Miércoles, 23 Abril 2014 09:33

"Constituyente sí. Pero, ¿es el momento?"

Escrito por EQUIPO DESDE ABAJO
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"Constituyente sí. Pero, ¿es el momento?"

Enseñanzas y aprendizajes. La destitución de Petro, la actitud de los Progresistas, Santos y su maniobra electorera con el control del ente territorial, el miedo de la oligarquía a un gobierno con sello de izquierda, y el reto de la constituyente.

 

desdeabajo –da–. Al observar la situación política presentada con la destitución del alcalde Petro, queda la sensación que la clase política colombiana todavía es muy refractaria para aceptar que se gobierne desde una visión de lo popular, y que representantes de esta visión accedan a cargos de alguna importancia. Quizá pueda parecer exagerado para algunos, pero queda el sinsabor que la destitución de Petro es un eslabón más en la cadena que comenzó con Uribe Uribe, siguió con el golpe de Estado en el segundo mandato de López, se acentuó con el asesinato de Gaitán, el robo de las elecciones a Rojas en el setenta, los asesinatos de los candidatos de la Unión Patriótica, etc., ¿qué opina al respecto?

Carlos Vicente de Roux –CVR–. Comparto en trazos gruesos esa apreciación, pero también creo que hay que examinar hasta qué punto la izquierda al frente de la ciudad, como dicen coloquialmente, dio papaya. Creo que lo ocurrido en Bogotá nos obliga a realizar una reflexión profunda sobre las capacidades de la izquierda en el manejo de las ciudades. Lo digo por lo siguiente: tuvimos un primer gobierno –Lucho Garzón–, quien hizo una gestión muy moderada, preocupado por pasar la antorcha sin tener traumatismos y entregó el cargo sin efectuar ninguna transformación significativa para Bogotá en aspectos como equidad, igualdad, justicia social y, en general, alrededor de los viejos ideales de la izquierda.

 

Después tuvimos una segunda administración, traumática, una cleptocracia se instaló en el Palacio Liévano, dolorosamente con el sello del Polo Democrático Alternativo (PDA), y se ligó a unas redes de contratistas muy corruptos.


da. ...y cuando poca gente confiaba en la continuidad de la izquierda en Bogotá fue elegido Gustavo Petro...
CVR. Sí, el desastre que acabo de recordar generaba desconfianzas, pero la ciudadanía da un nuevo voto de confianza. Llegó Petro al gobierno. ¿Y qué pasó? Fíjese, un gobierno con propuestas de trasfondo, por ejemplo: un modelo de ocupación del territorio no agresivo con los pobres, que no los lanza a lejanas periferias, desde dónde y hasta dónde es muy costoso transportarse; una política de subsidios generosa que pueda asumir la ciudad sin quebrarse; un proyecto de movilidad, incluida la infraestructura, que la hiciera equitativa. El plan de obras que se financiará con el cupo de endeudamiento gestionado por esta administración ante el Concejo es muy democrático, pensado en las grandes mayorías populares; un modelo de manejo de la basura mixto que no es el oligopolio fraguado y desequilibrado para la ciudad que teníamos antes ni tampoco es un monopolio estatal, es una empresa pública fuerte que maneja o debería manejar algo más de la mitad del mercado, con mucha inclusión de recicladores. Y además tenemos todas esas políticas para las mayorías cuyos derechos han sido conculcados toda la vida;

 

Entonces, ese paquete de apuestas plasmadas en el Plan de Desarrollo Bogotá Humana, a diferencia de los dos gobiernos de izquierda anteriores, sí avanzaba en la transformación de la ciudad en la equidad. Allí, quizás, nuestros problemas han sido de dos tipos: políticos, en tanto que, quizá, no hemos tenido la capacidad de crear los bloques de fuerzas y de respaldos en la propia izquierda (de ahí nuestras relaciones complejas con el Polo) y en sectores que podemos llamar centro progresista, centro moderno o centro renovador, y también nuestras fallas gerenciales.

 

Por esto diría yo que ustedes tienen razón en la pregunta pues hay todo un alinderamiento de muchas fuerzas para impedir que la izquierda salga adelante, pero justamente porque esa es la situación tenemos el deber de extremar los cuidados y las cautelas en al plano propiamente político, de la gerencia y de la gestión para no generar vulnerabilidades que después nos cobrarían con mucha fuerza.

 

da. En lo que podríamos llamar la despedida de Gustavo Petro, desde el balcón de la Alcaldía convocó a la huelga general. Pero, más allá de la emocionalidad del momento -que pudo haber provocado una circunstancia como ésta-, ¿existen condiciones para una protesta de estas dimensiones?
CVR. Creo que las propuestas no son buenas o malas per se, dependen de la coyuntura y de las relaciones de fuerza. Con las declaraciones entregadas por Petro desde el balcón, básicamente tengo una identidad con el fondo de lo dicho, pero, ¿qué me preocupa?, que cuando Gustavo fue destituido, él logró recoger no solo la simpatía y la favorabilidad de quienes lo habíamos acompañado siempre –más o menos entre un 30 y un 40% de la población–, sino que esa favorabilidad dio un salto por el rechazo de muchos habitantes de la ciudad a la decisión del Procurador que, obviamente, contraria a la justicia y al ordenamiento jurídico.


Entonces, es así como la favorabilidad en algunos momentos crece a más del 60%, y según algunas encuestas pasó del 70%, por lo que era muy importante que nuestro discurso no se dirigiera, por así decirlo, a nuestras propias tropas, sino que debía sintonizarse con las personas abiertas a la perspectiva de respaldar a Petro. Y si bien una huelga general es una forma de acción absolutamente legítima –mientras no sea agresiva contra la vida y la integridad de las personas–, el punto es que hay que medir la posición de la ciudadanía frente al tema porque es por su estado de ánimo que rechaza lo hecho con Petro, y por lo que quiere actuar al respecto.

 

Entonces, creo que Petro asumió una actitud muy inteligente cuando dijo "vamos a volver a las urnas y con el respaldo de la ciudadanía vamos a recuperar la Alcaldía", por lo que me pregunto, ¿hasta qué punto el hecho de intentar desencadenar un paro de respaldo nos pueda enajenar el respaldo de gente que quisiera expresarse en las urnas, pero no a través de una protesta del tipo de un paro?

 

da. Hechos como éste del golpe al alcalde de Bogotá –que sin lugar a dudas tiene impacto nacional–; decisiones como las del Encuentro Agrario de proponer un nuevo paro agrario a nivel nacional; los problemas en que enredan a la justicia e, incluso, los mismos diálogos de La Habana, llevan a que una buena parte de las fuerzas que quieren un país mejor propongan una constituyente, ¿debe ser ésta, en este momento, uno de los propósitos políticos de estas fuerzas?, ¿cuáles serían los objetos centrales que asumiría la misma?
CVR. El ideal es que tengamos una constitución mejor que la del 91, que salió adelante por una suerte de equívoco entre las fuerzas que concurrieron a tal ejercicio.

 

En ella se resumió una excelente carta de derechos y algunos mecanismos de protección de los mismos, pero es muy interesante ver cómo distintos sectores que apoyaron esa Carta de derechos, tenían visiones distintas sobre cuál debí ser el modelo económico que permitiría hacerlos realidad.

 

Entonces, por supuesto, había unos –neoliberales– que consideraban que para satisfacer los derechos políticos, económicos, sociales y culturales plasmados allí, lo mejor era que operaran las fuerzas del mercado, débil regulación e intervención estatal, pocos esfuerzos redistributivos a través de los esquemas tributarios, etc.

 

Otros, consideraban, en cambio, que sólo era posible darle vida mediante una reconfiguración o una transformación del modelo económico, pero como la Constitución no penetró en el tema de tal modelo, esta vía era imposible. En fin, mucha alegría pro los derechos pero el tiempo les colocaría sus límites. Digamos que esta fue, un poco, la explicación de las esperanzas, de los logros de esta Constitución y también de las frustraciones que a muchos nos ha dejado.

 

Ahora se plantea reformularla. Vuelvo por la pregunta de las relaciones de fuerza: estoy totalmente de acuerdo que valdría la pena dejar plasmada en la Constitución otro esquema de relación entre el Estado, la sociedad y la economía, para garantizarle a la gente los derechos pero me pregunto ¿cuál sería la constituyente que elegiríamos hoy? Hoy por hoy es muy probable que tuviéramos una constituyente muy parecida al Congreso de la República, los mismos gamonales, los mismos líderes etc.; entonces me inclino por un trabajo más lento, más de mediano plazo que consiste en buscar avanzar entre muchas fuerzas sociales, políticas, territoriales, en acuerdos que luego se plasmarían en una constituyente. Pero si nos lanzamos al agua ya, insisto, lo más probable es que en gran medida sea un calco del Congreso que acabamos de elegir.

 

da. El presidente Santos lanzó un plan de gobierno para la ciudad de Bogotá, y pretende comunicar que lo ha encauzado con la breve estadía de Pardo en la alcaldía: movilidad, construcción de infraestructura, vivienda, y otros temas hacen parte de su agenda, que más parece parte de la campaña electoral, ganar el voto de opinión en Bogotá, fundamental para su reelección. ¿Cómo señalarle a la ciudadanía que lo dicho por el gobierno central –que de alguna manera es lo ya propuesto desde la alcaldía de Petro–, son cosas incompatibles con las orientaciones ideológicas de Santos, y que hay fuerzas –como las de los constructores que estuvieron detrás de la destitución y que estaban por la revocatoria–, que serán las beneficiadas si se abortan las políticas que se traían?

CVR. Pues con información y con indignación ante lo hecho por Santos. Realmente su propuesta suena muy seductora, porque vemos a un gobierno nacional comprometido y con chequera dispuesta para trabajar en temas que preocupan a fondo a los bogotanos. Si esto fuera cierto sería una buena noticia para Bogotá.

 

Ahora bien, es muy sospechosa la oportunidad tomada para los anuncios: primero, es un Presidente candidato; segundo, lo hace cuando acaba de sacar a escobazos a un alcalde de izquierda, violando el ordenamiento jurídico nacional e internacional; tercero, planteando como grandes innovaciones, en buena medida, programas y proyectos que ya están en marcha en la ciudad como resultado del trabajo del gobierno distrital, o que corresponden a solicitudes de recursos reclamados de manera reiterada al ente nacional, por ejemplo, aquello de financiar el 70% del metro y de las troncales, cuando desde hace mucho tiempo el gobierno capitalino le había pedido encarecidamente a la nación que diera ese respaldo para la ciudad. Los 160.000 millones de pesos para hospitales los requeríamos, los habíamos solicitado, casi que a gritos a la nación y apenas vienen a concederlos ahora, cuando los intereses electorales colocan la pauta.

 

Hay un punto por destacar en esto: siento pasos de animal grande, la actual Constitución tiene un diseño centralista, pero con autonomía de las entidades territoriales, lo que vemos de parte del gobierno nacional es un envión hacia la captura de los entes territoriales, en este caso del más grande de todos en el país, expresado en sacar al Alcalde, en poner una persona de la órbita inmediata de los colaboradores del Presidente y en definir rápidamente un plan de acción que no quiso proponer y trabajar en articulación con el gobierno distrital.

 

da. Las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, tanto a nivel nacional como, regional y local, no brilla por su pulcritud a lo largo de su historia. ¿Qué balance haría de las relaciones Petro-Concejo? ¿Realmente fueron planteadas nuevas formas para ese tipo de relación?, es decir, ¿sí hubo alguna ruptura con el pasado?
CVR. Esto está conectado con su primera pregunta. De entrada, recién subió Petro, se generó una coalición mayoritaria claramente contraria a él y a su gobierno. Acá debe hacerse una precisión, el Plan de Desarrollo sí fue aprobado, pues es muy difícil lo contrario porque generalmente estos planes están formulados en términos muy constructivos, muy propositivos, pero cuando entran los proyectos específicos para la marcha de la ciudad comienzan las dificultades. Y cuando se empiezan a ver las medidas con que Petro perfila su gobierno, el Concejo se alineó rápidamente en contra suya, montaron una coalición mayoritaria que se reparte los cargos internos, las presidencias, las mesas directivas de la plenaria y de las comisiones, coalición claramente adversa al alcalde. Ellos dicen que no son oposición, porque no quieren asumir los costos de serlo, pero realmente están en la oposición, y en ello han sido muy persistentes, y ahí uno se pregunta: bueno, y esto ¿por qué?

 

Mi percepción fue que –acá queda evidente– cargan un sello ideológico que les impide trabajar con un gobierno de izquierda. Incluso, en un primer momento, Petro, siguiendo un modelo que es moderno y que se usa a lo largo y ancho del mundo, llamó a distintas bancada para sellar acuerdos programáticos que tuvieran expresión administrativa; esto lo manejó inicialmente Antonio Navarro como Secretario de Gobierno distrital, y todo se planteó por encima de la mesa. La idea era, por ejemplo, que pudiéramos llegar a un acuerdo con las distintas fuerzas del Concejo en materia de salud, aterrizar los propósitos generales del plan de desarrollo en programas y proyectos concretos, y eventualmente confiarle esa secretaría a una persona del partido liberal con plenas credenciales éticas, de solvencia técnica, administrativa, etc.

 

Este era el modelo con el que quería trabajar el Alcalde, pero las bancadas que dominan el Concejo rechazaron esa posibilidad.

 

Me acuerdo de esas reuniones con Navarro, que era como si algo les fastidiara de trabajar con un gobierno y con un líder de izquierda tan caracterizado como Petro, y esa posibilidad fue rechazada. Además, salieron de una manera muy censurable a decir que era que Petro quería hacer repartijas burocráticas, etc., cuando toda la vida los gobiernos han recogido apoyo de fuerzas políticas y bloques de partidos que le dan determinado respaldo a los gobiernos participando en ellos; allí sentí, en concreto, lo que usted señalaba en su pregunta inicial, la existencia de una resistencia a involucrarse en un ejercicio de gobierno de la ciudad con un dirigente y con un líder de izquierda.

 

da. Después de formalizada la destitución del Alcalde por parte del Presidente, algún grupo de Progresistas propuso no presentar terna, otros expresaron lo contrario. Pues bien, más allá de los nombres, ¿cómo explicarle a los electores por qué se optó por la terna y cuál puede ser la importancia de seguir participando en un juego donde la arbitrariedad no está ausente?
CVR. Inicialmente todos nos inclinamos por no presentar terna, porque significaba involucrarse en un procedimiento compartido con el gobierno nacional para definir un alcalde o alcaldesa transitorio/a. Nosotros insistimos en la grave arbitrariedad cometida por el gobierno en contra de Petro, violando el ordenamiento jurídico nacional e internacional.

 

Una vez sacan a Petro a escobazos, decimos: no nos involucramos en ese procedimiento con el gobierno nacional, nosotros nos medimos ante el tribunal que siempre hemos debido tener en cuenta –la ciudadanía, el electorado–; es por esto que reivindicamos el referendo revocatorio (y cometimos el error de demorarlo el año pasado, pero esa es otra discusión), y entonces lo que queríamos –a lo que aspirábamos– era que vinieran las elecciones atípicas, pero aquí se atraviesan las normas según las cuales para que puedan realizarse estas elecciones hay que agotar previamente el procedimiento de aportar una terna del partido Progresistas. Es más, no solo la elección está amarrada a la presentación de la terna, también la fecha para su realización, porque el Presidente tiene que convocarla en fecha que corresponda a un término de 55 días exactos después de posesionada la persona escogida por el propio Presidente del seno de la terna presentada por el movimiento político. De manera que si queríamos elecciones teníamos que trabajar la terna, y por eso Petro, como dicen los españoles, se decantó porque la presentáramos.

 


 

 

Recuadro

 

Manipulación y desinformación

 

El jueves 20 de marzo Rafael Pardo tomó posesión como alcalde (e) de Bogotá. De inmediato, como por arte de magia, todo, según los grandes medios de comunicación, cambió en la ciudad.

 

No habían transcurrido ni siquiera tres días de gestión administrativa por parte del también Ministro de Trabajo, y sin embargo los creadores de opinión no ahorraban palabras de elogio para quien con cada uno de sus actos demostraba "que sí sabía administrar".

 

Los elogios no eran casuales. Pasados otros pocos días, con cada una de las medidas tomadas por el representante del Presidente en la capital del país, emergía ante los ojos de todos lo que realmente estaba en juego en Bogotá: el modelo de ciudad.

 

Sin duda. El alcalde (e) aludía a los proyectos de vivienda en la periferia de la ciudad, y los gremios de constructores saltaban de alegría. Su propuesta de pico y placa extendido también recibió aplausos de parte de los grandes medios de comunicación. De igual manera, con lo referente a las concesiones educativas, y la extensión de Bogotá hacia la Sabana a través de la Avenida longitudinal de Occidente (ALO). Los temas y los intereses privados retomados –a través de posibles medidas por decretar en Bogotá– son muchos más, pero por ahora dejemos acá.

 

Dos modelos de ciudad

 

Como se recordará, la alcaldía Petro propuso, en el tema vivienda, una redensificación del centro ampliado de la ciudad, aprovechando la existencia de servicios de todo tipo en este sector, evitando con esto que la vivienda para pobres continúe edificándose en la periferia urbana, en ocasiones sobre áreas inundables. La medida no gustó a los gremios de la construcción, que soñaban con seguir sembrando de cemento la Sabana de Bogotá, sin importar sus consecuencias.

 

Igual sucedió con las concesiones educativas, clausuradas por una sencilla razón: todo el presupuesto oficial de este sector debe garantizar de manera directa este derecho humano fundamental para niños(as) y jóvenes de todos los sectores sociales. Continuar pagando a privados por un derecho reducido a servicio no tiene razón de ser. Negociantes de la educación, en primera instancia congregaciones religiosas, esperan que la medida se reverse, así la justicia no llegue a la tierra.

 

Sucede igual con la ALO, y el deterioro ambiental que traería su construcción sin restricciones. Pero a los negociantes, especuladores, terratenientes, bancos, y sus aliados, poco los conmueven humedales, bosques y el ambiente en general, hay que abrir más rutas pavimentadas para que el "desarrollo" no pare.

 

Dos modelos de ciudad, uno de los cuales estaba parcialmente detenido producto de un programa de gobierno en ejecución. El afán por tumbar a su gestor no era casual. Tampoco el afán por retomar el control del aparato administrativo de la ciudad, mucho más cuando la elección presidencial está de por medio. Están urgidos de negocios, para engrosar mucho más sus bolsillos, y de parlantes para desinformar y ganar votos. Rafael Pardo sirve a ambos intereses y actúa en estos momentos como el beneficiario de los grandes capitales en Bogotá, y como el jefe de la campaña electoral de Santos en la capital del país.

Información adicional

  • Antetítulo:ENTREVISTA AL CONCEJAL CARLOS VICENTE DE ROUX
  • Autor:EQUIPO DESDE ABAJO
  • Edición:da 201
  • Sección:Política
  • Fecha:Abril 20 - Mayo 20
Visto 4264 vecesModificado por última vez en Miércoles, 23 Abril 2014 17:33

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