Viernes, 23 Octubre 2015 16:39

Arguedas: entre el pasado y el presente

Escrito por PEDRO MIGUEL TAPIA
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Arguedas: entre el pasado y el presente

José María Arguedas nació el 18 de enero de 1911, en Andahuaylas, ciudad del departamento de Apurímac, en la sierra andina del Perú, y murió en Lima el 28 de noviembre de 1969, después de dispararse un tiro de pistola en la cien, se dice que frente a un espejo para no errar el tiro. En realidad murió el 2 de diciembre después de cuatro días de agonía en estado de coma en el Hospital de El Empleado. Desde ese infausto momento han trascurrido 45 años. El escritor atormentado, que no logró acomodarse a los cambios económicos y sociales que estaban en curso en su país, en especial en la sierra andina, fue quien inauguró la literatura neo-indigenista en América Latina.

Su vida estuvo marcada por un oscilar de vacilaciones entre la tranquilidad y el trauma, y según el mismo escribió "fueron veintiséis años una neurosis aguda", traumas y neurosis por conflictos personales que lo marcaron desde niño, y por los problemas sociales del Perú, principalmente en relación con el mundo indígena andino que también lo marcaron de por vida.

Esto no fue casual: su padre era un abogado de clase media, y como su madre, blancos hispanohablantes, así fueran de la sierra, del Cuzco; de ellos heredó los ojos claros y la tés blanca, condición biotipica que sería años después casi una desgracia para su vida, pues conoció en "carne propia" el significado del racismo, pues como él mismo escribió era "un indio entre los blancos y un blanco entre los indios" Por andar viajando, buscando trabajo, su padre dejó al niño de seis años con su madrastra, quien lo odió y lo obligó a vivir, comer y trabajar como un indio sirviente.

Fue allí, sometido a tal tratamiento, donde conoció el mundo indígena andino, sus costumbres, cultura e idioma, el quechua, y también donde sus traumas emocionales y sexuales lo iniciaron en la vida por cuenta de su hermanastro, el cruel gamonal del pueblo, como Don Guadalupe en el cuento, "Amor mundo" donde el gamonal obliga a un niño a observar cómo violenta a las señoras del pueblo. Por eso el escritor nunca supo acomodarse en la sociedad.

Después se voló con su hermano, para acompañar a su papá en las correrías por los pueblos de la sierra, lo que le permitió conocer más ese mundo andino de la sierra peruana, hasta que llegó a Lima a estudiar el fin de la secundaria y la universidad.

Arguedas no solo describió a la sierra peruana sino que (como lo expuso Vargas Llosa), se "inventó su sierra peruana". Y debió ser así para que resultara una creación literaria muy contraria a una exposición objetiva de la realidad del indio que la habita.

Sabiendo que el indigenismo tuvo sus primeros mentores a finales del siglo XIX, con "Aves sin nido" de Clorinda Mato de Turner quien, influida por las ideas del naturalismo francés, denunció a los terratenientes feudales y la explotación y vejámenes sobre los indios de la sierra, no fue la única dentro de los intelectuales peruanos que hicieron tales denuncias y tal defensa del indio.

 

1927 y el indigenismo

 

Es a partir de la Revolución Mexicana de 1910 que la corriente indigenista toma fuerza en sentido moderno, al volcarse al mundo campesino y en busca de lo pasado y lo presente del mundo indígena.

En 1927 se inició en Perú una polémica sobre lo indígena que marcaría profundamente a Arguedas, llevándolo a sus angustias, temores y ambigüedades sobre su concepción del mundo andino de la sierra peruana.


En ese año aparece el libro de Luis Valcárcel, Tempestad en los Andes, en donde el autor exalta al indio como la raza pura, suprema y futura, que un día despertará, para enfrentar y derrotar a sus "enemigos": los blancos y los mestizos. La servil sierra sobre la femenina costa, el Cuzco, futura capital incaica, sobre Lima, la extranjerizante y sensual. Exalta a los Ayllus como sociedades igualitarias, sanas, colectivas y en comunión con la naturaleza.

O sea, superioridad del inca sobre el europeo (hoy también se diría sobre el yanqui), de la sierra sobre la costa y del Cuzco sobre Lima. Valcárcel también llama en su libro a la rebelión contra la gramática española y declara la guerra a las letras opresoras: b, v, la d y la z.

"Afuera la c bastarda y la x exótica, y la g decadente y femenina, y la q, equivoca, ambigua. Vengan la k varonil y la w de las selvas germánicas y los desiertos egipcios y las llanuras tártaras. Usemos la j de los árabes análogos. Inscribamos Inka y no inca: la nueva grafía será el símbolo de la emancipación. Que la vieja academia de Madrid reconozca, vencida, la fuerza del andinismo filológico".

Luis Alberto Sánchez critico de Valcárcel defendió una posición que llamó "totalista", es decir una nacionalidad peruana compuesta de todas las razas que viven en Perú y revindica al degradado mestizo o cholo.

Por su parte José Uriel García público en 1930, El nuevo indio, donde expresa que considera que ya no es válido ni el resurgimiento de lo antiguo, ni de la sangre como motivo valido de diferenciación en el proceso de pensamiento, y por eso no consideró al indio una entidad étnica sino moral. En su libro García sostiene que no es acertado quedarse en el pasado añorando lo incaico porque ya pasó, ni quedarse rindiendo homenajes al hispanismo porque no es actual, defiende en cambio el mestizaje como algo inevitable luego de la conquista; entonces al contacto del español con los Andes lo transformó de la misma manera que al paisaje andino por los trasplantes europeos, no solo llegó la lengua española, la religión católica y las mitas sino también el caballo, el burro, la oveja, la cebada, y el trigo. ¿Acaso la religión católica en América no ha sido sincrética? Las lenguas originarias no poseían vocablos para expresar abstractas ideas teológicas y además en los andes peruanos la religión era de sabor pagano.

Por su parte, para Mariátegui el indigenismo es inseparable del socialismo y por lo tanto a cambio del capitalismo el colectivismo incaico. Para este autor marxista en el crisol de razas en Perú solo el indígena era esencia de la nacionalidad, en tanto una nación en formación donde también conviven cholos y criollos. Para este autor el problema indígena es un problema económico, o sea su derecho a la tierra. La lucha contra la feudalidad, el capitalismo y el imperialismo son la base que debe llevar a una sociedad que rescate lo que de socialismo existe en la comunidad y agricultura indígenas.

José María Arguedas se sumergió en ese debate y vaciló entre las posiciones expuestas. La integración del indio no es su occidentalización, sino un proceso donde sea posible la conservación de los rasgos característicos no del periodo incaico ya muy lejano, sino de la realidad hispano-quechua. Por ejemplo, las artesanías y otras expresiones populares como la música que penetró y desde esa época han tenido influencia en el mundo no-indio.

Por eso critica las posiciones de ciertos etnólogos que elogian lo pasado indígena idealizando, pero ni se inmutan ante la actual realidad del indio. La obra de Arguedas en una lucha entre esas posiciones, pero más claramente entre aceptar la modernidad o quedarse en el pasado de la comunidad andina sin ningún vínculo con formas sociales, económicas o culturales del exterior, ya fuera de Lima o de otros países. Vale la pena anotar que otro peruano, Ciro Alegría, en El mundo es ancho y ajeno, también escribió sobre los indígenas andinos, esta vez con una visión más amplia y mestiza de la realidad de su país.

 

Sus novelas

 

La publicación en 1935 de Agua, sus primeros cuentos, inició su carrera literaria. Pasaron, luego de esto, seis años durante los cuales logra mayor comprensión de la realidad que vive. En esos años realizó importantes trabajos etnológicos y folclóricos rescatando la música andina de la sierra peruana y traduciendo al español las letras de las mismas. En la cárcel de El Sexto entre 1936-1937 escribió "Canto kechwa", recopilación de canciones quechuas traducidas al español.

 

Yawar fiesta o fiesta de sangre

 

Esta, su primera novela data de 1941, y tiene como epicentro Puquio, población de la sierra sur del Perú. Allí narra la corrida de toros andina –o india, llamada turupukllay–, en el marco de unas fiestas llamadas yawar punchay. En sus páginas muestra el conflicto étnico y social que tiene lugar entre diferentes grupos, en medio de la corrida de toros sangrienta donde, entre cantos y música –los huainos–, se capotea el toro por cientos de indios quienes, usando la pólvora, buscan matar el toro quien a su vez mata a varios indios. Cuenta el autor, que una orden procedente de la Capital llama a suspender esas fiestas por "bárbaras" y para que los habitantes no se rebelen facilitan girar hacia una corrida de toros a lo español, "más suave"; los indios no hacen caso y deciden hacer su fiesta.

En síntesis, lo que dibuja el autor es la expresión de la lucha de lo costeño o limeño contra las costumbres ancestrales andinas quechuas. Yawar fiesta es considerada formalmente como la mejor novela de Arguedas.

 

Diamantes y pedernales

 

Escrita en 1954, casi nadie la tiene en cuenta, es la historia del arpista Mariano al servicio de un terrateniente quien mantiene relaciones con una mestiza y una costeña. Es la forma como Arguedas quiso mostrar las contradicciones en el mundo andino, y la importancia que le dio a las diferencias del mundo costeño o limeño. Este tema será recurrente en toda su producción literaria.

 

Ríos profundos

 

Después, en 1958, publica la que es considerada su obra maestra, Ríos profundos, o sea la profundidad de los ríos que nacen en los Andes, pero también significa que los valores ancestrales de la sierra andina son, según el autor, fuertes y profundos, en cuanto base de la nacionalidad peruana.

La historia sucede en la ciudad andina de Abancay, a donde llega un joven de 14 años; con los años y sus vínculos con las condiciones sociales andinas va madurando; a raíz de los levantamientos de las chicheras y de la llegada de los colonos por una epidemia de tifus, el personaje despierta a la conciencia emancipadora. La obra también muestra el leitmotiv de la producción de Arguedas: las contradicciones entre la sierra andina y la costa, la fortaleza de la cultura quechua en sus costumbres, el mito y sus crisis con la realidad social.

 

El Sexto

 

En 1961 publica esta novela, considerada su única narración "costeña", pues acontece en la cárcel del mismo nombre, ubicada en Lima, a donde llegó Arguedas por los sucesos acaecidos, a propósito de la visita de un delegado de Mussolini a Lima.


La novela, que muestra todo lo sórdido de este penal, también proyecta la lucha entre apristas y comunistas que se disputaban en ese entonces el escenario político revolucionario peruano, pero lo central es la historia de uno de esos activistas –que es una persona retraída y marginal– que tiene unas crisis de conciencia pues se debate entre defender las costumbres de la sierra andina o las costeñas de Lima.

 

Todas las sangres

 

Novela de 1964, fuertemente criticada en su tiempo y aún hoy, y cuyas polémicas le produjeron a Arguedas una profunda depresión, una de las razones que lo llevaron a quitarse la vida.

La novela es un intento de retratar el conjunto de la sociedad peruana, con su variedad étnica, cultural, social, regional y política, y que plantea que el Perú estaba en peligro por la penetración imperialista por parte de los consorcios mineros, el capitalismo y la modernización y modernidad que generaban transformaciones en la sociedad tanto en la sierra andina como en la costa, y la necesidad de la defensa del mundo andino y sus costumbres; la lucha entre la modernidad capitalista y la sociedad tradicional, y la necesidad de una salida de tipo nacionalista. La novela muestra al personaje defensor del capitalismo nacional (el propietario de la mina y del pueblo) derrotado por el capitalismo internacional del consorcio minero que arrasa con las costumbres andinas; el defensor del orden neo-feudal como la manera de resistir al extranjero y la posición que sería la de Arguedas representada en el indio a-culturado Rendón Willka quien defiende la necesidad de mantener las costumbres andinas quechuas, el colectivismo y una lenta y pausada modernización.

 

El zorro de arriba y el zorro de abajo

 

Esta fue la última novela-diario de Arguedas, publicada póstumamente en 1971. Es una mezcla de la novela con sus diarios, en la que cuenta sus tormentos, su insomnio, sus imposibilidades sexuales, su deseo de morir y la preparación del suicidio.

Acaso la desgarradura de su conciencia, por lograr entender este mundo, tendría también que ver con su final. Esto porque la novela cuenta el acelerado proceso de la industrialización capitalista de la ciudad puerto de Chimbote al norte del Perú, por la producción de harina de pescado. Una ciudad que en 1940 tenía 4.000 habitantes y que en 1966 contaba con 250.000, en su inmensa mayoría migrantes de la sierra andina norte, con 40 fábricas y 600 boliches y más de 24 barrios que hacinaban a ese mundo proletario proveniente de varias partes del país.

Arguedas se rebela contra ese mundo capitalista y proletario y se lamenta de la "asimilación" del poblador de las sierras andinas por las costumbres "costeñas", y lo nefasto de ese proceso migratorio: perdida de la identidad cultural del andino, su degeneración moral producto de los "vicios de la ciudad", los bares y los prostíbulos, pues en la sierra andina tales vicios citadinos no existían. La visión de Arguedas fue unilateral al pintar al Perú de 1960 como queriendo retrotraerse en el mundo andino quechua como la salvación de la "peste" de la industrialización y la modernidad.

Esta situación probablemente ayudó a su suicidio pues cayó en depresión al ver que el mundo que propuso en "Ríos profundos" y en "Todas las sangres" no era posible.

José María Arguedas luchó tremendamente por un mundo que en muchos aspectos se fue, buscó uno diferente y no quiso el que le tocó vivir, pues no encontró el mundo que soñó, sin embargo legó una obra que en varios aspectos anticipa elementos para la construcción de un mundo diferente en América Latina.

 

Referencias

Arguedas José María, Obras, 1997.
Sánchez Luis Alberto, Historia de la literatura peruana, Lima, 1975.
Vargas Llosa, J.M, La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, FCC, México, 1996.

Información adicional

  • Autor:PEDRO MIGUEL TAPIA
  • Edición:218
  • Sección:Memoria
  • Fecha:Octubre 18 - Noviembre 18 de 2015
Visto 2468 vecesModificado por última vez en Viernes, 23 Octubre 2015 18:45

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