Jueves, 20 Noviembre 2008 20:27

Entrevista con Alberto Bejarano. Corteros de caña: lucha y legado

Escrito por Equipo desde abajo
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Un paro como hace mucho no se veía en el país. 18.000 obreros agrícolas que dejaron la pácora a un lado y no cortaron más caña. Demanda de trabajo digno. Denuncia de una de las manifestaciones más infames del neoliberalismo: la “flexibilización laboral”. 55 días de resistencia. Miles de esposas e hijos movilizados en actitud solidaria con los suyos. Patronos y Gobierno en actitud de rompehuelgas, difamando, inculpando, señalando una vez más de terroristas a quienes no callan. Sin duda, un ambiente de rebeldía no visto desde hace mucho en Colombia.

Los motivos para el paro no fueron menores. Trabajadores que tan solo devengan mensualmente 300.000 pesos, a pesar de sus 12 horas diarias de trabajo, contratados a través de una intermediaria (Cooperativa de Trabajo Asociado), desconocidos por la patronal como trabajadores directos, sin derecho a seguridad social, decenas incapacitados cada año por accidentes de trabajo pero sin derecho a remuneración, muchos de ellos lisiados y licenciados sin derecho a jubilación. Un paro que ya tiene un barniz de historia y legado para futuras resistencias. Las peticiones de los trabajadores, sintetizadas en sus pliegos de peticiones, versaron, entre otros aspectos sobre la mejoría en los ingresos económicos (pesaje de la tonelada de caña cortada), seguridad social, contratación directa.

Derecho a la asociación sindical burlado. Desde el momento mismo en que entregaron los pliegos petitorios, se presentaron tensiones con la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar (Asocaña), que se opuso de manera radical a la negociación directa y colectiva. Pero, pese a que los patronos azucareros desvirtuaron la movilización con todo tipo de argucias, los trabajadores persistieron sin desfallecer. Es más: aunque el costo fuera muy alto para los hogares, pues se profundizaban las penurias en cada uno de éstos, en un apoyo incondicional a la protesta y al paro se unieron a las demandas sus familias.

Con el paso de los días, la intransigencia de los patronos llegó hasta el punto de sabotear el paro con chantajes, inculpando a los obreros por el incremento de los precios del etanol y el azúcar, desconociendo el papel de los corteros como protagonistas en los procesos de negociación, porque, según aquéllos, “éstos no hacen parte directa de los ingenios”.

Pero la manipulación patronal no se quedó allí. En consonancia con el gobierno nacional, se judicializó a líderes sindicales, así como a algunos asesores de la movilización, llevándolos a la cárcel. En su afán por lograr un acuerdo derrotando a los obreros, suspendieron la contratación directa de empleados de planta, manipulándolos, instigando una confrontación directa entre pobres: obreros agrícolas vs. trabajadores de oficina y operarios de planta.

Pugna de poderes. A pesar del esfuerzo de los trabajadores, no se consignó una negociación simultánea entre el conjunto de ingenios y trabajadores en cese de actividades. Los obreros cedieron, entablando negociaciones ingenio por ingenio.

Sobre el significado de esta experiencia de resistencia y lucha, desde abajo habló con Alberto Bejarano, integrante de la Unidad Técnica Legislativa del senador Alexander López, acompañante del proceso de lucha de los corteros de la caña, quien dio a conocer lo que hasta el 10 de noviembre significó el proceso de movilización, y asimismo los altibajos y las ganancias que arroja.

Julián Carreño: ¿En qué estado se encuentra la negociación entre los trabajadores corteros de caña de azúcar y Asocaña?

Alberto Bejarano: Luego de 55 días y a la fecha, el conflicto azucarero entró en una fase de negociación, que, en medio de las más grandes presiones y chantajes de los industriales del azúcar y el Gobierno, permitirá la construcción de acuerdos negociados que permitan levantar la protesta. A la fecha se han firmado acuerdos en cinco ingenios azucareros y quedan por concretarse Manuelita, Mayagüez y María Luisa. Las negociaciones prometen ser las más difíciles, toda vez que la posición de estas empresas se hace muy arrogante. Para el caso de la contraparte de los trabajadores en Manuelita y Mayagüez, se trata de los equipos de negociación más preparados para enfrentar este proceso de discusión con sus patronos, respaldados por bases que resisten con gran decisión (el 13 de noviembre, luego de esta entrevista se firmó en acuerdo en los ingenios Manuelita y Mayaguéz.

JC: Como usted lo índica, se han presentando negociaciones por separado, caso concreto del Ingenio Tumaco, que negoció con cuentagotas. ¿No cree que así se esté desarticulando la unidad de la movilización?

AB: El caso de Central Tumaco es todo un fenómeno de manipulación. Allí no se dio una negociación sino una emboscada de los directivos de la empresa y el Ministro de la Desprotección Social, quienes, abusando de la buena fe de los trabajadores y cabalgando sobre el desgaste de una huelga de más de 48 días de duración, arrinconaron en horas de madrugada a los dirigentes del sindicato para que firmarán un acuerdo, sin garantías, sin tener en cuenta la agenda de negociación del movimiento, por debajo de las expectativas de los trabajadores y sus familias. Lo que sucedió allí es una vergüenza para el gobierno nacional, que a través de la triste figura de su ministro Diego Palacios les tendió una encerrona a los trabajadores, llevándolos a una negociación indigna y que en su momento se presentó como una opción para resolver todo el conflicto de los cañeros.

Para el caso de los convenios firmados con posterioridad a lo impuesto en Central Tumaco, la comisión negociadora del movimiento decidió habilitar discusiones ingenio por ingenio, de manera calculada y como una manera de concretar una salida al problema, ante la intransigencia de la industria azucarera y la actitud cómplice del Gobierno, que no aceptaron la discusión del pliego bajo el criterio de una mesa única para toda la industria. La decisión no afecta la unidad de los trabajadores, que, salvo lo ocurrido en Tumaco, han abordado de manera unitaria el proceso de negociación bajo una orientación coordinada y unificada, uno de los elementos más importantes del acumulado del conflicto.

JC: ¿Qué diagnóstico hace de la lucha que se gestó hace ya dos meses?

AB: Este proceso de resistencia de los trabajadores de la caña de azúcar en los departamentos del Cauca y Valle del Cauca anuncia, a mi manera de ver, el principio del fin de la legitimidad del ciclo neoliberal en el mundo del trabajo en Colombia. De igual modo, conjuntamente con el alzamiento indígena, es el preámbulo para las grandes movilizaciones que marcarán el final del ciclo de Uribe en el poder. De esa dimensión es lo que ha sucedido en estos días en el suroccidente de Colombia.

Los cañeros, con su testimonio de lucha, han desnudado el régimen laboral en Colombia, se han hecho conscientes de su propia importancia en el ciclo productivo y han paralizado la producción agroindustrial, haciendo una denuncia que, estoy convencido, aún resuena en el inconsciente colectivo de los centenares de miles de trabajadores que, como ellos, sufren el desgaste profundo de la superexplotación del trabajo.

En este sentido, lo más potente de este proceso, así no se haya aún logrado revertir la intermediación laboral, es aquella fuerza no perceptible de las denuncias hechas por los corteros de caña en materia de tercerización y precarización laboral, a través de las cooperativas y los contratistas, que se mueven a la manera de “un fantasma” que ahora recorre los puestos de trabajo de los obreros en los puertos, las enfermeras en los hospitales, los corteros de palma africana, los contratistas y coteros de carga, los transportadores, los taxistas, los mototaxistas, los vendedores ambulantes, en últimas, los pobres y humildes de este país que entendieron perfectamente el mensaje de los corteros, que, entre otras cosas, señala no solamente la profunda injusticia del modelo laboral sino además que éste es vulnerable si los trabajadores se deciden a luchar por sus derechos.
 
JC: ¿Cuáles son los puntos de negociación donde más se han encontrado dificultades?

AB: Más allá de cualquier reivindicación puntual en materia laboral o social, lo que estaba en juego en el conflicto era el derecho de los trabajadores a ser protagonistas de su propia historia, a asumir su destino en forma colectiva, y además a defender el derecho a la asociación, la movilización, la protesta y la huelga.

A esto es a lo que más le teme la casta terrateniente y oligárquica que ha controlado el Valle del Cauca durante más de tres siglos gracias a los patricios latifundistas, hoy convertidos en potentados del azúcar y los agrocombustibles. La lucha de los empresarios en contra de la aparición de esta dirección del movimiento obrero, que se expresó en la discusión en torno a la legitimidad de la huelga, el acompañamiento del senador Alexander López, las acusaciones absurdas de la presencia de ‘fuerzas extrañas’ de actores políticos, las amenazas de muerte, los montajes judiciales contra activistas y acompañantes, la militarización del conflicto y demás, la negativa a una mesa única de negociación, la feroz persecución a los asesores y también a la Central Unitaria de Trabajadores. Finalmente, pretendieron impedir a toda costa el surgimiento de un movimiento de los trabajadores en el seno de la industria más poderosa y arrogante del país, algo que a la postre no pudieron impedir.

JC: ¿Cómo ha sido la actuación del Gobierno frente al conflicto?

AB: El presidente Uribe intentó su ya conocida estrategia de jugar a tres bandas en el conflicto: por un lado, diferenciándose en forma dulzarrona de los evidentes abusos empresariales contra su fuerza laboral, enviando a su Ministro para que jugara el papel de alfil de los empresarios, desequilibrando la balanza a favor del capital en la mesa de negociación y, por otro lado, con sus conspiradores de Palacio, en seguridad presidencial y la colaboración del DAS, la Dirección de la Policía Nacional, la Sijin y la Policía Judicial, construyendo absurdos montajes judiciales en la Fiscalía contra el Polo Democrático, a través del proceso en la Corte Suprema de Justicia contra el senador Alexander López. La fórmula de resolución del conflicto por parte del Gobierno fue: simulación, manipulación, intimidación, cárcel y hambre.

JC: ¿Cuáles han sido las presiones más constantes, en términos de judicialización y otras?

AB: Es indiscutible que la detención arbitraria y la judicialización de los voceros del movimiento de los trabajadores cañeros y dos integrantes de nuestro equipo, en pleno conflicto, impactaron a la opinión pública y los trabajadores. Uribe y los empresarios convirtieron a los organismos de inteligencia y de investigación del Estado en brazos armados y judiciales para reprimir la protesta popular, en una grotesca manipulación del poder judicial que esperamos que no prospere ante los jueces de la República.

Sin embargo, esta maniobra, sin duda muy agresiva, contra la oposición en Colombia y los movimientos sociales, no es lo que más impacta de esta coyuntura. Lo que más golpéa es la soberbia irracional de los empresarios del azúcar, que prefirieron alargar un conflicto laboral por cinco semanas, paralizar sus operaciones, dejar de producir 300 mil millones de pesos, desestabilizar la región, militarizar sus factorías y encarcelar dirigentes con montajes judiciales, antes que reconocer la justeza de la causa de los trabajadores y sentarse a negociar con ellos, algo perfectamente discernible en una mesa de conversaciones. Se trata de la escalada incontenible de la acumulación capitalista que destruye la naturaleza y la sociedad, en su búsqueda frenética de ganancias a cualquier costo.

JC: ¿Cómo fueron los sucesos que marcaron el saboteo de la movilización?

AB: La industria azucarera intentó en todas las formas impedir la asamblea de los trabajadores. Movilizó todo su poder y su influencia política, puso al Presidente de la República y sus ministros como sus voceros, controló a decenas de congresistas de la bancada uribista en el Valle y el país, movilizó al Ejército y la Policía, activó la Fiscalía y al DAS, mediante sus mentiras compró desvergonzadamente a periodistas de la región y del país, gastó una fortuna en una campaña mediática de gran cobertura, y abusó siempre de su posición dominante en la mesa de negociación y en las puertas de sus fábricas.

Asimismo, intentó de manera infructuosa alargar el conflicto para ahogar la solidaridad y ahorcar a los trabajadores a partir del hambre y la falta de abastecimientos. La brutalidad policíaca en las primeras horas intentó, mediante la violencia, impedir lo que a la postre se dio: una movilización exitosa de los trabajadores del azúcar, que culminó en una mesa de negociación con sus empleadores. Se trató de la movilización de toda la artillería del poder azucarero contra sus trabajadores, que además son los artífices de su riqueza, en un conflicto clásico entre los obreros y el capital, que además continuará en las luchas azucareras del futuro, mientras subsista la explotación.

Un desafío de los más humildes ante el poder, que además conquistó a la opinión pública, que no resistió la tentación de sumarse al reclamo de los corteros de caña.

JC: ¿Qué experiencia arroja esta lucha en la vivencia de los trabajadores, y las comunidades barriales y familiares?

AB: Toda huelga es un acto de invaluable pedagogía política. El acumulado de estos trabajadores en materia de autoestima colectiva y cualificación política es inmenso. Se trata de miles de obreros y sus familias que se erigieron, a lo largo de la jornada, como luchadores obreros de cara al poder que además adquieren la fuerza del ejemplo, onda incontenible que con toda seguridad ha de abonar la lucha social que se multiplicará en Colombia.
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