Lunes, 25 Agosto 2014 00:00

Gases que huelen muy mal

Escrito por Álvaro Sanabria Duque
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La promulgación el lunes 11 de agosto de la nueva ley energética mexicana, que abre las puertas a la privatización de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la explotación de hidrocarburos no convencionales, el fracaso de la ronda de subastas de bloques petroleros que el gobierno colombiano realizó el pasado 23 de julio, y la violencia generalizada que se ha desatado en el Cercano y Medio Oriente pueden tener una relación más estrecha de lo que cualquiera pudiera estar dispuesto a conceder.

 

Ese punto en común, curiosamente, podría estar relacionado con un hecho que tan sólo fue noticia en los medios especializados en hidrocarburos: el fiasco técnico y económico en que se convirtió el campo petrolero de Kashagan. Con reservas estimadas en 13 mil millones de barriles y una inversión quintuplicada en relación con lo presupuestado, en los últimos diecisiete años se han enterrado 50 mil millones de dólares en ese yacimiento para producir tan sólo 320 mil barriles de crudo, menos de lo que se esperaba produjera tan sólo cada día. La reserva petrolera se encuentra en aguas de Kazajistán, en el mar Caspio, y es considerado el descubrimiento petrolero más grande de los últimos treinta años, sin embargo, por las dificultades técnicas, debidas a las difíciles condiciones climatológicas de la región, se ha convertido en el fracaso económico, también más grande de los últimos tiempos.


Ese descalabro comienza a borrar las dudas que algunos aún guardaban acerca de que hemos entrado definitivamente en la "era del petróleo difícil", como la denomina el experto Michel T. Klare, es decir, de hidrocarburos obtenidos en lugares cuyas condiciones meteorológicas y de accesibilidad son complejas, o de fuentes que hacen engorrosa su extracción. Se recurre cada vez más a exploraciones y explotaciones en profundas fosas marinas, áreas sujetas a la congelación en invierno (que es el caso de Kashagan) o muy alejadas de las costas. También a hidrocarburos contenidos en las lutitas bituminosas, las arenas asfálticas o los gases de esquisto. El creciente peso de este tipo de combustibles, es lo que Klare ha denominado la tercera era del carbono, que se constituye en una seria amenaza, pues además de acelerar el calentamiento global también parece tener graves consecuencias contaminantes sobre las aguas aledañas a las áreas explotadas y ser causa del aumento en la frecuencia y tamaño de la actividad sísmica.

 

De Spindletop a Kashagan pasando por Ghawar

 

Luego de la era del carbón, que acompañó la primera etapa de la revolución industrial, apareció el petróleo, que se ha constituido en la columna vertebral del capitalismo tardío. Se asocia el inicio de la explotación petrolera de gran escala al descubrimiento y explotación en 1901 del pozo Spindletop, –Beaumont, Texas– cuyo flujo inicial fue de tal magnitud, que literalmente brotó como un chorro que hizo volar la torre de perforación. La extracción, con un rendimiento diario promedio de 75 mil barriles dio inicio a niveles de producción desconocidos en ese momento y que fueron la base del desarrollo tecnológico y el predominio militar y económico de los Estados Unidos.

 

El autoabastecimiento de la poderosa nación del norte duró 70 años, pues, tal y como lo predijo Marion King Hubbert en 1956, la producción petrolera de ese país llegó a su cenit en 1969, y a partir de ahí comenzó de forma acelerada la fase de declinación. Las importaciones en gran escala de hidrocarburos han solucionado temporalmente el problema a EU, y ha dado el perfil a la estructura mundial del capital, pues no se puede negar la relación que existe entre las importaciones energéticas de Estados Unidos, su déficit comercial permanente, su alto nivel de endeudamiento y la altísima liquidez mundial (por la enorme cantidad de dólares lanzados al mercado mundial como efecto del déficit comercial crónico de ese país) que hoy ya predibuja una burbuja de activos que amenaza con hacer estallar el mundo financiero en una crisis de efectos aún más devastadores que la de 2008.

 

El modelo de Hubbert se ha utilizado para proyectar las tendencias de las reservas mundiales, teniendo en cuenta las existencias probadas y el comportamiento de los nuevos descubrimientos, estimándose que el mundo alcanzará el cenit de su producción alrededor del 2030. Los análisis de la asociación para el estudio del pico del petróleo (más conocida como Aspo por sus siglas en inglés), que inicialmente fueron recibidos con escepticismo, hoy son aceptados por la mayor parte de la comunidad académica internacional, si bien aún tal reconocimiento no tiene efecto en lo político. Y es que no solamente se trata de que los nuevos yacimientos sean cada vez más difíciles de explotar, sino que las fuentes convencionales de abasto más importantes, como es el caso del yacimiento Ghawar, en Arabia Saudita, comienzan a generar dudas. Dicho yacimiento que ha estado en producción desde 1951, tiene un área aproximada de 8400 kilómetros cuadrados, y actualmente produce en promedio cinco millones de barriles diarios (6,25% de la producción del mundo). Sin embargo, depende cada vez más de la inyección gigantesca de agua salada (aproximadamente 7 millones de barriles diarios), por lo que se estima que su rendimiento ha entrado en fuerte declinación.

 

La compañía británica British Petroleum (BP), que con seguridad no es clasificada como escéptica o catastrofista, afirmó en un estudio reciente que las reservas de petróleo probadas del planeta suman 1,68 billones de barriles y que al ritmo de producción actual durarán sólo 53 años. Pero, más allá de lo que pensemos de su pronóstico, por lo menos debería inspirarnos precaución, por venir de quien viene.

 

Del consumo total mundial de petróleo, el 59% es apropiado a través de intercambios internacionales. La producción se concentra en los países del llamado Medio Oriente que extraen el 31,5% del total mundial, siguiendo en importancia Rusia (y las áreas que fueron de su influencia) y Norteamérica, cada una con el 15% de las extracciones. Sin embargo, las asimetrías entre producción y consumo son marcadas, pues América del Norte quema el 26% de lo producido en el mundo, mientras que el Oriente Medio tan sólo usa para sí mismo el 8,6%. En el caso de África la desigual es aún mayor, pues su producción representa el 12% mundial y su consumo tan sólo el 3,5% (América del Sur produce el 9,4% y consume 7%).

 

La extracción también está altamente concentrada, pues de los aproximadamente 70 mil yacimientos que están siendo explotados actualmente en el mundo, tan sólo de 120 (el 0,17%) se extrae el 50% de lo producido, dando una idea clara de la vulnerabilidad a la que estamos sometidos. La solución, entonces, ha sido la de recurrir a los llamados combustibles fósiles no convencionales que parecen entrar en escena sumando nuevos problemas.

 

Fracturando el futuro

 

Inyectar agua a presión en los pozos, cuando el petróleo no fluye de forma natural, es un recurso usado desde hace muchas décadas, pero tan sólo recientemente se ha generalizado para fracturar rocas que encierran gas o petróleo. Las técnicas de fractura hidráulica (más conocidas como fracking) empezaron a ser aplicadas comercialmente desde 1949 por la empresa Stanolind Oil, pero fue tan sólo a partir de 2002 que las inyecciones son realizadas con la mezcla de agua, arena y aditivos (que pueden contener hasta 500 productos químicos), que ha sido tan controvertida por sus innegables consecuencias ambientales. Las recientes explotaciones de gas y petróleo de esquisto (rocas sedimentarias que contienen hidrocarburos), consisten en perforaciones verticales que alcanzan en promedio cinco kilómetros de profundidad, a partir de los cuales se hacen perforaciones horizontales por las que se inyecta, a altas presiones la mezcla líquida que fractura las lutitas.

 

El procedimiento requiere no sólo de alta tecnología sino de un gasto energético significativo, que se traduce en que la tasa de retorno energético (TRE), es decir el cociente entre lo que se obtiene de energía y lo que de ésta se gasta en la obtención, es muy baja. El TRE del gas de esquisto se estima entre dos y cinco (es decir que por cada unidad invertida de energía se obtienen entre dos y cinco) según diferentes investigaciones, cuando el gas y el petróleo convencional es cercano a 15, y el de energías alternativas como la solar y la eólica puede calcularse entre 7 y 15 respectivamente.


Eso significa que la concentración de energía de los gases de esquisto y petróleo, en relación con la unidad superficiaria en la que están contenidos es también baja, por lo que la extensión de los territorios utilizados para producir una cantidad determinada de producto es mucho mayor que en el caso de los productos convencionales. El agotamiento acelerado de este tipo de pozos hace que en promedio el 80% del producto útil sea extraído en el primer año, obligando a una explotación nómade que tiene que moverse rápidamente afectando grandes extensiones geográficas.

 

Los Estados Unidos han sido pioneros en la técnica de la fractura hidráulica y son los principales productores de gases de esquisto, hasta el punto que, de acuerdo con proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, en el año 2035, en ese país, más de la mitad de la producción de gas será obtenida mediante la aplicación de técnicas de fracturación hidráulica, permitiéndole no sólo sustituir las importaciones sino en un futuro un poco más lejano convertirse en exportador neto. Se entiende, entonces, que EU busque que el precio del gas en el mercado sea el determinado por los costos de la producción de gas de esquisto, y promueva que los países más afines a su política y sus dictados, impulsen este tipo de explotación. El actual suministro de gas ruso con el que se abastece una buena parte de Europa es contrario a los intereses estadounidenses, en la medida que en un costo de producción menor y un flujo seguro hacía el viejo continente los percibe como una amenaza a su competitividad. No se necesita, entonces, hilar muy delgado para entender que una parte no pequeña del conflicto ucraniano tiene como propósito alejar Rusia de la Comunidad Europea.

 

Tanto la Cámara de Representantes como el senado norteamericano agilizan la aprobación de proyectos directamente relacionados con gas licuado, buscando facilitar su exportación futura, así como la de otros productos energéticos. Se ha llegado incluso a plantear el reinicio de las exportaciones de crudo, en una muestra del afán que el gobierno estadounidense muestra por querer sustituir la relación económica que Rusia y Europa mantienen en el sector energético.

 

Las amenazas son reales

 

El alto impacto físico de la explotación de hidrocarburos a través de la fractura hidráulica, y las consecuencias para la salud humana, no son asuntos de enemigos del progreso ni de fundamentalistas de la ecología. La población de Dimock, en Pennsylvania, es icónica de las consecuencias de la explotación de gases no convencionales. La ciudad se ubica sobre la formación de esquisto llamada Marcellus, y en el año 2008, la compañía Cabot Oil and Gas inicio perforaciones en su territorio. Los habitantes han visto prender fuego en el agua que emana de sus grifos y a comienzos del 2009 el sistema de agua de una residencia explotó literalmente por el alto contenido de metano.
El 22 de abril de este año, en Decatur, Texas (EU), un tribunal falló a favor de la familia de la joven Lisa Parr, y condenó a la empresa petrolera Aruba Petroleum a pagar 2,9 millones de dólares por daños presentes a la salud, la alta probabilidad de afectaciones futuras y la pérdida de valor de su propiedad, pues consideró que los efectos eran consecuencia del uso de las técnicas de la fractura hidráulica. El llamado "caso castor", en Castellón, España; el de la localidad inglesa de Blackpool y el de Ohio, en EU, en los que se ha probado la relación entre las inyecciones para fractura hidráulica y sismos de diferentes magnitudes, muestran otra dimensión de los riesgos de esta forma de extracción de hidrocarburos. La alta posibilidad que las sustancias que libera ésta técnica sean cancerígenas y la afirmación que son también disruptores endocrinos obscurece aún más el panorama.

 

Las dudas sobre la viabilidad económica de este tipo de explotación también han sido ampliamente difundidas, afirmándose que su expansión en los Estados Unidos obedece a que las empresas del sector basan sus inversiones en una cadena de préstamos, de la que se va honrando cada vez una parte más pequeña, dando lugar a una verdadera pirámide financiera (esquema Ponzi) que en cualquier momento puede colapsar.

 

Pero, independientemente de eso, de lo que no se puede dudar es que en términos de recursos energéticos, las grandes potencias han empezado a "raspar la olla", para utilizar una expresión coloquial, y que esto trae como consecuencia un aumento en las tensiones mundiales y grandes riesgos de que se escalen los conflictos. La era del petróleo difícil, de continuar las lógicas actuales del consumo, será también una era de conflictos agudos.

 

Colombia, buscando estar en el lugar equivocado

 

El primer semestre de 2014 la producción diaria de petróleo colombiano mostró una reducción de 2,4%. En ese mismo período, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el aviso de descubrimientos se redujo en 70 % y el número de pozos exploratorios que resultaron secos y tuvieron que taparse y abandonarse aumentó el 68,7 por ciento, al pasar su número de 16 a 27. Si bien es cierto que las reservas han aumentado en el último quinquenio, no es menos cierto que aún no alcanzan a ser el 1% de las que se contabilizan en Suramérica. Cusiana, el último gran descubrimiento petrolero en Colombia, tuvo lugar hace 23 años, y en ese período no se ha hallado un yacimiento que pueda llamarse al menos mediano.

 

No es de extrañar, entonces, que de los 95 bloques de hidrocarburos subastados por el Estado colombiano, a fines de julio de este año, se hayan recibido ofertas tan sólo para 27. Del total de los subastados, 19 eran ofrecidos para explotación no convencional, de los que tan sólo uno recibió ofertas. Lo que podría calificarse como de relativamente buena noticia, en la medida que parece que nuestras reservas de esquistos no son abundantes, y por tanto las consecuencias de su explotación van a ser menores, lo que no significa aceptar la técnica de la fractura hidráulica sin más, o descuidar los efectos que ésta tenga en las zonas donde se desarrollen los proyectos. Si países como Francia y Bulgaria la han prohibido totalmente, y otros como Alemania y Suiza han dilatado una aprobación que incluye fuertes restricciones es porque el asunto no es de dudas sobre si existen los impactos negativos, sino sobre su tamaño.

 

La ley 1715 de 2014, por medio de la cual se regula la integración de las energías renovables no convencionales al sistema energético nacional, en el artículo primero dice textualmente "La presente ley tiene por objeto promover el desarrollo y la utilización de las fuentes no convencionales de energía, principalmente aquellas de carácter renovable, [...]", donde la expresión "principalmente" abre la puerta a que se puedan también promover fuentes no convencionales de energía no renovables, es decir, energías como los gases y petróleos de esquisto, que habían sido materia de discusión y de objeción.

 

Que esta ley, y la reglamentación para la exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales haya tenido lugar entre finales de 2013 y principios de 2014, es señal que en un nuevo acto de lambonería internacional, el gobierno colombiano se ha querido mostrar nuevamente solícito con las multinacionales y con gobiernos como el de Estados Unidos, en un momento en el que la resistencia a la fractura hidráulica se hace fuerte en el mundo y la gente, mejor informada, rechaza que le den una vuelta más al nudo que aprieta su garganta.

 

Exigir que se reconozca la existencia del "pico del petróleo", tal y como se ha terminado aceptando de forma oficial el calentamiento global, es un primer paso que permite denunciar el derroche energético en los llamados países desarrollados. Igualmente, eso debe llevar a la aceptación que el "mercado" es totalmente inoperante en la asignación de este tipo de recursos, y que la lógica de la "eficiencia" económica es contraproducente en la producción y distribución de los bienes fundamentales para la vida humana.

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