Oblea de silicio procesada, mostrando los chips antes de su separación y posterior encapsulado

La actual crisis de suministro de circuitos integrados que sufren gran número de industrias del planeta, ha puesto de relieve la hegemonía de un fabricante de Taiwán de estos dispositivos: TSMC. Esto sugiere una pregunta inmediata: ¿hay algún fabricante capaz de competir en la actualidad con TSMC?

En este artículo voy a responder a esa pregunta, que utilizaré para dar una visión general del panorama global de la industria de los semiconductores, basándome en las consideraciones de Morris Chang, el fundador de TSMC. Para ello, desglosaré el papel que según su opinión, juegan los principales países y regiones implicadas en comparación con Taiwán: Estados Unidos, China, Corea del Sur, Europa y Japón.

  1. Estados Unidos

Estados Unidos es un gran competidor dados sus vastos recursos de todo tipo: terrenos, agua (la industria microelectrónica es muy demandante de este recurso), electricidad asequible, competencia profesional de los trabajadores del sector, etc. Salvo el último, son atributos que Taiwán, una pequeña isla, nunca tendrá. Sin embargo, Estados Unidos no tiene los ingredientes que hicieron de Taiwán el lugar adecuado para permitir el éxito de TSMC, que analicé recientemente en otro artículo. Chang considera que los estadounidenses no son tan trabajadores como los taiwaneses. En la misma línea, no cree que Estados Unidos tenga el talento administrativo necesario para gestionar una industria tan compleja como la microelectrónica. De hecho, cree que la instalación de una fábrica de TSMC en Arizona es un error al no ser la ubicación correcta para concentrar el desarrollo de la fabricación de semiconductores en Estados Unidos ¿Por qué Arizona recibe tanta inversión y atención? Porque es un estado de los que se denominan swing en las elecciones presidenciales, es decir, de resultados muy disputados y este factor ha sido una de las claves para decidir instalar allí la primera fábrica que TSMC tendrá en Estados Unidos.

Debido a que las debilidades de Estados Unidos son esencialmente estructurales, las subvenciones a nivel federal y estatal son, en el mejor de los casos, parches temporales. Por tanto, lo que Estados Unidos tiene, Taiwán no lo tiene. A la inversa, lo que Taiwán tiene, Estados Unidos no lo tiene.

  1. China

A pesar de la opinión generalizada, China es hoy por hoy un competidor poco significativo en esta industria. La ambición de China en la industria de los semiconductores y la asombrosa cantidad de inversión del gobierno central acaparan muchos titulares, pero Chang lo descarta como competidor de peso. En su opinión, China está uno o dos años por detrás de Estados Unidos y de Taiwán en el sector del diseño de chips y más de cinco años por detrás de TSMC en la fabricación. En resumen, China no es una amenaza. 

  1. Corea del Sur

La única competencia importante que Chang considera es Samsung Electronics, de Corea del Sur. El razonamiento es bastante sencillo: tanto Corea del Sur, el país, como Samsung, la compañía, muestran características similares a Taiwán y TSMC, respectivamente.

TSMC y Samsung han tenido unas relaciones complicadas. En 1989, Samsung intentó (y fracasó) reclutar al propio Chang, solo dos años después de que comenzara la andadura de TSMC.

  1. Japón y Europa

Chang apenas menciona a Japón y claramente no lo ve como una amenaza de peso para TSMC. La actitud de Chang hacia Japón es clara y se expresó hace muchos años. La negativa de Japón a abrazar la evolución de su industria hacia el modelo fabless obstaculizó su capacidad para innovar y mantenerse a la vanguardia. Esa evolución fue catalizada en gran parte por la existencia de TSMC. Japón nunca lo hizo, pero Estados Unidos sí (los diseñadores de chips de EEUU mencionados en el punto anterior son los más importantes del sector en estos momentos). Por lo tanto, gran parte de la innovación en el diseño de nuevos chips corresponde desde hace varios años a las empresas estadounidenses, pero por otra parte, eso fue el inicio del desmantelamiento de las capacidades de fabricación de chips de Estados Unidos. Una más de las complejidades que caracterizan a esta industria.

 La actitud de Chang hacia Europa no es tan clara. Mirando la industria en su conjunto, parece que los principales actores europeos han estado desempeñando un papel más complementario al de TSMC, no competitivo como es el caso de Samsung o de Intel. Las principales empresas de chips como NXP son en su mayoría clientes sin fábrica de TSMC, al igual que otros grandes fabless, como Nvidia o Qualcomm. Pero, por otra parte, el principal fabricante de equipos de litografía de ultravioleta extremo, ASML, es europeo y trata a TSMC como su cliente preferente. En 2020, TSMC representó el 31% de los ingresos de ASML, convirtiéndose en su principal fuente de ingresos. Ese número solo crecerá dada la escasez global de chips y la enorme inversión de TSMC para cubrirlo.

  1. ¿Lecciones para aprender?

Cada historia de éxito se basa en una confluencia afortunada de tiempo, recursos, trabajo duro, paciencia y dedicación por parte de científicos y técnicos muy capacitados. TSMC es una de estas historias. Estas historias son muy improbables de reproducir en la actualidad, pero ¿hay lecciones que aprender, especialmente para las dos grandes potencias tecnológicas, Estados Unidos y China?

Según el análisis de Chang, hay más similitudes que diferencias entre las dos superpotencias. De forma bastante sorprendente y a pesar de sus muy diferentes regímenes políticos, ambos países tienen una perspectiva muy enfocada en el corto plazo cuando se trata de construir su propia capacidad de fabricación de chips semiconductores, a pesar de que la experiencia de TSMC muestra claramente que es un proceso que llevó varias décadas. China tiene un plan: "Made in China 2025", aunque es dudoso que alcance sus objetivos de independencia en la fabricación de chips. Por su parte, el programa de 50.000 millones de dólares propuesto por la administración Biden seguramente no irá más allá de 2024, teniendo en cuenta el calendario electoral presidencial estadounidense. A pesar de gobernar a través de dos sistemas políticos diferentes, el cortoplacismo ha infectado a ambos, porque ambos liderazgos están bajo la presión de obtener resultados pronto. El horizonte temporal de varias décadas sería la primera lección que deberían aprender y esto habría que extenderlo a Europa, donde las decisiones de política industrial siempre están vinculadas a los calendarios electorales.

Como señaló Chang, la fabricación de chips ya no es "el mejor lugar para trabajar" que atrae a los mejores y más brillantes científicos e ingenieros de los países occidentales; si eres joven e inteligente, hay muchas industrias que ofrecen posibilidades de obtener más salario y prestigio. También se puede decir lo mismo de China, una economía cada vez más diversificada con muchas formas de ganar dinero más rápido que trabajando en una fábrica de chips. Y no se puede culpar a los ciudadanos por tomar estas decisiones; simplemente están respondiendo a los incentivos que encuentran para desarrollar sus carreras profesionales.

Lo bueno de una economía pequeña, como la de Taiwán o Corea del Sur, es que, si bien hay menos recursos, también hay menos opciones, menos distracciones y, en consecuencia, un enfoque más específico en lo que respecta a la política industrial. Ese contexto no se puede reproducir en un país grande. Lo bueno de una gran economía, como la de Estados Unidos o China, son sus vastos recursos en términos de tierra, gente, dinero y la capacidad de traspasar los límites de la innovación que los países pequeños nunca se atreverían a intentar.

Recrear las peculiaridades de la industria de semiconductores taiwanesa o sur coreana, especialmente cuando la Ley de Moore se está acercando a su límite, no parece una buena idea de futuro. En cambio, una acción multilateral enfocada a resolver problemas tales como el Calentamiento Global, la Inteligencia Artificial, la computación cuántica o la biotecnología, todo lo cual necesitará más chips semiconductores, es lo que los grandes países podrían y deberían hacer. Y Europa, por descontado, también.

Por Ignacio Mártil*
Catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Sociedad Española de Física

10 septiembre, 2021

*(Para una perspectiva general de la historia y la actualidad de la tecnología microelectrónica, recomiendo la lectura de "Microelectrónica. La historia de la mayor revolución silenciosa del siglo XX"; 2018, Ediciones Complutense)

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Vista general del río Ahr inundando parte del pueblo alemán de Schuld el pasado mes de julio de 2021. — Wolfgang Rattay / REUTERS

La emergencia climática ha multiplicado por cinco el número de catástrofes producidas por este motivo en los últimos 70 años, según la Organización Mundial de Meteorología.

 

Son cada vez más habituales y virulentos. Los fenómenos meteorológicos extremos –olas de calor, incendios, inundaciones...– se multiplican como consecuencia del calentamiento global. Así lo ha dejado patente la Organización Mundial de Meteorología (OMM), adscrita a la ONU, en un informe reciente que detalla cómo la crisis climática ha quintuplicado el número de episodios catastróficos y ha incrementado siete veces más los costes económicos generados, con un impacto diario medio de 202 millones de dólares en todo el mundo.

Este mismo verano se han dejado ver las evidencias del informe con un mapa mundial plagado de incendios, inundaciones y récords de temperaturas en algunas de las regiones más gélidas del planeta. Aunque la OMM asegura que los avances en prevención e información ciudadana han conseguido reducir el número de muertes asociadas a emergencias climáticas, las pérdidas humanas siguen siendo dramáticas. El ejemplo de la ola de calor que azotó a finales de junio a Canadá y algunas regiones del noroeste de EEUU es esclarecedor: cerca de 50 grados de máximas que dejaron más de 200 muertes prematuras.

El caso de Canadá ha sido uno de los más mediáticos. En la región de la Columbia Británica –donde en el mes de junio se suelen registrar temperaturas medias que rondan los 25º C– se llegaron a batir récords durante tres días consecutivos. El 27 de junio se alcanzaron los 46,6º C y el día 28 se volvió a superar la cifra con un récord histórico de 47,9º C. Al día siguiente el termómetro se situó en los 49,6º C, un dato sin precedentes, no sólo en el país norteamericano, sino que se trata de una temperatura que nunca se había documentado en una zona tan al norte del planeta. La ola de calor, que se alargó durante algo más de una semana, desembocó en una crisis de incendios que calcinaron más de 270.000 hectáreas.

Récords climáticos: Sicilia, Córdoba y Groenlandia

La tendencia de veranos cada vez más tórridos ha dejado más registros preocupantes. En Italia, el pasado 11 de agosto se batió el récord europeo de temperaturas. En la localidad siciliana de Floridia se alcanzaron los 48,8º C y se batió la marca de los 48º C documentados en 1977 en Atenas. 

En España, también se registraron valores históricos. Fue en Montoro (Córdoba) donde los termómetros alcanzaron el pasado 15 de agosto un máximo histórico de 47,4º C, lo que superaba la cifra más alta registrada hasta entonces: 47,3ºC en 2017 también en la provincia andaluza, según la información dada por la Agencia Española de Meteorología (Aemet).

A comienzos del mes de agosto, Groenlandia fue víctima del calentamiento global al recogerse en la estación meteorológica de Ittoqqortoormiit 24 C. Las elevadas temperaturas para esta región dejaron momentos poco habituales: por primera vez en 70 años llovía en el pico más alto de la gran isla helada. "Esa no es una señal saludable para una capa de hielo", advertían desde el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia en declaraciones a la agencia Reuters. Las precipitaciones en esta zona son prácticamente improbables ya que la mayor parte del tiempo se registran temperaturas por debajo de los cero grados. Para los expertos, este hecho supone una evidencia más de la emergencia climática. 

Verano de fuego

El fuego arrasó 160.000 hectáreas en Turquía en tan sólo 12 días. Según los registros del Servicio Europeo de Información de Incendios Forestales, el área que se había reducido a cenizas multiplicaba por cuatro los registros habituales en temporadas de incendios. Cerca de allí, las llamas devoraron la isla griega de Eubea con más de quinientos focos activos que afectaron a más de 50.000 hectáreas, según los datos oficiales de la Unión Europea.

Los incendios en la región siberiana de Yakutia se están convirtiendo en algo cada vez más habitual. Este verano el número de focos activos afectó a más de 19 regiones rusas y el área afectada fue de más de 1,5 millones de hectáreas. La falta de recursos para sofocar el fuego y las temperaturas cada vez más altas hacen que año tras año se den este tipo de alertas que, no sólo arrasan pastos, sino que contribuyen al deshielo del permafrost y aceleran aún más el calentamiento del planeta

En España, el verano también ha estado marcado por las llamas y el humo. Ha sido Ávila la región que más daños ha registrado, con un foco que se inició en el pueblo de Navalacruz y que se fue extendiendo por toda la sierra de Gredos, afectando a más de 22.000 hectáreas. El incendio, el mayor que se ha registrado en el país durante el periodo estival, coincidió con una ola de calor que dejó prácticamente a toda la península ibérica con temperaturas extremas.

Los vínculos de los incendios con la crisis climática son cada vez más evidentes. Si bien, el número de focos se ha reducido drásticamente en los últimos años –un 34% en España–, los superincendios –aquellos que afectan a más de 500 hectáreas– han crecido hasta un 12% en lo que va de década, según los datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). De hecho, este mismo año, tras la ola de calor que azotó Norteamérica, se desencadenó en Oregón (EEUU) uno de los mayores incendios de 2021 que, según el Departamento Forestal del Estado, cargaba tanta energía y tanto calor extremo que había generado su propio clima. "Normalmente, la situación meteorológica predice lo que hará el fuego. En este caso, es el fuego el que está prediciendo lo hará el clima", decía a los medios Marcus Kauffman, portavoz de los bomberos forestales.

Inundaciones y lluvias torrenciales

En mitad del calor llegó la lluvia. La emergencia climática ha evidenciado también sus consecuencias más devastadoras a través de fenómenos pluviales que han desembocado en graves inundaciones en Centroeuropa durante la tercera semana de julio. Según las autoridades belgas y alemanas –los dos países afectados–, las riadas dejaron cerca de 200 muertos. Si bien las fuertes lluvias –vinculadas a los efectos de la crisis climática– fueron determinantes en la evolución de esta catástrofe, el desarrollo urbano fue crucial y magnificó aún más las pérdidas humanas y materiales, pues la mayor parte de los daños se concentraron en balsas de inundación de ríos donde se habían construido viviendas que fueron arrasadas por las crecidas.

Algo similar ha ocurrido en la primera semana de septiembre en España. Los efectos de la DANA, cada vez más habitual en el noveno mes del año, han dejado numerosos pueblos de Castilla-La Mancha, Murcia y Catalunya cubiertos por el agua. Los destrozos, sin embargo, han estado condicionados un año más por el modelo urbano español y las construcciones en cauces de ríos y arroyos. Según datos del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, al menos 2,7 millones habitantes viven en zonas inundables en todo el Estado español.

"La crisis climática ya está aquí". Así reaccionaba Joe Biden este jueves después de que el huracán Ida llegase a la costa este de EEUU y dejase decenas de muertos y desaparecidos en Nueva York y Nueva Jersey. El Servicio Meteorológico Nacional estadounidense ha informado de que nunca antes se habían vivido unas inundaciones similares en esta zona del país, ni siquiera en 2012, cuando el huracán Sandy azotó la ciudad neoyorkina. Según Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), los huracanes se están volviendo cada vez más virulentos debido a que parte de su energía está condicionada por la temperatura de los océanos, los cuales se están calentando como consecuencia de la crisis climática.

03/09/2021 21:38 Actualizado: 03/09/2021 22:12

Alejandro Tena@AlxTena

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La contaminación del aire está recortando años de la vida de miles de millones según un informe

El aire contaminado es mucho más mortal que fumar, los accidentes automovilísticos o el VIH/SIDA, siendo el carbón la causa principal.

 

La contaminación del aire está acortando la vida de miles de millones de personas hasta en seis años, según un nuevo informe, lo que la convierte en una causa de muerte mucho mayor que el tabaquismo, los accidentes automovilísticos o el VIH/SIDA .

La quema de carbón es el principal fuente, dijeron los investigadores, y la India es la más afectada, ya que el ciudadano promedio muere seis años antes e incluso hasta 9 años menos. China ha reducido drásticamente la contaminación del aire en los últimos siete años, pero el aire sucio todavía está recortando 2,6 años de la vida útil de sus habitantes.

Más de 480 millones de personas que viven en las vastas franjas del centro, este y norte de la India, incluida la capital, Nueva Delhi, padecen niveles de contaminación significativamente altos, según el informe elaborado por el Instituto de Política Energética de la Universidad de Chicago (EPIC).

La quema de combustibles fósiles está causando la contaminación del aire y la crisis climática. A la crisis climática, también se le está sumando a la contaminación del aire al provocar incendios forestales generando un círculo vicioso provocado por el sistema capitalista.

El equipo dijo que los acontecimientos recientes habían ilustrado los diferentes futuros posibles dependiendo de si los gobiernos actúan o no. Los bloqueos por coronavirus redujeron la contaminación, comparando el Himalaya a algunos habitantes de ciudades indias, mientras que los incendios forestales en el oeste de los EE. UU. causaron una contaminación grave en el otro lado del continente en la ciudad de Nueva York.

"La contaminación del aire es la mayor amenaza externa para la salud humana en el planeta, y eso no está ampliamente reconocido, o no se reconoce con la fuerza que cabría esperar", dijo el profesor Michael Greenstone de la Universidad de Chicago. Greenstone y sus colegas desarrollaron el Índice de calidad de vida del aire (AQLI por sus siglas en inglés), que convierte los niveles de contaminación del aire en su impacto en la esperanza de vida.

El ciudadano global promedio pierde 2,2 años de vida con los niveles actuales de contaminación del aire y, si nada cambia, eso suma 17 mil millones de años perdidos, dijo Greenstone. "¿Qué otra cosa en el planeta está provocando que las personas pierdan 17.000 millones de años de vida?"

“Lo más sorprendente es que hay países grandes donde, efectivamente, una combinación de normas gubernamentales y [sociales] están eligiendo permitir que las personas vivan vidas realmente dramáticamente más cortas y más enfermas”.

El informe estimó la cantidad de años adicionales de vida que ganarían las personas si los niveles de contaminación del aire en su país se redujeran a las pautas de la Organización Mundial de la Salud. En India, la cifra es de 5,9 años; en el norte del país, 480 millones de personas respiran una contaminación que es 10 veces más alta que en cualquier otro lugar del mundo, dijeron los científicos. Reducir la contaminación agregaría 5.4 años en Bangladesh y Nepal , y 3.9 años en Pakistán .

En África central y occidental, los impactos de la contaminación por partículas en la esperanza de vida son comparables a los del VIH/SIDA y la malaria, pero reciben mucha menos atención, según el informe. Por ejemplo, la persona promedio en el delta del Níger puede perder casi seis años de vida, con 3.4 años perdidos por el nigeriano promedio.

China inició una "guerra contra la contaminación" en 2013 y ha reducido los niveles en un 29%. Esto está agregando un promedio de 1,5 años a las vidas, asumiendo que los recortes se mantengan, dijeron los científicos, y muestra que es posible un cambio radical.

“El carbón es la fuente del problema en la mayor parte del mundo”, dijo Greenstone. "Si estos costos [de salud] estuvieran integrados en los precios, el carbón no sería competitivo en casi todas las partes del mundo".

El gas fósil es significativamente menos contaminante que el carbón y Japón dijo en junio que ofrecería US$ 10 mil millones en ayuda para proyectos de descarbonización de energía en el sudeste asiático, incluidas las centrales eléctricas de gas. Pero la quema de gas todavía impulsa el calentamiento global y Christiana Figueres, exjefe de clima de la ONU, dijo el domingo: “Seamos claros, el gas no es una alternativa al carbón y tampoco es un combustible de transición. Las inversiones en gas nuevo deben detenerse de inmediato si se quiere alcanzar la neutralidad de carbono para 2050".

El informe AQLI se basa en una investigación que compara las tasas de mortalidad de las personas que viven en lugares menos contaminados que otros, siendo los problemas cardíacos y pulmonares la principal fuente de muertes prematuras. El análisis se basa en la contaminación por partículas pequeñas, pero es probable que incluya los efectos de otros contaminantes del aire, ya que todos tienden a ser altos en los mismos lugares. Las estimaciones de la contaminación del aire en todo el mundo se obtuvieron a partir de datos satelitales a una resolución de 3.7 millas (6 km).

El sistema capitalista se revela cada vez más predatorio destruyendo los biomas y convirtiendo el aire en un asesino silencioso que afectan la vida millones de personas en el mundo.

Miércoles 1ro de septiembre

Con información de The Guardian y Al Jazeera.

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Frente al elitismo ecofriendly construyamos el ecologismo popular

El informe del IPCC para la ONU ha sido contundente: el cambio climático ya es irreversible y de nosotras depende que sus efectos no sean tan devastadores como pueden llegar a serlo.

El cambio climático es una realidad innegable, a la que hemos llegado en una situación débil a nivel discursivo, político y económico. La hegemonía neoliberal impregna casi todas las esferas de la vida y la del ecologismo no iba a ser menos. Es el momento de plantarse ante todos los discursos que apelan a la responsabilidad individual y a la culpabilización de la gente en relación con el cambio climático. El cambio climático ya es irreversible y, por lo tanto, hay que gestionar las consecuencias sociales del mismo.

Existe un elitismo ecofriendly que construye un discurso del ecologismo sobre un moralismo que expulsa toda alternativa política viable. Es un discurso que nos hace conscientes de ser más a la hora de asumir las culpas, pero que niega la dimensión de ser más a la hora de afirmar nuestro poder frente a las minorías. Es un discurso que pretende hacernos a todas responsables de una cosa que tiene unos responsables determinados. Si todas somos igual de culpables del cambio climático, todas deberemos asumir sacrificios importantes. Y en esa asunción de sacrificios importantes (que siguen la lógica del libre mercado) quienes se va a librar son los ricos y poderosos.

Porque hay que ser muy claras aquí: mientras existan personas con varias mansiones y sus campos de golf, sus jets privados, sus yates y sus coches de gran cilindrada y su consumo abusivo de todo tipo de productos no podemos permitir que nadie nos aleccione sobre nuestros comportamientos individuales. Un multimillonario contamina como todas las personas de un bloque entero de pisos. El truco que pretenden hacer los elitistas ecofriendlys es hacernos pagar al resto esos excesos.

Lo hacen con la siguiente trampa ideológica: "Los ricos son pocos y el resto son muchos, hay que poner el foco en los muchos porque a esa escala se contamina más". Pero esto no es verdad: un coche de gran cilindrada contamina 3 veces más que un vehículo pequeño. Un crucero atracando en el puerto de València contamina como todos los vehículos privados que circulan por la ciudad. Una mansión con piscina y jardín contamina como un decena de apartamentos.

Lo que intentan las grandes fortunas (y las grandes multinacionales) es diluir la enorme responsabilidad que tienen en el cambio climático haciéndola pasar por responsabilidad de cada uno de nosotros.

No hay proyecto político construido en base a la culpabilización individual. Eso solo comporta actuar de forma reactiva, a la defensiva, y que el ecologismo no sea algo deseable sino únicamente un límite moral a nuestra forma de estar en el mundo. A imagen y semejanza de "si no te esfuerzas y trabajas mucho no serás rico" nos inundan con "sino te mentalizas y reciclas, no acabaras con el cambio climático". Y así hemos convertido nuestras cocinas en plantas de selección de reciclaje y eso no ha solucionado el problema. Jamás se había reciclado tanto a nivel individual como se recicla ahora, pero la Tierra nunca había estado tan mal como ahora.

El foco en la responsabilidad individual produce el efecto contrario al deseado. Muchas personas mantienen una actitud positiva de sostenibilidad individual en su día a día, pero que les lleva a creer que no es necesario tener un compromiso colectivo. Muchas de ellas piensan: "Yo ya he cumplido mi parte del trato, ahora le toca al resto".  Y eso es precisamente lo que impide la asunción de ese compromiso colectivo real y sostenido en el tiempo. Ahí muere la posibilidad de la dimensión política.

Siguiendo sus premisas, el ecologismo ecofriendly aplica además las lógicas del mercado para solucionar problemas que son comunes. Por ejemplo, para reducir el número de vuelos intentará encarecer los precios. Pero encareciendo los precios de las cosas únicamente hacemos que los que puedan pagar sigan disfrutando de los excesos que han provocado el problema, excluyendo a cada vez más gente que no pueda pagar. Puede ser una medida para reducir la contaminación, a costa de que los humildes no puedan acceder a ciertos servicios. La solución pasa por aplicar una lógica socialista: en el caso de los aviones, una limitación de KM de vuelo por ciudadano. Así sí se actúa igualando realmente a las personas y generando un sentimiento colectivo de pertenencia, eliminando las trampas ideológicas de este elitismo.

Y esta es la lógica que hay que implementar en el resto de esferas de la lucha contra el cambio climático. Actualmente, las soluciones que se van imponiendo únicamente establecen una confrontación entre ricos y no ricos, excluyendo y culpabilizando a los segundos para que los primeros sigan disfrutando de los privilegios de su posición social.

Hace poco, Berna León -citando el informe del Carbon Disclosure Project- señalaba en la SER que el 70% de las emisiones de carbono procedían de solo 100 empresas. Ahí reside uno de los problemas y es donde debemos poner el foco. Señalar esas multinacionales y exigir a los gobiernos nuevas normativas medioambientales para que esas empresas dejen de hipotecar el futuro de la Tierra.  El cambio climático nos afecta a todas por igual, pero no todas tenemos la misma responsabilidad ni debemos asumir los mismos costes. Las grandes fortunas tienen más responsabilidad y deben asumirlo y verse obligadas a actuar en consecuencia.

Se da la paradoja de que podríamos estar ante el final de nuestro mundo, y la condición social que ha provocado ese final del mundo siga siendo innombrable: el capitalismo. Decía Frédéric Jameson que imaginamos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo. Nuestra tarea política es que eso deje de operar así. El ser humano lleva más de 2 millones de años en la tierra, 300.000 como Homo Sapiens y sólo ha sido en los dos últimos siglos de capitalismo cuando ha provocado un desequilibrio catastrófico del clima. El problema no es el humano, sino la condición social efectiva que ha adoptado estos 200 últimos años.

Es ahora cuando se hace más necesario que nunca fundar un nuevo ecologismo, popular y en positivo. Una nueva idea que persiga superar las lógicas de este sistema, para cuidar nuestro planeta, para imaginar y crear nuevas formas de organizarnos colectivamente. Un proyecto que no se haga a la contra de la gente, sino fortaleciendo sus deseos y aspiraciones. Porque las que creemos firmemente en la lucha contra el cambio climático, sabemos quiénes son los principales responsables y cual es el sistema que lo ha provocado. Y no tenemos ningún miedo a que deban pagar y asumir su parte de responsabilidad para salvar nuestro hogar que es el planeta Tierra.

Algunos sueñan con la falsa ilusión de que podremos huir del planeta y vivir igual en otro. Tesla ha puesto la primera piedra de esa ilusión con los viajes espaciales para los ricos. No hay escapatoria a la Tierra, y si la hubiera pasaría lo mismo en otro planeta. Es la idea de Jameson elevada al cuadrado: no me puedo imaginar el fin del capitalismo así que me imagino viajando a otro planeta cuando haya destrozado éste.

Esto no va de huir a otro planeta ni de añorar un pasado de armonía con los ciclos naturales que ya no existe. Va de fundar un nuevo sistema que logre acoplarse a los ciclos de la Tierra, que erradique los excesos de los privilegiados y la arrogancia de las multinacionales, que ponga la vida de todas en el centro y volvamos a ser comunidad y pueblo para afrontar colectivamente los desafíos que tenemos en el futuro.

Por Naiara Davó

Diputada en les Corts Valencianes por Unides Podem

02/09/2021

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La vicepresidenta Delcy Rodríguez ofrece declaraciones en Caracas, Venezuela, el 7 de abril de 2021Manaure Quintero / Reuters

El Gobierno de Venezuela dio a conocer este viernes la implementación de un nuevo decreto de carácter económico que busca incentivar la producción nacional, impulsar la exportación, ahorrar divisas, crear empleos y recuperar el ingreso real de los trabajadores.

El anuncio, efectuado por la vicepresidenta de la República y ministra de Economía y Finanzas, Delcy Rodríguez, se realizó un día después de informarse del lanzamiento del bolívar digital y el nuevo proceso de reconversión monetaria que entrará en vigencia el próximo 1 de octubre, con el que se eliminarán seis ceros a la moneda local.

Rodríguez notificó que a partir de los debates realizados en las mesas de trabajo con sectores productivos y con base en sus sugerencias, demandas, problemas y desafíos, el presidente Nicolás Maduro firmó un decreto para eliminar la exoneración de impuestos en 597 códigos aduanales relacionados con productos terminados, cuya libre importación estaría afectando a la industria nacional.

En ese sentido, explicó Rodríguez, se restablecerán aranceles para avanzar en una política de "sustitución estratégica" de importaciones,que se traducirá en el "impulso de la producción nacional" y "del motor exportador".

"No vamos a sustituir todo", resaltó la vicepresidenta, quien aclaró que "en ningún caso se cierran las importaciones", sino que la medida busca incidir sobre "aquellos productos terminados que estén compitiendo o afectando un producto de origen nacional", por lo que se procede a su inclusión dentro de una política tributaria.

Rodríguez agregó el decreto presidencial, que tomó en cuenta el diálogo con sectores relacionados con el área de alimentos (como azúcar, arroz, maíz, café, cacao y oleaginosas, entre otros), también incluye 59 códigos que estarán bajo la modalidad de "contingente arancelario", es decir, que cuando los productos hechos en Venezuela no puedan cubrir la demanda total del país, podrán importarse con exoneración de impuestos las cantidades necesarias para ese fin.

Garantizar el consumo nacional y el equilibrio de los precios

La también ministra resaltó que estas medidas, que se suman a "la consolidación del bolívar digital", buscan asimismo garantizar el abastecimiento del mercado nacional para el consumo local y mantener "el equilibrio en los precios" para la población.

"Es muy claro: donde no alcance la producción nacional y debamos importar, lo facilitamos", dijo Rodríguez, y resaltó que el Gobierno seguirá facilitando "el libre comercio" de bienes y productos como parte de una "apuesta estratégica y gradual" para la recuperación y estabilidad de la economía venezolana.

Con respecto al bolívar digital, comentó que la moneda venezolana mantendrá su mismo valor y se podrá transar en las casas de cambio de divisas. Además, circularán nuevos billetes para los sectores que aún requieren de pago en físico y que no se pueden adaptar a las transacciones electrónicas.

Rodríguez resaltó que estas medidas buscan empujar la estabilidad económica, ampliar las  potencialidades de las empresas nacionales, generar nuevos empleos, disminuir las importaciones no necesarias y ahorrar divisas, para crear un impacto positivo en la producción y así poder recuperar el ingreso de los trabajadores.

"Estamos en una política de sustitución estratégica y gradual de importaciones, no es sustituir la importación por sustituirla", dijo. Y aclaró que el plan —que es parte del trabajo realizado a través del Programa de Recuperación Económica lanzado en 2018— tiene la misión de fortalecer a los sectores nacionales que tengan en sus productos "altos componentes" locales, para que puedan competir con los rubros importados.

Ley de Compras Públicas

La vicepresidenta también detalló que el avance en esas medidas será acompañado por la Ley de Compras Públicas, que establece que las instituciones del Estado deben privilegiar la compra de productos fabricados en Venezuela.

"Los bienes que se producen en Venezuela, que tienen mercado nacional, van a ser acompañados por la Ley de Compras Públicas. Las compras del Estado deben estar dirigidas, primero que nada, a la producción nacional", indicó.

De igual forma aseveró que la puesta en práctica de esta ley permite el "aseguramiento del mercado para los productos que se fabrican en Venezuela", razón por la que el decreto presidencial acentúa "el apoyo a las pequeñas, medianas y grandes industrias a través de las exoneraciones totales o parciales".

En ese punto, el viceministro de Economía Productiva, Ricardo Sánchez, agregó que el Estado y los sectores industriales han establecido ya acuerdos para dinamizar la economía —sometida por años a un proceso hiperinflacionario— a través de diversos compromisos que permiten garantizar la dinámica productiva, entre ellos el suministro necesario de combustible.

"Venezuela sí puede producir y puede avanzar a pesar del bloqueo"

La titular de la cartera económica resaltó también que estas nuevas medidas del Ejecutivo se traducen en avances que contrarrestan el impacto negativo del bloqueo comercial y financiero impuesto por EE.UU. y la Unión Europea a su país.

"Lo importante es la nueva Venezuela, la Venezuela que no se somete al bloqueo", dijo Rodríguez, al recordar que "todo el pueblo" venezolano ha sido afectado "por medidas coercitivas unilaterales, extraterritoriales, ilegítimas e ilícitas", que a su vez han impactado sobre el aparato productivo y contra los sectores empresariales, comerciales, financieros y bancarios.

En razón de ello instó a generar conciencia sobre el impacto negativo de las sanciones contra su país, para que se comprenda la asfixia a la que han sido sometidos el Estado venezolano y su población y que ha significado un recorte de ingresos de 99 %. "Es como si le dijéramos a los empresarios que van a perder 99 % de sus ingresos", dijo con respecto al efecto de las sanciones.

A pesar de las adversidades, la vicepresidenta venezolana destacó que Venezuela avanza en el fortalecimiento de su economía con un nuevo modelo económico que no es dependiente del rentismo petrolero. "Venezuela sí puede producir y puede avanzar a pesar del bloqueo", dijo para asegurar que el país se encamina hacia "un proceso de recuperación" y de "crecimiento económico".

Publicado: 6 ago 2021 23:05 GMT

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Ulrich Brand: “Dentro del capitalismo no se resuelve la crisis medioambiental”

En su investigación, el politólogo alemán, junto a Markus Wissen, desenmascara, desde una perspectiva crítica e internacionalista, los tibios diagnósticos que las élites globales hacen de la crisis ecosocial en curso. Cuestiona al llamado "capitalismo verde" y la normalización que implica la invisibilización de los verdaderos obstáculos: "los intereses económicos y políticos". 

La vulnerabilidad de la naturaleza no es una cuestión global abstracta. Más de 100 personas murieron y al menos 1000 están desaparecidas como consecuencias de las inundaciones en Alemania y Bélgica. Las altas temperaturas récord en Canadá (50 grados) y en Estados Unidos han matado a cientos de personas. Hasta Siberia, en el extremo norte de Rusia, sufrió una ola de calor con incendios forestales. La ola de frío polar en Brasil logró algo inédito: niveles cercanos a cero grado y nevadas. “No es simplemente ‘la humanidad’ la que está actuando, sino que la manera como el humano actúa sobre la naturaleza siempre se trasmite dentro de la sociedad, a través de las relaciones de clase y género, así como de raza. El Antropoceno revela el poder humano, pero oculta de dónde proviene y cómo se ejerce ese poder. Para decirlo con Marx y Engels: no la humanidad como concepto abstracto, sino ‘la sociedad burguesa moderna, una sociedad que ha conjurado medios de producción e intercambio tan poderosos, como el hechicero que ya no puede controlar los poderes del inframundo que ha invocado con sus hechizos’”, explican los politólogos alemanes Ulrich Brand y Markus Wissen en Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, publicado por Tinta Limón, con traducción de Silke Trienke.

Modo de vida imperiales un libro que resulta fundamental y está llamado a convertirse en un clásico porque desde una perspectiva crítica e internacionalista, los autores desenmascaran los tibios diagnósticos que las élites globales hacen de la crisis ecosocial en curso, cuestionan al “capitalismo verde” (revolución pasiva, en términos de Antonio Gramsci, liderada por las fuerzas dominantes) y ensayan una propuesta radical centrada en la transformación de las formas de acumulación y de los modos de vida. El concepto “modo de vida imperial” que proponen Brand y Wissen, refiere a las normas de producción, distribución y de consumo que están profundamente arraigadas en las estructuras y prácticas políticas, económicas y culturales en la cotidianidad de la población del Norte global y cada vez más también en los países emergentes del Sur global. Este concepto de modo de vida sigue la tradición de Gramsci; los politólogos alemanes parten de la idea de que una estructura social contradictoria como la capitalista solo se puede reproducir cuando está arraigada en las prácticas cotidianas y en la racionalidad cotidiana, y por eso se convierte en algo “natural”. El adjetivo “imperial” busca enfatizar en la dimensión global y ecológica de este modo de vida.

La última vez que Brand (Mainau, Alemania, 1967) estuvo en Buenos Aires fue en 2018, cuando presentó el libro Salidas del laberinto capitalista: Decrecimiento y postextractivismo (Tinta Limón), en coautoría con el economista ecuatoriano Alberto Acosta. Desde Viena, donde reside, el politólogo alemán recuerda que vivió en Argentina en 1992, cuando vino a estudiar a la Universidad de Buenos Aires. “Nosotros empezamos a trabajar con el concepto modo de vida imperial no por casualidad en la crisis económica-financiera del 2008, cuando había cierta politización de la crisis ecológica, pero las medidas apuntaban al crecimiento. Entonces queríamos vincular lo cotidiano con la crisis ambiental y la globalización, argumentando que si nos quedamos con las políticas de desarrollo sustentable, las instituciones internacionales, el convenio sobre Cambio Climático, y no vamos a los obstáculos que son los intereses económicos y políticos, hay algo invisibilizado y normalizado en la cotidianidad de la gente, aunque ya tenga cierta consciencia ecológica”, dice Brand, profesor de Política Internacional en la Universidad de Viena, miembro del Grupo Permanente de Trabajo “Alternativas al Desarrollo” e integrante de la Fundación Rosa Luxemburgo.

-¿En qué sentido el capitalismo “verde” es también el problema?

-En Europa, aún más que en los Estados Unidos, hay una dicotomía muy equivocada, de dos proyectos de desarrollo. Un proyecto es el que niega la crisis climática, el trumpismo, el bolsonarismo, que es antiecologista y muy autoritario; es el business as usual (negocios como siempre). El otro proyecto es muy dinámico ahora en Europa con el European Green New Deal, el programa para la recuperación de 750 mil millones de euros para hacer frente a la postpandemia. Este proyecto se organiza en torno al concepto de economía verde, la modernización ecológica y la lucha contra el cambio climático. Para nosotros el capitalismo verde postula la idea de una renovación del capitalismo, un cambio de su fase fósil sin transformar sus formas sociales, sin cambiar la lógica del crecimiento, la lógica de la acumulación de capital. El capitalismo verde es una trampa; nosotros criticamos las discusiones “progres” que politizan la crisis medioambiental pero sin politizar las relaciones sociales con la naturaleza, las relaciones de clase y las relaciones Norte-Sur.

-¿En qué consiste la trampa del capitalismo verde? ¿En cambiar algo para que nada cambie?

-Sí, es cambiar la base energética hacia un posfosilismo, sin cambiar las lógicas de crecimiento y la acumulación. La desvinculación entre crecimiento, uso de recursos y emisiones es una esperanza del capitalismo verde. Se sabe que si tenemos crecimiento, tenemos más uso de recursos naturales y más emisiones. Es una trampa pensar que puede haber una desvinculación entre el crecimiento y el uso de recursos naturales. Hay que cuestionar el poder del capital fósil y el poder del capital digital, que ahora es tan fuerte. Dentro del capitalismo no vamos a resolver la crisis medioambiental.

-Si dentro del capitalismo no se va a resolver, la pregunta “leninista” sería ¿qué hacer?

-Nuestro argumento contra el capitalismo verde rechaza un dispositivo muy fuerte de la individualización de la responsabilidad: si tú consumes verde, si tú vives bien y te comportas bien, toda esa ola del behaviorismo que advierte que la gente tiene que comportarse bien para que se solucione la crisis medioambiental. Para empezar no hay que caer en la trampa del individualismo, donde la responsabilidad está puesta en los consumidores. La segunda trampa es la tecnológica, que plantea que con la digitalización se van a resolver los problemas. Todos los estudios indican que la digitalización implica un aumento enorme del uso de la energía; requiere más recursos. El cambio se hace a través de un conjunto que llamamos “modo de vida solidario” para reconocer que el capitalismo no lo atraviesa todo; que hay modos de vida solidarios, si pensamos en los pueblos indígenas y las personas que viven en comunidades, aunque tengan claramente una articulación con el capitalismo también. El capitalismo es un modo de producción muy dominante, para muchos muy atractivo, pero hay otros modos de producción. En nuestras sociedades hay un modo de producción público; el Estado tiene sus modos de producción en la salud, la educación, el transporte público, que no se organiza por la ganancia, por la acumulación de capital, sino por otras lógicas. En Chile casi todo ha sido privatizado, pero en Argentina no. No hay que caer tampoco en la trampa que el Estado lo haga todo, pero sí reconocer las diferencias entre una economía orientada al cambio de valor, a la ganancia, o una economía pública, solidaria, que hay que organizar y que vale la pena. Yo vivo en Viena, donde hay una larga tradición del sector público que hay que defender y mejorar. No podemos negar que al final es una lucha feroz por la valorización de capitales, del capital fósil, del capital digital, del capital de salud, el capital de las vacunas, el capital automotriz. Hay un poder tan fuerte de esos capitales que el Estado tiene que contribuir para decir: “el capital no puede organizar el mundo”. La otra opción es una oposición al extractivismo, al crecimiento; el discurso del “buen vivir”, sin romantizarlo, el discurso de tener una vida sana y digna no siempre creciendo, es importante, pero esas prácticas requieren de las condiciones sociales, porque si no existen las condiciones de un buen transporte, un buen sistema de salud, no hay “buen vivir”. Las luchas sociales son más importantes que el comportamiento individual.

-En el campo de las luchas sociales, ¿cuál te parece en este momento la más significativa?

-La respuesta es siempre coyuntural. Te diría que ahora en Europa las luchas de los jóvenes contra el extractivismo, contra la producción del carbón y la expansión de los aeropuertos, contra la construcción de más autopistas. Yo creo que con la victoria de Pedro Castillo en Perú queda claro el efecto de las luchas antiextractivistas. En la Argentina, después de la experiencia de (Mauricio) Macri con un neoliberalismo muy feroz, ¿qué significa que el gobierno de Alberto Fernández se quede en el extractivismo? Si ahora empieza un nuevo ciclo de los commodities, como dice Maristella Svampa, ¿qué significa si en dos o tres años hay ingresos hacia Argentina? ¿Va a la misma trampa que en 2003-2004 con los Kirchner, que no repensaron el modelo económico, sino que aprovecharon para profundizar el extractivismo? ¿Qué significa hoy en la Argentina 2021 reconsiderar el modo de vida imperial? El Pacto Ecosocial en América Latina y el Green New Deal de (Alexandria) Ocasio-Cortez en Estados Unidos son propuestas muy importantes para tener un sector público más fortalecido, asegurar el empleo y cambiar la matriz productiva. Pero si estas propuestas no consideran la otra cara de la moneda, de dónde vienen los recursos, se encaminan a una trampa. Lo que queremos es que se pueda discutir las deficiencias en las propuestas progresistas. El Pacto Ecosocial en América Latina me parece muy interesante, pero qué significa respecto de la dependencia del mercado mundial, de las transnacionales, pero también en la cotidianidad de la clase media argentina, por ejemplo, que quiere vivir como en Estados Unidos o como en Europa, dándole legitimidad al extractivismo.

-Como politólgo integra el movimiento decrecionista. ¿Qué le interesa del decrecionismo como propuesta económica y política?

-Yo sé que en América Latina no se puede usar la semántica del decrecionismo porque no tiene sentido en sociedades con tanta pobreza y con tanta experiencia de que el decrecimiento sea normalmente asociado a la austeridad neoliberal y a que los ricos se vuelven más ricos. Pero la idea principal del decrecimiento es deshacernos del imperativo del crecimiento que implica el extractivismo, que implica el consumismo, la destrucción. Yo sugiero repensar la sociedad argentina sin el imperativo de crecer, sino con otras prioridades: cómo se produce el valor de uso, cómo se produce lo común, cómo se produce la infraestructura pública, cómo produce el sector privado de una manera que no haya sobrexplotación y que no destruya la naturaleza. Este sería el aporte del decrecimiento, que no es decir “qué bien, la economía argentina cayó un 8 por ciento el año pasado por la crisis”. Eso es cambio por desastre. Decrecimiento es cambio por lucha, cambio por un modo de vida atractivo y solidario que permita deshacernos del imperativo de crecimiento y de las relaciones de poder de las grandes corporaciones. Tenemos que repensar toda la economía hacia otro modelo de bienestar que logre superar el capitalismo y el imperativo del crecimiento.

-¿La pandemia nos obligó a repensar la relación que tenemos con la naturaleza, pero no con los modos de producción?

-Es una pregunta interesante. Yo publiqué un artículo el año pasado en el que planteaba que la pandemia nos ofrece posibilidades para aprender y repensar las relaciones con la naturaleza. Pero lo que vimos fue una globalización feroz de las mercancías. En América Latina lo más importante es tener un modelo de bienestar para los ciudadanos de los países de la región y no para contribuir al bienestar de Estados Unidos, Europa y China. Hay que repensar la división internacional del trabajo, que es para América Latina siempre dependencia. Otra cuestión para repensar tiene que ver con la cotidianidad. Las personas con una buena casa, con un buen trabajo y con un buen sueldo que no tenían que salir de sus casas, pudieron aguantar mucho más fácilmente la pandemia que otras personas que tuvieron que salir a trabajar. ¿Qué significa esta división del trabajo al interior de la sociedad entre los que tienen que exponerse cada día a la pandemia y los que pueden trabajar en sus casas?La pandemia nos mostró un estado posneoliberal. La ley incuestionable, a nivel de la Unión Europea, era “los Estados no pueden endeudarse” porque eso significa inflación, pone en riesgo la competitividad, el crecimiento. La pandemia nos mostró que el Estado tiene que tomar el liderazgo. Ahora podemos transferir este aprendizaje a la crisis climática.

-¿Cómo se transfiere ese aprendizaje?

-Los mercados de carbono, los mercados privados, no van a solucionar la crisis ecológica. Necesitamos un Estado fuerte, no autoritario, no un Estado del capital, sino un Estado democrático, transparente, que quiera solucionar la crisis medioambiental. El deseo generalizado de volver a la “normalidad” después de la pandemia significa profundizar el modo de vida imperial con Amazon, con la digitalización, con las compras de las mercancías por Internet. Las personas que compran por Internet no piensan de dónde vienen las mercancías, no piensan en las condiciones laborales de los trabajadores que les llevan las mercancías a sus casas. La cotidianidad en el Norte global, pero también en el Sur, significa que la violencia cotidiana del capitalismo en contra de mucha gente, en contra de la naturaleza, se hace invisible, se normaliza. La pandemia profundizó las desigualdades existentes entre clases, entre géneros y entre Norte-Sur. Las clases medias altas y las oligarquías tienen un acceso directo al modo de vida imperial y quieren mantener ese acceso. Ellos quieren volver a una normalidad que ya antes estaba basada en una desigualdad enorme, sobre todo en el mundo del trabajo. Si la pelea por un nuevo orden mundial empezó, el control del conocimiento, el control de las vacunas ahora con las variantes del virus, va a tener un papel decisivo.

Digitalización y emancipación

-¿Cómo imaginás el futuro inmediato respecto de la pandemia?

-Tenemos todavía dos o tres años más para controlar realmente al virus. Cuándo empiezan las políticas de austeridad y quién paga las cuentas es la gran pregunta. Yo creo que la Unión Europea va a cambiar su estrategia de poner tanta plata en la economía para optar por políticas de austeridad. Esto ya pasó en 2010, en 2011, si nos acordamos de Grecia. La digitalización, que empezó antes de la pandemia, se profundizó de una manera que no podíamos pensar a principios de 2020. La digitalización, que nos permite comunicarnos ahora entre Buenos Aires y Viena, es el poder de Facebook, de Netflix, de Amazon, de Zoom; pero es también una nueva inscripción en nuestros cuerpos, en nuestras mentes, en nuestras subjetividades, que anda por el celular, por Internet, por Netflix. Va a ser difícil pensar qué significa esta digitalización para una perspectiva emancipatoria. Tenemos una industria cultural como llamaron los filósofos de la escuela de Frankfurt como Adorno tan fuerte que el gran desafió ahora es cómo democratizar la digitalización.

01/08/2021

Publicado enMedio Ambiente
América Latina y el mandato exportador

Economistas ortodoxos y neodesarrollistas tienen un punto de acuerdo: América Latina debe exportar. Pero el fetiche de las exportaciones como fuente de desarrollo se basa en la omisión de una serie de condiciones asociadas al pago de las deudas, a la explotación de la fuerza de trabajo y a conflictos sociales y ecológicos existentes en toda la región.  

 

El desarrollo de las fuerzas productivas orientadas por el impulso de la demanda externa forma parte de América Latina y el Caribe desde su integración a la economía mundial. En ese origen, las necesidades metropolitanas se imponían sobre las locales a la hora de ordenar qué se produce y cómo se lo hace, lo cual implicó una trayectoria de más de trescientos que fue definiendo qué negocios privilegiar y generó estructuras productivas, actores sociales e imaginarios, todos ellos factores que pesan a la hora de pensar alternativas de desarrollo.

La modalidad primario-exportadora fue la privilegiada a la hora de establecer la inserción de la región en el mundo decimonónico, bajo el peso privilegiado no solo de los mercados externos sino de los capitales extranjeros en las economías recientemente nacionales. Las incipientes burguesías locales crecieron asociadas a este impulso. No es de extrañar entonces que aparecieran tan mezcladas las ideas de independencia nacional y la sociedad con los capitales extranjeros.

Esta fusión fue puesta en duda en todo el continente en las vísperas de los centenarios de las revoluciones independentistas, y fermentó en un clima con rasgos antiimperialistas más o menos generalizados. Este ánimo fue usado, a su vez, por muchos gobiernos de la época para renovar sus esfuerzos de nacionalización de la cultura, persecución de extranjeros «indeseables» y represión de la protesta social. Este reverdecer nacionalista se combinó con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que fue un primer traspié para el hasta entonces motor de la acumulación, que terminó de desbaratarse durante el interregno abierto entre la crisis de la década de 1930 y la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Ese período abrió la oportunidad al desarrollo de industrias locales ante la interrupción del abastecimiento externo. Con dudas y reticencias de las elites locales, fueron décadas en las que la acumulación debió reorientarse ante la destrucción masiva de las economías centrales europeas y su desplazamiento por Estados Unidos. Fueron los años de la llamada industrialización por sustitución de impoertaciones, apoyada en la amplia red de talleres desarrollada en las márgenes durante la etapa previa. Casi todas las economías de la región atravesaron cierto impulso industrializador en esas décadas.

Sin embargo, a partir del final de la guerra, con la presión por volver a los negocios «como siempre» de las multinacionales, la continuidad del proceso se restringió a las economías de mayor tamaño relativo, cuyos Estados tuvieron un rol protagónico. Muchos de los proyectos iniciados en esos años madurarían décadas más tarde, dando lugar a «anómalas» producciones de alto valor agregado o composición tecnológica. Durante estas décadas, los flujos de intercambio externo jugaron un rol menos significativo que en el pasado, sin por ello dejar de tener importancia.

La deuda como organizadora de la producción

Esa desconexión relativa empezó a quebrarse en la década de 1970. Operó entonces una reconfiguración de la acumulación a nivel mundial. El ascenso neoconservador en Estados Unidos y Gran Bretaña pondría fin no solo a los arreglos internos en torno a los Estados de Bienestar, sino a los acuerdos monetario-financieros de Bretton Woods, que moldearon los intercambios internacionales por tres décadas. El inicio de las reformas de apertura en China se conjugó en este escenario, para facilitar la incipiente reestructuración de la producción, en forma de cadenas globales de valor y el despliegue de un vigoroso proceso de financiarización. En este momento crítico de quiebre, se inició lo que luego se conocería como neoliberalismo.

Vale resaltar que en un gran número de países de la región —incluidas las poderosas economías argentina y brasileña— la adaptación a estos cambios se dio de la mano de sangrientas dictaduras. No sería preciso suponer que se contaba con un modelo claro de antemano. Por supuesto, existían grupos de presión en el campo de las ideas, donde la ortodoxia neoliberal había ganado presencia con think tanks, becas, publicaciones y cuadros técnicos, todo en estrecho vínculo con las empresas de mayor porte. Pero también existían al interior de estas mismas dictaduras quienes daban relevancia a la industria y a ciertos sectores estratégicos por un problema de soberanía militar. La confluencia se encontraba en la orientación represiva, excluyente y contraria a la organización de las mayorías sociales.

La llave del cambio vino por un canal financiero. La acumulación de dólares excedentes en los sistemas financieros de los países centrales fue reciclada en forma de préstamos casi compulsivos a los países latinoamericanos. Pautados a tasas bajas, pero variables, renegociados anualmente, sin destino específico, sirvieron para responder al impacto de la suba de precios del petróleo como para financiar el terrorismo de Estado. En muy pocos casos los préstamos se canalizaron a la inversión productiva. También fueron a empresas estatales que no precisaban de esos fondos, pero luego deberían pagarlos, lo que reducía su capacidad operativa. Esta abundancia de fondos se vio abruptamente interrumpida a inicios de los años 80, tras la suba de las tasas de referencia en Estados Unidos. Los fondos se retiraron de la región de manera súbita, dirigiéndose a los países centrales. Así, como castillo de naipes, casi todos los países de la región entraron en problemas de pagos. Tanto la entrada masiva de capitales como su salida en estampida fueron definidas por prioridades y arreglos en los países centrales. Pero la crisis recayó sobre la periferia.

¿Por qué es importante remarcar esto? Porque la gestión de la crisis de la deuda en la década de 1980 terminó de dar forma al giro en torno al desarrollo de la región. A pesar de los intentos de organizar clubes de deudores, la presión de los acreedores se impuso. Durante la llamada «década perdida» la región prácticamente no creció, lidió con severos problemas de inflación y una regresividad manifiesta, debió ajustar sus presupuestos, enfrentó términos de intercambio desfavorables, pero al mismo tiempo transfirió valor en forma de pagos. Aun así, su deuda creció. Poco importó el origen de dudosa legalidad y legitimidad, las violaciones de derechos humanos de los gobiernos que recibían los fondos ni la corresponsabilidad de los acreedores.

La cesación de pagos generalizada ponía en crisis los balances contables en las casas matrices, lo cual podía hacer tambalear las economías centrales. Por eso, los Estados intervinieron de manera oficial, negociando durante una década hasta dar forma, tras el hito del plan Baker, al plan Brady, que permitió a inicios de la década de 1990 canjear la deuda en mora por nueva deuda en regla, a cambio de la aplicación de una serie de «recomendaciones» que ya se conocían como Consenso de Washington. Si durante la década de 1980 maduraron proyectos puestos en marcha por el Estado en décadas previas, y se aceleró el proceso de reconversión productiva para obtener divisas, en la de 1990 esto se terminó de organizar con la quita de mecanismos de regulación estatal, privatizaciones, «desregulación» de una multiplicidad de mercados (incluido el laboral), firma de tratados de inversión y de libre comercio, y apertura comercial. La mayor parte de estos cambios se sostuvieron en la región hasta el presente.

¿Qué exportaciones?

La nueva orientación exportadora se forjó no para sostener los niveles internos de consumo ni el desmanejo fiscal, sino para pagar deuda. Con matices, la región se consolidó como exportadora de materias primas, sobre todo de productos agropecuarios, piscícolas, forestales, metalíferos y mineros así como su procesamiento básico. Para ello ha sido clave la falta de estándares ambientales. Algunos pocos países lo combinaron con la exportación de hidrocarburos, en ciertos casos, con muy bajo grado de procesamiento (por ejemplo, México exporta crudo para luego comprar gasolinas procesadas).

Esto es lo que se suele llamar «extractivismo», a saber la explotación a gran escala de recursos naturales o comunes, con alto grado de estandarización, intensivos en capital, para obtener productos de bajo valor agregado normalmente destinados a la exportación. O «neoextractivismo», cuando se combina con captura parcial de la renta asociada por parte del Estado, a través de impuestos o mediante su participación en la producción. Esto no quita que, en algunos casos, en estas producciones se paguen salarios relativamente altos. Pero se hace a costa de segmentar el mercado de trabajo, estableciendo una creciente heterogeneidad entre sectores económicos, que terminan por obstruir cualquier otra actividad productiva: ¿qué otras producciones son compatibles con esta especialización? A esto se suma además del grado de precarización y menor remuneración de las actividades conexas en la cadena de valor, mayormente subcontratadas en condiciones más pauperizadas. Los salarios de estos sectores son relativamente altos respecto de una media social precisamente desvalorizada para garantizar cierto nivel de competitividad externa.

Es habitual que las comunidades ubicadas en torno a los grandes proyectos no sean consultadas. Se trata de un derecho reconocido internacionalmente en el caso de comunidades originarias. Incluso cuando tentadas por posibles puestos de trabajo las comunidades saben que los empleos vienen de la mano de la destrucción de fuentes alternativas (¿cuántas granjas ha arruinado la explotación petrolera por fractura hidráulica, por ejemplo?) y la afectación directa de la salud de las poblaciones vecinas a los emprendimientos extractivos. Las economías regionales devastadas por el huracán neoliberal hoy son presentadas así como zonas de sacrificio.

Muchas de estas críticas son descartadas, consideradas fatuas no solo por partidarios de visiones ortodoxas de la economía, sino por quienes se consideran neodesarrollistas. No se ha reparado lo suficiente en esta llamativa coincidencia en la veneración a las ventajas comparativas —basadas en la dotación dada de factores o recursos con que cuentan las naciones, como «dones» naturales—. Lo que la ortodoxia abraza como mandato, el neodesarrollismo parece aceptarlo como resignación. Aunque siempre se afirma la necesidad de agregar valor y crear empleo sobre estas ventajas, no se cuestiona la preeminencia de esta fuente de acceso a divisas por la vía exportable.

En algunos países, la especialización primaria se combinó con la provisión de fuerza de trabajo barata, a través del emplazamiento de industrias bajo el modelo de maquilas. Se trata centralmente de la industria textil, la electrónica y la del transporte, orientadas a la exportación a Estados Unidos, como ocurre en Centroamérica y México. Este conjunto de economías se especializa en el uso de fuerza de trabajo mal remunerada para la especialización orientada a la exportación. A este fenómeno Ruy Mauro Marini lo llamó superexplotación de la fuerza de trabajo. Menos teorizado se lo puede entender como el caso de quienes tienen empleos que no les permiten salir de la pobreza. Debe añadirse que en este caso que la desigualdad de género es particularmente explotada como fuente de ganancias: mujeres peor pagas y con peores condiciones laborales como motor de desarrollo.

Finalmente, el turismo es el único servicio en que la región obtiene superávit en el comercio exterior. Esto habilita a múltiples proyectos de inversión que aprovechan la belleza paisajística y la fuerza de trabajo relativamente barata. Al igual que la maquila, se distinguen de la explotación de recursos por ser más demandantes de trabajo, predominantemente mujeres, y en muchos casos con niveles de calificación relativamente bajos. Debe anotarse que, en materia de especializaciones en la provisión de divisas, se pueden anotar dos variaciones más: el envío de remesas por parte de migrantes que debieron irse de su país de origen por falta de oportunidades, y remiten fondos a sus familiares, y las economías que funcionan como guaridas fiscales, lo que les provee cierto excedente de divisas. Aquí, claro, la ventaja está en la baja tributación y escaso control de las operaciones financieras. Ninguno de estos casos parece poder proponerse de forma explícita como proyecto de desarrollo, de modo que se evita resaltarlos en la agenda económica.

Ahora bien, las tres primeras especializaciones señaladas (extractivismo, maquila industrial y turismo internacional) estuvieron centradas en el desmantelamiento de las estructuras productivas internas. No respondieron a necesidades nacionales o a programas de desarrollo, sino a la crisis y la necesidad de obtener recursos externos y fiscales para pagar deuda. Es decir, no fueron puestas en marcha para sostener el consumo ni la inversión. En algunos casos, las exportaciones tienen baja demanda de fuerza de trabajo y en otras dependen de remunerar mal a la misma. No parecen ser promesas de desarrollo atractivas.

Un fetiche de exportación

Las especializaciones productivas de exportación en la región no se fundamentan en programas de desarrollo nacional, ni en el objetivo de superar las barreras impuestas por la escala de mercado, ni en prioridades internas de consumo o inversión, ni siquiera de recaudación. Tampoco se sostienen sobre mecanismos de integración de segmentos clave de las cadenas de valor, ni en la aplicación de conocimientos generados en la región. Se justifican en la urgencia de obtener divisas, como mandato ante la aparente escasez que limita el crecimiento. Sin embargo, la tracción importadora asociada al crecimiento está basada en la propia apertura temprana de las economías latinoamericanas, que desmanteló actividades que bien podrían realizarse localmente.

Más aún, la región no muestra una situación de déficit sistemático en su comercio exterior, ni tampoco los superavits y déficits están asociados a fases de crecimiento o crisis. Mientras que el saldo agregado tiene cierta variabilidad, la salida de divisas por el pago de intereses y de utilidades es sistemático. El saldo negativo de estas rentas se multiplicó por siete en las últimas cuatro décadas, permaneciendo en torno a 3% del PBI desde 1990. Esta brecha debe cubrirse de alguna manera, y es allí donde las exportaciones juegan el rol crucial, tanto para la ortodoxia como para parte de la heterodoxia, que no cuestionan la dinámica de la deuda o el rol del capital extranjero en general.

La inversión extranjera directa, muchas veces asociada a grandes proyectos de desarrollo, se muestra en las últimas décadas como una suerte de pinza, en la que cada vez se necesita más inversión para dejar un mismo aporte de divisas, descontando lo que se va en materia de utilidades remitidas al exterior. En la última década (2011-2020), esta inversión dejó un aporte neto de divisas similar a la fase 1994-2003, pero con un nivel de inversión dos veces y media mayor (lo que representa un menor aporte en el PBI total). Es decir, el esfuerzo para atraer inversiones es cada vez mayor. No en vano, la mayor parte de la región ha sostenido su adhesión a la institucionalidad de los tratados de inversión (con las excepciones de Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela). América Latina y el Caribe es la región con más demandada por inversores ante tribunales internacionales y 70% de resoluciones fueron favorables a sus intereses. Acumula 21.807 millones de dólares en arreglos desfavorables, lo que es equivalente a toda la inversión extranjera neta de 2020.

El fetiche de las exportaciones como fuente de desarrollo se basa en la omisión de esta clase de consideraciones. Por supuesto, para la ortodoxia económica y los defensores de las grandes corporaciones, esto no constituye un problema. Para una gran parte de la heterodoxia, que no ignora el problema, se trata de un mandato de realpolitik. Incluso cuando no ocupan cargos de gobierno. Esto es extraño, porque al mismo tiempo que reconoce la necesidad de incrementar exportaciones para pagar estas salidas de divisas, elude cualquier consideración respecto de la capacidad de lobby y el peso estructural que adquieren los actores asociados. Su promoción no parece compatible con posteriores controles o regulaciones, a menos que se tenga una idea precaria de las dinámicas de poder o ilusiones respecto de la capacidad de los Estados (en especial, los subnacionales) de eludir la captura por parte de estos actores poderosos. ¿Por qué motivo los actores económicos especializados en actividades tal como existen hoy cederían recursos económicos y políticos para su propio debilitamiento?

Ante la insuficiencia de argumentos para responder estas dudas, no pocas veces hemos visto la reacción conservadora, incluso agresiva, por parte de ortodoxos y heterodoxos que demandan exportar más, ahora mismo, relegando la distribución del ingreso a un «futuro promisorio» si se logra primero consolidar un modelo de crecimiento traccionado por exportaciones. La urgencia se basa en la imposibilidad de cambiar las relaciones externas o discutir procesos de largo alcance. Y al hacerlo, suelen ridiculizar las objeciones de ambientalistas, comunidades locales o incluso sindicatos. Está claro, nadie a esta altura supone que una economía puede sobrevivir aislada del intercambio con el mundo. La propuesta no es aislacionismo y primitivismo, sino desarrollo basado en las necesidades locales, en garantizar niveles de vida decentes para toda la población. Y en esto, la orientación exportadora de las últimas décadas, bajo gobiernos de diferentes ideologías, tiene un número elevado de cuentas pendientes. 

 
Julio 2021

Publicado enEconomía
El ‘chipagedón’, apocalipsis en el mundo digital

No hay microchips suficientes para abastecer el mercado. La rotura de ‘stock’ es planetaria. Se ha parado la producción de nuevas videoconsolas, teléfonos móviles y coches eléctricos. E incluso afecta a la geopolítica mundial. Le explicamos por qué se habla ya del ‘armagedón de los chips’.

 

Si pretende usted comprar la última videoconsola, es probable que tenga que esperar uno o dos años. ¿El nuevo modelo de teléfono móvil que ha salido al mercado? Se agotaron las existencias nada más ponerse a la venta. ¿El flamante coche eléctrico del que todos hablan? No hay stock. Póngase a la cola…

¿La razón? No hay microchips suficientes, a pesar de que las fábricas trabajan 24 horas, siete días a la semana. Y sin chips en su interior no funciona ningún producto electrónico. Si los datos son el petróleo de la economía digital, los chips son el motor. El problema es que solo tres compañías abastecen al mercado mundial: TSMC (Taiwán), Samsung (Corea del Sur) e Intel (Estados Unidos). Y puede que pronto sean dos, dados los problemas del gigante americano, que se ha quedado descolgado en la frenética carrera hacia la miniaturización que se inició hace sesenta años. Porque la tecnología para construir los semiconductores, que son cada vez más potentes, más densos y sobre todo más pequeños, se ha vuelto tan complicada y tan cara que nadie sabe, puede o quiere hacerlos, excepto los tres mencionados. Algunos expertos hablan ya, en términos apocalípticos, del ‘armagedón de los chips’ e incluso se han inventado una palabra: ‘chipagedón’. ¿Exageran? ¿O estamos ante un contratiempo tan inoportuno que puede cortocircuitar la economía mundial en plena recuperación?

Los primeros que se dieron cuenta de que algo iba mal fueron los early adopters. Esos clientes madrugadores que son los primeros en lanzarse a por las novedades. El director financiero de Sony, Hiroki Totoki, tuvo que salir a la palestra en pleno lanzamiento de la PlayStation 5 y disculparse por no poder satisfacer la demanda. El problema también afecta a la Xbox Series de Microsoft. Pero el impacto se nota en otras industrias. Apple tuvo que escalonar el lanzamiento del iPhone 12. Y eso que tiró de billetera para acumular una reserva de chips, pero no ha podido evitar los retrasos. Y así con miles de productos, sobre todo de gama alta.

Pero es la industria del automóvil la que se está llevando la peor parte. La escasez de chips (utilizados en los dispositivos del salpicadero, control de emisiones, sistemas de seguridad…) ha obligado a recortar la producción a muchas marcas. El sector de la automoción funciona con poco margen, así que no acumula suministros. Y redujo los pedidos de chips debido a la caída de las ventas por la pandemia. Pero a finales de 2020 las ventas se recuperaron antes de lo previsto. Las compañías de automoción descolgaron el teléfono y llamaron a los fabricantes de chips, pero se encontraron con que estos habían cambiado sus líneas de producción y reasignado los envíos a otros sectores. Y se tarda varios meses en reorganizar la fabricación y normalizar el suministro. Y hasta cuatro años en abrir una fábrica nueva. IBM, Intel y otros pronostican que hasta 2022 o incluso 2023 no se aliviará la situación.

La tormenta perfecta

Empezó siendo un problema logístico, pero algunos analistas temen que se esté incubando algo mucho peor: la tormenta perfecta. Un desajuste insalvable entre demanda y oferta. La primera es enorme y crecerá exponencialmente porque los móviles llevan cada vez más cámaras y mejores; por la transición al 5G y la generalización de la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, los satélites, el streaming… Hay que sumar la moda de las criptomonedas y los mercados en línea, que exigen una potencia brutal de procesamiento… Y la oferta ya no puede satisfacer esa demanda. Se trata de una industria rígida, con dificultades para adaptarse. ¿Por qué? El sector responde con un chiste: «Fabricar un chip no es ingeniería de cohetes espaciales, es mucho más difícil».

Silicon Valley toma su nombre del ingrediente principal de los chips: el silicio. Es el segundo componente más abundante de la corteza terrestre, tras el oxígeno. El silicio está en la arena. Pero hay que refinarlo hasta un 99,9999999 por ciento de pureza. Tiene una rara cualidad: es semiconductor. Dependiendo de la carga eléctrica, unas veces aísla y otras conduce. Por eso, los microprocesadores se fabrican con silicio, ya que la informática utiliza un lenguaje binario, de unos y ceros. Si deja pasar la electricidad es igual a 1; si no: 0. El primer gran cliente de las empresas de Silicon Valley fue la industria militar. Cuando los microchips se inventaron, en 1958, su primera aplicación fueron los misiles. Poco a poco, los transistores y circuitos integrados contribuyeron a reducir aquellas computadoras mastodónticas que ocupaban una habitación hasta llegar al ordenador personal y, más tarde, el teléfono inteligente, que cabe en el bolsillo… Hoy se fabrican un billón de chips al año, esto es, 130 por cada habitante del planeta.

Esa reducción del tamaño de los equipos va acompasada con la miniaturización de los microprocesadores. Y se basa en la ley de Moore, formulada por el ingeniero Gordon Moore -cofundador de Intel- en 1965. La ley sostiene que la cantidad de componentes que se pueden meter en un chip de silicio se duplica cada dos años. Esta jibarización parecía no tener fin… pero lo tiene. A finales del siglo pasado dejamos atrás el micrómetro (la milésima parte de un milímetro) y hoy medimos los chips en nanómetros (millonésima de milímetro; para que se hagan una idea, un cabello humano tiene 60.000 nanómetros). Pero Intel las pasó canutas con la generación de los 7 nanómetros, ya en la frontera de la electrónica cuántica. Samsung y TSMC consiguieron saltar a los 5. La compañía taiwanesa lidera el paso a la generación de 3. Y muchos piensan que más allá de 2 nanómetros es imposible avanzar porque te das de cabeza contra un muro inexpugnable: el de la física.

Una alarmante concentración

La ley de Moore es fruto del optimismo y la fe en el progreso tecnológico. Predica que menos es más. Cuanto más pequeño, mejor. Garantizaba que siempre habría una nueva hornada de productos para sustituir a los que se nos hicieron viejos… ¡hace dos años! Así crece la economía. ¿Estamos ante el fin de la era del silicio? ¿Hay que buscar alternativas para seguir reduciendo los componentes o se trata de un modelo agotado que, irónicamente, está basado en que los recursos del planeta son inagotables y, por tanto, lo que hay que cambiar es el modelo?

Los expertos no se ponen de acuerdo, pero sí en que se abre un proceso de incertidumbre y lucha geopolítica. Como en tiempos de la Guerra Fría, dos potencias se amenazan con la destrucción mutuamente asegurada. En este caso, económica.

China importa chips por valor de 300.000 millones de dólares al año porque no tiene capacidad de fabricación para satisfacer sus propias necesidades. Y sus importaciones eran principalmente de Estados Unidos, hasta que la Casa Blanca le impuso un embargo comercial acusando a sus empresas de espionaje. Ahora busca la autosuficiencia con un plan multimillonario para no depender del exterior en 2025.

Estados Unidos también se está quedando atrás en la fabricación por los problemas de Intel. Y Europa está atrapada en ese fuego cruzado. La UE reconoce que depende de Estados Unidos para el diseño de los microprocesadores y de Asia para la producción. Y las grandes compañías tecnológicas del mundo (que diseñan sus propios chips, pero no los fabrican) se han percatado de la dependencia casi absoluta que tienen de Taiwán y Corea del Sur, que ya acaparan el 80 por ciento de la producción. Se está propiciando, como en otras actividades económicas, desde el comercio a la agricultura, «una alarmante concentración», advierte The Economist. Cada generación de chips es técnicamente más difícil de fabricar que la anterior y, debido al creciente costo de construir factorías, el número de fabricantes ha caído de más de 25 en el año 2000 a solo 3. Hay un antecedente inquietante: en el siglo XX, el mayor punto de estrangulamiento económico del mundo estaba en el estrecho de Ormuz, por donde circula la mayoría del petróleo. Hoy, la economía digital depende de otro ‘avispero’. China reclama Taiwán y amenaza con invadirlo. Y los surcoreanos tienen otro vecino no menos incómodo: el régimen despótico de Kim Jong-un.

¿Por qué TSMC y Samsung han conseguido dominar el mercado hasta quedarse solos? Por unas inversiones gigantescas en I+D, que ninguno de sus competidores puede permitirse, y por las conexiones entre sus cúpulas directivas y sus gobiernos respectivos, que les aseguran que sus planes a largo plazo tendrán respaldo presupuestario. TSMC fue fundada en 1987 y empezó siendo la única que fabrica chips personalizados a gusto del cliente. En cuanto a Samsung, su principal cliente en sus comienzos era… la propia Samsung, un conglomerado de empresas electrónicas liderado por una de las diez familias que ayudó a reconstruir el país tras la guerra con el norte. Fue el polémico Lee Kunhee, su expresidente (fallecido el año pasado), el que tuvo la visión de que para garantizar que sus teléfonos y televisores funcionaran no podían depender de los chips de terceros países. Este duopolio entre Taiwán y Corea podría empezar a utilizar su poder en la fijación de precios. Y reavivar la inflación, que llevaba años adormecida. «Algunos televisores ya cuestan un 30 por ciento más. Y solo es la punta del iceberg», advierte Wired. Pero lo que se cuestiona, en el fondo, es la capacidad de la globalización para proveer de todo (al menos, a los países ricos) en tiempo récord. Ya pasó al principio de la pandemia con el material sanitario… y con el papel higiénico. Quizá la lección es que habrá que establecer prioridades. Para empezar, aprender a distinguir entre las cosas necesarias y las que no lo son tanto.


La fábrica más cara del mundo

Las fábricas en las que se elaboran los microchips son de una enorme complejidad. Requieren unas condiciones higiénicas tan rigurosas como las de un laboratorio científico y un consumo energético como el de una ciudad. De ahí que haya pocas. Estados Unidos siempre estuvo más interesado en diseñar microprocesadores que en fabricarlos. La empresa de semiconductores más grande del mundo es TSMC, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, y una de sus fábricas es la más cara del planeta. Se llama Fab 18 y está en el campus de Tainan, al sur de Taiwán. Ha costado 17.000 millones de dólares. Y su maquinaria y sus filtros de aire para mantener un ambiente estéril consumen tanta electricidad como una ciudad de 100.000 habitantes. TSMC está valorada en 228.000 millones de dólares y Apple, Visa, Disney o Alibaba no serían lo que son sin los procesadores que les suministra.

 Por Carlos Manuel Sánchez / Fotos: Getty Images y Cordon Press

Así explota el capitalismo chino Entrevista a ​Jenny Chan

En su libro Morir por un iPhone, Jenny Chan relata la vida y las condiciones laborales de los jóvenes que trabajan en Foxconn, una empresa con sede en Taipéi que fabrica productos para Apple. Allí demuestra que el rápido crecimiento económico chino se basa en un sistema fabril que depende de la superexplotación de cientos de millones de trabajadores y trabajadoras. Frente a la represión, estos han hallado formas creativas de resistencia pero a veces la única opción que encuentran es el suicidio.

El ascenso de China como potencia económica y política dominante es un hecho central de nuestra época. Ese ascenso se basa, en parte, en una implacable represión de los trabajadores. El desarrollo chino se produce en un periodo de globalización, cuyo modelo se plasma en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que protege los derechos de propiedad, hace cumplir los contratos y asegura las inversiones, pero no dice nada sobre los derechos laborales.

Jenny Chan, profesora asistente de Sociología en la Universidad Politécnica de Hong Kong, realizó un trabajo pionero al explorar el surgimiento de una nueva clase trabajadora en China. Se trata de una clase trabajadora de jóvenes migrantes procedentes del campo, que trabajan muchas horas en empleos mal pagados y viven en condiciones atroces.

Junto a Mark Selden y Pun Ngai, Chan escribió Morir por un iPhone (Peña Lillo/Continente, 2014), recientemente traducido al inglés, en el que relata las condiciones de explotación laboral que viven las trabajadoras y los trabajadores de una empresa con base en Taipéi que fabrica productos para Apple. Sus investigaciones han avanzado desde entonces y ha logrado mostrar las condiciones de explotación laboral que dan cuenta del crecimiento económico chino.

A pesar de la represión, hay una larga historia de lucha de los trabajadores en China. ¿Podría comenzar con un breve resumen de las últimas décadas de intentos de los trabajadores por hacer que sus vidas sean más vivibles?

Durante un siglo, en la China moderna ha habido luchas por dirimir quién controla los frutos del trabajo industrial y agrícola. Primero fue una lucha contra el Estado; hoy es una lucha contra un régimen mixto o híbrido que incluye al Estado y al capital privado.

En muchos trabajadores y trabajadoras hay una gran frustración y resistencia. ¿Por qué? Porque trabajan 12 horas al día y las largas jornadas laborales no les proporcionan un salario digno. Esta nueva clase trabajadora es enorme: 300 millones de trabajadores migrantes han abandonado el campo, la mayoría son jóvenes con grandes esperanzas de tener una vida mejor en la ciudad. No quieren trabajar la tierra, como hicieron sus padres, sino disfrutar del consumo y la tecnología urbanos. Pero terminan viviendo en dormitorios de fábricas, o en otras residencias baratas donde les resulta difícil siquiera pensar en tener una familia o echar raíces en la ciudad. Las investigaciones hallan que la rotación de personal en las fábricas de productos electrónicos es alta y, sin embargo, los gerentes se preocupan principalmente por la productividad fabril y la calidad del producto. ¿Y el bienestar de los trabajadores?

¿Las luchas de los trabajadores se volvieron más frecuentes después de que China pasara a ser parte de la OMC en 2001?

Sí. A medida que China se integraba más en la producción transnacional y el comercio mundial, las provincias comenzaron a enviar aún más trabajadores rurales para satisfacer la demanda masiva de servicios, construcción y trabajo fabril en las ciudades. Durante las últimas dos décadas ha habido una alta movilidad tanto de capital como de mano de obra. La inversión directa asiática, estadounidense y europea dio una nueva forma al modelo de crecimiento de China y lo expandió, atrayendo a más trabajadores al mercado.

Hablemos de su libro, Morir por un iPhone, que me pareció un relato impactante de la vida y las condiciones laborales de los jóvenes que trabajan en Foxconn, una empresa que fabrica productos para Apple. En primer lugar, ¿qué la llevó a estudiar a los trabajadores de Foxconn?

Foxconn es el mayor fabricante de electrónica por contrato en el mundo. En un momento, Foxconn contaba con un total de 1,3 millones de trabajadores, la gran mayoría en las 40 fábricas que posee en China. Pero su sede central está en Taipéi. También tiene grandes fábricas en Vietnam, la India y República Checa. Foxconn afirmó que estaba planeando abrir una fábrica de LCD de grandes dimensiones en Wisconsin, aunque ahora no está muy claro si eso sucederá. China sigue siendo la principal fuente de rentabilidad de Foxconn. Durante los últimos diez años aproximadamente, Foxconn se ha estado trasladando hacia el centro y el suroeste de China, formando el principal centro industrial que conecta China con Oriente Medio y Europa como parte de la «Nueva Ruta de la Seda».

En Foxconn pueden verse todas las contradicciones de la economía global. Fabrica productos para Apple, la empresa icónica de nuestra época. En el contexto de un régimen comercial neoliberal, estructurado por los gobiernos de Estados Unidos y China, esta empresa ha desarrollado un sistema de producción brutalmente explotador. Mientras el mundo se maravilla con el último dispositivo de Apple, nosotros pensamos que valdría la pena centrar nuestra atención en los trabajadores que fabrican el producto. Y el hecho es que, cuando se suprimen derechos de los trabajadores en un gigante mundial como Foxconn, a los trabajadores de Estados Unidos, México, Brasil o Vietnam les resulta difícil mejorar sus salarios y condiciones laborales. Las luchas de los trabajadores en todo el mundo están más vinculadas de lo que a veces se cree.

¿Qué ha descubierto en Foxconn?

Fue impactante. En 2010, 18 jóvenes trabajadores migrantes intentaron suicidarse, sucesivamente. Cuatro sobrevivieron con heridas incapacitantes. Uno de las sobrevivientes tenía 17 años y había trabajado para Foxconn durante aproximadamente un mes. Debido a algún error administrativo, no recibió su salario. No tenía a nadie allí que pudiera ayudarlo. Recordemos: se trata de jóvenes migrantes que están fuera de sus casas por primera vez. Estos trabajadores y trabajadoras, en la flor de la juventud, llegan a Foxconn muy esperanzados; están aterrizando en una empresa Fortune Global 500 y se han ilusionado con un ambiente de alta tecnología con aire acondicionado, pero la realidad es muy diferente. Arman iPhones en línea durante 12 horas por turno.

Los turnos, de día y de noche, son muy largos debido al alto volumen de producción y los cortos plazos de entrega de estos artículos. ¡Es inconcebible que un consumidor deba esperar un mes para tener un nuevo modelo de iPhone! En el taller, los ingenieros industriales miden la producción, igual que los gerentes «científicos» tayloristas. Los trabajadores, los seres humanos, tienen sus cuerpos y mentes subsumidos por la máquina capitalista. Se sienten terriblemente desesperados.

Los plazos de entrega son cada vez más cortos, porque el tiempo es dinero. Nuestros amados iPhones están diseñados para volverse obsoletos rápidamente. En las fábricas no hay grandes esperanzas de que los operarios de montaje hagan carrera y obtengan un ascenso. Y muchos de estos trabajadores de Foxconn son pasantes provenientes de escuelas de formación profesional donde también sufren una gran explotación.

¿Qué sucedió en respuesta a los suicidios? En el libro hay una imagen de redes colocadas fuera de los dormitorios para que atajaran a las personas que intentaban suicidarse. ¿Fue esa toda la respuesta de Apple y Foxconn?

Esas «redes antisuicidio» o «redes de seguridad» todavía están en funcionamiento en muchas fábricas de Foxconn. Eso nos dice que los problemas, la presión y la desesperación siguen ahí. Si ha habido algún cambio en los últimos diez años, ha sido mínimo. Por lo que sabemos, Apple ha intentado ajustar el sistema de auditoría para enviar más personas a las fábricas y dormitorios a realizar entrevistas a los trabajadores. Pero es simplemente una medida de autoprotección. Fundamentalmente, Apple y otras empresas de tecnología dependen en gran medida de Foxconn y sus proveedores intermedios, así como de otros fabricantes de la red de producción global. La subcontratación de mano de obra tiene como objetivo transferir los riesgos y maximizar las ganancias.

Si los trabajadores de Foxconn, incluidos los pasantes, pudieran organizar su voz colectiva dentro de un sindicato, creo que las cosas serían muy diferentes, porque tendrían el poder de exigir lo que es realmente importante para ellos.

Cuéntenos más sobre cómo Foxconn usa a los pasantes.

Primero, la escala es enorme. Estamos hablando de cientos de miles de estudiantes para quienes trabajar para Foxconn es parte de su educación secundaria. Los gobiernos locales imponen una cuota de estudiantes como respuesta directa a los planes de la empresa; las escuelas de formación profesional bajo su jurisdicción deben proporcionar el número de pasantes que Foxconn y otras empresas necesitan.

Estas pasantías son una enorme fuente de mano de obra para Foxconn. En el verano de 2010, Foxconn tenía 150.000 pasantes, con edades de 16, 17 o 18 años. A estos jóvenes se les paga menos que a otros trabajadores por hacer el mismo trabajo en la línea de montaje. La ley china los considera estudiantes; no se los reconoce como empleados. La distinción legal es muy importante. El objetivo de Foxconn es contar con mano de obra flexible a corto plazo de la que se pueda deshacer fácilmente. Debido a su condición de estudiantes, no son beneficiarios de ningún seguro social, ni atención médica ni pensiones. Si se lesionan, nadie es responsable por ellos.

Es importante señalar que el futuro de los que llamamos «estudiantes trabajadores» es muy incierto. Están en la senda profesional y, debido a la intensa competencia en el mercado educativo, no aspiran a ir a colegios universitarios o universidades de primera clase orientados a la investigación académica. Estos pasantes esperan obtener habilidades profesionales útiles y una ventaja competitiva en el mercado laboral. Pero todos terminan en líneas de montaje durante sus pasantías, que a menudo se amplían para satisfacer las necesidades de producción. Si no trabajan duro, no se graduarán a tiempo. En este sentido, el trabajo estudiantil es trabajo forzoso, una forma moderna de esclavitud.

¿Cuánto tiempo pueden soportar los trabajadores el ritmo, la intensidad y la presión en Foxconn?

Varía. Los trabajadores y pasantes son creativos. Se involucran en diferentes tácticas de resistencia. A veces, simplemente fingen estar enfermos y juegan videojuegos en el dormitorio. Pero, por supuesto, son descubiertos después de uno o dos días; luego son devueltos a la línea de montaje. En otras ocasiones, fabrican deliberadamente productos defectuosos, lo que ralentiza el ritmo de producción.

Apple intenta cultivar una imagen de empresa progresista. ¿Hasta qué punto es cómplice de la situación en China?

Lo más «progresista» de Apple es su trabajo de relaciones públicas. Es muy buena para crear una imagen que cubra la realidad de su cadena de suministro. En 2017, el CEO de Apple, Tim Cook, en su discurso para la ceremonia de graduación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, dijo: «La misión de Apple es servir a la humanidad. Así de simple: servir a la humanidad». Y en el Informe de avances en la responsabilidad de los proveedores de Apple dice: «Hay una forma correcta de fabricar productos. Empieza por los derechos de las personas que los hacen». Nuestro libro es una exposición de varios cientos de páginas de lo mentirosa que es esa afirmación. La verdad es que Apple crea condiciones de trabajo horribles al enfrentar a los proveedores entre sí. Apple presiona a Foxconn, y Foxconn presiona a los trabajadores.

En 2010, en medio de la avalancha de suicidios de trabajadores, Foxconn fue el ensamblador final exclusivo del iPhone y un contratista importante para una amplia gama de productos electrónicos de Dell, HP y otras marcas globales. Nos enteramos de que alrededor de 60% del precio de mercado del iPhone 4 fue a parar a los bolsillos de Apple. Mientras tanto, los trabajadores de montaje chinos obtuvieron solo 1,8% de la ganancia bruta. Esto nos dice casi todo lo que necesitamos saber sobre la desigual división global del trabajo.

Ha mencionado que los trabajadores de Foxconn necesitan un sindicato. China tiene, en teoría, el sindicato más grande del mundo, la Federación Nacional de Sindicatos (FNS) de China. Pero no es un sindicato independiente; está controlado por el Estado y las empresas. ¿Qué opinión tienen los trabajadores de la FNS?

¡La presidenta del sindicato de Foxconn es la asistente especial del CEO, Terry Gou! ¿Cómo pueden los trabajadores confiar en el sindicato de la empresa? Los trabajadores quieren reclamar por sus derechos sindicales mediante elecciones abiertas y democráticas.

En el libro, usted escribe que la FNS en realidad impide el desarrollo de sindicatos independientes.

Correcto. La FNS es un aparato estatal. Sirve a los objetivos políticos y económicos del Estado. No rinde cuentas a sus miembros. En el mejor de los casos, los funcionarios sindicales locales median en los conflictos entre la gerencia y los trabajadores en tiempos de crisis para restaurar el orden y la estabilidad social, dejando intacta la estructura autoritaria de la administración.

¿Cómo protestan o expresan su descontento los trabajadores de Foxconn?

La mayoría de las veces, pasan por alto los sindicatos y se organizan de forma independiente. Cuando la fecha límite de producción se acerca, paralizan las líneas de montaje. Detienen el flujo de producción. Eso es crucial. Foxconn es el mayor fabricante de productos electrónicos del mundo. Tiene un sistema de producción estrechamente integrado, por lo que cuando una fábrica no está funcionando, los componentes claves no se suministrarán a otra parte de la línea de montaje.

Los trabajadores a veces obtienen algún apoyo de estudiantes universitarios o grupos de defensa de los derechos laborales a escala comunitaria. Pero estos grupos son muy vulnerables a la represión estatal. Hemos visto oleadas de represión gubernamental, desde la clausura de organizaciones de apoyo a los trabajadores hasta la detención de activistas obreros y el arresto de manifestantes.

El descontento laboral ha mostrado resultados ambivalentes. Por un lado, las autoridades han aumentado la vigilancia. Por otro lado, han incrementado los salarios y los beneficios para estimular el gasto doméstico.

Durante nuestro trabajo de campo, hablamos con los trabajadores no solo sobre la elaboración de estrategias para exigir salarios más altos o mejores beneficios –si bien eso es realmente importante– sino también sobre sus demandas políticas. Necesitan más apoyo externo para cambiar las regulaciones sociales, económicas y legales, no solo para empoderarse en término de derechos laborales, sino también para mejorar su educación, vivienda y atención médica, de modo que la vida pueda ser mejor en el largo plazo.

Dadas las recientes medidas enérgicas contra las alianzas entre estudiantes y trabajadores, ¿qué pueden hacer los activistas por los derechos laborales dentro y fuera de China?

Solo tenemos que ser más cautelosos. Tenemos que entender que los costos de organizar y hacer campañas a gran escala pueden ser muy altos. Los principales dirigentes fueron humillados y obligados a admitir que violaron la ley al causar disturbios al orden público y poner en peligro la seguridad nacional. El gobierno amenazó a sus parejas o hijos para silenciarlos. A pesar de eso, lo bueno de China es que los estudiantes universitarios de izquierda, los activistas laborales y las organizaciones comunitarias nunca han sido completamente aplastados. Los grupos de estudio online y offline continúan. También se están desarrollando investigaciones sociales sobre el impacto del covid-19 en los trabajadores fabriles y de servicios. Eso es inspirador.

Hay espacio para la organización de base y la solidaridad transfronteriza, y para la responsabilidad empresarial y las campañas de concientización de los consumidores a escala internacional. Las empresas multinacionales suelen ubicar sus centros de producción en países pobres o en «desarrollo». Sus trabajadores no ganan un salario digno y mueren o se lesionan innecesariamente, trabajan muchas horas y sacrifican la vida familiar, mientras que las ganancias fluyen hacia las empresas. Los activistas de todo el mundo deben insistir en reglas comerciales mundiales que protejan los derechos de los trabajadores, y los consumidores deben comprender que las empresas son responsables de las condiciones en que se fabrican sus productos.

Su libro incluye algunos poemas escritos por trabajadores que resultan realmente conmovedores.

Su arte es una forma de activismo cultural. Los trabajadores recurren a los espacios digitales para hacer circular su poesía, canciones y videos. Sus poemas son punzantes.

Hay varios poemas muy potentes de Xu Lizhi, de 24 años. Falló en múltiples intentos de encontrar otro trabajo que lo sacase de la línea de montaje en Foxconn.

Aquí está uno de sus poemas, «Un tornillo cayó al suelo»:

«Un tornillo cayó al suelo / en esta noche oscura de horas extras, / verticalmente, con un leve tintineo. / No atraerá la atención de nadie. / Igual que la última vez, en una noche como esta, / cuando alguien se arrojó al vacío».

Nueve meses después de escribir este poema, Xu Lizhi se suicidó.

La absoluta desesperación de muchos de los trabajadores que conocimos en Foxconn se expresa mejor en lo que publicó en un blog un trabajador anónimo: «Morir es la única forma de testificar que alguna vez vivimos. / Quizás para los empleados de Foxconn y empleados como nosotros, / el uso de la muerte sea para testificar que alguna vez estuvimos vivos, / y que, mientras vivíamos, solo tuvimos desesperación.

Después de eso, no estoy seguro de poder decir algo más. ¿Desea hacer una última reflexión?

Espero que la gente lea nuestro libro. No solo para entender a Apple y Foxconn, sino para operar un cambio en estas empresas, para solidarizarse con los trabajadores de China y todo el mundo.

Publicamos este artículo como parte de un esfuerzo común entre Nueva Sociedad y Dissent para difundir el pensamiento progresista en América. Puede leerse la versión original en inglés aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Colonial Pipeline: el ciberataque que puso en riesgo el abastecimiento de combustible en EE. UU.

Biden acusó a hackers rusos, pero no apuntó al gobierno de Putin 

La empresa debió pagar cinco millones de dólares para poder normalizar el servicio, que de a poco empieza a normalizarse. 

 

El operador del oleducto víctima de un ciberataque el fin de semana pasado en Estados Unidos retomó este jueves la entrega de combustible en la mayoría de sus terminales. Se trata de la empresa Colonial Pipeline. La situación en las estaciones de servicio mejora de manera lenta.

"Colonial Pipeline hizo progresos sustanciales en la vuelta a operaciones de la red de oleoductos y podemos decir que la entrega de productos comenzó en la mayoría de los mercados que atendemos", indicó la compañía en un comunicado, después del incidente del pasado fin de semana, que dejó a la red sin abastecer a las estaciones de servicio.

La red de oleoductos de Colonial Pipeline es la más grande de Estados Unidos, con 8800 kilómetros. Sirve a toda la costa este estadounidense a partir de refinerías instaladas en el Golfo de México y por tanto transporta el 45 por ciento del combustible que se consume en el este de Estados Unidos. El hackeo dificultó la provisión de combustible en las estaciones de servicio. La situación derivó en conductores que hicieron largas filas para cargar combustible y hubo casos de desabastecimiento. 

Colonial Pipeline debió pagar cinco millones de dólares para poder normalizar el servicio. Al parecer, el rescate se pagó en criptomonedas para evitar que se pueda seguir la ruta del dinero. El pago se hizo de inmediato, reveló la agencia Bloomberg, dada la presión de la compañía para evitar el colapso en la provisión de combustible.

De acuerdo a Patrick De Hann, analista del sitio GasBuddy, la provisión podría normalizarse recién dentro de "varias semanas". Mientras, el precio subió por encima de los 3 dólares por galón (3,8 litros", en su primer repunte desde 2014. 

Por su parte, el presidente Joe Biden apuntó a Rusia por el ciberataque, si bien desligó al gobierno de Vladimir Putin. El mandatario dijo que hay "fuertes razones" para pensar en Rusia como país donde se originó el hackeo, y que han habido "comunicaciones directas" con Moscú para que tome cartas en el asunto. 

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