Miércoles, 24 Septiembre 2014 16:23

Del presente y futuro de la CUT

Escrito por Equipo desdeabajo
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"Hace 28 años la clase obrera unida, la que trabaja, la que produce y la que crea logró la más valiosa conquista: la creación de la CUT", afirma el video de invitación al VI Congreso de la Central Unitaria de Trabajadores, citado para su realización en Santa Marta entre el 24-26 de septiembre.

Casi tres décadas después de esta importante conquista para la clase obrera y los movimientos sociales en general languidece ante la realidad de la transformación del mundo del trabajo. Además, de la metamorfosis política y económica del país, al tiempo que su debilidad ante la progresiva degradación del debate interno de la Central.

Las cifras reafirman esta realidad: 531.000 afiliados a finales de 2013 contrastan con los iniciales millón cincuenta mil de 1986. La CUT, junto con el resto de centrales y sindicatos independientes solo logra agrupar al 4.7 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) del país. Si se quiere contrastar aún más, habría que decir que los desempleados reconocidos por las cifras oficiales casi triplican a los trabajadores sindicalizados; y los trabajadores informales, los que padecen el rebusque, alcanzan a ser casi 13 veces más que los agrupados en las organizaciones sindicales.

Las conquistas de la clase trabajadora han sido menguadas y en no pocos casos congeladas por la sistemática violencia estatal, paramilitar y empresarial. Sin embargo, este solo factor no explica la crisis del sindicalismo colombiano. El nacimiento en 1986 de la CUT fue el parte aguas renovador del llamado sindicalismo democrático de masas, todo un concepto con el cual las izquierdas categorizan la unión de organizaciones de trabajadores socialistas, comunistas, social demócratas y liberales de izquierda y, al mismo tiempo, desde este instante los acuerdos de unidad del sindicalismo se hicieron tras las bambalinas de los ejecutivos y dirigentes nacionales de la central, repitiendo el repertorio que desde siempre ha caracterizado a las cuestionadas Central General del Trabajo y Central de Trabajadores de Colombia.

De esta manera, y a pesar de las aspiraciones,en las casi tres décadas trascurridas de existencia de la CUT hasta ahora no fue posible resolver retos como la democratización sindical, la territorialización, el diálogo con la clase trabajadora no organizada, la vinculación con la población no organizada del país, la extensión de una política activa ante los trabajadores ilustrados (el proletariado contemporáneo) y de servicios e, incluso, a pesar de haber poseído un proyecto alternativo de plan nacional de desarrollo en la década de los noventa, no llegó a realizarse una discusión profunda en torno a temas sustanciales, entre estos: cómo reaccionar frente a la crisis económica y cómo reorganizar la producción en torno a los intereses de los trabajadores y las trabajadoras. Estos cuellos de botella están trasformados hoy en irresolubles características de la mentalidad y de la subjetividad del sindicalismo en nuestro país; sus consecuencias no son pocas:

Primero, el sindicalismo colombiano anda un paso atrás del neoliberalismo, y así ha definido sus planes de lucha. Sin desmeritar que la resistencia al sindicalicidio ha sido ya en sí mismo un valiente y gran acto, es decir existir ya es un enorme logro, cabe resaltar que la CUT –y el sindicalismo en general–hasta ahora no ha realizado un balance pormenorizado que le permita adentrarse en las perspectivas del régimen productivo, económico y politico de forma tal que pueda caracterizar sus variables fundamentales, para de esta manera determinar el qué hacer más allá de las simples reacciones o del crecimiento o conservación vegetativo. No de otra manera puede la CUT proponerse en algún la iniciativa de emplazar al empresariado, y al poder en su conjunto.

Las consecuencias de esto también se revelan, no sólo en la incomprensión del presente, sino también en la incapacidad para proyectarse, lo que la ha llevado a privilegiar una vía para la confrontación, en lo fundamental, institucional. Su expresión máxima es el lobby parlamentario, y la misma 'negociación' anual del salario mínimo, breve instante durante el cual esta y las otras centrales figuran ante todo el país.

Segundo, la CUT –y el sindicalismo restante– no ha(n) afrontado los cambios organizativos que conlleva enfrentarse al neoliberalismo. Es decir, no han ocurrido los cambios estatutarios y por la base que brinden la posibilidad de que las organizaciones sindicales sean instrumentos de lucha más allá de sus afiliados, lo que ha contribuido para languidecer la vitalidad de las organizaciones de los laboriosos del país. El accionar insuficiente de la estructura frente a la tercerización, los trabajadores/as juveniles, la flexibilización, la informalidad, es decir, la débil presencia y la débil cotidianidad frente a las transformaciones del mundo de la producción,determinaron una visión en la que el sujeto de las centrales obreras –y los sindicatos en general– son sus mismos afiliados y no todo aquel que convive en el mundo del trabajo.

El sindicalismo no logró hasta ahora imponer su propia agenda al establecimiento, lo que la limita en su interlocución social. Producto de la violencia estatal y paramilitar decenas de sus vasos comunicantes con el país de abajo fueron rotos; pese a ello, y a su raquitismo social, continúa figurando como uno de los sectores con mayor organización en Colombia. Sin embargo, también el propio sindicalismo, producto de su condición defensiva, se ha limitado, y en no pocos casos aislado, en su relacionarse con los territorios en donde sus afiliados hacen presencia, extensión y territorialización que sin duda alguna lo llevarían a potenciar su referente social, y con ello a transformarse radicalmente.

La CUT, y el sindicalismo en general, se restringen cada día más al circulo de los trabajadores estatales, en lo fundamental el magisterio. La composición de los ejecutivos nacionales, así como la incidencia real del sindicalismo denota estancamiento: se han convertido en organismos de trabajadores con convenciones colectivas que no atienden a las nuevas generaciones,ni a las expectativas de los trabajadores de las grandes empresas privadas donde las convenciones colectivas son vapuleadas cada día con pactos colectivos, contratos basura y la estabilidad laboral es un mito, decantándose en la relación patrón-obrero lo peor del régimen laboral colombiano.

La CUT no se agrupa ni daa conocer con las experiencias más relevantes de la transformación del sindicalismo a nivel latinoamericano y mundial. Contrario a ello, el debate interno entre los sectores que están representados en el ejecutivo queda reducido al interrogante ¿continuar, si o no, la afiliación a la Central Sindical Internacional (CSI)?, la misma que hasta hace poco fue dirigida por el laborista ingles Guy Ryder, actual presidente de la OIT.

Con esta práctica y privilegios, dejan de examinarse y discutirse –como experiencias y referentes– prácticas como las del sindicalismo de base argentino, que renace en la lucha con los tercerizados y la recuperación de fábricas, además de increpar a las burocracias sindicales de las centrales gobiernistas de su país; o la falta de acercamiento a las corrientes por la reconstrucción sindical brasilera que en sectores como el deltransporte público en sus principales ciudades aportan a la reconstrucción de las relacionescon los usuarios y el resto de la sociedad. Como vía expedita la CUT prefiere un escenario tímido en los lánguidos comunicados y actas de denuncia internacional, que es lo único que permite la tribuna de la CSI. Se deja de mirar hacia el continente y el mundo para luchar internacionalmente en una restringida perspectiva de articularse para la breve denuncia.

Un debate burocrático de corrientes que impide y es ficción de una democracia obrera profunda. El IV congreso de la CUT está diseñado para que los sindicatos grandes, con más de 500 afiliados, asistan al espacio, obviando a las organizaciones de trabajadores pequeñas que agrupan a parte de los trabajadores en industrias y ramas privadas con mayores dificultad para desatar la lucha. Adicionalmente se realiza en un ambiente donde la mayoría de los delegados fueron elegidos hace un año. Además, su actual junta directiva fue elegida antes de la realización del congreso, impidiendo que las tesis del mismo queden expresadas en la recomposición de los organismos de dirección nacional.

De esta manera, este congreso de la CUT termina siendo un escenario de disputa de las fuerzas expresadas como corrientes dentro del ejecutivo nacional (corriente democrática, corriente del Polo y corriente clasista) y no en un amplio evento democrático en donde las tesis fuesen elaboradas y discutidas por sitio de trabajo, por rama de la producción y por territorios, propiciando que la cita del 24 al 26 de septiembre no entusiasme a nadie más que a algunas juntas directivas, transformándose más bien en un insípido debate de tramite.

No es extraño, entonces, que por doquier se enuncie la imperiosa necesidad de reconstruir la CUT desde un propósito de reactivar las bases sindicales y reconstruir los vasos comunicantes con la sociedad, su interacción con la misma y, por su conducto, la conexión profundo con la centralidad del mundo del trabajo.

Desde luego, las banderas políticas por la democracia, soberanía y la paz –que hacen parte del lema de su VI congreso–, no deben ser abandonadas, pero ellas pueden ser significadas a través del fortalecimiento de la incidencia en una clase trabajadora cada día más extensa que afronta la precaria situación de la tercerización, la informalidad, la reclusión en las economías de servicios, la reprimarizacion y la desindustrialización. Dicho de otra manera, es el momento en el cual es necesario pensar el renacimiento del sujeto colectivo que significan los trabajadores/as y, porque no, entusiasmarnos en pensar que podemos resurgir para superar al poder.

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