Viernes, 23 Octubre 2015 17:47

Juntarse, ¡el gran milagro!

Escrito por Ancízar Cadavid Restrepo
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Juntarse, ¡el gran milagro!

A las puertas del III Encuentro Ecuménico nacional por la Paz, quiero retomar en forma breve y simple unos elementos aportados en el número 208 del periódico desdeabajo (noviembre–diciembre de 2014) bajo el título "Desde la fe cristiana, construir caminos para la paz en Colombia". Los retomo porque pueden sugerir pistas importantes para los debates y acuerdos de ese Encuentro que celebraremos entre los días 14-16 de noviembre en Bello (Ant.).

 

¿Puede luchar a solas el movimiento cristiano popular?

 

La Mesa Ecuménica Nacional por la Paz –MEP– tiene bien claro que la lucha por la paz no puede ser tarea aislada, a solas, de una facción de los movimientos democráticos o de un partido popular. Entiende, así mismo, que la paz es una construcción y no el resultado de un pacto sin la participación del pueblo y que será derivación de un ordenamiento social equitativo, democrático, plural, incluyente, sostenible, amigo de la integridad planetaria y justo. Esa lucha nadie podrá pretender darla a solas. Tampoco, y mucho menos, el movimiento cristiano popular. Hoy, como nunca antes, tienen que converger todos los movimientos populares y todas sus organizaciones políticas, en acuerdos estratégicos para la construcción de otra democracia y para la formación de las bases sociales con vocación de poder y con voluntad y capacidad de gobierno.

 

Cristianismo popular y coyuntura actual

 

En el momento que vive Colombia, cuando las mayorías se mueven ingenuamente en la identificación mediática entre "acuerdos de paz" y "finalización del conflicto", el cristianismo popular y todas las militancias populares tienen que actuar con claridad teórica y estratégica en que los llamados "acuerdos de paz" no van a producir paz social por sí mismos, puesto que las condiciones objetivas que han generado la guerra –la condición expresa del gobierno nacional al comenzar los diálogos de La Habana– ni han sido removidas, ni se vislumbra el inicio de su transformación ni sus causas pueden ser conversadas o negociadas.

 

Claridades esenciales de la MEP

 

La MEP llega al Encuentro de noviembre con unas claridades esenciales: 1. Su seguimiento del evangelio de Jesús de Nazaret la mueve a trabajar con inteligencia y eficacia por una paz social, estable y universal en Colombia; 2. esa paz debe entenderse como condiciones objetivas de bien vivir y bien convivir, y como condiciones de bienestar y no saqueo del mundo natural; 3. el trabajo por la paz se sustentará permanentemente en la construcción de memoria histórica de las y los empobrecidos y de sus hijas e hijos que han sido convertidos en víctimas y mártires; 4. una señal garante de paz será la solidaridad efectiva con las comunidades de creyentes e iglesias locales que sufren diversas formas de violencia y que buscan construir alternativas de vida en dignidad y en justicia; 5. la solidaridad cristiana favorable a la paz nos moverá al apoyo de todas las víctimas, aún no creyentes, del conflicto que el Estado colombiano y los aparatos de poder paraestatal montan contra sus organizaciones y sus reivindicaciones; 6. en la búsqueda de la paz acompañaremos las organizaciones populares, sus estrategias y sus acciones; 7. en la construcción de la paz tendremos como ejes temáticos la no violencia, los derechos humanos, la búsqueda de justicia, la incidencia, la reconciliación, el perdón, la recuperación y celebración de la memoria, el acompañamiento a las comunidades y las alianzas para la construcción de poder popular.

 

La MEP como fuerza convocante a la unidad

 

Las izquierdas de Colombia han actuado históricamente con una inusual capacidad para dejarse dividir, bien por dogmatismos de partido, bien por ambiciones electorales o bien por cooptación de la propia organización por parte del Estado. El cristianismo popular no ha estado libre de esas tentaciones históricas. En su caso, la división le ha venido por presiones y amenazas de las jerarquías de las iglesias, por tentaciones de comodidad o de poder, por apasionamientos fundamentalistas y rigorismos doctrinales, por acrítica devoción a las jerarquías o por el retorno a su histórica proclividad a las estrategias de las derechas en el poder.

Hoy la MEP se asume y tiene que asumirse a sí misma con espíritu vigilante y autocrítico para que los movimientos que en ella se dan cita no retornen a sus históricos sometimientos y para que sean capaces permanentes de lecturas políticas y críticas de su propias fe. Y tiene un desafío que le debería ser siempre connatural: actuar en todo tiempo y circunstancia como una fuerza convocante a la unidad de estrategia y acción de las organizaciones populares y políticas del pueblo. Y, naturalmente, declararse ella misma aliada convencida, permanente, crítica y vigilante de las estrategias populares de poder. Lo decíamos en el aludido artículo de noviembre pasado: "El lugar de juntura de los pobres es aquel en el que se posibilita la vida. Según el espíritu de la ecúmene, los pobres se juntan en el lugar donde se encuentre su interés común, es decir, en la construcción de un mundo donde quepan todas las formas de la vida, sin negaciones, sin inequidades, sin disputa ni expulsión de los territorios, con seguridad y soberanía alimentarias, con educación, vivienda, vestido, salud, participación, derecho a ser diversos y a no ser por ello eliminados".

El gran milagro de los nuevos tiempos será, indudablemente, por fin y para la gran causa de la libertad en democracia, el de poder juntarnos. Es posible que muchas personas de nuestras comunidades sean capaces de la intuición mística de sentir que en ello actúa la mano de Dios. En la certeza de que ésa es una derivación radical de nuestra opción concordaremos todos con una lógica bastante elemental.

 

La Estrella, Noviembre 7 de 2014

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Información adicional

  • Autor:Ancízar Cadavid Restrepo
  • Edición:218
  • Sección:Opinión
  • Fecha:Octubre 18 - Noviembre 18 de 2015
Visto 1924 vecesModificado por última vez en Viernes, 23 Octubre 2015 18:43

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