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Jueves, 20 Noviembre 2008 20:11

El color de las gobernaciones y las alcaldías cambia en Venezuela

Escrito por Omar Roberto Rodríguez
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Reelecto, y tras perder el referendo, el presidente Chávez está en riesgo de un declive electoral el 23 de noviembre

Cada revolución tiene su lenguaje. Tiene su discurso del poder, con su mayor o su menor rango de unidad nacional para crecer y afrontar la transición. Independiente de sus virtudes, es en sus contenidos donde caben la rectificación y la autocrítica. En Nuestra América, con pasos de transformación estructural, política y económica, hay matices en los discursos de Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, por supuesto de Fidel; y, desde una de las resistencias: el subcomandante Marcos. Desde las estrategias electorales: López Obrador moviliza y exige “legitimidad presidencial” en México. Para el 23, el presidente Chávez tiene la consigna de ganar todas las gobernaciones y las alcaldías. “Al enemigo ni agua sucia”, y “no gobernaré”, “no entregaré recursos a nadie” distinto de su partido, dice. Una perspectiva de ‘asalto al poder’ desde el poder. Aumentar y no disminuir la hegemonía política, con disputa territorial y de la población, es necesario en la lucha por la victoria de una Revolución Socialista.

Llegó la Revolución Bolivariana a su máximo tope de respaldo electoral con los siete millones de votos que obtuvo por la reelección del Presidente en diciembre de 2006? Un año después, sin un acuerdo con los otros partidos revolucionarios ni con sectores sociales independientes y políticos regionales, ¿se limitó la búsqueda de ese respaldo a los cinco millones de inscritos en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con un margen apenas de entre 2 ó 2,5 millones de militantes que conforman la base radical, activa y constante, que acoge el liderazgo y el discurso presidenciales sin pestañar? Una cantidad de inscritos, que en su totalidad ¡no votó a favor del referendo constitucional en 2007! sin que hasta ahora haya una evaluación a fondo de la razón de esa negativa.

La oposición de origen tradicional [Acción democrática AD (liberal-socialdemócrata) y Copei (conservador-socialcristiano)], anclada al capitalismo y al modelo ‘neoliberal’, enemiga de la Revolución, hoy tiene en su poder dos gobernaciones, Zulia y Margarita (Nueva Esparta), junto con los tres municipios metropolitanos del denso suroriente rico o acomodado de Caracas y su clase media (Chacao, Baruta y El Hatillo). Sin tener acceso a Miraflores durante la última década, esa oposición sostiene y juega a aumentar y no perder un porcentaje del 35-40 por ciento de los votantes venezolanos. De esta manera, el próximo 23 de noviembre espera ganar en por lo menos un estado más. Sumar. Llegar a tres gobernaciones como mínimo.

El estado Carabobo –cuyo gobernador a nombre del PSUV, general (r) de la Guardia Nacional Luis Felipe Acosta Carlés, compadre del Presidente, no obtuvo el visto bueno para su reelección– se ha convertido en un trofeo simbólico para unos y otros. Tanto para Chávez como para la oposición.

Referendo y derrota. ¿Un antecedente superado?


Sin manifestaciones múltiples por parte de la oposición, en medio de las encuestas con el 60 por ciento a favor del presidente Hugo Chávez, el año pasado se produjo la derrota del referendo para legitimar en la Constitución el empeño por construir el socialismo bajo las condiciones de este siglo.

Una circunstancia en las urnas que hoy de nuevo plantea un trance de imagen institucional, que otorga iniciativa o recobra lugar –no lánguido o escuálido– a la derecha y su contenido opositor, con oído mínimo, no esperado, y con puntos de presencia en los sectores populares como no se veía en las elecciones anteriores. Con un efecto de incógnita en boga hasta el 23 y el riesgo de perder gobernaciones en Carabobo, Nueva Esparta y Sucre, y de disputa cerrada en Miranda, Zulia y Táchira. Un mismo interrogante para las alcaldías de Maracaibo, San Cristóbal, Valencia, Maracay, Puerto La Cruz, Barcelona, Caroní –del arco noroccidental donde habita el 80 por ciento de la población venezolana– y Porlamar, que, a la vez, en la Gran Caracas teje dudas frente al municipio Sucre (Petare), donde cerca de 100.000 militantes del PSUV se abstuvieron de apoyar el referendo.

Caso aparte es la situación de lucha electoral en los cuatro estados de Portuguesa, Guárico, Trujillo y Bolívar, donde los candidatos oficiales del PSUV se encuentran en desventaja, o también en un cabeza a cabeza con los candidatos de un acuerdo entre los partidos con la Revolución Patria Para Todos (PPT) y Partido Comunista de Venezuela (PCV).

En terrenos de la lucha electoral, las sociedades en muchas ocasiones establecen contrapesos y equilibrios, cuando no se trata de legitimar cambios recientes como en las elecciones últimas de Bolivia, Ecuador (por una nueva Constitución) y Nicaragua (por los gobiernos regionales). Es el caso de Chile, donde en las elecciones recientes la derecha ganó alcaldías en un 40,56 por ciento, pero, a la vez, la Concertación –débil reminiscencia de Salvador Allende– obtuvo ventaja en la elección de concejales con un 45,24 por ciento. Asimismo, en los Estados Unidos le pusieron mayoría en la Cámara al gobierno Bush, y en Francia se han dado experiencias de ‘cohabitación’.

Este conjunto de situaciones interroga acerca del papel sostenido o ¿decreciente? como portaaviones electoral tanto en la sociedad como en el propio PSUV del presidente Chávez. Es un pendiente de confirmación para este 23, ¿si ya no es el de años atrás y el mismo o en ascenso del que disponía el Presidente a la cabeza del Movimiento Quinta República (MVR), hasta su disolución, dada con la exigencia de un ‘partido único de izquierda’ tras el triunfo en su reelección 2006-2012? Una pregunta que subyace y urge frente a la necesidad de radicalizar los contenidos sociales de la Revolución, cuando el conglomerado social maneja la convicción de que existe un presupuesto de la Nación no deficitario y que dispone de ingresos petroleros en una gran cuantía.

La actual campaña está cruzada por un nuevo alinderamiento de fuerzas y una polarización en la que se considera como enemigo a todo aquel que no apoye a los candidatos o no milite en el PSUV. Cabe analizar que, en la pasada elección, con un margen de población consciente de que en el primer período hubo obstáculos –golpe, paro petrolero, intervención paramilitar, guarimba–, era conveniente dar una última oportunidad al Presidente para gobernar un nuevo mandato. Ese porcentaje que no ha sido determinado con precisión al año siguiente, en el referendo, ya abandonó el voto. Y otro porcentaje mostró capacidad de hacer distancia, ‘deliberar’, con su voto negativo, que hoy pudiera repetir frente a los candidatos oficiales.

Una revolución sin ipso factos en solución de empleo-seguridad y vivienda


Tras 10 años, la situación económica, incluso con una gasolina subsidiada –por debajo de su valor de producción– y la venta con subsidio en los alimentos básicos en la red de mercados Mercal, tiene un efecto de inflación entre un 30 y un 50 por ciento durante el último año, que impacta a importantes sectores de la población.

Asimismo, la inseguridad-desempleo es tema de conversación de los moradores de diferentes lugares sin distingos de estrato económico. Al parecer, el proceso revolucionario no se desprende del criterio tecnócrata de mantener un ejército de reserva como estructura del sistema capitalista. Si bien las Misiones en educación proveen un subsidio a quienes se esfuerzan por avanzar en los niveles de estudio, el gobierno revolucionario no considera una solución ipso facto de pleno empleo o de renta básica frente al desempleo. A propósito, la Revolución Cubana, en mínimas o adversas condiciones económicas, desde el primer momento asumió con sentido humano la industrialización de la caña de azúcar. Sin reparar en las manos libres que quedaban como problema, se propuso resolver la situación.

En cuanto a vivienda, el propio Gobierno ha tenido que reconocer su limitada gestión. Como correctivo ante un déficit de cerca de millón y medio de viviendas, anuncia que terminará 106 mil soluciones, ya de conjunto o dispersas durante 2009.

Además de estos tres aspectos, asuntos como la corrupción, el latifundio, una disminuida producción agropecuaria, la impunidad, una economía con dependencia de la importación y las ineficiencias del Estado en atención y servicios públicos –con la función pública enfocada hacia los simpatizantes gubernamentales– son temas de preocupación en sectores de la ciudadanía, desmarcadas eso sí del mensaje opositor. Acerca de su inquietud, vale preguntar si están ¿desinformados? ¿manipulados por los medios internacionales y opositores? o ¿descontentos desde sus diversos ángulos particulares e inmediatos?

El ‘discurso del poder’


La pérdida del referendo en la superficie señaló críticas a las gestiones de gobernadores y alcaldes, pero en el conjunto no generó una reflexión y una autocrítica relativas al ‘discurso del poder’ que impregnó el año diciembre 2006-2007. Como rectificación visible, numérica, aparece la determinación de configurar un ‘partido único de la izquierda’ –sin impulso de los movimientos sociales y con argumentos contra su autonomía–, que en la campaña actual adquiere la característica de ‘partido maquinaria’ para buscar al elector puerta por puerta.

Para la construcción del socialismo, en buen romance pudiera hablarse de una profundización de la Revolución cuando el partido Podemos, que disponía de 18 legisladores y tres gobernaciones. Su programa socialdemócrata busca ahora las cercanías propias, con la derecha, sin propender por la ruptura del neoliberalismo. Sin embargo, durante todos estos años el debate a fondo entre Revolución y socialdemocracia o Internacional Socialista ha estado ausente. Un silencio sin la debida valoración de un antecedente histórico: la Revolución Sandinista asumió en su política internacional los buenos oficios con Carlos Andrés Pérez, Felipe González y el PRI con Carlos Salinas de Gortari. Los actos y manifestaciones sandinistas no destacaban al Che ni tuvieron saludos a Fidel, pero eso no evitó la decisión imperial de subvertirla y armarle una contra. Es obvio que el proceso bolivariano en la búsqueda de un socialismo raizal significa una confrontación con la socialdemocracia. Sin embargo, el debate abierto entre estas dos concepciones y sus diferentes instrumentos ha estado aplazado. Igual que el debate sobre democracia, e instrumentos que caracterizaron a las revoluciones del siglo XX en las distintas culturas y continentes. Una de ellas cercana en Grenada. Olvidada. Dolorosa, cuando la radicalización interna, impropia, con un señalamiento de ‘enemigo’ a compañeros y dirigentes revolucionarios, condujo de manera triste a debilitar el proceso, así como a un ‘golpe de estado revolucionario’ contra Maurice Bishop que facilitó la intervención imperialista.

El 23 y su resultado establecerán si al PSUV o a la Alianza Patriótica (coordinación política del conjunto de factores revolucionarios) les correspondía el papel convocante de la mayoría contra el pasado adeco y copeyano. Una nueva correlación de fuerzas dará un mayor avance a la Revolución, con lecciones de unidad o no, de efectos en el continente.
Visto 4829 vecesModificado por última vez en Viernes, 21 Noviembre 2008 10:01

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