Miércoles, 28 Octubre 2015 06:08

Minería a la baja

Minería a la baja

Por primera vez en muchos años, la minería retrocede en América Latina. A la caída de los precios internacionales y al aumento de los costos de producción, con la consiguiente disminución de las ganancias, se le suma la creciente resistencia de la sociedad por los impactos ambientales y sociales.

"El modelo extractivo minero es un problema de poder y por tanto político", dice en su último informe el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (OCMAL)[1]. A pesar de la caída de los precios internacionales de los minerales, la región sigue recibiendo la mayor parte de la inversión en exploración minera a nivel mundial.

El informe agrega: "El extractivismo minero es un problema de derechos humanos", ya que las grandes empresas multinacionales aprovechan la desatención de las obligaciones del Estado "para promover una imagen de responsabilidad social que satisface necesidades de la población".

El OCMAL llega a esta conclusión luego de constatar que "es falso que las empresas mineras desarrollen infraestructura para las comunidades, ya que hacen obras para que transiten los equipos y el personal de las empresas mineras; que atiendan el derecho a la salud o educación de las comunidades, cuando lo que hacen es mercadeo con la pobreza, deducible de impuestos, contaminando el ambiente y desmejorando a corto, mediano y largo plazo la salud y las condiciones de vida de la gente"[2].

El 15 de octubre de 2015 la CEPAL informaba que la región latinoamericana ha visto descender las entradas de inversión extranjera directa en un 21% en el primer semestre del año, por "la caída de las inversiones en minería y en hidrocarburos por la reducción de los precios internacionales, la desaceleración de China y el crecimiento económico negativo de la región"[3].

La inversión extranjera ya había caído en 2014 un 16%, lo que muestra que no se trata de un descenso coyuntural sino que el tipo de inversiones centradas en la extracción de materias primas tiende a deteriorarse. Por países, Brasil concentra el mayor descenso, una caída del 36%, en gran medida por la crisis que afecta el mercado interno. En Chile, Colombia y Perú la caída se concentró especialmente en el sector minero.

Tres son las razones que explican esta caída: la consistente baja de los precios internacionales de los minerales, el aumento de los costos de explotación y la fuerte oposición que enfrenta la minería por parte de las comunidades indígenas y campesinas, que está llevando a los gobiernos a ser más exigentes con las multinacionales del sector.

¿Un paso atrás?

Muchos gobernantes y analistas lamentan el retroceso en las inversiones mineras, pero en realidad se trata de una nueva oportunidad para alcanzar un crecimiento sostenible. El informe anual de la CEPAL sobre inversión extranjera señala que la caída de los precios de los minerales comenzó en 2012, dos años antes que la caída del petróleo y que eso se refleja en menores inversiones a partir de 2014.

El índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registró pérdidas en la Bolsa de Londres superiores al 30% a fines de setiembre, totalizando una caída del 74% en lo que va de este año[4].

No es el único caso. "En la misma tendencia estuvieron, entre otras transnacionales, AngloAmerican, con pérdidas del 10% en septiembre y de 60% en el año, BHP Billiton con caídas del 40% anual y Antofagasta Minerals con bajas del 33%"[5]. La crisis del sector minero implica cierre de minas para reducir la producción con el objetivo de recuperar los precios, y masivas pérdidas de puestos de trabajo.

En octubre el grupo Goldman Sachs informó que los precios de los minerales seguirán bajando. En el caso del cobre, la principal producción mineral latinoamericana, en agosto el precio cayó a 4.968 dólares la tonelada, el mínimo en varios años, pero se espera que a fines de 2016 sea de apenas 4.200 dólares. Según los especialistas, los precios de mercado se acercan cada vez más al precio de producción (4.000 dólares la tonelada en el caso del cobre) pero las empresas no están pudiendo frenar la caída[6].

"Los presupuestos de prospección experimentaron una reducción del 26% entre 2013 y 2014, y del 47% respecto a 2012"[7]. Otros datos del mismo informe, confirman la caída: en 2010 se había alcanzado 389 "hitos mineros" mundiales, como la apertura de nuevas minas, pero en 2014 sólo se produjeron 96 hitos.

Por otro lado, los costos de producción en el mundo se vienen incrementando. El costo medio mundial de extraer una libra de cobre creció de 1,37 dólares en 2009 a 2,11 dólares en 2012[8]. Se trata de un aumento del 54% en los costos, lo que sumado a la caída de los precios provoca una situación de crisis. Ambos datos confirman que no estamos ante un descenso coyuntural, sino ante un ciclo a la baja de precios, inversiones y producción.

América Latina casi triplica la media mundial de inversiones mineras. El porcentaje de inversión extranjera directa que llega a los recursos naturales del mundo no pasa del 10%, pero en la región es del 26% y en países como Bolivia y Chile supera el 50%. Cuanto más industrializado es un país, menos inversión llega a los recursos naturales.

En Bolivia, de las 17 empresas privadas registradas en trabajos mineros, sólo tres tienen utilidades, según el analista Héctor Córdova, de la Fundación Jubileo, mientras que la minería en general tuvo una caída del 50% en sus ganancias en ese país[9]. En Chile, la estatal Codelco hizo este año sus menores aportes en décadas a las arcas del Estado, siendo la mitad que los de año 2014.

Un mar de conflictos

Pero la crisis del sector minero no se debe solamente a la caída de los precios. Un factor decisivo son las resistencias de las poblaciones que muchas veces consiguen cerrar o frenar las minas. Según la CEPAL, los conflictos mineros se producen en todo el mundo, "pero América latina concentra una cantidad desproporcionada"[10].

En cada país los conflictos se procesan de modos diferentes. En Uruguay y Chile, por ejemplo, suelen canalizarse a través de la justicia. En abril de 2013 la canadiense Barrick Gold debió suspender indefinidamente la explotación de la mina de oro Pascua Lama, en la frontera entre Argentina y Chile, por un fallo judicial que recogió la demanda de las comunidades indígenas que acusaron a la empresa de perjudicar su acceso al agua.

Es el mayor proyecto minero suspendido en el continente, que supuso pérdidas para la empresa de 5.000 millones de dólares. En Colombia el gobierno paralizó las exportaciones de carbón de Drummond, de los Estados Unidos, por contaminación marina, mientras otros proyectos fueron retrasados por las protestas. En Uruguay sucedió algo similar con el proyecto de mineral de hierro de la india Zamin.

En Perú las comunidades han debido apelar a la acción directa, que ha conseguido paralizar la mina Yanacocha, así como otros proyectos en el norte y el sur del país. Este país se ha convertido en el epicentro de la conflictividad minera. Regiones enteras, con decenas de alcaldes involucrados y miles de campesinos, han sido arrastradas a graves conflictos con un rosario de heridos y muertos.

El fuerte crecimiento de las inversiones y la multiplicación de los proyectos no alcanzan para explicar el aumento vertiginoso de la conflictividad. Hay tres razones adicionales.

La primera es que las comunidades afectadas tienen mayor acceso a información y muestran una renovada capacidad para hacer escuchar sus voces. Campesinos e indígenas han tejido redes de solidaridad con ONGs ambientalistas y organizaciones sociales, tanto rurales como urbanas, y cuentan con apoyos institucionales en organismos de derechos humanos, alcaldes afines y autoridades estatales de todos los niveles, así como con medios de comunicación.

La segunda, es el Convenio 169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT), un importante instrumento legal aprobado por 15 países de la región, que obliga a los gobiernos a consultar a los pueblos indígenas cuando los proyectos afecten a las comunidades[11]. Casi todos los pueblos indígenas apelan a este mecanismo en su proceso de empoderamiento ante los gobiernos.

La tercera se relaciona con la percepción de fuertes daños ambientales en los lugares donde ya existen emprendimientos mineros y la certeza de que las multinacionales del sector tienen enormes ganancias. Por un lado, están los fuertes pasivos ambientales y la grave contaminación de las aguas. Por otro, las industrias extractivas consumen mucha energía. Hay un "uso más intensivo de la energía porque los yacimientos en explotación tienen cada vez menos cantidad de mineral por volumen de material extraído"[12].

Las Bambas: el último gran conflicto

Cuando aún no se han apagado los ecos del conflicto entre la población de la sureña región de Arequipa y la minera Tía María (Perú), con su secuela de muertos y heridos, con la ocupación militar de pueblos y ciudades, en la región de Apurímac, en el centro-sur andino, se produjo una nueva masacre con la muerte de cuatro personas en medio de un paro de protesta contra la mina Las Bambas.

Los hechos sucedieron en la tarde el 28 de setiembre, cuando la policía reprimió a balazos a los pobladores de la provincia de Cotabambas, donde se registraron además doce heridos de bala.

Las Bambas es el mayor proyecto minero del país, con una inversión de 10.000 millones de dólares que a partir de enero de 2016 producirá 400 mil toneladas de cobre al año. Sólo la producción de esa mina elevará el PIB anual del país en 1,5%. El 60% de las exportaciones peruanas provienen de la minería que es la principal fuente de ingresos del Estado. Los numerosos emprendimiento mineros se localizan en las regiones más pobres del país, habitualmente en la sierra andina. En la región de Apurímac la pobreza supera el 40% de la población.

La mina Las Bambas fue comprada en abril de 2014 por el consorcio chino-australiano MMG a Glencore-Xstrata por 6,5 mil millones de euros, una de las transacciones más importantes en la historia del Perú. El complejo minero comenzó a construirse hace diez años con la promesa de mejorar las condiciones de vida de la población local. Durante la construcción de este colosal complejo, se necesitaron 10 mil trabajadores que ahora quedarán cesantes, ya que el funcionamiento de la mina necesita dos mil empleados de elevada calificación.

Pero la vida de la población no mejoró. Un informe de la página Lamula.pe destaca que luego de una década "la mitad de la población no puede cubrir sus bienes y servicios esenciales, la tasa de analfabetismo alcanza al 24%, el 40% de los niños menores de 5 años tiene anemia y la desnutrición crónica afecta al 27%, según datos oficiales"[13].

Pero la rabia de la población se disparó por un grave incumplimiento de la empresa. El estudio de impacto ambiental consultado con la población y aprobado por ésta, preveía la construcción de mineroducto bajo tierra de 206 kilómetros que trasladaría el cobre hasta la vecina provincia de Cusco, donde Xstrata tiene un complejo de procesamiento. Pero al ser vendida a MMG, ésta decidió cancelar el ducto y construir un planta procesadora en las proximidades de la mina Las Bambas.

Esta decisión no fue consultada con las poblaciones afectadas. El problema es que cada año circularán camiones trasladando miles de toneladas de cobre por carreteras que atraviesan decenas de comunidades campesinas, generando impactos que no estaban previstos en el estudio original. Además la mina consumirá 800 litros de agua por segundo del río Chalhuahuacho. Las comunidades se sintieron burladas y lanzaron la protesta.

La respuesta del gobierno fue declarar el estado de emergencia, como lo ha hecho decenas de veces ante conflictos mineros, lo que supone la militarización de provincias enteras. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos recuerda que ya son 49 muertos en los cuatro años de gobierno de Ollanta Humala en la represión de conflictos sociales. Desde 2006 son ya 125 civiles muertos, la inmensa mayoría en conflictos mineros.

El "Informe Anual 2014-2015" de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, difundido en agosto pasado, asegura que "el 95% de las víctimas fallecieron por impacto de proyectil de arma de fuego", lo que le permite asegurar que "nos encontramos por lo tanto ante una práctica de carácter sistemático, que involucra responsabilidades al más alto nivel del Estado"[14].

Alguna de las conclusiones del capítulo dedicado a la criminalización de la protesta social, revelan un patrón común: "El gobierno de Ollanta Humala ha desplegado una estrategia frente a la conflictividad social que combina la criminalización de la protesta social, junto con otra estrategia llamada de "diálogo", pero que está orientada a disminuir el nivel de movilización de los ciudadanos, sin dar una salida de fondo a los problemas estructurales, esto es, la vulneración de derechos"[15].

Durante la presentación del informe, la entonces secretaria ejecutiva de la Coordinadora, Rocío Santisteban Manrique, aseguró que en todo el continente "se sigue usando el derecho penal para desmovilizar a los sectores de vanguardia, deteniendo a los dirigentes, hostigando y desprestigiando a los defensores de derechos humanos y defensores ambientales".

Es posible que la crisis de la minería sea una oportunidad para los pueblos, si se consiguen sentar las bases para un modelo económico diferente: menos volcado a las exportaciones de commodities y más inclinado hacia el mercado interno y regional; menos agresivo con la naturaleza y las comunidades; con más trabajo especializado involucrado en la elaboración de productos de alta calidad.

 

Por Raúl Zibechi, analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales.

Notas:

[1] "Conflictos mineros en América Latina: extracción, saqueo y agresión. Estado de situación en 2014", OCMAL, abril de 2015, p. 7.

[2] OCMAL, p. 7.

[3] "Inversión extranjera directa en América Latina disminuye 21% en el primer semestre de 2015", CEPAL, 15 de octubre de 2015.

[4] El Economista, 28 de setiembre de 2015.

[5] Paul Walder, "Crisis del cobre golpea a los trabajadores", Rebelion, 12 de octubre de 2015.

[6] The Wall Street Journal, 15 de octubre de 2015 en http://www.wsj.com/articles/glencore-plans-more-debt-cuts-to-help-win-upgrade-in-credit-rating-1444932487

[7] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 24.

[8] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013", CEPAL, p. 27.

[9] Sputniknews.com, 7 de octubre de 2015.

[10] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 120.

[11] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013", CEPAL, p. 27.

[12] "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2015", CEPAL, p. 119.

[13] Lamula.pe, 30 de setiembre de 2015.

[14] "Informe Anual 2014-2015", p. 41 en http://derechoshumanos.pe/2015/08/informe-anual-2014-2015/

[15] Idem, p. 39.

 

fuente: Programas de las Américas

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El frenazo de los emergentes enfría el crecimiento mundial

El título con el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) encabeza su último informe sobre la economía mundial lo dice casi todo: "Ajustándose a precios más bajos en las materias primas". China, la economía que marca el paso en la demanda de productos básicos, no crece como antes. Los países exportadores de metales, petróleo o alimentos, en buena parte emergentes o en vías de desarrollo, sufren. Y la recuperación de las economías avanzadas marcha a "un ritmo persistentemente modesto". Así que lo que se ajusta, a la baja, es el pronóstico de crecimiento. Los expertos del FMI liman otras dos décimas a lo que creen que avanzará el PIB mundial en 2015 para dejarlo en un 3,1%, la tasa más baja en seis años.


"Para los mercados emergentes y los países en vías de desarrollo, nuestra predicción es que 2015 será el quinto año consecutivo de crecimiento declinante", subraya el nuevo economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, en la introducción del informe, presentado este martes en Lima (Perú), que acoge esta semana la asamblea anual del organismo. Un lustro de avance debilitado se traducirá en un aumento del 4% del PIB de este amplio y heterogéneo grupo de países, encabezado por China, India, Brasil o Rusia. Una tasa muy baja para el que ha sido el motor del crecimiento mundial: en las dos últimas décadas, solo en 2009 (3,1%), tras la Gran Recesión en las economías avanzadas y en 2001 (3,8%), cuando estalló la burbuja de las puntocom, avanzaron a un ritmo más bajo. En la antesala de la Gran Recesión, en 2007, los emergentes y países en vías de desarrollo crecían al 9%. Y China, al 14%.


Lo llamativo del nuevo pronóstico es que, si bien "la ralentización del crecimiento de China" es la razón esencial del empeoramiento de las previsiones para el resto de economías emergentes (y algunas avanzadas), el gigante asiático escapa de esas revisiones a la baja. Ni las acentuadas caídas en la Bolsa de Shanghái este verano, ni los crecientes indicios de que la inversión inmobiliaria o la producción industrial han dejado de marchar a buen ritmo, hacen variar la estimación de los expertos del FMI, que destacan el nuevo soporte del consumo privado. Como a principio de año, el Fondo estima que el PIB chino crecerá un 6,8% en 2015 y un 6,3% en 2016.


"Las repercusiones de la ralentización china más allá de sus fronteras son mayores de lo estimado inicialmente", justifica el Fondo. "Eso se refleja en una caída de los precios de las materias primas y en las exportaciones, más débiles, a China", añade.


La cotización del petróleo ha bajado un 46% en el último año, según los datos del FMI, mientras que el precio de los principales metales ha caído un 22% y en el de los alimentos, un 17%. El Fondo anticipa que este periodo de bajos precios en productos básicos se extenderá, al menos, dos años más, y detraerá entre 1 y 2,25 puntos porcentuales al crecimiento anual de los países exportadores entre 2015 y 2017.


Revisión a la baja en América Latina


América Latina es la región que sale peor parada de este nuevo escenario, protagonizado también por el endurecimiento de las condiciones financieras para los países emergentes -la inminente subida de los tipos de interés en EE UU marca el fin de la abundancia de liquidez-, o la salida de capitales hacia los refugios tradicionales (Estados Unidos, Japón o la zona euro). La nueva previsión es que el PIB conjunto de las economías latinoamericanas y del Caribe retroceda este año un 0,3%, frente al aumento del 0,5% que se anticipaba en julio.


Venezuela (-10%), Brasil (-3%) y Ecuador (-0,6%) son los que muestran una peor evolución, tras un sustancial recorte respecto a la última predicción, pero también se ralentiza el crecimiento de los países integrantes de la Alianza del Pacífico (Chile, México, Colombia o Perú), más boyante, con avances en el entorno del 2,5%. Argentina se apunta una ligera mejora este año, aunque solo para postergar la recesión (-0,7%) a 2016, mientras Bolivia mantiene aún una tasa del 4,1%, beneficiada en parte porque los contratos de gas natural se renegocian en plazos largos.


Rusia, tan afectada por la bajada del precio del petróleo como por el conflicto con Ucrania y las sanciones económicas, también encara un pronóstico peor, con un retroceso previsto del 3,8%, frente al 3,4% que el FMI le auguraba en julio. La predicción sobre la economía de India también sufre una mínima corrección, pero aún así su crecimiento (7,3% en 2015) será esta vez mayor que el de China.


La lenta recuperación de los países avanzados


El impacto de la bajada de las materias primas y el enfriamiento de las exportaciones a China también se deja notar en la evolución de los países avanzados, que en todo caso sí registrarán un crecimiento mayor (2%) que el de 2014 (1,8%). El FMI subraya que "los legados de la crisis financiera en varias economías desarrolladas", como "los altos niveles de deuda pública y privada, la debilidad del sector financiero, la baja inversión" se unen a otros problemas de medio plazo (envejecimiento, productividad estancada), de modo que lo que ahora es un escenario ventajoso para muchos de ellos –se abarata la importación de petróleo, condiciones financieras favorables por la intervención de bancos centrales-, no se traduce en una recuperación más vigorosa.


El pronóstico empeora levemente para Alemania (un crecimiento del 1,5% en 2015) y Japón (0,6%), países exportadores a los que afecta que China compre menos. Y también en algunas economías avanzadas que venden materias primas, como Canadá, Noruega o Australia. Por el contrario, el vaticinio mejora ligeramente para Estados Unidos (2,6%) y Reino Unido (2,5%). En el caso de EE UU, el FMI anticipa que la mejora de las condiciones laborales, con la tasa de paro en el 5,1%, puede llevar a la Reserva Federal a subir tipos a finales de este año, aunque matiza que ni la inflación ni los salarios han dado señales claras de reactivación.


La previsión para España no cambia (una avance del 3,1%, dos décimas por debajo de la predicción del Gobierno de Rajoy), pero el Fondo vuelve a destacar que el crecimiento previsto "es especialmente intenso", hasta doblar la tasa que se adjudica a la zona euro (1,5%).


El Fondo cree que la economía mundial cogerá algo de fuelle en 2016, pese a haber retocado aquí también a la baja su previsión, hasta el 3,6%. Los expertos del organismo internacional apuestan a que la recesión en Brasil y Rusia, o el frenazo en otros exportadores de materias primas, son pasajeros. Eso, y otro paso más en la lenta recuperación de las economías avanzadas, permitirían compensar el menor empuje de China. Ahora solo falta comprobar si el vaticinio se mantiene, o sufre otra rebaja dentro de unos meses.


Debacle en Venezuela con inflación del 200% y caída del PIB del 10%


Miguel Jiménez Madrid 6 OCT 2015 - 16:00 CEST

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto cifras al desastre económico de Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro oculta a sus ciudadanos las estadísticas y ha dejado de publicar datos básicos. Pero el panorama que dibuja el informe publicado este martes por el FMI es el de una economía en descomposición, con la inflación desbocada y la actividad hundiéndose a un ritmo comparable al de países en guerra, una crisis que elevará el desempleo a niveles nunca vistos en el país en décadas.


La caída del PIB prevista para este año es del 10%, a la que se uniría otro descenso del 6% en 2016, según los cálculos del FMI. Es la peor evolución de toda Latinoamérica y una de las peores del mundo, solo por delante de Yemen, en pleno conflicto bélico; Sierra Leona, golpeada por el ébola, y Guinea Ecuatorial. La caída es mayor incluso a la de Ucrania, también sacudida por la guerra.


La caída de los precios del petróleo ha golpeado duramente la economía, pero lo ha hecho mucho más que a cualquier otro país petrolero por la desastrosa gestión económica del Gobierno de Maduro. Tomando en cuenta que el PIB ya cayó el 4% en 2014, la economía venezolana va camino de perder una quinta parte en tres años. Eso supone retroceder en 2016 al nivel de actividad de 2006, una década pérdida. Pero, además, el FMI proyecta que el país seguirá en recesión otros tres años más, de 2017 a 2019.


La caída de actividad pasará una elevada factura al mercado laboral. El FMI calcula que la tasa de paro pasará del 8% de 2014 al 14% en 2015 y el 18,1% en 2016, más del doble que la del siguiente país latinoamericano, Colombia, con un 8,9%. Ese nivel es el más alto desde 2003, pero el FMI cree que el paro seguirá subiendo en los siguientes años hasta alcanzar niveles no vistos en décadas, superiores al 28% en 2020.


Inflación descontrolada


Donde Venezuela no tiene comparación es en la subida desbocada de los precios. El Banco Central de Venezuela ha dejado de publicar los datos de inflación este año. El Gobierno de Maduro creyó que podía bajar la inflación estableciendo controles de precios, pero lo único que ha logrado es provocar un desabastecimiento generalizado de productos básicos, colas enormes en los supermercados que los venden y un mercado negro que hace más rentable en muchas ocasiones la reventa o contrabando de productos intervenidos que los sueldos de trabajos cualificados de la economía formal.


El FMI prevé que la inflación se sitúe en el 158,1% este año y que suba al 204,1% en 2016. Con ello, los precios se habrán multiplicado casi por ocho en un plazo de solo dos años. El bolívar venezolano ha perdido casi todo su valor desde que llegó al poder Nicolás Maduro. Frente al tipo de cambio oficial de 6,3 bolívares por cada dólar, en el mercado negro el billete verde se intercambia por cerca de 800 bolívares (cerca de 900 euros). Es decir, menos de una centésima parte de su valor declarado. Los pocos que logran que el Gobierno les venda dólares al tipo de cambio oficial, normalmente cercanos al régimen, se hacen ricos al momento simplemente por la diferencia de tipos de cambio.


Un bolívar hundido

Con ese tipo de cambio paralelo, el billete de mayor denominación, el de 100 bolívares, tiene un valor de solo 12 céntimos de euro. Y hay billetes desde los 2 bolívares, es decir, el equivalente a 0,2 céntimos. No da para casi nada, salvo en la gasolinera. Con esos 2 bolívares se pueden repostar más de 20 litros de gasolina, pues el precio del combustible ha permanecido congelado durante años en medio de la hiperinflación, con lo que en la práctica se ha convertido en gratuito.
En algunos comercios se rechazan los billetes de baja denominación y los de más valor, los de 100 bolívares, con frecuencia escasean y no es posible conseguirlos ni siquiera en los bancos. El pago con tarjeta se hace imprescindible para no cargar con enormes fajos. El problema es que los sueldos no han subido ni de lejos lo mismo que los precios (o de lo que se ha depreciado el bolívar), de modo que un profesional cualificado puede tener un salario que, al tipo de cambio paralelo, equivalga a 20 o 30 dólares mensuales.


Venezuela se ha convertido a la vez en el país más caro y más barato del mundo. Es el más barato según el índice Big Mac que elabora The Economist si se calculan los precios no ya con el bolívar paralelo, sino incluso con otro tipo de cambio oficial que fija el valor del dólar en unos 200 bolívares, el llamado Simadi, que se dijo que sería un tipo de mercado, pero que se ha quedado también desfasado. Pero es el país más caro si lo que se usa es el tipo de cambio de 6,3 bolívares por dólar. Y todavía hay otros dos tipos de cambio más que poder usar. Un estudio reciente del banco de inversión UBS sobre precios y salarios en diversos países incluía a Caracas entre las 72 ciudades a estudio, pero finalmente la eliminó ante las dificultades para hacer un cálculo coherente.


El problema es que en la práctica Venezuela se ha convertido en el país más caro para la inmensa mayoría de los locales, cuyos sueldos están en bolívares y apenas han mantenido su poder adquisitivo al no haber datos de inflación y el más barato para quienes ahorraron dólares, los logran por vías ilegales o llegan al país con ellos.

Publicado enEconomía
Viernes, 02 Octubre 2015 05:39

Hacia un nuevo ciclo de luchas

Hacia un nuevo ciclo de luchas

La estrepitosa caída en los precios de las materias primas cierra un ciclo económico, pero también político. La ilusión de que se tratara de un declive momentáneo va cediendo ante la convicción de que los bajos precios pueden arrastrarse durante un buen tiempo, hasta 20 años según especialistas citados por Bloomberg ( http://goo.gl/fAFktC).


Las razones de tal declive son discutibles. Hay quienes atribuyen la caída del precio del petróleo a una maniobra de Estados Unidos para afectar a Rusia, Venezuela e Irán, mientras otros sostienen que es impulsada por la monarquía saudita para inviabilizar la extracción por fracking en aquel país, que amenaza desplazarla como primer productor global. La menor demanda de China es la explicación más plausible sobre la caída de otras mercancías, sin descartar la impronta de la especulación financiera con todas las commodities.


Lo cierto es que el índice del precio de las commodities elaborado por Bloomberg, que incluye oro, petróleo y soya, ha caído a la mitad desde su máximo histórico del primer semestre de 2011. La multinacional Glencore-Xstrata, que controla la mayor parte de la producción de minerales y de granos en el mundo, registra pérdidas en la bolsa de Londres superiores a 30 por ciento en las últimas semanas, totalizando una caída de 74 por ciento en lo que va de este año ( http://goo.gl/HTi1Wu). Otras multinacionales del sector enfrentan situaciones similares.


En América Latina este cambio de ciclo anticipa graves problemas y algunas oportunidades. Todos los países enfrentan dificultades fiscales y comerciales que los llevan a reducir los presupuestos del Estado y el gasto público. En algunos países, como Ecuador, se contempla una reducción de 5 por ciento del gasto, y el presupuesto del próximo año se calculará con una base de 40 dólares en el precio del petróleo.


Como señala el economista ecuatoriano Carlos Larrea en reciente entrevista, todo esto está bien, pero el problema es que es insuficiente. Esto sería una muy buena estrategia si es que tenemos una recuperación de los precios del petróleo pronto, pero si eso no se da, como es bastante probable, entonces esta estrategia no funciona ( http://goo.gl/LFzxYV ).


El nuevo ciclo económico ya está afectando las políticas sociales que fueron posibles gracias a los superávit por los altos precios de las exportaciones. En varios países, como el propio Ecuador, ya hubo reducción de funcionarios estatales. En Brasil se aplica un ajuste fiscal que, en opinión del economista Eduardo Fagnani en la revista IHUOnline de septiembre, está provocando una grave regresión social (http://goo.gl/D9D4oq).


En opinión de muchos economistas la mejor política social es el empleo. En Brasil el salario mínimo creció 70 por ciento por encima de la inflación en la última década y el desempleo llegó a mínimos de 4.8 por ciento en diciembre de 2014. Pero hoy ya se sitúa en 7.5 por ciento (8.6 millones de desocupados) y se estima que finalizará el año en 9 o 10 por ciento. En los demás países comienzan a erosionarse los índices sociales, aún de forma lenta, con aumentos en los niveles de desocupación y pobreza.


Estos son, muy someramente, algunos de los problemas derivados del cambio en el ciclo económico que se agudizarán si, como todo indica, la Reserva Federal de Estados Unidos eleva las tasas de interés en los próximos meses. Estamos ante una crisis que puede tomar dos direcciones: ajustes fiscales o cuestionamiento del modelo extractivo.


En el primer caso, los gobiernos sufrirán una fuerte erosión de sus bases de apoyo, ya que buena parte de los sectores populares que los llevaron al gobierno comenzarán a desertar. Unos pueden intentar retomar la movilización para presionar por sus demandas, pero otros pueden apostar por partidos conservadores y de derecha. Algo así parece estar sucediendo en Brasil, donde el ajuste que impone el gobierno de Dilma Rousseff ha provocado un agudo descenso de su popularidad, que cayó hasta 7 por ciento del electorado.


Una situación semejante no puede saldarse, en el mediano plazo, sino con un triunfo electoral de las derechas, que también pueden conseguir el desplazamiento de la presidenta por la vía parlamentaria.


Estamos ante una oportunidad para salir del modelo actual, o sea un crecimiento basado en la exportación de commodities. Para ello es imprescindible romper con la política de inclusión a través del consumo, para encarar reformas estructurales que hasta ahora no se han realizado o han sido demasiado tímidas: reformas tributaria, agraria, urbana, de la salud y del sistema político, esta última pendiente aún en Brasil.


Pero la salida del modelo extractivo presenta, en esta coyuntura, dos grandes desafíos.


El primero es que el escenario mundial camina en una dirección opuesta. Por un lado, las clases dominantes parecen estar empujando a las sociedades de retorno hacia el siglo XIX, a través de la desmodernización y la desdemocratización, como apunta Aníbal Quijano, de la mano del capital financiero que está promoviendo una fuerte reconcentración del poder global. Por otro, las potencias emergentes como China apuestan al mismo modelo extractivo que el imperio.


El segundo desafío se desprende del primero: no hay salida del modelo sin crisis política. Salir del modelo supone derrotar al capital financiero que lo sostiene y a las élites locales que lo implementan. Será un conjunto de duras batallas, como lo demuestra el caso de Perú, donde se produjo estos días una nueva masacre contra comunidades que resisten la minería, en la región andina de Apurímac.


Los sujetos de la derrota del extractivismo serán los pueblos y comunidades organizados en movimientos. Los gobiernos y los partidos están más preocupados por mantener sus privilegios que por encarar la batalla contra el modelo. Los hechos dicen que el nuevo ciclo de luchas que derribará el modelo está siendo protagonizado por los campesinos y las comunidades indígenas, seguidos por los pobres de las periferias urbanas, los jóvenes y las mujeres de los sectores populares.

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Martes, 29 Septiembre 2015 06:29

Nuevo capítulo de la crisis

Nuevo capítulo de la crisis

La titular del FMI, Christine Lagarde, admitió que el pronóstico de crecimiento mundial del 3,8 por ciento para 2016 ya no es realista. Prevén una baja prolongada de precios primarios y fuerte sacrificio para países exportadores.


La disminución del precio de las materias primas generaría la caída de un punto porcentual en el crecimiento de los países productores de commodities en los próximos tres años, en tanto que las economías productoras de energía registrarían una baja de 2,25 puntos porcentuales. Así lo estimó ayer el Fondo Monetario Internacional, en un adelanto de su tradicional documento sobre perspectivas de la economía global, el cual se publicará en octubre. Arabia Saudí, Rusia y Brasil serán algunos de los países con mayor impacto negativo en el dinamismo del mercado interno. La estimación del organismo de crédito internacional, que perdió prestigio a partir de 2008 por sus fallas de previsión respecto del estallido de la crisis financiera internacional, planteó que la desaceleración de los precios no será un problema cíclico sino que se acompañará con contracción en la inversión para generar impactos estructurales.


La entidad, que continúa enfocada en recomendar el uso de políticas de austeridad, presentó un estudio empírico para justificar que el ajuste a través de la devaluación de la moneda permitiría a los emergentes compensar con mayores cantidades exportadas las pérdidas por el efecto de la disminución en los valores de las commodities. Agregó que la política fiscal no tiene capacidad en el panorama actual para impulsar las economías.


El documento de avance del Fondo Monetario Internacional resaltó la caída del precio de las materias primas, en particular de metales y energía, a partir de 2011. "Las economías exportadoras de materias primas se encuentran en una coyuntura difícil. Los precios mundiales de los commodities han disminuido marcadamente en los últimos tres años, y la tasa de crecimiento económico se ha desacelerado considerablemente entre economías de mercados emergentes que le venden al mundo estos productos", señaló el organismo. Mencionó que la depresión en los valores no responde a elementos de corto plazo, sino que es una baja que perdurará en los próximos años, para afectar el nivel de expansión potencial de las economías en desarrollo.


"La desaceleración (del mercado interno en los países emergentes) no es un mero fenómeno cíclico; tiene también un componente estructural. La inversión, y por consiguiente el producto potencial, tienden a crecer a un ritmo más lento en los países exportadores durante las caídas de precios de las materias primas", precisaron los técnicos de la entidad.
Tras el adelanto del Panorama Económico Mundial, Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, afirmó que los cálculos publicados en meses anteriores respecto de un crecimiento global de 3,8 por ciento para 2016 ya no son realistas. Indicó que en octubre, con el lanzamiento del documento final, la cifra se reducirá a alrededor del 3 por ciento, lo que deja en evidencia las distorsiones que enfrenta el mundo para recuperarse del estallido de la crisis financiera global en 2008.


Las dificultades que se observan en países emergentes también continúan en las economías desarrolladas. En la Zona Euro no se ha revertido la situación de fuertes desempleo y estancamiento de los mercados internos, en tanto que Estados Unidos, pese a los anuncios de recuperación, no logrará un crecimiento muy superior al 2 por ciento.


Las propuestas del organismo internacional de crédito para las economías en desarrollo, para enfrentar el impacto, avanzaron en el sentido de aplicar paquetes de ajuste y devaluación, afirmando que la depreciación cambiaria es un instrumento útil para incrementar la exportación al mundo. La entidad, a partir de un estudio empírico donde se tomaron en cuenta grandes correcciones del tipo de cambio como la de Argentina en 2002, precisó que una devaluación del 10 por ciento implica un alza de las exportaciones equivalente al 1,5 por ciento del PBI. La propuesta del FMI de devaluar para incrementar los despachos, una medida que genera indefectiblemente una transferencia de ingreso de los trabajadores hacia los grupos exportadores y bancos, es defendida en el país por dirigentes de la oposición, que la consideran una solución al problema de escasez de divisas en el mercado interno.

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Martes, 01 Septiembre 2015 05:58

Los países ¿emergentes?

Los países ¿emergentes?

Está quedando claro que en el pasado cercano el llamado BRIC resultó una ocurrencia de la superficialidad del análisis de Goldman Sachs (GS), que en un arrebato creyó que el potencial económico de Brasil, Rusia, India y China era tal, que se convertirían en las cuatro economías dominantes hacia 2050. El BRIC asumió acríticamente que sería el grupo que describía GS. Este mostruo financiero que en 2008 dejó de ser un banco de inversión por los gravísimos problemas por los que pasaba, aseguraba también que México y Sudáfrica eran comparables al grupo BRIC, pero no los incluía ahí porque ya formaban parte de la OCDE.


Brasil está comenzando a zozobrar en una recesión que puede durar dos años o más y la vuelta no será para alcanzar altas tasas de crecimiento. Rusia, siempre un tanto opaca respecto de su estado económico interno, parece cruzar un periodo recesivo, sin dejar de ser una economía singular, con un sector de muy alta tecnología en la industria aeroespacial y en la industria de guerra, pero no es claro el efecto que ha producido en su economía la caída de su ingresos por la exportación de granos, petróleo, gas y oro, en el que alcanza grandes volúmenes, y cuál el impacto que le han causado las imperialistas e infames restricciones económicas de EU y de la UE (aunque Alemania lo hace un tanto a regañadientes).
Brasil hizo una hazaña: 27 millones de personas dejaron de ser pobres y entraron a la clase media en escasos cuatro años, mediante un esfuerzo impresionante de descenso de la desiguadad. El ingreso de 10 por ciento más pobre subió 50 por ciento, mientras el ingreso del 10 por ciento más rico subió 7 por ciento en seis años, entre 2000 y 2006.
Admirabilísimo. Pero una coyuntura internacional favorable no hace verano. La casi una década de altos ingresos por exportaciones no fue suficiente para sentar bases de un crecimiento sostenido de largo plazo.


Sólo a GS se le ocurrió poner en el mismo plano las economías de China, India, Rusia y Brasil. China es una economá sólida, la economía más grande del mundo, y los problemas de corto plazo que enfrenta en este momento hacen cimbrar a la economía internacional.


Después de casi 15 años de expectativas optimistas ha aparecido una nueva realidad: los mercados emergentes pasan serias dificultades (BRIC más otros tercermundistas latinoamericanos y más allá). La superficialidad del neoliberalismo no tiene paralelo: los adictos a esta nueva fe aún viva creían que Brasil, Rusia, Turquía, India, serían los nuevos motores de la economía mundial. Tendrían un crecimiento rápido e indefinido.


Pero, hoy casi todos ellos han disminuido el ritmo de su crecimiento y los inversionistas retiran sus capitales, en parte impulsados por las expectativas de que la Reserva Federal de EU aumente sus tipos de interés en septiembre, o un poco más tarde, y debido a las complicaciones de la coyuntura china. Sus monedas se han devaluado, y la eterna corrupción más sus no escasos problemas políticos abruman el ánimo y el discurso en economías como Brasil y Turquía.


Es claro que nunca hubo datos sólidos que explicaran el crecimiento de los países emergentes. Sus altas tasas de interés se explicaban no por una transformación de su estructura productiva, sino por una acelerada demanda interna impulsada por auges temporales de los precios de los productos básicos y niveles insostenibles de endeudamiento originado en las fuertes entradas de capital externo.


Sí, en los mercados emergentes, como Brasil o Sudáfrica, con diferencias notables entre países, hubo alguna exapansión de las clases medias. Pero sólo una microscópica proporción de la fuerza de trabajo de estas economías labora en empresas de alta tecnología y alta productividad. La mayoría sigue bregando en empresas informales, de baja productividad y bajos ingresos.


A diferencia de esos emergentes, Corea del Sur y Taiwán crecieron gracias a una veloz industrialización; se ha repetido hasta el cansancio: las claves principales para el crecimiento de las economías en desarrollo son la adquisición masiva de habilidades y una educación de alto nivel, apoyada en conocimiento de avanzada, la mejora efectiva de las instituciones democráticas y la gobernanza, así como la transformación estructural que permita la transición desde actividades de baja productividad a las más productivas (lo que es característico de la industrialización), con un abatimiento drástico del enorme obstáculo que representa la desigualdad.


En los emergentes no habrá desarrollo efectivo sobre la base de periodos de auge de los precios de las materias primas, altas exportaciones coyunturales y altos intereses que atraigan al capital externo. Una coyuntura así igualmente se deshace y todo vuelve a su lugar tercermundista.


México se halla quizá un paso adelante de las características señaladas de los emergentes, a pesar de la pesada política neoliberal. No debido a ella. No es un país rural exportador de materias primas. Sino un país manufacturero, exportador de manufacturas. Sus exportaciones manufactureras supera a la suma de las exportaciones manufactureras del resto de América Latina y el Caribe. Pero la industria manufacturera exportadora tiene una tenue relación con el resto de la economía. Sí que podría, con instituciones de gobierno de gran calidad, superar la dualidad del sector manufacturero y crear un sistema educativo de alto nivel, desde el prescolar hasta el posgrado. Pero, es una tarea del Estado. El mercado tendría entonces un camino que seguir.

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Brasil entró en recesión económica en el segundo trimestre de este año

La economía brasileña –la primera en América Latina y la séptima del mundo– entró en recesión en el segundo trimestre de este año, en el arranque de un periodo de retracción que según analistas durará al menos dos años.


El producto interno bruto (PIB) retrocedió 1.9 por ciento entre abril y junio frente a los tres primeros meses del año, cuando había caído 0.7 por ciento respecto al último trimestre de 2014, informó el viernes el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).


La caída del PIB en el segundo trimestre es mayor a la prevista por analistas de bancos extranjeros y brasileños, que apostaban por una retracción de alrededor de 1.7 por ciento. El crecimiento del primer trimestre también fue revisado a la baja por el IBGE, de -0.2 a -0.7 por ciento. Cuando un país registra dos trimestres seguidos de contracción económica se habla de recesión técnica.


Frente al mismo periodo de 2014, en el segundo trimestre la economía brasileña registró una retracción de 2.6 por ciento. Y en el primer semestre de 2015, se contrajo 2.1 por ciento frente al mismo periodo de 2014. Por sectores, el agropecuario se contrajo 2.7 por ciento, la industria 4.3 por ciento, el sector servicios 0.7 por ciento y el consumo doméstico 2.1 por ciento.


Tras un alza espectacular de 7.5 por ciento del PIB en 2010 que fascinó al mundo y puso a Brasil al frente de las potencias emergentes, la economía del gigante sudamericano creció sólo 2.7 por ciento en 2011; uno por ciento en 2012; 2.5 por ciento en 2013 y apenas 0.1 por ciento en 2014. La economía brasileña creció a ritmo muy débil en los últimos cuatro años, pero no registraba una recesión desde inicios de 2009.


La presidenta Dilma Rousseff enfrenta problemas en varios frentes: la inflación está por alcanzar dos dígitos (9.56 por ciento) y ya duplica la meta oficial; la tasa de interés de referencia está en su mayor nivel en nueve años (14.25 por ciento), el desempleo ha subido por séptimo mes consecutivo y se ubica en 7.5 por ciento; el ahorro fiscal es casi nulo y el real se ha devaluado 25 por ciento frente al dólar desde enero. A ello se suma el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, el mayor en la historia del país, y la inestabilidad política.

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Domingo, 23 Agosto 2015 05:53

El fin de la recesión en Brasil se aleja

El fin de la recesión en Brasil se aleja

En medio de un ambiente de confianza a la baja y de inestabilidad política en alza, la economía brasileña se hundió aún más entre abril y junio de este año, según los datos publicados por el Banco Central del país esta semana, previa a la difusión del dato del Producto Interior Bruto (PIB), que se conocerá el 28 de junio.


La actividad económica de Brasil se contrajo un 1,89% en el segundo trimestre, el peor resultado desde 2009, según el indicador del Banco Central, conocido como IBC-Br. Este fue el tercer trimestre consecutivo de retracción, lo que indica que el país está en recesión.


Al escenario se suma una inflación elevada, que a final de año se prevé que roce el 9%, y el desempleo en aumento, que en julio llegó al 7,5%, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) divulgados este jueves. La tasa es la más alta para los meses de julio desde 2009 y es la séptima subida mensual consecutiva. En el sector de la industria, el empleo también cayó por sexto mes consecutivo, según el IBGE. Este semestre, el paro en las fábricas brasileñas acumula una baja del 5,2%.


Esta mezcla de malas noticias, que se suma a la falta de crédito y a la disminución de los ingresos de los trabajadores, también exige apretarse el cinturón en el presupuesto familiar. La intención de consumo de las familias ha disminuido por séptima vez consecutiva y ha alcanzado un mínimo histórico en agosto. Según datos de la Confederación Nacional del Comercio (CNC), el índice registró 81,8 puntos en agosto, un 5,9% menos que en julio. En comparación con el mismo período de 2014, el retroceso fue del 32,3%. Cualquier cifra por debajo de 100 indica insatisfacción de los consumidores.
Los resultados hacen aún más evidente el difícil camino que le queda a Brasil para reactivar la economía. La esperada recuperación parece cada vez más distante y parece no ocurrirá en 2016, como preveían los especialistas a principios de este año. Los economistas del mercado financiero ya reconocen que Brasil necesitará más tiempo para recuperarse y, por primera vez, señalan que el PIB se contraerá también en 2016.


Según el último informe Focus, del Banco Central, que se dio a conocer este lunes, el país debe de terminar el año con una disminución del PIB de más de un 2%, mientras que, para el año que viene, la expectativa ya es de una retracción de un 0,15%. La proyección del Focus, que hace un promedio de las estimaciones de más de 100 instituciones financieras, ha cambiado de una semana a otra, al compás de la crisis política que ha mantenido la actividad económica en parálisis. La semana pasada, la proyección de los bancos era de una caída del 1,97% del PIB en 2015 y de crecimiento cero el año que viene.


El banco Itaú, por ejemplo, revisó su proyección de retroceso del PIB del 0,2% a un 1% negativo en 2016, lo que demuestra cómo el sistema financiero, que a principios de este año esperaba una recuperación en este segundo semestre, proyecta un período complicado durante mucho más tiempo. Este escenario también contribuyó a la devaluación del real frente al dólar. En los últimos 12 meses la moneda brasileña se ha devaluado casi un 53%, solo superada por las monedas de Rusia y de Colombia, según un estudio realizado por la correctora TOV. La Bolsa de São Paulo alcanzó este miércoles el nivel más bajo desde marzo de 2014. El Ibovespa, el principal índice de la bolsa brasileña, cayó un 1,82%, a 46.586 puntos.


Las dificultades para adaptar el ajuste fiscal frente a un Congreso hostil explican una parte de ese cambio de postura de mercado. "Con el aumento de los conflictos políticos en el Congreso, evidentemente, el paquete de ajuste fiscal no pudo implementarse de la forma adecuada y retrasará aún más el equilibrio del presupuesto de las cuentas del Gobierno. El medicamento amargo tendrá que tomarse aún durante más tiempo", explica Antonio Carlos Porto Gonçalves, profesor de la Fundación Getúlio Vargas


Para el especialista, la esperanza de que la economía se enderezase de nuevo, con la llegada del ministro de Hacienda, Joaquim Levy, a principios de este año, duró poco. "Nos damos cuenta de eso si analizamos el propio comportamiento del Ibovespa, que fue recuperándose al principio del año, pero que, ante los enfrentamientos políticos, retrocedió significativamente en los últimos meses. Brasil está muy sin mando, muy dividido. Hacía tiempo que el país no afrontaba una situación de estas", agrega Gonçalves.


El equilibrio de las cuentas será más prolongado de lo previsto, la fuerte caída de la popularidad de la presidenta Dilma Rousseff y las manifestaciones que piden su salida también contribuyen a que el clima de incertidumbre solo aumente. Todos estos factores, según José Kobori, profesor de Finanzas del instituto universitario Ibmec/Brasilia, repelen las inversiones y retrasan aún más la reanudación del crecimiento de la economía.


"Los empresarios se resisten, no quieren hacer inversiones. La ausencia de crecimiento no es más que esta falta de inversión. El Gobierno está pasando por una tormenta perfecta, junto con inestabilidad política y una máquina inflada de costes", explica.


La confianza de los empresarios de la industria brasileña, por ejemplo, permaneció baja en agosto, según la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Según el Índice de Confianza Industrial (ICEI), el pesimismo de los empresarios se propaga por industrias de todos los segmentos y tamaños. Este mes el índice registró solo 37,1 puntos en una escala de 0 a 100.
Para Kobori, la falta de señales de que los conflictos políticos cesarán a corto plazo compromete cada vez más el futuro. "Lo que vemos es que la oposición quiere ver al Gobierno de Dilma Rousseff sangrar y no quiere llegar a un acuerdo para poner en marcha medidas para impulsar el ajuste", explica.


El lunes, el ministro de Comunicación Social, Edinho Silva, reconoció el escenario de dificultad que enfrenta el país, culpó la situación internacional y dijo que varios países pasan por este proceso de superación desde la crisis de 2008. "Es necesario romper el clima de pesimismo". "Se están tomando las medidas para superar este ambiente en breve. En una situación viable, nos cabe creer en la fuerza y el potencial de nuestro país. Tenemos que ser optimistas para superar las dificultades", afirmó.

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Las protestas dejan a Rousseff y su ajuste económico en el aire

Las masivas protestas en Brasil del pasado domingo, que reunieron a más de 800.000 personas en un centenar de ciudades, no solo han puesto contra las cuerdas al Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, siete meses después de su reestreno al frente del país, y al Partido de los Trabajadores, sino que amenazan con llevarse por delante el duro ajuste fiscal que necesita la maltrecha economía brasileña. El mercado financiero corrigió ayer sus previsiones para 2016 y proyecta que la recesión se extenderá hasta 2017. Para el próximo año, los bancos calculan una caída de un 0,15% del Producto Interior Bruto.


Según estas cifras, hechas públicas por el boletín Focus, publicación semanal del Banco Central de Brasil, el PIB se contraerá un 2,1 % este año y un 0,15% en 2016, justo cuando los expertos esperaban que podría iniciarse la recuperación económica, lo que significa que por primera vez el gigante sudamericano registraría dos años seguidos de recesión. Según estas previsiones, para las que se consultó a 100 expertos, se prevé que la inflación alcanzará un 9,2% este año y que la escalada también se prolongará el año que viene con una subida de precios de hasta un 5,44%.
Ante este panorama negativo y mientras la presidenta intenta que el Congreso pase una dura ley de ajuste fiscal para descontento de las formaciones aliadas del Gobierno y de su propio Partido de los Trabajadores, los adversarios de Rousseff atacan. El expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), fue duro y propuso su renuncia en Facebook. "Lo más significativo de las protestas es la persistencia del sentimiento popular de que el Gobierno, aunque legal, es ilegítimo. Le falta base moral, corroída por las trampas del lulo-petismo", comentó ayer en la prensa. "Si la propia presidenta no es capaz del gesto de grandeza [renuncia, o reconocimiento franco de que se equivocó y encontrar los caminos de la recuperación nacional], asistiremos a la desarticulación creciente del Gobierno y el Congreso, a golpe de Lava Jato. Hasta que algún líder con fuerza moral le diga, como Ulysses Guimarães con la Constitución en la mano dijo a [el expresidente destituido] Collor de Melo: 'usted piensa que es presidente, pero ya no lo es".


En un artículo publicado ayer en el periódico Folha de S. Paulo, Aécio Neves, del PSDB y derrotado por Rousseff en las últimas elecciones, comentó: "Hoy el PT paga este alto precio no por los graves errores cometidos, sino porque insiste en fingir que no los cometió".


La presidenta trata de transmitir tranquilidad. Sin embargo, entre el domingo y ayer, en menos de 24 horas, se reunió con su equipo de Gobierno en dos ocasiones. El mensaje oficial fue de optimismo, porque las protestas del domingo fueron menores que las de marzo y forman parte de la "normalidad democrática". Pero está claro que Rousseff trata de mantenerse firme, con un índice de aprobación del 8%, mientras se encuentra en la cuerda floja. En el último mes ha intensificado su agenda de reuniones con congresistas y movimientos sociales de izquierda para buscar apoyos.
El proceso de destitución, mientras tanto, ha sufrido un leve contratiempo. El Supremo decidió la semana pasada que el examen de las cuentas públicas (una de las apuestas más firmes de la oposición para pedir la destitución) tendrá que pasar por el presidente del Congreso. Éste, Renan Calheiros, se ha convertido en el nuevo aliado de Rousseff desde que Eduardo Cunha, su antiguo aliado, le declarase oficialmente la guerra y reconociese que pondrá todas las facilidades a su alcance para que las peticiones de destitución lleguen a buen puerto.


Además de contra el Gobierno del PT, el otro grito del domingo fue contra la corrupción, en concreto la de la intrincada red que desangró durante años a la compañía estatal Petrobras, mientras Rousseff presidía el Consejo de Administración. En varias de las manifestaciones había muñecos de Lula da Silva vestido de presidiario. Los grupos de oposición Vem Pra Rua (Ven a la Calle) y Movimiento Brasil Livre (Movimiento Brasil Libre, MBL) que convocaron las protestas han hecho de la "limpieza" de la política una de las banderas para justificar la petición de destitución.


La prioridad para los opositores y para los manifestantes es que la presidenta se vaya, pero la pregunta en el aire es quién la sustituirá. Es decir, si valdría la pena cambiar a Rousseff por el vicepresidente, Michel Temer, o por la oposición que perdió las elecciones. El domingo, solo un nombre salió bien parado. Carteles y camisetas de manifestantes mostraban la cara del juez responsable de las investigaciones de la operación Lava Jato con un lema unánime: "Partido Sérgio Moro".
Con información de Afonso Benites.



LAS EXPECTATIVAS ANTICIPAN QUE LA CONTRACCION SE PROLONGARIA AL AñO PROXIMO


Empeora el pronóstico para Brasil

Página12


Las expectativas de las principales consultoras, de acuerdo con el relevamiento del Banco Central de Brasil, anticipan una caída del PBI del 0,15 por ciento en 2016, luego de una contracción esperada para este año del dos por ciento.

Los analistas del mercado brasileño prevén por primera vez una contracción de la actividad económica en 2016, según lo informó ayer el Banco Central de Brasil, que todas las semanas releva las expectativas de los principales consultores del mercado. Las proyecciones para el próximo año arrojaron un retroceso del 0,15 por ciento del PBI, al tiempo que indicaron que la baja sería de 2,01 por ciento este año, cuando la semana pasada habían estimado que iba a ser de 1,97. La recesión esperada para la economía brasileña es la peor desde 1990, cuando se anotó un retroceso del Producto del 4,35 por ciento. La floja performance del mercado brasileño es un elemento de tensión para la economía local, que exporta una parte relevante de bienes industriales a ese país, en particular del sector automotor.


La inflación fue otro eje de tensión en el informe del Banco Central de Brasil. Los analistas informaron que la variación de los precios acumulará 9,32 por ciento en 2015, cifra que duplica la meta oficial de 4,5 por ciento y excede por casi tres puntos el "techo máximo" establecido en los objetivos de la autoridad monetaria, de 6,5 puntos. Las previsiones de inflación, no obstante, se mantuvieron respecto de las presentadas la semana pasada, una situación que no ocurría desde hace más de cuatro meses. El aumento de precios de este año, si se confirman las expectativas del mercado, sería el más elevado desde 2002, cuando la inflación minorista se ubicó en 12,53 por ciento.


En lo que refiere a las tasas de interés de referencia, los consultores pronosticaron que 2015 terminará con una tasa del 14,25 por ciento, una cifra idéntica a la que se observó en la primera mitad de agosto. La perspectiva no se modificó en relación con lo que se informó la semana anterior en el Boletín Focus, en el que el Banco Central de Brasil releva los pronósticos del mercado. La presentación de este informe es una obligación para todos los países que se encuentran suscriptos en regímenes monetarios de metas de inflación, donde el crecimiento de la economía queda supeditado al control de precios a través de la administración de la tasa de interés. Dicha variable se ubica actualmente, en el principal socio comercial de la Argentina, entre las más altas de la última década, situación que agrega obstáculos a la desaceleración de la economía.


Las previsiones para el tipo de cambio brasileño para fin de 2015, en tanto, pasaron de 3,40 a 3,48 reales por dólar entre la semana pasada y la actual. Para 2016, el pronóstico de los principales consultores del mercado es que la moneda alcance una cotización de entre 3,50 y 3,60 reales continuando, aunque más moderadamente, con las correcciones nominales observadas en los últimos meses en la economía brasileña. Estos movimientos del tipo de cambio, según analistas no convencionales, son un elemento central para explicar la mayor tensión de los precios y la desaceleración de la demanda agregada.

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Martes, 18 Agosto 2015 07:30

Las cifras de la deuda en el año 2015

Las cifras de la deuda en el año 2015

Resulta evidente que la deuda externa se ha convertido en un "instrumento de bombeo de recursos económicos de los países en desarrollo a los países acreedores".


El Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo reedita en 2015 su informe Las cifras de la deuda en el que, desde hace años, busca describir el "sistema deuda" del que se ha revestido la globalización. Exponen todo un elenco de datos que no deja lugar a dudas de quién se beneficia con este sistema. Gracias al estudio podemos ver cómo el mecanismo que se usó en un principio en los llamados países del Sur, se ha ido aplicando también en el Norte, especialmente a partir de 2008.


Deuda y desigualdad


Una de las ideas que este documento quiere resaltar es la fuerte relación entre endeudamiento y desigualdad. El informe habla de "escándalo mundial de primer orden" para referirse a esta situación. Para justificar esta aseveración aportan algunos datos reveladores. En 2013 el 0.7% de la población mundial (32 millones de personas) acaparaba el 41% de la riqueza, mientras que el 68.7% (3.200 millones) se tenía que repartir solo el 3% de la riqueza. Son datos que ha confirmado otro documento de Intermón Oxfam que afirma que las 80 personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que el 50% más pobre. Para colmo, estos datos forman parte de una tendencia que va a más: el mundo cada vez es más desigual y cada vez hay mayor concentración de la riqueza.


Según el informe, las causas del aumento de la desigualdad son tres: el empeoramiento de la participación de los salarios en el PIB, el aumento de la regresividad fiscal y el aumento de las desigualdades de género.


La deuda del sur


En la génesis de la deuda del Sur hay que señalar varios factores. En primer lugar, en la década de los 70 se experimenta la profundización de la globalización con su hecho más determinante, la liberalización de los movimientos de capitales. Además, en aquellos años los bancos occidentales se encontraron con liquidez extra gracias a los petrodólares, que necesitaban invertir para obtener beneficio.


Por otro lado, los países pobres, que necesitaban fondos para financiar proyectos para industrializarse, aceptaron gustosamente los préstamos que les ofrecían. Las condiciones de éstos incluían tipos de interés variable, que los hicieron atractivos en principio. Estos tipos estaban vinculados al tipo de interés oficial estadounidense, el cual subió enormemente a finales de los 70. De unos tipos del 4-5% se pasó al 16-18%. A ello se unió la caída de los precios de las materias primas de las que tan dependientes eran los países en desarrollo. De la noche a la mañana, el monto a reembolsar era mucho mayor, mientras los ingresos decrecían. El mecanismo por el cual un préstamo inicial se convertía en una bola de nieve que iba en caída y aumentando su volumen estaba en marcha.


Las cifras muestran a las claras que el problema no hace más que aumentar. Desde los años 70 hasta 2012 los montos de África y Oriente Medio, por un lado, Asia y países PECOT, por otro, y, finalmente, América Latina, se multiplicaron por 73, 102 y 165 veces, respectivamente.


Sin embargo, el dato que delata la flagrante estafa del mecanismo de la deuda salta cuando calculamos cuántas veces se ha pagado el monto inicial. África y Oriente Medio pagaron 145 veces su deuda inicial, Asia (y PECOT) 163 veces, pero la palma se la lleva América Latina, que ha pagado 407 veces su monto inicial. Resulta evidente que la deuda externa se ha convertido en un "instrumento de bombeo de recursos económicos de los países en desarrollo a los países acreedores". Tanto es así, que si se calculan las transferencias netas se puede concluir que los "países en desarrollo son acreedores netos de los países desarrollados".


La deuda del norte


La génesis de la deuda del Norte nos es más conocida puesto que su explosión se da con la crisis de 2008. Para el caso europeo, en el informe nos señalan cuatro causas. Primera: los ingresos tributarios han ido decayendo debido a las políticas neoliberales de adelgazamiento del Estado. Además y debido a Maastricht, se impide que los Estados se financien por medio de bancos centrales, lo que resulta bastante más caro. En tercer lugar, las medidas de austeridad fervientemente aplicadas y, por último, los rescates bancarios realizados en toda la Unión Europea.


La gigantesca suma de dinero entregada solícitamente a los bancos, además de ayudas como avales y otras garantías, supone una sangría sin igual. Se trata, como dice el informe, "de una verdadera bomba de tiempo para los Estados que, además de la socialización de las pérdidas, socializan los riesgos de las finanzas privadas".


De tanta gravedad como el hecho anterior es la mencionada imposibilidad de que los Estados se financien a través de bancos centrales. Esto conlleva que los Estados paguen un precio mucho más alto para financiarse. Se ha calculado el sobrecoste pagado por algunos países. Por ejemplo, si Bélgica hubiera tenido un banco central que le financiase, su deuda habría estado alrededor de 34% en 2012, en lugar del 100% que acumuló. Para el caso español, Eduardo Garzón ha calculado que tal dato habría sido del 14% en lugar del 87%.


El informe también describe la evolución de la deuda de los Estado Unidos, cuyo vertiginoso aumento hunde sus raíces en la década de los setenta, cuando se instaura el "sistema deuda" que hoy conocemos. Con la crisis, las cifras del rescate bancario estadounidense son escandalosas y alcanzan más de 3 billones en ayudas directas.
Un mismo sistema


A pesar de que las génesis de la deuda del Sur y del Norte tengan diferencias, encontramos similitudes sobre todo en los mecanismos que las generan y agravan y en las consecuencias que ocasionan.


En primer lugar, cuando estallan las crisis de deuda la reacción clásica ha sido recetar medidas de austeridad, que acaban empeorando la situación y convirtiendo el endeudamiento en estructural. Comienza una espiral que se retroalimenta y de la que no se puede salir. Estas políticas conllevan el progresivo empobrecimiento de la mayor parte de la población, junto con la creciente acumulación de recursos por parte de las élites. Las desigualdades se agravan y el poder de los ricos aumenta, propiciando el llamado goteo inverso. Esta es la situación en la cual las rentas de las capas bajas son absorbidas (por medio de los intereses de los permanentes préstamos, la socialización de las pérdidas, las amnistías fiscales...) por el 10% más rico.


En conclusión, "el sistema deuda implica la utilización de recursos públicos para pagar a los acreedores en detrimento de la satisfacción de necesidades y derechos de la población". No dejen de leer el informe si quieren saber qué propone CADTM para intentar parar esta rueda.

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Latinoamérica teme por la devaluación de China

En los campos más ricos de las provincias argentinas de Buenos Aires y Santa Fe no solo están preocupados por las excesivas lluvias actuales que pueden arruinar los cultivos de trigo. También se inquietan por lo que sucede a 18.000 kilómetros: en China. Allí la devaluación del yuan en los últimos tres días ha hecho bajar aún más las cotizaciones de las materias primas, incluidas las agrícolas.


Los expertos advierten de que la depreciación de la moneda china puede afectar a los productos básicos exportados por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela hacia el gigante asiático. Si bien abarata las manufacturas chinas que avanzan por la región, las monedas latinoamericanas se han devaluado mucho más que la asiática en los últimos meses. El mayor temor de los especialistas radica en que la pérdida de valor del yuan refleja y profundiza la desacelaración de la actividad china, con el consiguiente impacto en Latinoamérica.


"La devaluación en sí del yuan no ha sido significativa en comparación con las que tuvieron las monedas latinoamericanas este año", compara el economista Mauricio Mesquita Moreira, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El dólar subió en dos días el 3,5% frente al yuan, mientras que se elevó en lo que va del año el 30,8% frente al real brasileño, el 23,7% ante el peso colombiano, el 12,4% frente al chileno, el 10,6% ante el mexicano y el 9% frente al argentino.


Por eso que Mesquita no teme una invasión de los abaratados productos industriales chinos, pese que el objetivo de Pekín ha sido justamente el impulso de sus exportaciones ante la ralentización económica. En cambio, Daniel Titelman, economista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), baraja una ampliación del déficit comercial de la región con China, que alcanza los 8.000 millones de dólares, lo que supone el 1% de la economía latinoamericana.


Otras inquietudes incuba Mesquita, del BID: "Lo que más me preocupa es la solidez de la economía china. Haber cuánto crecerá. Por eso la devaluación del yuan provoca pánico en la economía mundial". Durante décadas China solía expandirse al 9% anual, pero en los últimos años ha bajado su ritmo al 7%, lo que se ha constituido en uno de los factores que explican la desaceleración del crecimiento latinoamericano. Por la situación de China y otros factores externos e internos, la CEPAL acaba de rebajar la previsión de crecimiento latinoamericano a solo 0,5% en 2015 y ha pronosticado que el paro subirá del 6% al 6,5%.


"Si China crece menos del 7%, la región será afectada, especialmente la exportación de materias primas", observa Mesquita. "Las exportaciones brasileñas a China ya cayeron 15% en el primer semestre. Por cada punto porcentual de crecimiento del PIB chino, el latinoamericano crece 0,7 puntos. Es una relación bastante alta. México puede ser afectado por el petróleo, pero más van a sufrir los países sudamericanos. Más me preocupan Brasil, Venezuela y Argentina, que de por sí no están creciendo, que Colombia, Chile y Perú, que tienen economías más sólidas. Ecuador también me genera dudas. Pero si la devaluación del yuan hace que a mediano plazo China crezca, beneficiará a Latinoamérica", completa el economista del BID.


El 80% de las exportaciones latinoamericanas a China consiste en productos básicos. Los que más le venden son Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela, sobre todo petróleo, minerales y soja. "Costa Rica también podría verse afectada porque le vende a China insumos electrónicos que ahora se encarecerán en el mercado chino", advierte Titelman, de CEPAL.


Titelman le teme además a los efectos indirectos de la devaluación del yuan en Latinoamérica: "La depreciación trae más volatilidad financiera en el mundo, que a su vez lleva a que los inversores se refugien en el dólar. En dos días se cayeron las bolsas en todas partes. La devaluación de China, la más grande de los últimos años de este país, trae volatilidad cambiaria".


En cambio, Juan Pablo Ronderos, de la consultora Abeceb, llama a la calma: "No veo un impacto grande en las reservas internacionales de países como Argentina, que tienen yuanes en sus bancos centrales. Lo que veo es que la transición que quería hacer China de su modelo basado en la inversión y la exportación a uno de consumo no está siendo tan exitoso. Si hay problemas, nuestra proyección de buenos precios de las materias primas para los próximos diez años se modificará".


En Argentina, en el equipo económico del candidato presidencial kirchnerista, Daniel Scioli, también analizan la devaluación china. "Sorprendió por lo rápida, pero tampoco asusta por su magnitud ni afectará las reservas. Sí tendrá un impacto en los precios de las materias primas, aunque no mucho en los granos, que son nuestras principales exportaciones. A nosotros nos ayuda que se abarate el petróleo porque importamos combustible, pero nos perjudica al desarrollo del yacimiento Vaca Muerta o los proyectos mineros que necesitan buena rentabilidad para que entren inversores", admite uno de los integrantes de la plantilla de Scioli, que el próximo 25 de octubre peleará por la presidencia argentina contra el centroderechista Mauricio Macri.

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