Miércoles, 23 Abril 2014 08:46

Regímenes representativos y deslegitimación mediática

Escrito por FLORENT SOURISSEAU
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Regímenes representativos y deslegitimación mediática

Con rechazo de la derecha salvadoreña ganó la elección presidencial el ex comandante guerrillero y actual vicepresidente, Salvador Sánchez Céren, del Fmln –Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional–. Una victoria, 22 años después de los tratados de Chapultepec –1992–, que finalizaron una guerra civil que conmovió a ese país desde 1980. El triunfo del Fmln, se une al contexto de otros presidentes latinoamericanos de izquierda y abre el interrogante de cumplir las aspiraciones revolucionarias desde la arena de las instituciones representativas democráticas.

 

Tras 20 años en el poder, este resultado constituyó la segunda derrota presidencial del partido de derecha centroamericana Arena –Alianza republicana nacional– frente al Fmln. Las reacciones fueron de confrontación: "Acatamos la resolución con la Sala Constitucional", aunque "no la compartimos", recalcó Jorge Velado, líder de la agrupación. Los conservadores ante la escasa diferencia en votos de su rival, 6.000 votos en la segunda vuelta, es decir, el 50.11 por ciento, cuestionaron el veredicto en las urnas. Al respecto, los observadores internacionales no dieron crédito a esas acusaciones. Sin embargo, Arena sostiene que hubo 20.000 casos de doble votación de simpatizantes efemelenistas y de sufragios para la izquierda por parte de varios reos condenados. En síntesis ha ocurrido un triunfo apretado que evidencia la perdida de potencial en urnas del Fmln que tiene como pasado reciente la primera vuela presidencial del 2 de febrero, donde la diferencia entre las dos fuerzas competidoras era de 10 puntos, el Fmln con 48.9 por ciento, frente al 38.9 de Arena.

 

La victoria de Sánchez Cerén, quien gobernará desde el próximo primero de junio hasta 2019, marca por primera vez, la llegada de un comandante guerrillero al ejecutivo nacional. Por eso, esta elección constituye un alcance simbólico a fondo, pues encarna más que Mauricio Funes, un avance con origen y pasado revolucionario, en El Salvador.

 

Unos resultados con impugnación

 

En su oposición, los areneros presentaron dos recursos de nulidad de votos ante el TSE –Tribunal Supremo electoral–, sin obtener resultados. Además, la CSJ –Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia– también rechazó las exigencias del partido vencido, al hacer un recuento voto por voto. Arena no vacila en desaprobar las decisiones de los órganos vigilantes, para justificar su fracaso electoral. Aunque, admite a regañadientes la decisión jurídica de esas instituciones, continúa negando la legitimidad del nuevo Presidente. Al punto de hacer mofa del veredicto de las urnas y llegó a pedir, inicialmente, la "ayuda del ejército" –según su consideración– para garantizar la democracia. Por otro lado, ante las acusaciones, el candidato victorioso optó por la conciliación. Aseguró que gobernará para todos los salvadoreños, e invitó a la oposición al diálogo.

 

Es la segunda presidencia que el Fmln gana, la primera había ocurrido en 2009 a través de Mauricio Funes, después de 20 años (1989/2009) de permanencia de Arena en el poder. Marcando la pauta de un proceso acumulativo en la urnas en donde el Fmln nunca dejó de participar en las instituciones representativas. Siempre obteniendo alcaldías, como curules en la Asamblea Nacional, desde 2000 la tolda roja llegó a ser la primera fuerza política del país con 31 diputados, mientras Arena consiguió 29. El mismo año, adquirió 80 alcaldías, 7 de las 14 más grandes.

 

De la revolución a la democracia liberal

 

El actual panorama político salvadoreño tiene raíces en los doce años de guerra civil que tuvo 75.000 fallecidos. En efecto, los acuerdos de paz de Chapultepec del 16 de enero de 1992 no consagraron la derrota de los rebeldes, que un tiempo antes lanzaron una ofensiva final a sectores de la capital San Salvador. Su firma significó la incapacidad de vencer de las dos fuerzas rivales. Es decir, de la inhabilidad de la gestión del gobierno pro fracturar al acumulado social y político militar de su enemigo, y la limitación de la guerrilla para la conquista del poder, bajo la amenaza de una intervención total de la flota aérea estadounidense. La construcción de los principales partidos políticos salvadoreños explican las tensiones sobre el rumbo integral de la nación, mientras el Fmln resultó de la unión en 1980 de cinco fuerzas guerrilleras1 mientras que Arena prosperó como su mayor adversario desde el inicio del conflicto a partir de las tensiones políticas de la década del 70, un militar de extrema derecha, Robert d'Aubuisson Arrieta, creó esa organización. Adoptó un programa anti-comunista y actuó en su forja, y se vinculó con los Escuadrones de la muerte, cuyo objetivo fue aterrorizar a la población para proteger los intereses del poder nacional e internacional en el Salvador.

 

Sánchez Cerén, primer guerrillero que accede a la presidencia de la República del Salvador, en su trayectoria sigue las de otros presidentes latinoamericanos, también antiguos participantes en la lucha armada. Ya fueron electos en 2009 y 2010, como presidentes del Uruguay y de Brasil, José Mujica y Dilma Rousseff. Tres años antes, en 2007, Daniel Ortega del Fsln –Frente Sandinista de Liberación Nacional–, retomó la presidencia de Nicaragua. Fenómeno, que indica un acomodo de los movimientos izquierdistas latinoamericanos, cambiando de postulados revolucionarios a interpretaciones con contenido de reforma, con el uso y provecho de las instituciones representativas llamadas democráticas. Luego de numerosas luchas armadas por el socialismo y la liberación nacional en las dos últimas décadas del siglo XX, que no triunfaron, empezó una puja de reformas en el continente. Ola que tuvo realce con la victoria de Hugo Chávez en diciembre de 1998, y el fomento de su doctrina del socialismo del siglo XXI. En la comparación, el reformismo promueve cambios sociales, políticos y económicos graduales, vía constitucional, y las corrientes revolucionarias y movimientos sociales ambicionaban transformar las estructuras mismas del capitalismo. Entonces, a la lucha armada que fue notoria, sucedió un acomodo del neoliberalismo de izquierda.

 

Varias razones explican la evolución en la línea política de esos movimientos. Primero, la desaparición de la Unión Soviética que despojó a los oponentes al neoliberalismo, de un referente universal de lucha contra el capitalismo; segundo un largo ciclo de violencia consumado en el continente por el nacimiento de luchas armadas en respuesta a órdenes autoritarias, procesos que causaron enormes fracturas en la sociedad; tercero, salvo excepciones de Cuba en 1959 y Nicaragua 20 años después, ninguna guerrilla triunfó; cuarto, la liberalización de los regímenes latinoamericanos permitieron a las clases con medianos ingresos, participar en las instituciones políticas, mientras en las décadas anteriores estaban fuera del juego político.

 

Por consiguiente, desde la década de los 90's, la reconfiguración del orden político latinoamericano permitió a los rebeldes integrar la arena política representativa, bajo dominio imperial. Por demás, la difusión de proyectos de cooperación continentales impide grandes cambios políticos o económicos en el marco nacional. Imponen la necesidad de patrones económicos homogéneos, y provocan así un efecto de inercia y de continuidad en la conducta de los diferentes gobiernos. En América central, en particular, el papel del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, negociado por los diferentes gobiernos, incluso el Salvador, en el 2000.

 

Desestabilización de los movimientos izquierdistas

 

El conflicto salvadoreño pertenece a la segunda ola guerrillera que conoció América Latina después de la segunda guerra mundial. Luego del fracaso de las expresiones armadas en la parte sur del continente por los 60 y 70, que sucedieron al triunfo de la revolución cubana, estallaron luchas armadas en Centroamérica en la década 80. El Fsln, encendió la mecha al derrocar el régimen dictatorial de Somoza, y entrar victorioso en Managua en julio de 1979.

 

Como en épocas anteriores, los Estados Unidos vigilaron de cerca al avance de los movimientos socialistas en América Latina, con el fin de obstaculizar al nacimiento de una nueva Cuba o una nueva Nicaragua. Para tal efecto construyeron una nueva doctrina llamada containment, que impulsaba una ofensiva global contra el comunismo, y señaló así el fin de la coexistencia pacifica entre potencias, de las dos últimas décadas. Además, luego de su derrota militar en Vietnam, los Estados Unidos decidieron enfrentar las rebeliones con guerras de baja intensidad, y ya no con la escalada de una intervención armada. O sea, financiaron y entrenaron a fuerzas paramilitares, para frenar a los movimientos revolucionarios centroamericanos.

 

La meta de la doctrina Reagan no era derrotar militarmente a los gobiernos revolucionarios, sino debilitarlos, distraerlos, e imponerles en un esfuerzo de guerra permanente. Por ejemplo, las actividades contrarrevolucionarias de la Contra, llevaron el Nicaragua a una crisis económica y de recursos como testimonia la hiperinflación –de 33mil por ciento en 1988 y una crisis de sensibilidad también, por los miles de jóvenes caídos.

 

La legitimación mediática hace parte de un punto mayor de la estrategia de Reagan. Para ello los Estados Unidos consintieron el fin de los regímenes dictatoriales en América Central e instaurar democracias, como un opuesto del bloque comunista. Una concepción hipócrita de la libertad, pues aún cuando Nicaragua eligió al comandante sandinista Daniel Ortega en 1984 con más de 63 por ciento de los sufragios, y el Fsln ganó en las elecciones legislativas, con testimonio de los observadores internacionales, los Estados Unidos siguieron financiando las Contra.

 

Treinta años después, la derecha mantiene abierta la deslegitimación como medio de desestabilización, hacia los movimientos izquierdistas que respetan las reglas de la democracia representativa. Testimonia la virulencia de las acusaciones de Arena, sin pruebas para anular la elección del Fmln. De la misma manera procedió el PLI –Partido Liberal Independiente– con la victoria de Ortega en 2011. Aunque norteamerica reconoció la elección de Sánchez Cerén, amenazó en la elección anterior: si el entonces candidato del Fmln, en 2004, fuera electo, podría prohibir el envió de remesas desde los Estados Unidos hasta el Salvador. Una amonestación disuasiva, pues el 17 por ciento del PIB del pequeño país, dependen de ese dinero. Para las corrientes derechistas, es una contradicción reconocer su derrota, en el propio juego del régimen representativo que promovieron. Para ellos, su legitimidad y mayoría por un voto vale solo cuando les permite conservar el poder.

 

1 FPL, ERP, Resistencia nacional, Prtc y PC.

Información adicional

  • Antetítulo:EN CENTROAMÉRICA Y EL CONTINENTE
  • Autor:FLORENT SOURISSEAU
  • Edición:da 201
  • Sección:Internacional
  • Fecha:Abril 20 - Mayo 20
Visto 4746 vecesModificado por última vez en Miércoles, 23 Abril 2014 17:28

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