Miércoles, 23 Abril 2014 08:58

Los náufragos del capital

Escrito por ÁLVARO SANABRIA DUQUE
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Los náufragos del capital

"El trance me ha mostrado otra lección:

el mundo propio siempre es el mejor.
Me voy debilitando lentamente.
Quizás ya no sea yo cuando
me encuentren."

 

Silvio Rodríguez (Casiopea)

 

El tres de octubre de 2013, mientras se inauguraba en Nueva York, con toda la gala del caso, el Segundo Diálogo de Alto Nivel sobre la Migración Internacional y el Desarrollo, en el marco de la sesenta y ocho Asamblea General de las Naciones Unidas, se ahogaban cuatrocientos migrantes en las inmediaciones de la isla de Lampedusa, la región más al sur de Italia y que ha servido de puente para que muchos norafricanos intenten acceder a Europa.

 

El escándalo que se desató, ya hoy completamente olvidado, sirvió incluso para que el Papa Francisco fuera al sitio del siniestro a orar y subiera unos buenos puntos en el rating de popularidad. La tragedia, sin embargo, no fue consecuencia de una situación excepcional, pues los lugareños tienen que lidiar con los 1500 náufragos que anualmente mueren en el mediterráneo. El asunto no es nada nuevo, si se tiene en cuenta que desde el inicio mismo del capitalismo, con la inauguración del comercio internacional de seres humanos a gran escala, como algunos historiadores señalan, de los cerca de 21 millones de esclavos africanos que zarparon de los puertos de origen, entre 1450 y 1850, por lo menos 4 millones murieron en las travesías, no pocos ahogados en naufragios.

 

Ahora bien, quienes mueren en esas travesías no lo hacen solamente intentando llegar a los países de Occidente. Pocas semanas después de la tragedia de Lampedusa se descubrieron en el desierto del Sahara los cadáveres de 87 inmigrantes, (se cree que murieron de sed), que se desplazaban de Niger a Argelia. 48 eran niños, 32 mujeres y siete hombres.

 

En febrero de este año, catorce migrantes que buscaban llegar a la frontera española de Ceuta y Melilla naufragaron cerca de la costa, y cuando nadaban hacia la playa fueron repelidos con pelotas de goma por la guardia civil, provocándoles la muerte por ahogamiento. En marzo, también de éste año, cerca de 1.300 indocumentados detenidos en la cárcel de Tacoma, situada en el noroeste de Washington, entraron en huelga de hambre exigiendo su liberación mientras se estudiaban sus casos. Las represalias sufridas por los migrantes huelguistas, han llevado a protestas simultáneas en diferentes ciudades bajo el lema de Ni Uno Más, con el que se exige parar las deportaciones masivas de indocumentados que en el gobierno de Obama se calculan en dos millones.

 

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el corredor México – EE.UU es el de más tránsito en el mundo, y por allí desfilan mayoritariamente centroamericanos que buscan introducirse en USA de manera ilegal en busca de trabajo. Los migrantes centroamericanos utilizan para su desplazamiento el tren de carga que recorre México de sur a norte y que ha sido denominado "La Bestia", porque es un verdadero tren de la muerte. La prensa mundial se ocupó de él, de forma masiva, en agosto de 2013 cuando su descarrilamiento causó la muerte de doce personas y dejó heridas o mutiladas a no menos de doscientas. Ese hecho llamaría la atención sobre las vejaciones que sufren estos viajeros, que van desde el robo a la tortura y la muerte pasando por la violación. La segunda masacre de San Fernando, o de Tamaulipas, como también se le conoce, en la que fueron asesinados setenta y dos migrantes, mostraría como éstos son en México víctimas de los carteles de la droga, de organizaciones delincuenciales como las "maras", y de las mismas autoridades mejicanas.

 

Lo anterior, es tan sólo una pequeña muestra de cómo funciona realmente el comercio internacional de fuerza de trabajo, que tiene como propósito mantener una masa de trabajadores debilitada y sobrante que, por ese hecho, regula el nivel de los salarios a la baja, de forma más marcada en las actividades menos calificadas. El capitalismo, inicialmente en su etapa comercial y luego en su fase industrializadora, ha movilizado la fuerza de trabajo de acuerdo con sus ciclos de acumulación, sin ninguna consideración diferente a la ganancia, y los tiempos actuales no son la excepción. Por eso, cuando Naciones Unidas habla de migración y desarrollo lo que tiene en mente son los procesos de abaratamiento de la fuerza de trabajo en algunos lugares y en aliviar la presión social en otros donde los excesos de trabajadores pueden ser fuente de conflicto.

 

La función de los estados-nación como gestores y controladores de la oferta laboral es casi la única que les queda (las demás han sido asumidas por las multinacionales y las entidades multilaterales), y en su cumplimiento se ocupan tanto del proceso de disciplinamiento como de regulador de sus flujos, por eso, una observación de éstos últimos, puede dar luces sobre las actuales estrategias y preocupaciones del capital.

 

Origen y destino de las migraciones

 

La OIM distingue entre los migrantes forzados y los migrantes por voluntad propia. Entre los primeros señala a las víctimas de persecución en sus países de origen, los desplazados por desastres naturales y las víctimas de la trata de personas. De los segundos sostiene que lo hacen "por el deseo de disfrutar de mayor felicidad, prosperidad y bienestar", minimizando que son, mayoritariamente, desempleados o subempleados que tienen que recurrir al desplazamiento como último recurso de búsqueda de trabajo.

 

En el Informe Sobre las Migraciones 2013, la OIM llama la atención sobre la limitante que en el análisis del fenómeno migratorio representa la creencia de que éste se reduce a los flujos que desde el Sur se dirigen hacia el Norte. Pues, los flujos Sur-Sur, Norte-Norte y Norte-Sur se hacen cada vez más importantes. Si bien es cierto que las migraciones Sur-Norte, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DAES), son el 34,5% del total (mientras para el Banco Mundial ese porcentaje se eleva al 44,4%), no debe desconocerse que las migraciones Sur-Sur son cercanas al 35% del total, según las dos instituciones. De otro lado, las migraciones Norte-Norte según las diferentes investigaciones se sitúan entre el 15 y el 25% del total, como un indicador que la movilidad de la fuerza de trabajo es multidireccional.

 

Los principales corredores migratorios, diferenciados por el sentido en que se desplazan las personas, son: en el flujo Norte-Norte, el corredor de Alemania a los Estados Unidos de América y el del Reino Unido a Australia, siguiendo en importancia las migraciones de Canadá, Corea del Sur y Reino Unido a los EE.UU. En el flujo Sur-Sur, se destaca el corredor bidireccional entre Ucrania y la Federación Rusa, que da un sentido muy particular al conflicto que hoy viven las dos naciones. En cuanto al flujo Sur-Norte el corredor principal, como ya se señaló, es de México a los EE.UU así como el de Turquía hacía Alemania, seguidos de los flujos de China, India y Filipinas hacía USA. Y en cuanto al más exótico de los flujos, el que lleva del Norte al Sur, los corredores principales son los de USA a México, de Alemania a Turquía, de Portugal a Brasil y de Italia a Argentina.

 

No es extraño que las dos mayores potencias occidentales, EE.UU y Alemania, sean igualmente los principales receptores de población migrante, aunque sí que en los flujos Norte-Norte USA sea tan sólo receptor, pues en estos casos se trata de mano de obra de alta calificación, delatándose la insuficiencia de trabajadores de esa categoría en la potencia anglosajona. La crisis y el aumento de las tasas de desempleo en los países del centro capitalista están marcado una nueva tendencia en las migraciones, que le da cada vez más peso a los flujos Norte-Sur, que si bien representan en la actualidad tan sólo entre el 3 y el 6% (entre 7 y 13 millones de personas) según la OIT, siguen creciendo. Las migraciones a China desde los países occidentales dominantes ha aumentado cerca del 35% en los diez últimos años, mientras que el desplazamiento de portugueses a África también crece significativamente. Llama la atención, también, que los Estados Unidos de América se hayan convertido en el principal país de origen de los migrantes con destino al Brasil, país éste que incrementó los permisos de trabajo otorgados a extranjeros en un 64% entre 2009 y 2011.

 

Pero, quizá, el ejemplo más palpable de como el capital mueve la fuerza de trabajo sin la más mínima consideración, es el comportamiento de las migraciones en la actual crisis española. En 2011, en ese país la salida de personas aumentó 26% en comparación con 2010, expulsando más de 500.000, incluidas no menos de 62.000 nacidas en España. Por eso es aún más cruel y paradójica la situación de los africanos que aún hoy arriesgan su vida por entrar a un país que como España tiene tasas de desempleo superiores al 25% y que comienza a expulsar a su propia gente.

 

Es claro que los movimientos de la fuerza de trabajo están adquiriendo nuevas características que tienen que ver con la necesidad creciente por parte de los países del Norte de ubicar sus excedentes de profesionales en los países del Sur. ¿Nos acercamos, entonces, a una situación en la que una exportación sistemática de profesionales del Norte hacía el Sur, termine eliminando la poca fuerza de trabajo calificada de éstos últimos países? El uso de la migración como un recurso de control de los salarios y del mantenimiento de un ejército de reserva de fuerza de trabajo que fuerce los salarios a la baja es conocido, de tal suerte que un ajuste en la política que acabe por deprimir las remuneraciones en el norte mientras que se elimina la mano de obra calificada del sur no es un escenario impensable.

 

Migración y explotación

 

El trabajo forzado, la explotación sexual o el uso obligado de los individuos en la comisión de delitos, son formas de la trata de personas que adquieren cada vez más un papel preponderante en las formas de acumulación de riquezas por parte de agentes privados. Y si bien, por razones obvias, las cifras que se manejan son estimaciones imperfectas, se calcula que entre 12 y 27 millones de personas están sometidas a este flagelo, sumándose 800 mil nuevos casos cada año. El último informe global que sobre el tema se presentó en 2005, señalaba a Asia como la región donde más se presenta esta clase de violencia, seguida por América Latina, y estimaba en más de 32.000 millones de dólares las ganancias que este tipo de explotación genera por año.

 

La vulnerabilidad en que se colocan los migrantes ha sido identificada como una de las causas principales del auge que la trata de personas ha tenido en los últimos tiempos. La desregulación del trabajo y su flexibilización están marcando una cultura de las relaciones capital-trabajo en las que la discrecionalidad del capitalista para imponer a su arbitrio las condiciones de trabajo lleva a considerar la semi-esclavitud como un estado normal, así como a desdibujar las fronteras entre formalidad e informalidad. Esta etapa de acumulación por desposesión, como la denomina el geógrafo inglés David Harvey, nos reconduce a tiempos que se pensaban superados y en los que el regreso a la condición servil no es la menor amenaza para los trabajadores.

 

Colombia, país que expulsa

 

Según la OIM, Colombia es el país de mayor emigración en Suramérica. De acuerdo con el censo de 2005, el DANE calculó que los colombianos residenciados en el exterior eran 3.378.345, y las proyecciones del Ministerio de Relaciones Exteriores estiman que en la actualidad los colombianos migrados son alrededor de 4.700.000.

 

Los principales países de destino de los colombianos son USA, Venezuela, España y Ecuador, si bien el orden varía de acuerdo con la institución que estima las cifras. Para el Banco Mundial, los dos primeros países con población colombiana son EE.UU y Venezuela (en este país los colombianos representan el 60% de los extranjeros), cada uno con poco más de 600 mil personas en esa condición. Para otras instituciones como Colombia Nos Une, a los Estados Unidos lo escolta España como receptor de colombianos, pero, sea como sea, lo cierto es que la cifra de compatriotas que se ve obligada a migrar sigue creciendo hasta el punto que de acuerdo con el último censo de USA, realizado en el 2010, en ese país se encontrarían 908.734 colombianos, que comparados con los 470.684 contabilizados en el censo del 2000 nos muestra como en una década prácticamente la población colombiana se duplicó allí. Debe destacarse que entre las personas migrantes dominan las que tienen título universitario, situación que se ha impuesto en las dos últimas décadas.

 

Los extranjeros que llegan a Colombia, por lo contrario, son un grupo bastante reducido. Según el Banco Mundial, tan sólo 110.297 personas son inmigrantes en nuestro país, siendo mayoritarias las personas de origen venezolano (33,95%), seguidas de los estadounidenses (13,7%) y los ecuatorianos (10,3%), poniéndose así en cuestión el prejuicio de que somos un país con atractivos, pues no sólo es el primer expulsor de población en Suramérica, sino que además es el que menos personas atrae. Además, Según un informe del Departamento de Estado norteamericano de 2012 sobre tráfico de personas, la explotación sexual y la laboral (ésta última en los sectores minero y agrícola como los más importantes) son de las más importantes en la región. De tal suerte que si le sumamos a los 4,7 millones de desplazados al extranjero los cinco millones de desplazados internos, tenemos que alrededor del 20% de la población son desarraigados, en una muestra más que la violencia contra los seres humanos es uno de los sellos de nuestra estructura social.

 

Se prevé que la movilidad de la fuerza de trabajo se acelere en el siglo XXI, en razón del menor crecimiento del empleo en relación con el crecimiento del producto, por lo que los problemas asociados a la migración tenderán a agravarse. Las doctrinas y políticas ultra-liberales se muestran incapaces de explicar porque, en este caso, no plantean como solución la apertura de las fronteras, que es el remedio que promueven ante cualquier señal de disturbio de los mercados internacionales. En la política, por lo contrario, renacen con fuerza el racismo y la xenofobia, mientras que la izquierda se muestra perpleja frente a la problemática.

 

La globalización del capital obliga a los trabajadores a entender que buena parte de sus problemas también son globales y que el enemigo no son los trabajadores extranjeros sino el capital mismo que usa el chauvinismo como herramienta ideológica. La discusión sobre el libre tránsito de las personas es un tema obligado que nos debe llevar a cerrar filas en defensa de la humanidad sin distingos y en contra de la discriminación, cualquiera que sea su origen.

Información adicional

  • Autor:ÁLVARO SANABRIA DUQUE
  • Edición:da 201
  • Sección:Población mundial
  • Fecha:Abril 20 - Mayo 20
Visto 4995 vecesModificado por última vez en Miércoles, 23 Abril 2014 17:29

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