Viernes, 22 Mayo 2015 14:43

La Orinoquía, una frontera en venta

Escrito por Carlos Romero*
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La Orinoquía, una frontera en venta

En las últimas décadas la Orinoquía colombiana quedó abierta a la oferta, como la alternativa agroindustrial y minero-energética, en la cual muchos capitales apuestan a robustecer su figura empresarial, con bastas inversiones agro-energéticas. Por su parte, el campesinado, uno de los sectores más afectados del territorio, sigue resistiendo ante la aplanadora industrial.

El cantar de las brisas del Llano siempre ha suscitado un delirante interés en aquellos aventureros, deseosos de inmensidad y de fortuna. Cierta magia verde parece embriagar a aquellos forasteros que se atreven a dominar el destino de la Orinoquía. La inmensidad del Llano ha creado el imaginario de crecimiento ilimitado –que no entiende lo sutil y lo finito-.

El sueño de esta vorágine ha inspirado, hace siglos, la fascinación de propios y extraños, que intrigados por las extensas y abiertas planicies demarcadas por los Andes, la Amazonía y el gran rio Orinoco, se han dado a la empresa de invadir esta frágil inocencia. La belleza de esta Carmentea está adornado con biodiversidad y bañada en oro negro, que sin duda alguna le reseca la piel y le resquebraja su cultura autóctona.

 

Una venta en bloques petroleros

 

Finalizando la década del cincuenta la sabuesa nariz de las petroleras alertaban sus sentidos hacia este exótico mundo, pero fue el célebre cajón Araucano quien vio por primera vez el despampanante despliegue multinacional; quien como una especie de mesías profetizó el futuro cercano de la región.

A comienzos de los 80's Caño Limón empezó a extenderse linealmente hasta llegar a la costera Coveñas. Una mezcla rara de realismo mágico alimentaba el imaginario regional, que soñaba con la gran bonanza de los 1,2 billones de barriles, que iban a llevar a Colombia de Caño Limón-Coveñas al selecto mundo de los países exportadores de petróleo. Esta delirante fantasía fue desplazándose hacia el sur en los 90's con Cusiana y Cupiagua, en Casanare, y hoy llega hasta Rubiales, en el Meta.

El millón de barriles diarios se convirtió en una especie de fiebre que hace delirar a más de uno, que jactanciosamente alardea de Colombia "como la nación número 25 en el ranking petrolero"1. Las cuentas, muestras que casi 750.000 barriles diarios son succionados de la Orinoquía y ofrendados al "dios mercado", coincidiendo paradójicamente con la cantidad de barriles exportados por Colombia al mercado mundial. La gran pregunta más allá del frenesí extractivo es, a estos niveles, cuánto tiempo durarán las reservas. No demoran en aparecer las especulativas cifras, que según "el director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, basado en el estudio de Arturh D. Little, en las próximas dos décadas el país podría incorporar 9.000 millones de barriles de crudo a sus reservas", esto contando con la suerte de encontrar otro Caño Limón, otro Cusiana o un Rubiales; y sin contar dentro del juego de los hidrocarburos a los no convencionales que han hecho aumentar la producción de Estados Unidos, uno de los jugadores fuertes.

De aquí la ansiosa preocupación que tiene el gobierno de poder explorar vastas zonas del territorio que le permitan oxigenar la asfixiante insuficiencia petro-energética. Las rondas petroleras no han logrado capitalizar lo suficiente para desarrollar la actividad misional de Ecopetrol. Las casi 4 millones de hectáreas designadas en bloques exploratorios y de producción en la Orinoquía no han sido tan atractivas como se esperaban y las tierras que otrora fueron expropiadas –no en los mejores términos– han quedado a la espera de que algún príncipe Multinacional venga a conquistar sus atributos, aumentando la inconclusa expectativa frente al uso y tenencia de la tierra.

 

Una venta para la agroindustria

 

La inocencia de esta frontera no sólo fue explorada y explotada en las entrañas de su subsuelo, sino que también fue expropiada violentamente en superficie, que ahora ponen en venta, y no exclusivamente para la actividad petrolera. Nuevos llaneros2 empiezan a cabalgar estas verdes sabanas.

Es así como a comienzos de siglo ya se ventilaba el futuro del negocio de tierras en la región, bajo los serviles oficios gubernamentales; que promocionaba "seis millones de hectáreas en la Orinoquía, en sabanas, conquistadas para biocombustibles, sin destruir un solo árbol de nuestra selva; tierras a 100 mil pesos la hectárea, agua ilimitada, planes para construir carreteras y ayudas generosas del Gobierno"3; esa fue la tentadora oferta que el ex presidente Álvaro Uribe hizo a su homólogo George W. Bush en la visita de este último a Colombia, promoción, que según cálculos de Corpororinoquía, se tradujo en que "en menos de un año, unas 250 mil hectáreas de tierra cambiarán de manos"4. Al tiempo que brotaba petróleo de sus entrañas y con ello una especie de orgasmo colectivo despilfarrador y corrupto, que se alimentaba de regalías e ilusiones exploratorias; que desde el gobierno de Gaviria y su apertura neoliberal veía en estas tierras un subsuelo petrolero que vendían al mundo trasnacional.

La euforia monopólica se desbocó y pronto rayó en el escándalo cuando "las irregularidades en la adjudicación por parte del Incoder de 16.330 hectáreas de tierras baldías del Vichada a parientes y ex funcionarios cercanos al senador Habib Merheg"5 se dieron a conocer, y junto a ello el agitado caso Carimagua que licuó las expectativas políticas del no muy bien ponderado ex Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias. El frenesí fue acompañado por el estridente sonido de la guerra en la que "Pedro Oliverio Guerrero, alias 'Cuchillo', y Daniel Barrera, alias 'El Loco' Barrera, libran una lucha por el poder en la región contra el zar de las esmeraldas Víctor Carranza"6. El mítico millón de hectáreas poseídas por este último fue el clímax de la euforia guerrerista que acompañó esta insaciable sed de tierra que marcó esta primera década del siglo XXI.

Terminada esta etapa de miedo y horror se da paso a otra escena de la misma película, la "prosperidad democrática", que da continuación a esta obra de despojo e indignación. Después de acumuladas las hectáreas sólo queda lotear y vender, en un ambiente de especulación sobre el inimaginable, nunca antes visto, polo de desarrollo que será la "Orinoquía". Se anuncia a Colombia y al mundo con bombos y platillos que "el modelo de desarrollo de la última frontera colombiana está en construcción y su necesario debate le abrirá la puerta a la llegada de empresas nacionales y extranjeras para que puedan hacer de Colombia una verdadera potencia alimentaria tal como lo son Argentina, Brasil y Australia"7.

Es claro que este discurso empieza a mover el mercado de tierras y algunas fantasías de los soñadores que movidos por esta retórica añoran que todo el mundo se ilusione con la idea de replicar allí el "exitoso" modelo del cerrado brasileño8. Sin embargo, no todo es color de rosa. "El mercado de tierras en la región se enloqueció. Terrenos que costaban entre 100 y 500 mil pesos por hectárea hace 10 años hoy se consiguen por 15 millones. La idea general de prosperidad caló hondo"9. El olvido estatal que nunca ha sido reconocido y que se ha tratado de ocultar bajo las nubes de esta prosperidad orinoquense les ha planteado el reto de desatrazarse de obligaciones incumplidas y que se convierten en la urgencia para abonarle el camino a las inversiones agroindustriales; y en ese sentido comentaba el presidente Santos que "si queremos convertir esta zona en un polo de desarrollo debemos pensar en una infraestructura vial y de navegabilidad moderna que nos permita abrirle paso al desarrollo de los llanos y comunicar al país con Venezuela"10. Eso sin contar con unas incomodidades jurídicas que limitan el grado de la tenencia de la tierra. Preocupa al monopolio "la regulación de las Unidades Agrícolas Familiares, pues espanta a los inversionistas que requieren grandes extensiones para tener economías de escala"11.

 

Por una Orinoquía étnica, campesina y popular

 

La historia impuesta desde la colonia habla del despojo de tierras y el desplazamiento de las comunidades que habitan en esta América étnica, campesina y popular. Desde la ley de resguardos que confinaban a comunidades indígenas a ocupar los territorios que no eran de interés para la corona, y a ver sus territorios ocupados por desconocidos que no entendían la lógica de la pacha mama. Historia que aún se repite, y prueba de ello es que después de años de olvido la Orinoquía hoy está en el centro del debate del mercado de tierras y de toda la apuesta de la locomotora agrícola, expropiando a los llaneros12 en el gobierno de Uribe bajo la maquinita paramilitar del despojo, para hoy mercadear el botín en la subasta de la prosperidad democrática.

La Orinoquía del lienzo blanco, tal como se la han pensado, es una frenética subasta de tierras al por mayor y de tal, donde los campesinos despojados y sin tierra se convierten en convidados de piedra, que hacen las veces de mudos frente al grave problema de concentración de tierras; y sus intereses sucumben ante el apetito agroindustrial y minero-energético, quienes recorren estas planicies acaparando sus inmensas lejanías.

El modelo extractivista-agroindustrial lo han vendido como desarrollo. No se valora la pertinencia de lo producido y para quien se produce, bussines are bussines my little friend. La captura de capitales y la exportación de productos primarios que requiere la gran industria de escala de las metropolis, son el único juicio de razón, a priori y a posteriori. Nada entienden de las cifras de niños muertos por desnutrición crónica. Cuando mucho, la lógica y el estado mental del status quo, ve una simple cifra más o una noble causa de aquellos "utópicos" de Green Peace, que merece darle un like.

En todo caso aún resisten las esperanzas de muchos campesinos que desde las planicies y el piedemonte soportan el embate de la aplanadora agroindustrial. Altivos campesinos que a través de proyectos productivos a pequeña y mediana escala sostienen –verdaderamente- el aparato agroalimentario de las ciudades.

Hoy como siempre, la mirada democrática-popular continúa siendo la defensa de los territorios de la agresiva avalancha extractivista. Comenzando a delimitarse sobre los bordes de los territorios agroalimentarios, con el firme propósito de hacer del campo una apuesta productiva para millones de campesinos, quienes dignifican sus vidas con el trabajo agropecuario. Unos territorios agroalimentarios que apunten a la búsqueda de superar la viejas relaciones de producción y consumo, enalteciendo las relaciones humanas a través de la cooperación entre iguales; una apuesta que lleve a superar las desigualdades en la distribución y acceso a la tierra y el respeto por los ecosistemas estratégicos.

 


* Movimiento social de Casanare
1 Manuel Maiguashka, 2011. Colombia y el Millón de barriles. Tierra a la Vista. Revista Semana.
2 Suma de terratenientes tradicionales que se han incorporado al mercado, los neoterratenientes resultado de actividades como Narcotráfico, acaparamiento de tierras, agroindustria, CFNs y CFTs.
3 Juanita León, 2009. Orinoquía: una colonización a punta de Agro Ingreso Seguro. La Silla Vacía.
4 Ibíd.
5 Elbert Gutiérrez Roa, 2009. S.O.S por la Orinoquía. El Espectador.
6 Ibíd.
7 Fernando Quijano Velasco. Director General del Diario del Diario "La República".
8 Gloria Valencia. Editora Económica de la Revista Semana.
9 Ibíd.
10 Juan Manuel Santos. Presidente de la República de Colombia. IV Foro de la Altillanura.
11 Clara Leticia Serrano. Asociación Empresarial para el Desarrollo de la Orinoquía.
12 Indígenas, campesinos, pequeños propietarios, artesanos.

Información adicional

  • Autor:Carlos Romero*
  • Edición:213
  • Sección:Región
  • Fecha:Mayo 20 - Junio 20 de 2015
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