Viernes, 24 Enero 2014 15:15

Elecciones presidenciales en Chile: La siesta de la democracia

Escrito por JAIME SEPÚLVEDA
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Una buena ocasión para echarse una siesta. Aunque no podemos verificarlo, esta foto circuló en twitter como auténtica el 15 de diciembre pasado y muestra lo que los resultados y numerosos testimonios confirman.Una buena ocasión para echarse una siesta. Aunque no podemos verificarlo, esta foto circuló en twitter como auténtica el 15 de diciembre pasado y muestra lo que los resultados y numerosos testimonios confirman.

El pasado 15 de diciembre, en unas lánguidas elecciones que lograron el mayor porcentaje de abstención en la historia de Chile –sólo un 42% de los ciudadanos acudió a las urnas– Michelle Bachelet fue elegida, en segunda vuelta, presidenta del país para el periodo 2014-2018.

 

Esta médica de 62 años, integrante del Partido Socialista (el mismo de Salvador Allende), hija de un general de aviación muerto en 1973 después de ser torturado bajo la dictadura de Pinochet, ya había detentado la primera magistratura en el período 2006-2010. A pesar de enfrentar en ese cuatrienio la masiva movilización de estudiantes secundarios (la "Revolución Pingüina") y después de tener que lidiar con la inconformidad generalizada en la capital por la puesta en funcionamiento de un Transantiago mal diseñado1, terminó su mandato con índices de aprobación del 80%, atribuibles más a su imagen maternal (sostenida en medidas de asistencia social) que a los logros de su gobierno.

 

La calidez de su imagen, sin embargo, aunque contribuyó a darle en las recientes elecciones un 60,9% de la votación, no logró el milagro de una participación masiva del electorado. Al contrario, a pesar de que el 2012 se había aprobado el voto voluntario con el claro objetivo de incorporar a cinco millones de ciudadanos no inscritos a "la fiesta de la democracia", su coalición (rebautizada con el nombre de Nueva Mayoría y recargada con el apoyo del Partido Comunista) obtuvo 250 mil votos menos que ocho años antes: 3.470.055, solamente un 25,57% del potencial electoral. El nuevo voto voluntario desnudó en los sufragios lo que antes se mantenía escondido...

 

...un profundo malestar ciudadano

 

A decir verdad, el malestar ciudadano comenzaba a expresarse con claridad en las calles con la dimensión alcanzada en el 2006 por la "Revolución Pingüina" que rebasó ampliamente el ámbito estudiantil, y posteriormente por el movimiento estudiantil de los años 2011-12, así como por la acción de fuertes movimientos sociales regionales y sectoriales. En particular el movimiento estudiantil, desde el 2011, fue mucho más lejos que cualquier reivindicación puntual, cuestionando los pilares del sistema, entre ellos el criterio del lucro como ordenador social; al hacerlo, logró un alcance social y político profundo, convirtiéndose en una especie de "antena política" de un sentir extendido.

 

En general, la abstención no es en realidad una sorpresa para las diferentes expresiones políticas en Chile: expresa un escepticismo palpable y extendido. Pero este malestar produce perplejidad a la clase política: según algunas encuestas, las demandas de los estudiantes se acercan a un 80% de aprobación; ¿por qué tanta insatisfacción en un país que es modelo de América Latina y que incluso, según el Banco Mundial, se encuentra entre el grupo de países de ingresos altos (con 20 mil dólares de ingreso per cápita)?

 

La estrategia de la Nueva Mayoría

 

Desde cierta óptica, podría decirse que el programa de gobierno de la nueva presidenta "coge el toro por los cuernos". Según su página web, su programa "tiene como eje central una gran reforma estructural a la educación pública".

 

En efecto, con una reforma tributaria de corto alcance, el próximo gobierno extenderá los subsidios a la educación superior y –sin tocar un pelo su "estructura", y su carácter de negocio– ofrecerá educación gratuita, o sea, subsidiada por el Estado. La dirección de este esfuerzo es evidente: el desmonte del movimiento estudiantil.

 

Pero al lado de estas pequeñas reformas al funcionamiento de la educación superior y a la base tributaria necesaria para adelantarla, hay un tercer eje: la reforma constitucional. Según anuncia, el nuevo gobierno presentará en este sentido un proyecto de ley al Parlamento durante el segundo semestre del año.

 

Aunque podría sonar bastante audaz y progresista, esta propuesta es en realidad conservadora frente a la alternativa de desencadenar un proceso de participación popular hacia una Asamblea Constituyente (AC). La reivindicación de AC fue levantada por varios candidatos presidenciales y agrupaciones políticas (incluyendo sectores dentro de la Nueva Mayoría) en el transcurso de la campaña presidencial, y recoge una convicción extendida de que un nuevo orden constitucional debe levantarse sobre la participación y la voluntad de gente "de a pie" y no sobre una negociación dentro de la clase política.

 

Alrededor de los tres ejes mencionados, la Nueva Mayoría suma ahora al Partido Comunista (PC), que no representa un caudal electoral significativo. Tomando en consideración esta realidad, entonces, ¿Qué razones hay para su incorporación a la antigua Concertación? Una imagen (ver foto inicio) puede explicarlo de manera directa: Bachelet celebra el triunfo en las elecciones parlamentarias de Karol Cariola y nada más y nada menos que de Camila Vallejo, que se transformó en la "estrella de la Corona" del PC con su amplia figuración en el 2011 como dirigente del movimiento estudiantil. Aunque menos mediática, Karol Cariola fue líder destacada del mismo movimiento y se convirtió en la secretaria general de la Juventud Comunista. El interés de la antigua Concertación por los líderes juveniles es claro, particularmente en su propósito de desactivar el movimiento estudiantil2. Y el Partido tiene allí una importante presencia.

 

Estos ejes programáticos, la nueva sociedad con el PC y un arsenal de medidas de un marcado carácter asistencial, configuran no una política de Estado, sino una política de respuesta al movimiento social. Se concentran en desactivar al movimiento estudiantil y cortar el paso a la difusión de la idea cada vez más popular de Asamblea Constituyente, que podría desencadenar un reordenamiento profundo de la sociedad chilena. Pero ¿se podrá desactivar el movimiento estudiantil con medidas concentradas en los costos que un estudiante y su familia tiene que asumir hoy en día? ¿Se podrá debilitar el empuje de la idea de AC con una reforma parcial negociada?

 

La respuesta a estas preguntas apunta al fundamento de lo que los últimos gobiernos han tenido que asistir: la dimensión y alcance del escepticismo del pueblo chileno.

 

El modelo político de la Concertación: el interesante caso de la cooptación masiva

 

Como el gráfico anexo muestra, en los últimos 24 años no siempre hubo apatía electoral. Con el paso a segundo plano de Pinochet, en el año 1989, la población se volcó masivamente a las urnas y dio su apoyo al gobierno que comenzaba. Sin embargo, como también se capta en líneas gruesas en el gráfico, las generaciones subsiguientes no fueron atraídas por la propuesta de la Concertación. ¿Por qué esta propuesta no funcionó con las nuevas generaciones? Establecer por qué sí funcionó con las anteriores puede ayudar a entenderlo.

 

En realidad, la dictadura fue indispensable en Chile para la instalación del modelo económico neoliberal. Este solo pudo insertarse y despegar a sangre y fuego, utilizando la barbarie; no era posible hacerlo rápidamente de otra forma.

 

Pero la brutalidad tenía su límite de agotamiento. Y cuando este límite se alcanzó, los beneficiarios del modelo chileno tuvieron que buscar otra opción política para extender la obediencia y pasividad de la población.

 

Es aquí donde empezó a construirse laboriosamente el modelo de la Concertación, controlado inicialmente desde la Democracia Cristiana (DC). Básicamente consistió en que el poder económico cooptó masivamente al personal político de la izquierda chilena, a sus intelectuales y líderes, con símbolos, imágenes y discursos socialistas incluidos. Suavemente, casi de manera inadvertida, los líderes revolucionarios se convirtieron en "hombres de negocios" y empezaron a codearse con la alta sociedad. Sus bases fueron capturadas con ellos, en cuanto continúan siéndoles fieles hasta el día de hoy. Pero la clave de su eficacia –el recurso ideológico– estuvo y está aún hoy en las lealtades, en los imaginarios y en una tibia reivindicación de los derechos humanos; no precisamente en la movilización política o en la contundencia de sus propuestas.

 

 

Para captar el funcionamiento de este recurso, una anécdota del año 2011 nos puede ayudar. En un programa de televisión de alta sintonía se enfrentan Sergio Bitar, prestante personalidad de la Concertación y Francisco Figueroa, líder estudiantil: "La Concertación y la derecha deben dejar de ser el brazo político de la banca", expresa en medio del debate el dirigente estudiantil, con voz calmada. Bitar, desencajado, vocifera: "Yo fuí ministro de Allende, fuí exiliado, viví en el extranjero, me torturaron... No voy a aceptar que un cabro chico [un "pelao"] como tú me diga..."3.

 

Las declaraciones de heroísmos pasados no bastan para embaucar a las nuevas generaciones y cansan ya a las anteriores. Lo que asoma la cabeza abiertamente es el agotamiento de este recurso para mantener la pasividad y la obediencia del pueblo chileno. Pero esta pérdida de legitimidad de los operadores políticos amenaza algo más de fondo: la viabilidad y continuidad del modelo neoliberal en Chile, precisamente el país en el que éste arrancó a plenitud. Pone en riesgo, además, la continuidad de la propuesta económica y política de Estados Unidos para América Latina. No se trata sólo del escepticismo con la clase política; se trata también de un malestar social que apunta al modelo económico mismo.

 

El "exitoso" modelo chileno

 

Para caracterizarlo en pocas palabras, el modelo neoliberal puesto en práctica en Chile consistió en dejar actuar libremente la lógica del capital, que es la lógica de la ganancia en el terreno de la estrategia económica y del lucro en el terreno personal, social, cultural.

 

Mientras el modelo obtenía acogida en la ideología de la clase media, afín a la aspiración de éxito económico y ascenso social, abrió de par en par las puertas de la economía nacional, eliminando las restricciones de origen político a la voluntad de los grandes capitales transnacionales.

 

Desde un punto de vista económico, esta ideología propone algo muy razonable: que cada país se abra al mundo y dé lo que mejor puede dar. Pero cuando es la lógica del capital (y su criterio supremo, la ganancia) la que establece qué es lo valioso, este país se convierte en una oportunidad de ganancias aprovechada frenéticamente hasta que el país se agota.

 

Así de claro. Si hay una palabra que resuma el comportamiento del poderoso capital transnacional en Chile es "saqueo"; si hay una palabra que sintetice el efecto de esta política en el mismo país, es "arrasamiento". En realidad, lo que mantiene viva a la economía chilena en el concierto internacional no es su "competitividad" o "dinamismo"; es... el cobre, un recurso natural reprivatizado ya en un 75% y que representa el 57% del total de las exportaciones; se suman a éste otros metales, así como la madera y la pesca. Pero la extracción de los recursos sin un sólido control estatal ha producido el agotamiento, ya sea de los recursos mismos, ya sea de lo necesario para extraerlos: agua, electricidad, biodiversidad y... seres humanos4.

 

Y cuando el costo es el ser humano, su cultura y su hábitat (el planeta entero), los indicadores muestran una limitación de fondo, que se capta con claridad en la aguda expresión del poeta Nicanor Parra: "Hay dos panes. Usted se come dos. Yo, ninguno. Consumo promedio: un pan por persona".

 

El saqueo de los recursos naturales y humanos en Chile no se reduce a tres o cuatro rubros. La lista es interminable, pues las posibilidades son infinitas cuando lo que está al mando es una imaginación motivada por el afán de lucro.

 

Es esta realidad que ha generado un profundo malestar en el pueblo chileno la que está detrás de la abstención, la que le dio proyección al movimiento estudiantil más allá de lo reivindicativo y la que le está brindando un formidable impulso a la aparición y desarrollo de nuevas alternativas políticas que superan lo contestario y apuntan a políticas de Estado serias. Sin quererlo, el neoliberalismo y sus operadores ya hicieron el trabajo de reunir en un país, Chile, la esencia de lo que el mundo no debe ser. Cada chileno se da cuenta ya, aunque sólo sea íntimamente, de cómo no deben ser las cosas, de algunos puntos centrales que son completamente inaceptables para la raza humana, para la subsistencia del planeta, para un sentido mínimo de dignidad. No se necesita en este momento profesar una ideología política determinada para darse cuenta de las consecuencias extremas de este modelo.

 

¿Qué viene?

 

Durante este año se pondrá en juego, con toda la decisión y los recursos posibles, la estrategia del gobierno de Bachelet. Este esfuerzo se orientará muy claramente hacia la desactivación de dos movimientos: el estudiantil y la confluencia social por la AC.

 

Si tiene éxito, resultará en el fortalecimiento de la Nueva Mayoría, y particularmente de la nueva sociedad con el PC. Un fracaso de esta estrategia llevará a más tensiones y probablemente a un rompimiento de la Nueva Mayoría con el desprendimiento de un sector importante de la DC y la conformación de una nueva alianza de derecha, excluyendo al pinochetismo militante, o sea, a la Unión Demócrata Independiente (UDI).

 

Por el lado del campo popular, el movimiento estudiantil será afectado en su interior por el enfrentamiento entre el PC (y sus aliados de la Nueva Mayoría) y sectores más radicales dispuestos a profundizar y proyectar la movilización. La opción por la AC se verá desafiada desde el poder, pero será el núcleo de encuentro entre movimiento estudiantil, movimientos sociales y alternativas políticas diversas. Pero ¿qué hay de estas alternativas políticas?

 

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, uno de los hechos más significativos fue el desplome electoral del carismático Marco Enríquez-Ominami –hijo biológico del mítico dirigente del MIR muerto en combate contra la dictadura de Pinochet–, que cuatro años antes había obtenido un prometedor 20% de la votación. Su propuesta, un tanto ecléctica, que había intentado situarse a medio camino entre Concertación y Alianza, se desdibujó frente a las políticas más definidas que desplegadas en el escenario político nacional más recientemente. Sin embargo, Enríquez-Ominami se declara hoy partidario de una Asamblea Constituyente, en contravía de la propuesta del nuevo gobierno.

 

Pero quizás el hecho más interesante fue que a pesar de una votación en apariencia insignificante del 2,76%, empezó a tomar forma una propuesta política inspirada en estas movilizaciones estudiantiles, que logró reunir a decenas de pequeñas agrupaciones detrás de la candidatura de Marcel Claude.

 

Sin recursos económicos y sin una organización sólida de carácter nacional, esta candidatura se fue consolidando casi desde cero en la escena política, y al decir del mismo candidato competidor Marco Enríquez-Ominami, "fue un superproyecto, de impacto, que tuvo el coraje de poner los temas muy por delante y de pelear"5.

 

Entre sus temas, el cuestionamiento del papel del lucro en la regulación de lo público en el país, la necesidad de la refundación del Estado chileno –empezando con una Asamblea Constituyente–, el rescate para lo público de la educación, la salud y las pensiones, la nacionalización del cobre y la defensa de los recursos naturales, hoy a merced del interés privado.

 

De esta manera gana perfil en el campo popular una confluencia entre movimientos sociales y políticos alrededor de la bandera de la Asamblea Constituyente. Queda por ver si la estrategia de Bachelet, con todos los recursos que pondrá en sus manos una nueva reforma tributaria, logra desactivar esta confluencia. Pero el signo de los tiempos no parece tan favorable al gobierno que comienza.

 

1 Sistema de transporte inspirado en el Transmilenio de Bogotá, pero sin troncales.
2 También Giorgio Jackson, destacado dirigente del movimiento del 2011, integrante de una pequeña organización política, Revolución Democrática, fue elegido al parlamento, por el retiro unilateral del candidato de la Nueva Mayoría en su circunscripción.
3 http://www.pressenza.com/es/2011/08/xla-concertacion-y-la-derecha-deben-dejar-de-ser-el-brazo-politico-de-los-bancosx/.
4 Un excelente documental: Chile, zona de sacrificio (https://www.youtube.com/watch?v=T0gOhUWtw8w) muestra el núcleo de este drama.
5 Escuchar programa de radio en http://marco2010chile.podomatic.com/entry/2013-12-18T07_03_12-08_00.

Información adicional

  • Autor:JAIME SEPÚLVEDA
  • Edición:198
  • Sección:Internacional
  • Fecha:Enero 20 - febrero 20 2014
Visto 5268 vecesModificado por última vez en Miércoles, 29 Enero 2014 15:18

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