Las criptomonedas se tambalean mientras los inversores las señalan como activos de alto riesgo

El bitcoin, la criptodivisa por excelencia, se desploma un 63% desde su cotización histórica de noviembre pasado, cuando rebasó los 69.000 dólares por unidad, y se sitúa en los 25.272 dólares. La espiral inflacionista con temores de huida de capitales de los mercados y el debate sobre la regulación de estos cripto-activos están detrás de su pérdida de valor.

 

La búsqueda de valores refugio que eludan las tensiones inflacionistas globales ha alcanzado de lleno a las criptomonedas, a las que los inversores están pasando factura por su condición, cada vez más instaurada, de activos de alto riesgo, azuzada además por las academias que captaban a clientes sin los estándares de pedagogía esenciales para explicar y analizar unos activos de alta sofisticación y que han resultado especialmente atractivos para generaciones jóvenes.

El mercado de cripto-activos ha protagonizado, de hecho, la segunda operación de venta masiva de este año, con el bitcoin certificando la caída más dramática. La huida de los capitales por las presiones inflacionistas hacia valores refugio y el avance de las discusiones sobre una regulación adecuada de las criptomonedas empujaron a este token a su nivel más bajo en 18 meses el lunes de la pasada semana, cuando su cotización se sumergió por debajo de los 25.000 dólares, según CoinMarketCap, hasta los 24.066, un 12,45% menos que en el cierre de la jornada anterior –es decir, en 24 horas– y un 63% por debajo de los 69.000 dólares que alcanzó el pasado noviembre.

Otras divisas como ether, cardano, solana o dogecoin también colapsaron. Ether, la segunda de las grandes criptomonedas, se dejó un 15,8%, hasta los 1.234,93 dólares, su mayor descenso en un día en lo que va de año, mientras cardano y solana lo hacían en un 13% y un 16% de manera respectiva. Mientras, la moneda meme dogecoin perdió un 14%. Pero el retroceso de ether es, si cabe, más significativo porque acababa de anunciar la actualización de su recién integrada red PoW o Proof of Work -contra ataques indeseados- y el sistema Proof of Stake, que certifica las posesiones individuales de criptomonedas. "Quizá la masacre devaluatoria de la semana pasada sobre el espacio cripto se deba a que la espiral inflacionista que se expande por todo mercado del planeta haya traspasado el abismo y los inversores estén realmente a la búsqueda imperiosa de rentabilidades, aunque ese objetivo sea casi una misión imposible", explica Jeffrey Halley, un analista de OANDA para Asia-Pacífico en su blog personal.

La subida del IPC estadounidense al 8,6% en mayo, la mayor tasa desde diciembre de 1981, y las perspectivas poco nítidas del momento en el que podría tocar techo -que algunos economistas, aún lejos del consenso, estiman en octubre, cuando quedaría en el 8%, ocho décimas por debajo de las previsiones para agosto y septiembre- ha actuado de combustible a la fuga. Tampoco la drástica subida de tipos, de tres cuartos de punto, de la Reserva Federal, que sitúa el precio del dinero en una horquilla entre el 1,5% y el 1,75%, ayuda a clarificar el sendero futuro. Sobre todo porque ningún analista duda de que la batalla de la Fed contra el IPC protagonizará sus ataques cruciales con algún que otro incremento de similar calibre a lo largo de este ejercicio.

De igual manera que la reacción prevista en otros bancos centrales, como el BCE, que moverá sus tipos en julio por primera vez en un decenio y los empezará a sacar del territorio negativo al que los precipitó para hacer frente a la gran pandemia, no invita al optimismo inversor en estos criptoactivos. Con el Banco de Inglaterra (BoE), el primero de entre los grandes industrializados, dando otro toque mínimo, de un cuarto de punto, que ha situado los tipos en suelo británico en el 1,25%, y la autoridad emisora suiza aprobando un alza de medio punto que dirige el precio del dinero al -0,25%, en la plataforma de lanzamiento para superar la política próxima a cero en la economía que atesora el franco suizo, la divisa refugio por excelencia, a la que los inversores acuden históricamente en épocas de extrema volatilidad y rápidos descensos de rentabilidades como la actual.

La tensión ha llegado a tal punto queCelsius, plataforma prestamista de criptodivisas anunció retiradas pausadas de sus swaps y sus productos de transferencia entre cuentas "debido a las extremas condiciones del mercado", decisión que hizo aumentar la desconfianza entre la gran mayoría de activos digitales y que se produce casi sin razón de continuidad con la debacle de UST y Luna, la stablecoin y del token nativo de la blockchain de Terra, respectivamente. El token CEL de Celsius perdió un 54%, según CoinMarketCap.

Celsius, plataforma prestamista de criptodivisas, ha anunciado retiradas pausadas de sus swaps y sus productos de transferencia entre cuentas "debido a las extremas condiciones del mercado", decisión que hizo aumentar la desconfianza entre la gran mayoría de activos digitales.

Regulaciones en ciernes

Esta semana negra en el planeta cripto propició la intervención de la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, la última autoridad, en este caso económica, aunque con pasado como presidenta de la Reserva Federal, en reclamar una regulación específica y restrictiva sobre este sector financiero que escapa al control de los bancos centrales. E incidió en el mensaje habitual –"las inversiones en criptomonedas son especialmente arriesgadas"– antes de avanzar que el Congreso empezaría su tramitación: "No estoy diciendo que lo recomiende, pero mi pensamiento me dice que es la solución más razonable", dijo en alusión al inminente diseño de reglas de juego para los cripto-activos.

La apuesta por bitcoin se ha convertido en práctica habitual de compañías como Tesla, Block o MicroStrategy. Todas ellas mantienen en sus balances inversiones denominadas en la mayor de las criptodivisas y, de forma combinada, perdieron la semana pasada más de 1.000 millones de dólares por su alta exposición a estos activos volátiles en sus cuentas de resultados que, generalmente, están reservadas a valores más estables, como el dólar u otras divisas de uso corriente, inventarios o propiedades mobiliarias o inmobiliarias. Según estimaciones de Business Insider, Jack Dorsey, fundador de Twitter y cofundador de Square, ahora rebautizada como Block, firma de servicios financieros y pagos digitales, ha perdido un promedio de 27.407 dólares con sus 8,027 bitcoins en propiedad, lo que le ha ocasionado un coste de 42,6 millones de dólares. Elon Musk, dueño de Tesla –entre otras multinacionales–, y el empresario más rico del planeta, eleva su factura cripto hasta 399,8 millones en sus 42.000 bitcoins propios. Mientras a Michael Saylor, consejero delegado de MicroStrategy, se le calculan hasta 1.100 millones de pérdidas en sus 129.219 bitcoins.

Lionel Laurent, columnista de Opinión en Bloomberg sobre divisas digitales, aprovecha su última tribuna para dejar un aviso a navegantes, a modo de cura de humildad. "Una mayoría de estos inversores inteligentes parecen haber olvidado que los precios, en ocasiones, se hunden y que pueden mantenerse en cotizaciones ínfimas durante bastante tiempo". A su juicio, el desplome de la pasada semana refrenda la idea de que las inversiones cripto, en no pocas ocasiones, son también un hedge fund. De alguna manera, "siempre han manifestado su intención de enseñar a los financieros de corte tradicional una o dos cosas sobre cómo evitar colapsos y crisis", pero su "genio parece haber fallado", en alusión al título del libro de Roger Lowenstein, de 2000, en el que recrea la creación, el éxito temprano, el colapso abrupto y el rescate apresurado de las gestiones de capital a largo plazo.

El siguiente en el efecto dominó, después de Terra y Luna y de Celsius, surge en la firma Three Arrows Capital, augura Laurent, por su elevada exposición en ether, token diseñado para ganar intereses mientras etherum gestiona su red, y que ha emitido "importantes presiones de venta", adelanta Laurent, para quien "hay lecciones de la historia reciente que no merecen ser olvidadas porque la caída de este año del Bloomberg Galaxy Crypto Index es similar a la que surgió al inicio de 2018". Si bien matiza que el riesgo generalizado de pérdidas de cripto-activos "no aparece en los radares de forma tan nítida como hace cuatro años".

Países como El Salvador, que por decisión de su presidente Nayib Bukele, estableció el bitcoin como moneda legal el pasado mes de septiembre, mantiene 2.301 bitcoins, según Bloomberg, a pesar de lo cual, su Ministerio de Finanzas estima que el riesgo fiscal es extremadamente bajo, sin que muestre preocupación alguna por las subidas agresivas de tipos de la Reserva Federal ni por el descenso de cotización de la criptodivisa desde que fue revestida de oficialidad. Su titular, Alejandro Zelaya, se jactó de que el escenario financiero actual no deja de producirle "sonrisa"; incluso con informes que, como el de Deutsche Welle, avanzaban que el lunes negro pasado las pérdidas de bitcoin evaporaron 40 millones del valor de las arcas estatales: "Apenas representa el 0,5% de nuestro presupuesto nacional", explicó. Y la valoración del conjunto de criptodivisas se situaron por debajo del billón de dólares por primera vez desde febrero de 2021 y después de sobrepasar los 3 billones el pasado año.

Aun así, El Salvador elevó su tenencia de bitcoins; en octubre compró 420 cuando valían 60.300 dólares por token, tal y como reveló el propio Bukele en Twitter. Y más recientemente, el 9 de mayo, adquirió otras 500 monedas a un valor de 30.744 dólares.

Desde los organismos reguladores, un clásico del toque de atención a inversores cripto, Andrew Bailey, gobernador del BoE, apeló a la "sensatez" y sugirió si sus acólitos si "están preparados para perder todo su dinero" tras la congelación de las cuentas de Celsius. "Si quieres colocar tu capital en estos activos, de acuerdo, hazlo, pero asume las consecuencias de poder quedarte sin recursos monetarios", porque "carecen de valor intrínseco". Bailey es un "escéptico" declarado de las criptomonedas y un entusiasta de la aprobación de regulaciones precisas sobre su uso y funcionamiento. En el pasado las describió como "enormemente peligrosas" y de generar fases "apocalípticas" para trabajadores e inversores sin conocimientos esenciales de los mercados por su elevada volatilidad. Ahora –explicó– el escenario "ha empeorado" ante las súbitas escaladas de los precios.

En el año en el que la Reserva Federal, el propio BoE y el BCE han avanzado pasos decididos en la puesta en marcha de sus divisas digitales. El e-dólar, la e-libra y el e-euro llevan en la sala de máquinas de estas tres instituciones reguladoras desde el inicio de la Gran Pandemia con el visto bueno del Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés) desde donde emanan las exigencias y requisitos regulatorios hacia las entidades financieras y que respalda la creación de monedas digitales oficiales y bajo control y supervisión de los bancos centrales como opción y alternativa más plausible para abordar la paulatina supresión del dinero en circulación. El yuan chino es la divisa que más ha evolucionado en su versión digital.

"Si quieres colocar tu capital en estos activos, de acuerdo, hazlo, pero asume las consecuencias de poder quedarte sin recursos monetarios", alerta el gobernador del Banco de Inglaterra, uno de sus escépticos y defensor de las divisas digitales oficiales

madrid

18/06/2022 20:28

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Un supermercado de la ciudad de Nueva York.- AFP

 La política monetaria es un terreno árido y técnico. Paradójicamente, también es rehén de lo que John Maynard Keynes llamaba "espíritus animales": estados de ánimo exaltados, intuiciones espontáneas en los mercados, la "credibilidad" que logre transmitir un banquero central en determinada rueda de prensa, o incluso enfrentamientos entre pájaros. Los "halcones" son partidarios de una política monetaria dura para contener la inflación, incluso si eso daña las perspectivas económicas; las "palomas" abogan por un ajuste más gradual, no sea que el remedio –una recesión económica– resulte peor que la enfermedad.

La inflación ha vuelto y el aviario está inquieto. Los halcones señalan a los años 70, cuando la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos realizó subidas bruscas de los tipos de interés en respuesta a las crisis del petróleo y la estanflación. La subida de tipos anunciada recientemente por el Banco Central Europeo (BCE) –la primera más de una década, que se une al fin de sus intervenciones en los mercados de deuda pública europea– llegaría tarde y mal, porque la inflación lleva casi un año creciendo. La Fed, que acaba de anunciar la mayor subida de tipos en casi tres décadas, habría anticipado mejor el ciclo económico. Las palomas, sin embargo, oyen ecos de 2008-2011. Por entonces el BCE, con el fin de atajar un brote pasajero de inflación, alzó los tipos de forma precipitada, agravando una recesión económica. El ajuste actual podría ser prematuro y causar un daño innecesario: basta con contemplar la –cada vez más plausible– probabilidad de una recesión en EEUU el año que viene, o la reunión de emergencia convocada ayer por el BCE para evitar que se disparen las primas de riesgo en el sur de la UE.

¿En cuál de estos dos mundos nos encontramos? Hoy la inflación es más profunda y sostenida que en 2008-2011, pero no alcanza los niveles de los 70. La cuestión clave es que, como en ambas ocasiones, el papel de los bancos centrales está transformándose a marchas forzadas. Y esa transformación reduce las herramientas disponibles para resolver problemas macroeconómicos.

Para entender el problema es útil examinar de dónde viene la inflación. Cada día parece menos plausible que sea, como proclamó Milton Friedman, "siempre y en todas partes un fenómeno monetario". Las crisis de 2008 y 2020 se combatieron inundando los mercados financieros con dinero. Pero hasta 2021 el problema en la zona euro no era una inflación elevada, sino demasiado baja. El origen de este estancamiento secular, como lo denominó el economista Larry Summers, se encontraba en procesos ajenos a la política monetaria: por ejemplo, el impacto deflacionario de la tecnología o la incorporación de China a la economía mundial.

Si la inflación no es solo un fenómeno monetario, subir los tipos de interés puede ser un instrumento limitado para atajarla. Así lo señala un reciente estudio de David Ratner y Jae Sim. Los autores estudian la estanflación de los 70 basándose en el trabajo de Michal Kalecki, un macroeconomista que entendía la inflación como un fenómeno redistributivo. Kalecki sostenía que, en un mundo con sindicatos fuertes, los trabajadores serían capaces de obtener subidas salariales por encima de los incrementos en su productividad laboral. Eso terminaría desatando la inflación y, con ella, una reacción de las grandes empresas, que exigirían políticas económicas ortodoxas: subidas de tipos de interés y priorizar la estabilidad de precios sobre el pleno empleo.

En base a esta intuición, Kalecki fue capaz de predecir el transcurso de los años 70. Pero Ratner y Sim van más allá. Sostienen que lo que puso fin a casi el 90% de la inflación en EEUU durante los 80 no fueron las subidas de tipos de interés, sino el debilitamiento sostenido de los sindicatos que llevó a cabo la administración de Ronald Reagan. Es decir, que además de que las políticas de liquidez extraordinaria no generan la inflación que a menudo se asume, las subidas de tipos no son el medio ideal para contenerla, como hasta ahora se presuponía. El Financial Times resume las implicaciones del estudio con un titular lapidario: "Guerra de clases > subidas de tipos".

El informe sorprende porque lo publica el servicio de estudios de la propia Fed. El banco central estadounidense estaría admitiendo que carece de instrumentos esenciales para mantener la estabilidad de precios. La capacidad de los bancos centrales para llevar a cabo la misión que se les encomendó a partir de los 70 quedaría así en entredicho.

Si la inflación está más vinculada a la conflictividad laboral que a la política monetaria, su retorno podría reflejar una reafirmación del mundo del trabajo, que acumula décadas debilitándose. Sin embargo, y pese a fenómenos como la "Gran Renuncia" en EEUU o la creciente sindicalización en empresas como Amazon o Starbucks, no existe una tendencia clara en esa dirección. La inflación actual responde a otros factores: desajustes entre la oferta y demanda internacional tras los confinamientos; el aumento de los precios de los alimentos y la energía, agravados por la guerra de Ucrania; y, como señala la economista del BCE Isabel Schnabel, los crecientes márgenes de beneficio empresarial. Pero el problema original persiste. La política de tipos es un instrumento torpe y crudo en esta coyuntura. No es probable que subiéndolos de manera abrupta se ataje la inflación, pero sí que la decisión produzca una recesión económica global.

Todo ello nos lleva a una paradoja incómoda: endurecer la política monetaria parece tan ineludible como inoportuno. Ineludible porque no es viable mantener tipos de interés negativos cuando la inflación en la zona euro es cuatro veces superior a los mandatos del BCE y la Fed. Y porque los programas de liquidez extraordinaria ya han aumentado enormemente la desigualdad económica, al inflar desproporcionadamente los mercados bursátiles. Cabe recordar, además, que estas políticas monetarias siempre fueron un parche tecnocrático ante la incapacidad política –de los diferentes gobiernos europeos, o de la presidencia y el legislativo estadounidenses– para coordinar una respuesta solidaria y eficaz a la crisis de 2008.

Con todo, subir tipos ahora acarrea riesgos inmensos. Obstaculizará la financiación de hogares, empresas y el sector público. Si el BCE no resulta creíble en su programa de apoyos a países como España e Italia, se arriesga a causar una fragmentación financiera en la UE. Las subidas en EEUU, por otra parte, pueden generar una crisis de deuda en las economías emergentes, dificultando su acceso a financiación e inversión directa. Todo ello agravará una recuperación poscovid cada vez más frágil. Aunque nunca exista un momento ideal para endurecer la política monetaria, el contexto actual es especialmente inoportuno.

Los banqueros centrales tienen por tanto que alcanzar un equilibrio delicado. Deben poner fin a la era de tipos ultra-bajos sin socavar la recuperación económica. Y actúan en un entorno en que su capacidad para controlar la inflación es muy limitada. En un mundo ideal, la subida de tipos es moderada y no genera pánico en los mercados de deuda. Viene acompañada de políticas fiscales proactivas –con impuestos específicos para limar beneficios empresariales y controles de precios puntuales–, así como un rediseño ambicioso de las reglas fiscales en la UE. Esto es, en teoría, el "aterrizaje suave" que desean tanto los halcones como las palomas: contener la inflación sin provocar una recesión económica. Pero el margen de maniobra para la política monetaria es cada vez más estrecho.

En el pasado los banqueros centrales se consagraron como autoridades incuestionables. Todo apunta a que esta década expondrá los límites de su poder.

Por Jorge Tamames, investigador en Real Instituto Elcano y autor de 'La brecha y los cauces'

16/06/2022

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El derrumbe de las criptomonedas: por qué Bitcoin y Ethereum cayeron a su nivel más bajo en un año

El temor por la inflación más alta de los últimos 40 años en Estados Unidos y el miedo a los activos de riesgo por parte de los inversores provocaron una venta masiva de criptomonedas. La cotización de Bitcoin cayó con fuerza este lunes. Los analistas sostienen que "es probable que esta tendencia a la baja continúe en los próximos días”.

 

Los mercados de criptmonedas tuvieron un fin de semana para el olvido y este lunes se agudizó el derrumbe de la cotización. El Bitcoin cayó un 12 por ciento y Ethereum, un 15 por ciento. Se trata del precio más bajo en más de un año. La inestabilidad se debe al “criptoinvierno”, la crisis que golpeó al mercado desde inicios de mayo y de la cual no logran recuperarse.

¿Por qué se derrumban las criptomonedas? 

Por un lado, Bitcoin -la criptomoneda más popular y más grande- cayó hasta un valor inferior a los 24 mil dólares. En la tarde del lunes, tocó un piso de U$S 23.300. 

Por otra parte, Ethereum -la que sigue a Bitcoin- ha caído a su nivel más bajo en más de 14 meses, cotizando alrededor de U$D 1.238.

Solana, por su parte, cayó más del 15 por ciento y ronda los U$D 27, según los últimos datos de CoinMarketCap.

El desencadenante inmediato del colapso de las criptomonedas parece ser una venta masiva por parte de los inversores en medio de un aumento de los temores de inflación, debido a que la Reserva Federal cambió en mayo pasado su política monetaria (abandonó la tasa 0% y anunció una suba del 1%, mínimo para contrarrestar la inflación, la más alta en 40 años, un fenómeno que afecta a buena parte del mundo como consecuencia de la guerra en Ucrania).

Asimismo, los expertos sostienen que la caída del precio de las criptomonedas indica una disminución del apetito por el riesgo de los inversores, quienes desconfían de los activos de riesgo.

“El criptomercado ha estado bajo la presión de la Reserva Federal, aumentando las tasas de interés para combatir la inflación en los últimos meses. Bitcoin, Ethereum y la mayoría de las criptomonedas sufrieron pérdidas durante el fin de semana después de una venta masiva luego de que los datos mostraron que la inflación de Estados Unidos es la más alta en 40 años”, dijo Edul Patel, cofundador y director ejecutivo de la plataforma de criptoinversión Mudrex.

“Como los inversores parecen haber entrado en pánico, la cantidad de liquidaciones de criptomonedas ha sido alta desde el viernes. Bitcoin y Ethereum se desplomaron hasta un 7% cada una y actualmente se cotizan a su nivel más bajo: $25,000 y US $1,300 respectivamente. Es probable que esta tendencia a la baja continúe en los próximos días”, agregó.

El futuro de las criptomonedas

En agosto de este año, Ethereum cambiará su actual mecanismo de prueba de trabajo (PoW) por uno de prueba de participación (PoS). Todo el ecosistema cripto está esperando “La Fusión (The Merge)”. ¿Que significa esto?

“La Fusión” transformará Ethereum de este modelo actual, conocido como prueba de trabajo, a uno llamado prueba de participación, lo que significará el final de la criptominería de ether. En cambio, los propietarios de criptomonedas que tienen una cierta cantidad de ETH pueden depositarlo y convertirse en un validador.

Desde el portal especializado BeInCrypto señalaron que, con La Fusión, la emisión de Ethereum se reducirá en un 1,3% por año.

"Este modelo de seguridad ha tardado 10 años en desarrollarse, a lo largo de innumerables debates entre los miembros de la comunidad. ETH pronto será deflacionario mientras la red sea lo suficientemente segura", agregaron.

14 de junio de 2022

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Los mercados mundiales enfrentan una espiral bajista por el temor a que la inflación y las alzas en las tasas lleven a una recesión en las principales economías.Foto Ap

Avance de la inflación y aumento de tasas de interés golpean los mercados bursátiles

El Promedio Industrial Dow Jones acumuló una pérdida semanal de 2.90 por ciento y registró su octava caída semanal consecutiva, la racha más larga desde 1932, durante la Gran Depresión. La caída se da en medio de preocupaciones sobre el avance de la inflación y el aumento de las tasas de interés, que han golpeado a los mercados bursátiles estadunidenses este año.

Al término de una sesión volátil, el Dow Jones terminó con un avance marginal de 0.03 por ciento, a 31 mil 262.94 unidades, luego de pasar casi todo el día en rojo. El Nasdaq recortó sus pérdidas y cerró con un retroceso de 0.29 por ciento, a 11 mil 355.38 unidades. El índice ampliado Standard and Poor’s (S&P) 500 avanzó 0.02 por ciento, a 3 mil 901.51 unidades. Pero en el día llegó a perder más de 20 por ciento respecto de su máximo de inicios de 2022, llegando así a zona de bear market, como se conoce a la tendencia del mercado bajista, en referencia al movimiento de un oso, que ataca de arriba hacia abajo.

Ambos índices anotaron pérdidas semanales: el Nasdaq acumuló un retroceso de 3.82 por ciento y el S&P 500 de 3.04, con lo que marcaron su séptima semana consecutiva de pérdidas, su mayor racha negativa desde el final de la burbuja de las empresas de Internet en 2001.

"Un mercado bajista para el S&P quiere decir, en general, una baja del crecimiento para la economía, incluso una recesión el año próximo, como evocan algunos", advirtió Karl Haeling, de LBBW.

El S&P 500 cerró alrededor de 18 por ciento por debajo de su cierre récord del 3 de enero. Un nivel de más de 20 por ciento por debajo del máximo histórico confirmaría que el índice se encuentra en un mercado bajista por primera vez desde la caída de Wall Street en 2020, provocada por la pandemia de covid-19. El Nasdaq acumula un descenso de 29 por ciento desde su cierre récord en noviembre de 2021.

Los resultados decepcionantes de grupos de venta minorista en Estados Unidos estuvieron en el centro de la espiral descendente de la semana, como evidencia de que el aumento de los precios ha empezado a perjudicar el poder adquisitivo de los consumidores.

La Bolsa Mexicana de Valores se desligó de la tendencia y avanzó 0.45 por ciento, al cerrar en 51 mil 518.3 unidades; en la semana registró una ganancia de 3.90 por ciento. Por su parte, el peso se mantuvo por debajo de 20 unidades por dólar, al concluir en 19.88 unidades por dólar; en la semana se apreció 20 centavos (uno por ciento).

Los billones de dólares que han desaparecido de los mercados mundiales en las últimas semanas han activado una señal de "compra" por parte del indicador de sentimiento Bull & Bear (toro y oso) del Bank of America, mientras los mercados emergentes atraviesan su momento más difícil desde el desplome causado por la pandemia del covid.

El temor a que la inflación y la rápida subida de las tasas de interés lleven a las principales economías a la recesión, ha sumido a los mercados mundiales en una espiral bajista, y éstos han perdido cerca de 18 por ciento desde principios de año, el peor comienzo de los últimos tiempos.

En la semana se produjeron las mayores salidas de la deuda de mercados emergentes desde marzo de 2020 y las mayores retiradas de los bonos de alto rendimiento en 14 semanas, con 6 mil 100 millones de dólares y 4 mil 300 millones de dólares, respectivamente, señaló BofA, al citar datos de EPFR.

En total, salieron 5 mil 200 millones de dólares de los fondos de renta variable mundial, y 12 mil 300 millones de activos de renta fija.

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Representación visual de la criptomoneda digital Bitcoin, realizada el 23 de diciembre de 2017 en París, Francia. Las criptomonedas como Bitcoin, Ethereum y Lightcoin, experimentaron un crecimiento sin precedentes en 2017, a pesar de seguir siendo extremadamente volátiles. (Foto de Chesnot/Getty Images)

Consecuencia de la decepción que produjo la crisis financiera de 2008, el Bitcoin también fue una respuesta a las políticas monetarias neoliberales que postulan que el dinero está por encima de la política. Pero sucede que indagar en cuestiones de política monetaria es indagar en los problemas de la democracia.

Los defensores de las criptomonedas proclaman que la tecnología es una puerta de salida a los fracasos del sistema capitalista. De esa manera, reconocen hasta cierto punto algo que los bancos centrales y las instituciones internacionales ocultan hace mucho tiempo: el dinero es una realidad eminentemente política. La repolitización del dinero a partir de la crisis financiera de 2008 abrió una ventana para que la izquierda volviera a imaginar alternativas democráticas a los sistemas económicos modernos.

 
En una entrevista del podcast The Dig, Daniel Denvir conversó con Stefan Eich, profesor asistente de la Universidad de Georgetown y autor de The Currency of Politics: The Political Theory of Money From Aristotle to Keynes. Eich analiza en detalle la despolitización del dinero para explicar el ascenso del Bitcoin. La transcripción fue editada a los fines de la claridad.

DD

 
¿Qué son las criptomonedas? ¿Son realmente monedas?
 

SE

En realidad, Bitcoin y Ethereum no son monedas. El término «cripto» se convirtió en un paraguas que cubre muchas cosas distintas. Tenemos las criptomonedas clásicas, como Bitcoin; las aplicaciones más amplias de las tecnologías blockchain y token, que tal vez no cabría denominar criptomonedas, pero que operan en un espacio tecnológico similar, y, por último, lo que se conoce como stablecoins.

A pesar del hecho de que las primeras hayan sido bautizadas «criptomonedas», yo no creo que sean monedas de verdad. Tampoco lo son las aplicaciones fundadas en la tecnología blockchain o token. Las stablecoins se acercan bastante más al funcionamiento de una moneda real, aunque carecen de ciertas propiedades. Por lo tanto, el término criptomonedas remite a realidades muy distintas que habría que encasillar en esas tres categorías.
 
 

DD

¿Y la moneda qué es?
 

SE

Tendemos a pensar que la moneda es la encarnación material del dinero, su símbolo físico. No es el caso de Bitcoin, que prescinde de todo símbolo físico capaz de cambiar de manos. Pero también podemos pensar que la «moneda» es el dinero de cuenta que se utiliza para pagar cosas. En ese sentido, habría que decir que el dinero es unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor. El Bitcoin se parece más a esa moneda de cuenta que a la moneda concebida como dinero contante y sonante.

Ahora bien, esa división obedece al pensamiento tradicional de ciertos economistas. Pero otros —entre los que me cuento— estamos tratando de pensar el dinero desde el punto de vista de la teoría política, y eso nos lleva a reformular las categorías.

Estoy interesado en el tipo de dinero de cuenta que utilizamos (entendiendo que somos una especie de colectivo definido en función del valor, de las políticas monetarias, etc.). En ese sentido tomo distancia de las definiciones que remiten al aspecto físico de la moneda y tiendo a pensar más en lo que suele denominarse moneda de cuenta.
 
 

DD

Es evidente que las criptomonedas no son una moneda, sino un activo especulativo. Pero ¿por qué sus partidarios insisten tanto en definirlas como una moneda, como si eso las hiciera más legítimas? En un artículo escribiste, «Planteo que las criptomonedas están suspendidas entre dos metas contradictorias: un intento político radical de despolitizar la apariencia del dinero y la utilización seductora como activos especulativos fuera del alcance de cualquier autoridad fiscal o monetaria».

Parece una descripción de la relación contradictoria entre la realidad efectiva de las criptomonedas, es decir, el activo especulativo, y el mito de las criptomonedas vinculado a cierta idea de emancipación.
 

SE

Las cosas cambiaron mucho. Hace diez años, cuando aparecieron las primeras criptomonedas como el Bitcoin, no estaba del todo claro que se convertirían en activos especulativos. Escribí ese artículo hace dos o tres años, entre 2018 y 2019, y aunque la naturaleza especulativa del Bitcoin estaba cada vez más definida, una buena parte de las tácticas utilizadas para legitimarlo recurrían a una concepción más antigua de la moneda.

Cuando nos retrotraemos a los orígenes, a las criptomonedas que emergieron durante la crisis financiera de 2008 y 2009, constatamos que se presentaban como el dinero del futuro y como monedas, no como activos especulativos. Si consideramos las primeras presentaciones públicas —desde el artículo anónimo hasta todos los grupos de fans y de inversores que empezaron a surgir como hongos— todas enfatizaban que estábamos frente a un acontecimiento importante porque las criptomonedas eran el dinero del futuro.

Ahora la cosa es completamente distinta. Si atendemos a la publicidad y a los modos de hablar de los inversores, nos damos cuenta de que casi nadie piensa realmente que las criptomonedas sean el dinero del futuro. Es un activo que creció un 5000 o 6000% en los últimos cinco o seis años y por eso hay tantos interesados. Es un activo raro porque no guarda ninguna correlación con otra actividad económica. Eso es lo que hay detrás del boom actual, y la etiqueta «criptomoneda» quedó como una cáscara vacía, un remanente.

Todavía hay algunos que creen que las cripto definirán el dinero del futuro, pero pienso que su función principal es evitar toda regulación. Esta brecha entre la apariencia, el nombre «criptomonedas», y la realidad especulativa termina protegiendo a los inversores de las formas más agresivas de política fiscal que tienen nuestras sociedades.

Las monedas están sometidas a regulaciones completamente distintas de las que rigen en el caso de los títulos financieros. Pasaron muchos años hasta que las criptomonedas entraron en el radar de la IRS [Servicio de Rentas Internas], que tiene la función de definir las actividades de mercado toleradas y los impuestos que deben pagar. Todavía estamos lejos de las regulaciones que aplican en el caso de otros títulos financieros o de los esquemas pump-and-dump típicos del mundo cripto. Todas estas personas estarían presas si intentaran hacer lo mismo con cualquier otro tipo de título, pero la etiqueta «moneda» los protege.

Durante el último año, las autoridades parecen haber despertado y reconocido que, si dejamos de lado el nombre, la realidad de las criptomonedas es bastante similar a la de los activos financieros. Se comportan como un activo financiero. Se publicitan como un activo financiero. Y las autoridades deberían tratarlas como un activo financiero.

Es evidente cuando miramos lo que sucede en China, en la Eurozona y en India. Pero, en cualquier caso —y a diferencia de lo que sucedía no hace tantos años—, las criptomonedas están empezando a entrar en la mira de la SEC [Comisión de Bolsas de Valores].
 
 

DD

En otro lugar dijiste que las criptomonedas suelen ser definidas como innovaciones tecnológicas orientadas hacia el futuro, que descentralizan el dinero liberándolo del gobierno central y de los tentáculos políticos del Estado. ¿Qué significa que estén «orientadas hacia el futuro» y por qué eso es importante?
 

SE

Esto comienza con la fachada ideológica. Cuando leemos el artículo anónimo que respaldó el surgimiento del Bitcoin o las declaraciones de los pioneros de otras criptomonedas importantes, nos topamos con la firme creencia de que no se trata simplemente de proyectos o rompecabezas criptográficos interesantes. En cambio, afirman que es una pequeña prueba de lo que nos espera en el futuro: estamos frente a una nueva tecnología, o, cuando menos, frente al uso novedoso de una nueva tecnología que remodelará en términos fundamentales todas las formas de intercambio económico porque definirá la forma que adoptará el dinero.

Todo eso fue esencial en los orígenes, especialmente en el contexto de la crisis financiera. El primer Bitcoin llegó en el invierno de 2008, en medio del rescate estatal de bancos enormes. Es el mismo contexto en el que surgió, por izquierda, el movimiento Occupy. Ese movimiento también estaba alimentado por la desconfianza en el sistema bancario existente, tanto en el Estado como en los bancos centrales.

Como sea, esta nueva perspectiva sobre el futuro del dinero surgió en ese contexto. El Bitcoin se presentó como una ruptura radical con un sistema monetario que asigna un rol fundamental a los bancos centrales y a los bancos privados. Y propuso esta idea de dinero descentralizado capaz de abandonar toda forma de confianza: en el banco, en las regulaciones o en el sistema político. En teoría este dinero del futuro nos permitiría prescindir de las viejas instituciones.
 
 

DD

Otra tesis interesante que encontré mientras leía tus textos es esta: «No hay nada inherente a la tecnología blockchain que implique descartar la centralización, la supervisión regulatoria o el gobierno democrático. Tampoco hay nada en las criptomonedas que evite que se conviertan en apéndices del sistema bancario mundial que funciona en las sombras. Por eso no es sorprendente que tanto los bancos centrales como los bancos comerciales hayan desarrollado protocolos blockchain que combinan los libros de cuentas descentralizados con la posibilidad de supervisar y controlar las operaciones de forma centralizada. En cualquier caso, el escenario que emerja de todo esto no dependerá de ninguna fatalidad tecnológica, sino del consenso político y en última instancia del poder».

¿Cuáles son esos atributos inherentes atribuidos a la tecnología blockchain? ¿En qué medida el fetichismo de la blockchain es una parte constitutiva de la ideología cripto?
 

SE

La confianza en este futuro surge de la idea de que estamos operando sobre los hombros de una tecnología radicalmente nueva que de pronto determina el futuro de la economía. Escribí ese artículo hace pocos años y la tendencia no hizo más que profundizarse: hoy está claro que esa tecnología no está en absoluto atada a ninguna visión política específica, sino que puede servir a proyectos radicalmente distintos.

Eso nos lleva de nuevo a la brecha entre la cobertura ideológica, que fue el combustible del proyecto durante sus primeros años, y el modo en que este se desarrolló efectivamente. Era muy importante presentar esta tecnología como algo nuevo y afirmar que el proyecto estaba profundamente vinculado con la tecnología. La idea era que, de alguna manera, una vez que esto saliera al mundo, sería imposible deshacerlo y evitar sus consecuencias sociales y políticas. Contener el despliegue de las criptomonedas o regularlas sería como intentar deshacer el descubrimiento del neutrón.

Ahora bien, si asumimos otra perspectiva sobre la tecnología, más afín a las investigaciones actuales, tenemos que aceptar que en sí misma no es más que un lienzo donde es posible proyectar visiones políticas muy distintas. La tecnología responde a estructuras de poder y aunque es posible hacer predicciones sobre escenarios más o menos probables, eso no implica postular un impulso inherente que responde a fines predeterminados. El futuro responde más bien al espacio político, económico y social en el que se desarrolla la tecnología.

En vez de abrazar la descentralización, es más probable que los bancos centrales respondan creando proyectos de dinero digital propios fundados en la tecnología blockchain. De hecho, estos proyectos existen. Barbados tiene uno bastante desarrollado. Canadá, Suecia y muchos otros países están a punto de lanzar proyectos similares. Por lo tanto, la misma tecnología es capaz de producir visiones políticas muy distintas.

La tesis de la transformación tecnológica inevitable estaba estrechamente vinculada a la idea de que el nuevo dinero prescindiría de cualquier tipo de confianza, pero sobre todo, de cualquier tipo de política. Esa idea era fundamental. 

Cuando empecé a interesarme en todo esto, ayudé a organizar dos conferencias donde invitamos a abogados, sociólogos, politólogos y especialistas en informática. Lo primero que nos dijeron estos últimos fue, «Es una tecnología vieja que circula desde los años 1980. Solo que pensábamos que no tenía ninguna aplicación. Los nuevos usos son interesantes, pero no es en absoluto una tecnología innovadora, ni tampoco es necesario utilizarla de esta manera».

Entonces nos mostraron muchos usos posibles. No convenía que ese tipo de saber, común entre los especialistas, se manifestara en el paquete de las criptomonedas, que anunciaba la inevitabilidad del impulso tecnológico: la perspectiva y el postulado del dinero más allá de la política iba de la mano con la ideología del determinismo tecnológico.
 
 

DD

Me gustaría que repasemos tu argumento histórico sobre los «tres períodos»: primero, hubo una fase inicial de politización del dinero (1973-1979); después vino la emergencia de una política mundial de desinflación, conocida como la Gran Moderación (1980-2008), y, por último, después de la crisis financiera de 2008, entramos en el período actual, que dejó al descubierto la fragilidad de los pilares de la Gran Moderación y nos devolvió a las cuestiones irresueltas de los años 1970 (2008-presente).

¿Cómo se explica la despolitización del dinero que reinó hasta las crisis de los años 1970?
 

SE

No diría que antes de los años 1970 el dinero estaba despolitizado en el mismo sentido en que lo estuvo después de los años 1990 y 2000. Sucede más bien que su estatuto político era estable y podía considerarse como un hecho garantizado. En ese sentido, habría que decir que tenía una apariencia de despolitización. Pero cualquiera que estudiara el tema de cerca sabía que esa estabilidad era una construcción política.

Los acuerdos de Bretton Woods surgieron de la Segunda Guerra Mundial, durante esa famosa conferencia celebrada en 1944 en New Hampshire, en la que participaron John Maynard Keynes y Harry Dexter White, representante de Estados Unidos en la negociación del nuevo orden monetario. Ese orden monetario fue absolutamente político. La conferencia abordó los temas más difíciles de la posguerra: tuvo que resolver muchas cuestiones vinculadas al financiamiento de las economías nacionales, a las relaciones internacionales y a las políticas de bienestar.
 
 

DD

Keynes se oponía a que el dólar se convirtiera en la moneda de reserva mundial, ¿no?
 

SE

Claro. Keynes salió perdiendo en esas negociaciones. Logró incorporar algunos proyectos, pero me parece que perdió frente a los estadounidenses en los aspectos más relevantes. Su propuesta no asignaba ningún rol importante al oro, aunque estaba dispuesto a mantenerlo por nostalgia o por cuestiones estéticas. Comprendía que el tema podría preocupar a los no iniciados.

Su propuesta tampoco postulaba que el dólar debía ser la moneda de reserva mundial. En cambio, Keynes planteaba crear una nueva unidad de reserva. Durante varias semanas se obsesionó con la invención de un nuevo nombre y empezó a preguntarles a los lectores. Hubo propuestas muy buenas, como «orbe» o «delfín». Al final se contentó con «bancor», juego de palabras en francés que remite al «oro bancario», cuando en realidad el proyecto no asignaba ninguna función al oro. Es como un chiste keynesiano. Pero lo cierto es que la propuesta no prosperó.

En cambio, el resultado fue una construcción política que reflejaba el nuevo rol hegemónico que habían conquistado los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El dólar estadounidense se convirtió en la moneda de reserva de todo el bloque de Bretton Woods. El acuerdo ató el dólar al oro, una buena parte del cual estaba almacenado entonces en las entrañas de la FED de Nueva York y en Fort Knox. Se había mudado de Europa a Estados Unidos. En fin, todas las monedas que participaron del acuerdo quedaron atadas al dólar estadounidense.

Es obvio que se trata de una construcción política y la ausencia de política monetaria de los años 1950 y 1960 no deja de ser sorprendente. Los bancos centrales no tenían la misma preponderancia y centralidad política que tienen hoy después de la crisis financiera.

La conferencia de Bretton Woods no abordó el tema de las crisis. El sistema duró muy poco tiempo, en parte a causa de los defectos del plan original y de su negativa a incorporar los aportes de Keynes. Pero, en líneas generales, logró evitar las crisis durante cierto tiempo.

El sistema contaba con algunas herramientas que permitieron controlar la situación. De ahí que un teórico político como John Rawls hablara del dinero y del dólar como si no fuesen cuestiones políticas. Parecía una cuestión zanjada para cualquiera que la mirara desde afuera. En vez de definir este período como despolitizado en el sentido de los años 1980 y 1990, habría que decir que fue una época de estabilidad política.
 
 

DD

Después, por supuesto, las cosas se complicaron. ¿Qué fue la crisis de estanflación que explotó en los años 1970 y cómo repolitizó el dinero?
 

SE

La crisis del sistema de Bretton Woods es anterior a la estanflación. De nuevo, todo esto se originó en ciertas fallas vinculadas a los fundamentos del acuerdo. En primer lugar, Bretton Woods empezó a funcionar recién en 1958. Hasta cierto punto, Keynes, que murió en 1946, deseaba que la cosa no funcionara. Pero cuando el acuerdo se hizo realidad, no tardaron en surgir ciertas tensiones vinculadas al doble papel del dólar estadounidense, que funciona simultáneamente como la moneda de un país y como moneda de reserva a nivel mundial. Eso fuerza al gobierno de Estados Unidos y a la Reserva Federal a obedecer mandatos muchas veces contradictorios.

Y la situación empezó a hacerse obvia y a generar todo tipo de presiones en la década de 1960. Los primeros episodios de inflación y la guerra de Vietnam, que consumía cada vez más recursos, hicieron que esas contradicciones fueran difíciles de ignorar. Durante esa época hubo un intento tardío de complementar el sistema con una medida que tenía cierto parentesco con el bancor de Keynes, los Derechos Especiales de Giro (SDR), aunque su aplicación no tuvo consecuencias significativas. Era demasiado poca cosa. A esa altura era muy difícil mejorar el sistema desde adentro.

La situación llegó a su punto crítico en 1971, cuando Nixon, con los ojos puestos en su reelección, se negó a continuar el juego hegemónico que implicaba navegar entre los mandatos contradictorios del sistema de Bretton Woods y dijo, «Suficiente de este sacrificio por mantener un sistema monetario que no parece estar funcionando y que además no parece tener ningún interés. Vamos a cortar con este nudo gordiano y a liberar nuestras políticas económicas».

El plan era reemplazar la idea del sacrificio hegemónico estadounidense por un nuevo libreto de entusiasmo y dominación de la escena internacional. En esa época, fue célebre la ocurrencia del secretario del Tesoro de Nixon, que dijo: «El dólar puede ser nuestra moneda, pero ese es un problema tuyo». Se los decía principalmente a los aliados europeos y a todos los que estaban completamente impactados con la decisión que había tomado Nixon en agosto de 1971: cerrar la ventana del oro y desarmar consecuentemente todo el sistema de Bretton Woods.
 
 

DD

Hablemos del protagonista de esta historia, Friedrich Hayek, economista neoliberal que interpretó las crisis de los años 1970. Sobre él escribiste, «Responsabilizando por la inflación a cierta hubris epistemológica, Hayek planteó un desafío fundamental a las políticas de bienestar keynesianas y colocó la estabilidad monetaria en el centro de su liberalismo. Para Hayek, “las crisis económicas y la inflación resultaban de excluir de toda regulación mercantil el mecanismo de regulación de mercado más importante, el dinero”».

¿Por qué pensaba Hayek que someter el dinero al «control de mercado» podía convertirlo, según la expresión de Camino de servidumbre, en uno de los más grandes instrumentos de la libertad que haya inventado el hombre? ¿Por qué pensaba que el denominado control de mercado del dinero podía hacerlo más estable y menos proclive a la inflación? ¿Cómo se relaciona todo esto con la crítica del proyecto hubrístico del keyneianismo, que implicaba someter unas fuerzas de mercado que teóricamente solo podían comunicar los precios con claridad evitando toda interferencia política?
 

SE

Eso nos lleva unos años más adelante, a 1974. Es una cita del famoso discurso de Hayek en la Stockholm Nobel Academy, donde recibió el premio en 1974. El contexto era de inflación sostenida, una situación prácticamente sin precedente en tiempos de paz. Hay que remontar muchos años para encontrar algo parecido al impacto inflacionario de los años 1970. De hecho, más que un boom inflacionario, el fenómeno estaba vinculado con el desempleo y con lo que hoy se conoce como «estanflación». Hayek entra en escena en ese contexto y radicaliza su retórica y su posición.

Como sea, es importante reconocer que cambió de parecer a mediados de los años 1970. Durante los años 1950 y a comienzos de los 1960, había hecho las paces, aunque de mala gana, con los acuerdos políticos de la posguerra. Evidentemente no estaba entusiasmado, pero pensaba que no quedaba otra alternativa que asignar un rol determinante a los bancos centrales en la economía monetaria moderna. Por más que tuviera una idea nostálgica del patrón oro y pensara que Keynes se había equivocado en el Tratado sobre el dinero de 1930, hasta cierto punto logró amigarse con todo eso y se reconcilió con la situación.

Eso cambió en los años 1970, cuando empezó a radicalizar su postura y decir que su tesis sobre el mercado como medio eficiente de descubrimiento de la información no solo implicaba que los bancos centrales no eran necesarios, sino que los bancos centrales dirigidos por el Estado eran un obstáculo que impedía desarrollar su programa. Es un giro de noventa grados respecto de la posición que había sostenido poco tiempo atrás. En los años 1970, frente a la inflación, Hayek argumentó que la misma lógica que había desarrollado en su análisis de todos los otros mercados debía aplicar en el caso del regulador mismo del mercado, es decir, el dinero.

No es fácil definir si se trataba de una propuesta sincera o si buscaba simplemente ponerse a la vanguardia en términos ideológicos. Pero el plan era básicamente depositar todas las expectativas en la competencia, que supuestamente garantizaría la estabilidad y la eficiencia del dinero. Los trabajos con los que Hayek se comprometió después del Premio Nobel lo convirtieron en una persona muy prestigiosa. A comienzos de 1974 era un tipo bastante irrelevante, pero en 1975 se había convertido en una celebridad mundial.

En esa época empezó a diagramar programas que supuestamente ayudarían a rescatar el sistema monetario existente dirigido por los bancos centrales. Básicamente, la solución —articulada en un panfleto sobre la nacionalización del dinero publicado en 1976 con un think tank libertario de Londres— era que las monedas privadas compitieran hasta alcanzar la estabilidad que antes encomendábamos —Hayek también— a los bancos centrales.

Como en cualquier mercado, según esta perspectiva, la estabilidad y el valor son frutos exclusivos de la competencia. La idea de Hayek parece apuntar a la posibilidad de que un banco emita su propia moneda privada y sea castigado por el mercado en caso de sobrepasar sus límites. Entonces quedaría fuera del negocio o sus notas se cambiarían a un precio más bajo porque la competencia haría sentir todo su peso.
 
 

DD

Por el contrario, Gunnar Myrdal, economista sueco, apoyaba la propuesta de los países del Tercer Mundo de responder a las crisis de los años 1970 creando un Nuevo Orden Económico Internacional (NIEO). ¿En qué sentido diferían los diagnósticos de Hayek y de Myrdal? ¿Qué factores ideológicos había detrás de esas diferencias?
 

SE

La primera observación que cabe realizar refiere a la amplitud de la imaginación monetaria de aquella época. Estamos en un mundo de dinero fiduciario, un mundo en el que la promesa, la credibilidad y la recaudación de impuestos del Estado son los elementos que garantizan el valor del dinero. No importa el oro de Fort Knox. Ahora lo que importa es la política. Y, además, estamos en un momento de alta inflación. El conflicto entre las distintas propuestas monetarias es muy productivo.

El aporte de Hayek es solo uno entre muchos otros que surgieron de la derecha libertaria, y también encontramos propuestas sobre el dinero y la política monetaria del futuro por izquierda. Myrdal es un dispositivo útil para narrar esta historia porque —como consecuencia de un acto de compromiso de parte del comité— compartió el Premio Nobel con Hayek.

Existe un vínculo entre la propuesta de Myrdal y los proyectos del Sur Global, que buscaban rediseñar el sistema de comercio mundial y el sistema de intercambio de mercancías, igual que el NEIO, con el fin de reestructurar la política monetaria mundial, volver a la mesa de negociación después del fracaso de Bretton Woods y cumplir las promesas que habían surgido durante todo ese período.

En la época de la conferencia de Bretton Woods, la mayoría de los Estados miembro de las Naciones Unidas en los 1970 no existían. La descolonización todavía no se había producido. Hubo un intento de realizar una conferencia semejante a la de Bretton Woods, pero que incluyera a todos esos países. También hubo convocatorias para realizar una Asamblea General de las Naciones Unidas centrada en la constitución monetaria mundial, y otros tantos intentos de abordar las políticas de bienestar y de contención de la inflación a nivel internacional. Ese es el contexto en el que intervino Myrdal, interesado como estaba en la crisis del Estado de bienestar que había sido el trasfondo de los años 1950 y 1960.

A diferencia de Hayek, que quería deshacer el proyecto de bienestar nacionalista keynesiano, Myrdal estaba mucho más interesado en extenderlo al Sur Global y desarrollar una concepción mundial del bienestar. Eso iba de la mano con el rediseño de la constitución monetaria, que tenía que ser mundial y debía incluir a todos los miembros del G77. Myrdal participó activamente de esos debates. Junto al G77 intentó pensar la dimensión monetaria de la crisis, tanto antes como después del NEIO.
 
 

DD

En un principio, el NEIO no estaba centrado en la política monetaria. Fue la inflación de los años 1970 la que terminó imponiendo ese eje. Siempre pensamos la inflación de esa época en términos más bien benignos debido a las transformaciones que ocasionó en la economía y la política estadounidenses, pero las consecuencias en el Sur Global fueron considerables. ¿Cómo impactó la inflación en el Tercer Mundo? ¿Cómo fue que las grandes potencias económicas y políticas del centro capitalista transformaron la crisis de inflación en una crisis de deuda soberana en la periferia?
 

SE

El año crucial fue 1974, año en que Hayek y Myrdal tomaron la palabra en Estocolmo. Sucedió que la percepción de la crisis se fundió gradualmente con la conciencia de la crisis monetaria que afectaba tanto al Sur como al Norte. En parte esto se debió a que el NEIO retomó los debates de los años 1950 y 1960 sobre intercambio desigual, el comercio y la balanza comercial.

Esos debates abrieron una oportunidad única de volver a plantear cuestiones vinculadas a la distribución del ingreso a nivel mundial y a los términos del intercambio.

Pero son esas luchas que siempre terminan con ganadores y perdedores. Se percibía con claridad que el Norte Global, habiéndose beneficiado ilegítimamente de las políticas neocoloniales, debía renunciar a sus privilegios y redistribuir las ganancias. Por supuesto, era una propuesta atractiva. Pero también empezó a ser percibida como un obstáculo que estaba impidiendo el despegue del NEIO. El Norte Global, especialmente los Estados Unidos, reaccionó con animosidad: tenía mucho que perder.

En la segunda mitad de los años 1970, la reforma monetaria mundial empezó a presentarse, al menos entre los participantes del G77, como un tópico que no conduciría a un conflicto de suma cero, sino que comprometía las políticas de Norte y Sur. Entonces se aplicó una constitución monetaria mundial que funcionó y que reemplazó a Bretton Woods, o, más bien, a los no sistemas que habían tomado su lugar. Después del colapso de Bretton Woods, el G77 empezó a propagar la idea de una reforma monetaria mundial que mejoraría la situación de todos. No sería simplemente una lucha redistributiva, sino una victoria de todos en el combate contra la inflación.

Evidentemente, el Sur Global tenía mucho más que ganar, dadas las consecuencias devastadoras que tenía en su caso inflación, pero no por eso planteaba la necesidad de un sacrificio del Norte. El énfasis en los beneficios compartidos en vez de en el sacrificio se convirtió en un lema monetario importante durante la segunda mitad de los años 1970.
 
 

DD

Un elemento fundamental en el caso de países del Tercer Mundo como Tanzania y Jamaica —que bajo los gobiernos de izquierda de Julius Nyerere y Michael Manley respectivamente se convirtieron en importantes partidarios del NEIO— fueron los planes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI), diseñados para forzar a los países pobres a reestructurar sus economías según los mandatos neoliberales. En ese sentido, escribiste, «Si bien la Asamblea General de las Naciones Unidas se había ampliado, el FMI siguió reflejando un mundo jerárquico más afín al Consejo de Seguridad. Aunque el Tercer Mundo representaba a más de cien países, que incluían a más de dos tercios de la población mundial, sus votos en el FMI no sumaban más del 35% y quedaban por debajo del 40% de las únicas cinco potencias industriales».

¿Estamos frente a un método de transformación del poder colonial en un sistema mundial poscolonial, no regido ya por la dominación directa de Europa, sino por el poder financiero y el dinero?
 

SE

Hay que hacer dos observaciones. La primera es que hablar del colapso de Bretton Woods es un poco engañoso. Lo que colapsó fue el sistema global que ataba el dólar al oro y que ataba formalmente otras monedas al dólar. Pero muchos elementos siguen vigentes, como por ejemplo, el FMI y el Banco Mundial. Eso es significativo. Tenemos estos zombis raros, remanentes de la época de Bretton Woods, que durante los años 1970 empezaron a buscar nuevas tareas porque el marco en el que estaban incluidos originalmente y sus obligaciones políticas habían desaparecido.

Pero, más allá de sus imperfecciones, Bretton Woods era al menos un sistema político que admitía ciertos reclamos y en el que se definían obligaciones. Una vez que fracasó, también liberó a los países individuales miembros del FMI para que actuaran de formas incompatibles con el sistema original.

Así llegamos a este momento en que el FMI intenta redefinirse y redefinir a los países miembro, incluso a Estados Unidos, con el fin de garantizar la hegemonía financiera de la gran potencia del Norte sobre las ruinas de Bretton Woods. Los programas de ajuste estructural del FMI y los préstamos condicionados surgieron en un principio como un intento de imponer nuevas formas de disciplina en un sistema informal que había abandonado toda institución política. El método ahora pasaba por la movilidad del capital y la concesión de cuantiosos préstamos a los países en vías de desarrollo. El dólar seguía siendo dominante. A pesar del hecho de que había dejado de ser formalmente la moneda de reserva de la economía mundial, la mayor parte de esos préstamos de los años 1970 y de los años 1980 fue emitida en dólares.

En un primer momento, los países recientemente descolonizados se entusiasmaron porque, hasta cierto punto, estaba empezando a suceder algo que esperaban hacía mucho tiempo: inversiones reales que fluían de Norte a Sur. Sobre todo parecía importante para los países que pretendían autofinanciarse o que estaban explorando formas de independencia financiera. Como sea, una parte considerable de esa deuda fue contraída en dólares, y al principio no estaba del todo claro cuáles serían las consecuencias.

Terminó siendo algo muy significativo porque esos países se hicieron extremadamente vulnerables a las fluctuaciones del tipo de cambio. Las monedas ya no estaban atadas unas a otras, sino que sus precios flotaban libremente. Eso es algo que casi nadie había anticipado. Si el precio de la moneda de un país flota libremente, pero ese mismo país contrajo una deuda denominada en una moneda distinta, enfrenta el riesgo de caer en lo que se conoce como descalce de monedas, es decir, que los activos y las obligaciones estén denominados en monedas distintas y que las obligaciones crezcan descomunalmente mientras el gobierno intenta controlar la moneda nacional.

Estos países empezaron a depender del FMI, surgido de pronto como una autoridad en cuestiones de préstamos y deudas y como un actor que expandía generosamente las inversiones. El panorama empeoró cuando el FMI mostró su verdadero rostro, es decir, el de una entidad que intenta dominar este nuevo mundo de préstamos internacionales fundado en tipos de cambio flotantes y deudas todavía denominadas en dólares, aun cuando esa moneda dejó de ser la moneda de reserva oficial de la economía mundial.

Desde la perspectiva de Julius Nyerere o Michael Manley —o desde la perspectiva de Tanzania y Jamaica, dos de los primeros países en probar los programas de ajuste estructural— los mandatos del FMI no eran más que una reedición de las típicas prácticas neocoloniales. El FMI llegó con medidas draconianas que pretendían imponer una disciplina y tomar el control de los presupuestos nacionales, uno de los elementos más delicados de toda política. Está claro que es una institución que opera en función de los acreedores del Norte.

Además —y esto quedó claro a fines de los años 1970, en una serie de conferencias celebradas en Kingston, Jamaica y en Arusha, Tanzania—, los países del Tercer Mundo eran conscientes de la retórica profundamente política de la que se servía el FMI. El FMI decía estar interesado únicamente en cuestiones de ajuste nacional y dejaba completamente de lado los temas vinculados a la economía política mundial y al enredado «no sistema» vigente. Decía estar implementando las mejores prácticas y una gestión económica sensata, cuando de hecho, en el Norte Global reinaba la falta de disciplina. Es decir que esos países que decían ser los más prudentes no lo eran en absoluto. Todo eso llevó a una enorme batalla política en torno al lenguaje y a la ideología.

De nuevo, ¿cuál fue el rol político del FMI en estos primeros programas de ajuste estructural y cómo hacemos para desarmar esa fachada política despolitizada?
 
 

DD

Cuando Hayek plantea la perspectiva del dinero privado, los defensores del NEIO, reunidos en Arusha, Tanzania, en 1980 llegan a una propuesta muy distinta. La declaración de Arusha dice, «El dinero es poder. Quienes tienen el poder, controlan el dinero. Quienes controlan y gestionan el dinero, tienen el poder. El sistema monetario internacional es a la vez la función y el instrumento de las estructuras de poder dominantes». ¿Cuáles son las diferencias entre las perspectivas de un sistema monetario mundial equitativo postuladas por esta declaración y la propuesta de Hayek?
 

SE

Es importante entender que estos dos extremos del espectro político de la imaginación monetaria son parte de la misma lucha por el futuro del dinero que se desarrolló en los años 1970. Son propuestas paralelas. Sabemos que entre 1979 y 1980, Hayek propagaba y difundía su idea de desnacionalizar el dinero. En simultáneo, tenemos a Nyerere y Manley reunidos en Arusha con una perspectiva completamente distinta.

Es importante distinguir la declaración de Arusha a la que hiciste referencia de la más famosa, la de 1967, en la que Nyerere estableció los principios del socialismo africano. Estamos en la misma ciudad pero en los años 1980. Suele denominársela Declaración Oficial o Iniciativa de Arusha. Desconozco si Myrdal tenía los documentos a mano, pero las actas aparecieron en un periódico sueco llamado Diálogo sobre el desarrollo.

Como sea, es importante reconocer todo lo que Hayek comparte con su oponente. Ambos piensan que el dinero en los años 1970 era un fenómeno eminentemente político y que existía un vínculo estrecho entre las distintas entidades que emitían y gestionaban el dinero y los intereses fundamentales de los distintos Estados. Hayek saca la conclusión de que necesitamos sacar el dinero de las manos del gobierno y desnacionalizarlo.

De ahí esta idea de monedas privadas que compiten entre sí. Políticamente plantea quitarle al gobierno el poder de emitir dinero. Ahora bien, Nyerere y Manley, y los participantes de la Iniciativa de Arusha, comparten la primera parte del análisis, es decir, que es obvio que la cuestión es política. Cuando el FMI llega y exige cambios estructurales, aunque dice que se trata de un proceso técnico, no político, en realidad sus medidas forman parte de una política monetaria mundial que responde a la problemática del crédito y la deuda que rige las relaciones entre el Norte y el Sur Globales y a la inflación de los años 1970. Quien niegue eso no es sincero.
 
 

DD

El problema del dinero asume características distintas cuando uno está en un país carente de soberanía monetaria y emplazado en la periferia de un sistema mundial controlado por otros.
 

SE

Exactamente, pero por eso nadie pensaría que se trata de un problema donde la política no juega un rol determinante. La falta de capacidades democráticas para definir las políticas nacionales es una patada en la cara y esos países tratan de resistir. Ningún gobernante de esos países piensa que enfrenta calamidades naturales. Son perfectamente conscientes de que es una política mundial y un sistema políticamente estructurado el que define el curso de las inversiones, protege a los acreedores y habilita al FMI a perseguir a ciertos países y no a otros. Es una cuestión política. El problema es que obedece a los intereses de un pequeño grupo de países del Norte Global, que tiene intereses bastante predecibles, y los países del Tercer Mundo son el último orejón del tarro.

La solución surgida de la Iniciativa de Arusha no es, como planteaba la fantasía hayekiana, escapar a la política, sino democratizar y mundializar esa política. En ese sentido la Iniciativa de Arusha es una especie de nueva conferencia de Bretton Woods celebrada en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en la que participan todos los Estados recientemente descolonizados, comprometidos en una conversación de buena fe sobre las posibilidades de fundar un sistema monetario mundial más democrático. Estaban dispuestos a cambiar la política que domina el sistema político mundial.

Pero se encontraron con la negación de esa política, negación que adoptó la forma del FMI, que niega su carácter político y dice no haber estado involucrado en ninguna de esas luchas y tensiones políticas que definieron la época posterior a Bretton Woods. En ese contexto, Nyerere fue el más innovador. Filtró intencionalmente los documentos internos del FMI que exponían los debates y las tácticas que había adoptado la institución para presentar todo de manera despolitizada. Nyerere recurrió muchas veces a esa táctica y logró generar un enorme malestar en sus oponentes. Era una forma de develar a ese supuesto socio y dejar expuesta la mala fe de esa entidad que venía a negociar planes de ajuste estructural.
 
 

DD

¿El nuevo orden se adecuaba, al menos en parte, a lo que quería Hayek? Pienso en una entrevista que hice con Quinn Slobodian donde hablamos sobre su libro Globalists. Más allá de sus pretensiones libertarias antiestatistas, ¿era eso lo que querían los neoliberales, utilizar el Estado para poner el dinero a salvo de todo control democrático?
 

SE

Pasó un tiempo hasta que se completó el cuadro. Fue un proceso experimental bastante desordenado donde participaron muchos actores distintos, entre ellos Paul Volcker y la FED, pero también intelectuales que buscaban quedar bien posicionados y responder adecuadamente a una situación vertiginosa. Todo avanzaba hacia un mundo de capitales que se movían cada vez con más libertad. La financierización generalizada estaba en marcha.

Nadie tenía un plan que garantizara el éxito. Todo lo que escribo está muy influenciado por la obra de Quinn y la de Greta Krippner, que escribió un libro fantástico, Capitalizing on Crisis, donde articula las respuestas experimentales que, hasta cierto punto, tramaron los aspectos más neoliberales de la financierización mediante la declinación de la responsabilidad de los gobiernos y la intervención de instituciones como la Reserva Federal, que, sobre todo bajo el mandato de Volcker, logró blindarse a ante cualquier presión política democrática.

Volviendo al neoliberalismo, es realmente interesante la ruptura que se produce entre dos personajes como Milton Friedman y Hayek. Friedman parece encajar mucho mejor en esta imagen que nos muestra a los economistas tratando de averiguar lo que está sucediendo. Friedman estaba contento con la intervención de la Reserva Federal y con los distintos instrumentos monetarios que empezaba a desarrollar —muchos de ellos falaces y manipuladores—, siempre y cuando sirvieran para reintroducir la disciplina de mercado. Creía que el problema era que los años 1970 habían sufrido el impacto de pésimas políticas monetarias y que era momento de aplicar otras mejores. Básicamente estaba conforme con el uso experimental del poder del Estado y de la Reserva Federal con el fin de bajar la inflación y reintroducir la disciplina económica.

La posición de Hayek en los años 1980 era mucho más interesante. Tuve la oportunidad de estudiar muchos documentos conservados en la Institución Hoover de la Universidad de Stanford, entre los que están su correspondencia y una serie de discursos de la misma época. Lo primero que notamos es que a partir de 1981, tal vez a partir de 1980, Hayek acepta con mucha franqueza que su propuesta de desnacionalizar el dinero es utópica. Es perfectamente consciente de que es imposible aplicarla en términos políticos. De hecho, en 1981 participa de una charla con un grupo de ejecutivos de Visa en Atenas, Grecia, donde plantea que sus propuestas son ficciones surgidas de la frustración y de cierto tipo radicalización que debía quedar atrás.

Pero no retorna a su posición anterior, es decir, a la idea de que solo se necesitaban mejores políticas económicas. Afirma que la política monetaria nunca sirvió, que no es necesaria. No es una cuestión de buenas o malas políticas monetarias. Simplemente hay que prescindir de todas. Al mismo tiempo, considera que la desnacionalización del dinero es políticamente imposible.

Entonces, entre 1981 y 1986, actualiza sus ideas sobre la competencia de distintas monedas adaptándola a una realidad que estaba cambiando a toda velocidad. La propuesta que hace a los ejecutivos de Visa —y es un discurso que repetirá frente a las autoridades bancarias de Londres— es básicamente la creación de un sistema de unidades de cuenta que tienen la forma de giros bancarios que compiten entre sí.

Por lo tanto, el Estado puede prohibir la impresión de dinero, es improbable que renuncie a ese privilegio. Si uno intenta emitir sus propias notas bancarias, buena suerte, pero las posibilidades de éxito son escasas. El Estado puede controlar todas las operaciones de los bancos. Del mismo modo en que los bancos crean crédito y se benefician de la privatización de esa política, Hayek piensa que deberían poder crear cuentas denominadas, no en dólares o en libras, sino en nuevas unidades monetarias.

Dice que son las tarifas las que hacen que no abramos cuentas denominadas en otras monedas. Pero rechaza esa idea y propone una solución. Exige un input. Argumenta que tiene cierta idea de cómo hacerlo, pero que costará millones de dólares, que no puede decir el nombre del proyecto porque sus abogados recomendaron prudencia.

Está tramando un esquema para mantener la promesa de la desnacionalización del dinero, no bajo la forma de bancos que imprimen realmente su propio dinero, sino mediante la utilización de herramientas financieras, como las tarjetas de crédito, y otras que los bancos estaban empezando a utilizar en los años 1980.
 
 

DD

En otro lugar, escribiste, «Además de imponer deliberadamente límites a la negociación colectiva y al crecimiento del salario real, la nueva política de desinflación abrió simultáneamente las compuertas de las tarjetas de crédito destinadas al consumo privado». Entiendo que lo que sugiere esta cita es que el retroceso del poder obrero y la expansión del crédito para consumo privado son dos fenómenos que no coincidieron solo por azar. ¿Cuáles son sus vínculos?
 

SE

De nuevo, en este caso sigo el libro de Greta Krippner que trata el tema de manera impecable. No quiero que se me malinterprete como si estuviera proponiendo una relación causal o como si dijera que una cosa fue la respuesta coordinada a la otra. Recordemos que el período estuvo definido por una política experimental bastante desordenada. Una idea que emergió entonces es que la desregulación de las finanzas parece adecuarse a cierta solvencia política, pospone y potencialmente desplaza parcialmente algunos de los conflictos distributivos típicos de los años 1970.

Los años 1970 estuvieron definidos por la preocupación que generaba un sistema político sobrecargado, que luchaba por decidir reivindicaciones distributivas conflictivas. Los mercados financieros, la desregulación y la apertura de las compuertas del crédito parecían ser capaces al menos de ganar un poco de tiempo para maniobrar. Por un lado, permiten ciertas libertades que acrecientan la eficiencia, la movilidad del capital y ofrecen comodidades para que las instituciones financieras ofrezcan sus productos. Todo eso entra en la categoría de mejoras de liquidez y eficiencia.

Pero en términos políticos, también es una respuesta a la experiencia de los salarios estancados. Durante los años 1950 y 1960, el sistema político había llegado a depender del crecimiento económico y de las expectativas. Esa idea entró en crisis cuando irrumpió la estanflación. En ese contexto, el acceso a crédito barato se convirtió, al menos por un tiempo —hasta los años 1990— en un modo de navegar las corrientes del capitalismo financierizado. Se pensaba que las facilidades de acceso al crédito serían una solución alternativa y temporaria al retraso y al estancamiento de los salarios.
 
 

DD

Entonces, este desplazamiento —la expansión del crédito como compensación por el estancamiento de los salarios— facilitó la hegemonía de la Gran Moderación y la consecuente despolitización del dinero hasta la crisis financiera de 2008.
 

SE

Sí. Suele pensarse que la Gran Moderación es un fenómeno macroeconómico, o un sistema inflacionario dirigido por bancos centrales independientes, que habrían logrado dominar la situación. En ese sentido, muchos afirman que los bancos desarrollaron un kit de herramientas macroeconómicas capaces de limar las alzas y bajas y estabilizar la economía. Hay algo de eso.

Pero también es crucial lo que sucede con la movilidad del capital y con el crédito. En primer lugar, el proceso responde a una remoción de obstáculos a la movilidad del capital que no tiene precedentes. En los años 1970, la movilidad del capital era un fenómeno marginal. Bretton Woods había definido controles de capital rigurosos. En esa época, Estados Unidos, Alemania y en parte Japón estaban interesados en la movilidad del capital, pero muchos países —obviamente el Sur Global, aunque también una buena parte de Europa, y sobre todo Francia— se oponían enérgicamente a esa idea.

A fines de los años 1980 y principios de los 1990 la situación cambió. El Tratado de Maastricht colocó la movilidad del capital en el centro de la Constitución Europea. Ahora vivimos en un mundo completamente distinto, donde la movilidad del capital —su colocación eficiente y su flujo— es una parte fundamental del cuadro de la Gran Moderación.

Pero, si atendemos solo a la cuestión salarial, estamos dejando de lado otros beneficios que trajo la Gran Moderación, vinculados con el acceso a crédito barato. Sí, es probable que los salarios no hayan mejorado tanto como durante los años 1960, pero las hipotecas mejoraron y se multiplicaron los productos financieros disponibles. Todo esto es parte de la ampliación del mundo de las finanzas a partes de la sociedad que antes estaban excluidas de la ecuación.
 
 

DD

Todo eso obstaculizó, no solo el programa del NEIO, sino también cualquier experimento socialdemócrata en el Norte Global, como el de François Mitterrand en Francia.
 

SE

Definitivamente. Ese es un buen atajo para retomar la conversación sobre las criptomonedas. Todo ese proceso se amparó muchas veces en un hipotético programa de democratización del acceso al crédito. En el contexto de Estados Unidos, se generalizó la idea de que las familias afroamericanas, excluidas de toda forma de crédito —es uno de los factores determinantes de la brecha racial en este país— serían capaces de acceder al sistema financiero y superar la discriminación.

La idea de «democratización de las finanzas», para usar un término que se ha vuelto bastante común, es pasar de la exclusión a la inclusión. Los hogares antes excluidos, por discriminación o por capacidades económicas, están incluidos en la esfera de la creación de crédito. En consecuencia, el Partido Demócrata se subió al tren. Es un relato que funciona bien en términos electorales.

Ahora bien, es el mismo relato que encontramos en el mundo cripto: la publicidad apunta a la idea de nuevas oportunidades de inversión y de democratizar las finanzas. Es una especie de fenómeno Robinhood en el que cualquiera puede convertirse en corredor de bolsa, comprar acciones e invertir en criptomonedas. Los que antes estaban excluidos hoy son parte del mundo financiero y deberíamos estar celebrando.

Por supuesto, se ignora deliberadamente que se trata de capital y de crédito. Y el capital y el crédito no operan en función de la igualdad ni de la inclusión. La inclusión no significa nada si el crédito al que se accede es inferior al crédito al que acceden los otros.
 
 

DD

¿Cómo impactaron la crisis financiera y las políticas aplicadas después en la ideología dominante del dinero despolitizado?
 

SE

Es difícil pensarlo ahora a causa del impacto de la crisis financiera y las medidas monetarias de la pandemia. En cuanto a la crisis financiera, hay que decir que la mayoría de los modelos que usan los economistas —los que determinan las grandes decisiones macroeconómicas y modelan los escenarios que evalúan las instituciones financieras— básicamente dejan afuera el dinero y los bancos. Cuando aparecieron los bancos, los economistas los consideraron como meros intermediarios financieros en vez de como entidades creadoras de crédito. Y el rol complejo que juega el dinero en el mercado monetario recibió aún menos atención.
 
 

DD

Entonces, ¿esa ideología del dinero despolitizado también influye en los economistas?
 

SE

Exactamente. La neutralización del dinero en la economía se complementó y hasta cierto punto reflejó la neutralización del dinero que dominaba la esfera pública. Fue parte del relato de la Gran Moderación, fundado en la idea de que, durante los años 1970, el dinero se había politizado ilegítima y artificialmente. La independencia de las metas de inflación de los bancos centrales fue concebida con el fin de mantener el dinero a distancia de la política.

Esa idea del dinero está vinculada con los modelos y con la neutralización del dinero en la imaginación popular: el dinero empezó a ser visto como una cosa neutra, un medio técnico que había que separar de la política y que no respondía a ningún interés. Así quedó totalmente aislado de los problemas del poder. Esa fue la imagen dominante durante la crisis.
 
 

DD

En un artículo dijiste que la crisis mostró que los bancos centrales «se habían convertido en entidades de planificación centralizada que no osaban confesar su nombre. Las nuevas capacidades de los bancos centrales plantearon, no sin generar incomodidad, la posibilidad de tomar decisiones políticas en un sistema en el que supuestamente no había alternativas».

Sin embargo, también dijiste que «Aunque el dinero terminó siendo más político de lo que muchos habían asumido, la crisis también socavó rápidamente cualquier presunción de que obedecía directamente a la soberanía de los Estados y respondía sin conflictos a la política. En muchos sectores, la moneda había sido reemplazada por dinero privado mundial». ¿Cómo se relacionan estas dos evaluaciones que en principio parecen contradictorias?
 

SE

De nuevo, esto es algo tan importante en la concepción que tenemos hoy de los bancos centrales. Hay dos movimientos. El primero pasa simplemente por la toma de conciencia del enorme poder que tienen los bancos centrales. La idea está presente en muchos episodios de esta crisis.

Por ejemplo, cuando después del rescate de AIG, el gigante de los seguros, los periodistas presionaron a Ben Bernanke en la televisión para que dijera de dónde venía el dinero: ¿Era dinero de los contribuyentes? ¿Quién había autorizado ese cheque en el Congreso? Y de pronto llega el momento en que responde: «Nosotros no imprimimos dinero. Usamos la computadora. Solo agregamos ceros».

El público escuchó impactado porque estaba convencido de que la austeridad y la disciplina económica eran las únicas alternativas en el contexto del neoliberalismo. Todos tienen que ajustarse los cinturones. Tenemos que reducir nuestros gastos, igual que el gobierno.

Ese era el relato: no hay alternativa, no hay posibilidad de decidir. Pero resulta que Ben Bernanke puede añadir ceros en una computadora. Y es verdad: el banco central, como cualquier entidad, puede crear dinero simplemente añadiendo ceros.

Lo que convirtió a la crisis en una crisis es que la FED tuvo que intervenir, no como prestamista de última instancia, sino como proveedor de liquidez. A diferencia de los bancos, que operan en un contexto un poco más complejo, el Estado siempre puede cumplir esa función.

De ahí el sentimiento, todavía más evidente hoy, de que los bancos centrales toman decisiones arbitrarias, que pueden optar por hacer una cosa u otra, sobre todo cuando se trata de rescatar a los bancos privados, pero también en el caso de las metas de inflación y las tasas de interés. Es algo que hoy parece obvio, pero tardamos muchos años en comprenderlo y los banqueros no querían aceptarlo.

La FED sigue siendo bastante reacia a aceptar que está haciendo política, aun cuando aplican regímenes diferentes todo el tiempo y sus decisiones afectan a distintos sectores de la población. Cada vez es más difícil aceptar que su actividad es neutra, no destructiva y puramente tecnocrática. Es una ficción que no se sostiene.
 
 

DD

Recuerdo que una vez señalaste que Satoshi Nakamoto, seudónimo del creador de Bitcoin, había publicado su propuesta el 1 de noviembre de 2008, pocas semanas después de la quiebra de Lehman Brothers. Y también destacaste el mensaje que acompañaba el código del primer bloque de Bitcoin. Decía, «Times, 3 de enero de 2009, el ministro de Hacienda está a punto de concretar el segundo rescate en beneficio de los bancos». Eso es todo.

La seca publicación de Nakamoto llegó meses antes de que Rick Santelli, periodista de la CNBC, despotricara contra el Tea Party. En ese momento no prestamos mucha atención, pero ahora pienso que la secuencia es importante. Fueron las semillas de lo que terminaría siendo la respuesta popular a la crisis que estamos viviendo hoy: una respuesta reaccionaria a la repolitización del dinero que aparentemente es más duradera que la rama libertaria del Tea Party inspirada por Koch.
 

SE

No fue solo un anuncio que acompañó el lanzamiento de Bitcoin. Si tenemos en cuenta cómo funciona la blockchain y dado que la frase está incluida en el primer bloque del Bitcoin, hay que decir que forma parte de cada una de las transacciones. Es un elemento indivisible de la existencia de la blockchain del Bitcoin. Así que en el comienzo de todo, si remontamos la blockchain de Bitcoin, nos encontramos con el titular del London Times sobre el ministro de Hacienda que rescata a los bancos. Ese es el tipo de grito de guerra bajo el que se anunció esta nueva moneda, no fundada en la confianza, que prometía un nuevo futuro para el dinero más allá de la política y de los bancos.

Restituir el contexto —es decir, la crisis financiera y política que afectó las instituciones democráticas— es fundamental si queremos comprender la promesa de Bitcoin.
 
 

DD

Tu libro parece sugerir que la perspectiva de Nakamoto tiene cierta similitud con el fenómeno de GameStop, una especie de convergencia entre libertarianismo defensor del capitalismo de libre mercado y política populista antibancos.
 

SE

Hay que considerar una diferencia muy importante. Es muy tentador trazar una línea que una directamente a Hayek con las criptomonedas. Es muy tentador considerar que anticipó la idea o buscar en las promesas de las criptomonedas una concreción de su propuesta de desnacionalizar el dinero. Pero la diferencia más importante está en la función de los bancos. Los bancos son los héroes del panfleto publicado por Hayek en 1976 y siguen ocupando esa posición en sus proyectos posteriores. Hayek les hablaba directamente a los bancos, presentaba sus planes y sus propuestas ante sus funcionarios. Eran ellos los que nos rescatarían.

Pero eso cambió completamente en 2008. Entonces, Nakamoto —o el grupo que opera detrás de ese nombre— comprendió que el sistema bancario no está separado del Estado. Los investigadores especializados en el dinero, especialmente los juristas y los historiadores, venían diciendo lo mismo hacía muchos años: es un error pensar que los bancos son empresas privadas.

Son más bien franquicias de cierto tipo de derecho público. Operan en un espacio sometido a regulaciones estrictas en el que distribuyen básicamente bienes públicos o crédito por medios privados, pero siempre obedecen a obligaciones estrictas. Están respaldados por la Reserva Federal. Son parte de una especie de centro bancario estatal.

En un sentido, el Bitcoin diagnostica bien ese punto. Es inútil pensar que los bancos están en contra del Estado, incluso en tiempos de crisis. En realidad están íntimamente conectados.
 
 

DD

Considerando que el dinero es político y que asumió explícitamente ese rasgo después de la crisis de 2008, ¿qué dinero debería defender la izquierda? ¿Cuál sería una posición de izquierda en este momento de repolitización del dinero?
 

SE

Acabo de terminar un libro sobre la teoría política del dinero en el que trato ese problema. Intento hacer una genealogía para tomar un poco de distancia y analizar de dónde provienen las distintas concepciones del dinero, de dónde viene todo eso que vemos y no vemos cuando miramos el dinero. Como sea, me parece que el problema es la democratización.

En ese sentido, tenemos que entender que hablar de despolitización y repolitización del dinero es bastante confuso. En última instancia, esa idea parece asumir que el dinero sería capaz de prescindir de la política.

Estoy convencido de que es un punto de partida errado. El dinero siempre es político.

Pero entonces, ¿qué es lo que se despolitiza? No es el dinero en sí mismo. Es la apariencia del dinero, o, en otras palabras: la despolitización del dinero es en realidad una desdemocratización del dinero.

Cuando hablamos de los años 1980 como de un período de despolitización del dinero, deberíamos precisar la idea en dos sentidos. En primer lugar, hablar de la política de despolitización implica estudiar los modos de pensamiento que gobernaron la FED —las ideas de Paul Volcker, por ejemplo—, que fueron muy políticas y que apuntaron a crear una nueva apariencia y a presentar el dinero como una cosa que estaba más allá de la política.

En segundo lugar, eso obedece, antes que a la separación abstracta entre dinero y política, a la exclusión del dinero de la esfera del control democrático. Una vez que aceptamos esto es más fácil plantear la pregunta por la democratización del dinero.

 No deja de ser un problema muy difícil de resolver, pero es muy importante. Tenemos que enfrentarlo.

Para mí, democratizar el dinero significa dejar de hablar de repolitización o despolitización y empezar a analizar las estructuras que rigen la toma de decisiones en los bancos centrales y en el sistema monetario, que incluye a los actores privados o supuestamente privados y a los bancos centrales. Eso implica empezar a pensar dónde se genera realmente el crédito: ¿quién tiene derecho a crear dinero y por qué?

Aunque no tengo un plan sistemático, me parece que ese debería ser el punto de partida: pensar los bancos centrales como instituciones que podemos democratizar. Circulan muchas propuestas interesantes, como la inclusión de representantes sindicales en esas instancias. También podríamos someter los bancos centrales a distintas cámaras legislativas.

Todo eso es mejor que reducir la cuestión a la repolitización de los bancos centrales o anclar los bancos al Congreso, que no deja de ser una institución de legitimidad democrática dudosa. En síntesis, tenemos que pensar formas de democratización que no impliquen simplemente someter los bancos centrales al sistema político existente.

Por otro lado, tenemos que hablar del crédito, de si tenemos que complementar el crédito privado con la creación de crédito público y si tenemos que repensar las relaciones de poder que habilitan a los bancos a expandir el crédito sin ninguna obligación. Ese es otro aspecto: repensar todo el sistema monetario en términos más democráticos a través del lente de la liquidez.

Por Stefan Eich

Traducción: Valentín Huarte

 

Notas

1

Autor de «All-American Nativism» (Verso, 2020) y conductor de «The Dig», un podcast de Jacobin Magazine.

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Protesta conta el bitcoin en El Salvador, 20 de julio de 2021.- Camilo Freedman / SOPA Images via / DPA

El Salvador se convirtió el 7 de septiembre de 2021 en el primer país en adoptar el bitcoin como moneda de curso legal. Esta decisión histórica trajo consigo el debate acerca de la institucionalización de las criptomonedas y sus posibles efectos en la economía. Actualmente, El Salvador se encuentra cerca del impago de su deuda debido, entre otras causas, a la alta volatilidad del bitcoin y a la insuficiente aceptación de este por parte de la población. No obstante, esta situación enmascara el verdadero problema de fondo, el hecho de que el gobierno de El Salvador busque solucionar problemas estructurales del país a través de la especulación con criptoactivos.

¿Qué es lo que ha pasado? Antes de apostar por el universo cripto, la economía de El Salvador estaba teniendo serios problemas estructurales. La deuda del país venía creciendo considerablemente en los últimos años incrementando los intereses de la deuda. Teniendo en cuenta que el dólar estadounidense es la moneda oficial del país, el constante déficit comercial (más importaciones que exportaciones) creaba una escasez de dólares que ponía en riesgo a la economía. Esta escasez se compensaba con el envío de dinero a familiares por parte de salvadoreños residentes en Estados Unidos, suponiendo más del 25% del PIB en 2021.

Para atajar este problema, el paquete de 52 reformas propuesto por el presidente Nayib Bukele se basó principalmente en atraer capital externo a través de incentivos fiscales o incluso ofreciendo la nacionalidad a inversores utilizando el Bitcoin y la tecnología blockchain como instrumentos de liberalización económica. Como el propio presidente dijo en un tuit: "Mientras el mundo cae en la tiranía, crearemos un refugio para la libertad". Pero, de entre todas sus medidas, cabe destacar la aceptación del Bitcoin como moneda de curso legal, la emisión de deuda respaldada por bitcoin y la creación de "Bitcoin City", un paraíso fiscal exento de impuestos con cero emisiones de CO2 y con minería de criptomonedas.

Aunque esta iniciativa atrajo un gran interés mundial, no está teniendo los efectos esperados y podría llevar a la economía de El Salvador al colapso. El pasado 4 de mayo, la agencia de calificación Moody’s anunció que reducía la calificación de la deuda externa a largo plazo de la nación de Caa1 a Caa3 debido al posible impago o reestructuración de la deuda y a la falta de un plan creíble. Según Bloomberg, la deuda del país cayó en un 15,1% en abril, una caída similar a la experimentada por Ucrania debido a la invasión rusa.

Por una parte, la excesiva volatilidad del Bitcoin está asestando un duro golpe a la economía e influyendo considerablemente en los proyectos del gobierno. El Bitcoin ha perdido el 50% de su valor desde su máximo histórico lo cual afecta directamente al plan del presidente Bukele de emitir un bono de 1000 millones de dólares respaldado por bitcoin. Este hecho también complica la creación de los llamados "bonos volcán", unos bonos propuestos por Bukele que utilizan la tecnología blockchain y buscan destinar la mitad de los ingresos para adquirir bitcoins. El FMI ya aconsejó desligar el bitcoin de la economía de El Salvador y advirtió de los posibles efectos que puede tener en la estabilidad financiera del país: "Los bancos y otras instituciones financieras podrían verse expuestos a grandes fluctuaciones en el precio de los criptoactivos". Las negociaciones fallidas entre el gobierno de El Salvador y el FMI han generado mayor desconfianza en los mercados que castigan cada vez más al país.

Por otra parte, la aceptación del bitcoin como moneda de intercambio diaria en El Salvador es limitada a pesar de los grandes esfuerzos del gobierno. Según un estudio del National Bureau of Economic Research, solamente el 60% de la población se ha descargado el Chivo Wallet (una billetera electrónica creada por el gobierno para realizar pagos en bitcoin) y únicamente el 20% la ha continuado usando después de gastarse los 30$ en bitcoins que ofrecía el gobierno como incentivo. Además, solamente el 20% de las empresas aceptan bitcoin como medio de pago, especialmente las empresas más grandes.

Este hecho se debe principalmente a la desconfianza que genera bitcoin, que actualmente es utilizado más como una reserva de valor que como un medio de pago o intercambio. Su alta volatilidad limita su uso para transacciones cotidianas y lo acerca más otros activos como el oro, salvando las diferencias. Criptomonedas con alta volatilidad como Bitcoin o Ethereum tienen más sentido como activos de inversión y, por tanto, su regulación debería ser similar a la de la bolsa de valores y no a la de las divisas.

En el resto del mundo, países como China han prohibido completamente las criptomonedas mientras que en la Unión Europea o Estados Unidos están desarrollando marcos regulatorios entendiendo las criptomonedas como activos de inversión y focalizándose en los riesgos que conllevan para los usuarios. Los principales proyectos institucionales centrados en incorporar la tecnología blockchain en divisas de curso legal son las CBDCs, monedas digitales emitidas por los bancos centrales. No obstante, estas monedas digitales estarían controladas por los bancos centrales y, por tanto, no presentarían grandes diferencias con respecto a las divisas tradicionales.

El futuro de la economía de El Salvador es incierto, pero podríamos asistir al primero colapso de una nación que busca basar su economía en una criptomoneda. La lección de este caso es que, aunque la tecnología blockchain está cada vez más cerca de gobiernos e instituciones financieras, la incorporación de criptoactivos volátiles como monedas de curso legal pueden llevar a un país a la ruina. Posiblemente, las Stable Coins (criptomonedas poco volátiles) tengan más futuro en este ámbito.

Por Vicente Carbonell

Economista y politólogo especializado en el sistema financiero

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Fuentes: El salto [Imagen: BYRON MAHER, SANCHO R. SOMALO]

La invasión de Ucrania puede acabar dinamitando la única válvula de escape, ante un escenario de recesión global que ya se estaba gestando en los meses previos.

 “Los tambores de guerra son tambores de hambre”, reza un ancestral proverbio africano. Sin duda, tras la invasión de Ucrania, dicha máxima está hoy más vigente que nunca. Desde estas líneas advertíamos de una de las consecuencias ocultas de la invasión rusa, las hambrunas. También expusimos la necesidad de un pacto de riqueza, a costa de los extractores de rentas, y no del factor trabajo o capital productivo. Lo que pretendemos desgranar en este artículo es cómo la invasión de Ucrania puede acabar dinamitando la única válvula de escape, ante un escenario de recesión global que ya se estaba gestando en los meses previos. Nos referimos a cómo la fuerte corrección en los precios de los activos financieros de riesgo –bolsa, bonos corporativos, bonos emergentes,…- suele conllevar un hundimiento del precio de las materias primas que debería suavizar y hacer transitorio los repuntes de inflación. Sin embargo, sin ningún final claro a la vista en Ucrania, los precios globales de los alimentos no elaborados y de la energía probablemente se mantengan altos en cualquier escenario. Por lo tanto, los tambores de guerra serán tambores de recesión global.

La economía global va camino a una tormenta perfecta, en la que Europa, China y Estados Unidos entran en crisis al mismo tiempo conforme avance el año

Los datos de crecimiento económico del primer trimestre publicados en España, Estados Unidos y la Eurozona han sido decepcionantes, mucho peor de lo esperado. La economía global va camino a una tormenta perfecta, en la que Europa, China y Estados Unidos entran en crisis al mismo tiempo conforme avance el año. Los riesgos de una de recesión global aumentan día a día.

Una rápida desaceleración sincronizada, sin válvulas de escape

Las previsiones económicas, tanto de organismos privados como oficiales, recientemente han comenzado a resaltar crecientes riesgos regionales, pero subestiman hasta qué punto estos riesgos se multiplican cada día. Los confinamientos generalizados en China, por ejemplo, están causando estragos en las cadenas de suministro globales en el corto plazo, haciendo subir la inflación en Estados Unidos y reduciendo la demanda en Europa. Si bien, la trayectoria de crecimiento de China ha venido desacelerándose en los últimos años, una gestión macroeconómica muy competente ha impedido hasta ahora una crisis severa. A diferencia de occidente, el Gobierno chino ha sido tajante respecto a la financiarización de las grandes corporaciones no financieras, limitando, manu militari, la extracción de rentas a sus clientes, y poniendo coto al proceso de concentración empresarial, que tanto daño en términos de inversión productiva y de desigualdad ha producido en Europa, y, sobretodo, en los Estados Unidos. Han entendido perfectamente el terrible daño que la financiarización, vía extracción de rentas, y el dilema moral “demasiado grande para quebrar” han ejercido sobre occidente en general, y, en España, en particular.

Sin embargo, China está siendo, hasta ahora, incapaz de llevar a buen puerto la transición desde un modelo de tremendos superávits por cuenta corriente a otro donde la demanda interna sea el principal motor de la actividad económica.

Una recesión en Estados Unidos, especialmente si es generada por un ciclo de alzas de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, restringirá la demanda global de importaciones y provocará, ya está provocando, un caos en los mercados financieros. Y este riesgo de recesión en los Estados Unidos sin duda se ha disparado. Bajo la visión extendida de que la inflación no bajará significativamente por sí sola, se estima que la FED tendrá que aumentar todavía más los tipos de interés. Pero, además, por otro lado, bajo la creencia de que los ahorros se han disparado durante la pandemia y que el escenario más factible es que la demanda de los consumidores se mantenga fuerte, mientras que los problemas de las cadenas de suministro se agravan, ha inducido al Gobierno de los Estados Unidos a reducir erróneamente sus políticas de estímulo, incrementando la probabilidad de recesión.

Una recesión en Europa es casi inevitable si la guerra en Ucrania se enquista y países como Alemania, que ha venido resistiendo ferozmente los reclamos para dejar de recibir petróleo y gas rusos, finalmente cede

Respecto a Europa, la invasión rusa de Ucrania nos está afectando, en este contexto, mucho más de lo previsto. Si bien las recesiones en Europa normalmente se irradian a nivel global, principalmente a través de una demanda reducida, una desaceleración provocada por la guerra está afectando radicalmente la confianza empresarial y a los mercados financieros. Una recesión en Europa es casi inevitable si la guerra en Ucrania se enquista y países como Alemania, que ha venido resistiendo ferozmente los reclamos para dejar de recibir petróleo y gas rusos, finalmente cede. No hay alternativa al gas ruso.

Un escenario de recesión global acompañado de una fuerte corrección en los precios de los activos financieros de riesgo –bolsa, bonos corporativos, bonos emergentes,…- históricamente solía activar una válvula de escape, el hundimiento del precio de las materias primas, que suavizaba y hacía transitorio los repuntes de inflación. Ello sin duda ayudaría en términos de política monetaria y política fiscal. Sin embargo, si la guerra de Ucrania se enquista, los precios globales de los productos agrícolas y de la energía pueden mantenerse altos en cualquier escenario. Entonces, el coctel de guerra, desregulación de mercados derivados, concentración empresarial, financiarización, extracción de rentas, desigualdad, y austeridad fiscal hará estallar todo por los aires, de manera que los tambores de guerra serán en realidad tambores de recesión global. Y Vladimir Putin, al fondo, entre bambalinas, bajo la tenue luz de una vela, fumándose un puro, y brindando con una copa de coñac, a nuestra salud.

Por Juan Laborda | 13/05/2022

@JuanLabordah

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/juan-laborda-tambores-de-guerra-seran-tambores-de-recesion-global

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La primera vez que se implantó un microchip en un ser humano fue en 1998 y su uso comercial tiene una década.

Cada vez que Patrick Paumen paga algo en una tienda o en un restaurante causa un revuelo.

Este hombre de 37 años no necesita una tarjeta bancaria o su teléfono celular para pagar. En su lugar, simplemente pone su mano izquierda cerca del lector de tarjetas sin contacto y se realiza el pago.

“¡Las reacciones que recibo de los cajeros no tienen precio!” dice Paumen, un guardia de seguridad de los Países Bajos.

Puede pagar con la mano porque en 2019 le implantaron un microchip de pago sin contacto debajo de la piel. “El procedimiento duele tanto como cuando alguien te pellizca la piel”, dice Paumen.

La primera vez que se implantó un microchip en un ser humano fue en 1998, pero para su uso comercial solo ha estado disponible durante la última década.

Pagar un café en Nueva York o un coctel en Río

Cuando se trata de chips de pago implantables, la firma británico-polaca Walletmor dice que el año pasado se convirtió en la primera compañía en ponerlos a la venta.

“El implante se puede usar para pagar una bebida en la playa de Río, un café en Nueva York, un corte de cabello en París, o en su supermercado local”, dice el fundador y director ejecutivo Wojtek Paprota. “Se puede usar en cualquier lugar donde se acepten pagos sin contacto”.

El chip de Walletmor, que pesa menos de un gramo y es un poco más grande que un grano de arroz, está compuesto de un pequeño microchip y una antena recubierta de un biopolímero, un material de origen natural, similar al plástico.

Paprota agrega que es completamente seguro, tiene los permisos necesarios, funciona inmediatamente después de ser implantado y se mantendrá en su lugar sin moverse. Tampoco requiere una batería u otra fuente de energía. La firma dice que ha vendido más de 500 chips.

La tecnología que utiliza Walletmor es la NFC (Near-Field Communication, conexión de proximidad), el sistema de pago sin contacto en los teléfonos inteligentes. Otros implantes de pago se basan en la identificación por radiofrecuencia (RFID), que es la tecnología que normalmente se encuentra en las tarjetas físicas de débito y crédito sin contacto.

Comodidad frente a privacidad

Patrick Paumen tiene un microchip bajo la piel de su mano izquierda y se enciende cuando entra en contacto con un punto de pago electrónico.

Para muchos de nosotros, la idea de tener un chip de este tipo implantado en nuestro cuerpo puede ser espantonsa, pero una encuesta de 2021 hecha a más de 4.000 personas en el Reino Unido y la Unión Europea encontró que el 51% de los entrevistados lo consideraría como una opción.

Sin embargo, sin dar una cifra porcentual, el informe agregó que “cuestiones como la invasividad y la seguridad son las principales inquietudes”  para los encuestados.

Patrick Paumen dice que no tiene ninguno de estos temores.

“Los implantes de chips contienen el mismo tipo de tecnología que la gente usa a diario”, dice, “desde llaveros para desbloquear puertas, tarjetas de transporte público como la Oyster (usada en el metro de Londres) o tarjetas bancarias con función de pago sin contacto”.

“La distancia de lectura está limitada por la pequeña antena que hay dentro del implante. El implante debe estar dentro del campo electromagnético de un lector RFID [o NFC] compatible. Solo cuando hay un acoplamiento magnético entre el lector y el transpondedor el implante puede ser leído”.

Agrega que no le preocupa que se pueda rastrear su paradero.

“Los chips RFID se utilizan en las mascotas para identificarlas cuando se pierden”, dice. “Pero no es posible localizarlos usando un implante de chip RFID: la mascota desaparecida debe encontrarse físicamente. Luego se escanea todo el cuerpo hasta que se encuentra y lee el chip”.

Sin embargo, el problema con tales chips (y lo que causa preocupación) es si en el futuro se vuelven cada vez más avanzados y se llenan de datos personales. Y, a su vez, si esta información es segura y si, de hecho, puede ser rastreada.

La experta en tecnología financiera o fintech Theodora Lau es coautora del libro “Beyond Good: How Technology Is Leading A Business Driven Revolution” (Más allá de lo bueno: cómo la tecnología está liderando una revolución impulsada por los negocios).

Lau dice que los chips de pago implantados son solo “una extensión del internet de las cosas”. Con eso se refiere a otra nueva forma de conectarse e intercambiar datos.

Sin embargo, aunque dice que muchas personas están abiertas a esta idea, ya que haría el pago de las cosas más rápido y fácil, deben sopesarse los beneficios y los riesgos. Especialmente a medida que los chips incorporados llevan cada vez más información personal.

“¿Cuánto estamos dispuestos a pagar en aras de la comodidad? ¿Dónde trazamos la línea cuando se trata de privacidad y seguridad? ¿Quién protegerá la infraestructura vital y los humanos que forman parte de ella?”, se pregunta Theodora Lau.

El lado oscuro de la tecnología

Nada Kakabadse, profesora de política, gobernanza y ética en la Escuela de Negocios Henley de la Universidad de Reading, también se muestra cautelosa sobre el futuro de los chips integrados más avanzados.

“¿Y quién posee los datos? ¿Quién tiene acceso a ellos? Y, ¿es ético ponerle un chip a la gente como hacemos con las mascotas?”, se cuestiona.

El resultado, advierte, podría ser “la pérdida de poder de muchos en beneficio de unos pocos”.

Steven Northam, profesor titular de innovación y emprendimiento en la Universidad de Winchester, dice que las preocupaciones son injustificadas. Además de su trabajo académico, es el fundador de la firma británica BioTeq, que fabrica chips de este tipo, sin contacto e implantados, desde 2017.

Sus implantes están dirigidos a personas con discapacidad que pueden utilizarlos para abrir puertas automáticamente.

“Tenemos consultas diarias y hemos realizado más de 500 implantes en el Reino Unido, pero la covid ha hecho que todo se frene un poco”, cuenta.

“Esta tecnología se ha utilizado en animales durante años. Son objetos muy pequeños e inertes. No hay riesgos”, argumenta.

De vuelta en los Países Bajos, Paumen se describe a sí mismo como un “biohacker”, alguien que pone piezas de tecnología en su cuerpo para tratar de mejorar su rendimiento. Tiene 32 implantes en total, incluidos chips para abrir puertas e imanes incrustados.

“La tecnología sigue evolucionando, así que sigo recolectando más”, dice. “Mis implantes mejoran mi cuerpo. No me gustaría vivir sin ellos”.

“Siempre habrá personas que no quieran modificar su cuerpo. Deberíamos respetar eso, y ellos deberían respetarnos como biohackers”.

19 abril 2022

(Con información de BBC Mundo)

  Bombas de extracción de petróleo en Vaca Muerta en Argentina. — Agustin Marcarian / REUTERS

En 2021, los sesenta principales bancos del mundo destinaron más dinero a los combustibles fósiles que en en 2016, año en el que se firmó en la capital francesa el principal acuerdo internacional contra la crisis climática. 

 

La banca mundial sigue dando la espalda a la lucha contra la crisis climática. En la última Cumbre del Clima de Glasgow (COP26), más de un centenar de entidades financieras firmaron un compromiso para reducir los flujos de dinero que respaldan actividades que contribuyen al calentamiento del planeta. No era la primera vez. Los bancos llevan años prometiendo cambios en sus negocios, pero esos cambios no llegan y el tiempo de acción se estrecha.

Desde que se firmó el Acuerdo de París en 2016 –el tratado internacional más importante para la lucha contra la crisis climática–, los sesenta bancos privados más grandes del mundo han incrementado la financiación y las inversiones en combustibles fósil, es decir, en petróleo, gas o carbón, cuya quema es la causa principal de la subida global de temperaturas.

Así lo evidencian los datos del informe anual Banking on Climate Caos, que detalla que la cantidad de dinero destinada en 2021 a estas materias o actividades relacionadas con ellas, 742.000 millones de dólares, se mantiene por encima de lo que se invertía antes del acuerdo climático de 2016, cuando las sesenta principales entidades bancarias destinaron 723.468 millones de dólares, una subida del 2,5%. En estos últimos seis años la banca mundial ha destinado a combustibles fósiles un total de 4,6 billones de dólares.

En 2020 y 2021, la financiación de gas, carbón y petróleo se redujo levemente, en parte, debido a las consecuencias económicas de la covid-19. Antes de la pandemia los bancos estaban destinando 829.000 millones de dólares a estos negocios. Aún así, la contracción no ha conseguido rebajar las finanzas nocivas para el clima y mantenerlas por debajo de los niveles previos al histórico acuerdo parisino.

En esas seis decenas de bancos, destacan cuatro entidades estadounidenses que acapararan una cuarta parte de toda la financiación de combustibles fósiles de los últimos seis años: JPMorgan Chase, Citi, Wells Fargo y Bank of America. De esta forma, suman 1,1 billones de dólares a actividades que se relacionan de alguna forma con los combustibles fósiles. 

La banca lleva años trabajando para cambiar su imagen, presentándose al mundo en las cumbres internacionales como ejes imprescindibles para la transición energética y como pilar central para movilizar los flujos de dinero hacia las nuevas tecnologías renovables. Sin embargo, los datos del informe revelan que estos sesenta bancos siguen otorgando crédito a empresas cuya actividad se basa en la extracción y comercialización de petróleo, gas o carbón. Concretamente, se ha destinado 26.000 millones a proyectos de exploración de hidrocarburos –nuevos yacimientos de petróleo o gas– de una veintena empresas, como las petroleras ExxonMobil o Saudi Aramco o la gasista rusa Gazprom. Esta cifra es relativa al crédito otorgado entre 2019 y 2021.

Los bancos españoles

En el listado aparecen tres entidades conocidas en España: el banco Santander, BBVA y CaixaBank. De estas, destaca el grupo dirigido por Ana Patricia Botín, pues sigue la tendencia global de incrementar las inversiones en los combustibles sucios. En 2016 este compañía destinó 6.512 millones de dólares a estos actividades y ahora, seis años después, la cantidad es de 7.920 millones. Es decir, un incremento del 21% respecto a los niveles del Acuerdo de París.

En el caso del BBVA, el banco ha reducido en cerca de mil millones sus inversiones fósiles, pasando de 4.640 millones en 2016 a 3.550 en 2021, un 23% menos en seis años. CaixaBank, por su parte, mantiene estables sus finanzas en esta materia, aunque hay un ligero descenso del 7%, al pasar de 584 millones en 2016 a 541 millones en 2021.

madrid

14/04/2022 21:35

Por Alejandro Tena@AlxTena

Publicado enMedio Ambiente
Las "sanciones catastróficas" de Biden han fracasado, ya que el rublo se ha recuperado de manera espectacular al pasar de 150 a 85 por dólar. El presidente de Estados Unidos convivió con tropas de su país, en Jasionka, Polonia, el 25 de marzo pasado.Foto Ap

Más allá del desenlace bélico en Ucrania, lo que está en juego es el nuevo orden mundial (NOM). En eso concuerdan, con cosmogonías antagónicas, el ex presidente de Rusia Dmitry Medvedev (DM) y el presidente de Estados Unidos Joe Biden. DM delinea cómo Rusia, China e India configuran el NOM: "Acabó el mundo unipolar. Estados Unidos no es más el dueño del planeta" (https://bit.ly/3NMv6s2).

Ante la secta globalista de Business Roundtable (https://bit.ly/3j6lFFJ), en vísperas de su malograda visita a Polonia, Biden sentenció que su país "deberá liderar un NOM de países libres" (sic), que el monetarista Steve Forbes arguye deberá ser un "sistema monetario del tipo Bretton Woods" (https://bit.ly/36QJsXW), mientras el israelí-estadunidense Larry Fink, mandamás de BlackRock, oficiaba las exequias de la globalización (https://bit.ly/37j71Iq). Llega a su fin el "bono hegemónico" de Estados Unidos (https://bit.ly/3LH0czs), que descuelga en forma parasitaria alrededor del 10 por ciento del PIB global (95 billones de dólares), lo que constituye un poco menos de ¡la mitad del PIB de Estados Unidos (de casi 25 billones de dólares)!

Hace nueve años comenté, citando el libro clásico Caos y orden en el sistema mundo moderno, de Giovanni Arrighi y Beverly Silver (https://bit.ly/35J2v5R), que "los cambios del orden financiero del momento se han definido, desgraciadamente, por la vía militar". En un reciente video, aduje que la principal fortaleza de Estados Unidos todavía lo constituye el sistema financierista global que domina –al unísono de la anglósfera con La City en Londres– mediante sus tres pilares financieros (https://bit.ly/3LK7rql) todavía infranqueables: 1) el dólar, 2) el Swift y 3) Chips (no confundir con los semiconductores), el mayor sistema de compensación del dólar del mundo con casi 2 billones de dólares en pagos domésticos e internacionales al día (https://bit.ly/3KcbAm6).

Resulta y resalta que han fracasado las "sanciones catastróficas" de Biden, ya que el rublo se ha recuperado de manera espectacular al pasar de 150 a 85 por dólar, mientras India intercambia sus rupias por el petro-rublo y, Arabia Saudita ---cuyo rey Salmán no le contestó inverosímilmente el teléfono a Joe Biden, lo que de facto aniquiló al petrodólar después de 75 años–, mediante transacciones de su divisa el rial con el petro-yuan (https://bit.ly/35HCPq4).

El "nombre del juego" no es solamente el control monetarista, sino –hoy más que nunca– el dominio de los energéticos, alimentos y otras materias primas estratégicas, cuando Biden anunció la liberación de un millón de barriles diarios en un lapso de seis meses del petróleo de sus "reservas estratégicas" (https://on.ft.com/3LIR79d). Las "sanciones catastróficas" de Biden, más oleo-selectivas de parte de Alemania –principal superpotencia geoeconómica de la Unión Europea–, ostentan ya un "efecto bumerán" cuando amenazan ya a "erosionar el dominio del dólar estadunidense", según Gita Gopinath, primera vicedirectora ejecutiva del FMI, quien considera la "emergencia de pequeños (sic) bloques de divisas con base al comercio entre grupos separados (sic) de países" (https://on.ft.com/3jfpvfD).

El economista contestatario Michael Hudson asevera que "se acabó la hegemonía del dólar estadunidense" cuando la "economía mundial se fracturó en dos (sic) partes, una dolarizada y la otra en países que no siguen las políticas neoliberales que Estados Unidos insiste a sus aliados deben seguir. Asistimos al nacimiento (sic) de una nueva economía mundial dual" (https://bit.ly/3Kj2O6j).

Martin Wolf (MW), editor en jefe del Financial Times, portavoz del globalismo neoliberal, advierte la inminencia de "un nuevo mundo de desorden de divisas" cuando el "renminbi chino puede ser un adversario del dólar estadunidense, sin sustituirlo" (https://on.ft.com/3DIKbpS). MW admite a regañadientes que "pueden emerger dos (sic) sistemas monetarios, uno occidental y otro chino, operando en formas diferentes y con traslapes inconfortables".

Asistimos a una nueva bipolaridad geoestratégica regional: Estados Unidos/OTAN/Unión Europea frente al eje euroasiático de Rusia y China, cada uno con sus respectivos aliados (https://bit.ly/3uc9Cgt).

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