansión fiscal, así como de socialización de la riqueza.

El informe enfatiza que será necesaria una evolución similar para abordar los desafíos del siglo XXI. La evolución del siglo XX de la fiscalidad internacional muestra que, de hecho, es posible avanzar hacia políticas económicas más justas tanto a nivel mundial como nacional. La desigualdad es siempre una opción política, y aprender de las políticas implementadas en otros países o en otros momentos es fundamental para diseñar vías de desarrollo más justas.

En cuanto a la evasión fiscal, el informe aboga por la creación de un registro financiero internacional bajo la égida de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos o de la ONU, lo cual «le permitiría a las autoridades fiscales y reguladoras verificar si los contribuyentes declaran correctamente sus activos e ingresos de capital, independientemente de lo que las instituciones financieras offshore quieran revelar».

Al igual que en el caso de la crisis climática, también en el terreno de las desigualdades mundiales el diagnóstico es contundente. La enfermedad estructural está claramente identificada. Una parte de la sociedad civil internacional, como los autores del informe, optan por proponer soluciones viables. Las condiciones necesarias para una terapia efectiva están prácticamente a la mano. Falta solo voluntad política para revertir el mundo que no queremos.

Publicado enEconomía
Martes, 14 Diciembre 2021 06:27

Clima, desigualdades y lucha de clases

Clima, desigualdades y lucha de clases

Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

Metodología

El autor compara las emisiones de CO2 en el ámbito del consumo. Las emisiones se imputan por tanto al país en el que se consumen los bienes y servicios, no a los países en los que se producen. Se expresan en toneladas de CO2 por persona y año, cifra que se obtiene dividiendo las emisiones del país en cuestión entre el número de habitantes. El resultado incluye todas las fuentes de emisión: hogares, empresas, servicios públicos, pero se corrige en función de los resultados de las encuestas nacionales sobre las condiciones de vida de los hogares (aplicando un coeficiente carbono a los bienes y servicios consumidos). Esta corrección permite determinar la desigualdad climática no solo entre el Norte y el Sur, sino también entre pobres y ricos dentro de cada país, tanto si estos figuran entre los ricos como si no.

El texto insiste además en la importancia creciente de este enfoque: “Aunque la desigualdad de emisiones de carbono sea a menudo más fuerte a escala global (se considera que las desigualdades entre países contribuyen en un 70 % a la desigualdad climática global), las desigualdades dentro de los países también son muy significativas. Estas desigualdades condicionan cada vez más la ampliación de la desigualdad global y afectan probablemente en mayor medida a la aceptabilidad política y social de los esfuerzos nacionales por reducir las emisiones.” (Cursivas mías, DT). Más adelante retomaremos esta cuestión, que tiene a todas luces una importancia estratégica en la lucha por el clima.

La política climática ahonda las desigualdades

Tenemos una estimación de los porcentajes de emisiones actuales imputables al consumo de los diferentes grupos de la población: el 1 % más rico, el 10 % más rico, el 40 % de renta media y el 50 % más pobre (el 1 % se incluye después en el 10 %). Sobre la base de las contribuciones nacionalmente determinadas de los Estados (NDC, en otras palabras, los planes climáticos nacionales) y los nuevos compromisos que estos han comunicado justo antes de la COP26, podemos calcular el volumen probable de las emisiones en 2030, y por tanto también la desviación de este volumen con respecto a la trayectoria que deben seguir las reducciones para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 (esta desviación se designa en inglés con la expresión emissions gap).

También podemos calcular la probable evolución de los porcentajes de emisiones de cada grupo de rentas, relacionarlos con el número de personas de cada grupo y obtener así los volúmenes de emisiones medios por persona y por grupo, tanto a escala global como nacional. Finalmente, podemos comparar estos volúmenes con el volumen de emisiones individual medio compatible globalmente con el objetivo de 1,5 °C como máximo: 2,3 toneladas de CO2/persona/año (para una población de 7.900 millones de personas en 2030)). De esta manera se consigue más que visualizar la injusticia climática actual; se ve en qué sentido la política aplicada la hará evolucionar de aquí a  2030, a escala global y por grupos.

Los resultados pueden resumirse en forma de cuadro:

Clases*

Número aproximado de personas

Renta media/ persona/año

Porcentaje de emisiones globales en 1990

Porcentaje de emisiones globales en 2030

Desviación en 2030 con respecto a 2,3 tCO2/persona/año

1 %

79 millones

> 172.000 $

13 %

16 %

+ 67,7 tCO2/pers/año

10 %

790 millones

> 55.000 $

37 %

32 %

+ 18,7 tCO2/pers/an

40 %

1.975 millones

> 9.800 $

42 %

43 %

+ 2,5 tCO2/pers/año

50 %

3.400 millones

< 9.800 $

8 %

9 %

‒ x**

* El 1 % más rico se incluye después en el 10 %

** El 50 % se sitúa muy por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año. Según el estudio, seguiría estándolo incluso si sus emisiones aumentaran un 200 % de aquí a 2030.

Para no malinterpretar estos números, es preciso insistir en que aquí no se evalúa la desigualdad social, sino la desigualdad de emisiones de carbono. Así, la disminución esperada en 2030 del porcentaje de emisiones globales imputables al 10 % no implica evidentemente que los ricos serán menos ricos dentro de diez años, sino que refleja el hecho de que los miembros del grupo mundial del 10 % viven principalmente en países capitalistas desarrollados, donde la intensidad de emisión de carbono disminuirá más rápidamente que en el resto del mundo y de que tienen más medios que los demás para adquirir tecnologías verdes. Más adelante volveremos sobre la manera de interpretar el hecho de que el porcentaje de emisiones del 1 % de superricos siga creciendo a pesar de todo. De momento, centrémonos en los muy ricos y en los pobres.

El estudio confirma lo que Oxfam repite desde hace años: el 1 % más rico de la población mundial emite casi dos veces más CO2 que el 50 % más pobre. Además, se constata que las políticas climáticas adoptadas por los gobiernos desde la COP21 (2015, París) ahondan esta injusticia: en efecto, el porcentaje de emisiones globales imputables al consumo del 1 % más rico ha pasado del 13 % en 1990 al 15 % en 2015 y continuará subiendo para alcanzar el 16 % en 2030. Entonces será un 25 % superior a lo que era 1990, y 16 veces más elevado que la media global. En 2030, cada persona perteneciente al grupo mundial de los superricos emitirá más de 30 veces las 2,3 toneladas de CO2/persona y año compatibles con el respeto de 1,5 °C como máximo. El 50 % más pobre, en cambio, apenas experimentará cambio alguno: su porcentaje de emisiones mundiales pasará del 8 % al 9 % anual y sus emisiones por persona se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año.

La reducción de las emisiones es inversamente proporcional a la renta

La imagen de un agravamiento de la injusticia climática global desde la COP21 gana nitidez cuando se compara la evolución de 2015 a 2030 de las emisiones por persona de cada grupo (fruto de las políticas llevadas a cabo) con la evolución que deberían experimentar estas emisiones por grupo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática:

Clases

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 con las políticas actuales

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 compatibles con la justicia climática

1 %

‒ 5 %

‒ 97 %

10 %

‒ 11 %

‒ 90 %

40 %

‒ 9 %

‒ 57 %

50 %

+ 17 %

+ 233 %

Globalmente, las emisiones por persona en 2030 serán un 7 % más bajas que en 2015 (¡si los Estados cumplen sus compromisos!). Es sabido que esta reducción es muy inferior a la reducción media por persona que se requiere para mantener la cota máxima de 1,5 °C: un 52 %. El elemento nuevo que aparece aquí es que, además de agravar la desigualdad global, el esfuerzo que conllevan las políticas climáticas de los gobiernos es inversamente proporcional a la renta: el 1 % más rico hará una veintava parte (97/5), el 10 % más rico la octava parte (90/11) y el 40 % de rentas medias la seisava parte (57/9) de lo que debería dictar la justicia climática.

Por tanto, hay injusticias entre estas tres clases (el 40 % de rentas medias es el que más se acerca al objetivo) y al mismo tiempo una injusticia todavía mayor debido a que la mitad de la población mundial no utilizará en 2030 más que una treceava parte del presupuesto de carbono al que tendría derecho si se respetara el principio de las responsabilidades y capacidades diferenciadas (233/17). (El autor consolida así la conclusión a la que había llegado en una publicación anterior: un tercio del presupuesto de carbono compatible con el acuerdo de París se malgasta en ampliar el consumo del 10 % más rico de la población mundial.)

La evolución de los porcentajes de emisiones imputables al 10 % más rico (entre 55.000 et 172.000 $/año) y al 40 % cuya renta se califica de media (entre 9.800 y 55.000 $/año) merece un examen más detenido. Estas dos categorías engloban, en efecto, a sectores sustanciales, incluso mayoritarios, de la clase trabajadora asalariada de los países capitalistas desarrollados y en los llamados países capitalismos emergentes, respectivamente. (Expresado en equivalentes a jornada completa, la renta bruta anual media de la clase trabajadora es de unos 44.000 $/año en Europa Occidental y de 63.000 $/año en EE UU. Según las fuentes, varía entre 9.200 $/año y 14.000 $/año en China, Brasil y África del Sur.) El estudio incluye un gráfico muy ilustrativo, en el que se comparan tres trayectorias de evolución de las emisiones por persona en función de la renta: de la gente más pobre entre los pobres a la gente más rica entre los ricos: la trayectoria de 1990 a 2015, la de 2015 a 2030 y la de 2015 a 2030 compatible con el máximo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática. La doble conclusión del estudio es impactante:

  1. “Las clases medias mundiales (el 40 %) que vio crecer con mayor rapidez su tasa de emisiones durante los años 1990-2015 experimentarán la inversión de la tendencia más pronunciada durante los años 2015-2030”;
  2. “Las reducciones (de las emisiones, DT) más profundas se centrarán en las personas que perciben las rentas más bajas en los países ricos”.

Las promesas de transición justa: cortinas de humo

Examinar la injusticia climática en función de los grupos de renta permite captar las realidades que no aparecen en el análisis cuando la cuestión se plantea simplemente en términos de países pobres y ricos. concretamente, esto saca a relucir la creciente responsabilidad de la gente rica, y sobre todo de la superrica, no solo en el Norte, sino también en el Sur global. Como dice el estudio, “es notable que en todos los países con mayores emisiones, las proyecciones en 2030 del 10 % más rico y del 1 % más rico nacionalmente muestran huellas de consumo individual sustancialmente superiores al nivel de 1,5 °C global per cápita” (cursivas mías, DT). Veamos esto más de cerca:

  • India es el único gran país emisor en el que las emisiones medias en 2030 se mantendrán por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año compatibles con la cota máxima de 1,5 °C. También es el único en que las emisiones del 50 % más pobre se situará claramente por debajo de este nivel. Sin embargo, las emisiones del 10 % de personas indias más ricas quintuplicarán este nivel, y las del 1 % más rico lo multiplicarán por 20.
  • El 50 % de personas estadounidenses más pobres superarán un poco el umbral de 2,3 tCO2/persona/año, pero el 1 % más rico emitirá en promedio 55 veces más (127 toneladas) y el 10 % más rico 15 veces más (unas 35 toneladas).
  • En China, las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán en 2030 por debajo del fatídico listón, pero las del 10 % más rico lo superarán más de 10 veces y las del 1 % más rico más de 30 veces (82 toneladas).
  • Las proyecciones para la Unión Europea y el Reino Unido también son muy instructivas: en 2030, las emisiones del 50 % más pobre se acercarán al volumen medio global compatible con 1,5 °C…, pero las del 10 % más rico lo multiplicarán por cinco o seis, y las del 1 % más rico, por quince.

Más claro el agua: estos datos demuestran que los compromisos de transición justa incluidos en las resoluciones oficiales de las COP no son más que cortinas de humo. Bla-bla-bla. En realidad, se observa un doble movimiento: 1) se acentúa la injusticia climática y 2) la clase de los superricos y supercontaminadores se recompone debido al ascenso fulgurante del Capital en Asia. Dentro de este grupo no es exagerado hablar de un cambio profundo. En efecto, en 2015 el 1 % más rico del planeta emitía el 15 % del CO2 global. La gente rica china aportaba un 14 %, la estadounidense un 37 %, la europea un 11 % y la india un 5 %. Según las proyecciones del estudio, en 2030 el 1 % más rico habrá incrementado aún más su contribución a la emisión mundial de CO2: el 16 %. Pero entonces la gente rica china aportará un 23 %, la estadounidense un 19 %, la europea un 4 % y la india un 11 %. (Vista la importancia del carbón en China y en India, este “cambio de la geografía de la desigualdad de emisiones de carbono”, como dice el estudio, podría ayudar a explicar el hecho de que el porcentaje de las emisiones globales del 1 % superrico siga aumentando, a diferencia del del 10 %). Véase el resumen en el siguiente cuadro:

 

Porcentaje del CO2 global emitido por el 1 % más rico en 2015

Porcentaje del CO2 global emitido par el 1 % más rico en 2030

Mundo

15 %

16 %

China

14 %

23 %

Estados Unidos

37 %

19 %

Unión Europea

11 %

4 %

India

5 %

11 %

El autor del estudio no lo señala, pero resulta chocante constatar también que en el otro extremo de la pirámide de las rentas se observa una convergencia bastante clara de las huellas de carbono: el 50 % más pobre de EE UU, de la UE, del Reino Unido y de China emitirá en 2020, por persona, una cantidad de CO2 relativamente análoga, un poco superior o un poco inferior a las 2,3 t/persona/año. (India es el único gran país emisor en el que las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas, el mismo nivel que en los llamados países en desarrollo.)

Una imagen incompleta

A pesar de su gran interés, el estudio de Oxfam no refleja una imagen completa de las responsabilidades climáticas de las diferentes clases de renta. Es más que probable que subestime las emisiones imputables a la gente más rica, pero también que sobrestime las emisiones imputables al 40 % de rentas medias e incluso a una franja del 10 % de gente rica. Hay, en efecto, dos dificultades.

En primer lugar, las emisiones imputables al 1 % más rico son tan difíciles de delimitar como sus bienes, y ello por el mismo motivo: el secreto bancario, el fraude fiscal y la ausencia de un catastro patrimonial. El autor lo señala: “Mientras que existen métodos sólidos para estimar las huellas individuales mediante la aplicación de coeficientes de carbono a los bienes y servicios identificados en los censos de población, es bien sabido que dichos métodos subestiman el consumo de la gente más rica". Para obviar este problema, el estudio se basa en los trabajos de investigadoras que han sacado a relucir diversas realidades. Por ejemplo:

  • los datos disponibles con respecto a los automóviles, las casas, los aviones y los yates indican que las emisiones debidas al consumo de los multimillonarios alcanzan fácilmente varios miles de toneladas de CO2/persona/año. Los grandes yates, cuyas ventas se han disparado durante la pandemia, son las principales fuentes de estas emisiones (un yate grande emite unas 7.000 toneladas de CO2/año);
  • el transporte es la principal fuente de emisiones de la gente superrica. En particular, el transporte aéreo: según ciertos estudios, el 50 % de los vuelos de pasajeros corresponden al 1 % de la población mundial. Sobre la base de los viajes de la gente famosa, podemos considerar que la huella avión de los más ricos alcanza los varios miles de toneladas de CO2/año. Evidentemente, el desarrollo insensato del turismo espacial no hará más que reforzar esta tendencia. (Vista la dependencia del transporte aéreo de los combustibles fósiles, el uso intensivo del avión por el 1 % puede valer de segunda explicación del hecho de que el porcentaje de emisiones mundiales de este grupo continúe aumentando, contrariamente al del 10 %.)

Sin embargo, este hiperconsumo de gran lujo no es más que la punta del iceberg: no tiene en cuenta las emisiones imputables a las inversiones capitalistas del 1 % más rico. El autor cita trabajos que cifran en un 70 % la parte de la huella de carbono de los más ricos derivada de sus inversiones capitalistas, pero no se trata más que de una estimación, dificultada por la opacidad del sector financiero.

En segundo lugar, incluso aplicando a las emisiones de los hogares el coeficiente de carbono mencionado más arriba, repartir las emisiones de las empresas y del sector público entre toda la población constituye un enfoque discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho ‒mencionado en el estudio‒ de que los mayores emisores de CO2 (el 1 % más rico) ejercen sobre las decisiones “una influencia desproporcionada en virtud de su condición, de su poder político y de su acceso a los decisores políticos”. Por citar un ejemplo: el proyecto de aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes [en Francia] respondía a las necesidades de la empresa Vinci y de sus accionistas, no a las de las clases populares. El mismo razonamiento vale para los gastos militares y numerosos proyectos, por no hablar de las subvenciones públicas a las empresas.

Límites del análisis a través del consumo

Con esto llegamos a tocar los límites de un enfoque de la catástrofe climática basado en el consumo de las diferentes categorías de renta. En realidad, puesto que todo consumo presupone una producción, los niveles de consumo de los grupos de renta han de analizarse a la luz de las posiciones que ocupan estos grupos en la producción. “La influencia desproporcionada” del 1 % más rico se da en todas partes, pues los miembros de este grupo son propietarios de los medios de producción. Son la clase dominante y el Estado es el instrumento de su dominación. Las clases populares se hallan en una situación muy distinta: están sometidas a las decisiones de las empresas y las instituciones que no controlan y producen por encima de sus necesidades en beneficio de los capitalistas. Por consiguiente, soportan un volumen de emisiones que se deriva de la dinámica productivista del Capital, no se su libre albedrío.

Frente a la mistificación del discurso dominante que nos exhorta indistintamente a cambiar nuestros hábitos, el estudio de Oxfam tiene el gran mérito de dirigir el foco sobre las enormes desigualdades de consumo y de expresarlas en términos de responsabilidades por las emisiones de CO2. Además, demuestra claramente que la política de los gobiernos, a pesar del bla-bla-bla sobre la transición justa, agrava la injusticia climática.

Al mismo tiempo, es bastante fácil constatar que la solución no puede venir de medidas adoptadas exclusivamente en el ámbito del consumo. Veamos la hipótesis absurda de que de aquí a 2030, el 1 % más rico o el 10 % más rico hayan reducido sus emisiones a 2,3 tCO2/persona/año. En este caso, todavía haría falta, para no rebasar los 1,5 °C de calentamiento global, que el 40 % de la llamada clase media reduzca sus emisiones a menos de la mitad en la UE y el Reino Unido, a un tercio en China y a un cuarto en EE UU (India es el único país gran emisor en el que las emisiones del 40 % se mantendrán por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año en 2030, según el estudio). ¿Cómo? Aunque indispensable, la redistribución radical de las riquezas (como la que propone Thomas Piketty) no permitiría resolver el problema, solamente lo desplazaría. El desafío no puede abordarse más que redefiniendo las necesidades reales de la mayoría social, organizando la producción en función de las mismas y suprimiendo la producción de bienes inútiles y nocivos.

La aceptabilidad social revela la dificultad de los esfuerzos requeridos. Para la mayoría, son motivo de rechazo. Claro que son necesarios unos cambios profundos, y no basta con decir que paguen los ricos. Por eso hay que razonar en términos de deseabilidad. Producir menos para cubrir las necesidades; transportar menos, trabajar menos, compartir más; cuidar a las personas y los ecosistemas; gestionar los recursos de manera sobria, colectiva y democrática, para que todas y todos gocen de una vida placentera y confortable: esta es la perspectiva ecosocialista que puede inspirar un plan de reformas estructurales anticapitalistas adaptado al siglo XXI. Porque una cosa es cierta: no hay salida sin poner en tela de juicio la competencia en pos del beneficio, motor del productivismo basado en el derecho de propiedad capitalista.

08/12/2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/climat-inegalites-et-lutte-des-classes/

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 11 Diciembre 2021 05:44

La lógica de los combos políticos

Elon Musk, Jeff Bezos y Warren Buffett.

(Los nombres y otros datos han sido cambiados por razones legales)

José vende tacos mexicanos y choripanes argentinos en un carrito de la Ocho Street y la Azúcar Avenue de Miami. Tiene dos empleados. Guadalupe, la cocinera desde las ocho de la mañana a las siete de la tarde, y Ronald, el flaquito de Caracas que reparte cuando a José le cae un pedido en su UberFood. Al principio se llevaba bien con los dos, hasta que se empezó a calentar cada vez que de noche leía en Facebook los post de Guadalupe y de Ronald. Lo único que comparten los tres es que ninguno va a la iglesia los domingos, pero Guadalupe y Ronald le habían salido zurdos, cosa que no parecía cuando estaban buscando trabajo. Una de Monterrey y el otro exiliado del régimen chavista no parecían casos de cuidado. Pero por algún misterio eran “antimperialistas, no antiamericanos”, como decía el estúpido de Ernesto, y nada más jodido que una patada en los testículos o que los amigos sean tan idiotas, políticamente hablando. Hasta alguna vez sintió la tentación de condimentar el choripán de Ernesto con unas gotas de laxante, cosa que, sabía, no lo iba a matar, pero lo iba a joder un rato como premio merecido a su jodida retórica que ya había contaminado hasta a sus empleados.

Ernesto volvía de su puestito en la universidad y pasaba por los comercios del barrio, como para darse un baño de pueblo antes de volver a su apartamento lleno de libros y de exámenes inútiles, sobre todo a esta altura de diciembre.

José no sabía si Ernesto era un cliente o un enemigo. Al menos esa era su disyuntiva cada viernes que lo veía aparecer con sus lentes de miope y, sin decir palabra, lo obligaba a apagar el celular. Ernesto aparecía y se ponía a hablar con Ronald. Aparentemente intercambiaban bromas con el muchacho ("che" para aquí, "pana" para allá), pero José sabía que Ernesto estaba allí para molestar. Es el destino de algunos individuos que nadie sabe por qué o para qué nacieron. Él, José, le daba trabajo a la cocinera y al delivery guy, Ronald, y ellos ni siquiera alcanzaban a entender cómo funcionaban las cosas.

El viernes pasado vino Ernesto con su carterita marrón llena de papelitos, esa mierda de sus estudiantes que tienen padres que les pagan miles de dólares para que se gradúen de algo mientras trabajan medio o un cuarto de tiempo y luego te refriegan su titulito de Bachiller of Science, Master of Arts, Doctor of Philosophy y toda esa mierda inútil que nadie sabe para qué sirve.

--Yo tampoco entiendo, don José --me dijo la semana pasada, mientras recibía mi comida--, por qué usted defiende tanto a Jeff Bezos.

--Nada personal --le dije--. Igual defiendo a Elon Musk, a Warren Buffett...

--Los creadores de empleo...

--¡Yep! ¿Quiénes más, si no, crean empleos?

--Crean empleos y crean la riqueza de este mundo --dijo, con su habitual sarcasmo--. Los Padres del Progreso de la Humanidad. No lo digo con sarcasmo, sino con mayúsculas, tipo titular del New York Times.

--Tú lo has dicho, amigo. Es lo que hacen todos los empresarios. Salvando las distancias, es lo que hago yo mismo. Si no fuese por este humilde negocio, dos trabajadores estarían mendigando en una esquina de esta misma Calle Ocho.

Y él, muy maldito, me descargó todo eso que debe aprender de sus libros arrugados o que se le ocurre a él mismo con su arrugado cerebro:

--Por alguna misteriosa razón, pequeños y heroicos empresarios como usted, don José, se consideren miembros del mismo gremio que Jeff Bezos, Elon Musk y Warren Buffett...

--Pues, será que algo tenemos en común...

--Sí, todo menos cien billones de dólares y el poder de aplastar a otros pequeños empresarios como usted. No sé, pero tal vez algún día usted se dé cuenta de que tiene más en común con Guadalupe y con el chico... (¿cómo se llama? Ronald, sí, Ronald) que con los amorosos de Jeff, Elon y Warren. Se me hace que usted no podría seguir trabajando sin las Guadalupes, sin los Ronalds, pero seguramente podría seguir, y tal vez sin sufrir tanto, si no existieran ni los Jeff, ni los Elon, ni los Warren. Pero mire que no lo culpo de ese error que no es sólo político, sino existencial. ¿Vio que lo político siempre tiene mala fama? Los dueños del mundo siempre han sabido usar los Combos políticos. Por ejemplo, si usted es un tipo religioso, digamos católico, protestante, pentecostal o alavadió, va a apoyar toda la agenda del partido conservador, es decir, terminará apoyando, con heroico fanatismo, no sólo la prohibición del aborto sino el derecho a portar un rifle M16 en la Ocho (en nombre de la Libertad, obvio), la rebaja de los impuestos a los millonarios y la libertad de los grandes capitales que, según la teología, sería la que garantiza la libertad de los mendicantes. Lo mismo pasa en aquellos países del sur, del extremo sur. Alguien dividió la cancha entre ciudad y campo, entre civilización y barbarie, y cada uno tomó partido. Boca y River, Pañarol y Nacional, Flamengo y Corinthians, Colo Colo y Universidad, Michigan y Alabama... Así, por ejemplo, los peones del campo, aquellos que se levantan a las cinco con un mate y se acuestan a las siete sin un Martini Rossi, tomaron partido en favor de los hacendados, todo para combatir a los malditos habitantes de la ciudad que, dicen, les chupan la sangre. ¡Viva el Partido Patritico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! ¿Pero qué pelotudos, ¿no? Y los poderosos hacendados, los estancieros dueños de miles de hectáreas, los representanes del pueblo, se visten de gauchos en Brasil, en Argentina y en Uruguay, de huazos en Chile, y de indios pongo en Perú o en Bolivia, y les hacen creer a los pobres sin dientes que ellos son parte del mismo partido. ¡Viva el Partido Patriótico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! Hablaban más o menos igual, visten más o menos igual, sobre todo en las fiestas nacionales, y, como en la época de la esclavitud cuando los negros esclavos defendían a sus amos, los esclavos asalariados defienden a sus patrones y se pelean en las fiestas y en las elecciones por la divisa del caudillo, por el color del amo, por la familia y la tradición del gaucho. Otro combo perfecto. ¿No me diga que no se acuerda de aquello de “¡Viva el dotor Whiskygratis!”, el candidato de la CIA?) Nada ha cambiado mucho, ¿no le parece? Quienes están en el poder saben cómo hacerlo. De otra forma no estarían en el poder, ¿no? No digo en la presidencia de este o de otro país, porque eso no es estar realmente en el poder.

--No sé --le dije, como para terminar--. De todas formas, el cliente siempre tiene razón. Aquí tiene su choripán. Es una especialidad de la casa... O del carrito, como quiera llamarlo. Choriarepa, le llamo. Es choripán argentino cruzado con arepas venezolanas, con unas gotitas de agave mexicano. Todos condimentos disidentes, como le gusta a uested...

Al final, me decidí por el laxante en lugar del ágave. Peor son los otros que, dicen, usan radiaciones cancerígenas o frecuencias que no dejan dormir.

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Su último libro es La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

11 de diciembre de 2021

Publicado enSociedad
Detiene EU máximo histórico de 1.7 millones de migrantes en un año

 El número de migrantes detenidos en su intento por entrar a Estados Unidos alcanzó un nivel histórico en el año fiscal 2021. Más de 1.7 millones de personas en condición de movilidad irregular fueron aprehendidas por autoridades estadunidenses en la franja fronteriza en este lapso.

De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de ese país (CBP, por sus siglas en inglés), entre octubre de 2020 y septiembre de 2021 –el periodo del año fiscal– esta cifra alcanzó un millón 734 mil 686 migrantes; de ellos casi cuatro de cada 10 eran de origen mexicano.

En 2021 hubo 757 mil 177 migrantes detenidos más que los 977 mil 509 reportados en el año fiscal 2019, que era la cantidad más alta en la historia. El número actual creció 77 por ciento en relación con el de hace dos años.

A lo largo de ese lapso las cifras fueron al alza, pues 46.37 por ciento de las retenciones (804 mil 468) se registraron entre junio y septiembre de este año.

El mes con el mayor número de detenciones en este periodo fiscal fue julio, con 213 mil 593; seguido de agosto, con 209 mil 840; septiembre ocupó el tercer lugar, con 192 mil una aprehensiones, y siguió junio, con 189 mil 34, de acuerdo con los números de la CBP.

Este número histórico se presenta en medio de una crisis en materia migratoria en la región. Los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Joe Biden han coincidido en la necesidad de brindar apoyo a las localidades de origen migratorio, a fin de atacar las causas del fenómeno.

Diversos análisis realizados por la CBP apuntan que la pobreza y la pobreza extrema son la principal razón por la que miles de personas se ven obligadas a salir de varios puntos de México y las naciones del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).

Otras causas identificadas por esta dependencia estadunidense son la violencia, la ausencia de políticas sociales en sus poblaciones de origen y la reunificación con familiares que se encuentran en Estados Unidos.

Del total de migrantes detenidos en este año fiscal, la mayoría, 655 mil 594, eran mexicanos, equivalente a 37.79 por ciento.

La CBP reportó 319 mil 324 migrantes hondureños en esta situación, 18.4 por ciento; 283 mil 35 procedentes de Guatemala, 16.31 por ciento, y 98 mil 690 de El Salvador, 5.68 por ciento. El resto, 378 mil 43, 21.79 por ciento, eran de otras naciones.

Si bien la mayoría de los migrantes detenidos en este periodo eran adultos en solitario, un millón 105 mil 925, la cantidad de menores de edad que viajaban solos retenidos en la franja fronteriza estadunidense alcanzó 146 mil 925 (8.46 por ciento del total). Este número es mayor en 66 mil 291 casos a los 80 mil 634 niños y adolescentes registrados durante el año fiscal 2019.

Lunes 25 de octubre de 2021


Migración: ¿callejón sin salida?*

 

Varios miles de migrantes salieron el sábado pasado de Tapachula, Chiapas, hacia esta capital, tras permanecer varios meses en esa ciudad sin haber conseguido regularizar su estancia en el país. El domingo, los viajeros, entre los que hay numerosas mujeres y niños, debieron enfrentar altas temperaturas en el trayecto y apenas lograron avanzar unas decenas de kilómetros hasta llegar a la localidad chiapaneca de Huehuetán. La mayoría de ellos tiene el objetivo de llegar a territorio estadunidense.

En este nuevo episodio, la intervención de las autoridades se ha limitado hasta ahora a proteger a los migrantes e incluso a brindarles auxilio y la Comisión Nacional de Derechos Humanos dirigió requerimientos a las secretarías de Salud y de Seguridad y Protección Ciudadana, así como a la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Migración, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, la Procuraduría Federal de protección de Niñas, Niños y Adolescentes y a las secretarías de Gobierno de Chiapas, Tabasco y Oaxaca, para salvaguardar la integridad física de los extranjeros y garantizar ayuda humanitaria para ellos.

La protección de los derechos humanos de los migrantes es sin duda una obligación indeclinable del Estado mexicano y cabe hacer votos porque ese principio se cumpla a cabalidad en la actual circunstancia. Pero es pertinente señalar que esa condición no va a resolver la crisis migratoria en la que se ha visto envuelto nuestro país, pues ésta depende de soluciones que están más allá de las atribuciones del gobierno nacional: por una parte, hay una multiplicidad de condiciones que llevan a miles de personas a abandonar sus lugares de origen y, por el otro, figura el sueño –o el espejismo– de lograr mejores condiciones de vida en Estados Unidos.

Sin embargo, la frontera común entre ese país y el nuestro se mantiene cerrada a la migración y, pese a las promesas electorales de su actual presidente, Joe Biden, no parece estar a la vista una pronta apertura, porque el cambio de rumbo que el demócrata ofreció en materia migratoria –como en muchas otras– se ha visto empantanado en un laberinto judicial y burocrático de solución incierta. En tal circunstancia, es claro que las caravanas migrantes no consiguen más que trasladar la crisis humanitaria que se vive en Tapachula a las ciudades de nuestra frontera norte, además de exponer a sus integrantes a los peligros e incertidumbres de la extensa ruta entre una y otras.

Por otra parte, la presidencia de Andrés Manuel López Obrador ha venido insistiendo ante la Casa Blanca –tanto en la administración de Donald Trump como en la de Biden– que la solución duradera y de fondo a esta complicada situación consiste en atacar de raíz las causas que alientan la emigración en los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, formado por El Salvador, Guatemala y Honduras, mediante la aplicación en esos países de programas sociales similares a los que se realizan en México, como Sembrando Vida y Construyendo el Futuro, a fin de anclar a las poblaciones susceptibles de emigrar con trabajo y una paulatina mejoría en su nivel de vida y su entorno social. En el momento actual no parece haber más solución que ésta al flujo que constituye el grueso del fenómeno migratorio –en el que se cuentan también personas oriundas de otros países de Centro y Sudamérica y del Caribe, e incluso de otros continentes–. Es preciso, en consecuencia, seguir insistiendo ante el gobierno de Washington para que, si no puede sacar adelante una reforma profunda de su regulación migratoria, otorgue al menos los recursos necesarios para la aplicación de esa propuesta.

*Edotproañ diario La Jornada, México, lu8nes 25 de octubre

 

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