Industria cárnica. Juan Soto

Tras seducir a la población con las supuestas maravillas de la dieta vegana, las transnacionales de producción de carne y los grandes fondos de inversión aterrizaron en la industria de los alimentos que se presentan como sustitutos

 

Hasta no hace mucho tiempo, seis o siete décadas atrás, la alimentación mayoritaria de la población rural era austera, equilibrada y sujeta a las posibilidades de sus territorios. En paralelo al desarrollismo y a la concentración de la población en las ciudades, desde centros de estudios, universidades y revistas de prestigio –en coordinación con la industria alimentaria– se difundió el mensaje de la necesidad de mejorar los patrones alimentarios, aumentando el consumo de proteínas, especialmente las de origen animal. A fuerza de mucha publicidad y propaganda, pensemos en el caso del fastfood, el mensaje permeó culturalmente y se instaló en el imaginario como el patrón a seguir. Para satisfacer esta demanda “creada”, se justificó, se agradeció y se encumbró a la industria alimentaria capaz de producir mucha leche, carne y sus derivados a precios baratos, sin contemplar ni preocuparse por sus desmedidas externalidades. Se llegó a despreciar y ridiculizar la alimentación y la agricultura tradicional, afectando cuerpos y territorios. De comprar y cocinar alimentos frescos se pasó a los ultraprocesados recalentados en el microondas y la industria salió claramente vencedora. Algo tan íntimo como nuestra alimentación ha acabado delegándose en pocas megaempresas controladas por fondos de inversión.  

Sabiendo de lo ocurrido, y ahora que las tendencias alimentarias veganas están alcanzando cuotas importantes, ¿puede ser que se esté repitiendo la historia? ¿Es un éxito inducido culturalmente? Y, si fuera así, ¿son nuevos actores o los de siempre?

Aunque pueda parecer contradictorio, las principales empresas transnacionales de producción industrial de carne son quienes están detrás de los alimentos que, basados en vegetales o en proteínas cultivadas en laboratorios, se presentan como sustitutos de la carne, el pescado, los huevos y la leche. En el informe Proteínas y Políticas de la entidad Ipes-Food o en las páginas de la plataforma científica ALEPH2020 se puede encontrar mucha información sobre esta realidad. Por ejemplo, la empresa Vivera, muy conocida en Alemania, Holanda y Reino Unido por sus más de cien referencias tipo salmón vegano o pollo kebab vegano, pertenece a la brasileña JBS, la mayor productora del mundo de carne avícola y de vacuno y la número dos en producción de carne de cerdo. En la cartera de JBS también descubrimos que es la accionista mayoritaria de la española BioTech Foods, dedicada al sector de la carne cultivada. En Estados Unidos, dos de las principales empresas cárnica del país, Tyson Foods y Smithfield, han creado divisiones propias para producir sus nuggets y salchichas a base de vegetales para competir con las dos líderes en el sector, Impossible Foods (asociado con Burger King) y Beyond Meat. En España nos encontramos con el mismo fenómeno. La mayor integradora del país, líder en macrogranjas de pollos y cerdos, Vall Companys, lanzó en 2019 el proyecto empresarial Zyrcular Foods para elaborar sucedáneos de carne a partir de guisantes, trigo o soja llegada de muy lejos, del cual ya podemos encontrar productos en diferentes supermercados con su marca blanca. Y su expansión seguirá si se les concede los 134 millones de euros presentados a los fondos de recuperación Next Generation para abordar nuevos retos en este campo. 

Si seguimos desmenuzando el mercado vegano, acabamos encontrando a más empresas multinacionales que desde hace décadas controlan la alimentación mundial, como Cargill, Nestlé, Danone, etc. Además, también encontramos fondos de inversión como BlackRock, el mayor del mundo (apoyando a Tyson o JBS entre otras), o Breakthrough Energy Ventures presidido por Bill Gates (participando activamente en Impossible Foods y Beyond Meat).

El aterrizaje de las multinacionales alimentarias en este “segmento” no podía hacerse sin la seguridad de haber seducido previamente a la población. Como siempre han hecho empresas tan competitivas entre ellas, no tienen ningún problema para encontrar lugares comunes, como la plataforma EAT, gracias a la cual –con “la ciencia” amaestrada y los inversionistas mencionados– se encargan de transmitir y cabildear a favor de estos nuevos patrones alimentarios. Repitiendo cual mantras las maravillas de esta dieta vegana para frenar la crisis climática y garantizar la salud eterna, han conseguido imponer un relato que ha calado en la población y en las administraciones. Y lo cierto es que reducir la solución de todos nuestros males a retirar de nuestras dietas la proteína animal no solo es un relato reduccionista, también es incorrecto. ¿Por qué no abordan las diferencias en los modelos productivos de proteína animal, sabiendo como se sabe de la importancia de los herbívoros en el ciclo de los nutrientes, el aprovechamiento que hacen de alimentos que no compiten con la población humana, su papel de fertilizadores de la tierra, etc.? ¿Ignoran que una alimentación a base de proteínas de guisantes, soja, maíz o trigo es replicar el mismo modelo de monocultivos responsables de los problemas que dicen quieren solucionar? ¿Por qué no se reconoce la dependencia del petróleo para tanto procesamiento, viajes y plásticos que visten a estos pseudoalimentos? 

¿Creíamos que el veganismo era un éxito del trabajo de sensibilización de algunas oenegés? Cárnico o vegano, el capitalismo alimentario de siempre nos aleja de la soberanía que urge recuperar y que solo puede establecerse adaptando nuestra dieta a los ciclos de la abundancia de la tierra que campesinas y campesinos, pastores y pastoras de nuestros territorios correspondientes saben gestionar: en sus huertos y en sus granjas. Lo sencillo es hermoso. 

4/08/2022

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En riesgo de extinción, miles de especies; se desconoce su estado

París. Más de la mitad de las especies cuyo estado de conservación no puede evaluarse, debido a la falta de datos, están probablemente amenazadas de extinción, según un estudio publicado el jueves en la revista científica Communications Biology.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que elabora una lista roja mundial de especies amenazadas, posee por el momento datos relativos a 150 mil especies vegetales y animales, de las cuales alrededor de 41 mil están amenazadas de extinción, es decir, 28 por ciento del total.

Esto representa 41 por ciento de los anfibios, 38 de los tiburones y rayas y 27 por ciento de los mamíferos.

Pero para miles de otras especies, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza carece de datos con la finalidad de evaluar su estado de conservación, que puede ir de "preocupación menor" a "en peligro crítico", o incluso "extinguida".

Los investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología utilizaron un algoritmo de aprendizaje automático para obtener estimaciones de 7 mil 699 especies para las que se carecía de datos.

Alertan sobre tasa; podría ser más alta

De ellas, se desprende que 4 mil 336, es decir, más de la mitad, estarían probablemente en peligro de extinción.

"Vemos que en la mayoría de las zonas terrestres y costeras de todo el mundo, la tasa de extinción podría ser más alta incluyendo las especies para las que no tenemos datos", preocupación del autor principal del estudio, Jan Borgelt.

Esta investigación también pone de relieve algunas regiones en las que el riesgo es mayor, como Madagascar, que posee una fauna única, o el sur de India.

Un informe de la Organización de Naciones Unidas que fue publicado en 2019 advirtió de que un millón de especies están amenazadas de extinción a medio y largo plazos. Esta situación se debe a la pérdida de hábitats, el cambio climático, las especies invasoras y a su sobrexplotación.

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Fuentes: La marea climática [Imagen: Selwin Hart durante su intervención. Foto: #LaUniClimática2022.FacebookTwitterTelegramWhatsAppCopy LinkCompartir]

El asesor especial del secretario general de la ONU para la Acción por el Clima se muestra muy crítico con el papel de países, empresas e instituciones financieras frente a la crisis climática e «invita» a la ciudadanía a presionarles.

El mundo está sumido en múltiples crisis. Desde la pandemia de COVID-19 hasta la guerra en Ucrania, pasando por otras que se derivan de ambas, como la inflación económica o los problemas relacionados con el suministro de gas. Sin embargo, «la principal emergencia a la que nos enfrentamos hoy en día es la crisis climática». A la hora de hacer una evaluación de este problema prioritario, la conclusión es clara: «El mundo va por mal camino».

El responsable de estas afirmaciones es Selwin Hart, asesor especial del secretario general de la ONU para la Acción por el Clima que ha participado en #LaUniClimática2022. El diplomático, nacido en Barbados, intervino a través de un extenso discurso en vídeo donde abordó una serie de cuestiones.

Hart comenzó repasando los indicadores sobre cambio climático, los cuales señalan que «estamos yendo en la dirección equivocada». Y es que, a día de hoy, «los compromisos de lucha contra el cambio climático a nivel nacional supondrían un incremento del 14% de las emisiones a finales de esta década«, detalla Hart, quien remata: «A esto cabe añadir que, en su mayoría, las grandes economías no están tomando las medidas necesarias para cumplir siquiera estas promesas ya de por sí insuficientes».

Debido al aumento sin cesar de las emisiones de gases de efecto invernadero, «estamos viendo impactos climáticos catastróficos y sin precedentes —inundaciones, sequías, tormentas, incendios forestales— a lo largo y ancho del planeta». Unas palabras que resuenan entre las olas de calor e incendios que asolan desde el mes de junio a España y parte de Europa.

Menos fósiles, más renovables…

Si bien es cierto que los impactos del cambio climático son ya visibles, la buena noticia es que está en manos de todas y todos –desde los gobernantes que toman las decisiones hasta la ciudadanía que exige– hacer que el daño, dolor y sufrimiento sea muchísimo menor que si no se hiciera nada. Así lo recuerda, una y otra vez, la comunidad científica en cada uno de sus informes y estudios.

Los eventos y fenómenos extremos que se suceden en la actualidad y que acaban con tantas vidas son fruto de un planeta que se ha calentado, a nivel global, cerca de 1,2 ºC. El objetivo es quedarse por debajo de 1,5 ºC, cifra todavía al alcance. Para ello, el IPCC –el mayor panel de especialistas en cambio climático– ha apuntado que es necesario reducir las emisiones globales a la mitad en esta década. Con esa meta en mente, Hart señala los primeros pasos ineludibles: «acelerar de forma decidida y a nivel global la descarbonización y la eliminación de todos los combustibles fósiles«. En palabras del representante de Naciones Unidas, «cada día que pasa sin que hayamos hecho lo bastante en ese sentido nos acerca un poco más al punto de no retorno».

Asimismo, el asesor de António Guterres pide «apostar de forma igualmente decidida por la revolución de las energías renovables» pues «ya existen alternativas energéticas más baratas, limpias y fiables en todas las regiones del planeta». Una afirmación avalada por los datos del último informe del IPCC, que señalan que el coste de la energía y las baterías solares se ha desplomado un 85% en la última década y el de la energía eólica, un 55%. «La inversión en energías renovables genera tres veces más empleo que las inversiones en energías contaminantes», remata Selwin Hart.

En este sentido, ha recordado las cinco acciones «fundamentales» para impulsar la transición hacia las energías renovables que anunció hace unos meses el secretario general de la ONU. Las medidas van desde tratar las renovables como un bien público mundial de libre acceso hasta invertir cuatro billones de dólares al año en energías limpias.

… y más adaptación

Ningún rincón del planeta está a salvo de la crisis climática. Tampoco ninguna persona, aunque no les afecta ni afectará de igual manera. Como ocurre en muchos aspectos cotidianos, los peores efectos del calentamiento global lo sufrirán no solo quienes menos culpan tienen de la situación, sino quienes menos capacidad y recursos tienen para esquivar o aminorar los daños.

Selwin Hart, que no ha dejado pasar este hecho, sostiene que «quienes viven en uno de los ‘puntos calientes‘ de la crisis climática a nivel global —es decir, África, América Central o del Sur, Asia meridional o algún pequeño país insular en vías de desarrollo— tienen 15 veces más probabilidades de morir por el impacto derivado de esta crisis«. «No podemos ignorar semejante injusticia», apunta.

A raíz de esto, el diplomático insiste en no centrarse únicamente en la transición energética, y pide invertir «en proteger a las personas y los medios de subsistencia frente al creciente impacto de la crisis climática. De hecho, ambos objetivos deben perseguirse con idéntica urgencia y determinación».

Una manera de empezar a corregir esta desigualdad creciente es potenciar los sistemas de alerta temprana. Según explica Hart, una de cada tres personas en el mundo carece de ellos. «Sabemos que un aviso de 24 horas sobre la llegada de una tormenta o una ola de calor puede reducir los daños sufridos en un 30%». Por este motivo, la ONU anunció en marzo de este año que liderará una nueva una campaña destinada a garantizar que, en el plazo de cinco años, todos los habitantes del planeta cuenten con la protección de sistemas de alerta temprana.

Contra la industria fósil y su ‘lavado verde’

El asesor especial del secretario general de la ONU para la Acción por el Clima, Selwin Hart, también ha tenido palabras para los activistas. Valora cómo el movimiento climático «ha crecido exponencialmente y ha logrado que varios países, empresas e instituciones financieras se comprometan a alcanzar cero emisiones».

Aun así, avisa de que «estamos asistiendo a un aumento del greenwashing o ‘lavado ecológico’». Si bien ve «fundamental» los planes climáticos a largo plazo, cree que «el año 2050 sigue quedando muy lejos». Es por eso que, según Hart, «un compromiso de cero emisiones que no incluya objetivos intermedios para 2025 y 2030 ni un plan de cumplimiento de dichos objetivos no es más que un brindis al sol». Y avisa: «Estos planes deben ser creíbles y transparentes, y deberán traducirse en una avalancha de cambios antes del final de la presente década».

Para evitar al máximo ese lavado verde, narra el líder climático, el secretario general de la ONU ha encargado a un grupo de especialistas la creación de normas más claras y solventes a la hora de medir y analizar los compromisos de cero emisiones por parte de entidades no estatales. Una labor en la que puede participar cualquier persona enviando su sugerencia a través de la página web de la ONU dedicada a la acción climática.

La acción individual también importa

Si bien las medidas más transformadoras y efectivas para afrontar la crisis climática y las diversas crisis medioambientales deben implantarse desde los gobiernos y empresas, las personas también juegan un rol clave en el cambio que se necesita. Así lo ve Selwin Hart: «Como individuos, tenemos la capacidad adoptar cambios que nos permitan aspirar a un mundo más verde y resistente al cambio climático».

En esta línea, la mano derecha en asuntos climáticos de António Guterres considera que «lo más importante que podemos hacer en este momento es seguir informándonos sobre la crisis climática y alzar la voz como ciudadanía«. Y va más allá en esa petición al invitar a presionar a los líderes políticos, «en el seno de vuestra comunidad y en las redes sociales —a todos los niveles, en todas partes— para que se tomen en serio la crisis climática y den pasos mucho más decididos para combatirla».

También apuesta por instar a cualquier institución relevante –»ayuntamiento, entidad bancaria, escuela, universidad o empresa»– a tomar medidas urgentes para alcanzar el objetivo de cero emisiones. Finalmente, Hart lanza una petición que ya ha hecho en ocasiones anteriores el propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres: «Poned vuestra inteligencia y talento al servicio de un futuro renovable. No trabajéis para quienes destruyen el clima«.

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Comienza en La Habana plan de racionamiento de energía

La Habana., La Habana comenzará en agosto con cortes de electricidad, canceló el carnaval y está tomando otras medidas ante el empeoramiento de la crisis energética en Cuba, informaron ayer medios estatales.

La capital cubana, hogar de una quinta parte de la población de 11.2 millones de habitantes y centro de la actividad económica de la isla, se había librado de los apagones diarios de cuatro horas o más que el resto de la isla sufre desde hace meses.

Los racionamientos han provocado algunas pequeñas protestas locales este verano y hace un año en julio alimentaron un día de disturbios sin precedentes en el país, cuando el descontento se desbordó y dejó decenas de detenidos.

Por ahora, un cronograma de cortes de energía significará que los seis municipios de La Habana tendrá racionamiento cada tres días durante las horas pico del mediodía, según el diario local del Partido Comunista, Tribuna de la Habana, que informó sobre una reunión de las autoridades.

Esta restricciones de luz reflejan una crisis económica cada vez más profunda que comenzó con las nuevas y duras sanciones de Estados Unidos a la isla en 2019, empeoró con la pandemia que destruyó el turismo y aún más con la invasión rusa a Ucrania.

Los precios altísimos de los alimentos, el combustible y el transporte marítimo han expuesto la dependencia de las importaciones y vulnerabilidades como una infraestructura en deterioro. La economía del país disminuyó 10.9 por ciento en 2020, recuperándose sólo 1.3 por ciento el año pasado.

Los cubanos han sobrellevado más de dos años de escasez de alimentos y medicinas, largas filas para comprar bienes escasos, altos precios y problemas de transporte. Los apagones sólo se han sumado a la frustración, lo que ha provocado un éxodo de más de 150 mil cubanos desde octubre a Estados Unidos y otros países.

Este es el momento de solidarizarnos y contribuir para que el resto de Cuba sufra menos los indeseables cortes de energía eléctrica, publicó Tribuna, citando al líder del Partido Comunista de La Habana, Luis Antonio Torres

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Dennis Meadows / Autor de ‘Los límites del crecimiento’

Inflación galopante. De dos cifras. Guerra. Problemas energéticos cada vez más graves. Olas de calor más potentes y tempranas. Detenciones de científicos. Matanzas en las fronteras. Retroceso en los derechos de la mujer en la –supuesta– cima del Imperio, que nos lleva 50 años atrás… Justo 50 años. ¿Tiene todo esto alguna relación?

En realidad sí.

Se cumplen 50 años de la publicación de uno de los trabajos más importantes del siglo XX, Los límites del crecimiento. Aquel informe encargado al MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) que ya en 1972 avisaba de que el planeta tenía límites y poco tiempo para enfrentar el choque contra los mismos.

Por ello, Dennis Meadows (EE.UU, 1942), uno de los dos autores principales del estudio, ha estado concediendo entrevistas para medios como Le Monde o el Suddeutsche Zeitung. Fue un honor entrevistarle para CTXT.

En el cincuentenario de la publicación del informe, uno de los escenarios –el standard– de su modelo sigue siendo muy similar y consistente con la realidad; en él adelantaban que el crecimiento se detendría por la fuerza alrededor del 2020. ¿Es esto lo que estamos experimentando ya? ¿Fue una previsión o una predicción?

Nosotros no hicimos predicciones. Ya dijimos que es imposible “predecir” con exactitud nada en lo que el comportamiento humano sea un factor, lo que hicimos fue modelar 12 escenarios consistentes con las reglas físicas y sociales. 12 futuros posibles. Uno de ellos, el standard, como sabes, mostraba que el crecimiento se iba a detener cerca del año 2020. Entonces todas las variables (producción industrial, de alimentos, etc.) tocaban techo y en unos 15 años comenzaban a declinar inexorablemente.

¿Se parece esto a lo que estamos viviendo? Yo diría que sí. El mundo está mostrando cada vez más consecuencias de un choque contra los límites.

Lo que sí tuvimos fue mucho cuidado, ya en 1972, dejando claro que después del pico de cualquier variable todo se vuelve aún más impredecible, porque entran en juego factores que no podían ser representados en nuestro modelo. Una vez llegados a este punto es obvio que vamos a ser dirigidos más por factores psicológicos, sociales y políticos que por limitaciones físicas.

Le he escuchado denominar al cambio climático como un “síntoma”, ¿de qué exactamente?

Es esencial reconocer que el cambio climático, la inflación, la escasez de alimentos, a veces son considerados problemas, pero en realidad son síntomas de un problema mayor.

Así como un dolor de cabeza persistente puede en ocasiones ser un síntoma de cáncer, muchas dificultades actuales son síntomas de niveles de consumo de materiales que han crecido más allá de los límites del planeta. Por supuesto que los síntomas son importantes. Un dolor de cabeza merece una respuesta. Sin embargo, una aspirina puede hacer que el paciente se sienta mejor temporalmente, pero no resuelve el problema de fondo. Para ello hay que tratar el crecimiento incontrolado de las células cancerosas en el cuerpo.

No se puede sostener el crecimiento, digamos, enfrentándonos a problemas uno por uno. Aunque solucionásemos el cambio climático, nos encontraríamos con el siguiente problema al empecinarnos en seguir creciendo, ya sea escasez de agua, de alimentos o de otros recursos cruciales. El crecimiento se va a detener, por una razón o por otra.

Llegados a este punto, por el retraso en la acción necesaria, ya no podemos evitar un cambio climático grave. Hagamos lo que hagamos. Aunque siempre hay grados

El mito del progreso, de que la tecnología vendrá al rescate, es una de las ideas más paralizantes para hacer frente al problema real: el decrecimiento es inevitable, ya que esto no se trata de un problema técnico. ¿Quizá lo que necesitamos es un cambio cultural, moral y ético?

Sí, completamente, ese era uno de los puntos cruciales de nuestra obra hace ya medio siglo. En condiciones ideales, la tecnología puede darte más tiempo, pero no va a solucionar el problema. Te puede ampliar el margen, la oportunidad de hacer los cambios políticos y sociales que son necesarios. Pero mientras tengas un sistema que se basa en el crecimiento para solucionar cada problema, la tecnología no podrá evitar que se sobrepasen muchos límites cruciales, como ya estamos viendo.

Pese a la tremenda utilidad e importancia de su trabajo, a usted y sus compañeros les criticaron mucho. Esto sigue ocurriéndole a cualquiera que se sale del discurso dominante: la “happycracia”. ¿Existe una imposibilidad social para hablar de según qué temas porque te convierten en el catastrofista, el pesimista que amarga?

Yo era muy ingenuo en los setenta, cuando lanzamos el libro. Fui formado como científico, y tenía la impresión de que utilizando el método científico, producíamos datos incuestionables, y si se los enseñábamos a la gente, entonces esto bastaría para producir un cambio en la mirada y las acciones de las personas. Eso fue ingenuidad cuanto menos.

Hay dos maneras de enfrentar estas situaciones: en una recoges datos y entonces decides qué conclusiones son consistentes con los datos, la manera científica. En la otra, muy habitual, decides qué conclusiones son importantes, y buscas datos que cuadren y apoyen tus “conclusiones”. Esto es lo que ocurre con los negacionistas climáticos, por ejemplo.

No he tratado de ganar esos debates entre pesimistas y optimistas, con este tipo de personas. Cuando alguien viene enfadado a acusarme de lo que sea, simplemente les digo: “ojalá tengas razón”, y sigo adelante.

Existe una tendencia en los sistemas, las empresas, las personas hacia la autopreservación, fundamentándonos muchas veces en miradas cortoplacistas que no nos dejan avanzar a largo plazo, ¿cómo luchar contra estas inercias y hábitos?

Sí, la única manera de gestionar esto es ampliar el horizonte temporal y espacial. Y así ver con perspectiva los posibles costes y beneficios. Un ejemplo: la pandemia y la gestión en mi país [EE.UU.] ha sido lamentable, muy corta de miras. Si no extiendes las vacunas a todo el espacio, al resto del mundo, no son tan útiles.

¿Cómo ampliar ese marco temporal? Con las siguientes generaciones. La mayoría de la gente tiene preocupaciones legítimas, genuinas, sobre el futuro de sus hijos, sobrinos, nietos.

En España últimamente estamos teniendo buenas noticias al respecto del decrecimiento: la primera asamblea ciudadana por el clima ha elegido entre sus 172 medidas la necesidad de hacer pedagogía con el decrecimiento, varios políticos –incluyendo al ministro de Consumo– han hecho declaraciones a favor de abrir este debate ineludible, y el IPCC cada vez incluye más esta palabra en sus informes.

¿Estamos más cerca de un Tipping Point social –como suele decir Timothy Lenton–, o tendremos que esperar a que las crisis sean aún más patentes para reaccionar?

La respuesta a ambas cuestiones es sí. Estamos más cerca de un punto de vuelco social positivo, pero por otro lado, me temo que tendremos que esperar al agravamiento de las crisis para reaccionar. Y es aún peor: si nos hubieran descrito nuestra actual situación en, digamos, el año 2000, habríamos pensado que eso era ya una crisis catastrófica. Somos la rana que no salta de la olla, cocida demasiado a fuego lento. Desgraciadamente creo que esa es nuestra situación.

Según el modelo HANDY–otro modelo de dinámica de sistemas– un parámetro fundamental para causar colapsos es la desigualdad, que crece en paralelo a la falta de confianza entre semejantes, otra de las principales razones de los colapsos. El diseño de nuestro sistema económico hace que ambas aumenten cada año. Y hace imposible ajustarse a los límites, porque la élite –que suele estar alejada de la realidad y por tanto no detecta las alarmas– es la que sirve de modelo. ¿Cómo desenredar semejante lío?

La verdad no se encuentra en unas pocas ecuaciones, obviamente. Se encuentra en la historia. Y nuestra historia durante miles de años muestra que los poderosos buscan más poder, y lo tienen más fácil por su situación para encontrarlo, es un bucle de retroalimentación positivo. En dinámica de sistemas esto se llama “éxito para los ya exitosos”. Rara vez nos desviamos de ese fenómeno.

Nadie puede desenredar este enredo. No creo que exista ninguna acción o ley que pueda hacer eso. En unas pocas culturas, sin embargo, se han visto mecanismos evolucionados de redistribución. En el Noroeste de los Estados Unidos hay algunas tribus que tienen una costumbre llamada “Potlatch”, es una ceremonia en la que los jefes de la tribu, los más ricos, regalaban parte de sus posesiones –estoy simplificándolo, seguro–. En el budismo también hay una tradición de desapego a lo material en muchos de sus practicantes. Pero son raras excepciones. En nuestro mundo la tendencia es a acumular poder y, como dices, eso ayuda a estar desapegado de la realidad. Es entonces cuando se acaba produciendo un colapso –también del propio poder– y todo vuelve a empezar de nuevo. Es un proceso que se produce como respuesta a los límites. Y la desigualdad está creciendo en todos los países.

¿Hasta qué punto están las élites anticipando la necesidad matemática de reducir la desigualdad? ¿O solo se están preocupando por su supervivencia?

Bueno, no se puede hablar con propiedad de “élites”. Algunas élites están preocupadas y hacen todo lo que pueden para reducir la desigualdad, otras ni siquiera piensan en ello, –probablemente la mayoría–, y otras, sin duda, están trabajando para hacerla cada vez más grande. Desde luego no hay una tendencia hacia la reducción de la desigualdad. Y a veces se dice que el crecimiento ayuda a que llegue riqueza a todo el mundo, lo cual, viendo cómo han crecido simultáneamente las tasas de crecimiento y de desigualdad, es manifiestamente falso.

¿Ve hoy en día más preocupación por el colapso de la civilización en los círculos de poder, económicos y políticos? ¿O siguen con los beneficios a corto plazo como siempre?

Yo no estoy en círculos de poder así que no puedo responder a eso. Soy un profesor jubilado de 80 años. Es el 50 aniversario de Los límites del crecimiento y salvo por las entrevistas que se hacen sobre un libro que aún despierta interés, no hay tanta atención como podría parecer.

Teniendo en cuenta la miopía espacial y temporal respecto a los límites, ¿no cree que la visión moderna del mundo está obsoleta? ¿Podría sugerir algunas ideas filosóficas para una transición hacia una nueva cosmología?

Gracias por imaginar que puedo tener la capacidad de hacer tales cosas. Que la actual forma de ver el mundo está obsoleta es obvio solo con mirar las noticias. Casi nadie puede estar contento con el estado del mundo.

Sobre una nueva cosmología: hay una diversidad enorme de filosofías, prácticas espirituales, muchas de ellas consistentes con el funcionamiento del mundo. Cualquiera que vaya a funcionar tiene que reconocer la interacción y dependencia que tenemos con el mundo natural. Ya hemos comentado el extendido mito de que la tecnología nos llevará a superar cualquier obstáculo. Lo vemos con el reto climático: existe esta cosa llamada Captura y Secuestro de Carbono (CCS). A pesar del hecho irrefutable de que es más barato, rápido y fácil reducir el consumo energético, la tendencia es buscar la solución tecnológica que nos permita hacer lo que ya no podemos seguir haciendo sin causar graves daños. Es una fantasía total. Lo mejor que podemos decir del CCS es que es una idea que va a hacer a unas pocas personas ganar mucho dinero.

Estamos como en una cinta de correr que se acelera rápidamente. Ya sabes, esas cintas en las que corres pero no vas a ningún sitio. Eso es lo que estamos haciendo. A medida que vamos tomando malas decisiones, eso nos aboca a crisis que por obligación acortan nuestra perspectiva temporal, todo se vuelve reactivo mientras aceleramos. Eso a su vez ayuda a que tomemos más malas decisiones, porque estrechamos más y más nuestro horizonte temporal. Es un círculo vicioso.

Creo que vamos a ver más cambios en los próximos 20 años que los que hemos vivido en los últimos 100. No quiero que pase lo que voy a decir, pero creo que es lo más probable: habrá desastres significativos debido al caos climático y al agotamiento de los combustibles fósiles, esto devolverá a la humanidad a estados más descentralizados y desconectados. Lentamente, evolucionarán culturas que estén más preparadas para la situación. Solo así, creo, podrá aparecer una “nueva cosmología” apropiada.

¿Cree que una coalición de élites dotadas podría cambiar el curso de los acontecimientos?

¿Élites dotadas? Me suena a oxímoron.

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Tienen efecto búmeran las sanciones a Rusia por la guerra en Ucrania

Moscú. La guerra económica que mediante sanciones de todo tipo desataron Estados Unidos y sus aliados contra Rusia –en respuesta a la otra guerra que ésta lanzó contra su vecino eslavo, Ucrania– no ha detenido la llamada "operación militar especial" y hasta resulta contraproducente.

Mucho se ha publicado en estas páginas sobre la suerte de efecto búmeran que están teniendo algunas restricciones contra la economía rusa, sobre todo en Europa.

Sin ánimo de repetir lo que es sabido, para ubicar el tema en su contexto vale la pena recordar –a modo de síntesis– el desmesurado precio que se ven obligados a pagar los consumidores europeos por la energía eléctrica y por la gasolina, debido al incremento del precio del gas natural (que se usa para generar electricidad) y del petróleo.

Se quiere castigar a Rusia y los europeos acaban pagando más por todo, pues las subidas de la energía eléctrica y la gasolina repercuten negativamente en una inflación que se extiende a todos los ámbitos.

Al bloquear la importación de cereales rusos contribuyen a generar la amenaza de crisis alimentaria en el mundo; al cancelar sus negocios con contrapartes rusos, dejan de ingresar millones de euros; al cerrar sus tiendas en Rusia, pierden un mercado que era prometedor; al cerrar el espacio aéreo europeo, dejan de recibir el flujo de turistas rusos que se ven forzados a buscar otros destinos.

Es una verdad incontestable y define la mitad de lo que está pasando en el corto plazo.

Los medios de comunicación locales, la televisión ante todo, que constituyen aquí la única fuente de información autorizada, prefieren no hablar del otro lado de la moneda: las severas dificultades que ya está generando en Rusia esa avalancha de sanciones y que, en opinión de Tatiana Mijailova, investigadora de la moscovita Escuela Superior de Economía, "van a excluir a Rusia de la cadena mundial de producción, provocar su aislamiento y retraso tecnológico, lo cual llevará a su degradación paulatina".

Los sectores que utilizaban componentes extranjeros –la aviación, la industria automotriz, la agricultura, la industria petrolera (este mismo sábado se informó que la extracción de petróleo en el proyecto Sajalín-1 se detuvo al irse del mercado ruso ExxonMobil)– son los primeros en resentir las sanciones, al tiempo que la caída de los ingresos reales de la población, por ahora del orden de 8 por ciento con datos de mayo, van a reducir el sector servicios y tendrán que cerrar muchas empresas, aumentando hacia fin de año el desempleo.

Muchas empresas tienen serios problemas para sustituir las altas tecnologías que importaban y las piezas de repuesto que necesitan, lo cual frena su producción. Aunque parezca increíble esa dependencia de las altas tecnologías foráneas afecta, según el experto militar Liev Fiodorov, incluso a la fabricación del famoso Armata, publicitado como el mejor tanque del mundo, pero que el ejército ruso dispone de no más de 10 unidades que sólo usa en los desfiles en la Plaza Roja.

Para paliar esta situación Rusia legalizó las importaciones paralelas, que son productos legalmente fabricados en otros países que se importan sin permiso del titular de los derechos de propiedad intelectual, como define el concepto la Organización Mundial de Comercio.

De ese modo, se exime a los empresas locales de cualquier tipo de responsabilidad por traer a este país lo que dejó de exportarse aquí de modo directo, aunque sin poder ofrecer garantía ni mantenimiento (https://cutt.ly/KLa9493).

Las empresas de países formalmente aliados, China por citar el caso más llamativo, sin hacer mucho ruido Xiaomi, Huawei, Lenovo, UnionPay y otras reducen el volumen de negocios con Rusia o de plano se retiran de este mercado como Honor y DJI para evitar verse afectadas por sanciones secundarias.

Por la misma razón, el gobierno de Kazajistán anunció que no va a permitir que se utilice su territorio para eludir las restricciones occidentales impuestas a Rusia.

Pronósticos sobre el PIB son poco halagadores

Son poco halagadores los pronósticos de la caída del producto interno bruto de Rusia en 2022: el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo vaticina que será de 10 por ciento; el Banco Mundial, de 11.2 por ciento; otros, como el Instituto de Economía Mundial de Kiel, de 9.71 por ciento, y Bloomberg, de 9 por ciento.

A mediano y largo plazos, estiman economistas locales que prefieren no ser identificados por temor a represalias, las sanciones que el presidente Vladimir Putin llamó (el 5 de marzo de 2022) "toda una declaración de guerra contra Rusia" pueden causar estragos, equiparables al daño que le hizo a la Unión Soviética apostar a la desbocada carrera armamentista.

Por ahora, el Kremlin ha podido capear el temporal, pero es consciente de que la guerra en Ucrania tiene que terminar antes de que se repita la asfixia económica de la época soviética, confiado en que podrá doblegar la resistencia ucrania pronto y que el gobierno de Kiev se verá obligado a negociar un alto el fuego bajo las condiciones que le imponga Moscú.

Afectaciones en Moscú

En la capital rusa no hay escasez de comestibles, tampoco compras de pánico. Pero los moscovitas ya empiezan a notar que cierran tiendas y restaurantes conocidos (se han ido del mercado ruso centenares de empresas extranjeras), faltan artículos que había en exceso (en primer lugar, electrodomésticos, computadoras, celulares, ropa de marca) y los que hay son tres veces más caros (todo cuesta más, sin excepción).

Los moscovitas, acostumbrados a guardar sus ahorros en euros o dólares al desconfiar de los bancos, no saben qué hacer con sus divisas: el precio de compra que fijan los bancos es artificialmente muy bajo –cada día cambia y cada banco establece el tipo que quiere, oscilando la última semana entre 50 y 60 rublos por euro– y el de venta, para los que pueden permitirse viajar a los países que aceptan turistas rusos, es entre 20 y 30 rublos más caro por euro.

Eso es en teoría. En la práctica casi nunca hay euros o dólares en ventanilla (el interesado tiene que inscribirse y esperar quién sabe cuánto o aceptar que un compinche del cajero le haga el favor de vender la cantidad que necesita, ya que sus tarjetas bancarias rusas no se pueden usar en el extranjero, a precio de estafa redonda: un mínimo de 80 y un máximo de 100 rublos por euro, dependiendo de la suerte).

Las ciudades que están mejor son las que tienen más de un millón de habitantes, Moscú y San Petersburgo a la cabeza, cual corresponde a los escaparates de las bondades del capitalismo ruso.

En el resto del país –si nos atenemos a la clasificación de la socióloga Natalia Zubarevich que, ya en el lejano 2011, describió la existencia de cuatro Rusias dentro de un mismo país: Moscú y otras ciudades con más de un millón de habitantes; el medio rural; las regiones subsidiadas del Cáucaso del norte y del sur de Siberia.

Y las pequeñas ciudades fundadas en torno a una industria– la situación posterior al 24 de febrero, cuando las tropas rusas entraron en Ucrania, sigue siendo igual, es decir, no les afectan mucho las sanciones porque no disfrutaban de los beneficios de vivir en la Rusia de las grandes urbes millonarias.

Situación inestable

La economía rusa sigue dependiendo de la exportación de materias primas, los energéticos sobre todo, y sólo los elevados precios actuales le permiten mantenerse a flote, aunque tiene que vender más crudo y deja de ingresar decenas de miles de millones de dólares.

Además, tiene cada vez más rivales, como Irán, que también comienzan a ofrecer su petróleo en los mercados asiáticos, China e India en primer término, con grandes rebajas.

En respuesta a que le embargaron los 300 mil millones de dólares que tenía en bancos de Estados Unidos y de otros países, Rusia exige que los compradores de gas y petróleo paguen en rublos precios fijados en divisas, así como que los tenedores de bonos y otros papeles de deuda soberana en el extranjero vengan a Moscú a cobrar en rublos sus intereses.

Las autoridades, para tranquilizar a los consumidores que no quieren ni imaginarse que pasaría si el precio del petróleo ruso cae entre 40 y 50 dólares por barril, aseguran que todo está bien y sacan dinero de dónde puedan para financiar su campaña militar en Ucrania, llegando a extremos inusitados.

Medidas urgentes y desconfianza

Así, el monopolio del gas, Gazprom, que el año pasado –antes del conflicto– obtuvo beneficios colosales anunció que iba a pagar dividendos a razón de 50 rublos con 53 kopeks por acción, algo así como un billón 200 mil millones de rublos, pero el 30 de junio anterior el Estado, accionista mayoritario con 50.2 por ciento de las acciones, decidió que no habría reparto de utilidades este año ya que "era mejor invertir esa suma en proyectos futuros". Cuando los accionistas particulares no habían terminado de digerir la noticia, el mismo día por la noche el ministerio de Finanzas ruso resolvió que Gazprom tenía que pagar los próximos tres meses una tasa superior del impuesto de extracción de materias primas, 416 mil millones de rublos por mes.

En otras palabras, dentro de tres meses el consorcio tiene que entregar al gobierno ruso la cantidad completa de las ganancias que quería repartir y otros 50 mil millones más, y el resultado de esta maniobra: los accionistas particulares se quedaron sin los 600 mil millones de rublos que les correspondían y se desplomaron las acciones de Gazprom, perdiendo una tercera parte de su valor de mercado.

El terreno legislativo

Asimismo hay novedades en el terreno legislativo. Apenas esta semana se puso en marcha el procedimiento para adoptar las primeras leyes que describen una economía de guerra, sin nombrarla.

La Duma o Cámara de Diputados aprobó, en primera instancia, que el Estado pueda imponer "medidas económicas especiales" durante las operaciones militares, en particular permite al gobierno exigir a las empresas suministrar los bienes y servicios que requiera el ejército.

Y se modificó el Código Laboral para dejar en manos del gobierno determinar los turnos de trabajo y días libres en las empresas que quiera, con ello se le da luz verde para, por ejemplo, obligar a los obreros a trabajar por la noche, los fines de semana y los días festivos o no conceder vacaciones.

Quejarse en voz alta ante un periodista extranjero puede acabar mal; en confianza –en las conversaciones de cocina, como en los tiempos soviéticos– no son pocos los rusos que están preocupados sobre lo que puede venir en el otoño, si falla el esquema de las importaciones paralelas y los precios siguen disparándose.

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El Acuerdo de Escazú o la ilusoria tregua en medio de una guerra total contra la vida

Es esencial empujar siempre más allá de nuestro cuestionamiento, porque no podemos seguir poniendo más parches aquí y allá que no resuelvan los verdaderos problemas. (Murray Bookchin)

Nuestra derrota sólo quedará sellada si decidimos no escrutar los fundamentos de lo ocurrido, si no descubrimos con claridad lo que propiamente hemos de combatir. Precisamente por estas razones mis amigos y yo hemos de ir a las raíces de las cosas. (Günther Anders)

Aviso de incendio

Es un derecho inalienable de todo ser humano y una obligación de todo Estado garantizar el libre acceso a la información, la participación pública activa en la toma de decisiones y el irrestricto acceso a la justicia, principalmente cuando se trata de los temas que caracterizan al entorno que habitamos y compartimos con otras formas de vida. Esto debería ser así si asumimos que vivimos en democracia.

Al no ser así, todo instrumento jurídico y político que nos permita acceder a estos derechos debe ser entendido como necesario para continuar defendiendo la vida en el planeta. A partir de esta realidad es que consideramos que el llamado “Acuerdo de Escazú” es una herramienta que podría utilizarse como un mecanismo legal para garantizar el acceso a la justicia pronta y efectiva para todas aquellas singularidades y comunidades que se ven vulneradas por la violencia intrínseca del modelo de destrucción capitalista, al que consideramos irremediablemente insostenible.

Es necesario desarrollar una inteligencia compartida de la situación mundial que nos permita comprender a qué nos enfrentamos: El colapso mundial y la guerra total contra la vida. Esta inteligencia compartida posibilita la visión de las operaciones en curso que se ejecutan bajo una lógica de competencia por el control de los recursos estratégicos en acelerado agotamiento. Para ello es necesario el debate que invite a todas las voces a pronunciarse y a reflexionar sobre el rumbo de los acontecimientos.

Es a partir de la comprensión de nuestra situación actual que proponemos una crítica política al Acuerdo de Escazú con la intención de aportar herramientas y elementos para que tenga lugar este debate; NO con la intención de rechazar las garantías jurídicas que en él se contemplan para la protección de las vidas de las personas defensoras de Derechos Humanos y de la Naturaleza en América Latina y el Caribe, la región más violenta y desigual del mundo, pero también la más rica en materia de bienes comunes.

Por el contrario, nuestra crítica se centra en algunos aspectos que se circunscriben al Acuerdo de Escazú, y que consideramos se deben tomar en cuenta en este debate. Específicamente nuestra crítica se enfoca en:

  1. El concepto de “Desarrollo Sostenible” en el que se inscribe la Cumbre de Rio+20 del que emana el Acuerdo de Escazú.
  2. Los promotores del acuerdo, principalmente las agencias financieras internacionales y los gobiernos latinoamericanos que participaron en su elaboración.
  3. El acceso a la información y la excepción bajo excusa de la seguridad nacional.
  4. El desmantelamiento de las instituciones públicas como una política neoliberal que coarta la participación ciudadana en la toma de decisiones, el acceso a la información y a la justicia.

Es este contexto latinoamericano en el cual nos situamos y las dinámicas imperialistas y coloniales que en él se desarrollan, lo que nos lleva a plantear nuestra crítica. No nos situamos en el ámbito del derecho para analizar al Acuerdo de Escazú, desde el cual ya se han expuesto todas sus bondades como una herramienta jurídica necesaria; sino desde lo político, ámbito de reflexión que ha sido considerado como superfluo, “porque se entiende que los mecanismos de control judicial «a posteriori» constituyen una vía suficiente para revisar los resultados de la actividad política” (Agapito, 2009, p. 12).

Pero la realidad y la misma actividad política no cesan de recordarnos que la visión dominante que se tiene de la Política es la de un ámbito definido exclusivamente por lo político, esto es, la lucha por el poder, entendiendo a éste como el poder matar y destruir, y “quien pueda hacerlo, sostiene Santiago López Petit, es quien tiene el poder” (2015, p.11).

El desarrollo como catástrofe

El crecimiento económico imparable e infinito que pretende el modelo capitalista no es acorde con la finitud de la vida y de lo que llaman bienes comunes planetarios. El capitalismo se sustenta en la lógica de la acumulación por destrucción y el despojo. Para expresarlo abiertamente, sin eufemismos, NO es posible un desarrollo sostenible. El desarrollo, sin importar que adjetivos le acompañen, debe ser entendido como catástrofe, siendo ésta, no sólo consecuencia del accionar humano, sino, el resultado intrínseco del capitalismo y de la clase parasitaria que se beneficia de la explotación y destrucción de otros seres humanos y otras formas de vida.

La magnitud de la catástrofe hace cada vez más evidente la urgencia de adoptar acciones más decididas para hacerle frente, asumiendo posturas éticas y políticas que nos permitan irrumpir en la realidad que nos ataca. Es por esta razón que hacemos eco de las alarmas que nos advierten que el planeta está experimentando “un gran episodio de disminución y extirpación de poblaciones, que tendrá consecuencias negativas en cascada en el funcionamiento y servicios de los ecosistemas que son vitales para el mantenimiento de la civilización. Describimos esto como una “aniquilación biológica” para resaltar la magnitud actual del sexto evento de extinción grave actualmente en curso en la Tierra” (Ceballos, Ehrlich, y Dirzo, 2017, p. 1. Énfasis nuestro).

Dicho con más contundencia, los procesos destructivos provocados por el modo de producción capitalista “eventualmente resultarán en la aniquilación de toda la vida en el planeta” (Strona y Bradshaw, 2018, p. 2). Y con ella, la sensación de no poder detener ese proceso de aniquilación, lo que nos coloca en medio de “la paradoja de unos beneficiarios que son incapaces de proteger al sistema que les beneficia” (George, 2003, p. 27).

Hablamos de aniquilación biológica y no del sinsentido del “desarrollo sostenible”, principalmente porque este concepto describe cabalmente al proceso de acumulación por destrucción infinita en un planeta de “recursos” finitos, mientras que términos como “desarrollo sostenible” nos refiere al mantenimiento del modo de destrucción capitalista, siguiendo su crecimiento ininterrumpido, pero gestionado de tal forma que pueda considerarse como “verde”, una suerte de catástrofe amigable con el entorno que destruye.

No es posible un desarrollo sostenible cuando la realidad evidencia un proceso histórico que solo puede comprenderse en términos de Maldesarrollo que “epitomiza la amplitud, la profundidad y la trágica realidad de un fracaso global” (Carmen, 2004, p. 37). No hay punto intermedio, hablar, por tanto, de “desarrollo sostenible”, no es otra cosa que una abdicación epistémica y un posicionamiento a favor del agresor y contra las singularidades y comunidades más vulnerables en esta guerra total contra la vida.

Cuando llamamos por su nombre real a los procesos destructivos que atentan contra la vida, advertimos sobre la urgencia de acciones más contundentes para hacer frente a la catástrofe resultante del modelo capitalista. Hablamos de Aniquilar, del latín annihilare, alteración de nihil, ‘nada’, que significa literalmente “reducir a nada” (Corominas, 1961, 52), acción que no se gesta por generación espontánea, ni mucho menos un error que escapa a todo cálculo. Hacemos referencia no solo a una fase sino a una acción que perfectamente se relaciona con la guerra que, como señaló Carl von Clausewitz, “en todas las circunstancias debemos considerar a la guerra no como algo independiente, sino como un instrumento político” (2004, p. 49).

La aniquilación biológica es una manifestación directa de una guerra total contra la vida, la de todos los seres que habitan en el planeta, incluida la humanidad. Al ser la guerra un instrumento político, debe entonces comprenderse como parte de un proyecto político, con objetivos claramente definidos, no es un hecho aislado, ni un error humano, mucho menos que estalla de improviso. Es un acto de fuerza llevado a cabo por la clase parasitaria capitalista, obsesionada con la acumulación de poder y el gobierno de las especies.

Conociendo al enemigo: De cuando el lobo ya no se disfraza de oveja, pero sí se pinta de verde

Queda claro que el contexto planetario que vivimos actualmente es de guerra y es un principio de ésta conocer al enemigo que se enfrenta. De ahí que el primer objetivo de nuestra crítica al Acuerdo de Escazú consiste en visibilizar a los promotores de este acuerdo, operarios de la destrucción; armas de guerra imperialista para la devastación de países y el saqueo de sus recursos considerados como estratégicos. Ahora se asumen, sospechosamente, como amigos de la naturaleza y protectores de comunidades y singularidades vulnerables; víctimas de sus propias políticas y directrices.

Que el Banco Mundial, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y otras agencias imperiales promuevan un acuerdo que parece más una suerte de tregua, debería encender todas nuestras alarmas y considerar la posibilidad de una paz con la naturaleza y con quienes la defienden como un rescate del sentido original de la pax imperii, esto es, la dominación y la rendición absoluta frente al dominador. No extraña, por tanto, que se acoja de tan buena gana conceptos engañosos como el de desarrollo sostenible. Pero lo que sí extraña es el silencio repentino de ciertos sectores que han dejado de cuestionar a estas agencias imperiales de la destrucción, y que, sin mediar una crítica profunda, ven su historial delictivo como “errores humanos” que son rectificados tras una suerte de epifanía institucional de la catástrofe.

Otros actores promotores de este Acuerdo dignos de toda sospecha son los gobiernos latinoamericanos firmantes, merecedores del epíteto de administradores coloniales de la destrucción de países y garantes del robo de los bienes comunes en detrimento del bienestar de sus propias poblaciones, tal como fue esgrimido por el ideólogo imperial George Kennan al referirse al rol colonial que deben cumplir los gobiernos latinoamericanos en beneficio de los intereses imperiales estadounidenses sobre la región. Para Kennan, “Para proteger nuestros recursos, debemos combatir una herejía peligrosa que, tal como señaló la inteligencia norteamericana, estaba proliferando en América Latina ‘la amplia aceptación de la idea de que el gobierno tiene la responsabilidad directa del bienestar del pueblo” (Chomsky, 1988, p. 34).

Resulta paradójico que los gobiernos sean los principales garantes del respeto a la vida y los Derechos Humanos y de la Naturaleza a la vez que son los mayores violadores de esos mismos derechos. Su poco interés por avanzar en la resolución de los asesinatos sistemáticos de personas defensoras de la vida, hace de los Estados, máquinas de impunidad al servicio del mayor postor. A pesar de esto, se les encomienda la responsabilidad de velar por el cumplimiento de lo estipulado en un acuerdo como el de Escazú.

El Acuerdo de Escazú fue adoptado en marzo de 2018 cuando algunos de los peores gobiernos latinoamericanos de la segunda década del siglo XXI estaban en el poder. El proceso de negociación fue copresidido por el Chile de Sebastián Piñera enemigo acérrimo del pueblo Mapuche y la Costa Rica del saliente Luis Guillermo Solís, para luego ser sustituido por Carlos Alvarado, periodos de tiempo en los que fueron asesinados los líderes indígenas Sergio Rojas y Jhery Rivera.

Junto a estos dos países también fueron parte del Acuerdo el México del sanguinario régimen de Enrique Peña Nieto, la Argentina del impresentable Mauricio Macri, la Colombia de Juan Manuel Santos, el Ecuador de Lenin Moreno y el Brasil del golpista Michel Temer. Ninguno de ellos dignos de ser considerados garantes de la democracia, el Estado de Derecho, o de los derechos de los pueblos indígenas, mucho menos pueden ser considerados como adalides por la protección de la Naturaleza. ¿Se puede entonces confiar que un acuerdo elaborado por estas administraciones coloniales va a garantizarnos los derechos más elementales para la protección de la vida en el planeta?

Por otra parte, rechazamos contundentemente la instrumentalización de las violencias y las muertes de las personas que han puesto, y ponen su cuerpo y su vida en defensa de los derechos de la Naturaleza y de las singularidades y comunidades a vivir en un ambiente digno y saludable para la plenitud de la vida. Rechazamos que entidades como el Banco Mundial y otras agencias financieras internacionales y regionales, así como representantes de gobiernos neoliberales que se han encargado de custodiar y asegurar la destrucción de nuestros países y el saqueo de nuestros territorios, se valgan de los asesinatos de Berta Cáceres, Sergio Rojas, Jehry Rivera y muchas otras, para promover acuerdos marco que, en sus propias palabras, garanticen un “ambiente sano para las inversiones”, siendo estas entidades y gobiernos, los responsables de sus muertes y de la impunidad de esos delitos.

Siendo ellos los gestores de esta aniquilación de la vida, nos resulta sospechosa su renovada actitud “amigable con la naturaleza” y comprometida con la protección de nuestras vidas y la de otras formas-de-vida, cuando históricamente se han valido del principio realista-político “Necessitas non habet legem” (la necesidad no tiene ley) para justificar sus acciones y proteger sus intereses a costa del exterminio y de la destrucción de otras formas de vida, y el asesinato sistemático de las personas defensoras de los Derechos Humanos y de la Naturaleza, como se manifiesta en las palabras del entonces presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, el 6 de abril de 2016 en un evento realizado en el Seminario de la Unión Teológica de Nueva York, cuando se le preguntó por el asesinato de Berta Cáceres, afirmando que “No se puede hacer el tipo de trabajo que estamos tratando de hacer, y que alguno de estos incidentes no suceda” (“you cannot do the kind of work we are trying to do and not have some of these incidents happen”) (Knight, 2016).

Estas palabras de Kim evocan a la guerra total, la destrucción es llevada a cabo por todos los medios sin miramiento de sus consecuencias. Siguen la misma lógica que la del ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos de la era Trump, James Mattis, respondiendo al cuestionamiento sobre los bombardeos de la coalición militar liderada por Estados Unidos contra Siria: “El asesinato de civiles es “una realidad de la vida en este tipo de situación” (HISPANTV, 2017). Los asesinatos sistemáticos de personas defensoras de Derechos Humanos y de la Naturaleza, son más que daños colaterales en esta guerra total contra la vida, son objetivos militares…

Autopsia de un acuerdo demasiado perfecto

Nuestra crítica política no puede quedarse en la exposición de los operadores de la destrucción, autoproclamados como nuevos defensores de la vida en el planeta, sin que ello implique un análisis de algunos aspectos del acuerdo que deben ser pensados en el contexto actual de guerra global que padecemos.

En primer lugar, nos encontramos con el artículo 5 referente al acceso a la información ambiental que en su numeral 6 se desprende que el acceso a la información es limitado según lo establezca cada una de las legislaciones nacionales, o bien, en caso de no contar con ellas, el Acuerdo brinda una serie de excepciones que permiten denegar el acceso a información sin importar lo que previamente se había mencionado.

Entre las excepciones esgrimidas, no podía faltar la voluble excusa siempre presente de la seguridad nacional, definida en los manuales militares como el conjunto de condiciones que permiten alcanzar objetivos nacionales permanentes”, objetivos perpetuamente ligados al modelo capitalista y a la lógica de la acumulación por destrucción. No extraña que los doctrinarios de la Seguridad Nacional argumentaran panfletariamente que “la seguridad es la esencia del desarrollo”.

En un contexto de colapso mundial, caracterizado por la aniquilación biológica y el acelerado agotamiento de los recursos considerados estratégicos, aceptar la excusa de la seguridad nacional como una excepción a los derechos y garantías jurídicas necesarias para la defensa de la vida planetaria no sólo raya en la ingenuidad política, es una suerte de suicidio por parte de los movimientos ambientalistas.

Otro elemento de este acuerdo que nos genera sospecha y que consideramos como una especie de blanqueamiento y legitimación de la aniquilación biológica tiene que ver con la participación ciudadana en la toma de decisiones. No vivimos en democracia –el solo hecho de pensarlo ya da cuenta de mucha inocencia política-; el clamor popular no se impone sobre los objetivos estratégicos de los grupos de poder y su afán por la acumulación de poder y capital en un contexto de acelerado a agotamiento de los recursos. La participación ciudadana no significa “veto ciudadano” en la toma de decisiones a proyectos contrarios a sus interés o destructores de la naturaleza. Es sencillamente, una “garantía de participación”. Un ejemplo de ello fue la experiencia del Movimiento Ríos Vivos entre los años 2013 y 2018, cuando imperaba la amenaza de la construcción de Proyectos Hidroeléctricos, la ARESEP llegó a organizar audiencias públicas en las que alrededor de 400 personas se opusieron al PH San Rafael, frente a solo 10 que lo apoyaban, a pesar de esto la entidad les otorgó la autorización para su construcción. La lección fue obvia: la sociedad civil solo sirvió para legitimar el proceso por medio de su participación.

El acuerdo parece a primera vista, un gran avance en materia de acceso a la justicia, a la información y a la participación ciudadana en la toma de decisiones. Lo sería realmente si no fuera por el hecho de que no menciona, ni siquiera toma en cuenta un factor elemental, las instituciones estatales garantes de esos derechos han sido, y continúan siendo, desmanteladas por los mismos gobiernos neoliberales que elaboraron el acuerdo.

En Costa Rica, a pesar del ímpetu de la administración de Carlos Alvarado respecto al Acuerdo de Escazú, no hizo nada para contrarrestar la impunidad del asesinato de Jhery Rivera ni para eliminar o al menos reducir el racismo institucional y social que impera en el país. Si lo analizamos en detalle según la base de datos del Ministerio de Hacienda sobre el presupuesto nacional, bajo la excusa de la reducción del déficit fiscal y el saneamiento de la economía, este gobierno se dedicó a recortar el presupuesto de instituciones encargadas de la protección ambiental, como es el caso de la Secretaría Técnica Nacional (SETENA), que pasó de contar con un presupuesto de ¢2.326.948.000 en 2018, a ¢1.926.766.046 en 2022. Práctica que se puede ver en casi todas las entidades gubernamentales, excepto en el Ministerio de Seguridad Pública, cuyo presupuesto se ha mantenido constante, bajo la excusa de la guerra contra las drogas, pero cuyos efectivos terminan siendo utilizados contra las poblaciones que se movilizan.

A modo de conclusión

En definitiva, muy a pesar de que el Acuerdo de Escazú pueda ser considerado como una herramienta jurídica para garantizar el acceso a derechos elementales para la defensa de la vida en todas sus formas, puede que este mecanismo no sea más que una ilusión, una falsa tregua publicitada como lo mejor, y por tanto, defendida y promovida inocentemente por los mismos movimientos ambientalistas. Por ello, puede terminar siendo una trampa finamente elaborada por los operarios de la destrucción para crear “un ambiente sano” para la ejecución de sus planes a pesar de la oposición social que pueda surgir para hacerles frente.

Por ello, consideramos que todo mecanismo e instrumento que sea útil para garantizar el acceso irrestricto a nuestros derechos, debe emanar de nosotros mismos, de las comunidades y las singularidades en movimiento, nunca como una concesión del poder, de los verdaderos enemigos de la vida en el planeta.

Situarnos en el colapso mundial implica denunciar la ideología y los procesos que definen a esa sistemática acumulación por destrucción y exponer las operaciones en curso que son parte de la guerra total contra la vida bajo la consigna de una gestión compartida del riesgo.

Ante esto es importante recordar las palabras de Günther Anders: “estamos en peligro de muerte por actos de terrorismo perpetrados por hombres (sic) sin imaginación y analfabetos sentimentales que son hoy omni-potentes” (2007, p. 160). El dilema que se nos presenta en este contexto de catástrofes por responsabilidad de las jerarquías y las estructuras de poder, es, parafraseando al mismo Anders, “¿cómo detener a quienes no se detendrán ante nada?”

 

Referencias:

Agapito, R. (2009) Prefacio. En Schmitt, C. (2009) El concepto de lo político. Trad. Agapito, R. Madrid: Alianza Editorial.

Anders, G. (2007). Filosofía de la situación. Madrid, España: Los libros de la Catarata.

Bookchin, M. (2015). Ecología Social. Apuntes desde un anarquismo verde. Concepción, Chile: Editorial Novena Ola.

Carmen, R. (2004). Desarrollo autónomo. Humanizar el paisaje: una incursión en el pensamiento y la práctica radicales. Heredia, Costa Rica: Editorial Universidad Nacional.

Ceballos, G; Ehrlich, P; Dirzo, R. (2017) Biological annihilation via the ongoing sixth mass extinction signaled by vertebrate population losses and declines. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.1704949114

Chomsky, N. (1988). Nuestra pequeña región de por aquí: Política de Seguridad de los Estados Unidos. Trad. Alegría, C; Flakoll, D. Managua, Nicaragua: Editorial Nueva Nicaragua.

Clausewitz, K. (2004). De la guerra. Buenos Aires, Argentina: AGEBE.

Corominas, J. (1961). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, España: Editorial Gredos.

George, S. (2003). Informe Lugano: Cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI. 9ª ed. Trad. Wang, B. Barcelona, España: Icaria Editorial / Intermón.

González, B. (2022). Plutoceno. Destrucción planetaria y aniquilación de la vida. Mimeo

HISPANTV (2017). Pentágono justifica que coalición mate civiles en Siria e Irak. En línea: http://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/342855/bajas-civiles-ataques-aereos-eeuu-siria-pentagono-james-mattis (31/5/2022)

Knight, N. (2016). World Bank’s new rules condemned for disregarding people and planet”, publicado en Common Dreams, el 4 de agosto de 2016. En línea: https://www.commondreams.org/news/2016/08/04/world-banks-new-rules-condemned-disregarding-people-and-planet (31/5/2022).

López, S. (2015). Prólogo. En Valverde, C. (2015). De la necropolítica neoliberal a la empatía radical. Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización. Barcelona, España: Icaria Editorial.

Ministerio de Hacienda. Presupuesto. En línea: https://www.hacienda.go.cr/Presupuesto.html (31/5/2022)

Naciones Unidas (2018). Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe. Santiago, Chile: Naciones Unidas. En línea: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/43595/1/S1800429_es.pdf (31/5/2022)

Strona, G. y Bradshaw, C. (2018). Co-extinctions annihilate planetary life during extreme environmental change. Scientific Reports 8 (1), pp. 1-12. DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-018-35068-1

Por Bryan González Hernández, Jiri Spendlingwimmer | 23/06/2022

Bryan González y Jiri Spendlingwimmer son miembros del Movimiento Ríos Vivos, Costa Rica.

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magen ilustrativa. Foto: Geraldine McGregor.

Científicos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) han descubierto compuestos químicos altamente reactivos que se forman en condiciones atmosféricas naturales, pero que podrían representar una amenaza para la salud humana y el medio ambiente.

La investigación recientemente publicada en la revista Science, documenta la formación de los llamados hidrotrióxidos, un compuesto químico gaseoso formado por tres átomos de oxígeno juntos. Dicha sustancia es extremadamente oxidante, por lo que afectaría tanto la salud humana como el clima global, aseguran los investigadores.

Un compuesto similar comúnmente conocido es el peróxido de hidrógeno, que consiste en dos átomos de oxígeno unidos, lo que los hace altamente reactivos, inflamables y explosivos. Los peróxidos se utilizan para diferentes propósitos, desde blanquear los dientes y el cabello hasta limpiar heridas e incluso como combustible para cohetes. Sin embargo, dichos compuestos también se encuentran en el aire que nos rodea.

Durante varios años, los científicos han especulado si los trióxidos también se encuentran la atmosfera, pero hasta ahora nunca se había demostrado.

Los hidrotrióxidos son una clase completamente nueva de compuestos químicos y, según el reciente estudio, se forman a través de la descomposición atmosférica de sustancias conocidas y ampliamente emitidas a la atmósfera, como el isopreno y el sulfuro de dimetilo. De hecho, se forman a partir "de casi todos los compuestos químicos", explicó Jing Chen, estudiante del Departamento de Química de la universidad y coautor de la investigación.

Según el equipo, estos compuestos se crean por reacciones entre dos tipos de radicales, y su tiempo de vida oscila entre unos pocos minutos hasta varias horas, lo que los hace suficientemente estables para reaccionar con otros compuestos en el aire.

Durante ese tiempo, es probable que los hidrotrióxidos penetren partículas diminutas en el aire llamadas aerosoles, y podrían suponer riesgos para la salud, conduciendo a enfermedades cardiovasculares y respiratorias, detallaron los científicos.

"Lo más probable es que ingresen a los aerosoles, donde formarán nuevos compuestos con nuevos efectos. Es fácil imaginar que se forman nuevas sustancias en los aerosoles que son dañinas si se inhalan. Pero se requiere más investigación para abordar estos posibles efectos en la salud", comentó por su parte el profesor Henrik Grum Kjærgaard.

Además, los investigadores notaron que los hidrotrióxidos podrían influir en la cantidad de partículas de aerosol que se producen. Esto afectaría potencialmente a aspectos del clima, como la cantidad de luz solar que se refleja en el espacio o se absorbe en la formación de nubes, lo que a su vez influye en la temperatura en nuestro planeta.

A pesar de los peligros potenciales que plantea su descubrimiento, no existe mayor preocupación ya que "estos compuestos siempre han existido; simplemente no los conocíamos", dice Eva Kjaergaard, coautora del estudio. En su lugar, los investigadores ven en el hallazgo una oportunidad para aprender más sobre los efectos de las sustancias químicas que emitimos y "estudiar su efecto de una manera más específica y responder si resultan peligrosos".

29 mayo 2022

(Tomado de RT en Español)

las actividades humanas están causando cambios a escala planetaria en la tierra, los océanos y la atmósfera, y dañando a largo plazo los ecosistemas y el desarrollo sostenible Foto: Reuters.

Cuatro indicadores de la situación de nuestro clima, las concentraciones de gases de efecto invernadero, el nivel del mar, la temperatura de los océanos y su acidificación, volvieron a batir récords en 2021, según el Informe sobre el Estado del Clima Mundial 2021.

El documento, que preparan los científicos de la Organización Meteorológica Mundial, destaca que esas nuevas marcas son “una clara señal de que las actividades humanas están causando cambios a escala planetaria en la tierra, los océanos y la atmósfera, y dañando a largo plazo los ecosistemas y el desarrollo sostenible”.

Además de los efectos en el medioambiente, los fenómenos meteorológicos extremos, la cara cotidiana del cambio climático, se cobraron la vida de muchas personas y costaron cientos de millones de dólares a la economía. También pusieron en riesgo el acceso a los alimentos y el agua, llevando a un desplazamiento de personas que se ha acentuado en 2022.

El informe de la agencia de la ONU sobre el Estado del Clima Mundial en 2021 confirma que los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene constancia.

Si bien 2021 no batió el récord de temperatura, debido a un evento de La Niña al principio y al final del año que tuvo un efecto de enfriamiento temporal, sí estuvo entre esos siete más cálidos, manteniendo así la tendencia general de aumento de los termómetros. La temperatura media mundial en 2021 fue de aproximadamente 1,11 grados centígrados por encima del nivel preindustrial.

Para el Secretario General de la ONU, el informe es “una sombría confirmación del fracaso de la humanidad para afrontar los trastornos climáticos”.

Sin embargo, António Guterres también dijo en un video mensaje difundido tras conocerse el informe, que sus resultados son una llamada a la acción para recoger la “fruta madura” que es la transformación de los sistemas energéticos y sacarlos así del callejón sin salida que son los combustibles fósiles.
Los parques eólicos generan electricidad y reducen la dependencia de la energía del carbón.

Cinco medidas para la transición energética

En un video mensaje, propuso cinco medidas críticas para saltar a la transición hacia las energías renovables:

  • Tratar las tecnologías de energía renovable, entre ellas el almacenamiento en batería, como bienes públicos mundiales esenciales y de libre acceso
  • asegurar, ampliar y diversificar el suministro de componentes y materias primas fundamentales para las tecnologías de energía renovable
  • crear marcos legales y reformar la burocracia para igualar las condiciones en favor de las energías renovables
  • apartar los subsidios a los combustibles fósiles para proteger a los pobres y a las personas y comunidades más vulnerables
  • triplicar las inversiones privadas y públicas en energías renovables hasta alcanzar al menos cuatro billones de dólares al año

“Las energías renovables son el único camino hacia una verdadera seguridad energética, hacia precios estables de la electricidad y hacia oportunidades de empleo sostenibles. Si actuamos unidos, la transformación de las energías renovables puede ser el proyecto de paz del siglo XXI”, aseguró Guterres.

El mundo debe actuar en esta década para evitar que se agraven los impactos climáticos y para mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5° sobre los niveles preindustriales.

Por su parte, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial aseguró que “es sólo cuestión de tiempo el que veamos otro año más cálido de los registrados”.

"El clima está cambiando ante nuestros ojos. El calor atrapado por los gases de efecto invernadero inducidos por el hombre calentará el planeta durante muchas generaciones. El aumento del nivel del mar, el calor de los océanos y la acidificación continuarán durante cientos de años a menos que se inventen medios para eliminar el carbono de la atmósfera. Algunos glaciares han alcanzado el punto de no retorno y esto tendrá repercusiones a largo plazo en un mundo en el que más de 2000 millones de personas ya sufren estrés hídrico", explicó Petteri Taalas.

El profesor Taalas comentó que los fenómenos meteorológicos extremos tienen un impacto inmediato en nuestras vidas diarias, citando como ejemplos más actuales la sequía que estamos viendo desarrollarse en el Cuerno de África, las recientes inundaciones en Sudáfrica y las olas de calor en India y Pakistán.

Y aunque observó que los años invertidos en preparación de desastres nos han llevado a una mejor posición para salvar vidas, destacó que las pérdidas económicas siguen aumentando.

Por ello, hizo un llamamiento para que se invierta en los Sistemas de Alerta Temprana, que son críticos para adaptarse al cambio climático, pero que tan solo están presentes en la mitad de los países miembros de la OMM.

Indicadores clave

Gases de efecto invernadero

Las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo máximo mundial en 2020, cuando la concentración de dióxido de carbono (CO2) llegó a 413,2 partes por millón (ppm) a nivel global, o el 149% del nivel preindustrial. Los datos de lugares específicos indican que siguieron aumentando en 2021 y a principios de 2022, con una media mensual de CO2 en Mona Loa, en Hawái, que alcanzó 416,45 ppm en abril de 2020, 419,05 ppm en abril de 2021 y 420,23 ppm en abril de 2022.

Temperatura mundial

La temperatura media anual global en 2021 se situó en torno a 1,11 (±0,13) grados por encima de la media preindustrial de 1850-1900. Este registro es algo menos cálido que algunos años recientes debido a las condiciones de enfriamiento de La Niña a principios y finales del año. Aun así, 2021 se sitúa entre los siete años más cálidos registrados, que van de 2015 a 2021.

Olas de calor

Varias olas de calor excepcionales batieron récords de temperatura en el oeste de Norteamérica y en el Mediterráneo. En el Valle de la Muerte (California) se alcanzaron 54,4° el 9 de julio, igualando el valor más alto registrado en el mundo en 2020 desde al menos la década de 1930, y en Siracusa (Sicilia) se alcanzaron 48,8°. La provincia canadiense de Columbia Británica alcanzó los 49,6° el 29 de junio, lo que contribuyó a que se registraran más de 500 muertes relacionadas con el calor y alimentó devastadores incendios forestales que, a su vez, agravaron los efectos de las inundaciones de noviembre.

Temperatura de los océanos

La temperatura del océano sí marcó un récord. La parte superior de 2000 metros de profundidad del océano continuó calentándose en 2021 y se espera que siga haciéndolo en el futuro, un cambio que es irreversible en escalas de tiempo centenarias a milenarias.

Todos los conjuntos de datos coinciden en que los índices de calentamiento del océano muestran un aumento particularmente importante en las últimas dos décadas y está penetrando a niveles cada vez más profundos. Gran parte del océano experimentó al menos una ola de calor marina "fuerte" en algún momento de 2021.

Acidificación de los océanos

El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera. Este reacciona con el agua de mar y provoca la acidificación de los océanos, lo que supone una amenaza para los organismos y los servicios de los ecosistemas y, por tanto, para la seguridad alimentaria, el turismo y la protección de las costas.

Al disminuir el pH del océano, también disminuye su capacidad de absorber el CO2 de la atmósfera. El IPCC concluyó que "existe una probabilidad muy alta en que el pH de la superficie del océano sea ahora el más bajo que ha tenido en al menos 26.000 años y las tasas actuales de cambio de pH no tienen precedentes desde al menos esa época".

Nivel del mar

El nivel medio del mar a nivel mundial alcanzó un récord en 2021, tras aumentar una media de 4,5 mm al año durante el periodo 2013 -2021. Esto supone más del doble de la tasa registrada entre 1993 y 2002 y se debe principalmente a la pérdida acelerada de masas de agua en las capas de hielo. Esto tiene importantes implicaciones para cientos de millones de habitantes de la costa y aumenta la vulnerabilidad a los ciclones tropicales.

Criósfera

Aunque en el año glaciológico 2020-2021 se produjo menos deshielo que en los últimos años, existe una clara tendencia a la aceleración de la pérdida de masa en escalas de tiempo de varias décadas.

Por término medio, los glaciares de referencia del mundo se han reducido en 33,5 metros (equivalente de hielo) desde 1950, y el 76% de este adelgazamiento se ha producido desde 1980. El 2021 fue un año especialmente duro para los glaciares de Canadá y el noroeste de Estados Unidos, con una pérdida de masa de hielo récord como consecuencia de las olas de calor y los incendios de junio y julio. En Groenlandia se produjo un deshielo excepcional a mediados de agosto y se registraron las primeras precipitaciones de la historia en la Estación de la Cumbre, el punto más alto de la capa de hielo, a 3216 metros de altitud.

Inundaciones

Además, de un gran número de víctimas mortales, las inundaciones provocaron pérdidas económicas por valor de 17 700 millones de dólares en la provincia china de Henan, y en Europa Occidental se produjeron a mediados de julio algunas de las inundaciones más graves registradas, con pérdidas económicas en Alemania que superaron los 20.000 millones de dólares.

Sequías

Las sequías afectaron a muchas partes del mundo, como el Cuerno de África, Canadá, el oeste de los Estados Unidos, Irán, Afganistán, Pakistán y Turquía. En la América del Sur subtropical, la sequía causó grandes pérdidas agrícolas y perturbó la producción de energía y el transporte fluvial.

La sequía en el Cuerno de África se ha intensificado en lo que va de 2022. El este de África se enfrenta a la posibilidad muy real de que las lluvias fracasen por cuarta temporada consecutiva, lo que llevará a Etiopía, Kenia y Somalia a una sequía de una duración no experimentada en los últimos 40 años. Las agencias humanitarias están advirtiendo de los efectos devastadores sobre la población y los medios de subsistencia de la región.

Huracanes

El huracán Ida fue el más importante de la temporada del Atlántico Norte, tocando tierra en Luisiana el 29 de agosto, con pérdidas económicas en Estados Unidos estimadas en 75 000 millones de dólares.

Capa de ozono

El agujero de ozono sobre la Antártida fue inusualmente grande y profundo, alcanzando su superficie máxima de 24,8 millones de km2 (el tamaño de África) como resultado de un vórtice polar fuerte y estable y unas condiciones más frías que la media en la estratosfera inferior.

Alimentación

Los efectos combinados de los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos y las crisis económicas, agravados por la pandemia de COVID-19, socavaron décadas de progreso hacia la mejora de la seguridad alimentaria en todo el mundo.

El empeoramiento de las crisis humanitarias en 2021 también ha hecho que aumente el número de países en riesgo de hambruna. Del total de personas desnutridas en 2020, más de la mitad viven en Asia (418 millones) y un tercio en África (282 millones).

Migración

Los riesgos hidrometeorológicos siguieron contribuyendo a los desplazamientos internos. Los países con mayor número de desplazamientos registrados hasta octubre de 2021 eran China (más de 1,4 millones), Filipinas (más de 386.000) y Vietnam (más de 664.000).

Ecosistemas

Los ecosistemas -incluidos los terrestres, los de agua dulce, los costeros y los marinos- y los servicios que prestan, se están viendo afectados por el cambio climático, aunque de forma desigual. Algunos se están degradando a un ritmo sin precedentes. Por ejemplo, los ecosistemas de montaña -las torres de agua del mundo- están profundamente afectados.

El aumento de las temperaturas aumenta el riesgo de pérdida irreversible de los ecosistemas marinos y costeros, como las praderas marinas y los bosques de algas. Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables al cambio climático. Se prevé que pierdan entre el 70 y el 90% de su antigua área de cobertura con un calentamiento de 1,5 grados y más del 99% si este llega a los 2 grados.

Entre el 20 y el 90% de los actuales humedales costeros corren el riesgo de desaparecer a finales de este siglo, dependiendo de la rapidez con que suba el nivel del mar. Esto comprometerá aún más el suministro de alimentos, el turismo y la protección de la costa, entre otros servicios de los ecosistemas.

Foro Económico Mundial

El informe se publicó justo antes de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2022, que reúne a más de 2000 líderes y expertos de todo el mundo bajo el lema "La historia en un punto de inflexión: Políticas gubernamentales y estrategias empresariales". La movilización de la acción público-privada para cumplir los objetivos climáticos globales críticos de 2030 y 2050 es un tema clave en la agenda.

"El informe sobre el Estado del Clima Mundial pone de relieve la necesidad de una acción rápida, a gran escala y sistémica para mitigar los riesgos medioambientales presentados en el informe sobre riesgos mundiales del Foro Económico Mundial", declaró Gim Huay Neo, miembro de la Junta Directiva del Foro Económico Mundial.

"Como muestra el reciente informe del IPCC, ya tenemos los medios y los conocimientos para reducir las emisiones y limitar el calentamiento global. Tenemos que centrar nuestros esfuerzos en políticas y soluciones audaces que puedan transformar rápidamente nuestra forma de producir y consumir recursos. Las personas y las asociaciones tienen que estar en el centro de nuestro enfoque, ya sea para crear nuevos puestos de trabajo, proporcionar más acceso y asequibilidad para todos y construir un entorno de vida más limpio y ecológico."

"La próxima reunión anual de Davos es una oportunidad clave para reforzar nuestra determinación en la acción climática, traducir la ambición en hechos y forjar más asociaciones para crear un futuro del que podamos estar orgullosos", dijo.

22 mayo 2022

Publicado enMedio Ambiente
Imagen de la boina de contaminación en Madrid, a 10 de febrero de 2022.— Jesús Hellín /EUROPA PRESS

Una de cada seis muertes en el mundo se debe a la polución. El 92% de los fallecimientos por este problema se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Las repercusiones de la contaminación en la salud siguen siendo enormes, y los países de ingresos bajos y medios son los que más sufren esta carga, afirma Richard Fuller, autor principal de un informe que se publica esta semana en The Lancet Planetary Health. En este trabajo, se destaca que la polución fue responsable de nueve millones de muertes en 2019, esto es: una de cada seis muertes se debió a este problema.

Fuller destaca que, "pese a las graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, la prevención de la contaminación se pasa por alto, en gran medida, en la agenda internacional de desarrollo".

El nuevo informe es una actualización del que publicó en la misma revista en 2015. En él se pone de relieve que el número de muertes por fuentes de contaminación asociadas a la pobreza extrema (como la contaminación del aire en interiores y del agua) ha disminuido. Sin embargo, han aumentado los fallecimientos atribuibles a la contaminación industrial (del aire ambiental y la contaminación química).

Según Fuller, "pese al incremento bien documentado de la preocupación pública por la contaminación y sus efectos en la salud, la atención a estos problemas y la financiación han aumentado mínimamente desde 2015".

La mayor amenaza para la salud humana y planetaria

"La contaminación es la mayor amenaza para la salud humana y planetaria y pone en peligro la sostenibilidad de las sociedades modernas". Su prevención también puede frenar el cambio climático, indica por su parte Philip Landrigan, coautor del informe y director del Programa de Salud Pública Global y del Observatorio de la Contaminación Global del Boston College. Por ello, subraya Landrigan, el actual informe "reclama una transición masiva y rápida para abandonar todos los combustibles fósiles y sustituirlos por energías limpias y renovables".

La Comisión Lancet sobre Contaminación y Salud de 2017, que utilizó datos del estudio de la Carga Mundial de la Enfermedad (GBD, por sus siglas en inglés) de 2015, descubrió que la contaminación era responsable de unos nueve millones de muertes, el 16% de todos los decesos en el mundo.

El nuevo informe ofrece estimaciones actualizadas de los efectos de la contaminación sobre la salud, basadas en los datos más recientes del GBD de 2019 y en actualizaciones metodológicas, así como una evaluación de las tendencias desde el año 2000.

De los nueve millones de muertes atribuibles a la contaminación en 2019, la contaminación del aire (tanto doméstica como ambiental) sigue siendo responsable del mayor número de muertes, con 6,67 millones en todo el mundo. La contaminación del agua fue responsable de 1,36 millones de muertes prematuras. El plomo contribuyó con 900.000 muertes, seguido de los riesgos laborales tóxicos con 870.000 muertes.

El descenso de las muertes por contaminación tradicional desde el año 2000 (contaminación del aire en los hogares por combustibles sólidos y agua no potable) es más evidente en África. Esto puede explicarse por las mejoras en el suministro de agua y el saneamiento, los antibióticos y los tratamientos, y los combustibles más limpios, indican los autores.

Contaminación industrial y envejecimiento de la población

Sin embargo, este descenso de la mortalidad se ha visto contrarrestado por un aumento sustancial de las muertes por exposición a la contaminación industrial —como la polución atmosférica, la contaminación por plomo y otras formas de contaminación química— en todas las regiones durante los últimos 20 años. Esto es especialmente evidente en el sudeste asiático, donde el aumento de los niveles de contaminación industrial se combina con el envejecimiento de la población y el aumento del número de personas expuestas.

La contaminación ambiental del aire fue responsable de 4,5 millones de muertes en 2019, frente a 4,2 millones de muertes en 2015 y 2,9 millones en 2000. Las muertes por contaminantes químicos peligrosos aumentaron de 0,9 millones en 2000, a 1,7 millones en 2015, y a 1,8 millones en 2019, con 900.000 muertes atribuibles a la contaminación por plomo en 2019.

En general, las muertes por la contaminación actual han aumentado un 66% en las últimas dos décadas, pasando de unos 3,8 millones de muertes en 2000 a 6,3 millones en 2019. Es probable que las cifras de muertes por contaminantes químicos estén subestimadas, ya que solo un pequeño número de productos químicos fabricados en el comercio han sido sometidos a pruebas adecuadas de seguridad o toxicidad.

Perdidas y desigualdad

El informe destaca que el exceso de muertes debido a la contaminación provocó pérdidas económicas por un total de 4,37 mil millones de euros en 2019, lo que equivale al 6,2% de la producción económica mundial.

También pone de manifiesto la profunda desigualdad de la contaminación, ya que el 92% de las muertes relacionadas con la polución y la mayor carga de pérdidas económicas por este motivo se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Los autores concluyen con ocho recomendaciones. Entre ellas, se pide la creación de un grupo científico y político independiente, al estilo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), así como un aumento de la financiación para el control de la contaminación por parte de gobiernos, donantes independientes y filántropos, y la mejora del control de la contaminación y la recogida de datos.

Las organizaciones internacionales también deberían aprobar y establecer una mejor conexión entre la ciencia y la política en materia de contaminación, al igual que las que se ocupan del clima y la biodiversidad, en un principio de los productos químicos, los residuos y la contaminación atmosférica.

"Está claro que la contaminación es una amenaza planetaria y que sus causas, su dispersión y sus efectos sobre la salud trascienden las fronteras locales y exigen una respuesta global. Es necesario una actuación global sobre todos los principales contaminantes actuales", destaca Rachael Kupka, coautora y directora ejecutiva de la Alianza Mundial sobre Salud y Contaminación.

madrid

18/05/2022 09:41

Sinc

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