Albert Noguera, autor de ‘El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo’ (Akal, 2022).

Albert Noguera es el autor de ‘El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo’ (Akal, 2022). Le entrevistamos con motivo de la publicación del libro.

 

La victoria de Luis Arce y el Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones bolivianas de octubre de 2020 ponía fin a once meses de gobierno transitorio derechista, surgido del golpe contra Evo Morales, abriendo así un nuevo ciclo de cambio en el país andino. Hablamos con Albert Noguera, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València, sobre su último libro, El retorno de los humildes. El proceso de cambio en Bolivia después de Evo(Akal, 2022). Abordamos, al hilo del análisis que se ofrece en el libro, los acontecimientos que han sacudido la política boliviana durante los últimos años, en el marco de los movimientos políticos y sociales que se están dando en distintos lugares de América Latina

Este mes de marzo, Gabriel Boric ha tomado posesión como presidente de Chile. Durante 2020 y 2021 la izquierda recuperaba el poder en Bolivia y ganaba en Chile. ¿Hay una nueva ola progresista en América Latina?
No creo que Bolivia y Chile puedan enmarcarse dentro de una misma ola.

¿Por qué?
Son procesos con características distintas. Por un lado, el proceso boliviano es una continuidad de los gobiernos de la ola del socialismo del siglo XXI, que emergieron a finales de los 90 y la década del 2000, donde ubicamos a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Rafael Correa o Evo Morales. Mientras que, por otro lado, el reciente proceso en Chile estaría más cerca de lo que, en aquel mismo momento, caracterizó otra ola de gobiernos progresistas, con posiciones más ambiguas, como los de Lula y Rousseff o los de Kirchner.

¿En qué se diferencian estos dos tipos de gobiernos?
En muchos aspectos. Uno de ellos hace alusión a los registros desde los que se interpela y construye identitariamente a los sectores populares. Los primeros llevaron a cabo la construcción de grandes identidades unificadoras a través de conceptos como los de pueblo, trabajadores, lo campesino o lo originario. Mientras que en el caso de los segundos, estos grandes procesos identitarios colectivizadores fueron sustituidos por la referencia a conceptos ciudadanistas, como los de sociedad civil, ciudadanos o clases medias, que derivan en la existencia de sectores populares menos federados por discursos políticos colectivos y, en este sentido, de sociedades más individualizadas.

Otro aspecto a destacar es la relación que se plantea entre el Estado y la sociedad. En los primeros se articuló un estrecho nexo entre ambos, de manera que la sociedad operaba como masa de movilización capaz de otorgar al Gobierno la correlación de fuerzas suficiente para aplicar transformaciones estructurales. En los segundos opera, en cambio, la tradicional separación liberal entre sociedad y Estado, donde la primera actúa como mera agregación de ciudadanos-votantes que delegan la soberanía en el segundo, entendido como estructura técnico-administrativa de implementación de políticas públicas y, por tanto, separada de la sociedad.

Por último, podríamos hacer alusión a la manera de garantizar justicia y derechos sociales. Mientras que en el caso de los primeros tanto la justicia como los derechos sociales se garantizaron estableciendo una relación de confrontación con el capital, por medio de nacionalizaciones y empresas públicas, en los segundos se llevó a cabo desde la complementariedad entre Estado y capital. El Estado impulsa programas sociales consistentes en pagar al mercado los bienes que requieren los sectores menos favorecidos o entregándoles dinero para que acudan al mercado a comprarlos.

En el libro dices que el golpe de Estado contra Evo Morales de noviembre de 2019 no se puede explicar desde lo que llamas teoría simple del golpe. ¿A qué te refieres?
La teoría simple del golpe sería aquella que, en primer lugar, presenta la sociedad boliviana como dividida en dos polos prefijados, opuestos y aislados: por un lado, la despótica “oligarquía” y, por el otro, el virtuoso “Gobierno-pueblo”, sin nada en medio. Y que, en segundo lugar, entiende el golpe como una malvada confabulación perfectamente diseñada de antemano y ejecutada por el primer polo, con la ayuda del imperialismo norteamericano, contra el segundo. Este esquema, excesivamente simplista y mecanicista, no permite explicar la complejidad de los hechos que ocurrieron en Bolivia en noviembre de 2019 y que desbordan tal explicación. A la vez, tampoco permiten asumir ninguna responsabilidad ni hacer una autocrítica necesaria que nos lleve a aprender de lo que sucedió para que no se vuelva a repetir.

¿Cómo se produjo entonces el golpe?
En una entrevista publicada meses después del golpe en el periódico boliviano La Razón, le preguntaron a Evo: “¿Cómo fueron sus últimas 48 horas en la presidencia?”.  Y este respondía, sorprendido, que “los empresarios nos daban su respaldo y los obreros nos pedían la renuncia”. Tal respuesta pone en cuestión la explicación simplista y mecanicista del golpe y nos obliga a tener que explicar lo sucedido mediante un análisis mucho más complejo, que es lo que trato de hacer en el libro.

Un análisis más complejo… ¿En qué sentido?
Pues en el sentido siguiente: es cierto que el relato del fraude que actuó como ideologema central de las protestas los días posteriores a las elecciones presidenciales de 2019 se fabricó semanas antes desde los medios de comunicación privados. Pero también lo es que la protesta no se hubiera convertido en un estallido social de tal magnitud sin que se hubieran sumado a la misma sectores de las clases populares y de las clases medias urbanas, que no son de derechas, pero que vieron en la movilización la oportunidad de canalizar un descontento social acumulado durante las dos últimas legislaturas de Evo fruto de lo que en libro llamo los tres secuestros postconstitucionales de la soberanía por parte del Estado capitalista desarrollista. Esta cantidad de gente con un descontento acumulado, junto a una mala gestión política del momento por parte del MAS, así como las maniobras golpistas de la derecha y otros hechos sobrevenidos, favorecieron la creación de un escenario sobre el que la derecha improvisó una estrategia para colocar a Jeanine Áñez en la presidencia.

¿Podrías profundizar un poco más sobre lo que llamas los tres secuestros postconstitucionales de la soberanía?
Sí. La plurinacionalidad reconocida en la Constitución de 2009 no solo fue el reconocimiento de derechos identitarios y diferenciados para los indígenas o los afros, sino que implicó un nuevo Estado con un modelo económico comunitario, en el interior del cual se produce un nuevo reparto de poder que rompe con la idea liberal de soberanía única y centralizada, sustituyéndola por un modelo de soberanía plural y descentralizada que empodera y dota de instrumentos de participación a diversos grupos: las clases medias urbanas, que pasan a participar en la toma de decisiones políticas mediante mecanismos refrendarios, los indígenas, que pasan a adquirir formas de soberanía sobre sus territorios…

En el libro cuento como, a partir de 2010, empieza a producirse una reconfiguración de la alianza de clases del partido de los campesinos en el Gobierno, el MAS. Rompiendo lazos con parte del movimiento indígena y estableciendo una nueva alianza con el sector empresarial, lo que supone un giro en el proyecto económico del país hacia un modelo de capitalismo desarrollista de Estado. En este, el Ejecutivo pasa a convertirse en el motor y organizador central de todo el proceso de producción, acumulación y redistribución del excedente económico obtenido del extractivismo. Y tal papel del Estado, como organizador integral del sistema económico, va acompañado de una recentralización de la soberanía y del poder en el Ejecutivo que arrebata, vacía o secuestra la soberanía a los sujetos que la Constitución de 2009 había empoderado. Esto genera un descontento social en estos sectores, que se amplia y amplifica con la decisión de Evo Morales de hacer caso omiso al resultado negativo del referéndum del 21-F de 2016, sobre la posibilidad de una tercera reelección como presidente.

Pero si existía el descontento social al que te refieres, ¿cómo se explica que el MAS volviera a ganar las elecciones en octubre de 2020 acabando, así, con las pretensiones de los golpistas?
La protagonista del golpe no fue una derecha organizada, con apoyo social y proyecto de país, sino un conjunto de personajes oportunistas de cuarta categoría que se montaron sobre el estallido social para, de manera improvisada, tomar el poder y empezar a saquear lo público. En tan solo once meses del régimen de Jeanine Áñez, la presidenta destituye a 17 ministros por corrupción. ¡En once meses!

Como decía el teórico boliviano René Zabaleta, no basta con percibir plusvalía para ser una efectiva burguesía. También le corresponde a esta, para ser tal, cumplir con unas determinadas funciones de clase. En particular, llevar a cabo la construcción burguesa de la sociedad, del Estado, y del espacio de la ciudadanía. Crear, como señaló Hegel, un nexo orgánico entre sociedad y Estado, sin el cual el Estado capitalista no puede reproducirse. Sin embargo, nunca los sectores patrimonialistas dominantes en Bolivia se han preocupado de llevar a cabo estas funciones. Siempre han percibido el Estado, exclusivamente, como un espacio ajeno a la sociedad civil, desde el que administrar sus negocios y enriquecerse. Por eso hablo en el libro de que el proyecto de Estado de la derecha es un proyecto de régimen político pre-capitalista.

La corrupción de los 11 meses de Gobierno de Áñez, en plena pandemia, además, vuelve a poner este carácter de la derecha boliviana al descubierto. Y ello lleva a que las clases medias urbanas, que durante los últimos años habían mejorado sus condiciones y accedido al consumo, interiorizaran de manera rápida la amenaza que suponía que la derecha tomara las riendas de la gestión económica. Es este escenario el que les hace votar a Luis Arce, que había sido el ministro de economía de Evo y el artífice de su bienestar económico.

La victoria de Luis Arce fue arrolladora, ya en la primera vuelta de las elecciones.
Sí, obtuvo el 55,1% de los votos. Por este lado, si bien entre el 30% y el 35% de los votos provino del conjunto de estructuras orgánicas populares que conforman la base dura y el voto fiel del MAS, el 20% restante provenía, como digo, de las clases medias urbanas. Y no fue tanto un voto de apoyo al MAS como de rechazo y de miedo al retorno de la derecha corrupta. No fue un voto estructural sino, más bien, coyuntural. Prueba de ello son los resultados de las elecciones municipales y departamentales de abril-mayo de 2021. En este caso, el MAS arrasa en las municipales de las zonas rurales, mientras que los resultados entre la clase media urbana son malos. De las diez principales ciudades del país solo gana en dos, Oruro y Sucre. Y por lo que respecta a los gobiernos departamentales, obtiene tres de nueve: Oruro, Cochabamba y Potosí. Ello evidencia que uno de los grandes retos del MAS, si quiere abrir un segundo ciclo hegemónico, pasa por recuperar el apoyo de estas clases medias urbanas.

¿Cómo puede hacerlo?
Una de las maneras que planteo en el libro es invertir en servicios públicos de educación y sanidad de calidad. La Constitución de 2009 reconoce plenamente estos derechos. Pero en la práctica opera en el país un dualismo público-privado. Las capas más humildes de la población, sin recursos ni muchas posibilidades de mejora, ven satisfechos sus derechos a través del Estado. En cambio, ante la mala calidad de tales servicios públicos, las clases medias, que no ven satisfechas sus mínimas aspiraciones por lo que respecta a la calidad de los servicios públicos, deben cubrírselos a través del mercado. Ello no solo genera una pérdida de sentido de solidaridad por parte de estas clases medias, sino también su distanciamiento con respecto a un proceso que, desde su perspectiva, parece no ofrecerles nada.

Durante el primer ciclo hegemónico del MAS, la inexistencia de servicios públicos de calidad no tenía un coste político grande, ya que el apego de los sectores medios al proceso se lograba gracias a elementos coyunturales de otra índole. En primer lugar, la ampliación de la estructura del Estado, fruto de las nacionalizaciones y de una mayor intervención que permitió el acceso de muchos jóvenes de clase media con estudios universitarios a la estructura del Estado, creando una nueva clase de funcionarios públicos con buen salario. Y, en segundo término, el crecimiento económico generaba un derrame de riqueza que repercutía también en los sectores medios y populares. Sin embargo, en las condiciones de recesión económica postpandemia, estas condiciones coyunturales ya no operan. En este nuevo contexto, la única manera de acercar las clases medias urbanas al proceso político del Gobierno pasa por transformar el andamiaje de los servicios públicos de educación y sanidad, de manera que sea posible satisfacer las expectativas de estas clases. Esta sería una manera de integrarlos al proceso y de hacerlos sentir beneficiarios del mismo.

Y los sectores populares ¿se verían beneficiados por esta mejora de los servicios públicos en sanidad y educación?
Totalmente, unos servicios públicos de calidad implican una desestigmatización del status de los pobres, que pueden pasar a gozar también de servicios de calidad de los que hasta ahora solo gozaban los otros sectores sociales mediante el acceso al mercado. Se produciría aquí una eliminación no solo de la preponderancia del mercado, sino también del privilegio de status.

En todo caso, en el libro también te refieres a la distancia que algunos sectores de los movimientos populares e indígenas han establecido con respecto al MAS.
Sí, este es otro de los retos, restablecer los lazos con aquella parte del movimiento popular e indígena, especialmente del oriente del país, que se ha distanciado del MAS. Y ello exige corregir actitudes de los últimos años. En primer lugar, habría que cambiar la manera de “mandar”. El momento normativo no puede llevarse a cabo como decisionismo concentrado en la voluntad del presidente, sino como mediación entre Estado y sociedad. Igualmente, se debería cambiar la manera de resolver las tensiones entre las demandas sociales e indígenas y la política estatal. Tales tensiones entre ambos lados no pueden resolverse ignorando o reprimiendo las demandas, sino mediante la negociación y la aceptación parcial de las mismas. Si bien la implementación de un modelo de capitalismo desarrollista autóctono podría verse como necesario con el fin de dotar a las finanzas públicas del país de los recursos con los que financiar servicios públicos, se debe ser capaz de encontrar un equilibrio entre este y el proyecto de Estado plurinacional comunitario basado en el respeto a la cosmovisión indígena del territorio y la economía comunal.

Por Bruno Aste Leiva

Profesor de Derecho Constitucional. Universidad de Antofagasta (Chile) @BrunoAste1

29 mar 2022

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Compañeros de un soldado fallecido le rinden homenaje este domingo 27 de marzo de 2022 en el cementerio de Yuzhne (Ucrania). — Manuel Bruque / EFE

Los servicios de inteligencia ucranianos creen que la estrategia de Putin pasa por dividir al país al estilo de las dos Coreas.

 

La guerra en Ucrania entra en una nueva semana sin cambios significativos en el campo de batalla y con la esperanza de que las negociaciones comiencen a vislumbrar algo de luz hacia un acuerdo de paz que ponga fin a la invasión de Rusia. Esta madrugada, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha sido entrevistado por varios periodistas y ha aportado un importante matiz en la postura que mantenía hasta ahora. Ya se muestra dispuesto a aceptar un estatus neutral y no nuclear de Ucrania, a cambio de recibir garantías de seguridad. 

"Las garantías de seguridad y el estatus neutral y no nuclear de nuestro estado. Estamos dispuestos a aceptarlo. Este es el punto más importante", ha indicado Zelenski, tal y como recoge la cadena CNN. Así, ha hecho hincapié en que "cualquier acuerdo tendría que ser sometido al pueblo ucraniano en un referéndum".

En su discurso diario a la nación, Zelenski ha mencionado "la destrucción" de la libertad de expresión en Rusia y respecto a la entrevista con los periodistas independientes ha señalado que Rusia "tiene miedo de una conversación relativamente corta con varios periodistas y eso es que Ucrania lo está haciendo bien", según ha informado en un comunicado la página web de la presidencia de Ucrania.

"Nos espera una nueva ronda de negociaciones, porque buscamos la paz. De verdad. Sin demora. Según me informaron, hay una oportunidad y una necesidad de una reunión cara a cara en Turquía", ha recalcado Zelenski.

Tres días de negociaciones en Turquía

Efectivamente, Ucrania y Rusia han acordado que celebrarán una nueva ronda de negociaciones, esta vez de tres días, desde este lunes al miércoles, y en Turquía, según anunció el miembro de la delegación ucraniana, David Arahamiya, a través de las redes sociales.

"Hoy, en la ronda (de negociaciones) por videoconferencia, las dos delegaciones decidieron celebrar la próxima ronda en persona en Turquía del 28 al 30 de marzo", indicó en su cuenta de Facebook el líder de la fracción parlamentaria oficialista El Servidor del Pueblo.

El jefe de la delegación rusa, Vladímir Medinski, confirmó la cita, aunque sin mencionar Turquía, en su canal oficial de Telegram. "Hoy tuvo lugar otra ronda de negociaciones con Ucrania vía videoconferencia. Como resultado, se tomó la decisión de reunirse cara a cara" escribió, aunque él sostuvo que el encuentro tendría lugar del 29 al 30 de marzo.

Así, Zelenski ha reiterado que las prioridades de Ucrania en las negociaciones son la soberanía y la integridad territorial del país y garantías efectivas de seguridad. "Nuestro objetivo es obvio: la paz y el restablecimiento de la vida normal en nuestro estado natal lo antes posible", ha dicho.

"Hoy he apoyado el maratón mundial por la paz en Ucrania. No sólo en televisión. En decenas de ciudades de todo el mundo, la gente se reunió en apoyo de nuestro Estado, en apoyo de la libertad. Es un placer", ha subrayado el mandatario. Asimismo, ha aseverado que continuará "apelando a los parlamentos de otros países".

Ucrania teme que Putin pretenda emular "las dos Coreas"

Desde los servicios de inteligencia de Ucrania como desde el Ministerio de Defensa observan que Rusia está cambiando su estrategia de guerra. El Ministerio de Defensa sostiene que "las fuerzas rusas parecen concentrar sus esfuerzos en intentar rodear las fuerzas ucranianas que se enfrentan directamente a las regiones separatistas en el este del país, avanzando desde el norte desde Járkov y desde el sur desde Mariúpol".

Mientras, el jefe de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, el general de brigada Kirill Budanov, ha apuntado que "después de los fracasos cerca de Kiev y la imposibilidad de derrocar al Gobierno central de Ucrania, (el presidente ruso, Vladímir) Putin, ya está cambiando sus principales direcciones operativas hacia el sur y el este".

Y ha introducido un nuevo concepto en lo que llevamos de guerra. "Hay razones para creer que está considerando un escenario "coreano" para Ucrania. De hecho, este es un intento de crear Corea del Norte y Corea del Sur en Ucrania. Después de todo, (el presidente ruso) definitivamente no puede capturar todo el país ", dijo Budanov.

Desde fuera de Ucrania, institutos de análisis observan que Rusia intentará romper de nuevo la resistencia después de reagruparse en territorio bielorruso, al tiempo que proseguirá su ofensiva en el sur y el este de Ucrania, especialmente en el Donbás.

El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, en inglés), con sede en EEUU, considera que "el Ejército ruso continúa concentrando reemplazos y refuerzos en Bielorrusia y Rusia al norte de Kiev, para luchar por posiciones en las afueras de la capital e intentar completar el cerco y la captura de Chernígov".

En su último análisis, el ISW afirma que "las actividades rusas alrededor de Kiev no muestran cambios en la priorización del alto mando ruso de la lucha alrededor de la capital de Ucrania, que continúa ocupando la mayor concentración individual de fuerzas terrestres rusas en Ucrania".

MADRID

28/03/2022 09:50

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Fuentes: CTXT [Imagen: Noam Chomsky, en su antiguo despacho del MIT, en Boston, en febrero de 2015. EDU BAYER]

Los líderes de la OTAN anunciaron el miércoles que la alianza planea reforzar su frente oriental con el despliegue de muchas más tropas –incluidas miles de tropas estadounidenses– en países como Bulgaria, Hungría, Polonia y Eslovaquia, y el envío de “equipos para ayudar a Ucrania a defenderse de las amenazas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares”. Y aunque la propia alianza de la OTAN no está suministrando directamente armas a Ucrania, muchos de sus Estados miembros sí están enviando armas entre las que se incluyen misiles, cohetes, ametralladoras, etc.

Con toda probabilidad, el 24 de febrero, cuando ordenó una invasión en el país vecino tras un largo y masivo despliegue militar en la frontera, el presidente ruso Vladímir Putin creyó que su ejército tomaría Ucrania en cuestión de días.

Sin embargo, un mes más tarde, la guerra continúa y varias ciudades ucranianas han sido devastadas por los ataques aéreos rusos. Las conversaciones de paz se han estancado y no está claro si Putin sigue queriendo derrocar al gobierno o si, por el contrario, pretende ahora una Ucrania “neutral”.

En la siguiente entrevista, Noam Chomsky, académico de renombre mundial y principal voz disidente, comparte sus pensamientos y percepciones sobre las opciones disponibles para poner fin a la guerra en Ucrania, y reflexiona sobre la idea de la guerra “justa” y sobre si la guerra en Ucrania podría provocar la caída del régimen de Putin.

Noam, ya llevamos un mes de guerra en Ucrania y las conversaciones de paz se han estancado. De hecho, Putin está intensificando la violencia mientras Occidente aumenta la ayuda militar a Ucrania. En una entrevista anterior, usted comparó la invasión rusa de Ucrania con la invasión nazi de Polonia. ¿Así, la estrategia de Putin es la misma que la de Hitler? ¿Quiere ocupar toda Ucrania? ¿Intenta reconstruir el imperio ruso? ¿Por eso se han estancado las negociaciones de paz?

Hay muy poca información creíble sobre las negociaciones. Algunas de las informaciones que se filtran no parecen muy optimistas. Hay buenas razones para suponer que si Estados Unidos aceptara participar seriamente, con un programa constructivo, aumentarían las posibilidades de poner fin al horror.

El que sería un programa constructivo, al menos en líneas generales, no es ningún secreto. El elemento principal es el compromiso de neutralidad de Ucrania: no pertenecer a una alianza militar hostil, no acoger armas que apunten a Rusia (incluso las que llevan el engañoso nombre de “defensivas”), no realizar maniobras militares con fuerzas militares hostiles.

No se trata de nada nuevo en el ámbito internacional, incluso aunque no se reconozca de forma oficial. Todo el mundo entiende que México no puede unirse a una alianza militar dirigida por China, colocar armas chinas apuntando a Estados Unidos y realizar maniobras militares con el Ejército Popular de Liberación.

En resumen, un programa constructivo sería todo lo contrario a la Declaración Conjunta sobre la Asociación Estratégica entre Estados Unidos y Ucrania firmada por la Casa Blanca el 1 de septiembre de 2021. Este documento, que recibió poca atención, declaró enérgicamente que la puerta para que Ucrania ingrese en la OTAN (la Organización del Tratado del Atlántico Norte) está abierta de par en par. También “concluía un Marco Estratégico de Defensa que crea una base para la mejora de la cooperación estratégica en materia de defensa y seguridad entre Estados Unidos y Ucrania”, lo cual proporciona a Ucrania armas avanzadas antitanque y de otro tipo, junto con un “sólido programa de entrenamiento y maniobras acorde con el estatus de Ucrania como Socio de Oportunidades Mejoradas de la OTAN”.

Todo el mundo entiende que México no puede unirse a una alianza militar dirigida por China, colocar armas chinas apuntando a Estados Unidos y realizar maniobras militares con el Ejército Popular de Liberación

La declaración fue otra maniobra para provocar a la bestia. Se trata de otra aportación a un proceso que la OTAN (es decir, Washington) ha estado perfeccionando desde que, en 1998,  Bill Clinton violara el firme compromiso que hizo George H.W. Bush de no ampliar la OTAN hacia el Este, una decisión que suscitó serias advertencias por parte de diplomáticos de alto nivel como George Kennan, Henry Kissinger, Jack Matlock, (el actual director de la CIA) William Burns, y muchos otros, y por la que el secretario de Defensa William Perry estuvo a punto de dimitir en señal de protesta, junto con una larga lista de personas que sabían muy bien lo que hacían. A esto hay que añadirle, por supuesto, las acciones agresivas que atacaban directamente los intereses de Rusia (Serbia, Irak, Libia y crímenes menores), llevadas a cabo de modo que maximizaran la humillación.

No es difícil sospechar que la declaración conjunta fue un factor que provocó que Putin, y el reducido círculo de “hombres duros” que le rodean, decidieran aumentar su movilización anual de fuerzas en la frontera ucraniana en un esfuerzo por atraer la atención respecto a sus preocupaciones en materia de seguridad, en este caso con la agresión criminal directa, que, de hecho, podemos comparar con la invasión nazi de Polonia (junto con Stalin).

La neutralización de Ucrania es el elemento principal de un programa constructivo, pero hay más. Se debería intentar avanzar hacia algún tipo de acuerdo federal para Ucrania que implique un grado de autonomía para la región del Donbás, de acuerdo con las líneas generales de lo que queda de Minsk II. Una vez más, esto no sería nada nuevo en el ámbito internacional. No hay dos casos idénticos y ningún ejemplo real se acerca lo más mínimo a la perfección, pero existen estructuras federales en Suiza y Bélgica, entre otros casos, e incluso en Estados Unidos hasta cierto punto. Los esfuerzos diplomáticos serios podrían encontrar una solución a este problema o al menos contener las llamas.

Y las llamas son reales. Se calcula que, en esta región, desde 2014, unas 15.000 personas han muerto en el conflicto.

Eso nos deja con Crimea. Respecto a Crimea, Occidente tiene dos opciones. Una es reconocer que, de momento, la anexión rusa es sencillamente un hecho, que sería irreversible sin acciones que destruirían Ucrania y posiblemente mucho más. La otra es ignorar las muy probables consecuencias y hacer gestos heroicos sobre cómo Estados Unidos “nunca reconocerá la supuesta anexión de Crimea por parte de Rusia”, como proclama la declaración conjunta, acompañados de numerosas declaraciones elocuentes de personas que están dispuestas a condenar a Ucrania a una catástrofe total mientras pregonan su valentía.

Nos guste o no, esas son las opciones.

¿Quiere Putin “ocupar toda Ucrania y reconstruir el imperio ruso”? Sus objetivos anunciados (principalmente la neutralización) difieren bastante, incluida su declaración de que sería una locura intentar reconstruir la antigua Unión Soviética, pero puede que haya tenido algo así en mente. Si es así, es difícil imaginar lo que él y su círculo siguen haciendo. Para Rusia, ocupar Ucrania haría que su experiencia en Afganistán parezca un picnic en el parque. A estas alturas eso está muy claro.

Putin tiene la capacidad militar –y a juzgar por Chechenia y otras correrías, la capacidad moral– para dejar a Ucrania en ruinas. Eso significaría el fin de la ocupación, el fin del imperio ruso y el fin de Putin.

Nuestra atención se centra, como es lógico, en el incremento de los horrores provo cados por la invasión de Ucrania por parte de Putin. Sin embargo, sería un error olvidar que la declaración conjunta tan solo es uno de los deleites que las mentes imperialistas están conjurando en silencio.

Putin tiene la capacidad militar para dejar a Ucrania en ruinas. Eso significaría el fin de la ocupación, el fin del imperio ruso y el fin de Putin

Hace unas semanas hablamos de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional del presidente Biden, tan poco conocida como la declaración conjunta. Este brillante documento –citando de nuevo a Michael Klare– aboga por “una cadena ininterrumpida de Estados centinela armados por Estados Unidos –que se extiende desde Japón y Corea del Sur en el norte del Pacífico hasta Australia, Filipinas, Tailandia y Singapur en el sur y la India en el flanco oriental de China–”, con la intención de rodear a China, incluyendo a Taiwán, “de un modo bastante ominoso”.

Podríamos preguntarnos cómo se siente China ante el hecho de que, según se informa, el comando indopacífico de Estados Unidos está planeando reforzar el cerco, duplicando su gasto en el año fiscal 2022, en parte para desarrollar “una red de misiles de ataque de precisión a lo largo de la llamada primera cadena de islas”.

Es para defenderse, por supuesto, de modo que los chinos no tienen por qué preocuparse.

Hay pocas dudas de que la agresión de Putin contra Ucrania incumple la teoría de la guerra justa, y que la OTAN también es moralmente responsable de la crisis. Pero ¿qué pasa con el hecho de que Ucrania arme a los civiles para que luchen contra los invasores? ¿No está moralmente justificado por los mismos motivos que la resistencia contra los nazis?

La teoría de la guerra justa, lamentablemente, tiene tanta relevancia en el mundo real como la “intervención humanitaria”, la “responsabilidad de proteger” o la “defensa de la democracia”.

A primera vista, parece una obviedad que un pueblo en armas tiene derecho a defenderse de un agresor brutal. Pero como siempre en este triste mundo, cuando se piensa un poco en ello, surgen preguntas.

Por ejemplo, la resistencia contra los nazis. Difícilmente podría haber habido una causa más noble.

Uno puede ciertamente entender y simpatizar con los motivos de Herschel Grynszpan cuando asesinó a un diplomático alemán en 1938; o con los partisanos entrenados por los británicos que mataron al asesino nazi Reinhard Heydrich en mayo de 1942. Y uno puede admirar su coraje y pasión por la justicia, sin reservas.

Sin embargo, ahí no acaba la cosa. El primero sirvió de pretexto de los nazis para las atrocidades de la Kristallnacht e impulsó aún más el plan nazi para lograr sus espantosos resultados. El segundo dio lugar a las impactantes masacres de Lidice.

Los hechos tienen consecuencias. Los inocentes sufren, quizá terriblemente. Las personas con valores morales no pueden esquivar estas cuestiones. Es inevitable que surjan preguntas cuando consideramos armar a quienes se resisten valientemente a la agresión asesina.

Eso es lo de menos. En el caso actual, también tenemos que preguntarnos qué riesgos estamos dispuestos a asumir de una guerra nuclear, que no solo supondrá el fin de Ucrania sino mucho más, hasta lo verdaderamente impensable.

No es alentador que más de un tercio de los estadounidenses esté a favor de “emprender acciones militares [en Ucrania] aunque se corra el riesgo de iniciar un conflicto nuclear con Rusia”, tal vez inspirados por comentaristas y líderes políticos que deberían pensárselo dos veces antes de imitar a Winston Churchill.

Quizá exista el modo de proporcionar las armas necesarias a los defensores de Ucrania para repeler a los agresores y al mismo tiempo evitar las graves consecuencias. Pero no debemos engañarnos creyendo que se trata de un asunto sencillo, que se resuelve con declaraciones audaces

¿Prevé usted una evolución política dramática dentro de Rusia si la guerra dura mucho más tiempo o si los ucranianos resisten incluso después de que hayan terminado las batallas oficiales? Al fin y al cabo, la economía rusa ya está asediada y podría acabar con un colapso económico sin parangón en la historia reciente.

No sé lo suficiente sobre Rusia ni siquiera para aventurar una respuesta. Una persona que sí sabe lo suficiente al menos para “especular” –y solo eso, como él mismo nos recuerda– es Anatol Lieven, cuyas apreciaciones han sido una guía muy útil en todo momento. Considera muy poco probable que ocurran “acontecimientos políticos dramáticos” debido a la naturaleza de la dura cleptocracia que Putin ha construido cuidadosamente. Entre las conjeturas más optimistas, “el escenario más probable”, escribe Lieven, “es una especie de semigolpe, la mayor parte del cual nunca se hará público, por el que Putin y sus colaboradores inmediatos dimitirán ‘voluntariamente’ a cambio de que se garantice su inmunidad personal frente a la detención y la riqueza de su familia. Quién sería el sucesor del presidente en estas circunstancias es un interrogante que queda totalmente abierto”.

Y no es necesariamente un interrogante fácil de digerir.

Por C.J. Polychroniou | 28/03/2022 | Noam Chomsky

Texto original: https://truthout.org/articles/chomsky-lets-focus-on-preventing-nuclear-war-rather-than-debating-just-war/

Traducción: Paloma Farré

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Un soldado ucraniano pasea por un barrio destruido en el este de la región de Kiev. — REUTERS/Gleb Garanich

El Ejército ucraniano asegura que ha conseguido hacer retroceder a las tropas de Putin en varias localidades al oeste de la capital, todo un balón de oxígeno ante la temida ofensiva. Sin embargo, cataloga el lugar como una "zona gris" donde siguen los combates y los vecinos no pueden volver a sus casas.

Yasnohorodka / Muzychi (Ucrania)

 

Pasado el último control de milicianos ucranianos, se hace el desierto en la estrecha carreta. A ambos lados del asfalto van pasando algún coche calcinado, campos arrasados y casas destruidas. Hay trincheras excavadas, pero sin combatientes dentro. Solo un silencio que sobrecoge, más aún cuando lo rompe el estruendo de la artillería cayendo a pocos kilómetros.

Junto a la iglesia de la Virgen María solo pasa un anciano que empuja su bicicleta entre los socavones horadados por las bombas. Lo que queda de la cúpula dorada refulge ahora con tristeza, sobre todo los fragmentos que ya están en el suelo, junto a los cascotes y las marcas de metralla en las paredes que no hace ni un mes eran azules y blancas. Alrededor debió de haber casas no hace mucho, pero ya solo hay montones de escombros junto a los predios yermos que ya debieran estar sembrados de trigo y girasoles.

El anciano se acerca como ávido de contar lo que hace muy pocos días pasó en Yasnohorodka, o lo que quedaba de ella. O lo que lleva pasando desde que el 6 de marzo fuera asediada y tomada por las tropas rusas. Pero no hay tiempo. De repente irrumpen dos milicianos armados que apuntan a los periodistas con sus armas largas mientras piden a gritos que no se dé un paso más. Tras comprobar la documentación y revisar las imágenes tomadas, señalan el camino de vuelta tajantemente: "No es seguro. Hay combates de artillería y disparos en toda la zona. Estamos en un área liberada, pero no controlada. Esto está lleno de soldados rusos vestidos de civil".

Esta pequeña aldea, a solo 40 kilómetros al oeste de Kiev, cayó en manos rusas a los pocos días de la invasión. Es una de las etapas necesarias de esa guerra relámpago con la que Putin llegó a las puertas de la capital en pocos días. Pero sus tropas no pudieron avanzar más, a pesar de los bombardeos que han asolado esta y otras poblaciones más adelante.

El Ejército ucraniano aseguró esta semana que gran parte de esta zona del noroeste de la capital ha sido liberada en una contraofensiva con la que lograron hacer retroceder a los soldados rusos, envolverlos y cortar sus vías de suministro en localidades que rodean Kiev, como Gostomel, Bucha y Makariv. El alcalde de la capital, Vitali Klitschko, llegó a asegurar que la mayor parte de Irpin volvía a estar en poder de su Ejército.

En teoría, las poblaciones de la carretera desde Kiev hasta Makariv, a 70 kilómetros, vuelven a estar en manos ucranianas, aunque es prácticamente un suicidio recorrer el camino para comprobarlo. Hay bombardeos constantemente, soldados rusos desperdigados por los bosques tras separarse de su pelotón, francotiradores y drones letales que atacan sin ser avistados, enumeran los milicianos de la última barricada en la carretera.

Aunque los militares de Moscú hayan perdido sus posiciones, los habitantes de Yasnohorodka aún no pueden volver a sus casas, si es que siguen en pie. Los combates arrecian muy cerca y ya no se ven las caravanas de vecinos que hace tan solo dos días hacían cola en los checkpoints para ver si eran ciertas las noticias que diferentes autoridades ucranianas habían difundido en sus canales de Telegram. Querían ver si ya no había rusos en las calles de sus pueblos y si sus casas se habían librado de la embestida. Pero ningún coche circulaba este sábado más allá del último puesto de control, donde voluntarios locales, sin formación militar, pero con rifles automáticos colgando del hombro, se encargan de comprobar quién entra y sale de la carretera.

Oleksandr Hruzevich, brigadier de las Fuerzas Terrestres de Ucrania, definió este territorio como una "zona gris". En una comparecencia pública el viernes, insistió en que hicieron retroceder a las tropas rusas. Pero en realidad, la zona es tierra de nadie, con una línea de frente difuminada y confusa, pero que da oxígeno a la defensa ucraniana ante la temida ofensiva rusa por Kiev.

Lo saben, aunque con la respiración contenida, los habitantes que aún quedan en Muzychi, diez kilómetros al oeste de Yasnohorodka. Es el último pueblo libre de combates en dirección a la capital, y también es la última localidad en la que queda un puente sin destruir sobre el río Irpín. En el único bar del pueblo, varias mujeres toman café al calor de la chimenea mientras entran y salen soldados que muestran en sus móviles los vídeos de las últimas batallas.

El camarero, un joven de 24 años, reparte tabaco y chocolatinas. "Nunca me he planteado irme. Este es mi pueblo. A veces también voy a combatir. No soy voluntario, soy partisano", afirma mostrando una foto suya sobre un tanque ruso destrozado.

Antes, aquí se juntaban los vecinos alrededor del humo del narguile y se comían tartas. Ahora impera la ley marcial y sirve para tejer redes de camuflaje con trapos. Todo el pueblo vive por y para el combate, salvo las mujeres jóvenes con niños o embarazadas, que han huido a Polonia y otros países vecinos, explican los parroquianos.

No todos combaten, aunque todos luchan de una u otra forma. En el pueblo hay un gran centro de reclutamiento de voluntarios que sirve de refugio a milicianos, soldados y civiles, aunque reconocen que aquí caso todos duermen en sus camas. "Ya ha pasado un mes, la adrenalina ha bajado bastante", comenta el camarero.

Las cámaras están prácticamente prohibidas en la localidad, más aún dentro del otrora centro cultural, que ahora es un auténtico cuartel general de uniformados. "Tenemos registrados los formularios de 150 voluntarios de la zona. Pero todos sabemos que hay muchos más combatiendo que no han venido a rellenar la solicitud", dice Irina. Ella era profesora de inglés en el pueblo, pero se reconvirtió en analista forense de documentos. Ahora se encarga del papeleo del centro del pueblo mientras su marido está al mando de los voluntarios de las Unidades de Defensa Territorial.

El miedo el Muzychi ya es algo tan cotidiano que apenas se repara en él. "Solo ha caído un cohete, y ha sido en el cementerio. Por suerte no hay ningún herido", explica en la cola del ultramarinos Nadiesda, de 70 años. Han visto como los vecinos del pueblo de al lado han salido en estampida tras la llegada de los soldados rusos, pero ella no piensa moverse, quiere ayudar en lo que pueda y además, uno de sus hijos es miliciano. "Está por la zona, si tiene información siempre puede venir a avisar de que vayamos al refugio. Si nos escondiéramos siempre que suena la sirena no haríamos otra cosa, y hay mucho que hacer", asegura. Tiene confianza en su Ejército, al fin y al cabo han impedido que los rusos lleguen a su pueblo en 31 días de combates.

La incógnita ahora es si Vladímir Putin cejará en su intento de tomar Kiev, como aseguraron sus generales el viernes, para centrarse en consolidar su control en el Dombás, o si responderá con fuerza desmedida a esta contraofensiva ucraniana. Nadiesda, cuya familia vivió la Segunda Guerra Mundial, sabe que queda batalla para rato y que su pueblo sigue estando en mitad del camino ruso hacia la capital. "Solo podemos rezar para que siga sin pasar nada aquí", reconoce.

26/03/2022 21:30

Por Jairo Vargas | ENVIADO ESPECIAL

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El referéndum definirá la continuidad o no de 135 artículos de la LUC.. Imagen: EFE

Uruguay vota la nulidad de 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración 

Ley Ómnibus tiene los condimentos indispensables que cualquier fuerza de derecha apoyaría: ajuste económico, desinversión en salud y educación pública y la seguridad como eje doctrinario.

 

Uruguay define este domingo si elige empoderar más a su presidente Luis Lacalle Pou o empieza a revertir desde abajo sus políticas de derecha. Es clave el referéndum que definirá la continuidad o no de 135 artículos de la LUC (Ley de Urgente Consideración). Hay dos opciones para el voto que es obligatorio, con su respectivo color de boleta electoral: la celeste y oficialista por el “No” a los cambios en la norma y la rosa por el “Si” que militó la oposición y amplios sectores sociales con el objetivo de frenar al Poder ejecutivo. Entre las 8 y las 19.30, 2.684.131 uruguayos podrán participar en 7.060 circuitos electorales de todo el país para modificar o no una legislación que el Senado aprobó el 8 de julio de 2020. Se llegó a esta instancia porque el Frente Amplio (FA), la central sindical PIT-CNT y distintas organizaciones civiles superaron la cantidad de firmas necesarias – un 25 por ciento del padrón – que les permitió llegar al plebiscito.

Los últimos sondeos señalan – con cifras un tanto dispares de las encuestadoras – una pequeña ventaja del “No” que podría ser remontada por los partidarios del “Si”. Dos sectores determinarán el resultado final. Por un lado los indecisos, cuyo porcentaje ronda el 10 por ciento. Por otro lado aquellos que ya resolvieron votar en blanco, que se suman a los del “No” de la coalición oficialista gobernante de cinco partidos de derecha para el resultado final. Quienes aspiran a derogar la LUC tal como está, necesitan obtener la mayoría de los votos válidos (los votos en blanco lo son). Esto les juega en contra.

Lo que está en juego

Si triunfara el “No”, por el que se involucró públicamente hasta último momento Lacalle Pou, lograría un fuerte espaldarazo para lo que resta de su mandato. Los uruguayos recién volverán a elegir a un nuevo presidente el 27 de octubre de 2024. Si fuera al revés, el Frente Amplio daría el primer paso para intentar recuperar el gobierno. La Ley de Urgente Consideración es un instrumento constitucional aprobado en la reforma de 1967 que no ha sido demasiado utilizado por los diferentes jefes de Estado. Se aprobó con el voto de 18 sobre 30 senadores en 2021.

En aquel momento, “modificó 220 leyes y fue un abuso de poder” según el senador del Movimiento de Participación Popular (MPP) en el FA, Alejandro Sánchez. Una especie de Ley Ómnibus que para sus detractores tiene los condimentos indispensables que cualquier fuerza de derecha apoyaría: ajuste económico, desinversión en salud y educación pública y la seguridad como eje doctrinario. El gobierno la defiende poniendo énfasis en este último tema, donde la policía ocupa el centro de la escena. Militantes del “Sí” denunciaron atropellos y el retiro en las calles de propaganda color rosa - como sus boletas-, que habían utilizado durante la campaña. Hay un video que lo prueba donde se ve a un agente arrancando ese material que colgaba de una reja en el barrio montevideano de Capurro.

Campañas

Lacalle Pou llamó a la ley, tal como fue aprobada, “un instrumento necesario, justo y popular”. Su exministro del Interior y exsenador, el fallecido Jorge Larrañaga, uno de los mentores de la LUC, sostuvo en enero del año pasado: “Nosotros vamos a defender este instrumento, como un instrumento positivo para la seguridad pública. Se trata de una buena ley, que no contiene ni una sola norma que deprecie el conjunto de derechos de la población en general”.

El jefe de la campaña por el “Si”, el periodista y publicista comunista Esteban Valenti, le envió una carta abierta al presidente por su último mensaje antes de la veda electoral. Le recordó desde el portal digital La red 21 que “no tomó ni una sola de las muchas oportunidades de hablarnos a todos los uruguayos, como le corresponde al presidente de la República. Al contrario, hizo una defensa de la LUC intransigente, sin ninguna apertura, con olvidos muy gruesos como el del aumento de los combustibles y todas sus consecuencias en el aumento del costo de vida, o el tema de la desnaturalización del Instituto Nacional de Colonización y sobre las adopciones directamente faltó a la verdad”.

La comisión del “Si” que encabezó Valenti – uno de los fundadores del FA, del que luego se alejó - es un bloque donde convergieron organizaciones sociales, la federación de cooperativas, el PIT-CNT y el FA como fuerza política de apoyo.

Antecedentes

Sectores que militaron por la derogación de esta ley sostienen su optimismo en dos antecedentes semejantes de referéndum. En 1992 los uruguayos rechazaron los artículos más importantes de la ley 16.211 que pretendía la privatización de empresas públicas. Esa norma la había promovido el padre del actual presidente, Luis Alberto Lacalle Herrera, del Partido Nacional, pero el desenlace de la votación se lo impidió. Su derrota fue por una diferencia abrumadora: 66,3 por ciento a 25,2.

El otro referéndum se votó en 2003 y se trató de una situación muy parecida: el intento de privatizar la compañía estatal ANCAP. La empresa abarca varios rubros: es líder en el mercado local de combustibles y lubricantes, de cementos portland y en el desarrollo de biocombustibles. El fracaso también afectó al gobierno de otro presidente del partido Nacional o Blanco, Jorge Battle. Aquel de la disputa por las pasteras con Argentina. El 62,15 por ciento de los uruguayos se inclinó por la derogación de su ley y solo cosechó el 35,48 de adhesión a su planteo de entregar la petrolera estatal al mercado.

Costo social

Hoy, diecinueve años después, el país vuelve a plebiscitar una ley que ya afecta a los sectores populares, golpeados además por el alza del costo de vida. Uruguay es, tal vez, el país más caro de Sudamérica y Montevideo la segunda ciudad más costosa del continente para adquirir un departamento, por detrás de Santiago de Chile y por delante de Buenos Aires. Los datos surgen de un estudio de la Universidad Torcuato Di Tella realizado en noviembre de 2021 sobre catorce urbes relevadas en la región. Otro rubro que lidera negativamente es el del precio de los combustibles. Son los más caros de América del Sur a razón de 1,757 dólares el litro, seguido por Chile y Perú al 14 de marzo pasado. Estos índices, sumados al aumento en el precio de la comida, dispararon el malhumor social.

Lacalle Pou presentó como un logro en julio del año pasado que el país había ahorrado 600 millones de dólares durante la pandemia sin aumentar los impuestos. La senadora del Frente Amplio, Lilian Kechichian García, le recordó que en ese período había subido el IVA y que las tarifas lo hicieron por encima de la inflación. En ese contexto comenzó a gestarse por abajo la junta de firmas para arrancarle al gobierno el referéndum por la LUC.

En septiembre de 2021, durante el tercer paro del PIT-CNT contra el gobierno, Lacalle Pou lo tildó de “político”. Fernando Pereira, el referente de la central y presidente del FA, le respondió: “Sí, es político, es contra la política de trabajo, contra la política salarial, contra la política impulsada en la LUC”.

En la jornada que definirá el destino de esta ley mirada con simpatía por la derecha, los empresarios y los dirigentes ruralistas, la comisión del “Sí” salió a recorrer las calles del país buscando el voto boca a boca. Si le alcanzará para ganar, se sabrá este domingo a la noche, cuando Uruguay dé otra muestra de su civilidad acostumbrada, aún en situaciones límite como la que plantea una norma nostálgica de los años ’90.

27 de marzo de 2022

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Viernes, 25 Marzo 2022 05:41

Sobre la guerra europea

Sobre la guerra europea

Debates en torno a Ucrania

En una situación de incertidumbre tan trágica, en constante evolución, hay que tomar una posición inequívoca. O, al menos, hay que intentarlo. El filósofo, al que a veces se le atribuye una visión especial, no es la persona más indicada para hacerlo. Por un lado, no tiene ningún privilegio: es un ciudadano entre otros, convocado, como ellos, para responder a la emergencia, buscando información para elegir su lado en las disputas políticas. Pensemos en el decreto de Solón (siglo V a. C.), por el que se destierra a todo aquel que pretenda permanecer neutral en los conflictos de la ciudad. Pero, por otro lado, su vocación incluye una especie de deber estatal; digamos, un deber de parrhesia, que consiste en discrepar o diferir dentro de su propio campo, para detectar los puntos ciegos. Y estos nunca faltan. Me atrevo, pues, a plantear algunas complicaciones (sin ser exhaustivo).

1 En primer lugar, diré que la guerra ucraniana contra la invasión rusa es una guerra justa, en el sentido más fuerte de la palabra. Soy muy consciente de que esta categoría es dudosa y de que su larga historia en Occidente (desde san Agustín hasta Michael Walzer) no está exenta de manipulación o hipocresía ni de ilusiones desastrosas, pero no se me ocurre ninguna otra que pueda encajar y la asumo con las siguientes aclaraciones: la guerra justa es una guerra para la que no basta con reconocer la legitimidad de quienes se defienden de la agresión (un criterio del derecho internacional), sino que es necesario comprometerse a su lado, y es una guerra en la que incluso aquellos (entre los que me encuentro) para los que cualquier guerra (o cualquier guerra hoy, en el estado del mundo) es inaceptable o desastrosa no tienen la opción de permanecer pasivos, porque la consecuencia sería aún peor. Así que no tengo ningún entusiasmo, pero elijo: contra Vladimir Putin.

2 Tal y como se está desarrollando ante nuestros ojos, la guerra en Ucrania (y, por tanto, en Europa: Ucrania y Rusia son naciones europeas) tiene dos caras, dos características. Es, localmente, una guerra total contra un pueblo al que el peligro de aniquilación ha movilizado en una unidad patriótica que borra sus divisiones tradicionales, una guerra de destrucción y terror dirigida por el Ejército de un país vecino más grande y poderoso, al que su gobierno quiere enrolar en una aventura imperialista sin posibilidad de retorno. Pero es también, más ampliamente, una guerra híbrida, en la que este mismo vecino, con unos pocos aliados dispersos por el mundo, con intereses y principios muy heterogéneos, se enfrenta al resto de Europa, que es también el destacamento avanzado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, es decir, de una alianza militar también imperialista, sobreviviente de otra época, pero actualmente inevitable. Esta confrontación tiene lugar en el terreno del armamento, la movilización de tropas, la comunicación y la información, pero sobre todo en el de las presiones y las contrapresiones económicas, que están en el centro de la guerra moderna. Cuanto más dure, más inextricables parecen ser estos dos aspectos. Cada uno impondrá su propia lógica, logística y duración al otro.

3 Solo se puede ser aterradoramente pesimista sobre la evolución futura (yo lo soy), lo que significa que las posibilidades de evitar el desastre son infinitesimales, por al menos tres razones. La primera, porque es probable que se produzca una escalada, sobre todo si la resistencia a la invasión consigue prolongarse, y puede que no se detenga en las armas convencionales (la frontera entre estas y las armas de destrucción masiva se ha vuelto muy difusa). Por el lado de la guerra total, completará la destrucción de un país y una civilización ante nuestros ojos. Por el lado de la guerra híbrida, tendrá costes gigantescos en todo el mundo (por ejemplo, en cuanto a recursos alimentarios para las poblaciones del Norte y, sobre todo, del Sur). La segunda, porque si la guerra tiene un resultado, será desastroso en cualquier caso: tanto si Putin logra sus objetivos –obviamente, aplastando al pueblo ucraniano y fomentando otras empresas similares– como si se ve obligado a parar o retroceder –volviendo a la política de bloques en la que el mundo se congelará–. En ambos casos, por el estallido del nacionalismo y el odio en el que nos hundiremos durante mucho tiempo. La tercera y última, porque la guerra (y sus secuelas) retrasa la movilización del planeta contra la catástrofe climática e, incluso, contribuye a precipitarla, cuando ya se ha perdido demasiado tiempo.

4 La guerra crea una situación política completamente nueva en Europa y para Europa, es decir, para su constitución y construcción. El aspecto en el que más se insiste es el refuerzo de la cohesión estatista desde arriba, en particular, mediante la militarización de la Unión Europea (UE) y la reactivación del debate sobre su soberanía. Además, hay debates que están lejos de terminar sobre el interés de proceder inmediatamente a las ampliaciones en una situación de excepción: ¿es o no una garantía de seguridad?, ¿para quién?; ¿es una forma de escalada? Pero hay otro, igual de decisivo a largo plazo: la afluencia de refugiados ucranianos a la Unión Europea, sin precedentes desde el desplazamiento de personas tras la Segunda Guerra Mundial. Esto es lo que en 2015 (cuando la canciller alemana, Angela Merkel, tomó la decisión, sola y contra todo pronóstico, de acoger a los refugiados de Siria) llamé ampliación demográfica de la UE, ahora a una escala aún mayor. Como el territorio ucraniano (en particular, las ciudades arrasadas por la aviación) se vuelva inhabitable, estos millones de refugiados no volverán a casa en breve. Por lo tanto, también tendrán que estar en casa en la UE. Las actuales medidas de emergencia son un primer paso, pero tendrá que haber más. Dicho de otro modo: Ucrania ya ha entrado en Europa en la práctica, a través de una fracción de su población en el exilio. La frontera se ha desplazado hacia el oeste. Queda encontrar la fórmula institucional para esta integración…

5 Un peligro importante –quizás el principal, si tenemos en cuenta lo que Carl von Clausewitz llamaba factor moral de la guerra– reside en la tentación de movilizar a la opinión pública, que, con razón, simpatiza con los ucranianos, en forma de una rusofobia cuyos síntomas se pueden ver aquí y allá, alimentada por el conocimiento a medias de la historia rusa y soviética, y por la confusión, voluntaria o involuntaria, entre los sentimientos del pueblo ruso y la ideología del actual régimen oligárquico. Pedir la sanción o el boicot de artistas, instituciones culturales y académicas con vínculos probados con el régimen y sus dirigentes es un arma evidente (aunque hay que observar sin complacencia la gran distancia que se abre entre los llamamientos intransigentes a los boicots culturales y la realidad de los compromisos que se siguen haciendo en el ámbito de las sanciones económicas, sobre todo en lo que respecta a la compra de gas y su financiación). Pero estigmatizar la cultura rusa como tal es una aberración si es cierto que una de las pocas posibilidades de escapar del desastre está en la propia opinión rusa. Y pedir a los ciudadanos de una dictadura policial que se posicionen si quieren seguir siendo acogidos en nuestras democracias es una obscenidad.

6 Las complicaciones filosóficas que se quieran introducir (y habría otras), con una perspectiva de corto plazo o con una de largo plazo, no pueden, sin embargo, ocultar la urgencia. La urgencia, el imperativo inmediato, es que la resistencia ucraniana se mantenga firme y que eso sea y se sienta realmente apoyado por acciones y no solo por sentimientos. ¿Qué acciones? Aquí comienza el debate táctico, el cálculo de la eficacia y el riesgo, de la defensa y la ofensiva. Cualquier forma de participar en una guerra o influir en su curso no es una táctica inteligente (otra de las fórmulas de Von Clausewitz que nos vienen a la memoria: la dirección de la guerra es «la inteligencia del Estado personificada»). Abundan los ejemplos de tácticas que pueden precipitar la derrota. O peor. Pero la inteligencia no es dejar venir. Wait and see no es una opción.

 
24 marzo, 2022

(Texto publicado originalmente enPhilosophie Magazine. Traducido del francés por Jean-Claude Bourdin, con la autorización del autor.)

*             Filósofo francés. Autor de obras como La filosofía de Marx, El ciudadano sujeto y Spinoza político; coautor, junto con Louis Althusser, de Para leer El Capital y, junto con Immanuel Wallerstein, de Raza, nación, clase. Las identidades ambiguas, entre otros libros. Actualmente es profesor del Centro para la Investigación en Filosofía Europea Moderna de la Universidad de Kingston.

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Una mujer observa el estado de su vivienda tras sufrir los efectos de un bombardeo en el barrio de Shevchenko, en Kiev, este miércoles. — Aris Messinis / AFP

Kiev ya es una ciudad que ha normalizado los bombardeos diarios y las víctimas civiles. La ofensiva por la ciudad sigue en un impase y los frentes en el norte y el sur se mantienen, mientras EEUU eleva el temor a un ataque químico para el que la OTAN enviará medios de protección.

 

Faltaban aún 15 minutos para que acabara el tercer toque de queda general cuando las sirenas de Kiev volvían a advertir de un posible bombardeo. Media hora después sonaban varias detonaciones y, poco a poco, la Plaza de la Independencia (Maidán) empezaba a llenarse de un humo blanquecino que sus habitantes ya conocen de sobra.

El calendario indica que se ha cumplido un mes desde la invasión rusa de Ucrania y en la capital, aún libre de cerco terrestre, ya se ha normalizado la vida ante la diaria y aleatoria lluvia de proyectiles.

La mañana del miércoles, día 28 de la guerra, ardían varias viviendas y locales de dos barrios de la capital. Por la tarde, el alcalde, Vitali Klitschkó, informaba de otro bombardeo en el aparcamiento de un centro comercial. Una persona murió y dos fueron hospitalizadas. Las víctimas se suman a otra de la tarde del martes en un ataque de dron a otro barrio. Y a los ocho muertos en el bombardeo más destructivo realizado en Kiev hasta el momento, el del centro comercial de Retroville, el pasado lunes.

La capital de Ucrania lleva ya un mes esperando una ofensiva que cada día parece algo más lejana en el horizonte. El miércoles, el consejo municipal de Bucha, un suburbio de los que rodean la capital, afirmó que las tropas ucranianas habían conseguido cercar a los soldados rusos que llevan un mes tratando de romper la línea de defensa en las ciudades dormitorio de Irpin y Gostomel, que preceden a Kiev. La situación de los militares rusos sería tan comprometida en estas zonas que, según ha denunciado el alcalde de Irpin, Oleksandr Markushyn, habría utilizado fósforo blanco, un arma prohibida por la Convención de Armas Químicas de 1997.

De confirmarse, no sería solo un revés para la moral de unas tropas, que volvería a quedarse sin líneas de suministros. También sería un gran paso atrás que retrasaría el principal objetivo de la ofensiva de Vladimir Putin, tomar la capital y deponer o hacer huir al Gobierno de Volodímir Zelenski. Todo en un conflicto que parece empantanado en casi todos sus frentes en un momento en el que Estados Unidos eleva la alerta ante un posible ataque con armas químicas como los que ya se vieron durante la guerra en Siria.

La inteligencia británica aseguró este miércoles que la ofensiva rusa en el norte sigue prácticamente estática, tanto en Járkov como en Chernígov, ambas castigadas con dureza por la artillería. Según Londres, Rusia está "en un periodo de reorganización antes de reanudar las operaciones ofensivas a gran escala". Pero en el sur, el avance no solo está frenando, sino que hay contraofensivas ucranianas que estarán haciendo retroceder a los rusos desde Mykoláiv a Jersón, tomada hace ya dos semanas, apunta el Pentágono.

El riesgo "real" de las armas químicas

El estancamiento de los frentes llega en un momento en el que el discurso de EEUU sobre el riesgo de un ataque químico de Moscú lleva días ocupando titulares. Biden ya acusó de ello a Putin el lunes, y el miércoles calificó de "riesgo real" esta opción.

Putin lleva semanas levantando sospechas sobre un supuesto proyecto de Ucrania y EEUU para desarrollar armas biológicas en laboratorios ucranianos. El líder ruso asegura que su ejército ha detectado en territorio ucraniano rastros de la eliminación de pruebas sobre la existencia de programa biológico-militar financiado por EEUU. Y este miércoles, el Parlamento ruso ha anunciado la apertura de una invertigación sobre estos laboratorios.

Para Biden, este mensaje no es más que un pretexto para justificar un ataque con armas químicas. Y su postura ha sido adoptada por la OTAN, que en su cumbre de este jueves acordará el despliegue de cuatro nuevos batallones multinacionales en Eslovaquia, Hungría, Polonia y Bulgaria. Pero también el suministro de equipos de protección ante posibles ataques químicos o nucleares.

Casi mil civiles muertos

Entre tanto, la estrategia de Moscú pasa por el bombardeo constante de objetivos militares y estratégicos que está desangrando a la población civil. Las Naciones Unidas han confirmado hasta el momento casi 900 víctimas, aunque reconocen que el balance será muy superior. La mayoría ha muerto por los efectos de "artillería pesada, lanzamiento de cohetes múltiples ataques aéreos y con misiles". Gran parte de las víctimas se ubican en la arrasada Mariúpol, que aún no ha caído del todo y cuya resistencia, según el Gobierno de Ucrania, está "salvando" a otras ciudades, como Dnipro, Kiev y Odesa de un asedio mayor.

De seguir así, la situación apunta a un conflicto enconado y prologando en el corazón de Europa que cambiará —ya ha cambiado— el plano geopolítico y las relaciones comerciales, con un importante impacto en el precio de la energía. Pero sobre todo revivirá el escenario de la guerra fría, con una amenaza constante para la que toda Europa aumentará sobre manera su gasto militar, no solo en defensa, sino en apoyo armamentístico a Ucrania.

Según el International Crisis Group, si no hay un acuerdo que ponga fin al conflicto, Occidente y Rusia entrarán en un nuevo círculo vicioso de acumulaciones militares en sus fronteras que elevará la tensión. Si Europa y EEUU mantienen el esquema actual de enviar armas y personal militar de formación a Ucrania y países vecinos, "aumentará el riesgo de bajas entre los ciudadanos de los estados miembros de la OTAN", un "nivel de peligro completamente nuevo".

Pero el acuerdo está lejos y las partes se culpan de ello mutuamente. El ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, aseguraba este miércoles que Zelenski está "dilatando" las conversaciones para "dramatizar" y poder "intervenir con su camiseta caqui en los parlamentos del mundo para demandar con lágrimas en los ojos la injerencia de la OTAN".

Y la camiseta caqui de Zelensky hoy se ha paseado por el Parlamento Francés para recordar el lema de su revolución, y también por el de Japón, para recordarles la catástrofe nuclear de Fukushima, compararla con la que puede volver a ocurrir en Chernóbil, en manos rusas, y pedir más apoyo para continuar una batalla en la que ahora, como nuevo icono de la resistencia, todo le empuja a no ceder Crimea ni el Donbás.

KIEV

23/03/2022 22:33

Por Jairo Vargas | ENVIADO ESPECIAL

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Un soldado ucraniano apunta su rifle en Jarkov, Ucrania. . Imagen: EFE

"En el peor de los casos moriremos, pero nunca nos rendiremos", aseguró el alcalde de la capital ucraniana

En las ciudades del sur el escenario es cada vez más delicado por la falta de comida y medicamentos. Mariupol fue atacada este martes con dos "bombas superpotentes", de acuerdo a las autoridades locales.

Kiev, bajo toque de queda, está determinada a resistir el avance de las tropas rusas, que mantienen igualmente un fuerte asedio sobre Mariupol. La ciudad del sudeste de Ucrania fue atacada este martes con dos "bombas superpotentes", de acuerdo a las autoridades locales. El presidente estadounidense, Joe Biden, expresó el temor de que Moscú pase a mayores, recurriendo a armas químicas o biológicas. Las potencias occidentales, reticentes a implicarse directamente en el conflicto, anunciaron que reforzarán sus sanciones económicas contra Rusia el próximo jueves, mientras que el vocero del gobierno ruso, Dmitri Peskov, dijo que su país todavía no alcanzó ninguno de los objetivos militares en Ucrania.

Tercer día de toque de queda en Kiev

Bolsas de arena para bloquear algunos accesos, sirenas antiaéreas y detonaciones en la lejanía forman parte del panorama habitual de la región de Kiev, con gran parte de sus 3,5 millones de habitantes desplazados por la invasión iniciada el 24 de febrero pasado. Todos los comercios se encuentran cerrados cumpliendo con el toque de queda, el tercero desde el inicio de la guerra, y la orden es que todo el mundo se quede en casa y baje a los "refugios en cuanto las sirenas empiecen a sonar", según el alcalde y excampeón del mundo de boxeo Vitali Klitschko.

"En el peor de los casos moriremos, pero nunca nos rendiremos", agregó Klitschko en declaraciones ante el Consejo de Europa. Maxim Kostetskyi, un abogado de 29 años de Kiev, ve al toque de queda como una pausa. "No sabemos si los rusos seguirán intentando rodear la ciudad, pero nosotros nos sentimos mucho más seguros, la moral está alta", dijo este miembro de una unidad de voluntarios.

Al menos una persona murió en un ataque con drones contra un instituto científico de Kiev este martes, indicaron fuentes oficiales. Los rescatistas militares extrajeron un cuerpo cubierto con una lona de plástico del edificio de siete pisos que alberga el Instituto de Materiales Superduros, en el noroeste de la capital. 

Bombas superpotentes en Mariupol

La situación es peor desde hace semanas en Mariupol, en el sudeste del país, donde más de 200 mil personas están atrapadas sin agua ni electricidad. La ciudad es una plaza clave porque le serviría a Rusia de puente entre las fuerzas en Crimea y los territorios controlados por Moscú en el norte y este de Ucrania.

Desde hace días hay corredores humanitarios para intentar evacuar a la población sitiada, pero la situación sigue siendo desesperante y la localidad fue descripta por Human Rights Watch como "un infierno helado lleno de cadáveres y edificios destruidos". "Dos bombas superpotentes cayeron en la ciudad", indicaron las autoridades locales sin aportar ningún balance inmediato.

De acuerdo al gobierno ucraniano, el panorama también es crítico en Jerson, al sur del país y ocupada por soldados rusos, donde cerca de 300 mil personas están por quedarse sin comida y medicamentos. "La situación humanitaria se está deteriorando rápidamente. Los recién nacidos y los pacientes graves constituyen la población de especial riesgo", señaló en un comunicado el ministerio de Relaciones Exteriores ucraniano.

Naciones Unidas informó que ya tiene confirmada la muerte de 953 civiles desde el inicio de la guerra, 78 de ellos niños. Pero la cifra real sería "considerablemente mayor" por el retraso en la verificación y la falta de datos de zonas clave como Mariupol.

Negociaciones "más sustanciales"

Uno de los actores que se ofreció como mediador para frenar el conflicto es el papa Francisco, quien se comunicó por teléfono con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, para abordar la situación en el país. "Apreciaríamos el papel de mediador de la Santa Sede para poner fin al sufrimiento humano" en Ucrania, escribió Zelenski en Twitter, quien además informó al papa sobre "la situación humanitaria difícil y el bloqueo de los corredores humanitarios por las tropas rusas".

El Kremlin considera que las negociaciones entre ambas partes deberían ser "más enérgicas, más sustanciales", según su vocero Dmitri Peskov. En tanto, Estados Unidos y sus aliados europeos anunciaron que el jueves darán a conocer más sanciones contra Rusia. Será en el marco de la visita que el presidente estadounidense, Joe Biden, realizará a Europa. El jueves participará en una cumbre extraordinaria de la OTAN y en una reunión del G7 en Bruselas.

Biden aseguró que es "claro" que Rusia está considerando el uso de armas químicas y biológicas en Ucrania y advirtió de una "severa" respuesta de Occidente si decide hacerlo. "Su espalda está contra la pared", dijo Biden sobre el presidente ruso, Vladimir Putin, recordando que Rusia recientemente acusó a Estados Unidos de almacenar armas químicas y biológicas en Europa.

Rusia contempla usar armas nucleares

En paralelo el vocero del gobierno de Rusia, Dmitri Peskov, dijo este martes que su país contempla la posibilidad de usar armamento nuclear si se encuentra ante una "amenaza existencial". En una entrevista con el canal estadounidense CNN, Peskov respondió que "si se da una amenaza existencial, entonces podría ser", al preguntarle bajo qué circunstancias el Kremlin usaría su potencial nuclear.

La posibilidad de desatar un conflicto nuclear que derivara en la Tercera Guerra Mundial es uno de los argumentos más recurrentes del gobierno estadounidense para rechazar una participación directa en la guerra en Ucrania. Rusia y Estados Unidos son los dos países con mayor arsenal nuclear, aunque también cuentan con armas nucleares otros siete países: China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

En la misma entrevista con la CNN, Peskov reconoció que Putin "todavía no ha logrado" ninguno de sus objetivos militares en Ucrania, aunque aseguró que la operación militar en el país eslavo se está produciendo "en estricto cumplimiento de los planes y fines fijados de antemano".

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Ucrania rechaza el ultimátum ruso sobre Mariupol y la guerra golpea a Kiev

El Ejército ruso parece embarcado en una guerra de desgaste

Las bombas rusas alcanzaron un centro comercial en la capital ucraniana, causando la muerte de al menos ocho personas. Moscú dijo que allí se almacenaban armas y que lo atacó con "armas de precisión de largo alcance".

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, rechazó el ultimátum ruso de entregar la asediada Mariupol a cambio de evacuar a los residentes de la sureña ciudad portuaria y evitar la destrucción de su infraestructura. Luego de un rápido avance terrestre y de rodear varias ciudades al inicio de la invasión, el Ejército ruso parece embarcado en una guerra de desgaste que incluye, cada vez más, misiles de largo alcance disparados desde barcos en el mar o desde Rusia. Las bombas rusas alcanzaron varios objetivos este lunes, entre ellos un centro comercial en Kiev, causando la muerte de al menos ocho personas, según la fiscalía general. Rusia dijo que allí se almacenaban armas y que lo atacó con "armas de precisión de largo alcance". El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, decretó inmediatamente un toque de queda de 35 horas en la capital y su área metropolitana.

La sureña ciudad de Mariupol ha sido una de las más golpeadas por el conflicto, sometida desde hace más de tres semanas a un sitio y a constantes bombardeos en lo que autoridades de Ucrania y de países occidentales han calificado de crimen de guerra. El domingo por la noche el ministerio de Defensa ruso emplazó al gobierno ucraniano a entregarle el control de la ciudad en la madrugada del lunes a cambio de evacuar a civiles y combatientes a través de dos corredores, pero el presidente Zelenski rechazó la exigencia.

Ucrania "no puede aceptar ningún ultimátum de Rusia", dijo el mandatario. "Tendríamos que estar todos muertos y solo entonces se cumpliría su ultimátum. Ni los habitantes de Jarkov, ni los de Mariupol, ni los de Kiev, ni yo, el presidente, podemos hacerlo", dijo en una entrevista con la radio pública ucraniana. Además, Zelenski sostuvo que cualquier "compromiso" que se alcance en las negociaciones en curso con Rusia para detener la invasión deberá ser sometido a un referéndum en Ucrania.

Siguen los ataques en distintos puntos

En la norteña Kiev, la capital de Ucrania, un centro comercial ubicado en el barrio de Podil humeaba luego de haber sido blanco de un bombardeo ruso que dejó ocho muertos, según informaron los servicios de emergencia. El ataque destruyó el complejo comercial de diez pisos que quedó carbonizado hasta los cimientos, y cada ventana de un alto edificio contiguo, así como un estacionamiento y un gimnasio que está en la misma manzana.

El ministerio de Defensa ruso dijo que el centro comercial era usado por el Ejército ucraniano para almacenar armas y municiones. En una de sus comparecencias diarias, el vocero de la cartera, Ígor Konashénkov, aseguró que en las afueras de la capital ucraniana las unidades nacionalistas ucranianas "utilizaban como escudos edificios residenciales para disparar contra las tropas rusas desde sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples". Al mismo tiempo, aseguró que el territorio del centro comercial "se usó como una gran base para almacenar munición para lanzaderas de misiles".

También este lunes, autoridades de la sureña Odessa, el puerto más importante de Ucrania, dijeron que la ciudad a orillas del mar Negro sufrió su primer bombardeo ruso desde el inicio de la invasión, que dañó algunas viviendas pero no provocó muertos. La municipalidad dijo que el bombardeo fue efectuado desde embarcaciones.

Autoridades denunciaron además un ataque ruso contra una planta química en Sumy, en el noreste de Ucrania, que provocó una fuga de amoniaco "altamente tóxica", así como otro a un centro de entrenamiento militar en el oeste, ambos con misiles crucero. Rusia dijo que la fuga fue una "provocación planeada" por Ucrania para acusar falsamente a las fuerzas rusas de un ataque químico.

La central nuclear de Chernobyl inició el domingo su primera rotación de personal desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, anunció el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Las fuerzas rusas tomaron control de la central el 24 de febrero, y más de un centenar de técnicos ucranianos que terminaban su servicio nocturno continuaron realizando operaciones cotidianas en el sitio, que guarda desechos radiactivos desde la catástrofe nuclear de 1986, la peor de la historia.

Siguen las negociaciones

Mientras tanto, en el frente diplomático continúan las negociaciones entre Rusia y Ucrania. Según el jefe de la fracción parlamentaria del partido oficialista El Servidor del Pueblo, David Arhamia, la reunión de las delegaciones duró una hora y media, tras lo cual continuaron negociando los grupos de trabajo.

El primer ministro de Israel, Naftali Bennett, que intenta mediar entre Rusia y Ucrania, declaró este lunes que hay "avances" en las negociaciones, aunque las partes aún tienen muchos desacuerdos y siguen lejos de alcanzar un alto el fuego. Según el diario Jerusalem Post, el primer ministro israelí aseguró que Rusia habría renunciado a deponer a Zelenski y a desmilitarizar Ucrania, mientras que Kiev se habrían comprometido a no unirse a la OTAN.

El líder ucraniano afirmó este domingo que está "preparado" para negociar con su par ruso, Vladimir Putin, para poner fin a la guerra, pero descartó reconocer la independencia del Donbass y la soberanía rusa sobre Crimea. "El grado de avance en las negociaciones, probablemente, no es el deseado ni el que requiere la dinámica de la situación para la parte ucraniana", dijo el vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov. 

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene previsto viajar esta semana a Europa para participar el jueves de una cumbre extraordinaria de la OTAN en Bruselas por la guerra en Ucrania. También está invitado a una cumbre de la Unión Europea. El sábado visitará Polonia, que limita con Ucrania y ha recibido a más de dos millones de refugiados de guerra. 

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“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

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