Jueves, 18 Julio 2013 18:45

Cuando escuchar es obsceno y ocultar es impúdico

Escrito por ÁLVARO SANABRIA DUQUE
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Cuando escuchar es obsceno y ocultar es impúdico

El suicidio de Aaron Swartz, programador y activista por el acceso libre a la información en la Red, el 11 de enero de 2013, inauguraba un año que se ha mostrado prodigo en sucesos relacionados con el manejo y las políticas de la información que circula en los medios electromagnéticos. Swartz, un joven genio de la informática, fue acusado de descargar alrededor de 4,8 millones de documentos, entre artículos y otros productos científicos, de la base de datos Jstor (por la siglas en inglés de "almacén de publicaciones periódicas –Journal Storage–) para compartirlos a través de sitios de descarga gratuita. Recluido en su domicilio, que le había sido asignado por la justicia como sitio de detención, poco antes de que se iniciara el juicio, el joven de 26 años se quitó la vida.


El 3 de junio, también de éste año, se inició el juicio a Bradley Manning, el soldado estadounidense que reconoció haber filtrado a Wikileaks (cuyo director, Julián Assange, aún se encuentra refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres) más de 700.000 documentos, entre los que se encontraba el video "Asesinato Colateral" que muestra un helicóptero militar de USA matando en Bagdad –año 2007– a 12 civiles, de los cuales dos eran trabajadores de la agencia de noticias Reuters e hiriendo a dos niños. En el video también se puede observar como un tanque de guerra norteamericano pasa por encima de uno de los cadáveres, partiéndolo en dos.

 

Y como corolario de lo anterior, entre el 6 de junio, el diario inglés The Guardian divulga que la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA) tiene acceso a registros telefónicos y de Internet de millones de usuarios a través de sendos programas secretos de espionaje. La información indica que los servicios de inteligencia parecen acceder directamente a datos de los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. El 9 de junio, un joven de nacionalidad estadounidense, ex-técnico de la CIA, que responde al nombre de Edward Snowden, declara ser la fuente del diario inglés. Se inicia, entonces, el drama de su solicitud de asilo, que parece tan solo comparable a la que vivó el revolucionario ruso León Trotsky entre 1929 y 1936, y que dio lugar a la expresión de "un mundo sin visa". Como se sabe, el derecho de asilo fue posible, en su momento, gracias a la actitud soberana del Méjico nacionalista de Lázaro Cárdenas y hoy, parece repetirse la historia, pues ante la negativa de la mayoría de países del mundo a la solicitud del joven Snowden, tan sólo Venezuela y Nicaragua se muestran firmes en conceder el refugio.

 

Un poco de historia

 

Con el inicio de la llamada "Guerra Fría" entre las potencias occidentales y la Unión Soviética, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, el mundo del espionaje adquiere una gran dimensión y un tinte casi novelesco. En ese ambiente surge Echelon, el proyecto de interceptación de comunicaciones electrónicas liderado por los EE.UU. y la Gran Bretaña, que en compañía de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, conforman la comunidad Ukusa (hoy conocidas como los cinco ojos). Hasta acá no hay nada nuevo, pues la existencia de Echelon se hace pública en 1976 en un informe producto de una investigación del Parlamento Europeo, aunque esa institución tan sólo reconoce oficialmente la existencia del programa en 2001, y se ve obligada a recomendar a sus ciudadanos tomar precauciones cuando se comunican a través de medios electrónicos. Lo nuevo es, entonces, el propósito de las interceptaciones, que luego de tener por objeto los estados comunistas enemigos, pasa a tener como mira a todos los ciudadanos de forma indiscriminada, incluidos los nativos de los países espías. De la defensa nacional se pasa al control de los individuos y a una sociedad autoritaria y disciplinaria.

 

La internacionalización y transnacionalización de las comunicaciones indujo la preocupación de muchos activistas de derechos humanos desde la década del setenta del siglo pasado. Y algunos países de la periferia percibieron pronto que un sistema de comunicaciones electrónico centralizado y controlado por las grandes potencias, era un lazo adicional a sus condiciones de dependencia. Es así como bajo la guía del movimiento de Países No Alineados surge el impulso de estructurar desde la ONU una reflexión sobre las condiciones que debían regir la circulación y regulación de la información y la comunicación, para crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Nomic).

 

En 1977 el abogado irlandés Sean MacBride (premio Nobel de la paz en 1974 y Premio Lenin de la paz en 1977), es comisionado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), para presidir una comisión que estudie el problema de la información y la comunicación en el mundo, de la que hicieron parte entre otros, Marshall McLuhan, quien acuño el término de "aldea global" para caracterizar el mundo moderno, y el Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez. El resultado del estudio se hizo público en 1980 con el título de "Voces múltiples, un solo mundo", más tarde conocido como el Informe MacBride, que de inmediato generó el rechazo del mundo anglosajón liderado por los Estados Unidos.

 

El informe trataba, entre otros temas, el de la concentración y la centralización de la información y la comunicación, los sesgos derivados de su origen, y la transnacionalización, abogando por una democratización y diversidad en la fuente que debía reforzar la multiplicidad cultural. El malestar de EE.UU fue de tal magnitud que motivó su retiro de la Unesco, hecho efectivo en 1984 y prolongado hasta 2003. La visión de una información monopolizada y mercantilizada que el grupo Ukisa sostiene hasta hoy, está en la raíz del tipo de propuestas que los norteamericanos defienden, en contravía del resto de países, y que se han traducido en proyectos de ley como el que en el 2010 formularon contra la falsificación y delitos online (conocido como Coica por sus siglas en inglés), o los dos presentados en el 2011: La Stop Online Piracy Act (Acta de cese a la piratería en línea) también conocida como Ley Sopa, y la ley de prevención contra el robo a la propiedad intelectual (Pipa), que tienen como característica no sólo fortalecer el control de acceso a la red sino el pretender ser leyes jurídicas con validez transnacional.

 

La disputa por la regulación del espectro electromagnético lleva, entonces, más de treinta años, y en ella se juega el futuro de la privacidad de las personas, la seguridad de los Estados más débiles, y por tanto su autonomía, así como la posibilidad del disenso y la multiculturalidad. Los derechos de autor y la "lucha contra el terrorismo", no son más que la disculpa para la imposición de una sociedad totalitaria, y los nombres de Swartz, Assange, Maning y ahora Snowden, son apenas los primeros de una lucha que tan sólo es una parte de una guerra virtual que los países anglosajones le han declarado al resto del mundo y en la que equivocarse de qué lado se está representa hipotecar la posibilidad de un futuro verdaderamente libre y amable.

 

Algunos mitos y realidades del mundo virtual

 

Las cifras que se citan sobre las telecomunicaciones se presentan siempre con el ánimo de abrumar. La empresa de procesadores Intel, por ejemplo, ha estimado que cada minuto, en el buscador Google se producen más de 2 millones de búsquedas y en Facebook 277.000 usuarios se conectan a sus cuentas. Lo que significa que diariamente las búsquedas serían de 2.880 millones, mientras que las conexiones a la red social mencionada se acercarían a los 400 millones. En ese mismo sentido, el blog de Youtube, en enero del año pasado, estimó que se veían 4.000 millones de vídeos por día.

 

Sin embargo, pese a lo espectaculares que puedan parecer las cifras, si miramos el tamaño relativo de la economía de la información electrónica éste parece más bien pequeño. Según los datos de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), ente de la ONU encargado de dictar las normas y regulaciones sobre los servicios de telecomunicaciones en el mundo, este tipo de servicios sumaron 1,5 billones de USD en 2010, lo que corresponde al 2,4% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial –en un país como USA ese porcentaje no llega al 1,5%–, y las inversiones en el sector se calcula que representan 2% de la formación bruta de capital fijo total en el mundo. En cuanto a la fuerza de trabajo destinada al sector, las cifras tampoco son gran cosa, en países como Méjico y Brasil, los dos gigantes latinoamericanos, los servicios de las telecomunicaciones ocupan el 2,2% de la fuerza de trabajo total, mientras que en un país como EE.UU. ese porcentaje llega al 4%; en Colombia ese índice es tan sólo del 0,56%.

 

Sin pretender negar la importancia de internet, y en general de la transmisión moderna de voz, datos e imágenes, no deja de ser cierto también que en muchos casos y sobre algunos aspectos se sobredimensiona el fenómeno. Entre 1996 y 2000 se vivió en las bolsas de valores la burbuja de las "empresas punto com", que quintuplicaron el valor de sus acciones en ese período, para desplomarse a partir de ahí hasta el punto que en el 2003 habían regresado a los valores que tenían en 1996. Igual sucedió con el valor de las acciones de la red social Facebook que entre mayo y septiembre de 2012, año en el que la empresa salió a la bolsa, perdió el 46% de su precio inicial, en una muestra de la sobrevaloración, que por lo menos desde la perspectiva económica, se da a los servicios de la Red (en la actualidad el valor nominal de dicha acción es menor en 38% al inicial).

 

Entre 2008 y 2011 el precio de los servicios de las tecnologías de la información y la comunicación disminuyó en promedio 30% en el mundo, siendo los de Internet de banda ancha fija, los que más bajaron (75% en promedio). Sin embargo, las diferencias de los precios relativos de este tipo de productos entre los países del centro capitalista y los de la periferia sigue siendo abismal. Mientras que en los primeros, según la UIT, el servicio de banda ancha fija residencial representa el 1,7% del PIB per cápita, en los segundos se estima alrededor del 30%.

 

El consumo de servicios de telecomunicación en el mundo muestra las mismas asimetrías que las que padecen los servicios tradicionales. El Secretario General de la UIT, Hamadoun Touré, reconocía en el Congreso Mundial de la Telefonía Móvil en Barcelona, realizado en 2012, que dos tercios de la población mundial (alrededor de 4.500 millones de personas) carecen de acceso a la Red. Pero, mientras que en los países marginales el 70% de personas está privada de dicho acceso, en los dominantes tan sólo el 23% está desconectado. Incluso, las diferencias de género se manifiestan en este tipo de consumo, como quiera que en las naciones periféricas la brecha entre el número de hombres y de mujeres que acceden a la red es de 16% a favor de los hombres (en el mundo de capitalismo avanzado la diferencia es de 2%). No se trata, entonces, que la brecha tecnológica sea causa de la pobreza y la discriminación, sino que son estas últimas la que explican la brecha tecnológica existente, lo que altera los términos del problema.

 

El desarrollo computacional ha posibilitado y abaratado la recopilación y clasificación de información, que como insumo del conocimiento se convierte en una herramienta estratégica de la producción y el control de las personas. De allí que, pese al relativo tamaño reducido del sector, los estados imperiales estén inmersos en una agria disputa por su monopolio. La prioridad de la seguridad sobre la libertad, que los gobiernos hacen cada vez más explícita, se explica por la tensión social que se vive actualmente frente a la inequidad creciente. Razón de más para que los poderosos aspiren a verlo todo y escucharlo todo, convirtiendo ese deseo de omnipresencia en meta de un Estado que se adentra cada vez más en la ruta del totalitarismo.

 

De la esperanza al Puma

 

Espionaje, control de datos y personas que no es ajeno a nuestro país. Como se conoce, avanza el desarrollo de la Plataforma Única de Monitoreo y Análisis (Puma), que es un sistema de interceptación de lo que se hable o escriba a través de correos electrónicos, o de cualquier otro medio que utilice internet. El proyecto, aprobado por un Conpes del 2011, tendrá un costo de 100.000 millones de pesos y aspira a tener 700 estaciones de monitoreo en todo el país, de las cuales 300 se localizarán en Bogotá. La cuantiosa inversión busca reemplazar el actual sistema de interceptaciones conocido como Esperanza, que según los impulsores de la nueva plataforma ha quedado obsoleto.

 

Llama la atención que Colombia, un país que invierte tan sólo 0,44% del PIB en ciencia y tecnología, y donde el 51% de municipios aún carecen de fibra óptica, gaste una cantidad tan grande en un programa de interceptaciones, máxime cuando en el periodo que va de 2002 a 2008 se dio el escándalo de las chuzadas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) a los magistrados de la Corte y a miembros de la oposición política al gobierno de la época.

 

No parece simple coincidencia que cuando el mundo anglosajón se mueve en una dirección determinada, Colombia lo haga en el mismo sentido. La firma de tratados de libre comercio, como el suscrito con EE.UU, obliga a aceptar los lineamientos que en materia de telecomunicaciones y propiedad intelectual defienden los países de Ukusa, por lo que no suenan extraños los rumores de que la compañía israelí Comverse Technology sea la más opcionada para el desarrollo de Puma.

 

Los casos de Swartz, Maning y Snowden están entrelazados pero encierran mensajes diferentes. Aaron Swartz estaba siendo enjuiciado, en el momento de su muerte, por defender el derecho al conocimiento, Maning está siendo juzgado por reclamar que la verdad debe ser conocida y Snowden es perseguido por denunciar violaciones a la intimidad. Conocimiento, verdad e intimidad son reclamos que empiezan a colocarse en primera fila, en un mundo inequitativo que en su afán de lucro y conservación de privilegios para unos pocos, amenaza con violar incluso los valores más generales que la humanidad ha aceptado como patrimonio común.

 

Información adicional

  • Autor:ÁLVARO SANABRIA DUQUE
  • Edición:193
  • Fecha:Julio 20 - Agosto 20 de 2013
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