Lunes, 23 Febrero 2015 14:11

La Guajira en permanente alerta roja

Escrito por Daiana González Navas
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Fabio Mejía BoteroFabio Mejía Botero

Año tras año el departamento de la Guajira es nombrado en titulares de prensa que develan sus precariedades en materia de desnutrición, mortalidad infantil, sequía, corrupción y analfabetismo. El tiempo pasa y la crisis permanece latente ¿cuándo llegará un buen tiempo para la Guajira?

El pasado siete de enero, la Secretaría de Salud del departamento de La Guajira declaró alerta roja hospitalaria debido al aumento desmedido de casos de desnutrición infantil y el virus tropical chikunguña. Esta no es la primera vez que las autoridades de este departamento determinan la medida, pues la sequía y la falta de suministro de agua potable, que agrava la problemática, es un lugar común en la vida de los guajiros.

Para 2007 las entidades gubernamentales se fijaron como Meta del Milenio reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecían de acceso al agua potable. Hoy, ocho años después de ser fijada la meta, la cobertura del acueducto alcanza a un 50,2 por ciento en el departamento, un poco menos de su mitad del territorio. Mientras, el número de títulos mineros aumentaron exponencialmente en los últimos años, lo que agrava la escasez del líquido vital.

Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), 17 millones de litros de agua gasta al día la mina de carbón del Cerrejón, mientras una persona en la Guajira tiene acceso a 0.7 litros de agua al día. Lo que para Danilo Urrea, miembro de la organización Censat Agua Viva es preocupante, pues "según el Derecho Humano al Agua de la Onu, la cantidad mínima del precioso líquido a la que una persona debe acceder al día es de 50 litros".

De mal a peor. Más de 45 niños de las comunidades Wayuu murieron en el 2014 a causa de desnutrición y paralelo a esto más de 6.039 personas padecen de chikunguña. Los hospitales ya no dan abasto y al parecer la alerta roja declarada el siete de enero por la Secretaría de Salud no logró la ayuda suficiente.

Las advertencias no han faltado. Desde el año 2012 la Dirección de Planeación del departamento realizó un informe en el que evidencia que La Guajira es uno de los departamentos con más alta tasa de morbi-mortalidad por desnutrición en el país; teniendo en cuenta que la población infantil de nueve de los quince municipios del departamento se encuentran en peligro de desnutrición y cuatro en alerta roja.

Esta misma indagación arroja cifras oficiales sobre morbilidad entre los años 2008 y 2013, registrando la existencia recurrente de desnutrición en los niños de la región, incluso a pesar de las evidentes inconsistencias en el registro de los casos. "En el año 2008 se presentaron seis casos; en el 2009 trescientos veinte; en el 2010 ciento cincuenta y tres; en el 2011 ciento sesenta, en el 2012 un caso; y en lo corrido del año 2013, fueron reportados oficialmente sesenta y seis casos, dejando claro que tenemos plena conciencia de que muchos casos quedaron por fuera de los registros oficiales", confirma la Dirección de Planeación.

Por otro lado, esta oficina identificó que las poblaciones más afectadas por el flagelo de la desnutrición son los grupos indígenas Wayuu, Arahuacos, Wiwas y otros sectores pertenecientes a los estratos más vulnerables, localizados en la zona rural y lugares de difícil acceso, con vías de comunicación en mal estado, sin servicio de energía ni agua potable.

 

Minería agrava la situación de desabastecimiento

 

La falta de agua potable ha sido el calvario que por décadas ha tenido que vivir la población. "Al menos 33 familias tienen como única fuente de abastecimiento de agua un pozo artesanal de gran profundidad, que generalmente permanece vacío debido a que se trata de fuentes naturales que, por la sequía en dichas zonas, no logra alimentarse suficientemente", dijo el defensor del pueblo Jorge Otálora, luego de visitar la zona a finales de diciembre del 2014.

La sequía y la condición desértica y semidesértica que tienen las zonas de la media y alta Guajira favorecen la insuficiencia del recurso hídrico. Desde hace varios siglos las comunidades indígenas de la Alta Guajira han tratado de aliviar la escases del agua en su territorio ancestral a través de casimbas o jagüeyes, donde almacenan el líquido dado por el padre Juyaa (lluvia), sin obtener grandes resultados, pues la invasión de empresas dedicadas a la explotación de carbón empeoran la situación.

"La actividad minera ha conllevado la desaparición de más de 8 cuerpos de agua, entre cañadas y arroyos. En la zona de la cuenca del rio Ranchería para el 2010 existían oficialmente 15 títulos mineros otorgados con una extensión de 72.852,5 hectáreas y en solicitudes existen 275 títulos mineros con una extensión de 653.959,5 hectáreas", afirma Horacio Duque en su artículo "El clamor de la Guajira y la nación Wayuu", realizado para el periódico desdeabajo.

Lo preocupante es el hecho de que el proceso de transformación productiva en materia de minería, no ha estado acompañado de una transformación social de la población. Y así lo constata la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en un estudio realizado en 2010: "Al ser una economía basada en la minería, el desarrollo productivo, la dinámica de generación de ingresos y de empleo, dependen básicamente de este sector y la población no cuenta con los niveles de formación requeridas, ni las habilidades necesarias para desarrollar estas labores con los niveles de productividad que demandan dichos sectores, además que no son intensivos en mano de obra".

Transformación productiva que se traduce en poca oferta laboral y alternativas económicas insuficientes. Según los resultados del Censo 2005 de los departamentos de la Región Caribe, La Guajira registró un 37.4 por ciento de población con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) y un 48.3 por ciento en el 2009 para el mismo indicador. Un índice inferior en las cabeceras (40.4 por ciento) y muy superior en el resto (91.9 por ciento).

 

Pobladores buscan soluciones definitivas

 

El 11 de agosto del 2014, ganaderos, sindicatos, niños, jóvenes y ancianos guajiros salieron a las calles a protestar 'Por la dignidad de La Guajira', a falta de soluciones estructurales por parte del Gobierno. Producto de esa marcha, según cuenta Igor Díaz, miembro de la Junta Directiva de Sintracarbón, fueron establecidas unas mesas de trabajo con el Gobierno central y departamental para resolver los temas más delicados de la región.

"Se empezaron a aplicar sistemas de captación de agua y de suministro de agua potable para comunidades que en toda la historia de la Guajira nunca habían podido tener a la mano un servicio de agua potable, sino lo que se suministraba por carrotanques o tenía que llevarlo a Maicao o a Rioacha para llevarlo a las rancherías", comentó Díaz.

Aún no hay solución para todos. Samuel Arregocés, habitante del municipio de Hato Nuevo, que se encuentra al lado del complejo carbonífero del Cerrejón, todavía padece la precariedad del vital líquido. Su opinión permite comprender las dificultades en que viven: "En la Guajira no hay agua potable y la poca que hay se agota. Estamos recibiendo el servicio de agua cada diez u ocho días en el municipio, no es suficiente. Tememos que esta sequía vaya a ser más fuerte que la pasada, porque eso va a permitir que el chikunguña se prolongue y que el problema de salud y desnutrición en la Guajira sea más fuerte".

La Guajira pide, en forma de alerta roja y protestas sociales, una solución estructural que frene las muertes que crecen anualmente por desnutrición. Una respuesta que arme el tejido social que desde los años 70 empezó a ser destruido por la visión desarrollista y extractivista impuesta en el país ¿Cuándo será un buen tiempo para la Guajira?

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