Martes, 14 Diciembre 2021 06:27

Clima, desigualdades y lucha de clases

Clima, desigualdades y lucha de clases

Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

Metodología

El autor compara las emisiones de CO2 en el ámbito del consumo. Las emisiones se imputan por tanto al país en el que se consumen los bienes y servicios, no a los países en los que se producen. Se expresan en toneladas de CO2 por persona y año, cifra que se obtiene dividiendo las emisiones del país en cuestión entre el número de habitantes. El resultado incluye todas las fuentes de emisión: hogares, empresas, servicios públicos, pero se corrige en función de los resultados de las encuestas nacionales sobre las condiciones de vida de los hogares (aplicando un coeficiente carbono a los bienes y servicios consumidos). Esta corrección permite determinar la desigualdad climática no solo entre el Norte y el Sur, sino también entre pobres y ricos dentro de cada país, tanto si estos figuran entre los ricos como si no.

El texto insiste además en la importancia creciente de este enfoque: “Aunque la desigualdad de emisiones de carbono sea a menudo más fuerte a escala global (se considera que las desigualdades entre países contribuyen en un 70 % a la desigualdad climática global), las desigualdades dentro de los países también son muy significativas. Estas desigualdades condicionan cada vez más la ampliación de la desigualdad global y afectan probablemente en mayor medida a la aceptabilidad política y social de los esfuerzos nacionales por reducir las emisiones.” (Cursivas mías, DT). Más adelante retomaremos esta cuestión, que tiene a todas luces una importancia estratégica en la lucha por el clima.

La política climática ahonda las desigualdades

Tenemos una estimación de los porcentajes de emisiones actuales imputables al consumo de los diferentes grupos de la población: el 1 % más rico, el 10 % más rico, el 40 % de renta media y el 50 % más pobre (el 1 % se incluye después en el 10 %). Sobre la base de las contribuciones nacionalmente determinadas de los Estados (NDC, en otras palabras, los planes climáticos nacionales) y los nuevos compromisos que estos han comunicado justo antes de la COP26, podemos calcular el volumen probable de las emisiones en 2030, y por tanto también la desviación de este volumen con respecto a la trayectoria que deben seguir las reducciones para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 (esta desviación se designa en inglés con la expresión emissions gap).

También podemos calcular la probable evolución de los porcentajes de emisiones de cada grupo de rentas, relacionarlos con el número de personas de cada grupo y obtener así los volúmenes de emisiones medios por persona y por grupo, tanto a escala global como nacional. Finalmente, podemos comparar estos volúmenes con el volumen de emisiones individual medio compatible globalmente con el objetivo de 1,5 °C como máximo: 2,3 toneladas de CO2/persona/año (para una población de 7.900 millones de personas en 2030)). De esta manera se consigue más que visualizar la injusticia climática actual; se ve en qué sentido la política aplicada la hará evolucionar de aquí a  2030, a escala global y por grupos.

Los resultados pueden resumirse en forma de cuadro:

Clases*

Número aproximado de personas

Renta media/ persona/año

Porcentaje de emisiones globales en 1990

Porcentaje de emisiones globales en 2030

Desviación en 2030 con respecto a 2,3 tCO2/persona/año

1 %

79 millones

> 172.000 $

13 %

16 %

+ 67,7 tCO2/pers/año

10 %

790 millones

> 55.000 $

37 %

32 %

+ 18,7 tCO2/pers/an

40 %

1.975 millones

> 9.800 $

42 %

43 %

+ 2,5 tCO2/pers/año

50 %

3.400 millones

< 9.800 $

8 %

9 %

‒ x**

* El 1 % más rico se incluye después en el 10 %

** El 50 % se sitúa muy por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año. Según el estudio, seguiría estándolo incluso si sus emisiones aumentaran un 200 % de aquí a 2030.

Para no malinterpretar estos números, es preciso insistir en que aquí no se evalúa la desigualdad social, sino la desigualdad de emisiones de carbono. Así, la disminución esperada en 2030 del porcentaje de emisiones globales imputables al 10 % no implica evidentemente que los ricos serán menos ricos dentro de diez años, sino que refleja el hecho de que los miembros del grupo mundial del 10 % viven principalmente en países capitalistas desarrollados, donde la intensidad de emisión de carbono disminuirá más rápidamente que en el resto del mundo y de que tienen más medios que los demás para adquirir tecnologías verdes. Más adelante volveremos sobre la manera de interpretar el hecho de que el porcentaje de emisiones del 1 % de superricos siga creciendo a pesar de todo. De momento, centrémonos en los muy ricos y en los pobres.

El estudio confirma lo que Oxfam repite desde hace años: el 1 % más rico de la población mundial emite casi dos veces más CO2 que el 50 % más pobre. Además, se constata que las políticas climáticas adoptadas por los gobiernos desde la COP21 (2015, París) ahondan esta injusticia: en efecto, el porcentaje de emisiones globales imputables al consumo del 1 % más rico ha pasado del 13 % en 1990 al 15 % en 2015 y continuará subiendo para alcanzar el 16 % en 2030. Entonces será un 25 % superior a lo que era 1990, y 16 veces más elevado que la media global. En 2030, cada persona perteneciente al grupo mundial de los superricos emitirá más de 30 veces las 2,3 toneladas de CO2/persona y año compatibles con el respeto de 1,5 °C como máximo. El 50 % más pobre, en cambio, apenas experimentará cambio alguno: su porcentaje de emisiones mundiales pasará del 8 % al 9 % anual y sus emisiones por persona se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año.

La reducción de las emisiones es inversamente proporcional a la renta

La imagen de un agravamiento de la injusticia climática global desde la COP21 gana nitidez cuando se compara la evolución de 2015 a 2030 de las emisiones por persona de cada grupo (fruto de las políticas llevadas a cabo) con la evolución que deberían experimentar estas emisiones por grupo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática:

Clases

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 con las políticas actuales

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 compatibles con la justicia climática

1 %

‒ 5 %

‒ 97 %

10 %

‒ 11 %

‒ 90 %

40 %

‒ 9 %

‒ 57 %

50 %

+ 17 %

+ 233 %

Globalmente, las emisiones por persona en 2030 serán un 7 % más bajas que en 2015 (¡si los Estados cumplen sus compromisos!). Es sabido que esta reducción es muy inferior a la reducción media por persona que se requiere para mantener la cota máxima de 1,5 °C: un 52 %. El elemento nuevo que aparece aquí es que, además de agravar la desigualdad global, el esfuerzo que conllevan las políticas climáticas de los gobiernos es inversamente proporcional a la renta: el 1 % más rico hará una veintava parte (97/5), el 10 % más rico la octava parte (90/11) y el 40 % de rentas medias la seisava parte (57/9) de lo que debería dictar la justicia climática.

Por tanto, hay injusticias entre estas tres clases (el 40 % de rentas medias es el que más se acerca al objetivo) y al mismo tiempo una injusticia todavía mayor debido a que la mitad de la población mundial no utilizará en 2030 más que una treceava parte del presupuesto de carbono al que tendría derecho si se respetara el principio de las responsabilidades y capacidades diferenciadas (233/17). (El autor consolida así la conclusión a la que había llegado en una publicación anterior: un tercio del presupuesto de carbono compatible con el acuerdo de París se malgasta en ampliar el consumo del 10 % más rico de la población mundial.)

La evolución de los porcentajes de emisiones imputables al 10 % más rico (entre 55.000 et 172.000 $/año) y al 40 % cuya renta se califica de media (entre 9.800 y 55.000 $/año) merece un examen más detenido. Estas dos categorías engloban, en efecto, a sectores sustanciales, incluso mayoritarios, de la clase trabajadora asalariada de los países capitalistas desarrollados y en los llamados países capitalismos emergentes, respectivamente. (Expresado en equivalentes a jornada completa, la renta bruta anual media de la clase trabajadora es de unos 44.000 $/año en Europa Occidental y de 63.000 $/año en EE UU. Según las fuentes, varía entre 9.200 $/año y 14.000 $/año en China, Brasil y África del Sur.) El estudio incluye un gráfico muy ilustrativo, en el que se comparan tres trayectorias de evolución de las emisiones por persona en función de la renta: de la gente más pobre entre los pobres a la gente más rica entre los ricos: la trayectoria de 1990 a 2015, la de 2015 a 2030 y la de 2015 a 2030 compatible con el máximo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática. La doble conclusión del estudio es impactante:

  1. “Las clases medias mundiales (el 40 %) que vio crecer con mayor rapidez su tasa de emisiones durante los años 1990-2015 experimentarán la inversión de la tendencia más pronunciada durante los años 2015-2030”;
  2. “Las reducciones (de las emisiones, DT) más profundas se centrarán en las personas que perciben las rentas más bajas en los países ricos”.

Las promesas de transición justa: cortinas de humo

Examinar la injusticia climática en función de los grupos de renta permite captar las realidades que no aparecen en el análisis cuando la cuestión se plantea simplemente en términos de países pobres y ricos. concretamente, esto saca a relucir la creciente responsabilidad de la gente rica, y sobre todo de la superrica, no solo en el Norte, sino también en el Sur global. Como dice el estudio, “es notable que en todos los países con mayores emisiones, las proyecciones en 2030 del 10 % más rico y del 1 % más rico nacionalmente muestran huellas de consumo individual sustancialmente superiores al nivel de 1,5 °C global per cápita” (cursivas mías, DT). Veamos esto más de cerca:

  • India es el único gran país emisor en el que las emisiones medias en 2030 se mantendrán por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año compatibles con la cota máxima de 1,5 °C. También es el único en que las emisiones del 50 % más pobre se situará claramente por debajo de este nivel. Sin embargo, las emisiones del 10 % de personas indias más ricas quintuplicarán este nivel, y las del 1 % más rico lo multiplicarán por 20.
  • El 50 % de personas estadounidenses más pobres superarán un poco el umbral de 2,3 tCO2/persona/año, pero el 1 % más rico emitirá en promedio 55 veces más (127 toneladas) y el 10 % más rico 15 veces más (unas 35 toneladas).
  • En China, las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán en 2030 por debajo del fatídico listón, pero las del 10 % más rico lo superarán más de 10 veces y las del 1 % más rico más de 30 veces (82 toneladas).
  • Las proyecciones para la Unión Europea y el Reino Unido también son muy instructivas: en 2030, las emisiones del 50 % más pobre se acercarán al volumen medio global compatible con 1,5 °C…, pero las del 10 % más rico lo multiplicarán por cinco o seis, y las del 1 % más rico, por quince.

Más claro el agua: estos datos demuestran que los compromisos de transición justa incluidos en las resoluciones oficiales de las COP no son más que cortinas de humo. Bla-bla-bla. En realidad, se observa un doble movimiento: 1) se acentúa la injusticia climática y 2) la clase de los superricos y supercontaminadores se recompone debido al ascenso fulgurante del Capital en Asia. Dentro de este grupo no es exagerado hablar de un cambio profundo. En efecto, en 2015 el 1 % más rico del planeta emitía el 15 % del CO2 global. La gente rica china aportaba un 14 %, la estadounidense un 37 %, la europea un 11 % y la india un 5 %. Según las proyecciones del estudio, en 2030 el 1 % más rico habrá incrementado aún más su contribución a la emisión mundial de CO2: el 16 %. Pero entonces la gente rica china aportará un 23 %, la estadounidense un 19 %, la europea un 4 % y la india un 11 %. (Vista la importancia del carbón en China y en India, este “cambio de la geografía de la desigualdad de emisiones de carbono”, como dice el estudio, podría ayudar a explicar el hecho de que el porcentaje de las emisiones globales del 1 % superrico siga aumentando, a diferencia del del 10 %). Véase el resumen en el siguiente cuadro:

 

Porcentaje del CO2 global emitido por el 1 % más rico en 2015

Porcentaje del CO2 global emitido par el 1 % más rico en 2030

Mundo

15 %

16 %

China

14 %

23 %

Estados Unidos

37 %

19 %

Unión Europea

11 %

4 %

India

5 %

11 %

El autor del estudio no lo señala, pero resulta chocante constatar también que en el otro extremo de la pirámide de las rentas se observa una convergencia bastante clara de las huellas de carbono: el 50 % más pobre de EE UU, de la UE, del Reino Unido y de China emitirá en 2020, por persona, una cantidad de CO2 relativamente análoga, un poco superior o un poco inferior a las 2,3 t/persona/año. (India es el único gran país emisor en el que las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas, el mismo nivel que en los llamados países en desarrollo.)

Una imagen incompleta

A pesar de su gran interés, el estudio de Oxfam no refleja una imagen completa de las responsabilidades climáticas de las diferentes clases de renta. Es más que probable que subestime las emisiones imputables a la gente más rica, pero también que sobrestime las emisiones imputables al 40 % de rentas medias e incluso a una franja del 10 % de gente rica. Hay, en efecto, dos dificultades.

En primer lugar, las emisiones imputables al 1 % más rico son tan difíciles de delimitar como sus bienes, y ello por el mismo motivo: el secreto bancario, el fraude fiscal y la ausencia de un catastro patrimonial. El autor lo señala: “Mientras que existen métodos sólidos para estimar las huellas individuales mediante la aplicación de coeficientes de carbono a los bienes y servicios identificados en los censos de población, es bien sabido que dichos métodos subestiman el consumo de la gente más rica". Para obviar este problema, el estudio se basa en los trabajos de investigadoras que han sacado a relucir diversas realidades. Por ejemplo:

  • los datos disponibles con respecto a los automóviles, las casas, los aviones y los yates indican que las emisiones debidas al consumo de los multimillonarios alcanzan fácilmente varios miles de toneladas de CO2/persona/año. Los grandes yates, cuyas ventas se han disparado durante la pandemia, son las principales fuentes de estas emisiones (un yate grande emite unas 7.000 toneladas de CO2/año);
  • el transporte es la principal fuente de emisiones de la gente superrica. En particular, el transporte aéreo: según ciertos estudios, el 50 % de los vuelos de pasajeros corresponden al 1 % de la población mundial. Sobre la base de los viajes de la gente famosa, podemos considerar que la huella avión de los más ricos alcanza los varios miles de toneladas de CO2/año. Evidentemente, el desarrollo insensato del turismo espacial no hará más que reforzar esta tendencia. (Vista la dependencia del transporte aéreo de los combustibles fósiles, el uso intensivo del avión por el 1 % puede valer de segunda explicación del hecho de que el porcentaje de emisiones mundiales de este grupo continúe aumentando, contrariamente al del 10 %.)

Sin embargo, este hiperconsumo de gran lujo no es más que la punta del iceberg: no tiene en cuenta las emisiones imputables a las inversiones capitalistas del 1 % más rico. El autor cita trabajos que cifran en un 70 % la parte de la huella de carbono de los más ricos derivada de sus inversiones capitalistas, pero no se trata más que de una estimación, dificultada por la opacidad del sector financiero.

En segundo lugar, incluso aplicando a las emisiones de los hogares el coeficiente de carbono mencionado más arriba, repartir las emisiones de las empresas y del sector público entre toda la población constituye un enfoque discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho ‒mencionado en el estudio‒ de que los mayores emisores de CO2 (el 1 % más rico) ejercen sobre las decisiones “una influencia desproporcionada en virtud de su condición, de su poder político y de su acceso a los decisores políticos”. Por citar un ejemplo: el proyecto de aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes [en Francia] respondía a las necesidades de la empresa Vinci y de sus accionistas, no a las de las clases populares. El mismo razonamiento vale para los gastos militares y numerosos proyectos, por no hablar de las subvenciones públicas a las empresas.

Límites del análisis a través del consumo

Con esto llegamos a tocar los límites de un enfoque de la catástrofe climática basado en el consumo de las diferentes categorías de renta. En realidad, puesto que todo consumo presupone una producción, los niveles de consumo de los grupos de renta han de analizarse a la luz de las posiciones que ocupan estos grupos en la producción. “La influencia desproporcionada” del 1 % más rico se da en todas partes, pues los miembros de este grupo son propietarios de los medios de producción. Son la clase dominante y el Estado es el instrumento de su dominación. Las clases populares se hallan en una situación muy distinta: están sometidas a las decisiones de las empresas y las instituciones que no controlan y producen por encima de sus necesidades en beneficio de los capitalistas. Por consiguiente, soportan un volumen de emisiones que se deriva de la dinámica productivista del Capital, no se su libre albedrío.

Frente a la mistificación del discurso dominante que nos exhorta indistintamente a cambiar nuestros hábitos, el estudio de Oxfam tiene el gran mérito de dirigir el foco sobre las enormes desigualdades de consumo y de expresarlas en términos de responsabilidades por las emisiones de CO2. Además, demuestra claramente que la política de los gobiernos, a pesar del bla-bla-bla sobre la transición justa, agrava la injusticia climática.

Al mismo tiempo, es bastante fácil constatar que la solución no puede venir de medidas adoptadas exclusivamente en el ámbito del consumo. Veamos la hipótesis absurda de que de aquí a 2030, el 1 % más rico o el 10 % más rico hayan reducido sus emisiones a 2,3 tCO2/persona/año. En este caso, todavía haría falta, para no rebasar los 1,5 °C de calentamiento global, que el 40 % de la llamada clase media reduzca sus emisiones a menos de la mitad en la UE y el Reino Unido, a un tercio en China y a un cuarto en EE UU (India es el único país gran emisor en el que las emisiones del 40 % se mantendrán por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año en 2030, según el estudio). ¿Cómo? Aunque indispensable, la redistribución radical de las riquezas (como la que propone Thomas Piketty) no permitiría resolver el problema, solamente lo desplazaría. El desafío no puede abordarse más que redefiniendo las necesidades reales de la mayoría social, organizando la producción en función de las mismas y suprimiendo la producción de bienes inútiles y nocivos.

La aceptabilidad social revela la dificultad de los esfuerzos requeridos. Para la mayoría, son motivo de rechazo. Claro que son necesarios unos cambios profundos, y no basta con decir que paguen los ricos. Por eso hay que razonar en términos de deseabilidad. Producir menos para cubrir las necesidades; transportar menos, trabajar menos, compartir más; cuidar a las personas y los ecosistemas; gestionar los recursos de manera sobria, colectiva y democrática, para que todas y todos gocen de una vida placentera y confortable: esta es la perspectiva ecosocialista que puede inspirar un plan de reformas estructurales anticapitalistas adaptado al siglo XXI. Porque una cosa es cierta: no hay salida sin poner en tela de juicio la competencia en pos del beneficio, motor del productivismo basado en el derecho de propiedad capitalista.

08/12/2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/climat-inegalites-et-lutte-des-classes/

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 11 Diciembre 2021 05:44

La lógica de los combos políticos

Elon Musk, Jeff Bezos y Warren Buffett.

(Los nombres y otros datos han sido cambiados por razones legales)

José vende tacos mexicanos y choripanes argentinos en un carrito de la Ocho Street y la Azúcar Avenue de Miami. Tiene dos empleados. Guadalupe, la cocinera desde las ocho de la mañana a las siete de la tarde, y Ronald, el flaquito de Caracas que reparte cuando a José le cae un pedido en su UberFood. Al principio se llevaba bien con los dos, hasta que se empezó a calentar cada vez que de noche leía en Facebook los post de Guadalupe y de Ronald. Lo único que comparten los tres es que ninguno va a la iglesia los domingos, pero Guadalupe y Ronald le habían salido zurdos, cosa que no parecía cuando estaban buscando trabajo. Una de Monterrey y el otro exiliado del régimen chavista no parecían casos de cuidado. Pero por algún misterio eran “antimperialistas, no antiamericanos”, como decía el estúpido de Ernesto, y nada más jodido que una patada en los testículos o que los amigos sean tan idiotas, políticamente hablando. Hasta alguna vez sintió la tentación de condimentar el choripán de Ernesto con unas gotas de laxante, cosa que, sabía, no lo iba a matar, pero lo iba a joder un rato como premio merecido a su jodida retórica que ya había contaminado hasta a sus empleados.

Ernesto volvía de su puestito en la universidad y pasaba por los comercios del barrio, como para darse un baño de pueblo antes de volver a su apartamento lleno de libros y de exámenes inútiles, sobre todo a esta altura de diciembre.

José no sabía si Ernesto era un cliente o un enemigo. Al menos esa era su disyuntiva cada viernes que lo veía aparecer con sus lentes de miope y, sin decir palabra, lo obligaba a apagar el celular. Ernesto aparecía y se ponía a hablar con Ronald. Aparentemente intercambiaban bromas con el muchacho ("che" para aquí, "pana" para allá), pero José sabía que Ernesto estaba allí para molestar. Es el destino de algunos individuos que nadie sabe por qué o para qué nacieron. Él, José, le daba trabajo a la cocinera y al delivery guy, Ronald, y ellos ni siquiera alcanzaban a entender cómo funcionaban las cosas.

El viernes pasado vino Ernesto con su carterita marrón llena de papelitos, esa mierda de sus estudiantes que tienen padres que les pagan miles de dólares para que se gradúen de algo mientras trabajan medio o un cuarto de tiempo y luego te refriegan su titulito de Bachiller of Science, Master of Arts, Doctor of Philosophy y toda esa mierda inútil que nadie sabe para qué sirve.

--Yo tampoco entiendo, don José --me dijo la semana pasada, mientras recibía mi comida--, por qué usted defiende tanto a Jeff Bezos.

--Nada personal --le dije--. Igual defiendo a Elon Musk, a Warren Buffett...

--Los creadores de empleo...

--¡Yep! ¿Quiénes más, si no, crean empleos?

--Crean empleos y crean la riqueza de este mundo --dijo, con su habitual sarcasmo--. Los Padres del Progreso de la Humanidad. No lo digo con sarcasmo, sino con mayúsculas, tipo titular del New York Times.

--Tú lo has dicho, amigo. Es lo que hacen todos los empresarios. Salvando las distancias, es lo que hago yo mismo. Si no fuese por este humilde negocio, dos trabajadores estarían mendigando en una esquina de esta misma Calle Ocho.

Y él, muy maldito, me descargó todo eso que debe aprender de sus libros arrugados o que se le ocurre a él mismo con su arrugado cerebro:

--Por alguna misteriosa razón, pequeños y heroicos empresarios como usted, don José, se consideren miembros del mismo gremio que Jeff Bezos, Elon Musk y Warren Buffett...

--Pues, será que algo tenemos en común...

--Sí, todo menos cien billones de dólares y el poder de aplastar a otros pequeños empresarios como usted. No sé, pero tal vez algún día usted se dé cuenta de que tiene más en común con Guadalupe y con el chico... (¿cómo se llama? Ronald, sí, Ronald) que con los amorosos de Jeff, Elon y Warren. Se me hace que usted no podría seguir trabajando sin las Guadalupes, sin los Ronalds, pero seguramente podría seguir, y tal vez sin sufrir tanto, si no existieran ni los Jeff, ni los Elon, ni los Warren. Pero mire que no lo culpo de ese error que no es sólo político, sino existencial. ¿Vio que lo político siempre tiene mala fama? Los dueños del mundo siempre han sabido usar los Combos políticos. Por ejemplo, si usted es un tipo religioso, digamos católico, protestante, pentecostal o alavadió, va a apoyar toda la agenda del partido conservador, es decir, terminará apoyando, con heroico fanatismo, no sólo la prohibición del aborto sino el derecho a portar un rifle M16 en la Ocho (en nombre de la Libertad, obvio), la rebaja de los impuestos a los millonarios y la libertad de los grandes capitales que, según la teología, sería la que garantiza la libertad de los mendicantes. Lo mismo pasa en aquellos países del sur, del extremo sur. Alguien dividió la cancha entre ciudad y campo, entre civilización y barbarie, y cada uno tomó partido. Boca y River, Pañarol y Nacional, Flamengo y Corinthians, Colo Colo y Universidad, Michigan y Alabama... Así, por ejemplo, los peones del campo, aquellos que se levantan a las cinco con un mate y se acuestan a las siete sin un Martini Rossi, tomaron partido en favor de los hacendados, todo para combatir a los malditos habitantes de la ciudad que, dicen, les chupan la sangre. ¡Viva el Partido Patritico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! ¿Pero qué pelotudos, ¿no? Y los poderosos hacendados, los estancieros dueños de miles de hectáreas, los representanes del pueblo, se visten de gauchos en Brasil, en Argentina y en Uruguay, de huazos en Chile, y de indios pongo en Perú o en Bolivia, y les hacen creer a los pobres sin dientes que ellos son parte del mismo partido. ¡Viva el Partido Patriótico! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Pata de la Lora! Hablaban más o menos igual, visten más o menos igual, sobre todo en las fiestas nacionales, y, como en la época de la esclavitud cuando los negros esclavos defendían a sus amos, los esclavos asalariados defienden a sus patrones y se pelean en las fiestas y en las elecciones por la divisa del caudillo, por el color del amo, por la familia y la tradición del gaucho. Otro combo perfecto. ¿No me diga que no se acuerda de aquello de “¡Viva el dotor Whiskygratis!”, el candidato de la CIA?) Nada ha cambiado mucho, ¿no le parece? Quienes están en el poder saben cómo hacerlo. De otra forma no estarían en el poder, ¿no? No digo en la presidencia de este o de otro país, porque eso no es estar realmente en el poder.

--No sé --le dije, como para terminar--. De todas formas, el cliente siempre tiene razón. Aquí tiene su choripán. Es una especialidad de la casa... O del carrito, como quiera llamarlo. Choriarepa, le llamo. Es choripán argentino cruzado con arepas venezolanas, con unas gotitas de agave mexicano. Todos condimentos disidentes, como le gusta a uested...

Al final, me decidí por el laxante en lugar del ágave. Peor son los otros que, dicen, usan radiaciones cancerígenas o frecuencias que no dejan dormir.

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Su último libro es La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

11 de diciembre de 2021

Publicado enSociedad
EU, uno de los más grandes paraísos fiscales del mundo

Nueva York., Pocos estadunidenses se imaginarían que vivían en uno de esos países que ofrecen servicios para que los ultrarricos –empresarios, políticos, criminales– oculten sus fortunas, pero entre las revelaciones más sorprendentes de los Papeles de Pandora es que Estados Unidos se ha vuelto uno de los mayores paraísos fiscales del planeta; menos sorprendente es que empresas y ricos estadunidenses, incluyendo muchos bajo sospecha o investigación criminal, continúan escondiendo sus fortunas en paraísos fiscales en el extranjero.

La "economía clandestina" de empresas fantasmas y fideicomisos bajo prestanombres en paraísos fiscales es un lucrativo negocio internacional con el propósito de ayudar a los ricos a evadir impuestos o investigaciones criminales o para lavar dinero, o sencillamente para disfrazar sus activos. Sobre todo, el servicio esencial es la discreción absoluta y por ello la investigación nombrada Papeles de Pandora por un equipo de 600 periodistas del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), basada en la mayor filtración financiera en la historia, con casi 12 millones de documentos provenientes de 14 empresas dedicadas a este negocio, está generando un sismo en el paraíso de los ricos y sus cómplices.

Establecer estas empresas o cuentas no es ilícito en sí, pero los Papeles de Pandora revelan que varios de los clientes –tanto individuos como empresas– son criminales o han sido acusados de conductas sospechosas, delitos, abusos y violaciones de derechos humanos en el extranjero.

Este negocio es cada vez mayor en Estados Unidos, país cuyos gobernantes no dejan de hablar de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Por cierto, la tarde de ayer la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, en respuesta a preguntas sobre las revelaciones, afirmó que "el presidente (Joe Biden) está comprometido a llevar transparencia adicional a los sistemas financieros de Estados Unidos y el internacional, y uno puede ver eso en las políticas que ha propuesto y apoyado".

La investigación revela que Estados Unidos –con esta industria centrada en los estados de Dakota del Sur, Florida, Texas, Delaware y Nevada entre otros– se está convirtiendo en uno de los mayores paraísos fiscales del mundo, sobre todo para fideicomisos que son establecidos para ocultar fortunas de megarricos, e identificó 206 fideicomisos ligados a individuos en 41 países, entre ellos 28 que parecen estar vinculados con clientes acusados de conducta sospechosa o criminal en el extranjero, incluyendo soborno, fraude y violaciones de derechos humanos.

Estados Unidos está superando a Suiza como el país que más asiste a individuos a ocultar sus finanzas de las autoridades.

Los Papeles de Pandora revelan que el estado de Dakota del Sur se ha vuelto rival de los famosos paraísos fiscales en el Caribe y Europa con aproximadamente 360 mil millones de dólares en este tipo de cuentas, y con algunas de las protecciones legales mas extensas del mundo.

Entre los clientes con cuentas en Dakota del Sur se ha identificado a personajes como Carlos Morales Troncoso, ex vicepresidente de la República Dominicana y ejecutivo en jefe de la mayor empresa azucarera de la isla, la familias del conglomerado ecuatoriano Grupo Isaías, el magnate de jugo de naranja brasileño Horst Happel y el empresario textilero colombiano José Douer Ambar, entre otros –todos bajo algún tipo de investigación o acusados de abusos laborales–.

A la vez, los Papeles de Pandora revelan cómo estadunidenses ricos bajo sospecha por maniobras ilícitas o investigados por delitos usaron los servicios para ocultar sus fondos, incluso de las víctimas de sus crímenes. Entre ellos se identifica a Marc Collins Rector, un ejecutivo del mundo del espectáculo en Los Ángeles que abusó sexualmente de jóvenes en los 90. Evitó pagar las demandas logradas por las familias de algunas de las víctimas ocultando sus millones en cuentas offshore en Belice.

Otros clientes de ese paraíso incluyeron a un dentista que defraudó a la aseguradora federal Medicaid, un cómplice de la mafia, un productor de drogas adulteradas y un rico que acaba de ser condenado por el homicidio de un amigo en 2000, y un empresario acusado de lavado de dinero, entre otros.

Uno de los principales actores internacionales en este negocio de finanzas clandestinas es el bufete de abogados mas grande de Estados Unidos, Baker McKenzie, con 4 mil 700 abogados en 46 países. Christine Lagarde, actual jefa del Banco Central Europeo y anteriormente del Fondo Monetario Internacional fue una abogada y ejecutiva del bufete en las oficinas en París a principios de los años 2000.

"Cuando multimillonarios, multinacionales y los políticamente conectados buscan ocultar riqueza y evitar impuestos, frecuentemente voltean a Baker McKenzie", reporta el ICIJ, identificando al bufete como “arquitecto y pilar de una economía en las sombras, frecuentemente llamada offshore que beneficia a los ricos a expensas de las tesorerías de naciones y las carteras de los ciudadanos ordinarios”.

Baker McKenzie, según lo que revelan los documentos, ayudó a establecer empresas fantasmas en Chipre para la megamultinacional RJR Nabisco, canalizar miles de millones de ganancias de Facebook a cuentas en Irlanda con sus bajas tasas de impuestos, y a Nike ocultar beneficios en cuentas holandesas. Pero no es todo: entre sus clientes están varios implicados en corrupción política, fraudes empresariales y otros vinculados a regímenes autoritarios. Entre ellos está Najib Razak, prófugo autor intelectual del robo multimillonario de un fondo público de inversiones en Malasia, el fabricante de armas ruso Rostec, la esposa del financiero brasileño Daniel Birmann, el multimillonario colombiano Jaime Gilinski Bacal, además de empresas acusadas de evadir impuestos, como Apple.

Chuck Collins, coordinador del proyecto sobre desigualdad económica del Institute for Policy Studies en Washington, quien asesoró a algunos de los periodistas de Pandora, comentó sobre las revelaciones que "todos nosotros aquí en Estados Unidos deberíamos de estar absolutamente avergonzados de que nos hemos convertido en un imán para fortunas cleptocráticas. Nuestros políticos necesitan clausurar el sistema de riquezas ocultas".

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Chamanes realizan un ritual en apoyo a Castillo en el Cerro San Cristóbal de Lima.. Imagen: EFE

A estos pueblos históricamente despojados el fujimorismo, derrotado en estas elecciones, busca despojarlos también de sus votos, no contarlos. Éstas son su voces.

 

En un país marcado por profundas inequidades, esta elección presidencial ha expuesto la división entre las élites y los sectores populares, los olvidados, entre la capital y el interior, entre el Perú oficial y el Perú profundo. Una división y exclusión que el país oficial se ha empeñado en ocultar, pasar por alto. Ahora, en la desesperación de las élites por su derrota y la pérdida del poder, esa discriminación emerge mostrando su peor rostro racista y clasista. Son dos países. Entre los más excluidos, los más pobres, están los pueblos indígenas, andinos y amazónicos.

En esta elección, un hombre de origen campesino, andino, el profesor Pedro Castillo, virtual presidente electo, sorprendió a todos y ahora las élites excluyentes maniobran para sacarle votos en mesa y tratar de bloquear su llegada a la presidencia. Los sectores campesinos, indígenas, votaron masivamente por el profesor de escuela rural. Y es a estos pueblos históricamente despojados a los que el fujimorismo, derrotado en estas elecciones, busca despojarlos también de sus votos, no contarlos. Invisibilizados como ciudadanos, ahora también se les quiere invisibilizar como electores.

El 25 por ciento de la población peruana es indígena, unos ocho millones. De ellos, la gran mayoría son comunidades andinas, quechuas principalmente y aymaras en menor proporción. Y unos 300 mil pertenecen a diversos pueblos originarios de la Amazonia.

"Están indignados"

“En estas elecciones estamos viendo el racismo en todo su esplendor. A ellos les duele haber perdido con un campesino, un profesor, por eso están indignados y quieren sacarnos nuestros votos. Qué casualidad que cuando piden anular votos lo hacen con los de las comunidades indígenas. Las acusaciones que nos hacen de haber rellenado las ánforas y las actas de votación son falsas, no tienen ningún sustento. Nuestros hermanos están molestos”, le señaló a Página/12 Melania Canales, campesina quechua, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú.

Lizardo Cauper es dirigente de un pueblo originario amazónico y presidente de la Asociación Interétnica de la Selva Peruana - Aidesep. “Primero niegan que existimos, ahora nos quieren robar nuestros votos” dice, con indignación. “La mafia -agrega- se resiste a aceptar su derrota e inventa un fraude. Es indignante su racismo que pretende ignorar el voto indígena con su poder económico. Estamos defendiendo nuestros derechos. Nos declaramos en estado de emergencia para defender nuestro voto”.

"Expresiones racistas"

“Ellos (los fujimoristas) tienen expresiones racistas contra los pueblos indígenas. Han dicho ‘en las serranías han llenado las actas electorales a su antojo’. Eso es una falsedad y es indignante para nosotros. Se nos sigue tratando como personas de segunda categoría en pleno siglo XXI. Se debe entender que no hay razas ni culturas superiores. Hay un desprecio hacia los pueblos indígenas y ahora nos quieren robar nuestros votos”, señala Víctor Maita, campesino quechua, presidente de la Confederación Nacional Agraria. Sobre la negativa de la derecha a admitir su derrota electoral, sus ataques con tono de desprecio y racismo contra Castillo y sus votantes, Maita advierte que “lo que están generando es polarizar al pueblo peruano, ya estamos cansados de esa polarización”.

Hugo Jilaja, presidente de la Unión Nacional de Comunidades Aymaras, asegura que “la población aymara está indignada” por las afirmaciones del fujimorismo de que en las zonas rurales e indígenas se hizo fraude en las mesas para favorecer a Castillo. Acusaciones sin fundamento que buscan anular esos votos masivamente favorables al candidato de la izquierda.

Keiko Fujimori ha acusado a las poblaciones rurales de suplantar a los miembros de mesa para coparlas, conclusión a la que la derrotada candidata llega porque las firmas de algunos miembros de mesa no le parecen iguales a las de sus documentos de identidad o porque tienen el mismo apellido y eso la hace suponer que son familiares enviados para manipular votos a favor de Castillo. Denuncias sin evidencias serias.

"Fuijmori agrede"

El dirigente aymara Hugo Jilaja le responde: “Keiko Fujimori no conoce la realidad de los pueblos indígenas. Las personas mayores de las comunidades indígenas tienen dificultades de hacer su firma, no están acostumbrados a firmar, por eso cundo firman no es igual a su documento de identidad. En las comunidades hay muchas personas con el mismo apellido que no son familia. Y todos sabemos que en las mesas electorales se agrupa por orden alfabético de los apellidos. Los pueblos originarios han sido agredidos por Keiko Fujimori. Rechazamos la discriminación étnica ejercida por ella”.

Maita anuncia acciones de protesta si se consuma la pretensión de Keiko Fujimori, y la derecha en pleno, de anular unos 200 mil votos rurales e indígena para cambiar el resultado electoral. “Los pueblos originarios tenemos claro que los grupos de poder económico se han juntado para defender sus privilegios. Si no se respeta el voto rural, primero iniciaremos acciones legales y luego medidas de lucha, de fuerza. Haremos respetar nuestro voto”.

“Los indígenas defendemos la democracia que hemos ganado en los últimos 20 años. Estamos vigilantes y atentos. Esta incertidumbre está generando zozobra en los pueblos indígenas”, dice, por su parte, Jilaja.

Melania Canales le comenta a este diario las razones por las cuales las comunidades campesinas han votado masivamente por Castillo. “Nos identificamos con Castillo porque representa a las personas que somos víctimas del racismo y de las brechas de desigualdad e injusticia. Yo soy indígena, él es de un pueblo descendiente de indígenas, soy campesina y de la clase baja como él. En estos 200 años de República nos han gobernado las oligarquías, los burgueses, ya era hora que nos gobierne alguien del pueblo”.

Sobre sus expectativas con un gobierno del profesor rural, Canales dice: “Esperamos cumpla con su palabra. Le hemos dicho que no nos traicione. Somos conscientes que su gobierno va a ser difícil, acosado para tratar de hacerlo inestable, no lo van a dejar gobernar fácilmente, el pueblo tendremos que estar en las calles permanentemente para defender y sostener su gobierno. Lo primero que esperamos es que haga una nueva Constitución. Queremos que empiece a limpiar la casa, porque no es posible que en el aparato estatal haya gente totalmente racista. Ha prometido apoyar a la agricultura familiar, esperamos que haga eso. Ningún proyecto extractivo debe ir adelante sin el consentimiento social de las comunidades”.

"Votamos por el cambio"

Por su parte, Lizardo Cauper señala que su apoyo es por el cambio. “Los pueblos indígenas votamos por el cambio, en contra del modelo económico neoliberal, que es insostenible, insistir en lo mismo sería suicida. Hemos elegido un cambio y del nuevo gobierno esperamos ese cambio. Los pueblos indígenas somos discriminados, queremos una sociedad democrática, sin racismo ni opresión. Esperamos eso. Es fundamental que el nuevo gobierno nos escuche”.

El dirigente aymara Hugo Jilaja también opina sobre lo que demandan del próximo gobierno del profesor Castillo. “Exigimos que las autoridades tengan diálogo con los pueblos originarios. Exigimos el cese de la discriminación étnica que ha dividido a la población peruana. Demandamos librarnos de la mentalidad colonial”.

Los pueblos originarios de los Andes y la Amazonia están a la expectativa de lo que vaya a ocurrir con sus votos que la derecha pretende anular. Se han declarado en estado de emergencia. Convocarán acciones de protesta si les roban sus votos.

“Esperamos se respeten nuestros votos. Si hay respuesta negativa, la intervención de los pueblos indígenas será contundente para defender nuestros votos y nuestra dignidad”, anuncia, con voz firme, Lourdes Huaca, presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú

Por Carlos Noriega

13 de junio de 2021

Desde Lima

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Jeff Bezos, el jefe de todo esto. Foto: Seattle City Council

El economista Robert Reich propone siete medidas para que las grandes fortunas de Estados Unidos paguen los impuestos necesarios para la economía del país.

 

Los ingresos y la riqueza están ahora más concentrados en la élite que en cualquier otro momento de los últimos 80 años, y nuestro injusto sistema tributario es una de las principales razones. El sistema tributario está diseñado para los ricos, lo que permite que un puñado de personas adineradas ejerzan una influencia indebida sobre nuestra economía y nuestra democracia.

Los conservadores se preocupan por los déficits presupuestarios. En tal caso, para pagar aquello que la nación necesita —poner fin a la pobreza, atención médica universal, infraestructuras, revertir el cambio climático, invertir en las comunidades y mucho más— los súper ricos tienen que pagar la parte justa.

Estas son siete formas necesarias para gravar a los ricos.

Primero: Derogar los recortes de impuestos de Trump. No es ningún secreto que la gigantesca rebaja de impuestos de Trump fue un gran regalo para los ricos. El 65% de sus efectos favoreció al quintil más rico, y de esa parte, el 83% lo hizo al 1% más rico. En 2018, por primera vez desde que hay registros, los 400 estadounidenses más ricos pagaron una tasa impositiva efectiva más baja que la mitad inferior. Revocar los beneficios de la reducción de impuestos de Trump para las corporaciones ricas y grandes, como ha propuesto Joe Biden, recaudará un monto estimado de 500.000 millones de dólares en una década.

Segundo: aumentar el tipo impositivo sobre los que están en la parte superior. En la década de 1950, el tipo impositivo más alto para los estadounidenses más ricos superaba el 90%. Incluso después de las deducciones y las desgravaciones fiscales todavía pagaban más del 40%. Pero, desde entonces, las tasas impositivas se han reducido drásticamente. Hoy, después de la reducción de impuestos de Trump, los estadounidenses más ricos pagan menos del 26%, incluidas deducciones y desgravaciones. Y esta tasa se aplica solo a los dólares ganados por encima de 523.601 dólares. Aumentar la tasa impositiva marginal en solo un 1% sobre los estadounidenses más ricos generaría aproximadamente 123.000 millones en diez años.

Tercero: un impuesto sobre el patrimonio para los súper ricos. La riqueza es una fuente de desigualdad aun mayor que los ingresos. El 0,1% más rico de los estadounidenses tiene casi tanta riqueza como el conjunto del 90% inferior. Durante la pandemia, los multimillonarios de Estados Unidos agregaron 1.300 millones a su riqueza colectiva. El impuesto sobre el patrimonio propuesto por Elizabeth Warren cobraría un 2% sobre el patrimonio de más de 50 millones de dólares y el 3% sobre el patrimonio de más de mil millones. Solo se aplicaría a unos 75.000 hogares estadounidenses, menos del 0,1% de los contribuyentes. De acuerdo con él, Jeff Bezos pagaría 5.700 millones de su fortuna de 185.000 millones, menos de la mitad de lo que ganó en un día el año pasado. El impuesto sobre el patrimonio recaudaría 2.750 billones de dólares en una década, lo suficiente para pagar el cuidado infantil universal y la universidad pública gratuita con mucho sobrante.

Cuarto: Un impuesto a las transacciones financieras. El 1% más rico posee el 50% del mercado de valores. Un pequeño impuesto del 0,1% sobre las transacciones financieras, solo un dólar por cada mil dólares negociados, recaudaría 777.000 millones en una década. Eso es suficiente para proporcionar vales de vivienda —más de 12 veces— a todas las personas sin hogar en Estados Unidos.

Quinto: Poner fin al vacío legal de la “base de costos incrementados” [“stepped-up cost basis”]. Los herederos de los superricos pagan cero impuestos sobre las ganancias de capital respecto a los enormes aumentos en el valor de lo que heredan debido a una laguna jurídica llamada stepped-up cost basis. En el momento de la muerte, el valor de los activos se “incrementa” a su valor actual de mercado, por lo que una acción que se valoró originalmente en, digamos, un dólar cuando se compró, pero que vale mil dólares cuando los herederos la reciben, lleva aparejada un ahorro de 999 dólares en términos de ganancias de capital. Este vacío legal permite que enormes y crecientes concentraciones de riqueza pasen de generación en generación sin tener que pagar impuestos. Eliminar esta laguna legal recaudaría 105.000 millones de dólares en una década.

Seis: Cerrar otros vacíos legales para los superricos. Por ejemplo, una forma en que los administradores de bienes raíces, capital de riesgo, capital privado y hedge funds reducen sus impuestos es el agujero del “interés acumulado”, que les permite tratar sus ingresos como ganancias de capital en lugar de como ingresos salariales ordinarios. Eso significa que pagan impuestos a la tasa más baja de ganancias de capital en lugar de la tasa impositiva más alta sobre los ingresos. Se estima que cerrar este vacío legal recaudará 14.000 millones en una década.

Siete: Incrementar los fondos del Fisco para que pueda auditar a los contribuyentes ricos. Debido a que el IRS [Internal Revenue Service, la Hacienda estadounidense] no ha recibido fondos suficientes, es mucho menos probable que los millonarios sean auditados de lo que solían serlo. Como resultado, el IRS no recauda una gran cantidad de impuestos de los contribuyentes ricos. Recaudar todos los impuestos federales sobre la renta no pagados por el 1% más rico generaría al menos 1.75 billones de dólares durante una década. Así que, definitivamente, hay que financiar el IRS.

Juntas, estas siete formas de gravar a los ricos generarían más de seis billones en diez años, suficiente para abordar las grandes necesidades de la nación. A medida que la desigualdad se ha disparado, nuestro injusto sistema fiscal ha permitido que los estadounidenses más ricos hagan trampa para no pagar lo que en justicia deben pagar. No es radical frenar esta irresponsabilidad. Es radical dejar que continúe.

Por Robert Reich

6 abr 2021 06:06

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Viernes, 18 Diciembre 2020 05:50

La mira puesta sobre los ricos

 El 1 por ciento más rico de la región concentra el 41 por ciento de la riqueza.  ________________________________________ Imagen: Leandro Teysseire

Latindadd recomienda aplicar un impuesto a la riqueza en toda la región

La Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social realiza un recorrido sobre la desigualdad en América Latina y los mitos alrededor de esta tributación. 

 

Bajo el título "Ahora o Nunca", un informe elaborado por la Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social (Latindadd) realiza un recorrido sobre la desigualdad social estructural de América Latina y los mitos alrededor de la tributación para justificar la aplicación de un impuesto a la riqueza en toda la región, que podría "recaudar un mínimo de 26.504 millones de dólares al año entre una veintena de países, suficientes para combatir el hambre en personas de extrema pobreza o garantizar la cobertura universal y gratuita a la vacuna contra la Covid-19", asegura el informe.

Una de las  causas por las cuales el efecto de la Covid-19 en América Latina es especialmente peligroso es que impacta sobre la sociedad más inequitativa del mundo en la distribución del ingreso: el 1 por ciento más rico de la región concentra el 41 por ciento de la riqueza, y el 10 por ciento más rico concentra el 72 por ciento. Otra causa que menciona el informe son los altos niveles de informalidad laboral (54 por ciento de los y las trabajadoras de la región). Si a este escenario se le suman 45 millones de nuevos pobres, el cierre de 2,7 millones de empresas formales y una caída del PIB regional de 9,1 por ciento; las posibilidades de revertir la situación son cada vez más lejanas. 

"Las bajas presiones tributarias dan como resultado Estados nacionales con poca capacidad de incidir en la distribución del ingreso, en la garantía de derechos económicos, sociales y culturales y, por lo tanto, también en la respuesta a la crisis. Ante la pandemia se ha hecho evidente el importante rol que juega el Estado para la garantía de los derechos y la protección de la población no solo para las personas más vulnerables sino para la sociedad en su conjunto", puntualiza el informe. 

Con la visibilidad  que la crisis económica mundial dio a problemáticas sociales que estaban naturalizadas en muchos países, crecieron los reclamos sociales para lograr una mayor equidad ante la creciente desigualdad. Y estos reclamos ponen en el centro de la escena la necesidad de sistemas tributarios acordes a este objetivo. Hubo un consenso general en la comunidad a favor de los mismos: desde economistas que en general se manifiestan a favor de la equidad como Thomas Piketty, hasta organismos multilaterales que no suelen apoyar este tipo de políticas como el FMI o la OCDE. En la práctica muchos países comenzaron a tratarlo: en Argentina está aprobado, pero también Perú, Bolivia y Chile presentaron proyectos de ley al respecto.

Es un mito

Con su tratamiento también renacieron mitos históricamente instaurados para proteger el patrimonio de los ricos:

- Los impuestos a la riqueza reducirán el ahorro, la inversión y, por tanto, el crecimiento: El informe intenta rebatirlo citando a los premios Nobel de Economía Banerjee y Duflo (2020), que establecen que “no hay evidencias de que las rebajas de impuestos de Reagan o el aumento de la tasa marginal de Clinton, o las rebajas fiscales de Bush, hicieran nada por cambiar la tasa de crecimiento de largo plazo”.

- Gravar el capital aumenta la fuga: "En Uruguay aplica un impuesto al patrimonio desde 1967 con modificaciones y variantes en las tasas y en los montos imponibles. Siempre estuvieron grabadas las empresas, las personas físicas y sucesiones indivisas. En ninguna de sus modificaciones de tasa o base imposible se ha podido mostrar una relación con la salida de capitales del país, a pesar de que ha mantenido una política abierta de entrada y salida libre de capitales",asegura.

- Los impuestos a la riqueza duplican el gravamen a rentas que ya habían tributado:  este fenómeno ocurre habitualmente en el sistema tributario. Por ejemplo, el salario de una trabajadora se grava múltiples veces (impuesto a la renta personal, contribuciones de seguridad social, el IVA u otros). "Esto sin embargo no genera rechazos por los grandes detractores de los impuestos sobre la riqueza", determina.

Finalmente, analiza posibles usos de la recaudación potencial resultante de la aplicación del impuesto, enfocadas a combatir el hambre y fortalecer el sistema de salud pública."La baja inversión pública dejó servicios públicos de baja calidad para millones que no consiguen romper las barreras de la desigualdad. Las necesidades son inmensas", concluye el informe. 

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La historia oculta de las clases sociales en Estados UnidosEntrevista a Nancy Isenberg

Nancy Isenberg, autora de White Trash, sostiene que en Estados Unidos «nadie quiere hablar de clases», que «las elites del sur han utilizado la estrategia de enfrentar a las clases pobres blancas con los afroamericanos» y analiza la histórica naturaleza clasista de la sociedad de un país que nunca fue realmente el de las oportunidades. Al mismo tiempo, hace una crítica de la representación que el ultramillonario Donald Trump pretende ejercer sobre la llamada «escoria blanca».

 

En su libro White Trash propone desmontar algunos de los mitos estadounidenses, empezando por el «sueño americano» de la «tierra de las oportunidades». ¿Cómo se forjó ese mito?

Parte del mito fue inventado en 1776; está conectado directamente con los orígenes del país. Estados Unidos rompió con Europa, que era vista como una tierra atrapada en el pasado: se la asociaba con la aristocracia y la monarquía. Se creó un sistema radicalmente nuevo que no reconocía el linaje de las élites. El problema es que Estados Unidos creó su propia aristocracia: en cierto sentido, nuestros presidentes se han convertido en una especie de figura real. Sobre todo ahora.

¿Cómo pudo mantenerse y tener tanto éxito este mito durante cuatro siglos?

Por un lado, los estadounidenses aman las nociones abstractas y, en ese sentido, este mito funciona perfectamente. Por otro, hay un gran desconocimiento de la historia: muchos estadounidenses conocen la historia popular que refuerza este mito. Lo que pasa es que el único momento en que tuvimos una clase media estable fue el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial: esto fue posible porque el gobierno intervino en la economía y fortaleció el Estado del bienestar. Hoy en día solo el 33% de los estadounidenses tiene un título universitario. ¿Cómo podemos decir que tenemos igualdad de oportunidades? ¿Cómo podemos sostener que existe la meritocracia? Está probado que la gente que va a las universidades, especialmente las de la Ivy League, proviene de familias ricas. Cuando dependes tanto de la riqueza de tu familia significa que estamos creando una nueva aristocracia. El mito de la igualdad de oportunidades no funciona para la gran mayoría de estadounidenses. Y este es un tema interesante porque el Partido Demócrata, que solía representar a los trabajadores, se ha convertido en el partido de las profesiones liberales. Trump se ha propuesto como el representante de una clase trabajadora inventada: en Estados Unidos, la clase trabajadora es en realidad mucho más diversa en términos raciales y de género. El mensaje de Trump está claramente dirigido a hombres blancos de clase media que tienen miedo a perder su estatus.

En su libro reivindica la urgencia de un análisis de clase en la historia de Estados Unidos.

Nadie aquí quiere hablar de clases sociales. El único momento en que se habló de clases fue durante la Gran Depresión en los años 30. Cuando tienes a un tercio de la población desempleada no puedes criticar a la gente por ser perezosa. El problema es que el mito de la «tierra de las oportunidades» se ha perpetuado, pero intento mostrar que la clase es una cuestión crucial en la historia de Estados Unidos.

¿Cómo es posible que se haya conseguido expulsar del relato nacional a los blancos pobres y negar la centralidad de la separación de clases durante cuatro siglos?

El mejor ejemplo es Thomas Jefferson. Prometió la conquista del oeste para que la gente pobre que vivía en la costa este pudiese empezar una nueva vida allí y tener su propia tierra. ¡Pero se trató sencillamente de movilidad física, no de movilidad social! De hecho, esas personas se mudaron hacia el oeste, pero a menudo no eran dueños de las tierras: en un segundo momento, venían los ricos especuladores y los echaban. Este es un retrato más preciso de cómo han funcionado las clases en la historia de Estados Unidos y no la imagen de que todos tienen sus oportunidades para conseguir el sueño americano. El otro gran problema se vincula con el sur del país, que siempre se ha basado en una economía agraria. Todos los estudios han puesto de relieve que las sociedades agrarias tienen mucha menos movilidad social que las sociedades comerciales. En 1776 había, de hecho, más movilidad social en Gran Bretaña que en Estados Unidos. Y, de hecho, el momento en que hubo más desigualdad fue durante la Confederación: querían crear una sociedad aún más elitista de la que ya existía en aquel entonces.

Leyendo su libro, uno se pregunta cómo es posible que esta «escoria blanca» no haya intentado organizarse para hacerse valer.

En algún momento lo ha intentado, como a finales del siglo XIX con el Partido del Pueblo, la primera versión del populismo o, sobre todo, en el ámbito de los sindicatos, aunque ahí también hubo siempre fracturas entre trabajadores cualificados y no cualificados. La cuestión es que, en general, las elites del sur de Estados Unidos han utilizado la estrategia de enfrentar a las clases pobres blancas con los afroamericanos. Han manipulado conscientemente los miedos de los blancos pobres. En el sur, además, se nota todavía la huella de la guerra civil. Muchos de los partidarios de Trump muestran una mentalidad típica del sur: no confían en el gobierno y no creen en la esfera pública. Es una consecuencia de ese «protégete a ti mismo pero no te preocupes de los demás», típico del sistema de las plantaciones. El trumpismo es ciertamente hijo del Tea Party, pero viene también de algo más profundo.

En el recorrido de los 400 años de historia estadounidense, pone de relieve la importancia de una serie de leitmotivs, como el que explicitó Thomas Jefferson cuando afirmó que «la naturaleza es la que asigna las clases» o los discursos eugenésicos de finales del siglo XIX. El fracaso social dependería pues de los defectos personales de los individuos. Da la impresión de que estos discursos existen todavía si tenemos en cuenta algunas declaraciones de los republicanos de los últimos años. ¿Entonces, nada ha cambiado?

Es bastante escalofriante, sí. Jefferson sostenía que la formación de una aristocracia natural –que debía sustituir a la aristocracia con linaje que venía de Europa– dependía de saber elegir a la mujer correcta. Sobre esto también se constituyó la eugenesia: nunca se admitirá, pero más que Alemania, los líderes mundiales en los estudios eugenésicos fueron Estados Unidos y Gran Bretaña. En el fondo, la idea de Jefferson y la eugenesia defienden lo mismo: eres lo que heredas. Piensa en el debate sobre si la homosexualidad se debe a cuestiones genéticas o culturales. O en la cuestión del aborto: ¡hay quien dice que tenemos el derecho de esterilizar a las mujeres pobres para que no pasen sus defectos a las futuras generaciones! La eugenesia sigue aún entre nosotros. Fíjate en los programas de citas online: cuando das tus informaciones a estas empresas les estás dando tu background social y educativo y te van emparejando según tu condición de clase. No es casualidad que la persona que creó en los aós 50 el primer programa de citas computerizado viniera de un sector que apoyaba la eugenesia. Lo que es irónico es que esto de la eugenesia se contrapone al otro gran mito estadounidense de que todos los individuos somos iguales.

Bill Clinton era un joven de familia pobre de Arkansas que, en 1992, se convirtió en presidente. Sarah Palin es una mujer de Alaska, perteneciente a la «escoria blanca», que fue nombrada candidata a la vicepresidencia en 2008. ¿Clinton y Palin representaron una revancha de la que define como «chatarra humana»?

El caso de Clinton es muy interesante: la gente se ha olvidado, pero los republicanos lo atacaron duramente llamándolo «escoria blanca», incluso con el escándalo de Monica Lewinsky. El padre de Clinton murió cuando era niño, su padre adoptivo era violento, pero él consiguió una beca y estudió en Yale: la suya fue una especie de historia de éxito para alguien que venía de una familia pobre. Cuando se presentó a las elecciones, lo que hizo fue conectar con la clase trabajadora blanca. Lo llamaban el «Elvis de Arkansas». De manera bastante consciente, Clinton cultivó esa imagen. El caso de Palin es muy diferente: no tiene ninguna historia de éxito a sus espaldas. Lo que pasó fue que los republicanos en ese momento pensaron que, como en un reality show, cualquiera podía ser un candidato a la presidencia. Y crearon a la candidata Palin. Fue una especie de Operación Triunfo. El objetivo era presentar a alguien que fuera más cercano a la gente.

En 2016 Trump, un ultramillonario representante del 1% más rico del país, habló a la «basura blanca», cabalgó su malestar y reivindicó su estilo de vida. ¿Esto marca un cambio respecto al pasado?

Esta es la ironía de Trump: no entiende nada de la gente trabajadora, nunca ha hablado con ellos, nunca hizo nada en la vida. Además, es un empresario fracasado y endeudado. La razón por la cual a una parte de la clase trabajadora blanca le gusta Trump es la manera en la que habla: como un estadounidense cansado de la política. Su grosería le hace auténtico. Y eso nos lleva a una reflexión: lo que se quiere en muchos casos de los políticos es que se parezcan a nosotros. Trump ha adoptado la política del sur, aunque es de Nueva York. Todo lo que pretende ser no lo es y creo que muchos de sus votantes saben que es un espectáculo, un fake, como en el wrestling (pressing catch). Sinceramente, no creo que la mayoría de la gente que acude a sus mítines ame a Trump, pero le gusta estar ahí. Es como ir a un partido de fútbol.

¿Qué influencia tuvieron toda una serie de programas de televisión de los últimos cuarenta años para modelar la imagen de la «escoria blanca»? ¿La victoria de Trump en 2016 es también una consecuencia del movimiento de orgullo identitario redneck de la década de 1990?

Esos programas crean estereotipos insultantes como en el reality Here Comes Honey Boo Boo [que muestra a la familia de una muchacha que participa en un concurso de belleza infantil] donde la madre de la familia encarna el tópico de la mujer blanca pobre: jamás se ha casado, tiene tres hijos de tres diferentes hombres, dos de los cuales son violentos, es gorda… ¿Cómo podemos sorprendemos de lo que pasa en política? Aquí se percibe una vez más la enorme influencia de los medios: la gente cree ver un verdadero candidato por ese falso sentimiento de intimidad que proporciona la televisión. No se fija en los contenidos, sino en cómo habla el candidato. Los políticos se limitan a recoger inputs de la cultura de masas. Los jefes de campaña son publicitarios: esto ya empezó con Eisenhower.

En la anterior campaña electoral, Hillary Clinton tachó de «deplorables» a los electores de Trump. ¿Joe Biden es el candidato correcto para hablar a ese sector de la sociedad estadounidense?

Hillary se equivocó y esa expresión se utilizó mucho contra ella, aunque no se refería a la gente pobre, sino a los supremacistas blancos. Dicho esto, Biden es diferente porque tiene un lenguaje mucho más dirigido a la clase trabajadora y puede convencer a los votantes de Pensilvania o Michigan que hace cuatro años votaron por Trump. O a las mujeres de los suburbios de Milwaukee, en Wisconsin, que apoyaron a Ted Cruz. Por eso, creo que los demócratas apostaron por Biden y no por Sanders.

Se habla mucho de las guerras culturales. La extrema derecha, claramente, las utiliza. ¿Es otra manera de ocultar las diferencias de clase, sustituirlas por temas identitarios?

Los republicanos saben que la única forma de que la clase trabajadora blanca siga votándoles es utilizar las políticas culturales e identitarias que distraen a la gente de las cuestiones materiales. Lo que Trump hace no es nuevo: Sarah Palin ya empezó hace una década. La gente debería votar a los políticos que pueden hacer mejoras concretas en sus condiciones de vida. Por ejemplo, ahora como nación deberíamos tener una respuesta nacional a la pandemia y no la tenemos. En cambio, mucha gente piensa que debe votar a quien más se le parece. Este es el problema.

Nancy Isenberg es profesora de historia en la Universidad Estatal de Luisiana. Ha escrito diversos libros sobre los «padres fundadores» de Estados Unidos. Es autora de White trash: los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses (Capitan Swing, 2020).

Este artículo es producto de la colaboración entre Nueva Sociedad y CTXT. Se puede leer la versión original acá.

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Sábado, 26 Septiembre 2020 05:59

Injusticia climática y pandemia

Injusticia climática y pandemia

Un informe de Oxfam de septiembre 2020 sobre los responsables del cambio climático entre 1990 y 2015, expone la lacerante desigualdad en el tema, que está directamente relacionado con la salud de los ecosistemas y de las personas (https://tinyurl.com/info-oxfam). Las causas del cambio climático se entretejen con las de la pandemia: en ambos casos el sistema alimentario agroindustrial es uno de sus principales causantes.

Según el informe, el 10 por ciento más rico de la población mundial (630 millones de personas) generó 52 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, por sus siglas en inglés) acumuladas, mientras la mitad del mundo más pobre (3 mil 100 millones de personas) generó tan sólo 7 por ciento de los gases. O, expresado de otra manera, la mitad más adinerada del mundo ha generado 93 por ciento de las emisiones acumuladas.

En el lapso 1990-2015 las GEI anuales (como dióxido de carbono y otros que calientan la atmósfera en forma permanente) se incrementaron 60 por ciento, pese a que ya existía claro conocimiento de sus causas y el riesgo de colapso climático.

De la población más rica, 5 por ciento (aproximadamente 315 millones de personas) fue responsable de 37 por ciento de este aumento. El repunte total de las emisiones de apenas el uno por ciento más adinerado fue, en volumen, tres veces mayor que el de todo el 50 por ciento más pobre.

Solamente 10 países son responsables de dos terceras partes de las emisiones históricas de GEI acumuladas desde 1850, aunque esa referencia es engañosa, ya que la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se realizaron en los 50 años recientes, y se aceleraron después de 1990. Estados Unidos encabeza esa lista.

Con menos de 5 por ciento de la población mundial, consume cerca de 25 por ciento de la energía global. En la década pasada, China se convirtió en el principal emisor de los referidos gases y Estados Unidos pasó a segundo lugar, seguido de la Unión Europea e India. No obstante, medido en emisiones per cápita, Estados Unidos sigue emitiendo 10 veces más GEI que India y más del doble que China.

Lo más terrible es que más de 100 países del sur global y la mitad de los habitantes más pobres del planeta prácticamente no emiten gases de efecto invernadero, pero son los que más sufren las consecuencias del cambio climático, con inundaciones y sequías extremas, migraciones obligadas y por quedar sin casa ni vías de sustento, entre otras.

En el mundo, dentro de cada país, los efectos del calentamiento global provocado por las minorías más ricas los sufren los más pobres y marginalizados, tanto en comunidades urbanas como rurales e indígenas, como, entre otros, los efectos de huracanes en Nueva Orleans, las inundaciones en Reino Unido o los incendios descontrolados de la costa Oeste de Estados Unidos, Australia, Brasil, Argentina e Indonesia.

Las causas del cambio climático son ya bien conocidas. Es una consecuencia del sistema de producción y consumo industrial a gran escala basado en combustibles fósiles.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), los principales sectores emisores, por orden de magnitud, son la extracción y generación de energía, la deforestación y agricultura industrial, así como la construcción y transportes.

Si de estas fuentes extrapolamos el uso de energía, uso de suelo, deforestación, transportes, emisión de gases por desechos orgánicos, se muestra que el sistema alimentario agroindustrial (desde las semillas y agrotóxicos a los supermercados con empaques, refrigeración, transportes, desechos) es responsable de 40 a 55 por ciento de las emisiones de GEI. Ese mismo sistema agropecuario industrial es el factor principal en la generación de epidemias y pandemias. (https://tinyurl.com/ycfcksva).

Pero ni en el cambio climático ni en las pandemias, las políticas oficiales se dirigen a eliminar las causas: en ambos casos se privilegia volver a subsidiar a las poderosas industrias causantes de tan tremendas crisis, apoyando salidas tecnológicas que les garantizan nuevos mercados.

En la pandemia, con enormes inversiones públicas en vacunas escasamente evaluadas y que plantean nuevos riesgos (Ver Covid y vacunas transgénicas, https://tinyurl.com/yxzlpxv9), dejando intocadas las causas.

En políticas climáticas, permitiendo que, en lugar de reducir emisiones reales, las empresas y países se basen en el concepto perverso de "emisiones cero netas"; es decir, que puedan seguir contaminando con GEI, pero que supuestamente lo compensen con otras medidas.

En la reciente Semana del Clima, realizada en Nueva York paralela a la Asamblea de la ONU, las mayores corporaciones globales expusieron varios proyectos en ese sentido, como tecnologías de geoingeniería y lo que llaman "soluciones basadas en la naturaleza", que es un concepto para disfrazar megaproyectos de plantaciones y otras formas de explotar y mercantilizar áreas naturales (https://tinyurl.com/y2te9eco).

Ni la injusticia climática ni las pandemias son naturales. Son producto de sistemas de producción y consumo que nos enferman y que tenemos que terminar.

Por Silvia Ribeiro. investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Bill Gates. Credito: EP

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, lamentó este domingo 9-A "la locura de pruebas" del coronavirus SARS-CoV-2 que hay en EE UU, que ha sobrepasado ya los cinco millones de contagios de covid-19.

"Una variedad de pasos tempranos en falso por parte de EE UU y luego la atmósfera política han supuesto que no hicimos que nuestras pruebas comenzaran a funcionar", dijo Gates a la CNN.

"Ningún otro país tiene la locura de pruebas -agregó-, porque no hablarán de arreglarlas, debido a que piensan que simplemente deben seguir actuando, como si hubieran hecho un trabajo competente".

En su opinión, las prohibiciones de viaje desde otros países -como los vetos impuestos por el presidente Donald Trump a los visitantes desde China o desde algunos países de la Unión Europea- no han contribuido a evitar la expansión del virus en EE UU.

"Es una tontería que cualquier tipo de prohibición de viaje que hicimos fuera beneficiosa -agregó-. Eso no pasa la prueba del sentido común. Y ahora hemos ejecutado cierres en todo el país con menos fidelidad que en otros países".

Gates, copresidente de la fundación que lleva su nombre y el de su esposa, Melinda, subrayó que los laboratorios comerciales han hecho que haya largas colas de personas para hacerse las pruebas, mientras que los ricos tienen acceso a tests rápidos.

"Es alucinante que no se pueda lograr que el Gobierno mejore las pruebas, porque solo quieren (desde el Gobierno) decir lo buenas que son", indicó Gates.

También les ha pedido otras medidas: "No reembolsen ningún test donde el resultado tarde más de tres días. Están pagando miles de millones de dólares de esta manera muy desigual para conseguir los resultados de los test con menor valor del mundo".

EE UU, el país más afectado por la pandemia, rebasó este domingo los 5 millones de contagios, con 5.036.387 casos confirmados hasta ahora, y 162.851 fallecidos.

Estimó que "para el mundo rico, deberíamos ser capaces de acabar con esto para finales de 2021, y para el mundo en general para finales de 2022".

Con información de agencias.

09.08.20 -

Por Aporrea

 

 

Publicado enSociedad
La Cepal cifra en 325.000 millones de dólares la evasión fiscal en América Latina

El incumplimiento tributario alcanza el 6,1% del PIB en un momento en el que los erarios de la región más recursos necesitan para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia

 

Las arcas públicas latinoamericanas llevan décadas ingresando menos de lo que necesitarían para cerrar las brechas sociales y económicas históricamente abiertas en la región. Pero el zarpazo económico derivado de la crisis sanitaria ha empeorado aún más las cosas: las necesidades se multiplican y, con un fondo de caja menor que en Europa y Estados Unidos, la respuesta contracíclica se complica. Ese es el cuadro general que pinta este lunes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su panorama anual sobre la situación fiscal del subcontinente, que cifra en 325.000 millones de dólares el dinero que se evade cada año a los fiscos latinoamericanos, el equivalente al 6,1% del PIB. “Es una de las principales barreras para una mayor movilización de recursos internos en la región es el elevado nivel de evasión fiscal”, constatan los técnicos del organismo.

Las últimas cifras disponibles, de 2018, apuntan a los gravámenes que pagan las empresas sobre sus beneficios (el conocido como impuesto sobre la renta corporativa o de sociedades) y a los tributos que abonan las personas físicas por sus ingresos como la principal fuente de evasión: el 3,8% del PIB. El IVA es la segunda, con alrededor del 2,3% del PIB. “Las pérdidas recaudatorias representan un desafío importante desde el punto de vista de la capacidad de reacción de la política fiscal ante choques macroeconómicos y de la movilización de recursos nacionales para el financiamiento del desarrollo sostenible”, escriben los economistas del ente con sede en Santiago de Chile.

El brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico de la región ve “alentadores” los “avances” registrados en los últimos años en el combate contra la evasión, pero sitúa esta lacra como “uno de los principales obstáculos que afectan a las finanzas públicas y, por ende, al proceso de desarrollo”. Y llama a un mayor rigor analítico para saber, con mayor nitidez, el tamaño del problema que enfrenta cada uno de los países de la región, donde la difusión de los resultados “ha enfrentado resistencias recurrentes y sigue siendo tarea pendiente”. Resulta, remarca, “difícil encontrar información sistemática sobre las evidencias acerca de su magnitud”.

Financiación para hacer frente a la crisis

En plena pandemia —“la mayor crisis sanitaria, humanitaria, económica y social que la región haya enfrentado en el último siglo”— la Cepal ve “clave” movilizar más recursos públicos para hacer frente tanto a las consecuencias sanitarias como al parón económico derivado de los confinamientos, tan necesarios para frenar la expansión del coronavirus como dañinos para el desempeño económico. Hasta ahora, la respuesta fiscal ha sido importante pero mucho menor que en las economías más maduras: la media de América Latina lleva gastado hasta ahora poco más del 3% de su PIB, más de cinco veces menos de lo desembolsado (entre estímulos y avales) por algunos países europeos para garantizar el sustento a quienes se han quedado sin ingresos y asegurar que el tejido productivo sobrevive a la tormenta. Las diferencias intrarregionales son, sin embargo, notables: Chile lidera la tabla de grandes países por paquetes de estímulos con el 5,7% seguido por Perú (4,8%) y Brasil (4,6%), mientras México (1,1%) y Colombia (1,7%) quedan a la cola, con una respuesta mucho más timorata ante un reto que marcará a toda a una generación.

Cerrar la vía de agua que suponen la elusión y la evasión tributaria es un imperativo desde ya. Pero en el muy corto plazo, el dinero para los planes contracíclicos tendrá que salir de otro sitio. “El financiamiento de los paquetes de medidas actuales y los que probablemente se requieran en el mediano plazo precisará de un mayor acceso a fuentes de financiamiento en condiciones adecuadas”, subraya la Cepal. A diferencia de en grandes crisis anteriores, esta vez los principales países de la región no han dejado de tener acceso a los mercados en ningún momento de la pandemia, un punto clave para que las arcas públicas latinoamericanas hayan sido capaces de levantar fondos para sus, con todo, muy limitados planes para hacer frente a una recesión bíblica.

Pero los problemas estructurales siguen ahí. En 2019, el último año precoronavirus, la debilidad económica regional contrajo aún más los ya de por sí bajos niveles de recaudación de la región. Y, ampliando algo más el foco, la tónica general sigue siendo la misma: lejos de aumentar los ingresos, las Haciendas latinoamericanas llevan una década con las entradas de caja prácticamente estancadas en el entorno del 18% del PIB, muy por debajo de la media de las economías avanzadas: atrás quedan ya las reformas fiscales en varios países del área para tratar de ganar músculo fiscal. Los técnicos del organismo ponen el foco sobre la tributación directa, “excepcionalmente débil”, con una “baja recaudación del impuesto sobre la renta y de los impuestos sobre la propiedad que no solo limitan la generación de ingresos, sino también el poder redistributivo del sistema tributario en su conjunto”. Es el mayor reto tributario que deberá afrontar el subcontinente cuando las aguas sanitarias bajen algo más calmadas.

Por IGNACIO FARIZA

Madrid - 06 JUL 2020 - 22:14 COT

Publicado enEconomía
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