Miércoles, 24 Septiembre 2014 10:49

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

Escrito por LUISA ESPINA, FARMACRONOPIO
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¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar de veinte años, maestro de escuela, lector furibundo del vanguardismo francés que lo cambió todo hace un siglo? Si vivieras no podrías parar de reír, socarrón, ante los homenajes de las adolescentes cautivadas por tus frases amorosas en internet, ante los académicos solemnes quienes de España a México, de Colombia hasta Argentina te celebran leyendo discursos hechos con piedras.

¿Cómo te va, Julio de cincuenta años, compañero, camarada que escribiera el panfleto más lúdico, más literario en lengua española, Fantomas contra los vampiros multinacionales, así como una novela política sin ninguna clase de pudor, Libro de Manuel? Hoy la gente de izquierdas se toma muy en serio, nunca sonríe y quizás desea parecerse a sus contrincantes, la gente de derechas –interesada en instrumentalizarte, en volverte un escritor inofensivo, simpático-.

Arriba hay personas y la internet y la tv, con sus lecturas pausadas, escasas, de Rayuela y de algunos cuentos tuyos que no terminan de entender. Hoy debemos entenderlo todo, Julio, para sacarle jugo a las cosas. Nada goza del privilegio de la inutilidad. Si en La vuelta al día en ochenta mundos aparece la famosa máquina que escribe literatura, ella sola, algún industrial reclamará su patente y conseguirá venderla bajo lemas relacionados con ahorrar tiempo. Los profesores, psicólogos y publicistas intentan sacarle enseñanzas a tus relatos. El Manual de instrucciones perteneciente a Historias de Cronopios y de Famas es una manifestación del estrés y la desesperación colectiva en la cual nos hundimos, dicen. Ómnibus, Los buenos servicios, son reportajes disfrazados de cuentos y sirven a la hora de entender el caos dentro de la contemporaneidad, continúan. Concluyen: Pameos y Meopas –tus poemas que pueden leerse de arriba a abajo y de abajo a arriba– lucen perfectos si quiere hacerse un performance con ellos.

Hay Cortázar para enamorar, levantar discursos políticos o entretenerse un rato antes de volver a las oficinas, al trabajo de ocho horas y a la supervivencia. Asimismo hay Cortázar para programas musicales –el jazz de Ornette Coleman por un lado, los tangos por otro. Pero de prisa. Antes de saltar a otra emoción, otra imagen audiovisual que encabrite nuestra atención.


Abajo hay la internet, la tv y las personas. Algunas ignoran que redactaste un proyecto ambicioso, quizás angustioso, de libro misceláneo –mezcla de géneros, del ensayo al cuento, de la novela al teatro–, 62/modelo para armar, donde puede verse tu rostro real, el de un intelectual voraz que había leído todos los libros, observado todo el cine, oído todas las músicas, con el único pretexto de jugar. Y jugar en serio, como Calac y Polanco, personajes de ese libro, con una convicción digna del guerrero o del místico. Si la realidad es lo táctil, lo inmediato, nos recordaste el otro lado, los otros lados: tu gato tenía trato con fantasmas, un hombre es asesinado por su propio pulóver, un tigre ronda las habitaciones de cierta casa familiar, a una orquesta se la come viva su público. ¿Para qué sirve eso? Para nada, esencialmente. Y para todo, si nos tomamos el tiempo necesario con intención de asimilarlo.

 

Explorador y coleccionista. Eso fuiste. Eso eres.

 

Han pasado cien años desde tu nacimiento. Le importas a muchos debido al pretexto más simple: diviertes con tus textos breves. Sin embargo, no olvidamos lo poco citado, lo desapercibido. Al brindarnos mundos que niegan o colman de plenitud a este nuestro mundo tan plano y uniforme, nos diste credenciales, documentos y sobre todo licencia para crear y habitar los propios rincones bajo otras perspectivas, similares a las del juego de estatuas en la línea férrea de Final del juego, a las del infinito trancón o atasco automovilístico de Autopista al sur.

Entre tanta floritura por tu aniversario, tanto sentimentalismo y cursilería, solo esperamos que la policía no te haya atrapado mientras leías los poemas de Pedro Salinas en la noche de un parque.

Le decías "Bicho" a Alejandra Pizarnik. Una evocación lejana de aquel insecto que tú mismo eras en Divertimento. Palabra cálida, sobrenombre humorístico y tierno que aproxima y hermana. Cuando escribías, las inmensas distancias entre lector y autor empezaban a diluirse. Apelamos a tus propias palabras: Este último texto [...] no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando allí, cerca, esperando, ayudando a la esperanza, con todo lo que se tiene. Hoy te decimos "Bicho".

Tú que invocaste al poeta francés Robert Desnos, muerto en el campo de concentración Terezín, y al poeta guerrillero Javier Héraud, asesinado en combate.

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la tv, abajo hay la tv y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Édith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

("Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana...")

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ése que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

("Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron, para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente...lo llevaré, toda la guerra...")

¿Cómo te va hoy, Julio Cortázar?

Información adicional

  • Autor:LUISA ESPINA, FARMACRONOPIO
  • Edición:Nº 206
  • Sección:Literatura
  • Fecha:Septiembre 20 - octubre 20 de 2014
Visto 2463 vecesModificado por última vez en Miércoles, 24 Septiembre 2014 15:19

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