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Sábado, 31 Marzo 2018 09:52

“Hace 55 años atiendo este punto en esta misma esquina”

Escrito por Gloria Stella Vaca Linares - Dolly Janneth Vega Rodríguez
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“Hace 55 años atiendo este punto en esta misma esquina”

La vida no siempre es lo que deseamos, por más que luchamos. Así lo recuerda Olga Zambrano, vendedora en un punto callejero ubicado en el centro de Bogotá, a donde llegó obligada por la necesidad de ella y de los suyos, de sobrevivir. Ya son más de 55 años de ese estar sobre el cemento, aguantando todo tipo de inclemencias. Aquí su historia.

 

“Es admirable ver la resistencia que tiene una persona con deseos de vivir y salir adelante, creo que hasta mis últimos instantes estaré aquí al frente de mi negocio impulsando la lectura, intentando cada día que los capitalinos accedan a una lectura de libre albedrío, pues les ofrezco prensa tradicional, amarillista, deportiva y también alternativa”.

 

Mientras nos cuenta parte de su vida, quien así habla atiende con amabilidad en su punto de venta a quien llega en búsqueda de un periódico, un cigarrillo o un dulce. “Olga Zambrano Molano es mi nombre –nos dice–, procedo del Huila, y hace 55 años atiendo este punto en esta misma esquina del centro de Bogotá”.

 

Su narración nos parece de ficción, pues es difícil imaginar que una persona sobrelleve su vida en un mismo punto de la ciudad, afrontando todo tipo de adversidades, dedicada a un solo oficio: vendedora. Pero así es, y su vida es testimonio de ello:

 

“Soy la hija menor de seis hermanos; llegué a Bogotá desde muy niña con el propósito de trabajar debido al fallecimiento de mi madre, mi padre se quedó allí a cargo de mis hermanos. Viajé a Bogotá a cargo de una señora particular que me brindó alojamiento durante tres años en su casa ubicada en el barrio Chapinero, exactamente en la calle 51 con carrera 4”.

 

“Tres años donde tuve alguna comodidad, pero llegó el día en que tuve que salir a responder por mi existencia. A los nueve años empecé mi vida laboral como voceadora de periódicos, buscando una nueva esperanza, y aunque no comprendía muchas cosas que la vida me depararía, emprendí mi negocio y eso me entusiasmaba. En ese tiempo no molestaban con la ley ni los Códigos de infancia, así que me vine a vivir al centro a una habitación cerca al hotel Hilton; subsistía de la venta de periódicos y revistas, también me ayudaba con la venta de cigarrillos; creo que he vendido todos los periódicos que se han publicado en Colombia, siempre aquí, en la carrera Séptima con Calle 23, un lugar clave en el centro bogotano”.


Mientras esto nos va contando, Olga no desatiende su negocio de cuatro metros, donde amontona productos y cuelga exhibidores para mostrar distintas publicaciones, donde en un carrito de supermercado metálico improvisa una chaza para las golosinas; todo un arte de sacarle espacio a la estrechez. Algunos peatones la saludan al paso, no es para menos, ella es parte fundamental del centro capitalino, sin ella la esquina que la recibe cada amanecer y la despide cada anochecer no sería la misma.

 

Una vez saludado el peatón que con sus largos y continuos pasos denota afán, esta mujer persistente e incansable, continúa narrándonos una parte de su vida. “Esté lugar ha sido muy importante para mi –nos dice, al tiempo que su mirada reafirma lo dicho– pues aquí he pasado mi vida; mi horario de trabajo ha sido desde muy temprano, desde las 6:00 am hasta las 9:00 pm; gracias a Dios no he tenido experiencias nefastas con el tema de seguridad, en la calle uno se apoya muchísimo y entre todos nos cuidamos, aunque, obviamente, no hay que descuidarse. Como ustedes saben, cada día trae sus afanes, carreras y novedades, y ante ellas uno actúa; es importante no dejarse llevar por la rutina, no acomodarse ni confiarse, así actúo yo, aunque dicen que los huilenses somos perezosos, poco creativos, pero yo creo lo contrario, y he demostrado que soy una mujer emprendedora, luchadora, incansable”.

 

Ya son más de 60 años los que acumula Olga, protegido su cuerpo contra el frío por su contextura gruesa; el color trigueño de su piel, el largo cabello que aún conserva el negro sin cana alguna, su sencillez y ternura, recuerda que además de mujer es madre. Sin duda ella nos muestra en su propio ser el prototipo de la mayoría de connacionales, que sin trabajo fijo y por contrato, tienen que rebuscarse por cuenta propia, hasta el final de sus días, pues no están integrados a una seguridad social que les garantice pensión ni nada semejante.

 

Dura realidad, la misma que obliga a no “arrugarse” ante el devenir diario, como lo manifiesta Olga con cada gesto suyo, que a pesar de los años no pierde agilidad, ahora se agacha para tomar una revista, para enseguida dar un paso largo en procura de atender un nuevo cliente. Su disposición parece estar intacta, aunque, como ella dice, ya los años se sienten.

 

Ahora nos mira como preguntando si deseamos que continúe narrándonos su vida, y nosotras asentamos también con la mirada, entonces retoma el hilo de sus palabras:

 

Enamoramiento y un poco más

 

“A los 28 años decido organizar mi vida sentimental, tuve una convivencia de siete años con Genaro Rivera, un viajero, vocalista y profesional. Él quiso que viajáramos para otro país a forjar una nueva vida, pero me negué todo el tiempo. Quizás mis miedos, mis dudas, mi falta de experiencia, temor a abandonar el oficio que siempre he tenido; los cambios no son fáciles y eso no permitió que yo lo hiciera, así que eso generó una ruptura en nuestra relación de la cual quedó mi único hijo, Ronald Andrés; tuve muchos enredos y preferí un final, así que la relación terminó, él no siguió respondiendo por el hijo y me convertí en una madre soltera, llevando a cuestas una historia de vida, con momentos de alegría, tristeza y grandes batallas de lucha incansable. Mi hijo, que es muy colaborador, que siempre ha permanecido a mi lado y que ha estado también al frente de este negocio, él creció en esta esquina conmigo, hoy en día tiene 29 años y es un guerrero, inteligente y convencido de que podemos alcanzar lo que deseemos, no logró terminar todos sus estudios por el tema económico”.

 

“Y mi vida prosiguió, en ese momento con más exigencias, porque imagínese, tenía que alimentar otra boca, además de atender todas las necesidades y curiosidades de un niño, pero me fui dando maña para salir adelante; tal vez con esa necesidad me aferré mucho más a esta esquina, vendiendo con más energía. Aquí me han sucedido cosas buenas y malas: he presenciado un sinnúmero de marchas que por aquí han cruzado, las que he aprovechado para ofrecer los periódicos pues cuando pasan me voy con ellas hasta la Plaza de Bolívar. Es una estrategia de venta, en ese recorrido he vendió muchos ejemplares de los distintos periódicos que he ofertado en mi vida de voceadora, muchos de ellos ya no los publican. Siempre he vendido El Tiempo, pero también promuevo la venta de periódicos alternativos como desdeabajo, la Voz, Periferia, El socialista, Revolución obrera y otros más que no recuerdo en este instante”.
No olvidaré…

 

Parece que por la mente de Olga pasara una parte de la vida de los movimientos sociales, pero también una parte de la resistencia de los excluidos, sin duda ella los identifica como tales porque es parte de los mismos, así se limite a vender sus publicaciones.

 

“Algo que sí transformó mi vida –nos dice– ocurrió en el 2006: estando aquí en plena labor, sobre las 10:00 am, voy a realizar el cambio de un billete de $50.000 –un cliente llegó a comprar varios periódicos– fue cuando salí corriendo para donde don Higinio de la cigarrería que era quien me hacia el favor de cambiarme billetes. y en plena esquina oriental de la Carrera Séptima con Calle 23, aquí al frente casi de mi puesto, tropecé perdiendo el equilibrio y siendo recibida por un bolardo que aun permanece ahí, el golpe fue muy fuerte, tanto que se me desprendió la parte derecha del hombro afectando el brazo, y la retina del ojo derecho. El golpe fue duro, me llevaron al Cami de La Perseverancia y la atención fue muy demorada y complicada, solo contaba con el Sisben y a donde me remitieron la solicitud era de bastante plata, con la que yo no contaba, pues 25.000.000 millones ¡de dónde!, eso hizo que el procedimiento se demorara y como a los ocho o nueve meses me operaron, y finalmente perdí mi vista.

 

Como todo lo de los pobres, me mandaron de un sitio para otro: me prestaron atención médica en el Suroriente, de allí me enviaron al Santa Clara y después me remitieron al hospital del Tunal, tras de iniciar un tema de demanda y tutela y presión para que me brindaran la necesaria atención de salud. En este tema de la demanda conté con el acompañamiento de Fernando Chaparro, un magnifico señor con estudios de Derecho y con experiencia en temas de salud, él fue un gran colaborador y asesor, fue quien me orientó con el tema de la tutela y todos los trámites legales que se hicieron. Luego de operada ni siquiera pude guardar mi incapacidad, no tenia como subsistir, solo pude tomar descanso 14 días y la situación no permitió más, soy madre soltera… Aun tengo secuelas del accidente, ocasionalmente sufro de fuertes dolores de cabeza y en el brazo derecho”.


La vida es dura

 

“Como les he mencionado, llevo 55 años aquí ubicada con prensa, inicié a los nueve años en venta, pero ya en el reconocimiento de este puesto desde mis 14, con ires y venires, entregando mucho tiempo a la venta; en un tiempo, no debo negarlo, esto fue muy rentable, se vendía bastante, se acreditó el puesto y fue creciendo la clientela. También fui aclarando dudas y entendiendo la realidad de mi país; tengo una tendencia idealista de libertad, prefiero ideales de la izquierda por mi experiencia en lo que tengo de vida, por eso es que promuevo tanto la prensa alternativa, ver el otro lado de la noticia; llevo 20 años distribuyendo el periódico desdeabajo y 15 años el Le Monde diplomatique.

 

Como usted sabe la vida tiene sus sinsabores, y en mi caso no han sido pocos.El tiempo fue transcurriendo y mi padre, ya mayor y con el cansancio de tantas cosas de la vida, se vino para Bogotá a vivir con nosotros, se fue deteriorando y hace nueve años falleció.

 

Con los años, también, la situación cada vez se fue tornando más difícil, la tecnología nos fue arrebatando a estos lectores y compradores frecuentes de la prensa, ya el internet se robó la atención y se volvió prioridad, las ventas fueron decayendo, cada día más devoluciones, algunos periódicos fueron descontinuados, clientes mayores van desapareciendo y se bajan del tren de la vida, y mi situación económica se va complicando: el arriendo no da espera, aquí en el centro el valor mensual de $ 800.000, dinero casi imposible de recaudar, las ventas cada día menores y sacando mis cuentas el ingreso mensual actual es de $ 200.000, a veces llevo $ 8.000 del diario, además de esto debo alimentarme y cubrir deudas de los distribuidores, menos mal aquí el respaldo de El Tiempo que paga un impuesto y la ganancia de los periódicos Le Monde diplomatique y desdeabajo que es la más alta, claro está hay que tener en cuenta que son mensuarios así que debo tener paciencia para cada llegada y su recaudo; además me ayudo con mi hijo que ahora tiene una pequeña chaza de golosinas, la preocupación constante y el estrés, aumentadas pues las finanzas jamás alcanzaron para adquirir una vivienda propia y pues teníamos que buscar una nueva alternativa de alojamiento, así que tocó recurrir a unos familiares radicados en Bogotá, también con grandes necesidades pero con un corazón de solidaridad familiar, ellos están ubicados en el sur de la ciudad, en la localidad de Usme zona rural el Uval, donde vivo actualmente, sitio al que llamo jocosamente la montaña, donde hace mucho frío y donde se pierden los ruidos y el estrés capitalino, donde cada amanecer es una nueva experiencia, ambiente helado, con un viento que golpea fuerte e impulsa a volver a vender.

 

Cada amanecer hay que sobreponerse al frío. Hoy en día mi horario ha cambiado por tema de agotamiento y medio de transporte, ahora estoy llegando a mi punto de venta a las 8:00 am, mi hijo llega después del medio día a colaborarme y nos vamos sobre las 9:00 pm; la jornada no termina pronto pues en la noche se continúa con labores de hogar, desde la cocina, el aseo lavado de ropas, entre otros quehaceres, así que termino acostándome sobre la 1:00 am”.

 

La voz de Olga se mantiene firme, su mirada también, la misma que nos parece interrogar por si tenemos más preguntas. Nosotras nos miramos, y sentimos que con lo dicho por esta mujer que de niña llegó a una ciudad donde tuvo que abrirse contra todo tipo de injusticias, es suficiente. Sin duda, como ella mismo lo expresó, estará en la esquina de la Carrera 7 con Calle 23 “[…] hasta mis últimos instantes estaré aquí al frente de mi negocio impulsando la lectura […]”.

Información adicional

  • Antetítulo:Historia de vida desde un punto de venta
  • Autor:Gloria Stella Vaca Linares - Dolly Janneth Vega Rodríguez
  • Edición:244
  • Fecha:Marzo 20 - Abril 20
Visto 955 vecesModificado por última vez en Sábado, 31 Marzo 2018 16:59

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