Jueves, 28 Noviembre 2013 16:34

El derecho de alimentación: una batalla por la dignidad

Escrito por Jorge Eduardo Díaz
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El derecho de alimentación: una batalla por la dignidad

El reciente informe que publicó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en torno al Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo-2013, representa una no grata oportunidad para reflexionar alrededor de un fenómeno criminal, que recorre nuestro tiempo, con obstinada frialdad: el hambre.

 

Según el informe, durante el período 2011-13 subsisten un total de 842 millones de personas –alrededor de una de cada ocho personas en el mundo– aquejadas de hambre crónica. Es decir, no comen suficiente para llevar una vida activa.

 

Para el caso colombiano el informe brinda una cifra alarmante: 5,1 millones de personas sobreviven en estado de desnutrición, cerca del 18 por ciento de la población del país padece hambre. Del mismo modo la mortalidad anual en niños menores de 1 año es de 8.152.

 

Ante tan reveladores indicadores, surge un cúmulo de inquietudes en la perspectiva, desesperada, de encontrar respuestas a tal situación; ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI existan seres humanos que padezcan este flagelo?, ¿Cuáles son las razones de fondo que generan esta lamentable situación?, ¿Cuál es la actitud de los gobiernos y demás instituciones ante esta realidad?, ¿Qué hacer como pueblos para transformar este estado de cosas?

 

Sentido humano

 

Desde este plano de búsquedas, con profundo sentido de humanidad, podemos apreciar múltiples reflexiones alrededor de este tema, trascendental para la sociedad. La articulación de diversas miradas al respecto permite aproximarnos a un mapa sobre este flagelo, desentrañar su lógica, desmitificar sus relatos y sugerir alternativas a la crisis alimentaria y civilizatoria que vive la humanidad.

 

Razonamiento inicial y colectivo: El hambre en el mundo es consecuencia de un orden social determinado, resultado de una trama de poder que involucra relaciones sociales, económicas y políticas. El hambre, es un corolario del modelo de desarrollo imperante, a la cabeza del sistema agroalimentario transnacional. El hambre no es solo un problema de escasez y de disponibilidad de alimentos en el planeta.

 

Bien señala Jean Ziegler en su libro Destrucción masiva. La geopolítica del hambre: "El hambre es obra de las personas y la humanidad puede eliminarla. Los principales enemigos del derecho a la alimentación son la decena de sociedades transcontinentales privadas que dominan casi con exclusividad el mercado alimentario. Fijan los precios, controlan los stocks y deciden quién vivirá y quién morirá, porque solamente los que tienen dinero tendrán acceso a los alimentos. El año pasado, por ejemplo, Cargill controló más del 26% de todo el trigo comercializado en el mundo. Pero estos monopolios disponen además de organizaciones mercenarias: la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estos son los tres jinetes del Apocalipsis. Si bien reconocen que el hambre es terrible, estiman que cualquier intervención en el mercado es un pecado. Para ellos, reclamar una reforma agraria, un salario mínimo o la subvención de alimentos básicos, por ejemplo, para salvar las vidas de los más pobres es una herejía. Según estos grandes trusts, que de forma conjunta controlan cerca del 85 % del mercado alimentario, el hambre solamente se vencerá en el momento en que se produzca la liberalización total del mercado y la privatización de todos los sectores públicos".

 

De igual manera, y en dirección complementaria al razonamiento inicial, hay quienes afirman que el flagelo del hambre en el mundo, en lo esencial es un problema de acceso a los alimentos. Por ende, discutir el problema del hambre implica hablar de desigualdad, pobreza, desempleo, política y economía, más aun cuando en Colombia los índices de pobreza alcanzan cifras dramáticas. El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) en su Informe de Desarrollo Humano (2012) Colombia rural-razones para la esperanza, asegura que: "Mientras en las ciudades los pobres son el 30 por ciento y los indigentes el 7 por ciento, en el campo los pobres son el 65 por ciento y los indigentes el 33 por ciento".

 

El alimento de la razón ¡Un campo de disputa!

 

Discutir el problema del hambre implica para nuestras sociedades abordar una compleja y necesaria reflexión en búsqueda de promover la defensa de la alimentación como derecho humano, bien colectivo y proceso social integrador, en contraposición de la mirada ortodoxa neoliberal que hace del alimento una mercancía portadora de valor de cambio y acumulación de capital.

 

Discutir el problema del hambre involucra, necesariamente, integrar una postura respecto a la especulación financiera con los alimentos1, el acaparamiento y concentración de tierras2, las concesiones leoninas de los tratados de libre comercio, las transformaciones productivas de nuestros territorios rurales adaptados a la dinámica extractivista de la economía internacional, la sustitución de cultivos transitorios por cultivos permanentes tipo plantación-exportación (palma de aceite, caña de azúcar, caucho, forestales, etcétera), la destrucción de las economías campesinas, la política tributaria, fiscal y laboral, entre otros temas.

 

Como concuerda el informe de la FAO, el problema del hambre amerita una serie de intervenciones de fomento de la seguridad alimentaria y de la nutrición en los ámbitos de la agricultura, la salud, la higiene, el abastecimiento de agua y la educación, con especial atención a las mujeres y a la niñez.

 

Pero, más allá de las buenas intenciones, la alimentación como derecho humano, bien colectivo y proceso social integrador, requiere de condiciones favorables para su materialización: una política nacional de incentivo y protección a la agricultura, la producción y distribución alimentaria orientada al consumo local. Una política nacional que combata la pobreza con generación de empleo digno y redistribución del ingreso. La edificación de una institucionalidad democrática que vele por garantizar la soberanía nacional en materia de alimentación. Escenario inviable y prácticamente imposible bajo el actual modelo neoliberal de explotación, producción, distribución y consumo de alimentos.

 

Es así como el reclamo mundial por la seguridad y la soberanía alimentaria y nutricional, como proyecto humano, continuará presente en la agenda de nuestros pueblos y organizaciones de productores y consumidores conscientes, cocinándose al calor de la concienciación, organización, movilización y disputa por desmantelar y transformar las estructuras existentes y, en su defecto, conquistar espacios favorables para avanzar en tal propósito: la lucha por el alimento al servicio de la vida.

 

1 La crisis financiera de 2007-2008 provocada por la delincuencia bancaria tuvo en especial dos consecuencias. La primera: Los fondos especulativos (hedge funds) y los grandes bancos se trasladaron después de 2008, abandonando los mercados financieros para orientarse hacia mercados de bienes primarios, principalmente agrícolas. Si observamos los precios de los tres alimentos básicos (maíz, arroz y trigo), que cubren el 75 por ciento del consumo mundial de alimentos, vemos que aumentaron de forma explosiva. En 18 meses, el precio del maíz aumentó un 98 por ciento, la tonelada de arroz pasó de 105 dólares a 1.010 dólares y la tonelada de trigo para harina dobló su precio desde septiembre de 2010, pasando a 271 euros. Esta explosión de precios produce beneficios astronómicos a los especuladores, pero mata en los barrios miserables a centenares de miles de mujeres, hombres y niños. Ziegler, Jean, 2012. Destrucción masiva. La geopolítica del hambre.
2 Actualmente en Colombia el 77 por ciento de la tierra está en manos de 13 por ciento de propietarios, pero el 3,6 por ciento de estos tiene el 30 por ciento de la tierra. Se calcula que 6,6 millones de hectáreas fueron despojadas por la violencia en las últimas dos décadas, esto es el 15 por ciento de la superficie agropecuaria del país. PNUD. 2012. Informe de Desarrollo Humano – Colombia rural: razones para la esperanza.

 

Información adicional

  • Autor:Jorge Eduardo Díaz
  • Edición:197
  • Fecha:Nov 20 - Dic 20 / 2013
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